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sábado, 10 de junio de 2023

La sublevación del general Valle, el alzamiento que fue un hito en la resistencia peronista, por Juan Pablo Csipka (para "Página 12" del 10-06-23)

 


 Juan José Valle, líder del alzamiento de 1956.

 

Fue entre el 9 y el 10 de junio de 1956 y terminó con 27 fusilados

La dictadura encabezada por Pedro Eugenio Aramburu reprimió sin clemencia. Además de los fusilados, entre los que se cuentan los de José León Suárez que  Rodolfo Walsh reveló en Operación Masacre, hubo 7 muertos. La trama de la asonada y la brutal represión de los militares que habían derrocado a Juan Domingo Perón.

Por Juan Pablo Csipka
10 de junio de 2023 - 00:01



La madrugada del domingo 10 de junio de 1956, la vida cotidiana de los argentinos se alteró cuando la radio entró en cadena nacional y anunció que “a las 23 del día sábado se produjeron levantamientos militares en algunas unidades de la provincia de Buenos Aires” y que “se ha decretado el imperio de la Ley Marcial en todo el territorio de la República”. Un alzamiento militar había empezado la noche del 9 contra la Revolución Libertadora y Pedro Eugenio Aramburu amenazaba con fusilar.

Durante las 72 horas siguientes habría siete muertos por la sublevación, 27 fusilamientos (cinco de ellos en un basural donde se disparó a doce hombres) y un incidente diplomático con Haití. La Libertadora respondía sin piedad al intento de desalojar a la dictadura que había derrocado a Juan Domingo Perón.
Un Ejército dividido

El golpe de 1955 había fracturado al Ejército. Perón representó la unidad del arma en sus diez años de poder desde el 17 de octubre de 1945 y nunca lo perdió de vista. En septiembre de 1951 había repelido el intento golpista de Benjamín Menéndez y se negó a fusilar. Consideró que era un castigo desproporcionado y que hacerlo implicaba romper ese equilibrio. Lo volvió a sostener ante la barbarie del bombardeo de Plaza de Mayo. Y desistió de resistir el golpe de Eduardo Lonardi para no caer en un conflicto civil que hubiera terminado con su ascendiente sobre toda la fuerza.

La Libertadora no aplicó un razonamiento similar en el modo inverso. El régimen se había endurecido en noviembre, con el golpe interno del ala liberal contra el nacionalista Lonardi. La promesa de “ni vencedores ni vencidos” quedaba en el olvido. Perón, que ya estaba en el exilio, fue despojado de su rango militar y el decreto 4161 prohibió la sola mención de su nombre y el de Evita.

Aramburu decidió desperonizar el Ejército y así se ordenó el pase a retiro de numerosos oficiales afines al líder depuesto. Entre ellos estaban los generales Juan José Valle y Raúl Tanco, a quienes se confinó con arresto domiciliario. Fueron parte del grupo que aceptó no combatir a Lonardi y que no imaginó el revanchismo posterior. Otro oficial al que la Libertadora pasó a retiro, a comienzos de 1956, fue el coronel Ricardo Ibazeta, al que le dieron la baja porque “habiendo podido desde el cargo que ocupaba, colaborar en la lucha contra la dictadura, no lo hizo (sic)". Ibazeta no tenía simpatías peronistas.

En marzo, casi al mismo tiempo que se dictó el decreto 4161, Valle dejó la quinta de su suegra en General Rodríguez, que había elegido para el confinamiento, y se dedicó al armado del Movimiento de Recuperación Nacional. Junto con Tanco, sumó a otros camaradas de armas y tomó forma el alzamiento, con la idea de llamar a elecciones libres.
El inicio de la sublevación

A las 21 horas del 9 de junio estaba previsto el comienzo de la revolución. Valle había elegido como sede de su comando la Escuela Industrial de Avellaneda. Allí estaba previsto instalar un equipo transmisor conectado a una emisora que iban a tomar y, cerca de las 23, lanzar la proclama que, estimaban, generaría focos de lucha contra la dictadura.

Pero ese primer paso, determinante para el éxito de la operación, salió mal y a partir de allí se volvió cuesta arriba para los sublevados. El gobierno militar obtuvo el dato de que podía haber un movimiento y reforzó la custodia de la planta emisora, además de tener alerta a la policía. Los hombres de Valle decidieron no entrar a la fuerza.

Seis hombres estaban dentro de la Escuela Industrial: el coronel José Albino Yrigoyen, el capitán Jorge Costales y cuatro civiles, Dante Lugo, Osvaldo Albedro, Norberto y Clemente Ross. La policía de la Provincia llegó y los detuvo.

Así fue que no hubo proclama por radio desde Avellaneda. Entre otros, la esperaba un grupo en una casa del barrio de Florida, en Vicente López, reunido para escuchar una pelea de box. No todos estaban al tanto de la conjura. Arribó la policía y se los llevó detenidos. A ese grupo se le aplicó la ley marcial con retroactividad (estaban detenidos antes de que fuera emitida) en un basural de José León Suárez, el hecho que reveló Rodolfo Walsh en Operación Masacre.

Pero sí hubo proclama radial en La Pampa. El alzamiento contó con el apoyo de la policía de Santa Rosa y se pudo transmitir desde Radio del Estado. La aviación naval de la Base Espora lanzó bombas contra la emisora, tras haber fracasado el intento de interferir la frecuencia. El líder local fue el capitán Eduardo Philippeaux y evitó el pelotón de fusilamiento por la derogación de la ley marcial.

Otras acciones se dieron en el regimiento de Palermo, al tiempo que se quiso ocupar la Escuela de Mecánica del Ejército y la sede del Automóvil Club Argentino. Fracasaron, lo mismo que las acciones en Viedma y en tres ciudades santafesinas: Rosario, Rafaela y Sarratea.
Los fusilamientos

Los primeros caídos por la ley marcial fueron los fusilados en el basural de Suárez, si bien Walsh demostró que la detención fue anterior a la promulgación de la norma, con lo que nos los alcanzaba (técnicamente, no había cometido ningún delito) y lo ocurrido fue asesinato a sangre fría. Eran doce hombres. Siete pudieron escapar en la noche. En el lugar quedaron los cuerpos de Vicente Rodríguez, Nicolás Carranza, Mario Brion, Carlos Lisazo y Francisco Garibotti.
Pedro Eugenio Aramburu gobernaba de facto durante la sublevación y ordenó fusilar.

Casi a la misma hora, las fuerzas leales a la Libertadora aplicaron la ley marcial a los detenidos en Avellaneda. Los habían llevado a la Regional Lanús. Los seis hombres fueron interrogados junto con otros 14 detenidos, durante dos horas. Yrigoyen, Costales y los cuatro civiles que los acompañaban fueron pasados por las armas.

En Campo de Mayo fueron ejecutados seis militares alzados. Entre ellos, los coroneles Ibazeta y Eduardo Cortines, que ante el improvisado tribunal admitió que el objetivo era terminar con la persecución al peronismo y llamar a elecciones libres en 180 días. El tribunal de guerra decidió no aplicar la pena de muerte, pero el ministro de Ejército, Arturo Ossorio Arana, avisó que se los fusilaría, no en virtud de la ley marcial (ni siquiera respetada en Suárez), sino por un decreto de Aramburu.

La Plata fue otro foco del levantamiento. Allí, el general Oscar Cogorno tomó el Regimiento 7 de Infantería, y un grupo de civiles ocupó Radio Provincia. Hubo enfrentamientos (Walsh, que vivía en la capital bonaerense, lo recuerda al inicio de Operación Masacre y recrea la muerte de un conscripto, luego identificado como Blas Closs, uno de los 7 caídos de la sublevación). Capturado, Cogorno fue ejecutado el 11; al día siguiente en La Plata fusilaron al subteniente Alberto Abadie.

En rigor, lo que correspondía, de acuerdo al procedimiento militar, era establecer el máximo castigo a través de un Consejo de Guerra, esto es, la pena de muerte, para que Aramburu, como titular del Poder Ejecutivo, la conmutara por la más alta pena de prisión que estipulara el Código de Justicia Militar. Al refrendar la decisión de los Consejos (que actuaron bajo la premisa de que habría conmutaciones), Aramburu arrastró a todo el Ejército en su decisión. Peor aún: ignoró la decisión del Consejo de Campo de Mayo sobre seis sublevados y mandó fusilar por decreto. También es cierto que fue azuzado por el vicepresidente de facto, el almirante Isaac Rojas, símbolo del antiperonismo, que toda su vida reivindicó los fusilamientos.

En Mártires y verdugos, Salvador Ferla estima que si el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas hubiera tomado las actuaciones, lo máximo habrían sido seis años de cárcel, pero, considerando atenuantes, la pena se reduciría a dos o tres años. Alejandro Horowicz, en Los cuatro peronismos, da cuenta de una mutación: a Perón lo derrocó el Ejército que él había moldeado, y que seguía siendo el mismo cuando volteó a Lonardi; pero ese Ejército pasó a ser otra cosa con los hechos de junio del 56: “Es el Ejército de la Libertadora, contenido en el anterior, posible, subyacente, pero otro”.
Se entrega Valle

Los diarios, con La Prensa a la cabeza, celebraron la represión. El 11 de junio, La Nación informó que no habría más fusilamientos y que incluso se conmutarían penas, cosa que no ocurrió. La dictadura identificó a Valle como cabecilla de la asonada. Este ofreció entregarse a cambio de parar el baño de sangre. Lo detuvo un viejo conocido, el capitán de navío Francisco Manrique, que prometió respetarle la vida. No fue así.

Valle fue llevado a la Penitenciaría de la avenida Las Heras. Antes de la ejecución le escribió a su madre, a su hermana, a su esposa y a su hija. Y a Aramburu, que había sido compañero de estudios: “Dentro de pocas horas usted tendrá la satisfacción de haberme asesinado. Debo a mi Patria la declaración fidedigna de los acontecimientos. Declaro que un grupo de marinos y de militares, movidos por ustedes mismos, son los únicos responsables de lo acaecido. (…) Entre mi suerte y la de ustedes me quedo con la mía. Mi esposa y mi hija, a través de sus lágrimas, verán en mí un idealista sacrificado por la causa del pueblo. (…) Espero que el pueblo conozca un día esta carta y la proclama revolucionaria en las que quedan nuestros ideales en forma intergiversable. Así nadie podrá ser embaucado por el cúmulo de mentiras contradictorias y ridículas con que el gobierno trata de cohonestar esta ola de matanzas y lavarse las manos sucias en sangre”.

Precisamente, y en base a ese viejo vínculo entre ambos, la esposa de Valle fue a Campo de Mayo a intentar hablar con Aramburu para pedirle clemencia. No pudo encontrarlo. Era de noche y un edecán le informó que “el Presidente duerme”. Valle fue fusilado el 12 de junio.
Roolfo Walsh investigó los fusilamientos en el basural de José León Suárez.
Incidente con Haití

En esas horas se produjo el último acto del drama. Seis de los sublevados buscaron asilo en la embajada de Haití, en Vicente López. El embajador Jean Brierre los hizo entrar a la sede diplomática ubicada en las calles San Martín y Monasterio. Más tarde se sumó Tanco. Brierre decidió ir a la Cancillería para informar del asilo. En su ausencia sucedió un hecho sin precedentes: militares argentinos violaron la inmunidad de la delegación haitiana e ingresaron para llevarse a los asilados. Los lideraba el general Juan Constantino Quaranta, el jefe de la Inteligencia militar y futuro protagonista del caso Satanowsky investigado por Walsh.

Quaranta hizo salir a la calle a los hombres, pero no para llevárselos a otra parte, sino para fusilarlos allí mismo, en la vía pública. La esposa de Brierre, Marie-Therese, se interpuso entre los militares y los siete hombres que iban a matar. La mujer gritó y los vecinos salieron a la calle. Eran demasiados testigos. Quaranta desistió, pero se llevó a los siete a la guarnición de Palermo. El embajador Brierre, mientras tanto, había tenido el reconocimiento de la Libertadora: los siete tenían status de asilados y fueron devueltos a la embajada.

Años más tarde, el suboficial Andrés López, que había acompañado a Perón en sus dos primeras presidencias y fue uno de los siete de la embajada, recordaría que, durante las horas que pasaron desde la detención hasta su regreso a la embajada, pensaron que serían fusilados. Brierre los subió a un avión con destino a Haití, pero les sugirió, por seguridad, bajar en la escala en Caracas, para no comprometer más a su país.
La crítica de Perón

En julio, Aramburu viajó a una reunión de jefes de Estado en Panamá. Allí transcurría el exilio de Perón. Para evitar problemas, el líder justicialista se fue a Nicaragua. Regresó a la semana y decidió mudarse a Caracas, donde estaban los sobrevivientes del alzamiento. Perón se había mostrado crítico de la sublevación en carta a John William Cooke. Más tarde tendría palabras de elogio a Valle, pero lo cierto es que consideró que habían actuado de manera apresurada, movidos por los pases a retiro del verano del 56.

Así se lo hizo saber a los siete cuando arreglaron una reunión en la capital venezolana. Casi 60 años después de los hechos, López contó que se sentaron en una mesa, Perón en una cabecera y Tanco en la otra. El silencio lo rompió Perón.

- Tanco, ¿yo qué les había dicho?

- Bueno, General, es que…

- No, no se excuse. Se los avisé: no estaban dadas las condiciones.
Los años siguientes

El alzamiento quedó como un hito en la resistencia del peronismo proscripto, además de ser una marca para sus opositores (Américo Ghioldi, de la rama más antiperonista del Partido Socialista, proclamó que "se acabó la leche de la clemencia"). Mostró a las claras la diferencia entre Perón y quienes lo derrocaron a la hora de reprimir una insurrección y derivó en una obra fundamental de la historia del periodismo, como Operación Masacre, que puso el foco en los civiles masacrados en Suárez. En total, la represión se tradujo en 27 fusilados, “una consecuencia escalofriante” del levantamiento, al decir de Joseph Page. El biógrafo de Perón coloca las ejecuciones como la nota que diferencia al 9 de junio de cualquier otra asonada fallida en el país.
Un símbolo del antiperonismo por excelencia: el almirante Isaac Francisco Rojas.

“Aunque Juan Domingo Perón había cometido y tolerado muchos excesos en sus días, se puede decir a favor suyo que nunca llegó a convertir sus cárceles en mataderos. No se puede afirmar lo mismo sobre el general Pedro Eugenio Aramburu”, apuntó el autor estadounidense. Cuando Aramburu fue secuestrado en 1970 por la célula originaria de Montoneros, antes de matarlo lo condenaron por el robo del cuerpo de Evita y por los fusilamientos.

La tragedia del 56 preludió la de los 70. Julio Troxler, sobreviviente del basural, fue asesinado por la Triple A en 1974. Era subjefe de la Policía Bonaerense, a la que había sobrevivido 18 años antes. Susana Valle, la hija del líder del alzamiento, formó parte de la primigenia Juventud Peronista a comienzos de los 60. Después del golpe del 76, fue secuestrada en Córdoba.

Tenía 40 años y Luciano Benjamín Menéndez se ensañó con ella. Estaba embarazada, pero eso no impidió que la torturaran. La picana produjo un parto prematuro de mellizos. Uno nació muerto. El otro fue puesto a pocos metros de ella, podía verlo pero no tocarlo. Así presenció su muerte.

La hija de Valle murió en 2006. Llegó a presenciar los homenajes por los 50 años del levantamiento.

Publicado en:
https://www.pagina12.com.ar/556907-la-sublevacion-del-general-valle-el-alzamiento-que-fue-un-hi

domingo, 8 de octubre de 2017

A ver si entendemos de qué se trata la grieta..."CARTA DE JUAN PERÓN A EUGENIO ARAMBURU"


"República de Panamá, 8 de marzo de 1956.

Al General Aramburu. Buenos Aires

He leído en un reportaje, que Ud. se ha permitido decir que soy un cobarde porque ordené la suspensión de una lucha en la que tenía todas las probabilidades de vencer. Usted no podrá comprender jamás cuánto carácter y cuánto valor hay que tener para producir gestos semejantes. Para usted, hacer matar a los demás, en defensa de la propia persona y de las propias ambiciones, es una acción distinguida de valor.
Para mí, el valor no consiste —ni consistirá nunca— en hacer matar a los otros. Esa idea sólo puede pertenecer a los egoístas y a los ignorantes como usted. Tampoco el valor está en hacer asesinar a obreros inocentes o indefensos, como lo han hecho ustedes en Buenos Aires, Rosario, Avellaneda, Berisso, etc. Esa clase de valor pertenece a los asesinos y a los bandidos cuando cuentan con la impunidad. No es valor atropellar los hogares humildes argentinos, vejando mujeres y humillando ancianos, escudados en una banda de asaltantes y sicarios asalariados, detrás de la cual ustedes esconden su propio miedo.
Si tiene dudas sobre mi valor personal, que no consiste como usted supone en hacer que se maten los demás, el País tiene muchas fronteras; lo esperaré en cualquiera de ellas para que me demuestre que usted es más valiente que yo. Lleve sus armas, porque el valor a que me refiero, sólo se demuestra frente a otro hombre y no utilizando las armas de la Patria para hacer asesinar a sus hermanos. Y sepa para siempre que el valor se demuestra personalmente y que, por ser una virtud, no puede delegarse. Hágalo, sólo así me podría probar que no es la gallina que siempre conocí.
Si usted no lo hace y el pueblo no lo cuelga, como merece y espero, por salvaje, por bruto y por ignorante, algún día nos encontraremos. Allí, le haré tragar su lengua de irresponsable.

Juan Perón, General."

Comando Nacional - Partido Peronista.

Publicado en:

http://www.peronvencealtiempo.com.ar/peron/cartas-de-peron/390-carta-de-peron-a-aramburu

martes, 6 de septiembre de 2016

Reflexiones sobre "Megafón, o la guerra" y el peronismo, por Daniel Mojica (para "Cuestión Cultural" del 06-09-16)



APUNTES DESDE EL PERONISMO

La Patria se encuentra en una encrucijada histórica. Traigo como referencia un párrafo de “Megafón, o la guerra” de Leopoldo Marechal. En realidad, es una reflexión del “poeta depuesto” en su “Introito a Megafón”.
Tal vez a algunos les resulte incongruente. Estoy seguro que a muchos peronistas, quizás les resuene en algún recóndito rincón de su corazón, de su alma, o de sus tripas.
“…me quedaba otra duda: era verdad que la “guerra física” de Megafón se libraba en el país desde hacía muchos años; pero sus causas internas y externas, las que había develado Megafón, aún se disimulaban en la inconsciencia de veinte millones de guerreros…Ahora bien ¿el paso de lo inconsciente a lo consciente no mostraría el rostro verdadero de la guerra con su temible incitación a la crueldad?...los hechos de 1956 enseñaron las cartas en su juego desnudo.”
Algunas circunstancias actuales, tal vez llevarían al autor de “El banquete de Severo Arcángelo", a reflexiones casi idénticas. ¿Acaso se han saldado esas “causas internas y externas” que aún se disimulan en la inconciencia de más de cuarenta millones de argentinos? A pesar de ser un hecho revelado magistralmente por Rodolfo Walsh en “Operación masacre” aquellos “…hechos de 1956…” que “…enseñaron las cartas en su juego desnudo…”. Tan al desnudo que esas mismas “causas internas y externas” explotaron 20 años después de aquella matanza, dejando un saldo de treinta mil desaparecidos y más de quinientos hijos apropiados.
Hoy no se trata de aquella “guerra física”, sino mediática desde el “periodismo de guerra”, económica por medio de la transferencia de ingresos de los sectores más pobres hacia los más ricos. Cultural, porque nos quieren convencer que los últimos doce años vivimos en una fantasía. En la cual podíamos irnos de vacaciones, comprarnos los bienes que necesitamos, y teníamos un trabajo con un salario que nos posibilitaba realizar estas “fantasías”.
¿Por qué digo que la Patria se encuentra en una encrucijada?                  
¿Por qué interpelo al peronismo?                                                          
Porque tiene una responsabilidad histórica insoslayable. Cual es ponerse al frente del reclamo del pueblo que se manifestó en las urnas con un 49% que lo puso en el rol de opositor, pero también y fundamentalmente, en defender los derechos conquistados por el conjunto del pueblo desde Mayo de 2003 hasta el 9 de Diciembre de 2015.
Habrá algunos peronistas que recuerden aquellos otros 9 años de “fantasía” vividos, que fueron arrasados, también, por un revanchismo asesino, movido por el odio de clase.
Hoy la gran mayoría de dirigentes peronistas, políticos y sindicales por igual, no están a la altura de las circunstancias. En especial aquellos que han sido elegidos con mandato en el Congreso, y que han borrado, con la misma mano que levantaron para aprobar, derechos ganados que se transformaron en leyes.
Lo mismo puede decirse de una dirigencia gremial, que aún no ha reaccionado ante la inmensa cantidad de despidos, al deterioro del salario, y a la prepotencia patronal auspiciada por un gobierno que goza de impunidad judicial. (Salvedad hecha para quienes organizaron y llevaron a cabo la Marcha Federal)
Perviven aquellas “causas internas y externas” ¿Cuándo pasaremos al “consciente” los hechos recientes? ¿Acaso los hechos recientes no nos “enseñaron las cartas en su juego desnudo”?
El pueblo trabajador se expresó el 29 de abril. Otra vez lo hizo con la Marcha Federal. La dirigencia, política y sindical ¿qué está esperando?.

por Daniel Mojica



Daniel Mojica
Escritor Miembro de COMUNA
www.cuestioncultural.blogspot.com.ar
Columnista político de "Tejiendo Redes"  Radio Gráfica

Publicado en:
www.cuestioncultural.blogspot.com.ar

jueves, 9 de junio de 2016

Carta del general Valle al general Aramburu antes de ser fusilado, por "El Historiador".


     

El 12 de junio de 1956, en cumplimiento del decreto firmado por el presidente de facto Pedro Eugenio Aramburu, fue fusilado el general Juan José Valle, líder del frustrado levantamiento cívico-militar producido el 9 de junio de ese mismo año.

En septiembre de 1955, la autodenominada “Revolución Libertadora” había derrocado a Perón. El 13 noviembre de 1955, el general Pedro Eugenio Aramburu asumió la presidencia del país. Durante su gobierno se intervino la CGT, se persiguió a la clase dirigente peronista, se desmanteló el IAPI, y hasta se prohibió todo tipo de mención de términos, palabras o frases vinculadas al peronismo.

El decreto 4161, del 5 de marzo de 1956, establecía: “Queda prohibida la utilización (…) de las imágenes, símbolos, signos, expresiones significativas, doctrinas y obras artísticas (…) pertenecientes o empleados por los individuos representativos u organismos del peronismo. Se considerará especialmente violatoria de esta disposición, la utilización de la fotografía retrato o escultura de los funcionarios peronistas o sus parientes, el escudo y la bandera peronista, el nombre propio del presidente depuesto el de sus parientes las expresiones ‘peronismo’, ‘peronista’, ‘justicialismo’, ‘justicialista’, ‘tercera posición’ la abreviatura ‘PP’, las fechas exaltadas por el régimen depuesto las composiciones musicales  ‘Marcha de los Muchachos Peronista’ y ‘Evita Capitana’ o fragmentos de las mismas y los discursos del presidente depuesto o su esposa o fragmentos de los mismos”.

En la noche del 9 de junio el general Juan José Valle encabezó una rebelión cívico-militar que tuvo sus focos aislados en Buenos Aires, La Plata, Avellaneda y La Pampa. El intento concluyó al cabo de unas pocas horas. Tres días más tarde, el 12 de junio de 1956, el general Valle fue fusilado junto a otras veintiséis personas. La medida contribuiría a profundizar todavía más los odios y rencores. Antes de morir, el general Valle envió la carta que a continuación citamos al general Aramburu:

Fuente: Roberto Baschetti (recopilación y prólogo), Documentos de la Resistencia Peronista 1995-1970, Buenos Aires, Puntosur Editores, pág. 84.
CARTA DEL GENERAL VALLE A ARAMBURU:

“Dentro de pocas horas usted tendrá la satisfacción de haberme asesinado. Debo a mi Patria la declaración fidedigna de los acontecimientos. Declaro que un grupo de marinos y de militares, movidos por ustedes mismos, son los únicos responsables de lo acaecido.

”Para liquidar opositores les pareció digno inducirnos al levantamiento y sacrificarnos luego fríamente. Nos faltó astucia o perversidad para adivinar la treta.

”Así se explica que nos esperaran en los cuarteles, apuntándonos con las ametralladoras, que avanzaran los tanques de ustedes aun antes de estallar el movimiento, que capitanearan tropas de represión algunos oficiales comprometidos en nuestra revolución. Con fusilarme a mí bastaba. Pero no, han querido ustedes, escarmentar al pueblo, cobrarse la impopularidad confesada por el mismo Rojas, vengarse de los sabotajes, cubrir el fracaso de las investigaciones, desvirtuadas al día siguiente en solicitadas de los diarios y desahogar una vez más su odio al pueblo. De aquí esta inconcebible y monstruosa ola de asesinatos.

”Entre mi suerte y la de ustedes me quedo con la mía. Mi esposa y mi hija, a través de sus lágrimas verán en mí un idealista sacrificado por la causa del pueblo. Las mujeres de ustedes, hasta ellas, verán asomárseles por los ojos sus almas de asesinos. Y si les sonríen y los besan será para disimular el terror que les causan. Aunque vivan cien años sus víctimas les seguirán a cualquier rincón del mundo donde pretendan esconderse. Vivirán ustedes, sus mujeres y sus hijos, bajo el terror constante de ser asesinados. Porque ningún derecho, ni natural ni divino, justificará jamás tantas ejecuciones.

”La palabra ‘monstruos’ brota incontenida de cada argentino a cada paso que da.

”Conservo toda mi serenidad ante la muerte. Nuestro fracaso material es un gran triunfo moral. Nuestro levantamiento es una expresión más de la indignación incontenible de la inmensa mayoría del pueblo argentino esclavizado. Dirán de nuestro movimiento que era totalitario o comunista y que programábamos matanzas en masa. Mienten. Nuestra proclama radial comenzó por exigir respeto a las instituciones y templos y personas. En las guarniciones tomadas no sacrificamos un solo hombre de ustedes. Y hubiéramos procedido con todo rigor contra quien atentara contra la vida de Rojas, de Bengoa, de quien fuera. Porque no tenemos alma de verdugos. Sólo buscábamos la justicia y la libertad del 95% de los argentinos, amordazados, sin prensa, sin partido político, sin garantías constitucionales, sin derecho obrero, sin nada. No defendemos la causa de ningún hombre ni de ningún partido.

”Es asombroso que ustedes, los más beneficiados por el régimen depuesto, y sus más fervorosos aduladores, hagan gala ahora de una crueldad como no hay memoria. Nosotros defendemos al pueblo, al que ustedes le están imponiendo el libertinaje de una minoría oligárquica, en pugna con la verdadera libertad de la mayoría, y un liberalismo rancio y laico en contra de las tradiciones de nuestro país. Todo el mundo sabe que la crueldad en los castigos la dicta el odio, sólo el odio de clases o el miedo. Como tienen ustedes los días contados, para librarse del propio terror, siembran terror. Pero inútilmente. Por este método sólo han logrado hacerse aborrecer aquí y en el extranjero. Pero no taparán con mentiras la dramática realidad argentina por más que tengan toda la prensa del país alineada al servicio de ustedes.

”Como cristiano me presento ante Dios, que murió ajusticiado, perdonando a mis asesinos, y como argentino, derramo mi sangre por la causa del pueblo humilde, por la justicia y la libertad de todos no sólo de minorías privilegiadas. Espero que el pueblo conozca un día esta carta y la proclama revolucionaria en las que quedan nuestros ideales en forma intergiversable. Así nadie podrá ser embaucado por el cúmulo de mentiras contradictorias y ridículas con que el gobierno trata de cohonestar esta ola de matanzas y lavarse las manos sucias en sangre. Ruego a Dios que mi sangre sirva para unir a los argentinos. Viva la patria.”

Juan José Valle. Buenos Aires, 12 de junio de 1956.

Publicado en:
http://www.elhistoriador.com.ar/documentos/revolucion_libertadora/carta_del_general_valle_al_general_aramburu_antes_de_ser_fusilado.php


INFORMACIÓN RELACIONADA:


btnDecreto-ley 4161, del 5 de marzo de 1956
btnProclama de Valle y Tanco - Alzamiento del 9 de junio de 1956
btnLa revolución de Valle


Héroes, villanos y gente común, por Eduardo Jozami (para "Página 12" del 09-06-16)


A 60 AñOS DE LOS FUSILAMIENTOS
 Por Eduardo Jozami

Opinión

El general Juan José Valle era un hombre honorable. Así lo destacan las cartas que envía a su familia horas antes de ser fusilado. Quizás haya pensado que los golpistas del 16 de setiembre seguían teniendo ese mismo sentido del honor y por eso, ingenuamente, creyó en la promesa de que su vida sería respetada, como lo aseguraron el almirante Isaac Rojas y el capitán de navío Francisco Manrique, uno de los participantes en el secuestro del cadáver de Evita. Pero, aunque el mismo Perón haya dicho que los sublevados del 9 de junio actuaron con ingenuidad, lo cierto es que Valle aceptó entregarse porque quería detener los fusilamientos.

No sabemos mucho sobre el jefe de la rebelión. Una muy exitosa carrera militar lo había llevado al grado de general de división y a integrar la Junta de altos mandos a quienes Perón presentó una renuncia –que no podía considerarse definitiva– dos días después del golpe de septiembre. Tras la asunción del general Lonardi, Valle será detenido, primero en un buque de guerra y más tarde en una casaquinta de sus suegros. En marzo de 1956, cuando deja ese arresto domiciliario y pasa a la clandestinidad, empieza una paciente tarea de preparación del levantamiento que, previsto para fines de mayo, estallará finalmente en la noche del 9 de junio.

El movimiento cuya proclama firman Valle y el general Raúl Tanco reunía un grupo no muy numeroso de oficiales pero se apoyaba en la masiva adhesión al peronismo de los suboficiales y en la participación de importantes núcleos civiles de la resistencia. Esta incorporación de muchos grupos de la militancia peronista dio al movimiento su carácter popular pero también lo alejó de la lógica clandestina de la conspiración y facilitó la tarea de los servicios de informaciones. La dictadura de Aramburu y Rojas estaba al tanto del levantamiento y, aunque las principales cabezas del gobierno simularan sorpresa, lo cierto es que dejaron que se produjera para dar un escarmiento. Cuando comenzaron los fusilamientos, en la madrugada del 10 de junio, todos los focos de la rebelión habían sido controlados. En consecuencia, la ejecución de Valle, fusilado el día 12 en la Penitenciaría Nacional, resulta aún más difícil de explicar. Para sembrar el terror había que mostrarse inflexible; Aramburu no dudó en matar a un general con el que tenía una conocida relación de amistad.

Un Consejo de Guerra había decidido que no se aplicara la pena de muerte al coronel Ricardo Ibazzeta. A pesar de ello, un decreto decidiría igualmente su fusilamiento. Ante la trágica noticia, su mujer, con los seis hijos del matrimonio, corrió a entrevistarse con Aramburu. Se le dijo que era imposible: “el presidente duerme”. La misma respuesta tuvo el general que presidía el Consejo que había desestimado la pena de muerte. El presidente seguía durmiendo y tal vez no tuviera todavía motivos para inquietarse: La gran mayoría de los partidos políticos, la FUBA, las organizaciones empresarias, casi toda la prensa, muchos intelectuales, condenaron el alzamiento de Valle y no objetaron los fusilamientos. “Tanto lío porque mataron a unos malevos”, decía a Adolfo Bioy Casares, su gran amigo, Jorge Luis Borges, quien ese año, en lo que consideró la más decidida expresión de rechazo al peronismo, se afilió al conservador Partido Demócrata Nacional.

Las cartas dirigidas por el general Valle a su madre, su mujer y su hija no abundan en reflexiones políticas. Quien escribe es un hombre preocupado por confortar a su familia en momento tan difícil, que muestra una fe religiosa que debe ayudarlo a pasar el trance y que, frente a los infundios que hace circular la dictadura, reafirma a cada paso que nada lo ha alejado del camino del honor. Quizás no haya mucha afinidad en este retrato del personaje, más bien tradicional, y el de los jóvenes revolucionarios del ‘70. Pese a ello, cuando leo que Valle dice a su mujer: “Nunca te avergüences de tu esposo, pues la causa por la que he luchado es la más humana y justa: la del Pueblo de mi Patria”, no puedo sino recordar los mensajes de quienes desde las cárceles y los centros clandestinos nos esforzábamos por explicar a nuestras familias el sentido de nuestra lucha. Aunque sentimos como más propio el recuerdo de los activistas de la Resistencia, cómo negar que este general pundonoroso y los militantes que sufrieron y enfrentaron a la dictadura de Videla y a un ejército que no era ya el de Valle, se integran en una tradición que sigue siendo potente y actual precisamente por su diversidad.

En la 3er. edición de Operación Masacre, en la Argentina convulsionada posterior al Cordobazo, Rodolfo Walsh contrapone la proclama del 9 de junio –reclamo de elecciones, devolución de los sindicatos a los trabajadores, libertad a los presos políticos, un difuso nacionalismo económico– con las definiciones avanzadas del peronismo revolucionario de fines de los ‘60, lo que no le impide afirmar que la figura de Valle “crecerá justicieramente en la memoria del pueblo, junto con la convicción de que el triunfo de su movimiento hubiera ahorrado al país la vergonzosa etapa que le siguió”.

El profesor Américo Ghioldi fue una de las principales figuras del Partido Socialista, donde siempre se destacó por un antiperonismo que superó todas las marcas en junio de 1956 cuando escribió el editorial del periódico La Vanguardia, justificando los fusilamientos. Será vano buscar el texto de Ghioldi en la Biblioteca Obrera Juan B. Justo que tiene una muy importante colección de La Vanguardia, porque ha sido cortado el artículo del semanario correspondiente al 14 de junio. No parece que deba atribuirse la falta a un lector ávido por coleccionarlo, considero más probable que alguien haya querido eliminar las pruebas de lo que, afortunadamente, la mayoría de los socialistas viven como un escándalo ya desde algunas décadas.

La violencia política en el país fue siempre importante y muchos habían sido los muertos en el siglo y medio precedente. Sin embargo, la reacción generalizada contra el fusilamiento de Dorrego seguramente tuvo mucho que ver en que no se repitieran ejecuciones políticas dispuestas por la autoridad nacional. No hubo fusilamientos en las revoluciones radicales previas a la ley Sáenz Peña, ni tampoco en Paso de los Libres y los otros levantamientos contra el fraude en la Década Infame. Tampoco Perón fusiló a ninguno de los militares alzados en 1951. En junio de 1955 se repitió el mismo trato, sólo murió el almirante Gargiulo que se quitó la vida por su propia mano.

Consciente de esa tradición, el dirigente socialista, lejos de condenar los fusilamientos, aprovechó ese dato histórico para señalar que esta vez sí era necesario hacerlos, para mostrar la gravedad inusitada del intento de restauración peronista. Dos frases de ese editorial, difíciles de compatibilizar con el siempre invocado humanismo socialista quedarán en la historia del discurso antipopular. La primera, curiosa en alguien que se consideraba un educador, sostiene que la letra con sangre entra; la segunda no es menos intimidante: “se acabó la leche de la clemencia”. Ghioldi que ya había elegido un camino de no retorno escribió cada vez más para consumo de los militares golpistas, porque fue gradualmente perdiendo peso en el socialismo y en cualquier espacio democrático. No sorprendió que tanta devoción fuera premiada por Videla quien lo nombró embajador en Portugal. El ascenso del general Valle a teniente general dispuesto en 2006 por el gobierno de Néstor Kirchner, en un gobierno en que participaban dirigentes socialistas, fue otro episodio de reencuentro para superar diferencias históricas en la confluencia hacia un proyecto popular.

En el peronismo, la reacción generalizada fue de apoyo al levantamiento y según los testimonios recogidos por Enrique Arrosagaray se advierte que muchos militantes comprometidos no llegaron a participar. Sin embargo, la Correspondencia entre Perón y Cooke –este último estaba preso y varias veces en esos días le hicieron simulacros de fusilamiento– registra una manifestación de desconfianza del ex presidente hacia los jefes militares a quienes parece reprocharles cierta debilidad frente al levantamiento del 16 de septiembre. Para sostener que Perón tenía motivos para desconfiar se ha señalado que la proclama del 9 de junio no mencionaba al líder derrocado. Sin embargo, dada la notable adhesión que mantenía entre los sectores más populares, es muy difícil imaginar que de haber triunfado el movimiento de junio, con la consiguiente convocatoria a elecciones, el candidato presidencial hubiera podido ser otro que el dirigente exiliado.

Pero más allá de estos cuestionamientos, lo importante es que el general expresa entonces una línea política que se habrá de fortalecer con los años: aunque no desautorizará plenamente los amagues e intentos de alzamiento militar, la resistencia se basará más en el activismo político y en los trabajadores. “Yo vengo repitiendo a los peronistas precipitados –escribe Perón a Cooke– que no haremos camino detrás de los militares que nos prometen revoluciones cada fin de semana”.

La historia del 9 de junio tiene, como todas, héroes y villanos, pero también hombres comunes que no parecían predeterminados a ser grandes protagonistas. Entre los involuntarios participantes en la Operación Masacre, hay militantes como Julio Troxler que sabía muy bien porqué estaba en la casa donde fueron detenidos o cómo Nicolás Carranza a quien cada vez le cuesta más arrastrar a la política a su vecino Garibotti, pero también otros que quizás ignoren que la convocatoria responde al propósito de sumarse al movimiento. La escritura de Walsh cuenta magistralmente el episodio que tuvo final trágico en los basurales, con esa capacidad suya para hablar a través de sus personajes, esa polifonía de voces que permite al autor quedar muchas veces en un segundo plano.

El mismo Walsh muestra cierta inocencia: como quienes son llevados a fusilar le cuesta aceptar la realidad del crimen y transmite esto a sus lectores. No es peronista como para compartir la perspectiva de la resistencia ni la esperanza de los amotinados. Seis meses después, cuando inicia su investigación, no imagina, como la mayoría de los reunidos en Vicente López, que encuentros como ese puedan terminar con muertes. Se interesa en el caso por lo que éste tiene de raro, de excepcional –un fusilado que vive– aunque después sentirá que se ha involucrado y lo suyo ya es una lucha contra el autoritarismo, que gradualmente, como lo muestran las sucesivas ediciones de Operación Masacre, se convertirá en una más integral propuesta de liberación.

El inspector Rodríguez Moreno acumula algunas denuncias por maltratos a detenidos y tiene el tipo del viejo funcionario formado en las prácticas tradicionales de las policías bravas; cómo serán las cosas para que también se sienta excedido por la situación, al punto de hacerse repetir una orden que “salía de todas las funciones específicas de la policía”. Como ocurrió con los bombardeos del 16 de junio, los fusilamientos implicaron un salto de calidad en la represión. No todos estaban preparados para el baño de sangre. Por eso puede explicarse lo que de otro modo resulta inconcebible: un fusilamiento con menos muertos que sobrevivientes.

Con el correr de los años, la represión se hizo más sofisticada y, en el 76, dispuso orgánicamente de toda la fuerza del Estado. Los alzados del 9 de junio, los activistas de los primeros tiempos de la Resistencia, avanzaron también hasta conformar las grandes organizaciones político militares. Sin embargo, sería equivocado ver esta evolución necesariamente como un avance en todos los sentidos. Tal vez las fuerzas organizadas celosamente en la clandestinidad en los ‘70 hayan perdido algo de esa representatividad social, esa participación e iniciativa popular. Cooke había previsto, poco después del 9 de junio, otras formas de acción revolucionaria que se apoyaran más en el protagonismo de los trabajadores. Veinte años más tarde, Walsh en su diálogo de sordos con la conducción montonera, para cuestionar el predominio de los aparatos militares sobre la política también encontraba inspiración en los tiempos de la Resistencia.

Hoy cuando este término no se asocia a la acción armada sino con la lucha social y política para frenar el avance del proyecto reaccionario, la consecuencia de Valle y sus compañeros, el compromiso de tanto militante, la comprensión de que la derrota de la Restauración Oligárquica exige la más amplia unidad y participación popular son legados del 9 de junio que no sería bueno olvidar.

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http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-301313-2016-06-09.html


jueves, 15 de noviembre de 2012

Las dos legitimidades, por Hernán Brienza (para “INFOnews” del 11-11-12)




La manifestación del 8N ha dejado algunas paradojas "divertidas". Para ponerle un poco de humor a la cuestión enumero: La "derecha republicana" se ha vuelto plebiscitaria –tras juntar unos cuantos miles en las calles de Buenos Aires- y ha abandonado su perorata institucionalista y republicana…


I

Los voceros del institucionalismo liberal se han vuelto "fascistas" y creen de la noche a la mañana en el mensaje de la "movilización de las masas enardecidas" más que en el correcto y normal funcionamiento de la República y sostiene que el "poder del pueblo" reside en juntar gente en una esquina antes que en el sufragio universal, obligatorio y secreto…
El intendente –que tiene la sacrificada tarea de ir a ver recitales de Kiss para publicitar Buenos Aires en el mundo mientras la Ciudad se inunda o se hunde, vaya uno a saber– descubrió que el 8N fue el día más importante de la historia argentina –¿no deberían tener al menos un par de materias de Historia Argentina en la carrera de Ingeniería?– olvidándose del 19 y 20 de diciembre, del 24 de marzo de 1976, el 17 de octubre de 1945 y cree que una decena de miles se puede comparar cuantitativamente con los millones de los cierres de campaña de Ítalo Lúder y Raúl Alfonsín o la concentración en Ezeiza del 20 de junio de 1973 o el Cabildo Abierto del 22 de agosto de 1951…
Los que apoyaron a la dictadura militar en sus editoriales y notas desde La Nación y Clarín, o desde instituciones como la UIA o la Sociedad Rural o la Iglesia Católica –imagino que los católicos que desfilaron el 8N pidiendo el fin de los subsidios a los sectores populares estarán de acuerdo, también, en el que el Estado deje de subsidiar a la Iglesia mediante los sueldos al clero y los subsidios a sus colegios ¿no?- hablan de respeto a la democracia y a las instituciones…
Los dirigentes políticos de los gobiernos de la UCR y la Coalición Cívica y el Peronismo Federal que masacraron al "pueblo" en las calles el 20 de diciembre de 2001 y el 26 de julio de 2002 le exigen, ahora, al gobierno nacional que escuche el "mensaje de la gente"…
Hoy, en esta Argentina cualquiera puede gritar que el gobierno no lo deja gritar… Una minoría política ruidosa intenta imponerle una agenda de cambios a un gobierno elegido por una abrumadora mayoría silenciosa…
El Grupo Clarín que manipula subrepticiamente al Poder Judicial hace campaña para que un gobierno no manipule al Poder Judicial…
Miles de personas desfilaron exigiendo que no se produzca algo que no estaba previsto que sucediera: la re-relección. Podrían desfilar, también, para que, por ejemplo, Jorge Altamira, líder del PO, quien exigió el adelantamiento de las elecciones por la crisis política –juro que es verdad- no acceda al gobierno por el voto popular (en las últimas elecciones alcanzó un mayoritario 2% del electorado). O también pueden marchar para que no se cumplan algunos de los huracanes anunciados por Elisa Carrió que no se cumplieron. O que la oposición no se una en una alianza programática donde se combinen las fórmulas Hermes Binner-Eduardo Duhalde o Mauricio Macri-Vilma Ripoll o Fernando Solanas-Cecilia Pando o Francisco de Narváez-Victoria Donda o Hugo Moyano-Patricia Bulrrich (bueno, esta es más posible, lo admito) o…
II
Preguntas:
¿Debe un gobierno elegido democráticamente por el 54% de la población cambiar su rumbo porque las minorías restantes no están de acuerdo con lo que eligió la mayoría? ¿O un gobierno democrático es aquel que cambia sus principios por otros por el humor político instalado entre otras cosas por los medios de comunicación?
¿Qué es preferible para la política: una dirigencia con convicciones fuertes que las demuestra incluso a veces con una energía desmedida o una dirigencia endeble que no tiene el coraje de decir lo que realmente piensa y quiere y apuesta a diluir sus propias convicciones para poder medir en las encuestas?
¿Podrá el gobierno nacional sostener sus propias convicciones y al mismo tiempo construir una comunicación que sea, como en 2011 por ejemplo, más afectuosa, más amena, más incluyente teniendo en cuenta que el mensaje también es la forma de ese mensaje?
¿Podrá la oposición encontrar un candidato de "centro-derecha-izquierda" que articule la batería de demandas de los caceroleros? ¿Podrán transformar las demandas en un esquema propositivo?
¿Podremos los argentinos escaparle a la lógica binaria en la cual estamos empantanados?
III
Siempre me impresionó la carta de Juan José Valle escrita el 12 de junio de 1956 al dictador Pedro Eugenio Aramburu antes de ser asesinado. Allí, el teniente general expresó con belleza histórica:
"Es asombroso que ustedes, los más beneficiados por el régimen depuesto, y sus más fervorosos aduladores, hagan gala ahora de una crueldad como no hay memoria. Nosotros defendemos al pueblo, al que ustedes le están imponiendo el libertinaje de una minoría oligárquica, en pugna con la verdadera libertad de la mayoría, y un liberalismo rancio y laico en contra de las tradiciones de nuestro país. Todo el mundo sabe que la crueldad en los castigos la dicta el odio, sólo el odio de clases o el miedo. Como tienen ustedes los días contados, para librarse del propio terror, siembran terror. Pero inútilmente. Por este método sólo han logrado hacerse aborrecer aquí y en el extranjero. Pero no taparán con mentiras la dramática realidad argentina por más que tengan toda la prensa del país alineada al servicio de ustedes.
Como cristiano me presento ante Dios, que murió ajusticiado, perdonando a mis asesinos, y como argentino, derramo mi sangre por la causa del pueblo humilde, por la justicia y la libertad de todos no sólo de minorías privilegiadas. Espero que el pueblo conozca un día esta carta y la proclama revolucionaria en las que quedan nuestros ideales en forma intergiversable. Así nadie podrá ser embaucado por el cúmulo de mentiras contradictorias y ridículas con que el gobierno trata de cohonestar esta ola de matanzas y lavarse las manos sucias en sangre. Ruego a Dios que mi sangre sirva para unir a los argentinos. Viva la patria”.
Cada vez que alguien acusa al gobierno democrático de Cristina Fernández de Kirchner –o a cualquier otro- de "dictadura" recuerdo esta carta. Cada vez que se bastardea la palabra "dictadura", cada vez que se bastardea la palabra "democracia", se vuelve a fusilar a Juan José Valle, a sus compañeros y a los miles y miles de fusilados, asesinados y torturados en la historia de nuestro país. Deberíamos dejar de ser tan superficiales, tan frívolos, tan insubstanciales. Al menos con la vida y la muerte.


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domingo, 16 de septiembre de 2012

Una traición llamada “Revolución Libertadora”, por Daniel Brion (para “Miradas al Sur” del 16-09-12)


Miradas al Sur. Año 5. Edición número 226. Domingo 16 de septiembre de 2012

Por

Daniel Brión * Historiador

Miembro de número del Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino
e Iberoamericano Manuel Dorrego.

contacto@miradasalsur.com

Nada fue espontáneo ni resultado de una acción casual. Se premeditó el daño. Las consecuencias de los actos fueron las deseadas, afinando la mira, como un francotirador artero para dar el golpe final.
El gobierno peronista había cambiado el rumbo de la historia, había industrializado la nación e incorporado a los trabajadores. La oligarquía y el resto de los partidos políticos (juntos en una oposición sistemática) y los militares pertenecientes a la línea fusiladora y clasista histórica Mayo/Caseros no podían permitir que continuara un gobierno que defendía un único interés: el del pueblo.

La insurrección. El 28 de septiembre de 1951, el general Benjamín Menéndez, el brigadier Samuel Guaycoechea y el vicealmirante Vicente Baroja, con políticos opositores, proyectaban quedarse con el poder. Para eso tomaron el regimiento de tanques con asiento en Campo de Mayo, con la mayoría de sus oficiales y capitanes de la Escuela de Guerra y Técnica. Destacado en la puerta por la que podría llegar Perón, estaba el capitán Alejandro Agustín Lanusse (con el mismo propósito de años después: terminar con Perón).
Los suboficiales enfrentaron a la oficialidad impidiéndoles concretar el intento golpista: Marcelino Sánchez fue el héroe de la jornada; en sus brazos falleció el cabo Fariña, única baja sufrida, víctima de las balas golpistas.

El asesinato. El 3 de febrero de 1952, el coronel retirado José Francisco Suárez había comenzado a formar un operativo comando: la logia “Sol de Mayo”, con 450 militares y políticos opositores, con intención de tomar la Casa Rosada, el Correo Central y el Departamento Central de la Policía Federal. Su principal objetivo era asesinar a Perón y Evita en la residencia presidencial de la avenida Libertador. Habían elegido el 3 de febrero para hacer coincidir el golpe con el centenario de la batalla de Caseros, coherentes con una línea histórica y fusiladora. Descubiertos, el coronel Suárez fue condenado a prisión. En septiembre de 1955 fue puesto en libertad y devuelto su grado. Más tarde fue ascendido a general.

El atentado terrorista. El 15 de abril de 1953, el general Perón hablaba al pueblo, desde el balcón de la Casa de Gobierno, contra el agio y la especulación de la oligarquía.
Arturo Mathov, Roque Carranza y Carlos Alberto González Dogliotti se reunían con el fin de armar tres bombas de diferente poder destructivo. La más pequeña tenía 30 cartuchos de gelinita y fue destinada al Hotel Mayo (Defensa e Hipólito Yrigoyen). Otra, algo más potente (50 cartuchos), fue colocada en el 8º piso del nuevo Banco Italiano. La última, con 100 cartuchos, fue para la estación Plaza de Mayo de la Línea A del subte. La bomba del hotel causó graves daños y destrozos. La colocada en la estación de subtes dejó 6 víctimas fatales, 93 heridos y 19 lisiados permanentes.
Al radical Roque Carranza, Arturo Illia lo designó en la secretaría general del Consejo Nacional de Desarrollo. El 10 de diciembre de 1983, Raúl Alfonsín lo puso frente al Ministerio de Obras Públicas; el 25 de mayo de 1985 pasó a ser el titular de Defensa. Desde el 29 de diciembre de 1987, su nombre es el de la estación del subte D, sustituyendo al de General Savio, ¿será en homenaje al atentado?

El día que a Jesús le robaron el día. Cuenta Salvador Ferla que el calendario litúrgico del jueves 9 de junio de 1955 señalaba Corpus Christi. Y que el comando eclesiástico (con los monseñores Manuel Tato y Ramón Nova a la cabeza), alteró una tradición de siglos transfiriendo la celebración al sábado 11. Pensaban en grande: una categórica manifestación de repudio al gobierno. El papel de pivote en la lucha contra Perón, que durante 10 años había cumplido sin resultado el radicalismo, pasaba a desempeñarlo la Iglesia Católica. Querían conmover los cimientos del régimen dándole popularidad a la conspiración y reconstruyendo la Unión Democrática del ’45.
Jesús suplía a mister Braden en el papel de aliado todopoderoso. Un verdadero hallazgo: detrás de Braden, el imperio yanqui; detrás de Jesús, el reino de los cielos.

Bombardeo y ametrallamiento aéreo. A las 12.40 del 16 de junio de 1955 se lanzó la primera bomba sobre la Casa Rosada. El bombardeo criminal de los sublevados lanzaría catorce toneladas de explosivos. También, en oleadas sucesivas, bombardearían a la población civil de los alrededores de la Plaza y apuntarían sobre otros blancos estratégicos (la Policía Federal, la sede de la CGT y la residencia presidencial) para sembrar terror y dejar preparado el camino al golpe final.
Uno de esos aviadores, piloto civil, fue Miguel Ángel Zabala Ortiz, quien pasado el bombardeo voló a Montevideo pidiendo asilo político. Fue premiado por Arturo Illia como ministro de Relaciones Exteriores, y encargado de frustrar el primer intento de retorno de Perón a la patria en diciembre de 1964 al exigir al gobierno brasileño que impidiera la partida del avión desde el aeropuerto de Río de Janeiro.
La Alianza impuso su nombre a la plazoleta ubicada en la avenida Leandro N. Alem, entre Reconquista y Ricardo Rojas (una de las rutas de los aviones golpistas), juntamente con el emplazamiento de un busto que lo recuerda.

Y a la traición la llamaron Revolución Libertadora. El general Eduardo Lonardi tenía contactos en la guarnición de Córdoba, cuya oficialidad joven se plegaría al golpe. Conversó con los marinos y fijó el 16 de septiembre para tomar por asalto la Escuela de Artillería de Córdoba y provocar una situación que uniera a los demás golpistas.
Las tropas leales no pudieron sofocarlo, pero el levantamiento no consiguió extenderse ya que la mayoría del Ejército procuraba no intervenir.
Viendo esto, la Marina se movilizó contra Perón. Sus naves bloquearon Buenos Aires y amenazaron con atacar los depósitos de combustible de La Plata y Dock Sud, como ya habían hecho con los de Mar del Plata.
Antes de la hora señalada como ultimátum por la Marina, el ministro de Guerra, general Lucero, pidió parlamentar, llevó una carta en la que Perón solicitaba al Ejército la negociación de un acuerdo. La carta daba poder a un grupo de generales “leales” a parlamentar con los golpistas. Pero ese rejunte de generales consideró la carta como una renuncia de Perón y negoció con el grupo revolucionario. Ante esta situación, el 20 de septiembre Perón se refugió en la embajada del Paraguay e inició su largo exilio.
Lonardi, en su carácter de jefe del golpe que él mismo llamó “Revolución Libertadora”, asumió como presidente provisional el 23 de septiembre de 1955. Pero pronto apareció la verdadera intención golpista. Lonardi fue reemplazado por el general Pedro Eugenio Aramburu y el almirante Isaac Rojas como vicepresidente, afianzando los sectores autoritarios. El Partido Peronista fue declarado ilegal y Perón fue proscripto. La junta consultiva nacional, integrada por todos los demás partidos políticos, avaló la acción de los denominados “comandos civiles” que cazaban peronistas. Y el país entró en su primer acuerdo con el FMI de la mano de Raúl Prebisch, iniciando el camino hacia el neoliberalismo.
Entre el 9 y el 12 de junio de 1956 se simularon fusilamientos y se mató por la espalda. La dictadura de Aramburu y Rojas reaccionó así contra el intento encabezado por los generales Valle y Tanco y los dirigentes sindicales Framini y Cabo para restaurar la soberanía popular: fueron asesinados 32 patriotas, iniciando así el camino de las dictaduras genocidas.
Todavía resuena, doloroso en todos los oídos, el grito del almirante Arturo Rial ante dirigentes obreros: “Sepan ustedes que la Revolución Libertadora se hizo para que en este bendito país, el hijo de barrendero muera barrendero”. A la traición, ellos la llamaron “libertadora”; el pueblo la recuerda como “fusiladora”.

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http://sur.infonews.com/notas/una-traicion-llamada-revolucion-libertadora

domingo, 10 de junio de 2012

ARGENTINA: LA REVOLUCIÓN GORILA FUSILADORA, por Rosana Salas de “Red Nac & Pop” (publicado por “Redacción Popular” del 10-06-12)-


Fuente red nac&pop


UNA CITA DE HONOR

DOMINGO 10 DE JUNIO

9 de Julio y Av. Brigadier Juan Manuel de Rosas

10 30 hs.-

DOMINGO 11hs.- MARIOTTO EN LOS BASURALES

DE JOSE LEON SUAREZ

Gabriel Mariotto compartirá personalmente con cada uno de los Compañeros y Compañeras presentes, el acto de homenaje junto a los familiares de los queridos compañeros fusilados por la revolución libertadora

VAMOS EN DEFENSA DE ESTE GOBIERNO NACIONAL Y POPULAR, DE ESTA AMÉRICA GRANDE,

DEL SUEÑO DE TODOS LOS QUE CON SU SANGRE NOS MOSTRARON EL CAMINO, PARA GRITAR TODOS JUNTOS

PRESENTES - AHORA Y SIEMPRE

FUSILAMIENTOS DE JOSÉ LEÓN SUÁREZ

Los fusilamientos de José León Suárez se refieren a la masacre de militantes políticos, civiles y militares ocurrida el 9 de junio de 1956 en los basurales de José León Suárez, en el partido de General San Martín, Gran Buenos Aires, Argentina, durante el gobierno de facto de la autodenominada "Revolución Libertadora".

Contenido

PROLEGÓMENOS

El golpe de Estado derrocó a Juan Domingo Perón en septiembre de 1955.

Había miles de presos políticos, entre ellos algunos militantes peronistas detenidos en el buque-prisión "Washington", internado aguas adentro del Puerto de Buenos Aires.

Allí estaban los generales Juan José Valle y Tanco, entre otros oficiales.

Conspiraban para diseñar un movimiento que exigía el cese de la persecución al peronismo; la restitución de la Constitución de 1949 y libertad a los presos políticos.

Los conductores del movimiento eran los generales Valle y Tanco; los coroneles Cogorno, Alcibíades Cortínes, Ricardo Ibazeta y capitán Jorge Costales, entre otros.

DESARROLLO DEL MOVIMIENTO

En la noche del 9 de junio de 1956 comenzó la insurrección en varias partes del país, pero fue rápidamente desbaratada.

En los enfrentamientos los sublevados mataron a tres personas -Blas Closs, Rafael Fernández y Bernardino Rodríguez- y tuvieron a su vez dos muertos -Carlos Yrigoyen y Rolando Zanera-, sin contar a los que fueron luego fusilados.1

Los dictadores Aramburu e Isaac Rojas (Autoproclamados Presidente y Vice del gobierno), sabían de la conjura pero habían decidido no abortarla.

Así en la noche del 8 de junio de 1956 son apresados cientos de dirigentes gremiales para restar base social al movimiento.

Aramburu viajó ese día a la provincia de Santa Fe, y dejó el Decreto 10.362 de Ley Marcial, y preparados los Decretos 10.363/56, de pena de muerte, y el 10.364 de las personas a fusilar.

Los decretos eran correlativos y se publicaron así en el Boletín Oficial con posterioridad.

Los sublevados habían previsto leer la "proclama revolucionaria", a las 23 del 9 de junio.

La instrucción a los insurrectos para lanzarse a la acción debía ser propalada interfiriendo la transmisión radial de una pelea de box por el título sudamericano de los medianos entre el argentino Eduardo Lausse y el chileno Humberto Loayza, a celebrarse en el Luna Park de Buenos Aires.

El equipo de Valle estuvo comandado por el coronel José Irigoyen, el capitán Costales y varios civiles. Eran las 22.

La radio se instaló en la Escuela Técnica N° 5 "Salvador Debenedetti" en Avellaneda.

Pero a las 22:30, un comando del gobierno los arrestó a todos. La proclama sólo se escuchó en la provincia de La Pampa, donde actuaba el coronel Adolfo Philippeaux.

Otros lugares de la alzada eran: Campo de Mayo, sublevado por los coroneles Ricardo Ibazeta y Alcibíades Eduardo Cortínes; el Regimiento II de Palermo, por el sargento Isauro Costa; la Escuela de Mecánica del Ejército, por el mayor Hugo Quiroga; el Regimiento 7 de la Plata, por Cogorno; el grupo de civiles, entre otros, operando en Florida, en la calle Hipólito Yrigoyen 4519, donde se reunieron los Lizaso, Carranza, Garibotti, Brión y Rodríguez y Troxler, entre otros.

Además, hubo civiles armados y militares que intentaron sublevarse en Santa Fe, Rosario (tomaron por varias horas el Regimiento), Rafaela y Viedma.

Excepto en La Pampa, la mayoría de los jefes de la sublevación fueron apresados. Ante el fracaso del levantamiento, el general Tanco se dirige a Berisso y debe huir y esconderse.

Mientras el general Valle se oculta en Buenos Aires, en la casa del político mendocino amigo, Adolfo Gabrielli, ante la certeza de que el movimiento había sido delatado y fracasado.

Los levantamientos fueron entre las 22 y las 24 del 9 de junio.

El gobierno establece a las 0:32 del 10 de junio la Ley Marcial por el decreto de Aramburu, Rojas, los ministros de Ejército, Arturo Ossorio Arana, de Marina; Teodoro Hartung; de Aeronáutica, Julio César Krause y de Justicia, Laureano Landaburu.

Es decir, que para aplicar la Ley Marcial a los sublevados ésta debía ser aplicada con retroactividad al delito cometido, violando el principio legal de la irretroactividad de la ley penal.

Pocas horas después, firman el decreto 10.363 que ordena fusilar a quienes violen la Ley Marcial.

Entre las 2 y las 4, se ejecuta a los detenidos en Lanús.

Horas más tarde, en los basurales de José León Súarez, la policía bonaerense, a cargo del Teniente Coronel Desiderio Fernández Súarez le ordena al jefe de la Regional San Martín, Comisario Rodolfo Rodríguez Moreno, que ejecute, con armas cortas, a 12 civiles, lo que realiza en los basurales de José León Suárez, en el partido de San Martín, Provincia de Buenos Aires, Argentina.

De ellos, cinco mueren y siete logran huir y uno de estos, Juan Carlos Livraga, será el "fusilado que vive" que permite a Walsh reconstruir la historia[cita requerida].

En la Escuela de Mecánica del Ejército, el general Ricardo Arandía consulta telefónicamente a Aramburu, ya en Buenos Aires el 10 de junio al mediodía, sobre los detenidos.

En Campo de Mayo, en tanto, el general Juan Carlos Lorio preside un tribunal que realiza un juicio sumarísimo.

Concluye que los sublevados no deben ser fusilados. Pero Aramburu ratifica su decisión.

Lorio pide que se deje por escrito. Aramburu y su gobierno, entonces, firman el decreto 10.364 que detalla la lista de once militares que deben ser fusilados (único documento de fusilar, oficialmente inscrito en la historia argentina)[cita requerida].

No existen registros de esos juicios sumarios.

No existe registro del informe forense que debió determinar la causa de la muerte.

El 12 de junio, Valle decide entregarse a cambio de que se detuviera la represión a su movimiento y se le respetara la vida.

Le toca al antiperonista capitán de navío Francisco Manrique, enviado de Rojas, ir a buscarlo.

A las 14 de ese día, Valle ingresa con su amigo Gabrielli y Manrique al Regimiento I de Palermo donde es interrogado y juzgado por un tribunal presidido, también, por el general Lorio.

Después, Valle es enviado a la Penitenciaría Nacional (demolida, actualmente es un parque), en la Av. Las Heras.

El director del Museo Penitenciario, en 2005, Horacio Benegas, entonces recién ingresado al servicio, recuerda que "el 11 en la madrugada fueron fusilados tres militares" en la vieja penitenciaría de la Av. Las Heras.

Valle fue alojado en el 6º piso.

La última que lo vio con vida fue su hija Susana Valle.

Ese 12 de junio, a las 22:20, Valle fue fusilado con fusil Máuser 7,65 mm Mod. Arg. 1909, por un pelotón cuyos nombres se clandestinizaron como secreto de Estado.[cita requerida] No hubo orden escrita ni decreto de fusilamiento, ni registro de los responsables.

El 13 de junio cesó la ley marcial.

El general Tanco con otros sublevados logró, el 14 de junio, asilarse en la Embajada de Haití en Buenos Aires, a cargo del embajador Jean Brierre.

Pero el jefe del Servicio de Inteligencia del Estado (SIDE), general Domingo Quaranta, invadió ilegalmente la delegación junto con un grupo de "Comandos Civiles", para secuestrar y detener a los asilados.

Los Comandos Civiles intentaron fusilarlos en la puerta de la embajada, pero la presencia de testigos se lo impidió.

El embajador Brierre inició una serie de gestiones con la cancillería y finalmente logró que los secuestrados le fueran restituidos a su embajada.3

El saldo de esas 72 horas de junio de 1956 fue trágico y premonitorio: 18 militares y 13 civiles asesinados.

EVIDENCIAS

Existe el Registro "Detenidos especiales, 1956" Penitenciaría Nacional (Ministerio de Justicia), Archivo del Servicio Penitenciario Federal, Museo Penitenciario Federal, en el barrio de San Telmo, Buenos Aires, Argentina.

El 24 de mayo de 2006, el patio del Museo Penitenciario se iluminó por el sol del otoño.

El alcalde Benegas despliega el libro de "Detenidos especiales".

Se asombra ante la pregunta: — ¿Alcalde, por qué la entrada de Valle a la Penitenciaría y su fusilamiento el 12 de junio del 56 aparece intercalado en los registros de 1957?.

— No sé, me extraña. Pero esto no lo manejamos directamente nosotros.

Quien tuvo ese Libro de Registros en 1957 debió anotar apresurada y desprolijamente el nombre de Valle para legalizar que había sido fusilado allí.

El registro de Valle es: "preso político 4.498"; y asentado luego del registro 4.497 de Amílcar Darío Viola, ingreso 26 de abril de 1957.

Luego, el registro salta al 4.499, de Carlos Vázquez, ingreso 8 de octubre de 1957. Lo que ocurrió en abril de 1957, para que el registro de Valle fuera introducido subrepticiamente, fue que para esa fecha, Walsh había logrado estallar la polémica por los asesinatos en los basurales de José León Suárez.

El 24 de abril de 1957, la Corte Suprema de Justicia dio un fallo en el caso Livraga: pasar todas las actuaciones a la Justicia Militar.

Al mismo tiempo que pasaba la responsabilidad estricta de esos fusilamientos a los militares, cerraba el camino en la justicia civil.

LA MASACRE DE JOSÉ LEÓN SUÁREZ

En su libro "Operación Masacre", el periodista Rodolfo Walsh, que en 1977 sería desaparecido por la dictadura militar, desnuda la trama de lo sucedido en los basurales de José León Suárez.

En una investigación periodística demostró que esos fusilamientos ocurrieron antes de que se decretase la ley marcial.

La explicación oficial fue el intento de fuga de los presos. "Operación Masacre" describe con sumo rigor documental la verdadera historia de los hechos, que nunca fueron juzgados oficialmente.

SOBREVIVIENTES

Los sobrevivientes fueron Julio Troxler (jefe de Policía de la provincia de Buenos Aires, 1973, en el gobierno peronista de Oscar Bidegain, actor de “Los hijos de Fierro” de Pino Solanas; militante del espacio del peronismo revolucionario en el que se encontraban, además, Envar el Kadri, William Cooke y Gustavo Rearte; y asesinado en 1974 por la "Triple A"), Cesar Benavídez, Gavino, di Chiano, Torres, Giunta, Livraga y Díaz.

Livraga lleva a cabo un juicio por lo sucedido,[cita requerida] el temor los miedos y la ardua investigación de Walsh y Enriqueta Muñiz logran sacar a luz una matanza perpetrada por parte de la dictadura contra la Resistencia Peronista, una resistencia llevada a cabo, fundamentalmente, por los trabajadores.

En ese momento, con el decreto 4161 que reprimía al peronismo y a sus símbolos, hacer una denuncia como la que lleva a cabo Livraga, en diciembre de 1956, era realmente un acto de gran coraje y fortaleza.

Estos hombres se habían reunido para escuchar una pelea de boxeo, muchos esperaban las noticias del alzamiento, que terminara la dictadura de Aramburu y Rojas y que volviera Perón.

La historia fue diferente. Y en los basurales de José León Suárez quedaron masacrados trabajadores, otros huyeron y otros quedaron perseguidos. Igual que las familias de los sobrevivientes.

LA MASACRE EN LA LITERATURA ARGENTINA

Operación Masacre de Rodolfo Walsh, publicada en Arts. en 1957 y luego editada como libro.
Mártires y verdugos de Salvador Ferla.
El Presidente Duerme - Fusilados en Junio de 1956, la Generación de una Causa escrito por Daniel Brion, hijo de Mario -asesinado en los basurales de Jose Leon Suarez- y Presidente del IMEPU-Instituto por la Memoria del Pueblo

LA MASACRE EN EL CINE

Operación Masacre (1973): En 1972 se filmó la película "Operación Masacre", basada en el libro homónimo de Rodolfo Walsh. Como particularidad del film (estrenado en 1973) merece destacarse la actuación de Julio Troxler, verdadero sobreviviente de la masacre.
Los fusiladitos (documental) (2004): Filme documental de Cecilia Miljiker; con Malena Solda y la participación de Carlos Portaluppi. Fue estrenado en el año 2004, producido con el apoyo de la Universidad del Cine, Argentina.
Patriotas. A medio siglo, los fusilados que hablan (documental) (2006): Dirigido por el periodista y escritor Eduardo Anguita. Narra los sucesos del '56 a través de testimonios de participantes y familiares directos de los fusilados.

Notas

↑ Page, Joseph A.: Perón. Segunda parte (1952-1971) pág. 108, 1983, Buenos Aires. Javier Vergara Editor ISBN 950-15-0316-X

↑ Ferla, Salvador: Mártires y verdugos, pp. 145-149, 2007, Buenos Aires. Ediciones Continente ISBN 978-950-754-215-2

↑ Bonasso, Miguel: El presidente que no fue. Los archivos ocultos del peronismo pág. 97, 1997, Buenos Aires. Editorial Planeta ISBN 950-742-796-1

↑ Page, Joseph A., pág. 110

Operación Masacre (Libro)
Operación Masacre (Película)
Los fusiladitos (Documental)
Lista de masacres en la Argentina (siglo XX)

Vídeos en Dailymotion

Los fusilamientos de José León Suárez

Publicado en :

http://www.redaccionpopular.com/articulo/argentina-la-revolucion-gorila-fusiladora

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