viernes, 4 de julio de 2025
domingo, 24 de septiembre de 2023
CFK: De castas, herencias, derrumbes y futuro
De castas, herencias, derrumbes y futuro.
— Cristina Kirchner (@CFKArgentina) September 23, 2023
Presentamos, a 20 años de su publicación, la reedición de “Después del derrumbe. Conversaciones de Torcuato Di Tella y Néstor Kirchner”. https://t.co/e9EidsOQbM
jueves, 7 de abril de 2022
La Cámpora repudió a Franja Morada por cantos de militantes deseándole la muerte de Cristina, por "Telam" del 06-04-22
En Corrientes, un grupo de militantes de la agrupación UCR-JxC festejaba un triunfo en unas elecciones estudiantiles y fueron ofensivos con la vicepresidenta y el expresidente Néstor Kirchner. "Se enorgullecen de ser representantes de la paz y la democracia y hoy eligen la violencia y el grito de muerte como forma de expresión", cuestionó la organización kirchnerista en un comunicado.
06-04-2022
La organización La Cámpora repudió este miércoles las consignas coreadas por la agrupación Franja Morada de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE) tras una reciente elección del claustro estudiantil de esa casa de estudios, en la que deseaban la muerte de la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner y mencionaban el fallecimiento de Néstor Kirchner con el sentido de un festejo, y los consideró una muestra de la "construcción política en base al odio, al machismo y al desprecio hacia sectores sociales y políticos" que atribuyeron a "los socios de Mauricio Macri".
A través de sus redes, la organización kirchnerista difundió esta tarde un video que muestra a un grupo de militantes de la Franja Morada de la ciudad de Corrientes que cantan la consigna "Néstor ya se murió, Néstor ya se murió/ ahora falta Cristina, la puta madre que los parió" para festejar un triunfo electoral, y luego vinculó ese episodio con una serie de antecedentes, como la colocación en la vía pública de carteles negros contra la Vicepresidenta que decían "asesina" o la vandalización de una estatua con su figura en Río Gallegos.
"Repudiamos profundamente las acciones de la agrupación estudiantil de la UCR-JxC (por la Franja Morada), en un contexto político donde la violencia hacia la Vicepresidenta crece día a día. Sumando los ataques a su despacho en el Senado de la Nación, los afiches difamatorios hacia su figura en CABA, las estatuas de Néstor y Cristina vandalizadas en Río Gallegos, y a una semana de que sus pares de la Facultad de Humanidades taparan los pañuelos pintados en el Centro de Estudiantes de Humanidades (CEHum) en tamaña fecha simbólica (por el 24 de marzo)", advirtió La Cámpora.
Desde esa organización aseguraron que la secuencia registrada en el video difundido desde sus redes ocurrió el jueves 31 de marzo último, al conocerse los resultados de una elección estudiantil en la UNNE, y en sus imágenes se ve a estudiantes universitarios correntinos con banderas y chalecos de color violeta corear las consignas repudiadas mientras hacen flamear banderas de la Franja Morada.
"Néstor no se murió, lo matamos nosotros, la puta madre que lo parió", gritan los jóvenes del radicalismo universitario en otro momento de sus festejos.
"Nos duele desde lo más profundo que los sectores jóvenes de un partido, con el que aun teniendo diferencias construimos política, no tenga más que ofrecer que violencia y denigración a la sociedad. Aquellos que se enorgullecen de ser representantes de la paz y la democracia hoy eligen la violencia y el grito de muerte como forma de expresión", cuestionó La Cámpora en su declaración, a la que tituló "La representatividad del odio".
El comunicado completo de La Cámpora
Repudiamos profundamente las acciones de la agrupación estudiantil de la UCR – Cambiemos, en un contexto político donde la violencia hacia la figura de la Vicepresidenta crece día a día. Sumando los ataques a su despacho en el Senado de la Nación, los afiches difamatorios hacia su figura en CABA, las estatuas de Néstor y Cristina vandalizadas en Río Gallegos, y a una semana de que sus pares de la Facultad de Humanidades taparan los pañuelos pintados en el CEHum en tamaña fecha simbólica, no advierta aún la gravedad de sus gestualidades que día a día avanza materializándose en violencia y agravios.
Una vez más, lxs socios de Mauricio Macri dejan en evidencia que eligen una construcción política en base al odio, al machismo y al desprecio hacia sectores sociales y políticos, formando sus propuestas electorales y la pertenencia de sus militantes juveniles desde la irresponsabilidad de representar esos valores y ser obsecuentes a sectores que celebran la muerte, que esgrimen la bandera de la violencia, que piden la desaparición de espacios políticos y figuras que responden a intereses populares.
Nuestra historia está atravesada por repetidos periodos en donde la violencia y la muerte primó por sobre la vida. Como militantes políticxs creemos en otra realidad y otra forma de hacer política, dejando atrás de una vez y para siempre estas actitudes.
Nos duele desde lo más profundo que los sectores jóvenes de un partido, con el que aun teniendo diferencias construimos política, no tengan más que ofrecer que violencia y denigración a la sociedad. Aquellxs que se enorgullecen de ser representantes de la paz y la democracia hoy eligen la violencia y el grito de muerte como forma de expresión. Nosotros representamos un proyecto nacional, popular, democrático y feminista que construye, no solo desde una mirada colectiva, sino también haciendo énfasis en el amor como motor de las transformaciones. Nunca más la muerte por sobre la vida.
El amor vence al odio.
Publicado en:
https://www.telam.com.ar/notas/202204/588761-campora-repudio-cantos-franja-morada.html
domingo, 27 de marzo de 2022
CARLOS ROZANSKI: " Cambiar la lógica de impunidad es hoy también, prioritario"
Ese día, Alberto Fernández (Jefe de gabinete), dijo que el Presidente se propone "un cambio de la lógica argentina, que muchas veces ha funcionado como un juego de pesos y contrapesos, y amenazas y contraamenazas". Cambiar la lógica de impunidad es hoy también, prioritario.
— Carlos Rozanski (@CarlosRozanski) March 25, 2022
sábado, 29 de enero de 2022
El acuerdo con el FMI: Como el de Néstor Kirchner en 2003, por David Cufré (para "Página 12" del 29-01-22)
Kirchner, junto a Lavagna y Fernández, el 10 de septiembre de 2003, al anunciar el acuerdo con el FMI.. Imagen: NA
Similitudes y diferencias
Cómo fue el acuerdo a tres años que firmó Kirchner con el FMI. En qué se asemeja y en qué se diferencia del actual. Los que denunciaban que era un ajuste, por la meta de superávit de 3 puntos del PIB. Los que pedían repudiar la deuda. Cómo sigue el Frente de Todos.
Por David Cufré
29 de enero de 2022
“Tras varios días de tensión, la Argentina esquivó otra vez el fantasma inquietante del default con los organismos internacionales y pagó sobre el filo del vencimiento 3.072 millones de dólares que le debía al FMI. La noticia causó profundo alivio no solo en Buenos Aires, sino también en Washington. Se produjo luego de una serie de negociaciones contra reloj, que concluyeron al mediodía de ayer tras un diálogo telefónico entre el presidente Néstor Kirchner y la titular interina del Fondo Monetario, Anne Krueger”, publicó el diario Clarín el 10 de marzo de 2004, cuando el gobierno del Frente para la Victoria daba batalla para acomodar la deuda que habían dejado el menemismo y la Alianza.
Cualquier semejanza con la actualidad no es pura coincidencia. La herencia de Domingo Cavallo, quien en los '90 y los 2000 gestó una deuda impagable, con Ricardo López Murphy, Carlos Melconian y Miguel Angel Broda haciendo de hinchada, tampoco fue fácil de arreglar. Alberto Fernández, casi veinte años más tarde, aprovechó aquella experiencia para buscar una solución a la deuda que dejó Mauricio Macri.
"Cuando Krueger discó el número de teléfono de Kirchner, a las 12.50, había gran expectativa en el Gobierno. En el despacho del Presidente estaban, además de Roberto Lavagna, el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, y el secretario de Legal y Técnica, Carlos Zannini. La conversación con Krueger duró 20 minutos. Fue en tono diplomático, ameno, pero también muy concreta. Y se acordó lo siguiente", continuaba la nota de Clarín. El primer punto, aunque parezca mentira, era que el gobierno nacional quería limitar la intervención de un comité de bancos en la reestructuración de la deuda con los acreedores privados, para que actuara en carácter de asesor, mientras el FMI exigía que el comité negociara en nombre de Argentina. Finalmente, se impuso la posición de la Casa Rosada. El ejemplo sirve para dimensionar hasta qué punto el Fondo Monetario intentaba digitar las cosas en el país en aquel tiempo.
El acuerdo del gobierno de Kirchner con el FMI se había firmado en septiembre de 2003, en tanto el episodio que desembocó en la charla con Krueger sucedió en marzo de 2004, en la segunda revisión por los técnicos del organismo. El convenio fue un programa stand-by a tres años, que siguió a la reprogramación de la deuda que había pactado el gobierno de Eduardo Duhalde en 2002. El monto a refinanciar fue de 17.922 millones de dólares. Fijó como meta un superávit fiscal de 3 puntos del PIB para 2004, frente a los 4,5 puntos que reclamaba el Fondo en el inicio de la negociación.
En el acuerdo actual, que se anunció este viernes, la meta para el primer año del programa no es de superávit, sino de un déficit fiscal de 2,5 puntos del PIB. Además, el nuevo entendimiento es a diez años, con cuatro y medio de gracia para empezar a devolver el capital del préstamo. El monto involucrado es de 44.500 millones de dólares.
El sueño del default propio
Antes y ahora, para sectores del peronismo y del pensamiento heterodoxo, el solo reconocimiento de la deuda es un error imperdonable. Consideran que lo correcto hubiera sido repudiarla de entrada por ilegítima e ilegal. Aseguran, en el caso actual, que las consecuencias de una decisión semejante, de tanto impacto, con repercusión mundial, disruptiva en términos financieros y con efectos de largo alcance, no serían tan distintas a las penurias que habrá que atravesar por tener al FMI en casa durante tantos años. Evalúan que el cimbronazo de patear el tablero y no pagarle al Fondo no sería tan grave, sin aclarar por cuánto tiempo sostendrían esa situación. ¿Algunas semanas, unos meses, hasta las elecciones de 2023, por siempre? Ni tampoco aclaran si extenderían el incumplimiento de pagos a los acreedores privados, que también participaron de la fiesta de la deuda del macrismo. Pero, más allá de todo eso, el repudio al crédito que tomó Juntos por el Cambio con el FMI es reclamado como un acto de justicia frente a tanto despojo y saqueo. A Kirchner, en la misma línea, se le recriminaba no investigar la deuda tomada por la dictadura cívico-militar.
Las metas fiscales con revisiones trimestrales, a su vez, son juzgadas por los mismos sectores como una limitación al crecimiento, y la aceptación de un chantaje permanente, ya que para acceder a los desembolsos del nuevo crédito hay que someterse al torniquete fiscal.
Como la comprobación de esas ideas resulta imposible, en vistas de que Kirchner y Fernández finalmente tomaron el camino de la negociación y el acuerdo con el FMI y no el de la ruptura, queda en el terreno del debate especular si hubieran sido una opción viable, si existían las condiciones políticas y materiales para concretarlas o si hubieran sido un salto al vacío, como las desautorizó Martín Guzmán en la conferencia de prensa tras el anuncio del acuerdo. En lugar de ello, lo que se puede hacer es analizar lo que sí pasó.
El acuerdo de Néstor Kirchner con el FMI
El gobierno de Kirchner tardó cuatro meses en resolver la deuda con el FMI y dos años para reestructurar los bonos en default con acreedores privados. El éxito de esas operaciones y el crecimiento económico a tasas chinas, con políticas heterodoxas, de ampliación de derechos y redistribución del ingreso, sin tarifazos ni privatizaciones, en un contexto favorable de precios internacionales de los productos de exportación, permitieron al gobierno cancelar toda la deuda con el organismo el 3 de enero de 2006. Y lo hizo al mismo tiempo que el Brasil de Lula, en un escenario regional favorable. Salieron de las reservas del Banco Central 9800 millones de dólares y de ese modo se terminó la influencia del Fondo Monetario hasta 2018, cuando Juntos por el Cambio lo volvió a traer al país.
El lapso de dos años y tres meses que efectivamente estuvo vigente el acuerdo con el Fondo, hasta el pago de enero de 2006, no resultó de penurias económicas, sino todo lo contrario. La clave fue negociar desde el interés nacional. Un ejemplo más cercano en el tiempo lo ofrece Portugal. Entre 2010 y 2015, los gobiernos neoliberales en ese país aplicaron a rajatabla las recetas ortodoxas del FMI, con recortes de gastos, baja de salarios y jubilaciones y reformas estructurales, llevando a la economía a una crisis cada vez más severa. Desde 2015, cuando asumió el gobierno socialista de Antonio Costa, la política económica cambió de manera radical, restableciendo derechos, salarios, gastos y empleos, dando lugar a un período de recuperación para las mayorías populares. Y lo hizo también dentro del marco de un programa con el Fondo, por la deuda que tuvo que seguir pagando.
El gobierno del Frente de Todos necesitó nueve meses para reestructurar la deuda con acreedores privados y dos años y un mes para reprogramar la deuda con el FMI. La secuencia fue a la inversa de lo que hizo Kirchner porque en este caso los vencimientos más importantes eran primero con los bonistas, en tanto que en 2003 la Argentina ya estaba en default con esos acreedores. Pero los tiempos de la negociación fueron similares. Para algunos podrán ser demasiado extensos, pero en aquella oportunidad los buenos términos alcanzados fueron la plataforma para la posterior década ganada.
El Frente de Todos soporta tensiones internas entre las distintas visiones que confluyen en el espacio, tanto de dirigentes como de simpatizantes, y le tocó negociar en un escenario totalmente distinto al de hace casi dos décadas, por el estallido de la pandemia. El hecho de haber logrado acercar la nave a la orilla en circunstancias internas y externas tan complicadas, con una oposición salvaje, medios de comunicación y resortes fundamentales del Poder Judicial en contra, es otra diferencia con lo que ocurrió en 2003. Pero tal vez la diferencia fundamental es que en aquel caso Kirchner era el conductor político del Frente para la Victoria, con una aceptación popular rotunda, mientras que Alberto Fernández es el catalizador de una coalición desordenada.
Publicado en:
https://www.pagina12.com.ar/398422-el-acuerdo-con-el-fmi-como-el-de-nestor-kirchner-en-2003
martes, 4 de mayo de 2021
martes, 27 de abril de 2021
Nos quisieron enterrar pero se olvidaron que somos semilla
Nos quisieron enterrar pero se olvidaron que somos semilla.
18 años a la eternidad
Asumió con más pobres que votos y cambió nuestro destino para siempre pic.twitter.com/8y4l2Yztdx— 💚 Sol Cansada 💚 (@soldidomenico) April 27, 2021
sábado, 19 de diciembre de 2020
2003, 2020 Y EL FUTURO, por Adrián Corbella
En estas semanas es muy común leer o escuchar las quejas de votantes del Frente de Todos. Muchos comparan lo realizado en el primer año de Néstor Kirchner, que había llegado al poder con 22% de los votos, con lo logrado ahora por Alberto y Cristina, que obtuvieron un 48% de los sufragios. Me parece una comparación muy superficial, que no tiene en cuenta el contexto, que es diametralmente opuesto.
La elección de 2003 fue la primera tras la debacle del 2001. Los dirigentes políticos que habían ocupado cargos de relevancia en tiempos de Menem y De La Rúa estaban muy desprestigiados. La derecha argentina estaba fragmentada, atomizada. Una parte ocupaba un ala del peronismo, otra parte se refugiaba en el radicalismo, otros habían fundado partidos liberales como RECREAR de López Murphy, y otros estaban sueltos. No había la más mínima posibilidad de que un candidato de derecha liberal ganara una elección… de hecho los candidatos con programas neoliberales fueron separados: Menem obtuvo el 24% y López Murphy el 16%. Unidos quedaban primeros cómodos.
Néstor y Cristina pudieron construir su fuerza política desde dentro del PJ, conduciendo y hegemonizando al peronismo, e incluso tendiendo puentes con otras fuerzas, debido a que la oposición aparecía completamente atomizada y no tenía una perspectiva común, no podían hacer un frente común, ni tenían un mismo proyecto.
Tampoco presentaba un frente común contrario al gobierno de Néstor la casta judicial, ni las empresas mediáticas. Allí también había margen para negociar y tender puentes, fabricar consensos y alianzas.
El contexto internacional era tan favorable desde lo político que Néstor, Lula y Chávez pudieron concretar en Mar del Plata, en 2005, lo que probablemente sea la mayor humillación diplomática que haya sufrido jamás un gobierno de los Estados Unidos.
Hoy no tenemos nada de eso, América Latina está llena de gobiernos de derecha aliados al Imperio del norte.
Los tres gobiernos sucesivos del kirchnerismo permitieron consolidar el Frente para la Victoria (FpV), que mostró una gran capacidad para impulsar reformas profundas, que afectaban intereses consolidados, medidas que salpicaban a quienes pensaban que su posición era inatacable. Estos avances generaron dos corolarios: por un lado, comenzaron los problemas dentro del propio frente, que tenía una composición diversa y donde no todos tenían las mismas perspectivas. Las dos escisiones más dolorosas fueron seguramente la formación en 2009 de la Unión-PRO (con figuras de la derecha, más un peronista que había sido parte del gobierno, Felipe Solá), y la separación en 2013 de Sergio Massa que se llevó consigo una enorme cantidad de votos -y también muchos dirigentes de segunda y tercera línea-.
Hacia afuera, provocó una creciente alineación de los sectores que se oponían al kirchnerismo, tanto políticos como judiciales y mediáticos. Este fenómeno cristalizó en las elecciones de 2015 con la formación de Cambiemos, una alianza política que unía a la derecha liberal que venía gobernando CABA con el sello PRO, una UCR muy conservadora, la exótica Coalición Cívica de la Pitonisa Elisa Carrió, más figuras que en alguna etapa de su vida política habían pasado por alguna de las tribus del peronismo, como Emilio Monzó, Diego Santilli, Cristian Ritondo o Patricia Bullrich. Esta alianza logró vencer en el ballotage de 2015 por una diferencia mínima (700 mil votos en un total de 25 millones), y permitió a Mauricio Macri ser presidente en el período 2015-2019.
La nueva administración logró rápidamente una fuerte división del peronismo derrotado. Algunos diputados se fueron del FpV antes de asumir, y formaron bloques opoficialistas. El massismo adoptó una actitud extremadamente “razonable”, y fue el gran garante de la “gobernabilidad” –palabra olvidada por la oposición 2020-. Los gobernadores debieron negociar con el dueño de la billetera, y muchos senadores peronistas se vieron compelidos a seguir a sus gobiernos provinciales.
Las elecciones de medio término, en 2017, mostraron a un oficialismo consolidado, a un peronismo dividido, y a una Cristina que, desde una fuerza nueva llamada Unidad Ciudadana, perdió por poco. Pero perdió mostrando un peso electoral que dejaba claro que seguía siendo la peronista más votada, la más fuerte electoralmente. Alberto Fernández lo resumió con una frase genial, que sigue teniendo vigencia: “Con Cristina no alcanza, sin Cristina no se puede”.
Tras estos aparentes cambios subyacen algunas continuidades.
En las PASO de 2015 en la Provincia de Buenos Aires, la candidata de derecha Vidal alcanzó el 35% de los votos (un punto más de los obtenidos en 2017 por Esteban Bullrich), mientras que tres candidatos peronistas (Felipe Solá, Aníbal Fernández y Julián Domínguez) se repartieron en partes casi iguales un 60% de los votos. En la elección definitiva de octubre Vidal trepó al 39.5%, Solá mantuvo sus votos, y Aníbal sumó a su 20% tres de cada cuatro votos de Domínguez, trepando a un 35%.
La elección de 2015 nos dejó otro dato para reflexionar: Daniel Scioli perdió el ballotage a nivel nacional, pero lo ganó en la Provincia de Buenos Aires con más del 51% de los votos, lo que indica que, cuando la polarización es extrema, “cuando las papas queman”, el peronismo tiende a alinearse.
La elección de 2017 no cambió demasiado estos números. El 34% obtenido por CFK y por Esteban Bullrich se parecen mucho a los números obtenidos por Aníbal Fernández en la elección 2015 y a los logrados por María Eugenia Vidal en las PASO de ese mismo año.
En las mencionadas elecciones de 2017, la suma del 34% de CFK, el 15% de Massa y el 6% de Randazzo, da exactamente el mismo 55% que obtuvieron en conjunto, en la elección de 2015, Aníbal Fernández (35%) y Felipe Solá (20%). Y está muy cerca del 56.43% que obtuvo en 2011, en la Provincia de Buenos Aires, la fórmula Cristina Fernández-Amado Boudou.
Es decir que en un distrito clave como es la Provincia de Buenos Aires, el peronismo obtiene siempre entre un 55 y un 60% de los votos. Si va unido es imbatible. El problema ha sido, en varias elecciones de los últimos años (2009, 2013, 2015, 2017) que fue dividido en dos y aún en tres fórmulas distintas.
Por lo tanto la gran novedad de esos años, en la Provincia de Buenos Aires pero que se repite en muchos otros distritos, ha sido que mientras antes el peronismo aparecía unido y la derecha dividida, en las elecciones a las que hacíamos mención se produjo el fenómeno inverso: un peronismo fragmentado y una derecha unida, lo que permitió por ejemplo a María Eugenia Vidal acceder a la gobernación con menos del 40% de los votos.
En este contexto, la estrategia de Cristina Fernández fue, ya desde 2016, impulsar la reunificación del peronismo. Hay que volver a escuchar sus palabras frente a Comodoro Py, en el verano de ese primer año de gobierno de Macri, cuando retó a quienes insultaban a Diego Bossio, y dijo que había que construir una alianza amplia preguntando a sus integrantes no de donde venían sino a dónde querían ir.
Esta idea no pudo concretarse en 2017, donde el peronismo apareció nuevamente divido en tres fuerzas (Cristina, Massa y Randazzo), pero tuvo finalmente éxito en 2019.
La situación no era sencilla. Aunque el gobierno de Macri fue horroroso por donde se lo mire -resultados socio-económicos, corrupción o calidad institucional-, la fuerza política que lo llevó al poder no sólo mantuvo su unidad sino que mejoró su performance electoral. En 2015 Macri había obtenido un 34% de los votos. En 2019 alcanzó el 40%.
Tampoco debemos dejar de lado que, habiendo pasado un año desde la derrota cambiemita, más allá de algunos chirridos y declaraciones altisonantes, Juntos por el Cambio se mantiene unido, y forma una oposición abroquelada, oposicionista y a la que le interesa muy poco la gobernabilidad de las actuales autoridades. Una oposición que cuenta con un apoyo mediático abrumador, y una influencia sobre el aparato judicial mucho mayor que la casi nula que tiene el gobierno. Esto les permite el congelamiento -o un avance caracolesco- de las numerosas causas por corrupción que tienen abiertas sus dirigentes, y velocidades supersónicas en los juicios a ex funcionarios peronistas.
Por eso, si bien el 18 de mayo de 2019 Cristina sorprendió con el nombre del candidato elegido, y con su disposición a correrse al lugar de vicepresidente, no llamó mucho la atención la estrategia: era evidente, desde aquel discurso en Comodoro Py, que ella estaba buscando la fórmula o el candidato que permitiera unificar a las tribus peronistas bajo una bandera común.
En lugar de comprar un zapato que le pareciera bonito y tratar luego de meter el pie a como dé lugar en su interior, a fuerza de talco y calzador, miró el pie y encargó un zapato a medida.
El Frente de Todos es una alianza con sectores diversos, con muchas coincidencias, pero con otros temas donde hay discrepancias. Un Frente es un Frente y no un simple partido político debido a que sus integrantes tienen diferencias que no les permiten compartir plenamente un espacio, pero si pueden compartir una alianza.
Es muy probable que cuatro de cada cinco o seis de los votos obtenidos por el FdT en 2019 sean votos de Cristina. Pero, también es evidente que, sin ese plus que aportaron dirigentes más moderados, como el propio Alberto Fernández, como Sergio Massa, como Felipe Solá, como muchos gobernadores, se iba a un ballotage de resultado incierto, de pronóstico al menos nublado, quizás simplemente oscuro.
Por eso la unidad del Frente de Todos es un objetivo absolutamente prioritario para Alberto Fernández, para Cristina Fernández, y para todos los que no quieren que ese frente de derecha neoliberal, intolerante y agresivo, que obtuvo 40% de los votos, pueda volver al poder en 2023 o más adelante.
Cuando en un frente coexisten sectores más radicales y sectores más moderados el equilibrio es siempre difícil. El radical se debe moderar, y el moderado se debe radicalizar. Generalmente ambos se sienten incómodos con ese traje. Nadie está plenamente conforme.
La alternativa, sin embargo, es el regreso de una fuerza política cuyo plan económico deja afuera a más de la mitad del país, que no tiene empacho en reprimir a diestra y siniestra cualquier protesta, que no entiende demasiado las sutilezas legales de una democracia burguesa, y que ya ha demostrado su capacidad para encarcelar a cualquier dirigente político que les moleste, a cualquiera que se ponga enfrente.
Cuando tenemos solamente dos opciones, la menos mala es siempre la mejor.
Adrián Corbella
18 de diciembre de 2020
jueves, 29 de octubre de 2020
Máximo Kirchner y un ÉPICO DISCURSO: "A los que marchan con odio de clase hay que ofrecerle el amor del pueblo", por "Revolución Popular" del 28-10-20
El diputado nacional la rompió toda con un discurso imperdible recordando a Néstor y hablando de los desafíos que se vienen
MIÉRCOLES 28 DE OCTUBRE DE 2020
Máximo Kirchner descubrió una placa conmemorativa donde fue el primer acto de campaña a candidato a Presidente de Néstor Kirchner, paso seguido el padre Ricardo Carrizo bendijo la placa y a los q estaban presentes y para culminar en el cierre habló el diputado que dio unas palabras muy emotivas donde agradeció al pueblo varelense por el acompañamiento el apoyo incondicional a Néstor y Cristina.
Publicado en:
https://www.revolucionpopular.com/tv/maximo-kirchner-y-un-epico-discurso---a-los-que-marchan-con-odio-de-clase-hay-que-ofrecerle-el-amor-del-pueblo-_a5f98dce2d07837283eeb5743?s=08
miércoles, 28 de octubre de 2020
Néstor Kirchner "El hombre que no tuvo miedo" por Artemio López (para "En Orsai" del 27-10-20)
Néstor Kirchner
Se equivocó Claudio Escribano cuando advertía en su amenazante editorial del diario La Nación en el año 2003. "Podríamos pasar por alto una tercera conclusión, porque las fuentes consultadas en los Estados Unidos por quien escribe difieren de si se trata de la opinión personal de uno de los asistentes o de un juicio suficientemente compartido por el resto. Sin embargo, la situación es tal que vale la pena registrarla: la Argentina ha resuelto darse gobierno por un año".
Martes 25 de febrero de 2020
Se equivocaba Rosendo Fraga cuando a horas de la muerte de Néstor Kirchner escribió en el mismo diario: “La continuidad institucional no está en riesgo en la Argentina, pero puede estarlo la gobernabilidad en el tramo final del mandato de Cristina, si ella no aprovecha lo que posiblemente sea su oportunidad histórica: dejar de ser la presidenta de una facción, para pasar a serlo de todos los argentinos .
Y como es habitual erraba Mauricio Macri cuando afirmó: “Este tren que hemos dejado pasar tantas veces y que hoy nuevamente está en la estación de la Argentina para que nos subamos. Nos vamos a subir, aunque tengamos que tirar por la ventana a Kirchner porque no lo aguantamos más”.
ÉRAMOS LIBRES El mediodía del 3 de enero del 2006 Néstor Kirchner pagaba la deuda al FMI
El kirchnerismo logró no uno como soñaba Escribano, sino doce años de gestión exitosa y siempre acompañado de gran legitimidad social y electoral. Cristina no claudicó en su mandato como soñaba Fraga, sino que culminó dos períodos presidenciales consecutivos, sin torcer jamás el mandato de sus votantes y ambos con indiscutible acompañamiento ciudadano.
Por otra parte, nadie se animó a “tirar por la ventana” a Néstor Kirchner mientras vivió y el tren de Mauricio arruinó al país en solo cuatro años de recorrido. Más pobreza, más desempleo, más inflación, más deuda, y ese es el sino de nuestro futuro inmediato, lo sabemos. Tras superar aquellos días de macriato, siniestros para la democracia y sin Estado de derecho, nos sostenemos en la actitud personal y nada ni nadie nos va privar de darle el mejor homenaje que merece hoy Néstor Carlos Kirchner:
Defender el liderazgo de Cristina sin condicionamientos con la certeza absoluta de que es la única capaz de darle continuidad al proyecto iniciado en mayo del año 2003.
Estamos seguros de que la figura de Néstor Kirchner cobrará significación a medida que transcurra la historia. El mejor presidente desde la recuperación democrática, junto con Cristina, constituyó el único ejemplo de gobierno desde el año 1983, que tras cada mandato devolvían el país con indicadores socio económicos mejores que los que encontraban.
Bajó la pobreza a la mitad, y la indigencia a un tercio, desendeudó el país, restauró la autoridad presidencial en particular y la autoridad política en general en un país devastado por el neoliberalismo, cuya tercera etapa de disolución del poder político vivimos hoy, cuando el FMI ya diseña la política nacional a punto de tener su propio despacho en el Banco Central “independiente”.
Queremos recordar que adicionalmente a su enorme estatura como hombre político, Néstor Kirchner fue un gran ser humano, poseedor de la virtud de los santos: la valentía personal. Sabia de su destino, era consciente de los riesgos de su enfermedad y aun así se entregó a la tarea siguiendo sus más firmes convicciones y finalmente murió peleando por ellas.
Las mismas convicciones que nos transmitió y serán las que nos impulsen a defender el nuevo futuro gobierno el integrado por su compañera de toda la vida, Cristina, a pesar de las amenazas de los enemigos de la democracia que aún hoy la someten a persecución jurídica y mediática ya desde el año 2007, sin opacar en lo más mínimo su liderazgo y mucho menos afectar su espíritu.
Querido Néstor, a 70 años años de tu nacimiento no te vamos a olvidar, vamos a seguir tu ejemplo, vamos a cumplir.
Cristina Kirchner volvió y será mejor el futuro para todos los argentinos, piensen como piensen, en especial para quienes en algún momento, por circunstancias diversas, se enojaron con ella.
El soplo vital... sí, así era él. https://t.co/JcRImDP32s
Publicado en:
JULIO FERNÁNDEZ BARAIBAR: "¡Qué momento sobrenatural!"
Néstor en su versión Rockstar
¡Qué momento sobrenatural! Ignoro si sé puede comparar con algún otro. Yo no he vivido otro igual. https://t.co/Rp07bdqVKg
— Fernández Baraibar (@jfbaraibar) October 27, 2020
Publicado en:
https://twitter.com/jfbaraibar/status/1321124777587781633?s=08
martes, 27 de octubre de 2020
Sentimientos y certezas, por Cristina Fernández de Kirchner (para "Página 12" del 26-10-20)
Cristina Kirchner: Diez años sin él y a un año del triunfo electoral
Las tres conclusiones de Cristina Fernández de Kirchner a un año del triunfo electoral del Frente de Todos.
Por Cristina Fernández de Kirchner
Como todos y todas saben, no concurro a actividades públicas u homenajes que tengan que ver con aquel 27 de octubre. Tal vez sea un mecanismo inconsciente de no aceptación ante lo irreversible. No sé… Ya saben que la psicología no es mi fuerte. Pero además resulta que mañana también se cumple un año del triunfo electoral del Frente de Todos. ¿Qué increíble, no? Que la elección presidencial en la que volvimos a ganar haya coincidido justo con el 27 de octubre. Licencias que se toma la historia.
Cuando Néstor asumió la presidencia en el 2003, el país había sufrido, dos años antes, una crisis sin precedentes hasta ese momento. Todavía recuerdo aquella magnífica entrevista que Torcuato Di Tella le hiciera y que se publicó como libro bajo el título “Después del derrumbe”. Perfecta metáfora. El 10 de diciembre de 2019 a la Argentina otra vez la habían derrumbado, pero nadie esperaba, ni siquiera podía imaginar, lo que iba a venir apenas unos meses después.
El freno a la economía y la incertidumbre generalizada sobre que va a pasar con nuestra vida son agobiantes. No esta explicado en ningún libro ni hay teoría que lo resuelva. No hay soluciones. Es permanente ensayo y error. O mejor dicho: brote, contagio y volver otra vez para atrás. Aquí y en todas partes. Así y todo el tiempo. Sin embargo, aún en este marco de incertidumbre por la pandemia global y a casi un año de gobierno, sí podemos llegar a algunas certezas, al menos en el campo de la política.
Primera certeza
Durante mucho tiempo se sostuvo que uno de los problemas centrales durante mis dos mandatos como presidenta eran las formas: “no escucha”, “es confrontativa”, “no dialoga”, “no habla con los periodistas, “no responde preguntas”. Aún recuerdo un programa de televisión que armó un “coro de periodistas” que gritaban “queremos preguntar”. Por supuesto, nunca creí que ese fuera el problema. Como dice Máximo y conté en Sinceramente: “¿Y vos que creías? ¿Qué lo de las AFJP, las retenciones, YPF, paritarias libres y juicios de lesa humanidad eran gratis?”.
Sin embargo, no pocos dirigentes en el peronismo pensaban que efectivamente el problema eran las formas y no el fondo. Es más, muchos también le agregaban las cadenas nacionales y las características de mi retórica (por decirlo de un modo elegante). Y la verdad es que ese fue también uno de los motivos que culminó en mi decisión del 18 de mayo de 2019. Es que en política no solamente es lo que uno cree, sino lo que ve e interpreta el conjunto. Y resultaba esencial la construcción de un gran frente político y social que permitiera ganar las elecciones presidenciales con la convicción de que un nuevo mandato del macrismo arrasaría definitivamente con la posibilidad de un modelo de desarrollo argentino con inclusión social y razonable autonomía.
El 10 de diciembre de 2019 asumió como presidente de todos los argentinos y todas las argentinas Alberto Fernández. Fue Jefe de Gabinete durante toda la gestión de Néstor y durante los primeros meses de mi primer mandato. Luego la historia es conocida por todos y todas: se fue del gobierno y se convirtió en un duro crítico de mi gestión. Justo es decirlo, no fue el único. Sin embargo, la experiencia macrista en el gobierno y la relación de fuerzas que surgió en el peronismo luego de las elecciones parlamentarias del 2017, nos impuso la responsabilidad histórica, a quienes expresábamos la voluntad popular, de generar las condiciones para que el 10 de diciembre de 2019 alumbrara un nuevo Gobierno.
Sus características personales y su experiencia política al lado de Néstor, signadas por el diálogo con distintos sectores, por la búsqueda de consensos, por su íntimo y auténtico compromiso con el Estado de Derecho -tan vulnerado durante el macrismo-, su contacto permanente con los medios de comunicación cualquiera fuera la orientación de los mismos y finalmente su articulación con todos y cada uno de los sectores del peronismo que, dividido, nos había llevado a la derrota electoral; determinaron que junto a mí, como vicepresidenta, encabezara la fórmula del Frente de Todos que triunfó en las elecciones del 27 de Octubre, hace exactamente un año.
Así, en diciembre del año pasado asumimos después de cuatro años de gobierno de Mauricio Macri y nos encontramos otra vez con un nuevo derrumbe. Cuatro años en los que se volvió a endeudar al país a límites insostenibles, con el retorno del FMI a la Argentina que le sumó a la deuda de los privados 44 mil millones de dólares más. Cuatro años de tarifazos impagables en los servicios públicos, cierre masivo de PyMES, pérdida del salario y jubilaciones, etc, etc, etc. Todo ello resultado de aplicar las políticas públicas que los factores de poder económico y mediático reclamaron durante los 12 años y medio de nuestros gobiernos y que se comprobó, luego de Macri, sólo conducen al desastre generalizado. Pero lo peor estaba por venir: en los primeros meses del 2020 devino un hecho inédito, impensado e inimaginable. Ni siquiera fue un cisne negro, sino una pandemia incontrolable que no tendrá cauce -como lo comprobamos a diario en todo el planeta- hasta el surgimiento de una vacuna o de un tratamiento.
En este marco de derrumbe macrista más pandemia, quienes idearon, impulsaron y apoyaron aquellas políticas, hoy maltratan a un Presidente que, más allá de funcionarios o funcionarias que no funcionan y más allá de aciertos o desaciertos, no tiene ninguno de los “defectos” que me atribuían y que según no pocos, eran los problemas centrales de mi gestión. El punto culmine de ese maltrato permanente y sistemático, se produjo hace pocos días en un famoso encuentro empresario autodenominado como lugar de ideas, en el que mientras el Presidente de la Nación hacía uso de la palabra, los empresarios concurrentes lo agredían en simultáneo y le reprochaban, entre otras cosas, lo mucho que hablaba.
Primera certeza: Castigan al Presidente como si tuviera las mismas formas que tanto me criticaron durante años. A esta altura ya resulta inocultable que, en realidad, el problema nunca fueron las formas. En realidad, lo que no aceptan es que el peronismo volvió al gobierno y que la apuesta política y mediática de un gobierno de empresarios con Mauricio Macri a la cabeza, fracasó. Es notable, sobre todo en el empresariado argentino, el prejuicio antiperonista. Notable y además inentendible si uno mira los resultados de los balances de esas empresas durante la gestión de los gobiernos peronistas o kirchneristas -como más les guste-. Este prejuicio no encuentra explicación ni desde la política, ni desde la economía, y a esta altura me permito decir que ni siquiera desde la psicología… aunque ya les advertí que de eso no sé. Pero no quedan dudas que esta actitud incomprensible ha sido y es una de las dificultades más grandes para encauzar definitivamente a la Argentina.
Segunda certeza
Como se han quedado sin la excusa de las formas, tuvieron que pasar a un segundo guión: “Alberto no gobierna”, “la que decide todo es Cristina”, “rencorosa” y “vengativa”, que sólo quiere solucionar sus “problemas judiciales”.
Debo reconocer que son poco creativos. El relato del “Presidente títere” lo utilizaron con Néstor respecto de Duhalde, conmigo respecto de Néstor y, ahora, con Alberto respecto de mí. Después de haber desempeñado la primera magistratura durante 2 períodos consecutivos y de haber acompañado a Néstor durante los 4 años y medio de su presidencia, si algo tengo claro es que el sistema de decisión en el Poder Ejecutivo hace imposible que no sea el Presidente el que tome las decisiones de gobierno. Es el que saca, pone o mantiene funcionarios. Es el que fija las políticas públicas. Podrá gustarte o no quien esté en la Casa Rosada. Puede ser Menem, De La Rúa, Duhalde o Kirchner. Pero no es fácticamente posible que prime la opinión de cualquier otra persona que no sea la del Presidente a la hora de las decisiones.
En cuanto a lo de “rencorosa” y “vengativa”. A nosotros nunca nos movió el rencor ni la venganza. Al contrario, la responsabilidad histórica y el deber político para con el pueblo y la Patria guiaron todas y cada una de nuestras decisiones y acciones. No hay demostración más cabal de ello que haber decidido con el volumen de nuestra representación popular, resignar la primera magistratura para construir un frente político con quienes no sólo criticaron duramente nuestros años de gestión sino que hasta prometieron cárcel a los kirchneristas en actos públicos o escribieron y publicaron libros en mi contra. Deberán esforzarse mucho para encontrar en la historia argentina ejemplos similares.
Por último, eso de que “sólo quiere solucionar sus problemas judiciales” (SIC), a esta altura ya resulta inaceptable. Lo único que queremos es el correcto funcionamiento de las instituciones y que se garantice la aplicación de la Constitución Nacional y la ley a todos y todas por igual, sin doble vara ni privilegios. Resulta insoslayable señalar que utilizan el eufemismo “problemas judiciales” para ocultar lo que hicieron en Argentina y en la región con el Estado de Derecho: se lo llevaron puesto para proscribir a los líderes populares. Con la articulación de sectores del Poder Judicial, los medios de comunicación hegemónicos y distintas agencias del Estado, durante el gobierno macrista se perpetró una persecución sin precedentes contra mi persona, mi familia y contra muchos dirigentes de nuestro espacio político. De ello hoy dan cuenta las escandalosas revelaciones y el hallazgo de pruebas a la luz del día, acerca de las conductas de periodistas, fiscales, jueces, agentes de inteligencia, dirigentes políticos y hasta del mismísimo Presidente Macri involucrado personalmente en los mecanismos de espionaje, extorsión y persecución.
Sin ir más lejos, miren Bolivia. Nada menos que la OEA dirigió un Golpe de Estado diciendo que había habido fraude en las elecciones presidenciales del año pasado. El resultado de las recientes elecciones en ese país hermano, me eximen de mayores comentarios. Y después dicen que el Lawfare no existe.
Segunda certeza: en la Argentina el que decide es el Presidente. Puede gustarte o no lo que decida, pero el que decide es él. Que nadie te quiera convencer de lo contrario. Si alguien intentara hacerlo, preguntale que intereses lo o la mueven.
Tercera certeza
Cuando terminé mi gestión el 10 de diciembre de 2015 la Argentina estaba desendeudada, el FMI al que le debíamos desde el año 1957 era sólo un recuerdo de los mayores de 21 años, los pagos de la deuda reestructurada en el 2005 y en el 2010 se llevaban a cabo con normalidad y sin recurrir a nuevo endeudamiento y el perfil de vencimientos para los años subsiguientes era más que sostenible. La desocupación era del 5,9%, los salarios y las jubilaciones -tomadas en dólares- eran las más altas de América Latina y la cobertura previsional había superado con creces el 90% de la población. La inflación, medida por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, no superaba el 25% anual.
Sin embargo, la restricción externa -léase: escasez de dólares o excesiva demanda de dicha moneda; según como se mire- que apareció luego de haber soportado 6 corridas cambiarias -la última durante el año 2011, en el que fui electa por segunda vez consecutiva Presidenta de la Nación- motivó la regulación cambiaria que los medios hegemónicos bautizaron “cepo”. Dicha regulación establecía un tope para la compra de dólares para ahorro que era de USD 2500 por mes. Si, tal como se lee: USD 2500 por mes. Si la analizamos con perspectiva, la restricción no sólo era razonable, sino que daba cuenta del nivel del poder adquisitivo de ciertos salarios de la época. Muchos compraban dólares y muchos compraban el tope mensual. ¿Quién podría hoy acceder a esos USD 2500 para ahorrar mes a mes? Casi nadie. Sin embargo, por haber establecido dicha restricción cambiaria, nuestro gobierno fue atacado día a día por los medios hegemónicos. Un ataque sistemático que hasta incluyó movilizaciones convocadas por la oposición política y fogoneadas por aquellos mismos medios.
Así las cosas, el 10 de diciembre de 2015 asumió Mauricio Macri como Presidente de la Nación. De allí en adelante, las políticas de la República Argentina giraron 180 grados y se inauguró una gestión de gobierno conducida por empresarios que receptó en sus políticas públicas todas y cada una de las demandas de los distintos factores de poder económico de la Argentina, incluido su alineamiento acrítico en materia de política exterior. Apenas asumió liberó la cuenta capital, eliminó la regulación cambiaria -levantó el “cepo”- y decidió la apertura indiscriminada de importaciones dando inicio al período de endeudamiento más vertiginoso del que se tenga memoria y que culminó con un inédito préstamo para los argentinos y para el mismísimo FMI de 44 mil millones de dólares, destinado a financiar la campaña electoral para la reelección de Mauricio Macri como presidente.
Macri terminó su gobierno con una deuda impagable, con el FMI instalado otra vez en nuestro país, con una desocupación rondando los dos dígitos, con salarios y jubilaciones por el piso, con tarifas dolarizadas e impagables y con una inflación muy superior al 50%. Sin embargo, a pesar de los miles de millones de dólares ingresados al país como deuda, Macri tuvo que reestablecer el denominado “cepo” cambiario pero con una restricción mucho mayor: sólo podían comprarse para ahorro USD 200 por mes -menos del 10% de aquellos tan cuestionados USD 2500-. Después de cuatro años, el gobierno de los empresarios y de la derecha argentina, disparó al infinito el problema de la restricción externa, al endeudar a la Argentina como nunca nadie lo había hecho antes.
Hoy, luego del derrumbe macrista y en plena pandemia, y pese a no tener obligaciones de pago en moneda extranjera en lo inmediato gracias a la reestructuración de deuda llevada a cabo por el Gobierno, con superávit comercial y mayor nivel de reservas en el BCRA que cuando terminó mi gestión, continuamos con la restricción externa de esa moneda -o faltan dólares o hay demasiada demanda- a la que se suma una más que evidente extorsión devaluatoria.
Es que la Argentina es el único país con una economía bimonetaria: se utiliza el peso argentino que el país emite para las transacciones cotidianas y el dólar estadounidense que el país -obviamente- no emite, como moneda de ahorro y para determinadas transacciones como las que tienen lugar en el mercado inmobiliario. ¿Alguien puede pensar seriamente que la economía de un país pueda funcionar con normalidad de esa manera?
El problema de la economía bimonetaria no es ideológico. No es de izquierda ni de derecha. Ni siquiera del centro. Y no hay prueba más objetiva de esto que la alternancia de modelos políticos y económicos opuestos que se operó el 10 de diciembre de 2015. Todos los gobiernos nos hemos topado con él. Unos intentamos gestionarlo con responsabilidad, desendeudando al país en un marco de inclusión social y desarrollo industrial. Otros de orientación inversa -como el de Mauricio Macri- siempre han “chocado la calesita” con endeudamiento y fuga. Pero lo cierto es que ese funcionamiento bimonetario es un problema estructural de la economía argentina.
Tampoco es una cuestión de clase: los dólares los compran tanto trabajadores para ahorrar o para hacer una diferencia que mejore el salario, como empresarios para pagar las importaciones necesarias para hacer funcionar su empresa, para ahorrar y también, bueno es decirlo, para fugar formando activos financieros en el exterior, siendo esta última actitud una de las que más han contribuido a las crisis cíclicas de la Argentina.
Tampoco es producto de las experiencias hiperinflacionarias de la Argentina. Circula en redes un pequeño video de un reconocido humorista ya fallecido, sobre la pasión nacional por el dólar. El video data de 1962: Arturo Illia no había asumido como Presidente y Raúl Alfonsín estaría todavía de pantalones cortos en Chascomús. La coartada de la “hiper” para explicar el problema es también insuficiente. Basta recordar a Perón Presidente en la década del ’50 preguntando: “¿Alguien vio alguna vez un dólar?”
Tercera certeza: la Argentina es ese extraño lugar en donde mueren todas las teorías. Por eso, el problema de la economía bimonetaria que es, sin dudas, el más grave que tiene nuestro país, es de imposible solución sin un acuerdo que abarque al conjunto de los sectores políticos, económicos, mediáticos y sociales de la República Argentina. Nos guste o no nos guste, esa es la realidad y con ella se puede hacer cualquier cosa menos ignorarla.
En este 27 de octubre, quiero agradecer a todos y cada uno de los argentinos y las argentinas, las muestras de reconocimiento, cariño y amor hacia quien fuera mi compañero de vida.
Y especialmente a Alberto, tanto por la decisión de repatriar la figura de bronce de Néstor que alguna vez emplazamos en la sede de la UNASUR en Quito, allí en la exacta mitad del mundo, como la de su nuevo emplazamiento en el hall del Centro Cultural Kirchner. Sinceramente, es una caricia al alma.
Néstor amaba ese lugar. Cuando lo recorrimos juntos el 24 de mayo del 2010 en el marco de los festejos del Bicentenario para inaugurar la primera parte de la obra que culminaría en el centro cultural más grande de Latinoamérica, me comentó que a ese lugar su padre -a quien adoraba- lo llevaba cada vez que venía a Buenos Aires. Es que el abuelo de mis hijos era empleado del Correo, llegando a ser su tesorero allá en Santa Cruz. Néstor me contó que le enseñaba con orgullo la grandiosidad del lugar, como si fuera suyo, una característica de los empleados del Correo Argentino… Orgullo de pertenecer. Mientras me contaba se le vidriaban los ojos, como cada vez que se acordaba de su padre. Sí, definitivamente es un buen lugar para él.
Publicado en:
https://www.pagina12.com.ar/301770-cristina-kirchner-diez-anos-sin-el-y-a-un-ano-del-triunfo-el
NÉSTOR CARLOS KIRCHNER, 1950-2010
domingo, 4 de octubre de 2020
Mi historia con Néstor Kirchner, el mejor presidente que tuvo la democracia, por Alberto Fernández (para "Infobae" del 03-10-20)
Néstor Kirchner junto al entonces jefe de Gabinete, Alberto Fernández, al finalizar un acto en la Plaza de Mayo (Foto NA: Damián Dopacio)
Historias personales, anécdotas políticas, estrategias compartidas, recuerdos y escenas desconocidas se suceden en “Néstor, el hombre que cambió todo”, el libro que compiló Jorge “Topo” Devoto y que Planeta publica este mes. En esta nota, el testimonio del presidente de la Nación, a manera de adelanto
Por Alberto Fernández
3 de Octubre de 2020
«Kirchner te quiere conocer», me dijo Eduardo Valdés.
Era un día de invierno de 1996 y yo había publicado un artículo en Clarín que giraba en torno a la idea de que «la palabra desregular no existía». Empezaba señalando que al escribir esa palabra en la computadora, el Word (toda una novedad de Microsoft para la época) la subrayaba con una suerte de «viborita» roja que la señalaba como mal escrita. Ese error se marcaba, sencillamente, porque esa palabra no se reconocía en el idioma español. Ninguna sociedad vive sin regulaciones y «desregular» quería decir tanto como quitar las reglas. A partir de esa idea, el artículo criticaba las políticas que habían desregulado los mercados y planteaba la necesidad de que siempre existieran normativas capaces de proteger a los más débiles.
En ese entonces, yo era vicepresidente ejecutivo del Grupo Banco Provincia. Néstor había leído el artículo y expresó su deseo de conocerme. Entonces, Eduardo Valdés organizó una cena que se concretó en el restaurante Teatriz, que con el tiempo se convertiría en nuestro lugar de encuentro.
Esa primera reunión puso en evidencia nuestras muchas coincidencias. Sentí que Néstor era el político que yo buscaba y él sintió que yo podía ayudarlo. Hablamos de todos los temas hasta la una y media de la mañana. Él era crítico de las políticas excluyentes del menemismo.
Desde ese día, de allí en más, cada vez que viajaba a Buenos Aires siempre me llamaba para almorzar, cenar o tan solo para compartir un café y una charla.
"Néstor, el hombre que cambió todo", publicado por Planeta
Al poco tiempo de conocernos llegó la campaña presidencial de Duhalde para las elecciones de 1999. Los dos estábamos convencidos de la necesidad de acompañarlo. En los hechos, Néstor fue el único gobernador que explícitamente lo apoyó. Al mismo tiempo, Duhalde estaba preocupado por la cantidad de peronistas que dejaban nuestro espacio corriendo detrás de Chacho Álvarez. Entonces nos citó a una reunión a Julio Bárbaro, Alberto Iribarne, Jorge Argüello y a mí. Nos planteó ese problema. Me miró y me dijo: «Vos que sos amigo de todos los progres que tiene el peronismo, por qué no me ayudás a armar un grupo».
Así empezó a formarse el grupo que se reunía en el Banco Provincia y que después se convirtió en el Grupo Calafate. En un inicio sumamos a Norberto Ivancich, Miguel Talento e Ignacio Chojo Ortiz. Después el grupo fue creciendo. Entonces llegaron Mario Cámpora, Elvio Vitali y algunos otros. Los medios empezaban a decir que había una nueva usina de pensamiento, un poco parecido a lo que después fue el Grupo Callao, con más volumen en aquel momento.
Un día Néstor me dice: «Che, ¿por qué no la metés a la flaca en ese grupo?». Claro que las relaciones entre Cristina y Eduardo Duhalde no eran la armonía perfecta. Así que decidí informárselo a Duhalde como un hecho consumado.
El grupo almorzaba en el comedor del Grupo Banco Provincia. Cristina se sumó y estábamos discutiendo dónde y cómo realizar el primer encuentro. Yo proponía, como después lo hice con el Grupo Callao, que fuera cerrado, de reflexión, que no fuese fácil acceder, y quería que el primer encuentro fuera en un lugar alejado. Mi idea era que los periodistas pudieran estar presentes y escuchar los debates, pero que nosotros no hiciéramos declaraciones ni diéramos entrevistas. Cristina propuso hacer la primera reunión en Calafate. En ese momento, ninguno de nosotros sabía qué era Calafate. Pero nos convenció.
Cuando la reunión se concretó, éramos poco más de veinte personas. Se sumaron «el Bebe» Righi, Carlos Kunkel, Ana Jaramillo y Mari Feijoo, entre otros.
La segunda reunión del grupo fue en Tanti, Córdoba, y ahí se produjo una tensión entre Néstor y Eduardo. Porque el encuentro lo cerraba Duhalde, que llegó acompañado por «el Chiche» Aráoz, su jefe de campaña. Eso le molestó mucho a Néstor. La reunión era en una mesa cuadrada grande, yo estaba al lado de Duhalde, lo presenté y cuando empezó a hablar, Néstor se levantó y se fue. Todos los periodistas vieron la escena.
Con disimulo dejé mi lugar y me fui detrás de Néstor, que estaba furioso. Traté de calmarlo teniendo en cuenta que estábamos terminando una campaña que pronosticaba una derrota segura. Nos fuimos a caminar y lo convencí de que volviera antes de que terminara de hablar Duhalde. Al final, se sacaron una foto juntos.
Las características de esa relación obviamente fueron muy importantes años después, en la definición de la candidatura a presidente de Néstor. En el 2000, cuando había ganado la Alianza y había tanta expectativa, nosotros pensamos que era posible que ellos reeligieran. Por lo tanto, trabajamos con el objetivo de que Néstor fuera candidato en el 2007.
Un día me llama y me dice que viene al día siguiente a Buenos Aires, que quería hablar conmigo. Nos encontramos en un bar en la plaza Vicente López, que se llamaba Ópera Prima. La dueña del bar era la hija de un ex militante montonero, Juan Añón. Íbamos siempre ahí, tenía libros y era un bar literario. Me acuerdo de que allí, Néstor volvió a repetirme algo que ya me había dicho mientras caminábamos en Tanti: «Nosotros tenemos que dejar de ser el ala progresista de un partido conservador». Así hablaba del peronismo. Y agregó: «Creo que ahora tenemos que empezar a ser nosotros mismos, tenemos que lanzarnos ya a construir nuestra fuerza. Al primero que se lo digo es a vos, porque no hay nadie más en Buenos Aires que me ayude. Si vos me decís que no, no puedo hacer nada».
Yo ya había sido electo legislador porteño y recuerdo que le dije: «Bueno, quedate tranquilo, hay un legislador kirchnerista en Buenos Aires». Y le comenté que le iba a avisar a Duhalde. Esa misma tarde fui a verlo a unas oficinas que tenía arriba del Café Tortoni. Le conté la conversación y le dije: «Quiero serle franco, a partir de este momento voy a trabajar con Néstor». Nos habíamos fijado dos propósitos: queríamos ser parte de la discusión del 2003 y que Néstor fuera candidato en el 2007. Duhalde me dispensó una mirada incrédula, como si Néstor y yo fuéramos dos quijotes que no entendían nada. Así, como queriendo salir rápidamente de la escena, me dijo: «Sí, metele». Me di cuenta de que me trataba como si fuera un delirante, pero sentí que me sacaba un peso de encima, porque yo le había dicho lo que tenía que decirle.
La candidatura
Cuando empezábamos a trabajar con Néstor, todo se precipitó. Se agudizó la crisis, la renuncia de De la Rúa, la semana de los cinco presidentes. Asumió Rodríguez Saá con el compromiso de llamar a elecciones en noventa días. Y ahí decidimos con Néstor que él debía ser candidato. Pero no se animaba a decirlo, porque éramos muy débiles. En ese momento, Rodríguez Saá le propuso ser el jefe de Gabinete y Néstor tenía que ir a la Casa Rosada. Entonces lo acompaño hasta la Plaza de Mayo y le digo: «Es muy importante que tengamos presente que cuando salgas, los periodistas te van a preguntar qué hablaste con Rodríguez Saá». Me dice que no iba a comentar nada de la oferta y que diría que habían hablado del futuro de la Argentina. Entonces le digo que después lo iban a interpelar sobre si en las próximas elecciones iba a ser candidato. Como tantas veces, tuvimos una discusión, él pensaba que no se lo iban a preguntar. A mí me parecía importante que cuando se lo consultaran, Néstor anunciara claramente su candidatura.
Me dijo que lo esperara en el café que está en diagonal al Cabildo, y se fue a verlo a Rodríguez Saá. Al terminar su reunión, los medios lo abordaron para hacerle un reportaje. En la segunda pregunta ocurrió lo esperado: «¿Usted va a ser candidato a presidente?», indagó el periodista.
Néstor tragó saliva y dijo lacónicamente: «Sí, yo voy a ser candidato». Al rato, llega al bar, me da una palmada en la espalda y dice: «¿Me viste?». Y justo en ese momento la placa roja de Crónica anunciaba: «Kirchner será candidato a presidente». Yo lo miré y le dije: «Muy bien, ahora sí podemos empezar a construir». Y me respondió: «Vamos a comer con la flaca, vamos a comer con la flaca».
Cuando llegamos, Cristina nos recibió de mal talante. Le dijo a Néstor que del ridículo no se volvía, en clara alusión al lanzamiento de su candidatura. A mí me responsabilizó porque le iba a hacer perder a Néstor la provincia y por haberlo metido en ese berenjenal. La señora que trabajaba en la casa había preparado milanesas con papas fritas. Cristina se levantó y nos dejó comiendo solos. Y allí quedamos, como dos pibes almorzando en penitencia.
Asunción de Eduardo Duhalde el 2 de enero de 2002 (Télam)
Ahí empezamos. Asumió Duhalde. Al poco tiempo le ofreció ser jefe de Gabinete; yo quería que aceptara, porque estaba pensando en la elección y a Néstor no lo conocía nadie. Tenía un 23 % de conocimiento en todo el país. Cristina me decía que estaba loco, que era sacrificarlo, que iba a ser su final político. A la noche, Néstor me dijo que iba a decir que sí. Cuando se levantó, había decidido decir que no.
Las muertes de Kosteki y Santillán llevaron a Duhalde a adelantar el llamado a elecciones. Ahí empezamos a movernos y a hacer campaña. Logramos instalarnos y crecer un poco. Cuando se acerca el momento de definir cómo enfrentar la elección, Néstor estaba muy enfrentado con Eduardo. El gobierno había puesto retenciones a la exportación de petróleo y obviamente eso afectaba los ingresos fiscales de Santa Cruz. Con lo cual Néstor criticaba a Duhalde por las retenciones, mientras Duhalde lo acusaba de ser lobbista de Repsol. Estaba todo mal.
Mandé a hacer una serie de encuestas. Todas me indicaban que nosotros teníamos entre 9 y 12 puntos. Menem tenía 25, Carrió alrededor de 16, Rodríguez Saá tenía 13 o 14 puntos. Lo llamé a Néstor y le dije que necesitaba dos horas en la Casa de Santa Cruz, y que nadie nos interrumpiera. La reunión se concretó y duró una tarde entera. Le mostré todos los datos. Yo le decía que la única solución era que nos uniéramos a alguien. Obviamente, Menem o López Murphy estaban descartados.
Nos quedaban Rodríguez Saá y Carrió. Pero las encuestas mostraban que si nos uníamos al puntano, solo funcionaría si Néstor era el candidato a presidente. Porque si era Rodríguez Saá, todos nuestros votos se irían con Carrió, que representaba un voto progresista en aquel momento. Entonces, Néstor me dice que la única opción era hablar con Carrió.
Ante tal planteo decidí mostrarle una carta que hasta entonces me había reservado. Recurrí a una encuesta de Analía del Franco que tenía un dato importante. El 26% de los bonaerenses votaría a Duhalde si fuera candidato. Si el dato era correcto, teníamos que hacer un acuerdo con el entonces presidente para que ese 26 % lo votara a Néstor. Él no quería, decía que con Duhalde no se podía hablar. Yo le decía que si nos aliábamos con Carrió, nos íbamos a pelear a los diez minutos, y además estaba seguro de que no aceptaría. Entonces me dijo: «Probá lo de Carrió y solo si eso no sale, fijate lo de Duhalde, pero me tenés informado todo el tiempo».
Entonces lo llamé a Balito Romá y le expliqué. Me respondió en el momento que una alianza con Carrió era imposible. Le respondí: «Vos solo consultalo y mañana decime que no, es todo lo que necesito». Yo rogaba que me dijeran que no. Y efectivamente, al día siguiente me dijo que no, así que la diputada chaqueña estaba descartada. Lo llamé a Néstor, le conté que Carrió no quería saber nada con nosotros, así que teníamos que trabajar la posibilidad de hacer un acuerdo con Duhalde, que había empujado a Reutemann, quien no aceptó. En ese momento estaba empujando a De la Sota, que según la opinión de Duhalde, «no movía el amperímetro». Entonces lo fui a ver a la Casa Rosada y me dijo que quería hablar con Néstor, que le dé garantías de que iba a dejar de criticarlo. «Ya viste cómo es el Flaco... es un loco», sostuvo. Le dije que las garantías que pedía se las daba yo. Y me propone hacer una reunión con Néstor en Casa de Gobierno para poder conversar.
Cuando le conté a Néstor, no quiso saber nada: «¿Yo voy a ir a verlo? Ni loco». Y yo le decía: «Pero es el presidente». Nada que hacer. Entonces vuelvo a verlo a Duhalde; le digo: «Mire, Néstor está encantado de hablar con usted, pero no en Casa de Gobierno porque están todos los periodistas». «¿Y a dónde quiere verme?», me pregunta. «Y bueno –le digo– podría ser en la casa de él o en la mía». «Pero querido –me dice Duhalde– soy el presidente, si me subo a un auto y voy a su casa, en cinco minutos está lleno de periodistas, es imposible; si le jode, que vaya a Olivos y que entre por Libertador».
Me fui preocupado, no sabía si Duhalde se había quedado molesto. Pero no, al día siguiente me pidió que fuera a verlo. Entré a su despacho y me senté en el escritorio frente a él mientras mandaba a llamar a Toledo, que era el responsable de Obras Públicas. Le preguntó en qué estado estaba el acuerdo para hacer obras en la Patagonia. «Está listo», dijo Toledo. Entonces, Duhalde anuncia: «Vamos a hacer un acto en el quincho de Olivos, con todos los gobernadores e intendentes de la Patagonia». La verdad era que no había nada para firmar, la Argentina estaba en una situación crítica, las obras eran un cordón acá y una cuneta allá.
Nos quedamos otra vez a solas y me dijo: «Decile al Flaco que no se tiene que preocupar, es un acto protocolar, van a estar todos los gobernadores, cuando termina, yo me voy por la puerta de atrás a la Jefatura, que él venga y conversamos». Y así fue. Lo acompañé a Néstor. Después del acto, ellos dos se reunieron a solas y yo me quedé afuera esperando.
Cuando terminó la reunión, nos subimos al auto con Néstor y le pregunté cómo le había ido. Él desconfiaba mucho de Duhalde, no salió conforme. Pero apenas estábamos saliendo por la calle Villate, sonó el teléfono y era el secretario del presidente: «¿Qué hacés, Betito? Dice el Negro que mañana vengas a desayunar con él». Entonces le dije a Néstor: «Menos mal que Duhalde no nos iba a tener en cuenta, me parece que está mal tu termómetro».
Al día siguiente fui al chalet presidencial y me recibió en el living. Estaba recostado en un sillón, con una corbata sin hacer y me contó que estaba por llegar Mariano Grondona a hacerle un reportaje. Entonces me dijo: «Estoy en el peor de todos los mundos. Hay dos candidatos que si ganan, me quieren matar». Se refería a Menem y a Rodríguez Saá. «El que más me gusta a mí no quiere aceptar». Ese era Reutemann. «El que me queda como opción no mueve el amperímetro», por De la Sota. «Y el quinto no para de criticarme».
Lo miré y le dije: «Entonces le queda un candidato». «Pero no para de criticarme», respondió. «Bueno, yo me comprometo a que deje de criticarlo». «Vos sos la garantía», me dijo. Se dio vuelta y sacó una carpeta. Era su proyecto para que se autorizara a que el PJ tuviera más de un candidato a la presidencia. Eso se iba a presentar en el congreso del PJ, porque él quería evitar la interna, ya que allí Menem tenía todas las posibilidades de ganar. «Estos son los neolemas –me dijo–, hay que llegar a la segunda vuelta porque Menem está primero».
El congreso se hizo en Lanús y se aprobó la autorización, siempre y cuando fueran candidatos en distintos frentes. Y así fuimos a la elección. El plan era salir segundos e ir al ballottage. Y así fue, salimos segundos.
Las encuestas decían que arrasábamos en el ballottage. El 14 de mayo teníamos una cena con periodistas. Cerca del mediodía me llama Claudio Escribano y me dice: «Lo llamo para liberarlo, no va a hacer falta que vengan». Yo no entendía, le respondí que sí iríamos. «No van a poder venir porque en unas horas Menem va a anunciar que se baja de la candidatura, así que van a estar ocupados con otros temas, lo haremos más adelante».
Me sentí muy desorientado. Estaba a pocas cuadras de la casa de Néstor, en un mercadito. Me pregunté si no sería una operación. Entonces lo llamé a Nicolás de Vedia, que era la mano derecha de Eduardo Menem, y me confirmó que era cierto, que Menem ya había firmado. «Se baja porque lo van a liquidar y él prefiere quedarse diciendo “nunca perdí”, se va a anunciar a las 17 h».
Apenas corté lo llamé a Néstor y le dije: «Néstor, ya sos Presidente». «¿De qué hablás», me dice. Le conté y le expliqué que teníamos que cambiar todo lo que teníamos previsto. «Venite para acá», me dijo. Llegué a las corridas y le grité: «¡Presidente!». Néstor estaba serio, empezó a lanzar insultos contra Menem. Cristina también. «Nos privó de la victoria y nos obliga a asumir con el 22 % de los votos». Y yo les decía: «Ya está, ya llegamos, el resto lo tenemos que construir nosotros». Entonces le propuse que organizáramos un acto para las 18 h, que midamos bien las palabras, porque ya serían las palabras del Presidente electo.
Néstor propuso que almorcemos y que después Cristina y yo preparásemos el discurso. Le propuse a Cristina que fuéramos a mi estudio para usar la computadora y la impresora, porque en la casa de Néstor no había nada. Era un texto muy duro afirmando que Menem había roto las reglas de la democracia y la república. Recuerdo que Cristina quería ser más dura y yo trataba de aliviar un poco las palabras. Ella ponía fuego y yo intentaba bajar un poco los decibeles.
Al día siguiente, Escribano publicó un artículo diciendo que si fuera Kirchner, echaría a quien le hubiera escrito ese discurso. Y Néstor decía: «Los voy a echar a ustedes dos». Y se reía.
La presidencia
Néstor Kirchner asumió como presidente el 25 de mayo de 2003
Néstor tenía sus convicciones y su trayectoria. Asumió en un momento complejo para la Argentina, en pleno default, con los porcentajes de desocupación más altos de la historia, con el aparato productivo y el tejido social muy dañados. Él entendía la política como herramienta de reparación de la injustica y como motor del cambio social.
Fueron años de creciente sintonía política en la región. El modelo de especulación financiera no solo había estallado en Argentina, también había hecho eclosión en otros países.
Algunas empresas privatizadas habían tenido actuaciones más que cuestionables. La primera estatización de Kirchner fue el Correo Argentino, anulando la concesión a Socma, de la familia Macri. Eso fue parte de un Estado que recobraba una participación activa para impulsar la economía y regular los servicios públicos. Después se derogó la ley de flexibilización laboral, conocida como «Ley Banelco».
Su primer 24 de marzo como Presidente, Kirchner ordenó descolgar los cuadros de los dictadores Jorge Rafael Videla y Reynaldo Bignone que aún se exhibían en las paredes del Colegio Militar. Ese mismo día firmó el traspaso de la ESMA a los organismos de derechos humanos.
Néstor sabía que el 2005 era la posibilidad de consolidar su liderazgo político. Él estaba convencido de que iba a salir bien. Y tenía razón. Lo habían acusado hasta el cansancio de ser «el Chirolita de Duhalde». Todos sabemos que nunca fue eso, pero la elección donde Cristina le ganó por amplio margen a Chiche abrió una nueva etapa. Otra vez era necesario dirimir en las urnas la situación del peronismo.
La Corte Suprema declaró inconstitucionales las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, aprobadas en 1986 y 1987. También Néstor responsabilizó al propio Estado por su actuación ante el atentado a la AMIA. El decreto señalaba «la responsabilidad que le incumbe (al Estado argentino) por no haber adoptado medidas idóneas y eficaces».
También en el 2005 fue la Cuarta Cumbre de las Américas, donde planteó su rechazo al proyecto del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) considerando que ayudaría muy poco a la convivencia democrática de los pueblos. Y se generó una enorme química con Lula, con Chávez y con otros presidentes.
Néstor Kirchner y el entonces presidente venezolano en la visita que hizo a la Argentina por la Cumbre del ALCA en Mar del Plata. (NA)
Poco después anunció en la Casa Rosada que cancelaba de manera anticipada la deuda con el FMI, para «ganar grados de libertad para la decisión nacional». Otra decisión histórica.
El gobierno rescindió el contrato de concesión con Aguas Argentinas por diversos «incumplimientos en la prestación del servicio». Mediante un DNU creó la empresa estatal Aguas y Saneamiento Argentino (AySA).
Hubo momentos dramáticos. La desaparición de Julio López y el asesinato a quemarropa del docente Fuentealba estuvieron entre los que más estremecieron a Néstor.
A mediados del 2007, el Frente para la Victoria anunció que Cristina sería la candidata presidencial. Y junto a Néstor ampliamos el Frente para incluir a sectores del radicalismo. Se ganaron 19 de las 24 provincias, y se obtuvo mayoría en ambas cámaras. Además de ganar en primera vuelta.
Para mí, en el gobierno de Néstor hubo tres momentos decisivos. El primero fue terminar con la mayoría automática de la Corte Suprema. Al inicio del gobierno, el juez Nazareno dijo públicamente que si los jueces de la Corte lo querían, podían volver a dolarizar la economía. Néstor llegó furioso a la Casa Rosada. Al mediodía me dijo: «Vamos a almorzar a Olivos». Y me contó: «Nosotros tenemos que avanzar; cómo van a hacer esto, con esa amenaza no nos quieren dejar gobernar, son terribles. Hagamos ya un discurso, lo grabo y anuncio que voy a pedirles el juicio político a los que forman la mayoría automática». Por cadena nacional, el Presidente le pidió enérgicamente al Congreso Nacional que iniciara el juicio político contra algunos miembros de la Corte Suprema de Justicia.
Néstor Kirchner y Alberto Fernández durante la ceremonia de jura de senadores electos (Foto NA: HUGO VILLALOBOS)
Fue un discurso muy breve que armó un enorme revuelo y que terminó en uno de los cambios institucionales más importantes. No hubo sector político que pudiera cuestionar todo el proceso legal e institucional para tener la mejor Corte Suprema de Justicia. Al año siguiente se terminó de renovar la Corte con el ingreso de Carmen Argibay, que se sumaba a Ricardo Lorenzetti, Eugenio Zaffaroni y Elena Highton de Nolasco. Permanecieron Carlos Fayt, Augusto César Belluscio, Juan Carlos Maqueda y Enrique Petracchi.
El segundo momento determinante fue el Kirchner de los derechos humanos. Tuvo una enorme lucidez. Vio mejor que nadie que había una sola solución para ese reclamo de tantos años. La solución era que la justicia se hiciera cargo. Yo, como profesor de Derecho Penal, le planteaba los argumentos que podían usar en nuestra contra, la cuestión de la ley más benigna o la dificultad de anular la ley en el Congreso. Él me respondió uno a uno con argumentos políticos y resolvió el tema. Se pudo resolver el reclamo de justicia de tantos años. «Ya probamos con el perdón y con el olvido... ¿por qué no probamos con la justicia?», me dijo una noche en pleno vuelo de Washington a Buenos Aires.
El tercer momento clave fue la reestructuración de la deuda. Néstor tenía una posición inflexible, como mínimo quería una quita del 75%. Y si no, no pagar. Lavagna planteaba que era imposible no pagar y pensaba que el tope era el 65%. Un día nos dijo que debía hacer la propuesta en Dubái. Néstor le pidió que le presentara la propuesta en Olivos. Lavagna llegó con Nielsen, y estábamos Cristina, Carlos Zannini y yo. Carlos y yo teníamos que revisar además toda la parte contractual con el FMI.
Néstor Kirchner, Alberto Fernández y Roberto Lavagna
Esas situaciones lo incomodaban a Roberto, porque con toda su trayectoria, sentía que tenía que rendir examen ante la política. Alguna vez sintió que Kirchner lo derivaba a hablar conmigo, como si no fuera tan importante. Pero eso en realidad se debía a que Néstor entendía de los temas fiscales y de microeconomía como nadie, y los seguía obsesivamente. Nadie manejó la hacienda como él. Pero a los temas macroeconómicos les prestaba menos atención. A veces, hasta sentía que esos temas lo torturaban y me los derivaba. Lavagna en aquel entonces llegó a pensar que yo era un filtro, pero la verdad es que todas sus ideas se condecían con la persona inteligente y capaz que es.
Por eso, aquel día, Lavagna estaba un poco molesto, sentía que estaba frente a la gente de confianza del presidente (Cristina, Zannini y yo) para explicarnos lo que había que hacer con la deuda. Pero el punto más tenso era la posición de Néstor sobre el 75%. Detrás de mí estaba Nielsen. Se acercaba y me decía en voz baja: «Alberto, yo tengo que negociar eso, así es imposible». Finalmente, Néstor dio la orden de presentar el 75%. Y salió. Salió porque Kirchner se puso duro y la verdad es que Nielsen soportó todo: lo insultaban, le tiraban piedras y huevos, le pasó de todo. Pero lo hizo.
Ese era otra vez Kirchner profundamente convencido de lo que hacía. Quería juntar reservas, pagar la deuda de ese modo e invertir para hacer obra pública. Y crecimos al ritmo del 7% año tras año, un resultado claro y contundente.
Para mí, esos son los tres hitos que marcan a Kirchner. La reformulación de la Corte y la justicia, los derechos humanos, y el tema de la deuda vinculado a la producción y el empleo.
Néstor sostuvo muy bien la convivencia democrática. Esquivó muchas de las confrontaciones, buscó la máxima unidad posible entre quienes impulsan un país para que pueda crecer con inclusión. Pudo romper la barrera del peronismo con la transversalidad, durante toda su gestión pudo construir junto a gran parte del radicalismo. Y eso funcionó bien hasta la 125.
Fue un tipo de una capacidad política y de gestión excepcional.
Nunca olvidaré la última vez que hablamos. Néstor había participado en un acto en el Luna Park organizado por los jóvenes. Lo vi muy cansado, lo llamé y le dije que por favor se cuidara. Me respondió que no cayera en las operaciones de la prensa, que querían mostrarlo débil. Le dije que yo lo había visto y que sí era importante que se cuidara.
El 27 de octubre del 2010 me enteré temprano en la mañana que nos había dejado. Me invadió una enorme tristeza, una enorme desorientación. Recuerdo que salí de mi casa y conduje sin destino por el bajo, de ida y vuelta a ninguna parte. A la tarde fui a la Casa Rosada, solo quería rezarle un padrenuestro. Y esa fue mi despedida.
Para mí, Néstor fue el mejor presidente que tuvo la democracia.
Cuando asumí la presidencia, muchos me preguntaron qué me gustaría decirle. Le diría: «Volvamos a hacerlo, pero ahora ayudame vos».
*Néstor, el hombre que cambió todo, compilado por Jorge “Topo” Devoto. Planeta
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