martes, 18 de febrero de 2025
lunes, 19 de septiembre de 2022
EDUARDO FEINMANN: "El grupo para el que vos trabajás no mea agua bendita"
El "kirchnerista" menos pensado...
El video que @edufeiok JAMAS quiso que salga a la luz!! No RT Edu no quiere 🙄 pic.twitter.com/JGIibu3iCt
— Irene ❤️ (@Irys70) September 18, 2022
miércoles, 11 de octubre de 2017
Límites comunicacionales a la democracia, por Washington Uranga (para "Página 12" del 11-10-17)
Washington Uranga señala las relaciones entre democracia y comunicación y advierte que menos comunicación democrática implica también menos democracia política.
Por Washington Uranga
Resulta impensable pensar la sociedad contemporánea al margen de la comunicación en su acepción más amplia, porque al esencial encuentro entre personas diversas en el ámbito público es necesario sumar todo la potencia y los alcances que los desarrollos tecnológicos han aportado para multiplicar el impacto de los procesos comunicacionales.
Nadie pondría en duda –aun al margen de las diferentes miradas que coexisten en la académico y en lo político– que la democracia política está íntimamente vinculada –cuando no supeditada– al sistema de medios de comunicación. Dicho de manera más contundente: democracia y comunicación son interdependientes y están mutuamente condicionados. Es inimaginable pensar en medios democráticos si no es en el marco de una democracia política. No menos cierto y comprobable es que sin comunicación democrática no existen tampoco posibilidades de una democracia que legítimamente lo sea.
En síntesis podría decirse que en una sociedad democrática entre las funciones esenciales del sistema de medios se incluye la de producir información, favorecer la educación, ser medio de visibilización de las culturas y fuente de entretenimiento. Debe agregarse la tarea de colaborar en la supervisión de la gestión del poder político, como parte de la responsabilidad y del servicio ciudadano. Al menos éstas son tareas insoslayables para los medios de comunicación en nuestras sociedades actuales.
Para que ello sea posible se necesita un sistema de medios que refleje también en la estructura de propiedad la diversidad de perspectivas políticas, sociales y culturales que existen en la sociedad. Pero, dada la lógica del capitalismo, la única manera de encuadrar esta realidad dentro de una perspectiva plural y diversa es mediante el establecimiento de normas surgidas de la democracia misma que garanticen la pluralidad y pongan límite a los abusos del poder económico.
Este fue, sin duda, uno de los propósitos fundamentales de la ley de servicios de comunicación audiovisual (26.522) hoy prácticamente desguazada por decisión del Poder Ejecutivo encabezado por Mauricio Macri con inocultable propósito político y económico y para favorecer a quienes hoy son sus principales aliados.
Pero al margen del debate sobre la ley y de la incumplida promesa del oficialismo de discutir una nueva norma para regular las llamadas “comunicaciones convergentes” resulta preocupante para la democracia que la alianza gobernante, además de contar con la incondicionalidad, la complicidad y el blindaje informativo mediático de un sistema de medios altamente concentrado en su propiedad, continúe propiciando –por los medios a su alcance y usando el poder que le da el ejercicio del gobierno– la aniquilación de todas las manifestaciones disonantes del escenario comunicacional. No conforme con el coro de las voces amigas, el objetivo es acallar toda disidencia, controlar la información, invisibilizar a los actores que piensan diferente. Y para ello se usa el Poder Judicial, potestades discrecionales del Ejecutivo y, por supuesto, la capacidad de ahogo económico del Estado mediante el uso discriminatorio de la pauta oficial. Para destruir empresas, perseguir comunicadores y privar de posibilidades a la comunicación alternativa en general.
En este escenario el debate trasciende lo comunicacional. Si la ciudadanía no tiene la posibilidad de acceder a fuentes diversas y alternativas de información, si quienes piensan de manera distinta al oficialismo no encuentran medios para expresarse sin condicionamientos, lo que está en juego no es solamente el derecho a la comunicación, sino la democracia misma. Riesgo quizás no advertido por buena parte de la ciudadanía que, sin embargo, sufrirá las consecuencias con fuerte impacto en sus condiciones de vida.
Publicado en:
https://www.pagina12.com.ar/68345-limites-comunicacionales-a-la-democracia
sábado, 18 de junio de 2016
“Las cosas no suceden si no se ve que suceden”, por Gabriela Sharpe (para "Nos Comunicamos" de junio de 2016
Por Gabriela Sharpe (*)
El filósofo y sociólogo francés Jean Baudrillard fue un crítico de la sociedad de consumo y uno de los teóricos de la posmodernidad. Gran parte de su producción intelectual estuvo centrada en cómo los medios de comunicación contribuyen a la construcción de sentidos y significados de modo que las “imágenes” de las cosas y los hechos terminan precediendo o superando la realidad.
Sostenía que el espectáculo es fundamental para crear la visión de los sucesos, a lo que llamó la “hiperrealidad”. Las cosas no suceden si no se ve que suceden.
Autor del libro La guerra del Golfo Pérsico no sucedió dijo que “nada fue como parecía, si existió, sólo lo fue en un nivel simbólico, se trató de una creación mediática”.
Polémico, provocador, como todo productor de ideas Baudrillard enfocó una importante parte de sus trabajos a lo ocurrido con los medios en las guerras del Golfo, afirmando que:
“Las pantallas transmitían fulgores verdosos de misiles, se oían sonidos de bombas sin cesar pero no aparecía ninguna víctima. La guerra había sido un espectáculo apabullante, que coincidió con la irrupción de la CNN en todo el mundo. Pero los espectadores no veían nada. Nada más que destellos y sonidos sin destino. La CNN había descompuesto la guerra conocida, en la que los cuerpos sangran y se desangran y gritan y caen, en un show surrealista de imágenes sucesivas pero sin lógica”.Al producirse el atentado contra las Torres Gemelas, en los EE.UU, el filosofo francés sacudió la modorra de los intelectuales con estas explosivas declaraciones: “La condena moral, la unión sagrada contra el terrorismo transcurren junto al júbilo prodigioso de ver la destrucción de la superpotencia mundial” y agregó “Que hayamos soñado este evento, que todos sin excepción hayamos tenido parte en el sueño de este evento, ya que nadie puede substraerse al sueño de la destrucción de cualquier potencia que alcance semejante exceso de hegemonía, eso es lo que resulta inaceptable para la conciencia moral occidental, y sin embargo es un hecho, por de más a la medida de la patética violencia de todos los discursos que quieren borrarlo. En suma, ellos lo hicieron, pero nosotros lo quisimos”.
En su artículo “El desierto de lo que es real: simulacros y simulación”, escribe que: “La extrema proximidad entre el suceso y su difusión en tiempo real crea una indecisión y una virtualidad de los sucesos, que despoja su dimensión histórica y lo sustrae a la memoria.
“Asistimos al reality show, asistimos al relato en directo, a la confusión de la existencia y de su doble, ya no hay más separación, no más vacío, no más ausencia, entramos en la pantalla, en la imagen virtual... entramos en nuestra vida misma como en una pantalla, enfilamos nuestra propia vida como una combinación digital.
“A diferencia de la fotografía, del cine y de la pintura donde hay una escena y una mirada -no siempre, de hecho-, la imagen de video como la pantalla de la computadora, inducen un tipo de inmersión, de relación umbilical, de interacción activa, inmersión celular, corpuscular; entramos en la sustancia vacía de la imagen para eventualmente modificarla. Nos movemos como queremos, hacemos lo que queremos con la imagen interactiva, pero la inmersión es el precio de esta disponibilidad”.
Esta conferencia que brindó en mayo del 2003, no pierde vigencia ni actualidad: “Asistimos al espectáculo de la banalidad, que hoy día es la verdadera obscenidad. La televisión se dedica a desocultar la vida cotidiana. Y la gente queda fascinada ante la indiferencia de este 'nada que ver', 'nada que decir', la indiferencia de lo mismo, asumiendo la banalidad como destino, como el nuevo rostro de la fatalidad”.
(*) Editora de Buenos Aires SOS
Publicado en:
http://nos-comunicamos.com.ar/node/6222
jueves, 12 de junio de 2014
Eleazar Díaz Rangel: EE.UU destinó 18 millones de dólares en campaña mediática contra Venezuela, por "Nos Comunicamos" de junio de 2014.
Díaz Rangel precisó dos hechos dentro de la campaña mediática contra el gobierno venezolano: el primero, es la agrupación de tres grupos de editores de periódicos en América Latina y el segundo, es “la decisión de la Casa Blanca de disponer de 18 millones de dólares para estimular, propiciar y financiar medios de comunicación en Venezuela en contra del Gobierno Nacional”.
Explicó que en marzo pasado, en pleno estallido de las "guarimbas" (estrategias desestabilizadoras de calle de la oposición), tres grupos editoriales de periódicos en América Latina, se unieron "por primera vez en la historia" para difundir una página diaria con el título: "Todos somos Venezuela con la única intención de publicar mayor cantidad de información, "de lo que normalmente se publica, contra nuestro país”.
“Se crea el Grupo de Diarios de América, La Asociación de Periódicos Andinos y un tercero, que en total suman 84 de los más importantes diarios de la región”, dijo Díaz Rangel en el Foro Internacional “Conjura mediática contra Venezuela”, realizado recientemente en el Teatro Teresa Carreño de Caracas.
Agregó que las corporaciones mediáticas imperialistas pensaron que con esas acciones de apoyo a la extrema derecha venezolana contribuirían a la desestabilización del gobierno de Nicolás Maduro, heredero de Hugo Chávez.
“Pensaron que iban a contribuir al debilitamiento de este proceso, a la desestabilización del gobierno del presidente Maduro y eventualmente, obligarlo a renunciar o abandonar el poder “, indicó.
En ese sentido, indicó que de los 100 diarios que existen en Venezuela, cerca de 90 están en contra de las políticas gubernamentales, con una línea editorial agresiva. Además, agregó que un centenar de emisoras de radio privadas se nutren de la lectura de titulares de estos medios, lo cual ha permitido a la oposición el crecimiento en votos.
Recordó la influencia que han tenido las transnacionales mediáticas en Latinoamérica y en los procesos políticos de la región a través de las presiones de EE UU y sus aliados en los organismos multilaterales, para impedir un nuevo orden mundial de la comunicación.
Finalmente, destacó que el poder político ganado por sectores de oposición en su país en los últimos años no obedece a una estructura partidista o electoral, sino que es el producto de estrategias comunicacionales articuladas a través de medios” locales y extranjeros.
Publicado en:
http://nos-comunicamos.com.ar/content/eeuu-destino-18-millones-de-dolares-en-campana-mediatica-contra-venezuela
viernes, 9 de mayo de 2014
LA PRENSA Y SUS DILEMAS, por Miguel Russo (para "Miradas al Sur" del 04-05-14)
Dicho esto, el 3 de mayo se celebró el día de la libertad de prensa. Es justo: hay que defender a muerte la libertad de que la prensa diga lo que quiera decir. Pero también hay que defender la libertad de saber qué quiere decir la prensa –a quién representa y a quién se dirige– cuando lo dice.
El 3 de mayo de 1991, en Windhoek, capital de Namibia, se declaró –en el Seminario para la promoción de una prensa africana independiente y pluralista organizado por las Naciones Unidas y la Unesco– que “el establecimiento, mantenimiento y fortalecimiento de una prensa independiente, pluralista y libre son indispensables para el desarrollo y mantenimiento de la democracia en un país, así como para el desarrollo económico”. Cabe aclarar –habida cuenta de los despropósitos que se llevan a cabo sobre las palabras en la prensa clásica nacional– qué significaba en esa declaración cada uno de los términos usados. “Por prensa independiente debe entenderse una sobre la cual los poderes públicos no ejerzan dominio político o económico, ni control sobre los materiales y la infraestructura necesarios para la producción y difusión de diarios, revistas y otras publicaciones”, decían. “Por prensa pluralista debe entenderse la supresión de los monopolios de toda clase y la existencia del mayor número posible de diarios, revistas y otras publicaciones que reflejen la más amplia gama posible de opiniones dentro de la comunidad”, decían. “La libertad de información es una contribución fundamental a la realización de las aspiraciones de la humanidad”, decían.
Transcurrieron, desde aquella declaración hasta el sábado pasado, apenas 23 años. Y, leyendo los diarios, escuchando las radios y viendo televisión se comprueba que algo raro pasó con las palabras dichas en esa ciudad africana: como ironías del destino, el nombre Windhoek deriva del afrikaans Wind-Hoek: “esquina del viento”.
Por eso todavía es necesario (o, mejor dicho, perentorio) recurrir a frases que vuelven una y otra vez sobre el problema de la prensa. Sobre todo, la que sin hesitar se proclama independiente. Es una buena oportunidad esta cercanía con el 3 de mayo para recordar al escritor y economista español José Luis Sampedro, para quien sin libertad de pensamiento, la libertad de expresión se constituye un sinsentido: “La clave de la libertad es la libertad de pensamiento. Se habla mucho de la libertad de expresión. Hay que reivindicar la libertad de expresión, por ejemplo en la prensa, pero si lo que usted expresa en la prensa es un pensamiento que no es propio, que ha adquirido sin convicción y sin pensarlo, entonces no es usted libre por mucho que le dejen expresarse”. También se torna sustancialmente útil recordar al lingüista y filósofo norteamericano Noam Chomsky, para quien no creer en la libertad de expresión para la gente que se desprecia remite a no creer en la libertad de expresión bajo ningún concepto. Aunque, activista político al fin, sentencia: “El propósito de los medios masivos de comunicación no es tanto informar y reportar lo que sucede, sino más bien dar forma a la opinión pública de acuerdo a las agendas del poder corporativo dominante”. ¿Cómo no hacerle un lugar al presidente ecuatoriano Rafael Correa?: “Desde que se inventó la imprenta, la libertad de prensa es la voluntad del dueño de la imprenta. Sabemos muy bien que, cuando les conviene, son prensa libre e independiente. Yo doy la vida por la libertad de expresión, pero algo muy distinto es sostener la creencia de que cualquier empresa de medios de comunicación con fines de lucro está sobre el bien y el mal”. Y, aprovechando la cercanía del 25 de Mayo, amén del nacimiento de la patria, efeméride de la muerte de Arturo Jauretche (mucho más teniendo en cuenta que se cumplen 40 años, con todo lo que indican las cifras redondas para la prensa, tanto vernácula como forastera), no está de más recurrir a una de sus frases con las que pisaba fuerte: “No existe la libertad de prensa, tan sólo es una máscara de la libertad de empresa”.
Ahora bien: la libertad, lo que se dice libertad, históricamente, no parece un concepto demasiado cercano al concepto “prensa”. Ni aquí, ni allá ni en otras partes.
Cualquier afortunado que pase por la calle Ituzaingó, casi 25 de Mayo, plena Ciudad Vieja montevideana, puede preguntarle a Eduardo Galeano, sentado a la mesa que da a la ventana del Café Brasilero, sobre su impresión de la libertad de prensa –los menos afortunados, es decir los que no viajen, pueden consultar la edición de su libro Espejos, que en 2008 publicó la editorial Siglo XXI–. Galeano, entre anotación y anotación de su eterna y minúscula libretita, recitará, los ojos mirando de manera permanente el futuro y una eterna sonrisa tanguera en sus labios: “Napoleón fue definitivamente derrotado por los ingleses en la batalla de Waterloo, al sur de Bruselas. El mariscal Arthur Wellesley, duque de Wellington, se adjudicó la victoria, pero el vencedor fue el banquero Nathan Rothschild, que no disparó ni un tiro y estaba muy lejos de allí. Rothschild operó al mando de una minúscula tropa de palomas mensajeras. Las palomas, veloces y bien amaestradas, le llevaron la noticia a Londres. Él supo antes que nadie que Napoleón había sido derrotado, pero hizo correr la voz de que la victoria francesa había sido fulminante, y despistó al mercado desprendiéndose de todo lo que fuera británico, bonos, acciones, dinero. Y en un santiamén todos lo imitaron, porque él siempre sabía lo que hacía, y a precio de basura vendieron los valores de la nación que creían vencida. Y entonces Rothschild compró. Compró todo, a cambio de nada. Así Inglaterra triunfó en el campo de batalla y fue derrotada en la Bolsa de Valores. El banquero Rothschild multiplicó por veinte su fortuna y se convirtió en el hombre más rico del mundo. Algunos años después, a mediados del siglo XIX, nacieron las primeras agencias internacionales de prensa: Havas, que ahora se llama France Presse, Reuters, Associated Press. Todas usaban palomas mensajeras”.
Waterloo, Bélgica, 1815.
Claro que también se puede ir un poquito más atrás en el tiempo y venir un largo trecho más acá en la geografía. Para decirlo todo: Buenos Aires en octubre de 1779, es decir, Virreinato del Río de la Plata. Las noticias extranjeras –que, sin dudas, hacían discutir el devenir telúrico de la Gran Aldea– tardaban pero llegaban. Y, como llegaban –según consta en el buen ensayo Guerras mediáticas, de Fernando Ruiz (Sudamericana, 2014)–, el virrey Juan José de Vértiz y Salcedo no hesitó en emitir un bando informando (es decir, obligando) a los vecinos que se abstuvieran “de componer, escribir, trasladar, distribuir y expender semejantes papeles sediciosos e injuriosos, y de permitir su lectura en su presencia”. Un impresionante acto de censura periodística ocurrido 31 años antes de que Mariano Moreno fundara la Gazeta de Buenos Ayres, el primer periódico nacional que, aquel memorable 7 de junio de 1810, bramaba un editorial que hoy todavía sigue teniendo el mismo valor al hablar de libertad y de prensa: “¿Por qué se han de ocultar a las Provincias sus medidas relativas a solidar su unión, bajo nuevo sistema? ¿Por qué se les ha de tener ignorantes de las noticias prósperas o adversas que manifiesten el sucesivo estado de la Península?... Para el logro de tan justos deseos ha resuelto la Junta que salga a la luz un nuevo periódico semanal, con el título de la Gaceta de Buenos Ayres”. Una perfecta manera de decir lo que algunas pancartas, en varios países del mundo entero, señalan en el argot correspondiente frente a los desaguisados cotidianos de la prensa clásica: “La libertad de prensa termina donde empieza el cansancio de escuchar o leer pelotudeces”.
Publicado en:
http://sur.infonews.com/notas/la-prensa-y-sus-dilemas
miércoles, 9 de abril de 2014
ALMUERZO DESNUDO, por Miguel Russo (para "Miradas al Sur" del 06-04-14)
Mirta Varela, en su preciso La televisión criolla (Edhasa, 2005), sitúa entre 1951 y 1969 el paso de la utopía de transmisión de imágenes a distancia, cuyo símbolo sería la antena transmisora, a ese electrodoméstico que aún no tenía un espacio propio en el hogar. Y escribe, separando las dos décadas: “El tiempo entre 1951 a 1960 podría pensarse como una etapa de gran precariedad de producción, donde se encuentra en superficie la condición técnica y el interés estético que un nuevo medio ofrecía para algunos pocos, frente al desinterés que aún presentaba para el gran público. En la segunda década, en cambio, ya no se trata de la ‘tele-visión’, como denominaban las revistas de divulgación técnica a la transmisión de imágenes a distancia, sino de la ‘televisión’, un medio, un espectáculo, una audiencia y, fundamentalmente, un lenguaje”.
Su valoración, brillante, originalísima, es que, al principio, “se iba a ver televisión”, un ritual más parecido a ir al cine que a sentarse a escuchar la radio; mientras que, después, con la mayor relevancia social, el acto de ver televisión se superpuso con las demás rutinas domésticas. “Se banaliza”, escribe, certeramente dura, Mirta Varela. Esa banalización, esa incorporación de flujo de imágenes permanente a la vida cotidiana, volvió a la televisión “más parecida a la corriente eléctrica que a un espectáculo brillante”.
Un año antes del fin del ciclo estudiado por Varela, cuando esa “corriente eléctrica” estaba en su apogeo, Mirtha Legrand debutó almorzando por televisión.
El entonces director de Canal 9, el inefable Alejandro Romay, citó a Amelia Bence y a Mirtha Legrand. Cuenta Bence en su autobiografía, La niña del umbral (Corregidor, 2011): “Fuimos. Recuerdo que subíamos la escalera muy asustadas. Yo le dije a Mirtha: ‘Ay qué miedo, por qué nos llamará, ¿habremos hecho algo mal?’ Llegamos. Romay nos preguntó qué queríamos hacer en la televisión. Mirtha le dijo: ‘A mí me gustaría hacer algo similar a lo que hace Héctor Coire, porque tengo un buen vocabulario’”. Romay compró eso del vocabulario, fuera lo que fuese, y Bence quedó descartada. Daniel Tinayre, marido y productor de Legrand, metió el título: Almorzando con las estrellas. Y así empezó la historia: el primer programa se emitió el 3 de junio de 1968, hace 45 años.
Crueles burlas del destino, el escritor norteamericano William Burroughs escribió en la introducción a su libro Almuerzo desnudo (Siglo Veinte, 1971, traducción de Aníbal Leal): “Desperté de la Enfermedad a la edad de 45 años (...) No recuerdo con precisión haber escrito las notas que han sido publicadas ahora bajo el título sugerido por Jack Kerouac (...) El título significa lo que dicen las palabras: un momento de congelada inmovilidad en el que todos ven qué hay en la punta de cada tenedor”.
Se aclara que William Burroughs jamás supo de Mirtha Legrand y que es poco probable que Mirtha Legrand haya leído libro alguno de Burroughs, pero la cantidad de años y el congelamiento en la punta del tenedor es algo mucho más rotundo que una simple coincidencia.
A poco de empezar, el programa fue renombrado Almorzando con Mirtha Legrand gracias al protagonismo que había adquirido la conductora. Un protagonismo basado en la idiosincrasia de la almorzadora. Veamos: en el almuerzo del 6 de noviembre de 1972, el cirujano Miguel Bellizi (realizador del primer transplante cardíaco en el país) mencionó al Partido Peronista. Legrand, nariz fruncida, corrigió: “Partido Justicialista”. Al ratito, Romay entraba al estudio de grabación hecho una tromba: “Señora, aquí no se habla de política. Este es un programa cultural en el que los temas tienen que relacionarse con la ciencia, el arte, la literatura o la economía”. Antes de finalizar la emisión, la Chiqui se sacó la bronca al aire: “¡Qué lindo debe ser trabajar en un canal donde uno tenga libertad!”.
Cuando Dalmiro Sáenz mencionó el título de su libro Yo también fui un espermatozoide, Legrand poco menos que se santiguó: “Dalmiro, esas cosas no se dicen en una mesa”. Algo similar ocurrió poco después cuando en una tanda publicitaria, le pidió a la invitada Cipe Lincovsky que no siguiera mencionando al café-concert donde estaba actuando. ¿Cómo se llamaba el lugar? Impropio: El gallo cojo.
En un almuerzo con esposas de hombres notables, quiso saber las cábalas que tenían para con sus maridos. La esposa de Roberto de Vicenzo se sinceró: “Antes de cada torneo, le beso las pelotas”. Legrand no descansaba: “¿Las de golf?”.
Mirtha, como de regreso, saltaba de canal en canal llevando siempre las mismas armas: tenedor, cuchillo, lugar común y pacatería.
El 12 de septiembre de 1974, frente a su invitada Soledad Silveyra, dijo temer que sólo los actores peronistas pudieran trabajar en el medio y defendió la televisión privada. Al día siguiente, cancelaron sus almuerzos. El pataleo legrandesco consiguió una audiencia con los por entonces presidenta (Isabelita) y ministro de Bienestar Social (sí, el mismísimo López Rega). Al término de esa reunión, la Chiqui brindó conferencia de prensa: “La señora presidenta me dijo que me quedara tranquila, que lo mío se iba a solucionar, y que le encargaba eso al señor ministro”. Almorzando... no volvió al aire hasta junio de 1976, grabando el programa un día antes de su emisión. Las malas lenguas de entonces dijeron que para prevenir todo tipo de extremismo derechoso.
La vuelta de la democracia la encontró sin renovar contrato. Legrand lo llamó censura. Y así se lo hizo saber a Raúl Alfonsín cuando, a su vuelta, lo llevó como invitado: “Yo no soy rencorosa, pero tengo memoria. Los diez años que me dejaron prohibida me ayudaron a madurar. Mi lema siempre ha sido ‘lo lindo vende; lo feo no’, pero ahora trato de dar contenido social a lo que hago”. Ah, sí.
A Eduardo Anguita (que iba a promocionar su libro Cartoneros) le espetó “¿vos eras del ERP, no, Anguita?”, como sin poder creer que alguien con esos antecedentes fuera tan parecido a un ser humano.
Con Néstor Kirchner (que iba a promocionar su elección como presidente del país 2003-2007) tampoco trepidó: “Algunos dicen que con usted se viene el ‘zurdaje’”.
Mientras se debatía la ley de matrimonio igualitario, le dijo a uno de sus invitados, el diseñador Roberto Piazza: “Suponte que una pareja de homosexuales adopta a un chico. Como tienen inclinaciones homosexuales, ¿no podría producirse una violación hacia su hijo?”.
Ahora, luego de tantos éxitos, volvió a firmar contrato con El Trece para retornar con su programa. ¿Se sigue viendo? Sí, se sigue viendo. Y sus preguntas, o las respuestas de sus invitados, siguen dando de comer a centenares de programas de televisión. De un lado y del otro.
En la presentación de la revista Les Temps Modernes, Sartre señalaba: “La burguesía se define intelectualmente por el empleo que hace del espíritu de análisis, cuyo postulado inicial es que los compuestos deben necesariamente reducirse a una ordenación de elementos simples”. Es harto improbable que Mirtha Legrand haya formado parte de la burguesía de Villa Cañás (situado en el departamento de neto corte agrícola General López, en la provincia de Santa Fe), pueblito que alcanzó notoriedad –según el tomo 18 del atlas Argentina. Pueblo a Pueblo, publicado por el Grupo Clarín, al que pertenece el canal que en la actualidad la conchaba– como el lugar donde nació un 23 de febrero de 1927 Rosa María Juana Martínez, es decir, Mirtha Legrand. Pero, retomando a Sartre, que, como Burroughs, tampoco debe haber conocido a la Chiqui: “Uno se hace burgués al optar por cierta visión del mundo analítica que se intenta imponer a todos los hombres y que excluye la percepción de las realidades colectivas”.
Una realidad colectiva que Legrand se encarga de crear, recrear y hacer creer a todos a fuerza de sonrisas de ocasión y de preguntas que ella misma llamó, e hizo llamar a todos, punzantes.
Publicado en:
http://sur.infonews.com/notas/almuerzo-desnudo
lunes, 24 de febrero de 2014
¿Existe en Venezuela una Prensa Independiente?, por Pedro Patiño (para "Redacción Popular" y "Aporrea" 22-01-14)
La SIP (Sistema Interamericano de Prensa) o Sistema de Información del Pentágono, lanza una matriz de opinión sobre: El peligro que corre la prensa independiente venezolana. Todo esto basado en mera especulaciones sobre la falta de divisas para adquirir los insumos para la impresión de los periódicos, como tintas, papel, etc. A su vez, la SIP, también refleja en su informe, una autocensura que se aplican los medios de comunicación impresos y no impresos, para evitar sanciones del REEGIIMEEN¡¡, castro comunista.
Al gobierno de Nicolás Maduro no debe sorprenderle este tipo de denuncias. Ya en el pasado, al Presidente Chávez le habían aplicado este tipo de acciones efectistas muy al estilo de la guerra de IV Generación. La SIP es un club o membresía de unos cuantos dueños de periódicos de la América Latina y que tiene vínculos con el departamento de estado, para influir y hacer presión (Lobby) en algunos países del continente americano. Venezuela, desde la llegada de Chávez al poder político, no se ha dejado chantajear por estos agentes del neoliberalismo periodístico. Ecuador, es otro ejemplo de dignidad. Su presidente Rafael Correa, ha sido blanco de ataques, proveniente de los medios de comunicación impresa, todos bajo la tutela de la SIP. Aun así Rafael Correa no ha cedido ni un centímetro por el acoso sistemático de la prensa amarillista ecuatoriana.
En Venezuela la cosa no es diferente. La participación activa de los Medios de Comunicación, tanto escritos como audiovisuales, en el Golpe de Estado del 2002 y Lockout Patronal, junto al saboteo petrolero (2002-2003), evidencia que en el país no existe unos Mass Media independientes y, que todos están supeditados a intereses foráneos, principalmente de las grandes corporaciones financieras y petroleras, que buscan ponerle las manos encima a nuestros recursos energéticos especialmente el Petróleo.
Las reuniones que se dan varias veces en el año, en Costa Rica, Panamá y Washington, donde los asistentes son los dueños de periódicos en Venezuela, funcionarios de la SIP y del Dto. de Estado, así como, Funcionarios de las Relatorías concernientes a la Libertad de Expresión (OEA), no son más que, conclaves para ajustar la guerra mediática contra los países que luchan para librarse del tutelaje empresarial de los medios de comunicación.
La agenda mediática que se impone desde Washington, obliga a los dueños de medios impresos en Venezuela, crear diversas matrices de opinión, para tratar de socavar los cimientos del gobierno de Nicolás Maduro. Es por ello, que la Prensa escrita en Venezuela carece de independencia absoluta. Leer un periódico en Venezuela, es leer los dictámenes de Washington, enviados a través de la SIP y de sus agentes tarifados. Más allá de los problemas de insumos o materia prima, lo que existe realmente es la falta de credibilidad de quienes rigen la comunicación en el país. La merma en ventas de el Nacional, Universal, El Carabobeño, Notitarde y otros diarios de corte amarillista, es el reflejo de la falta de ética periodística empresarial.
Un medio impreso cuando se vende al mejor postor, pierde la voluntad de informar verazmente. El lector al comprar un diario de este tipo no se informa, sino, que de manera instintiva duda de cualquier noticia que aparece en las páginas, y se convierte en un simple receptor de la mentira.
El Periodismo en Venezuela debe convertirse en la Ciencia de la Verdad. Lamentablemente estamos muy lejos de llegar a eso. Serán las nuevas generaciones de comunicadores sociales, que luchen por las grandes trasformaciones que deben tener los rotativos en el país.
Es Ahora o Nunca ¡
por Pedro Patiño
pedro2.patino@gmail.com @pjph
Visite el perfil de Pedro Patiño para ver el listado de todos sus artículos en Aporrea.
Publicado en:
http://www.aporrea.org/medios/a180495.html
y
http://www.redaccionpopular.com/articulo/%3Fexiste-en-venezuela-una-prensa-independiente
jueves, 2 de agosto de 2012
Ay, señora, señora…, por Perra Intelectual (para "perraintelectual.com.ar" del 20-03-12)

Arriba : Cacerolera reclamando "por la inseguridad" (¿ A favor?) , por el "85% móvil", y contra el uso "discriminado" de los fondos del ANSES... A esta también se le podría decir : "Ay, señora, señora...".[Foto : tomada por "Los Caniches de Perón"]
Hoy tuve el sospechoso placer de tomarme un café -macchiato doble con mucha espuma, bien de gorda- cerca de dos señoras que se desgañitaban a fin de que todos los parroquianos participáramos de sus críticas al universo y sus aledaños. No hubo forma de evadirse ni de participar, porque parecían Maxwell Smart y el Jefe bajo el cono del silencio: no dialogaban, se turnaban para despotricar a los gritos. Cuando una tragaba saliva o medialuna, arrancaba la otra.
Pasaron por todos los lugares comunes, hasta llegar a la jubilación, y recién ahí me pude desconectar del coloquio, para pensar una notita que, en definitiva, es ésta que estás leyendo.
Es curioso que con la historia de dominación cultural que tenemos los argentinos, todavía vivamos como “natural” el derecho conquistado y la solidaridad social que subyace en el concepto de jubilación. Desde sus orígenes, a fines del siglo XIX, hasta su apogeo, a mediados del veinte, y su casi desaparición, a fines del siglo pasado, el concepto de “jubilación” ha dejado de reconocerse como un derecho, a naturalizarse como si de peras en un peral u olas en el mar se tratara. En qué estriba la importancia de dicha diferencia: en que los derechos se conquistan, se defienden y provienen de anular un privilegio. Por lo tanto exigen solidaridad, trabajo en conjunto y principios éticos activos y militantes.
Cuestión que una de las damas decía que ella había aportado toda la vida y que su jubilación era esa plata, la que había dejado en guarda del Estado durante todo ese tiempo y que ahora debía venir multiplicada, sin dudas por los intereses que tan magna suma había devengado en todos estos decenios.
Oiga, doña, pensé yo.
Usted aportó puntualmente todos los meses, nadie se lo va a discutir, porque como ese dato lo desconozco le otorgo la duda a su favor. ¿Se acuerda de qué porcentaje del sueldo se le retenía a tal fin? Se lo refresco yo: el 11% del salario bruto. El once por ciento. Esa es la plata que usted aportó. Supongamos que usted sobrevive veinte años a su jubilación, y aportó cuarenta. Con suerte y viento a favor, le corresponde el 22% del salario bruto que usted cobraba. Saque cuentas… ¿es ése el monto de su jubilación? Ni en pedo ¿verdad? Bueno, esa diferencia que usted percibe no proviene en su totalidad del aporte de los activos. ¿De dónde sale el resto, señora mía? Vamos, haga un esfuercito.
Cuando le quisieron hacer creer que se podía pagar el 82%, todos los ideólogos del engendro daban fuentes de financiamiento mayormente no renovables: lo que nos debe Pedrito, lo que saquemos de la venta del terrenito, el alquiler de los salones del Congreso para fiestas de quince y cosas así. Pero ahora no hablamos del 82%, hablamos de la diferencia actual entre su salario bruto y el 11% que usted aportó. Porque yo también aporto el 11%, como usted, así que de ahí no sale. La relación entre aportantes y jubilados cada vez es más pareja.
Así que, señora, señora mía, la diferencia surge de la capacidad del Estado para hacer buenos negocios con el dinero que algunos llaman “de los jubilados” -negocios que prioricen el espíritu del concepto de “jubilación”- de los ingresos fiscales, de la voluntad de un gobierno por usar cada peso que entra para dignificar la vida de sus habitantes, de la capacidad e inteligencia para lograrlo y, fundamentalmente, de la solidaridad de todos los actores sociales. Porque el sistema de reparto es un sistema solidario.
La solidaridad no es un gesto aislado que se realiza cada tanto, cuando a uno le pinta; se trata de la capacidad de actuar en forma conjunta de un grupo social, a fin de unir sus destinos en una empresa; en el caso que nos ocupa, que la gente, al llegar el momento de su retiro laboral, no sea metida en una canoa y arrojada al Riachuelo a la deriva, sino que cuente con algún ingreso que le permita su digno subsistir. Para concretar dicha empresa se necesita el compromiso de todos los involucrados, así como asumir y compartir tanto los beneficios como los riesgos. Tanto los beneficios como los riesgos, insisto. Yo también me voy a jubilar, y para ese momento la longevidad creciente va a problematizar más aún el tema. Y capaz que me muero antes, y mis aportes los va a disfrutar otro guacho con más fortuna.
Cómo me gustaría leerle esta nota a los gritos, no tanto para convencerla sino para darle un poco de su propio chocolate, vieja e’miércoles.
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