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lunes, 2 de noviembre de 2015

Háganlo quedar, por María José Sánchez (para "Diario Registrado" del 01-11-15)


 “Fijate de que lado de la mecha te encontrás con tanto humo el bello fiero fuego no se ve”   (Queso ruso, Los Redondos)

Por María José Sánchez
Domingo 01 de noviembre de 2015 | 21:22
       

Ya escribí sobre esto. A veces creo que en realidad, si paso mis textos por el tamiz implacable de la memoria, siempre escribí sobre lo mismo. Podría recortar líneas de cada nota redactada en la última década y armar una especie de informe sobre mis porqué. Porqué no quiero volver a los '90, por ejemplo.



En uno de los paros generales que Moyano le hizo a Cristina, explicaba porqué yo no paraba. Contaba que guardé, no sólo en mi memoria (otra vez), sino también en una especie de cajita de recuerdos que tengo, un cupón de la Red Global del Trueque. En este caso es un papelito amarillo (je) de la Zona Mar y Sierras, de 0,50 centavos en créditos y dice, bajo este valor: “El crédito no constituye un medio de pago. Está prohibida su negociación o canje por dinero”. Contaba también que con mi mamá, desempleada, los fines de semana en que se organizaba el Trueque, llevábamos plantines de orégano y menta que cosechábamos en una quintita que habíamos hecho en casa, robándole terreno a los rosales y jazmines que a ella tanto le gustaban. Lo que vendíamos, cuando podíamos vender algunas macetitas, se nos pagaba con ‘créditos’ como éste que guardé. Luego, íbamos a otros stands que trocaban comidas hechas u otros alimentos y comprábamos lo que nos alcanzaba. Año 2000, 2001, 2002.



Claro, me dirán que los '90 ya habían terminado. Y nos habían llevado puestas, nos habían dejado debajo de la lona. Por eso les diré que todavía no habían terminado para personas como nosotros. Para los pobres, digamos. Para nosotros, los de abajo, los del subsuelo de la patria, los '90 seguían siendo una picadora de carne, que nos pasaba una y otra vez por sus dentadas fauces, moliéndonos un poco más en cada pasada. Porque siempre se puede estar peor. Porque siempre se puede anhelar el fondo que creías haber tocado, cuando no parás de caer.



Y la verdad, después de todos estos años, ya me acostumbré a que mi familia, la que  aun tengo (mamá se quedó para siempre en el 2002), coma todos los días. Me acostumbré a no tener que soportar en el estómago el peso del hambre y la incertidumbre que da el hambre, que lastima tanto como no comer. Desde acá, desde la autorreferencia, desde el ombliguismo mas brutal, les digo que ya me acostumbré a estar mejor.



Me acostumbré a vivir, me desacostumbré a esa supervivencia a saltos. Me acostumbré a  ser protagonista, a despegar la ñata del vidrio de la mejor calidad de vida de los otros. Me acostumbré a que mis sobrinos no les toque esperar a que volvieran “los grandes” de la calle, a la noche, para ver si habían conseguido algo para echar a la olla, como esperábamos con mis primas.



Disculpen, pero quizá me haya gastado mi capacidad de adaptación, o, aun más probable, no esté dispuesta a que volvamos a eso. No estoy dispuesta a abocarme a recuperar lo que ya logramos. Quiero seguir dedicando mi voluntad y trabajo a que cada vez más niños dejen de pasar hambre, no a que los que ahora comen, puedan volver a comer. Porque todavía quedan muchos que la pasan horrible, todavía quedan muchas mujeres y hombres que sufren la impotencia y la violencia de no poder darle de comer a sus hijos. Porque si volvemos a esos años que recuerdo aquí, van a multiplicarse el dolor y el hambre, el dolor que es el hambre.



Me acostumbré a vivir en un país, donde millones pudieron jubilarse y se les aumenta por ley dos veces por año y ya no se le baja el salario a los viejos. En un país donde con el Pro.Cre.Ar miles de familias lograron el techo propio. Donde con el PROGRESAR se ayudada a jóvenes de 18 a 24 años a costearse una educación superior.



También me acostumbré a que YPF y Aerolíneas Argentinas sean tuyas y mías. Nuestras. De la misma forma que nunca me voy a acostumbrar a Monsanto. Me acostumbré a que los chicos tengan, desde antes de nacer, una Asignación Universal, de la misma forma que no voy a acostumbrarme nunca a que tantas mujeres sigan muriendo en abortos clandestinos, porque son pobres y no pueden pagarse una intervención menos riesgosa.



Me acostumbré a que las personas que se quieren casar, puedan hacerlo mediante el Matrimonio Igualitario, sin importar su sexo, porque el amor no distingue esas nimiedades. Me acostumbré a que las personas que se sienten mujeres o se sienten hombres puedan esgrimir un documento que así lo afirma, y eso ocurre desde la aprobación de  Ley de identidad de Género. Porque la identidad es un derecho enorme, fundamental, ese que se agiganta para todos y todas cada vez que recuperamos un Nieto.



Demás está decir que ya no voy al trueque, creo que ya no existen muchos sitios así en el país. Y no es que hayamos tenido una suerte inesperada y dejamos de necesitarlos. No es que antes éramos vagos que no querían trabajar y ahora nos rompemos el lomo y todo lo que tenemos es producto único de nuestro esfuerzo. No. Siempre nos partimos la espalda laburando, pasa que antes no teníamos laburo. Simple: creer que progresás sólo porque sos un gran trabajador y que los gobiernos no tienen nada que ver en que te vaya mejor, es de una miopía peligrosa. Lo mismo que creer que los '90 no fueron malos porque pudiste viajar al exterior. Bueno, eso es peor, es de un egoísmo cruel, porque no quiere decir que estás casi ciego, sino que nunca miraste al costado. Mas de cinco millones de nuevos puestos de trabajo en diez años, apertura de paritarias y Consejo del Salario no me dejan mentir.


Otra cosa que se me hizo costumbre fue sentirme soberana. ¿No les pasa? Reestructuración de la deuda externa, cancelación al FMI, las reestatizaciones de las que hablamos más arriba y la de los ferrocarriles, la creación de la UNASUR, la profundización de la cooperación con países hermanos, Fútbol para todos, la repatriación de científicos, los lanzamientos de los ARSAT, la batalla contra los Fondos Buitres. Así me siento con todas esas conquistas: soberana.



Se me ocurre también que capaz ni yo ni vos somos peones rurales ni trabajamos por hora limpiando casas. Pero que exista un nuevo estatuto del Peón Rural y un Régimen laboral para Empleadas Domésticas nos hace mejores, porque igualdad no quiere decir que todos somos iguales, quiere decir que todos debemos tener las mismas oportunidades. También significa que reestatizar las AFJP y que aporten más ganancias los que más ganan, es construir una sociedad más equitativa.



También sé que a esos años duros les debo haberme acostumbrado a luchar. Empecé a militar en política a finales del 2001. No dejé de militar ni un día, porque tanto en esa época como ahora creo que la política fue, es y será la mejor herramienta que tenemos para   mejorarle la calidad de vida a los ciudadanos. Sé que muchos políticos han pervertido esa herramienta, de la misma forma que sé que otros políticos y políticas la han dignificado y la han elevado, sacándola del barro inmundo donde la habían sumergido. Estos últimos son los mismos que promovieron la nulidad de las leyes de Obediencia debida y Punto Final y los otros, los que nadan cómodos en ese barro, hablan ahora de la necesidad de una anmistía y que no se enjuicie más a los genocidas. La verdad también me acostumbré a que los asesinos, violadores, torturadores y ladrones de bebés vayan presos. De la misma manera que no me acostumbro a no saber qué pasó con Julio López.



¿Sabés a que otra cosa me acostumbré? A que esté Cristina ahí, conduciendo el trasatlántico gigante que es la patria. Me acostumbré a la comodidad de votarla como presidenta, porque ahí no tenía que cuestionarme nada. No tenía que interpelar mi conciencia, no tenía que explicar nada. Porque era ella la que encabezaba la boleta en la que depositaba mi confianza y mi promesa repetida de no bajar los brazos nunca. Y mis ideas. En ella mis ideas encontraron la tierra fértil donde brotaron muchos de los sueños que soñé el día que empecé a militar.



Hoy no está su nombre propio en la lista que voy a votar. Y está bien que nuestros sueños, porque todavía tenemos muchos, no quepan en las urnas de una elección que nos acota a un Scioli y a un Macri. Lo que no me parece bien es que nos quedemos en los nombres propios. Porque detrás de cada uno de ellos hay diferentes proyectos de país. Porque ese reduccionismo nos condena, nos pone los grilletes en los tobillos y nos manda de una patada en el traste a los '90. Cortita. Al pie.


Lo que comenzó con Néstor Kirchner tiene que seguir. Como militante política sería una irresponsabilidad horrible privilegiar la tranquilidad de mi conciencia, la benevolencia de mi almohada, cuando apoyo la cabeza a la hora de dormir, y no votar a Scioli, o votar en blanco, o impugnar mi voto. Quizá otros puedan darse ese lujo, nosotros no.


Quitando la obviedad de mi convencimiento a sostener mediante la lucha y el voto  -que es otra forma de lucha-, el proyecto, creo que no hay militante del campo popular que pueda privilegiar el individualismo de no votar al candidato kirchnerista porque “es Scioli” y calmar, así, una conciencia que va a interpelarlo después, si gana Macri. Y allí no habrá almohada que perdone.



Quienes vemos en este proceso político las transformaciones históricas que queremos sostener y profundizar, solemos decir que Néstor no se fue, que no murió. Creemos que vive en las conquistas y, la verdad, no tenemos que esforzarnos mucho para verlo en cada pibe que puede vivir un poquito menos peor. “Háganlo quedar”, nos pidió Cristina, el otro, día, en un patio de la Casa Rosada. Nos pidió que hagamos que Néstor se quede. Nos pidió que el árbol no nos tape el bosque, nos pidió que entendamos que no se trata de la simpleza del nombre propio, sino del riesgo de perder la oportunidad del bello desafío de  seguir transformando. Porque los cambios son irreversibles porque tenemos la voluntad de que así sea, no porque no pueda venir un Macri a privatizarnos la ilusión y destruirlo todo otra vez.



Y yo a ese tren que avanza, a veces parado en estaciones que nos gustan más y en otras que nos gustan menos, ya me subí hace años. Y no me bajo. No me bajo porque lo que se dice se sostiene con lo que se hace. Porque hay que poner la carita cuando realmente estás convencido de lo que decís y de lo que hacés. Porque asumo mi parte en la historia, porque me acostumbré a ser protagonista de la historia que construimos día a día. Porque quiero que Néstor se quede, porque acá no hay lugar para la tibieza idiota de querer bailar sólo con la más linda, porque sabemos todo lo que falta y sabemos, también, que es por este camino la única forma de ir lográndolo. Porque mi mamá me enseñó a luchar y mis Madres me enseñaron sacar amor del peor dolor, y que ese amor vence. Porque no pienso dar un paso atrás ni para tomar carrera, porque acá, pase lo que pase, no se rinde nadie.

Publicado en:
http://www.diarioregistrado.com/opinion/133241-haganlo-quedar.html

martes, 21 de julio de 2015

LOS MONSTRUOS EXISTEN, por María José Sánchez (para "Diario Registrado" del 27-10-14)

 “Pero cuando se anote el resultado final, la carne y la sangre derrotarán al monstruo maldito.” (Adam Smith)

Por María José Sánchez
       

Hay un montón de cosas que me dan miedo. Algunos de esos miedos crecieron conmigo, otros se me presentaron de grande y llegaron para quedarse. Algunos se han ido, con el tiempo. Pero lo cierto es que le temo a muchas cosas, creo que la gente que no le tiene miedo a nada es porque miente o anda por la vida sin prestar demasiada atención.


Le temo a las ratas, a algunos perros, a cómo habría sido mi vida sin algunas personas y a como sería mi vida si se mueren antes que yo. Esas cosas me dan pánico, de ese miedo antiguo que paraliza, como cuando de chicos escuchábamos un ruido y creíamos, mejor dicho, estábamos positivamente seguros de que había un monstruo horrendo debajo de nuestra cama. Y lo había, el miedo era el monstruo.


Pero cumplimos años y dejamos de pensar así, de revisar detrás de la puerta, de creer que desde cada forma que adquieren las sombras puede asaltarnos una alimaña siniestra. Dejamos de revisar debajo de la cama. Nos confiamos. Y la cosa es que bajamos la guardia, el escudo con el que nacemos, desconectamos la alarma ancestral que siempre nos acompañó y caemos en la trampa más absurda e inevitable de todas: crecer. Y ahí pisamos el palito. Porque un día, aunque seas grande, aunque las sombras desde hace mucho tiempo son sólo sombras, un día, los monstruos reaparecen. Y te das cuenta de la obviedad y si no te paralizara el pánico te gustaría palmearte la frente para amonestarte por no darte cuenta antes.


Un día vez una foto, es la mano arrugada de un viejo, sabés que esa mano es de un asesino, torturador, secuestrador de niños. Eso no te da miedo, te da bronca e impotencia, pero ya no miedo, hasta que leés el papel que sostiene en su anciano puño. En el papel, escrito con su letra, dice “Jorge Julio López”, y ahí te das cuenta que ése es el Viejo de la Bolsa, el que de chiquita te decían que se llevaba a los nenes y no los devolvía. Y ése es el monstruo horrible que se escondía debajo de la cama. Es él. Miguel Etchecolatz es la sombra de las pesadillas, el ruido de pasos en la nada, la amenaza invisible que bajaba la temperatura de la habitación, de noche. Es él.


Pero ahora el monstruo es enjuiciado, justamente, por su vida monstruosa. Pero el monstruo amenaza, todavía quiere regodearse en la impunidad que ya no tiene con su cinismo denso, e invoca a un dios que de existir ha de ser una abominación terrible.


Pero ahora los monstruos van presos, cosa que no pasaba cuando eras chiquita, que siempre se escapaban por algún recoveco de los sueños, por la ventana, o se esfumaban en el aire cuando alguien tenía la bella idea de encender la luz. O cuando tu mamá te tomaba de la mano o acariciaba tu cabeza, que era otra forma de iluminar.


Y está bien que ese monstruo te despierte el miedo visceral que en la infancia te generaban las cosas más horribles que podía inventar tu imaginación, que siempre fue un poco desaforada. Pero de chica no sabías que la Justicia tranquilizaba, ahora tenemos eso a favor. Porque ahora los monstruos, que existen, no ganan. Ahora los monstruos se pudren en la cárcel.

Publicado en:
http://www.diarioregistrado.com/opinion/105247-los-monstruos-existen.html

La señora que amaba las botas, por María José Sánchez (para "Diario Registrado" del 21-07-15)


       

Que a Mirtha Legrand no le gusta este gobierno no es novedad, exponer sus declaraciones en contra de la administración de Cristina no es noticia, es la reproducción de unos dichos que se repiten con la cotidianidad impuesta por el odio que la conductora le tiene al proyecto Nacional y Popular.



En estos días volvió a despacharse con unas de sus diatribas donde afirma sin que se le mueva uno sólo de sus perfectos rulos rubios, que vivimos en una dictadura, que la presidenta no es tal cosa, sino una dictadora. Como si no la hubieran elegido millones de argentinos con sus sufragios, dos veces. Pero Mirtha, que ha vivido los peores golpes de estado del siglo XX, parece tener un poco trastocados los conceptos. De hecho se jacta de que, porque paga impuestos, puede decir lo que quiera. Lo cierto es que puede decir lo que quiere y lo hace sin tapujo porque vivimos en una democracia plena. Puede injuriar porque la presidenta que ella desconoce modificó el Código Penal y ahora “en ningún caso configurarán delito de injurias las expresiones referidas a asuntos de interés público o las que no sean acertivas”, además.



Pero esos son detalles para Mirtha. La diva de los almuerzos nunca cuestionó a los dictadores, a los asesinos, a los torturadores, a los ladrones de bebés. Jamás. De hecho se la nota muy cómoda en los videos de esas épocas de oscuridad y muerte, así como dándole la mano a Alfredo Astiz. Pero hora es Cristina quien le parece una dictadora, no Videla, no Massera. Le parecen dictatoriales las medidas de un gobierno democrático, no el secuestro sistemático de bebés. No está de acuerdo con el “gasto”, -que nosotros preferimos llamar inversión- en el Centro Cultural Néstor Kirchner o Tecnópolis, pero no desacuerda con que durante el último golpe cívico militar hayan engrosado vertiginosamente la deuda externa.



A Mirtha le molesta Cristina y sus formas, su soberbia. Con que se tirara al río drogada y atada de pies y manos, pero bien, bien viva, a las personas desde un avión, no parece tener mayores inconvenientes.



Y pienso y comparo estas cosas que, obvio, a Mirtha la tienen sin cuidado, porque hoy vi una foto hermosa. Una foto que me puso la piel de gallina, como a veces me pasa con la música o la literatura que me emociona, o con algunas personas. Me atenazó la garganta la mano de la memoria, que aprieta, mucho, para que no olvidemos nada. Es una imagen que subió a las redes sociales Horacio Pietragalla. En la foto está él junto a Victoria Montenegro. Abrazándolos, en el centro, está Cristina. Horacio comparaba esa instantánea de ahora con otra, de cuando ambos eran bebés y estaban en brazos de otra mujer, en una época que él bien llamó “de mentira y engaño”, cuando tenían otros nombres y una identidad impuesta y falsa. Horacio y Victoria son nietos recuperados. Y esa foto es la representación perfecta de la justicia. Y por eso, personas como Legrand nunca van a estar de nuestro lado. Porque no hay una grieta entre nosotros, es que somos de mundos diferentes. Ella nunca podrá apreciar políticas públicas que empoderen al pueblo, nunca podrá entender qué nos hace felices, nunca aceptará que las clases populares merecen ilusiones, apoyo estatal, que pueden apreciar centros culturales, el arte que ella sólo concibe para la elite. Y la acusa a Cristina de provocar una grieta entre los argentinos, cuando personas como ella han cavado el abismo que destruyó el tejido de nuestra sociedad, ese que desde hace años, contra sus deseos, estamos reconstruyendo.



Yo me quedo con Victoria y con Horacio. Con ese abrazo de Cristina, ese abrazo que los contiene, que los funde en la verdad. Ese abrazo que es amor venciendo al odio. Ese amor por el que todo hay que dar, ese amor que edifica, que crea, que nutre, que siembra futuro. Por ese amor, la vida. Por el amor, la lucha.



Que Mirtha no entienda, dejen que odie, que escupa bilis sobre su mantel caro, frente a las cámaras. Dejen que siga extrañando las botas que nos aplastaron la cabeza, que nos desangraron. Déjenla, a la señora, que extrañe otras épocas. Porque las va a extrañar siempre, aunque viva cien años más y nos entierre a todos, porque gracias a abrazos como el de la foto que les cuento, sabemos que esas tiempos no vuelven.



PUBLICADO EN:
http://www.diarioregistrado.com/opinion/124761-la-senora-que-amaba-las-botas.html

lunes, 9 de febrero de 2015

EL SILENCIO NO ES SALUD, por María José Sánchez (para "Diario Registrado" del 09-02-15)


 “A veces, el silencio es la peor mentira.”   (Miguel de Unamuno)


Hablemos del silencio, aunque suene un tanto dicotómico. Hablemos de las razones del silencio cuando quienes lo invocan son, justamente, quienes más deberían alzar la voz. Si la justicia calla, no es para romper el cerco de la impunidad, sino para consolidarlo. En momentos donde el Poder Judicial está demostrando estar impregnado de una corrupción antológica, donde cada sitio que se intenta tocar larga pus, piden marchar en silencio.

Dicen que marchan por Nisman, para esclarecer su muerte. Pero, ¿acaso no fueron ellos los que se excusaron y no querían tomar la causa que presentara el Fiscal? ¿No son ellos quienes intentaron lavarse las manos e irse de vacaciones en plena investigación? ¿A ellos de verdad les importa lo que le ocurrió a Nisman? Lo disimulan muy bien. Y ahora la corporación judicial, de la cual Nisman era parte activa, marcha bajo el manto de un cínico silencio.

Si ellos callan, será porque nada de lo que puedan decir los beneficia. Si ellos eligen callar, son cómplices de la mudez que la injusticia tiñe año a año la verdad sobre el atentado a la AMIA, su encubrimiento, el rol de la ex SIDE y qué hacía realmente durante los últimos diez años el Fiscal fallecido de la mano de Stiuso.

Ellos deberían odiar el silencio. Ellos, que son quienes deben impartir justicia en nuestro país, deberían aborrecer el silencio. Porque el silencio es la noche oscura de nuestra Argentina. Porque fue el silencio, el callarse, el mirar para otro lado, lo que nos separó tanto, durante tanto tiempo. A este país el silencio le rompió el corazón. Nos hirió de muerte, nos tuvo agonizando hasta que pudimos volver a abrir la boca. Porque, parece, habíamos olvidado cómo era eso de reconocernos, de levantar la voz por otro, de decir sin miedo que no pensábamos como nos decían que debíamos pensar. Y esa luz reconquistada que partió la noche en dos es difícil de extinguir, porque somos millones de manos protegiendo la llama de la memoria del viento del silencio.

No es lo mismo ser silenciado que elegir el silencio. No es lo mismo la marcha de los jueves, en círculos, frente a la Casa Rosada, que esta marcha que convocan para el 18 de febrero. No se parecen en nada, porque a unas les taparon la boca para que no griten las ausencias y estos fiscales buscan que nadie hable. No son lo mismo aquellas marchas del silencio en Catamarca, porque los que pedían justicia por María Soledad estaban imposibilitados de voz, y ésa fue la forma que encontraron para hacerse notar: el abrumador ruido del silencio. Pero la corporación judicial no está silenciada por los poderosos, porque son ellos los poderosos que silencian.

Hay un viejo proverbio judío que dice que “Hay que guardarse bien de un agua silenciosa, de un perro silencioso y de un enemigo silencioso”. Hay que cuidarse mucho de ellos, vienen con las mordazas en las manos, listos para ajustarlas y volver a sus cómodos sillones, donde desde hace décadas deciden qué es verdad y qué mentira, quiénes viven y quiénes mueren. La culpa y la inocencia no tienen el mismo sentido para ellos que para nosotros, porque la verdad para ellos dejó de tener importancia el día que se dieron cuenta que la información era infinitamente más rentable que el trabajo intelectual sincero.

Hay que cuidarse de ellos, porque ahora son perros con rabia, ahora que se destapó la olla del guiso que cocían desde hacía años, están histéricos y no piensan retraer las garras. En la espuma que escupen está en nocivo germen de la mentira. Y son muchos perros y están desatados. Y están entrenados para matar.

Siempre atacaron. Los medios concentrados, los políticos funcionales a esos monopolios y la corporación judicial. Ahora sabemos que son lo mismo, podemos leerlos y verlos bien mezclados en el barro infame en el que se revuelven rencorosos. Siempre pegaron bajo, aunque por los constados, acercándose. Pero ahora no, ahora pegan haciendo y diciendo cualquier cosa en el centro de todo. Aunque socavaron al gobierno con diferentes estrategias año tras año, oponiéndose a todo lo bueno que logramos, ahora van directo a Cristina. Van a hacer lo que sea, como estamos viendo desde hace meses. Dirán lo que sea, pegarán donde más duele. Durante este año inventarán las peores patrañas, las más infames. Operación tras operación.

Durante un tiempo creímos que le ganábamos con las urnas, y así los mantuvimos a raya muchos años. Y pudimos avanzar y no volver a humillarnos de rodillas, como ellos nos querían, como ellos nos tenían. Pero no respetan lo que las urnas deciden, están desesperados por recuperar el poder que tenían concentrado, el poder que ahora lleva el pueblo en sus puños como bandera transformadora. Quieren arrebatarnos la capacidad de seguir construyendo nuestro destino y tirarnos otra vez bajo la lona, para poder aplastarnos como pequeños insectos bajo sus grandes y negras botas.

Entonces con las urnas no alcanza. Hay que dar la batalla cotidiana, sin descanso, sin flaquear un día porque es ahí cuando avanzan a pasos agigantados. Hay que aguantar, no hay que vacilar. Hay que salir a la calle porque también eso nos quieren arrebatar. Hay que salir y plantarse con los pies firmes en las ideas, bien firmes en las convicciones para que el silencio que intentan imponer, que soplará con la violencia que ellos saben convocar, no nos mueva.

Publicado en:
 http://www.diarioregistrado.com/opinion/112386-el-silencio-no-es-salud.html

jueves, 28 de agosto de 2014

YO HOY NO PARÉ, por María José Sánchez (para "24baires.com" del 28-08-14)





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Yo hoy no paré. Tengo mis argumentos, claro. Nadie me exige que los exponga, pero en esta columna suelo opinar sobre diferentes situaciones de la política y la sociedad de nuestro país y, a veces, hasta me aventuro -con más osadía que otra cosa- y hago algún que otro apunte sobre la situación económica que, vale decir, siempre se mezcla con la política.
¿Por qué no paro hoy? Bueno, demás está decir que Moyano no me manda a hacer nada, no me representa ni ahora ni cuando simulaba con mayor o menor éxito la falacia de su adhesión al gobierno nacional, que no era más que un apriete permanente, donde logró obtener muchas cosas para su gremio y para los sindicatos que él representa en su parte de la CGT. Hasta logró varias bancas de diputados, entre ellas la del neomassista Facundo, su hijo. Barrionuevo, claro está, tampoco me representa, jamás lo hizo ni lo hará. Micheli, por su parte, es un hombre que siempre repudió la burocracia sindical, el apriete patotero, pero ahora se encolumna detrás de aquellos a quienes siempre combatió. Ni que decir de que ahora esté del lado de la patronal del campo: “No se necesita tener mucho conocimiento para saber que si te felicita la Sociedad Rural, es porque te pasaste de bando”, ya había dicho Germán Abdala, así que nada más para agregar a lo que ya resulta tan obvio.
Entonces, por ese camino, es claro que quienes intentaron paralizar el país y fracasaron con estrépito, no hablan por mí. Pero hay mucho más que eso, hay mucho de la experiencia personal y del sano ejercicio de la memoria que hacen que yo no adhiera a estas intentonas de algunos de perjudicar a otros.
Hace pocos días el inefable ex presidente Fernando De La Rúa dijo que en los últimos días de su gobierno estábamos mejor que ahora. Qué bronca, qué indignación que este hombre, que es incluso responsable de muchas muertes ocasionadas durante ese nefasto diciembre de 2001, diga cosa semejante. Qué falta de respeto. En esas épocas sí tomábamos las calles, en esas épocas reclamábamos trabajo: pedíamos comida, no que nos bajaran el monto al pago de ganancias. No pagábamos ganancias, porque no teníamos sueldo, teníamos hambre, estábamos excluidos, rogábamos poder, siquiera, subirnos a la lona. Ahí sí parábamos. Nos manifestábamos contra el gobierno que no daba pie con bola y cada vez había más desocupados, más indigentes, más pobres, más sufrimiento. Ahí sí. Moyano, Barrionuevo y los que hoy quieren sin éxito movilizar al país a que dejen de trabajar para apoyar sus reclamos, nunca fueron excluidos sociales, nunca pasaron necesidades, siempre, en el 2001 y ahora, manejaron sus autos importados y siempre fueron parte del poder, a veces con más acceso y otras con menos. Y nos quieren hacer parar ahora.
He guardado, no sólo en mi memoria, sino también en una especie de cajitas de recuerdos que tengo, un cupón de la Red Global del Trueque. En este caso es de la Zona Mar y Sierras, de 0,50 centavos en créditos y dice, bajo este valor: “El crédito no constituye un medio de pago. Está prohibida su negociación o canje por dinero”. Nosotros, los fines de semana en que se organizaba el Trueque, llevábamos plantines de orégano y menta que cosechábamos en una quintita en mi casa, lo que vendíamos, cuando podíamos vender algunos, se nos pagaba con ‘créditos’ como éste que guardé. Luego, íbamos a otros stands que trocaban comidas hechas o alimentos no perecederos y comprábamos lo que nos alcanzaba. Año 2000, 2001, 2002. Era lo que había, cuando teníamos la dicha de que haya algo. Porque no teníamos trabajo, porque poner pan sobre la mesa era una tarea ardua, triste, ingrata y muy, pero muy difícil. Y la verdad, les confieso, no todos los días la podíamos lograr. Perdíamos la batalla y sin comida ni trueques, nos íbamos dormir con el ya familiar dolor de estómago, que no es otra cosa que hambre.
Mucho ha cambiado, no caigamos en la necedad idiota de decir que estamos peor que antes, porque no es así: los niños tienen, desde antes de nacer, una Asignación Universal, la Jubilación aumenta por ley dos veces por año, ya no le bajan el sueldo a los viejos. Ahora hay moratorias y pueden jubilarse quienes antes ni siquiera soñaban este beneficio. El Pro.Cre.Ar es la realidad de techo propio y esforzado para miles de familias. El PROGRESAR es un nuevo derecho para que jóvenes de 18 a 24 años puedan costearse una educación superior. 5 millones de nuevos puestos de trabajo en diez años, apertura de paritarias y Consejo del Salario. Ni qué decir del Matrimonio Igualitario, de la Ley de identidad de Género, de las repatriaciones de Aerolíneas Argentinas e YPF. Por citar algunos ejemplos.
Hoy no voy más al truque, creo que ya no existen sitios así en el país. No es que mi familia y yo hayamos tenido una suerte inesperada y dejamos de necesitarlos. Es que el país cambió. Todavía hay mucha gente que la pasa mal, que sufre, todavía hay muchos que se van a dormir con la panza vacía, y es también por ellos que hoy no paramos. Por ellos, porque todavía falta mucho, pero también por todo lo que hemos avanzado, hoy, guardo en mi cajita mis 0,50 centavos de trueque. Y lo guardo en la memoria, porque para valorar qué tenemos y a dónde vamos, hemos de tener muy en claro de donde venimos.


Publicado en:

miércoles, 26 de marzo de 2014

La felicidad es la desmemoria para el Salieri de Quino y Caloi, por María José Sánchez (para "24.baires.com" del 26-03-14)


Primero posteó: “Recuérdalo: el secreto de la felicidad es tener mala memoria” y luego escribió una frase de Cortázar: “Hay ausencias que representan un verdadero triunfo”. Quizá esto no llamaría la atención cualquier día del año, pero, ¡Oh, casualidad!, lo hizo el Día de la Memoria, la Verdad y la Justicia. Entonces, le dio franco a la sutileza y decidió señalar a la desmemoria como algo positivo, que hace la vida más liviana y llevadera. Y en esa frase seleccionada del gran Julio no podemos leer ausencia sin leer desapariciones: no es subjetivo, Nik quiere que leamos eso.
La memoria, pilar fundamental, junto a la verdad y la justicia en la reconstrucción que elegimos hacer de nuestra patria. Desde hace años aprendimos y remarcamos que los pueblos sin Memoria se autocondenan a repetir los mismos errores, a ser pisados por las mismas botas, a ser matados por las mismas balas. Los pueblos sin Memoria no avanzan, viven en un limbo sin pasado ni futuro, sin compromisos, sin solidaridad, sin identidad. Limbo que parece ser el paraíso de Nik, según su twitt.
Y el día en que él escribía semejante afrenta buscando complicidad y risas, había 30,000 ausencias más presentes que nunca. Miles de desaparecidos por la dictadura genocida, esa que Nik parece tomar a la ligera, como si no hubieran torturado, asesinado, robado, apropiado, desbastado la vida de millones. Como si fuera un chiste. Pero si cree que esas ausencias que nos duelen 38 años después como el primer día, que son la herida siempre abierta, son “triunfos”, no está bromeando, está expresando su ideología pura. Que después lo borre no significa que note la magnitud de sus dichos, lo escribe para que se sepa, pero lo borra en un simple acto de cobardía que va muy bien con todo lo que este mediocre dibujante de La Nación nos tiene acostumbrados.
Y el ‘chiste’ del gatito Gaturro en sus viñetas para el 24 de Marzo fue: “No mires al pasado, te pone triste. No mires al futuro, te pone ansioso. Mira al presente y simplemente, vive”. Una vez más contra aquello que tanto ha costado mantener, la Memoria. Sin Memoria no podemos conocer la Verdad, que siempre se busca. Sin Memoria no podemos alcanzar la Justicia, que gracias a gente que piensa como Nik, tan esquiva ha sido durante tantos años.
Y los cachetes del gato amarillo PRO nos recuerdan el rostro de Jorge Lanata, quien también supo afirmar que estaba harto de la dictadura y de cómo este gobierno, que bajó los cuadros de los genocidas, que promovió el enjuiciamiento a los represores, no deja que el olvido caiga como la noche oscura, como en los ’90, sobre las Madres y las Abuelas.
Sepamos, entonces, que este inventor de Gaturro, personaje al que Mauricio Macri le hizo un monumento en el Paseo de las Historietas, no es sólo un muy poco hábil Salieri de Caloi y Quino y de todo aquel que en Twitter publique algunas ideas que él pueda usufructuar en viñetas gatunas, sino que es un defensor del olvido, un escribidor de la desmemoria, y parece ser un nostálgico de las épocas en donde se triunfaba ausentando gente.

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 http://www.24baires.com/opinion/42818-la-felicidad-es-la-desmemoria-para-el-salieri-de-quino-y-caloi/

martes, 10 de diciembre de 2013

LAS COSAS POR SU NOMBRE, por María José Sánchez (para "24Baires" del 10-12-13)





roboLas cosas por su nombre. No le digamos saqueos al robo sistemático y organizado de bienes suntuosos. No comparemos estos incidentes con los saqueos por hambre del 2001, cuando era comida lo que se llevaba la gente de los comercios, la comida que no podían comprar porque no había trabajo, no había plata, prácticamente no había Estado. No llamemos simple reclamo salarial al acuartelamiento policial, cuando el que exige tiene una 9mm. en la cintura y la posibilidad de liberar las ciudades para que sean pasto de los delincuentes si no se cede a sus pedidos. Y mucho menos cuando sabemos y pudo comprobarse que en diversos puntos del país la misma policía acicateó y comandó estos asaltos y destrozos. No. Llamemos a las cosas por su nombre.
Primero hay que decir algunas cosas. La policía, en Argentina, cobra (o cobraba) mal. Muy mal. Poco, para el trabajo que realizan. ¿Era ésta la metodología para obtener lo que querían? ¿El apriete, la extorsión, abandonar a los ciudadanos a su suerte aun cuando ellos mismos impulsaban los desmanes? No, seguramente debe haber otras vías de reclamo, otras formas para obtener mejoras salariales. Difícilmente el caos sea la única opción, a menos que lo único que se quiera sea caos. Y hubo heridos y hubo muertos. De hecho en algunas provincias, mientras escribo esto, recién se comienzan a encauzar los conflictos.
No nacimos ayer, si bien nuestra Democracia es joven e inexperta aun, tenemos mucha experiencia en circunstancias adversas en nuestro país. Podemos dar cátedra triste de golpes de estado, de intentos desestabilizadores, de grupos y/o individuos que buscan y generan disturbios con fines políticos y económicos, siempre infames, cuentapropistas y criminales. Entonces, -y sumando lo aprendido de otros lugares de Latinoamérica, como Ecuador, donde las fuerzas policiales hace un tiempo intentaron voltear al gobierno de Correa-, hacemos nuestra propias cuentas. Siempre para las mismas fechas se suceden los mismos problemas: la casualidad no existe. Que seamos perseguidos no significa que no nos estén siguiendo.
Ahora, es importante que las fuerzas de seguridad tengan sueldos dignos, cosa que en 30 años de Democracia aun no se ha logrado completamente, aunque algunas provincias, luego de estos lamentables hechos, ya han ido mejorando notablemente los salarios. Como en Buenos Aires, por ejemplo, que se elevó el básico a $8,570, casi el triple de lo que cobra un maestro, aunque se vivieron momentos de tensión en ciudades como Mar del Plata entre los mismos efectivos, cuando muchos querían aceptar la decisión del Gobernador Scioli de aumento y otros querían seguir el acuartelamiento exigiendo $12,500.
Y entre todo esto, la sociedad. No en el medio de esto, no en el medio entre el Estado y las fuerzas policiales, porque todos somos parte de la sociedad, todos la conformamos y construimos o destruimos.
Quizá, después de 30 años de Democracia ininterrumpida no mensuramos los peligros de situaciones tan extremas, la delgada línea que se transita cuando se promueve el caos y el desmadre. Quizá nos hayamos acostumbrado tanto a la Democracia que olvidamos lo que costó conseguirla y no atinamos a defenderla. Al menos muchos se olvidan, al menos muchos parecen despreciarla. No todos, claro. Sino todo pasaría a mayores.
Pero es esa sociedad la que todavía estamos rearmando, esa sociedad que aun está reestableciendo sus lazos solidarios pulverizados en la dictadura, la que tiene el rol fundamental de defender lo avanzado, lo logrado y de apostar todo, de poner todo en juego para no volver atrás, nunca. Porque si señalamos con el dedo al otro, por su condición social, si estigmatizamos a los que menos tienen, si nos creemos mejores que los demás, no estamos defendiendo la Democracia por la que tantos y tantas murieron, sino que estamos fertilizando el campo amargo donde reverdecen cada tanto los brotes desestabilizadores de aquellos que quieren volver al pasado, al país de pocos, para pocos. Y estas circunstancias vividas, tan violentas, tan desgraciadas, nos ponen a elegir qué queremos, y qué estamos dispuestos a hacer para lograrlo. Los sillones son cómodos, los controles remoto en la mano nos dan la ilusión de creer que estamos informados, aun cuando no sepamos nada. Pero es la participación, ponerse en el lugar del otro, mirar al costado buscando al otro y no hacia abajo, es la responsabilidad que cada uno de nosotros tiene que ejercer dependiendo del lugar que ocupemos, pero responsabilidad que todos tenemos, la que nos hace libres. Porque nadie puede ser feliz entre infelices, nadie puede ser libre entre quienes no lo son. No caigamos en el facilismo, en señalar con horror las fallas y no hacer nada por mejorar lo que está mal. Como Homero Simpson, en su campaña política en Springfield para ser electo en un cargo municipal, no usemos como slogan el “¿No podría hacerlo otro?”.
Las cosas por su nombre. Avancemos, sin aprietes ni extorsiones, leamos la realidad tan cual sucede. La policía debe ganar bien, pero también debe cumplir con lo que la sociedad a la que pertenecen les exige. Aun en Democracia las policías provinciales conforman aparatos represivos, desaparecen gente, matan villeros como perros todos los días. Son parte activa de las redes de trata de personas, así como del narcotráfico y el delito. Lo sabemos, ellos saben que lo sabemos. También hay efectivos que honran la profesión que eligieron. También. Pero todavía la Democracia no llegó a todas partes, porque aun la desigualdad es grande. Pero la brecha se achica entre todos y todas. Las cosas no se solucionan sin ser parte, sin poner el hombro y empujar el carro pesado y cascoteado de la Democracia para adelante. Siempre para adelante. Ni un paso atrás.

Fuente: María José Sánchez | 24baires.com

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http://www.24baires.com/opinion/36582-las-cosas-por-su-nombre/

domingo, 28 de julio de 2013

Camaño y Barrionuevo, los fiscales del massismo, por María José Sánchez (para 24Baires del 27-07-13)


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A medida que transcurren los días y se aproximan, inexorables, las elecciones Primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias, más conocidas como PASO, nos vamos enterando de acuerdos políticos que no fueron muy (o nada) difundidos por sus actores principales oportunamente. El hecho, resulta extraño, a más de un mes del cierre de listas y bastante más del cierre de alianzas, estar recién leyendo en los medios, por estas fechas, los arreglos políticos que se tejieron y que procuraron, con esfuerzo, que no salieran a la luz… hasta que lo hicieron.
Parece que Sergio Massa, que armó una lista variopinta con diversos sectores claramente opositores al Gobierno Nacional, también pactó con otros espacios opositores que, algunos intercalándoles candidatos, como el PRO de Mauricio Macri, y otros no, recién ahora se están mostrando públicamente.
No es el mismo Massa quien habla en estos términos, de hecho hasta Macri salió a correrlo en los medios para que se definiera si era que estaba con él o no… Tal vez haya un cierto temor por parte del Intendente de Tigre de mostrarse con ciertos actores, aunque no tuvo ese temor para conformar su propuesta electoral con ellos, claro.
O tal vez haya encuestas y asesores que le indican no levantar polvareda con estas incorporaciones y concordancias, tal vez no convengan electoralmente. Al menos eso parece cuando se lee a Graciela Camaño, la de la trompada a Kunkel, decir: “Ya estoy trabajando, estoy encargada de la fiscalización de Massa. Tenemos que garantizarla. Trataremos de resolverlo a través de los gremios”, y no saber de esto por boca del primer candidato de esa lista y referente del nuevo espacio. El mismo Luis Barrionuevo ya había anticipado que “en provincia de Buenos Aires todos los gastronómicos y de la CGT Azul y Blanca votan a Massa y están trabajando para que gane”.
La ironía y la memoria juegan fuerte cuando nos enteramos que Camaño, esposa de Barrionuevo, aquel quemador de urnas y reivindicador de esas actitudes severamente antidemocráticas, sea la “encargada de la fiscalización”, ya que, aunque ellos, a diferencia del macrismo, no colocaron candidatos en las listas massistas, tienen un pasado un tanto, digamos, llamativo, con eso de votar, perder y tratar de que la elección no haya existido, prendiendo fuego las urnas y los votos cuando no son favorables.
También Eduardo Duhalde, que inscribió su partido Unión Popular dentro de la alianza del Frente Renovador en la Provincia, salió a poyar a Massa con afiches que empapelaron Capital Federal. Parece que lo más rancio y refractario del peronismo se abraza fuerte a quienes algunos sindican como una renovación en la política: se abrazan tan fuerte, que aunque Massa trate se respirar solo, sacando la cabeza de ese apretón, se fusionan, se hacen uno.



Fuente: María José Sánchez para 24Baires
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 http://www.24baires.com/opinion/29059-camano-y-barrionuevo-los-fiscales-del-massismo/

jueves, 24 de enero de 2013

Los canallas, por María José Sánchez (para “Las Noticias de Macondo” del 24-01-13)






            A esta altura del día, ya la inmensa mayoría de nosotros está enterada de lo que sucedió con la –ya famosa- tapa del diario español El País. Mucho ya se ha dicho y se ha escrito sobre esto, las redes sociales estallaron en la noche argentina con críticas a la presunta foto de un Hugo Chávez agonizante, entubado, en coma. Pero me parece interesante utilizar lo que ha hecho hoy este periódico madrileño para plantear algunas cuestiones.
            Nadie pone los límites, es decir, cada uno de nosotros tiene límites, que puede transgredir o no, pero resulta muy difícil, al menos en materia de “ética periodística” colocarle límites a los demás, sobre todo porque quienes se han llenado la boca y han invertido litros de tinta en hablar de esto son, justamente, quienes más han violado las demarcaciones que muchos pretenden universales, pero que no lo son. El conocido has lo que yo digo pero no lo que yo hago.
            Lo que más me preocupa a estas horas, después de haberme indignado por la foto canalla, que ya sabemos, además, falsa, no es el hecho de que hayan publicado en tapa lo que ahora es un error gigante que va a ser difícil de superar en los años venideros, sino que los que obtuvieron esa imagen, los que decidieron publicarla, querían fervientemente que fuera real. Y sabemos que no es sólo una primicia, de las más cotizadas, seguro. Es un odio transmutado en ejercicio de un supuesto periodismo que quiere informar lo que, se presume, no informa nadie más. En el caso de Chávez, lo que no se dice sobre su salud.
            Y es esa la peor mentira de todas. La infamia de la foto falsa y su publicación nos deja en evidencia que no hay más límites, no es que los hayan corrido otro poquito para hacer de las suyas, no hay más límites. Los límites en el periodismo han muerto. Y es un velorio de varias noches. Con el discurso del deber de informar amasan infamias y las presentan como noticias. El doble discurso, pues en realidad: desinforman, mienten, inventan, ultrajan. Parece que la dignidad no es necesaria, de hecho debe molestar su recuerdo a quienes la han perdido. La dignidad, esa parte de uno que, como el apéndice, no tiene una función muy definida, pero se sabe que si está, es por algo y que si se pierde, no se recupera más.  
            Ríos de tinta correrán por esa foto. El País es un diario muy poderoso, y como todos los poderosos, puede continuar sin mirar atrás, si mirar siquiera a los  costados. Pero no dejemos morir esta discusión, que la mejor forma de debatirla es mostrarnos como somos y obrar en consecuencia. No olvidemos esta infamia histórica, como tampoco aquel “¿Por qué no te callas?”, que le gritó un día un Rey a un Presidente. A cuantos les gustaría que esa foto fuera cierta para que ese día, el del silencio, haya llegado, y Hugo Chávez, finalmente, se calle para siempre.
           
           
María José Sánchez

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sábado, 5 de enero de 2013

La justicia argentina: esa gran piedra en el zapato, por María José Sánchez (para “elDiarioFénix.com” del 08-01-13)







La justicia argentina sigue siendo un punto sensible, incluso durante la feria judicial que empezó el primero de enero.
Predio de La Rural, en PalermoEs ese el terreno en el cual las corporaciones están librando las batallas contra el gobierno nacional: La Cámara Civil y Comercial Federal habilitó la feria judicial para analizar una apelación del Grupo Clarín contra la Ley de Medios, tal como lo había pedido el gobierno nacional, pero también utilizó el tiempo para frenar la aplicación del decreto firmado por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner que pretendió expropiar el predio de La Rural, que comprara en la época de Menem -y no pagaran- la Sociedad Rural Argentina dando lugar a (oh, casualidad) una cautelar.
  Este viernes fue habilitada la feria judicial por pedido del gobierno para tratar la apelación presentada por el Grupo Clarín contra el fallo de primera instancia del juez Horacio Alfonso, quien avaló la constitucionalidad de los artículos cuestionados de la Ley de Medios Audiovisuales. Pero mientras aun no resolvieron el tema de la famosa cautelar del Grupo Clarín por la cual la Ley de Medios lleva más de 3 años sin ser aplicada, el tribunal integrado por los camaristas Francisco de las Carreras, Ricardo Guarinoni y Graciela Medina resolvió aceptar el pedido de la Sociedad Rural Argentina (SRA) contra el Decreto 2552, firmado por la presidenta Cristina Fernández que anulaba la venta, suscripta también por un decreto presidencial, en ese caso de Carlos Menem, por el cual se vendía –irregularidades de por medio que son investigadas- el terreno ferial de Palermo, La Rural, a la entidad agropecuaria por unos U$S 30 millones, aunque tasaciones bancarias y fiscales oscilaban entre el doble y 943 millones de dólares.
    Es así como llega el primer revés judicial para el gobierno, que de seguro no será el último. Funcionarios cuestionaron la medida, como Julio Alak, Ministro de Justicia y Juan Manuel Abal Medina, Jefe de Gabinete, quien jugó con las palabras y tildó a la Cámara Federal de “Clarín y lo Rural” en vez de en lo Civil y Comercial, que es en lo que entiende dicho tribunal.
  El lunes 17 de diciembre el grupo multimediático presentó una apelación sobre el fallo del juez Alfonso: la Cámara Civil y Comercial falló en favor del Grupo Clarín y prorrogó una vez más la medida cautelar. Veremos si durante el mes de enero se logra un dictamen decisivo de una vez por todas con esta ley de la democracia.


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sábado, 8 de diciembre de 2012

El largo brazo del Grupo Clarín, por María José Suárez (para “eldiarioFénix.com” de España 08-12-12)




Arriba: Caricatura de Héctor Magneto, CEO del Grupo Clarín (multimedios argentino que abarca diarios, televisión, radios, distribuidoras de tv por cable y banda ancha, editoriales, fábricas de papel de diarios, productoras de contenidos, agencias de noticias, y muchas cosas más)

[La foto y el pie de la misma es responsabilidad exclusiva de “Mirando hacia adentro”]

Hace mucho que sabemos como son las cosas, todos estamos enterados, la mayoría, incluso, ha tomados partidos por uno u otro lado. Nadie puede decir que no entienda, que no sepa, que no se enteró. Sí pueden decir, y lo hacen, que no les importa.
Eso no es nuevo tampoco, aunque cada vez son menos los que eligen no elegir, los que tratan de no involucrarse en la realidad que los rodea, los atraviesa, y a veces hasta los aplasta.
Sabíamos que el Grupo Clarín, con su largo brazo de influencias iba a tratar de abrazar a todo aquel que pudiera mantenerle la cabeza fuera del agua, iba a cobrar muchos favores, iba a apretar todas las clavijas que hiciera falta y afinar todas las cuerdas necesarias de los instrumentos que le permitiera tocar la infame melodía de la injusticia, esa que ellos llaman justicia, la que han llevado en el bolsillo por décadas, la que sacan como un peine cada vez que el viento de la democracia los despeina un poco.
En las últimas semanas habíamos visto dar manotazos de ahogados a su CEO, Héctor Magnetto, desacostumbrado siquiera a pensar que las cosas pueden no salir como él espera. En su arrebato por la hora que se acerca, denunció periodistas para que vayan presos por escribir en diferencia a sus mandatos, denunció funcionarios, lanzó a sus empleados en una cruzada aun más salvaje de desprestigio al Gobierno que la que ya venían llevando, y en una desesperada escalada de mentiras que los llevó a publicar tapas de revistas que se podían desmentir a las horas de haber sido impresas. Pataleó y gritó contra lo inevitable, como el niño que le grita a las olas del mar, esperando así frenarlas para que no rompan, inexorables, en la orilla.
Pero este jueves tuvo una alegría, en contra de lo fallado por la Corte Suprema de Justicia Argentina, la  Cámara Civil y Comercial extendió la medida cautelar presentada por el Grupo Clarín para evitar adecuarse a ley de medios, hasta que el juez de primera instancia Horacio Alfonso resuelva la cuestión de fondo, desconociendo así el criterio de “razonabilidad” planteado por la Corte Suprema, que fijó el 7 de diciembre para su finalización. El largo brazo de Clarín, abrazando con fuerza.
Y en torno al fallo de la Corte se había cifrado la esperanza de la justicia, de que la democracia de todos pudiera más que la infamia de unos pocos. En torno a esta fecha del 7 de diciembre se había conjugado la expectativa de que una ley aprobada por amplísima mayoría hace tres años, finalmente, pudiera ser aplicada. Porque el que piense que sólo se trata de una Ley de Medios Audiovisuales está viendo el árbol, perdiéndose el inmenso bosque. Esto es un paso fundamental, no sólo para que más voces puedan ser oídas, para que la información sea más plural y llegue a todas partes, para que no sólo un grupo concentrado de medios, un grupo hegemónico, decida por la mayoría de nosotros qué debemos saber, cómo y de parte de quién. No es sólo para eso.
La Ley es para repartir el poder que existe desde hace mucho tiempo en manos de unos pocos que creen que pueden manejar el país a su gusto y adecuar la justicia a sus necesidades. Grupos económicos que controlan la información, y que creen que el cargo de Presidente de la Nación, es “un puesto menor”, porque estaban malacostumbrados a sentar hombres en el Sillón de Rivadavia y hacerlos levantar cuando ya no les sirvieran. Y ahora no se puede hacer eso más, ahora la Ley está para cumplirla, entonces apelan a lo que mejor saben hacer: desparramar odio, mentir y manipular. Y seguir haciendo sus negocios, claro.
Esta fecha, el 6 de diciembre, quedará para siempre marcada en la memoria como el día en que la justicia falló contra la ley. Y cuando se falla a conciencia a favor de los más poderosos, se falla contra el pueblo.
Pero se sabía, como decíamos al principio. Sabíamos que iban a hacer todo lo posible para evitar cumplir con esta ley de la democracia. Con la otra, la de la Dictadura, estaban cómodos, cobijados y calentitos amparados bajo el techo que les habían levantado sobre sus cabezas gachas los represores. Y es que eso representan, los que no se han adecuado a la ley en sus plazos y formas, los que creen que pueden todo, siempre, como el Grupo Clarín, encarnan y simbolizan el país al que yo, personalmente, no quiero volver.
Pero no importa, los tropezones no son caídas, y si lo son, y nos damos fuerte la cara contra el suelo, nos levantaremos con la ayuda del suelo, porque las luchas sólo se pierden si se abandonan, porque las patadas en el traste también empujan para adelante.

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