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miércoles, 1 de febrero de 2023

Ucrania se nutre de potentes tanques, pero pocos para dar vuelta la guerra, por Eduardo Febbro (para "Página 12" del 29-01-23)


M1 Abrams

EE.UU. y Alemania comenzaron a proveerle armamento pesado pero con cautela


Los tanques Leopard II de Alemania y M1 Abrams comenzarán a llegar a Kiev a cuenta gotas. Occidente teme expandir la guerra por fuera del tablero actual de operaciones.


Por Eduardo Febbro

29 de enero de 2023

Estados Unidos y Alemania dieron el paso que faltaba para que la guerra en Ucrania cambiara tal vez de rumbo. Ambos países entregarán a Ucrania los tanques alemanes Leopard II y los estadounidenses M1 Abrams en una decisión que responde a una prolongada demanda de las autoridades de Kiev, pero a la cual los aliados --dividos ante esa opción-- habían rechazado. 


Esta decisión marca dos tendencias. La primera: al implicar a Estados Unidos en el suministro de armas pesadas, Alemania renuncia a liderar el eje europeo en esta guerra que se inició en febrero de 2022. La segunda: los tanques alemanes podrían ser decisivos en el futuro, dada su probada eficacia. Para Moscú esto es un “espejismo”. Los analistas políticos también ven en estas decisiones un paso más político que práctico. Sumados unos a otros, los tanques que llegarán a Ucrania están lejos de los 300 necesarios para que Kiev pueda armarse con material determinante.


Al cabo de múltiples presiones aliadas y dentro de su propio país, el canciller alemán Olaf Scholz autorizó la entrega de los Leopard II del ejército alemán y de los mismos tanques que tienen los ejércitos de los países aliados (Dinamarca, Países Bajos, España, Finlandia, Polonia). Berlín acordó, por ahora, entregar 14 tanques. El cambio de Alemania es radical: Berlín, hace un año, sólo se había comprometido a suministrar 5000 cascos a Ucrania. Luego aceptó conceder material más pesado para un total de 3.000 millones de dólares. Olaf Scholz dio vuelta su posición luego de que el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, anunciara en un comunicado el suministro de 31 tanques Abrams. 


El pasado 15 de enero, Gran Bretaña fue el primer país occidental que accedió a proveer a Ucrania “armas pesadas”: 14 tanques Challenger 2. Según Biden, la provisión de los tanques alemanes a Ucrania no representa “una amenaza de que haya una ofensiva contra Rusia”. La afirmación está lejos de ser cierta. Una de las razones por las cuales los aliados de Ucrania nunca estuvieron de acuerdo con la provisión de tanques Leopard II y Abrams fue porque, debido a su alcance y eficacia, se temió que acarrearan una escalada mayor del conflicto. En más de una ocasión, el canciller alemán reiteró que se trata de “evitar una guerra entre Rusia y la OTAN”. Sin embargo, la postura occidental de presentarse como “aliado” no beligerante, pierde cada día substancia.


Con Washington a la cabeza, los países que respaldan a Ucrania se comprometieron a dar 108 mil millones de dólares en ayuda militar, financiera o humanitaria. EE.UU. aporta 47,9 mil millones, Europa 29,7 mil millones y el resto otros 28 países. Una vez conocida la dotación de los tanques, Kiev habló de “una jornada histórica” y el Secretario General de la Alianza Atlántica, Jens Stoltenberg, dijo que la decisión del Ejecutivo alemán “representa un cambio que podría contribuir a la victoria de Ucrania”. Los tanques Abrams recién llegarán a Ucrania en septiembre y los Leopard II este mes de marzo. Estas decisiones y sus consecuencias son, por ahora, más retóricas que reales. Los tanques son muy pocos como para decidir la suerte de un conflicto de esta naturaleza. El mensaje político es, sin embargo, muy sólido.


Moscú ya se había burlado de la posibilidad de que Ucrania contara con estas armas y habló de “ilusión” occidental. Con la decisión ya conocida, Sergueï Netchaev, embajador de Rusia en Berlín, dijo que esto “aumenta el nivel de confrontación del conflicto”. Por su parte, el Kremlin, a través de su portavoz Dmitri Peskov, declaró que “los tanques occidentales se quemarán como los demás”. Olaf Scholz consiguió liberarse de la misión que la administración estadounidense le quería imponer: ser el líder europeo de la guerra contra Rusia derivada de la invasión a Ucrania. Al haber tanques alemanes y norteamericanos, Scholz incluyó a Washington en esta nueva etapa que comienza, sin por ello asumir el papel de jefe de los aliados europeos. Ello prueba, una vez más, que la Unión Europa no quiere dar un paso militar sin estar asistida por EE.UU. La tan evocada “Europa de la defensa” es un cuento para coloquios y conferencias. El politólogo alemán Markus Linden comenta al respecto que “no caben muchas dudas de que EE.UU. hubiera querido que los europeos se ocuparan de su destino. Sin embargo, creo que el canciller alemán no confía en la capacidad europea para sacar adelante el tema de la defensa común”.


Si Ucrania combinara en sus fuerzas tanques alemanes, británicos, estadounidenses y tal vez los franceses Leclerc, el mantenimiento y funcionamiento de cada modelo difiere. Esa es una de las razones por las cuales las autoridades de Ucrania optan por el modelo alemán, el más avanzado y expandido entre los ejércitos europeos con más de 2.400 unidades.


Para la mayoría de los expertos, estas armas pesadas podrían brindarle a Kiev una ventaja considerable en regiones del este, donde Rusia vuelve poco a poco a recuperar el control, luego de fuertes derrotas. El Instituto Internacional para los Estudios Estratégicos considera que si “Ucrania recibiera unos cien tanques, las consecuencias en los campos de batalla serían significativas”. Entre los atributos más valorados de los Leopard II figuran: una velocidad máxima de 70 km/h, autonomía de 450 kms, protección contra minas y misiles, y puede combatir mientras se desplaza. Se estima que el Leopard II “es capaz de atravesar las líneas enemigas y ganar mucho terreno”. Sus proyectiles alcanzan 5 kms y cuando recibe disparos, diluye la energía hacia el exterior protegiendo a la tripulación. Se necesitan entre cuatro y seis semanas de entrenamiento para manejarlo.


Enero ha sido el mes central en el compromiso de Occidente con la guerra en Ucrania: las armas pesadas estratégicas empezaron a entrar en escena. Francia modificó la posición occidental luego de que el Presidente francés, Emmanuel Macron, prometiera el envío de tanques ligeros AMX-10 RC. Luego lo hizo Gran Bretaña con los tanques Challenger 2, más tarde Alemania con los vehículos de combate Marder, le siguió EE.UU. con los blindados Bradley y nuevamente Alemania y EE.UU. con los Leopard y los Abrams M1. 


El ingeniero y experto en armamento militar Marc Chassillan explicó al diario Le Monde la diferencia entre estos tanques y el T 72 ruso: ”los occidentales fueron elaborados entre fines de la década del 70 y la década del 90 en la Guerra Fría con el objetivo de destruir tanques rusos. Estos tanques van más rápido y disparan más lejos”. Pero estos atributos pierden fuerza frente a los pocos tanques entregados: Ucrania necesita 300 y Occidente ofrece 59. Las armas que fueron llegando aumentaron en potencia, pero no en cantidad. Occidente está inmerso en la trampa que el mismo creó. No puede entregar demasiadas armas para no desencadenar un conflicto incontrolable. Al mismo tiempo, los europeos se quedarían sin armas para defenderse. EE.UU no ganó ninguna de sus últimas dos guerras --Afganistán e Irak-- mientras que Occidente en su conjunto perdió la guerra en Siria cuando Rusia salió a respaldar con su aviación a Bachar Al Assad.


efebbro@pagina12.com.ar



Publicado en:

https://www.pagina12.com.ar/519470-ucrania-se-nutre-de-potentes-tanques-pero-pocos-para-dar-vue

viernes, 7 de octubre de 2022

Meloni no disimula su fobia a Macron: ¿habrá paz entre Roma y París?, por Eduardo Febbro (para "Página 12" del 07-10-22)



Una grieta separa a la futura primera ministra italiana del presidente francés 


Los temas interconectados y los compromisos probablemente harán que se imponga el pragmatismo en la relación bilateral. Italia necesita del voto de Francia para obtener los fondos de la Unión Europea.


Por Eduardo Febbro

7 de octubre de 2022 

Desde París


La extrema derecha italiana tiene un metejón negativo con Francia y sus gobernantes. Las salvas de ataques y hasta, a veces, de groserías nada comunes entre aliados de la Unión Europea sale casi siempre desde Roma hacia París. A la largo de la campaña electoral para las elecciones italianas ganadas por el partido posfascista Hermanos de Italia (27% de los votos y 44% para la alianza compuesta junto con la Liga de Matteo Salvini y Forza Italia de Silvio Berlusconi), su líder, Giorgia Meloni, criticó y hasta insultó varias veces al presidente francés Emmanuel Macron.


Aunque luego de su victoria probó reanudar la relación, por el momento el silencio es casi total. Nadie ve por dónde podría correr un soplo de diálogo con una dirigente que es, en lo más concreto de su programa, anti europea y anti Macron. El jefe del Estado francés es laico, pro europeo y defiende los derechos cívicos. Meloni, en cambio, es anti LGTB, está contra el aborto y no cesa de repetir “Dios, Patria y Familia” como guía de su programa. Según fuentes del palacio presidencial francés, ”en cuanto sea nombrada oficialmente Presidenta del Consejo italiano el proceso institucional y diplomático se pondrá en marcha…con pragmatismo”.


Retórica tradicional de la izquierda

La primera ministra francesa, Elisabeth Borne, sólo comentó que “En Europa nosotros defendemos valores y cada Estado debe inscribirse en el marco de esos valores: Estado de Derecho, Derechos Humanos, respeto del derecho al aborto”. Para criticar a Macron, con tono enojada y tensa, Meloni se ha subido a las retóricas tradicionales de la izquierda como son las críticas contra el colonialismo consubstancial, los bombardeos en Libia –organizados por el ex presidente francés Nicolas Sarkozy con el respaldo de las Naciones Unidas y la OTAN—que terminaron con la vida y el mandato de Mouhamar Gadafi. En los últimos años, Meloni repitió en varios videos publicados en Twitter que esos bombardeos ”Desencadenaron el caos migratorio en el cual nos encontramos. Macron es un cínico”. Más adelante, Meloni repitió “es vomitivo cómo Francia sigue explotando a África”. ¿ Guerra o paz entre los dos países ?.



”El realismo se impondrá seguramente”, dice el senador y presidente del grupo Francia / Italia en el Senado Hervé Marseille. El responsable político francés reconoce que “La Señora Meloni es bastante crítica con Macron y los franceses. A menudo ataca a Francia a propósito de sus posiciones en torno a la inmigración”. Sin embargo, pese a ello, Meloni está obligada a entenderse con Macron y los europeos. Hervé Marseille recuerda que “en las últimas semanas Meloni suavizó su posición porque no puede permitirse ponerse en contra las instituciones europeas. En el plan de reactivación europeo destinado a Italia hay más de 200 mil millones de euros. Y Meloni necesita ese dinero”.


Antes de que los partidos de derecha y de ultraderecha ganaran las elecciones italianas Emmanuel Macron no hizo comentarios. Luego de la victoria se limitó a decir que “respetaba” la decisión de los electores. Sin embargo, durante la campaña electoral, sus allegados se pronunciaron claramente. Stéphane Séjourné, secretario general del partido presidencial Renacimiento, dijo en un momento “tememos que con Meloni haya una Italia alineada con la Hungría de Victor Orban”. De hecho, la victoria de la coalición fascista fue un severo golpe tanto para Europa como para París. Emmanuel Macron se entendía muy bien con el ex Presidente del Consejo Mario Draghi. París y Roma habían incluso llegado a pactar una alianza tan sólida como la del eje franco-alemán.


París y Roma pasan en adelante de la luna de miel a la luna de hiel. No obstante, por ambas partes, son tales las necesidades, los temas interconectados y los compromisos que el pragmatismo pulirá las ofensas del pasado y las tensiones. Italia y Francia se entenderán formalmente, aunque se “desprecien” en silencio. Hay, en ambos casos, un enorme caudal de cinismo: uno, por parte de Meloni, que copia la retórica de las izquierdas para focalizar odio contra Macron por los temas migratorios y europeos: dos, por parte de París, cuya postura ante la ola de migrados en el Mediterráneo no ha sido ni todo lo solidaria ni todo lo respetuosa con los derechos humanos. Muy por el contrario. 


En todo caso, no es menos cierto que la ultraderecha italiana tiene una suerte de pasión negativa con Francia. En enero de 2019, cuando, en Francia, la crisis de los chalecos amarillos estaba en uno de sus momentos más fuertes, dos miembros del gobierno italiano de entonces, Matteo Salvini, líder de la ultraderechista La Liga, y Luigi Di Maio, jefe del Movimiento 5 Estrellas, se metieron de lleno en la crisis francesa. El primero, Salvini, pidió que Macron renunciara a la presidencia mientras que el segundo, Di Maio, les ofreció a los chalecos amarillos una suerte de “caja de útiles” para estructurar su movimiento. ”Cuando más rápido se vaya a su casa, mejor será”, había dicho el entonces vice primer ministro Salvini refiriéndose a Macron, a quien, además, acusó de “gobernar contra su pueblo”. Luego, Di Maio, también vice primer ministro del mismo gobierno, declaró “chalecos amarillos ¡ no se rindan !” y les ofreció un dispositivo presente en internet para que se organizaran. 


En 2019, justo antes de las precedentes elecciones europeas, el mismo Emmanuel Macron sacó la teoría de la confrontación entre un “eje progresista y otro nacionalista de extrema derecha”. Esa tragedia política es una realidad cada vez más fuerte con el empuje de las ultraderechas en Europa: son cínicas, de mala fe, racistas, violentas, elitistas y mucho más liberales de lo que sus retóricas dejan ver. No quedan muchos adversarios para combatirlas. El antifascismo se esfuma, las izquierdas están heridas, las derechas titubeantes y los liberales participan a su manera en la expansión del demonio renovado. 


La confrontación Meloni / Macron escenifica toda esa mezcolanza de corrientes que lleva a muchos progresistas a estar de acuerdo con Meloni porque fustiga el liberalismo de Macron o las políticas migratorias de París. De paso se olvidan de que Giorgia Meloni es una ardiente adepta de la teoría reinventada en Francia (Renaud Camus) sobre el reemplazo de la civilización occidental por la migración musulmana. Hoy está de moda en todo el planeta. Las ultraderechas son hábiles pescadoras de ideas tanto más fructíferas cuanto que ya pocos se acuerdan de donde provienen. En cuanto a los ataques de Meloni a Macron, fueron solo un ensayo electoral. Necesita el voto de su “enemigo” liberal para obtener los fondos de la Unión Europea.


efebbro@pagina12.com.ar



Publicado en:

https://www.pagina12.com.ar/487849-meloni-no-disimula-su-fobia-a-macron-habra-paz-entre-roma-y-





lunes, 13 de junio de 2022

Francia: entre la gran elección de la izquierda y el retroceso de Macron, por Eduardo Febbro (para "Página 12" del 13-06-22)


 Jean-Luc Mélenchon, encabeza un cambio fundamental en el sistema político francés.. Imagen: AFP

Cambia todo el mapa político


Jean Luc Mélenchon, quien lidera una alianza entre los partidos de izquierda, dejó en una situación de debilidad al presidente francés, tras la primera vuelta de las legislativas. Pase lo que pase en la segunda, el discurso tóxico de la ultraderecha perderá su lugar central en el debate público.


Por Eduardo Febbro

13 de junio de 2022 


Desde París


Francia tiene este domingo un nuevo dúo discordante: el presidente francés, Emmanuel Macron, y el líder de la izquierda radical de Francia Insumisa, Jean-Luc Mélenchon, bajo cuya iniciativa se formó una alianza entre los partidos de izquierda, Nupes (Nueva Unión Popular Ecológica y Social), que movió las líneas de las corrientes electorales. Ambos son los claros ganadores de la primera vuelta de las elecciones legislativas que se celebraron este domingo 12 de junio. 


A esta hora, nadie sabe con exactitud quien salió primero. Los respectivos porcentajes oscilan entre el 25,7 y el 25 por ciento para uno u otro, según las horas a las que se van conociendo los resultados. El duelo, en suma, cambió de protagonistas: incluso si ni Macron ni Mélenchon se presentaron como candidatos en estas elecciones ambos encarnan la mayoría y la oposición en torno a las cuales se articularán los debates y las decisiones. El discurso opositor cambia así de autor y ello alejará de las pantallas y los medios las groseras y exclusivas increpaciones racistas de la ultraderecha. En su lugar habrá un nudo de partidos sociales con espaciosas tradiciones solidarias.


En tercer lugar, llegan los candidatos de la extrema derecha que responden a Marine Le Pen, 19%, en cuarto el antiguo partido conservador rebautizado Los Republicanos, 13,7%. Detrás aparecen listas de izquierda que no entraron en la alianza mélenchonista, 4,3%, y el partido de ultraderecha Reconquista, 3,9. 


Francia cambió de escenario

La unión de la izquierda forjada en torno a Jean-Luc Mélenchon y el movimiento presidencial que respalda a Emmanuel Macron empataban en una elección que, una vez más, estuvo signada por uno de los porcentajes de abstención más altos que se hayan conocido: 53% del electorado. Sin embargo, el recuento de los votos le da la razón a Mélenchon y a su táctica de la tortuga y, también, a quienes, en la izquierda, terminaron por aceptar que la unión entre radicales, comunistas, socialistas y ecologistas era uno de los únicos caminos para jugar un papel en el escenario del poder. 


El resultado es una paradoja sorprendente en un país que eligió dos veces a un presidente de centro liberal (Emmanuel Macron en 2017 y 2022), que dos veces consagró a una candidata de la extrema derecha, Marine Le Pen, para disputar una segunda vuelta con Macron y que, dos meses después, cambia las articulaciones en la Asamblea al elegir como principal fuerza opositora a una alianza de izquierda euroescéptica y anticapitalista. De Emmanuel Macron a la ultraderecha y de esta a una izquierda bien arraigada en sus ideas, los cambios son profundos e intervienen en cortos periodos de tiempo. La “lucha final” eligió hoy jugarse entre Mélenchon y Macron, entre Nupes y los liberales.


Baja Macron, sube Mélenchon

El macronismo no ha perdido su estrella de movimiento favorito para ganar la segunda vuelta el próximo domingo. Sin embargo, Emmanuel Macron ha salido debilitado de las urnas y es hoy el presidente que ha obtenido el peor resultado en la primera vuelta de una elección legislativa durante la quinta República. Solo un elector de cada cuatro optó el domingo por candidatos oriundos del eje presidencial. 


A lo largo de la historia, los sucesivos presidentes llegaron a obtener entre el 55 y el 39%. Macron se quedó en un incierto 25% que no le garantiza aún que dentro de una semana consiga conquistar la mayoría absoluta de 289 escaños. Puede, sí, contar con una mayoría relativa para gobernar. Según las proyecciones de la consultara IFOP, el eje presidencial obtendría entre 275 y 310 escaños. 


Pese a estas previsiones, Emmanuel Macron no está exento de un traspié mayor el próximo domingo. Tiene, hoy, una hipotética mayoría incierta. La alianza Nupes tampoco perdió su apuesta, muy por el contrario. Incluso si no alcanza la mayoría necesaria para imponerle a Emmanuel Macron una cohabitación y, por consiguiente, un primer ministro opuesto a sus ideas liberales, Nupes, con un abanico que se mueve entre los 180 y los 210 diputados, es el primer bloque opositor a la política presidencial. 


Se trata de una hazaña política considerable construida en el poco tiempo que separaron las elecciones presidenciales de abril y las legislativas de junio. En el pasado mes de junio Francia era de centro liberal y de extrema derecha (Macron-Le Pen en la segunda vuelta presidencial) y en junio pasó a ser de centro liberal y de izquierda.


Pocos diputados para la extrema derecha

En cuanto a la ultraderecha lepenista, el partido Reagrupamiento Nacional obtendría entre 10 y 25 diputados. Los porcentajes comparativos muestran un significativo retroceso de Macron. En 2017, el presidente había conquistado 32,3% de los votos en la primera vuelta, la derecha de gobierno 18,8%, la totalidad de la izquierda 25,5% (no estaba unida sino confrontada) y la ultraderecha 13,2%. Con respecto a cinco años atrás Macron pierde 7 puntos, la izquierda ganó en coherencia y unidad, la derecha perdió 5 puntos y la ultraderecha creció más de 5 puntos. 


En este contexto, puede decirse que el macronismo prolonga por lo más bajo su ascendencia electoral, que la izquierda recupera espacios perdidos gracias a la convergencia de sus componentes en esa Nueva Unión Popular Ecológica y Social, que la ultraderecha crece con cada elección y que, en la misma proporción, la antaño derecha de gobierno se deshilacha cada vez más. 


El debate, hacia la izquierda

El 19 de junio se jugará el futuro del mandato apenas iniciado: o Emmanuel Macron sale de las urnas con las manos libres para gobernar a su antojo, o sale con las manos atadas. Pase lo que pase, la que saldrá liberada de la narrativa envenenada de la ultraderecha es toda la sociedad. La irrupción de Nupes en el espacio de la política y los medios será como una música nueva y regeneradora ante la avalancha de odio y violencia que la ultraderecha propaga a lo largo del año. Que haya alguien que diga algo diferente, que pueda ser escuchado y que, además, ha sido legitimado por las urnas, es una conquista mayor sobre el sentido y la acción política. 


En adelante circularán otras ideas en contraste con la caja de resonancia abyecta en que se había convertido la palabra pública a raíz de la influencia exclusiva de la retórica de la ultraderecha. Ya solo con eso es un triunfo de la democracia y la pluralidad sobre la toxicidad del odio. Entre Macron y Le Pen, la izquierda se ha instalado para decir otra cosa. Es, de cara al futuro, la mediadora del cambio. Es el tercer sentido que ha faltado desde hace tanto tiempo. Nupes presenta 500 candidatos (577 escaños) que disputarán la segunda vuelta. La alianza cuenta con la dinámica renovadora que se puso en movimiento luego de las presidenciales para plantarse ante Emmanuel Macron y estrecharle su margen de maniobra. Una nueva batalla comienza por los alcances del poder y los espacios necesarios para validar o frenar su autoridad.


efebbro@pagina12.com.ar


Publicado en:

https://www.pagina12.com.ar/428790-francia-entre-la-gran-eleccion-de-la-izquierda-y-el-retroces

domingo, 29 de mayo de 2022

Conflicto Rusia - Ucrania: Las otras guerras que crecen más allá del campo de batalla, por Eduardo Febbro (para "Página 12" del 29-05-22)


 Un hombre camina sobre los escombros de un edificio bombardeado en Kharkiv. . Imagen: AFP


Quién gana y quién pierde  con la guerra


Estados Unidos impide cualquier salida dipomática, convencido de que puede doblegar a la Rusia de Putin. En el medio, los ucranianos ponen millones de víctimas, Europa ve crecer la amenaza nuclear mientras se desangra su economía y el mundo se hunde en la peor crisis alimentaria y energética en décadas.


Por Eduardo Febbro

29 de mayo de 2022 


Desde París


Dividido --pero no confrontado-- el orbe Occidental no llega a diseñar una solución para un conflicto cuyos contornos esbozan cada vez más la perspectiva de una guerra de extensa duración y una mayor crisis mundial en varios sectores, desde el alimenticio hasta el de los hidrocarburos. A su vez, tres meses después de haber invadido Ucrania, las tropas de Vladimir Putin no pudieron tomar el control de Kiev y de Kharkiv pero, en cambio, se apoderaron de la estratégica Mariupol y cercan ahora el Donbass sin que la “operación especial” lanzada por el mandatario ruso el 24 de febrero de 2022 haya alcanzado las metas fijadas en los tiempos marcados. 


La reinvención de Occidente

En estos 90 días, la guerra en Ucrania se ha ido reencarnando en otras que multiplicaron por 100 el impacto de este conflicto: crisis energética tanto europea como mundial, inflación, escasez de materias primas, tensión en el mercado mundial de alimentos, falta de fertilizantes y de granos, aumento del gasto militar, crisis humanitaria con los millones de desplazados que provocó la guerra, restauración de un injerto fuera de uso como la OTAN, readaptación de las alianzas estratégicas entre los polos de poder y reestructuración global del mercado de los suministros energéticos (gas y petróleo) han sido las consecuencias de una guerra que tiene fecha de inicio pero no un guion final. 


El conflicto Rusia - Ucrania, minuto a minuto

Hasta hoy, no ha habido ni victoria militar contundente ni acción diplomática decisiva capaz de cambiar el rumbo de la guerra. Más bien, vista desde Europa, la guerra dio lugar no al quiebre del eje occidental sino, todo lo contrario, a su refuerzo y, en su seno, a la revitalización de la posición y el poder de Estados Unidos. A pesar de las intensas divergencias que los atraviesan y del intento de Estados Unidos de servirse de esta guerra y de Europa como títere de su disputa imperial con Moscú, el conflicto en Ucrania acercó más de lo que fracturó a los occidentales. El politólogo Dominique Moïsi (Geopolítica de las series: O el triunfo global del miedo) resume la situación con una fórmula de una insolente exactitud: "a corto plazo, Vladimir Putin reinventó Occidente”.


Los cambios en la guerra

Como tal, la invasión de Ucrania cambió de blanco y de naturaleza cuando, el pasado 29 de marzo, el ministro ruso de Defensa, Sergueï Choïgou, reconoció que el “el objetivo principal de la operación especial era la liberación del Donbass”. Sin que hayan sufrido derrotas significativas, las tropas rusas se retiraron de los alrededores de la capital (Kiev) y reorientaron su estrategia hacia el Este de Ucrania en lo que fue la tercera fase de la guerra: la primera fue una ofensiva relámpago contra cinco puntos, entre ellos Kiev y otras capitales importantes, la segunda se desplegó a lo largo del mes de marzo con la intención de ganar el control de grandes ciudades del país y la tercera y última recuperó la dirección de la retórica de Vladimir Putin, es decir, poner término “al genocidio de los habitantes del Donbass”. 


Occidente, a su vez, también retocó su respuesta. Pasó de una sólida salva de sanciones de toda índole contra Moscú a convertirse en un actor periférico pero decisivo de la guerra a través de la entrega de armas pesadas a Kiev. Occidente es hoy una suerte de cobeligerante en las sombras. Se pasó de la llamada “ayuda defensiva” al respaldo ofensivo para apuntalar la capacidad del ejército ucraniano y estancar la ofensiva rusa en el Donbass. 


”Lo esencial era evitar que Ucrania se hunda”, reconoce Léo Péria-Peigné, un especialista de la estrategia militar, miembro del Instituto francés de Relaciones Internacionales (IFRI). Obuses, misiles, tanques, helicópteros de combate, vehículos blindados, cañones Caesar, sistemas de defensa anti aéreos y otros dispositivos ofensivos de envergadura reemplazaron al carburante y las municiones suministradas al principio de la guerra. Aquí, los intereses que estaban ya en juego divergieron desde el inicio entre la postura europea de “frenar la ofensiva” para negociar luego con el mandatario ruso y la posición norteamericana que consiste en “ganar la guerra” (reunión de los aliados en la base militar de Ramstein, Alemania, el pasado 26 de abril). 


El compromiso de Occidente se cifra aquí en miles de millones de dólares: entre febrero y principios de abril, Estados Unidos suministró un total de 4 mil millones de dólares en ayudas. Entre mediados de abril y finales de mayo la suma se elevó a más de 50 mil millones de dólares. La Unión Europa entregó más de tres mil millones de dólares en ayuda militar sacados del “Fondo Europeo para la paz”. La suma, no obstante, es más importante porque muchos Estados suministran armas de forma directa sin declararlas a los fondos europeos. Más de 20 países participan de una u otra forma en el respaldo militar a Ucrania para un total, hasta hoy, de 60 mil millones de dólares en ayudas diversas, incluidos los 40 mil millones de dólares que la Cámara de Representantes de Estados Unidos aprobó el pasado 10 de mayo y que se repartirán entre ayuda militar, ayuda humanitaria y material civil.


Tecnología del Pentágono

Mientras los europeos ni siquiera han concertado una posición coherente sobre el embargo de los hidrocarburos rusos, el volumen de dinero movilizado por Washington revela la ambición de la estrategia que la administración de Joe Biden está implementando: hacer de esta guerra una suerte de conflicto interpósito a través del cual, sin poner en juego la vida de un solo soldado, vencer al otro imperio. 


Detrás de las ayudas formales hay, de hecho, otra guerra secreta tanto o más decisiva que la que se ve. Todas las capitales de Europa lo reconocen: gracias a sus capacidades tecnológicas y a sus avanzadísimos sistemas informáticos el Pentágono desempeñó un papel central en las respuestas militares de Ucrania. El hundimiento del buque lanzamisiles ruso, El Movska, a mediados de abril en aguas del Mar Negro nunca hubiese sido posible sin “la información del Pentágono”. 


Según una información revelada por el New York Times a principios de mayo, el espionaje estadounidense permitió a Ucrania localizar y matar a una docena de generales rusos. ”Ayudar a Ucrania a defenderse” sigue siendo la bandera retórica de Washington. Esta, sin embargo, se mezcla con posicionamientos más sinceros como el que expresó a finales de marzo el Secretario de Defensa de Joe Biden, Lloyd Austin, para quien el objetivo, en adelante, consiste en “ver a Rusia tan debilitada que ya no pueda más hacer cosas como las que hizo al invadir Ucrania”. 


El pasado 28 de abril, ante el Congreso, Joe Biden dijo: ” invertir en la libertad y la seguridad de Ucrania es pagar un precio muy bajo para castigar la agresión rusa y disminuir el riesgo de conflictos futuros”. Pocos días después, en Alabama, Biden ponía la guerra en Ucrania bajo una óptica mucho más amplia: «hay en este momento una guerra entre la autocracia y la democracia”.


¿Salida diplomática?

Washington no evoca nunca una salida diplomática, los europeos aún creen que es posible, incluso cuando admiten que la guerra será forzosamente extensa hasta que se plasme o se visualice una estabilización. Este sábado, durante el diálogo telefónico que mantuvieron durante 80 minutos con Vladimir Putin, el presidente francés, Emmanuel Macron, y el canciller alemán Olaf Scholz, le pidieron al mandatario ruso que acepte “lo más pronto que se pueda” una conversación directa” con el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, con la meta de pactar un alto el fuego. 


Macron y Scholz puntualizaron sin ambigüedad la posición europea cuando insistieron en que "toda solución a la guerra debe ser negociada entre Moscú y Kiev y debe respetar la soberanía y la integridad territorial de Ucrania" (comunicado del Palacio del Elíseo). A su vez, el Kremlin aseguró en su comunicado que Putin resaltó que las negociaciones “están paralizadas por culpa de Kiev” al tiempo que le exigió a Europa y Estados Unidos que cesaran el suministro de armas a Ucrania porque ello “torna inestable la situación”. 


Las otras guerras

Los tres jefes de Estado evocaron también una de las temáticas que tensan la situación más allá de sus propias fronteras, es decir, la crisis alimentaria mundial derivada de esta guerra. Putin exigió el levantamiento de las sanciones occidentales para que Rusia pueda así “aumentar” el suministro de “fertilizantes y productos agrícolas rusos” y, por consiguiente, ”bajar la tensión en el mercado mundial de alimentos”. 


Según los comunicados cruzados, Moscú accedió al pedido de Macron y el canciller alemán para que se levante el bloqueo de la ciudad portuaria de Odessa, en el mar Negro, y liberar así la exportación de cereales. París indicó que Vladimir Putin prometió abrir el puerto siempre y cuando Ucrania retire las minas que colocó. 


El tema no es menor ya que, según cifras de las Naciones Unidas (la FAO), Rusia y Ucrania concentran más de un tercio de las exportaciones mundiales de cereales (19% de la cebada, 14 % del trigo y 4 % del maíz) mientras que Rusia es el primer exportador mundial de fertilizantes nitrogenados. 


Alimentos e hidrocarburos son el otro resorte ardiente de la guerra. Tres meses después de haber comenzado el conflicto y pese a las amenazas y proyectos, Europa aún no encontró la formula interna para decretar un embargo total de los hidrocarburos rusos. Más aún, las empresas energéticas de Europa se sumieron a la voluntad de Moscú. Los clientes de Gazprom juegan en la cuerda floja para, al mismo tiempo, mantener abiertas las importaciones de gas y petróleo ruso sin pasarse por encima las sanciones de la Unión Europea. 


El movimiento es pendular: Europa prohíbe aportar fondos (euros o dólares) al banco central de Rusia y Moscú obliga a sus clientes energéticos a pagar en rublos. Los importadores de gas han logrado pasar por encima de las sanciones… gracias a una medida de la misma Unión Europea, la cual acepta que se abra una cuenta en rublos.


Ganadores y perdedores

¿Tres meses después quién perdió y quién ganó? Perdió Ucrania, los 6 millones de refugiados, los 9 millones de desplazados internos, las decenas de miles de muertos de cada lado y, también, perdió Europa. Está bajo la amenaza nuclear de Rusia, ante la perspectiva de una drástica falta de hidrocarburos para sus industrias y el invierno, presionada por una fuerte inflación y con una alianza militar, la OTAN, renacida de las cenizas gracias al mismísimo Vladimir Putin. 


En 2017, el ex presidente de Estados Unidos Donald Trump dijo que la OTAN era algo “obsoleto”. Algunos meses después, Emmanuel Macron dijo que la OTAN se encontraba en un estado de “muerte cerebral”. A lo largo de estos años, la Alianza Atlántica fue un mamarracho sin dirección ni coherencia. Putin le devolvió su misión perdida: ser el muro ante la amenaza rusa. 


Peor aún, el refuerzo de la legitimidad de la OTAN como consecuencia de la guerra en Ucrania, el ingreso impensable de países como Suecia y Finlandia, aplazó al infinito el siempre truncado proyecto de una “defensa común europea”. La UE depende más que nunca de Estados Unidos, tanto para su defensa a través de la OTAN como para el suministro de hidrocarburos. 


François Heisbourg, miembro de la Fundación para la investigación estratégica y autor de excelentes libros de geopolítica, resalta la paradoja de un Occidente que se vio proyectado a otra dimensión por “una potencia (Rusia) dinámica y muy insatisfecha con el orden del mundo”. Quien sabe cómo será en el futuro ese orden. Por el momento es el que están diseñando Washington y Moscú con una víctima cercana entre las cuerdas: Europa.


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lunes, 11 de abril de 2022

Francia al balotaje entre Macron y Le Pen, por Eduardo Febbro (para "Página 12" del 11-04-22)


Francia volverá a elegir entre Emmanuel Macron y Marine Le Pen.. Imagen: AFP

La izquierda casi empató a la candidata ultraderechista


Pese a las esperanzas que despertó el "insumiso" Mélenchon, que finalmente quedó tercero, se repitió el resultado entre el oficialismo de derecha conservadores y los ultras "de buenos modales". El socialismo y los conservadores históricos, destruidos.


Por Eduardo Febbro

11 de abril de 2022 


Desde París


El extremismo de derecha disfrazado con buenas maneras volvió a descabezar el sistema político francés. La líder de la extrema derecha francesa, Marine Le Pen, disputará la segunda vuelta de las elecciones presidenciales ante el mismo rival que la derrotó hace cinco años: el presidente saliente Emmanuel Macron. El actual jefe del Estado se impuso por 27,6 por ciento de los votos, tres más más que en 2017, ante Marine La Pen con sus 23,2, dos más que en ese entonces. En tercer lugar, con diferencia de décimas, se ubicó la izquierda radical de Jean-Luc Mélenchon. 


Los desesperados llamados al electorado progresista para que se decidiera por un “voto estratégico” o “voto útil” lanzados por Mélenchon no bastaron para que la izquierda impidiera que por tercera vez la segunda vuelta de una elección presidencial se resolviera sin ella. 


Entre el domingo y este lunes una nueva Francia política fue diseñada en las urnas. Por segunda vez consecutiva Macron y Marine Le Pen barrieron la tradicional confrontación izquierda / derecha. 


El Partido Socialista y la derecha de Los Republicanos terminaron en las catacumbas. La candidata del PS y actual Intendenta de Paris, Anne Hidalgo, obtuvo una propina electoral con un 1,7 por ciento mientras que Valérie Pécresse, la candidata de la derecha, sumó un humillante cinco por ciento. Estos dos partidos de gobierno que asumieron la alternancia política en el siglo XX y XXI salen de la escena sin reconocimiento ni gloria. 


El socialismo conoce una de las más violentas despedidas del espacio público. Su largo descenso hacia el vacío es una construcción en la que puso mucho empeño y en la cual la última presidencia socialista de François Hollande (2012-2017) fue la sinfonía fúnebre que anunció el final. La derecha no sale mejor parada. Los Republicanos llevan diez años fuera del poder. El papel que desempeñó en este desastre el ex presidente Nicolas Sarkozy (2007-2012) ha sido fundamental.


Los ganadores: Macron, Le Pen, Mélenchon

Hay, esta noche, tres incontestables ganadores de primer plano y otro marginal. El primero es Macron. Pese a cinco años de una presidencia trastornada por el movimiento de los chalecos amarillos, por la reforma de la jubilación, la pandemia y la guerra en Ucrania, Macron obtiene cuatro puntos más que en 2017. Su popularidad ha sido de una constancia inalterable y esta vez ni siquiera necesitó hacer una campaña intensa para revalidar su legitimidad. El mandato no lo desgastó. Su caudal es incluso superior al de 2017. 


La segunda es Le Pen. La jefa de la ultraderecha superó el trastorno de la derrota de 2017, el papelón que hizo en el debate con Macron, los cuestionamientos internos, la irrupción de un competidor en el seno de la extrema derecha como Eric Zemmour, la fuga hacia el zemmourismo de personalidades importantes de su partido y la mala imagen de su movimiento. En cinco años limó las aristas, bajó el tono de sus intervenciones, vendió la imagen de una mujer sensata, posada, sentada en sillones mullidos y rodeada de gatos, más interesada en la “concordia y los problemas de los franceses” que en el poder. Le Pen disimuló con pétalos de rosas un programa brutal y violatorio de la Constitución y de los convenios internacionales. Hasta se dio el lujo de aparecer, hoy, como la personalidad política más apta para mejorar la vida cotidiana de los franceses. Es, desde luego, un despropósito, pero los electores le creen. 


Le Pen y el presidente jugaron por cinco años al jueguito de “atrápame si puedes” y ganaron los dos. Se atraparon para un nuevo duelo. No hay, en ello, ninguna novedad. Desde 2017, Macron y Le Pen lideraron todos los sondeos y los resultados de este domingo son los que fueron saliendo año tras año. 


El tercer triunfador es, sin lugar a dudas, Mélenchon. Sus más de 21 puntos (19,58 en 2017, cuarto lugar) lo dejaron muy, muy cerca de la clasificación para la segunda vuelta. Le faltó tal vez un par de semanas más de campaña y un acuerdo previo con las otras listas de la izquierda. Sin Mélenchon, la izquierda habría dejado existir: 2,1 por ciento del PS, 3,2 del Partido Comunista y 4 de los ecologistas, los tres suman menos de la mitad de lo que obtuvo Mélenchon. Anoche, en su primera aparición pública, Mélenchon dijo: “Si no estívesenos ¿qué quedaría?” La pregunta tiene ya una respuesta en el pobre desempeño de las otras listas progresistas. 


El Polo Popular de Jean-Luc Mélenchon es la fuerza política en torno a la cual se recompondrá la totalidad de la izquierda. ”La lucha continúa”, dijo antes de retirarse. No todo es rosa, sin embargo. Pese a su éxito personal, la izquierda ha fracasado colectivamente en su confuso intento de frenar al fascismo. A su vez, la derecha gaullista y su candidata también llevan una responsabilidad por haber sobrepasado las fronteras ideológicas de su movimiento e ir a cazar los votos de la ultraderecha. La oposición y muchos analistas acusan a Macron de haber alimentado a la extrema derecha durante su mandato con el objetivo prioritario de volverla a enfrentar y ganar fácilmente la elección. También le reprochan que él mismo se presentó como el antídoto contra los extremos, pero cinco años más tarde los mismos extremos siguen allí y más reforzados. No hay dudas. 


La responsabilidad de la izquierda

Con todo, la izquierda, como conjunto de fuerzas políticas históricas contra el fascismo, tiene una incalculable responsabilidad en lo que acaba de ocurrir. Sus egoísmos, sus traiciones, su inmadurez, la lucha a cuchillo afilado entre sus componentes y la batalla de egos le abrieron un boulevard a la ultraderecha para que repita lo que ocurrió en 2002 y 2017. 


No fueron Macron ni los conservadores quienes le regalaron al lepenismo su más sonada victoria sino la misma izquierda y su incurable psicosis. Si la gauche se hubiese puesto de acuerdo en una lista común tenía con qué armar una barrera para cortarle el paso al lepenismo. Pese a los sondeos y a los análisis que señalaban ese camino prefirió la dispersión de sus votos, confundir al electorado pidiendo, al mismo tiempo, que se optara por un “voto útil”, que se apoyara al ecologismo para darle una perspectiva futura y además, que sus simpatizantes también dieran el voto a las listas socialistas y comunistas para que estos dos partidos no desaparecieran. 


En 2002, cuando el padre de Marine, Jean Marie Le Pen, superó al socialista Lionel Jospin en la primera vuelta y pasó a disputar la segunda ante el presidente saliente Jacques Chirac se originó un escenario similar: un montón de listas de izquierda debilitaron al candidato y entonces Primer Ministro socialista Lionel Jospin y Le Pen dio un paso histórico que su hija renueva por segunda vez. La pesadilla de 2002 refundó a la extrema derecha y es muy probable que la de 2022 la lleve pronto al poder.


Contrariamente a 2002 cuando se formó un frente republicano contra Jean Marie Le Pen, en 2022 ese frente no existe de forma tan tajante. Más bien, se levantó un muro fascista sostenido este año no por un partido de ultra derecha sino por dos. Zemmour, con su siete por ciento de votos, termina en cuarta posición. Zemmour es el ganador marginal de esta elección. Con apenas un par de meses de campaña, el panelista y periodista de ultraderecha enterró a Los Republicanos. 


Además del socialismo, la otra gran derrota de la noche recae sobre el candidato ecologista Yannick Jadot. Su modesto 4,70 está muy lejos de las expectativas que generó y de la importancia retórica que tiene hoy la ecología. Jadot llamó a los electores a votar por Macron, lo mismo hizo el candidato comunista Fabien Roussel, la conservadora Valérie Pécresse y Mélenchon, quien exclamó en la tribuna “ni un solo voto para la señora Le Pen”. Zemmour, en cambio, dijo que “Frente a Le Pen hay un hombre que hizo ingresar a dos millones de inmigrados. Por esa razón llamo a mis electores a votar por Le Pen”.


Las perspectivas del balotaje

La participación electoral del 73,3 por ciento es la más baja registrada en los últimos veinte años y muestra una vez más un desinterés del electorado, incluso ante una elección como esta llena de interrogantes y desafíos. Quedan dos semanas antes de la segunda vuelta del próximo 24 de abril. Macron es aun el favorito, pero Le Pen y su movimiento de ultraderecha nunca tuvieron una configuración tan favorable. Las dinámicas están más de su lado que de el de Macron. 


La reserva de votos de que cuenta Le Pen es amplia. Están los votos cautivos de Zemmour y ese 40 por ciento del electorado conservador que se identifica con las narrativas de los Le Pen. El presidente saliente parece haberse llevado todos los votos del PS y ahí no tiene muchas reservas, como tampoco en el triste 4,7 de Pécresse. Esa misma derecha de gobierno obtuvo en 2017 20,1 por ciento, o sea lo mismo que Mélenchon en 2022. Ni el PS ni Los Republicanos tienen mucho que dar. 


Macron destrozó a la social democracia y a la derecha gaullista y ya no tiene, en esos dos sectores, quién le proporcione un respaldo seguro. Por absurdo que parezca, su salvación está en los votos de Francia Insumisa. Si gana, no podrá ser esta vez por el 66,10 por ciento como en 2017. Los sondeos anticipan, por ahora, una diferencia que oscila entre los 2 y los 4 puntos a su favor. 


En 2017 hubo un candidato “de extremo centro”. Entre 2017 y 2022 un presidente que gobernó a la derecha. Entre marzo y abril de 2022 habrá un presidente candidato que necesitará de la izquierda de Francia Insumisa para ganar. Macron y Le Pen dejaron un territorio político asolado donde los extraños movimientos de la historia pusieron a la izquierda de Mélenchon como la ultima fortaleza antes del fascismo.


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viernes, 8 de abril de 2022

Macron y Le Pen, cabeza a cabeza, por Eduardo Febbro (para "Página 12" del 07-04-22)


Macron y Le Pen, favoritos para las elecciones presidenciales en Francia.. Imagen: EFE

Encabezan las preferencias en Francia de cara a las presidenciales de este domingo


Las distancias se estrechan y confirman que la campaña de Marine Le Pen ha tenido más impacto que la no campaña de Macron.


Por Eduardo Febbro

7 de abril de 2022 


Desde París


Los duelistas alimentaron la historia de su enfrentamiento durante cinco años. Los demás pretendientes nunca pudieron ingresar en el estrechísimo cuadrilátero donde se define la elección del próximo presidente de Francia. Sólo habrá ellos dos, los mismos que en 2017 e idénticos nombres a los que, durante todo el mandato del actual presidente Emmanuel Macron, se mantuvieron como los dos protagonistas finales de las presidenciales cuya primera vuelta se disputa este domingo 10 de abril: Emmanuel Macron y la líder de la extrema derecha francesa, Marine Le Pen. Nada ni nadie los desalojó de una escena que, salvo algunas variaciones hacia un lado u el otro, no cambió. De la extrema derecha a la extrema izquierda, todo el arco político francés consumió cinco años y varias semanas de campaña en denunciar esa autonarrativa que sirvió la causa de los dos candidatos y dejó fuera de juego a los demás. Macron y Le Pen han sido los mejores aliados de esta nueva cita presidencial. 


Encuestas alarmantes

El primero siempre creyó que la hija del fundador de la extrema derecha sería una presa tan fácil de atrapar como en 2017, mientras que Marine Le Pen confió en que la presidencia estaba a su alcance. Las ultimas encuestas son alarmantes para el presidente saliente y los demás candidatos. Ya no es una conjetura de política ficción la idea de que  Le Pen podría llegar a la presidencia. Entre mediados de marzo y este siete de abril, la distancia entre los dos pasó de 12 puntos favorables para Macron a sólo 2. Las distancias se estrechan y confirman que la campaña de Le Pen ha tenido más impacto que la no campaña de Macron. El jefe del Estado suspendió la mayoría de los actos, rehusó participar en los debates organizados por los canales públicos (todos fueron menos él) y pareció creer en que, de lejos, como si nada, con solo ocupar el primer plano en la difícil gestión de la guerra en Ucrania y hacer campaña desde lo alto, ello bastaría para mantener las distancias. Error que hoy paga con una hipótesis cada vez menos descabellada: la extrema derecha puede arrebatarle a Macron la presidencia de la República.


Emmanuel Macron lleva dos semanas perdiendo vuelo. Las últimas encuestas de cara a la primera vuelta le vaticinan 26 por ciento de los votos y 24 para Marine Le Pen. Detrás llega el tercer hombre, el líder de la izquierda radical Jean-Luc Mélenchon con 17,5 por ciento, en cuarto lugar, la candidata de la derecha gaullista de Los Republicanos, Valérie Pécresse, 9 por ciento, seguido por el ultraderechista más grosero de Europa, Eric Zemmour, 8,5 por ciento. En esas cifras se esconden otras batallas que van más allá del horizonte de las presidenciales. La izquierda se juega la identidad de su futuro. Quien obtenga más votos tendrá el desafío de reconfigurar una corriente política herida de muerte. Si no estuviera Mélenchon, todas las otras listas de la izquierda totalizarían un 12, 13 por ciento. A la derecha también se juega otro futuro, sin dudas más dramático: puede que ya no haya más derecha de gobierno o de transición y que esa fuerza política heredera del General De Gaulle, recuperada por el ex presidente Jacques Chirac y sepultada por el también ex presidente Nicolas Sarkozy se vea fagocitada por la ultraderecha triunfante. Marine Le Pen y Eric Zemmour suman, hoy, 25 por ciento del electorado. Al final del proceso electoral Los Republicanos se dividirían en una rama ultra y otras más moderada cuyo destino sería caer en los brazos del macronismo.


Casi todos pierden

Por ahora, menos Macron y Le Pen, todos pierden. La ultraderecha de Marine Le Pen tiene una suerte de virtud anestesiante. Fuera de los montajes de imagen, de los tonos suaves, de los gatitos tiernos y los sillones acogedores que sirven de escena a Marine Le Pen, la plataforma política de esa ultraderecha es brutal, xenófoba y en total contradicción con los valores colectivos de Francia. Sin embargo, el electorado ha preferido esa ferocidad a las demás opciones democráticas. Ni siquiera la invasión rusa de Ucrania y la pública simpatía que Marine Le Pen siempre expresó por el presidente ruso Vladimir Putin le costaron adhesiones electorales. Putin se sentó en la mesa de las elecciones presidenciales y, desde que invadió Ucrania el pasado 24 de febrero, nunca dejó de ser un comensal incómodo. Los sectores políticos pro rusos de la izquierda y la extrema derecha de Francia tuvieron que modificar sus posiciones. A algunos esas posturas pro rusas les costaron muchos puntos en los sondeos, a otros, en cambio, no.


El candidato de la izquierda radical Mélenchon y la misma Le Pen giraron a tiempo ante la peligrosa curva rusa. Ninguno de los dos arrastró las consecuencias de sus adhesiones pasadas. En el caso de Le Pen, su trenza con Putin es tan ideológica como material. En 2017, cuando Putin la recibió en Moscú, el mandatario ruso le dijo que el movimiento de Le Pen compartía los mismos valores que él. Desde luego: orden vertical, mordaza de los medios, sistema político encadenado y el cuarteto fundamental de ambas ideologías: un mundo de blancos, Dios, Patria y Familia. Marine Le Pen, por su parte, alaba ese “nuevo mundo” (marzo de 2017) que, según ella, encarna Vladimir Putin, Donald Trump y el Primer Ministro de la India Narendra Modi. Como en otras naciones de Europa, la ultraderecha (y parte de la izquierda) ha visto en Putin un ídolo contra Estados Unidos y, sobre todo la extrema derecha, una suerte de ícono contra la supuesta decadencia de las sociedades europeas a raíz de la inmigración y la polifonía cultural de las sociedades modernas. Es paradójico que una extrema derecha ultra patriótica y nacionalista le pida dinero a un dirigente extranjero y, encima, defienda a un líder abiertamente hostil a Occidente.


Favores que se pagan

En lo material, la proximidad también es tangible. En 2014, un banco ruso le prestó al partido lepenista unos nueve millones de euros que aún está devolviendo. Todo puede ocurrir. La amenaza que la líder de la extrema derecha francesa, Le Pen, representa para la reelección del presidente Macron es hoy lo suficientemente fuerte como para que, cuando faltan dos días para la primera vuelta de las elecciones presidenciales, el portavoz del gobierno, Gabriel Attal, salga públicamente a atacar a Le Pen por su postura pro rusa. ”Los franceses no querrán confiar su diplomacia y su ejército a un candidato pro ruso y anti europeo”, dijo Attal a los medios.


Francia atraviesa por un momento político destructivo. Vulgarización de las peores ideas de la extrema derecha, descomposición de los espacios políticos, desaparición de partidos fagocitados por otros más extremos, ocaso de la social democracia, suicidio publico y prolongado de la izquierda, este domingo los electores pondrán la primera piedra de un edificio de contornos imprevisibles.


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miércoles, 23 de febrero de 2022

La crisis Rusia-Ucrania: energía, dependencia y geopolítica, por Eduardo Febbro (para "Página 12" del 23-02-22



La terminal del gasoducto Nordstream 2 en Lubmin, Alemania.. Imagen: AFP

El trasfondo económico del conflicto


Nord Stream 2, hoy paralizada, le hubiese permitido a Rusia multiplicar por dos los volúmenes de gas exportados a Europa.


Por Eduardo Febbro

23 de febrero de 2022 


Desde París


OTAN, seguridad europea, conflicto territorial en el Este de Ucrania, orgullos heridos y recursos energéticos componen la sinfonía convulsiva de la crisis entre Occidente y Rusia. El capítulo energético no es el menor y dentro de él la historia del gasoducto Nord Stream 2 (NDS2) construido bajo el mar Báltico es una suerte de síntesis tanto de la influencia rusa en occidente, de la dependencia energética de Europa, de las drásticas divisiones que atraviesan a los aliados, de la injerencia de Estados Unidos y de los entramados en los que los mismos dirigentes de la Unión Europea están metidos. El ex Primer Ministro francés, François Fillon, forma parte del Consejo de administración del grupo ruso Zaroubejne 3 (por decreto del gobierno de Moscú) especializado en el desarrollo y la explotación de yacimientos de hidrocarburos a través del mundo. El ex canciller alemán Gerhard Schröder trabaja desde hace varios años en el grupo petrolero ruso Rosne 3, lo mismo que la antaño ministra austríaca de Relaciones Exteriores Karine Kneiss. 


Mezcla explosiva

Gas, petróleo y geopolítica son los ingredientes de una mezcla explosiva que torna aún más difusa la posición de los europeos cuando se pronuncian fuera de la OTAN. La crisis desatada en Ucrania también es un conflicto energético entre Rusia y Estados Unidos en el cual Europa es, en realidad, objeto de dos dependencias: o depende de su aliado norteamericano, o de su vecino ruso. Para este invierno, la Unión Europea garantizó los suministros de gas gracias a los acuerdos con proveedores LNG (gas natural licuado, siglas en inglés) de Estados Unidos. Ello convirtió a los estadounidenses en los primeros exportadores mundiales durante dos meses consecutivos, enero y febrero 2021. 


El martes 22 de febrero, dentro de las sanciones adoptadas contra Rusia, el canciller alemán, Olaf Scholz, paralizó el proceso de aprobación del gasoducto NDS2 administrado por el mastodonte ruso Gazprom y cuya construcción se terminó en 2021. NDS2 le hubiese permitido a Rusia multiplicar por dos los volúmenes de gas exportados a Europa a través de una pipe-line en el mar Báltico, sin pasar por Ucrania (fue el caso de Stream 1), y cuyo punto final es una terminal situada en Alemania, país que depende en un 55 por ciento de los suministros de Rusia mientras que el porcentaje de dependencia de Europa se sitúa en un 40 por ciento. El NDS2 puede suministrar unos 55.000 millones de metros cúbicos de gas a Europa luego de atravesar 2.640 kilómetros. Sin embargo, antes de que el conflicto Rusia-Occidente llegara a mayores, Moscú mermó sus entregas de gas a Europa, lo cual tuvo un impacto enorme en los precios del gas. 


Proyecto de participación mixta

NDS2 nació como proyecto en 2015 con el propósito de incrementar el paso del gas sin que esto dependiera de los problemas que se planteaban en Ucrania, particularmente el desvío del gas ruso por parte de Kiev sin pagar el costo del suministro. Ello generó una gran crisis energética en 2009 cuando Moscú cerró las válvulas durante dos semanas. El proyecto se llevó cabo con participación mixta Rusia / Occidente. 9, 5 mil millones de dólares financiados en un 50 por ciento por Gazprom y en un 10 por ciento por cabeza por las empresas alemanas Uniper y Wintershall, la Engie, la austriaca OMV y la anglo holandesa Shell. El primer país perjudicado con NDS2 fue Ucrania. El nuevo trazado del gasoducto privó a Kiev de los 2.000 millones de dólares que Gazprom le pagada anualmente. Contrariamente a Estados Unidos, los europeos evitaron, hasta ayer, darle al nuevo gasoducto un perfil político. Con ello alejaban la posibilidad de que, en caso de crisis con Rusia, Nord Stream 2 sirviera como palanca política más allá de la comercial. 


La Casa Blanca siempre optó por una postura contraria y en numerosas ocasiones evocó la clausura del gasoducto aún cuando ninguna empresa de Estados Unidos entró en el capital de su construcción. NDS2 está listo desde octubre de 2021 pero su funcionamiento depende de que Alemania y la Unión Europea lo certifiquen. Oficialmente, esa certificación demora por razones jurídicas. Resulta poco verosímil que un proyecto de esa envergadura ya realizado haya quedado en el cajón por cuestiones “jurídicas” como las reglas europeas en materia de monopolios y concurrencia. Si así fuese, hace rato que Google o Amazon estarían en falta y sancionadas. El gasoducto ruso también ha provocado una ruptura dentro de Europa. Los países que pertenecieron a la esfera soviética como Rumania, los países bálticos (Estonia, Lituania, Letonia), Polonia y Eslovaquia lo cuestionan porque, alegan, Nord Stream 2 no hace sino acrecentar la subordinación energética de Europa ante Rusia. 


Jugarretas

Las jugarretas rusas con el gas empezaron en octubre del año pasado, cuando aumentaron los precios. Ello derivó en una ofensiva de la Unión Europea asumida por la presidenta de la Comisión de Bruselas, Ursula von der Leyen, quien acusó a Moscú “de hacer presión sobre nosotros mediante el suministro del gas”. Sin embargo, el enemigo más decidido de Nord Stream 2 es la Casa Blanca. Cada vez que se produjo una crisis o que hubo tensiones entre Europa y Rusia Estados Unidos se metió en el juego para cortarle las alas a NDS2. Fieles a su política de la sumisión, Washington le propuso a Europa su gas liquido a cambio del ruso y usó esa carta para dividir a los europeos y alejarlos de Moscú. El gas estadounidense es mucho más caro. Contrariamente al que llega a través de un gasoducto (el ruso), ese gas necesita volverse liquido, transportarse por barco y luego todo un proceso de regasificación. 


Sin garantías

Ninguna solución, rusa o estadounidense, garantiza la libertad energética de los inviernos europeos. Dependerán siempre de Rusia, Estados Unidos, Qatar, Noruega, Argelia o Azerbaiyán. El aliado energético más barato y cercano era Rusia. Los conflictos cruzados, las argucias de la Casa Blanca, las maniobras de Vladimir Putin y la ausencia dramática de una política común europea pusieron a los países de la Unión Europea ante un dilema sin otra solución que la dependencia con otro rostro. 


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viernes, 19 de noviembre de 2021

Europa vuelve a ser el epicentro de la pandemia, por Eduardo Febbro (para "Página 12" del 19-11-21)


El avance del coronavirus hace temer un nuevo confinamiento o medidas más drásticas 


Durante la primera semana de noviembre, el Viejo Continente acumuló el 60% de los casos de covid-19 contabilizados en el mundo. Los países donde el virus está haciendo estragos son aquellos donde las tasas de vacunación son las más bajas.


Por Eduardo Febbro

19 de noviembre de 2021 

 


Desde París 


En pocas semanas Europa ha pasado a ser el centro de la pandemia. El horizonte vuelve a estrecharse con la amenaza de un nuevo confinamiento o medidas más drásticas para contener el avance del virus. Durante la primera semana de noviembre la zona Europa acumuló el 60% de los casos de Covid-19 contabilizados en el mundo. Ello se tradujo en otra cifra alarmante: de las 26.726 muertes ocasionadas por el virus en ese periodo (fuente OMS) el 55% se registraron igualmente en el Viejo Continente. La pandemia se ha vuelto a arraigar en Francia, Austria, Bélgica, España, Italia, Países Bajos, Gran Bretaña, Alemania y Suiza mientras que en Europa del Este la quinta ola ya ha llevado al colapso a los hospitales. 


Las estadísticas continentales derriban todos los argumentos de los antivacunas y los antitodo: los países donde el coronavirus está haciendo estragos son aquellos donde las tasas de vacunación son las más bajas. En Bulgaria, de las 1.186 personas que murieron la semana pasada debido a la Covid 19, el 90% no estaban vacunadas. Suiza es el país de Europa del Oeste menos vacunado y esa ausencia se hace sentir con un rebrote espectacular de la pandemia y una tasa de incidencia que subió a 474 personas por cada 100 mil habitantes.


En total, Europa suma hasta hoy unos 250.000 casos y 3.600 muertos por día. Hans Kluge, director para Europa de la OMS, advirtió que “somos, de nuevo, el epicentro. El ritmo actual de la transmisión en los 53 países europeos es muy preocupante. (…) Si continuamos en esta trayectoria podríamos llegar a tener medio millón de muertos por Covid-19 de aquí al mes de febrero”. En Francia, la tasa de incidencia del virus progresa en una escala de 40 a 50% por semana. El gobierno ha descartado decretar un nuevo confinamiento de la población, pero no recurrir a todos los demás útiles necesarios para detener el repunte de la pandemia: nueva campaña de vacunación, gestos barrera reforzados y teletrabajo figuran en la caja de Pandora que podría abrirse en las próximas semanas. Según aclaró el ministerio francés de Trabajo, la vuelta generalizada al teletrabajo no se justifica por el momento porque “la situación no es la misma que en la primavera pasada. Hoy, el 90% de los adultos están vacunados”. El pasado 9 de noviembre, el presidente francés, Emmanuel Macron, sólo anunció la obligación de una tercera dosis de la vacuna para las personas mayores de 65 años. De esa tercera dosis dependerá la obtención del pase sanitario.


Alemania, Países Bajos y Austria

Comparada con los países vecinos donde la situación empeora a pasos agigantados Francia permanece en una escala constante pero prudente de la expansión del virus. Fuera de Europa del Este, hoy son Alemania, Países Bajos y Austria los países donde la situación comienza a ser crítica y donde se apunta directamente a los no vacunados. Austria tiene la tasa de incidencia más elevada de Europa y por ello decretó el confinamiento de todas las personas no vacunadas. En los Países Bajos han vuelto los días sombríos con el cierre de los bares, restaurantes y supermercados a las 8 de la noche y los comercios no esenciales a las seis. En Alemania, donde la tasa de incidencia es tres veces superior a la francesa, la canciller Angela Merkel apretó las tuercas ante la degradación de la situación sanitaria. 


En este contexto, Merkel decidió generalizar las restricciones para las personas no vacunadas, así como instaurar la obligación de la vacuna para el personal de los hospitales. Merkel precisó que la llamada regla del “2G” será aplicada en cuando se llegue a tres muertos por cada 100 mil habitantes. Dicha regla estipula que sólo los vacunados (geimpfte) y las personas que ya se curaron de una infección (genesene) podrán acceder a los lugares públicos como los restaurantes o los conciertos. Los demás se quedarán afuera. 


Grecia prepara medidas similares al tiempo que en Bélgica la opción del teletrabajo será obligatoria cuatro días por semana hasta el 12 de diciembre. La ofensiva frente a la quinta ola se concentra ahora en los países y categorías sociales que no han recurrido a la vacuna. Medios, ministros, instituciones nacionales y europeas como la Agencia Europe de los Medicamentos (AEM) o dirigentes políticos orientan la presión hacia esos sectores. En París, los centros de vacunación fueron cerrando poco a poco con el paso de las semanas. Sin embargo, muchos empiezan a ser habilitados otra vez. La quinta dimensión del virus golpea las puertas. Desde la primera ola de la primavera de 2020, Europa atravesó otras tres: en el otoño de ese mismo año, durante el invierno de 2021 y luego en julio de 2021, en el curso del verano. Esa última disparó la corrida hacia los centros de vacunación, particularmente en Francia en donde, luego de una intervención televisada de Emmanuel Macron, más de un millón de personas pidieron cita para vacunarse en apenas 24 horas. El tiempo ha pasado, los protocolos se respetaron, pero el virus sigue arraigado en la vida de cada día y empaña cada semana las perspectivas y la libertad del futuro.


efebbro@pagina12.com.ar


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