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jueves, 7 de abril de 2022

Jean-Luc Mélenchon, la fuerza de la república, por Manolo Monereo (para "Telam" del 31-03-22)

 


Jean-Luc Mélenchon, en campaña. (Foto AFP)


El líder francés en plena campaña electoral -y contra corriente- ha sido coherente con una política y ha salvado la dignidad de una izquierda en retroceso en todas partes.


Por Manolo Monereo


31-03-2022 



Jean-LucMélenchon y Oscar Lafontaine entraron en nuestro mundo como parte de aquella socialdemocracia que no quería dejar de serlo y que hacía de la coherencia, fuerza y programa. Eran tiempos de optimismo: foros sociales, movilizaciones de amplio espectro e izquierdas que crecían en Francia, Italia, Grecia, Alemania, Portugal... El Partido de Izquierda europeo como expresión de un sujeto político que quería construirse con vocación de mayoría, desde un programa claro y nítido de izquierdas. “Otra Europa es posible” resumía y sintetizaba una voluntad, una apuesta diferenciada formulada en positivo. Todo esto terminó el día que Alexis Tsipras se plegó al chantaje de la Unión Europea y aplicó un durísimo programa de austeridad que, lo sabemos hoy con claridad, solo sirvió para pagar deudas y terminar de hundir a la economía griega.


Los tiempos han cambiado para peor, mucho peor. Lafontaine deja Die Linke después de que este partido aceptara los nuevos presupuestos de guerra, en el marco de un reforzamiento estructural del complejo militar-industrial alemán y de una OTAN que cierra cualquier posibilidad de una apertura al Este. Mélenchon sigue en la pelea, en una lucha desigual por reivindicar una nueva república asentada en un bloque nacional-popular que existe y se moviliza pero que no tiene, hoy por hoy, una definición política autónoma capaz de convertirlo en sujeto de un proyecto alternativo de país. Esta es la cuestión decisiva.


El mapa político-electoral de Francia parecía acotado: tres derechas duras que le disputaban la mayoría a un Macron situado en un centro virtual, simplemente porque no parecía tener un competidor serio a su izquierda. De nuevo, aparece Mélenchon con un discurso potente cargado de propuestas, defendiendo un proceso constituyente hacia una nueva república y colocando en su centro un proyecto alternativo de sociedad, de gobierno y de Estado. La reacción ante la guerra de Ucrania ha sorprendido: rechazo de la intervención militar de Rusia, apuesta clara por la salida de la OTAN y defensa de una política de no alineamiento. Los momentos de crisis, conflictos, guerras son los que miden a las políticas y a los políticos, los que ponen en evidencia la hondura de sus principios, la consistencia de su carácter y su subalternidad o no ante los poderes económicos, mediáticos y político-militares dominantes. Mélenchon, en plena campaña electoral -y contra corriente- ha sido coherente con una política y ha salvado la dignidad de una izquierda en retroceso en todas partes.


La Francia Insumisa aparece en las encuestas en tercer lugar con una media del 14% de los votos. Macron encabeza con un 28% aproximadamente y con una Marie Le Pen que empieza a distanciarse de Zemmour y se acerca, de nuevo, al 19%. El Partido Socialista prácticamente desaparece, al igual que el Partido Comunista; los Verdes se estancan en torno al 5%. El mapa de las encuestas dice mucho de la realidad política y cultural francesa. El 30% de los que piensan votar lo van a hacer a la extrema derecha y algo más de un 10% al antiguo Partido gaullista. La estrategia de Macron consiste en polarizarse con Marie Le Pen y en la segunda vuelta llevarse los votos de la izquierda como mal menor ante el miedo al triunfo de las derechas populistas. Todo esto cambiaría si en la segunda vuelta quien aparece frente al actual presidente es Mèlenchon. Sabemos que esto es muy difícil pero la esperanza está creciendo en un pueblo descreído, resentido con los políticos y con una rabia acumulada por años de engaños y mentiras y, es lo más grave, ante un futuro cada vez más incierto e inseguro. Las gentes siguen buscando protección, firmeza frente a los grandes poderes económico-financieros y defensa de los derechos sociales. Un orden basado en la justicia, la igualdad y la solidaridad


La batalla de Mèlenchon trasciende a Francia. Si algo nos dice la experiencia de países como Italia, es que la izquierda puede desaparecer como fuerza real y que los sistemas políticos de la Unión Europea tienden a crear en cada uno de los Estados –como dice Luciano Canfora- “partidos unificados de régimen” basados en una política económica y social común, en un rígido alineamiento con los Estados Unidos y organizados por la OTAN. La crisis de Ucrania demuestra precisamente esto: hemos pasado del pensamiento único a la política única y a una forma-partido profesional y oligárquica férreamente subordinada a los grandes poderes económicos. En el centro, unos todopoderosos medios de comunicación que promueven un discurso disciplinario que excluye el pensamiento crítico y margina a la disidencia. El liberalismo conservador y autoritario es ya la centralidad.


Hay que subrayar la importancia de su programa. Mèlenchon está haciendo una campaña fundada en un conjunto articulado de propuestas muy precisas y con gran contenido transformador. Para el político francés el programa es un contrato que se pacta con la ciudadanía, que orienta el voto y fomenta el compromiso político. Para decirlo de otra forma, se trata de convertir esta durísima precampaña y campaña en la construcción colectiva de una esperanza concreta, viable, posible y, a la vez, impugnadora de un sistema político y económico dominado por el capitalismo financiero y sometido a la lógica de los grandes poderes económicos. Sé positivamente que para los grandes medios, el programa está para no cumplirse y que es un adorno que apenas si cubre unos discursos vacíos, sin concreciones, basados en el insulto como método de diferenciación. Mèlenchon se opone radicalmente a esto. El aspecto programático más rompedor de La Francia Insumisa es abrir un proceso constituyente que ponga fin a la “monarquía presidencial” y que conduzca a una VI República de base parlamentaria. La idea de “democratizar la democracia” es fundamental, así como la apelación continua a una ciudadanía activa capaz de autogobernarse al modo republicano.


La segunda idea central es la planificación ecológica y la reorganización territorial del país. Esta parte se concreta mucho. El núcleo de la propuesta consiste en aprovechar la necesaria e inevitable reconversión ecológica de la economía y de la sociedad para diseñar un nuevo modelo productivo asentado en el territorio desde una lógica superadora del beneficio capitalista. La clave es la planificación democrática y descentralizada de la economía al servicio de las necesidades básicas de las personas, respetuosa con el medio natural y sólidamente insertada en unos espacios rurales siempre en peligro de abandono o en decadencia permanente. 


La tercera idea es la defensa de un proteccionismo ecológico y solidario. Se trata de un control democrático del comercio, de las inversiones extranjeras y de la circulación del capital que pueda poner en peligro los fundamentos de un modelo alternativo social y ecológicamente sostenible. La centralidad del programa sigue siendo el mundo del trabajo y los derechos sociales de las clases trabajadoras. A contracorriente, de nuevo, se defiende el pleno empleo, la reducción de la jornada laboral y la estabilidad en el trabajo desde una defensa de las pensiones y de una democracia que llegue a las empresas.


Si algo caracteriza la propuesta de Mèlenchon es la coherencia entre principios, programa y estrategia. En este sentido no engaña y apuesta por decir la verdad. Se podría exponer del siguiente modo: un programa social y democrático avanzado no es compatible con esta Unión Europea. Dicho de otro modo, la UE es el mayor obstáculo para realizar políticas realmente de izquierdas. La lógica que se propone es usar a fondo el derecho de veto que tienen los Estados para impedir nuevos avances de las políticas neoliberales y usar sin miedo el poder que da el gobierno para definir políticas autónomas coherentes con el programa, sabiendo que se enfrenta al consenso de Bruselas. Soberanía popular, autonomía productiva y económico-financiera e independencia nacional están íntimamente unidas a una política internacional de no alineamiento, de lucha por la paz y por un nuevo orden planetario más justo y democrático. Tampoco en esto engaña el programa de La Francia Insumisa: todo esto es incompatible con la pertenencia a una organización militar como la OTAN que sirve a los intereses de los EEUU.


Publicado en:

https://www.telam.com.ar/notas/202203/588098-jean-lucmelenchon.html

viernes, 6 de septiembre de 2019

MELENCHON: "Macri fue electo pero no es un rey", por "Página 12" del 05-09-19

Jean-Luc Mélenchon en la Argentina

El lider del partido de izquierda Francia Insumisa recibió el diploma de Profesor Honorífico en la Universidad de Lanús (UNLa)

Entra en el edifico de la Universidad de Lanús sobresaliendo del séquito que lo flanquea a ambos lados. Habla un español afrancesado que le da un toque de gracia a todo lo que dice. Escucha a todos queines lo interrumpen en el camino. Sonríe y responde imprimiéndole gravedad a cada una de sus palabras. Jean-Luc Mélenchon está de visita en la Argentina, y llegó a la UNLa para recibir el diploma de Profesor Honorífico. “Gracias a la vida por este momento”, dice exagerando los gestos de agradecimiento. “Es mucho para mí”.

Asediado por los periodistas, no se demora en criticar al modelo neoliberal impuesto por Macri y el FMI. “Lo más interesante de esta crisis es su origen. Porque gran parte de la culpa la tiene el FMI. Ellos le dieron a la Argentina el 61 por ciento de todo lo que prestaron. Lagarde aceptó dar una cantidad tal de dinero sin más garantía que la palabra de Macri, sin que el parlamento de este país haya votado una sola vez. Es una cosa increíble”, dice el político de la izquierda francesa, fundador del partido Francia Insumisa. “Esta gente piensa que la democracia no sirve de nada. Entonces olvidaron preguntarle al Congreso Argentino. Sí, Macri fue electo por su pueblo, pero no pienso que los argentinos lo hayan designado rey. Es como en mi país, porque yo no vengo a dar lecciones acá. Si hay un país que tiene un monarca presidencial ese es Francia”, dijo.

La retórica fuertemente antiimperialista de Mélenchon sale a la luz cuando se le pregunta las causas de estos préstamos del FMI a la Argentina: “Los Estados Unidos querían contentar a Macri para que después de la ola izquierda se vea un liberalismo exitoso. Pagaron pero en contra de la naturaleza y la realidad económica de este país. Hubo crecimiento que pareció espontáneo pero no lo fue. Es una locura”, dijo, enfatizando cada palabra clave de su discurso.

Nacido en Marruecos, Mélenchon tuvo una formación en Filosofía y Letras Modernas. En Francia militó en el partido socialista y llegó a ser el senador más joven del país. Luego de varias rupturas con la izquierda, para las elecciones presidenciales de 2017 fundó el movimiento ciudadano Francia Insumisa. Obtuvo un sorpresivo cuarto lugar, con el 20 por ciento de los votos, en lo que fue el pico más alto de su carrera polítca. A partir de allí su partido cayó en la desgracia general de la izquierda francesa: 11 por ciento en las elecciones legislativas del 2017, y casi 7 por ciento en la votación para el parlamento europeo de este año.

Cuando le preguntan por la victoria de la fórmula Fernández-Fernández en las PASO, evita cualquier triunfalismo. “Sí, van a cambiar la política de este país en favor de los desempleados y los pobres. Pero antes de ver el éxito que esperamos todos, hay que ver el fracaso que está ocurriendo. Porque el fracaso argentino puede perturbar la economía del mundo entero. No es un evento localizado para los argentinos que están acostumbrados a que le roben todo su dinero cada 20 años. Esto impacta en el mundo entero”, explica el líder de Francia Insumisa. “Estamos en un momento muy especial: hay una amenaza de recesión y puede cumplirse como una profesía autorrealizada. Se puede dar una ola de pánico porque Argentina es una economía importante en la región y la región es importante en el mundo”, señala.

En el marco de la crisis entre Macron y Bolsonaro que está haciendo tambalear el tratado de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea, Mélenchon se despachó con duras críticas al acuerdo: “No lo queremos”, dice. “Librecambio quiere decir que al final se lleva el premio el más fuerte. Es decir, el que paga menos y el que respeta menos a la naturaleza. Quieren hacer este tipo de acuerdo que involucran al planeta entero como un lugar donde siempre hay que producir más, de manera más especializada, reduciendo las bases productivas de cada país. Estoy totalmente en contra de las consecuencias de este modo de organización del mundo”, remarca.

Mélenchon se encontró con Cristina y también tiene pensado visitar a Lula en la cárcel. Para él van a ser dos charlas “con amigos”. “Como toda nueva izquierda europea, somos herederos de la ola inicial que empezó en Brasil con el PT. Acá fue el “que se vayan todos”, la reconstrucción nacional, echar al FMI, al banco mundial, recuperar la soberanía nacional, sacar miles de millones de la pobreza. Eso lo demostró el kirchnerismo”, dice.

Durante el acto en el que fue homenajeado por la rectora de la UNLa, Ana Jaramillo, el pianista Miguel Angel Estrella interpretó las estrofas del himno francés. Malenchon se levantó de su silla y cantó a viva voz. Al terminar, Estrella se acercó a su micrófono: “es el único intelectual europeo que habla de américa latina, siempre”, dijo.

Después dio una breve clase para los estudiantes que se acercaron a verlo al Aula Magna de la UNLa, donde puso especial énfasis en el cuidado del medio ambiente: “En París tenemos temperaturas de 42 grados. ¡Esa la temperatura de Badgad!”, señaló casi en un grito. “Este es un sistema que niega la necesidad de regulación. Por eso no hay otro camino que el compromiso político. Yo no sé si voy a ver el cambio. Depende de ustedes, la nueva generación, ganar esta tierra prometida, sino el mundo puede apagarse”, sentenció.

Informe: Juan Manuel Boccacci

Publicado en:
https://www.pagina12.com.ar/216382-macri-fue-electo-pero-no-es-un-rey

lunes, 15 de octubre de 2012

MELENCHON : “La reforma del Banco Central que hicieron ustedes es lo que pedimos nosotros”, por Martín Granovsky (para “Página 12” del 14-10-12)





REPORTAJE A JEAN-LUC MELENCHON, DIRIGENTE DE LA IZQUIERDA FRANCESA

Aportó sus votos para la derrota de Sarkozy y reivindica los procesos mayoritarios en Sudamérica, Chávez incluido. Dice que su función es provocar la discusión con humor, reivindica la ley de medios y la estatización de las jubilaciones, y apunta que un atraso de las revoluciones ciudadanas es no consagrar el derecho al aborto.

 Por Martín Granovsky     
      
Pide disculpas por su apasionamiento y habla un español que le alcanza para expresar también los matices y las propuestas. De visita en Buenos Aires, Jean-Luc Mélenchon, de 61 años, el candidato de la izquierda francesa que sacó cuatro millones en la primera vuelta de las últimas presidenciales y llamó a votar por el socialista François Hollande en la segunda, dialogó con Página/12 sobre qué aprendió en Sudamérica y cómo piensa que saldrá Europa de la crisis.

–Usted suele hablar de revolución democrática y da como ejemplo América latina. ¿En qué sentido lo dice?

–Lo decía. Dejé de usarlo porque no me parecía claro y podía dar lugar a malentendidos sobre revoluciones que no fueran democráticas. Ahora prefiero hablar de revolución ciudadana.

–¿Qué es esa revolución?

–Nunca la humanidad fue tan numerosa. Nunca estuvimos tan juntos: hoy la mayoría de la población mundial está en las ciudades. Nunca hemos estado tan conectados unos a otros. La vida humana es diferente de cuando había pequeños grupos campesinos o un archipiélago obrero en un ambiente de campos vacíos. Hoy la gente que vive en la ciudad está más unificada en el modo de vivir y también en su comportamiento. Todo eso marca el fondo antropológico de lo que llamamos la revolución ciudadana. Un hecho nuevo es la toma de conciencia sobre que hay un único ecosistema compatible con la vida humana. Hay un interés general. Somos semejantes. El negro no es inferior al blanco, la mujer no es inferior al hombre... Hay una fenomenología en la que la Argentina tiene un papel particular.

–¿La Argentina?

–Recuerde. Primero la gente se retira de los partidos y a veces de los sindicatos, o no va a votar.

–Argentina 2000 o 2001.

–Segundo momento: la política neoliberal parcializa y fragmenta, y parece que no hay poder distinto ni alternativo. El que quiere otra cosa es visto como irresponsable o loco. Si hay más pobres en la calle o hay obreros sin empleo no importa. ¿Acaso, dicen los neoliberales, la sociedad no está acostumbrada a que esa gente sufra? Pero está el que se casó correctamente, fue a la escuela, compró la casita correspondiente y el auto que convenía. El que hizo todo bien. Un día descubre un corralito. O que su patrimonio se evaporó. No está preparado para la lucha. Pero incluso sin esa preparación la respuesta es dura: “Que se vayan todos”. En Venezuela el detalle fue el boleto de colectivo.

–Habla del Caracazo de 1989.

–Sí. En Bolivia, en 2005, el precio del agua. En fin, en cada país hay un hecho en apariencia débil e insignificante... En Túnez un hombre que vendía frutas se peleó con la policía. Lo que surge en estos casos no tiene programa político ni ideología. La gente solo reclama arreglar problemas concretos. Ahora, son problemas concretos y fundamentales. ¿Cómo puede ser que no haya escuelas, que no haya agua? ¿Por qué en mi país ahora los trenes circulan menos o uno escucha que los aviones no salen porque está por llegar el invierno? ¿No hacía frío antes? Esa combinación de detalles hace que muchos lleguen a una conclusión: este sistema no funciona porque no cumple con el requisito de permitir la vida en común. Hay temas más graves, claro. Los hospitales. En Francia decae la organización sanitaria. Hoy día no se puede dar a luz a menos de dos horas de casa. No hay lugar. No pasaba antes. O sea: la gente rechaza la política pero hace política como nunca antes. Quiere reorganizar todo.

–Es que preocuparse por problemas concretos y por buscar soluciones es hacer política.

–¡Claro! Mi programa habla de radicalidad concreta. La revolución empieza en los hechos cotidianos. Yo tomo agua y usted no tiene para pagársela. Puedo explicar cualquier cosa, pero el agua no está disponible. La cultura lo percibe. Percibimos la realidad económica a través de valores, de hechos culturales, de la reconstrucción del ser y no sólo la adhesión a un programa determinado. Estamos en que la gente rechaza la política y hace política como nunca. Es el momento ciudadano, porque cada uno no solo expresa lo que es bueno para sí mismo, como en el momento de votar democráticamente. Decir qué es bueno para todos es el momento de la república y la ciudadanía. Mire, yo tengo formación materialista histórica, busco categorías nuevas. Existen las clases liberadoras, como hablaba el marxismo de la clase obrera, pero el actor nuevo es el ciudadano humano. El actor es el pueblo. La luz es una onda y una materia al mismo tiempo. La clase obrera es pueblo y el pueblo, la sociedad, incluye ineludiblemente a la clase obrera. También es la realidad.

–Llevémoslo a Sudamérica.

–Es que lo que yo cuento no se inventó en Francia. Surgió en Sudamérica. Después de la caída del supuesto campo socialista nos quedamos como perdidos. Incluso los no comunistas. ¿Nos habríamos equivocado totalmente?
–¿Cuál es su respuesta?

–Que no. Y nos lo enseñó América del Sur. Cuando unos anunciaban el fin de la historia, otros inventaron la teoría del choque de civilizaciones. Hablo de los gringos.

–Samuel Huntington.

–Sí. Un punto central, porque esa teoría es la que organiza el pensamiento de las cancillerías europeas y del Departamento de Estado. Ambas decían que, terminado el perverso comunismo, sólo quedaba un sistema basado en el impulso del egoísmo social.

–América del Sur, con diferencias de camino en sus países, está construyendo un Estado de bienestar. Europa parece estar destruyendo el Estado de bienestar. ¿Aquél fue un momento de ciudadanía?

–Un gran momento. De ciudadanía y de civilización. Hoy estamos yendo para atrás en Europa. En Francia, donde había antes una cultura política y geopolítica muy grande, con interés por América del Sur, por lazos culturales y por abuelos comunes, hoy ya casi no hay nada.

–¿Por qué esa involución?

–Por la demonización de las revoluciones ciudadanas de América del Sur. Para que se callen los pueblos de Europa hay que convencerlos de que nada bueno puede suceder en otros sitios del mundo. Chávez es un diablo. Kirchner también. Poco menos que cubanos disimulados. Entonces la ignorancia es total sobre los programas y las realidades. Los franceses no sabemos qué ocurre con las modernizaciones que suceden en la Argentina.

–Se suma, sobre Brasil, una demonización al revés. Para desacreditar a Lula, la derecha europea lo presentaba elogiosamente como el conservador que sin duda no es.

–Efectivamente. Lula fue santificado por esos sectores europeos cuando vieron que Chávez seguía creciendo. Inventaron la imagen de una izquierda tranquila que no hacía nada raro. Pero todo se terminó en un día. Los diarios de derecha de Venezuela, por ejemplo, aunque debería decir simplemente los diarios, porque todos los diarios venezolanos son de derecha, reflejaban que Henrique Capriles decía que era lulista. Capriles mismo lo explicaba. Pero un día apareció el video de Lula llamando a la victoria de Chávez. Entonces al día siguiente y sin ninguna vergüenza explicaron que Lula era un sinvergüenza y un alcohólico. No les importa la verdad. Les importa la propaganda. Por eso no les interesa qué pasa en la Argentina salvo que cometa un terrible aracaísmo, dicen, como nacionalizar el petróleo. Creo que el control estatal del petróleo fue una de las pocas veces en los últimos cinco años por las que salió una noticia argentina en la prensa francesa. Otra, tal vez, la solidaridad con los pobres y miserables campesinos del 2008 que no querían pagar derechos para exportar su soja... Nada sobre matrimonio igualitario, nada sobre la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, que ustedes hicieron y es lo que pedimos nosotros para el Banco Central Europeo, nada sobre el veneno que significa la jubilación por capitalización privada y cómo la Argentina terminó con eso. Ustedes no saben hasta qué punto esas cosas que hicieron son adelantos en el mundo de hoy.

–Cuando se discutió la ley de matrimonio igualitario, un arzobispo llegó a convocar a una guerra de Dios. Usted suele hablar del laicismo como un valor importante.

–El laicismo es fundamental para el hecho republicano. Por supuesto que no tiene nada que ver con rechazar la fe del que cree, injuriarlo o perseguirlo. Eso es repudiable. Se trata, más bien, de la separación estricta entre el hecho religioso y el hecho político. Esa separación debe ser institucional. Si la separación existe, no hay problema con las creencias de cada uno. La creencia de otro hasta puede ayudarme a interpretar cuál es el interés general. Pero no puedo decir, en términos religiosos, en tanto Estado, que hay que seguir tal o cual política solo porque dogmáticamente el mercado lo exige. No hay verdades indiscutibles. La verdad de la fe está en la esfera privada.

–No debe haber una religión de Estado.

–No.

–Ni una filosofía de Estado.

–No, señor.

–Ni una ideología de Estado.

–No. Nada de eso. Tampoco. El laicismo tiene una raíz filosófica. Considera que todos los seres humanos son semejantes e iguales por naturaleza. Que somos, además, seres de conciencia. Tu ser biológico no está primero. Tú eres el padre del niño que tú amas. La única verdad en tu paternidad es tu amor, no tu sangre. Por eso quiero abordar un tema: el derecho al aborto. Es una cuestión central de la definición sobre el ser humano. Una aptitud biológica no puede ser un destino. La altura no determina si alguien será arquitecto o biólogo. El sexo tampoco. Y si usted no quiere tener un niño, no es un niño. Es un feto. ¿Quién es dueño de su cuerpo? Cada uno. La mujer también. No estoy por el aborto. Estoy por el derecho al aborto. Si la Iglesia quiere actuar sobre la fe de cada uno, que lo haga libremente. Pero lo aceptará quien quiera y lo interpretará cada uno a su manera. Nada quita el derecho. Para mí, el atraso sobre el derecho al aborto es el costado más negativo de las revoluciones ciudadanas en América del Sur. Y no es cualquier tema, porque se relaciona con la concepción que tenemos del ser humano.

–Para peor, cuando el Parlamento uruguayo promulgó el derecho al aborto, Tabaré Vázquez lo vetó.

–Una vergüenza. La gente no eligió a un hombre de izquierda para hacer algo distinto de una política de izquierda. Y no hay política de izquierda sin el reconocimiento del derecho de cada persona humana a su autonomía y a su desarrollo personal. Con esto no se puede tener miramientos.

–Una discusión de la izquierda clásica es qué tipo de crisis vive cada vez el capitalismo. ¿Una crisis terminal? Le pregunto a un hombre de izquierda qué crisis es.

–Una crisis muy clásica. Solo, señores y señoras, un conflicto por la distribución de la riqueza. Mi país es más rico que nunca. Pero la riqueza sigue pasando cada vez más del trabajo al capital. Hace unos 25 años, en mi patria no gobernaba el comunismo de Estado, ¿eh? Ese dinero que pasa, ¿dónde está? Fue a la esfera financiera, que vive su vida aparte y cada tanto, cuando sobreviene una crisis fuerte, convierte una porción de la riqueza en humo. El Banco Central Europeo, para colmo, no quiere prestar ni un euro a ningún banco central de los Estados. Pero prestó millones y millones de euros a los bancos para que se refinancien. Los bancos tomaron dinero barato y luego pusieron ese dinero otra vez a tasas altas. Encima hicieron otro negocio más en medio de la crisis. Parece humor negro. Una locura. Creen que hay una única manera de manejar la sociedad y la economía. Y en los hechos vemos el parasitismo social de unos que viven cada vez mejor y muchos que viven cada vez peor. América latina idealizó la Unión Europea pero, ¿dónde están las instancias democráticas del Mercosur? La integración económica no lleva automáticamente a una integración ciudadana. Al contrario. El capital acepta la integración a condición de que haya la menor regulación posible. Ahora, en Europa, antes de examinarlo en el Parlamento, hay que presentar el proyecto de presupuesto en la Comisión Europea para que apruebe el nivel de déficit. Si no, la propia Comisión lo corta. Y si uno vota en contra será castigado. La verdad es que los franceses no lo deben haber entendido bien.

–¿No?

–No, claro que no. Cuando lo comprendan se darán cuenta de algo. Hicimos una revolución contra el rey en la que el tema inicial fue quién decide sobre los impuestos y sobre el presupuesto.

–Usted habla de la Revolución Francesa de 1789.

–Sí. Y hoy surge otro rey, con derecho de veto contra todo lo que quieren los pueblos. Es la Comisión Europea.

–Fue candidato en primera vuelta de las presidenciales y en la segunda llamó a votar por el socialista François Hollande.

–Para echar a Nicolas Sarkozy. Lo echamos. Ahora tenemos a un socialdemócrata que no tiene nada de socialdemocracia, de Estado de bienestar social. Lo destruye. Es un social liberal. Hollande seguirá destruyendo porque sigue sacando dinero de la economía nacional. Cerrará hospitales, escuelas...

–¿Qué propone para cortar ese proceso?

–La acción popular. Intenté todo antes. Pertenecí al Partido Socialista 30 años, fui dirigente 15 años, fui ministro de Educación de Leonel Jospin. Lamentablemente hay que sacar la conclusión de que socialdemocracia en serio se acabó, como antes se había acabado el comunismo de Estado. El primer ministro griego, Giorgos Papandreu, fue presidente de la Internacional Socialista. Cuando los mercados financieros asaltaron a Grecia no resistió ni una hora. Lo mismo hizo José Luis Rodríguez Zapatero en España. Hoy pagamos que ninguno haya resistido. Con resistencia no habría habido esta ola de especulación que incluso llegará a Alemania, aunque se crea intocable.

–¿Alemania también?

–Claro. Es un tigre de papel. La población envejeció y cada vez hay menos niños. Cree que su producción no la puede hacer nadie más. ¿Acaso piensan que los chinos no terminarán produciendo lo que hoy producen los alemanes? ¿O los indios? Los principales clientes son los españoles, los franceses, los portugueses. Más del 80 por ciento del comercio de los países europeos es intraeuropeo. Si la recesión sigue, terminará pasando a Alemania. Los bancos continuarán cortando el presupuesto, luego verán que hay recesión y constatarán que la recaudación disminuye y entonces las calificadoras rebajarán la nota. Es un círculo vicioso.

–¿Cómo se corta?

–Otra vez: por la acción popular. Hoy la gente no entiende nada de deuda. Hay que explicar, informar, provocar la reflexión, trabajar con humor, descorrer el velo. Todo va a pasar como en la Argentina. En un punto la gente no entiende nada, ¿no es cierto? Y en otro punto siente que le saltaron a la garganta. No sé cómo, pero una vez pasará. Me pasa en las manifestaciones. La gente se me acerca y me pide que haga algo. ¿Qué puedo hacer, si no tengo ningún poder? En Buenos Aires hoy hay menos gente durmiendo en la calle que en París. Somos la quinta potencia del mundo. A algunos barrios no entran ni la policía ni los bomberos. En Europa empezamos a conocer lo que ustedes los latinoamericanos ya conocen: la acción de los carteles de la droga. Matan en la calle. No estamos acostumbrados. Me da mucha pena mi pobre país.

–¿En qué consistiría hacer algo desde el gobierno?

–Primero, yo no iría a pedir a la señora Angela Merkel. No le preguntaría si está de acuerdo con lo que quiero hacer. Los otros países son todos de derecha, pero no importa, no son enemigos. Entonces, podemos entendernos. Cambiemos el estatuto del Banco Central Europeo. Esa será la primera herramienta para financiar el desarrollo y la recuperación de la actividad económica. Y después está la radicalidad concreta que le mencioné. La planificación ecológica. El cuidado de no destruir ni al planeta ni a nosotros mismos. Estamos frente a una emergencia. ¡Somos capaces! Pero sufrimos líderes que no saben cómo es el mundo y qué hacer con él para mejorarlo. Ustedes lo saben bien: cinco presidentes en poco tiempo después de la crisis de fines del 2001, antes de Néstor Kirchner. En Venezuela el Caracazo terminó en muertos.

–No solo hay un problema de intereses sino de escasa lucidez.

–Sí. El hecho cultural siempre es importante en las elites. Están convencidos de lo que piensan y hacen. Gente cultivada que me ve a mí como a un loco. Y yo mismo, en cambio, soy la prueba de que las cosas suceden de manera muy tradicional. ¿Porque soy muy inteligente me votaron cuatro millones de personas? El compañero Alexis Tsipras, en Grecia, ¿llegó al 18 por ciento solo por su capacidad individual? ¿Y por lo mismo pasó del 18 al 28? Vamos a llegar al poder. No sé cuándo ni cómo, pero la cadena se romperá, como pasó en la Argentina. Un día la gente se para, mira y sale algo bueno. Claro que hay problemas. ¿Dónde no hay? Tienen los derechos humanos, esta ley de prensa que votaron...

–Es solo para los servicios de comunicación audiovisual, no es una ley de prensa.

–Entonces hay que hacer otra. Se habla mucho de independencia de la prensa, pero al final es la libertad de que todos digan lo mismo. La democracia no es el consenso, que es dictatorial, sino el disenso, que es popular.

–Coincido en ese aspecto pero no en el otro. Mi opinión es que la prensa escrita no debe ser regulada.

–No es mi punto de vista.



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viernes, 5 de octubre de 2012

¿Por qué Chávez?, por Jean-Luc Mélenchon e Ignacio Ramonet (para “La Jornada” del 05-10-12)



Por Jean-Luc Mélenchon e Ignacio Ramonet*

* Respectivamente: copresidente del Partido de izquierda, diputado europeo; presidente de la asociación Mémoire des Luttes (Memoria de las Luchas), presidente honorífico de Attac


Hugo Chávez es, sin duda, el jefe de Estado más difamado en el mundo. Al acercarse la elección presidencial del 7 de octubre, esas difamaciones se tornan cada vez más infames, tanto en Caracas como en Francia y en otros países. Atestiguan la desesperación de los adversarios de la revolución bolivariana ante la perspectiva (que las encuestas parecen confirmar) de una nueva victoria electoral de Chávez.
Un dirigente político debe ser valorado por sus actos, no por los rumores vehiculados en su contra. Los candidatos hacen promesas para ser elegidos: pocos son los que, una vez en el poder, las cumplen. Desde el principio, la promesa electoral de Chávez fue muy clara: trabajar en beneficio de los pobres, o sea –en aquel entonces–, la mayoría de los venezolanos. Y cumplió su palabra.
Por eso, este es el momento de recordar lo que está verdaderamente en juego en esta elección, ahora cuando el pueblo venezolano se alista para votar. Venezuela es un país muy rico, por los fabulosos tesoros de su subsuelo, en particular sus hidrocarburos. Pero casi todas esas riquezas estaban acaparadas por las elites políticas y las empresas trasnacionales. Hasta 1999, el pueblo sólo recibía migajas. Los gobiernos que se alternaban, democratacristianos o socialdemócratas, corruptos y sometidos a los mercados, privatizaban indiscriminadamente. Más de la mitad de los venezolanos vivía por debajo del umbral de pobreza (70.8 por ciento en 1996).
Chávez hizo que la voluntad política prevaleciera. Domesticó los mercados, detuvo la ofensiva neoliberal y posteriormente, mediante la implicación popular, hizo que el Estado se reapropiara los sectores estratégicos de la economía. Recuperó la soberanía nacional. Y con ella, ha procedido a la redistribución de la riqueza, en favor de los servicios públicos y de los olvidados.
Políticas sociales, inversión pública, nacionalizaciones, reforma agraria, casi pleno empleo, salario mínimo, imperativos ecológicos, acceso a la vivienda, derecho a la salud, a la educación, a la jubilación… Chávez también se dedicó a la construcción de un Estado moderno. Ha puesto en marcha una ambiciosa política del ordenamiento del territorio: carreteras, ferrocarriles, puertos, represas, gasoductos, oleoductos.
En materia de política exterior, apostó por la integración latinoamericana y privilegió los ejes sur-sur, al mismo tiempo que imponía a Estados Unidos una relación basada en el respecto mutuo… El impulso de Venezuela ha desencadenado una verdadera ola de revoluciones progresistas en América Latina, convirtiendo este continente en un ejemplar islote de resistencia de izquierdas alzado en contra de los estragos del neoliberalismo.
Tal huracán de cambios ha volteado las estructuras tradicionales del poder y acarreado la refundación de una sociedad que hasta entonces había sido jerárquica, vertical, elitesca. Esto sólo podía desencadenar el odio de las clases dominantes, convencidas de ser los legítimos dueños del país. Son estas clases burguesas las que, con sus amigos protectores de Washington, vienen financiando las grandes campañas de difamación contra Chávez. Hasta llegaron a organizar –en alianza con los grandes medios que les pertenecen– un golpe de Estado, el 11 de abril de 2002.
Estas campañas continúan hoy día y ciertos sectores políticos y mediáticos europeos se encargan de corearlas. Asumiendo –lamentablemente– la repetición como si fuera una demostración, los espíritus simples acaban creyendo que Hugo Chavez estaría encarnando un régimen dictatorial en el que no hay libertad de expresión.
Pero los hechos son tozudos. ¿Alguién ha visto un régimen dictatorial ensanchar los límites de la democracia en vez de restringirlos? ¿Y otorgar el derecho de voto a millones de personas hasta entonces excluidas? Las elecciones en Venezuela sólo ocurrían cada cuatro años, Chávez organiza más de una por año (14 en 13 años), en condiciones de legalidad democrática, reconocidas por la ONU, la Unión Europea, la OEA, el Centro Carter, etcétera.
Chávez demuestra que se puede construir el socialismo en libertad y democracia. Y convierte incluso ese carácter democrático en una condición para el proceso de transformación social. Chávez ha probado su respeto al veredicto del pueblo, renunciando a una reforma constitucional rechazada por los electores vía referéndum en 2007. No es casual que la Foundation for Democratic Advancement (FDA), de Canadá, en un estudio publicado en 2011, situara entonces a Venezuela en el primer lugar de los países que respetan la justicia electoral.
El gobierno de Hugo Chávez dedica 43.2 por ciento del presupuesto a las políticas sociales. Resultado: la tasa de mortalidad infantil ha sido dividida por dos. El analfabetismo, erradicado. El número de docentes, multiplicado por cinco (de 65 mil a 350 mil). El país presenta el mejor coeficiente de Gini (que mide la desigualdad) de América Latina. En su informe de enero de 2012, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal, un organismo de la ONU) establece que Venezuela es el país suramericano que –junto con Ecuador–, entre 1996 y 2010, ha logrado la mayor reducción de la tasa de pobreza. Finalmente, el instituto estadunidense de sondeos Gallup ubica al país de Hugo Chávez como la sexta nación más feliz del mundo.
Lo más escandaloso, en la actual campaña de difamación, es pretender que la libertad de expresión esté constreñida en Venezuela. La verdad es que el sector privado, hostil a Chávez, controla allí ampliamente los medios de comunicación. Cada cual puede comprobarlo. De 111 canales de televisión, 61 son privados, 37 comunitarios y 13 públicos. Con la particularidad de que la parte de la audiencia de los canales públicos no pasa de 5.4 por ciento, mientras que la de los privados supera 61 por ciento... Mismo escenario para los medios radiales. Y 80 por ciento de la prensa escrita está en manos de la oposición, siendo los dos diarios más influyentes –El Universal y El Nacional–, adversos al gobierno.
Nada es perfecto, por supuesto, en la Venezuela bolivariana –¿dónde existe un régimen perfecto?–. Pero nada justifica esas campañas de mentiras y de odio. La nueva Venezuela es la punta de lanza de la ola democrática que, en América Latina, ha barrido con los regímenes oligárquicos de nueve países, apenas caído el Muro de Berlín, cuando algunos vaticinaban el fin de la historia y el choque de las civilizaciones como horizontes únicos para la humanidad. La Venezuela bolivariana es una fuente de inspiración de la que nos nutrimos, sin ceguera, sin inocencia. Con el orgullo, sin embargo, de estar del buen lado de la barricada y de reservar los golpes para el malévolo imperio de Estados Unidos, sus tan estrechamente protegidas vitrinas del Cercano Oriente y dondequiera reinen el dinero y los privilegios. ¿Por qué Chávez despierta tanto resentimiento en sus adversarios? Indudablemente porque, tal como lo hizo Bolívar, ha sabido emancipar a su pueblo de la resignación. Y abrirle el apetito por lo imposible.

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