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sábado, 10 de mayo de 2025

EL VIEJO ES EL ETERNAUTA, por Luis Bruschtein (para "La Letr@ Eñe" del 08-05-25)

 



Luis Bruschtein sostiene que el hecho de que los operadores periodísticos y el gobierno nacional hayan elegido denostar la serie El Eternauta y a su creador, Héctor Oesterheld, resulta un gran homenaje a uno de los hombres más tranquilos, más cálidos y talentosos como fue Oesterheld, un superhéroe de la vida real, enemigo de la supervillana estupidez humana.


Por Luis Bruschtein*


(para La Tecl@ Eñe)


Que Cristina Pérez convoque a cerrar los ojos para no ver El Eternauta, la serie de Netflix, que es la más vista en el mundo en este momento, o que hagan circular una fake news en la que Eduardo Feinmann habla del falso nenito que habría asesinado una de las hijas de Héctor Oesterheld, o que críticas paspadas alcen la voz por la supuesta desnaturalización de la historieta original, o que Luis Majul exhorte al gobierno para que impida la “brutal” utilización política de la serie, o que se desgarren las vestiduras porque la produjo una multinacional, o que Fantino la tache porque es “¡woke!”, o que el mismo presidente repostee un meme como si fuera cierto, resulta un gran homenaje a uno de los hombres más tranquilos, más cálidos y talentosos como fue “El Viejo” Oesterheld, un superhéroe de la vida real, enemigo de la supervillana estupidez humana.


Compartí con Oesterheld un grupo de militancia gremial del Bloque Peronista de Prensa en los años ’70. Las reuniones se hacían en el departamento que alquilaba en La Boca y, de los que recuerdo, además de Oesterheld, en ese grupo estaba mi compañera de ese entonces, Ana Villa, Mempo Giardinelli, Jarito Walker, que había sido secretario de redacción de la revista Gente y jefe de redacción de Nuevo Hombre, y que en ese momento estaba en El Descamisado. También participaba el “Yaya” Azcone, un gran periodista de la sección de Economía de La Opinión. De los seis que nombré, Oesterheld, Jarito y el Yaya son detenidos-desaparecidos por la dictadura y los otros tres partimos al exilio.


Asistí a unas pocas reuniones porque me habían asignado una tarea en el local central de la Juventud Trabajadora Peronista y no me dejaba más tiempo. Muchas veces, cuando llegaba a mi casa, los demás se estaban yendo, pero el Viejo se quedaba a comer, se metía en la cocina para charlar entre platos y sartenes.


El responsable del grupo era Jarito, cada quien opinaba o discutía, pero Oesterheld intervenía poco. Le gustaba más hablar en la cocina, donde la política se mezclaba con los gustos de la comida y los temas afectivos, el trabajo y el fútbol. Por la diferencia de edad y por esa actitud cálida y relajada, el Viejo se hacía querer.


Desde los años ’50, la historieta era el género más popular de pibes y adolescentes. La televisión ofrecía poco y la radio algo más. Pero la historieta era pura imaginación y aventura. Sin embargo, se la consideraba un género menor muy por debajo de la literatura. Oesterheld era un gran contador de historias, lo llevaba en la sangre, una especie de Jack London local.


Sus personajes eran apasionantes, desde el corresponsal de guerra Ernie Pike, que no odiaba a los japoneses y sus soldados que amaban la paz, hasta el Sargento Kirk, que era amigo de los sioux y los apaches, cuando en el imaginario mediático cultural de la época no había nada más odiado que los japoneses de la Segunda Guerra Mundial y los indios del Farwest.


El Eternauta fue un hito en esa producción prolífica. No sólo contaba una historia fabulosa de ciencia ficción, sino que además era contemporánea, no futurista, y la ubicaba en Buenos Aires. El mensaje, sencillo y evidente: nadie se salva solo.


El boom de la literatura latinoamericana estaba en su apogeo. Podría haber buscado un lugar en ese espacio con muchas posibilidades de ocuparlo. Pero era muy consciente de la popularidad de la historieta. Lo sabía por la circulación de las revistas donde publicaba.



Oesterheld junto a sus hijas Marina y Estela.

Le interesaba la difusión. Era un contador de historias y creía en la inteligencia de sus lectores, en la capacidad de reflexionar sobre la vida. No sé si fue en broma, pero alguien escribió en las redes que, si quería ser bien argentino, en los festejos de grupo en la serie, tenía que haber alguien que gritara “¡Viva Perón, carajo!”. Si hubiera sido panfletario o, en contrapartida, un conformista mediocre o un oportunista del poder, como muchos comunicadores, no hubiera trascendido.


No era así. Pero sí hizo historietas sobre los próceres de la Revolución de Mayo y las montoneras criollas en la revista El Descamisado. Y una tira diaria de ciencia ficción, Los Antartes, que se publicaba en el diario Noticias. Se trataba de una historia sobre la resistencia a invasores alienígenas y el guion se mezclaba con el proceso político de la época.


El pase de la historieta a una serie implica un cambio del lenguaje. Nunca será igual, y por eso es tan difícil. Pero el director Bruno Stagnaro captó las facetas más importantes. No la hizo en el momento en que fue escrita, sino en la actualidad. Se filmó en Buenos Aires, con actores argentinos y con parlamentos y modismos locales, con lo cual respetó el apotegma tolstoiano de pinta a tu aldea y pintarás el mundo.


Cuando se publicó a fines de los ’50 del siglo pasado, no provocó el revuelo que suscitó ahora la serie. Los periodistas del oficialismo reaccionaron como si Juan Salvo fuera Néstor Kirchner y ellos, los Ellos invasores.


La tragedia de ese hombre entrañable y talentoso siempre me pareció uno de los hechos más dolorosos de la dictadura. Estaba en México cuando me enteré que lo habían secuestrado al igual que a sus hijas y yernos. Imaginé la demolición de un hombre tan bueno.


Y surgieron algunos mitos sobre su encierro. Uno decía que el jefe del campo de concentración lo admiraba y trataba de darle una ocupación para evitar su traslado. Decían que le ofreció hacer historietas para los soldados sobre “la lucha antisubversiva”. “Mire Oesterheld que fuera de aquí lo van a matar”. Decían que se negó y que lo mataron. Otros decían que sus guardianes lo torturaban contándole cómo habían masacrado a sus hijas o cómo las habían tirado al mar.


Por eso me alegré cuando vi la serie en la tele y por Netflix para que la vieran millones de personas en todo el mundo. Y que millones de personas hablaran de Oesterheld y su tragedia en la dictadura. Y me alegré porque además está bien hecha. Y me alegré cuando las cacatúas oficialistas empezaron a cacarear, “no la miren”, “impidan la brutal utilización política”, “es woke”, o “¡las hijas eran asesinas!”


No les preocupa el cartel de Nadie se salva solo o el grito de Juntos podemos resistir y no sé si les preocupa que se difunda la tragedia de la familia Oesterheld. Pero es evidente que les preocupa que se difundan las dos cosas juntas, que es donde se produce el salto del tiempo: aquellos querían lo mismo que éstos, la dictadura y Milei. Pero cuanto más patalean, más quedan en evidencia. Extraordinario.


Me alegra que esos mediocres consideren que Oesterheld está de vuelta entre nosotros y que es su principal enemigo en la batalla cultural de los berretas. Me gustaría que lo pudiera ver desde algún lado. Le pagaría a Majul o a Feinmann para que den grititos y que el Viejo los vea y los escuche. Pagaría por recuperarle esa sonrisa de hombre bueno con que lo recuerdo.   


Buenos Aires, 8 de mayo de 2025.


*Periodista.

Publicado en:

https://lateclaenerevista.com/el-viejo-es-el-eternauta-por-luis-bruschtein/

jueves, 12 de septiembre de 2024

COPANI: "Si no es dictadura, como se parece"


 Represión a peligrosos gerontes terroristas

 

 

viernes, 6 de septiembre de 2024

INQUIETANTES PREGUNTAS DE GRETA ROMARIO




Diputados libertarios con los genocidas

 

 


martes, 31 de octubre de 2023

LA DICTADURA AVANZA... ¿LLA o LDA?


Los amigos de Victoria...


 

 

lunes, 27 de marzo de 2023

Ricardo Zinn, el padre de la economía neoliberal que anhelaba una Argentina anterior a 1916, por Juan Pablo Csipka (para "Página 12" del 25-03-23)

 


 Ricardo Zinn: diseñó el Rodrigazo y se pensó como ideólogo de la dictadura.

 

Fue el ideólogo del Rodrigazo y reclamó una democracia tutelada después del golpe

Llegó a la función pública como asesor de Defensa durante la dictadura de Onganía. A fines de mayo del '75 fue nombrado secretario de Programación y Coordinación Económica. En los papeles fue viceministro y autor intelectual del ajuste que marcaría a fuego al país.

Por Juan Pablo Csipka
25 de marzo de 2023

 
Los indicadores económicos de la Argentina desbarrancaron en el último cuarto del siglo XX a partir de un hecho clave: el Rodrigazo. El feroz ajuste que dispuso Celestino Rodrigo como ministro de Economía en junio de 1975 significó la liquidación del modelo de sustitución de importaciones vigente desde el primer peronismo y el giro hacia el rentismo financiero más primitivo. Nueve meses más tarde, José Alfredo Martínez de Hoz llegó al Palacio de Hacienda a hombros de la Junta Militar y consumó durante los siguientes cinco años el programa de desindustrialización que excluyó a la mitad de la población económicamente activa.

La semilla del plan de Martínez de Hoz había sido plantada por Rodrigo. Detrás del funcionario había tres hombres en la mesa chica del Ministerio: Pedro Pou (futuro presidente del Banco Central en los noventa), Nicolás Catena (empresario bodeguero que sería uno de los creadores del Cema, uno de los principales think tanks neoliberales) y Ricardo Zinn. Hay que detenerse en este economista nacido en 1926, hijo de un teólogo alemán.

El viceministro que diseñó el plan
Todos los investigadores económicos que abordaron el colapso del Rodrigazo coinciden en que el cerebro del plan fue Zinn. Había comenzado en la función pública como asesor del Ministerio de Defensa durante la dictadura de Juan Carlos Onganía. En tiempos de Alejandro Agustín Lanusse fue asesor del Banco Nación y al tiempo lo nombraron subsecretario de Coordinación del ministerio de Economía.


Cuando cayó Alfredo Gómez Morales y Rodrigo pasó ocupar el Palacio de Hacienda, a fines de mayo del '75, Zinn se encontró con un cargo público en democracia. El nuevo ministro lo nombró secretario de Programación y Coordinación Económica. En los papeles, era el viceministro. Y quien ejecutaría detrás de Rodrigo el cambio de paradigma que marcaría a fuego al país.

El 4 de junio de 1975, Rodrigo anunció el plan: devaluación del 61 por ciento y tarifazo en servicios públicos y combustibles. Zinn se encargó de negociar paritarias, que tenían un tope del 80 por ciento. En un contexto de desabastecimiento, se produjo una llamarada inflacionaria de proporciones, que superó el 300 por ciento anual.

Al calor de la crisis del petróleo, que destrozó los cimientos del Estado de Bienestar vigente desde finales de la Segunda Guerra, la teoría neoliberal comenzó a prender en el mundo. El sector financiero tomaba preeminencia en economías marcadas por alta inflación y estancamiento, el combo conocido como estanflación. La Argentina entró en esa dinámica con el Rodrigazo. Eso sí, hubo ganadores: los grupos concentrados, que licuaron sus deudas en pesos.

Rodrigo cayó un mes y medio después de haber asumido, y con él se fueron sus colaboradores. La obra ya estaba consumada y no había vuelta atrás. Zinn dedicó los meses siguientes a escribir un libro, que apareció en 1976 y se convirtió en una biblia del pensamiento económico más reaccionario: La segunda fundación de la República.

Propuestas para un nuevo orden
En el prólogo recuerda su breve pero devastador paso de 48 días por Economía. "Apenas iniciada la aplicación de un esquema económico antidemagógico se hizo visible que las fuerzas populistas de todo signo se aprestaban a impedirlo y la gestión fracasó", escribió en obvia referencia al plan de lucha de la CGT, que implicó el primer paro general de la historia contra un gobierno peronista.

La primera parte del libro se titula "Sesenta años de decadencia". Como se trata de una obra de 1976, el cálculo es fácil: el comienzo de los males estaba, para Zinn, en 1916, en el primer gobierno electo por sufragio universal. "La modernización de nuestra democracia tiene el alto costo de poner el país en manos inexpertas y comienza a deteriorarse el crecimiento", anotó en relación a Hipólito Yrigoyen, a quien culpaba de haber sentado las bases de "la Argentina aislada".

Más adelante fustiga a los conservadores de la Década Infame por apelar al intervencionismo y se despacha contra el peronismo, que impuso "la era demagógica"  de la cual "habrá de nacer la Argentina inválida que hemos heredado". A esa altura del libro (página 43) ya empieza a abundar un término que se usa mucho en este tiempo pero que no era usual entonces, o al menos no se había masificado: "populismo". De hecho, habla de la "utopía populista".

Después de defenestrar al primer peronismo, de criticar al desarrollismo como experiencia trunca y de definir a La Hora del Pueblo (la entente radical-peronista de 1970) como "obra maestra del populismo"; y de cara al centenario en 1980 de la Generación del '80 que fundó la república oligárquica, Zinn propone una segunda fundación basada en el clásico libreto liberal: respeto a la propiedad privada, igualdad de oportunidades en materia educativa, "eliminación de las prácticas de explotación por parte de empresarios y sindicatos" (sic). A esto se suma que "la justicia social no puede lograrse en la masificación política, que no es una solución para la miseria y sí es un aumento de la irresponsabilidad".


Más adelante señala los errores del modelo agroexportador, de Yrigoyen, Perón y Frondizi y de los gobiernos militares y plantea el plan de acción al momento de escribir esas líneas, en agosto de 1976. "El 24 de marzo de 1976 asume un gobierno militar en reemplazo de un gobierno populista demagógico. (...) Los valiosos y heroicos aciertos bélicos de nuestras Fuerzas Armadas no nos deben hacer creer que ello es el único cometido si bien en la hora actual tiene total prioridad. (...) El país respira un aire limpio, un aire nuevo, un aire fresco y dice: esta vez vamos a tener gobierno".

Democracia tutelada
Zinn advierte sobre los riesgos de choque entre la línea dura y la línea blanda del régimen y que es imperioso evitar una salida electoral hacia 1978 como la del '73, ya que podría desembocar en una "allendización de la República", como si para entonces fuera posible una experiencia como la de la Unidad Popular en Chile.

Además de exigir "erradicación de la subversión" y el saneamiento económico, también pide "depuración de la escena política y sindical de todos los protagonistas culpables de la situación actual". Y, al modo pinochetista, propone una democracia tutelada para que se defina "un futuro político paulatino y controlado funcionamiento institucional". Para ello pide "candidatos previamente compatibilizados con los objetivos nacionales", a fin de evitar algo como el camporismo.


Propone la creación de un Consejo de Garantías de la República (CGR) que dé el visto buenos a los candidatos, evitando "infiltración marxista". De por sí, "no se permitirá proselitismo marxista en lo partidario o sindical". Además, el primer presidente avalado por el CGR no tendrá Poder Legislativo. Ese rol será del CGR, que en las siguientes tres presidencias igualmente podrá vetar leyes. La democracia directa, aunque tutelada, se limita a legislaturas provinciales y municipales. Los gobernadores serán nombrados por acuerdo del Presidente y el CGR.

En el final, llama a reformar la Constitución en 1977 para asentar las reformas. "El 24 de marzo de 1976 triunfa el país civilizado y ético, sobre la anarquía y el desorden que desde 1945 trata de tomar por asalto a la Nación, contando en sus últimas etapas con alianzas manifiestas o embozadas, de la subversión internacional", fundamenta, en una comparación forzada con 1852.

Un gobierno militar sin "desviaciones dictatoriales"
En 1980 vio la luz Cuatro años después de la segunda fundación de la República, una reelaboración del libro anterior, que mechaba capítulos (sobre todo de la primera parte) de la edición de 1976. Volvió a insistir con la idea de una democracia controlada por los militares e introdujo, como propuesta, el voto uninominal, ya que la lista sábana derivó en que "los partidos políticos demagógicos" hayan "transformado el voto en el derecho supremo". Y sugiere que los cargos ejecutivos sean de elección indirecta en todos los órdenes (presidente, gobernadores, intendentes) a través de órganos legislativos. 






Publicado en:
Ricardo Zinn: diseñó el Rodrigazo y se pensó como ideólogo de la dictadura.










jueves, 23 de marzo de 2023

El Ejército admitió 22.000 crímenes, por Hugo Alconada Mon (para "La Nación" del 24-03-06)



Documentos desclasificados en EE.UU. revelan que los militares reconocían esa cantidad de desaparecidos hasta 1978
24 de marzo de 2006

Hugo Alconada Mon



WASHINGTON.-Treinta años después del golpe militar, nuevos documentos desclasificados muestran que los militares estimaban que habían matado o hecho desaparecer a unas 22.000 personas entre 1975 y mediados de 1978, cuando aún restaban cinco años para el retorno de la democracia.

El cálculo, aportado por militares y agentes argentinos que operaban desde el Batallón 601 de Inteligencia a su par chileno Enrique Arancibia Clavel, aparece entre los documentos que logró sacar a la luz el Archivo de Seguridad Nacional de la Georgetown University, y a cuyas copias accedió LA NACION.

Firmado bajo el alias "Luis Felipe Alemparte Díaz", Arancibia Clavel era el agente de la Dirección de Inteligencia chilena (DINA) en Buenos Aires, encargado de informarle a Santiago lo que ocurría en la Argentina y de coordinar secuestros con argentinos, uruguayos, paraguayos y brasileños, entre otros, en lo que se llamó Plan Cóndor.

En julio de 1978, Arancibia Clavel envió un cable a sus superiores de la DINA, con nombres de decenas de víctimas en el país y precisando que sus contactos en el Batallón 601 han "computado 22.000 entre muertos y desaparecidos", desde 1975 y hasta "el día presente", poco después del final de la Copa del Mundo.

El debate sobre cuántos murieron o desaparecieron durante la dictadura lleva años sin resolverse y despierta una controversia enconada, con cálculos que van de las 8000 a 30.000, según quién haga la cuenta.

Los organismos de derechos humanos sostienen desde hace décadas que las Fuerzas Armadas habían redactado listas con nombres y datos de todos los secuestrados, los muertos y los operativos autorizados.

Se supone que esas listas fueron destruidas antes del arribo de Raúl Alfonsín a la presidencia, aunque algunos sospechan que podrían estar intactas y escondidas, como ocurrió con los archivos de la policía de la provincia de Buenos Aires.

Arancibia Clavel, que en 2004 fue condenado por la justicia argentina a cadena perpetua por el asesinato en Buenos Aires del general chileno Carlos Prats y su pareja, redactó incluso su propia lista de muertos "oficialistas" y "no oficialistas". Es decir, los supuestamente caídos en "enfrentamientos" con las fuerzas de seguridad y los clandestinos.

"Adjunto lista de todos los muertos durante el año 1975. La lista va solamente clasificada por mes -explicó Arancibia Clavel a sus jefes-. Este trabajo se logró conseguir en el Batallón 601 de Inteligencia."

El agente incluso explicó que "estas listas corresponden a los anexos" 74.888 y 74.789 del año 1975 y consignó que "los que aparecen NN son aquellos cuerpos imposibles de identificar", los que "casi en un 100% corresponden a elementos extremistas eliminados «por izquierda» por las fuerzas de seguridad".

Entre los asesinados "por motivos políticos" aparece el dirigente uruguayo Zelmar Michelini, entre decenas de hombres y mujeres, algunos también uruguayos asilados en la Argentina y capturados bajo el Plan Cóndor. En un documento ahora desclasificado del Departamento de Defensa estadounidense, dos militares norteamericanos recopilaron datos sobre el Plan Cóndor, al que definieron como "operaciones conjuntas de contrainsurgencia en varios países de América del Sur".

Para el 1° de octubre de 1976, los dos estadounidenses reportaban al Pentágono: "Más y más se escucha sobre el Plan Cóndor en el Cono Sur. Oficiales militares que hasta el momento callaban sobre el tema han comenzado a hablar abiertamente. Una de las frases favoritas es: ?Uno de sus colegas está fuera del país porque está volando como un cóndor". Significaba que estaba en un operativo para secuestrar a un "sospechoso".

Un plan global
En ese mismo cable, la inteligencia estadounidense informaba que una delegación de generales argentinos, de civil, había viajado a Montevideo para coordinar operaciones, y anticipan que en una fase siguiente el plan podría extenderse a Europa.

¿Cuántos murieron o desaparecieron? "Es nuestra estimación que al menos varios miles fueron asesinados y dudamos que alguna vez sea posible establecer una cifra más específica", advirtió en 1978 a sus superiores el entonces embajador en Buenos Aires, Robert Hill.

También en 1978 otro documento del Departamento de Estado ya estimaba en 15.000 los desaparecidos, gracias al aporte de un funcionario de la embajada, Tex Harris, cuya labor sería reconocida por el Estado argentino sólo en 2004.

Hugo Alconada Mon


Publicado en:
https://www.lanacion.com.ar/politica/el-ejercito-admitio-22000-crimenes-nid791532/

lunes, 19 de septiembre de 2022

CUANDO DECIMOS FASCISMO, QUEREMOS DECIR JUSTO ESO: FASCISMO


 El regreso de las bestias

 

viernes, 26 de julio de 2019

La asunción de Videla: Los días que sellaron la oscuridad, por Walter Darío Valdéz Lettieri (para "Macondo2019" y "Noticias La Insuperable" del 21-07-19)

Microfilm desclasificado por la CIA

¿Cómo llegó Jorge Rafael Videla a convertirse en Jefe del Ejército? Documentos recientemente desclasificados por la CIA y el FBI, revelan aspectos hasta ahora desconocidos y detallan la antesala del Golpe de Estado de 1976.

Por Walter Darío Valdéz Lettieri 
@WDVL4
exclusivo para Macondo 2019 y Noticias La Insuperable

El nefasto Proceso de Reorganización Nacional, que formalmente se inició en la madrugada del miércoles 24 de marzo de 1976, tuvo su origen político, económico y social, varios meses antes de aquella fecha.



Videla, Perón, Numa Laplane e Isabel.

El ya fallecido dictador Jorge Rafael Videla, estratega del funesto golpe de estado, aseguró que se gestó cuando asumió la comandancia del ejército a fines de agosto de 1975, pero hoy, el análisis histórico y nuevos elementos surgidos de documentos reservados recientemente desclasificados por el gobierno norteamericano, permiten confirmar que fue meses antes y definen con mayor precisión, los hechos y el verdadero momento en el que comenzó aquella siniestra pesadilla, que gobernó nuestro país a sangre y fuego durante más de 7 años.

Por aquellos días, Argentina se encontraba prácticamente en bancarrota: déficit en su balanza comercial y cuenta corriente, reservas en el BCRA por apenas u$s 650 Millones y una deuda externa cercana a los u$s 9500 millones en virtual default. Para EEUU era muy importante resolver la crisis de modo favorable a sus intereses. No hacerlo crearía serios problemas para su posición estratégica y geopolítica en el hemisferio e inmensos riesgos para la “seguridad jurídica” de sus corporaciones, casi un billón y medio de dólares invertidos por empresas estadounidenses en Argentina.

El 2 de Junio de 1975, en el marco de un nuevo recambio de gabinete, Celestino Rodrigo asumió la cartera económica y dos días después anunció su tristemente célebre “rodrigazo” Era un típico programa de estabilización que en nombre de la disciplina fiscal, buscó equilibrar las cuentas públicas a partir del endeudamiento externo y un brutal ajuste sobre los ingresos de los sectores más vulnerables, que promovió una devaluación y aumento de tarifas promedio del 100% y una recomposición salarial de solo 50% para los trabajadores en actividad.


Celestino Rodrigo. Fuente: YouTube
 En los días posteriores al anuncio, se materializó una masiva resistencia popular. El 27 de Junio cerca de 100.000 personas reclamaron en Plaza de Mayo, la renuncia de Rodrigo y del Ministro de Bienestar Social ( virtual primer ministro ) José López Rega “el brujo”. Cinco días después trabajadores metalúrgicos, mecánicos, textiles, ferroviarios, de la construcción, bancarios y estatales paralizaron sus tareas sin aval de la CGT, quien recién convocó a un paro general para el 7 de julio.



Restaba apenas un año para el fin del mandato de la ya muy desgastada María Estela Martínez de Perón. Si bien parte de la dirigencia de la época decía buscar consensos para adelantar las elecciones presidenciales de 1977, muchos actores políticos y vastos sectores sociales, “agotados” por la crisis económica y política que derivó del Rodrigazo, avalaban el deseo del poder económico local: la llegada de un nuevo gobierno que pusiese “orden” ante el “caos” que consideraban inmanejable por una administración que había entrado en franco deterioro, a partir de la muerte de Juan Domingo Perón.

Italo Luder junto a "Isabel" Perón

Las fuerzas armadas realizan entonces su primer “movida” política, allanando el camino para el desplazamiento de la Presidenta. El 8 de Julio de 1975 promueven y apoyan a Italo Argentino Luder, un político “confiable” al paladar de la élite hegemónica ( en febrero de ese año propició la firma de los recordados decretos de exterminio ) para que asuma la presidencia del Senado, convirtiéndose así, en primera instancia en la línea sucesoria de la República y avanzan en el desplazamiento de varios ministros, entre ellos el “brujo” que desde la cartera de Bienestar Social financiaba con fondos públicos a la funesta organización represiva parapolicial triple A.

Los grandes empresarios que operaban en Argentina, especialmente los de origen estadounidense, temían que las expresiones más radicalizadas del peronismo y las fuerzas de izquierda ganaran terreno y desembarquen masivamente en las comisiones internas de sus compañías. Por ello, comenzaron a reclamar ante las Embajadas y luego ante las propias fuerzas armadas, la necesidad de poner fin a dicho panorama y estructurar un sistema de persecución y represión de militantes sindicales y sociales combativos, como ejemplo aleccionador para el resto de los trabajadores de nuestro país.

 Damasco. Larocca. Videla. Los factores antagónicos.

El ascenso de Videla al máximo escalafón de las fuerzas armadas, derivó de una fuerte interna militar expresada en diversos planteos y un extorsivo y definitorio levantamiento castrense hacia fines de Agosto de 1975. Alejados López Rega y su Triple A del riñón de gobierno, los pétreos genocidas, recogiendo el guante lanzado por el poder económico, reclamaron al gobierno, cambios políticos y mayor rigor represivo por parte de Estado.



Coronel Vicente Damasco
El primer paso fue solicitar la destitución y pase a retiro de los oficiales “moderados” que rechazaban tales exigencias: el General Alberto Numa Laplane, Comandante en Jefe del Ejército desde el 13 de Mayo de 1975 y el Coronel Vicente Damasco, personaje clave en esta historia, hoy sugestivamente olvidado por la gran mayoría de quienes analizan lo sucedido en esos años.

En el seno castrense convivían 2 corrientes de pensamiento y acción: los duros, liderados por el General Carlos Delía La Rocca ( formado en la Escuela de las Américas y agregado militar en la embajada estadounidense en 1974 ) y Jorge Rafael Videla. Partidarios del “profesionalismo aséptico” creían que las FFAA no debían participar de ningún modo en el débil gobierno de Isabel. Esperaban que la crisis se lo lleve puesto y las fuerzas de seguridad aparezcan entonces como reserva moral de la nación, dispuestas a hacerse cargo una vez más de los desaguisados cometidos por la política.

El otro sector, más moderado, estaba vinculado claramente al Movimiento Nacional Justicialista y “militaba” el llamado “profesionalismo integrado” que respetaba el orden constitucional del país, siendo incluso parte de él.

Allí revistaban Numa Laplane, que llegó de la mano de López Rega, pero se había “diferenciado” del brujo, acercándose a la política y a posiciones más dialoguistas y Damasco, que había sido nombrado Ministro del Interior por Isabel Perón el 11 de Agosto de 1975 como señal de que su gobierno, tenía pleno apoyo del peronismo, el frente sindical ortodoxo y las mismísimas FFAA.

Vicente Damasco era un coronel muy cercano a Juan Domingo Perón. Entre diversas tareas tuvo a su cargo la seguridad del masivo acto de asunción presidencial del veterano líder justicialista en 1973. Antes de su llegada a la cartera política, se había desempeñado ya como secretario militar de la presidencia en 1974 y Jefe del Regimiento de Granaderos a caballo General San Martín, durante las efímeras presidencias de Héctor Cámpora, Raúl Lastiri y el propio Perón.


Además, fue quien redactó lo que muchos consideran el legado y testamento político de su veterano líder: El Proyecto Nacional Argentino, presentado por el Presidente Perón en la asamblea legislativa de 1974. Apenas 34 días al frente de la cartera política fueron suficientes para generar un masivo rechazo en los sectores más pétreos de las fuerzas genocidas, quienes veían en él, a un posible sucesor del presidente fallecido en 1974 y una “amenaza” a los intereses del ejercito, que pretendía que las contradicciones del gobierno de Isabel se acelerasen y determinaran su caída, por el peso específico propio de los acontecimientos.

Durante su breve período como Ministro, Damasco actuó como una especie de Jefe de Gabinete, aunque no logró articular el apoyo de la élite empresaria hegemónica del país, dado que su figura estaba ligada a sindicatos integrantes de las 62 organizaciones, quienes habían ganado cierto espacio de poder en el gabinete que virtualmente lideraba.

Ello disparó las alertas del poder económico y los halcones castrenses, quienes argumentaban que su nombramiento pretendía alinear a todo el ejercito dentro del “profesionalismo integrado” y consideraban inaceptable que un militar en actividad, tuviese un destacado protagonismo político en el gobierno al que ya planeaban derrocar.

Según consta en el cable confidencial que la Embajada estadounidense giró al FBI  el 14 de Agosto de 1975, se llevó a cabo un encuentro de altos mandos del ejercito del que participaron Carlos D´elía Larocca Jefe del III Cuerpo de Córdoba ( epicentro de la rebelión militar como en 1955 ) Roberto Viola del II Cuerpo, Guillermo Suarez Mason V Cuerpo, Eduardo Beti Comandante de Institutos Militares y el General José Vaquero Director de la Escuela Nacional de Defensa, donde plantearon a Laplane su disconformidad por el rol que ejercía Damasco dentro del Gobierno de Isabel.





Cables Secretos FBI



Quién aportó dicha información al Embajador americano en nuestro país Robert C. Hill durante un evento social, fue el Brigadier General nacionalista Alberto Cáceres Anasagasti, Comandante del I Cuerpo. El cable revela que Cáceres advirtió a Hill sobre el movimiento de aquellos oficiales, tendiente a forzar el pase a retiro inmediato del Coronel Damasco pero también el reemplazo inminente del jefe del ejercito que lo sostenía, Gral. Numa Laplane.

El cable confidencial de la Embajada señala que Cáceres relata a Hill, que en aquel encuentro fue incluso insultado por sus colegas, al negar su apoyo al reclamo formulado por el ala dura. También le dijo que no creía inminente un golpe de estado, pero que los asesinatos del Capitán Keller y el Mayor Larrabure (18 y 21 de agosto de 1975 respectivamente) agregaron "leña al fuego" provocando disconformidad entre Coroneles y Mayores, por lo que tal agitación, de crecer aún más, abriría las puertas para que las FFAA impulsen en el futuro cercano, cambios institucionales en nuestro país.


Cáceres Anasagasti. Gentileza: geni.com
El Gral. Cáceres Anasagasti era escuchado atentamente por la Embajada. A priori era una especie de "sucesor natural" de Laplane, pues cumplía con varios requisitos sugeridos por la élites hegemónicas de entonces: era oficial de Inteligencia, revistió como jefe de la Superintendencia de la Policía Federal, de la propia Federal, fue Director de Gendarmería y comandaba en aquel momento el I Cuerpo del Ejército.

Al mismo tiempo tenía una gran contrapeso, al igual que el Coronel Damasco, contaba con apoyo de las 62 Organizaciones que conducía el metalúrgico Lorenzo Miguel. Su designación, además, implicaba descabezar virtualmente a toda la institución incluídos los pétreos, por lo cual la resistencia de los golpistas aumentaba.

En mayo de 1975 Cáceres fue invitado por  Emilio Massera a un almuerzo en el Edificio Libertad, donde el almirante le propuso asumir la máxima conducción del ejército en reemplazo de Leandro Anaya, lo que fue rechazado por el brigadier nacionalista, dando lugar al nombramiento de Numa Laplane.

Mientras el deterioro político se intensificaba, asumía la cartera económica el cuarto sucesor de Rodrigo (había renunciado a su cargo el 17 de julio y en solo un mes, 3 más dimitieron) Antonio Cafiero quien más allá de asegurar que en su gestión primaría la doctrina peronista, buscaría resolver los problemas económicos mediante un nuevo acuerdo con el FMI.

A esa altura, el gobierno “popular” había realizado ya 33 cambios de ministros sin poder encauzar la crisis. Sin apoyo militar ni de la élite empresarial, los tiempos de Damasco y Laplane se acortaban y estos, conocedores de la situación, activaron una serie de maratónicas reuniones de gabinete y contactos extraoficiales con partidos políticos en busca de un apoyo que jamás conseguirán.


En la mañana del Martes 26 de Agosto de 1975, mientras Cafiero anunciaba una nueva devaluación del peso del 4%, los altos mandos castrenses activan el plan que semanas antes advirtió Cáceres a la Embajada. Los jefes de Cuerpo Roberto Viola, Carlos D´elía Larocca, Guillermo Suarez Mason y Diego Urricarriet, Director de Institutos Militares, envían un telegrama a Numa Laplane instándolo a pasar a retiro y abandonar la conducción de las FFAA. Laplane, respondió invitándolos a viajar a Buenos Aires y celebrar una reunión esa noche, pero su suerte estaba echada: los altos mandos se niegan, Numa Laplane asume que ya no dispone de poder suficiente para sostenerse y renuncia.



María Estela Martínez de Perón hace caso omiso y lo ratifica en el cargo. Paralelamente, el Comando general del Ejercito emite un comunicado donde asegura que el Coronel Damasco había solicitado su pase a retiro, hecho que el Ministro del Interior desconoce horas más tarde, intentando resistirse a la movida golpista.

Ante el respaldo de Isabel Perón a los “moderados” los halcones desatan una sublevación y ordenan el acuartelamiento de la Policía Federal y de aproximadamente unos 70.000 hombres pertenecientes al I, II, III y V Cuerpo del Ejercito en diversos puntos del país. Por primera vez, Videla aparece públicamente sumándose al reclamo de sus pares y apoya el pedido de remoción de Laplane, quien cercado, repite su renuncia y sugiere sea nombrado Cáceres Anasagasti.

Durante la tarde se suceden reuniones al más alto nivel de Gobierno tratando de capear el temporal. Allí se toman algunas decisiones: Movilizar unos 900 hombres del cuerpo de granaderos para “defender” la seguridad en Casa Rosada y emitir declaraciones de apoyo al gobierno, cosa que inmediatamente realizan la CGT y el Partido Justicialista, al tiempo que Numa Laplane asegura públicamente que el golpe ya se inició en los cuarteles y que si deja su cargo, alcanzará las calles.

Ya por la noche, luego de más de 5 horas de reunión ininterrumpida, la Presidenta junto a varios dirigentes sindicales, diputados, senadores, Ministros, Laplane y Damasco, analizan qué hacer ante el levantamiento militar que comienza a ganar apoyo en la Fuerza Aérea y la Marina. Deciden entonces invitar a sumarse al encuentro a los líderes de dichas fuerzas Héctor Fautario y Emilio Massera respectivamente y convidar también al Brigadier Cáceres a participar de las deliberaciones.


Carlos D´elía Larocca
Allí se barajan varias alternativas como respuesta a la crisis que ya luce terminal. La renuncia o licencia por tiempo indeterminado de Isabel, (que ella rechaza) el retiro de Damasco y Laplane y la designación de D´elía Larocca (por ser el oficial en actividad de mayor rango y antigüedad) como nuevo jefe de la fuerza o la de Cáceres Anasagasti. El Viceministro de Defensa Carlos Caro es quien le ofrece nuevamente el cargo al Brigadier nacionalista pero este otra vez se niega, solicitando su pase a retiro y advirtiendo al cónclave que de aceptar, las unidades de tanques de Olavarría y Azul actuarían inmediatamente para derrocar al gobierno. Ya cerca de la madrugada, Laplane presenta una vez más su renuncia y le es aceptada, acelerando el desenlace de los acontecimientos.

Descartada la renuncia de la presidente Perón y su reemplazo por el “confiable Italo Luder, el mayor “triunfo” de los militares rebeldes no es el alejamiento de Laplane, sino el de Damasco, quien esa noche presentó su pase a retiro, anticipando así su próxima salida del Ministerio del Interior ( dejó el cargo el 16 de septiembre de 1975 ). Sobre él descargaban los golpistas toda su ira y temor, imaginando que podría constituirse en el futuro, en un candidato presidencial “competitivo” que conjugase (al igual que Perón en el 45?) pertenencia a las fuerzas armadas, instinto político, apoyo gremial y sensibilidad social, atributos suficientes para perpetuar el “populismo” algo que tampoco aceptaba la élite económica que ejercía por aquel entonces una clara hegemonía y que avaló la conducta de Videla y Larocca y el levantamiento de Campo de Mayo.

El día clave. 27 de Agosto de 1975.

D´elía Larocca deja Córdoba para trasladarse a Campo de Mayo y activa el levantamiento. Al enterarse de la “rendición” de Isabel que acepta la renuncia definitiva de Laplane se autoproclama nuevo jefe del ejercito y se lo hace saber al gobierno a través del Ministro de Defensa Jorge Garrido. Paralelamente, decide constituir, coordinar y encabezar el primer ensayo extraoficial de la futura Junta Militar: el Comando Interino del Ejército Argentino, una suerte de Estado Mayor Conjunto de oposición, que guiará a los oficiales alzados y comenzará a delinear la estrategia tendiente a la toma del poder en marzo de 1976.

 Los hechos de aquel día son detallados ampliamente por otro cable secreto que la embajada estadounidense en nuestro país ( Figura 2 ) remite al Departamento de Estado, la CIA y el FBI gracias al pormenorizado relato que brinda esta vez, el Coronel Alberto Valín, por entonces oficial de inteligencia del Batallón 601 del que será Jefe entre 1976 y 1977.


Cable secreto FBI
Valín, hombre de confianza de Roberto Viola, relata a la Embajada que en la noche de aquel Miércoles, el Viceministro de Defensa Gral Caro llegó a Campo de Mayo intimado por los generales que encabezan la sublevación ( D´elía Larocca, Viola, Suárez Mason y el propio Videla ) para una última reunión donde se definió el nombre del nuevo Comandante en Jefe del Ejercito y por lo tanto líder de la embrionaria Junta Militar.

El cable señala que Caro comienza advirtiendo que las FFAA colocaron a la Presidenta en una situación difícil y embarazosa y que ella decidió poner ciertas condiciones para definir el nombramiento. También consigna ( con lujo de detalles ) que antes que el viceministro pudiese enumerar tales “exigencias” D´elía Larocca estalló en ira contra Isabel respondiéndole que era una prostituta y que antes de su casamiento con Perón había contraído nupcias con un tal Catto (no se registra el nombre de pila de dicho sujeto )

Larocca- continua el cable secreto recientemente desclasificado- advierte a Caro que las FFAA no admitirán ninguna condición, que él mismo tomará la jefatura del ejercito y que los golpístas solo aceptarían como alternativa que sea Videla quien asuma la conducción en disputa, dando rápidamente por concluida la reunión ordenándole a Caro que debía transmitir literalmente aquella conversación a la Presidenta, a su regreso a la residencia de Olivos.

El ultimátum rinde sus frutos.El decreto con el nombramiento de Videla, fue firmado por la presidenta minutos después de la medianoche de aquella tensa jornada, donde la democracia comenzó a escurrirse definitivamente de las manos del pueblo argentino.

El líder sublevado D élia Larocca, fue pasado a retiro y su lugar al frente del III Cuerpo será ocupado por otro halcón, José Vaquero pero su triunfo resulta obvio, pues el Ejercito queda en manos de su “delfín” Videla con quien planificará la estrategia e instrumentación del futuro golpe de estado.





En la mañana del 28 de agosto de 1975, en una ceremonia estrictamente castrense llevada a cabo en la sede del Regimiento de Infantería de Patricios de la Ciudad de Bs As, asume su cargo el futuro dictador, quien por entonces tenía 50 años de edad. Confirmado el nuevo jefe, se avecina la próxima modificación de gabinete que alejará de sus cargos a varios ministros de Isabel, entre ellos al Coronel Damasco.

Ello forma parte del plan preestablecido por los golpistas, consistente en descabezar todo vestigio "pro peronista" en la fuerza: así se nombra a Suárez Mason como titular del I Cuerpo en reemplazo de Cáceres Anasagasti y se releva al coronel Jorge Sosa Molina hombre de Damasco, quien estaba al frente de guardia presidencial, otro paso clave para avanzar en la próxima destitución de la presidenta.

Mas allá de las declaraciones de rigor de todos los protagonistas de esta historia, que aseguraron que así se resolvía definitivamente la crisis militar y el intento anticipado de golpe, no se disiparon las dudas ni el objetivo estratégico de los mandos militares y la élite económica que los apoyaba: promover la caída del gobierno y llevar a cabo la apertura indiscriminada de nuestra economía





Ello queda expuesto con total claridad cuando tres días después del final¡? de esta crisis, el ministro Antonio Cafiero viajó a la asamblea anual del FMI, para promover una acuerdo con dicho organismo, que permita refinanciar la deuda externa y acceder a nuevos préstamos internacionales…


Como vimos una serie complejos factores políticos, económicos y sociales articularon y sellaron la suerte de la endeble democracia argentina. Seguramente parte de ellos, estén incluso vinculados a errores propios del campo nacional y popular. Pero también sin lugar a dudas, el desenlace fue producto del triunfo de un proyecto político, tendiente a consolidar un programa económico que priorizó la especulación financiera y destruyó el empleo y el tejido productivo y social de nuestro país.


La represión y persecución a los militantes populares que se opusieron a dicho plan, basada en el mayor baño de sangre contra el pueblo argentino del que se tenga memoria, buscó también quebrar los lazos de solidaridad y promover un proyecto de país que rechace iniciativas comunitarias como sustento de la democracia y el crecimiento económico con equidad distributiva y generar una conciencia social basada en la vigencia del individualismo, el paternalismo de las fuerzas de seguridad y el apoyo al punitivismo como instrumentos de control y disciplinamiento social.


Me queda una pregunta. Cualquier parecido con nuestra actualidad, ¿es pura coincidencia?

Publicado en:
https://macondo2019.blogspot.com/2019/07/la-asuncion-de-videla-los-dias-que.html

martes, 11 de diciembre de 2018

Por qué el motivo de la decadencia argentina es el antiperonismo, por Alejandro Grimson (para "Infobae" del 09-12-18)


El bombardeo de la Plaza de Mayo ocurrido en 1955

Por Alejandro Grimson 
9 de diciembre de 2018


La atracción fatal de la pregunta "¿En qué momento se jodió Argentina?" contiene una trampa: supone que hay una fecha única, definitiva, precisa, donde toda nuestra historia, que podría haber sido esplendorosa, se jodió se una vez y para siempre. Hay fechas muy relevantes, por supuesto, y enseguida iremos en su procura. Sin embargo, conviene interrogar a la pregunta: "¿Está usted seguro que la Argentina se jodió en un solo momento?". La tentación es grande. Unos dirán 1930, con el primer golpe de Estado. Otros dirán 1945, con el surgimiento del peronismo. Otros escogerán 1955, cuando la violencia política antiperonista derrocó a Perón después del alucinante bombardeo de la Plaza de Mayo. Más cerca, casi nadie dudaría de que nos volvimos a joder en 1976, con terrorismo de Estado y desindustrialización.

Una fecha es una fórmula publicitaria para responder un porqué. Ahora, si aceptamos la premisa de que la Argentina no se jodió un determinado día, sino que se sigue jodiendo hasta hoy, entonces aceptaremos que no se puede responder con un número, sino explicando un proceso y sus motivos. La tesis más difundida es que sencillamente el problema de la Argentina es el peronismo. Pues bien, si el lector tiene la capacidad de leer una tesis con la que probablemente no concuerde de entrada, podrá comprender por qué mi lectura de la historia argentina me lleva a la conclusión opuesta: el problema de la Argentina es el antiperonismo.

La Argentina de 1945 había experimentado años de crecimiento económico sin redistribución. Con un veloz crecimiento industrial en el contexto de la guerra, crecía la clase trabajadora, su explotación, su sindicalización y su descontento. Perón y el peronismo son el producto de las circunstancias históricas, entre las cuales es clave notar la incapacidad de los partidos tradicionales para representar a esa clase obrera, así como su oposición a todos los beneficios que el entonces coronel instrumentaba para ese actor emergente. ¿Por qué se oponían? Por tres motivos distintos. Unos porque creían en el binarismo sarmientino de la civilización y la barbarie, y lo traducían a la confrontación entre su visión europeísta y racista contra los "cabecitas negras". Otros por puros intereses patronales de incremento de ganancias en el corto plazo, sin capacidad alguna de comprender que los modelos de desarrollo solo son viables cuando los productores asalariados son incluidos. Por último, porque la importante tradición antifascista que había en Argentina interpretó los procesos políticos locales como si fueran sucedáneos de Europa: vieron en el surgimiento del peronismo un símil de Benito Mussolini. Ni siquiera pudieron escuchar al sociólogo antifascista Gino Germani, claramente antiperonista, cuando afirmó que los fenómenos no eran análogos en absoluto.

Así se instaló una belicosidad política que actualizaba otros momentos de la historia argentina. El peronismo se consideró a sí mismo como representante del pueblo, sin reconocer que entre sus opositores o no adherentes había porcentajes relevantes de la población, aunque fueran una numerosa minoría. El antiperonismo se consideró a sí mismo como abanderado de la democracia contra la tiranía e intentó golpes de Estado en un in crescendo de la polarización. Esa tensión se terminó resolviendo con centenares de civiles asesinados por aviones de la Marina y con la llamada "Revolución Libertadora". Pero los supuestos "democráticos" jamás pudieron salir de su paradoja, ya que nunca pudieron llamar a elecciones libres. Solo pudieron gobernar con la proscripción de Perón y del peronismo, con fusilamientos y presos políticos, con persecución a los sindicatos y a quienes violaran la ley por mencionar la prohibida palabra "Perón".

Su objetivo era la extirpación del peronismo y su consecuencia en el mediano plazo fue la opuesta. Quienes afirman que el peronismo perduró en la historia por los primeros años de gran capacidad redistributiva olvidan tener en cuenta que ese trabajo fue culminado por el gobierno del antiperonismo recalcitrante. El primero ganó brillo en la comparación con sus sucesores. Devino así la identidad política más relevante de la Argentina. Con gran ironía, lo sintetizó el propio Perón: "No es que nosotros seamos tan buenos, sino que los demás son peores".

Ya en 1956, intelectuales antiperonistas comenzaron a percibir el desastre. Martínez Estrada se dirigió al Gobierno: "Señores acusadores, Perón ha sido un gobernante superior a vosotros". Germani intentó explicarles a los antiperonistas que solo podrán "desperonizar" al pueblo si le otorgaban los beneficios y dignidad iguales o mayores que las que les había otorgado el peronismo.

La vida del antiperonismo es tan extensa como la del peronismo. Nace con él y se extiende hasta la actualidad. Fue sordo no solo a la movilización popular, sino a los argumentos de intelectuales no peronistas, como la revista Contorno en aquellos años. Permanece intacto su maniqueísmo (señalado hace sesenta años allí). Además, Ismael Viñas señaló que los sectores más privilegiados no había comprendido el peronismo, porque solo veían en él "el ataque contra sus intereses materiales o contra sus valores jerárquicos nacionales". Y analizaba las denuncias de corrupción peronista de aquella época afirmando que los argumentos eran deshonestos: "Así, un enriquecimiento que le parece moral, lícito cuando es practicado por particulares (…) se convertía en crimen cuando lo practicaban otros –en especial funcionarios públicos".

Esa dicotomización proscriptiva fue la cuna de la violencia política y de 1976. Como la Argentina está jodida y tiene la chance de joderse mucho más aún, cabe hacerse la pregunta de si habrá sectores que quieran asumir el debate sobre los motivos. La Argentina está jodida por una cultura política antipluralista, que puede volverse a tentar con proscripciones, que estigmatiza a quienes piensan diferente, que arrasa con la calidad del debate público, que naturaliza un doble estándar descomunal, que erosiona la necesidad de ciertas políticas de Estado y cualquier hipótesis de un proyecto nacional de desarrollo. Porque nos permitimos saltar del desendeudamiento a una dependencia del capital financiero sin solución de continuidad. Porque se incumplió la promesa de construir sobre lo construido y así, una y otra vez, la soberbia y los intereses corporativos coadyuvan a destruir lo hecho, inclusive en ciencia y universidad, para volver a fojas cero.

No seamos pesimistas. La Argentina podría desjoderse. Seamos realistas: para ello el requisito más básico sería que entendiera por qué está jodida.

El autor es antropólogo (UNSAM y Conicet) y escritor. Su último libro es "Mitomanías de los sexos" (Siglo XXI Editores)

Publicado en:
https://www.infobae.com/opinion/2018/12/09/el-motivo-de-la-decadencia-argentina-es-el-peronismo-no-es-el-antiperonismo/?outputType=amp-type&__twitter_impression=true

miércoles, 13 de junio de 2018

El “nosotros” de Massot, por "Página 12" del 13-06-18

El diputado mezcló aborto con dictadura y lanzó: “No nos animamos a tanto”


En medio del debate histórico por el aborto legal, el diputado Nicolás Massot defendió enfáticamente su postura contraria a la interrupción voluntaria del embarazo como una cuestión de derechos humanos. Con ese argumento intentó chicanear a diputados kichneristas como Juan Cabandié, hijo de desaparecidos que nació en la ESMA. Sin embargo, su defensa terminó en una polémica confesión: “Tampoco en ese momento nos animamos a tanto”, dijo en referencia a la dictadura.


“¿Vos dónde estás hoy Juan, dónde estás parado?”, apuntó Massot contra Cabandié en su encendido discurso. “Nunca en democracia nos animamos a tanto Juan, ni en democracia ni de otra manera”, insistió el presidente del bloque del PRO en referencia al aborto como una violación al derecho a la vida del bebé.

Desde su banca, Mayra Mendoza lo interrumpió. “Pero sí en la dictadura se animaron”, lo cruzó la diputada mientras Massot seguía con se arenga en contra del aborto.

“Tampoco en ese momento Mayra, tampoco en ese momento nos animamos a tanto”, le respondió Massot, que eligió el “nosotros” para referirse a la dictadura. “Fuimos y tenemos que seguir siendo referentes de los derechos humanos”, completó la frase el diputado de Cambiemos, sobrino de Vicente Massot, el dueño y director del periódico bahiense La Nueva Provincia, apologista de la dictadura y señalado como cómplice civil de delitos de lesa humanidad.

Publicado en:
https://www.pagina12.com.ar/121326-el-nosotros-de-massot