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sábado, 6 de noviembre de 2010

TE TENEMOS QUE PEDIR PERDÓN, FLACO , por Pablo Llonto (para "hipercrítico.com")


Una sentida autocrítica


Publicado el 3 de Noviembre de 2010


Por Pablo Llonto, Periodista y abogado.


Queríamos decirte simplemente que los anarquistas somos, a veces, muy de vez en cuando, un laberinto de contradicciones. Y que pensábamos votarte. Era nuestra mínima y secreta manera de pedirte perdón.



Lo que te puteamos, flaco. Las cosas que dijimos de vos cuando en la imbécil tentación del engreído revolucionario decíamos que vos eras el monigote de Duhalde. Las marchas que te hicimos. Queríamos decirles a los argentinos que estabas dilapidando nuestra plata dándosela en bandeja al FMI.
Cuántas palabras envueltas en desprecio y sorna. Instruidos en las sabias esgrimas marxistas, enumerábamos los siniestros enemigos de los que te rodeabas. Casi, casi, te ordenábamos que fueses puro. Como nosotros.
En los rudos textos, en las vehementes intervenciones radiales, despedazamos tus confusas relaciones con el poder. Claro que sí, qué otra cosa era un hombre saludando a Bush con una sonrisa. No prestabas atención a nuestra pedagógica manera de llevar adelante el protocolo.El propósito era que nos escuchases. Que leyeras nuestros volantes, nuestros afiches, nuestras banderas. Tenías que hacerte, de un día para otro, justiciero expropiador de todos los sinvergüenzas. Tenías que rendirte ante nuestras luchas.
Queríamos ser testigos de un milagro que honrara a nuestros santos leninistas: la conversión acelerada de un político burgués a tigre trotskista, como aquel que posa en nuestros posters. Queríamos verte echando a todo tu staff, tus ministros, tus amigos, tu familia, desprendiéndote de cuentas bancarias, bienes, alquileres. Si era posible, Flaco, tenías que tirar los mocasines y la birome Bic. Y desafiliarte del PJ.
Un día, nos enteramos que hablabas en la ESMA. Que entrabas allí con las viejas y con los hijos. Pedazo de oportunista, dijimos. Luego, procuramos escuchar bien aquello que decías. “Como presidente de Argentina, vengo a pedir perdón en nombre del Estado nacional por la vergüenza de haber callado durante 20 años de democracia tantas atrocidades.”Carajo.
Exasperabas nuestra incredulidad eterna. De pronto, un presidente argentino, de la Casa Rosada, les pedía perdón a las Madres; a las mismas Madres que un tiempo atrás (diciembre 2001) habían sido gaseadas, mojadas, atropelladas por caballos por los infames de la Casa Rosada.
Ebrios de indiferencia, pensamos que debíamos aplaudir ese gesto, no más de 24 horas. No podíamos ser aventurados en el elogio. No tolerábamos que no cumplieras, una a una, todas nuestras utopías.
Ni cuando aprobaste la jubilación para los que no tenían aportes. Incluida nuestra vieja, y nuestra suegra.
Ni cuando le brindaste a Chávez, y a otros, el escenario adecuado para mandar a la misma mierda el asesino ALCA. Ni cuando le sacaste el fútbol de las manos al pulpo eterno. Ni cuando quisiste poner un poco de justicia con la 125 cumpliendo tu máxima peronista de llegar al fifty-fifty. Ni cuando desafiaste a Clarín y sus tentáculos. Ni cuando ideaste el final del monopolio de Papel Prensa.Ni cuando impulsaste el matrimonio igualitario. Ni cuando te enojaste con las claudicaciones de la ex intachable Corte. Ni cuando apagaste las privatizaciones de Aerolíneas, el saqueo de las AFJP, el choreo macrista del Correo.
Ni cuando te extenuaron los impostores, los Alberto Fernández, los Lavagna, los Solá, los Cobos, los Pedraza.
Ni cuando apoyabas una ley que resolviera un cacho de participación en las ganancias. Ni siquiera cuando tu última opinión sobre los burócratas sindicales contenía una frase premeditada: “Hay que dar con el último de los autores intelectuales del crimen de Ferreyra.” Ahora que estás en Santa Cruz, rodeado de los combativos mineros de Río Turbio que adorábamos en los ’90, ahora es como un poco tarde, flaco.
Queríamos decirte simplemente que los anarquistas somos, a veces, muy de vez en cuando, un laberinto de contradicciones. Y que pensábamos votarte. Era nuestra mínima y secreta manera de pedirte perdón.


Publicada originalmente en : hipercrítico.com

jueves, 4 de noviembre de 2010

NOSOTROS, por Pablo Marchetti (para "lavaca.org")


* por Pablo Marchetti, Director y Editor Responsable de Revista Barcelona

Para Claudia Acuña, con amor peronista

En el final de la cola, unos ocho metros antes del féretro, en uno de los corredores de la Casa Rosada, una piba llora. Sí, una piba: 16, 17 años, como mucho. Divina, cándida, antelical. Una chica que bien podría uno imaginarse llorando así con una novela del Cris Morena Group o con la llegada de los Jonas Brothers, aunque un poco más hippona. Si Néstor Kirchner hubiera sabido que lo iba a llorar una piba así capaz que no se moría.
Ok, lo que acabo de decir es una reflexión machista, pelotuda, lo que quieran. Olvídense. Pero a ver si queda claro: la plaza de Mayo y sus alrededores se llenó de pendejas y pendejos divinos, pibes muy chiquitos, adolescentes y jóvenes conmovidos por la muerte de Kirchner. Pibes que transformaron en hit el canto “andate Cobos, la puta que te parió”, o su versión extendida: “Andate Cobos y llevate a la Carrió”. O sea, pibes y pibas que hicieron su lectura política del asunto. Pibes y pibas militantes.

Todos putos

Un pibe escribe con aerosol, en el piso, sobre la avenida de Mayo, casi Bernardo de Yrigoyen, Néstor VIVE, y sobre cada una de las V de la palabra VIVE escribe una K, reemplazando la P peronista del PERÓN VUELVE. Me río: se lee KK. O sea, caca. Evalúo por un momento la posibilidad de compartir mi hallazgo con el pibe que escribe con aerosol. Y lo imagino contestándome: “De caca te voy a llenar la cabeza, puto”. Pero no, descartado. El pibe no diría eso. Parece más un pibe que pudo estar tomando un colegio anteayer. Más rockero que cumbiero. Clase media porteña, laburante. El pibe de la fotocopiadora, ponele. Hasta es probable que ni sea peronista. Nada de “eh, puto”. Y menos ahora que a su lado pasa una columna (bueno, un grupito con pancarta), unas treinta personas que llevan orgullosas el cartel que dice “Putos peronistas”.
Sí, los putos y las travas también. En la fila, a ocho cuadras de Plaza de Mayo, está Marlene Wayar, la hermosa Marlene, altísima, flaca, ojos enormes, sonrisa transparente, la voz más lúcida de la diversidad sexual, el pensamiento más sexy del país, una travesti que no cree en el matrimonio pero cree en la igualdad. Quién lo hubiera dicho, Marlene en la fila para ver a Néstor. ¿O debo decir “en la cola”? Sí, Marlene en la cola de Néstor, que esta noche es también promiscua y libertina. Que esta noche es todos con todos, todas con todas, todos con todas, todas con todos, todo con todo. Esta noche, la del pastiche que supimos conseguir. Unámonos. Abracémonos. Te amo, Marlene. Qué bueno que estés acá.

Noche de abrazos

Esta es una noche de abrazos. Me abrazo con Marlene, me abrazo con Claudia Acuña (bueno, con Claudia siempre nos abrazamos), me abrazo con Mariana Collante, me abrazo con Eduardo Anguita (sí, aquí estoy, Eduardo, ¿dónde iba a estar?), me abrazo con Dani Tavarone (Dani, qué linda sorpresa, tanto tiempo), me abrazo con Maxi Vecco (responsable de los videos de ¡Mueva la patria!), me abrazo con mi compadre falopero Felcho Marquestó (nos encontramos de casualidad; él fue a la plaza con Ramón, su hijo de 8 años), me abrazo con el gran Poroto D’Addario, exquisita pluma chabona de Página 12, que está haciendo la cola a la altura de Bernardo de Yrigoyen entre Avenida de Mayo y Rivadavia, me abrazo con Juampi Pichetto, a quien hace años que no veo, y en qué andás, y me cuenta que está haciendo Clase Turista, y me alegro, qué buen programa, y nos fumamos esa tuca que queda, qué bueno vernos, pensamos, y claro, cómo no íbamos a estar acá.
Aquí estamos. Con esa bola de nervios, esa bola de cagazo y esa bola de emoción al vernos, al constatar eso, que aquí estamos. Somos bien distintos y de repente nos damos cuenta de que también podemos ser bien iguales. O que, bueno, esto es lo que nos une. Que no debería haber rencores a partir de esto. Que sí, después da para discutir, para cagarnos a puteadas, a bardearnos, a mandarnos a la concha de nuestras madres o a la puta que nos parió, que si ya llegaron los putos es probable que en cualquier momento también lleguen las putas peronistas, y tampoco tengamos miedo a volvernos un poco trogloditas (o a seguir siendo peronistas, como prefieran), ahora que todos estamos aprendiendo a ser más correctos. Pero siempre teniendo en cuenta esta noche. A bardear, a discutir, pero sabiendo cual es nuestro lugar en el mundo, dónde vamos a marchar cuando las cosas se pongan pesadas. Pensemos en Néstor.

Pensemos

Eso, pensemos en Néstor. No por obligación, sino porque eso es lo que nos sale: pensar, reflexionar, intentar hacer política. Porque después del abrazo, del reconocernos, de la certeza a mitad de camino entre el “qué bueno que estás acá” y el “claro, cómo no ibas a estar acá”, llega la discusión, la reflexión. Si hay algo para lo que sirvió esta noche es para constatar un par de cosas que, hasta hoy, no eran más que cuestiones que se afirmaban sobre la intuición. Ahora nos damos cuenta que era verdad, que la política había vuelto, que la militancia había vuelto. Y esta, la noche del Chau Néstor es la noche de la política y la noche de la militancia.
La vuelta de la política. La vuelta de la militancia. La vuelta de los pendejos a la militancia. Pensemos en Néstor. No, no fue Néstor quien construyó todo esto. Si Néstor fue apenas un gobernador peronista de los 90. Un gobernador de una provincia petrolera que estuvo en la primera línea de combate de la privatización de YPF. Un aliado de Menem y Cavallo. Un tipo al que, antes de llegar a ser presidente, jamás le importó lo que decían los movimientos de derechos humanos, que jamás se preocupó por los crímenes de la dictadura y que, encima, era el candidato de Duhalde.
Sin embargo, Néstor no sólo no defraudó, sino que sorprendió. Uno no esperaba casi nada y el tipo se mandó con varias cosas inéditas y esperanzadoras. Y siguió, aunque todas podrían resumirse en una: no tengo claro si Kirchner era mi amigo, pero estoy seguro de que irritaba a mis enemigos. No sé si a todos (las críticas que tuve, tengo y tendré tienen que ver con eso, con aliados impresentables), pero sí a muchos. Demasiados para los que nos tenía preparada la historia argentina. Y estas cosas sólo se pueden medir en perspectiva histórica.

Juan Domingo K

Más allá de las críticas que puedo tener, creo que Néstor Kirchner (él y Cristina) fue el mejor presidente de la Argentina en los últimos 50 años. O, más precisamente, el mejor desde Perón, desde el primer peronismo, el de los 50. O, para decirlo en términos más constatables, fue el que más se enfrentó a mis enemigos y a los enemigos de toda la gente que vino esta noche. Por eso hay tanta gente que dice “yo no lo voté, pero aquí estoy”, “yo no soy peronista, pero aquí estoy” o “yo soy de izquierda, pero aquí estoy”, como me dijo el pibe que subía al lado mío por las escaleras mecánicas del subte E, cuando llegué a la plaza el jueves a la tarde.
Sí, el mejor desde Perón. Juan Domingo Perón, para más datos. Un milico con simpatías por el Eje durante la Segunda Guerra Mundial, que participó en los primeros golpes de Estado de la Argentina, como oficial del Ejército. Un tipo del que no había mucho que esperar, o más bien de quien se podía esperar lo peor. Sin embargo…
Como Perón, Kirchner hizo mucho más que lo que se esperaba de él. Pero hay algo más que identifica a ambos líderes, a ambos presidentes. Está claro que el peronismo es algo mucho más trascendente, mucho más complejo y mucho más rico que la figura de Juan Perón. Pues bien, si el kirchnerismo es esta plaza, si son esos pibes (y también esos señores, esas señoras, esos laburantes, esos viejitos, esos putos, esos fumones, esos oficinistas, esos fans de 678, esos flacos que se están tomando una birra, toda esa gente que hace seis, ocho, diez horas que está haciendo la cola para pasar 30 segundos a cinco metros del ataúd cerrado donde está el ex presidente), está claro que ese movimiento político y social trasciende con creces a Néstor Kirchner.
No, Néstor no construyó todo esto, pero Néstor fue quien lo leyó. El emergente y, al mismo tiempo, quien abrió el juego. Olvidémonos de la lista de virtudes (Corte Suprema, estatizaciones, juicios a los represores de la dictadura, asignación universal, integración continental) y defectos (pejotismo, mineras, petroleras). En otro momento podemos discutir todo eso. Ahora es el momento de centrarse en el principal logro de este Gobierno: la militancia.

A lo chori

“Chipa, chipa”, grita la paraguaya, sentada en un banquito, con su puestito improvisado donde vende el modesto manjar guaraní. Chipa y no chipá, que quede claro. Acaba de llegar, son las once de la noche. “A la rica chipa”. A su lado, una mujer vende pósters con la foto de Néstor y Cris, y papeles y fibrones. ¿Para qué? Lo aclara en el papel que tiene escrito: “Néstor, siempre con vos”, dice el papel, escrito con fibrón. Que cada uno escriba lo que quiera, pero que todo el mundo sepa que puede escribir cosas como esa, como una forma de hacer catarsis o de romper el cerco mediático de Clarín.
Más allá, un tipo comienza a prender la parrilla. “El chori y el paty salen como piña”, me dice un parrillero que está prendiendo otro fuego porque ya agotó stock y va por el ballotage. Se venden también banderas, cintas negras, escarapelas. Y para beber, gaseosas, cerveza, café. Me cuenta Mariano Lucano (estoy caminando por avenida de Mayo con él y con Flavia, su novia) que en el entierro de Alfonsín (no, no fui) no había choris ni nada de eso. Pero que, a cambio, el McDonalds de enfrente del Congreso estuvo abierto toda la noche.
Acá los negocios están cerrados. Los bares bajaron sus persianas después de la medianoche y sólo quedan algunos, poquísimos, maxikioscos. Por eso a la una de la mañana se siguen prendiendo parrillas. Puede parecer liturgia peronista, pero acá los compañeros tienen hambre. Y el chori se cobra, eh. No se regala, eh. Que acá no hay micros, no hay aparato, loco, eh. Nadie vino por el chori y la Coca. Ni siquiera vino por Néstor. Acá la gente, la mayoría de la gente, vino a hacer el aguante y a no sentirse tan sola. Vino a tratar de dejar claro que esta vez no, no nos van a volver a cagar.

Qué grande sos

Sí, claro, los pendejos. Sí, claro, la clase media progre. Sí, claro, los zurdos, los intelectuales, los universitarios, los profesionales. Por supuesto, todos ellos están. Pero también está el peronismo. También está la gente que se tuvo que tomar tres bondis para ver el cajón. Está Zulema, que vino de San Justo. Está la gente del Docke y otros que vinieron desde las provincias. También están (en primera línea) los militantes peronistas de veintipico, de treintaipico, esos productos tan típicamente Néstor que volvieron a sentir orgullo de ser peronistas. Que cantan la Marcha y se emocionan y hacen emocionar a quienes alguna vez nos emocionamos cantando la Marcha.
Otros hits: “Olé, olé, olé/ Nestoooor… Nestoooor”, con acento en la “o” alargada final. Pero sobre todo uno, bien peronista, que advierte: “Che gorila, che gorila/ no te lo repito más/ si la tocan a Cristina/ qué quilombo se va armar”. Ese y el de Cobos son los más escuchados. Los pibes proponen, advierten. Nadie dice boludeces, ni nadie evoca fantasmas. Hay un mensaje concreto: no jodan. Y viendo toda esa gente, sintiendo la emoción y la onda que hay en el aire, por un momento da para el entusiasmo, da para pensar que quien sabe, tal vez…

Oficialitis

Néstor irritó a nuestros enemigos y más allá de las diferencias, más allá de las medidas y aliados impresentables, más allá de la minería y el pejotismo, el espanto que generaban esos enemigos siempre pudo más. Y cada vez que alguno de estos enemigos mostraba los dientes y las uñas daba ganas de volverse más K que Orlando Barone. Sí, lo confieso: muchas veces, escuchando a Biolcatti, leyendo a Morales Solá o a Mariano Grondona o viendo algunos títulos de Clarín me dieron ganas de pasar por la galería Bond Street, tatuarme la cara de Néstor y Cris en la espalda y después salir, ir al estudio de Canal 7 donde se graba 678 y decir: “Mirá, Barone, a que vos no tenés un tatuaje así, soy más oficialista que vos”.
Desde el miércoles, cuando Néstor la quedó en Calafate, las bestias comenzaron a mostrar los colmillos. Son los mismos simios gigantes que quisieron dictarnos lecciones republicanas impresentables luego del velorio de Alfonsín, sin olvidar que ellos habían odiado a Alfonsín. Pero claro, Alfonsín se quedó ahí. Lo intentó tibiamente, arregló, no supo. Sí, por supuesto, vivió modestamente, no como estos millonarios santacruceños. Pero políticamente terminó devorado por sus enemigos, sin siquiera haber atinado a pelear como es debido. Se confió, actuó como una persona y, como tal, creyó en la humanidad de las bestias que lo rodeaban.
No, Néstor no era de esa estirpe. Néstor peleaba. Por eso, como bien dice Beatriz Sarlo, prefirió no convertirse en patriarca y morir luchando. Por eso, en su despedida, no hubo ningún Biolcatti, ningún Cobos, ningún Morales Solá, ningún Duhalde. Sí, claro, nadie se alimenta de vidrio: sí hubo un Scioli o un Gioja. Pero otra vez: se podrá criticar a los amigos, pero nunca se dudará de la calaña de los enemigos. Porque lo mejor de Néstor era cuando no dialogaba con quienes reclamaban diálogo pero en realidad querían exigir, y cuando se peleaba con quienes merecían que los cagaran bien a trompadas.
No se trata aquí de comparar entierros. Pero no sólo es necesario dejar en claro que a Néstor lo despidió por lo menos el doble de la gente que le dio el último adiós a don Raúl. También sería bueno recordar que entonces hubo algunos imbéciles que destacaron lo masivo del entierro de Alfonsín (que lo fue) y presagiaban una muerte en soledad para Néstor. Que la chupen, que la sigan chupando. Vos, gorila republicano, la tenés adentro. ¡Vamos todos! “Tomala vos/ dámela a mí/ el que no salta/ es de Clarín”.

9 años no es nada

Camino con Mariano Lucano y de repente tengo un dejà vu. ¡Esto parece el 2001! Cuando también caminé con Mariano, por estas calles, dos años antes de Barcelona. Bueno, no, nada que ver: todo está tranquilo, no hay represión, ni siquiera un poquitín de clima tenso o jodido, ni siquiera una pizca de paranoia. Hay miedo, sí, pero es un miedo por el devenir político, no por el presente, no por la caminata por estas calles. Y hay que decirlo aunque suene pelotudo o inocente: hay esperanza. Por lo demás, estamos como entonces. Nueve años no son nada. Somos los mismos que entonces. Y algunos otros, más pendejos, que podrían haber estado ahí.
Mariano me cuenta que ayer se cruzó con Diego Parés (el dibujante que mejor retrató el 20 de diciembre de 2001) y con el Niño Rodríguez. Me imagino que deben estar (como Mariano, como yo) descosiéndose el cerebro pensando en qué carajo van a decir, qué corno es lo que van a dibujar de todo esto. A mí se me enquilomba todo. No puedo parar de pensar, como todos los que estamos aquí. Como no podemos (sí, lo bueno de esto es lo fácil que es pasar del “yo” al “nosotros”) dejar de sorprendernos y emocionarnos, como todos los que estamos aquí.

Gracias totales

Aquí abunda el análisis político al paso. Lo admito, no puedo parar de hablar con todo el mundo. Charlo, discuto (ya lo dije, ¿no?). Por supuesto, se habla de quién ocupará el lugar de Néstor. Quién se bancará al PJ, quién evitará el aluvión Scioli, cómo hacer para no cagarla en este momento político que, bien manejado, puede ser bastante favorable para una salida digna. O sea, para evitar que el Mal Mayor se haga cargo del asunto. Y para neutralizarlos por un buen rato. El precio a pagar puede significar el convencimiento casi religioso de que aquello que considerábamos el Mal Menor se transforme de repente en un Bien Aceptable. O al menos que mude su domicilio a los suburbios del Bien, a pocas cuadras del Riachuelo o la General Paz del ideal ideológico.
Más allá de la especulación macro política, el verdadero desafío es ver cómo articular todo esta voluntad colectiva, este montón de ganas, de abrazos y de emoción al margen de toda especulación electoral. Por supuesto, lo electoral existe y es relevante. Pero nadie piensa en Máximo o en Alicia por aquí. Ya se verá si el hijo presidencial puede realmente ser una opción y si eso realmente puede ser bueno. Por el momento, parece tener menos carisma que Fabián Matus, pero estos momentos suelen hacer milagros. Si no, mírenlo a Ricardito Alfonsín.
Lo que realmente importa ahora es cómo salir de esta plaza. Y lo más importante, cómo hacer para volver a encontrarnos todos aquí, con esta misma emoción, con esta misma fuerza. Cómo tener la certeza de que, si nos joden, aquí vamos a estar. Aguantando los trapos. No los de Néstor ni los de Cristina. Los nuestros, los de los montones de personas que no queremos que nos rompan las pelotas. Los de todos aquellos que estuvimos horas y horas esperando para ver durante 30 segundos un ataúd cerrado, porque sabíamos que allí adentro había un tipo especial.
Un tipo que no fue ni un héroe revolucionario, ni un gran ideólogo, ni siquiera alguien muy parecido a nosotros. Sin embargo, ese tipo fue quien hizo el milagro de juntarnos, de hacernos tomar conciencia de que somos un montón y de darnos cuenta de que hay ciertas cosas que no vamos a permitir. Bueno, no exageremos, que somos frágiles. Pero al menos ahora sí tenemos claro que hay cosas con las que no se jode. Por eso, aunque sólo sea por eso, gracias Néstor.


CUENTA CON NOSOTROS, por Martín Sabbatella* (Para "Página 12" del 01-11-10)

Arriba : Martín Sabbatella, ex-intendente de Morón. Actual diputado nacional por "Nuevo Encuentro".


La muerte de Néstor Kirchner nos invade de dolor. Se fue dejando un inmenso vacío, tan profundo como la huella que deja su paso por nuestra historia; esa historia que recorrió con protagonismo transformador, con el compromiso militante de los hombres y mujeres que no sólo merecen el recuerdo de sus contemporáneos, sino que trascienden en la memoria popular durante décadas por su lucha a favor de una sociedad de derechos para todos y todas.


Hay al menos dos formas de dimensionar el aporte de este gran dirigente a nuestra historia. La primera es a través del repaso de la etapa inaugurada el 25 de mayo de 2003, que puso fin al reinado del paradigma neoliberal, cuando asumió la Presidencia de la Nación luego de la crisis económica, social, política e institucional. Desde entonces, con los pliegues e imperfecciones de cualquier proceso transformador, la agenda instalada por Kirchner fue rupturista, rompió el molde y puso a Argentina de cara a un horizonte de mayor igualdad y justicia.


Sin pretender abarcar todas las características de esta etapa, y soslayando adrede las observaciones que hicimos en diversas ocasiones, no tengo dudas de que Kirchner entra en las páginas importantes de nuestra historia, entre otros aspectos, por la política de derechos humanos, de recuperación de la memoria colectiva y de juicio y castigo a los responsables del terrorismo de Estado; por el impulso a la integración regional desde una perspectiva latinoamericana y popular, poniendo el acento tanto en las posibilidades de crecimiento equitativo de las naciones del Cono Sur como en los valores de solidaridad, de afianzamiento cultural, de justicia social y de defensa de la soberanía de los pueblos; por la integración de la Corte Suprema con jueces de reconocida trayectoria, capacidad e independencia, electos con procedimientos absolutamente transparentes; por el cierre de una era de intervención promiscua y perjudicial de los organismos financieros internacionales sobre las políticas económicas de la Nación, mediante la generación de equilibrio fiscal sin ajuste y a través de acciones de desendeudamiento; por la estatización y la extensión del sistema jubilatorio a casi dos millones y medio de personas más y el establecimiento de un mecanismo de actualización semestral; por la vuelta del Consejo del Salario y la apertura de paritarias para fijar los haberes de los trabajadores y trabajadoras; por la implementación de la asignación que incorpora a millones de niños y niñas como sujetos de un derecho que sólo alcanzaba a los hijos e hijas de trabajadores en blanco; por el desarrollo de obra pública en salud, educación, caminos e infraestructura de servicios en territorios históricamente postergados, incluyendo una política de urbanización de villas y barrios donde residen familias de escasos ingresos; y, sin dudas, por la democratización de la palabra, a través del impulso de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, que vino a saldar una deuda histórica arrastrada desde principios de la dictadura militar y que había derivado en la consolidación de poderosos multimedios informativos y el cercenamiento de la libertad de cientos de miles de opiniones. Estas y muchas otras medidas que se impulsaron desde 2003 dan cuenta del inicio de una etapa histórica cuyas contradicciones no opacan la evidente voluntad de Néstor Kirchner por orientar el país en un nuevo camino, enfrentando las políticas neoliberales que durante décadas hundieron a Argentina y la región en la más profunda desigualdad.


La otra forma en la que, creo, se puede dimensionar el aporte de Kirchner y su ingreso en las páginas más importantes de nuestra historia es en los rostros de quienes expresaron su dolor durante esta última semana, de los miles y miles que caminaron durante horas para pasar unos minutos frente al féretro a darle el último adiós a Néstor y alentar a Cristina; de los muchos y las muchas que salieron a la calle, que se juntaron en Plaza de Mayo y en decenas de espacios públicos de todo el país; en quienes formaron verdaderos ríos de amor y lágrimas junto al recorrido que hizo el cortejo hasta su destino último en Santa Cruz. En el llanto de las mujeres, de los niños, de los jóvenes, de los trabajadores, de los estudiantes; en la angustia plural y masiva que estalló ante la noticia o en el canto y el compromiso solidario de cientos de miles que intentaron abrazar a la presidenta de la Nación en este momento difícil.


Kirchner fue un dirigente que marcó un rumbo distinto en nuestro país, que hizo mucho por recuperar el valor de la política, que se esforzó en correr el límite de lo posible. Fue un gran hombre y un político que va a ser recordado por su militancia, por su compromiso, por su voluntad transformadora. Un dirigente que con enorme coraje y valentía puso el cuerpo hasta sus últimos días luchando por un país más justo y solidario.


Por todo ello, además de expresar la gran conmoción que nos produjo su muerte, desde el Encuentro queremos reafirmar nuestro compromiso y nuestro apoyo a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Es más que el abrazo imprescindible en este momento doloroso. Es la ratificación del compromiso político con la defensa y la profundización de ese rumbo, y con la construcción de una fuerza política nacional y popular que continúe trabajando por edificar la Patria más justa, democrática, para todos y todas.


Seguiremos siendo parte de esta tarea. Queremos decirle a la Presidenta que cuenta con no-sotros.



* Martín Sabbatella es Diputado nacional, presidente del bloque Nuevo Encuentro.

CON LA COMA, por Eduardo Aliverti (para "Página 12" del 1-11-10)


Por Eduardo Aliverti


Dolor y festejo, salvo alguna excepción, vienen a ser como antónimos perfectos. Pero no es tan obvio que tampoco son iguales la consternación y el dolor, aunque suenen parecidos. A estos dos últimos términos volvió a usárselos casi como sinónimos. Y la diferencia entre uno y otro, más allá de precisiones semánticas, es muy importante para juzgar una de las reacciones, tal vez inesperada, ante el impacto que produce el muerto.
El dolor es patrimonio de los que sienten que con este modelo recuperaron, ante todo, antes que absolutamente nada, la posibilidad de creer en la política como un instrumento que puede servir para mejorarnos la vida, y no siempre para jodérnosla. Que hay dirigentes políticos que no viven para cagar al pueblo. Cabe interrogarse por la influencia que habrá tenido, en esta notable muestra masiva de dolor, el hecho de que Kirchner no haya parado un segundo a pesar de su salud debilitada. Todos los que, en público, le pedían que frenara, le exigían en verdad que dejara de confrontar. Porque si lo hacía, podían recortar aquello en que los afectaba. Mucho o poco, los jodía que Kirchner no parara. El tipo, como cualquiera, andaba sin detenerse por una pulsión vivencial. Vaya uno a saber cuánto de consciente era en torno de que, si no regulaba la máquina, la muerte próxima sería inevitable, o al menos una probabilidad. Pero, ¿a cambio de qué parar la máquina? ¿De dejar de ser? ¿De pasar por la vida, en vez de vivirla como a él le gustaba? La primera impresión e incluso bastante después ante la noticia de su deceso, coincidamos, fue incredulidad. ¿Por qué, si se conocía que estaba mal? Porque al líder, al referente, al conductor, en primer término no se lo imagina muerto y, después y por eso mismo, no se quiere que se detenga. Y si cumple con eso, con lo que se quiere de él, al cabo no interesa si dio la vida por su pueblo o por él mismo. Lo que importa es lo que uno quiere imaginar que hizo. Pero para eso, pequeño detalle, debe haber pasado que lo que hizo benefició a mucha gente, porque de lo contrario esa gente ni siquiera se toma el trabajo de imaginar nada. Es eso de que la memoria no consiste en lo que pasó, sino en lo que se construye de lo ocurrido. Y se construye por la necesidad de creer; que en política, para el caso, significa creer que esa necesidad fue satisfecha en buena medida. ¿A qué salió a la calle y fue a la Rosada, dolorida pero efervescente, semejante multitud? ¿A qué, nutrida por tanta gente humilde, y tantos pendejos golpeándose el corazón y surgidos desde lo que se creía la nada misma dejada por el menemato, y tanto oficinista que gana dos mangos y hasta una izquierda que sin venir del palo estaba segura de que debía estar ahí? ¿A qué, que no sea que además de lo habido hay un por haber sólo canalizable en la realidad de agarrarse de este piso? El festejo es más detectable aun. Festejan la Rural, los grandes medios, Carrió, el Episcopado, Duhalde, los genocidas, tanto ganso que llama a las radios, variados factores de poder, fachos de la clase mierda, etcéteras. Esos también son pulsión primaria en su festejo, porque, a poco que se detengan en examinar, se murió la figura que les concentraba el odio y el discurso único. Y entonces tienen dos problemas: de dónde diablos salió toda esta gente emocionada; y cómo se hace para seguir bardeando a una mujer sospechosa de no retroceder, pero encima con imagen, real o construida, de sola contra todos. Es decir: contra todos ellos. Y con tanto pibe que la banca.
Finalmente, la consternación. El “¿y ahora?”, que se escuchó por tantas vías. Hay lo especulativo de quienes tienen intereses concretos. Kirchner, quedó dicho, era el gran ordenador de la oposición, en todas sus vertientes. Su iracundia, sus provocaciones, si se quiere sus excesos, amalgamaban a la contra porque fue él, Kirchner, quien instituyó esa suerte de “péguenme, cuanto más, mejor, porque me hacen más fuerte”. Si Cristina era y es la jefa de Estado, él era, sin la más mínima duda, el jefe político. El era el barro. Era la tensión con el sindicalismo pesado, el que maniobraba con los barones mafiosos del Gran Buenos Aires, el que operaba, el ministro de Economía, el que les ponía los puntos a los generales y coroneles del establishment. En la división de tareas de la férrea sociedad política del matrimonio, la fortaleza Cristina se ocupaba de bajar las grandes líneas discursivas con una oratoria impactante. Pero el barro era él, y ahora hay que ver quién lo cubre: no necesariamente porque ella no sabría cómo hacerlo, sino porque no puede, ni debe, atender todos los frentes. De modo que el Poder –una parte del Poder– se quedó momentáneamente sin el gran interlocutor con quien trabarse en combate. Y con la mujer, esa mujer, erigida en amazona solitaria. La cosa es que tal idea de desamparo no cruza solamente al nivel dirigencial opositor. Alcanza también a los que, consternados pero desde la planicie, pasaron a preguntarse quién ordena la mugre de aquí en más. Mal o bien, lo hacía Kirchner y, tanto que lo putearon los incontinentes del “dónde iremos a parar”, resulta que él garantizaba la “gobernabilidad” desde el fango. El enorme desafío de Cristina es encontrar el reemplazo de esa administración del lodo, porque con todo no va a poder. Y acaban de debutar, consternados, ante la muerte, los dudosos de si esto no será aunque sea lo menos malo frente a la impresentabilidad de la oposición.
Si es por interrogantes y ante la impresionante manifestación popular frente al muerto, algunos deberían preguntarse por qué no habrán cumplido su farsesca palabra de retirarse para siempre de la política. Algunos deberían preguntarse por toda la militancia que les falta, antes de siquiera soñar que el pueblo llorará por ellos. Algunos deberían preguntarse si acaso no es hora de sumar con honestidad ideológica a la espectacularidad de la política real, y no a la política de la espectacularidad. Algunos deberían preguntarse si no es mejor no dejar un solo resquicio más, para liquidar la sospecha de que pueden ser la gran candidatura blanca. Algunos deberían preguntarse si no les queda algún rincón para la incertidumbre, cuando resulta que ante el muerto rindió homenaje tanto mundo del mundo del que según los grandes medios estábamos aislados. Algunos deberían preguntarse si les conviene persistir en su presentación como única salida posible y revolucionaria, al comprobar que tantos pibes movilizados prefieren militar y conmoverse con otra esperanza. Los momentos dramáticos sirven para medir la capacidad de no quedar en el lado equivocado.
Casi ayer, hace menos de diez años, esta sociedad salía a la calle con aquella clamorosa exigencia de que se fueran todos. Todos. Que no quedara ni uno solo. Hoy, mucha de esa misma sociedad volvió a las calles a llorar que se fue un político en plena actividad. Y a darle fuerza a una Presidenta. Se piense como se piense acerca de este Gobierno, nadie puede rebatir seriamente que el salto entre una y otra situación supone una mejora general de expectativas populares.
“Estoy azorada”, decía el viernes una oyente radiofónica. “Hasta el miércoles estábamos todos de acuerdo en que la inflación es un desastre, y en que ya no damos más con la inseguridad, y en que había que cuidarse hasta en el censo. Y resulta que ahora salen esta multitud y todos estos pibes a defender al Gobierno.” Ese mensaje, seguramente, es representativo de los tantos que acaban de descubrir que el país de Clarín & Cía. no es el único.
Chau, Kirchner. Pero chau así, únicamente con coma. Porque sin coma es de los miserables que estaban apurados por que te murieras. Sin coma es de esa gente que debe estar cayendo en la cuenta de que está en problemas, vista toda la otra gente que salió y dijo lo que dijo:
ni un paso atrás.


Nota aparecida en Página 12 del 1 de noviembre de 2010.

Emitida en "La Red" en el programa "Marca de Radio" del 30 de octubre de 2010.

martes, 2 de noviembre de 2010

LA FUERZA DE UNA DESPEDIDA, por Daniel Bruno * (para "Mirando hacia adentro")


* Daniel Bruno es pastor de la Iglesia Evangélica Metodista


El artículo fue subido a Facebook por el autor, y publicado en este blog con su expresa autorización.



"Hay despedidas que despiden, otras que dan la bienvenida. Hay reconocimientos que pretenden enterrar. Hay reconocimientos, sin embargo, que aún sin palabras, gritan esperanza.

La despedida de Néstor, me parece, abre un comienzo.


Algunos, como Tomas Abraham vieron, en esa larga, popular, llorada y sentida despedida, solamente un retorno a las hordas del ’40… Y bueno, dejemos al filósofo en la soledad de su autoerotizado pensamiento, en su aséptica torrecita individual, alimentando a otras torrecitas individuales que se regodean por el “equilibrio” e “inteligencia autónoma” de pensamientos como estos. La historia guardará para él algún lugar. No sabemos cuál. Pero siempre la mirada histórica nos permite descubrir lugares en donde unos y otros quedan eternizados.


Por ejemplo esta coyuntura eternizará a Jorge Lanata y a Mirta Legrand juntos, a Pino Solanas y a Mariano Grondona juntos, paradojas de la historia. También encontraremos para siempre a Néstor Kirchner junto al pueblo real, espontáneo, agradecido, inorgánico, solidario, creativo, un pueblo que aunque burlado mil veces mantiene intacto el sentido del olfato estimulado por aquel precepto evangélico: “ el árbol se conoce por sus frutos… por sus frutos los conoceréis”, y que, cuando descubren ese tipo de árboles, se entregan y lo abrazan y se juegan y lo lloran y mucho.
Por eso en esta despedida veo un comienzo.


Hubo radicales, sinceros militantes populares, que el 17 de Octubre del 45 descubrieron el final de un prejuicio y el comienzo de una realidad nueva y desafiante. Quedan relatos de conversión, hoy piezas maestras de literatura, como los de Raúl Scalabrini Ortíz o Arturo Jauretche, al respecto.


También ahora, en esta despedida veo un comienzo.


Es una despedida con fuerza aglutinante. Una despedida cuyo dolor es amalgama. Una despedida que permite vislumbrar las grandes avenidas de la Patria, por donde realmente transita el pueblo. Y esa despedida llama a todos. A todos los que desean una sincera transformación de la realidad.


Me parece que esta despedida marca un comienzo, el de transformar las mezquindades en proyecto común, el de cambiar los principísmos doctrinarios por causas populares, el de virar desde las críticas ideológicamente “puras”, hacia la lucha en el barro de la historia. Me parece que la de Néstor es una despedida que al mismo tiempo es comienzo, y nos dice que es posible vencer a la muerte y transformarla en vida y vida en abundancia."


por Daniel Bruno, octubre de 2010.

domingo, 31 de octubre de 2010

AHORA CRISTINA, CON TODO Y CON TODOS, por Adrián Corbella (para "Mirando hacia adentro")


En una nota aparecida en Miradas al Sur, el periodista Jorge Giles utiliza la frase que yo tomé como título . El considera que ese fue el mensaje de los miles y miles de ciudadanos que hicieron el aguante a Néstor y a Cristina el miércoles, jueves y viernes de la semana pasada, en Buenos Aires, en Santa Cruz, y en toda Argentina.
Todos aquellos que tuvimos el honor de votar al kirchnerismo sufrimos un golpe muy fuerte, un golpe que nos hirió el corazón.
Pero tenemos que terminar el luto.
Porque esto sigue.
“Nos es momento de llorar, hay que ser fuerte” le dijo una mujer a otra, ambas grandes luchadoras. Cristina a Hebe.
Aproveché estos duros días para ver y leer, escribir y pensar. Hay luces y hay sombras, hay esperanzas y hay temores, hay confianzas y hay dudas…
Es evidente que el invisible trabajo de Néstor, el trabajo de trastienda, el trabajo “en el barro” como dijo Eduardo Aliverti, se va a extrañar, y no será fácil de reemplazar.
Pero también es evidente, como dice Jorge Giles en “El hombre del Bicentenario”, y como advirtieron otros y otras en tantos lugares, que la muerte de Néstor fue en batalla, porque al morir este loco pingüino patagónico le ganó a la prensa monopólica y a una oposición intratable un último combate : SACÓ AL KIRCHNERISMO A LA CALLE.

Y lo que todos vimos, lo que ni siquiera los muchachos de Clarín pueden ocultar, es que el kirchnerismo es un extraño híbrido de lo mejor del viejo peronismo de Perón y de Eva (con su espíritu democratizador e igualitario pero sin el autoritarismo que a veces lo afeaba), de lo mejor de la generación de los setenta (con su idealismo pero sin la violencia) y de lo mejor de otras tradiciones populares y progresistas de origen no peronista.
Y es un híbrido superador.
Hasta un duro opositor como Felipe Solá lo reconoció a su manera, al decir “murió rodeado por el pueblo, por algo será” y “la única verdad es la realidad”.

Néstor Carlos Kirchner se fue, se fue acompañado por el pueblo y rodeado por las imágenes de los patriotas latinoamericanos, acompañado por los presidentes de toda América, incluso el épico Lugo con su salud tan frágil, incluso Lula que estaba en campaña, incluso Correa que acaba de superar un golpe asesino.
Néstor Carlos Kirchner volvió a su tierra, pero está en todos lados ; seguramente estará acompañado por otras leyendas , como Juan Domingo Perón, como Eva, como Hipólito Yrigoyen… como otras y otros “locos que se animaron” del siglo XIX…

ESTOS TIPOS NUNCA MUEREN DEL TODO…


PORQUE ESTOS TIPOS HACEN HISTORIA…

Néstor Carlos Kirchner murió ; pero el kirchnerismo está más vivo que nunca. Y no es una fuerza política acéfala, ya que cuenta con la Presidenta Coraje, su eterna compañera, luchadora de mil batallas. Una política de una capacidad incomparable; seguramente, a nivel individual, el presidente más capaz de la historia.

Yo escribí en abril un breve artículo que analizaba la etapa kirchnerista en general, pero se centraba en este último período posterior a 2007. Mi título fue “El mejor gobierno de los últimos cincuenta años”. Y la imagen que la acompañaba era la de Cristina Fernández, sola, bajo una lluvia de papelitos.
Y no creo haber elegido mal la imagen .
Hoy la señora Presidenta volvió a la Quinta de Olivos.

La Presidenta Coraje, como la llamaba Néstor, volvió a hacerse cargo del timón del barco. Debe estar, como yo, como tantos, bastante triste. Pero es una persona muy capaz. Es audaz y valiente. Es una Leona formidable. Y no está sola.
Hay mucho para hacer.
Hay que terminar de escribir la historia.
Vamos por más.

Adrián Corbella, 31 de octubre de 2010.

EL ILUMINADOR, por Sandra Russo (para "Página 12" del 29-10-10)


Lo había votado, pero a regañadientes. Se votaba sin esperanza. Ni siquiera uno llamaba traición a las traiciones. Eran más bien tradiciones, parecían como las vueltas de la vida o la humedad. Me acuerdo bien del 2003. Con que se fuera Duhalde estaba bien. Llorábamos a Kosteki y Santillán. Y la lucha cotidiana, desde mi trabajo, era intentar hacer ver a los desocupados como hombres y mujeres que hacían piquetes, no como piqueteros. Era hacer ver en los cartoneros a los desesperados, no a los ladrones potenciales.
Estábamos hechos mierda. Éramos ruinas. No teníamos ni trabajo ni orgullo ni líderes. Es sorprendente cómo consiguió ese poder en las sombras, ese siniestro poder que nadie vota, ese que hoy conocemos, convencernos de que todo era más o menos lo mismo, y que era beige. Es sorprendente el daño que le hizo y le sigue haciendo a este país una generación política que no tiene retorno de la entrega irrestricta de sus convicciones.
Creíamos que era inútil esperar cambios de la política, que la política era ese deporte sin reglas que jugaban y siguen jugando tantos. Y mientras todo era lo mismo, nos iban traicionando uno por uno.
En estos años, Kirchner pasó a ser Néstor, un privilegio del lenguaje y de su cercanía, un premio a esas ideas con las que llegó a la Rosada y que llevó adelante contra toda la adversidad que eligió enfrentar. Néstor fue el primer presidente que gobernó este país defendiendo con los dientes los pilares de lo que él concibió como un proyecto nacional y popular, de génesis peronista pero de alcances más amplios, y fue también el que sabía que había que esculpir lo maravilloso sobre la arcilla mugrienta que éramos.
A Néstor le debemos el regreso triunfante y orgulloso de la política. Y si no lo escribo ahora que se murió, no estoy siendo leal con lo que creo. Néstor fue un regalo de la historia, un sobreviviente de una generación decapitada, un disidente de la lucha armada que guardó en su corazón, no obstante, durante años, los sueños de ellos, que eran los mismos que los suyos, los de su compañera y los de tantos y tantos más.
No por casualidad uno de los pilares de su proyecto era el recambio generacional y la formación de nuevos cuadros. Los que nos sacarán de encima la chatura y la ignorancia que hoy reina en el Congreso serán los nuevos dirigentes, los que hoy aparecen de a racimos en el kirchnerismo, pero es de esperar que surjan también en todas las otras fuerzas, para que alguien recoja el guante de la discusión política a la que Néstor nos invitó, y la pluralidad no sea la excusa, como es usada ahora, para asfixiar una vez más un brote de poder popular.
Desde el día en el que hizo descolgar los cuadros de los asesinos, se hizo evidente que él hacía cosas que nadie antes había hecho, y no porque era imposible, sino porque faltaba estrategia, coraje, confianza, autoridad. Le achacan autoritarismo. A la autoridad de un presidente constitucional le llamaban autoritarismo. Siempre le han llamado como quisieron a todo. Néstor nos ayudó a renombrar nuestro mundo, el del nuevo paradigma, el mundo de nuestros sueños.
Recuerdo ahora una columna que escribí justo antes de aquellas elecciones desesperanzadas del 2003, escrita en el dolor del naufragio y la amargura de comprobar que nuestra sociedad se pliega en nichos de profundo individualismo y mezquindad. Se llamaba “Imagino”, y decía que después de todo lo que uno sueña para su pueblo es una vida que incluya el trabajo, un desayuno con algo calentito y pan con miel, un techo, un cumpleaños, un regalo para el Día del Niño. Decía que ahí, en esa escena privada de cualquier argentino vulnerable, en ese movimiento de regreso a la equidad, estaba el motor de nuestros sueños.
Con Néstor descubrimos que esa escena privada que replica la felicidad de un pueblo depende del líder apropiado, pero también de una correspondencia, un intercambio de lealtad entre ese liderazgo y los sectores que representa. Hoy hay una nueva generación de militantes que se suma a militantes de otras generaciones que nunca habían encontrado una expresión política que hablara por ellos. Su entrega final quizá nos diga la importancia de lo que está en juego.
No tengo más que gratitud hacia el hombre que, como un iluminador en un cine muy oscuro, nos señaló el camino, no para hacer inevitable algún tropiezo, sino para advertirnos que sí, que hay un camino.


Por Sandra Russo para “Página 12” del 29-10-10

sábado, 30 de octubre de 2010

IDENTIDADES, por Luis Bruschtein (para "Página 12" del 30-10-10)

Arriba : La imagen no aparece en la nota original de "Página 12".


Un año atrás, uno se peleaba hasta en el quirófano con el cirujano que lo estaba por operar. En la Capital nadie podía decir que era kirchnerista o que este Gobierno no era tan nefasto. Hasta el encargado del garaje se mimetizaba con los patrones y discutía como si fuera dueño de varias hectáreas en la Pampa Húmeda. Parecía que el que no odiaba o no despreciaba al Gobierno y a sus seguidores y simpatizantes también se merecía la misma miradita despectiva. “Son peores que la dictadura”, decían algunos y parecía lo más normal del mundo. En el gimnasio, kirchnerismo era mala palabra; en el country, pecado mortal, y en la reunión de consorcio mejor ni hablar. Pero ayer y anteayer, la Plaza y el trayecto de la caravana fúnebre que llevaba el ataúd del ex presidente Néstor Kirchner estaba a reventar de clase media. Había de todo, también obreros y villeros y muchísimos jóvenes, pero también mucha clase media, que es la que vive más cerca del centro de la ciudad, y la mayoría de los que estaban habían llegado por sus propios medios.
Esas personas salieron de abajo de las baldosas, cambiaron el escenario. Seguramente no son las mismas que expresaban y expresan tanto odio y superioridad, amparadas en el discurso hegemónico de los grandes medios. Los que estuvieron despidiendo al ex presidente tuvieron que aguantar todo este tiempo ese discurso tan agraviante y descalificador. Se lo aguantaron sin abrir la boca porque seguramente creían que eran ellos solos los que pensaban así. Ellos contra una inmensa mayoría, era una sensación permanentemente confirmada por la voz uniforme y corporativa de casi todos los opinadores políticos, los zocaleros y los informativos de los grandes medios. Entre todos forman una sola voz que supuestamente habla en nombre de todos pero que deja, por lo menos, a medio país afuera. Una sola voz hegemónica que excluye a grandes sectores de la sociedad.
Hubo políticas económicas de exclusión, que enviaron a grandes sectores de la clase trabajadora y de las capas medias a las villas miseria. Y también hay discursos periodísticos excluyentes que mandaron a la clandestinidad a una cultura política que no tuvo expresión en los grandes medios y que, en contraste, nunca fue menos que primera minoría. Es decir, eran porciones gigantescas de la sociedad enviadas a las catacumbas.
Un golpe tan tremendo como la muerte de Kirchner puso eso en evidencia. A mucha de esa gente ya no le importó que la identifique el vecino del consorcio, o que la cacatúa que pasea el perro a la mañana la mire de reojo. Fueron a la Plaza y de golpe se dieron cuenta de que eran muchos los que pensaban como ellos. Los periodistas de los grandes medios saben ahora que no les hablan a esos millones de personas, que las dejan afuera. Ya no se pueden hacer los democráticos inocentes, como tanto les gusta.
No es tan raro que, cuando se les preguntaba, algunas de las personas que lloraban a moco tendido dijeran que no habían votado a Kirchner o que no eran kirchneristas. Una aclaración típica de la vergüenza de medio pelo que se actúa para los medios. Suena ridículo, pero es muy probable que esas personas sí hayan votado al kirchnerismo y tuvieran vergüenza de reconocerlo ante el gran inquisidor antikirchnerista: los canales de televisión. O en todo caso estaban reconociendo que no lo habían votado, presionados por esa fuerza mediática. Nadie llora así o se aguanta a pie firme ocho horas de cola por cualquiera. El impacto de la pérdida de Kirchner despierta al que estaba dormido, no al que estaba despierto y en contra.
Fueron miles y miles en la Plaza de Mayo, cientos de miles que se renovaron constantemente durante el día y medio que la capilla ardiente estuvo en la Casa de Gobierno. Pero más allá de la cantidad, lo más sorprendente fue la composición en cuanto a edades y pertenencias culturales.
Nunca antes fue tan notable la presencia masiva de los jóvenes y adolescentes. Ellos fueron la gran mayoría en ese acto de homenaje al ex presidente fallecido. De alguna manera ese político de mocasines, corbata y traje cruzado gris, que no era un gran orador, los sensibilizó con la política. Es algo que todavía nadie incorporó a la lista de méritos de Kirchner. Y es posible que haya sido uno de los más importantes. Fue increíble: los pibes gritaron todo, lloraron todo, expresaron una admiración desafiante por Kirchner. Reclamaron protagonismo, pidieron cancha. Algunos estaban encuadrados, pero la mayoría no, y expresaban con claridad el impulso de involucrarse y comprometerse, como si estuvieran marcando el punto de inflexión del fenómeno inverso. Los adultos y los siempre criticados setentistas nos corrimos.
Los setentistas son presentados siempre como los eternos políticamente incorrectos (en el mejor de los casos). Ya no son tantos en las marchas pero había una conexión entre ellos, el ex presidente fallecido y los pibes: la pasión. La conexión está en la pasión por una política con sentido social y transformador. Y no sólo como una actividad técnica o profesional como ha sido planteada desde lo políticamente correcto. En todo caso, los jóvenes se ven atraídos por Evita y el Che y ellos son su marca generacional. Los llevan en las remeras, en sus banderas o en sus tatuajes. Estaban allí para rendir homenaje a Kirchner, pero convocados quizá por intereses diferentes. Algunos venían interesados por los derechos humanos, otros encolumnados con la juventud sindical, otros sueltos y algunos con distintos grupos peronistas y de izquierda. Pero las marcas generacionales son más o menos las mismas, incluyendo a la juventud sindical.
También había grandes grupos de los sindicatos, desde UPCN hasta el Smata, la UOM y camioneros. En este caso eran grupos de adultos con el folklore más tradicional del acto peronista, con Perón en el centro del santoral, descamisados, sudorosos y gritones, el verdadero icono demonizado por los medios y el gorilismo y endiosado por el peronismo tradicional. Sobre todo en la Plaza, y no tanto en la fila para entrar, había numerosos grupos de sindicatos.
Y después había banderas de algunos de los grupos de izquierda, como el Partido Socialista y el Partido Comunista, y de los movimientos sociales que surgieron en los ’90, el Evita, la Tupac, la FTV, el MUP, el Frente Transversal y otros.
Pese a la heterogeneidad, no había notas discordantes en ese conglomerado. Y lo heterogéneo no era tan llamativo como la naturalidad de sus coincidencias y la convivencia bastante pacífica y bastante armónica. En otros momentos, esa heterogeneidad hubiera explotado, pero Evita, el Che y los derechos humanos generan una identidad superior que no tapa las identidades más particulares. Incluso Perón resuena en ese colectivo. Hay una base cultural plebeya y peronista en términos muy genéricos, galvanizada por la fuerte marca de las nuevas generaciones. Los rasgos más distintivos provienen de ellas y las referencias históricas tienen un peso simbólico diferente al de épocas anteriores. Sobre esa base se va generando una nueva identidad política que no tapa a las anteriores, pero que es más representativa de una época.
Sería ilógico pensar que todas esas personas que asistieron a los funerales de Kirchner después no se sientan contenidos por esa identidad, el kirchnerismo, a la que ellos también aportaron. Esa identidad empieza a surgir, asentada en culturas políticas previas, pero como un fenómeno actual, escrito muy sobre la marcha, que se visualiza como las antiguas escrituras de limón, cuando algo las lleva a la superficie. En este caso, el catalizador fue la muerte de Néstor Kirchner. Esa heterogeneidad se vio en otros actos del kirchnerismo, pero sin cristalizar. La marginación que le aplicó el sistema mediático la terminó de coagular, aunque todavía le falte para terminar de cohesionarse.


por Luis Bruschtein

SU VIDA FUE EL COMBUSTIBLE QUE REVIVIÓ A UN PAÍS MORIBUNDO, por Adrián Corbella (para "Mirando hacia adentro")

Arriba : Simplemente Néstor

Alto, flaco y desgarbado ; bizco y narigón ; desaliñado, desprolijo y un poco torpe…


En este envase, ideal para un actor cómico, nos llegó a los argentinos el que estoy convencido que será con el correr de los años una de nuestras máximas figuras. Un hombre construido con la materia prima de los héroes.


Un hombre que llegó al poder casi por casualidad, siendo para muchos una incógnita, pero que tuvo la capacidad y la valentía de dar el golpe de timón necesario para poner a la Argentina en una nueva senda, en un nuevo camino. Con tozudez y un arrojo a veces suicida él y su socia política, Cristina Fernández, su eterna compañera, enfrentaron factores de poder que parecían invulnerables, dentro y fuera del país. Y lo hicieron manteniendo la democracia, fortaleciendo la libertad de prensa, garantizando la independencia del poder judicial y negándose fanáticamente a reprimir cualquier tipo de protesta. En absoluta paz y libertad.


Uno puede hacer una larga lista de logros políticos, económicos y sociales. Pero quizás más importante es el cambio de mentalidades, el cambio de paradigma.


Néstor fue un hombre que nos devolvió la esperanza; que nos devolvió los sueños ; que nos demostró que algunas “utopías” son bien reales, están a la vuelta de la esquina tapadas por unos “molinos de viento” que son en realidad bestias monstruosas ; que nos devolvió la fe en la política, en la democracia y en la militancia. Un hombre que puso a un país moribundo de pie.
Un hombre que, a diferencia de otros grandes líderes, que mueren sin herederos directos, nos dejó a su socia y compañera con el bastón de mando en las manos. Y esa compañera es una auténtica Leona. Una fiera indomable.


Un hombre que consumió su vida al servicio de sus ideales. Que murió en la suya, con las botas puestas. Haciendo aquello en lo que creía. Inmolándose.


La llama cegadora del León que encendió un país, que lo puso en marcha, brilla ahora en otros cielos. Y nos ilumina.
Pero queda en pie la Leona.


Un poco triste y dolida como todos nosotros.


Pero es una Leona formidable.

Adrián Corbella, 30 de octubre de 2010.

jueves, 28 de octubre de 2010

ASEVERACIONES LÓGICO-POLÍTICAS, por José Pablo Feinmann (para "Página 12" del 28-10-10)


Arriba : Tira de Miguel Rep aparecida en la contratapa de Página 12 ; Abajo : Presidente Néstor Carlos Kirchner.[¡Pero los molinos de viento son monstruos bien reales!]


"1. Néstor Kirchner no era Perón. 1.1. Perón dejó como sucesores a una Presidenta inepta y a un criminal paranoico. 1.2. Néstor Kirchner compartió su vida y deslizó la presidencia en manos de un valioso cuadro político, de una mujer fogueada y hecha en la gran política. De una mujer de excepcional inteligencia. Se me perdonará esto: pero estudié la carrera de Filosofía y ahí recibí mi título. Dediqué mi vida a la filosofía y a la literatura. Sé cuándo alguien sabe pensar. Ningún presidente de la historia argentina pensó con el rigor y la inteligencia de Cristina Fernández.

2. Perón, al regresar, dedicó sus mayores afanes a perseguir y aniquilar a los jóvenes del peronismo, armados o no. Evidentemente el padre Mugica, asesinado por Rodolfo Almirón de la Triple A, organización construida a la vista (aprobatoria) de Perón, no era un hombre armado ni clandestino. (Menos aún lo mataron los Montoneros, como dicen algunos pérfidos que buscan aliviar las culpas de la Triple A. ¡Valiente tarea, qué cercanos se sentirán a ella!) Tampoco lo era Enrique Grynberg, que manejaba un Ateneo en Saavedra. A Kirchner la muerte lo sorprende en pleno diálogo con la juventud. En plena construcción de una de las cosas que hoy más necesita el justicialismo: la construcción de la militancia territorial. 2.1. Cuando murió Perón, el establishment se asustó, y mucho. Porque el tercer Perón era un guerrero del establishment que, para beneficio y alegría de ese sector con el que tan bien negoció, le estaba haciendo la tarea sucia. 2.2. Con Néstor Kirchner, buena parte del establishment y las clases altas y las clases medias altas festejan jubilosos. Hubo censistas que ya hoy llegaron a casas que estaban con las puertas abiertas y festejando. En muchos hogares, hoy, ya hoy, con el cadáver del ex presidente aún tibio, se festejó con champagne. 2.3. Seguramente también en muchas editoriales. Se podrían dar nombres, pero no es el momento y –además– todos los conocen.

3. El vicepresidente de Perón era su esposa, sumisa, a él y al monje umbandista Daniel, asesinos ambos. La sucesora y compañera de vida de Kirchner es Cristina Fernández. Su vicepresidente es un traidor y ayer le añadió a la traición la mentira, que son hermanas de sangre, que van juntas porque traicionar es mentir y gravemente. Tuvo ayer el exasperado caradurismo de decir que había muerto un gran presidente. ¿Por qué le clavaste un cuchillo en la espalda al proyecto de un gran presidente, Cobos? ¿También esa crueldad, esa torpeza, esa traición al país le hiciste? 3.1. Cristina Fernández es de esos seres humanos que se agrandan ante la adversidad. La verán llorar. ¿Cómo no va a llorar al compañero de una vida? Y como una mujer. O como cualquiera. Cualquier ser sensible lloraría en una circunstancia semejante. Yo, ni lo duden. Lágrimas lacerantes. Pero Cristina es notoriamente fuerte. La desdicha le dará poder. La desdicha la hará todavía más dura en la lucha. No festejen tanto, señores. Acaso ni sospechen lo que tendrán que enfrentar de aquí en más. Por otra parte, si Cristina (se decía insistentemente) carecía de carisma, conseguía adhesiones por su inteligencia pero no por su ternura o por su feminidad o lo que sea. (No creo en esto, pero aceptémoslo.) Ahora, el pueblo verá en ella a la mujer que se quedó sin su hombre. A la mujer sola. A la que sola se las tiene que arreglar. A la que hay que seguir, querer y respaldar para que el país conserve su rumbo. “No se nos puede quebrar”, dirán muchos. “Pobre, qué mala suerte. Perder a un marido tan joven. Tan necesario para ella. Un marido al que tanto quería.” Lloverán las flores y las adhesiones emocionales. Pero hay que transformarlas en militancia. 3.2. Hoy, más que nunca, la militancia juvenil tiene un papel esencial. Al que aparezca con alguna teoría que recuerde a la lucha armada y al foco insurreccional de los ’70 échenlo a patadas. Esas posiciones llevaron a la muerte a una generación entera de militantes a lo largo y a lo ancho de América latina. La lucha militante (la única) es de superficie, de cara al sol, como quería morir José Martí y también como quería vivir y vivió (era porque sabía la belleza de vivir de cara al sol que así quería morir). De cara al sol significa: nada de clandestinidad, nada de armas, se triunfa cuando se transforma el número en fuerza, pero no en fuerza armada. En fuerza militante, territorial, cuando se habla con la gente, cuando hay un proyecto para ser comunicado, un proyecto que convenza al militante y le dé fuerzas para convencer a los demás. Lo esencial del proyecto sigue siendo: la unidad de América latina (el Mercosur, no el ALCA). El fortalecimiento del Estado para que defienda a los débiles ante la voracidad de los monopolios. La diseminación de lo mediático. Lo que significa –tanto aquí como en Estados Unidos y en cualquier país que luche por la democracia de la información– muchas voces que hablen, que tomen la palabra, que informen diferenciadamente si es necesario de la uniformización de la palabra de la unicidad monopólica, que informa desde una sola verdad, la propia. O sea, no informa. Difunde sus intereses. El Banco Central para los intereses argentinos. Orgullo y poder y ni un atisbo de sometimiento ante el FMI y cualquier entidad de la prepotente banca extranjera que busque utilizar al país en la timba de sus intereses. Diálogo a fondo con todos los que quieran dialogar. Unidad nacional en medio de la diversidad. Que esa diversidad no se transforme en antagonismo. O, al menos, que exprese el razonable disenso de la democracia. Basta de odios. Basta de libracos difamatorios. Basta de tapas insultantes. Respeto de las Madres y a las Abuelas de la Plaza de Mayo, que nadie más tenga la inmoralidad de siquiera sugerir que una mujer como Estela de Carlotto (que recuperó para la vida verdadera 102 nietos apropiados por el poder desaparecedor) sea tildada desde una revista hipercomercial de hacer lobby para ganarse el Premio Nobel. Esa es una mentira y una falta de respeto. ¿Rescataron ustedes 102 niños? ¿Qué hicieron ustedes además de querer vender revistas a cualquier precio, aun al precio vil de injuriar a las Abuelas de Plaza de Mayo y a Estela de Carlotto? 3.3. Cristina Fernández no queda sola. Tiene a su alrededor cuadros de gran valía. De gran inteligencia. Voy a dar algunos (sólo algunos nombres): Juan Manuel Abal Medina (h), Marcos Zanini (¡vamos, negro!, ¡respalde a la Presidenta con todo lo que usted tiene y sabe: lucidez política amasada a lo largo de años y polenta), Daniel Filmus, brillante intelectual, Aníbal Fernández, el político jauretchiano: nadie desde Jauretche usaba el humor en la política como él lo hace (y no me vengan con los chismes de letrina de lo que fue o lo que no fue: los hombres, en esta Argentina dramática, importan por lo que son y por lo que hoy están dispuestos a hacer). Y muchos más. Y todos los pibes, que cada vez son más. Y que –contrariamente a lo que les ocurría a los jóvenes desde el ’80 hasta el 2000– hoy le encuentran un sentido a su vida en la militancia, en la política.

4. Todo esto y más también tiene usted, Presidenta, para gobernar este país y llevarlo a buen puerto. No es poco. Eso, unido a su talento, a su fortaleza duplicada por la mala mano que Dios (que, de argentino, disculpen, pero: nada) otra vez nos ha dado, le otorgará a los que ya la apoyaban y a los que de aquí en más verán que apoyarla es la única salida para el país y que, por otra parte, usted lo merece, la decisión de estar a su lado, en esta hora amarga pero también en esta impecable coyuntura en que los bravos, los que no bajan los brazos, los que no se dejan vencer por las adversidades que el destino siempre trae, duplicarán sus fuerzas para tratar, al menos, de estar a la altura de las suyas."

por José Pablo Feinmann

Publicado en :
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-155851-2010-10-28.html

miércoles, 27 de octubre de 2010

ESOS LOCOS QUE SE ANIMARON, por Adrián Corbella (para "Mirando hacia adentro")


No tenía ganas de escribir. Mi estado de ánimo no es el mejor. Pero, a veces, uno entiende a aquellos escritores que hablaban de la "Musa inspiradora". Porque de golpe se siente la necesidad imperiosa de sentarse a escribir algo que ... misteriosamente aparece en nuestra cabeza...

Hace un rato escuché a Hugo Chávez. Chávez recordaba la reunión de Santa Marta, junto a Néstor y al presidente Santos. Comentaba que Cristina Fernández le había dicho que él, con su campera tricolor, y Kirchner, con su saco y su corbata celeste, parecían dos locos en medio del agobiante calor colombiano. Y Chávez reflexionó que sí eran dos locos, dos locos que se habían animado a hacer cosas con las que muchos soñaron durante mucho tiempo. Y le dijo a Cristina que ella era otra loca, que ella también era parte del grupo de los "locos que se animaron".

Y Chávez tiene razón. Esta América Latina del siglo XXI está llena de "locos que se animaron".
Porque locos son los que se propusieron decirle no a los organismos de crédito internacionales, locos los que van a Europa a explicarles a esos viejos países cómo se hacen las cosas, locos los que buscan una relación madura con los Imperios de turno, locos los que buscan la unión continental, locos los que pretenden abandonar los modelos basados en la exportación primaria, locos los que buscan una mayor inclusión social, locos los que no quieren más discrimación por cuestiones étnicas, locos los que rechazan la violencia...
INDUDABLE, Y AFORTUNADAMENTE, VIVIMOS EN UN CONTINENTE LLENO DE LOCOS...
De locos que han votado a Correa y a Lula, a Chávez y a Zelaya, a Lugo y a Cristina, a Mujica y a Evo, ... a Néstor...
Hasta por el norte algunos se han vuelto locos ; no nos olvidemos que los norteamericanos eligieron presidente al hijo de un inmigrante africano...

No puedo evitar mi condición de profesor de Historia. Y si bien muchos piensan que la Historia es algo muy lejano, algo que está en un remoto pasado, yo siempre pensé que la Historia termina en ese instante fugaz que llamamos "Presente", un instante elusivo que se nos escapa, que rápidamente se transforma en "Pasado". ¿No es acaso "Pasado" ese momento en el que mi cuñada me llamó por teléfono para avisarme que Kirchner había muerto?

Por eso no puedo evitar mirar la cuestión desde una perspectiva histórica. Por eso me pregunto : ¿Realmente nos dejó?... ¿Se van alguna vez esas figuras que marcan grandes divisorias de aguas, que simbolizan un antes y un después, que son el eje de cualquier periodización?... ¿Se fue realmente Hipólito Yrigoyen?... ¿Se fue realmente Eva Perón?... ¿Nos ha dejado Juan Domingo Perón?... ¿Ha partido Néstor Kirchner?...
Esos hombres y mujeres nunca se van. Esos locos que se animaron a hacer lo que parecía imposible son indestructibles. Ellos como seres humanos nos dejan. Pero permanacen sus ideas, sus acciones, su herencia política y las transformaciones que impulsaron. ESOS HOMBRES NUNCA MUEREN REALMENTE.

Sólo pasan de la carne, al bronce.Mientras siga habiendo locos en nuestro continente, mientras haya gente que luche por un país y una Latinoamérica mejor, Néstor y otros locos como él seguirán con nosotros...
Adrián Corbella, 27 de octubre de 2010.

EL LÍMITE, LO ABSOLUTO Y LOS MATICES, por Ricardo Forster (para "El Argentino" 26-10-10)


El límite infranqueable es el de la violencia. El asesinato de Mariano Ferreyra suspende cualquier argumentación. Exige de todos nosotros la travesía del duelo que sabe de lo irremediable, de aquello que no se puede reparar con discursos ni siquiera haciendo justicia. La muerte de Mariano es única, le pertenece hasta el punto de transformarlo en aquello inimaginable, para quien fue, mientras vivía. Un mártir social, la memoria convertida en bandera para los que sigan por su camino. Pero Mariano tenía una vida, sueños, ideales, seguramente deseos amorosos y una cotidianidad que fue arrancada de cuajo, asesinada sin reparación. Una vida atravesada por los conflictos de una sociedad desigual e injusta. Una vida de 23 años, joven, plena y abierta.

Nos cabe a nosotros dar cuenta de ese asesinato cometido por una patota sindical. Le cabe a las instituciones de un estado de derecho avanzar sobre los responsables materiales e intelectuales. Le cabe al gobierno garantizar no sólo que eso se haga con premura sino avanzar sobre algunas de las causas que hicieron posible la masacre de Barracas. Sindicalistas canallas, empresarios explotadores, un sistema que perpetúa la precarización laboral, medios de comunicación que de una manera cínica presentan como héroes y virtuosos a aquellos que, ayer nomás, mostraban como violentos piqueteros que amenazaban la paz social y a los que había que poner un límite. Políticos de la oposición que buscan montarse sobre la muerte de Mariano para engrosar sus posibilidades electorales apelando a una retórica impúdica e hipócrita. Marcas y señales de un momento difícil para la democracia, de un momento que nos recuerda la fragilidad de la que todavía no alcanzamos a salir pese a lo mucho que se viene haciendo desde 2003.

La muerte no sabe de matices, es absoluta. La política y las vicisitudes de una sociedad sí los conoce y necesita abordarlos con espíritu crítico y reflexivo si es que no quiere quedar atrapada en lo irreparable. Hugo Moyano, con su historia a cuestas (una historia marcada también por los dramas argentinos) no es Pedraza. Uno, el camionero, se enfrentó al menemismo cuando descubrió que no era otra cosa que el prostíbulo al que se quería llevar al propio peronismo traicionando sus mejores principios.

Creó, junto a otros sindicatos, el MTA y Salió a dar la pelea contra el neoliberalismo que traía dentro suyo lo que terminaría por habilitar el asesinato de Mariano: precarización laboral, flexibilización, contratos basura, sobreexplotación, desocupación. Le cabe ser parte de un sindicalismo que no ha abandonado, que no lo ha sabido hacer hasta ahora, prácticas oscuras que incluyen la supervivencia en sus estructuras de personajes como los que integraron la patota de la Unión Ferroviaria. Moyano ha sabido reconocer la impronta de lo inaugurado por Néstor Kirchner, ha sido no sólo un aliado estratégico sino alguien que ha defendido a los trabajadores que representa contra la precarización y la tercerización.

Pedraza, con sus ojos vidriosos, traicionó a sus compañeros cuando fue cómplice del desguace de los ferrocarriles durante el menemismo. Se convirtió en el arquetipo del sindicalista-empresario, del socio de las patronales y en negociador de la aniquilación de todos los derechos de sus compañeros. Pedraza, con un origen combativo cercano a la CGT de los argentinos de Raimundo Ongaro y de Rodolfo Walsh, participante activo del primer paro nacional contra la Dictadura en abril del 79 cuando muy pocos se atrevían, es hoy un sujeto impresentable que se dedica a acumular oro en su cuerpo mientras mantiene en condiciones humillantes a aquellos trabajadores que son contratados como mano de obra sin derechos.

Pedraza es parte de los "Gordos", de esos sindicalistas que saben de privilegios y de violencias para mantener sus lugares, de traiciones y de conjuras para debilitar cualquier proyecto que cuestione esos privilegios que defienden brutalmente.

El problema de Moyano, que es también el de la CGT, es que los Gordos siguen allí. La CTA tiene otros problemas que mostraron que su virtuosismo también deja mucho que desear aunque, y eso hay que decirlo, nada tienen que ver con esa historia oscura y siniestra de los aparatos gansteriles de ciertos sindicatos que hicieron posible que una patota asesinara a Mariano. La CGT necesita recuperar sus mejores tradiciones, tiene que atravesar estas difíciles circunstancias como si fuese un tiempo de inflexión. Tiene que ser capaz de mostrar que no es sólo cuestión de retórica abandonar esas prácticas que hicieron posible la violencia homicida. Lo que queda, sino, es seguir abonando el prejuicio reaccionario contra el sindicalismo en general que busca capturar plenamente, desde los dispositivos mediáticos, el sentido común de los argentinos.

El gobierno puede esgrimir lo que hasta ahora había sido uno de sus grandes logros: negarse a reprimir cualquier protesta social, impedir que las fuerzas policiales fuesen armadas a las movilizaciones. En un país que sabe de muertes, de gatillo fácil, de fuerzas represivas que, bajo dictaduras y bajo democracia, asesinaron a luchadores sociales, no es algo menor haber garantizado durante siete años la vida de quienes se manifiestan en la vía pública, sean favorables o contrarias al gobierno esas manifestaciones o cortes de rutas, avenidas o vías de tren (allí están tanto los piquetes del pobrerío como aquellos otros de la Mesa de Enlace para señalar con evidencia aquello que se convirtió en política de Estado).

Pero al gobierno le cabe la responsabilidad de una policía federal siempre sospechada (en este caso de haber dejado una zona liberada o de no haber actuado como fuerza disuasoria sabiendo los peligros que emanaban de la protesta de los desocupados del Roca y de las amenazas que provenían de las patotas).

También, y en no menor medida, le cabe la responsabilidad de haber permitido la continuidad de prácticas empresariales que se benefician de subsidios estatales para prestar servicios impresentables y paupérrimos al mismo tiempo que hacen pingües negocios con los trabajadores tercerizados a los que sobreexplotan. Le cabe también la responsabilidad de poner en discusión la política de transportes y, fundamentalmente, la de los ferrocarriles, uno de los sectores más dañados por el neoliberalismo de los 90 y sobre los que se siguen perpetuando sus grandes beneficiarios (Pedraza entre ellos).

Tal vez esta sea una inesperada oportunidad, nacida de una circunstancia horrenda, para revisar esa política por parte de un gobierno que ha demostrado una voluntad innegable de salir del modelo neoliberal. Es contra esa voluntad que se mueven los intereses que, de un modo u otro, estuvieron detrás del asesinato de Mariano Ferreyra.

El asesinato de Mariano no tiene matices, lo mataron balas criminales disparadas por un sicario proveniente de la patota de la Unión Ferroviaria, feudo de Pedraza y de otros dirigentes socios de sus negocios. La Argentina, la vida social y política sí los tiene. Saber reconocerlos es fundamental para no abonarle el camino a la restauración conservadora, a esa derecha que quiere recuperar el terreno perdido para impedir que los trabajadores salgan de la precarización.

Construir un discurso simplista y brutal que homologa el acto de River con el crimen del militante del PO, decir que el gobierno utiliza las patotas para hacer aquello que le prohíbe a la policía, y hacer eso almorzando con Mirtha Legrand es impúdico y mentiroso. Ni Moyano es Pedraza ni el gobierno reproduce las políticas neoliberales. En todo caso, estos años rehabilitaron la participación política al reconstruir parte de un tejido social profundamente dañado; en el despliegue del litigio por la igualdad, que volvió a recorrer la vida nacional desde el 2003, se inscribe el retorno de los jóvenes a la militancia.

Saber defender lo ganado en democracia es vital. La vida truncada por balas asesinas de Mariano Ferreyra da testimonio de lo que continúa irresuelto y de los peligros que nos acechan si somos incapaces de comprender la complejidad de los tiempos que corren y el peligro de reducir todo al absoluto.


lunes, 25 de octubre de 2010

EL VALOR DE UNA FOTO, por Adrián Corbella (para "Mirando hacia adentro")








¿Verdaderas?... ¿truchas?... Mírelas bien. Amplíelas. Analice. ¡Qué difícil es este mundo tan digitalizado!...

Casi todo el mundo tiene un celular ; casi todos los celulares sacan fotos. Hay millones de fotos dando vueltas por el mundo, en Internet o en manos de particulares. Cholulos que se sacan fotos junto a personalidades famosas, del espectáculo, de la cultura, del deporte, de la política.
Tengo un conocido que se sacó recientemente una foto junto a Eduardo Duhalde, el ex presidente argentino, … y no lo soporta a Duhalde…

Por eso es tan difícil evaluar a una persona por una foto tomada en un lugar público.

Pero además hay muchísimos programas, empezando por el conocido Photoshop, que permiten editar fotos logrando casi cualquier cosa. Puede construirse la foto que usted quiera… Dígame : ¿Junto a quien quiere aparecer?... Hitler, Kennedy, Stalin, Gandhi, Perón, Alfonsín… todo puede editarse…
Debido a esta realidad, resulta inadecuado evaluar la postura política de una persona por una foto. Más aún por una foto tomada en un lugar público, donde cualquiera podía entrar. Hay hechos más contundentes.

Ante una tragedia como la muerte de Mariano Ferreyra, uno debería preguntarse acerca de algunas cuestiones más concretas. ¿Quiénes han organizado en el pasado hechos violentos para desestabilizar gobiernos?... ¿A quien beneficia esta muerte?... ¿A quién perjudica el asesinato de Mariano?... ¿Quiénes han procurado sacar un rédito político con la sangre derramada?...
A falta de pruebas concretas (que esperemos que la Justicia consiga) son mucho más válidas esas preguntas que una foto tomada en un lugar público por un cholulo.

¿Ya sacó alguna conclusión?... ¿Son verdaderas?... ¿Son fakes, son fotos editadas?... Hay gente que hace auténticas obras de arte con el Photoshop...

Yo puedo responderle acerca de dos solas. La foto de Favale con Tenembaum la editó un amigo. Es trucha. Observe el extraño y regular arco que une el cuello y la oreja. Las dimensiones de las dos personas tampoco son exactas.
Evidentemente también la foto en la que aparece Richard Gere está trucada (amplíe el cuello ; observe el límite entre el pelo y el fondo de la foto).
La otra, la foto en la que aparece Favale y Boudou, la bajé de Internet. Sólo Dios sabe si es real o es otro fake…
Pero, aunque fuera real, lo cual es muy probable …
¿Qué importancia tiene?...

Adrián Corbella, 25 de octubre de 2010.

domingo, 24 de octubre de 2010

HÉCTOR RECALDE : "EL MILAGRO ALEMÁN TUVO QUE VER CON EL REPARTO DE LAS GANANCIAS", por "lapolíticaonline.com" (23-09-10)


El diputado kirchnerista, asesor de la CGT y autor de un proyecto para distribuir una porción de las ganancias de las empresas recordó que una iniciativa similar acompañó el crecimiento alemán después de la segunda guerra mundial. Aseguró que no colisiona con el derecho de propiedad y explicó que la participación empresaria está garantizada en un consejo tripartito. “Sólo soy intransigente cuando niegan la asistencia constitucional de este derecho”, recordó.

23.09.2010

Héctor Recalde defenderá en el Congreso su proyecto para redistribuir el 10% de las ganancias entre los trabajadores pero, aclara, el debate tendrá la participación de todos los sectores empresariales que ya anticiparon su rechazo y está abierto a cambios. Lo innegociable, aclara, es el contenido del artículo 14 de la Constitución, que establece la participación de los empleados en la renta de sus jefes. “Los primeros invitados serán las autoridades de la Unión Industrial Argentina, que anticiparon su rechazo por prejuicio”, anticipó a LPO y avisó: “Quiero que se sepa lo que piensa cada legislador”, advirtió.

-¿Cómo se fija un piso de reparto si hay sectores con ganancias tan disímiles? Algunos ganan mucho, otros menos, otros pierden, ¿Cómo se hace?


-A través del Consejo tripartito, en el que las empresas participarán y tendrán en cuenta las estructuras de costos de las empresas, las distintas ramas de actividades y las asimetrías regionales. Todo es conversable. Incluso la obligación de distribuir ganancias a empresas con más de 300 empleados el primer año, de 200 el segundo y a todas después. La ley fija un año de plazo para su aplicación y vengo diciendo que una vez presentado el proyecto, si mi comisión es cabecera, como creo que va a suceder, vamos a invitar a exponer a todos. Es cierto que muchos empresarios critican, pero otros aplauden.


-¿No tema que los empresarios lo tomen con un aumento de sueldo más?


-En ese caso, la mejor defensa es que todo el movimiento obrero estamos de acuerdo. Más allá de las declaraciones públicas, yo me crucé con Hugo Yasky y Pablo Michelli y me dijeron que coincidía, como también todos los abogados laboralistas.


-En Francia, donde hay 35 horas de trabajo semanales, este sistema generó robotización y despidos porque los empresarios no querían perder competitividad ¿Teme algo parecido?


-No conozco el caso. Pero ellos tienen 30 horas semanales y no 48 como nosotros. Cuando se cumple, porque uno de los nuevos fenómenos es la sobreocupación, además de los 4 millones de trabajadores en negro, que tienen empleadores que evaden. Un informe de la Oit de 1988 demostró claramente que con una reducción de la jornada laboral aumenta la productividad por un mejor presentismo y disminuyen los accidentes de trabajo.


-¿En qué legislación se basó para el proyecto?


-El mejor antecedente es Alemania, después de la segunda guerra mundial. ¡Y lo que es Alemania ahora! Pero también lo aplicó Estados Unidos, Canadá, Venezuela antes de Hugo Chávez. Yo me basé mucho en México, donde también se aplica, a partir de una ley de 1946.En casi todo el mundo se maneja el 10%, que es lo que pusimos, pero es todo negociable. En lo único que soy intransigente es la asistencia constitucional del derecho. Lo planteé en 1977 y me tuve que ir del país.


-Hay otros derechos constitucionales que no se cumplen como el juicio por jurados…


-No creo que tenga la misma trascendencia. Acá hay interés legítimo de muchos trabajadores. Además, contra lo que se dijo, no hay colisión alguna entre este derecho y el derecho de propiedad, que fue en la constitución de 1853 y el otro es posterior, o sea, lo tomó en cuenta. -¿Qué mejor consulta puede haber que el consejo tripartito? Vengo diciendo que a los primeros que voy a intimar es a los industriales que dijeron que se oponían sin conocerlo. Eso fue un prejuicio.


-¿No se debe repartir todo lo que se reinvierte?


-Claro, se coparticipa sólo el 50%, sino la mitad. Nosotros queremos que se invierta. Pero lo importante es que sea una discusión abierta, en la que todo el mundo sepa qué piensan los legisladores.

Publicado en :

http://www.lapoliticaonline.com/noticias/val/68204/hector-recalde-%E2%80%9Cel-milagro-aleman-tuvo-que-ver-con-el-reparto-de-ganancias.html