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viernes, 16 de enero de 2026

China responde con contundencia al secuestro del presidente de Venezuela, por Kurt Grötch (para "redcomsur" del 10-01-26)



 

10 Enero 2026  

Para los que creen que China se quedó de brazos cruzados ante la grave violación al Derecho Internacional perpetrado por el  imperialismo norteamericano con el secuestro del presidente Venezolano, Nicolás Maduro Moros, con la confesa intención de apropiarse de la mayor reserva de petróleo del mundo, que pertenece al país caribeño.


Posteado en Facebook por Ignacio Ramonet


   


Por el  Dr KURT GRÖTSCH (*)


China condenó el secuestro y violación de la soberanía de Venezuela enérgicamente. Sin grandes poses grandilocuentes al estilo de Trump y Macron. Ha tomado una serie de medidas entendiendo que los EEUU ha definido el control del petróleo venezolano como una forma de detener la presencia de China en América del Sur y detener su imparable desarrollo.


China ha tomado una serie de medidas que apuntan a la línea de flotación del imperio norteamericano porque la agresión a Venezuela es una declaración de guerra a la propuesta de un mundo multipolar y a los BRICS.


Comité permanente del Politburó chino


A Pocas horas de conocerse la noticia del secuestro del Presidente Maduro, Xi Jinping convocó una reunión de emergencia del Comité Permanente del Poliburo que duró exactamente 120 minutos, no hubo comunicados ni amenazas diplomáticas, hubo el silencio que precede a la tormenta, porque esa reunión activó lo que los estrategas Chinos llaman Respuesta Integral Asimétrica, con el fin de responder a una agresión a los socios del Hemisferio Occidental y Venezuela es la cabeza de playa para América Latina en el "patio trasero” de los EEUU.


Banco Popular chino


La primera fase de la respuesta China se activó a las 9:15 de la mañana del 4 de enero cuando el Banco Popular de China anunció discretamente la suspensión temporal de todas las transacciones en Dólares Americanos, con corporaciones que tuvieran vínculos con el sector de defensa yanqui., Boeing, Lockheet Martin, Raytheon, General Dinámica despertaron ese jueves con la noticia de que todas sus transacciones con China habían sido congeladas sin aviso previo. A las 11:43 del mismo día la State Gris Corporation of China que controla la red eléctrica más grande del planeta anunció la revisión técnica de todos sus contratos con proveedores Americanos de equipos eléctricos lo que implica que China se desacopla de la tecnología Americana.


Edicifio de la China National Petroleum Company en Beijin


A las 2:17 de la tarde China, la National Petroleum Corporation, la petrolera estatal más grande del mundo anunció la Reorganización Estratégica de sus rutas de suministro global lo que significa que se ha reactivado el arma energética, lo que significa la anulación de contratos de suministro de petróleo con refinerías Americanas por un valor de 47 mil millones de Dólares anuales, ese petróleo que llegaba de la costa Este de EEUU fue redirigido a la India, Brasil Sudáfrica y otros socios del Sur Global lo que determinó que los precios del petróleo se dispararon 23% en una sola sesión de Trading. Pero lo más importante es el mensaje estratégico: China puede estrangular energéticamente a EEUU sin disparar un solo tiro.


Portacontenedor de China Ocean Shiping Company


En otra jugada la China Ocean Shiping Company, que controla aproximadamente 40% de la capacidad de transporte marítimo global, implementó o que llamó Optimización de Rutas Operativas lo que significa que los cargueros chinos han empezado a evitar usar los puertos Americanos: Long Beach, Los Angeles, Nueva York, Miami que dependen de la logística naval China para mantener sus cadenas de suministro se encontraron súbitamente sin el 35% de su tráfico normal de contenedores, una catástrofe para Walmart, Amazon, Target...que dependen de barcos chinos para su importación de productos manufacturados en China para puertos Americanos vieron su cadena de suministros colapsados parcialmente en cuestión de horas.


Lo más impactante de todas estas medidas fue el "Timing' aplicado simultáneamente,  que crearon un efecto cascada que amplificó exponencialmente el impacto económico; no fue una escalada gradual, fue un Shock Sistémico diseñado para anular la capacidad Americana de respuesta.


Logo de los BRICS


No había terminado de asimilar el gobierno yanqui el golpe cuando China activa un nuevo paquete de medidas: la movilización del Sur Global, a las 4:22 del mismo día 4 de enero el ministro de relaciones exteriores Chino Wang Yi ofrece a Brasil, India, Sudáfrica, Irán, Turquía, Indonesia y otros 23 países términos comerciales preferenciales inmediatos para cualquier país que se comprometiera públicamente a no reconocer ningún gobierno venezolano que llegara al poder de la mano criminal de los EEUU.


En menos de 24 horas 19 países habían aceptado la oferta, Brasil fue el primero, seguido de la India, Sudáfrica y México y eso es la materialización práctica del Mundo Multipolar en Acción. China ha logrado una coalisión antinorteamericana instantánea usando el arma de los incentivos económicos.





La guinda del pastel legó el 5 de enero cuando Beijin activó el arma financiera: el sistema de pagos interbancaria transfronterizos de China anunció que estaba expandiendo su capacidad operativa para absorber cualquier transacción Global que quisiera evitar el sistema SWIFT controlado por Washington lo que significa que China ha dispuesto una alternativa al mundo completamente funcional al sistema financiero Occidental. Cualquier país, corporación, banco, que quiera comerciar sin depender de la infraestructura financiera americana podía usarlo usando el sistema chino más barato y rápido en un 97%. La respuesta fue inmediata y masiva, en las primeras 48 horas de operación se procesaron transacciones por valor de 89 mil millones de Dólares. Bancos Centrales de 34 países abrieron cuentas operativas en el sistema Chino lo que significa una desdolarización acelerada de una de las fuentes más importantes del financiamiento de los EEUU.


Multinacionales de la tecnología


En el frente tecnológico, China, que controla el 60% de la producción mundial de tierras raras, elementos críticos para la fabricación de semiconductores y componentes electrónicos anunció restricciones temporales a la exportación de tierras raras hacia cualquier país que hubiese apoyado el secuestro del Presidente Nicolás Maduro. Apple, Microsoft, Google, Intel; todas las gigantes tecnológicas Americanas que dependen de las cadenas de suministro Chinas para componentes críticos, andan asustadas ya que sus sistemas de producción podrían colapsar en cuestión de semanas.


Cada movimiento Chino golpea el corazón económico del imperio norteamericano.


¿Que ha hecho China a favor de Venezuela? preguntan amigos y enemigos del gobierno. Lo precedente, es la explicación de que sin declarar la guerra China actúa.


 


(*) KURT GRÖTSCH es licenciado en Filología y Psicología, doctor por la Universidad Nürnberg, MBA por ESDEN, Madrid, y portador de la Federal Cruz de Mérito de Alemania. Inició su investigación sobre las experiencias y las emociones en cultura y turismo en los años 1990, presentando su enfoque de Emotionware en el Congreso TILE (Trends in Leisure and Entertainment, Estrasburgo, 1998. Es docente y ponente, tanto en la Universidad de Erlangen-Nürnberg, como en numerosas Universidades y centros de investigación en Europa, Asia y LATAM. En 1982 fundó el Instituto de Franconia para la Comunicación. En 1987 dirige el Centro Cultural Tandem (Madrid); en 1993 es director general de Marketing de El Parque de los Descubrimientos (Sevilla) y Chief Project Manager del parque temático de la Exposición Universal de Hannover en 2000. En 1998 fundó la empresa Trillennium y la Escuela de Emprendizaje. Desde 2006 es director del Museo del Baile Flamenco Cristina Hoyos (Sevilla). Es socio de diferentes asociaciones turísticas y culturales, miembro de la Comisión de Industrias Culturales de la CEA, Fundador y CEO de la Empresa Chinese Friendly International en 2011, posteriormente Silk Road Ex-perience Group.


Es cofundador y vicepresidente de Cátedra China, y embajador de la Minzu University of China.



Publicado en:

https://redcomsur.ar/noticias/2976-china-responde-con-contundencia-al-secuestro-del-presidente-de-venezuela.html

miércoles, 11 de enero de 2023

La nueva ultraderecha y la rebelión de las masas conspiranoicas, por Ignacio Ramonet (para “Agencia Telam” del 10-01-23)





NOTA DE AGENCIA TELAM


Hasta ahora la extrema derecha tomaba el poder mediante golpes de Estado directamente realizados por las fuerzas armadas o por un partido extremista de tipo paramilitar apoyados por las fuerzas armadas. Lo nuevo es que ahora es capaz de organizar insurrecciones populares como herramienta golpista para la conquista del poder. 



Decía Lula el pasado domingo 8 de enero, cuando aún las turbas extremistas de los revoltosos bolsonaristas seguían ocupando y destrozando las tres sedes del poder en Brasilia, que "nunca la izquierda tomó por asalto las sedes del Congreso, del Tribunal Supremo y de la Presidencia", ni siquiera cuando él mismo perdió, en circunstancias discutibles, varias elecciones presidenciales (1989, 1994, 1998), o cuando lo encarcelaron con falsos pretextos para impedir que se presentase a las elecciones de 2018... 


Con esa declaración, el nuevo presidente de Brasil y líder máximo del Partido de los Trabajadores subrayaba el carácter disciplinado y democrático de las masas izquierdistas y, sobre todo, el sentido de responsabilidad de los líderes de la izquierda que, en sistemas democráticos, nunca llamaron a la legión de sus partidarios a tomar por asalto el poder. 

En la historia de la izquierda mundial eso no siempre fue así. Basta recordar dos asaltos fundadores llevados a cabo por las masas populares sublevadas durante las dos principales revoluciones de la historia: la toma de la Bastilla (1789) en la revolución francesa, y el asalto al Palacio de invierno (1917) en la revolución rusa. 


Claro, en ambos casos se trataba de insurrecciones populares contra poderes autocráticos: el del rey Luis XVI en Francia, y el del zar Nicolás II en Rusia. No contra regímenes democráticos. Por consiguiente, Lula tiene razón. 

Pero otra observación que se podría hacer es que tampoco, nunca, masas de sediciosos de ultraderecha se habían lanzado al asalto insurreccional del poder. Hasta ahora la extrema derecha tomaba el poder mediante golpes de Estado directamente realizados por las fuerzas armadas o por un partido extremista de tipo paramilitar (como los fascistas de Benito Mussolini en Italia en 1922 o los nacional-socialistas de Adolfo Hitler en Alemania en 1933) apoyados por las fuerzas armadas.


Lo nuevo -como ocurrió en particular el 6 de enero de 2021 en Washington con el asalto al Capitolio, y el 8 de enero de 2023 en Brasilia con el asalto a las sedes de los Tres Poderes-, es que ahora la nueva ultraderecha es capaz de organizar insurrecciones populares como herramienta golpista para la conquista del poder. O sea, es como si, de pronto, la rebeldía se hubiera vuelto de derechas (1)...¿Qué ha ocurrido para que algo semejante sea posible? Es lo que he tratado de explicar en mi reciente libro "La era del conspiracionismo" (2). Una era en la que las redes sociales ejercen una influencia mental y psicológica como nunca antes la tuvieron la prensa, la radio, el cine o la televisión. En el nuevo universo de los memes y de la posverdad es cada vez más difícil distinguir lo cierto de lo falso, la realidad de la ficción, lo auténtico de lo manipulado, lo seguro de lo probable, lo cómico de lo serio, lo objetivo de lo subjetivo, lo bueno de lo malo, lo verdadero de lo dudoso... Este flagelo de las falsedades en línea favorece la difusión de teorías conspiracionistas delirantes. Lo cual está erosionando a pasos agigantados los cimientos de la democracia. 

Lo que está ocurriendo es semejante, en cierta medida, a lo que Sigmund Freud llamó, en 1930, el malestar en la cultura (3). En el fondo, el asalto de los trumpistas al Capitolio de Washington y el ataque de los bolsonaristas contra las sedes de los Tres Poderes en Brasilia constituyen los ejemplos más elocuentes y significativos del malestar actual de nuestra civilización basada, en principio, en los valores democráticos pero también en las tecnociencias, la razón y el progreso...que también están en crisis. 

El desconcierto actual del capitalismo neoliberal sumado a la turbación que provoca la aceleración desbocada de las tecnologías de la comunicación están abriendo un período sin precedentes de inestabilidad social, de extrema polarización y de gran confusión política. La desconfianza en el sistema dominante no cesa de extenderse. En Estados Unidos, diversas investigaciones sociológicas recientes revelan que más del 25% de los ciudadanos están dispuestos a renunciar a la democracia en favor de un líder dominador que "haga lo que hay que hacer"... Se estima que por lo menos el 50% de los votantes republicanos aceptaría un régimen autoritario, no democrático... Y en Brasil, apenas el 20% de los ciudadanos cree que la democracia puede resolver los problemas del país... 

Mucha gente, incluso desde la derecha (4) (que es lo nuevo), está buscando alternativas antisistema. Y todos estos procesos se han visto intensificados estos dos últimos años por la pandemia mundial de Covid. El ataque al Capitolio de Washington y el asalto a los Tres Poderes de Brasilia se inscriben en este clima de época marcado también por la polarización extrema, la intolerancia social, los discursos de odio, las obsesiones complotistas y la violencia discursiva. 

Como escribe el politólogo argentino José Natanson: "Muchas cosas tienen que pasar para que una cosa semejante ocurra.(5)" Aunque la relación entre un clima social y un episodio criminal nunca es automática ni lineal. Porque no existe determinismo sociológico absoluto, y porque el contexto socio-económico nunca determina completamente. Pero no hay duda de que crea la atmósfera y el ambiente que permiten explicar y dar sentido a las acciones de los agentes sociales. En este caso, los delirios paranóicos verbales de Trump y de Bolsonaro, sus mentiras constantes, sus chifladconspiranóicas aceleraron un fenómeno político muy contemporáneo: la polarización social extrema, el aumento de la intolerancia, el auge de la confrontación violenta y la invocación del odio como discurso dominante. Por eso muchedumbres populares son ahora seducidas por el discurso de la ultraderecha racista que destruye su conciencia de clase. La contraposición entre la identidad étnica y la clase social es interesada y absurda. Pero, en medio de tanta confusión, produce efectos y esos efectos producen a su vez algo nuevo: masas protestatarias de ultraderecha. Que le arrebatan la calle y la épica de la insurrección a la propia izquierda.

Por eso consideramos que el asalto al Capitolio aquel 6 de enero de 2021 en Washington constituye un parteaguas, un hito, una linea divisoria en la historia de la democracia. Hay ahora un antes y un después de esa fecha en el estudio de las patologías contemporáneas del sistema democrático (6). Aunque también es cierto que ese asalto no fue el primero de los recientes ataques contra edificios-símbolos en las grandes democracias occidentales. Siendo el de Brasilia el más reciente. 

La serie de asaltos empezó quizás en París (Francia) el 1 de diciembre de 2018, durante la tercera jornada de un ola de protestas sociales contra la subida del precio de los carburantes. En esa ocasión, en el corazón de la capital francesa,  se enfrentaron a pedradas, contra las fuerzas del orden, varios centenares de "chalecos amarillos", un grupo social muy heterogéneo en el que se mezclaban trabajadores indignados, sindicalistas furiosos,  elementos de ultraderecha, complotistas profesionales y provocadores infiltrados. Ese día, los protestatarios antisistema intentaron en un primer momento atacar el palacio del Eliseo, sede de la presidencia de la República. Pero fueron repelidos con cañones de agua y gases lacrimógenos por los agentes antidisturbios de las Compañías republicanas de seguridad (CRS). Entretanto, otros "chalecos amarillos" más radicales -algunos encapuchados-  se lanzaban al asalto de otro de los edificios-símbolos más sagrados del Estado francés: el Arco del Triunfo, construido por Napoleón y situado en lo alto de los Campos Elíseos, bajo cuya bóveda que se halla la tumba del Soldado Desconocido. Mientras se abrían paso entre escaramuzas hacia ese monumento, los manifestantes destrozaron numerosas vitrinas y le prendieron fuego a decenas de vehículos. En una atmósfera humeante de caos, gritos y desorden, los "chalecos" incendiaron incluso algunos de los palacetes que bordean la plaza de l'Etoile... Derribaron las barreras de protección.... Enfrentaron a las fuerzas del orden. En medio de una feroz batalla campal, éstas retrocedieron en tanto los insurrectos consiguían invadir la plaza, asaltar y ocupar el Arco de Triunfo... Saquearon en parte el monumento... Destrozaron una venerada estatua de Marianne, una de las alegorías de la República Francesa... Agitando banderas de victoria, los antisistema alcanzaron la azotea desde donde se domina todo París. Finalmente, recubrieron el monumento sagrado con decenas de vindicativos grafitis: "¡Macron, renuncia!", "¡Los chalecos amarillos triunfarán!" 

Esas imágenes dieron la vuelta al planeta. Ante la estupefacción universal. Durante unos instantes, una de las grandes democracias del mundo dio la impresión de tambalearse... De estar a la merced de un grupo numeroso y decidido de insurrectos violentos...

. Dos años más tarde, un nuevo ataque tuvo lugar contra otro edificio también muy simbólico. Ocurrió el sábado 29 de agosto de 2020, en Berlín (Alemania), en plena epidemia de Covid-19. Ese día, unos cuarenta mil protestatarios, representantes de una variopinta amalgama de colectivos antivacuna, entre los que había libertarios, extremistas de derecha y multitud de conspiranoicos,  colapsaron el centro histórico de la capital alemana gritando consignas contra las restricciones impuestas, a causa del coronavirus, por el Gobierno federal. 

Después de que la policía dispersara la manifestación, varios centenares de miembros de diversas organizaciones de extrema derecha se lanzaron al asalto de uno de los edificios más emblemáticos y más cargados de historia de Berlín, el Reichstag (7), sede del Bundestag, Parlamento federal alemán. Con saña y furia, los pendencieros extremistas rompieron las barreras de seguridad levantadas alrededor del Parlamento, e invadieron las escalinatas que conducen al célebre edificio. Se agolparon con violencia ante las puertas, aunque no consiguieron penetrar en él. Entre los asaltantes extremistas, había neonazis y miembros de organizaciones nacionalistas, de movimientos identitarios y de los Reichsbürger (“Ciudadanos del Reich” los cuales no reconocen las fronteras alemanas, ni el orden constitucional federal vigente (8)), portadores de banderas color negro, blanco y rojo del viejo imperio alemán (1871-1918) disuelto en 1919 tras la Primera Guerra Mundial. 

La intención de asaltar la sede parlamentaria había sido anunciada en las redes sociales días antes de la manifestación. Por su enorme carga simbólica,  las imágenes de este ataque ocuparon los titulares internacionales e impactaron a la opinión democrática mundial. Eso sucedió apenas cinco meses antes del asalto al Capitolio de Washington. Sin duda sirvió de modelo a los partidarios de Donald Trump y a los grupos supremacistas blancos y neonazis estadounidenses.

A su vez, después del 6 de enero de 2021, los acontecimientos del Capitolio inspiraron nuevos ataques -realizados por el mismo tipo de asaltantes extremistas antisistema movidos por teorías del complot, en circunstancias muy semejantes- a otros edificios simbólicos en diferentes países. Podemos citar, por lo menos, dos otros casos además del reciente de Brasilia también directamente inspirado, incluso en la fecha, por el asalto al Capitolio.

Primero, el que se produjo el 9 de octubre de 2021 -o sea, nueve meses después del ataque de Washington-, cuando militantes de la ultraderecha neofascista aprovecharon una multitudinaria manifestación en Roma (Italia), convocada para protestar contra el certificado obligatorio de vacunación anticovid, para intentar asaltar primero el Palacio Chigi (sede del Gobierno italiano y residencia del Presidente del Consejo de Ministros), y atentar violentamente después contra la histórica sede nacional de la Confederación General Italiana del Trabajo (CGIL por sus siglas en italiano), principal sindicato del país. 


Hubo gases lacrimógenos y cargas de los antidisturbios. Los manifestantes respondieron con agresiones a la policía y a las fuerzas de seguridad lanzándoles piedras, botellas, antorchas... Centenares de activistas, especialmente los grupúsculos neofascistas más violentos, instigados por militantes del partido Forza Nuova, consiguieron penetrar en el edificio sindical y saquearon y destruyeron -como se hizo después en Brasilia-, los archivos y las oficinas. En una combinación de reivindicaciones delirantes, tesis conspiranoicas y llamados al caos, los neofascistas italianos recurrieron a las redes sociales para intentar -apoyándose en fake news y distorsiones de la realidad- manipular la ira y la insatisfacción de la población. Vía la mensajería Telegram, habían llamado a la movilización y al ataque refiriéndose directamente a los acontecimientos protagonizados, en Estados Unidos, por los fanáticos de Donald Trump. Por su parte, los organizadores de esta agresión admitieron que sus estrategias se inspiraban directamente en el asalto al Capitolio. 

Según las autoridades, muchos de los manifestantes cometieron delitos de odio, de racismo y daños a la propiedad. Durante el primer fin de semana, varios alborotadores profanaron incluso -igual que en Francia- la Tumba del Soldado Desconocido... Dirigentes políticos estadounidenses como el propio Donald Trump, el senador republicano Ted Cruz y la representante republicana por el Estado de Georgia, Marjorie Taylor Greene, entre otros, les apoyaron públicamente (10). Diferentes grupos antisistema también respaldaron el bloqueo de Parliament Hill, en particular la organización complotista Action4Canada, la cual sostenía que la pandemia “fue obra, al menos en parte, de Bill Gates y el 'Nuevo Orden (Económico) Mundial' para facilitar la inyección de microchips, habilitados para la 5G, en la población” (11). 

Aunque muy diferentes entre sí, estos ataques contra edificios-símbolos responden, como hemos visto, a un modus operandi semejante que se confirmó el pasado 8 de enero en Brasilia con el ataque de las masas bolsonaristas a las sedes de los Tres Poderes (aunque, en este caso, la intención probable de los bolsonaristas era provocar la intervención de las fuerzas armadas y convertir su protesta insurreccional en un golpe de Estado tradicional). 

Hoy -no sólo en Estados Unidos o en Brasil- el odio circula subterráneamente por nuestras sociedades. Fluye por todas partes. Riega el paisaje político. No es exclusivo de un partido o de un dirigente. El problema se agrava, como lo observa muy bien José Natanson, cuando un líder, un partido o un comunicador –es decir, alguien con poder en la discusión pública– moviliza ese odio en contra de un grupo social, una ideología o una persona concreta. Esa es la dimensión neofascista del momento actual. Porque la ultraderecha ha hecho, una vez más, del odio su principal herramienta de construcción política. 

El estudio de esos ataques contra el corazón de la democracia en Estados Unidos, Francia, Alemania, Italia, Canadá y Brasil -y de las circunstancias que los originaron- nos permite explorar, con prudencia, el triángulo principal de la desazón contemporánea: la crisis de la verdad, la crisis de la información, la crisis de la democracia. Estas tres crisis existenciales, articuladas entre sí, afectan hoy, de una manera u otra, a casi todas las naciones (12). 

Tanto más cuanto que el (mal) ejemplo viene de Estados Unidos. Y si algo no posee casi excepción desde hace un siglo, es la capacidad del modelo estadounidense -en materia de cultura popular, de modas, de consumo, de comunicación y de marketing político- en ser imitado y replicado por doquier... Más aún, obviamente, en la edad de Internet, de la web y de las redes sociales, un ecosistema cultural y comunicacional fundamentalmente creado y desarrollado en Estados Unidos, y que se ha salido de control... 


Por eso es tan urgente frenar la propagación en las redes de contenidos conspiranoicos mentirosos y dañinos. Tenemos que elegir ahora mismo: ¿dejamos que nuestras democracias se marchiten? ¿O las mejoramos? Porque esto va a ir a peor. Se volverá mucho más complejo, ya que la Inteligencia Artificial (AI) progresa y se sofistica sin cesar. Consecuencia: cada vez será más difícil detectar y denunciar las teorías conspirativas, las manipulaciones, la desinformación. Eso provocará que se repitan los enfurecidos asaltos de las masas conspiranoicas de ultraderecha, cada vez más fanatizadas, contra las sedes de los poderes democráticos... ¿Hasta cuándo? 


Por Ignacio Ramonet

Para AGENCIA TELAM, del 10 de enero de 2023

1 Léase Pablo Stefanoni, ¿La rebeldía se volvió de derechas?, Siglo XXI, Buenos Aires, 2021. 


2 Ignacio Ramonet, "La era del conspiracionismo. Trump, el culto a la mentira y el asalto al Capitolio", Capital Intelectual, Madrid, 2022. 


3 Sigmund Freud, El malestar en la cultura, traducción: Alfredo Brotons Muñoz, Akal, Madrid, 2017. 


4 Pablo Stefanoni, op. cit. 


5 José Natanson, "El discurso y el acto", Le Monde diplomatique edición Cono Sur, Buenos Aires,  2 de septiembre de 2022. (eldiplo.org/notas-web/el-discurso-y-el-acto/) 


6 Steven Levitzki, Daniel Zeblat, Como mueren las democracias, traducción Gemma Deza Guil, Ariel, Barcelona, 2018. 


7 A principios de 1933, el Partido Nacional Socialista (nazi) de Adolfo Hitler llegó al poder. El 27 de febrero de ese mismo año, el edificio del Reichstag ardió debido a un incendio intencional. Las circunstancias de éste no se han podido esclarecer hasta ahora. Los nazis usaron ese incendio para suspender los derechos fundamentales y, finalmente, abolir la democracia.


8  El 7 de diciembre de 2022, las autoridades alemanas detuvieron a un grupo de 25 personas acusadas de "planificar un golpe de Estado". Los cabecillas pertenecían a este movimiento de extrema derecha llamado Reichsbürger. Planeaban asaltar el Parlamento alemán con la complicidad de otro movimiento complotista llamado Querdenker (pensadores laterales) y otros partidarios de la conspiración QAnon... "Los detenidos estaban convencidos de que el país está gobernado por miembros de un “Estado profundo” (del inglés deep state) y que una sociedad secreta llamada La Alianza se disponía a intervenir para liberar a los alemanes. Los miembros del brazo militar de la red debían ayudarles a deponer a los poderes actuales. Eran conscientes de que se producirían muertes, asegura la Fiscalía, pero las consideraban un paso intermedio para lograr el pretendido “cambio de sistema en todos los niveles”... (El País, Madrid, 8 de diciembre de 2022.) 

9 Rob Lyon, "Canadá: El 'convoy de la libertad', una advertencia para el movimiento obrero, In Defence of Marxism, 15 de febrero de 2022

10 Libération, París, 31 de enero de 2022. 


11 Henry A. Giroud, «Canada-Etats-Unis. Quand l'extrême-droite subvertit la "notion de liberté". A propos du "Freedom Convoy"», Nouveau Cahiers du Socialisme, Montréal, 14 février 2022



12 Es significativo, a este respecto, que la Administración Biden haya creado, en mayo de 2022, un Consejo de Gobernanza de la Desinformación. El Secretario del Departamento de Seguridad Nacional de EEUU, Alejandro Mayorkas, declaró que se creaba ese Consejo porque "la desinformación está afectando a la seguridad fronteriza, a la seguridad de los estadounidenses durante los desastres, y a la confianza del público en las instituciones democráticas". Cf. Kevin Reed, World Socialist Web Site, 4 de mayo de 2022. 




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sábado, 6 de enero de 2018

Las doce victorias del presidente Maduro en 2017, por Ignacio Ramonet (para "La Jornada" (Mex.) del 01-01-18)


Ignacio Ramonet |  lunes, 01 ene 2018  

En este año heroico de brutales ataques e infinitas agresiones, el chavismo ha demostrado su fortaleza y su capacidad de superación. Foto Twitter @NicolasMaduro




Para empezar, hay que recordar que el presidente Nicolás Maduro es el mandatario más injustamente acosado, calumniado y agredido de la historia de Venezuela. Más aún que el propio comandante Hugo Chávez, fundador de la Revolución Bolivariana. Sacar como sea a Nicolás Maduro del palacio de Miraflores ha sido y es el objetivo enfermizo de la oposición reaccionaria interna y de sus poderosos aliados internacionales comenzando por el gobierno de los Estados Unidos de América.

Apenas empezó 2017, los ataques contra el Presidente arrancaron de inmediato. La primera agresión vino de la Asamblea Nacional, controlada por la contrarrevolución, que decidió, el 9 de enero, “desconocer” al Presidente. Y acusó a Nicolás Maduro de haber “abandonado su cargo”. Algo falso y absurdo.

Ante esa tentativa de golpe de estado constitucional –inspirado en el modelo de golpe parlamentario que derrocó a Dilma Rousseff en Brasil en 2016–, el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) intervino para señalar que, en virtud de la Constitución, la Asamblea Nacional no puede destituir al jefe de Estado, directamente elegido por el pueblo.

Por su parte, el Presidente respondió a esa tentativa de golpe organizando, el 14 de enero, con unas maniobras cívico-militares denominadas “Ejercicio de acción integral antimperialista Zamora 200”. Se movilizaron unos 600 mil efectivos entre militares, milicianos y militantes de los movimientos sociales. Y ofreció de ese modo una imponente demostración de la unidad de las fuerzas armadas, el Gobierno, el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) y las masas populares. Esa fue la primera victoria de 2017.

Envalentonada por la elección, en Estados Unidos, de Donald Trump –candidato de la derecha supremacista que tomó posesión de su cargo en Washington el 20 de enero–, la oposición venezolana trató de intimidar al gobierno madurista con una gran marcha en Caracas el 23 de enero, fecha de la caída del dictador Marcos Pérez Jiménez en 1958. Pero ahí también fracasó de manera patética. Entre otras razones, porque el presidente Maduro respondió organizando, ese mismo día, el traslado popular de los restos de Fabricio Ojeda, líder revolucionario del derrocamiento de Pérez Jiménez, al Panteón Nacional. Al llamado del mandatario acudieron en masa centenares de miles de caraqueños, quienes llenaron las avenidas de la capital. Y se pudo ver netamente cómo el chavismo popular domina las calles, mientras que la oposición exhibía sus divisiones y su escualidez extrema. Esa fue la segunda victoria del presidente Maduro.

Poco después se produjo la intervención del Tribunal Supremo, el cual subrayó que la Asamblea Nacional se halla en situación de “desacato” desde 2016. En efecto, como se recordará, en las elecciones legislativas del 6 de diciembre de 2015, se denunciaron fraudes en el estado Amazonas. Fraudes demostrados por grabaciones en las cuales la secretaria de la gobernación del estado ofrecía sumas de dinero a grupos de electores para votar por los candidatos opositores. En consecuencia, el TSJ suspendió a esos diputados. Pero la Asamblea Nacional persistió en juramentarlos. Porque la suma de esos tres asambleístas suplementarios le hubiera conferido a la oposición una mayoría absoluta cualificada (dos tercera partes de los diputados) y el poder de derogar leyes orgánicas y de limitar la acción del propio Presidente.

Las tensiones entre un Parlamento y un Tribunal Supremo son relativamente frecuentes en todas las grandes democracias. En Europa por ejemplo, cuando surge un conflicto constitucional entre poderes, es habitual que el Tribunal Supremo asuma competencias del Parlamento. Y en Estados Unidos, hasta un presidente tan esotérico como Donald Trump ha tenido que acatar las decisiones recientes de la Corte Suprema…

Pero, en Caracas, la contrarrevolución utilizó ese debate para relanzar una campaña internacional sobre la pretendida “ausencia de democracia en Venezuela”. Con la complicidad de la nueva Administración estadunidense, montó una colosal operación de linchamiento mediático mundial contra Nicolás Maduro. Movilizando a los principales medios dominantes de comunicación: desde CNN y Fox News hasta la BBC de Londres, más los medios principales de América Latina y del Caribe, y los más influyentes diarios globales, pilares de la hegemonía comunicacional conservadora, así como las redes sociales.

Al mismo tiempo, la derecha venezolana maniobró con la intención de internacionalizar el conflicto interno trasladándolo al seno de la Organización de Estados Americanos (OEA), “ministerio de las colonias de Estados Unidos”, según el Che Guevara. Obedeciendo a consignas del nuevo gobierno de Donald Trump y con el apoyo de varios regímenes conservadores de América Latina, Luis Almagro, secretario general de la OEA, asumió entonces el miserable rol de liderar esa maniobra reclamando la aplicación de la Carta Democrática contra Venezuela.

Pero Caracas contraatacó al momento, y consiguió la solidaridad diplomática de la mayoría de los Estados latinoamericanos y caribeños. A pesar de los deshonestos ardides y de los falsos argumentos del Secretario General de la OEA, Venezuela jamás pudo ser puesta en minoría. Venció de manera irrefutable. Y los enemigos de la Revolución Bolivariana, entre ellos Washington, se rompieron los dientes contra la sólida estrategia imaginada por el presidente Maduro, basada en la realidad de los hechos, la honestidad política y la ética. Finalmente, en abril, Caracas decidió retirarse de la OEA, acusando a esa organización de “acciones intrusivas contra la soberanía de Venezuela”. Con imaginación y audacia, en ese complejo escenario internacional, Nicolás Maduro consiguió así su tercera gran victoria de 2017.

Entretanto, las tensiones aumentaron en Caracas cuando, el 29 de marzo, la Sala Constitucional del TSJ declaró que “mientras persista la situación de desacato y de invalidez de las actuaciones de la Asamblea Nacional, esta Sala Constitucional garantizará que las competencias parlamentarias sean ejercidas directamente por esta Sala o por el órgano que ella disponga, para velar por el Estado de Derecho”. Anteriormente, el TSJ ya había señalado también que la inmunidad parlamentaria de los diputados “sólo se ampara durante el ejercicio de sus funciones”, lo cual no era el caso al hallarse la Asamblea Nacional “en desacato”.

La oposición antichavista puso el grito en el cielo. Y con la ayuda, una vez más, de las fuerzas conservadoras internacionales, pasó a propulsar un plan sedicioso contrarrevolucionario. Empezó entonces la larga y trágica “crisis de las guarimbas”. Durante cuatro interminables meses –de abril a julio– la contrarrevolución lanzó la más desesperada y brutal ofensiva bélica contra el gobierno bolivariano. Financiadas en dólares por la derecha internacional, las fuerzas antichavistas –lideradas por Primero Justicia y Voluntad Popular, dos organizaciones de extrema derecha– no dudaron en utilizar a paramilitares, a agentes terroristas y a mercenarios del crimen organizado en un despliegue de tácticas irregulares simultáneas, así como a una élite de expertos en guerra psicológica y propaganda “democrática”. Con la finalidad patológica de derrocar a Nicolás Maduro.

Ebrias de violencia, las hordas ‘guarimberas’ se abalanzaron al asalto de la democracia venezolana. Atacaron, incendiaron y destruyeron hospitales, centros de salud, guarderías, escuelas, liceos, maternidades, almacenes de alimentos y de medicinas, oficinas gubernamentales, cientos de negocios privados, estaciones de metro, autobuses, mobiliario público… Mientras multiplicaban las barricadas en las urbanizaciones burguesas que controlaban.

Los violentos, arrojando decenas de cócteles molotov, se cebaron particularmente contra los efectivos de los cuerpos de seguridad. Cinco uniformados fueron asesinados a tiros. Por otra parte, muchos ‘guarimberos’ dieron muestra de un terrible salvajismo cuando tensaron finos cables de acero en las vías públicas para degollar a motociclistas. O cuando, rebosantes de odio y de racismo, quemaron vivos a jóvenes chavistas. Veintinueve en total, de los cuales fallecieron nueve. Resultado: ciento veintiuna personas asesinadas, miles de heridos y pérdidas millonarias.

Durante esos cuatro meses de arrebato contrarrevolucionario, la oposición también llamó a atacar bases militares, y trató de empujar a las fuerzas armadas a marchar contra el Gobierno legítimo y a asaltar el Palacio presidencial. La extrema derecha golpista lo intentó todo para generar una guerra civil, fracturar la unión cívico-militar, y destruir la democracia venezolana.

Al mismo tiempo, a escala internacional, seguía la frenética campaña mediática presentando a los que incendiaban hospitales, asesinaban a inocentes, destruían escuelas y quemaban a gente viva, como “héroes de la libertad”. Era el mundo al revés, el de la ‘post-verdad’ y de los ‘hechos alternativos’.

No fue fácil resistir a tanto terror, a tanta agresión, y controlar el órden público con una visión de autoridad democrática, de proporcionalidad y de respeto a los derechos humanos. El presidente, Nicolás Maduro, constitucional y legítimo, lo consiguió. Y logró hallar lo que parecía imposible: la salida del laberinto de la violencia. Con una idea genial, que nadie esperaba. Y que descolocó y desconcertó a la oposición: volver al poder constituyente originario.

El pretexto del terrorismo ‘guarimbero’ residía, en efecto, en el desacuerdo entre dos legitimidades: la del Tribunal Supremo de Justicia y la de la Asamblea Nacional. Ninguna de las dos instituciones quería dar su brazo a torcer. ¿Cómo salir del impasse? Basándose en los artículos 347, 348 y 349 de la Constitución chavista de 1999, y apelando a su estatus de Jefe del Estado y de árbitro máximo, el presidente Maduro decidió reactivar un proceso popular constituyente. Era el único modo de hallar, por la vía del diálogo político y de la palabra, un acuerdo con la oposición. Y de regular el conflicto histórico, para idear soluciones a los problemas del país. Lo pensó muy bien y esperó el momento adecuado. Hasta que, el 1° de mayo, se dieron todas las condiciones. Ese día, el Presidente anunció que la elección de los delegados a la Asamblea Constituyente se efectuaría el 30 de julio. Era la única opción para la paz.

Pero, de nuevo, confirmando su desesperante torpeza política, la oposición rechazó la mano tendida. Entre vítores de la prensa mundial, como parte de la campaña brutal e inclemente contra la Revolución Bolivariana, los partidos opositores acordaron no participar; y se dedicaron, al contrario, a sabotear las elecciones, a impedir el acceso al sufragio, a poner barricadas, a quemar urnas y a amenazar a quienes deseaban ejercer su derecho a elegir.

Fracasaron. Fueron incapaces de impedir que, el 30 de julio, la gente saliera masivamente a apostar por la democracia contra la violencia y el terror. Más de ocho millones y medio de ciudadanos acudieron a votar. Venciendo toda suerte de obstáculos. Afrontando paramilitares y ‘guarimberos’. Franqueando calles bloqueadas. Cruzando arroyos y ríos. Haciendo lo imposible para cumplir con su deber cívico, político, ético, moral... Superando las amenazas de adentro y de afuera.

Pocos esperaban tan alto grado de movilización popular, esa afluencia de votantes y el rotundo éxito electoral. Al día siguiente, como lo había vaticinado el Presidente, las ‘guarimbas’ se dispersaban. La violencia se desvanecía. La paz volvía a reinar. Con sutileza, paciencia, coraje y decisión, y una fina inteligencia estratégica, el presidente Maduro logró de ese modo derrotar a las ‘guarimbas’ y abortar la evidente intentona golpista. Se plantó con firmeza frente a las amenazas, y lo hizo sin alterar lo sustancial de su política. Esa fue su victoria más espectacular del año 2017.

“La llegada de la Constituyente”, comentó Nicolás Maduro, “significó, sin lugar a dudas, la llegada de un clima de paz que permitió impulsar la ofensiva política de la Revolución Bolivariana”. Y esa ofensiva favoreció lo que muchos creían imposible: otras dos sensacionales y rotundas victorias electorales. La de los gobernadores de los estados, el 15 de octubre, con la conquista de 19 gubernaturas sobre 23 posibles. Entre ellas, la de Miranda y la de Lara, dos estados cuya política social estaba casi en extinción en manos de la oposición. Y más tarde el triunfo en Zulia, un estado estratégico, de gran peso demográfico y poseedor de importantes yacimientos de petróleo y gas.

Asimismo, la Revolución Bolivariana ganó las elecciones municipales del 10 de diciembre, con la obtención de 308 alcadías sobre 335, o sea 93% de los municipios. El chavismo se impuso en 22 (de 24) ciudades capitales, incluyendo Caracas. Mientras que la contrarrevolución confirmaba su impopularidad con un descenso en picada de sus electores, perdiendo más de 2 millones 100 mil votos.

Mostrando al mundo la vitalidad de su sistema democrático, Venezuela fue el único país que organizó, en 2017, tres grandes elecciones nacionales. La tres ganadas por el chavismo. Mientras la derecha, desmoralizada por tantos desastres sucesivos, quedaba atomizada, desunida, groggy. Sus líderes enfrentados. Sus seguidores aturdidos. Aunque conservó el apoyo de sus protectores internacionales. En particular el del más agresivo de ellos: el nuevo presidente Donald Trump, de Estados Unidos.

A lo largo de 2017 –en continuidad a la orden ejecutiva del 8 de marzo de 2015, firmada por Barack Obama, en la que se declaró a Venezuela “amenaza inusual y extraordinaria a la seguridad de EU”–, Donald Trump emitió una lista de sanciones contra la Revolución Bolivariana.

En particular, el 11 de agosto, amenazó con una acción militar. Hablando a periodistas en su campo de golf de New Jersey, Trump dijo: “Tenemos muchas opciones para Venezuela, incluyendo una posible opción militar, si es necesario”. Luego, el 25 de agosto, en el marco del bloqueo financiero contra Caracas, Trump prohibió que “cualquier persona, entidad, empresa o asociación, legalmente radicada o que realice actividades en Estados Unidos, pueda efectuar negocios con nuevos bonos de deuda que sean emitidos por cualquier instancia del Gobierno venezolano, a saber, bonos de la República emitidos por el Banco Central venezolano o la empresa estatal Pdvsa”.

Esas sanciones apuestan a que Venezuela caiga en default (impago de su deuda externa) porque le cierran al Estado y a Pdvsa las puertas de los mercados financieros asociados a EU. Impidiéndole ofrecer bonos y poder obtener divisas.

Ya Lawrence Eagleburger, ex Secretario de Estado del presidente George W. Bush, había reconocido abiertamente, en una entrevista a Fox News, que la guerra económica contra Venezuela había sido efectivamente diseñada en Washington: “Debemos usar las herramientas económicas”, afirmó el ex-Secretario de Estado “para hacer que la economía venezolana empeore, de tal manera que la influencia del chavismo en el país y en la región se vaya a pique (…) Todo lo que podamos hacer para que la economía venezolana se hunda en una situación difícil, está bien hecho”. El actual secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, confirmó oficialmente que las nuevas sanciones tienen por objetivo “estrangular a Venezuela”.

Frente a tan insolentes agresiones, Nicolás Maduro declaró que el default “nunca llegará”. Primero porque Venezuela es el país suramericano que más ha pagado su deuda. En los últimos cuatro años, Caracas canceló unos 74 mil millones de dólares. Y porque el gobierno bolivariano “siempre tendrá una estrategia clara” enfilada hacia la renegociación y reestructuración de la deuda externa. El mandatario denunció que lo que buscan los enemigos del chavismo es aislar financieramente a la Revolución Bolivariana hasta que no tenga posibilidades de crédito. Para ir ahogándola poco a poco. Quieren generar temor en los inversores privados para que no compren bonos, no participen en la renegociación de la deuda y no haya inversión. Nicolás Maduro explicó que más allá de un bloqueo, lo que enfrenta Venezuela es una auténtica “persecución” en la que también participan países como Canadá y los de la Unión Europea. Una persecución activa al comercio, a las cuentas bancarias y a los movimientos financieros.

Pero el mandatario supo esquivar esos ataques. Y sorprendió, una vez más, a sus adversarios cuando anunció, el 3 de noviembre, la creación de una Comisión para consolidar el refinanciamiento y la reestructuración de la deuda externa, con el propósito de superar las agresiones financieras. “Vamos a hacer un reformateo completo de los pagos externos para lograr el equilibrio –declaró– Vamos a romper los esquemas internacionales”. Y así fue. Unos días más tarde, desafiando el bloqueo financiero, y como parte del primer acercamiento para la renegociación y reestructuración planteada por el Presidente, llegaba a Caracas, a reunirse con el gobierno bolivariano, un grupo de tenedores de deuda venezolana procedentes de Estados Unidos, Panamá, Reino Unido, Portugal, Colombia, Chile, Argentina, Japón y Alemania. Lo cual constituyó una indudable victoria para el Presidente Maduro.

Aquí conviene precisar que el conflicto de cuarta generación contra la Revolución Bolivariana tiene varios frentes e incluye de manera simultánea y continuada cuatro guerras: 1) una guerra insurreccional diseñada por expertos en subversión, saboteo y psicología de masas, con empleo de mercenarios, explosión cíclica de ‘guarimbas’ criminales y ataques terroristas contra cuarteles, objetivos militares e infraestructuras globales (red eléctrica, refinerías, distribución del agua, etcétera); 2) una guerra mediática, con la prensa, la radio, la televisión y las redes sociales convertidas en nuevos ejércitos de conquista mediante el empleo planificado de la propaganda orientada a domesticar las mentes y a seducir los corazones; 3) una guerra diplomática con acoso en algunos foros internacionales, en particular en la OEA, y ataques de los países del llamado “grupo de Lima” a los que se suman regularmente los Estados Unidos, Canadá y la Unión Europea, y 4) una guerra económica y financiera con acaparamiento y desabastecimiento de los alimentos y de los medicamentos, manipulación del tipo de cambio de la moneda por oficinas ilegales, inflación inducida, bloqueo bancario y distorsión del riesgo país.

A propósito del riesgo-país, no hay que olvidar que, en los últimos cuatro años, como ya se dijo, Caracas honró todos sus compromisos de pago de deuda, sin excepción, por más de 74 mil millones de dólares. Lo cual debería haber hecho disminuir drásticamente el riesgo-país, pues no se corre ningún riesgo prestándole a Venezuela ya que paga religiosamente todas sus deudas. Sin embargo, el riesgo del país ha seguido aumentando. Actualmente, según el banco JP Morgan, su riesgo-país se sitúa en 4.820 puntos, o sea treinta y ocho veces más alto que el de Chile, país que tiene el mismo ratio de deuda/PIB que Venezuela. Se le hace pagar así, muy caro, a Caracas por haber optado, democráticamente, por un sistema político socialista.

En cuanto al bloqueo bancario, a lo largo de 2017, y en particular después de las sanciones de Donald Trump, las cancelaciones unilaterales de contratos se multiplicaron. En julio, por ejemplo, el agente de pago Delaware informó que su banco corresponsal, el PNC Bank de Estados Unidos, se negaba a recibir fondos procedentes de Pdvsa. En agosto, Novo Banco de Portugal notificó a Caracas la imposibilidad de realizar operaciones en dólares por bloqueo de los bancos estadounidenses intermediarios. Más tarde, el Bank of China Frankfurt, aliado de Caracas, tampoco pudo pagar 15 millones de dólares adeudados por Venezuela a la empresa minera canadiense Gold Reserve. En noviembre, más de 39 millones de dólares –por pago de 23 operaciones de compra de alimentos para las fiestas navideñas– fueron devueltos a Caracas porque los bancos intermediarios de los proveedores no aceptaron dinero de Venezuela.

Por otra parte, a principios de septiembre, se conoció que la empresa financiera Euroclear, filial del banco estadounidense JP Morgan, bloqueó un pago de 1,200 millones de dólares efectuado por el gobierno bolivariano para adquirir medicamentos y alimentos. Eso impidió la adquisición de 300 mil dosis de insulina. Al mismo tiempo, un laboratorio colombiano, perteneciente al grupo sueco BSN Medical, se negó a aceptar el pago por Venezuela de un cargamento de primaquina, medicamento para el tratamiento del paludismo y la malaria.

El objetivo de todos estos bloqueos es impedir que el gobierno bolivariano pueda utilizar sus recursos para adquirir los alimentos y los medicamentos que necesita la población. Todo ello con la intención de empujar a la gente a la protesta y de generar caos en el sistema de salud, poniendo en peligro la vida de miles de enfermos.

En este caso, gracias a sus relaciones internacionales, el Presidente concretó, en noviembre, la llegada urgente al país de importantes cargamentos de insulina procedentes de India. Centenares de pacientes, en peligro de muerte, pudieron salvar su vida. Lo cual, sin duda, constituyó una nueva victoria de Nicolás Maduro.

Para quebrar el bloqueo financiero, el Presidente anunció, en noviembre, otra iniciativa: la creación de una moneda digital, el petro. Ese anuncio despertó un fuerte entusiasmo en la comunidad de inversores de las criptomonedas, colocó a Venezuela en la vanguardia de la tecnología y las finanzas globales, y generó enormes expectativas. Tanto más cuanto que el precio del petro no estará vinculado a los caprichos y a la especulación de los mercados, sino que se asociará al valor internacional de activos reales como el oro, el gas, el diamante y el petróleo. Venezuela dio así un paso enorme para poseer un mecanismo revolucionario de financiamiento al que ninguna potencia extranjera podrá imponer sanciones, ni boicotear la llegada de capitales. En ese sentido, el petro es una clara victoria más del Presidente Maduro.

Hay que añadir que, en medio de todas estas batallas, y a pesar del quiebre total del modelo de dependencia petrolera, el Presidente se preocupó muy particularmente de que el socialismo bolivariano no se detuviese y que a nadie le faltase escuela, trabajo, techo, cuidados médicos, ingresos, alimentos. El Gobierno revolucionario no dejó de financiar obras públicas fundamentales. Ni de edificar viviendas: en 2017 se entregaron más de 570 mil viviendas. Se mantuvo la Misión Barrio Adentro y todas las Misiones sociales. Se consolidó el Plan Siembra. Se extendió la Misión Abastecimiento Soberano. Se multiplicaron las Ferias del Campo Soberano. Se hizo de tripas corazón y en medio de tantos tormentos, el Presidente Maduro consiguió un milagro social de salvación del país. La contrarrevolución no pudo detener el avance del socialismo.

En esa perspectiva, los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP), modelo centralizado de distribución directa, continuaron desarrollándose en todo el país y ya alcanzan a cuatro millones de venezolanos de los sectores populares a los que protegen del desabastecimiento causado por la guerra económica.

Además, el Presidente Maduro lanzó, a lo largo de 2017, nuevas iniciativas sociales. La más espectacular fue la del Carnet de la Patria, nuevo documento de identificación que permite conocer, mediante un sistema de códigos QR, el estatus socioeconómico de los ciudadanos. Y favorece de ese modo el acceso de las familias necesitadas a las ayudas sociales de las misiones socialistas. A fines de diciembre de 2017, un total de 16 millones y medio de ciudadanos se habían registrado en el Carnet de la Patria.

El Presidente impulsó también la creación del movimiento ‘Somos Venezuela’ con la finalidad de agilizar el proceso de asignación de las ayudas sociales. Los doscientos mil brigadistas de ‘Somos Venezuela’ tienen por tarea la identificación, casa por casa, de las necesidades de las familias registradas. Después, asignan las ayudas a las familias de acuerdo a las verdaderas necesidades. Otro de los objetivos importantes del movimiento ‘Somos Venezuela’ es garantizar el 100% de pensionados en todo el país, como lo prometió Nicolás Maduro.

El Presidente propuso también el plan ‘Chamba Juvenil’ dirigido a los jóvenes de entre 15 y 35 años de edad, con el propósito de incorporarlos al empleo en áreas orientadas a la satisfacción de necesidades humanas identificadas a través del Carnet de la Patria, y enmarcado en el movimiento ‘Somos Venezuela’. El plan se dirige, en particular, a los jóvenes universitarios desocupados, los jóvenes no escolarizados, las madres solteras con carga familiar, y los jóvenes en situación de calle. Se estima que este nuevo Plan generará unos 800 mil empleos.

Todos estos avances sociales constituyeron, sin ninguna duda, algunas de las más preciadas victorias del Presidente Maduro en 2017.

Podríamos citar también los éxitos obtenidos en el campo de la política extranjera, en particular la extraordinaria gira internacional del mandatario, en octubre, por Bielorrusia, Argelia, Rusia y Turquía que culminó con importantes acuerdos bilaterales destinados a ganarle la batalla a la guerra económica y social. O las incesantes negociaciones mantenidas por el Presidente con los países productores de petroleo (OPEP y no-OPEP) que permitieron, en 2017, un espectacular incremento de los precios del barril en más de un 23%.

Citar igualmente la gran ofensiva contra la corrupción iniciada, por fin, en noviembre con el anuncio de varias decenas de detenciones espectaculares, entre los altos mandos gerenciales y directivos de Pdvsa y de Citgo, incluyendo dirigentes de primera línea. Nada parecido había ocurrido en cien años de industria petrolera venezolana. Esta fue sin duda la victoria más comentada del Presidente Maduro a finales de 2017.

Para terminar, hay que volver a señalar que la destrucción de la imagen de Nicolás Maduro es la finalidad principal de las campañas mundiales de propaganda pilotadas por las grandes corporaciones de la comunicación. Sin olvidar la permanente guerra digital en la esfera de Internet mediante múltiples plataformas en la Web, y las redes sociales como Facebook, Twitter, WhatsApp, Youtube, Instagram, etc. Todas estas armas de manipulación masiva tratan de degradar la figura del Presidente y manipular la realidad venezolana. Invisibilizan el nivel de respaldo real de amplios sectores de la población hacia el mandatario, y ocultan las violencias de la oposición. El objetivo es político: doblegar a la Venezuela bolivariana, actor clave del sistema-mundo, no sólo por sus cuantiosas riquezas sino, sobre todo, por su modelo revolucionario y social. Y obviamente por su importancia geopolítica en tanto que potencia anti-imperialista de influencia regional.

Hasta ahora, todos esos planes para defenestrar a Nicolás Maduro han fracasado. Como él mismo afirmó: “El imperialismo no ha podido asfixiarnos, ni podrá contra la Revolución Bolivariana en ninguno de los campos que nos busque”. Al contrario, el Presidente se ha fortalecido en 2017.

Eso le ha permitido retomar la iniciativa estratégica para la pacificación del país. Preocupado por la defensa de los grandes intereses nacionales, y apegado a los principios de honestidad y de máxima humildad, Nicolás Maduro le ha propuesto a la oposición sentarse a la mesa de negociación y retomar el diálogo. Esta vez, en el escenario neutro de Santo Domingo. Sobre la base del respeto y del reconocimiento mutuo. Con la idea de restablecer una negociación nacional permanente como método democrático para defender el interés superior de la nación y para regular el conflicto que surge naturalmente de las diferencias políticas en medio de una revolución. Semejante avance hacia la paz ha sido quizás la victoria más apreciada del Presidente.

En este año heroico de brutales ataques e infinitas agresiones, el chavismo ha demostrado su fortaleza y su capacidad de superación. Y ha conseguido ampliar su base de apoyo, incrementando las fuerzas políticas y sociales en favor de la revolución. Ahí está, más sólido que nunca. Lo cual significa un alivio y una luminosa esperanza para toda América Latina. Mal que le pese a sus enemigos, el Presidente Nicolás Maduro ha confirmado –con sus doce brillantes victorias de 2017– que sigue siendo, como dicen sus admiradores, “indestructible”.



Publicado en:
http://www.jornada.unam.mx/ultimas/2018/01/01/las-doce-victorias-del-presidente-maduro-en-2017-ignacio-ramonet-7971.html

sábado, 12 de noviembre de 2016

Las siete propuestas de Trump que los grandes medios censuraron y que explican su victoria, por Ignacio Ramonet (para "Le Monde Diplomatique" y "La Red 21" del 09-11-16)


La victoria de Donald Trump ( como el ‘Brexit’ en el Reino Unido, o la victoria del ‘no’ en Colombia ) significa, primero, una nueva estrepitosa derrota de los grandes medios dominantes y de los institutos de sondeo y de las encuestas de opinión. Pero significa también que toda la arquitectura mundial, establecida al final de la Segunda Guerra Mundial, se ve ahora trastocada y se derrumba. Los naipes de la geopolítica se van a barajar de nuevo. Otra partida empieza. Entramos en una era nueva cuyo rasgo determinante es ‘lo desconocido’. Ahora todo puede ocurrir.

por Ignacio Ramonet
Periodista español. Presidente del Consejo de Administración y director de la redacción de “Le Monde Diplomatique” en español.

¿Cómo consiguió Trump invertir una tendencia que lo daba perdedor y lograr imponerse en la recta final de la campaña ? Este personaje atípico, con sus propuestas grotescas y sus ideas sensacionalistas, ya había desbaratado hasta ahora todos los pronósticos. Frente a pesos pesados como Jeb Bush, Marco Rubio o Ted Cruz, que contaban además con el resuelto apoyo del establishment republicano, muy pocos lo veían imponerse en las primarias del Partido Republicano, y sin embargo carbonizó a sus adversarios, reduciéndolos a cenizas.

Hay que entender que desde la crisis financiera de 2008 (de la que aún no hemos salido) ya nada es igual en ninguna parte. Los ciudadanos están profundamente desencantados. La propia democracia, como modelo, ha perdido credibilidad. Los sistemas políticos han sido sacudidos hasta las raíces. En Europa, por ejemplo, se han multiplicado los terremotos electorales (entre ellos, el Brexit). Los grandes partidos tradicionales están en crisis. Y en todas partes percibimos subidas de formaciones de extrema derecha (en Francia, en Austria y en los países nórdicos) o de partidos antisistema y anticorrupción (Italia, España). El paisaje político aparece radicalmente transformado.

Ese fenómeno ha llegado a Estados Unidos, un país que ya conoció, en 2010, una ola populista devastadora, encarnada entonces por el Tea Party. La irrupción del multimillonario Donald Trump en la Casa Blanca prolonga aquello y constituye una revolución electoral que ningún analista supo prever. Aunque pervive, en apariencias, la vieja bicefalia entre demócratas y republicanos, la victoria de un candidato tan heterodoxo como Trump constituye un verdadero seísmo. Su estilo directo, populachero, y su mensaje maniqueo y reduccionista, apelando a los bajos instintos de ciertos sectores de la sociedad, muy distinto del tono habitual de los políticos estadounidenses, le ha conferido un caracter de autenticidad a ojos del sector más decepcionado del electorado de la derecha. Para muchos electores irritados por lo « politicamente correcto », que creen que ya no se puede decir lo que se piensa so pena de ser acusado de racista, la « palabra libre » de Trump sobre los latinos, los inmigrantes o los musulmanes es percibida como un auténtico desahogo.

A ese respecto, el candidato republicano ha sabido interpretar lo que podríamos llamar la « rebelión de las bases ». Mejor que nadie, percibió la fractura cada vez más amplia entre las élites políticas, económicas, intelectuales y mediáticas, por una parte, y la base del electorado conservador, por la otra. Su discurso violentamente anti-Washington y anti-Wall Street sedujo, en particular, a los electores blancos, poco cultos, y empobrecidos por los efectos de la globalización económica.

Hay que precisar que el mensaje de Trump no es semejante al de un partido neofascista europeo. No es un ultraderechista convencional. Él mismo se define como un «conservador con sentido común» y su posición, en el abanico de la política, se situaría más exactamente a la derecha de la derecha. Empresario multimillonario y estrella archipopular de la telerealidad, Trump no es un antisistema, ni obviamente un revolucionario. No censura el modelo político en sí, sino a los políticos que lo han estado piloteando. Su discurso es emocional y espontáneo. Apela a los instintos, a las tripas, no a lo cerebral, ni a la razón. Habla para esa parte del pueblo estadounidense entre la cual ha empezado a cundir el desánimo y el descontento. Se dirige a la gente que está cansada de la vieja política, de la « casta ». Y promete inyectar honestidad en el sistema ; renovar nombres, rostros y actitudes.

Los medios han dado gran difusión a algunas de sus declaraciones y propuestas más odiosas, patafísicas o ubuescas. Recordemos, por ejemplo, su afirmación de que todos los inmigrantes ilegales mexicanos son “corruptos, delincuentes y violadores“. O su proyecto de expulsar a los 11 millones de inmigrantes ilegales latinos a quienes quiere meter en autobuses y expulsar del país, mandándoles a México. O su propuesta, inspirada en « Juego de Tronos », de construir un muro fronterizo de3.145 kilómetros a lo largo de valles, montañas y desiertos, para impedir la entrada de inmigrantes latinoamericanos y cuyo presupuesto de 21 mil millones de dólares sería financiado por el gobierno de México. En ese mismo orden de ideas : también anunció que prohibiría la entrada a todos los inmigrantes musulmanes…Y atacó con vehemencia a los padres de un militar estadounidense de confesión musulmana, Humayun Khan, muerto en combate en 2004, en Irak.

También su afirmación de que el matrimonio tradicional, formado por un hombre y una mujer, es “la base de una sociedad libre“, y su critica de la decisión del Tribunal Supremo de considerar que el matrimonio entre personas del mismo sexo es un derecho constitucional. Trump apoya las llamadas “leyes de libertad religiosa“, impulsadas por los conservadores en varios Estados, para denegar servicios a las personas LGTB. Sin olvidar sus declaraciones sobre el “engaño” del cambio climático que, según Trump, es un concepto “creado por y para los chinos, para hacer que el sector manufacturero estadounidense pierda competitividad“.

Este catálogo de necedades horripilantes y detestables ha sido, repito, masivamente difundido por los medios dominantes no solo en Estados Unidos sino en el resto del mundo. Y la principal pregunta que mucha gente se hacía era : ¿ cómo es posible que un personaje con tan lamentables ideas consiga una audiencia tan considerable entre los electores estadounidenses que, obviamente, no pueden estar todos lobotomizados ? Algo no cuadraba.

Para responder a esa pregunta tuvimos que hendir la muralla informativa y analizar más de cerca el programa completo del candidato republicano y descubrir los siete puntos fundamentales que defiende, silenciados por los grandes medios.

1) Los periodistas no le perdonan, en primer lugar, que ataque de frente al poder mediático. Le reprochan que constantemente anime al público en sus mítines a abuchear a los “deshonestos” medios. Trump suele afirmar: « No estoy compitiendo contra Hillary Clinton, estoy compitiendo contra los corruptos medios de comunicación[i] » . En un tweet reciente, por ejemplo, escribió : « Si los repugnantes y corruptos medios me cubrieran de forma honesta y no inyectaran significados falsos a las palabras que digo, estaría ganando a Hillary por un 20%. »

Por considerar injusta o sesgada la cobertura mediática, el candidato republicano no dudó en retirar las credenciales de prensa para cubrir sus actos de campaña a varios medios importantes, entre otros : The Washington Post, Politico, Huffington Post y BuzzFeed. Y hasta se ha atrevido a atacar a Fox News, la gran cadena del derechismo panfletario, a pesar de que lo apoya a fondo como candidato favorito…

2) Otra razón por la que los grandes medios atacaron con saña a Trump es porque denuncia la globalización económica, convencido de que ésta ha acabado con la clase media. Según él, la economía globalizada está fallando cada vez a más gente, y recuerda que, en los últimos quince años, en Estados Unidos, más de 60.000 fábricas tuvieron que cerrar y casi cinco millones de empleos industriales bien pagados desaparecieron.

3) Es un ferviente proteccionista. Propone aumentar las tasas sobre todos los productos importados. « Vamos a recuperar el control del país, haremos que Estados Unidos vuelva a ser un gran país. », suele afirmar, retomando su eslogan de campaña.

Partidario del Brexit, Donald Trump ha desvelado que, una vez elegido presidente, tratará de sacar a EE.UU. del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA por sus siglas en inglés). También arremetió contra el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP por sus siglasen inglés), y aseguró que, de alcanzar la Presidencia, sacará al país del mismo : « El TPP sería un golpe mortal para la industria manufacturera de Estados Unidos. »

En regiones como el rust belt, el «cinturón del óxido» del noreste, donde las deslocalizaciones y el cierre de fábricas manufactureras dejaron altos niveles de desempleo y de pobreza, este mensaje de Trump está calando hondo.

4) Así como su rechazo de los recortes neoliberales en materia de seguridad social. Muchos electores republicanos, víctimas de la crisis económica del 2008 o que tienen más de 65 años, necesitan beneficiarse de la Social Security (jubilación) y del Medicare (seguro de salud) que desarrolló el presidente Barack Obama y que otros líderes republicanos desean suprimir. Trump ha prometido no tocar a estos avances sociales, bajar el precio de los medicamentos, ayudar a resolver los problemas de los « sin techo », reformar la fiscalidad de los pequeños contribuyentes y suprimir el impuesto federal que afecta a 73 millones de hogares modestos.

5) Contra la arrogancia de Wall Street, Trump propone aumentar significativamente los impuestos de los corredores de hedge funds que ganan fortunas, y apoya el restablecimiento de la Ley Glass-Steagall. Aprobada en 1933, en plena Depresión, esta ley separó la banca tradicional de la banca de inversiones con el objetivo de evitar que la primera pudiera hacer inversiones de alto riesgo. Obviamente, todo el sector financiero se opone absolutamente al restablecimiento de esta medida.

6) En política internacional, Trump quiere establecer una alianza con Rusia para combatir con eficacia a la Organización Estado islámico (ISIS por sus siglas en inglés). Aunque para ello Washington tenga que reconocer la anexión de Crimea por Moscú.

7) Trump estima que con su enorme deuda soberana, los Estados Unidos ya no disponen de los recursos necesarios para conducir una politica extranjera intervencionista indiscriminada. Ya no pueden imponen la paz a cualquier precio. En contradicción con varios caciques de su partido, y como consecuencia lógica del final de la guerra fría, quiere cambiar la OTAN : « No habrá nunca más garantía de una protección automática de los Estados Unidos para los países de la OTAN. »

Todas estas propuestas no invalidan en absoluto las inaceptables, odiosas y a veces nauseabundas declaraciones del candidato republicano difundidas a bombo y platillo por los grandes medios dominantes. Pero sí explican mejor el por qué de su éxito.

En 1980, la inesperada victoria de Ronald Reagan a la presidencia de Estados Unidos había hecho entrar el planeta en un Ciclo de cuarenta años de neoliberalismo y de globalización financiera. La victoria hoy de Donald Trump puede hacernos entrar en un nuevo Ciclo geopolítico cuya peligrosa característica ideológica principal –que vemos surgir por todas partes y en particular en Francia con Marine Le Pen – es el ‘autoritarismo identitario’. Un mundo se derrumba pues, y da vértigo…

Publicado en:
http://www.lr21.com.uy/mundo/1311410-donald-trump-presidente-7-propuestas-ignacio-ramonet

viernes, 12 de febrero de 2016

GOOGLE SABE TODO SOBRE TI, por Ignacio Ramonet (para "La Jornada" y "Micubaporsiempre" del 08-02-16)


Ignacio Ramonet: Google sabe todo de ti. #Cuba
Publicado el febrero 8, 2016    por micubaporsiempre

Por: Ignacio Ramonet / La Jornada

En nuestra vida cotidiana dejamos constantemente rastros que entregan nuestra identidad, dejan ver nuestras relaciones, reconstruyen nuestros desplazamientos, identifican nuestras ideas, desvelan nuestros gustos, nuestras elecciones y nuestras pasiones. Incluso, las más secretas. A lo largo del planeta múltiples redes de control masivo no paran de vigilarnos. En todas partes, alguien nos observa a través de nuevas cerraduras digitales. El desarrollo del Internet de las cosas (Internet of things) y la proliferación de aparatos conectados multiplican la cantidad de chivatos de todo tipo que nos cercan. En Estados Unidos, por ejemplo, la empresa de electrónica Vizio, instalada en Irvine, California, principal fabricante de televisores inteligentes conectados a Internet, ha revelado recientemente que sus televisores espiaban a los usuarios por medio de tecnologías incorporadas en el aparato.
Los televisores graban todo lo que los espectadores consumen en materia de programas audiovisuales, tanto los programas de las cadenas por cable como DVD, paquetes de acceso a Internet o consolas de videojuegos. Por tanto, Vizio puede saber todo sobre las selecciones que sus clientes prefieren en materia de ocio audiovisual. Y, consecuentemente, puede vender esa información a empresas publicitarias que, gracias al análisis de los datos acopiados, conocerán con precisión los gustos de los usuarios y estarán en mejor situación para tenerlos en el punto de mira. Esta no es, en sí misma, una estrategia diferente de la que, por ejemplo, Facebook y Google utilizan habitualmente para conocer a los internautas y ofrecerles publicidad adaptada a sus supuestos gustos. Recordemos que en la novela de Orwell, 1984, los televisores –obligatorios en cada domicilio– ven a través de la pantalla lo que hace la gente ("¡Ahora podemos veros!"). Y la pregunta que plantea hoy la existencia de aparatos tipo Vizio es saber si estamos dispuestos a aceptar que nuestro televisor nos espíe.
Si lo juzgamos por la denuncia interpuesta en agosto de 2015 por el diputado californiano Mike Gatto contra la empresa sudcoreana Samsung, parece que no. La compañía era acusada de equipar sus nuevos televisores con un micro oculto, capaz de grabar las conversaciones de los telespectadores sin que éstos lo supieran y transmitirlas a terceros… Mike Gatto, quien preside la Comisión de Protección del Consumidor y de la Vida Privada del Congreso de California, presentó incluso una iniciativa de ley para prohibir que los televisores pudieran espiar a la gente.

Por el contrario, Jim Dempsey, director del centro Derecho y Tecnologías, de la Universidad de California en Berkeley, piensa que los televisores chivatos van a proliferar: "La tecnología permitirá analizar los comportamientos de la gente. Y esto no sólo interesará a los anunciantes. También podría permitir la realización de evaluaciones sicológicas o culturales que, por ejemplo, interesarán también a las compañías de seguros". Sobre todo teniendo en cuenta que las empresas de recursos humanos y de trabajo temporal ya utilizan sistemas de análisis de voz para establecer un diagnóstico sicológico inmediato de las personas que les llaman por teléfono en busca de empleo.
Repartidos un poco por todas partes, los detectores de nuestros actos y gestos abundan alrededor de nosotros; incluso, como acabamos de ver, en nuestro televisor: sensores que registran la velocidad de nuestros desplazamientos o itinerarios; tecnologías de reconocimiento facial que memorizan la impronta de nuestro rostro y crean, sin que lo sepamos, bases de datos biométricos de cada uno de nosotros. Por no hablar de los nuevos chips de identificación por radiofrecuencia (Rfid), que descubren automáticamente nuestro perfil de consumidor, como hacen ya las "tarjetas de fidelidad" que generosamente ofrecen la mayoría de los grandes supermercados (Carrefour, Alcampo, Erozki) y marcas (FNAC, Corte Inglés).
Ya no estamos solos frente a la pantalla de nuestro ordenador. ¿Quién ignora a estas alturas que son examinados y filtrados los mensajes electrónicos, las consultas en la red, los intercambios en las redes sociales? Cada clic, cada uso del teléfono, cada utilización de la tarjeta de crédito y cada navegación en Internet suministra excelentes informaciones sobre cada uno de nosotros, que se apresura a analizar un imperio en la sombra al servicio de corporaciones comerciales, empresas publicitarias, entidades financieras, partidos políticos y autoridades gubernamentales.
El necesario equilibrio entre libertad y seguridad corre, por tanto, el peligro de romperse. En la película de Michael Radford, 1984, basada en la novela de George Orwell, el presidente supremo, llamado Big Brother, define así su doctrina:"La guerra no tiene por objetivo ser ganada, su objetivo es continuar", y "la guerra la hacen los dirigentes contra sus propios ciudadanos y tiene por objeto mantener intacta la estructura misma de la sociedad". Dos principios que, extrañamente, hoy están a la orden del día en nuestras sociedades contemporáneas. Con el pretexto de tratar de proteger al conjunto de la sociedad, las autoridades ven en cada ciudadano un potencial delincuente. La guerra permanente (y necesaria) contra el terrorismo les proporciona una coartada moral impecable y favorece la acumulación de un impresionante arsenal de leyes para proceder al control social integral.
Y más teniendo en cuenta que la crisis económica aviva el descontento social que, aquí o allí, podría adoptar la forma de motines ciudadanos, levantamientos campesinos o revueltas en los suburbios. Más sofisticadas que las porras y las mangueras de las fuerzas del orden, las nuevas armas de vigilancia permiten identificar mejor a los líderes y ponerlos anticipadamente fuera de juego.
"Habrá menos intimidad, menos respeto a la vida privada, pero más seguridad", nos dicen las autoridades. En nombre de ese imperativo se instala así, a hurtadillas, un régimen securitario al que podemos calificar de "sociedad de control". En la actualidad el principio del panóptico·se aplica a toda la sociedad. En su libro Surveiller et punir, el filósofo Michel Foucault explica cómo el panopticon ("el ojo que todo lo ve") es un dispositivo arquitectónico que crea una "sensación de omnisciencia invisible" y permite a los guardianes ver sin ser vistos dentro de una prisión. Los detenidos, expuestos permanentemente a la mirada oculta de los vigilantes, viven con el temor de ser pillados en falta, lo cual les lleva a autodisciplinarse… De ahí podemos deducir que el principio organizador de una sociedad disciplinaria es el siguiente: bajo la presión de una vigilancia ininterrumpida, la gente acaba por modificar su comportamiento. Como afirma Glenn Greenwald: "Las experiencias históricas demuestran que la simple existencia de un sistema de vigilancia a gran escala, sea cual fuere la manera en que se utilice, es suficiente por sí misma para reprimir a los disidentes. Una sociedad consciente de estar permanentemente vigilada se vuelve enseguida dócil y timorata".
Hoy día el sistema panóptico se ha reforzado con una particularidad nueva en relación con las anteriores sociedades de control que confinaban a las personas consideradas antisociales, marginales, rebeldes o enemigas en lugares de privación de libertad cerrados: prisiones, reformatorios, manicomios, asilos, campos de concentración… Sin embargo, nuestras sociedades contemporáneas de control dejan en libertad aparente a los sospechosos (o sea, a todos los ciudadanos), aunque los mantienen bajo vigilancia electrónica permanente. La contención digital ha sucedido a la contención física.
A veces, esta vigilancia constante también se lleva a cabo con ayuda de chivatos tecnológicos que la gente adquiere libremente: ordenadores, teléfonos móviles, tabletas, abonos de transporte, tarjetas bancarias inteligentes, tarjetas comerciales de fidelidad, localizadores GPS, etcétera. Por ejemplo, el portal Yahoo!, que consultan regular y voluntariamente unos 800 millones de personas, captura una media de 2 mil 500 rutinas al mes de cada uno de sus usuarios. En cuanto a Google, cuyo número de usuarios sobrepasa los mil millones, dispone de un impresionante número de sensores para espiar el comportamiento de cada usuario: el motor Google Search, por ejemplo, permite saber dónde se encuentra el internauta, lo que busca y en qué momento. El navegador Google Chrome, megachivato, envía directamente a Alphabet (empresa matriz de Google) todo lo que hace el usuario en materia de navegación. Google Analytics elabora estadísticas muy precisas de las consultas de los internautas en la red. Google Plus recoge información complementaria y la mezcla. Gmail analiza la correspondencia intercambiada, lo cual revela mucho sobre el emisor y sus contactos. El servicio DNS (Domain Name System, o Sistema de Nombres de Dominio), de Google, analiza los sitios visitados. YouTube, el servicio de videos más consultado del mundo, que pertenece también a Google y, por tanto, a Alphabet, registra todo lo que hacemos en él. Google Maps identifica el lugar en que nos encontramos, adónde vamos, cuándo y por qué itinerario… AdWords sabe lo que queremos vender o promocionar. Y desde el momento en que encendemos un smartphone con Android, Google sabe
inmediatamente dónde estamos y qué estamos haciendo. Nadie nos obliga a recurrir a Google, pero cuando lo hacemos la empresa sabe todo de nosotros. Y, según Julian Assange, inmediatamente informa de ello a las
autoridades estadunidenses…
En otras ocasiones, los que espían y rastrean nuestros movimientos son sistemas disimulados o camuflados, semejantes a los radares de carretera, los drones o las cámaras de vigilancia (llamadas también de videoprotección). Este tipo de cámaras ha proliferado tanto que, por ejemplo, en Reino Unido, donde hay más de 4 millones de ellas (una por cada 15 habitantes), un peatón puede ser filmado en Londres hasta 300
veces cada día. Y las cámaras de última generación, como la Gigapan, de altísima definición –más de mil millones de pixeles–, permiten obtener, con una sola fotografía y mediante un vertiginoso zoom dentro de la propia imagen, la ficha biométrica del rostro de cada una de las miles de personas presentes en un estadio, una manifestación o un mitin político .
A pesar de que hay estudios serios que han demostrado la débil eficacia de la videovigilancia en materia de seguridad, esta técnica sigue siendo refrendada por los grandes medios de comunicación. Incluso parte de la
opinión pública ha terminado por aceptar la restricción de sus libertades: 63 por ciento de franceses se declaran dispuestos a una "limitación de las libertades individuales en Internet en razón de la lucha contra el terrorismo".
Ello demuestra que el margen de progreso en materia de sumisión es todavía considerable…

* Ignacio Ramonet acaba de publicar El imperio de la vigilancia, editorial

Clave Intelectual, Madrid, 2016.

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