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miércoles, 8 de julio de 2026

LOS LIBERTARIOS ESTÁN DOCTRINARIAMENTE EN FAVOR DE LA CORRUPCIÓN




Gustavo Cangiano

@gcangiano

Aunque cueste creerlo

LOS LIBERTARIOS ESTÁN DOCTRINARIAMENTE EN FAVOR DE LA CORRUPCIÓN


Vean lo que escribió MURRAY ROTHBARD, la musa inspiradora de Milei, en su "Manifiesto Libertario":

"La CORRUPCIÓN ocurre en relación con actividades en las que los empresarios proveen voluntariamente a los consumidores servicios que el gobierno ha declarado ilegales por decreto: narcóticos, prostitución, juegos de azar [compraventa de niños.gc]. Entonces, la manera de eliminar la corrupción es simple pero efectiva: derogar las leyes que impiden el desempeño de las actividades comerciales voluntarias. Dadas las LEYES DESACERTADAS E INJUSTAS que las prohíben, LA CORRUPCIÓN ES MUY BENEFICIOSA porque ACEITA LAS RUEDAS DEL COMERCIO. En consecuencia, la solución no consiste en deplorarla y redoblar los esfuerzos para desarticularla, sino en derogar las leyes anquilosantes del gobierno que LA HACEN NECESARIA".


AHORA SE ENTIENDE POR QUÉ MILEI RECIBE COIMAS DE EMPRESARIOS CORRUPTOS COMO LOS DUEÑOS DE LA DROGUERÍA SUIZO ARGENTINA: ¡POR UNA CUESTIÓN DE "PRINCIPIOS"!




miércoles, 27 de agosto de 2025

Superficial y defectuoso. Repudia a Milei el Consejo Científico del Instituto Von Mises de Alemania, por Puster, Hülsmann y Hoppe (para "El cohete a la luna" del 24-08-25)


Von Mises y Milei.



POR ROLF W. PUSTER, JÖRG GUIDO HÜLSMANN Y HANS-HERMANN HOPPE


AGOSTO 24, 2025


A principios de julio, la junta directiva del Instituto Ludwig von Mises de Alemania (en adelante, MIG) anunció en su sitio web la creación de un “Premio Conmemorativo en honor a Ludwig von Mises” en octubre de este año, que se otorgaría al Presidente argentino Javier Milei. Ni la creación del premio (que, por cierto, es el único otorgado por el MIG) ni la selección del galardonado se discutieron previamente con el Consejo Asesor Científico del Instituto. Esto no solo es de mal gusto, sino que da al público la impresión de que estas decisiones cuentan con el respaldo de la Junta. Esto no es así.


Javier Milei ha demostrado que es posible obtener mayorías electorales para políticas libertarias radicales en países económicamente avanzados. Sin duda, se trata de un logro significativo. Tras su elección, se dedicó de inmediato a desmantelar el Estado y, en muchos aspectos, ha aplicado esta política con mayor determinación, amplitud y éxito que cualquiera de sus predecesores argentinos.


Sin embargo, consideramos injustificada la concesión de este premio. En nuestra opinión, un «Premio Conmemorativo en honor a Ludwig von Mises» podría otorgarse a científicos o políticos que hayan prestado servicios destacados al desarrollo, la difusión o la aplicación de las ideas de Mises. Es evidente que Javier Milei no es un científico, sino un político. Es cierto que ha dado a conocer los nombres de Ludwig von Mises, Murray Rothbard y otros pensadores de la Escuela Austríaca a un público más amplio. Pero su conocimiento de sus ideas y teorías es superficial y deficiente, por lo que su elogio es una doble cara. En cualquier caso, solo podemos aconsejar al público que no considere las declaraciones de Milei sobre filosofía económica como fidedignas.


Por lo tanto, Milei podría ser reconocido por sus actividades políticas. Sin embargo, en este caso, su labor debe evaluarse en términos de logros prácticos a largo plazo. No basta con que persiga objetivos liberales con sus políticas. Más bien, los medios políticos deben ser objetivamente adecuados para alcanzar dichos objetivos. Esto debería ser evidente, pero a menudo se ignora en política, como Ludwig von Mises señaló repetidamente. Las políticas de Milei son un buen ejemplo.


Para empezar, Milei se encuentra al inicio de su carrera política. El éxito futuro de sus políticas hasta la fecha es muy cuestionable, y aún podría tomar muchos desvíos durante su mandato. Nadie sabe hasta qué punto serán estas políticas las que finalmente promuevan la libertad. La evaluación de sus acciones debe ser diferenciada y abierta. Esto simplemente no es posible después de veinte meses en el cargo.


Por otro lado, los éxitos que sus políticas hayan podido alcanzar hasta la fecha se han logrado en gran medida mediante los métodos habituales de financiación inflacionaria del gobierno, es decir, inflando la oferta monetaria y la deuda pública. Queda por ver si esta estrategia tendrá éxito con Milei, dado que ha fracasado repetidamente y con justa razón en la Argentina y en otros países en el pasado.


Además, todos los logros de su historial político hasta la fecha se ven ya contrarrestados por importantes pasivos: la centralización política del país, la expansión del Estado policial, el fracaso en la implementación de la anunciada abolición del banco central (uno de los puntos más populares de su programa electoral), el regateo con las élites políticas tradicionales del país, que también dominan su gabinete, y una política exterior que no está orientada a la paz internacional y, por tanto, no es una política libertaria.


Hoy, Javier Milei no sólo defiende políticas económicas radicales, financiadas por la inflación y con resultados inciertos. También defiende una solidaridad acrítica y abiertamente entusiasta con los gobiernos actuales de Estados Unidos e Israel.


En nuestra opinión, otorgar a Javier Milei un “Premio Conmemorativo en Honor de Ludwig von Mises” tiene por tanto el potencial de causar un daño duradero e irreparable al Instituto Ludwig von Mises de Alemania, así como a la Escuela Austriaca en su conjunto.


No podemos ni asumiremos ninguna responsabilidad por ello. Por lo tanto, declaramos nuestra dimisión del Consejo Asesor Científico del Instituto Ludwig von Mises de Alemania.


 


 


 


* Publicado en el portal del Instituto Ludwig von Mises.

** Los profesores Rolf W. Puster, Jörg Guido Hülsmann y Hans-Hermann Hoppe integraron hasta el 13 de julio último el Consejo Asesor Científico del Instituto Ludwig von Mises de Alemania. Solo dos de los cinco miembros originales permanecen en dicho Consejo.

 



Publicado en:

https://www.elcohetealaluna.com/superficial-y-defectuoso/#:~:text=Superficial-,y,-defectuoso

domingo, 11 de mayo de 2025

¿Odiamos lo suficiente a los periodistas?, por Dante Augusto Palma



En la disputa in crescendo que Milei tiene con los medios de comunicación, desde hace algunas semanas, el presidente viene difundiendo la idea de que no odiamos lo suficiente a los periodistas. Se trata de una frase frecuentemente utilizada por los trumpistas, los cuales, cabe aclararlo, tuvieron y tienen que lidiar contra una prensa que es mucho más opositora que la prensa a la que enfrenta Milei. 


La referencia a Trump, además, viene al caso porque el encono contra el periodismo está presente en referentes del populismo de derecha y las fuentes neorreaccionarias, desde Murray Rothbard, pasando por Steve Bannon hasta Curtis Yarvin. Para decirlo en términos del debate argentino: los periodistas serían parte de “la casta”, engranaje esencial del poder real que impone condiciones al poder formal, el único elegido por la vía democrática. 


Con todo, para ser más precisos, el presidente habla indistintamente de los periodistas en general y de los “periodistas ensobrados”, lo cual comportaría una tensión ya que daría a entender que el problema sería una parte del periodismo y no su totalidad. En sus acciones, el presidente parece estar más cómodo con esta última idea pues suele brindar entrevistas a un grupo selecto de periodistas los cuales, podemos sospechar, son considerados “no ensobrados”, si bien son tan poquitos que, evidentemente, parecen ser una excepción. 


Asimismo, se da que los periodistas presuntamente no ensobrados son los que coinciden ideológicamente con el presidente, o los que, al menos, no lo incomodan con el sano ejercicio de la repregunta, de lo cual se seguiría que el “ensobramiento” pareciera funcionar como una categoría ideológica antes que moral:  son ensobrados los que no piensan como yo. El problema, claro está, es que, en el presidente, las diferencias ideológicas muchas veces se confunden con diferencias morales. 


Dicho esto, y a favor de Milei, en todo caso, cabe mencionar que no hay aquí ninguna novedad: pensemos si no en esta idea de “nadie es kirchnerista gratis”, algo que luego los kirchneristas han utilizado contra los no kirchneristas, los cuales serían, o bien venales individualistas o, en el mejor de los casos, idiotas manipulables. 


Los republicanos, pero, sobre todo, los periodistas, afirman que el ataque contra ellos es propio de los populistas y con ello agrupan al mileísmo y al kirchnerismo en un mismo paquete. No les falta razón en su caracterización del populismo, por cierto, más allá de que en la indiferenciación y en la distinción maniquea, se manejan, como siempre, de manera corporativa. Es que si contra Menem estábamos mejor y contra Cristina estábamos incómodos porque nos corrían por izquierda, contra Milei estamos mejor que nunca porque somos víctimas del más malo del mundo, el incorrecto perfecto, el puteador y discriminador de las agendas minoritarias que el buenismo debe defender. 


Ahora bien, todos sabemos que el análisis de los medios y del periodismo abandona los claustros universitarios y se transforma en un tema de la agenda pública a partir del conflicto con las patronales del campo, con 678 como símbolo y nave insignia. No es este el espacio para discutir el programa, si bien cabe mencionar que los intentos de reducir 678 a emblema de periodismo oficialista no buscan otra cosa que pasar por alto lo que resultaba indigerible para el establishment periodístico. En otras palabras, el diferencial de 678 no fue su evidente y nunca ocultado “kirchnerismo” (al fin de cuentas, programas oficialistas habían existido mucho antes y seguirán existiendo), sino el hecho de haber mostrado los hilos del entramado de poder del cual forma parte el periodismo. A veces lo hizo mejor, a veces peor, a veces con repeticiones excesivas, a veces con maniqueísmos, pero no hubo otro dispositivo comunicacional que diera en el punto de flotación del periodismo como lo hizo 678. Desde la existencia de ese programa nada volvió a ser igual para los periodistas y la estigmatización consecuente sobre esa experiencia televisiva, es proporcional al daño infligido. ¿Contra quién? Contra una verdadera casta de presuntos intermediarios entre la realidad y la audiencia que presumían de neutralidad y objetividad, sea por ingenuos, sea por cínicos.


Pero incluso al interior de 678 el debate se mantuvo abierto. Para decirlo de manera esquemática, una mitad del panel creía que el periodismo podía salvarse, que había una forma correcta de hacer periodismo, (distinta a la de “la corpo”, claro), de lo cual se seguía que los Verbitskys eran buenos y los Lanatas eran malos; la otra mitad del panel, por su parte, iba por momentos algo más allá para poner en tela de juicio el lugar del periodismo en general. 


A esto debemos agregar que, lamentablemente, en el barullo de aquel debate y en el fragor de una disputa pública diaria, acabó imponiéndose, probablemente, me atrevería a decir, a costa de lo que pensaba todo, o casi todo, el panel, la idea de que el buen periodismo era el periodismo militante. Por si esto no alcanzara, entre los propios que no entendían y los ajenos que tergiversaban, por vivos o por tontos, se instaló que el periodismo militante era aquel que militaba la causa (correcta) y que, en tanto tal, frente a una realidad incómoda, debía sacrificar la verdad en pos del beneficio de la facción. No es falso que buena parte de la militancia lo pensara así, pero, hay que decirlo, como definición de periodismo es una mierda. Recuerdo en aquel momento haberlo escrito: mostrar que todo periodista habla desde un determinado lugar, con sus intereses, su ideología, etc., no puede derivar en que el periodismo se reduzca a comunicar la realidad que nos conviene. Es más, el hecho de que la neutralidad o la objetividad sean, por definición, inalcanzables, tampoco implica que debamos renunciar a ellas.


Aun pidiendo disculpas por la segunda autorreferencia, sigo creyendo que la mejor figura para describir la labor del periodista es la de Sísifo, aquel condenado a llevar una piedra pesada hasta la cima de la montaña sabiendo que antes de llegar siempre se le va a caer. Así, la condena es la conciencia del esfuerzo inútil por alcanzar esa objetividad (la cima), pero no debe suponer nunca una renuncia a intentar acercarse lo más posible a ella.


Sin embargo, les comentaba que una mitad del panel hacía énfasis en el periodismo en general advirtiendo que la división entre “buenos” y “malos” era, al menos, problemática. Allí aparecía otra discusión más interesante y que apuntaba a otro de los estandartes del periodismo: su rol como gendarmes y mediadores necesarios para la buena salud de la república democrática.


Creo que en ese punto el debate se hacía más profundo porque lo que se exponía es que había en el periodismo una pretensión de representación que disputaba con la representación de la política. El periodista, así, no solo representaría y contaría la realidad tal cual es, siendo solo un médium neutral entre la verdad y la audiencia, sino que también representaría lo que “la gente dice/piensa/necesita”. De hecho, es usual escuchar periodistas afirmar “a nosotros nos eligen todos los días” para distinguirse de los políticos que son elegidos cada dos o cuatro años. El punto es que para poder sostener ese lugar privilegiado que ninguna otra profesión ostenta, el periodista necesita instalar que no pertenece a una facción, que no representa a una parte. Caso contrario, jugaría en el mismo barro de la política. Eso es, entonces, lo que buena parte del periodismo, desde Página 12 hasta Clarín, no le perdonó a 678: la exposición de que ellos también pertenecen a una parte y que, si representan algo, solo representan a esa, “su” facción. 


A su vez, nótese que esta perspectiva podría interpretarse a favor de los que ven en el mileísmo y en el kirchnerismo dos formas de populismo, por derecha y por izquierda, respectivamente. No están del todo errados si entendemos por populismo esta idea de buscar una relación sin mediaciones entre el líder y el pueblo. Sin embargo, desde un punto de vista, llamemos, “doctrinal”, el kirchnerismo tiene una ventaja con el mileísmo en este punto, en el sentido de que la crítica al periodismo como representante del pueblo viene acompañado de la revalorización de la política como único espacio de representación popular a través de elecciones que no serán diarias pero que son, o deberían ser, algo más profundas y racionales que la decisión de hacer zapping. Que la mayoría de nuestros políticos no estén a la altura y que su inoperancia explique la llegada de Milei es otra cosa, pero lo cierto es que, en la política, cabe decirlo, están representadas todas las partes, no solo las del gobierno de turno. 


Para Milei, en cambio, la política es la casta, una categoría directamente moral ya y, en ese sentido, la ausencia de toda mediación, sea la del periodismo, sea la de otras instituciones o instancias, establecería una relación directa, ya no con toda la diversidad de ideas y posicionamientos representados en la política, sino con una sola postura.


¿Cuál? La del líder, claro, aquel que ha sido elegido, no solo por el voto popular sino también, como si con esto no alcanzara, por las infalibles fuerzas del cielo.






domingo, 17 de marzo de 2024

Leer a Rothbard para entender a Milei, por Dante Augusto Palma

 



Llamando “Murray” a uno de sus perros, el presidente argentino Javier Milei, rindió homenaje a uno de sus máximos referentes: el fundador del partido libertario estadounidense, Murray Rothbard. 

Licenciado en matemáticas y doctorado en economía en Columbia, quien es considerado el gran ideólogo del anarcocapitalismo, fue un avezado polemista de la segunda mitad del siglo XX, reconocido por sus posicionamientos radicales y por su carácter de outsider. 

El recorrido de Rothbard es bastante ecléctico: enemigo del Estado antes que del comunismo, este opositor a Reagan defendía una suerte de iusnaturalismo anarcocapitalista, antibelicista y “ultrapropietario”, y denunciaba la casta de funcionarios estatales y al complejo militar industrial que gobierna los Estados Unidos en las sombras; además fue crítico de liberales y conservadores estatistas, aunque también llegó a coquetear con las ideas de la nueva izquierda y hasta escribió un artículo donde rescataba la figura del Che Guevara reivindicando que tuviera al imperialismo yanqui como su principal enemigo. 

Asimismo, si bien en plena campaña Milei inexplicablemente introdujo como tema de debate público la venta de niños y órganos basándose en afirmaciones de Rothbard, al mismo tiempo es justo decir que, a diferencia del presidente argentino, Rothbard ofrecía razones para, por ejemplo, justificar el aborto, aspecto que choca con la agenda más conservadora que Milei abraza en materia de valores.   

Es prácticamente imposible abarcar la veintena de libros, los artículos y las entrevistas que ha legado Rothbard. Aun así, a partir de las referencias realizadas por Milei, no han faltado analistas que se tomaron el trabajo de conectar las ideas del presidente argentino con fragmentos de las obras del libertario estadounidense. Sin embargo, lo que ha sido menos explorado son las conexiones de Milei con el costado más político, si se quiere, y menos académico, de Rothbard. La referencia viene a cuento no solo para comprender la estrategia, la táctica, y la forma en que Milei ejerce el poder, sino sobre todo la caracterización del anarcocapitalismo mileista y sus diferencias con experiencias como las de Trump.

Para avanzar en este sentido, me serviré de un artículo que Rothbard publicara en 1992, esto es, 3 años antes de su muerte, y que titularía: “Populismo de derecha: una estrategia para el paleolibertarismo”. 

El diagnóstico de Rothbard es claro: se vive en un país lastrado por un régimen estatizante dominado por una elite gobernante en la que confluyen gobiernos, corporaciones económicas y grupos de interés. Es decir, la casta de funcionarios que controla el Estado cogobierna con las grandes empresas y con una serie de tecnócratas e intelectuales que son producidos en las universidades y han cooptado los medios de comunicación. 

Para Rothbard, que para el momento en que publicaba estas líneas ya había abandonado el partido que lo tuvo como miembro fundador, los libertarios siempre acertaron con el diagnóstico del problema, pero su estrategia de transformación ideológica de las elites debía dar un paso más allá: ahora era necesario crear los propios cuadros políticos libertarios y, sobre todo, convocar a las masas sin mediación alguna. Naturalmente, en aquella época no existían redes sociales, pero la irrupción de las mismas fue un instrumento fenomenal para poder saltearse el filtro de los grandes medios. De aquí que tanto Trump como Milei comuniquen directamente a través de sus cuentas de X, por ejemplo. 

Este escenario es el que le da pie a Rothbard para propiciar la adopción de un “populismo de derecha” como la mejor opción que tendría para alcanzar el poder el denominado “espacio paleolibertario”, esto es, una suerte de cruce entre los libertarios clásicos y los valores conservadores antiestatistas.   

Para evitar cualquier ambigüedad, el propio Rothbard ofrece lo que, considera, deberían ser los 8 puntos de ese programa populista de derecha: en primer lugar, un recorte de impuestos, incluyendo el impuesto a las ganancias; en segundo lugar, la eliminación de las subvenciones; tercero, acabar con la idea de discriminación positiva que, según el paleolibertario, supone brindar privilegios a determinados grupos; el cuarto y quinto punto, refiere a “liberar a los policías” para que se “recuperen” las calles tanto de criminales como de vagabundos; el sexto ítem, por su parte, apunta a la directa abolición de la reserva federal y, con ello, al mismo tiempo, un ataque a los banqueros. En anteúltimo lugar, el punto que identificaría a Trump pero que marca una diferencia evidente con Milei: abogar por un “America First”. Esto significa, para Rothbard, “bajarse” de la globalización que estanca la economía local y afecta a sus trabajadores, y “dejar de sostener a los vagos del extranjero” porque eso supone ayuda indirecta a los banqueros y a la corporación exportadora.  Es que, como el propio Rothbard indica, un populismo de derecha debe tener como objetivo representar a los rednecks, esto es, aquellos hombres blancos trabajadores del interior del país. 

Por último, el octavo punto de la estrategia, es el llamado a promover la “defensa de los valores familiares” reemplazando el dominio del Estado por el control parental y promoviendo el fin de la educación pública en detrimento de la privada.     

¿Cómo se lleva adelante este programa? ¿Con la micromilitancia local y la batalla cultural en cada asociación, en cada iglesia? Sí, pero con esa estrategia no alcanza. Más bien, y aquí cito el último párrafo del artículo, “lo que necesitamos para construir un nuevo movimiento paleo, especialmente en esta etapa, es un candidato presidencial, alguien a quien todos los frentes de la derecha anti-establishment puedan apoyar con entusiasmo”.

Este punto parece describir cabalmente el derrotero de Milei, incluso más que el de Trump quien, al fin de cuentas, necesitó del partido republicano para erigirse como presidente. Pero en el caso de Milei, no había partido ni dirigentes que lo secundaran. Era solo él, un candidato capaz de canalizar un clima de hartazgo frente a lo existente sin ninguna estructura ni grandes apoyos económicos.  

Para finalizar, entonces, Milei parece haber seguido casi al pie de la letra la hoja de ruta trazada por Rothbard en este artículo de 1992 y, casi 30 años después, el resultado de las elecciones en Argentina confirma que la estrategia de abrazar lo que aquí se indica como un “populismo de derecha”, ha sido sorprendentemente eficaz incluso contra una maquinaria de poder territorial y cultural como es el peronismo. 

Mientras el debate acerca de cómo definir a Milei continúa y la incertidumbre sobre sus próximos pasos son materia de especulación diaria, puede que releyendo aquellos autores que le han servido de inspiración, incluso para bautizar a sus perros, encontremos algunas respuestas.