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martes, 12 de febrero de 2019
¿Qué Cristina, y cuándo?, por Lucio Fernández Mouján (para "Actor Político" del 11-02-19)
Autor: Lucio Fernández Mouján
11 feb -
El año electoral ya arrancó y lo único que falta para que la campaña dé la señal de largada es la decisión de la ex presidenta Cristina Fernández. ¿Conviene seguir esperando? ¿A quién beneficia una campaña corta? ¿Qué quiere mostrar la oposición? Son algunas preguntas que se plantea el artículo.
Ya pasó un mes del comienzo del año electoral y el panorama político presenta una chatura llamativa. Hace ya varios meses se lanzó el espacio de Alternativa Federal con Massa, Urtubey y Pichetto, que logra sacar algunas notas en diarios, pero que poco mueve el amperímetro electoral. La aparición de Lavagna genera cierta expectativa en los sectores “ni-ni” (ni macristas ni kirchneristas), pero se lo observa con poca audacia política. Sólo emergerá si amplios sectores opositores le liberan el espacio.
Además de la pregunta sobre la crisis económica, si se profundizará o si estabilizará, la única incertidumbre es qué hará la ex presidenta, Cristina Fernández de Kirchner. Pregunta que abarca varias dimensiones, no sólo las más evidente y urgente, si será o no candidata. Sino qué imagen de sí misma querrá presentar, algo que implica desde un (¿nuevo?) relato de su gestión, la amplitud del espacio político a representar y la propuesta política.
Techo
Para quienes trabajaron en el análisis de campañas electorales las presidenciales de 2015 sirvieron para tirar por tierra algunos mitos. Un candidato símbolo de la elite empresarial argentina, defensor del menemismo, carente de carisma y con antecedentes penales lograba perforar techos electorales y ponerse la banda presidencial. Macri fue Mauricio. El momento bisagra de la campaña fue el día de la victoria de Rodríguez Larreta. Allí, el candidato subió al escenario y anunció que no sólo no se reducirían los planes sociales sino que se ampliarían y –entre otras cosas- que Aerolíneas Argentinas permanecería en manos del Estado. Un giro estratégico, disruptivo, parte de una cuidada campaña electoral, que le permitió perforar el imaginario techo electoral.
Se habla mucho del techo de Cristina. Que no le alcanza para ganar un balotaje, que depende de una crisis mayor. Lo cierto es que hoy no le sobra nada y que parece de hormigón su expectativa electoral. Sin embargo el tiempo y la imaginación política son corrosivos eficaces.
Sobre estos temas hizo mención el especialista Ignacio Ramírez. Y señala que cuanto más tiempo tarden las definiciones electorales menos se podrá construir una candidatura. Es evidente para un candidato que no sea Cristina, pero hecha luz también sobre la candidatura de la ex presidenta. Si ella no habla, si no define, su candidatura la armarán los otros, los temidos medios hegemónicos.
Qué, con quiénes
Revanchista, mesiánica, madurista, corrupta, soberbia son algunos atributos que hoy recaen en el significante “cristina”. 8 años de gobierno, con el recuerdo fresco, dificultan la construcción de una imagen nueva, pero algunas cosas se pueden ensayar. Imaginación política y tiempo.
Discursos cortos, ropa austera, escenarios cercanos, abuela, sonrisas y baile. La campaña para la senaduría en 2017 comenzó con mucha revisión sobre el pasado. Después de las PASO y durante el 2018 ese nuevo perfil fue abandonado. Pero ahí se pueden encontrar algunas claves.
El armado político no sólo suma o resta voluntades sino que da señales de niveles de apertura, volumen político. A la #tropa, a los señaladores de traidores puede no atraerle, pero la suma de dirigentes y fuerzas sociales a un armado opositor son guiños de cambio respecto al rumbo tomado desde 2011, cuando el kirchnerismo se fue degajando y sólo le habló a los propios. Sin acallar sus voces disidentes, críticas y autocríticas, como la de Hugo Moyano, Alberto Fernández, Felipe Solá, el Movimiento Evita, Barrios de Pie, Pino Solanas y Juan Grabois. ¿Cuánto le sumaría el probable acercamiento de Sergio Massa, que viene dando señales desde que tiraron por tierra el desdoblamiento de la Provincia de Buenos Aires? ¿Cuánto el peronismo cordobés? ¿Y un importante sector empresarial? ¿Un gabinete de notables, con un apellido Lavagna adentro? El cálculo no es algebraico, pero tampoco, como se puede escuchar, el acercamiento a Cristina es mancha venenosa.
Por último, según distintos analistas la campaña también mostrará una disputa de agendas. El gobierno querrá hablar de inseguridad y orden social para borrar la economía, mientras que toda la oposición hablará de economía. Una encuesta de la consultora Synopsis publicada hace pocas semanas complejiza el análisis. Ante la pregunta sobre la responsabilidad de la actual crisis económica, la muestra expresa paridad en cuanto a la responsabilidad del actual gobierno y la herencia recibida. Parece que no sólo alcanza con contrastar datos, sino que hay que darles una explicación y una propuesta viable de salida.
Cuándo
Muchas veces se reconoció que el silencio de Cristina era salud. Permitía que se hablara del presente, del gobierno y su crisis, que se expresara la oposición social. Pero ese tiempo terminó. Del resto de la oposición al gobierno no emergió una figura nueva atractiva. Una campaña corta beneficia al gobierno que ya mostró sus cartas, tiene la gestión del día a día y la alianza con el poder judicial y los principales medios de comunicación.
Se especula con el factor sorpresa, se sabe que Cristina (y no sólo ella) suele esperar hasta último momento para tomar una definición. Si no hay nada nuevo que mostrar, si no hay que cambiar el perfil del candidato/a, si se cree que la mejor campaña la hace sólo el gobierno y su errorismo, esa posición sería correcta. Pero la experiencia enseña que el macrismo muestra su mejor cara en las campañas electorales. Construir una propia requiere tiempo, necesita mostrar un nuevo perfil que rompa el techo electoral, que hable del pasado, del presente y sobre todo el futuro.
Lucio Fernández Mouján es politólogo y miembro del Grupo de Estudios sobre Participación y Movilización Política, Instituto Gino Germani, UBA, y del PEPTIS (Programa de Economía Popular y Tecnologías de Impacto Social), UMET/CITRA. @carraspero
Publicado en:
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sábado, 17 de noviembre de 2018
SER O NO SER SOLDADO, por Lucio Fernández Mouján (para "Actor Político" del 16-11-18)
16 nov -
La construcción de un frente opositor con la centralidad de Cristina Kirchner empieza a tomar forma. En el armado de esta confluencia postkirchnerista emerge la figura de Juan Grabois. El dirigente social rompió el statu quo de la política con un discurso altisonante. En este texto, el politólogo Lucio Mouján reflexiona sobre una de sus declaraciones: "No soy un soldado".
En el acto de lanzamiento del Frente Patria Grande, Juan Grabois dio su salto a la política con una serie de planteos hacia el mismo espacio al que se está incorporando, que produjeron en algunos kirchneristas una sensación asociada a la pregunta ¿quién es éste? El ascenso meteórico del hace cuatro años ignoto dirigente para la “alta política”, pero que venía sosteniendo desde el 2002 una lucha por la conquista de derechos de los trabajadores de la economía popular, motivó una respuesta visceral de una de las figuras principales de la gestión pingüina.
Se llevaba a cabo, en acto, una sus las proclamas: “no soy soldado”. Afirmación que, fuera de contexto, sería una gran pavada y hasta podría ser sentido como un insulto. Se es soldado cuando uno confía plenamente en una conducción política. A su vez, hace ruido por el sujeto de la enunciación, si fuera Hugo Moyano, Alberto Fernández, Felipe Solá, Emilio Pérsico, PIno Solanas o Alberto Rodríguez Saá no sería tan llamativo.
Ese posicionamiento, que podría ser pronunciado por cualquiera de esos actores, es franco. No es soldado porque no se siente contenido por la totalidad de lo que representa el kirchnerismo, o el cristinismo, sin embargo pide un lugar. Una novedad, que se proyecta sobre el pasado y sobre el futuro del campo popular.
Del movimentismo al soldadismo
En un texto de principios del kirchnerismo, cuando la militancia piquetera hacía su proceso de incorporación al disruptivo nuevo gobierno, Marcelo Koenig reconstruía el debate setentista sobre alternativa independiente, tendencia o movimentismo. Allí, año 2006, el posicionamiento era explícito, había que pararse desde el movimentismo. Con la pelea Perón-Montoneros de fondo, la propuesta era no tener las contradicciones adentro del movimiento nacional y por consiguiente, había una sola conducción, la de Néstor Kirchner. A esto Ana Natalucci en Vamos las bandas lo llamó “estrategia heterónoma”, en oposición a autónoma.
Nacía la canción “los soldados del pingüino”. Néstor marcaba la línea, avanzaba, y los espacios militantes acompañaban y acumulaban. El primer gobierno popular en 30 años llenaba de ilusión y borraba toda crítica. Las agrupaciones militantes eran débiles (sólo la FTV de Luis D’Elía había sido protagonista central de la etapa piquetera), sin peso institucional. Muchas nacieron entonces, más de cien sellos juveniles según contabilizó la investigadora Melina Vázquez, impulsadas por el renacer de la política.
Años después, la bibliografía polemizaría respecto a la fecha exacta, pero ya sin Néstor, con La Cámpora a pleno en funciones y Cristina con una espalda del 54%, se cristalizaba la idea de la “fuerza propia”. La organización dirigida por la familia gobernante iría ocupando espacios de poder, tanto de gestión como territorial. Podría decirse que tuvo algo de proceso natural de desarrollo, de acumulación y consolidación.
Como si fueran parte de un mismo acorde, el armado de la fuerza propia fue acompañado por el estancamiento económico, el fin de la incorporación de demandas económicas y el desmembramiento del frente nacional: primero se fue Moyano, después Massa se llevó parte del peronismo y como corolario vino la pérdida del gobierno.
La idea de la “fuerza propia”, ser soldados de Cristina, sólo se podría haber sustentado en un permanente avance popular, en la absorción de las nuevas demandas. Y ante esta falta, tampoco se trabajó para la contención del frente nacional. NI transformación ni amplitud.
O se era soldado o se rompía. Ningún espacio logró mantener el apoyo al gobierno marcando diferencias. Nadie, desde las fuerzas oficialistas, dio cuenta del límite estructural de la economía kirchnerista, ni del desgajamiento del frente nacional. Sólo se recuerda algún editorial de Verbitsky o la bandera del Movimiento Evita “orgullosos de lo hecho, nos duele lo que falta”.
Volumen político
Como se dice por ahí, armar un frente electoral es como juntarse a comer un asado y quien pone la carne es la que tiene los votos, Cristina. El problema es que si es siempre la misma carne, quizá prefieran irse a comer una pizza. Mejorar la ensalada, aportar achuras o hasta marinar la carne. Todo sirve y ya no se pide mucho más.
Discutir el soldadismo no es meramente una discusión de poder, es ampliar el menú, llenarlo de matices, es incorporar nuevas demandas, un volver a empezar con muchos años de maduración atrás. Moyano no es el mismo que en 2003, el Movimiento Evita tampoco, la referencia y el sector que expresa Juan Grabois ni existía como sujeto. Faltan otros sectores, como los empresarios y expresiones federales, aunque se las puede identificar dentro de los espacios, del mismo modo que el feminismo.
De lo que se trata es de darle volumen político a un frente opositor que tiene en el centro a la figura de Cristina, pero que no le sobra nada. Con un piso alto y un techo bajo, necesita renovarse para romper con el encapsulamiento inercial.
Durante los tres años que lleva el denominado kirchnerismo duro, la “fuerza propia”, en la oposición, ha mostrado poca inventiva, pocas voces. A las exposiciones de Cristina, repetidas en loop, entre las que propuso incorporar al feminismo dentro del peronismo, se puede agregar quizá algún momento de Axel Kicillof, quien se animó alguna vez a salirse del libreto.
Grabois, con su irreverencia, explicita una crítica, pero sobre todo una apuesta hacia el futuro. Del mismo modo pueden pensarse las apariciones de Alberto Fernández y Felipe Solá. Muestran crítica y autocrítica, un punto de vista distinto, pero con vocación de unidad. Pueden hacer ruido, mueven el avispero, como lo hacen Carrió y la UCR con el macrismo, que marcan su posición pero se saben atados a un mismo destino, manteniendo lo más amplia posible su base de sustentación.
El desafío puede ser tomado como una estrategia electoral. Visión limitada pero complaciente. No es una vuelta al 2003, donde todos los sectores eran débiles y esperanzados. Se está gestando un reencuentro entre espacios y dirigentes con una trayectoria, construcción y representatividad. Cristina está en el centro, pero no es la “jefa”.
Lucio Fernández Mouján es politólogo y miembro del Grupo de Estudios sobre Participación yMovilización Política, Instituto Gino Germani, UBA, y del PEPTIS (Programa de EconomíaPopular y Tecnologías de Impacto Social), UMET/CITRA. @carraspero
Publicado en:
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