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domingo, 26 de junio de 2016

Lo que los medios no dicen sobre las causas del Brexit, por Vicenç Navarro (para "Público.es" y "Nos Comunicamos", junio de 2016)

 Por Vicenç Navarro (*)


 No hay pleno conocimiento y conciencia en las estructuras de poder político y mediático (que en terminología anglosajona se llama el establishment político-mediático) que gobiernan las instituciones de la Unión Europea, así como las que gobiernan en la mayoría de países que constituyen tal Unión, de lo que ha estado ocurriendo en la UE y las consecuencias que las políticas propuestas e impuestas por tales establishments han estado teniendo en las clases populares de los países miembros.

Durante estos años, después del establecimiento de la Unión, se ha ido germinando un descontento entre estas clases populares (es decir, entre las clases trabajadoras y las clases medias de renta media y baja) que aparece constantemente y que amenaza la viabilidad de la UE.


El rechazo de las clases populares a la UE

Indicadores de tal descontento han aparecido ya en muchas ocasiones. Una de las primeras fue el resultado del referéndum que se realizó en varios países de la UE que, por mandato constitucional, tenían que hacer para poder aprobar la Constitución europea. En todos los países donde se realizó el referéndum, la clase trabajadora votó en contra. Los datos son claros y contundentes. En Francia, votaron en contra el 79% de trabajadores manuales, el 67% de los trabajadores en servicios y el 98% de los trabajadores sindicalizados; en Holanda, el 68% de los trabajadores; y en Luxemburgo, el 69%. Incluso en los países en los que no hubo referéndum, las encuestas señalaban que, por ejemplo en Alemania, el 68% de los trabajadores manuales y el 57% de los trabajadores en servicios hubieran votado en contra. Unos porcentajes parecidos se dieron también en Suecia, donde el 74% de los trabajadores manuales y el 54% de los trabajadores en servicios también hubieran votado en contra. Y lo mismo ocurrió en Dinamarca, donde el 72% de los trabajadores manuales hubieran también votado en contra.

El rechazo a la UE por parte de la clase trabajadora ha ido aumentando

Otro dato que muestra tal rechazo fue el surgimiento de partidos que explícitamente rechazaron la Unión Europea, partidos cuya base electoral fue precisamente la clase obrera y otros segmentos de las clases populares que antes, históricamente, habían votado a partidos de izquierdas, siendo el caso más conocido (pero no el único) el del partido liderado por Le Pen y que, según las encuestas, podría ganar las próximas elecciones en Francia. En realidad, la identificación de los partidos de izquierda tradicionales con la Unión Europea (y con las políticas neoliberales promovidas por el establishment de tal Unión) ha sido una de las mayores causas del enorme bajón electoral de estos partidos en la UE (y, muy en particular, entre las bases electorales que les habían sido más fieles, es decir, entre las clases trabajadoras). Para que baste un ejemplo, en Francia, si la mitad de los votos (predominantemente de la clase trabajadora) que habían apoyado al partido de Le Pen hubieran sido para la candidata socialista Ségolène Royal, ésta hubiera sido elegida Presidenta de Francia. En paralelo con la pérdida de apoyo electoral, los partidos socialdemócratas en la UE perdieron también gran número de sus militantes. El caso más dramático fue el del Partido socialdemócrata alemán que, junto con la pérdida de apoyo electoral, perdió casi la mitad de sus militantes, de 400.000 en 1997 a 280.000 miembros en 2008.

La evidencia es pues abrumadora que la identificación de tales partidos de izquierda (la mayoría de los cuales han sido partidos gobernantes socialdemócratas que han jugado un papel clave en el desarrollo de las políticas públicas promovidas por la UE) con la Unión ha sido una de las principales causas de su enorme deterioro electoral y de la pérdida de su militancia.

El rechazo a la UE ha ido aumentando más y más entre las clases populares, a la vez que ha ido aumentado el apoyo entre las clases más pudientes

Por desgracia, las encuestas creíbles y fiables sobre la UE (que son la minoría, pues la gran mayoría están realizadas o financiadas por organismos de la UE o financiadas por instituciones próximas) no recogen los datos de la opinión popular sobre la UE según la clase social. Sí que los recogen por país, y lo que aparece claramente en estas encuestas es que la popularidad de la UE está bajando en picado. Según la encuesta de la Pew Research Center, las personas que tienen una visión favorable de la UE ha bajado en la gran mayoría de los 10 mayores países de la UE (excepto en Polonia). Este descenso, desde 2004 a 2016, ha sido menor en Alemania (de un 58% a un 50%) pero mayor en Francia (de un 78% a un 38%), en España (de un 80% a un 47%). Grecia es el país que tiene un porcentaje menor de opiniones favorables a la UE (un 27%).

Ahora bien, aunque raramente se recoge información por clase social, sí que se ha recogido el distinto grado de popularidad que la UE tiene según el nivel de renta familiar. Y, allí, los datos muestran que hay un gradiente, de manera que a mayor renta familiar, mayor es el apoyo a la UE. Es razonable, pues, suponer que la parte de la población que tiene una visión más desfavorable de la UE es la clase trabajadora y otros componentes de las clases populares.

Y lo que también aparece claro en varias encuestas es que una de las mayores causas de tal rechazo es la percepción que las clases populares tienen del impacto negativo que tiene, sobre su bienestar, la aplicación de las políticas propuestas por el establishment político-mediático de la UE. Esta percepción es mucho más negativa entre las clases populares (clase trabajadora y clases medias, de renda media y baja) que no entre las clases más pudientes. En realidad, el rechazo, siempre especialmente agudo entre las clases populares, es claramente mayoritario entre la gran mayoría de la población. Ahí vemos que, según la encuesta Pew, el 92% de la población en Grecia desaprueba la manera como la UE ha gestionado la crisis existente en Europa; tal porcentaje es de 68% en Italia, el 66% en Francia y el 65% en España, países donde precisamente el descenso del porcentaje de población con la opinión favorable de la UE ha sido mayor.

Este rechazo a la UE existe también entre la clase trabajadora del Reino Unido

Es en este contexto descrito en la sección anterior, que debe entenderse el rechazo de las clases populares del Reino Unido, rechazo que ha ido claramente acentuándose en los barrios obreros de aquel país, y muy en especial en Inglaterra y el País de Gales. El voto de rechazo a la permanencia en la UE procede en su mayoría de las clases populares. Y ha sido un voto no solo anti-UE pero también (y sobre todo) un voto anti-establishment británico y, muy en particular, anti-establishment inglés, siendo este último el centro del establishment británico, pues concentra los mayores centros financieros y económicos del país. El establishment británico y el establishment de la UE habían movilizado todo tipo de presiones (por tierra, mar y aire) a fin de que el referéndum fuera favorable a la pertenencia. De esta manera, es un claro signo de afirmación y poder que las clases populares se opusieran y ganaran al establishment. Por otra parte, los datos mostraban que lo que ha ocurrido, iba a ocurrir. La popularidad de la UE en el Reino Unido pasó de ser un 54% (ya uno de los más bajos de la UE) en 2004 a un 44% en 2016 (según Pew). En realidad, el Reino Unido es el país donde el porcentaje de población opuesta a dar mayor poder a la UE es mayor (65%) después de Grecia (68%) Y, según otras encuestas, el sector menos entusiasta con la UE eran las clases populares, que gradualmente han ido transfiriendo su apoyo electoral del Partido Laborista al partido UKIP (el partido anti EU).

La supuesta excepcionalidad de España

Es un dicho común en los mayores medios de comunicación que España es uno de los países más pro-EU, lo cual es cierto, pero solo en parte (lo mismo era cierto con Grecia). Es lógico que Europa, percibida durante muchos años como el continente punto de referencia para las fuerzas democráticas, por su condición democrática y su sensibilidad social, se convirtiera en el “modelo” a seguir por países como España, Portugal y Grecia, que sufrieron durante muchos años dictaduras de la ultraderecha, seriamente represivas y con escasísima conciencia social. Para los que luchamos contra la dictadura, Europa Occidental era un sueño a alcanzar.
Pero, debido al control o excesiva influencia del pensamiento neoliberal en el establishment político mediático de la UE (muy próximo al capital financiero y al capital exportador alemán, que ha estado configurando las políticas públicas neoliberales que los establishment político-mediáticos de cada país de la UE han hecho suyas), este sueño se ha convertido en una pesadilla para las clases populares, particularmente dañadas por tales políticas neoliberales. Las reformas laborales que han dañado el estándar de vida de estas clases y los recortes de gasto público, con el  debilitamiento de la protección social y del estado del bienestar, así como la desregulación en la movilidad del capital y del trabajo, han sido un ataque frontal a la democracia y al bienestar de las clases trabajadoras, realidad muy bien documentada (ver mi libro Ataque a la democracia y al bienestar. Crítica al pensamiento económico dominante, Anagrama, 2015). La pérdida de soberanía nacional que conlleva la UE ha significado la pérdida de soberanía popular, causa del deterioro de su bienestar. La evidencia de que ello es así es contundente, clara y convincente. Es más que obvio que esta Europa no es la Europa de los pueblos, sino la Europa de las empresas financieras y de los grandes conglomerados económicos.

¡No es chauvinismo lo que causa el rechazo a la UE!

Ante esta situación, el establishment político-mediático europeo quiere presentar este rechazo como consecuencia de un retraso cultural de las clases populares, todavía estancadas en un nacionalismo retrógrado, que incluye un chauvinismo anti-inmigrante que merece ser denunciado. John Carlin, en el El País, 24.06.16, define este rechazo (Brexit) como resultado “de la mezquindad, ignorancia, carácter retrógrado, xenofobia y tribal” de los que votaron en contra de la permanencia. Y así se está interpretando, por parte de la mayoría de los medios de comunicación europeos, el voto de rechazo a la UE por parte de las clases populares británicas. Este mensaje intenta ocultar las causas reales de tal rechazo, causas que he descrito en este artículo. Olvidan que, si bien todos los xenófobos votaron a favor de la salida del Reino Unido de la UE, no todos los que así votaron eran xenófobos.

En esta manipulación están participando poderes de la socialdemocracia europea que no han entendido todavía lo que está ocurriendo entre lo que solían ser sus bases. No quieren entender que el rechazo que está ocurriendo es hacia esta Europa que la socialdemocracia ha contribuido a crear, una Europa que carece de vocación democrática y sensibilidad social. El maridaje de los aparatos dirigentes de las socialdemocracias con los intereses financieros y económicos dominantes en la UE (y en cada país miembro) ha sido la causa de su gran declive, que todavía no entienden porque no quieren entenderlo. Lo que pasa en Francia, dónde hay un gobierno socialdemócrata que está intentando destruir a los sindicatos (como la señora Thatcher hizo en el Reino Unido), o en España, dónde el PSOE fue el que inició las políticas de austeridad, son indicadores de esta falta de comprensión de lo que está ocurriendo en la UE, y que es el fracaso de las izquierdas para atender a las necesidades de las clases populares. De ahí la transferencia de lealtades que están ocurriendo, en lo que refiere a los partidos.

Es lógico y predecible que las políticas neoliberales y los partidos que las aplican sean rechazados por las clases populares, pues son éstas las que sufren más cada una de estas políticas, incluyendo la desregulación de la movilidad de capitales y del trabajo. Regiones enteras en el Reino Unido han sido devastadas, siendo sus industrias trasladadas al este de Europa, creando un gran desempleo en las regiones. Y la desregulación del mundo del trabajo, acompañada de la dilución, cuando no destrucción, de la protección social, ha creado una gran inestabilidad  y falta de seguridad laboral. En realidad, fueron las políticas del gobierno Blair y del gobierno Brown (1997-2010) las que sentaron las bases para este rechazo generalizado hacia la UE. Tales gobiernos de la Tercera Vía facilitaron la llegada de inmigrantes a los que los empresarios contrataron con salarios más bajos. Y así se inició el desapego con la Unión Europea (ver “Don’t blame Corbyn if Brexit wins”, Denis McShane).

En España, frente al descrédito del partido socialdemócrata (PSOE) debido, entre otras razones a su participación en la construcción de esta Europa, han aparecido una serie de fuerzas políticas, tanto en la periferia como en el centro (Unidos Podemos y confluencias), que están canalizando este desencanto popular acentuando, con razón, que esta no es tampoco nuestra Europa, y que se requieren cambios profundos para recuperar la Europa democrática y social a la que aspiramos y que debe construirse. Así de claro.

(*) Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra, y ex Catedrático de Economía. Universidad de Barcelona

Fuente: Público.es

Publicado en:
http://nos-comunicamos.com.ar/node/6263



INFORMACIÓN RELACIONADA:

EL REFERENDUM BRITANICO FORTALECIO A LA EXTREMA DERECHA: Nocaut a la elite europea

miércoles, 8 de enero de 2014

LA FALTA DE DEMOCRACIA EN LOS MEDIOS DE INFORMACIÓN, por Vicenç Navarro (para "Público.es" del 08-01-14)

 
Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Pensamiento Crítico” en el diario PÚBLICO, 8 de enero de 2014
 
Este artículo critica la falta de diversidad ideológica en los medios de información, que es uno de los problemas más graves que existen en la limitadísima democracia española.
 
 

Pascual Serrano, uno de los mejores periodistas de este país, acaba de publicar un artículo (“Conflicto en Intereconomía o Canal 9, ¿dónde se coloca la izquierda?”) en Público 26.12.13, que debería hacer reflexionar a todas las personas con sensibilidad y vocación democrática, pues toca uno de los temas más importantes existentes en la limitadísima democracia española, es decir, la falta de diversidad ideológica de los medios de información de España y de sus comunidades autónomas. En realidad, el mayor problema de la democracia española es, precisamente, esta falta de diversidad tanto en los medios escritos como orales, y tanto en los medios públicos como en los privados.
El artículo surge a partir del conflicto laboral existente en el canal de televisión Intereconomía, junto con el cierre de Canal 9 y del resto de la radiotelevisión pública valenciana. Estos conflictos y cierres han movilizado a las izquierdas del país en defensa de los profesionales y trabajadores de esos medios, afectados negativamente por tales medidas, pues ellas implican pérdidas de puestos de trabajo. Como bien señala Pascual Serrano, la defensa de puestos de trabajo ha movilizado siempre a las izquierdas (que, por regla general, lideran las reivindicaciones laborales), siendo estas las que se han movilizado para protestar y denunciar dicha destrucción de puestos de trabajo, independientemente del lugar e institución en los que ello tomara lugar.
Ahora bien –tal como indica Pascual Serrano–, esta política lleva a situaciones paradójicas e incoherentes, pues esta protesta puede ser antidemocrática cuando sus beneficiarios son profesionales o trabajadores de instrumentos antidemocráticos como lo han sido Intereconomía y Canal 9. Estos medios de información han carecido del mínimo de conciencia democrática que debería exigírsele a un medio de información que use un bien público como son las ondas radiofónicas. En realidad, su comportamiento ha sido profundamente antidemocrático, marginando, cuando no insultando, a las izquierdas y a las fuerzas democráticas, con un servilismo a las ultraderechas gobernantes del país que ha dañado a las clases populares de este país. Su limitado profesionalismo, puesto al servicio de la propaganda política, se ha traducido en el descaro y desvergüenza que caracterizan a las derechas (en realidad ultraderechas) del país. Canal 9 jugó un papel clave en ocultar las causas del enorme daño provocado a las víctimas del accidente de metro de Valencia y a sus familiares. E Intereconomía ha intoxicado la cultura democrática del país, con una manipulación grosera que ha alcanzado un nivel de insulto y sectarismo que ha hecho imposible cualquier posibilidad de diálogo o enriquecimiento democrático. En realidad, dicho comportamiento ha corrompido cualquier atisbo de democracia que hubiera podido existir en la cultura política de la ultraderecha española.
Es un espectáculo que debería ofender a cualquier demócrata en nuestro país el ver a los profesionales de Canal 9 denunciar las enormes manipulaciones de esa televisión en el momento en el que son expulsados. ¿Por qué no lo denunciaron cuando ello estaba ocurriendo, que era cuando los mismos profesionales, que ahora se quejan, estaban transmitiendo aquellas mentiras que ocultaban hechos verídicos de los cuales ellos eran conscientes?
 
Se me dirá que si lo hubieran hecho, se les habría penalizado. Pero esta explicación no justifica su comportamiento. ¿Se utilizaría la misma justificación si la persona que diera este argumento fuera un torturador en las celdas de la policía, que le despedían debido a los recortes del personal policial? Pues bien, el sistema actual, que esconde una dictadura mediática, se reproduce mediante represión, no solo física sino también intelectual. Y los medios están jugando un papel clave en la reproducción de esta represión intelectual.
También se me podría decir (como se me ha dicho) que Canal 9 era público y las izquierdas deben apoyar a los medios públicos. Este argumento, para ser válido, tendría que tener en cuenta la naturaleza democrática de dicho instrumento público, lo cual es fácil de mostrar su inexistencia mirando la limitadísima diversidad ideológica existente en el medio. Y ahí, muchos pecan de escasa vocación democrática. TV3, el primer canal de la televisión pública catalana, promueve en sus programas de economía una visión ultraliberal que sistemáticamente promociona el punto de vista del mundo del capital a costa del mundo del trabajo. En el programa Lecciones de Economía, de casi una hora de duración, constantemente se presenta la visión empresarial de la vida económica, presentando por ejemplo a las compañías eléctricas como víctimas del gobierno (sí, ha leído bien) en el rechazo de este último al crecimiento del precio de la electricidad (uno de los más altos de la UE-15).
Podría justificarse este apoyo a TV3 (como yo hice recientemente) por también tener programas (muy pocos), en el canal secundario de Televisió de Catalunya, de gran interés político-social. Pero el problema mayor persiste: la utilización de un medio público por una ideología concreta que aparece con abusiva claridad en los informativos. Esta falta de profesionalidad debería ser denunciada por las izquierdas, que permanecen calladas por miedo (y existe mucho miedo y temor a criticar a los medios), por oportunismo y por confusión. Es sorprendente la falta de respuesta de las izquierdas hacia la falta de diversidad de los medios, siendo España el único país de la UE-15 en el que no hay ningún mayor medio escrito u oral de izquierdas. Y las izquierdas tienen responsabilidad en ello.
 
Ver artículo en PDF

Publicado en:
http://www.vnavarro.org/?p=10288

sábado, 14 de septiembre de 2013

DE LO QUE NO SE HABLA SOBRE SIRIA, por Vicenç Navarro (para "Redacción Popular" de septiembre de 2013)


por Vicenç Navarro




Para entender qué está pasando en Siria hay que entender qué está pasando
en EEUU, lo cual no es fácil en España debido a la insuficiente y/o
sesgada cobertura por parte de los medios de información españoles (con
algunas excepciones) de la realidad de aquel país. Hoy EEUU está viviendo
un momento de gran conflictividad cuya resolución marcará el país por
muchos años. Por un lado, estamos viendo la aplicación de unas políticas
de recortes de gasto público sin precedentes, recortes que se están
justificando por la supuesta necesidad de reducir lo que se considera un
excesivo nivel de déficit público. A fin de alcanzar la disminución de
este déficit, se están recortando de una manera radical servicios del
escasamente financiado Estado del Bienestar estadounidense, afectando
especialmente a los servicios y transferencias públicas a las poblaciones
más vulnerables, tales como el programa Food Stamps (vales alimentarios)
que los Estados proveen en bases discrecionales y asistenciales a la
población pobre que no tiene fondos para comprar alimentos y que el propio
gobierno federal (su Departamento de Agricultura) define como “food
insecure”, que quiere decir, como señala en lenguaje más accesible el The
New York Times, “personas que tienen hambre” (“On the Edge of Poverty; at
the Center of a Debate” 05.09.13. p. A3), y que son 49 millones de
ciudadanos y residentes estadounidenses que representan nada menos que un
16,4% de la población de EEUU (véase el informe Food Insecurity Survey.
Department of Agriculture. US Federal Government. 2012).
Por otro lado, el Presidente Obama está pidiendo la aprobación del
Congreso de EEUU para llevar a cabo un acto de intervención militar contra
el gobierno de Siria, aduciendo que dicho gobierno ha cometido un acto (la
utilización de armas químicas en un conflicto armado) que debería ser
penalizado. No sancionarlo implicaría -según el Presidente Obama- una
pérdida de credibilidad, no solo de EEUU, sino de la comunidad
internacional, pues tanto el gobierno de EEUU como la comunidad
internacional se habían comprometido en varios tratados internacionales a
no autorizar tales armas en los frentes de batalla. En la reciente reunión
del G-20, el Presidente Obama señaló que “gasear gente inocente con armas
químicas, incluso contra niños, es algo que nosotros no hacemos y que no
debemos permitir” (Financial Times, 7 de septiembre de 2013, p. 4)
¿Qué credibilidad tienen los argumentos utilizados para justificar el
bombardeo de Siria?
Tales argumentos aducidos por la Administración Obama, sin embargo, tienen
escasa credibilidad. En realidad, el gobierno federal de EEUU ha sido uno
de los gobiernos que ha utilizado con más frecuencia armamento químico (y
biológico) en los frentes de batalla. El caso más notorio fue la
utilización por parte de las Fuerzas Armadas de EEUU en Vietnam, Laos y
Camboya de 45 millones de litros del Agente Naranja (una dioxina altamente
tóxica), afectando a más de medio millón de personas (matándolas o
hiriéndolas y deformándolas) entre las poblaciones bombardeadas en
Vietnam, Camboya y Laos. Todavía hoy, y como secuela de aquellos
bombardeos, existe un gran número de nacimientos de infantes con enormes
deformidades entre las poblaciones de aquellos países expuestas a tal arma
química, que continúa en el suelo de más de cuatro millones de acres de
esos territorios.
El gobierno federal de EEUU ha utilizado también, además de armas
químicas, armas bacteriológicas (también prohibidas en los tratados
internacionales) en contra de varios países en América Latina (incluyendo
Cuba, causa de la epidemia de dengue en 1981, que mató a 188 personas,
incluyendo 88 niños). E incluso, más recientemente, el caso más notorio de
utilización masiva de armas químicas fue el que llevó a cabo el gobierno
iraquí (liderado entonces por Saddam Hussein) contra Irán, utilización con
pleno conocimiento y apoyo del gobierno federal de EEUU, que apoyaba al
dictador iraquí en aquel conflicto (ver Jeffrey St. Clair “Germ War: The
U.S. Record”, CounterPunch. 03.09.13). Y el mismo gobierno federal de EEUU
tiene, entre sus aliados, algunos de los mayores violadores de derechos
humanos hoy en el mundo, tales como Arabia Saudí, que tiene un enorme
arsenal de armas químicas que, según varias cadenas de información, han
sido proveídas a los extremistas islámicos, en la oposición al dictador
sirio (ver Eric Draitser “Debunking Obama’s Chemical Weapons Case Against
the Syrian Government” CounterPunch Sept.02, 2013), los cuales poseen ese
tipo de armas como ha indicado también Carla del Ponte, miembro de la
Comisión Internacional de Investigación de las Naciones Unidas para
investigar casos anteriores de utilización de armas químicas en Siria, que
ha señalado la posesión y utilización de tales armas en el pasado por los
rebeldes (ver David Lindorff “While House Document Proving Syria’s Guilt
does not pass Small text” CounterPunch, Sep.3, 2013). En realidad, dichas
armas han sido utilizadas por los dos lados del conflicto en Siria.
Ni que decir tiene que la utilización de tales armas debe denunciarse y
condenarse, sin ser selectivos y discriminatorios en tal denuncia (como es
el caso notorio de Bernard Henri Levi, el filósofo francés que ha
adquirido gran notoriedad por su oportunismo y selectiva denuncia de la
utilización de esas armas, sin nunca haber hecho la denuncia de su
utilización por parte de los estados estadounidense o europeos, incluyendo
el estado francés (tal y como señala Diana Johnstone en su artículo
“France’s Philosopher Bombardier: No War for Bernard Henri Levi”, Counter
Punch, Sept. 3. 2013).
¿Por qué ahora y no antes?
Que hay que penalizar la utilización de ese armamento en cualquier parte
del mundo y por cualquier estado es un punto sobre el cual existe bastante
acuerdo internacional. Pero, ¿por qué ahora y no antes? ¿Y por qué EEUU y
no otros países? Y, ¿por qué no hacerlo a través de otros medios no
militares o incluso, en caso de que fueran militares ¿por qué el gobierno
federal de EEUU y no otros? Para contestar a estas preguntas, hay que
entender, como dije antes, la situación de EEUU y los momentos históricos
que este país está viviendo, lo cual raramente se hace en los medios.
Veamos los datos.
Hoy EEUU está en un momento de profunda crisis, habiéndose acentuado
todavía más la deslegitimación del establishment financiero, económico, y
político de aquel país a partir del periodo de imposición de medidas
sumamente impopulares sin ningún mandato popular. La enorme influencia del
establishment financiero y económico (lo que en EEUU se llama la Corporate
Class) en la vida política y mediática del país y el impacto sumamente
impopular de las políticas públicas realizadas por las instituciones
llamadas representativas han creado un rechazo generalizado hacia esos
establishments. Hoy, desde la Seguridad Social (el sistema de pensiones
públicas) hasta los servicios públicos del Estado del Bienestar están en
peligro. Nunca antes el Estado del Bienestar estadounidense había estado
tan amenazado como ahora (una situación que también ocurre en la Unión
Europea y que alcanza dimensiones extremas en España). Los recortes en las
áreas sociales son enormes y, tal y como he indicado anteriormente, el
Congreso acaba de aprobar un recorte de 40.000 millones de dólares al
programa Food Stamps que alimenta a casi uno de cada tres niños en EEUU
(20 millones de niños asistidos). Estos recortes van acompañados de
intervenciones públicas que benefician enormemente a la Corporate Class y
a las rentas superiores del país, habiendo alcanzado unos niveles de
desigualdad sin precedentes desde principios del siglo XX, al inicio de la
Gran Depresión. Hoy, una persona del decil superior de renta en EEUU vive
quince años más que una persona del decil inferior (en España son diez
años y en el promedio de la Unión Europea de los Quince son siete años).
La Corporate Class y su complejo militar industrial
Un eje central de la Corporate Class, que es enormemente poderoso (tal y
como ya alertó en su día el General Eisenhower, más tarde Presidente del
país), es el complejo militar industrial. La voz más crítica de este
complejo fue Martin Luther King, que lo había denunciado como el gran
defensor de la Corporate Class de EEUU y que, para realizar su misión,
consumía enormes recursos a costa de empobrecer el escasamente financiado
estado del bienestar del país. Consume el 20% del presupuesto federal
(718.000 millones de dólares), de los cuales 159.000 millones han sido
gastados en las guerras de Irak y Afganistán (esta cifra no incluye los
beneficios sociales de los veteranos de las guerras y otros servicios
militares, cifra que alcanza otros 127.000 millones). El gobierno federal
de EEUU gasta más en sus Fuerzas Armadas que la suma en gastos militares
de los 13 países que le siguen después por nivel de gasto militar. Es una
inversión enorme, que se debe al poder de la industria armamentística. Más
de 350.000 millones de dólares fueron a contratos por equipamiento y
mantenimiento de material militar consumido en Irak y Afganistán (estos
datos proceden de Brad Plumer, “America’s staggering Defense Budget in
Charts”, The Washington Post January 7, 2013). Es un gasto público enorme
que configura la economía de EEUU y gran parte de sus políticas públicas.
En realidad (según los cálculos de Dean Baker y David Rosnick del Center
for Economic and Policy Research de Washington), más del 26% del déficit
público del estado federal se debe al gasto en las intervenciones
militares de Afganistán e Irak, así como el pago de otras intervenciones
que han estado ocurriendo a una frecuencia de un conflicto cada tres años
en los últimos treinta años.
Y este gran poder deriva de su función que es la de defender globalmente y
mundialmente los intereses primordialmente de la Corporate Class de aquel
país. Todo este gasto público se realiza a costa de un enorme sacrificio
del bienestar de las propias clases populares de EEUU (como denunció
Martin Luther King, tal como indico en mi artículo “Lo que no se dijo
sobre Martin Luther King”, Público, 3 de septiembre de 2013). No existe
plena conciencia fuera de EEUU de que las clases populares de este país
son las primeras víctimas de tal “sistema imperial”, tal y como lo definió
Martin Luther King. Hoy, a la vez que se están reduciendo los fondos
alimentarios para la población pobre, se están haciendo preparativos
militares que costarán más de 1000 millones de dólares.
La enorme crisis de legitimidad del sistema político estadounidense
El enorme descrédito de la Corporate Class, de sus instituciones
representativas (la mayoría de fondos que los políticos se gastan en sus
campañas proceden de miembros de tal clase social, situación legalizada
por la Corte Suprema de EEUU), acentuado por la gran crisis actual, donde
el estándar de vida de las familias estadounidenses ha ido disminuyendo en
los últimos treinta años (y muy marcadamente en estos años de crisis),
explica el creciente hartazgo de la población hacia las instituciones
políticas. Ya antes de que apareciera Siria en el horizonte, el Stimson
Center publicó en mayo una encuesta en la que se pedía la opinión de los
ciudadanos sobre su percepción y deseos sobre el gasto militar. La gran
mayoría de la ciudadanía quería una reducción radical del gasto militar
mucho más acentuada que cualquier propuesta hecha en el Congreso o por la
Casa Blanca. En realidad, ya en respuesta a este enfado generalizado y
hartazgo de guerras, la Administración Obama había hecho propuestas
(consideradas muy insuficientes por la mayoría de la población) de bajar
tal gasto, habiéndolo reducido en los últimos años.
El bombardeo de Siria, sin embargo, costará, según cálculos iniciales, más
de 1.000 millones de dólares (lo cual ha incrementado inmediatamente, tal
y como informó el Boston Herald (31 Agosto 2013), el valor de las acciones
–que estaban bajando– de las empresas productoras de material militar
tales como General Dynamics, Boeing, BAE Systems, Raytheon y muchas
otras). Mientras, como indiqué en el párrafo anterior, el mismo gobierno
federal está recortando fondos para alimentar a niños que pasan hambre.
La llamada a la intervención militar en Siria
El argumento aducido por la Administración Obama para bombardear Siria –la
penalización al gobierno Asad por el empleo de armas químicas- carece,
como he dicho antes, de credibilidad, pues tales armas se han utilizado
anteriormente en el conflicto sirio, por ambas partes, tal y como
documentó la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas en su
investigación de la situación en Siria así como en muchos otros conflictos
llevados a cabo por EEUU (como en Vietnam), o por sus aliados, como Israel
en 2009, en su represión de la población palestina de Gaza (tal y como ha
denunciado Amnistía Internacional y señalado Chris Hedges, jefe de la
oficina del Middle East del The New York Times (ver la entrevista en mi
blog www.vnavarro.org)), o, como he indicado anteriormente, por los
aliados de EEUU, como el entonces aliado Saddam Hussein en su lucha contra
Irán en 1988. En realidad, la historia de EEUU está llena de casos de
utilización de armas biológicas y químicas, tanto por su gobierno como por
sus aliados.
¿Cuál es, entonces, el motivo real para iniciar tal bombardeo de Siria?
Hay varios motivos, todos ellos relacionados con la situación en EEUU. La
pérdida de legitimidad del establishment de aquel país es enorme y se
encuentra en una situación muy defensiva, acorralada. Siente que tiene que
hacer algo, tanto en el interior como en el exterior del país. El Medio
Oriente (de enorme importancia estratégica para el establishment
estadounidense i europeo) está en una situación volcánica, en la que EEUU
está perdiendo el control. Hoy esta zona del mundo es un volcán que está
explotando.
Para aquel establishment de EEUU y europeo, Irán es el centro del mal, que
quiere decir que puede afectar más negativamente sus intereses. La alianza
Siria-Irán, apoyada por Rusia, representa una amenaza a la hegemonía de
EEUU en aquella zona. Y últimamente parecía que el dictador Asad en su
lucha contra los rebeldes podría prevalecer y ganar en aquel conflicto. De
ahí que se intente ahora aprovechar el incidente de las armas químicas
para atacar y debilitar a tal gobierno. Este es el objetivo de tal
intervención: intentar recuperar tal hegemonía que está perdiendo el
gobierno federal de EEUU (y de Europa), tanto en el exterior como en el
interior.
Y una de las primeras movilizaciones en contra de esta recuperación del
dominio procede precisamente de las clases populares de EEUU. Para el
Presidente Obama, tal decisión de bombardear Siria le significará un
enorme coste político. Como muy bien ha señalado el que fue Ministro de
Trabajo del gobierno Clinton, Robert Reich (ver Robert Reich “Obama’s
Political Capital And the Slippery Stone of Syria”), tal intervención, que
le iría muy bien al establishment estadounidense para desviar la atención
del país hacia el exterior, (en un momento de grandes tensiones dentro del
país), le debilitará enormemente, independientemente de que sea o no
aprobada por el Congreso de EEUU (una institución que sólo goza de un 15%
de apoyo popular, precisamente por percibirse por parte de la población
estar instrumentalizada por la Corporate America). Es probable que la
Cámara Baja del Congreso (la menos alejada de la población) vote en contra
debido al enorme enfado que la población ha mostrado a la mayoría de
congresistas en sus distritos. Han sido precisamente las bases del Partido
Demócrata (el movimiento sindical, el movimiento de derechos civiles, el
movimiento feminista y el ecológico progresista) las que se han opuesto
más a tal bombardeo. Y hoy, la movilización popular contra tal
intervención (que está bombardeando el Congreso con llamadas y mensajes
contra la intervención militar) está generalizada. Pero el establishment
estadounidense está movilizándose a través de los medios de información
para que el Congreso autorice tal intervención. Hoy, la población recibe
constantemente mensajes que la credibilidad del país está en juego,
indicando que el rechazo se leerá como una negación por parte del pueblo
estadounidense a continuar liderando las fuerzas que representan la
democracia y la libertad, un mensaje que se ha repetido continuamente para
defender dictaduras y regimenes feudales (y que van desde Arabia Saudí y
Qatar a Honduras y antes Haití) que han estado oprimiendo precisamente la
libertad y la democracia.
Ocurra lo que ocurra, se inicia una nueva etapa en EEUU (incluso en caso
de que la Cámara Baja apoyara la intervención), donde la población, y muy
en particular las clases populares, están hartas de las guerras e
intervenciones del gobierno de EEUU para defender lo que Martin Luther
King llamaba el “rol imperial” de la Corporate Class, que está perdiendo
muy rápidamente su apoyo popular. Y este es el punto clave que marcará
claramente un cambio importante en la historia de EEUU (y creo que también
del mundo). (publico)

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