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domingo, 7 de febrero de 2016

Los Zetas y el PRI, por Sanjuana Martínez (para "Sin embargo" del 25-01-16)


Arriba: Humberto Moreira, ex líder del PRI y ex Gobernador de Coahuila, investigado en España por blanqueo de capitales. Foto: Cuartoscuro



¿Hasta dónde llegan los tentáculos del narcotráfico en el Partido Revolucionario Institucional? El cártel paramilitar más sanguinario está unido al PRI, lo que no sabemos es hasta dónde.

¿Es el narco el que somete al Estado o el Estado somete al narco para apoderarse del próspero negocio multinacional? ¿Los gobernadores sirven a Los Zetas o Los Zetas sirven a los gobernadores? ¿Quiénes son los jefes de Los Zetas en los narcoestados de la República? ¿Los Jefes Zetas o los gobernadores?

Tenemos que ir desmontando la idea que los cárteles de la droga existen al margen de la clase política mexicana. Al contrario, los cárteles de la droga existen, se fortalecen y crecen, gracias a los gobiernos de los diferentes narcoestados de la República.

Decir que Humberto Moreira “trabajaba” para los Zetas es incierto, más bien, a la luz de los hechos son los Zetas supuestamente, los que trabajaban para Moreira. No podemos olvidar que durante su mandato, como el de su hermano, Rubén, Coahuila se ha convertido en un narcoestado.

La indagatoria contra los Moreira se inició en Estados Unidos, al igual que las investigaciones contra el ex Gobernador Tomás Yarrington, acusado de trabajar con Los Zetas y con el Cártel del Golfo. Tampoco podemos olvidar la historia de otro priísta vinculado con los Zetas, el ex Gobernador de Veracruz, Fidel Herrera, precisamente exiliado para protegerlo con patenta de corso del consulado de México, en Barcelona. Pero hay que recordar el testimonio de José Carlos Hinojosa durante el juicio por lavado de dinero para el Cártel del Golfo. El ex contador del cártel declaró que había entregado 12 millones de dólares para la campaña del candidato a Gobernador del PRI, Fidel Herrera Beltrán. No hay que olvidar, al ilustre priísta Mario Villanueva Madrid, Gobernador de Quintana Roo de 1993 a 1999 y prófugo de la justicia más de un año hasta que fue detenido en 2001 y luego extraditado a Estados Unidos en mayo de 2010. Y otros célebres priístas.

Otro Gobernador priísta presuntamente con Los Zetas es Rodrigo Medina, a quién ese cartel le colgó varias narcomantas para recordarle quién le había pagado 20 millones de dólares durante su campaña y los compromisos adquiridos con ellos.

En el caso concreto de la investigación contra Humberto Moreira, sabemos que fue iniciada desde octubre del año pasado y que el gobierno mexicano fue debidamente informado por Estados Unidos. ¿Por qué la Procuraduría General de la República no actuó? Seguramente porque se trata de un ex Gobernador del PRI y lo protegieron, hasta que España lo detuvo bajo la consigna sarcástica de “Misión cumplida”.

Las alianzas entre los Zetas y el PRI tienen su lógica. Este cártel de la droga nació en las entrañas del Estado. Su fundador fue Arturo Guzmán Decena quien se dio de alta en el Ejército mexicano el 12 de mayo de 1992 y desertó en 1997, quien trabajaba para la Policía Judicial Federal (PJF). De hecho, los primeros Zetas eran militares capacitados en la Escuela de las Américas especialista en la llamada “contrainsurgencia” y en preparar auténticos matones y torturadores.
Tres años después, Guzmán Decena conocido como el Z1 empezó a trabajar para Osiel Cárdenas, líder del Cártel del Golfo. Su función era reclutar ex militares y así fue formando el brazo armado de ese cártel, cuyo feudo está ubicado en Matamoros, Tamaulipas. A sus filas, fueron llegando militares de Tamaulipas y también del Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales (GAFE) y otros elementos sanguinarios, hasta que se separaron del CdeG y formaron su propio cártel, construyendo así el imperio de terror que ya conocemos.

El poder de Los Zetas al igual que el del PRI, es nutrirse del tejido social más necesitado. Los Zetas fueron creando redes en las distintas ciudades, congregando a una amplia masa de jóvenes marginados, sin posibilidad de estudiar ni trabajar. El ofrecimiento de 5 a 10 mil pesos semanales provocó todo un éxito en el reclutamiento. Actualmente, el ejército de Los Zetas es potente y muy extendido.

Los Zetas controlan generalmente estados gobernados por el PRI en particular en el noreste, pero también en lugares como Veracruz, Zacatecas, Guanajuato, Tabasco o Quintana Roo. Según la PGR hay escisiones claras trabajando en Coahuila y Nuevo León bajo el nombre de “Sangre Zeta”, o el Grupo Operativo Zetas en El Mante, Soto La Marina y Victoria, en el estado de Tamaulipas, mientras los que se hacen llamar Comando Zetas, tienen su centro de operación en las ciudades de Gustavo Díaz Ordaz, Ciudad Mier Reynosa, Matamoros, Nuevo Laredo y Miguel Alemán, disputando territorio al Cártel del Golfo.

En su estructura delincuencial, además de los halcones dedicados a tareas de vigilancia, están los sicarios especializados en cortar cabezas, pozolear, destazar o desollar, mientras los halcones tienen a su cargo la vigilancia y los llamados Cobras, se concretan al trabajo de cobro de piso.

Desde hace algunos meses, algunos grupos de Zetas han ido cambiando de nombre. Ahora se hacen llamar “Cártel del Noroeste” y han ido apareciendo en Nuevo León, Zacatecas y Coahuila. En los últimos meses han colocados algunas narcomantas en Cadereyta y Galeana, Nuevo León, algo que confirma que van tejiendo redes con el poder político local, estatal y federal, para fortalecer su presencia.

¿Cuál es el modus operandi de estas alianzas estrategicas entre gobierno del PRI y Los Zetas? Está basado en el dinero procedente del narcotráfico que llena los bolsillos de los políticos a cambio de otorgar territorio y seguridad a los delincuentes en el trasiego de droga. Luego, algunos narcopolíticos se engolosinan con los billetes verdes, casas, yates, aviones y todo tipo de riquezas y desplazan a los narcos para ser ellos personalmente quienes se dedican a traficar y blanquear el dinero. Los cárteles de la droga, se convierten entonces, en “empresas” institucionales, donde la nebulosa de la actividad política, permite camuflar los colores de la organización criminal a la que realmente pertenecen. La tutela del estado a los cárteles de la droga va mucho más allá de una simple colaboración o un aislado vínculo de participación “comercial”.

¿Cuántos narcogobernadores, narcoalcaldes, narcodiputados, narcoregidores tiene el PRI?… Habrá que preguntarle a la justicia de Estados Unidos o de España.

Sanjuana Martínez
Es periodista especializada en cobertura de crimen organizado.


Publicado en:
http://www.sinembargo.mx/opinion/25-01-2016/44860

martes, 21 de octubre de 2014

El plan de Osorio Chong contra Ayotzinapa, Por Sanjuana Martínez (para "Sinembargo.mx" del 20-10-14)






El gobierno de Enrique Peña Nieto pretende eliminar las pocas normales rurales que quedan en el país. Y para ejecutar su plan tiene a su mejor adalid de la educación y supuesto aliado de los estudiantes del Poli: Miguel Ángel Osorio Chong. 
La historia de Osorio Chong contra las normales rurales empieza en el 2005 en El Mexe, Hidalgo cuando el actual secretario de Gobernación era gobernador. 
La Escuela Normal Rural Luis Villarreal, con 81 años de historia, fue liquidada por Osorio Chong. Para realizar su plan contó con la invaluable colaboración de la maestra Elba Esther Gordillo. El argumento de ambos fue inapelable: “Ya no se necesitan maestros rurales”. Pero la realidad es aplastante: 45 por ciento de las escuelas de educación básica son rurales y necesitan un normalista que comprenda el entorno. ¿Entonces, por qué desaparecer las normales rurales? No será porque son semilleros de lucha social. 
Terminaba así un proceso de acoso y violencia contra los normalistas. Cuando Osorio Chong era secretario de gobierno, la normal inició las movilizaciones de protesta. El 19 de febrero de 2000, la policía entró al plantel educativo violando la autonomía. Los policías comandados por el señor Chong desalojaron, torturaron y detuvieron a estudiantes y padres de familia que intentaban proteger su escuela. La ira del estado se lanzó incluso contra los normalistas que estaban en huelga de hambre frente al palacio de gobierno. La última generación de la Normal Rural de El Mexe fue de 76 normalistas en 2008. 
El plan para desmantelar normales rurales ha funcionado. De las 30 que existían, ahora solo quedan 17, la mayoría con grandes dificultades para su supervivencia. El objetivo del estado es eliminarlas a todas, ir cerrando paulatinamente el resto. 
En este contexto no sorprende la situación que vive actualmente la Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa. Al ingresar al plantel cualquier visitante, puede comprobar la pobreza de sus instalaciones. Los normalistas terminan sus estudios a base de mucho esfuerzo. La mayoría son hijos de campesinos, estudiantes de 17 y 18 años con una conciencia social crítica, que ya quisieran muchos estudiantes de las universidades públicas y privadas del país. 
Recorrer la normal rural de Ayotzinapa, es recorrer la historia de marginación y extrema pobreza que cubre al estado de Guerrero, cuna de grandes luchas sociales y de ejércitos guerrilleros. Bajo esas condiciones de miseria, cualquiera puede comprender la existencia de grupos subversivos. 
La versión no oficial difundida ahora por la Secretaria de Gobernación a cargo del señor Osorio Chong es francamente descabellada. Intentan vincular a los normalistas con el cártel del narcotráfico Los Rojos, antagónico de los Guerreros Unidos. 
El dinero es muy escandaloso, imposible de ocultar. ¿Cuántos de los “periodistas” que ahora repiten la versión de Gobernación han visitado la normal rural de Ayotzinapa? Hay que recorrer sus humildes aulas, sus patios, sus pasillos, para descubrir la pobreza en la que viven. 
Más allá de los merolicos que repiten las versiones oficiales para desacreditar el movimiento estudiantil de los normalistas, lo más interesante de esta estrategia mediática de difamación, es que el objetivo principal del señor Osorio Chong es desaparecer la normal de Ayotzinapa, semillero de líderes y luchadores sociales. 
Para ello cuenta con la invaluable colaboración del procurador general de la República, Jesús Murillo Karam, cuya última estrategia es lanzar en ese interminable hoyo negro de impunidad donde están las víctimas de desaparición forzada, a los 43 normalistas. 
No importa que los 28 cadáveres de las primeras fosas sean recientes y tengan entre ocho y diez días de haber muerto; no importa que las versiones y evidencias que muestran algunos involucrados en el levantamiento forense de los cuerpos, indiquen que pueden ser los 43 normalistas desaparecidos, no importa nada, el señor procurador intenta tratar a los mexicanos como personas sin inteligencia, asegurando antes del resultado de las pruebas de ADN que ninguno de esos cadáveres recientes pertenecen a los estudiantes de Ayotzinapa. 
¿Entonces quiénes son? La opinión pública no puede ser tratada como tonta. El gobierno debería avergonzarse de estar apostando al olvido. Sus planes a futuro es que esos 43 normalistas sean una cifra más en la interminable lista de los 300 mil desaparecidos que existen en México. 
La otra apuesta del gobierno es desaparecer la normal rural de Ayotzinapa. Y las últimas cifras así lo demuestran. De 145 egresados el año pasado, solo 11 de ellos obtuvieron plaza. Cuando uno de los jóvenes preguntó que iban a hacer los demás, el funcionario de la Secretaría de Educación sonrío y le espetó una simple respuesta: “ser campesinos, jardineros, albañiles….” 
Ante esta estrategia de acoso y desmantelamiento, la pregunta surge inmediatamente: ¿Cuál fue el crimen cometido por los 43 normalistas para ser sometidos a desaparición forzada? Educarse. Intentar ser maestros. Obtener una conciencia social para ser librepensadores. 
La actual política de criminalización contra los estudiantes es grave. Revela una enorme torpeza del gobierno, pero también una involución a etapas tan oscuras donde surgieron ejércitos guerrilleros para defenderse de la opresión del estado. De la matanza de Tlatelolco a Tlatlaya y Azotzinapa. ¿Es eso a lo que le tira el señor Osorio Chong? 
Retrasar la entrega de los cuerpos a sus padres es un grave error, independientemente si son normalistas o no. Retrasar los resultados de ADN de los familiares de los 43 normalistas demuestra una inmensa falta de escrúpulos de la clase política mexicana. 
¿Dónde están las voces de los intelectuales protestando por esto? ¿Dónde están los maestros, académicos, escritores, artistas, alzando la voz por los 43 normalistas desaparecidos de Ayotzinapa? 
México necesita a las normales rurales. Fue Lázaro Cárdenas quien garantizó el derecho a una educación laica y gratuita a través de las normales rurales. Ese ejército de educadores ha combatido la tentación del estado de mantener a una parte de la población sin educación para someterla al arbitrio de sus decisiones. 
La existencia de la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México (FECSM) que agrupa a estudiantes de las pocas normales rurales que existen en el país, representa el espíritu de lucha por la supervivencia de estos importantes y fundamentales centros de estudio, que significan muchas veces, la única alternativa para romper la herencia de marginación y pobreza. 
En tiempos del PRI la involución es asombrosamente rápida. ¿Saben quién era el Osorio Chong de hace 35 años? Gustavo Díaz Ordaz fue quien cerró 15 normales rurales, provocando revueltas estudiantiles que culminaron en la matanza de Tlatelolco. 
Apostarle, señor Osorio Chong, a la desaparición de las normales rurales, puede agitar las aguas de las revueltas estudiantiles. Ya vimos de que es capaz el estado que desaparece 43 normalistas. ¿Será capaz también de cometer más masacres contra los jóvenes estudiantes y repetir irremediablemente la historia? 
Tal vez, la solución sea que todos, desde nuestro lugar de confort, desde nuestro espacio de lucha; estimulemos, organicemos, el ejército de educadores que el gobierno pretende desaparecer. 
Combatir la barbarie, el campo de exterminio que habitamos gracias a la clase política corrupta e impune que nos gobierna, es nuestra obligación.

Este contenido ha sido publicado originalmente por SINEMBARGO.MX en la siguiente dirección: http://www.sinembargo.mx/opinion/20-10-2014/28293. Si está pensando en usarlo, debe considerar que está protegido por la Ley. Si lo cita, diga la fuente y haga un enlace hacia la nota original de donde usted ha tomado este contenido. SINEMBARGO.MX




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Es periodista especializada en cobertura de crimen organizado

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El gobierno de Enrique Peña Nieto pretende eliminar las pocas normales rurales que quedan en el país. Y para ejecutar su plan tiene a su mejor adalid de la educación y supuesto aliado de los estudiantes del Poli: Miguel Ángel Osorio Chong. La historia de Osorio Chong contra las normales rurales empieza en el 2005 en El Mexe, Hidalgo cuando el actual secretario de Gobernación era gobernador. La Escuela Normal Rural Luis Villarreal, con 81 años de historia, fue liquidada por Osorio Chong. Para realizar su plan contó con la invaluable colaboración de la maestra Elba Esther Gordillo. El argumento de ambos fue inapelable: “Ya no se necesitan maestros rurales”. Pero la realidad es aplastante: 45 por ciento de las escuelas de educación básica son rurales y necesitan un normalista que comprenda el entorno. ¿Entonces, por qué desaparecer las normales rurales? No será porque son semilleros de lucha social. Terminaba así un proceso de acoso y violencia contra los normalistas. Cuando Osorio Chong era secretario de gobierno, la normal inició las movilizaciones de protesta. El 19 de febrero de 2000, la policía entró al plantel educativo violando la autonomía. Los policías comandados por el señor Chong desalojaron, torturaron y detuvieron a estudiantes y padres de familia que intentaban proteger su escuela. La ira del estado se lanzó incluso contra los normalistas que estaban en huelga de hambre frente al palacio de gobierno. La última generación de la Normal Rural de El Mexe fue de 76 normalistas en 2008. El plan para desmantelar normales rurales ha funcionado. De las 30 que existían, ahora solo quedan 17, la mayoría con grandes dificultades para su supervivencia. El objetivo del estado es eliminarlas a todas, ir cerrando paulatinamente el resto. En este contexto no sorprende la situación que vive actualmente la Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa. Al ingresar al plantel cualquier visitante, puede comprobar la pobreza de sus instalaciones. Los normalistas terminan sus estudios a base de mucho esfuerzo. La mayoría son hijos de campesinos, estudiantes de 17 y 18 años con una conciencia social crítica, que ya quisieran muchos estudiantes de las universidades públicas y privadas del país. Recorrer la normal rural de Ayotzinapa, es recorrer la historia de marginación y extrema pobreza que cubre al estado de Guerrero, cuna de grandes luchas sociales y de ejércitos guerrilleros. Bajo esas condiciones de miseria, cualquiera puede comprender la existencia de grupos subversivos. La versión no oficial difundida ahora por la Secretaria de Gobernación a cargo del señor Osorio Chong es francamente descabellada. Intentan vincular a los normalistas con el cártel del narcotráfico Los Rojos, antagónico de los Guerreros Unidos. El dinero es muy escandaloso, imposible de ocultar. ¿Cuántos de los “periodistas” que ahora repiten la versión de Gobernación han visitado la normal rural de Ayotzinapa? Hay que recorrer sus humildes aulas, sus patios, sus pasillos, para descubrir la pobreza en la que viven. Más allá de los merolicos que repiten las versiones oficiales para desacreditar el movimiento estudiantil de los normalistas, lo más interesante de esta estrategia mediática de difamación, es que el objetivo principal del señor Osorio Chong es desaparecer la normal de Ayotzinapa, semillero de líderes y luchadores sociales. Para ello cuenta con la invaluable colaboración del procurador general de la República, Jesús Murillo Karam, cuya última estrategia es lanzar en ese interminable hoyo negro de impunidad donde están las víctimas de desaparición forzada, a los 43 normalistas. No importa que los 28 cadáveres de las primeras fosas sean recientes y tengan entre ocho y diez días de haber muerto; no importa que las versiones y evidencias que muestran algunos involucrados en el levantamiento forense de los cuerpos, indiquen que pueden ser los 43 normalistas desaparecidos, no importa nada, el señor procurador intenta tratar a los mexicanos como personas sin inteligencia, asegurando antes del resultado de las pruebas de ADN que ninguno de esos cadáveres recientes pertenecen a los estudiantes de Ayotzinapa. ¿Entonces quiénes son? La opinión pública no puede ser tratada como tonta. El gobierno debería avergonzarse de estar apostando al olvido. Sus planes a futuro es que esos 43 normalistas sean una cifra más en la interminable lista de los 300 mil desaparecidos que existen en México. La otra apuesta del gobierno es desaparecer la normal rural de Ayotzinapa. Y las últimas cifras así lo demuestran. De 145 egresados el año pasado, solo 11 de ellos obtuvieron plaza. Cuando uno de los jóvenes preguntó que iban a hacer los demás, el funcionario de la Secretaría de Educación sonrío y le espetó una simple respuesta: “ser campesinos, jardineros, albañiles….” Ante esta estrategia de acoso y desmantelamiento, la pregunta surge inmediatamente: ¿Cuál fue el crimen cometido por los 43 normalistas para ser sometidos a desaparición forzada? Educarse. Intentar ser maestros. Obtener una conciencia social para ser librepensadores. La actual política de criminalización contra los estudiantes es grave. Revela una enorme torpeza del gobierno, pero también una involución a etapas tan oscuras donde surgieron ejércitos guerrilleros para defenderse de la opresión del estado. De la matanza de Tlatelolco a Tlatlaya y Azotzinapa. ¿Es eso a lo que le tira el señor Osorio Chong? Retrasar la entrega de los cuerpos a sus padres es un grave error, independientemente si son normalistas o no. Retrasar los resultados de ADN de los familiares de los 43 normalistas demuestra una inmensa falta de escrúpulos de la clase política mexicana. ¿Dónde están las voces de los intelectuales protestando por esto? ¿Dónde están los maestros, académicos, escritores, artistas, alzando la voz por los 43 normalistas desaparecidos de Ayotzinapa? México necesita a las normales rurales. Fue Lázaro Cárdenas quien garantizó el derecho a una educación laica y gratuita a través de las normales rurales. Ese ejército de educadores ha combatido la tentación del estado de mantener a una parte de la población sin educación para someterla al arbitrio de sus decisiones. La existencia de la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México (FECSM) que agrupa a estudiantes de las pocas normales rurales que existen en el país, representa el espíritu de lucha por la supervivencia de estos importantes y fundamentales centros de estudio, que significan muchas veces, la única alternativa para romper la herencia de marginación y pobreza. En tiempos del PRI la involución es asombrosamente rápida. ¿Saben quién era el Osorio Chong de hace 35 años? Gustavo Díaz Ordaz fue quien cerró 15 normales rurales, provocando revueltas estudiantiles que culminaron en la matanza de Tlatelolco. Apostarle, señor Osorio Chong, a la desaparición de las normales rurales, puede agitar las aguas de las revueltas estudiantiles. Ya vimos de que es capaz el estado que desaparece 43 normalistas. ¿Será capaz también de cometer más masacres contra los jóvenes estudiantes y repetir irremediablemente la historia? Tal vez, la solución sea que todos, desde nuestro lugar de confort, desde nuestro espacio de lucha; estimulemos, organicemos, el ejército de educadores que el gobierno pretende desaparecer. Combatir la barbarie, el campo de exterminio que habitamos gracias a la clase política corrupta e impune que nos gobierna, es nuestra obligación.

Este contenido ha sido publicado originalmente por SINEMBARGO.MX en la siguiente dirección: http://www.sinembargo.mx/opinion/20-10-2014/28293. Si está pensando en usarlo, debe considerar que está protegido por la Ley. Si lo cita, diga la fuente y haga un enlace hacia la nota original de donde usted ha tomado este contenido. SINEMBARGO.MX
El gobierno de Enrique Peña Nieto pretende eliminar las pocas normales rurales que quedan en el país. Y para ejecutar su plan tiene a su mejor adalid de la educación y supuesto aliado de los estudiantes del Poli: Miguel Ángel Osorio Chong. La historia de Osorio Chong contra las normales rurales empieza en el 2005 en El Mexe, Hidalgo cuando el actual secretario de Gobernación era gobernador. La Escuela Normal Rural Luis Villarreal, con 81 años de historia, fue liquidada por Osorio Chong. Para realizar su plan contó con la invaluable colaboración de la maestra Elba Esther Gordillo. El argumento de ambos fue inapelable: “Ya no se necesitan maestros rurales”. Pero la realidad es aplastante: 45 por ciento de las escuelas de educación básica son rurales y necesitan un normalista que comprenda el entorno. ¿Entonces, por qué desaparecer las normales rurales? No será porque son semilleros de lucha social. Terminaba así un proceso de acoso y violencia contra los normalistas. Cuando Osorio Chong era secretario de gobierno, la normal inició las movilizaciones de protesta. El 19 de febrero de 2000, la policía entró al plantel educativo violando la autonomía. Los policías comandados por el señor Chong desalojaron, torturaron y detuvieron a estudiantes y padres de familia que intentaban proteger su escuela. La ira del estado se lanzó incluso contra los normalistas que estaban en huelga de hambre frente al palacio de gobierno. La última generación de la Normal Rural de El Mexe fue de 76 normalistas en 2008. El plan para desmantelar normales rurales ha funcionado. De las 30 que existían, ahora solo quedan 17, la mayoría con grandes dificultades para su supervivencia. El objetivo del estado es eliminarlas a todas, ir cerrando paulatinamente el resto. En este contexto no sorprende la situación que vive actualmente la Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa. Al ingresar al plantel cualquier visitante, puede comprobar la pobreza de sus instalaciones. Los normalistas terminan sus estudios a base de mucho esfuerzo. La mayoría son hijos de campesinos, estudiantes de 17 y 18 años con una conciencia social crítica, que ya quisieran muchos estudiantes de las universidades públicas y privadas del país. Recorrer la normal rural de Ayotzinapa, es recorrer la historia de marginación y extrema pobreza que cubre al estado de Guerrero, cuna de grandes luchas sociales y de ejércitos guerrilleros. Bajo esas condiciones de miseria, cualquiera puede comprender la existencia de grupos subversivos. La versión no oficial difundida ahora por la Secretaria de Gobernación a cargo del señor Osorio Chong es francamente descabellada. Intentan vincular a los normalistas con el cártel del narcotráfico Los Rojos, antagónico de los Guerreros Unidos. El dinero es muy escandaloso, imposible de ocultar. ¿Cuántos de los “periodistas” que ahora repiten la versión de Gobernación han visitado la normal rural de Ayotzinapa? Hay que recorrer sus humildes aulas, sus patios, sus pasillos, para descubrir la pobreza en la que viven. Más allá de los merolicos que repiten las versiones oficiales para desacreditar el movimiento estudiantil de los normalistas, lo más interesante de esta estrategia mediática de difamación, es que el objetivo principal del señor Osorio Chong es desaparecer la normal de Ayotzinapa, semillero de líderes y luchadores sociales. Para ello cuenta con la invaluable colaboración del procurador general de la República, Jesús Murillo Karam, cuya última estrategia es lanzar en ese interminable hoyo negro de impunidad donde están las víctimas de desaparición forzada, a los 43 normalistas. No importa que los 28 cadáveres de las primeras fosas sean recientes y tengan entre ocho y diez días de haber muerto; no importa que las versiones y evidencias que muestran algunos involucrados en el levantamiento forense de los cuerpos, indiquen que pueden ser los 43 normalistas desaparecidos, no importa nada, el señor procurador intenta tratar a los mexicanos como personas sin inteligencia, asegurando antes del resultado de las pruebas de ADN que ninguno de esos cadáveres recientes pertenecen a los estudiantes de Ayotzinapa. ¿Entonces quiénes son? La opinión pública no puede ser tratada como tonta. El gobierno debería avergonzarse de estar apostando al olvido. Sus planes a futuro es que esos 43 normalistas sean una cifra más en la interminable lista de los 300 mil desaparecidos que existen en México. La otra apuesta del gobierno es desaparecer la normal rural de Ayotzinapa. Y las últimas cifras así lo demuestran. De 145 egresados el año pasado, solo 11 de ellos obtuvieron plaza. Cuando uno de los jóvenes preguntó que iban a hacer los demás, el funcionario de la Secretaría de Educación sonrío y le espetó una simple respuesta: “ser campesinos, jardineros, albañiles….” Ante esta estrategia de acoso y desmantelamiento, la pregunta surge inmediatamente: ¿Cuál fue el crimen cometido por los 43 normalistas para ser sometidos a desaparición forzada? Educarse. Intentar ser maestros. Obtener una conciencia social para ser librepensadores. La actual política de criminalización contra los estudiantes es grave. Revela una enorme torpeza del gobierno, pero también una involución a etapas tan oscuras donde surgieron ejércitos guerrilleros para defenderse de la opresión del estado. De la matanza de Tlatelolco a Tlatlaya y Azotzinapa. ¿Es eso a lo que le tira el señor Osorio Chong? Retrasar la entrega de los cuerpos a sus padres es un grave error, independientemente si son normalistas o no. Retrasar los resultados de ADN de los familiares de los 43 normalistas demuestra una inmensa falta de escrúpulos de la clase política mexicana. ¿Dónde están las voces de los intelectuales protestando por esto? ¿Dónde están los maestros, académicos, escritores, artistas, alzando la voz por los 43 normalistas desaparecidos de Ayotzinapa? México necesita a las normales rurales. Fue Lázaro Cárdenas quien garantizó el derecho a una educación laica y gratuita a través de las normales rurales. Ese ejército de educadores ha combatido la tentación del estado de mantener a una parte de la población sin educación para someterla al arbitrio de sus decisiones. La existencia de la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México (FECSM) que agrupa a estudiantes de las pocas normales rurales que existen en el país, representa el espíritu de lucha por la supervivencia de estos importantes y fundamentales centros de estudio, que significan muchas veces, la única alternativa para romper la herencia de marginación y pobreza. En tiempos del PRI la involución es asombrosamente rápida. ¿Saben quién era el Osorio Chong de hace 35 años? Gustavo Díaz Ordaz fue quien cerró 15 normales rurales, provocando revueltas estudiantiles que culminaron en la matanza de Tlatelolco. Apostarle, señor Osorio Chong, a la desaparición de las normales rurales, puede agitar las aguas de las revueltas estudiantiles. Ya vimos de que es capaz el estado que desaparece 43 normalistas. ¿Será capaz también de cometer más masacres contra los jóvenes estudiantes y repetir irremediablemente la historia? Tal vez, la solución sea que todos, desde nuestro lugar de confort, desde nuestro espacio de lucha; estimulemos, organicemos, el ejército de educadores que el gobierno pretende desaparecer. Combatir la barbarie, el campo de exterminio que habitamos gracias a la clase política corrupta e impune que nos gobierna, es nuestra obligación.

Este contenido ha sido publicado originalmente por SINEMBARGO.MX en la siguiente dirección: http://www.sinembargo.mx/opinion/20-10-2014/28293. Si está pensando en usarlo, debe considerar que está protegido por la Ley. Si lo cita, diga la fuente y haga un enlace hacia la nota original de donde usted ha tomado este contenido. SINEMBARGO.MX