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sábado, 11 de julio de 2026

COMO DIJO EL GENERAL, PERONISTAS SOMOS TODOS

 


@hernanpablo



Ha-Joon Chang: «Hay que aplicar un impuesto a las petroleras»

Y dice que elige entender el ejemplo de Singapur. Mirá vos. 

Corriste liberto




lunes, 18 de mayo de 2026

El profesor revela la clase transatlántica de Epstein | Prof. Kees v.d. Pijl

 


en Neutrality Studies Español

17 may 2026

Si te parece que los países occidentales están gobernados por un grupo de élites globalistas del WEF que tienen más en común entre sí que con la gran mayoría de la gente de sus países, es porque, efectivamente, así es. Este fenómeno se llama “formación de clase” y es una fuerza sociológica.  

Hoy hablo con el Dr. Kees van der Pijl, profesor emérito de relaciones internacionales en Sussex y uno de los principales expertos mundiales en formación de clase. También hablamos de marxismo, finanzas, tecnología, inteligencia, sionismo y la transición de los Estados nación a las redes de poder transnacionales. Discutimos el declive de Europa, la guerra, los BRICS, el colapso social, los valores colectivos, la migración y los límites de la resistencia frente a un orden violento liderado por Occidente.  


Enlaces:  

Kees van der Pijl en Academia.edu: https://independent.academia.edu/Kees...  

Neutrality Studies en Substack: https://pascallottaz.substack.com  

(Opcional: activa la Sección Académica desde la configuración de tu perfil: https://pascallottaz.substack.com/s/a...)  

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Timestamps:  

00:00:00 Clase dirigente atlántica  

00:07:29 Marxismo y poder de clase  

00:10:24 Sionismo, tecnología y redes de élite  

00:16:41 Globalismo, Europa y Estados nación  

00:37:36 Resistencia y valores colectivos  

00:43:29 Violencia, migración y orden mundial  

00:50:18 Rusia, China, Irán y contención  

00:56:46 Enlaces del invitado y cierre


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Originally Published on: 2026-05-17

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martes, 28 de abril de 2026

Richard Wolff: El declive del petrodólar desmantela el imperio estadounidense

 



en Glenn Diesen Español


27 abr 2026

El Prof. Richard Wolff analiza cómo la guerra con Irán socava el petrodólar y el sistema económico internacional liderado por Estados Unidos que ha sostenido el imperio estadounidense.  

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Originally Published on: 2026-04-26

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lunes, 9 de febrero de 2026

Michael Hudson: El destino de la civilización – Financiarización y colapso

 



9 feb 2026

El profesor Michael Hudson, un economista clásico de renombre mundial, habla sobre su libro acerca de cómo las economías se financian y mueren.  

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Originally Published on: 2026-02-08

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sábado, 3 de enero de 2026

ME UNÍ AL EJÉRCITO DE ESTADOS UNIDOS POR POBREZA


Pobres reprimiendo a otros pobres...

 

 

domingo, 23 de noviembre de 2025

OTRO ALCALDE SOCIALISTA GANA EN EE.UU Y MANDA UN MENSAJE A TRUMP.



Por fin una buena noticia desde Estados Unidos. La socialista Katie Wilson caba de ganar las elecciones a la alcaldía de Seattle, la ciudad más grande del estado de Washington, arrasando al candidato demócrata que buscaba la reelección. Y esto es histórico, porque Seattle se convierte en la ciudad más grande de todo EEUU gobernada por una alcaldesa abiertamente socialista.


¿Y por qué ha pasado esto? Pues porque los votantes están hartos del Partido Demócrata, que lleva décadas traicionando a la clase trabajadora mientras se arrodilla ante lobbies como el AIPAC y las grandes corporaciones. Rinck ha ganado con un programa de izquierdas de verdad: vivienda pública, impuestos a los ricos, sanidad para todos y apoyo a Palestina. Justo lo contrario de lo que ofrecen los demócratas corporativos.


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jueves, 13 de noviembre de 2025

Rusia: nueva oleada de antisovietismo, por "Norsevan" del 04-11-25




A pesar de ello, encuestas sociológicas publicadas por el Instituto de Investigación Social y Política registran un aumento significativo en la demanda ciudadana de justicia social (hasta un 33%) y un incremento en el número de personas que desean vivir bajo el socialismo (hasta un 44%).



El ámbito político en Rusia sigue estando sumamente restringido en medio de las operaciones militares en curso. Contrariamente a la Constitución rusa, las marchas y concentraciones están prácticamente prohibidas. 



Mediante numerosos cambios legislativos y artimañas tecnológicas -la introducción de la votación en tres días, el voto electrónico remoto y el voto a través de terminales, el impulso masivo al voto por correo y el uso generalizado de recursos administrativos, así como un dominio abrumador de los medios de comunicación y las finanzas- las elecciones se han transformado en una suerte de operación electoral. La censura tácita impide cualquier crítica seria al gobierno o cualquier protesta sin el riesgo de exilio o de ser tildado de agente extranjero.



En un contexto de profunda parálisis tanto económica como política, otros ámbitos de conflicto de intereses de clase están cobrando protagonismo, y las persistentes contradicciones objetivas de la sociedad capitalista se manifiestan de forma distinta. Encuestas sociológicas publicadas por el Instituto de Investigación Social y Política registran un aumento significativo en la demanda ciudadana de justicia social (hasta un 33%) y un incremento en el número de personas que desean vivir bajo el socialismo (hasta un 44%). Numerosos militares combaten en el frente del Distrito Militar Central portando símbolos soviéticos, bajo la Bandera Roja de la Victoria con la hoz y el martillo.



Es evidente que tales sentimientos no favorecen en absoluto a la clase dirigente, que, si bien ha logrado reforzar su control político, ya siente que el terreno se le escapa de las manos. Al parecer, es precisamente por estas circunstancias que la lucha ideológica se ha intensificado notablemente, y la élite gobernante ha desatado una auténtica ola anticomunista que sustituye a la anterior campaña, relativamente lenta, de promoción de la rusofobia y el antisovietismo.


El principal objetivo del nuevo ataque se dirige contra la idea misma de la revolución socialista y contra Vladímir Ilich Lenin personalmente. El primer golpe fue la película «La Momia», producida por el canal de televisión SPAS, conocido por su afición a la ortodoxia. Este costoso pseudodocumental, producido por nacionalistas locales y adoradores del zar, generó mucha publicidad, pero se distinguió por su contenido mediocre. Una mezcolanza de sumerios, demonios, ocultismo, conjeturas, búsquedas de signos secretos, zigurats y especulaciones ya manidas no logró transmitir la impresión de ser un material serio. Sin embargo, se había dado el primer paso, y la reacción pública negativa, neutral y en gran medida indiferente no solo no disuadió a los dirigentes políticos que orquestaban los ataques antisoviéticos, sino que, de hecho, los alentó.



Una especie de secuela de "La Momia" fue la película en varios episodios "Crónicas de la Revolución Rusa", dirigida por el renombrado director Andrei Konchalovsky. Este autor se sintió frustrado al leer los comentarios ingenuos e idealistas que acompañaron el anuncio de la película, sugiriendo que un director tan respetado tendría que encontrar la fuerza para abstenerse de expresar un sentimiento antisoviético virulento: su reputación y dignidad se lo exigían, decían. Ya entonces no había ilusiones sobre esta película; bastaba con saber que la producía el canal de televisión Rossiya con el apoyo de la fundación benéfica Arte, Ciencia y Deporte del acaudalado empresario Alisher Usmanov. Las grandes empresas jamás harían películas positivas, y mucho menos neutrales y objetivas, sobre la revolución y el líder del proletariado mundial.



De hecho, la película no defraudó en absoluto las expectativas de los más escépticos. Cada recurso artístico -los planos, la filmación, la trama, el vestuario, el reparto, etc.- está absolutamente diseñado para blanquear el régimen zarista y la mística «Rusia que perdimos», al tiempo que denigra a los revolucionarios, a los líderes del Partido Bolchevique y a cualquiera que luche por un mundo mejor sin explotación.



No hay interés en profundizar en los numerosos detalles, cuyo análisis exhaustivo podría llenar varios números de Pravda. Basta con señalar que V.I. Lenin es interpretado por Yevgeny Tkachuk, quien saltó a la fama gracias a su papel protagonista en el drama criminal "La vida y aventuras de Mishka Yaponchik". Es bien sabido que los papeles exitosos suelen perseguir a los actores que los interpretan, por lo que la intención de los cineastas resulta evidente: tender un puente de inmediato entre ladrón y gran revolucionario, retratando sutilmente a este último como una chusma insignificante.



Las alusiones criminales no terminan ahí; empeoran: Lenin, Gorki y los bolcheviques presionan a Parvus, como una especie de gánsteres de los 90, y le cortan un dedo. El concepto y la ejecución resultan humillantes para el fundador del primer estado socialista del mundo, que es claramente lo que buscaban los cineastas.



Curiosamente, se crea deliberadamente un contraste muy marcado: los personajes del "viejo mundo" -es decir, los funcionarios, oficiales y estadistas zaristas, Sergei Witte, Pyotr Stolypin, etc.- son personas impecables, agradables, pulcras, inteligentes, tranquilas y razonables. No cabe duda de que se trata de una antítesis deliberada de los revolucionarios, de aspecto deshonesto y, en general, poco atractivos. Un hilo conductor recorre la idea de lo extranjero, casi una influencia externa, en relación con los "agitadores": hay revolucionarios que planean sus "maldades" en París, y aquí Lenin-Tkachuk finalmente llega del extranjero a Petrogrado, a la Estación de Finlandia, y, mirando a su alrededor con cobardía, pronuncia un discurso ante los obreros y soldados revolucionarios.



En cuanto al aspecto histórico de la trama, también abundan las incongruencias. Baste decir que "Crónicas de la Revolución Rusa" prácticamente no menciona el Domingo Sangriento, la Primera Revolución Rusa ni la disolución de la Primera Duma por plantear el crucial tema de la tierra. Es evidente que los cineastas se dedican a la propaganda burguesa y no al documentalismo, pero habría valido la pena dedicar al menos unos segundos a estos eventos cruciales; de lo contrario, toda la acción parece completamente frívola y suspendida en el aire, sin contexto, premisa ni relaciones de causa y efecto.



Vale la pena repetirlo: esperar que esta película sea auténtica, veraz o que refleje el espíritu de la época que retrata es inútil. Los cineastas no tenían ninguna intención de mostrar nada de eso. De hecho, a diferencia de «La Momia» de Korchevnikov, que proclamaba descaradamente y sin miramientos su supuesta calidad documental, los creadores de «Crónica» declaran inmediatamente su obra un largometraje, dándose carta blanca para entregarse a cualquier absurdo y distorsión de la historia. 



Como bien señaló Federico Engels: "La burguesía convierte todo en mercancía, y por tanto también la historia. Por su propia naturaleza, por las condiciones de su existencia, tiende a falsificar toda mercancía: también ha falsificado la historia. Porque la historiografía mejor pagada es aquella en la que la falsificación de la historia se ajusta mejor a los intereses de la burguesía". 



Estas líneas fueron escritas por Engels en 1870, hace más de 150 años. Pero dado que el capitalismo no ha cambiado en su esencia, la relevancia de las palabras de este clásico inmortal sigue siendo insuperable hasta el día de hoy.



La clase que posee los medios de producción, la burguesía, y especialmente su sector más rico -el gran capital oligárquico- invierte conscientemente grandes sumas de dinero y utiliza sus canales de comunicación con la sociedad para difundir su visión burguesa de Lenin, el Partido Bolchevique y la idea misma de la lucha revolucionaria ante una audiencia multitudinaria de trabajadores y explotados. Todo aquello que pudiera ayudar mínimamente a la clase trabajadora a reflexionar sobre su destino, su condición de engranaje inhumano en la maquinaria del capitalismo y su trabajo incesante hasta la muerte, es implacablemente tachado, despreciado y presentado de la forma más desfavorable.



Operaciones especiales de información como «La Momia» y «Crónicas de la Revolución Rusa» no son los primeros, ni mucho menos los últimos, eslabones de una larga guerra de clases en el frente ideológico: una guerra por controlar la conciencia de la mayoría, la única que, mediante sus acciones, puede sostener o derrocar el sistema capitalista. La primera opción exige silencio, inacción y una sumisa sumisión al destino. Este es un camino fácil con consecuencias gravísimas: trabajar para otros, la asfixia de la deuda, la agitación militar, la extinción del pueblo, un campo de concentración electrónico y la inevitable decadencia de nuestra nación.



Un camino diferente exige una lucha de clases ardua y prolongada en todos los frentes -ideológico, económico y político—, así como la autoorganización revolucionaria de la mayoría trabajadora y su partido. Todo esto requiere desafiar diariamente el sistema del capitalismo oligárquico. Y una de las muchas tareas será explicar al pueblo qué son las tristemente célebres «Crónicas de la Revolución Rusa» y cómo la burguesía las necesita para mantener a los trabajadores bajo control.



Fuente: DIARIO PRAVDA



Publicado en:

https://www.norsevan.com/post/rusia-nueva-oleada-de-antisovietismo

domingo, 7 de enero de 2024

jueves, 2 de noviembre de 2023

El socialismo respaldará a Massa y llamó a votarlo, por "El Destape" del 01-11-23

 


El PS publicó un comunicado para dejar en claro su postura. "El Partido Socialista expresa su rechazo al proyecto de La Libertad Avanza y, dadas las condiciones de la contienda electoral, apoya la candidatura de Sergio Massa”, expresaron.

01 DE NOVIEMBRE, 2023 


El socialismo a nivel nacional definió este miércoles acompañar al candidato presidencial de Unión por la Patria, Sergio Massa, en el balotaje del 19 de noviembre de estas elecciones 2023. El apoyo a la candidatura del ministro de Economía llegó a través de un comunicado difundido este miércoles. "El Partido Socialista expresa su rechazo al proyecto de La Libertad Avanza y, dadas las condiciones de la contienda electoral, apoya la candidatura de Sergio Massa”, expresaron.




Con Mónica Fein, jefa nacional del Partido Socialista (PS), al frente, representantes de los 19 distritos del país fijaron la posición institucional para la segunda vuelta presidencial. Se trata de un partido que, por ejemplo, en Santa Fe jugó para Maximiliano Pullaro, gobernador electo de JxC. 


“Siempre fuimos críticos y opositores al kirchnerismo y su modelo. Venimos de derrotarlo categóricamente en Santa Fe. Pero el autoritarismo que expresa Milei es un límite frente al que no estamos dispuestos a mantenernos prescindentes", afirmaron fuentes partidarias sobre la decisión del PS al diario La Capital de Rosario. "La discusión es democracia frente autoritarismo”, sostuvo Fein en el marco del encuentro partidario. Al respecto, en el PS subrayaron que "nunca" serán parte de Unión por la Patria, que no hubo diálogo con el candidato y que la definición obedeció a los riesgos que Milei implica para la democracia.



En 2003, el socialismo había enfrentado el balotaje entre Carlos Menem y Néstor Kirchner proclamando su rechazo al riojano, que se terminó bajando. En la segunda vuelta de 2015 entre Daniel Scioli y Mauricio Macri, el PS no respaldó a ninguno de los dos postulantes a la Casa Rosada. En junio pasado, el socialismo había definido su participación en el frente liderado por el gobernador cordobés, Juan Schiaretti, para competir por la Presidencia. Ahora, irán con Massa.


En el comunicado, expresaron: “Está claro que el sentido del voto del pasado 22 de octubre expresó la necesidad de realizar cambios profundos en la administración del país. La sociedad argentina le dijo basta a la inflación y la inseguridad, al deterioro de la educación y la salud, a la falta de transparencia en el manejo de lo público, a la discrecionalidad en la distribución de los recursos y el abandono de las autoridades nacionales hacia las provincias”, comienza el documento difundido durante la tarde.


MÁS INFO


Macri insiste en defender a Milei: "Somos el cambio o no somos nada"

Elecciones 2023

Macri insiste en defender a Milei: "Somos el cambio o no somos nada"

Sigue el escrito así: “A quienes detrás de la palabra libertad expresan un modelo de sociedad profundamente autoritario y excluyente. Y mucho menos quienes incluyen en la propia fórmula presidencial a quien valida la última dictadura cívico-militar y relativiza el terrorismo de Estado”. 


“Para las y los socialistas los principios y valores democráticos deben anteponerse ante todo. Y es por ello que creemos que es momento de invitar a cada argentina y argentino a que, aún con profundas diferencias con el gobierno actual, asumamos la responsabilidad de evitar un profundo retroceso para nuestra democracia y las posibilidades de nuestro pueblo”,  dijeron en el comunicado.


Y concluyeron: “Es por ello que, manteniendo en alto nuestra agenda y nuestras críticas por la falta de federalismo, por la discriminación de los ciudadanos y ciudadanas del interior de nuestro país, por la desatención y el deterioro del sistema productivo y de las economías regionales; y frente al riesgo mayor que supone para la democracia la posibilidad de que Javier Milei llegue al gobierno, el Partido Socialista expresa su rechazo al proyecto de La Libertad Avanza y, dadas las condiciones de la contienda electoral, apoya la candidatura de Sergio Massa”.



Publicado en:

https://www.eldestapeweb.com/politica/elecciones-2023/el-socialismo-que-apoyo-a-juntos-por-el-cambio-respaldara-a-massa-y-llamo-a-votarlo-202311118130

domingo, 29 de octubre de 2023

MILEI: "La decadencia argentina arrancó con Hipólito Yrigoyen"... ... ... #SiVotasAMileiNoSosRadical


Hipólito Yrigoyen, primer presidente democrático de Argentina

 

 

domingo, 17 de septiembre de 2023

La Justicia Social, por Mario Mazzitelli

 





Por Mario Mazzitelli


La Justicia Social es la Justicia del Pueblo, por el Pueblo y para el Pueblo. No hay Democracia sin Justicia Social. 

La Justicia Social es la Justicia de las grandes mayorías para mitigar la explotación, la  marginación o el empobrecimiento al que son sometidas, por cualquier régimen. Es la Justicia del pueblo trabajador.

Parafraseando a Lito Nebbia podríamos decir: Si existe la Justicia Social, eso quiere decir que hay otra Justicia. 

Efectivamente. La justicia de los poderosos, los ricos, la oligarquía, los privilegiados, los esclavistas, los explotadores o los parásitos rentistas.

Los argentinos, hasta aquí, construimos una democracia contradictoria: votamos los de abajo, pero dominan los de arriba.

Con el saqueo, concentración y fuga de riquezas que lograron los de arriba, nos terminaron hundiendo a los de abajo. La mayoría de los argentinos han ido perdiendo calidad de vida durante las últimas décadas. Se impuso la otra justicia.


La democracia representativa (Con un sistema electoral muy malo) no supo, no quiso o no pudo impulsar la Justicia Social. Los parches y enmiendas de políticas sociales focalizadas, son un fracaso que debemos superar. 


¿Por qué sucede esto?

No es casualidad. Las leyes las escriben legisladores que pertenecen al 1% más rico. Las ejecutan personas que son parte de ese 1%. Las administra un Poder cuyos integrantes son otra fracción del 1%. Y todo bajo la gravitación del 1/1.000.000 (Uno por millón) más rico, que concentra en sus manos los nudos más importantes del Poder Económico y relaciones internacionales con otras oligarquías y burocracias, como reaseguros del sistema. 

Esto debería atenuarse en las democracias republicanas (a las que soy afecto) porque los grandes consensos como: la Constitución, los derechos y garantías, los tratados internacionales, etc. así lo exigen. Pero la tensión, fruto de la gigantesca y artificial desigualdad, se manifiesta invariablemente.  Es una lucha. En ella estamos.


El adalid de los grandes saqueadores.

El 13 de agosto pasado, durante la celebración del resultado de las PASO, el adalid de los saqueadores, redobló la apuesta. En una embestida contra los sectores populares prometió poner fin a “ese modelo basado en esa atrocidad que dice que donde hay una necesidad nace un derecho, pero se olvida que ese derecho alguien lo tiene que pagar. Su máxima expresión es esa aberración llamada justicia social, que es injusta porque implica un trato desigual frente a la ley, pero además está precedida de un robo”

Pronunciarse en contra de la Justicia Social fue una provocación en particular contra los socialistas. "El socialista es una basura, excremento humano". Ataque al que, respetuosamente, no hemos respondido con la vehemencia del caso. Error en el que dejamos el campo orégano para que sus mentiras -ruines y arteras- cabalguen sobre la ignorancia colectiva. 

Sin embargo, nos toca el deber de responderle porque no solo nos ataca a nosotros como militantes políticos. También ataca a Esteban Echeverría (Para quien, en el Dogma Socialista la “Democracia es el régimen de la Libertad basado en la Igualdad de Clases.”. Interesante, porque no habla de igualdad entre las personas, sino de las clases sociales en las que está dividida la sociedad. Clases que son verdaderas castas contra la Libertad de los Individuos), al médico Dr. Juan B. Justo (Para quien el Socialismo es la lucha en Defensa y para la Elevación - material, social y cultural - del Pueblo Trabajador), al abogado de los pobres Dr. Alfredo Palacios (Autor del Nuevo Derecho en Defensa del Pueblo Trabajador y escritor del enorme libro La Justicia Social), a la médica Dra. Alicia Moreau de Justo (Feminista, Sufragista en favor del voto de las mujeres, Pacifista), al Dr. José Ingenieros (autor de investigaciones y obras memorables como las Fuerzas Morales), a Enrique del Valle Iberlucea, Mario Bravo, Carlos Sánchez Viamonte, Enrique Inda, Guillermo Estévez Boero, Alfredo Bravo, Héctor Políno  y otros miles que ya no están y no pueden defenderse. En el plano internacional no quisiera dejar de nombrar al físico y premio Nobel Albert Einstein. En nombre de todos ellos tomamos el guante del desafío y nos preparamos para la lucha.


Viene por todos.

El asunto es que también atacó al Papá Francisco (“Siempre parado del lado del mal”), al pensamiento cristiano, al yrigoyenismo, al peronismo, a la CGT, a la CTA, a los movimientos sociales. No conforme con todo eso agredió un principio inmaculado expresado por la joven Eva Perón: “dónde hay una necesidad nace un derecho.” Etcétera.


Va por más.

Al igual que el general Ibérico Saint Jean en 1977, “Primero mataremos a todos los subversivos, luego a sus colaboradores, después a sus simpatizantes, enseguida a aquellos que permanecen indiferentes y finalmente a los tímidos”; el adalid de los saqueadores acusó a: Mauricio Macri, Ricardo López Murphy, Horacio Rodríguez Larreta y José Luis Espert de ser "socialistas". Más allá de cuestiones psiquiátricas, hay mucho poder detrás de sus dichos. 


La respuesta

Semejante ataque no tuvo una respuesta proporcional. Conozco apenas la dignidad del Dr Miguel Rodríguez Villafañe, pronunciamientos de Julio Piumato, notas de Julio Bárbaro (En una de ellas dice que: “Menem desarmó al Estado regalando las empresas públicas y dejó “el huevo de la serpiente”. Los empresarios se convirtieron en los verdaderos dueños de la política, y se organizan para poder apropiarse de lo que queda)…Quizás hayan existido muchas otras que ignoro. Pero reuniendo todo; no guarda proporción con la potencia comunicacional de un candidato a presidente.


No es solo a las castas.

Con sus expresiones, el servidor y empleado de la casta prebendaria,  adoptando la escuela económica de los sectores usureros, financieros, especuladores y parasitarios; primero le declaró la guerra a la casta política (Único sector votado por el pueblo) y ahora le declara la guerra al pueblo trabajador mismo. Estamos ante la inminencia de una gran confrontación.


La Justicia

Si por Justicia entendemos la equivalencia entre lo que se brinda y se exige, entre lo que se aporta y se toma, entre lo que se produce y se consume; necesitamos: Justicia Social, Ambiental, Fiscal, Laboral, Habitacional, Cultural, Educativa y Sanitaria. Avanzar en esa dirección es el deber de este tiempo histórico. El tema es que, subrepticiamente, van fijando una agenda para completar el saqueo y alcanzar la disolución total del poder nacional; que implica un proyecto común de crecimiento, progreso y bienestar general.


La libertad y la justicia.

Desde su banca en el Senado, Alfredo Palacios sostuvo: “El argentino estima la libertad individual a la par de su existencia. Podríamos resignarnos a todo con tal de que no se pretendiera reformarnos o reducirnos en nuestra personalidad, nuestro destino es la libertad, y si hay otros pueblos más desdichados que necesitan conocer que primero es vivir y después ser libres, nosotros hemos puesto nuestro orgullo siempre en preferir a la vida, la libertad”. Preferir la libertad a vivir sojuzgado es el más alto valor que se le pueda dar. Pero vale agregar unas palabras complementarias de Sánchez Viamonte: “lo característico de la argentinidad es el sentido individualista de independencia personal y de sentimiento solidario. Esos dos impulsos corresponden a la libertad y la justicia…” La lucha de los socialistas argentinos en favor de la libertad y la justicia atraviesa sus dos siglos de presencia en el país. Libertad personal y colectiva de cuyos beneficios deben disfrutar todos, sin privar a nadie.


La propiedad privada y la libertad.

El mayor enredo al que han sido capaces de llevarnos los seudo libertarios o paleo liberales, es la confusión entre la propiedad privada y la Libertad. Así la Libertad, los bienes naturales o artificiales, las relaciones personales, la vida en sociedad y las diversas formas de propiedad: privada, comunitaria, cooperativa, social o estatal; son reducidas a una condicionalidad inexistente: Libertad fundada en la propiedad privada.

Hace 2.500 años, el profeta Isaías, observó con claridad el tema de la privación de propiedad a las mayorías, por la apropiación de la propiedad por parte de las minorías: “La tierra será un bien de todos; no se la dividirá por límites; no se la cerrara entre muros. Si la tierra no estuviera tan lejos del cielo, los ricos se hubieran arreglado de modo que la luz no fuese repartida por igual. El sol comprado a precio de oro no luciría más que para ellos y hubieran forzado a Dios a hacer otro mundo para los pobres”.


Libertad y patrimonio.

La libertad es concerniente a la persona humana, en la integridad física de su cuerpo y en la dignidad de su alma. Se manifiesta en el conjunto de derechos a partir de los cuales expresa su libertad un individuo: transitar, trabajar, pensar y expresar sus ideas sin censura, amar, etc. Todas manifestaciones inherentes a la persona, únicas, irrepetibles, inalienables e intransferibles. Su cuidado es la tarea a custodiar por toda organización social.

Si el ejercicio de la libertad exige la integridad física de las personas, ni su cuerpo, ni alguna de sus partes puede ser considerado mercancía o patrimonio. Tiene valor, pero no tiene precio. Por su valor, se pueden donar órganos. Pero ponerle precio es una atentado mortal contra la libertad. Así vender un órgano, un niño o a una persona mayor (esclavos) son actos aberrantes condenados ya en la historia humana. 

La propiedad, en cambio, es ajena a nosotros. (Es innegablemente nuestra mientras la usamos. Me gustaba decir cuando iba a la playa que era “mí playa”. Y cuando me respondían que había muchas personas habitándola, retrucaba que eran mis invitados. Le seguía una pregunta ¿No sería yo el invitado de ellos? En cualquier caso no era un título de propiedad privada lo que nos permitía a todos disfrutar de un buen momento. Felizmente Argentina aún dispone de muchos espacios de propiedad pública  para el bien común. Una excepción es el Lago Escondido apropiado indebidamente por Joe Lewis y defendido por el bochornoso poder judicial de Río Negro) Con el patrimonio podemos hacer lo que no  podemos con la Libertad. Venderlo, comprarlo, transferirlo, etc. El patrimonio lo puede gestionar una persona, un directorio, un municipio o el estado nacional. Nuestra libertad solo puede ser gestionada por nosotros mismos. 

Es  decir que un pueblo originario, cuyas propiedades son comunes, puede disfrutar de la libertad tanto como cualquier propietario. En esa falsa relación los paleo liberales intentan naturalizar la existencia de grandes fortunas individuales que no han sido el fruto de un solo hombre, sino de la apropiación del trabajo de muchos por un solo individuo.  Si fuera cierto que son “anarco-capitalistas” responderían como Pierre Joseph Proudhon: “¿Qué es la propiedad privada? La propiedad privada es un robo”.  Los socialistas argentinos no somos anarquistas. Vemos que la institución jurídica de la propiedad privada puede ser muy positiva para la sociedad dentro de determinados límites. Y, siempre, sin negar las otras formas jurídicas en que se manifiesta la posesión y dominio sobre una cosa. 

Si los adalides de los saqueadores llegaran a conquistar la presidencia de la Nación, incrementarían la propiedad de los ricos, pero no la de las grandes mayorías populares. 


Proletarios y propietarios.

“He expresado en muchas oportunidades que quería también una patria, un país, una Argentina con menos proletarios y más propietarios…” Carlos Menem. Puede que esa haya sido su intención. Pero no fue su realización. Entre el dicho y el hecho hubo un gran trecho. 

El ilusionismo paleo liberal lograba hacer creer que los desposeídos, los que no tenían para vender en el mercado más que su fuerza de trabajo, obteniendo una retribución mínima para que su prole lo reemplace cuando sus energías y capacidades decaigan, se iban a transformar en propietarios. (Años después iba a llegar el Pro para hablar de pobreza cero) Todo fue  mentira. 

Los grandes propietarios nativos o extranjeros se enriquecieron de manera desproporcionada (con las privatizaciones de servicios monopólicos, o generando oligopolios, o haciendo uso de su poder financiero, etc.) mientras los trabajadores (incluso los que habían alcanzado buenos estándares de vida) vieron retroceder sus ingresos, en muchos casos perder sus trabajos (ferroviarios, metalúrgicos, siderúrgicos, etc.) Se fueron empobreciendo las clases medias y apareció la figura social de la indigencia. El indigente ya no era ese vagabundo perdido por la vida, las plazas o las estaciones de tren, que como un nuevo Diógenes se autoabastecía como podía, sin que mediara un compromiso con la sociedad. No. Ahora se trataba de millones de seres humanos. Preferentemente menores, niños y adolescentes, que no alcanzaban a cubrir sus necesidades mínimas de buena alimentación. Menores que fueron desarrollando otra cultura. Ahora la ñata contra el vidrio  les mostraba dos mundos bien distintos. El de la abundancia, el buen vivir, vestir, viajar y derrochar, del otro lado del cristal. Y cuando se daban vuelta; la precariedad habitacional, laboral, alimenticia y por delante un largo túnel negro sin luz en el final. 


El mundo puede avanzar sin Justicia Social.

Claro que el mundo avanza sin justicia social. Avanza por el trabajo de millones de personas en la producción, el transporte, la comercialización, la ciencia, la tecnología, las artes, la enseñanza, la salud, etc. que crean las riquezas. Puede avanzar con distintas formas de organización social. Y hasta puede hacerlo con el esfuerzo, el sudor y la sangre de las masas populares. Un filósofo moderno ha sostenido que la guerra es un gran incentivo para el progreso. Pero los muertos, mutilados, las familias destrozadas, los amigos perdidos, las ruinas…parecen no corresponderse con tal afirmación. Sabemos que el dolor ajeno no es nuestro (Como no nos duele la muela cuando el vecino se está por desmayar de dolor) Pero asumimos que la civilización en parte es la capacidad de ponerse en el lugar del otro, de verse uno mismo en esa situación, de entenderlo y ayudarlo a mejorar. Si alguien se ha tomado el trabajo de escribir el elogio del egoísmo habrá que escribir el elogio a la solidaridad. Sin la cual, ningún egoísta podría sobrevivir.

Ahora, en la búsqueda del bien común, la política debería articular la mejor combinación entre estado, mercado y sociedad. Ya sabemos que si todo va al estado, se burocratiza y corrompe. Si todo va al mercado, el pez grande se come al pez chico. (Y, como dice Amartia Sen, aunque en el mar esto no sea injusto, a la justicia de los peces le está prohibido incorporarse a la justicia de los seres humanos) El arte de la política moderna es la composición de las  diversas instituciones de manera tal, que logremos el máximo de libertad personal y justicia social; en los estrechos márgenes de un tiempo histórico ineludible, al que estamos supeditados. Pero sin justicia social muchos quedarán herrumbrados en los márgenes de la sociedad. Si los avances en la producción tuvieron correlato en la vida de los pueblos, eso se debió a la lucha. Nunca a las leyes  del mercado. Son los trabajadores los que deben retomar esta bandera. Ya no solo en nombre propio, en bien de toda la comunidad.


La falacia de las necesidades infinitas.

El adalid y empleado de los saqueadores dice que “no puede nacer un derecho cuando hay una necesidad, porque las necesidades son infinitas y alguien las tiene que pagar”. Pero de hecho, no existen necesidades infinitas. Cualquiera lo puede comprobar en su propia vida, en la de su familia o su barrio. Nunca se le escuchó a nadie decir: “necesito una cantidad infinita de dinero para satisfacer mis necesidades sin límite”. 


Los derechos se establecen sobre las Necesidades Básicas.

El Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) estableció dos líneas; una para medir la indigencia, con una canasta básica de alimentos (CBA) y otra la pobreza con la inclusión de bienes y servicios no alimentarios (vestimenta, transporte, educación, salud, etc.) con el fin de obtener el valor de la canasta básica total (CBT) Alrededor de 4.000.000 (cuatro millones) de compatriotas no llegan a obtener un ingreso para alimentarse correctamente y otros 16.000.000 (dieciséis millones) son pobres. Una pregunta posible es ¿Cuánto le faltaría a cada uno para superar la línea de pobreza? Como este cálculo no se puede hacer persona por persona, el problema se resuelve con un Ingreso Básico Universal (IBU) ¿A cuánto ascendería para erradicar la indigencia y la pobreza? Digamos 6% del PBI. Con ese magro 6% logramos que el 100% de los argentinos puedan ejercer su libertad, desarrollar sus aptitudes, cooperar mejor al desenvolvimiento de toda la sociedad. Como se ve, no son infinitas y con muy poco se pueden resolver los dramas sociales de un capitalismo periférico de saqueo, que hunde a la población en la pobreza. A los dichos de Eva Perón podríamos reformularlos: DONDE  HAY  UNA  NECESIDAD  BÁSICA  INSATISFECHA  NACE  UN  DERECHO.

 

Artículo 14 bis de la Constitución Nacional.

El Dr. Miguel Rodríguez Villafañe ha advertido que se prepara un ataque al artículo 14 bis de la CN. En este art. se rescatan un conjunto de derechos para el pueblo trabajador surgidos de luchas históricas. “El trabajo en sus diversas formas gozará de la protección de las leyes, las que asegurarán al trabajador: condiciones dignas y equitativas de labor, jornada limitada; descanso y vacaciones pagados; retribución justa; salario mínimo vital móvil; igual remuneración por igual tarea; participación en las ganancias de las empresas, con control de la producción y colaboración en la dirección; protección contra el despido arbitrario; estabilidad del empleado público; organización sindical libre y democrática, reconocida por la simple inscripción en un registro especial. Queda garantizado a los gremios: concertar convenios colectivos de trabajo; recurrir a la conciliación y al arbitraje; el derecho de huelga. Los representantes gremiales gozarán de las garantías necesarias para el cumplimiento de su gestión sindical y las relacionadas con la estabilidad de su empleo. El Estado otorgará los beneficios de la seguridad social, que tendrá carácter de integral e irrenunciable… jubilaciones y pensiones móviles; la protección integral de la familia; la defensa del bien de familia; la compensación económica familiar y el acceso a una vivienda digna”.

Por estos derechos se luchó. Se hicieron realidad décadas después. Llegaron a la Constitución con otro formato en 1949. En 1957 se hizo esa redacción. La última reforma de 1994 la ratificó. Si planteados hace más de un siglo podían considerarse derechos de avanzada, para mediados del siglo XX eran perfectamente aceptables. Si con la productividad de aquellos años ya se podían garantizar, ¡cuanto más sencillo sería hacerlo en la actualidad! dado el gigantesco progreso tecnológico. Sin embargo los saqueadores, como los ratones con el queso, son insaciables y vienen por los derechos de la mismísima Constitución. Negro sobre blanco en Argentina se están creando las condiciones para una gran confrontación, si es que el pueblo no quiere ser reducido a una indigna servidumbre.

lunes, 19 de junio de 2023

lunes, 13 de diciembre de 2021

La derecha por su nombre, por Claudio Véliz (para "La Tecla Eñe" 10-12-21)



Un decálogo de sentidos comunes antipopulares.


Estamos atravesando un tiempo muy peligroso en que las derechas volvieron a mostrar su rostro más siniestro. Las violencias neofascistas se han conjugado, en nuestra región, con el desamparo propiciado por las consabidas recetas neoliberales. En este artículo, Claudio Véliz discurre sobre la pertinencia de ciertas nominaciones, nos ofrece un decálogo de los trillados gestos reaccionarios de “nuestra” derecha y nos invita a repensar la necesidad imperiosa de componer las diversas expresiones populares para enfrentar la virulencia inédita de esta avanzada furibunda.


Por Claudio Véliz*


(para La Tecl@ Eñe)


Tras el estrepitoso desplome de los “socialismos reales”, cuyos acontecimientos simbólicos más emblemáticos fueron el derrumbe del muro de Berlín y la posterior implosión de la Unión Soviética, los más fervorosos promotores de las recetas (neo)liberales desplegaron (con el inestimable auxilio de los oligopolios mediáticos) una obstinada batería de fórmulas, eslóganes y sentidos comunes: “nos hallamos frente al fin de la Historia”, “ha triunfado definitivamente la democracia liberal”, “las ideologías se han vuelto obsoletas”, “hemos superado todas las experiencias colectivistas y/o socialistas”, “todos somos ciudadanos de un mundo cosmopolita”, “el mercado será el exclusivo regulador de las transacciones económicas”, “la libertad derrotó al comunismo”. Pero dichas afirmaciones no se presentaban como posicionamientos políticos o miradas (polémicas) del mundo sino como el corolario inevitable de un devenir despolitizado y posideológico. Cualquier propuesta reticente a tamañas obviedades era considerada autoritaria, anacrónica, nostálgica. Los mercados pasaron a ser sinónimo de “el mundo”, las legislaciones aperturistas y flexibilizadoras se convirtieron en la panacea universal y la privatización de lo público devino destino irrenunciable. La ortodoxia monetarista triunfante consagraba el libre fluir de los capitales cuya contrapartida (deseada) era el endeudamiento y la fuga.


En resumen: apertura comercial, flexibilización laboral, privatización y liberalización financiera constituían el único modo de “estar en el mundo”, de insertarse en una geopolítica planetaria unipolar, de “hacer lo que hay que hacer”. Mientras que la defensa de lo público, las políticas igualitarias e inclusivas, las reivindicaciones sociales y laborales, apenas subsistían como resabios dogmáticos, excrecencias anticuadas de una era superada, persistencias de un colectivismo vencido e impotente. Si los socialismos habían perecido, ya no había razones para los conflictos, los desacuerdos, los combates políticos. En el mundo libre de la posmodernidad neoliberal, la escisión entre Izquierda y Derecha habría perdido, definitivamente, su vigencia. Cualquier alusión a dicha dualidad se tornaba absurda, inadecuada, desatenta, desinformada.


Les debemos a los movimientos populares de Nuestra América de principios de siglo su reinvención de la política, su apuesta por la integración regional, su revalorización de las luchas sociales y su reivindicación del protagonismo plebeyo. Pero también, el haber puesto en evidencia los ribetes reaccionarios y conservadores de aquellas “liberalizaciones” asumidas como irreversibles. Al cabo de varias décadas de desamparo aprendimos (entre otras tantas “lecciones”) a llamar a la derecha por su nombre, por ese nombre hábilmente silenciado, disimulado, eludido.


De todas maneras, no podemos negar que, desde hace algunos años, esta obsesión por las máscaras y los disfraces se ha relajado. La derecha nativa ha allanado, pacientemente, el camino para exhibir su rostro más desenfadado, más desinhibido. En estos tiempos aciagos no ha hecho más que alardear de su odio y su hostilidad hacia los sectores más vulnerables (el enemigo elegido a combatir) a los que ha designado de muy variadas maneras: planeros, vagos, negros, populistas, chorros, kukas. Por otra parte, esta modalidad extrema de la violencia política se conjuga, invariablemente, con todos los lugares comunes de la ortodoxia monetarista económica. No debiera sorprendernos en absoluto que, con enorme justicia, muchos politólogos caractericen a esta coyuntura como un neoliberalismo neofascista: explosiva combinación entre extremo liberalismo económico y sádica violencia política. Sus adalides ya no se esmeran en disimular que hablan en nombre del gran capital, que reniegan de los impuestos a las grandes fortunas, que aborrecen de los controles de precios, que se proponen terminar con las indemnizaciones por despido y con todos los derechos laborales, que consideran a los salarios un costo elevado para los empresarios, que prefieren los ostentosos proyectos inmobiliarios a la construcción de viviendas populares, que creen ciegamente en la sagrada mano invisible de los mercados, que volverían a endeudarse una y mil veces más… Y, sin embargo, a pesar de este inédito sinceramiento, se resisten a asumirse “de derecha”: prefieren presentarse como liberales, libertarios o defensores de una “democracia de mercado”. El prefijo liber opera como doble comando: asocia la idea de libertad meramente con la liberación de los mercados, al mismo tiempo que disimula sus violencias clasistas y racistas.


Al menos desde la crisis del marxismo coincidente con el apogeo del neoliberalismo –tal como hemos afirmado–, las categorías de izquierda y derecha han sido subestimadas, revisadas, cuestionadas. Ya por los defensores de una pretendida “tercera vía”, ya por el liberalismo triunfante, ya por ciertas expresiones del campo nacional-popular que se negaban a reconocerse en dicha herencia europeísta de la Francia revolucionaria. Si bien admitimos como válido este último cuestionamiento, también creemos “estratégicamente” conveniente reafirmar dicha distinción. No nos parece oportuno renunciar a una oposición que en términos políticos, sociales y culturales, resulta tan clara y contundente como aún esquiva para sus partidarios. Desde siempre, los sectores populares hemos asociado a la derecha con el elitismo oligárquico, la defensa de los privilegios de clase y el odio hacia todas las expresiones del mundo plebeyo. No creemos que existan razones de peso para repensar dicha nominación en estos tiempos de furia desencajada. Precisamente por ello, les proponemos el siguiente decálogo de las más trilladas expresiones, prácticas y exigencias de sus atildados representantes:


1. La centralidad del mercado: ellos aseguran que todas las transacciones económicas deben quedar libradas al arbitrio de los mercaderes. Por consiguiente, consideran que cualquier control y/o regulación estatal contribuye a distorsionar/tergiversar/alterar la libre circulación de los capitales. Identifican al mundo con “el humor de los mercados” y a la liberalización de los flujos mercantiles como la única forma de “estar en el mundo”. Aborrecen de todo lo público en nombre de una pretendida superioridad de lo privado. Promueven la privatización, el endeudamiento, la flexibilización y precarización laborales, la rebaja de los impuestos a las patronales y el ajuste perpetuo del gasto social (es decir, del presupuesto destinado a salarios, jubilaciones, asignaciones sociales, salud, educación, obra pública, vivienda, ciencia y tecnología, etc.).


2. Primero los negocios: desde sus tempranas reuniones secretas de los años 30, y de un modo ininterrumpido hasta la actualidad, los partidarios de la ortodoxia (neo)liberal vienen batallando sin tregua contra cualquier modalidad de “intervención” estatal en sus negocios privados. Consideran que los aportes tributarios son confiscatorios, lanzan sus encendidas diatribas contra dicho sistema “socializante”, esgrimen que toda política impositiva ahuyenta las inversiones, convocan a no pagar los impuestos por considerarlos “distorsivos”. Sin embargo, cada vez que les toca dirigir los asuntos del Estado no dudan ni un minuto en valerse de toda la parafernalia institucional para favorecer, promover o facilitar sus negociados. Fue en este sentido que se orientó la reforma estatal del menemato, las privatizaciones de empresas públicas, la venta ilegal de armas, la liberalización del ingreso y egreso de capitales, las políticas “aperturistas”, el endeudamiento descontrolado con sus sucesivos megacanjes. Por esta misma senda, el primer gobierno de los CEOs de nuestra historia diseñó su política económica para enriquecer (aún más) al 1 % de los más ricos, mediante medidas tales como: la devaluación, los tarifazos, la liberación de precios, la rebaja impositiva para patrones y rentistas, el endeudamiento o el blanqueo de capitales; pero también, en virtud de la fuga, la evasión, la elusión o las guaridas fiscales. Y todo ello sin contar las maniobras fraudulentas con que dicho gobierno benefició a empresas propias o “amigas”: Shell, Autopistas del Sol, Parques Eólicos, Macair-Avianca, Iecsa, Isolux, Pampa Energía, Cablevisión, Techint, Tecpetrol, los bancos, los medios concentrados o las distribuidoras energéticas.


3. Argentina es un país de mierda: al menos cuando gobiernan sus “enemigos”, la derecha argentina se obsesiona por descalificar todos y cada uno de sus aciertos. Para ello suele apelar a ciertos clichés siempre “a la mano”: “somos un país de mierda”, “todos roban”, “estamos fuera del mundo”, “la presión tributaria es insoportable”, “con mis hijos, no”, “van por todo”, y un sinfín de etcéteras. E inmediatamente, contratacan con los ejemplos que sí deberíamos seguir –según ellos– para ser un país serio. Así, repiten como un karma que deberíamos seguir el ejemplo de Chile o el de los países del norte europeo (valga nuestra sorpresa). En el primer caso, suena comprensible ya que se trata de uno de los países más desiguales del continente, donde las jubilaciones son privadas, la universidad está arancelada y los resabios de la violencia pinochetista resultan ostensibles. En cambio, la mención de las sociedades nórdicas exhibe una ignorancia suprema ya que dichos países se hallan en las antípodas de sus aspiraciones conservadoras: allí, los controles y las regulaciones estatales resultan centrales, el gasto público tiene buena prensa, las asignaciones sociales son elevadas y variadas, la presión impositiva es altísima, y las grandes fortunas aportan más de un 50 % de sus ingresos. Huelga decir que, en las antípodas del conservadurismo ilustrado de los siglos XIX y XX, la derecha actual no cesa de cultivar la ignorancia y la sinrazón.


4. Contra la política, el Estado y los sindicatos: la retórica autoritaria y conservadora se halla atravesada por sesgos antipolíticos, antiestatalistas y antisindicales. Las siguientes expresiones, repetidas hasta el hartazgo, dan cuenta de dicha orientación: “yo no me meto en política”; “los políticos son todos chorros y conforman una casta privilegiada”; “el Estado es opresivo, nos controla, nos confisca, interfiere en nuestra libertad”; “los sindicalistas son corruptos”, “los sindicatos alimentan la vagancia”, etc., etc. Esta prédica, que ha calado muy hondo en el sentido común de nuestras sociedades, se amplifica y multiplica en momentos de crisis (de alguna forma, el “que se vayan todos” de 2001 responde a un peligroso direccionamiento del hartazgo). Ahora bien, si todos los representantes del pueblo son privilegiados, chorros y corruptos, mientras que la democracia directa asamblearia ha demostrado ser una experiencia que, aunque potente y enriquecedora, resultó efímera, ¿cuál sería nuestra alternativa de gobierno?, ¿qué sería de nuestras sociedades sin política, ni Estado ni sindicatos? La respuesta es en extremo sencilla: nos hallaríamos inmersos en una jungla gobernada directamente por las corporaciones (financieras, económicas, mediáticas) sin la mediación indispensable del juego político democrático, de las regulaciones estatales y de la defensa de nuestros derechos laborales. Si la política es sucia y corrupta solo nos queda entregarnos, atados de pies y manos, al arbitrio absoluto de buitres, banqueros, acreedores, financistas y grandes grupos económicos. Si algo añora esta verdadera “casta” hereditaria es la completa aniquilación del sufragio universal, de los sindicatos y de los controles estatales que obstaculizan sus fabulosos negocios.


5. Lawfare: desde principios de este siglo una parte considerable de Nuestra América vivió una verdadera “primavera democrática” signada por un conjunto de líderes populares que decidieron hacer justicia con las más acuciantes demandas de sus respectivos pueblos. Así, se impusieron políticas con orientación igualitaria, distributiva, democratizadora e inclusiva. En todos estos países se asistió a un descenso inédito de los índices de pobreza, indigencia y desigualdad, a una notable ampliación de derechos para las mayorías silenciadas y a una sostenida movilización popular que consolidó dichas conquistas. Como no podía ser de otro modo, los grupos dominantes que vieron amenazados sus privilegios, se encargaron de instrumentar su venganza: demonizaron a los líderes y a sus movimientos, estigmatizaron a sus seguidores, los acusaron de violentos y autoritarios, crearon una “mesa judicial”, les abrieron cientos de causas, los obligaron a exiliarse, los encarcelaron, los destituyeron mediante golpes parlamentarios, lanzaron falsas noticias, intervinieron las redes sociales, espiaron ilegalmente a propios y a extraños, judicializaron las políticas públicas (incluso aquellas que recibieron el apoyo mayoritario en el Congreso). Resultaba indispensable instalar que se trataba de políticos corruptos que habían abusado de su poder y/o traicionado a su patria. Los casos de Lula, Correa y CFK son paradigmáticos al respecto, aunque también los de Zelaya, Lugo o Dilma Rousseff. La guerra jurídica continúa y se impone más allá de los cambios en los elencos gubernamentales.



6. Identificación con el fuerte: Tal como lo han demostrado numerosas investigaciones psico-sociológicas (muy especialmente, las dirigidas por el filósofo alemán Theodor Adorno y sus colegas de Berkeley, hacia mediados del siglo pasado), uno de los tantos síndromes de la personalidad autoritaria es la identificación con el fuerte y su consecuente hostilidad hacia los débiles. Cuando se internaliza el control social opresivo, muchos sujetos se adaptan a dicho ordenamiento asumiendo, de un modo irracional, la obediencia y la subordinación a la autoridad (e identificándose con quienes se hallan en el vértice de la pirámide). Así, la estructura pulsional sadomasoquista opera, a la vez, como la condición y el resultado de dicha adaptación. Esta constitución tan particular del superyó permite que la hostilidad hacia el padre represor se convierta en amor por su autoridad. De esta manera, una parte de la agresividad resultante de las represiones y los tabúes, es absorbida y transformada en masoquismo (autocastigo, autoimposición de un sacrificio necesario), mientras que la otra parte sobrante se canaliza como violencia sádica hacia aquellos con quienes el sujeto no se identifica: los grupos débiles y marginales (que vendrían a sustituir al padre-autoridad odiado). Aquí, los estereotipos cumplen una función central ya que logran re-dirigir la energía libidinal de acuerdo con las demandas de un superyó muy estricto. No debiera extrañarnos, entonces, que muchos sectores de las clases medias (y no solo) se identifiquen con sus amos o patrones, al mismo tiempo que destilan todo su odio hacia los sectores menos favorecidos (quienes representan ese lugar al que nunca querrían llegar). Así, resulta en cierta forma comprensible (aunque nunca justificable) que muchos se hayan sentido identificados con los terratenientes agroexportadores, o con la empresa Vicentin, o con la “libertad” de Paolo Rocca para despedir decenas de trabajadores, o con los ricos “que no vienen a robar”, o con los CEOs, o con los dueños de grandes fortunas. Y también podemos entender que la contracara de dicha sumisión sea la repugnancia hacia quienes se hallan en la base (o directamente afuera) de la pirámide: los pobres, los que viven de un subsidio, los inmigrantes ilegales, etc.


7. Marketing, fascismo y posverdad: Al menos desde los años 90, la práctica política, el discurso propositivo y la discusión ideológica comenzaron a ceder frente a la denominada videopolítica: publicidad de lo privado, centralidad de la imagen, campañas diseñadas en torno del marketing y el focus group, espectacularización de la gestión pública y estetización de la política. La irrupción de las tecnologías digitales y la concentración mediática resultaron decisivas para semejante transformación que ultrajó la palabra política y el debate público para convertirlos en espectáculo, y disimuló el espesor conflictivo de las relaciones sociales, condenando por anacrónico y nostálgico cualquier reclamo y/o reivindicación sectorial. Todas las prácticas y los discursos se tiñeron de un matiz exhibicionista, obsceno, cínico (una modalidad de la ideología que superaba en efectividad al ocultamiento hipócrita de las violencias del poder). Tanto en las revistas de moda como en la TV se exhibían las mansiones de los famosos, los banquetes de las elites, las ferraris del poder, los romances del establishment, los encuentros de funcionarios con estrellas del jet set. Por consiguiente, la emergencia de un gobierno popular que venía a reivindicar la militancia y a recuperar la palabra política no hizo más que enardecer la reacción mediática de quienes solo temían perder prerrogativas. Se imponía, así, una resistente burbuja cognitiva que se retroalimentaba de miedos, virulencias, falsas noticias, estigmatizaciones, eslóganes repetidos, sadismo extremo. Un inédito deseo de no saber (novedosa peculiaridad de la ideología neofascista-neoliberal) se imponía por sobre cualquier discurso racional/argumentación rigurosa. La fórmula vacía (aunque incansablemente repetida) reemplazaba al dato, al indicador, al cotejo empírico. El hedonismo de los ricos devenía siniestro, la desinhibición sustituía a la cautela, las prácticas fascistas descreían de las máscaras democráticas, el cinismo adquiría el rostro de la posverdad. En el marco de esta confusión organizada y administrada fue posible que esta derecha conservadora, violenta y antidemocrática pudiera enarbolar estandartes que históricamente habían inspirado las luchas populares: libertad, cambio, república, democracia.


8. De odios y violencias: cada vez que debe ceder el poder político a gobiernos populares (han sido muy poco frecuentes estos casos a lo largo de nuestra historia), la derecha comienza a preparar su campaña de desestabilización. Durante los gobiernos kirchneristas, las reacciones de violencia, agresividad y descalificación del “enemigo” alcanzaron niveles asombrosos que superaron con creces a las registradas durante el primer peronismo. Apenas sintieron amenazados sus privilegios, los dueños del capital concentrado lograron que todos los dispositivos mediáticos se alinearan para constituir un monstruo temible; un demonio espantoso al que era posible aludir con la sola mención de una letra. Así, consiguieron que las políticas distributivas e inclusivas y la ampliación de derechos en beneficio de los sectores más vulnerables fueran percibidas como un ataque contra “los que progresan gracias a su esfuerzo individual”, contra quienes “no le deben nada a nadie”, contra los que “hicieron méritos suficientes como para alcanzar su posición”, etc., etc. Una vez instalada esta grieta mediática (absolutamente incompatible con los motivos de la conflictividad social), la tarea consistía en disparar contra el chivo expiatorio amenazante, corrupto y autoritario, hasta ponerlo fuera de combate. Las estrategias fueron muy diversas: agitar temores, instigar un rechazo ciego y visceral, incitar a la violencia y al escrache de funcionarios y legisladores, agredir, insultar, provocar, difamar hasta a los más tibios simpatizantes K, e incluso a los neutrales. Al mismo tiempo, lograban crear el clima propicio para manipular los casos de inseguridad callejera y, así, vomitar su persistente reclamo: “meter bala”, pena de muerte, linchamientos y reducción de la edad de imputabilidad. Claro que este cóctel explosivo no podía privarse de la cuota indispensable (en toda derecha) de racismo y odio de clase, dirigida, especialmente contra populistas, mapuches o planeros.



9. La indignación perpetua: otra de las tantas estratagemas de la derecha para debilitar o derrocar a los gobiernos populares consiste en la activación permanente de la indignación. Poco importa si dicho objetivo se logra a partir de una noticia falsa, de la tergiversación de un acontecimiento o de la exaltación hiperbólica de algún atributo capaz de generar malestar. De lo que se trata es de instaurar la sensación de que todo está mal, de que no vale la pena respetar las normativas vigentes, de que cualquier esfuerzo es inútil, de que el gobierno protege a los vagos y a los chorros. Nos basta con sintonizar (prácticamente) cualquier canal de noticias para advertir dicha obstinada producción de malestar: las vacunas no sirven, los hisopados están adulterados, nos tienen encerrados para que no salgamos a protestar, no me permiten ser libre, no nos dejan comprar dólares, somos Venezuela, nos apartamos del mundo, no tenemos crédito, etc., etc. También las “corridas cambiarias” (promovidas por un puñado de especuladores) y sus maliciosas “lecturas” mediáticas contribuyen con dicha escena apocalíptica de crisis, confusión e inminente estallido. Las pantallas se tiñen de rojo, suenan las alarmas, el ruido es ensordecedor, el fastidio no tardará en devenir violencia. En absoluta sintonía con estas operaciones de desgaste, la única propuesta de campaña de esta derecha ultraderechizada es la exhibición de un cartel que dice: ¡Basta!


10. Somos Derechos y Humanos: la derecha (en cualesquiera de sus expresiones) nunca se arrepintió ni se autocriticó por su activa participación en tiempos del genocidio planificado; incluso, continúa reivindicando lo actuado ante un “enemigo” que, por entonces, era considerado subversivo mientras que hoy se lo suele sindicar, directamente, como montonero (con el objeto, no solo de justificar el terror de Estado, sino también de trazar una línea de continuidad entre aquella juventud guerrillera de raíces peronistas y el kirchnerismo). Dicha reivindicación, sin embargo, no suele tornarse explícita mediante consignas taxativas, “claras y distintas” (salvo en algunos casos en que se afirma que “los militares se quedaron cortos”, o que “debieron haberlos matado a todos”), sino a través de una diversidad de expresiones tendientes o bien a criticar el accionar guerrillero, o bien a denostar a las organizaciones de DD.HH: “queremos una memoria completa”, “no fueron treinta mil”, “el número lo arreglaron en una mesa de negociación”, “a los familiares, lo único que les interesaba era cobrar un subsidio del Estado”, “el curro de los derechos humanos”, “son madres de guerrilleros”, “defienden el comunismo con financiamiento estatal”. Recordemos que durante el gobierno de Macri, no solo volvieron a repetirse muchas de estas fórmulas (en boca del propio expresidente y de varios de sus funcionarios), sino que también se intentó consagrar la impunidad de los asesinos (mediante el 2 x 1), se demoraron los juicios por crímenes de lesa humanidad, se habilitaron los desfiles militares con motivo de las celebraciones patrias, se inició una persecución judicial contra Hebe de Bonafini y se le negó financiamiento a las actividades sociales y culturales que venían desarrollando las organizaciones humanitarias.


Un simple recorrido por los portales de noticias, por los laberintos cloacales de las redes sociales o por los discursos y expresiones del arco opositor, resultará suficiente para comprobar la veracidad de cada una de las anteriores afirmaciones. Será muy sencillo advertir, con absoluta claridad, que la derecha les exige a los gobiernos de turno y nos propone, con excesiva vehemencia, a las víctimas de sus requerimientos, opciones como las que siguen: entregarnos a la voracidad de los mercados; anular las indemnizaciones por despido; liberar el dólar y las tarifas; acordar con el FMI “a como dé lugar”; rebajar aportes patronales; eliminar retenciones a las exportaciones; achicar el gasto público; defender a los formadores de precios y a los propietarios de grandes fortunas; estigmatizar a los que viven de la ayuda social; demonizar a políticos y sindicalistas; cultivar el odio; estimular las conductas masoquistas y sacrificiales; incentivar la hostilidad y la violencia hacia los más desamparados; amenazar con el caos; propiciar el uso de armas de fuego; alentar el asesinato por la espalda; defender incondicionalmente a la mafia judicial; negar el genocidio; desprestigiar a la ciencia y a la política; promover una burbuja emotiva y cognitiva resistente a cualquier embate de la crítica, la reflexión y la rigurosidad; indignarse, encender alarmas, hacer ruido, confundir, convencer de que nada vale la pena y de que solo los fuertes podrán guiarnos para salir del laberinto.


Frente a tamaña virulencia contra quienes habitan la base de la pirámide social, y en virtud de este colosal poderío sustentado en los dispositivos mediáticos, financieros, judiciales e institucionales (además de sus inquebrantables relaciones con la embajada norteamericana), las vías para resistir los embates de esta derecha neofascista resultan cada vez más acotadas. Cualquier alternativa que favorezca la dispersión en nombre de una pretendida pureza política no hace más que hundirnos en la impotencia. Cualquier exceso de pulcritud ideológica que solo integre a los militantes inmaculados (a las “almas bellas”) se torna imperdonable. Si lejos de intentar conectar/articular/com-poner las diferencias nos limitamos a celebrar su diseminación, habremos contribuido a una derrota segura. Si esta derecha criminal recupera el poder político, podría sentirse tentada a cumplir con su explícita promesa genocida (una Argentina sin kirchneristas/peronistas/populistas/zurdos). Aún estamos a tiempo de evitarlo.



Avellaneda,10 de diciembre de 2021-


* Sociólogo, docente e investigador (UBA, UNDAV) – claudioveliz65@gmail.com



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