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domingo, 14 de diciembre de 2025

Rebord, Rosemblat y Dante Presidente, por Dante Augusto Palma




En los últimos días, impulsado desde algunos sectores del sindicalismo y la política, comenzó a circular la posibilidad de que el pastor evangélico Dante Gebel sea candidato a presidente en 2027. Consultado por Mario Pergolini, el propio implicado no descartó esa posibilidad de modo que cabría prestarle alguna atención puesto que posee seguidores, eventuales importantes aportantes económicos y un discurso pretendidamente ecuménico alrededor de la espiritualidad, tal como mandan los tiempos. A propósito, dado que la imaginación no abunda, tampoco debiera extrañar que se tratara de algún sueño trasnochado a partir de que el evento que el pastor vino a presentar se llama PresiDante, haciendo un juego de palabras con su nombre, y que allí se lo puede ver con la banda presidencial. En todo caso, el tiempo dirá. 


Hace algún tiempo circuló, y gracias a alguna información de fuente confiable podría confirmarlo, que el peronismo de la ciudad, de la mano de Juan Manuel Olmos, está detrás de una suerte de “proyecto streamer”, una renovación de candidaturas que pueda romper el techo al que parece condenado el peronismo citadino, y que podría recurrir a figuras como Tomás Rebord y Pedro Rosemblat. Este último ya había pretendido un salto a la política y el primero, presumo, pareciera estar allí resolviendo un dilema interno entre una vida como artista y un salto a la política. Ambos son jóvenes, muy exitosos en sus respectivos proyectos y han hecho mucho más por instalar discusiones autocríticas al interior del peronismo/progresismo que la dirigencia política que ahora pretende sumarlos a sus filas. 

Comparar a Gebel con Rebord y Rosemblat es injusto para los tres, pero los menciono aquí porque pareciera que desde diferentes espectros ideológicos se renueva esta tentación muy poco novedosa de apelar a figurar extrapartidarias, “famosos”, como solución a la crisis de representatividad. Y sobre este punto vale una aclaración: Rebord y Rosemblat tienen formación política por encima de la media. Sin embargo, no se está pensando en ellos por esa razón, sino por su éxito en redes y su visibilidad. No es culpa de ellos, pero la razón por la que se los elige es por méritos que no tienen que ver estrictamente con su eventual proyecto o mirada acerca de la política. La demostración es que son ellos, pero podría ser cualquiera: veamos si no el caso de Lali Espósito a quien nos quieren vender como la nueva Evita por haber hecho una canción con un estribillo pegadizo y un mensaje velado contra el presidente. La vara está baja. 

Pero más allá de ello, a continuación, quisiera proponerles reflexiones personales acerca de este fenómeno y si en ellas les suena algo del filósofo Byung Chul-Han, sea acompañando su perspectiva, sea criticándola, están bien orientados.


En primer lugar, digamos que, si es cierto que el neoliberalismo convierte al sujeto en un emprendedor, un “creador de sí mismo”, esto es, alguien que está encargado de gestionar su propia imagen y su rendimiento, es natural que esto produzca nuevos tipos de actores políticos. En otras palabras, el político deja de ser un representante de una parte para devenir un autogestor, ni siquiera de su rol en el debate público, sino simplemente de su presencia mediática. Este político performático está más preocupado por el recorte viral de sus alocuciones que por otra cosa, es Julia Strada pidiéndole a su fotógrafo oficial que le saque la foto con cara de valiente señalando con el dedo a un policía. 

Ahora bien, si el político devino un producto, el votante se transforma en un consumidor con derechitos económicos de consumidor y no con derechos de ciudadano. Se transforma así en un usuario de la política como quien consume un servicio, o sea como quien puede entrar y salir, suscribirse y darse de baja.


Asimismo, elegir entre los famosos de este tiempo, le permite a la política entrar en la disputa por el recurso más escaso del capitalismo hoy: la atención. Y hace bien, por cierto, porque vaciada de sentido, de valores, de proyecto y de comunidad, lo único que le queda es salir a disputar como un producto más en el mercado. De aquí que no sea casual lo bien que les va a los outsider, con Milei a la cabeza, puesto que la propuesta más delirante suele ser la más efectiva si de atraer la atención se trata. De hecho, no me van a decir que entre un discurso de Taiana y un recital de Milei ustedes van a elegir lo primero. 


En este punto, la vieja política suele hacer una extrapolación bastante lineal y burda que muchos influencers creen o eligen creer: muchos likes son muchos votos, muchos seguidores son base electoral y la cantidad de visualizaciones y repeticiones son capital político. Este último, entonces, no tiene que ver ya con valores sino con la posibilidad de tener un mensaje o una imagen viralizable. Si es viral, es bueno.


El nuevo político influencer no es guiado por el pueblo sino por el algoritmo o, lo que es peor, cree que el algoritmo es el que está representando al pueblo. Queda atrapado en un narcisismo algorítmico que no representa intereses partidarios sino los deseos y aspiraciones individuales de unos votantes que son seguidores, en su mayoría pasivos, como quien sigue a su ídolo en la música o en el fútbol como figura inalcanzable. No se trata de crear comunidad sino idolatría. Es el Pitu Salvatierra jurando por Futurock, es decir, por la empresa para la que trabaja; es Mayra Mendoza tatuándose a Néstor y a la tobillera. Dicen que es político pero es solo personal. 

Y sobre todo: no hay tiempo. Las unidades básicas ya no forman cuadros, de modo que hay que echar mano a los emprendedores de su propia imagen que, devenidos candidatos, ya están construidos como producto, listos para ser consumidos por derecha, por izquierda o por centro. 


Asimismo, los famosos de hoy cumplen con el ideal de autenticidad tan requerido en la actualidad, el principal insumo de la antipolítica, porque la política es asociada a la opacidad, lo turbio, la hipocresía; al fin de cuentas, “la rosca” representa lo que se hace por detrás en un tiempo de tiranía de la transparencia, de obligación de mostrarlo todo, y con “todo” no me refiero solamente a las cuentas públicas sino a lo que concierne a nuestra identidad y nuestra vida privada. Podría decirse, incluso, que el influencer (o la mayoría de ellos) no tiene otro valor que la autenticidad y es lo único que se le exige, por más que en su cuenta muestre una riqueza que no tiene y sus autos de lujo sean alquilados, que venda canjes berretas o se saque fotos con filtros contra las arrugas, la papada y la cintura de lavarropa. En todo caso, aun cuando sea artificial y/o pelotudo/a lo que importa es que sea auténticamente artificial y/o pelotudo/a. Eso es lo que genera identificación y esa conexión es central en política.  


El famoso genera además dos sentimientos contrapuestos, pero que coexisten con efectividad similar: por un lado, su positividad pre o pospolítica lo lleva a sobrevolar los conflictos, estar por encima de ellos, y con ello fantasear con ser el candidato de todos, capaz de unir. El caso de Gebel es claro en ese sentido: el pastor evangelista que no es de izquierda ni de derecha y es capaz de juntar a todas las partes en esa fantasía del pueblo unido en pos de vaya a saber qué cosa.  


Pero, por otra parte, es cierto que, en los últimos años, el famoso, aun cuando no intervenga en política, genera una división: todos tienen sus likes pero también sus haters. En este sentido, reproduce lo que parece haberse instalado en todo el mundo: polarización y sobre todo una polarización constante sobre toda temática. Todo es opinable, sobre todo hay que opinar y el debate público se transformó en un debate del minuto a minuto como un muro de Facebook o un chat de Youtube donde se reparten likes y odios por doquier.


Sin embargo, a no confundirse: la negatividad de los odios es funcional a la necesidad de circulación y viralización de la que hablábamos antes: lo que importa es que atraiga la atención y lo que genera odio atrae mucho más que el amor. 


En todo caso, uno de los problemas que se plantea es lo que sucede cuando el influencer pasa a ocupar un cargo de responsabilidad, y aquí, obviamente, eximo a los tres mencionados pues ninguno de ellos ha dado el salto formal todavía. 


Es que no se puede gobernar bajo la lógica de los likes y la dopamina como lo hacen muchos de nuestros actuales dirigentes que testean sus iniciativas en Twitter y estudian guiones para que el asesor pagado con nuestros impuestos haga el recorte viral de 30 segundos.


 Asimismo, y esto se vio claramente en la insólita discusión acerca de si la cuenta de Twitter le pertenece al Javier Milei ciudadano o al Javier Milei presidente, la confusión entre lo público y lo privado está a la orden del día. No hay mediación, no hay investidura, no hay institucionalidad: todo está afuera e igualado en la horizontalidad de la red. 


Para finalizar, digamos que, si la política del futuro va a ser la política que reproduzca la lógica de los influencers y el único “valor” será cuán conocido es el sujeto en cuestión, no debería llamar la atención que la política se reduzca a la autenticidad del yo que gobierna por sobre cualquier proyecto político. En Milei esto es claro: el gobierno de Milei es Milei; el mileismo es Milei. Allí no hay proyecto, en todo caso una misión personal en clave de delirio místico que empieza y termina en Milei. Y no debería sorprendernos porque no es el único: simplemente sobresale porque es el que llegó. 


Visible, autoconstituido, performático, expuesto, auténtico preocupado por la atención antes que por la deliberación. 

El candidato influencer, aun cuando pueda tener buenas intenciones y una sólida formación, queda preso de una lógica que lo excede y que indefectiblemente lo aleja de cualquier proyecto colectivo.





jueves, 2 de noviembre de 2023

El debate presidencial promete alto voltaje, por Karina Micheletto


Los apoderados de los partidos junto a los jueces de la CNE, ayer en el sorteo del debate.. Imagen: Jorge Larrosa


Gran expectativa por un cruce que esta vez será más directo y con mayor intercambio


Con un nuevo formato que habilita más interacción y movimiento, el encuentro en la Facultad de Derecho promete atraer aún mayor atención que el anterior, que tuvo picos de 42 puntos de rating. 


Por Karina Micheletto

2 de noviembre de 2023 


"Más dinámico, con más intercambio, más espacio para la interacción". Así describió ayer Alberto Ricardo Dalla Via, el presidente de la Cámara Nacional Electoral, las nuevas características del segundo y más esperado debate presidencial: el que enfrentará, el próximo 12 de noviembre y una semana antes del balotaje, a los dos candidatos que según las encuestas al día de hoy tienen chances bastante parejas de resultar electos, Sergio Massa y Javier Milei. 


Así de inédita es la foto electoral actual y la expectativa de la previa del debate acompaña este escenario. El sorteo público de ubicaciones y orden de exposiciones, ayer en el antiguo palacio del bajo porteño donde está ubicada la CNE, reunió a los apoderados y equipos de ambos candidatos con jueces de la cámara e integrantes del consejo asesor que tiene el debate por ley, como Ricardo Gil Laavedra. 



Foto: Jorge Larrosa.

Por el lado de La Libertad Avanza, estuvieron Karina Milei y Santiago Viola, con Santiago Caputo ausente con aviso (el sobrino de Nicky y Toto Caputo venía participando de las reuniones previas con la CNE). Ambos partieron raudos tras el sorteo y la foto de rigor, evitando hacer declaraciones a la prensa. Por el equipo de Massa, firmaron su vocero Santiago García Vazquez y el vicejefe de Gabinete de la Nación y referente del PJ porteño, Juan Manuel Olmos. Los acompañaron Sofía Vanelli, apoderada del Frente Renovador y Brian Gutiérrez, también parte del equipo de campaña.


Con pompa y protocolo de ocasión, las dos bolillas giraron al estilo Feliz Domingo y dejaron definidas las ubicaciones de los candidatos y el orden de exposiciones: Milei ocupará el lugar de la izquierda (del mismo lado del Salón de Actos de la Facultad de Derecho de la UBA se sentarán sus invitados), y comenzará a hablar primero en el minuto de presentación. Pero hubo otros temas en los que no llegó tan pronto la definición, y fueron saldados por los jueces de la CNE. 



Foto: Jorge Larrosa.



El debate del debate

Como informó ayer Página/12 en la nota de Raúl Kollmann, en las reuniones entre la Cámara Nacional Electoral y los equipos de cada candidato para delinear las reglas básicas del debate, hubo puntos en disputa. El principal, el pedido de La Libertad Avanza de que su candidato se apoye en anotaciones y muestre gráficos. Fue una condición en la que Karina Milei insistió especialmente, un punto álgido de debate antes del debate. Finalmente, en un fallo del martes por la noche, la CNE rechazó.


"Leer le quita legitimidad y autenticidad a las palabras. Un candidato se tiene que expresar en su genuina versión y eso sólo se logra desde la oralidad", plantearon desde UxP. Fuera de actas, chicanearon: "Llevar el texto escrito es intelectualmente deshonesto. ¿Cómo saber si lo escribe él, Macri, o quién?


Desde La Libertad Avanza, en tanto, aseguraron que "lo que Karina (Milei, en representación de su hermano) planteó no fue que Javier leyera, sino que llevara un punteo para ordenar ideas. Es algo que se estila en todos los debates del mundo". Aseguran que en los debates anteriores no hubo lectura textual por parte del candidato libertario, un apoyo similar al que solicitaron y finalmente fue negado. 



Foto: Jorge Larrosa.



Libertad sin cámaras 

El principal cambio en la modalidad del debate será el mayor y más sostenido intercambio entre los candidatos: cada uno tendrá un bloque de 6 minutos para hablar, pero no podrá hacerlo por más de 2 minutos, en el medio hará intervenciones del contrincante. También se amplía la libertad de los candidatos para moverse: ya no estarán quietos detrás de su atril sino que podrán desplazarse por el escenario durante su exposición, "a la brasilera". Con una diferencia importante: sólo podrá moverse quien está exponiendo, y en ese momento el otro deberá permanecer tras su atril (en el último debate en Brasil, Jair Bolsonaro utilizó este momento para mostrarse casi patotero acercándose a Lula Da Silva cuando hablaba, al punto que un presentador tuvo que llamarle la atención). 


En las reuniones previas hubo también desacuerdos sobre la forma en que tomarán las cámaras a los candidatos, y en este caso la CNE falló a favor de la postura de Milei. Es que el equipo de Massa pedía que hubiera mayor libertad para que las cámaras tomen a los candidatos. Se resolvió que mientras se exponga en el atril no habrá cámaras cruzadas: cada candidato será tomado únicamente por la cámara que tiene enfrente de sí. 


Al igual que en el debate anterior, en los momentos de exposición las cámaras tomarán únicamente al candidato que hable. Pero cuando haya intercambio y cruces, sí se tomarán las reacciones gestuales del otro candidato. Toda una forma de "decir sin decir" que fue muy resaltada en los debates anteriores.


"Con el nuevo formato, desde el punto de vista de la producción se suman desafíos ahora que hay que seguir a los candidatos en sus movimientos", dice a Página/12 Claudio Martínez, director de la TV Pública, que tendrá a su cargo la transmisión. En esos movimientos hay, admite, un margen mayor de posibilidad de discrecionalidad de parte del director de cámaras, aunque asegura que están dadas las condiciones "para que ninguno se vea beneficiado o perjudicado por el encuadre". En un evento que en su edición anterior tuvo picos de 42 puntos de rating, las novedades se esperan con especial atención. 


Los temas y el despliegue

Los ejes temáticos del debate fueron acordados hace tiempo. Según el sorteo realizado ayer, Massa comenzará a exponer en Relaciones con el Mundo, Producción y Trabajo y Derechos Humanos. Milei lo hará en Economía, Educación y Salud, y Seguridad.


Los moderadores serán los periodistas Luciana Geuna (Canal 13), Pablo Vigna (TV Pública), Érica Fontana (Telefe) y Antonio Laje (América). Solo intervendrán para recordar que el tiempo de exposición no supere los dos minutos. Tendrán, sin embargo, un rol más activo que los de los últimos debates. Es que deberán ordenar los momentos en que los candidatos tengan intercambio entre sí, pudiendo hacerse preguntas o cuestionar las posiciones del otro. 


Como sucedió el 1 y 8 de octubre, la producción y realización de este tercer debate presidencial estará a cargo de la Cámara Argentina de Productoras Independientes de Televisión (Capit), y será televisado en vivo por la Televisión Pública, con la posibilidad de ser retransmitidos por el resto de los canales del país. La TV Pública y RTA son también la unidad ejecutora del debate, con las contrataciones a su cargo. Entre las múltiples dificultades técnicas de la transmisión, que no se realiza desde un estudio sino desde el aula magna de una facultad, hubo que, por ejemplo, apuntalar por debajo todo el escenario, para que pueda sostener el peso de la estructura de luces, pantallas, y escena.   



Publicado en:

https://www.pagina12.com.ar/612395-el-debate-presidencial-promete-alto-voltaje

sábado, 25 de mayo de 2019

El peronismo porteño da muestras de unidad, por "Página 12" del 25-05-19


Claudio Ferreño, Víctor Santa María, Alberto Fernández y Juan Manuel Olmos durante el encuentro en Ferro. 

Dirigentes de todos los sectores estuvieron en un locro patrio junto a Alberto Fernández


La fórmula Fernández-Fernández unió este sábado a peronismo de la Ciudad de Buenos Aires. El punto de encuentro fue el estadio de Ferro, en Caballito, donde dirigentes de todos los espacios peronistas porteños coincidieron para un locro patrio en el marco de la celebración del 209º aniversario de la Revolución de Mayo. Estuvo presente Alberto Fernández, quien encabeza la boleta que completa Cristina Fernández de Kirchner,




A una semana del lanzamiento de la fórmula Fernández, junto al presidente del Partido Justicialista (PJ) en la Ciudad, Víctor Santa María; Juan Manuel Olmos, quien encabeza Nuevo Espacio de Participación (NEP), y Claudio Ferreño, dieron señas de la importancia de la unidad de cara a las elecciones.


Fernández fue el protagonista central del encuentro. Allí, ante la militancia porteña dijo que lo llena de orgullo el que lo comparen con el ex presidente y que como en 2003 afirmó que "otra vez" va a "levantar al país de las cenizas".

El acto tuvo una buena cantidad de dirigentes del peronismo porteño como Carlos Tomada, Víctor Santa María, Eduardo Valdés, Daniel Filmus, Mariano Recalde, Victoria Donda, María Rachid, María Rosa Muiños. También estuvieron dirigentes bonaerenses como Felipe Solá, Sergio Berni, Ginés González García e incluso dirigentes sindicales como Héctor Daer, integrante del binomio que conduce la CGT.


Muiños fue la encargada de abrir los discursos que tuvieron antes la emisión de un par de videos que recordaron al fundador del kirchnerismo. El orador principal fue el ex jefe de Gabinete quien recordó el comienzo de la presidencia de Néstor Kirchner que le sirvió para trazar un paralelismo con el presente. En ese sentido dijo que en 2003 “Duhalde había hecho un enorme trabajo para apagar el incendio; nosotros teníamos que construir sobre las cenizas”. Citó algunas cifras de aquel momento: “Éramos un país con los brazos caídos, uno de cada dos argentinos estaba bajo la línea de pobreza; uno de cada cuatro buscaba trabajo; y el 60 por ciento estaba en la informalidad”. Además, rememoró que “los genocidas andaban por la calle como si nada y la Corte Suprema del menemismo tenía un mecanismo por el cual solamente daba sentencias a favor de los poderosos”.

Para Fernández “este presente se parece mucho al país en cenizas de 2003” y consideró que “no tengo miedo de lo que hay que enfrentar” porque “nos somos improvisados, para eso está el macrismo”. En ese sentido, precisó que “en diciembre tendremos cuatro de cada diez argentinos en la pobreza y Macri dice que estamos cada día mejor”.

De cara al futuro señaló que “lo que viene es muy difícil, pero la política no es un hecho individual” y que “junto a Cristina pondremos otra vez a la Argentina en su lugar en el mundo”. Sobre la fórmula presidencial y su vínculo con el matrimonio Kirchner, apuntó que “no me lastima cuando me dicen que me parezco a Néstor Kirchner, al contrario, me llena de orgullo”.

Su discurso, de no más de diez minutos, giró en gran medida sobre la figura de Néstor Kirchner. “Cuando me tomó juramento como Jefe de Gabinete nos abrazamos y le dije ‘¿Viste que llegamos?’ Él me respondió: ‘Vos estás loco, recién empezamos, ponete a laburar’”. Y, como tal, hizo suya esa frase y consideró que para estos tiempos que se vienen hay que "ponerse a trabajar para recuperar la dignidad”.

Fernández dijo que en 2003 “éramos un país con los brazos caídos y nos habían convencido de que debíamos mucha plata”. Manifestó a su auditorio que “ustedes no tienen idea lo que fue salir de eso, estábamos convencidos de que había que salir del default” y que la clave fue la quita de deuda. “No podíamos pagar más el costo de la salida del default”. En ese punto hizo un reconocimiento a uno de los presentes en Ferro, el ex secretario de Finanzas Guillermo Nielsen, “que negoció la deuda y ayudó a levantar la economía en esos años”.

Por último, remarcó que “lo pudimos hacer” y recordó que luego del primer discurso de Kirchner en 2003 muchos dijeron que "estaba loco" y agregó: "No era locura, lo hicimos. Dejen que crean que estamos locos, vamos a hacerlo otra vez, otra vez vamos a levantarnos de las cenizas, otra vez vamos a sacar a nuestros hermanos de la pobreza y lo voy a hacer con Cristina y con todos ustedes; hoy empezamos”. 

Publicado en:
https://www.pagina12.com.ar/196196-el-peronismo-porteno-da-muestras-de-unidad

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