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domingo, 2 de febrero de 2025

Una dosis energizante, por Mariana Carbajal (para "Página 12" del 02-02-25)

 


Imagen: Enrique García Medina


2 de febrero de 2025 



Fue la gota que rebasó el vaso. Después de más de un año de desguazar las políticas de prevención de la violencia de género, de recortar la entrega de medicamentos a jubilados y a personas con VIH/sida y de comida a centros comunitarios, de suprimir programas clave para la prevención del embarazo no intencional en adolescentes, de dejar de comprar y distribuir anticonceptivos y tratamientos para abortar y promover y avalar feroces ataques en redes sociales contra los feminismos y la agenda de la diversidad, las declaraciones del presidente Javier Milei en el Foro Económico de Davos, donde asoció a la homosexualidad con la pedofilia, prendieron la mecha que hacía falta para salir de una inercia paralizante.


Las calles saben de resistencia y de construcción colectiva.


En las calles, una multitud inimaginada gritó más fuerte que nunca Ni Una Menos, en junio de 2015, y la problemática de la violencia machista y su expresión más extrema, los femicidios, empezaron a entrar en las políticas públicas y en la agenda judicial. En 2017, miles de personas llenaron la Plaza de Mayo en contra del beneficio del 2x1 para delitos de lesa humanidad dictado por la Corte Suprema. La presión popular logró que se derogara luego la ley. La marea verde fue fundamental para que el Congreso votara la Ley de IVE. Más recientemente, la defensa de la universidad pública nos volvió a unir en las calles. Apenas algunas de las movilizaciones más emblemáticas de los últimos años. Las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo nos enseñaron la importancia de la persistencia para reclamar y pelear por causas justas.


El plan antigénero que viene implementando Milei sigue al pie de la letra el llamado Proyecto 2025, un manual de estrategia elaborado para Donald Trump por la Heritage Foundation –-un think tank ultraconservador-- y colaboraciones de más de un centenar de grupos de la extrema derecha religiosa y decenas de exfuncionarios del por segunda vez presidente norteamericano.


El primer día de gobierno, Trump sostuvo que solo hay dos géneros y son los asignados al nacer. Y luego ordenó el cierre de todas las oficinas de Estado federales que se dediquen a diversidad e inclusión. Esta semana prohibió los tratamientos médicos para menores de edad trans, entre una avalancha de medidas y anuncios antiderechos.


Milei se exhibe como el mejor alumno de la escuela de la ultraderecha conservadora. Habla de respetar el proyecto de vida del prójimo como un lema infranqueable pero junto a su horda de replicadores libertarios incentiva, con falsedades, el odio contra la comunidad LGBT+.


La convocatoria de este sábado --en distintas ciudades argentinas y en otros países-- a la Marcha Federal del Orgullo Antifascista y Antirracista expresó con una potencia conmovedora un claro mensaje al Gobierno: no vamos a permitir que se imponga una narrativa que avale la persecución hacia las personas LGBT+. Ni que se arrase con la ampliación de derechos para mujeres y diversidades. No han sido privilegios, apenas la búsqueda de equilibrar una balanza que en una sociedad patriarcal históricamente estuvo --y aún persiste-- desequilibrada. Fue una dosis energizante, un sentir que vale la pena volver a salir a las calles. Toda la fuerza de esta movilización debe ser el puntapié con un norte bien claro: que no haya otros cuatro años más de Milei. En Estados Unidos pensaron que Trump no iba a regresar y volvió.




Publicado en:

https://www.pagina12.com.ar/800979-una-dosis-energizante

sábado, 13 de noviembre de 2021

Y un día, por fin, las mujeres pudieron votar, por Mariana Carbajal (para "Página 12" del 11-11-21)


Se cumplen 70 años de la primera vez, el 11 de noviembre de 1951


Por Mariana Carbajal

11 de noviembre de 2021 

Mujeres santafesinas junto a la delegada censista Ana Macri esperando que abra la escuela donde votaban. Archivo: Ana Macri. (Fuente: Archivo Eloísa Chicco)

Mujeres santafesinas junto a la delegada censista Ana Macri esperando que abra la escuela donde votaban. Archivo: Ana Macri.. Imagen: Archivo Eloísa Chicco

Evita, gran defensora del sufragio femenino, votó desde la cama del policlínico donde estaba internada, recién operada del cáncer de útero: ya estaba muy enferma. Fue el 11 de noviembre de 1951, hace 70 años, en la primera elección nacional en la que las mujeres pudieron elegir y ser elegidas, un hito de la historia política y de la lucha por los derechos de las mujeres.


En esos comicios, paradójicamente, los votos femeninos fueron más que los masculinos: un 90 por ciento de mujeres acudieron a las urnas frente al 86 por ciento de los varones. “Votaron efectivamente 3.777.494 varones y 3.816.654 mujeres, que sumaron 7.594.148 votantes. El Partido Peronista incluyó a 23 candidatas a diputadas y seis a senadoras nacionales”, apunta en diálogo con Página 12 la investigadora del Conicet-UNTREF Carolina Barry, autora de Evita Capitana. Todas entraron al Congreso. Además, se eligieron tres delegadas territoriales, y 97 legisladoras provinciales. En total resultaron electas 133 mujeres, una cifra inédita en esos tiempos en Latinoamérica. “Lo interesante es que la inclusión de mujeres en las listas se dio a partir de la decisión política, y no por la imposición de leyes que fueron necesarias luego” destaca Barry, en referencia a la Ley de Cupo en 1991, y la de Paridad, ya más reciente, en 2017. El radicalismo, principal partido de la oposición, no incluyó a ninguna mujer como candidata.


Ellos, los varones, dueños de la historia, consideraban que las mujeres no tenían derecho a votar o a ser votadas. Aunque las luchas sufragistas se iniciaron a principios del siglo XIX, y hubo precursoras como Julieta Lanteri, y más de una veintena de proyectos de ley en el Congreso --el primero presentado por el socialista Alfredo Palacios, en 1911-- fue durante el gobierno de Juan Domingo Perón, en 1947, cuando se sancionó la Ley 13.010 de voto femenino, donde tuvo un rol destacado la figura de Eva Perón, que creó el Partido Peronista Femenino.


En esa primera elección en la que las mujeres comenzaron a ejercer su derecho al voto se elegiría presidente y vicepresidente, gobernadores, y legisladorxs nacionales y provinciales, para el período 1952-1958, bajo la Constitución reformada de 1949, que establecía una elección de una sola vuelta, voto directo, un mandato presidencial de 6 años y reelección indefinida.


--¿Cómo se llega a esa primera elección de 1951? --le preguntó a Barry este diario.


--El 4 de junio de 1946, Argentina comenzó un nuevo ciclo constitucional luego del gobierno militar que había iniciado tres años antes. Después de las elecciones de ese año, Perón asumió la Presidencia de la Nación y comenzó a funcionar, nuevamente, el Parlamento. Al abrirse el período legislativo, diferentes fuerzas políticas presentaron proyectos de ley sobre el derecho al voto femenino. Como es habitual, cada uno contaba con un nombre que sintetizaba el espíritu del mismo. Si bien todos apuntaban a equiparar los derechos políticos de las mujeres con los que poseían los varones, el que presentó el diputado oficialista Eduardo Colom fue más explícito, al titularlo “El derecho a elegir y ser elegida”, lo cual marcaba una diferencia que, como veremos, no sería tan sutil como parece. La propuesta no dejaba dudas sobre las dos derivaciones que tendría la ley. Distintos estudios llevan a pensar que, para esos años, la aceptación de extender el voto a las mujeres no contaba con mayores oposiciones, salvo casos aislados. Lo que sí generaba disidencias no tan abiertamente explicitadas pero latentes era la posibilidad de ser candidata, de ser elegida. Una diferencia no menor entre la aplicación del voto activo y el voto pasivo. La ley de sufragio asumió la forma de una apuesta a favor del armado de un cuerpo político y electoral nuevo. La transformación de las mujeres en votantes y potenciales candidatas electivas implicaba el paso al ejercicio cabal de la ciudadanía, al tiempo que abría un panorama de cierta zozobra acerca de cómo ésta sería ejercida. Este paso tendría, en principio, dos ejes: el primero, la práctica del voto y las formas de inclusión real de las mujeres en los partidos; el segundo, los cambios y los reacomodamientos sociales y políticos que estas prácticas traerían aparejadas.



Legisladoras correntinas Leonor Oyola, Emilia Rizzo y María Perpetua Llano de Rodríguez en altar a Eva Perón. Archivo Ana Macri



Las censistas de Evita

En menos de dos años, el Partido Peronista Femenino abrió unas 3600 unidades básicas femeninas en todo el país y, así un movimiento de mujeres se integró en el partido a partir de políticas específicas y exitosas, señala Barry. Las censistas de Evita tuvieron un rol fundamental en la previa de la elección. “Primero, organizaron el partido en todas las ciudades, pueblos y caseríos del país; segundo, se ocuparon de ayudar en el proceso de enrolamiento y empadronamiento de mujeres; tercero, hicieron la campaña electoral. Muchas de ellas fueron elegidas por las listas del partido. Además, entrenaron a las mujeres en la votación. A través de las unidades básicas femeninas, organizaron simulacros de votos. Había un instructivo. Algunas sugerían que se pusieran la boleta electoral adentro del corpiño, una costumbre de la época entre algunas mujeres para llevar incluso dinero. Las censistas estaban entrenadas por Eva para hacer estos trabajos”, cuenta Barry, integrante de la Red de Politólogas.


La situación en otros partidos era diferente. La UCR, el principal partido de la oposición, no presentó mujeres en sus listas nacionales. Tampoco el Partido Demócrata. El Partido Socialista, en cambio, una candidata a diputada nacional en Córdoba y en Tucumán. Mientras el Partido Comunista no solo incluyó mujeres en sus listas, sino que lo hizo en lugares destacados: dos candidatas a diputadas en Córdoba y Tucumán y dos a senadoras en Buenos Aires y Santa Fe, y también a vicepresidenta. Pero ninguna llegó a ser elegida.


“Un tema singular es que, en la primera elección en que votaron las mujeres en la mayoría de los países, en el mejor de los casos tuvieron una candidata, que en general se trataba de la activista más reconocida en las luchas sufragistas. En la Argentina fue distinto”, dice Barry. En la lista del Partido Peronista a convencionales constituyentes de La Pampa había un 26 por ciento de mujeres. Fueron las primeras convencionales mujeres de Argentina. Otra característica de esa elección es que una mayor cantidad de mujeres que varones votaron al peronismo. “Cifras enormes de mujeres votaron al oficialismo. Hubo una media nacional del 57 por ciento, con provincias como Chaco donde lo votó el 83 por ciento del padrón femenino, mientras que en la provincia que obtuvo menor apoyo de mujeres fue Córdoba, con el 52,7 por ciento. Pasó a la historia: en la primera elección que pudieron votar, lo hicieron mayoritariamente por Perón”, señala la investigadora del Conicet-UNTREF.


Fue además, la elección en la que las monjas votaron por primera vez. Hasta ese momento no podían por ser religiosas.


“Había una situación que no era menor: La enfermedad de Eva Perón. Estaba en cama desde hacía varias semanas, había sido operada. En las semanas previas a la elección, la CGT dos veces suspendió la campaña electoral diciendo que no se podían ocupar en otra cosa que no fuera en pensar en ella. Lo mismo sucedió en algunas provincias donde pedían por la salud de Eva”, recuerda Barry. Fue la única vez que pudo votar Evita antes de su temprana muerte.


El Partido Peronista Femenino fue “el semillero” que nutrió las listas de candidatas; salvo pocas excepciones, todas integraban el partido en distintas instancias organizativas, cuenta la investigadora. “En esas primeras elecciones de 1951 y las que le siguieron en 1954 a nivel nacional, y en las de las nuevas provincias, en 1953 y 1955, el porcentaje de mujeres en el Congreso llegó a cifras inusuales para la época, pero también para las décadas siguientes, en que fue precisa la aplicación de normas específicas que garantizaran su inclusión en las listas partidarias”, señala Barry. Hacia 1955, cuando se produjo la caída del gobierno de Perón, el Congreso contaba con un 23,31 por ciento de mujeres en sus bancas, todas pertenecientes a la misma fuerza política: el Partido Peronista. 


Publicado en: 

https://www.pagina12.com.ar/381036-y-un-dia-por-fin-las-mujeres-pudieron-votar

martes, 30 de marzo de 2021

Silvia Labayrú: “En ese contexto era imposible hablar de consentimiento”, por Mariana Carbajal (para "Página 12" del 29-03-21)



Imagen: Sandra Cartasso

 Labayrú fue secuestrada el 29 de diciembre de 1976, con 20 años y embarazada de casi seis meses, y la liberaron un año y medio después. 


 Entrevista con una sobreviviente de la ESMA que denuncia los delitos sexuales de los represores


Silvia Labayrú es una de las tres denunciantes en el primer juicio por violencia sexual en la ESMA. En diálogo con Página/12, dice que “las violaciones fueron parte de un plan común en muchos de los campos como forma de arrasamiento de la subjetividad de las secuestradas. Éramos un botín de guerra”. Y detalla: “El Tigre Acosta me dijo que la prueba de que yo no los odiaba era que tenía que aceptar tener relaciones sexuales con algún oficial”.

Por Mariana Carbajal



“Cuando nació mi hija, a los pocos días se me acerca el Tigre Acosta y me dice: ‘Vos tenés que adelgazar porque estás muy gorda'. Me llevó a una salita y me dijo que como yo no había entregado gente, como prueba de que no los odiaba tenía que aceptar tener relaciones sexuales con algún oficial, que eso no iba contra la moral cristiana, ni contra mi matrimonio, que era una prueba de mi recuperación”, cuenta Silvia Labayrú. El 29 de diciembre de 1976, con 20 años y embarazada de casi seis meses, fue secuestrada por un grupo de tareas de la ESMA. La liberaron un año y medio después. Mientras transcurría el Mundial de Fútbol del ‘78, Alfredo Astiz la llevó al Aeropuerto de Ezeiza para que subiera a un avión con destino a Madrid, donde la esperaba ya en el exilio su esposo. Los dos eran integrantes de la organización Montoneros. Ella, ex alumna del Colegio Nacional de Buenos Aires, de familia de militares de alto rango. Hoy Silvia Labayrú tiene 64 años y es una de las tres denunciantes en el primer juicio por los crímenes de violencia sexual cometidos contra víctimas que estuvieron privadas ilegalmente de la libertad en el centro clandestino de detención, tortura y exterminio que funcionó durante la última dictadura militar en el casino de oficiales de la Escuela de Mecánica de la Armada. Es la primera vez que da una entrevista. Habla pausado como eligiendo las palabras. Dice que por mucho tiempo pesó sobre ella, como les sucedió a otras sobrevivientes, el estigma de ser traidoras por haber mantenido ese vínculo “de sometimiento” con oficiales de la ESMA: “No se pensaba que en ese contexto era imposible hablar de consentimiento. Consentimiento, cero, si teníamos encima la amenaza de la muerte”, dice en diálogo con PáginaI12.


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Sus ojos son celestes cristalinos. Es delgada y tienen los cabellos de color castaño, tirando a un rojizo suave. Viste un jean y una remera de mangas largas azul, con un volado en los puños. Y unas sandalias de lona beige con suela de yute. Lleva una estrella de David pequeña, colgada de una cadenita de oro.


La charla transcurre en el jardín del edificio de departamentos donde vive, en el barrio porteño de Palermo. Hay bancos de plaza de madera marrón. El pasto es tupido y verde oscuro. El sol brilla amable. Dice que nunca pensó que se instalaría a vivir de nuevo en la Argentina --adonde solo había vuelto de visita en las últimas cuatro décadas-- pero el reencuentro con su gran amor de la juventud, a mediados de 2019, le cambió sorpresivamente el rumbo a su vida. Desde que partió al exilio, su hogar fue Madrid.


En el juicio, cuya sentencia se espera para abril, solo son tres las denunciantes, aunque --sabe-- fueron muchas más las mujeres que sufrieron violencia sexual en la ESMA. “Las violaciones fueron parte de un plan común en muchos de los campos como forma de arrasamiento de la subjetividad de las secuestradas. Éramos un botín de guerra”, señala ella.


Silvia denunció por estos hechos al oficial de inteligencia, entonces teniente de Fragata, Alberto González, y a Jorge Acosta como instigador. Cuenta --y lo declaró en el juicio-- que González la sometía sexualmente en distintos lugares, fuera y dentro de la ESMA: en hoteles de alojamiento pero también en la casa de su padre --cuando sabía que no estaba-- y en la de él mismo. Hay algunos detalles de su declaración que prefiere que no se publiquen hasta que se conozca el fallo, para no entorpecer la investigación judicial.


Silvia tuvo a su hija en cautiverio y se la entregaron a los pocos días a su familia. Piensa que una serie de “suertes pequeñas” --parafraseando el título de un libro de Claudia Piñeiro-- le permitieron salvar la vida en medio de tanto horror. Ser bonita, rubia y de ojos celestes, y pertenecer a una familia de militares de alto rango, entre ellos un tío que fue ministro del gobierno de facto de Pedro Eugenio Aramburu. También que su padre fuera militar retirado, piloto de Aerolíneas Argentinas. Pero todas esas “suertes pequeñas” no la salvaron de que la convirtieran en “esclava sexual”.


El juicio

El primer juicio por las violaciones perpetradas contra mujeres secuestradas en la ESMA empezó el 27 de octubre. Está a cargo del Tribunal Oral en lo Criminal Federal 5 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Son juzgados el ex oficial de inteligencia González “alias “Gato”, “González Menotti”, “Luis”, y Acosta, el jefe de la Sección Inteligencia del Grupo de Tareas 3.3.2 que operaba allí, alias “El Tigre”, “Santiago”, “Aníbal” o “Capitán Arriaga”, por los delitos cometidos contra Silvia Labayrú, Mabel Lucrecia Luisa Zanta y María Rosa Paredes. Las tres prestaron el consentimiento a la fiscalía para la difusión pública de sus nombres pero pidieron que las audiencias no sean púbicas. Silvia testimonió el lunes 27 de noviembre, durante cuatro horas. Las audiencias por el contexto de pandemia se hacen de manera virtual. Acosta se negó a declarar. González lo hizo durante varias horas.


El TOCF 5 está integrado por la jueza Adriana Palliotti y los jueces Daniel Horacio Obligado y Adrián Federico Grumberg (presidente). El Ministerio Público Fiscal está representado por el fiscal federal Leonardo Filippini y la auxiliar fiscal Marcela Obetko: cuentan con la asistencia de la Unidad Fiscal Especializada de Violencia contra las Mujeres (UFEM), que encabeza Mariela Labozzetta.


Los imputados Acosta y González registran condenas a prisión perpetua por delitos de lesa humanidad, dictadas por el mismo tribunal, con distinta conformación, en las causas “ESMA II” (2011) y “ESMA Unificada” (ESMA III, 2017). Esta última aún no se encuentra firme. Acosta también fue condenado a 30 años de prisión en la causa conocida como “Plan Sistemático”, sobre apropiación de niños y niñas.


“Era un hecho vergonzante”

Silvia cuenta que ha declarado sobre las violaciones a los derechos humanos ocurridas en la ESMA en múltiples oportunidades, la primera en 1979 en ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados. “Mi testimonio ante la CoNaDep fue uno en los que se basó la condena a las Juntas Militares”, apunta. Luego, declaró en diversos juicios contra represores y genocidas de la ESMA.


-- En esos juicios la violación estaba considerada como parte de los tormentos y las torturas. No tenía una entidad jurídica aparte. Yo dije que había sido víctima también de esos hechos pero no entré en detalles. En 2013 se consiguió después de una larga lucha que fueran tipificados como delitos contra la integridad sexual. Entonces, denuncié lo que me pasó. La causa la tuvo el juez Sergio Torres y ese juicio siguió adelante y durante muchos años estuvo… como se dice aquí… encarpetado…


-- Dormido, cajoneado…


-- Cajoneado durante años. En algún momento me llamaron de la defensa exigiendo que me prestara a tener una pericia médica para demostrar que tenía secuelas físicas de esas violaciones después de casi cuarenta años, lo cual era absurdo. Reclamé ante la fiscalía. Se planteó que eso era inviable y se consideró así. Y finalmente, en los últimos años este juicio se reactivó. Entramos tres personas que hicimos estas denuncias en firme. Hubo una cuarta que denunció incluso antes que yo, pero por un “error” administrativo no se le permitió ser parte de este juicio. Siguió apelando y su caso está ahora mismo en Casación.


-- ¿Varones también?


-- Ningún varón denunció. Suponemos que debe haber habido casos pero si para una mujer es difícil denunciar el delito de violación mucho más para un hombre. Había una política por parte de Acosta, de propiciar, de proponer que los oficiales violaran a las mujeres de la ESMA. Fue el precio por sobrevivir. Es verdad que uno podría haber roto una bombilla y haberse suicidado, pero en los campos de concentración casi nadie se suicida. En los campos alemanes tampoco la gente se suicidaba: uno quería sobrevivir y dar testimonio. Uno tenía la idea de que si salía de ahí, iba a contar todo esto. Y esto fue lo que ocurrió mayoritariamente. Algunos sobrevivientes se tomaron más o menos tiempo en declarar. De hecho, la mayoría de las mujeres violadas en la ESMA, aun hoy siguen sin poder denunciarlo.


-- ¿Pesan los prejuicios?


-- Alguna mujer que sí denunció violaciones como Sara Solarz de Osatinsky, no causó muy buena impresión entre algunos compañeros sobrevivientes porque de algún modo se interpretaba que estaba mancillando el honor de su marido, dirigente guerrillero. Hasta qué punto llegan esos prejuicios, que la gente "de uno", prefiere que se oculte esto y de algún modo que las violaciones queden acalladas.


-- ¿Qué significa este juicio para usted?


-- Para mí ha sido muy importante. Terminé mi alegato diciendo que más allá de los años que les den de condena por estos hechos, lo que me motivaba, con lo difícil que me resultaba hacerlo, era alentar a que otras mujeres que pasaron por lo mismo se animen a denunciarlo, que ahora estamos en otro tiempo político, jurídico y social, en donde por fin este tipo de temas pueden salir a la luz, y podemos tener la garantía como yo la tuve en este caso, de ser impecablemente tratada por la fiscalía, por todo el personal judicial, donde realmente se nota que hay un cambio de ciclo. Porque yo he declarado muchas veces y los jueces que tenías adelante te trataban como si la acusada fueras tú.


-- ¿En qué sentido?


-- Te decían: “Pero bueno… usted dice… pero como lo puede probar…” La Justicia evolucionó en el respeto al testimoniante.


-- Durante algunos años otras sobrevivientes de campos de concentración tenían una mirada prejuiciosa sobre quienes habían sido sometidas sexualmente en cautiverio… No se comprendía que en ese contexto no había consentimiento posible.


-- El del consentimiento es un tema crucial y muy complejo porque se entiende mal y es algo sobre lo que he hecho mucho hincapié. Dentro del juicio han participado la directora del Centro Fernando Ulloa, Laura Sobredo, que es feminista, y también Inés Hercovich, que es socióloga y psicóloga social, feminista, especializada en temas de violación. Sus testimonios dejaron en claro que habiendo una situación de secuestro, de amenaza de muerte hacia mí, mi familia política, y mi hija, éramos todos rehenes. Entonces, no hay posibilidad de consentimiento. Cuando Acosta te exigía que hicieras esto la idea era que tuvieras una actitud no agresiva frente al violador porque había que demostrar que no les odiábamos. Era un hecho vergonzante, muy difícil de contar.


-- En el imaginario social todavía persiste la idea equivocada de que no puede haber una violación sin violencia física …


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-- Estas violaciones en su mayoría no ocurrían --porque si hubo otras violaciones que sucedieron en Capucha City por guardias “al uso clásico”, digamos-- con una violencia física ni te apuntaban con una pistola en la cabeza. No era así el procedimiento. El hecho de que no te torturaran en la violación no quita que fueran violaciones porque te están obligando a hacer algo bajo secuestro y bajo amenaza de muerte. Eso no tiene otro nombre que violación, pero ha sido difícil de entender incluso para las propias secuestradas. Consentimiento cero. A diferencia de lo que se espera, judicial y socialmente, y es que la violada ejerza una fuerza y se resista y tenga secuelas físicas y heridas, en la inmensa mayoría de los casos, la mujer se deja violar precisamente para salvar la vida y que aquello acabe lo más rápido posible. La pasividad responde a que el tipo acabe lo antes posible, para que no te pegue ni te mate. Esto que ocurre en la inmensa mayoría de las violaciones no cursadas con un secuestro, también ocurría en las violaciones donde estaba la amenaza de muerte y la pistola simbólica puesta en la cabeza, porque a la semana siguiente podías estar en la lista de los miércoles para que te tiraran al mar.


--¿Le pedía que se arregle en la forma de vestir en esas circunstancias?


--Sí, pero no solo en esas situaciones. Ellos robaban ropa en todas las casas donde secuestraban gente. Entonces había un lugar llamado Pañol donde había ropa y todo tipo de cosas y nos exigían al grupo de mujeres que estábamos en ese proceso de “recuperación” que nos vistiéramos de un modo femenino, digamos, porque esa era otra muestra de que no éramos marimachos montoneras. Tenían esa idea de que las mujeres dejáramos de ser guerrilleras para volver a ser “mujeres”.


-- ¿Alfredo Astiz la llevaba como hermana cuando se infiltró en las reuniones que hacían familiares de desaparecidos en la Iglesia de la Santa Cruz junto a las monjas francesas?


-- Pasados los meses, después de que habían secuestrado o asesinado a la mayor parte de la organización, ya empezó a haber un flujo de secuestros mucho menor. Entonces empezaron como a inventarse otras actividades para justificar tener toda esa mano de obra expectante. El tema de las Madres de Plaza de Mayo los volvía locos y pensaban que detrás de ese movimiento tenía que estar Montoneros. Lo mandaron a Astiz a infiltrarse. Estuvo varios meses metido en organismos de derechos humanos, hablando con gente y demás. Y en un momento dado decidieron que fuera alguna secuestrada con él para reforzar la idea de que era familiar de un desaparecido. Buscaron a alguien que podría ser la hermanita menor, alguien rubia y de ojos azules y me eligieron a mí. Eso ya fue en el final del proceso de infiltración. Me obligaron a asistir a cuatro o cinco reuniones, algunas en la iglesia de la Santa Cruz, otras en una casa en La Boca, donde estaba la monja francesa Alice Domon. Me afectó muchísimo personalmente que terminara ese hecho como terminó.


-- A la distancia, ¿Qué opinión tiene ahora de la lucha armada?


-- Para hacer la revolución hay que estar vivos. Soy muy crítica de la conducción montonera, de cómo se nos expuso, cómo no se nos cuidó. Por supuesto creo que todo lo que se ha hecho en relación a Memoria, Verdad y Justicia es fundamental. Me he sumado a eso. A los compañeros se los debe honrar, recordar, se debe profundizar en que se haga justicia, castigo a los culpables, pero eso no me impide tener una visión crítica de lo que fue esa organización y de lo poco que esas muertes consiguieron, en relación al extraordinario coste.


-- ¿Cómo fue su vida en el exilio en España?


-- Tuve mucha ayuda de mis padres, económica y de todo tipo. Y de mis amigos más cercanos. Una ayuda crucial, determinante. Pero cuando llegué a España había mucha gente que no me quería escuchar, que me condenaba, porque habíamos sobrevivido teníamos que ser traidores: ¿qué habíamos hecho para sobrevivir? Esa pregunta sobrevolaba. Entonces no querían ni escucharte. No querían hablar, me cerraban las puertas de bares, me impedían la entrada a reuniones de exiliados porque decían que yo tenía que ser una traidora. Estudié Psicología y me fue prácticamente imposible ejercer la profesión porque en el entorno de los psicólogos y psicoanalistas argentinos había una creencia de que si yo había sobrevivido y había salido de la ESMA tenía que estar loca y no podía ejercer la profesión. Lo intenté. Me formé después de hacer la carrera, en la Escuela de Psicología Pichón Riviere, estudié Psicoanálisis, pero me di cuenta de que había un impedimento con lo cual con muchas compañeras sobrevivientes decimos: Cuando salimos de la ESMA creímos que el infierno se había terminado pero no se había terminado. Porque una cosa es que te machacara el enemigo y otra que te hicieran el vacío los tuyos.


Silvia vivió 43 años en España. Se separó del padre de Vera, tuvo otra pareja, y luego se casó con un español, con quien tuvo un hijo. Vera, su hija es cardióloga y vive en Escocia. Su hijo menor, tiene 26 años, es músico y estudia en Boston. Al no poder ejercer la Psicología, cuenta que se dedicó a hacer estudios cualitativos, de opinión y de mercado, hizo algunas materias de Sociología y finalmente se dedicó a la Publicidad. Tiene en la actualidad una empresa vinculada al rubro editorial.


Hace algunos años regresó al Espacio de Memoria la ex ESMA con su hija. Después lo hizo con su hijo, y volvió algunas veces más.


-- La impresión más clara que me produjo cuando entré por primera vez fue que me pareció un lugar muy pequeño, cuando yo lo recordaba muy grande. Y pensé: qué lugar tan pequeño para un infierno tan grande.


Publicado en:

https://www.pagina12.com.ar/332168-silvia-labayru-en-ese-contexto-era-imposible-hablar-de-conse

domingo, 7 de abril de 2013

JAIME SORÍN: “Las obras se podrían haber hecho eligiendo las prioridades”, entrevista de Mariana Carvajal (para “Página 12” del 07-04-13)






“[…]en los últimos años se han hecho obras absolutamente perjudiciales.[…]Como el retiro de los adoquines en las calles. Los adoquines permiten una filtración importante. Y se asfaltó mal: en Palermo, por ejemplo, el centro de la calle está a la altura del cordón y rápidamente las calles se inundan. Muchos asfaltos, por otra parte, taparon las alcantarillas. Donde se han ensanchado las esquinas, quedaron las esquinas más altas, y el agua no puede pasar. Se eliminó la granza, esas piedritas rojas, en muchas plazas barriales y se reemplazó por cemento peinado que no absorbe el agua. La granza permitía que el agua se infiltrara.”
Jaime Sorín, ex Decano de la Facultad de Arquitectura de la UBA




“Con las obras adecuadas y un plan de contingencia” se podrían haber “mitigado los daños” de las inundaciones que asolaron en los últimos días a las ciudades de Buenos Aires y La Plata, opina Jaime Sorín, ex decano y profesor de la Facultad de Arquitectura de la UBA. Además de la falta de obras, lo que contribuyó al anegamiento en algunos barrios porteños fue “que en los días previos se cortaron muchas ramas, que no se recogieron por el feriado, que taparon alcantarillas, sumado a que es otoño y hay más hojas caídas”, y a que “se redujeron superficies de absorción” al eliminar adoquinados y la grama de espacios verdes y reemplazarlos por cemento. Tanto una como otra ciudad se vieron afectadas a su vez por las consecuencias de “un boom inmobiliario sin ningún control”, indicó. En la última década, destacó Sorín, se construyeron en la ciudad de Buenos Aires 25 millones de metros cuadrados nuevos, y se mantuvo la misma infraestructura de la década del ’50.

–¿Se podrían haber evitado las inundaciones de los últimos días en La Plata y la Ciudad de Buenos Aires?

–Cuando cae semejante cantidad de agua es difícil evitar que haya inundación en ciudades como éstas, atravesadas por arroyos de llanura. En una llanura el agua escurre lentamente. Eso hay que tenerlo en cuenta cuando se construye una ciudad. Pero sí se pueden mitigar los daños. En la provincia de Buenos Aires hay obras que están empezadas o faltan terminar y hubo un fenómeno nuevo como la inundación del centro de La Plata. Hay que estudiar qué sucedió para que eso ocurra. Puede ser que falten alcantarillas. En la Ciudad de Buenos Aires, de los cinco arroyos que la cruzan, en el único caso en que las obras están más terminadas es en el Maldonado, que corre bajo la Juan B. Justo: el canal principal está finalizado, pero faltan los aliviadores, que permiten que las alcantarillas lleven el agua y no quede en las calles.

–El gobierno de Mauricio Macri dice que no puede terminar las obras del Vega y del Medrano porque no tiene el aval del gobierno nacional para obtener crédito...

–Las obras se podrían haber hecho con dinero de la Ciudad, eligiendo las prioridades. Pero hay que señalar que el sur también es inundable, por donde pasan los arroyos Erézcano, Elía y Cildáñez. También sobre la avenida Larrázabal hay una cuenca. No solamente la zona de Belgrano y Núñez se inundó. También Mataderos, Lugano y Villa Cildáñez, que nunca se había inundado. Además de la falta de obras, lo que pasó es que en los días anteriores a la tormenta se cortaron muchas ramas, que quedaron en la vía pública y vinieron los feriados, y taparon las alcantarillas, sumado a que estamos en otoño y caen más hojas. Esto hizo una mezcla explosiva. Debió haberse previsto un plan de contingencia.

–¿Qué características tiene que tener para que sea efectivo?

–Debe funcionar con alertas tempranas, incluso en feriados. Los planes de contingencia tienen que funcionar los 365 días.
Esta ciudad tiene un problema de obra y de planificación. El Código de Edificación y Planeamiento, que define lo que se puede construir en cada zona, es de 1977. Se le hicieron algunas modificaciones en el año 2000. Está pensado para una ciudad de seis millones de habitantes. La ciudad tiene alrededor de tres millones y ya no tiene infraestructura ni para un habitante más. Son códigos puramente inmobiliarios. Y falta la pata de con qué infraestructura se abastece a las nuevas edificaciones. La infraestructura está completamente igual que en la década del ’50. En estos últimos diez años se construyeron 25 millones de metros cuadrados nuevos. Y no se acompañaron con nueva infraestructura. Algunos vecinos protestan porque las torres les quitan el sol, pero otros porque les falta agua. Hay un plan de hidráulica que se terminó de aprobar durante la gestión del ex jefe de Gobierno Aníbal Ibarra. Ahí están definidas todas las obras que se tienen que hacer para mitigar las inundaciones. Es una cuestión de obras y de gestión. Pero hay que pensar también que aunque las obras estuvieran hechas, debe haber además un mantenimiento adecuado; hoy el sistema de recolección de residuos, por ejemplo, está completamente perimido. Además, en los últimos años se han hecho obras absolutamente perjudiciales.

–Por ejemplo...

–Como el retiro de los adoquines en las calles. Los adoquines permiten una filtración importante. Y se asfaltó mal: en Palermo, por ejemplo, el centro de la calle está a la altura del cordón y rápidamente las calles se inundan. Muchos asfaltos, por otra parte, taparon las alcantarillas. Donde se han ensanchado las esquinas, quedaron las esquinas más altas, y el agua no puede pasar. Se eliminó la granza, esas piedritas rojas, en muchas plazas barriales y se reemplazó por cemento peinado que no absorbe el agua. La granza permitía que el agua se infiltrara. El Código de Edificación permite que se construya hasta el fondo de un terreno. En muchos edificios nuevos se reemplazaron los centros de manzana por estacionamientos de cemento. Se pueden colocar superficies absorbentes, pero son más caras.

–¿Y qué factores influyeron en La Plata para que se produzca semejante catástrofe?

–La Plata está en una zona de poca pendiente y está lejos del Río de la Plata. Fue construida en 1880 con un sistema de alcantarillado que hoy está bastante obsoleto. También ahí está el problema del arroyo El Gato. Nunca se previó el boom inmobiliario de las características que se observa hoy. Algo siempre se van a inundar. Lo que tienen que pensar es en cómo minimizar los riesgos. Otras ciudades de Latinoamérica tienen protocolos sobre cómo actuar cuando se anuncian tormentas fuertes. Hay que avisarle a la gente para que se corran los autos de las zonas inundables. Tiene que haber un sistema de prevención temprana y ayuda inmediata. Debería haber un impuesto diferencial para las zonas en las que las obras públicas permitieron revalorizar los terrenos. Es lo que establece una ley nueva aprobada en la provincia de Buenos Aires y que fue muy cuestionada por algunos sectores, por la cual el desarrollador debe pagar al Estado un 10 por ciento del valor de la tierra urbanizada para que se puedan comprar terrenos en mejores condiciones para la gente que de otra forma termina viviendo en asentamientos, que suelen estar en zonas inundables. También hay que analizar los impactos ambientales serios. Nordelta inunda los barrios que están a su alrededor. Está construido sobre el bañado de San Fernando: hicieron las lagunas y con eso se rellenaron las tierras. Eso se sabía. Al no estar el bañado, el agua inunda los barrios periféricos. Igual que sucede con el shopping Dot, en Núñez, y el barrio Mitre. El Dot bombea agua de sus tres subsuelos, reconoce que no hizo las obras que le exigieron y el gobierno no controló. El barrio Mitre se volvió a inundar. Ese barrio se hizo en 1957, durante el gobierno de Aramburu, con el criterio de viviendas de emergencia para tres años y ya lleva 60 años. Nunca se hicieron las obras para cambiar esa situación y el Dot empeoró todo.

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