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lunes, 14 de septiembre de 2026

10 Países Que Confiaron En EEUU Y Terminaron ABANDONADOS

 



IA


Pulso del Frente y 3 más


Confiar en una gran potencia nunca ha significado recibir apoyo ilimitado para siempre.


Las alianzas cambian.


Los gobiernos cambian.


Los intereses estratégicos cambian.


Y cuando el cálculo de una potencia deja de coincidir con el de su aliado, las promesas políticas pueden descubrir de golpe cuánto valían realmente.


En este documental analizamos diez casos en los que países, movimientos o fuerzas locales apostaron su seguridad a una relación con Estados Unidos y terminaron descubriendo los límites de ese compromiso.


Los diez casos de este video:


• Cómo los exiliados cubanos de la Brigada 2506 desembarcaron en Bahía de Cochinos esperando un nivel de apoyo estadounidense que finalmente no llegó

• Por qué los combatientes hmong de Laos quedaron expuestos después de años de cooperación secreta con la CIA cuando Washington puso fin a su participación en Indochina

• Cómo Vietnam del Sur construyó durante décadas unas fuerzas armadas enormes dependientes del apoyo estadounidense y terminó colapsando cuando esa ayuda disminuyó

• Por qué el Sha de Irán pasó de ser uno de los aliados centrales de Washington en Medio Oriente a abandonar el país mientras la revolución derribaba su régimen

• Cómo los chiitas y kurdos iraquíes interpretaron los llamados estadounidenses de 1991 como una señal de respaldo y terminaron enfrentándose solos a la represión de Saddam Hussein

• Por qué los kurdos fueron utilizados repetidamente como socios tácticos en Irak y Siria, pero descubrieron varias veces que los intereses de Washington podían cambiar antes que sus propios objetivos

• Cómo Georgia se acercó profundamente a Estados Unidos y la OTAN, modernizó sus fuerzas y aun así comprobó durante la guerra de 2008 que el apoyo político no equivalía a una garantía militar

• Por qué Ucrania entregó el arsenal nuclear heredado de la Unión Soviética a cambio de compromisos de seguridad que nunca incluyeron una obligación automática de defensa militar

• Cómo miles de intérpretes, contratistas y colaboradores afganos quedaron atrapados en el colapso de Kabul mientras el sistema de evacuación estadounidense intentaba procesar años de solicitudes acumuladas

• Y por qué Taiwán pasó de tener un tratado formal de defensa con Estados Unidos a vivir desde 1979 bajo una política deliberada de ambigüedad estratégica


Estos casos no son idénticos.


Algunos ni siquiera eran tratados formales entre Estados.


Y esa diferencia importa.


Una promesa política.


Una cooperación secreta.


Una declaración presidencial.


Un memorándum.


Un programa de entrenamiento.


Y un tratado de defensa ratificado no significan jurídicamente lo mismo.


Ahí está una de las claves de toda esta historia.


En política internacional existe una enorme diferencia entre recibir apoyo hoy y tener una obligación legal que garantice que ese apoyo seguirá existiendo mañana.


Estados Unidos no es la única potencia que actúa de esta manera.


Las grandes potencias priorizan sus propios intereses.


Cuando mantener una alianza resulta más costoso que modificarla, intentan renegociarla, reducirla o abandonarla.


Para el socio pequeño, el problema aparece cuando construyó toda su seguridad alrededor de la idea de que esa relación sería permanente.


Por eso estos diez casos no cuentan simplemente una historia de “traición”.


Cuentan algo más incómodo:


la diferencia entre ser importante para una potencia y ser indispensable para ella.


Y esa diferencia puede decidir qué ocurre cuando llega una crisis real.

jueves, 3 de septiembre de 2026

EL EJÉRCITO MÁS CARO DEL MUNDO DERROTADO POR CAMPESINOS EN CHANCLETAS

 


El Ejército Más Avanzado Del Mundo Fue Derrotado Por Hombres En Sandalias: 10 Lecciones

IA

 

Clave Internacional y Punto de Tension



Durante veinte años, Estados Unidos desplegó en Afganistán drones, cazas furtivos, helicópteros Apache, inteligencia satelital, fuerzas especiales y uno de los mayores programas de reconstrucción militar de la historia moderna.


Y aun así, en agosto de 2021, los talibanes regresaron a Kabul.


En este documental analizamos diez lecciones que dejó una guerra donde la superioridad tecnológica nunca consiguió convertirse en una victoria política duradera.


Las diez lecciones de este video:


• Por qué la tecnología puede destruir un ejército convencional pero no puede fabricar voluntad política

• Cómo el tiempo terminó jugando a favor de quienes combatían en su propio territorio

• Por qué las guerras que empiezan como operaciones rápidas pueden convertirse en conflictos de décadas

• Cómo la corrupción interna debilitó al ejército afgano mucho antes de su colapso final

• Por qué miles de millones de dólares no lograron crear instituciones con legitimidad suficiente fuera de Kabul

• Cómo un enemigo sin grandes bases, cuarteles ni infraestructura fija resulta extremadamente difícil de destruir

• Por qué matar a Osama bin Laden no resolvió el problema político que mantenía viva la guerra

• Cómo doctrinas diseñadas en Washington perdían efectividad cuando se trasladaban a provincias como Helmand o Kandahar

• Por qué artefactos explosivos de cientos de dólares obligaron a invertir miles de millones en contramedidas

• Y qué enseñan siglos de intervenciones extranjeras fallidas en Afganistán sobre los límites reales del poder militar


Este video no sostiene que los talibanes fueran militarmente superiores a Estados Unidos. En enfrentamientos convencionales, la diferencia tecnológica era enorme.


La cuestión es otra: una guerra no se gana únicamente destruyendo objetivos. Se gana cuando el resultado político por el que comenzaste sigue existiendo después de que tus tropas se marchan.


Afganistán dejó una lección especialmente incómoda: puedes entrenar soldados, entregar armas, construir bases y gastar cantidades extraordinarias de dinero. Lo que no puedes comprar desde fuera es que una sociedad quiera defender el sistema que has construido cuando ya no estás allí.

lunes, 24 de agosto de 2026

El NUEVO Dueño De Medio Oriente Ya No Es EEUU: 10 Movimientos Que Nadie Vio Venir

 




IA

Punto de Tension y El Sistema Explica


Durante décadas, había una regla no escrita en Medio Oriente: cualquier decisión realmente importante terminaba pasando por Washington. Estados Unidos protegía las rutas del petróleo, armaba a sus aliados, mediaba entre enemigos y mantenía bases desde el Golfo Pérsico hasta Afganistán.


Ese mundo está cambiando.


China consigue sentar a Arabia Saudita e Irán en la misma mesa. Xi Jinping llega a Riad entre salvas de cañón y contratos multimillonarios. Irán vende petróleo a China pese a décadas de sanciones. Turquía negocia simultáneamente con Rusia, Occidente y las potencias regionales. Rusia conserva presencia en el Mediterráneo. Y actores mucho más pequeños descubren que controlar unos kilómetros de mar puede valer más que disponer de una enorme flota.


Los diez movimientos de este video:


• Afganistán y los once días que cambiaron la percepción del compromiso estadounidense

• El gigantesco acercamiento económico entre China e Irán

• La diferencia entre la visita de Biden a Riad y la recepción de Xi Jinping meses después

• China convirtiéndose en mediadora entre Arabia Saudita e Irán

• La red regional construida por Teherán durante décadas

• Rusia asegurando una presencia estratégica permanente en el Mediterráneo

• Turquía convirtiendo su ambigüedad entre bloques en una ventaja

• Los Houthis demostrando cuánto puede valer controlar Bab el-Mandeb

• La caída de Assad y el nuevo reparto de influencia sobre Siria

• El petróleo, las nuevas monedas de pago y el futuro de la relación entre Washington y Riad


No hubo una batalla en la que Estados Unidos perdiera Medio Oriente.


Ese es precisamente el punto.


El poder se está redistribuyendo mediante contratos, comercio, energía, bases, rutas marítimas y mediaciones diplomáticas. China no necesita reemplazar cada portaaviones estadounidense para ganar influencia. Le basta con convertirse en el comprador, inversor o intermediario que los gobiernos de la región no pueden ignorar.


El nuevo mapa no tiene un único dueño.


Tiene varios actores compitiendo por llenar los espacios donde antes Washington parecía indispensable.


💬 ¿Cuál de estos diez movimientos crees que cambió más el equilibrio de poder en Medio Oriente?


sábado, 11 de abril de 2026

Timoféi Bordachev: ¿Un nuevo Gran Juego por Asia Central?







en Glenn Diesen Español



9 abr 2026

Timofei Bordachev sostiene que la forma de pensar sobre el Gran Juego del siglo XIX sigue dominando la visión sobre Asia Central, aunque las realidades geopolíticas de esta región están experimentando grandes transformaciones. Bordachev es el Director del Programa del Club de Discusión Valdai y Supervisor Académico del Centro de Estudios Europeos e Internacionales Integrales de la Escuela Superior de Economía de la Universidad Nacional de Investigación.  

Los fantasmas del Gran Juego en Eurasia: https://valdaiclub.com/a/highlights/e...  

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Originally Published on: 2026-04-08

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lunes, 16 de febrero de 2026

Afganistán listo para apoyar a Irán en caso de ataque de EE.UU., por "RT" del 15-02-26


Zabihullah Mujahid, portavoz del Gobierno talibán, en Kabul, Afganistán. 17 de agosto de 2021.

MARCUS YAM / LOS ANGELES TIMES) / Gettyimages.ru


15 feb 2026 

El portavoz del Gobierno talibán afirmó que Teherán volverá a imponerse en caso de que se produzca un ataque estadounidense, como ya ocurrió en la Guerra de los 12 Días.



El principal portavoz del Gobierno talibán en Afganistán, Zabihullah Mujahid, declaró que Kabul está dispuesto a cooperar con la República Islámica de Irán en caso de un potencial ataque militar de Estados Unidos, siempre que Teherán solicite ayuda, según recogieron medios iraníes.


Mujahid afirmó que si se produjera una agresión y llegara una petición de apoyo, Afganistán estaría preparado para colaborar con Irán "en la medida de sus capacidades". El vocero sostuvo que Teherán resultó "victorioso" en la Guerra de los 12 Días con Israel y que, en caso de un ataque estadounidense, volvería a imponerse.


En el contexto más amplio de la presencia de EE.UU. en Oriente Medio, en septiembre Afganistán rechazó la intención del presidente Donald Trump de que el Ejército estadounidense regresara al país y recuperara la base aérea de Bagram, la más grande, según declaró Zakir Jalal, funcionario del Ministerio de Relaciones Exteriores afgano.


Mientras tanto, las tensiones entre EE.UU. e Irán escalaron a principios de enero, tras la amenaza del presidente Trump de proceder a una intervención militar, alegando inicialmente como motivo las protestas internas en Irán. Aunque las manifestaciones cesaron, Washington mantuvo la presión, redirigiendo su argumento hacia los programas nucleares y de misiles de Teherán.

El 6 de febrero se celebró en Mascate, Omán, la primera jornada de contactos indirectos entre EE.UU. e Irán sobre la cuestión nuclear. Las consultas se desarrollaron de forma separada, con el ministro de Relaciones Exteriores de la República Islámica, Seyed Abbas Araghchi, y el enviado especial de la Casa Blanca, Steve Witkoff, reuniéndose por turnos con el canciller omaní, Badr bin Hamad Al Busaidi, que actuó como mediador.


Después del encuentro, Trump aseveró que "Irán parece muy interesado en llegar a un acuerdo". Por su parte, Araghchi también describió el ambiente como "positivo" y confirmó la voluntad de mantener el canal de diálogo abierto. Sin embargo, desde Teherán han asegurado en repetidas ocasiones estar preparados para responder a cualquier "error estratégico" de EE.UU. con golpes "pesados". Además, han advertido que un cese completo del enriquecimiento de uranio es "absolutamente inaceptable" para la nación persa.


El canciller iraní llegó a Ginebra este domingo al frente de una delegación diplomática y técnica para participar en la segunda ronda de negociaciones nucleares y mantener diversas consultas políticas en los próximos días.



Publicado en:

https://actualidad.rt.com/actualidad/587313-afganistan-estar-listos-apoyar-iran

lunes, 8 de diciembre de 2025

GUERRA, PETRÓLEO Y NARCÓTICOS - MICHEL CHOSSUDOVSKY & DRAGO BOSNIĆ


 Donald Trump está decidido a declararle la guerra a Venezuela por supuestamente apoyar el narcotráfico. ¡Tonterías! La agenda militar tácita es que Venezuela es la principal economía mundial en petróleo y gas. "Y queremos el petróleo"... 


Hay otra agenda militar estadounidense tácita: la protección del multimillonario tráfico ilegal de narcóticos.


Narcóticos: dos grandes polos geográficos


Perú, Bolivia y Colombia son los principales productores mundiales de cocaína. 


Afganistán es el productor número uno de opio a nivel mundial: heroína ilegal, morfina y opioides de calidad no farmacéutica.


Inmediatamente después del 11 de septiembre, Estados Unidos y la OTAN lanzaron una invasión total de Afganistán, país al que la administración Bush acusó casualmente de haber atacado a Estados Unidos el 11 de septiembre de 2001.


En el año 2000, el gobierno talibán afgano, con el apoyo de las Naciones Unidas, lanzó una iniciativa para prohibir la producción de opio acompañada de un programa de  sustitución de cultivos por cereales.


¿Uno de los objetivos de la guerra liderada por Estados Unidos y la OTAN contra Afganistán era restaurar y proteger el multimillonario comercio de opio, que se había desplomado (tras la decisión del gobierno afgano) en más del 90 % en 2001?




Resumen realizado por Alberto Portugheis


VER VIDEO DEL REPORTAJE




Publicado en:

https://rumble.com/v72dt68-guerra-petrleo-y-narcticos-michel-chossudovsky-and-drago-bosni.html

miércoles, 27 de agosto de 2025

LOS ALIADOS TERRORISTAS DEL IMPERIO: ESTADOS UNIDOS APOYANDO YIHADDISTAS


La larga historia de Estados Unidos con los aliados yihadistas

24 ago 2025

Seyed Mohammad Marandi es profesor en la Universidad de Teherán y exasesor del equipo de negociación nuclear de Irán. El profesor Marandi expone la larga historia de la alineación de Estados Unidos con grupos yihadistas y la continua destrucción de Siria.

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Originally Published on: 2025-08-24

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viernes, 9 de mayo de 2025

¿La política del terrorismo: Pakistán se condenó a sí mismo? | Dr. Hazrat Bahar

 


Perdió Pakistán el control del terrorismo que creó en nombre de Estados Unidos o la escalada de los últimos días forma parte de la manera en que se lleva a cabo la política del terrorismo regional?  

Para hablar de todo esto, hoy converso con el Dr. Hazrat Bahar. El Dr. Bahar es investigador postdoctoral en el Instituto de Estudios de la Comunicación y los Medios de la Universidad de Leipzig, en Alemania. Su investigación se centra en la transformación del sistema mediático de Afganistán durante las dos últimas décadas y me lo recomendó un amigo cercano como la persona adecuada para analizar la actual crisis entre India y Pakistán desde la perspectiva afgana, ya que la política de la región está inextricablemente interrelacionada.


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Originally Published on: 2025-05-07

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lunes, 14 de abril de 2025

Prof. David N. Gibbs: ¡Ucrania es un Déjà Vu de Afganistán! |

 


Hoy vuelvo a hablar con el Dr. David Gibbs, profesor de Historia en la Universidad de Arizona. Hablamos antes en este canal, pero recientemente me hizo notar una comparación digna de mención, a saber, las sorprendentes similitudes que la guerra actual entre Rusia y Ucrania tiene con la guerra soviético-afgana. En el momento en que tuvo lugar la invasión de 1979, fue vista en Occidente como completamente no provocada y una amenaza sensacional para la seguridad occidental. Ese es el tema de discusión de hoy.


Original Video:    • REVEALED: Ukraine is a Repeat of Afgh...  

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Originally Published on: 2025-04-09

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miércoles, 20 de noviembre de 2024

ACÁ ESTÁ EL LEÓN DE CIRCO...


Marján, el legendario León tuerto del zoológico de Kabul

 

 

domingo, 13 de octubre de 2024

Por qué Afganistán sigue en Guerra, por Rafael González (para "Historia geopolítica")

 






Han pasado más de 2 años desde la salida estadounidense de Afganistán. Los talibanes llegaron poco después y derrocaron al gobierno de Kabul. La mayoría de las fuerzas de seguridad afganas no opusieron resistencia, pero la paz no llega tan fácilmente a un país en guerra durante casi 5 décadas. Incluso ahora, Afganistán vive hostilidades ininterrumpidas. Esta vez, sin embargo, el gobierno talibán está en el punto de mira de su antiguo socio del crimen, un grupo autodenominado Estado Islámico del Gran Jorasán o Isis K para abreviar.


Mientras que los combatientes talibanes han cogido bolígrafos y papeles para realizar tareas administrativas, el Isis K se ha mantenido cerca de sus armas. Afganistán ha sido testigo de unos 400 ataques del ISIS K desde la toma del poder por los talibanes. Es una guerra de la que nadie habla, pero es una guerra al fin y al cabo.


Isis K ha atacado la embajada de Pakistán en Kabul y ha amenazado a China por el trato que da a los musulmanes en la provincia de Xinjiang. Es mucho lo que está en juego, tanto que incluso Estados Unidos se ha aliado con los talibanes para reprimir a Isis K, proporcionándoles apoyo aéreo, entre otras cosas. Así pues, mientras el gobierno talibán ha estado hinchando el pecho y propagando cuentos de valor marcial, está a punto de descubrir que es más fácil conquistar que gobernar.


martes, 17 de mayo de 2022

Noam Chomsky: EE.UU. no quiere una salida diplomática en Ucrania y abre la puerta a la guerra nuclear, por "La Jornada" y "Página 12" del 17-05-22


Noam Chomsky: EE.UU. no quiere una salida diplomática en Ucrania y abre la puerta a la guerra nuclear.


 El mundo en riesgo


En esta entrevista, el reconocido intelectual plantea la necesidad de pelear por una salida negociada urgente a la guerra y analiza cómo Occidente juega con la vida de los ucranianos, y el hambre en todo el mundo, para tratar de acorralar a la Rusia de Putin. 

Por C. J. Polychroniou

17 de mayo de 2022 - 


--La guerra en Ucrania está causando sufrimientos humanos inimaginables, pero también tiene consecuencias económicas globales y es una noticia terrible para la lucha contra el calentamiento global. De hecho, como resultado de los crecientes costos de la energía y las preocupaciones por la seguridad energética, los esfuerzos de descarbonización han pasado a un segundo plano. En Estados Unidos, el gobierno de Biden ha adoptado el lema republicano perfora, nene, perfora, Europa está empeñada en construir nuevos gasoductos e instalaciones de importación, y China planea elevar la capacidad de producción de carbón. ¿Puede usted comentar sobre las implicaciones de estos desafortunados sucesos y explicar por qué el pensamiento cortoplacista sigue prevaleciendo entre los líderes mundiales, aun en un momento en que la humanidad podría estar al borde de una amenaza a nuestra existencia?


--La última pregunta no es nueva. En una forma o en otra, ha surgido a lo largo de la historia. Recordemos un caso que se ha estudiado a fondo: ¿por qué los líderes políticos fueron a la guerra en 1914, con absoluta confianza en su propia rectitud? ¿Y por qué los más prominentes intelectuales en todos los países en guerra se alinearon con apasionado entusiasmo en apoyo de su propio Estado… fuera de un puñado de disidentes, los más destacados de los cuales fueron encarcelados (Bertrand Russell, Eugene Debs, Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht)? No era una crisis terminal, pero era grave.


Este modelo se remonta en el tiempo. Y continúa con poco cambio después del 6 de agosto de 1945, cuando nos enteramos de que la inteligencia humana se había elevado al nivel en el que pronto sería capaz de exterminarlo todo.


Si observamos de cerca el modelo, en el curso de los años, una conclusión parece surgir con claridad: lo que impulsa la política no es la seguridad, al menos no la seguridad de la población, la cual es, cuando mucho, una preocupación marginal. Lo mismo puede decirse de las amenazas a la existencia. Tenemos que buscar en otro lado.


Un buen punto de partida, creo, es lo que parece el principio mejor establecido de la teoría de las relaciones internacionales: la observación de Adam Smith de que los ‘Amos de la Humanidad’ –en su tiempo los comerciantes y fabricantes de Inglaterra– son ‘los principales arquitectos de la política del Estado’. Utilizan su poder para asegurar que sus intereses ‘sean atendidos de la manera más peculiar’, por ‘dolorosos’ que fueran sus efectos sobre otros, entre ellos el pueblo de Inglaterra, pero con más brutalidad las víctimas de la ‘salvaje injusticia de los europeos’. El objetivo particular de Smith era el salvajismo británico en India, entonces en sus primeras etapas, pero ya bastante terrible.


Nada cambia mucho cuando la crisis se vuelve existencial. Los intereses de corto plazo prevalecen. La lógica es clara en los sistemas competitivos, como en los mercados no regulados. Quienes no participan en el juego son excluidos con rapidez. La competencia entre los ‘principales arquitectos de la política’ en el sistema estatal tiene propiedades un tanto similares, pero debemos tener en mente que la seguridad de la población está lejos de ser un principio rector, como la historia muestra con claridad.


Usted tiene razón en cuanto al horrible impacto de la criminal invasión rusa de Ucrania. La discusión en Estados Unidos y Europa se centra en el sufrimiento de Ucrania, lo cual es razonable, mientras aplaude también nuestra política de acelerar la miseria, lo cual no es tan razonable. Volveré sobre ello.



Veamos sólo un ejemplo, la peor crisis humana, de acuerdo con Naciones Unidas: Yemen. Más de 2 millones de niños enfrentan una hambruna inminente, según informa el Programa Mundial de Alimentos. Casi 100 por ciento de sus cereales son importados, de los cuales Rusia y Ucrania aportan la mayor cantidad de trigo y derivados (42 por ciento), además de harina rexportada y trigo procesado para la misma región.


La crisis va mucho más allá. Intentemos ser honestos al respecto: la perpetuación de la guerra es, en términos simples, un programa de asesinato en masa sobre buena parte del Sur global.


Esa es la menor parte. En periódicos supuestamente serios se analiza cómo Estados Unidos podría ganar una guerra nuclear con Rusia. Tales análisis lindan en una locura criminal. Y, por desgracia, las políticas de Estados Unidos y la OTAN proporcionan muchos posibles escenarios para una rápida terminación de la sociedad humana. Para mencionar sólo una, Putin hasta ahora se ha abstenido de atacar las líneas de suministro de armas pesadas a Ucrania. No sería gran sorpresa si eso terminara, lo cual llevaría a Rusia y la OTAN a un conflicto frontal, con un camino fácil hacia una intensificación que bien podría conducir a un rápido adiós.


Más probable, de hecho muy probable, es una muerte más lenta por medio del envenenamiento del planeta. El informe más reciente del PICC dejó en claro que, para que haya alguna esperanza de un mundo habitable, debemos dejar de usar combustibles fósiles ahora mismo, y avanzar con firmeza hasta su pronta eliminación. Como usted señala, el efecto de la guerra actual es poner fin a las de por sí limitadas iniciativas existentes, y de hecho revertirlas y acelerar la carrera hacia el suicidio.


Naturalmente, reina gran jolgorio en las oficinas ejecutivas de los consorcios dedicados a destruir la vida humana en la Tierra. Ahora no sólo están libres de restricciones y de las quejas de molestos ambientalistas, sino que se les elogia por ‘salvar a la civilización’ y reciben estímulos para destruir aún más rápidamente. Ahora se les anima a desperdiciar recursos escasos que se necesitan con desesperación para propósitos humanos y constructivos. Y, al igual que sus socios en la destrucción masiva, las corporaciones de combustibles fósiles, absorben recursos de los contribuyentes.


¿Qué podría ser mejor o, desde una perspectiva diferente, más insensato? Haríamos bien en recordar las palabras del ex presidente Dwight D. Eisenhower en su discurso de la Cruz de hierro de 1953:


“‘Cada arma que se fabrica, cada guerra que se emprende, cada cohete que se dispara significa, en último sentido, un robo a quienes padecen hambre y no son alimentados, quienes padecen frío y no son vestidos. Este mundo en armas no sólo gasta dinero: gasta el sudor de sus trabajadores, el genio de sus científicos, las esperanzas de sus niños. El costo de un bombardero pesado moderno es éste: una moderna escuela de ladrillos en más de 30 ciudades. Es dos plantas eléctricas, cada una capaz de atender a una población de 60 mil personas. Es dos hospitales excelentes, plenamente equipados. Es unos 80 kilómetros de pavimento de pavimento. Pagamos por un solo avión caza con medio millón de bushels de trigo. Pagamos por un solo destructor con nuevas casas que podrían albergar a más de 8 mil personas… Ésta no es una forma de vida, en ningún sentido verdadero. Bajo la nube de la amenaza de guerra, la humanidad pende de una cruz de hierro’.


Estas palabras no podrían ser más apropiadas hoy.



Volvamos a la razón por la que los ‘líderes mundiales’ persisten en este curso insensato. Primero, veamos si podemos ver si alguno de ellos merece ese apelativo, excepto por ironía.


Si los hubiera, estarían dedicados a poner fin al conflicto en la única forma posible: mediante la diplomacia y la capacidad política. Las líneas generales de un acuerdo político se han entendido desde hace mucho tiempo. Las hemos examinado antes y también hemos documentado la dedicación de Estados Unidos (con la OTAN a remolque) para socavar la posibilidad de un acuerdo diplomático, de manera bastante abierta y con orgullo. No debería haber necesidad de revisar de nuevo ese registro funesto.


Un dicho común es que el ‘loco Vlad’ está tan demente, y tan inmerso en sueños guajiros de reconstruir un imperio y tal vez conquistar el mundo, que no tiene caso ni siquiera escuchar lo que dicen los rusos… y sin duda no hay necesidad de considerar un involucramiento diplomático con semejante criatura. Por tanto, no exploremos siquiera la única posibilidad de poner fin al horror y continuemos aumentándolo, sean cuales fueren las consecuencias para Ucrania y para el mundo. Los líderes occidentales, y gran parte de la clase política, están ahora consumidos por dos ideas principales: la primera es que la fuerza militar rusa es tan abrumadora que pronto podría tratar de conquistar Europa occidental, o incluso más allá. Por tanto, tenemos que ‘combatir a Rusia allá’ (con cuerpos ucranianos), de modo que ‘no tengamos que combatir a Rusia aquí’, en Washington, según nos advierte Adam Schmitt, del Partido Demócrata, presidente del Comité Permanente sobre Inteligencia de la Cámara de Representantes.


La segunda es que la fuerza militar rusa ha sido exhibida como un tigre de papel, tan incompetente y frágil, y tan mal conducida, que no puede conquistar ciudades ubicadas a unos kilómetros de su frontera, defendida en gran parte por un ejército de ciudadanos.


Esta última idea es objeto de mucho alarde. La primera inspira terror en nuestros corazones. Orwell definió el ‘pensardoble’ como la capacidad de tener en mente dos ideas contradictorias y creer en ambas, locura sólo imaginable en estados ultratotalitarios.


Si adoptamos la primera idea, debemos armarnos hasta los dientes para protegernos de los planes demoniacos del tigre de papel, aun cuando el gasto militar ruso es una fracción del de la OTAN, incluso sin contar a Estados Unidos. Quienes sufren pérdida de memoria estarían felices de saber que Alemania por fin ha recibido el mensaje, y pronto podría superar a Rusia en gasto militar. Ahora Putin tiene que pensarlo dos veces antes de conquistar Europa occidental.


Para repetir una obviedad, la guerra en Ucrania puede terminar con un acuerdo diplomático, ya sea con rapidez o en una agonía prolongada. La diplomacia, por definición, es un asunto de toma y daca. Cada lado debe aceptarla. De ahí se sigue que, en un acuerdo diplomático, a Putin se le debe ofrecer alguna puerta de escape.


O aceptamos la primera opción o la rechazamos: al menos en eso no hay discusión. Si la rechazamos, elegimos la segunda opción. Puesto que ésta es la preferencia casi universal en el discurso occidental, y sigue siendo la política estadunidense, consideremos lo que implica.


La respuesta es directa: la decisión de rechazar la diplomacia significa que nos involucraremos en un experimento para ver si el perro rabioso irracional se escabullirá silenciosamente, en derrota total, o si empleará los medios con los que sin duda cuenta para destruir a Ucrania y poner el escenario para una guerra terminal.


Y, mientras realizamos este grotesco experimento con las vidas de los ucranianos, nos aseguraremos de que millones mueran de hambre por la crisis alimentaria, jugaremos con la posibilidad de la guerra nuclear, y correremos con entusiasmo hacia la destrucción del ambiente que sostiene la vida.



Por supuesto, es una posibilidad que Putin sencillamente se rinda, y que se abstenga de usar las fuerzas bajo su mando. Y tal vez podamos reírnos simplemente de las perspectivas de recurrir a las armas nucleares. Es concebible, pero ¿qué clase de persona estaría dispuesta a jugarse esa apuesta?


La respuesta es: los líderes occidentales, de modo bastante explícito, junto con la clase política. Eso ha sido obvio durante años, incluso se ha expresado de manera oficial. Y para asegurarse de que todos entendamos, la posición fue reiterada con fuerza en abril pasado, en la primera reunión mensual del ‘grupo de contacto’, que incluye a la OTAN y a los países asociados. La reunión no se realizó en la sede de la OTAN en Bruselas, Bélgica; más bien, se derribaron todas las simulaciones y se llevó a cabo en la Base Ramstein de la fuerza aérea estadunidense en Alemania, técnicamente territorio alemán, pero que en el mundo real pertenece a Estados Unidos.


El secretario de la Defensa Lloyd Austin abrió la reunión declarando: ‘Ucrania cree sin duda que puede ganar, y así lo creemos todos los aquí presentes’. Por tanto, los dignatarios reunidos no deberían titubear en enviar armamento avanzado a Ucrania y persistir en los otros programas que, anunció con orgullo, llevarán de hecho a Ucrania al sistema de la OTAN. En su sabiduría, los dignatarios asistentes y su líder garantizan que Putin no reaccionará en las formas en que todos sabemos que puede hacerlo.


La historia de la planeación militar durante muchos años, de hecho siglos, indica que ‘todos los aquí presentes’ tienen en efecto esas notables creencias. Sea que las tengan o no, sin duda están dispuestos a llevar a cabo el experimento con las vidas de los ucranianos y el futuro de la vida en la Tierra.


Puesto que se nos asegura con tanta autoridad que Rusia observará de manera pasiva todo esto sin reaccionar, podemos dar otros pasos para ‘integrar de facto a Ucrania a la OTAN’, de acuerdo con los objetivos del ministerio ucraniano de defensa, estableciendo ‘plena compatibilidad del ejército ucraniano con los de los países de la OTAN’, y garantizando que no pueda alcanzarse un acuerdo diplomático con ningún gobierno ruso, a menos que de algún modo se convierta a Rusia en satélite estadunidense.


La actual política estadunidense prevé una guerra prolongada para ‘debilitar a Rusia’ y asegurar su derrota total. Esta política es muy similar al modelo afgano de la década de 1980, que, de hecho, ahora es postulado explícitamente en los altos círculos, por ejemplo por la ex secretaria Hillary Clinton.


Puesto que es cercana a la política actual del país, incluso un modelo funcional, vale la pena observar lo que en realidad ocurrió en Afganistán en la década de 1980, cuando Rusia lo invadió. Por fortuna, hoy tenemos un recuento detallado y autorizado hecho por Diego Cordovez, quien dirigió los exitosos programas de la ONU que pusieron fin a la guerra, y por el distinguido periodista y académico Selig Harrison, quien tenía extensa experiencia en la región. Ambos autores ya fallecieron.


El análisis Cordovez-Harrison derriba por completo la versión recibida. Los autores demuestran que la guerra fue concluida por una cuidadosa diplomacia dirigida por la ONU, no por la fuerza militar. La política estadunidense de movilizar y financiar a los islamitas más radicales para combatir a los rusos significó, concluye el análisis, ‘combatir hasta el último afgano’, en una guerra subrogada para debilitar a la Unión Soviética. ‘Estados Unidos hizo todo lo posible por evitar que la ONU participara’, es decir, para evitar los cuidadosos esfuerzos diplomáticos que acabaron con la guerra.


La política estadunidense retrasó la retirada rusa que se había considerado desde poco después de la invasión, la cual, mostraron los autores, tenía objetivos limitados, sin parecido alguno con los espantosos objetivos de conquista mundial que conjuraba la propaganda estadunidense. ‘Claramente la invasión soviética no era el primer paso en un plan maestro expansionista de un liderazgo unido’, escribió Harrison, confirmando las conclusiones del historiador David Gibbs, basado en archivos soviéticos revelados.


El principal directivo de la CIA en Islamabad, quien encabezó en persona las operaciones, expresó con sencillez el objetivo principal: la idea era matar soldados rusos; dar a Rusia su Vietnam, como proclamaron altos funcionarios estadunidenses, revelando la colosal incapacidad de entender nada sobre Indochina que fue la marca de la política estadunidense a lo largo de décadas de matanzas y destrucción.



Cordovez y Harrison escribieron que el gobierno estadunidense ‘estuvo dividido desde el principio entre los desangradores, que querían que las fuerzas soviéticas permanecieran atascadas en Afganistán y de ese modo vengarse por Vietnam, y los negociadores, que querían forzar su retirada mediante una combinación de diplomacia y presión militar’. Es una distinción que aparece muy a menudo. Los desangradores por lo regular ganan y causan inmenso daño. Para ‘el que decide’, para tomar la definición que George W. Bush hacía de sí mismo, es más seguro verse rudo que blando.


Afganistán es un buen ejemplo. En el gobierno de James Carter, el secretario de Estado Cyrus Vance era un negociador, quien sugería acuerdos de largo plazo que casi sin duda habría evitado, o por lo menos reducido en gran medida, lo que tenía el propósito de ser una intervención limitada. El consejero de Seguridad Nacional Zbigniew Brzezinski era el desangrador, empeñado en la venganza por Vietnam, cualquier cosa que eso significara en esa visión confusa del mundo, y matar rusos, algo que entendía muy bien y disfrutaba.


Brzezinski prevaleció. Convenció a Carter de enviar armas a la oposición que buscaba derrocar al gobierno pro ruso, anticipando que los rusos serían arrastrados a un lodazal semejante a Vietnam. Cuando eso ocurrió, apenas podía ocultar su regocijo.


Cuando, tiempo después, se le preguntó si sentía remordimientos, la pregunta le pareció ridícula. Su éxito en atraer a Rusia a la trampa afgana, afirmó, fue la causa del colapso del imperio soviético y del fin de la guerra fría, lo cual, en gran medida, es un absurdo. Y a quién le importa si dañó a ‘algunos musulmanes agitados’, como el millón de cadáveres, haciendo a un lado incidentes como la devastación de Afganistán y el surgimiento del islam radical.


Hoy se maneja públicamente la analogía afgana y, lo que es más importante, se lleva a la práctica en la política.


La distinción entre desangradores y negociadores no es nada nueva en los círculos de la política exterior. Un ejemplo famoso de los primeros días de la guerra fría es el conflicto entre George Kennan (negociador) y Paul Nitze (desangrador), ganado por este último, lo cual sentó las bases para muchos años de brutalidad y casi destrucción. Cordovez y Harrison respaldaron explícitamente el enfoque de Kennan, con abundante evidencia.


Un ejemplo cercano a Vance-Brzezinski es el conflicto entre el secretario de Estado William Rogers (negociador) y el consejero de Seguridad Nacional Henry Kissinger (desangrador) sobre la política hacia Medio Oriente en los años de Richard Nixon. Rogers propuso soluciones diplomáticas razonables al conflicto entre Israel y los árabes. Kissinger, cuya ignorancia sobre la región era monumental, insistió en la confrontación, y ello llevó a la guerra de 1973, que Israel ganó por escaso margen con una seria amenaza de guerra nuclear.


Estos conflictos son permanentes, casi. Hoy sólo quedan desangradores en los puestos altos. Han llegado al extremo de promulgar una Ley de Préstamos y Arrendamientos para Ucrania, aprobada casi por unanimidad. La terminología evoca la memoria del enorme programa de préstamos y arrendamientos que metió a Estados Unidos en la guerra europea (como se pretendía) y vinculó los conflictos en Europa y Asia en una Guerra Mundial (lo que no se pretendía). ‘El programa de Préstamos y Arrendamientos unió las luchas separadas en Europa y Asia para crear, hacia finales de 1941, lo que con propiedad llamamos la Segunda Guerra Mundial’, escribe el historiador Adam Tooze. ¿Es esto lo que queremos en las actuales circunstancias, muy diferentes?


Si lo es, como parece, por lo menos reflexionemos en lo que implica. Es lo bastante importante para repetirlo.


Implica que rechazamos de entrada las iniciativas diplomáticas que en realidad pusieron fin a la invasión rusa de Afganistán, pese a los esfuerzos estadunidenses por impedirlo. Por tanto, nos embarcamos en un experimento para ver si la integración de Ucrania en la OTAN, la derrota total de Rusia en Ucrania y otros movimientos posteriores para ‘debilitar a Rusia’ serán observados de manera pasiva por los líderes rusos, o si recurrirán a medios de violencia que sin duda poseen para devastar a Ucrania y poner el escenario para una posible guerra general. Entre tanto, al extender el conflicto en vez de tratar de ponerle fin, imponemos severos costos a los ucranianos, empujamos a millones de personas a morir de hambre, lanzamos al planeta ardiente aún con más rapidez hacia la sexta extinción en masa, y –si tenemos suerte– escapamos a la guerra terminal.


No hay problema, nos dicen el gobierno y la clase política. El experimento no conlleva riesgo porque sin duda los líderes rusos aceptarán todo esto con ecuanimidad, y pasarán sin chistar al cenicero de la historia. En cuanto al ‘daño colateral’, pueden unirse a las filas de los ‘musulmanes agitados’ de Brzezinski. Para tomar prestada la frase que Madeleine Albright hizo famosa: ‘Es una elección difícil, pero el precio… pensamos que el precio vale la pena’.


Por lo menos, tengamos la honestidad de reconocer lo que hacemos, con ojos abiertos.


--Las emisiones globales se elevaron a un nivel sin precedente en 2021, de modo que el mundo regresó a un enfoque de normalidad una vez que lo peor de la pandemia de covid-19 se aquietó… por ahora. ¿Qué tan arraigada está la conducta humana? ¿Somos capaces de tener deberes morales hacia la gente del futuro?


--Es una pregunta profunda, la más importante que podemos contemplar. La respuesta es desconocida. Podría ser útil reflexionar en ella en un contexto más amplio.


Consideremos la famosa paradoja de Enrico Fermi: en palabras simples, ¿dónde están? Fermi, distinguido astrofísico, sabía que había un enorme número de planetas a distancia de un contacto potencial que reúnen las condiciones para sostener la vida y una inteligencia superior. Pero ni con la búsqueda más asidua podemos encontrar rastros de su existencia. Entonces, ¿dónde están?


Una respuesta que se ha propuesto con seriedad, y que no puede desecharse, es que la inteligencia superior se ha desarrollado en innumerables ocasiones, pero ha resultado ser letal: descubrió los medios para la auto aniquilación, pero no desarrolló la capacidad moral para evitarla.


Tal vez ése es incluso un rasgo inherente a lo que llamamos ‘inteligencia superior’.


Ahora estamos comprometidos en un experimento para determinar si este sombrío principio se sostiene con respecto a los humanos modernos, llegados a la Tierra en fecha bastante reciente, hace unos 200 mil o 300 mil años, un parpadeo en el tiempo evolutivo. No queda mucho tiempo para encontrar la respuesta o, con más precisión, para decidir la respuesta, como lo haremos, de una forma u otra. Eso es inevitable. O actuaremos para mostrar que nuestra capacidad moral llega al punto de controlar nuestra capacidad técnica de destruir, o no.


Un observador extraterrestre, si lo hubiera, habría concluido por desgracia que la franja es demasiado inmensa para evitar el suicidio de la especie, y con él, la sexta extinción en masa. Pero podría estar equivocado. Esa decisión está en nuestras manos.


Existe una forma aproximada de medir la franja entre la capacidad de destruir y la capacidad de contener el deseo de morir: el Reloj del Día del Juicio del Boletín de Científicos Atómicos. La distancia de las manecillas a la medianoche se puede considerar una indicación de esa franja. En 1953, cuando Estados Unidos y la Unión Soviética hicieron estallar armas termodinámicas, el minutero se fijó en dos minutos para la medianoche, que es donde el reloj está ahora. No volvió a llegar a ese punto hasta el periodo de Donald Trump en la presidencia. En su último año, los analistas abandonaron los minutos y pasaron a los segundos: 100 segundos para la medianoche, donde el reloj está ahora. El próximo enero volverán a fijar la hora. No es difícil argumentar que el segundero se adelantará más hacia la medianoche.


La sombría pregunta surgió con brillante claridad el 6 de agosto de 1945. Ese día aportó dos lecciones: 1) la inteligencia humana, en su gloria, se acercaba a la capacidad de destruirlo todo, logro que se alcanzó en 1953; y 2) la capacidad moral humana iba muy rezagada. A pocos les importaba eso, como las personas de mi edad recordarán muy bien. Al observar el pavoroso experimento en el que con tanto entusiasmo estamos metidos ahora, y lo que implica, es difícil ver alguna mejoría, por decirlo en términos escuetos.


Eso no responde la pregunta. Conocemos muy poco para responderla. Sólo podemos observar de cerca el único caso de inteligencia superior que conocemos, e inquirir lo que sugiere con respecto a la respuesta.


Lo que es más importante: podemos actuar para decidir la respuesta. Está en nuestro poder lograr la respuesta que queremos, pero no hay tiempo que perder.


*De La Jornada de México, especial para Página/12. Esta nota fue publicada originalmente en Truthout. Traducción: Jorge Anaya


Publicado en:

https://www.pagina12.com.ar/422202-noam-chomsky-ee-uu-no-quiere-una-salida-diplomatica-en-ucran

sábado, 4 de septiembre de 2021

Luego de la URSS y EE UU, ahora China: el suelo afgano codiciado por su formidable reserva de minerales, por Andrés Gaudin (para "Tiempo Argentino" del 28-08-21)

 


Foto: Ahmad Sahel Arman / AFP

Cobre, hierro, “tierras raras” y litio, además de oro, plata y zinc, en Afganistán. Descubiertos por los soviéticos, desarrollados por los norteamericanos: los asiáticos apuestan al futuro tecnológico.

28/08/2021


Por: Andrés Gaudin


Pese a la avalancha informativa que se precipitó en los últimos días, sólo quedó claro, y no mucho más, que Afganistán está enclavado en un territorio árido y montañoso dominado por el macizo del Hindu Kush, la segunda cadena montañosa más alta del mundo, y que sus casi 37 millones de habitantes son musulmanes, severos observantes de la Sharía, la ley islámica donde todo está dicho y prescripto. Conocimientos escolares, podría decirse. Encrucijada entre Asia y Europa, el país no ha sido históricamente codiciado, sólo y nada más que por su ubicación geográfica, sino por su formidable reserva de minerales. Por más que se dieron múltiples explicaciones políticas, las intervenciones militares de la Unión Soviética (1979-1989) y Estados Unidos (2001-2021) apuntaron en esa dirección.


En su década de intervención, los científicos de Moscú establecieron que la potencialidad mineral afgana era infinitamente mayor a lo previsto, pero en los últimos años de presencia soviética, cuando ya se veía el fin, no hubo tiempo de hacer, siquiera, alguna prospección. En la salida urgente de 1989, la documentación producida quedó inexplicablemente olvidada en algún despacho del palacio de gobierno de Kabul. En 2001, con el inicio de los 20 años de intervención norteamericana, la CIA se hizo de esos papeles, que en 2006 fueron enriquecidos por el Geological Survey. Sus expertos establecieron que el subsuelo afgano contenía 600 millones de toneladas de cobre, 2,2 millones de toneladas de mineral de hierro, 1,4 millones de toneladas de “tierras raras”, más litio, oro, plata, zinc, bauxita…


En medio de un mundo que al menos en teoría se propone dejar atrás la era del petróleo y el gas, los combustibles fósiles fuente primera de contaminación atmosférica, Afganistán tiene todo lo necesario para quien quiera portarse bien, y quien parece estar más cerca de hacerse de sus yacimientos es China. Tiene el cobre, básico en la producción de cables eléctricos; el litio, necesario para las baterías recargables en las que se almacenará la energía de los nuevos futuros tiempos; y las tierras raras, un grupo de 17 elementos esenciales para la construcción de los paneles de los parques solares y los generadores de energía eólica, así como para el desarrollo de los automóviles eléctricos. China, junto con Australia y la República Democrática del Congo, son hoy las potencias en materia de litio y tierras raras.


Las riquezas del subsuelo han sido siempre –explotación, guerras y masacres– el blanco de las potencias. Por el petróleo se han arrasado todas las democracias. Llegó ahora el tiempo del litio y las tierras raras, y sin tirar ni una sola bala China, la gran potencia emergente, está negociando o ya se quedó con los yacimientos conocidos. Negocia con Bolivia, dueño de la mayor reserva mundial. En Groenlandia ya explota “tierras raras” de los bordes del Círculo Polar Ártico. Como además es dueña en su propio territorio de las minas de Bayan Obo, la más grande reserva mundial, ha ganado un poder de suministro único. Hoy, EE UU y Europa dependen (82 y 98%) de la provisión de tierras raras suministrada por China. Sería como decir que el desarrollo de Occidente está sujeto a la potencia de Oriente.


Así, con unos buenos modales que contrastan con los bombardeos soviéticos o norteamericanos, China parece haberse ganado la simpatía de los talibanes, que no ignoran que además de sus minerales la potencia asiática tiene otros intereses, geoestratégicos estos. China comparte con Afganistán una frontera mínima de apena 210 kilómetros de largo, el Corredor de Wakhan. Se trata de un terreno complicado para las construcciones viales pero de una situación geográfica vital para la seguridad y la viabilidad del Corredor Económico China-Pakistán, una parte decisiva de la Nueva Ruta de la Seda, el ambicioso complejo carretero-ferroviario-marítimo en el que China trabaja para unir sus puertos con el extremo occidental europeo. En todos los rubros minerales estratégicos, China, que es la única potencia que no se ensució las manos en una aventura intervencionista afgana, lleva la delantera. Es la que suministra lo que ni EE UU ni Europa producen y la única que ya introdujo sus empresas en el territorio que ahora es el califato de los talibanes. Quien quiera meterse en el negocio deberá tener en cuenta las predicciones de la Agencia Internacional de Energía, que estima que se necesita un promedio de 16 años desde el descubrimiento de un yacimiento de litio o tierras raras para que una mina empiece a producir. Además del tiempo de espera se requieren una gran inversión y unos conocimientos técnicos que, por ahora, China domina plenamente, aunque valiéndose de técnicas altamente contaminantes.


Asistencia


Antes, mucho antes de la deshonrosa fuga de las tropas norteamericanas y sus fieles socios occidentales, China ya estaba a la vuelta de la esquina, esperando el momento para hincarle el diente al subsuelo afgano. Desde 2008 tenía una concesión para explotar durante 20 años la gigantesca mina de cobre de Aynak, una región árida situada 30 km al sur de Kabul. No es poco pero el gigante aspira y apunta hacia infinitamente más: al litio, el hierro, el aluminio, el oro, la plata, el zinc, el mercurio, las piedras preciosas y otras tantas riquezas. Y sobre todo a las reservas de las caprichosamente llamadas “tierras raras”, un conjunto de 17 elementos estratégicos de nombre desconocido fuera de los ateneos científicos.


El 18 de agosto, sólo tres días después de la caída de Kabul, China reveló que ya había tenido contactos con los talibanes para ofrecerles su “asistencia” en la etapa de desarrollo minero que se avecina.  Al igual que en Groenlandia, donde entró con el Shenghe Resource Holding y la Greenland Minerals (en este caso asociada con mineras australianas), no necesitó hacer ni estudios de factibilidad, se apoya en las investigaciones previas ordenadas y financiadas por sus competidores. Para este caso, tanto la extinta URSS como EE UU, ambos invasores que intentaron hacerse de los minerales afganos y sólo ejecutaron un genocidio y cosecharon una formidable patada en el traste.



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https://www.tiempoar.com.ar/mundo/luego-de-la-urss-y-ee-uu-ahora-china-la-tierra-codiciada-por-su-formidable-reserva-de-minerales/