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lunes, 13 de diciembre de 2021

Una multitud para sostener lo básico, por Eduardo Aliverti (para "Página 12" del 13-12-21)



13 de diciembre de 2021 

Por Eduardo Aliverti


Fue fuerte la Plaza del viernes, sobre todo en marcar lo urgente de con qué y para qué.


Contra lo señalado por los análisis mayoritarios, que mentan un acto de la oposición dentro del oficialismo, en rigor hubo una muestra de unión dentro de las diversidades del Frente de Todos.


En esa línea, se ratificó lo plasmado tras la última carta de Cristina.


Ella le reiteró al Presidente que el acuerdo con el FMI no debe ser a costa de un ajuste antipopular. Y el Presidente le insistió en que, si es por eso, se quede tranquila.


¿Fue un acting? ¿Fue una improvisación a cielo abierto? ¿O fue insistir con que están resolviendo sus tensiones de manera pública y, en esencia, con que ninguno de los dos va a romper nada porque podría pudrirse todo?


CFK y Lula, a la vez, escenificaron un ánimo de años más entusiasmantes que éstos.


En un extenso y a la vez sintético y magnífico artículo, publicado en la La Tecla@Eñe (“La derecha por su nombre”) sobre el devenir político mundial tras el desplome de los “socialismos reales”, el sociólogo Claudio Véliz reflexiona acerca de los movimientos políticos de Nuestra América de principios de siglo.


Señala que “les debemos su reinvención de la política, su apuesta por la integración regional, su revalorización de las luchas sociales y su reivindicación del protagonismo plebeyo”.


Pero también, “el haber puesto en evidencia los ribetes reaccionarios y conservadores de (…) ‘liberalizaciones’ asumidas como irreversibles. Al cabo de varias décadas de desamparo, entre otras tantas ‘lecciones’, aprendimos a llamar a la derecha por su nombre. Por ese nombre hábilmente silenciado, disimulado, eludido”.


Sucede que la derecha no sólo “aprendió” a reconocerse como tal, sino que dobló la apuesta para publicitarse de ese modo porque, como también aporta Véliz, no podemos negar que “ (…) ha allanado, pacientemente, el camino para exhibir su rostro más desenfadado, más desinhibido. (…) No ha hecho más que alardear de su odio y hostilidad hacia los sectores más vulnerables (el enemigo elegido a combatir), a los que ha designado de muy variadas maneras: planeros, vagos, negros, populistas, chorros, kukas. No debiera sorprendernos en absoluto que, con enorme justicia, muchos politólogos caractericen a esta coyuntura como neoliberalismo neofascista: explosiva combinación entre extremo liberalismo económico y sádica violencia política”.


Como asimismo apunta Véliz, “frente a tamaña virulencia contra quienes habitan la base de la pirámide social, y en virtud de este colosal poderío sustentado en los dispositivos mediáticos, financieros, judiciales e institucionales (además de sus inquebrantables relaciones con la embajada estadounidense), las vías para resistir los embates de esta derecha neofascista resultan cada vez más acotadas”.


Hacemos propio que “cualquier alternativa que favorezca la dispersión, en nombre de una pretendida pureza política, no hace más que hundirnos en la impotencia. Cualquier exceso de pulcritud ideológica que sólo integre a los militantes inmaculados (las “almas bellas”) se torna imperdonable. Si lejos de intentar conectar/articular/com-poner las diferencias nos limitamos a celebrar su diseminación, habremos contribuido a una derrota segura. Si esta derecha criminal recupera el poder político (en su sentido de ejercicio directo del Ejecutivo, agregamos), podría sentirse tentada a cumplir con su explícita promesa genocida de una Argentina sin kirchneristas, peronistas, populistas, zurdos (sigue la lista). Aún estamos a tiempo de evitarlo”.


Con toda seguridad, plantados hace 38 años; y bastante menos también; e incluso de sólo registrar que al estallido y recuperación del 2001 ya le sigue una generación en gran medida desanimada, sin expectativas o, peor, sumida en el individualismo extremo y con peligro de entregarse a esos neofascistas de mercado, llamar a la resistencia no es el balance más positivo que podía imaginarse.


Al cabo de aquella noche más oscura de nuestra historia, mínimamente deberíamos estar hablando de ampliación de derechos colectivos. De avances en conquistas sociales, económicas, masivas, claramente superadoras o simultáneas a las que sí se alcanzaron respecto de las libertades individuales en un sistema demoliberal.


Es ese decurso que arrancó en lo que suena al fondo de los tiempos, con la ley de divorcio. Y que siguió --a grandes saltos-- con el matrimonio igualitario y con el aborto legal que semejaba imposible (con un Papa argentino, para agregar exuberancia positiva).


Políticamente, se pliega la ejemplaridad mundial del juicio y condena a las Juntas más la persistencia, inigualable, de conservar la memoria y la actitud de seguir persiguiendo a los monstruos otorgándoles todas las garantías legales.


Recordado y felicitado eso, y cuanto quiera adosarse, resulta que, en forma preeminente, en lugar del avance en las condiciones de vida de las grandes mayorías estamos hablando de que el oprimido acentúa identificarse con el discurso del opresor.


Hablamos de que las corporaciones aplastantes, con su machaque mediático a la cabeza y su comando de la agenda de las redes, han logrado eso de que “muchos sectores de las clases medias (y no sólo) se identifiquen con sus amos o patrones, al mismo tiempo que destilan todo su odio hacia los menos favorecidos”.


Pero ocurre que nunca hay otro tiempo que el que nos ha tocado.


Lamentarse por lo que debió haber sido, y no fue, es propio de ese pesimismo que debe dejarse para tiempos mejores.


No es que “la democracia” corre riesgo de ser una palabra vaciada de contenido.


Ya lo es, en su acepción de mejorarle la vida a “la gente” en sus necesidades básicas.


¿Toca defenderse, resistir, abroquelarse, a 38 años del recupero democrático?


Pues adelante aunque sea con eso, sin versos facilistas de confort ideológico, declamativo, de fraseología vacua. Sin estrofas de que basta con “decretar” que al Estado debe vérselo con categorías del siglo pasado, cuando no había un neoliberalismo triunfante porque el capitalismo debía cuidarse de amenazas por izquierda que hoy, dramáticamente, no existen o no tienen la fuerza que es menester.


En todo caso, sólo o en gran parte de la resistencia contra lo que va ganando podría surgir una construcción diferente.


Dar cuenta de que debe atenderse a nuevas minorías intensas de este lado de “la grieta”. De que el progresismo no tiene discurso ni acciones frente a la desesperanza juvenil. De que problemáticas como la ecológica -un ejemplo- no encuentran punto intermedio entre el cuidado extremo de “lo verde”, “lo sustentable”, y atender necesidades de desarrollo productivo de un país dependiente. De que “el campo”, en su pequeña y mediana burguesía en el país del trigo y de las vacas y como advierte Pedro Peretti, fue regalado al discurso y la acción de la derecha. No hay lo imperioso de acercarse de otra manera, renovada, a la sociología rural. Apenas hay poéticas de “reforma agraria” o, en su reverso, de ceder casi sin más a las extorsiones de “el campo” que les interesa a los medios dominantes.


Dar cuenta de que, en síntesis demasiado silvestre, las fuerzas progre no saben trazar horizonte esperanzador motivado en, de piso, un aspecto. Uno. Un “para allá” de imaginario colectivo.


¿Qué quiere decir “democracia” para alrededor de la mitad de la población sumergida en la pobreza, sea cual fuere el índice que se tome para definirla?


La responsabilidad del progresismo, o de como quiera llamársele al enfrentamiento contra el neofascismo de mercado, es saber construir urgentemente una esperanza colectiva, para prevenirse de que pueda seguir erigiéndola una derecha espantosa, violenta, recreada.


El drama no es algún personaje esperpéntico que, como ya se arriesgó en este espacio, seguramente terminará como colectora electoral cambiemita. No son las probabilidades, en urnas internas o generales, de “los halcones” del Pro. No son las danzas del eterno onanismo de los radicales. Ésas son contingencias electorales.


No.


El drama es que siga avanzando la victoria cultural del indignacionismo, del todos los políticos chorros, de los antisistémicos más sistémicos de todos.


El viernes, en la Plaza, a 38 años de cuando sí había ilusión masiva, hubo al menos, arriba del escenario, esa imagen de viejos liderazgos que, contra todo, se mantienen jóvenes en su potencia conceptual.


No está dicho para consuelo, ni perdiendo de vista que mucho más temprano que tarde deberán encontrar sucesión, ni subestimando que por ahora esa herencia no se advierte.


Pero sí está dicho para asimilar que todavía hay algo de lo cual agarrase.


Lo hubo arriba del escenario y abajo también.


Si no lo hubiera, la suma de reaccionarios y modositos no estaría preocupada. Y todavía lo está.


Pasa que, cuando casi todo pinta entre oscuro o directamente negro, una gran o significativa porción de los argentinos se empeña en demostrar que conserva resistencias de las buenas.


Publicado en:

https://www.pagina12.com.ar/388899-una-multitud-para-sostener-lo-basico

domingo, 12 de diciembre de 2021

El entusiasmo del 10 de diciembre , por Jorge Alemán (para "Página 12" del 11-12-21

 


Imagen: Guadalupe Lombardo


Por Jorge Alemán

11 de diciembre de 2021


Kant, el que siempre había concebido a los afectos como un obstáculo patológico y particular que impedía a la ley universal su desempeño, reconocía sin embargo en el afecto del Entusiasmo una señal histórica que nos informaba de un valor histórico sobre el porvenir de determinados acontecimientos. 


En su caso, el acontecimiento era la Revolución Francesa. No reparaba en sus posibles problemas o sus límites probables, lo determinante de ese Acontecimiento, su novedad, era el Entusiasmo que suscitaba.


Del mismo modo la noche del 10 de diciembre, su coreografía y dramaturgia, abrió la puerta del entusiasmo por el porvenir en la Argentina.


La voz crítica puede de inmediato recordar y reseñar todos los graves problemas que atraviesan a la Argentina en su realidad más urgente. Pero el Entusiasmo, aunque no es ciego ni encubre nada, se proyecta en la voluntad colectiva para permitir que las condiciones del deseo por venir tengan lugar.


Para la derecha fue una locura colectiva, para los propios que siempre ponen su sentido crítico en primer lugar, una nueva ocasión para la cautela. Sin embargo lo que posibilita al Entusiasmo es una suspensión transitoria del meticuloso realismo que por su obsesión crítica, paradójicamente, en muchas ocasiones, no capta lo nuevo de la situación, lo que en la escena constituye una flecha al porvenir. 


El Entusiasmo no es engañarse con el peso de los obstáculos que el realismo indica, más bien señala una realidad que es más real que los problemas fatales: la habilitación de un porvenir distinto al futuro que se nos prepara.


Hay entusiasmo cuando la reunión popular hace brillar a los líderes históricos en su generoso encuentro y permite una lectura de los legados y consagrándose al deber de memoria. 


Por ello describe a la encrucijada actual que atenaza a la Nación y muestra la disposición para afrontarla. 


Entonces aparece la verdad de ese afecto que se llama Entusiasmo, la verdad de lo "no matable ", la verdad de lo que no se puede cancelar del todo, aquello que indica que aún cuando los poderosos pretendan destruir a la posible emergencia de un pueblo, la causa de la justicia y la igualdad siempre encuentra el resquicio por donde retornar.


En el Entusiasmo, la voluntad nacional y popular se revela como aquello que siempre quiere perseverar en su ser.


Publicado en:

https://www.pagina12.com.ar/388737-el-entusiasmo-del-10-de-diciembre

sábado, 11 de diciembre de 2021

El diálogo entre Cristina Kirchner, Alberto Fernández y la multitud de Plaza de Mayo, por Luis Bruschtein (para "Página 12" del 11-12-21)


Imagen: AFP

Con Lula y Mujica en el escenario


La Plaza se convirtió esta vez en una especie de bisagra entre la epidemia y el nuevo ciclo que se abre en la política y el cierre en un virtual diálogo de tres: la multitud, que sobrepasó la de los actos anteriores, Cristina Kirchner, que mantiene su carisma político y el presidente Alberto Fernández que encabeza el gobierno.


Por Luis Bruschtein

11 de diciembre de 2021



Una multitud que celebra la democracia, celebra también los derechos humanos. No existen en forma separada. Decirse democrático y al mismo tiempo calificar de curro a los derechos humanos es una contradicción insalvable en Argentina. Porque en los 38 años de democracia que se cumplieron este viernes, los derechos humanos han sido protagonistas en casi todos los terrenos. Cuando se avanzó en ese sentido, se abrieron puertas para la ampliación de derechos y para progresos en lo social y económico. Por eso, la coincidencia en el 10 de diciembre del 73 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y de los 38 años de democracia en Argentina, más que una casualidad tiene una carga simbólica que es la marca indeleble del período democrático más largo en la historia independiente de este país.


Este aniversario, que durante los cuatro años del macrismo había pasado casi desapercibido, se produce en un contexto borrascoso en el mundo y en el país, en un resurgimiento pospandémico accidentado, con economías golpeadas, grandes desigualdades y el resurgimiento de fuerzas ultraconservadoras.


Al hacer entrega de los premios Azucena Villaflor, el mismo Presidente describió a la democracia como “asediada por corrientes y fuerzas políticas autoritarias” y frente a ese escenario reivindicó la importancia de la unidad de los sectores populares.


A nivel internacional, poco antes del acto, el presidente Alberto Fernández habló en la Cumbre de la Democracia, una conferencia organizada por el hegemonismo mundial norteamericano. Sin embargo, en un foro tan tendenciado, el presidente argentino advirtió que la democracia no se impone, cuestionó que no se haya invitado a países como Bolivia y defendió el derecho a la autodeterminación de los pueblos.


No dejó de ser polémica la participación argentina en una reunión destinada a consolidar el hegemonismo norteamericano, con poca relación con el pretendido título de Democrática. Esta participación se produjo a partir de una invitación especial del presidente norteamericano Joe Biden, cuya influencia sobre el FMI es decisiva en la negociación que lleva el gobierno por la deuda que dejó Mauricio Macri.


Cuando empieza a despejarse el horizonte para la acción política que había encorsetado la pandemia, el gobierno enfrenta numerosos desafíos, parecidos a los que tenía en 2019, pero agudizados por el año y medio de epidemia, que todavía da coletazos. La actividad económica repuntó rápidamente, en una de las reacciones más altas de la región y del mundo, pero con altos niveles de inflación y de pobreza.


Y en el plano de los derechos humanos, los gobiernos macristas dejaron un Poder Judicial enchastrado por el lawfare, por la mesa judicial macrista y por la utilización de sectores de la justicia para perseguir judicialmente a los opositores del macrismo. En el acto del jueves en la iglesia de la Santa Cruz, hubo un reclamo por la libertad de Milagro Sala. El proceso que llevó a la cárcel a la dirigente social en Jujuy ha sido uno de los más turbios y arbitrarios.


La respuesta presidencial al señalar que no tiene todos los resortes institucionales para resolver estas situaciones que se desarrollan en un Poder independiente, es cierta, pero no alcanza para disipar el malestar y las críticas a una situación injusta. La confusión que crearon los medios hegemónicos con Milagro Sala fue aclarada ayer cuando la prisionera del gobernador Gerardo Morales afirmó que se mantiene en contacto con el Presidente, quien se comunicó con ella para interesarse por la salud de su marido. “Tenemos que defender este gobierno nacional y popular” afirmó Milagro Sala y disipó cualquier duda.


La presencia de Lula y Pepe Mujica en el escenario, junto a Cristina Kirchner y Alberto Fernández y la impresionante multitud que colmó la Plaza y sus inmediaciones convirtió a la convocatoria en un formidable espectáculo de la política. Lula y Mujica, sorprendidos y emocionados por la popularidad que tienen en el país. Y el diálogo entre Cristina Kirchner y Alberto Fernández, que se desplegó con fuertes respaldos y observaciones sobre la negociación con el Fondo.


Cristina Kirchner historió los condicionamientos que impuso el Fondo a los gobiernos de Raúl Alfonsín e incluso al de Fernando de la Rúa, la forma en que les soltó la mano para provocar sus caídas y, en contrapartida, el enorme respaldo que le dio a Mauricio Macri.


La respuesta del Presidente también con altura y en coincidencia con ella: no se pagará con el hambre de los argentinos. “Me apuran a que firme un acuerdo, pero yo no voy a firmar nada que comprometa el crecimiento del país y el futuro de los argentinos”. La complicidad del Fondo con el gobierno de Macri estuvo en el centro de los dos discursos.


La Plaza se convirtió esta vez en una especie de bisagra entre la epidemia y el nuevo ciclo que se abre en la política. De hecho, la epidemia complicó al gobierno y favoreció a la oposición, que tuvo tiempo para rearmarse después de la contundente derrota de Mauricio Macri. El fin de la etapa crítica de la pandemia implica también la bandera de largada del gobierno para recuperar el tiempo que le arrebató el esfuerzo para combatirla.


El acto se convirtió en un diálogo de tres: la multitud, que sobrepasó la de los actos anteriores, Cristina Kirchner, que mantiene su carisma político y el presidente Alberto Fernández que encabeza el gobierno. Hubo devoluciones desde el público y exhortaciones entre los oradores sin que ese juego de voces surgiera disonante, sino armónico, un coro democrático.


Si los medios hegemónicos compiten para encontrar fisuras entre Cristina Kirchner y el Presidente, la articulación de textos y contratextos entre ambos dirigentes configuró una unidad por encima de los caracteres, una armonía de lugares y miradas diferentes pero que confían y coinciden en los temas de fondo. “No tengas miedo Cristina”, “los ajustes pasaron a la historia” se reafirmó en ese diálogo. En todo caso, la vicepresidenta reafirmó su liderazgo y lo volcó en su respaldo al gobierno, como si el acto hubiera sido convocado con ese fin.


El peronismo, el movimiento popular, se mueve con comodidad en la calle, en el diálogo frente a la multitud que, a su vez, reclama protagonismo en esa escena. Es la herramienta natural de esa política. Los manifestantes no tienen actitudes agresivas porque su participación está más en función de plantear metas y necesidades que despotricar contra sus adversarios. De alguna manera el acto de reivindicación de la democracia y los derechos humanos retomó el punto de partida del 2019, cuando fue el lanzamiento de Alberto Fernández. Cristina Kirchner muy central con un discurso fuerte que respalda el relanzamiento del gobierno.


La presencia de Lula tuvo una significación geopolítica muy concreta más allá de lo simbólico. Lula es precandidato para las elecciones presidenciales del año próximo en Brasil y las encuestas lo muestran con más del doble de respaldo que el presidente Jair Bolsonaro y cuatro veces más que el gran juez del lawfare que lo condenó, Sergio Moro. Lula tiene más del 40 por ciento de la expectativa de voto y Moro apenas pasa el diez por ciento.


Pero Brasil con Lula como presidente, en sintonía con el gobierno argentino, volvería a proyectarse con mucha fuerza hacia el resto del continente con el ideal de la Patria Grande.



Publicado en:

https://www.pagina12.com.ar/388657-el-dialogo-entre-cristina-kirchner-alberto-fernandez-y-la-mu

El testimonio de militantes, vecinos y familias, por Patricia Chaina (para "Página 12" del 11-12-21)


 Pecheras y banderas identificaban a las organizaciones y también a las columnas de distintas localidades del Gran Buenos Aires.. Imagen: Leandro Teysseire


¿Para qué fue la gente a la Plaza?: "Vinimos para escuchar y hacernos escuchar"

La movilización que colmó la Plaza de Mayo congregó a columnas de organizaciones políticas con personas que llegaron en familia o con amigos para festejar los 38 años de la democracia y para expresar su apoyo al Gobierno.


Por Patricia Chaina

11 de diciembre de 2021 


“Venimos a festejar la democracia”, “para apoyar a este gobierno”, “para agradecer y para escuchar”, “para hacernos escuchar, porque somos la voz del pueblo y la plaza es nuestra, por eso es una plaza alegre, no como las que hacían los antivacunas”. Las explicaciones describen el ánimo de quienes este viernes, desde la mañana, llegan a Plaza de Mayo para celebrar la democracia. Desde el mediodía, las calles aledañas están liberadas de tránsito para que las columnas de militantes y los vecinos "por su cuenta" puedan llegar para celebrar un nuevo aniversario del retorno democrático. 


Por Avenida de Mayo se acerca uno de esos vecinos, Carlos Riquelme, camina despacio, mira atento. “Lo llevo en la sangre, se ve que uno nace con vocación de acompañar, desde que vivo acá vengo a la Plaza de las Madres, hoy no podía faltar”, explica. “Y vengo festejando desde anoche”, agrega, por su barbijo de River. Es jubilado, era barman, es correntino. “Desde que empecé a trabajar siempre estuve con los de atrás, nunca con los patrones --avisa--, lo aprendí de mi padre que tenía chacra, de ahí me nace”.


Cristina, Alberto y los dos mensajes del acto

Carlos se pierde entre la gente que, a las tres de la tarde, se agrupa en los lugares de sombra. Hay muchos con pecheras de organizaciones como Barrios de Pie, la CCC, La Dignidad, otros con remeras de La Tupac, de apoyo a "Las Madres de Plaza”, muchas de Maradona. Las banderas de distintos lugares del Gran Buenos Aires están en puntos estratégicos: “República de Almirante Brown”, “Avellaneda, cuna de resistencia”.


Todavía se puede caminar alrededor de la Pirámide. Florencia y Noelia son estudiantes, viene “a ver qué onda”, y también “a escuchar a los que hablan, y a las bandas”. La JP de Santa Rosa y Los Buhos, de La Matanza, llegan con sus banderas. Miguel está con un grupo de La Tablada. “Para defender la democracia, porque recordamos los momentos oscuros, mis padres en la dictadura se tuvieron que ir al interior, a las afueras de Córdoba, yo tenía 10 años, me acuerdo bien”, cuenta.



Cerca está Laura. Es trabajadora social y aporta: “Hoy es el día del Trabajador Social, así que festejo dos cosas: eso y la democracia. Y vengo porque esto te llena de energía, y lo necesitábamos, después de tanto tiempo de no vernos por la pandemia”. Quiere escuchar a “la jefa”, dice. “También a Alberto (Fernández) y a Lula (Da Silva)”. Miguel recuerda: “Vinimos en 2019, cuando ganamos, acá estuvimos, y volvimos, vamos a estar, en las buenas y en las malas, orgullosos de nuestra democracia y de ser peronistas”.


Ramón está con un grupo que lleva pecheras de Barrios de Pie, la CCC y el Evita. “Vinimos a apoyar a Cristina, lógico, a Lula, y por el uruguayo (Pepe Mujica), y para que el otro gobierno que se fue, no vuelva más, también para apoyar a Fernández y que pueda mejorar las cosas”, explica. Viene de San Justo, con su grupo. “Somos de distintas agrupaciones pero venimos juntos porque así se hace la fuerza, unidos”, razona. Ramón es cooperativista: “Barremos calles, plazas, pintamos escuelas, no somos ‘choriplaneros’, trabajamos donde la comunidad necesita, y trabajamos a pulmón”, sostiene. Y agrega: “Estamos agradecidos por esta oportunidad de trabajar, y lo estamos demostrando”.


Hay familias con niños. Hay padres como Martín, que es sociólogo y vino de Moreno con Lucio, su hijo de cinco años. “Somos militantes silvestres, de la democracia y de la alegría”, se define. Laureano vino con su novio y dice “soy nuevo en esto”. Llegaron de La Matanza porque no ven “una mejoría social”. La falta de trabajo y la inflación son las deudas pendientes, precisa. Estudia Administración y vino para acompañar a su novio que no quiere hablar “pero es el que entiende” lo excusa, y se ríen.


Desde el balcón del Cabildo, allí donde hace 38 años Alfonsín recitó el preámbulo de la Constitución, hoy saludan los periodistas de TV que cubren el acto. Natalia, de 16 años, se ríe porque no sabe cómo se llaman los periodistas, pero aplaude. Hay clima de algarabía. Cerca de ella, el periodista Edgardo Mocca disfruta un choripán antes de encarar al corazón de la plaza: “El clima de unidad define la jornada, y en la consciencia del momento crítico que estamos pasando, cada uno tiene que defender sus banderas desde un espíritu plural”, reflexiona.


A las cuatro de la tarde, las columnas del Evita comienzan a ingresar por Avenida de Mayo. Vilma trae su bandera azul, viene de Luján. Es “peluquera y barbera” --detalla--, y vino para “festejar la democracia porque lo mejor que puede pasar es que cada uno pueda pensar y decir lo que quiera”. Apoyar, no bajar los brazos, y seguir para adelante, es lo que la motiva. “Hay que levantar al país, por eso vinimos”, sintetiza. “Siempre la movilización popular hace más ricos los procesos democráticos, los pueblos se expresan de esta manera, y los avances se logran cuando hay un pueblo organizado y movilizado”, dice Alejandro “Peluca” Gramajo, al frente de la impactante columna del Evita.


Juan Cruz espera en la entrada de Diagonal Norte, tiene una remera de “Los juegos Evita”. Participó como basquetbolista. Vino con tres amigos “para apoyar a Cristina, más que nada, y por la unión de los pueblos latinoamericanos”. Detrás, se ve la columna de La Cámpora que avanza por la diagonal, cubriendo toda la calle, hasta el Obelisco. Son las cinco de la tarde cuando esa agrupación comienza a entrar a la plaza. “A festejar el día de la democracia”, dice Diego, de La Cámpora de La Plata. “Del grupo de diversidad”, señala. Detrás, un muñeco gigante lleva colgada una pancarta: “No al FMI”, y sobre el pecho una estampilla gigante con el rostro de Milagro Sala, que dice: “Libertad”. 



Mujeres cristinistas


Lucía vino de San Martín, Sofía de Capital, Magdalena “de la 31”. Son vendedoras ambulantes, “de un frente de trabajadoras autogestionadas, y andamos en manada para protegernos, hace ocho años que trabajamos en la calle”, repasa Lucía. Están apostadas sobre Diagonal Norte. Venden muñequitos de tela de Cristina y de Néstor Kirchner, de Simone de Beuavoir. La última vez que vinieron fue en 2019. “Nos fue fantástico, después de cuatro años de macrismo, fue una fiesta”, agrega. “Somos militantes populares y defendemos este gobierno ¿qué vamos hacer nosotros si no, apoyar a la derecha?”, pregunta irónicamente. En su brazo tiene tatuada la imagen de Néstor Kirchner, “de cuando nació mi hijo que tiene 6 años y se llama Néstor”. Se quedan “hasta que hable Cristina, los demás, para nosotras, son teloneros nomás”. 


Los que ya no están

Iris Coronel usa tacones y un vestido de seda, liviano. Camina segura cuando cruza la plaza, sale, va a la diagonal por donde ingresa La Cámpora. Mira. Acompaña, con su paso firme. “Para mí es importante estar acá, porque es el día de los Derechos Humanos. La memoria tiene que ser activa y estar en las calles es uno de los modos”, explica a Página/12. “Cada vez que hay un evento vengo. Me da felicidad encontrar al pueblo en la calle”. Iris era adolescente durante los años de dictadura. “En mi colegio secundario, los camiones del Ejército sabían llegar a requisar --recuerda--, y a una de mis compañeras se la llevaron solamente porque tenía un libro de El Principito. Por eso a cada colocación de baldosas que me entero, trato de ir, porque desde ese día, a esa compañera, no la vimos nunca más”.  


Banderas al hombro

En la plaza de la democracia muchos usan banderas como ponchos, sobre la espalda. La mayoría son banderas argentinas con leyendas alusivas al acto. Pero en la pluralidad de voces, se distinguen excepciones: la víbora en la bandera argentina del joven Lautaro Núñez es una de ellas. “No me pises”, dice su leyenda libertaria. Y suena a provocación. “Representa las libertades individuales, un gobierno limitado y a la Constitución”, explica. Y antes de internarse en la plaza, agrega: “Esta es la plaza de la democracia, y la pluralidad”. La bandera de Perla, de La Cámpora de San Isidro, expresa esa pluralidad. En sus hombros flamea, sobre el contorno de un mapa de América Latina, una imagen del Che: “Porque soy una revolucionaria y necesitamos un cambio --explica--, porque hay hambre, y la única manera de que el hambre se manifieste y peche por una mejoría, es saliendo a la calle. Por eso estamos acá”, puntualiza. 



Publicado en:

https://www.pagina12.com.ar/388647-para-que-fue-la-gente-a-la-plaza-vinimos-para-escuchar-y-hac

OTRO MUNDO ES POSIBLE, por Melisa Molina (para "Página 12" del 11-12-21)

 



Cristina Fernández y Alberto Fernández aplauden a los exmandatarios de Brasil y Uruguay.. Imagen: Leandro Teysseire

Lo que dijeron los dos en la celebración de la democracia

Alberto Fernández, Cristina Kirchner y un acto con dos mensajes: la unidad y el rechazo al ajuste

Junto a los expresidente de Brasil Lula da Silva y de Uruguay José Mujica, Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner hablaron ante una multitud reunida la Plaza de Mayo. La negociación con el FMI y el lawfare estuvieron entre los temas centrales.


Por Melisa Molina

11 de diciembre de 2021 


El presidente Alberto Fernández, la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, el expresidente de Brasil Luiz Inácio Lula da Silva y el expresidente de Uruguay José “Pepe” Mujica celebraron, ante una Plaza de Mayo colmada, el Día de la Democracia y los Derechos Humanos. Además, se cumplieron dos años del gobierno del Frente de Todos y el Presidente y su vice decidieron festejarlo dejando una gran foto de unidad. En la histórica plaza volvieron los abrazos, el baile, el festival, los cantos y las lágrimas. Si bien el día de la militancia hubo una movilización similar, esta fue la primera en Plaza de Mayo después de la pandemia en la que, además del Presidente, estuvo CFK. 


Las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo acompañaron a los cuatro dirigentes, que en sus discursos destacaron la importancia de la unidad latinoamericana y alertaron sobre los nuevos peligros que acechan a las democracias de los países de la región, signados por los golpes orquestados desde los medios de comunicación en complicidad con el poder judicial. Además, en reiteradas ocasiones el Presidente y la vicepresidenta se refirieron al acuerdo con el FMI. Ambos prometieron que se negociará sin perjudicar el crecimiento del país. “La Argentina del ajuste es historia”, dijo Fernández.


El diálogo sobre el FMI

“Presidente, yo sé que tenemos muchas dificultades, pero siempre digo que ante las grandes adversidades grandes acciones”, dijo CFK y le pidió a Fernández “que los partidos le digan al FMI que no se va a aprobar ningún acuerdo que no contemple la recuperación de la economía”. A su turno, el Presidente se dio vuelta, la miró a los ojos y le respondió: “Tranquila, Cristina, no vamos a negociar nada que ponga en riesgo eso; no tengas miedo”. Fernández también retomó otra parte del discurso de la vicepresidenta en el que dijo que el FMI “les soltó la mano a muchos presidentes”, y el mandatario destacó que “muchas veces el FMI les soltó la mano a presidentes y así puso en crisis la institucionalidad de la Argentina. Si el FMI me suelta la mano, voy a estar tomado de la mano de cada uno de ustedes, de cada argentino y argentina”.


La vicepresidenta dijo que se debe llegar a un acuerdo con el FMI que contemple que “cada dólar que se encuentre en el exterior”, producto de la fuga de capitales durante el gobierno de Cambiemos, “se lo lleve para pagar la deuda con el Fondo”. “El FMI le soltó la mano al gobierno naciente de la democracia, pero no lo hizo con el que vino después de nosotros, al que le pusieron toda la tarasca”, dijo en referencia a la administración de Mauricio Macri. Además, agregó que “pusieron 57 mil millones de dólares para ganar las elecciones y no pudieron torcer la voluntad del pueblo”. Mientras CFK hablaba, el ministro de Economía, Martín Guzmán –de pie a un costado del escenario– la aplaudía.


El Presidente reivindicó el pago de la totalidad de la deuda externa con el FMI en 2005, realizada por el expresidente Néstor Kirchner, y aseguró que los gobiernos peronistas “no somos los que no queremos pagar deuda, tampoco somos los que la tomamos, somos los que tenemos que hacernos cargo de la deuda que nos dejan a nosotros”. Sobre los riesgos que sufren hoy las democracias señaló que “bajo el rótulo de los libertarios aparecen los xenófobos. La democracia es también no olvidar a los genocidas y a los que nos endeudaron”.


La celebración había comenzado el día anterior por la noche, cuando el Presidente, CFK, Lula, el gobernador bonaerense, Axel Kicillof, y el presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, cenaron en Olivos. Allí conversaron de la persecución que Lula y Cristina sufrieron en sus países y recordaron muchos momentos vividos juntos, como los festejos del Bicentenario de la Argentina, cuando Lula, Mujica y otros presidentes latinoamericanos vinieron al país.


CFK retomó parte de esa conversación y en el escenario les dijo: “Bienvenidos a la Argentina y a la Plaza de Mayo, el escenario donde transcurrieron nuestras grandes alegrías y tragedias. Pepe y Lula, no se sientan extranjeros porque ustedes también caminaron esta plaza. Con ellos y NK la cruzamos entre millones de argentinos. No había custodia porque éramos presidentes de gobiernos populares y democráticos que caminábamos las calles”.


Encuentro en la Rosada

Lula llegó a la Casa de Gobierno cerca de las 15.30 y el Presidente lo recibió en el Salón de los Bustos. De allí subieron al despacho del mandatario donde conversaron un largo rato. Minutos antes que Lula, también ingresó por el mismo sitio el director estadounidense Oliver Stone, que está filmando un documental sobre el expresidente brasileño. A las 16.30, llegó la vicepresidenta que primero se dirigió al Ministerio del Interior, donde el ministro Eduardo de Pedro ya no estaba porque había viajado junto al jefe de Gabinete, Juan Manzur, a la asunción del gobernador de Santiago del Estero, Gerardo Zamora. Luego –por primera vez desde que Alberto Fernández asumió–, CFK subió al despacho del Presidente, donde se sumó a la reunión con Lula. Más tarde se incorporó Kicillof y a las 17.30, se unieron Mujica y su esposa, Lucía Topolansky. El clima del encuentro fue distendido. Unos minutos después bajaron al Museo del Bicentenario donde entregaron los premios Azucena Villaflor. En el escenario, mientras tanto, sonaban las distintas bandas.


Tras la ceremonia, los líderes se dirigieron al escenario todos juntos. Entre el público podían verse banderas de La Cámpora, del Movimiento Evita, de Barrios de Pie, de la CTA, entre otras. También había banderas con la cara de Néstor Kirchner, de Lula y de Chávez, cuando dijeron no al ALCA. “Me acuerdo cuando terminamos con el ALCA y creamos Unasur y Celac. Me acuerdo cuando viajamos con Cristina a las cumbres donde planteamos nuestras propuestas ante la crisis financiera internacional”, dijo Lula al tomar la palabra. También agradeció al pueblo argentino por la solidaridad cuando estuvo preso. El líder del PT agregó: “Agradezco a diputados, senadores, estudiantes, y sobre todo al compañero Alberto Fernández, que en ese momento era candidato a presidente de la Argentina. Tuvo el coraje de visitarme”.


“Vine aquí para agradecer con lo más profundo de mi corazón”, dijo el líder del PT, que por momentos se mostró muy emocionado. Los presentes comenzaron a cantarle “vamos a volver” y Cristina le dijo: “No quiero hacer predicciones, pero mirá que cada vez que cantaron eso no se equivocaron”. Cuando estaban sentados uno al lado del otro, Lula le pidió su celular a un fotógrafo y le mostró a Cristina una foto de la Plaza de Mayo llena de gente tomada con un drone. Ambos la contemplaron y luego CFK le mostró la imagen a Mujica.


Nuevo golpismo

“En Latinoamérica vino la noche y a diferencia, Lula, de lo que pasaba cuando nosotros éramos jóvenes, que los gobiernos nacionales y populares eran desalojados por golpes de Estado, esta vez no vinieron con uniformes ni con botas, vinieron con togas de jueces y medios hegemónicos para construir imágenes y juzgar en los medios”, dijo CFK sobre las nuevas formas de atacar a las democracias. “Ahora no es necesario desaparecer a nadie, ni torturarlo con la picana, sino que lo hacen todos los días con tinta en los diarios o con micrófonos en la TV. No logran la desaparición física, sino política de los dirigentes”, añadió la vicepresidenta y concluyó que aquello “no importa” porque “acá estamos otra vez”. “Esto no es cuestión de personas, el pueblo siempre vuelve y encuentra los caminos para hacerlo”, señaló.


Finalmente, para cerrar su discurso, Alberto Fernández dijo: “Lula, siempre que un hombre pase lo que te tocó pasar voy a estar al lado de ese hombre, porque nadie merece la cárcel injusta. También estoy con vos, Cristina, porque sé de tu inocencia y tu honestidad. No esperen que me pare en otro lado”.



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viernes, 10 de diciembre de 2021

Alberto Fernández, Cristina Kirchner y Lula Da Silva encabezan el acto por el Día de la Democracia, por "Página 12" del 10-12-21


 Festival popular en Plaza de Mayo por el 10 de diciembre


El Presidente, la vice y el exmandatario brasileño cenaron en Olivos y este viernes serán los oradores. Habrá show musical y se entregarán los premios Azucena Villaflor.

10 de diciembre de 2021


El Gobierno espera que este viernes unas 200 mil personas se congreguen en la Plaza de Mayo para conmemorar el día de la Democracia y de los Derechos Humanos. Ya está todo preparado, las bandas confirmadas y también los oradores. A las 15 es la convocatoria oficial. Luego, a las 17, será la entrega de los premios Azucena Villaflor y por último, cerca de las 19, hablarán el presidente Alberto Fernández, la vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner y el expresidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva. La noche previa al acto los tres se juntaron a cenar en la Quinta de Olivos y se sacaron una foto rememorando la famosa imagen del No al Alca que protagonizaron en 2005 Lula, el expresidente Néstor Kircher y el exmandatario de Venezuela, Hugo Chávez. El líder del PT la publicó en redes social con un texto que decía "Viva a América Latina". Otro invitado de honor, que fue anunciado por el propio Fernández, será el expresidente de Uruguay José Pepe Mujica. El nombre del "festival ciudadano" que organiza el Gobierno es "Democracia para siempre" y la idea del oficialismo es que se asemeje a los festejos que se hicieron en 2010 para celebrar el bicentenario de la patria.


Los artistas que musicalizarán el 38° aniversario del retorno de la democracia son: Súper Ratones, Bárbara Recanati, Massacre, Peteco Carabajal, Teresa Parodi, Víctor Heredia, Francisco El Hombre, Orkesta Popular San Bomba, Ráfaga y Dolores Solá. "Estos son los que están confirmados hasta el momento, pero la lista se va a continuar agrandando durante el transcurso del día", explicó la vocera Gabriela Cerruti ayer en conferencia de prensa. "Esperamos que todas las familias argentinas puedan participar de esta fiesta de la democracia, de unidad, en paz, una fiesta que queremos que esté poblada de banderas argentinas", agregó. De la organización del festival está encargado el ministro de Cultura, Tristán Bauer, pero el trabajo lo realizan en conjunto representantes de los diversos sectores del Frente de Todos.


Un momento importante de la jornada, además de los discursos, será la entrega de los premios Azucena Villaflor, que se llevarán a cabo en el Museo del Bicentenario. Este año serán homenajeados Estela de Carlotto, presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo; “Taty” Almeida, referente de la organización Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora; Hipólito Solari Irigoyen, histórico abogado defensor de presos políticos; Dolores Sigampa de Demonty, integrante de la organización “Madres en Lucha contra la Violencia Institucional”; el director de cine Pablo Torello; y Lucila Larrandart, jueza y exmiembro de la CONADEP. Si bien en un comienzo la entrega de los premios iba a comenzar a las 12, desde el Gobierno expresaron que el evento se pasó para las 15 y también confirmaron que estarán presentes el Presidente, la vicepresidenta, Lula y Mujica.


Una de las organizaciones que hará una gran demostración de fuerza en las calles será La Cámpora, liderada por el presidente del bloque del Frente de Todos en la Cámara de Diputados, Máximo Kirchner. Durante la semana había dicho que el día de la Democracia y los DDHH había que "reventar la Plaza de Mayo". Sin embargo, no serán los únicos que se movilizarán, desde la CTA, que lidera Hugo Yasky, indicaron que volverán a marchar tal como lo hicieron el pasado 17 de noviembre por el Día de la Militancia.


La CGT

En un comunicado oficial, la CGT expresó que "en el día de la Democracia, la Confederación General del Trabajo reafirma su compromiso democrático y acompaña las celebraciones populares que expresan la voluntad unívoca de un pueblo que valora su verdadero significado". En esa línea, desde la central obrera realizaron un repaso de la historia reciente y expresaron que "la CGT mantuvo vivo el espíritu de la democracia y los valores de la justicia social encarnados en el peronismo durante los oscuros años de la revolución fusiladora y la proscripción".


También recordaron que durante la dictadura de 1976 la CGT estuvo intervenida y que muchos trabajadores de la central fueron víctimas de persecuciones, desapariciones forzadas y asesinatos. Para finalizar el comunicado, desde la CGT subrayaron que "celebramos el día de la Democracia, pero no dejamos de reclamar por más igualdad, más equidad y más trabajo. Es el momento de dotar a nuestra democracia de más justicia social".


Si bien desde la CGT no confirmaron si se movilizarán o no, señalaron a este diario que este sábado a las 10.30 recibirán en la sede principal de la central obrera al expresidente brasileño, Lula da Silva y el expresidente uruguayo Pepe Mujica. "Será un hecho político importante para el movimiento obrero argentino", indicaron referentes del espacio.


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