Foto: Cortesía de Página 12
Dado que Clarín tuvo la horripilante ocurrencia de cubrir la noticia del fallecimiento de Zloto en el rubro "Fama", no sé si escribir lo que sigue en "Chismes", "Farándula" o "Política". Estuve en el velatorio de Zloto (mucha gente). Lo necesitaba y quería ver caras del pasado en común. En un momento dado me puse a charlar largo con Mario Wainfeld. Tras varios minutos escuchamos unos aplausos. Yo pensé que era porque alguien había dedicado algunas palabras a Marcelo. No, era porque habían llegado Alberto y Felipe Solá. Wainfeld tiene una relación de militancia y política de décadas con Solá, de modo que mucha confianza. Y con Alberto una relación de respeto y afecto desde el periodismo. Ambos se acercaron -AF y FS- a Mario. Tuve esa suerte. Anduvimos charlando largo, distendidos. Que el debate, que el FMI y sus funcionarios, que la "ignorancia dogmática" de Macri (ese fue Alberto). Luego llegó el Kici. Menage a trois. Lo que importa: es muy impresionante lo naturales que resultan los tres. Afectuosos, simpáticos. Alberto me tiró algún halago que creí a medias, onda que le dije mentiroso (por demagogo). Pero al despedirse volvió a decirme alguna cosita linda y algún dato más. Eso no importa, todavía no sé si fue un gesto de seducción, lo que no sería grave. Lo que me importó es que estamos ante seres humanos versus muñecos mecánicos desalmados. Y parecen buena gente. Qué hacés, narco, le dije a Kici cuando me lo presentó Mario. Tengo algo para vos, respondió Kici, mientras se abría la campera como quien busca el sobre de blanca de un bolsilo.
Me fui relativamente mejor de lo que llegué, aunque muy boleado. Se los dije a Sebas Lacunza y a Ale Berco: hay una generación ya no tan joven de periodistas que están en la senda correcta. Contiene algo el saber que Zloto tiene no sucesores, porque cada uno es cada cual. Pero es bueno saber que hay buen semillero y resistente en un gremio que el macrismo estalló en pedazos.
A Zloto quise decirle algo acariciando el jonca, que estaba cubierto por la estrella de David. No pude, sólo lagrimeé a medias, que es como se lagrimea cuando se vio ya mucha muerte.
Publicado en:
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jueves, 17 de octubre de 2019
domingo, 30 de diciembre de 2012
La pelota fue a la tribuna, pero hay luz al final del túnel, por Eduardo Blaustein (para “Miradas al Sur” del 30-12-12)
Los jueces supremos
volvieron a dejar la aplicación de la ley de medios en el caso Clarín en una
zona pantanosa. Sin embargo, por lo que sostuvieron en fallos anteriores y en
el último, el futuro no pinta del todo mal.
El recorrido
aparentemente inocente que va de la expresión “dentro de la brevedad posible” a
la orden “¡De inmediato!” es un modo de aproximarse al último fallo de la Corte Suprema en
relación con la ley de medios. “De inmediato” había sido la fórmula imperiosa
con que los supremos instruyeron al juez de primera instancia para que dictara
sentencia, prohibiéndole, incluso, saltarse los días inhábiles a la hora de
trabajar en la causa. “Dentro de la mayor brevedad posible” fue el modo que
emplearon pocos días después para decirle a la Cámara Federal que
aborde el asunto, como si los camaristas merecieran mejores etiquetas que un
humilde juez de primera instancia, cuyo fallo, por otro lado, medio que los
supremos ningunearon. Esa prudentísima moderación, y muchas formalidades que
parecen rellenar las 30 páginas del texto que produjeron los integrantes de la Corte, parecen insuflar el
doble fallo: el rechazo del recurso de per saltum presentado por el Gobierno y
el respaldo para mantener la cautelar eterna que exime al Grupo Clarín de la
aplicación de la Ley
de Servicios de Comunicación Audiovisual, por lo menos hasta que los camaristas
dicten su propia sentencia definitiva.
La decisión de los
cortesanos, lamentada por el kirchnerismo, acaso no sea tan trágica como se la
pinta. Por un lado, porque se supone que la Cámara no debería demorar (¿tres meses?) su
sentencia. Por otro, porque los supremos dejaron bien claro que el famoso plazo
de un año establecido para iniciar los procesos de adecuación a la ley está
vencido, en sentido contrario a lo que venía sosteniendo el holding a través de
sus abogados y “constitucionalistas”. Finalmente, porque se supone, sólo se
supone, que la Corte
ya más que sugirió en fallos anteriores algo parecido a lo que muy
taxativamente dijo el juez de primera instancia: que los artículos cuestionados
por el grupo Clarín no son inconstitucionales. El día en que finalmente dicten
la sentencia final, se supone que los supremos no deberían contradecirse con lo
que adelantaron unos cuantos meses atrás, aunque su último fallo no es fiel a
los mejores párrafos que llevan acumulados. Esa infidelidad consigo mismos se
refleja muy especialmente en torno de la nueva extensión de la cautelar.
Cantidad de veces los integrantes de la Corte impugnaron genéricamente la cultura de la
cautelar. Volvieron a cuestionar esa cultura de “cautelar fácil”
específicamente en la causa Clarín. Específica y minuciosamente retaron al
holding por recurrir a las chicanas y las cautelares sólo para ganar tiempo,
para que no se abordase la cuestión de fondo, la de la constitucionalidad o no
de la ley.
El argumento usado
para que permanezca vigente la cautelar, pese a sus propios enojos en la
materia, es que la inminencia presunta de la sentencia de la Cámara Federal
aventa el riesgo de que la causa se resuelva el día del arquero. Los propios
camaristas que, se sabe, parecen más que complacientes con los intereses del
Grupo Clarín, también habían extendido la cautelar amparados en ese argumento
(en su caso, la proximidad de la sentencia que efectivamente apuró el juez
Horacio Alfonso). Lo que dijeron los supremos se asemeja en algo al famoso
dicho de Groucho Marx: “Estos son mis principios; si no le gustan, tengo
otros”. Más seria o, literalmente, si antes cuestionaban la cautelarización
eterna, el jueves expresaron que la cercanía del fallo de la Cámara “disipa el riesgo de
que el proceso se vaya a prolongar”. Se supone que lo que viene, el nuevo
análisis que haga la Cámara
(previsible), será según la
Corte “el momento crítico en que la medida (cautelar) debe
desplegar su función plena de garantizar la eficacia del pronunciamiento de
fondo”.
Casi todo el fallo,
por otro lado, es sobre todo un extensísimo y cansador relato de todo lo que
viene sucediendo con la causa, como si los supremos se hubieran sentido
obligados a escribir de más para que el fallo pareciera más nutritivo.
Conjeturas. Una vez
conocido el fallo de los supremos, distintos funcionarios kirchneristas
reaccionaron con una mesura (ver aparte y la entrevista a Aníbal Fenández) que
a juicio del que escribe debe ser bienvenida y, a la vez, sorprende. La pista
más probable que explicaría esa conducta tranqui es que se la veían venir,
particularmente el rechazo al per saltum.
Las que siguen no
son siquiera hipótesis, son conjeturas. El bochazo contra el per saltum venía
medio cantado y fue unánime. Incluyó al juez Raúl Zaffaroni, seguramente el más
simpático para el kirchnerismo. La pregunta, entonces, es si el recurso de per
saltum al que apeló el Gobierno sufrió de severas “fallas técnicas” o si, aún
sabiendo que iba a rebotar, se prefirió hacer una apuesta meramente política
para sostener en la discusión pública la confrontación ya sea con Clarín o
contra “la corporación judicial”.
Siempre conjeturando, pero visto desde el otro lado, el de los supremos, se puede preguntar con alguna candidez si es absolutamente cierto que en el fallo medió, como se entiende desde el kirchnerismo, puro “tiempismo político”: seguir dilatando la cosa hasta que “cambie el escenario” en una estrategia “funcional a los intereses de la Corpo”? Otras preguntas posibles: ¿el fallo reflejó puro corporativismo conservador o acaso esté contagiado por un clima de irritación? ¿Puede que los supremos hayan decidido interpelar al Ejecutivo desde una eventual sensibilidad herida, desde una necesidad de guiñar al conjunto del Poder Judicial, cuyas conductas corporativas los supremos deben atender? Si fuera así, ¿el Gobierno pudo mantenerse firme en sus posturas sobre la aplicación de la Ley en el caso Clarín pero sin herir esa sensibilidad judicial, bajando un par de decibeles el tono de su discurso?
Siempre conjeturando, pero visto desde el otro lado, el de los supremos, se puede preguntar con alguna candidez si es absolutamente cierto que en el fallo medió, como se entiende desde el kirchnerismo, puro “tiempismo político”: seguir dilatando la cosa hasta que “cambie el escenario” en una estrategia “funcional a los intereses de la Corpo”? Otras preguntas posibles: ¿el fallo reflejó puro corporativismo conservador o acaso esté contagiado por un clima de irritación? ¿Puede que los supremos hayan decidido interpelar al Ejecutivo desde una eventual sensibilidad herida, desde una necesidad de guiñar al conjunto del Poder Judicial, cuyas conductas corporativas los supremos deben atender? Si fuera así, ¿el Gobierno pudo mantenerse firme en sus posturas sobre la aplicación de la Ley en el caso Clarín pero sin herir esa sensibilidad judicial, bajando un par de decibeles el tono de su discurso?
Si en este fallo que
centralmente favoreció a Clarín los supremos estuvieran adelantando su
sentencia final (¿abril próximo? ¿mayo? ¿junio? ¿diciembre de 2184?), ¿para qué
entonces se metieron con el tema del plazo de adecuación, dejando al desamparo
la posición y la estrategia judicial sostenida por el holding? ¿Sólo para
dosificar una vez más los guiños a los actores en pugna? ¿Pero no podrían
haberse hecho los giles? ¿No se hicieron los giles al no referir en su fallo a
nada importante que tuviera relación con el trascendente fallo de primera
instancia del juez Horacio Alfonso?
Suponiendo (de
nuevo, una conjetura) que sustentar la posición del Gobierno en relación con el
plazo de adecuación es más que un guiño, ¿puede que los supremos, siempre
oteando el panorama y probando la temperatura del agua con siete dedos gordos
de siete pies, estén obrando de una manera extremadamente cautelosa para que en
el escenario de una eventual sentencia favorable al Gobierno (la que sugerirían
sus primeros fallos acerca de la constitucionalidad de la ley) nadie les pueda
achacar debilidad ante el Ejecutivo? Imaginemos la reacción posible de las
derechas mediáticas, políticas o corporativas si la Corte en cuatro o seis meses
fallara contra Clarín: el kirchnerismo doblegó, humilló, arrasó con la
independencia de la
Corte Suprema. El fin definitivo de la República.
Volviendo a poner
los pies en tierra, si se trata del presente y el futuro inmediato el fallo supremo,
una vez más, paralizó la aplicación de la ley en el caso Clarín. Respecto de
los otros grupos comunicacionales, la respuesta de la Afsca ha sido cuidadosa. Si
antes se decía que aplicar la ley para quienes “no son Clarín” fortalecería el
poder del holding dominante, ahora lo que se dijo es que se seguirán estudiando
los planes de adecuación de todos los demás.
Publicado
en:
martes, 20 de noviembre de 2012
La Afsca despliega las velas, por Eduardo Blaustein (para “INFOnews” del 18-11-12)
Martín Sabbatella ofreció una conferencia de prensa en la
que radiografió el cuadro de los grupos de comunicación que deben adecuarse a
la ley de medios. El Gobierno avanza por esa vía y con el per saltum.
En una semana más
que intensa, el Gobierno dio un par de pasos firmes en dirección a la
aplicación de la ley de medios con la significativa novedad de que las huellas
del cacerolazo no pudieran pesar en ese avance. Con pocas horas de diferencia,
Martín Sabbatella ofreció una exhaustiva conferencia de prensa informando sobre
la situación de los diversos grupos comunicacionales que deben adecuarse a la Ley de Servicios de
Comunicación Audiovisual. Lo nuevo tiene que ver con una instalación política:
va quedando claro, pese a las campañas del Grupo Clarín, que la cosa corre para
(¿casi?) todos y no para uno solo. A la vez, el Congreso aprobó la ley de per
saltum a la que seguramente recurrirá el oficialismo para destrabar el embrollo
judicial generado también por el holding. Hay otra novedad política y es que en
términos generales la oposición, como si comenzara a eludir la trampa del
embanderamiento ciego, optó por no seguir incondicionalmente el discurso del
Grupo Clarín tras el informe de la
Afsca, aún cuando se opuso al per saltum por considerar que
ese recurso fue apurado para resolver la disputa judicial, cosa que los voceros
kirchneristas en ningún momento negaron.
Los ecos de los
pasos dados por el Gobierno acaso puedan medirse de dos maneras. Si es por la
repercusión mediática de la conferencia de prensa, hasta el diario La Nación ofreció una versión
medida, informativa, que remitió entre otras cosas al informe que publicó la Afsca en su sitio web.
Clarín, en cambio, demoró una eternidad en subir on line la conferencia de
prensa, como estudiando minuciosamente el modo de editarlo. Acudió a los
oficios de un periodista del diario y otro de TN para pudrir el diálogo con los
medios –Sabbatella soportó con templanza incluso la acusación de “mentiroso”– y
finalmente ofreció en formato digital e impreso una versión tergiversada y
recortada de los dichos del ex intendente de Morón. El diario apenas si pudo
dedicar un recuadro pobre sobre reacciones políticas, que en ningún momento
alcanzaron para armar algún tipo de escándalo.
Se sabe que el
Gobierno apuesta a la posibilidad del per saltum como escenario de litigio
posible pero se conoce bastante menos sobre los resultados eventuales de la
movida. Hay dudas acerca de si la Corte Suprema aceptaría el recurso, si entendería
que hay “gravedad institucional”, y sobre cómo se dividirían los votos de los
supremos (tampoco se sabe hasta dónde el Gobierno midió la temperatura). Más
claro es en cambio el panorama trazado por Sabbatella, pero sólo el de la
fotografía actual y no la del desenlace de las adecuaciones, especialmente las
que debería afrontar el Grupo Clarín. En la web de la Afsca, se publicó un prolijo
informe de 60 páginas que incluye información demográfica y de mercados,
listados de señales y licencias, y un cotejo permanente que parece inspirado en
el redactado de la propia ley de medios (ese texto abunda en citas de
legislación comparada), ya que se van mencionando cuáles son los artículos
vinculados con cada caso de incumplimiento de la norma según de qué grupo
comunicacional se trate.
Quiénes y por qué. En
el informe, la Afsca
dividió dos tipologías relacionadas con la adecuación. La primera tiene que ver
con las condiciones de admisibilidad, allí donde se impide ser licenciatarios a
ex funcionarios de gobiernos de facto, funcionarios públicos, manejar una
empresa de servicios públicos (hasta el 10% de participación) o ser una
subsidiaria de empresa extranjera (hasta el 30% de participación). Más
adelante, al respecto, se analizará el caso de Telefónica/Telefé. La segunda
tipología es la relacionada con los límites nacionales y locales en la cantidad
de licencias o porción del mercado (artículo 45, que incluye junto con la no
superación del 35% de participación el tema de las incompatibilidades
cruzadas). Un llamado al pie en el informe aclara que se trata de una
evaluación “preliminar” sujeta a revisión, lo que habla de apuros técnicos en
la gestión.
Tal como lo viene
reiterando de manera constante Sabbatella, del informe se concluye que la
adecuación corre para todos, aunque hay controversia sobre un par de casos
importantes. Los actuales infractores, por diversas razones, no son sólo el
Grupo Clarín con la enormidad de 237 licencias sino entre varios otros Uno
Medios (Vila-Manzano, 55 licencias), Cadena 3, Telefé, el grupo español Prisa
(radio Continental) por ser subsidiario de una empresa extranjera, Cadena 3,
Telecentro, C5N, DirecTV, el grupo de Jorge Ricardo Nemesio y Radiocadena Eco
(con 30 emisoras radiales en todo el país).
Un caso llamativo
aunque conocido mencionado por Sabbatella es Uno Medios, que “posee vinculación
societaria con Andes Energía PLC” (una empresa que maneja temas energéticos en
Mendoza). El grupo Vila-Manzano además acaba de comprar una participación en
Metrogas, aunque inferior al 10% dispuesto en la ley. Otro caso particular, en
el que hizo hincapié el Grupo Clarín en su cobertura crítica de la conferencia
de prensa, es el de Direct TV. La
Afsca plantea un problema de incompatibilidades cruzadas ya
que esa empresa es “licenciataria del servicio de televisión por suscripción
por soporte satelital y a su vez accionista en Torneos y Competencia,
productora de las señales TyC Sports y TyC”.
Consultado por
Miradas al Sur sobre el informe dado por Sabbatella, el especialista e
investigador Martín Becerra valoró positivamente la conferencia de prensa (“el
Gobierno sale airoso cuando las hace”) y no pocos trazos gruesos tanto de la
exposición como de los anuncios relacionados con el proceso de adecuación
voluntaria, la eventual intervención del Estado, el hecho de no restringir la
aplicación de la ley a un único actor comunicacional. La diferencia sustancial
de Becerra tiene que ver centralmente con la situación de la empresa
Telefónica, de la que depende Telefé, casi tan española como Prisa. Becerra
subrayó que es obvio que Telefónica explota un servicio público y que
legislaciones anteriores se cuidaron mucho de evitar el cruce entre dos campos
de actividad empresaria de enorme relevancia.
El informe del Afsca
sí menciona que hay un exceso de participación en el mercado en el caso de
Telefé. En cuanto a su situación como empresa de capitales extranjeros, el
argumento de Sabbatella fue que efectivamente Telefé es de capitales españoles,
“pero como su constitución fue previa a la ley de bienes culturales, está
afuera también”. El argumento no convenció a especialistas que simpatizan con
la ley de medios. El caso de canal 9, en manos de un empresario mexicano, es
similar.
Lo imprevisible. Como
se adelantó más arriba, el informe del Afsca exhibe una fotografía estática y
no termina de hablar, ni puede hacerlo, sobre lo que vendrá. Tal como desliza
Becerra entre otros especialistas, así como se dijo que Clarín podría adecuarse
recurriendo a una re-ingeniería interna que le permitiera controlar sus
empresas sólo que a través de distintos accionistas que hoy permanecen unidos,
algo parecido podría hacer el grupo Vila-Manzano u otros actores apostando a
nombres de confianza. En cuanto al multimedios Clarín, si bien cada vez más hasta
sectores conservadores cercanos al Grupo admiten que le va quedando poco margen
de maniobra, siempre existe la posibilidad de que siga resistiendo por vía
judicial, embrollando los trámites administrativos e incluso generando
escenarios de conflictividad gremial en las muchas empresas que tiene a lo
largo y ancho del país.
Becerra dice que “si el Grupo Clarín presenta un plan de adecuación, si no constituye la cautelar, asume ante la sociedad que perdió buena parte de la batalla. Pero seguramente va a tratar de ganar tiempo y a generar todos los conflictos posibles. En algunos medios del grupo los trabajadores están aterrorizados”. Al respecto, Sabbatella ya mantuvo más de una reunión cordial con sindicatos como el Satsaid, que apoyan la aplicación de la ley de medios pero tienen algún temor por el cuadro laboral.
Becerra dice que “si el Grupo Clarín presenta un plan de adecuación, si no constituye la cautelar, asume ante la sociedad que perdió buena parte de la batalla. Pero seguramente va a tratar de ganar tiempo y a generar todos los conflictos posibles. En algunos medios del grupo los trabajadores están aterrorizados”. Al respecto, Sabbatella ya mantuvo más de una reunión cordial con sindicatos como el Satsaid, que apoyan la aplicación de la ley de medios pero tienen algún temor por el cuadro laboral.
Hay un punto crítico
además para que Clarín pueda jugar esa carta y tiene que ver con algo sabido a
medias incluso desde antes del debate por la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. Ese
punto tiene relación con la economía de los medios: no se sabe, en caso de que
el Estado llame a concurso para licitar licencias, hasta dónde las empresas
privadas u otros posibles actores comunicacionales tienen la suficientes
espaldas como para sostener financieramente las empresas que le sobran a Clarín
así como al resto de los grandes actores del sector.
Publicado en :
domingo, 11 de noviembre de 2012
Un partido a la derecha, please, por Eduardo Blaustein (para “Miradas al Sur” del 11-11-12)
Miradas al Sur. Año 5. Edición número 234. Domingo 11 de
noviembre de 2012
Por
Eduardo Blaustein
Combinando resentimiento contra el Gobierno Nacional, antipolítica
y reclamos que deben atenderse, el último cacerolazo llevó mucha gente pero
estuvo muy lejos de contribuir a generar una mejor institucionalidad
partidaria.
Es llamativo: demasiada gente baja en la estación Callao.
Apenas se sale de la boca del subte suenan bocinas y el tachín tachín lejano de
cacerolas. La avenida no está cortada, recién se desvía el tránsito por Marcelo
T. de Alvear. El grueso de los que salieron del subte, muchos jóvenes entre
ellos, rumbeará con el cronista hacia el punto de encuentro de Santa Fe y
Callao. Sabe y avisa el cronista que hay otras citas previstas en la ciudad
para el cacerolazo y que por lo tanto éste será, en el inicio, un recorte
posible de la protesta. No habrá sorpresas excepto la ya señalada: muchos, pero
muchos jóvenes y con ellos la primera carburación interna: sería bueno saber
hasta qué punto estos sub-35 y sub-20 vienen de ciertos espacios ensimismados
–universidades y colegios privados, empresas, establecimientos confesionales–,
esos que en su encierro impidan confrontar las propias percepciones, prácticas,
discursos, con realidades más extensas. Ya se van viendo banderas argentinas,
camiones de exteriores, bocha de gente.
El cronista llega a la primera multitud: son muchos. No hay sorpresa, hay una rara uniformidad que por carecer de la variedad e intensidad de otras manifestaciones tiene algo de abstracta. Sumando, parecen dos o tres cuadras de gente linda, masas bulliciosas, no compactas. Un primer cartel resume decenas o centenas de carteles similares: “Basta de soberbia, inseguridad, injusticia, impunidad, corrupción, narcotráfico”. Otro dice “No mientas más”. Esas consignas y la más repetida, el no a la re-re, son síntesis de lo que hay. Un modo de decir que no es del todo cierta la crítica contra la dispersión de los reclamos. Otro resumen posible y conocido: ir a la marcha por la negativa y no por la propositiva. Mucho más adelante, sobre la avenida Corrientes, el que escribe anotará el contenido de otra pancarta que es más bien un listado extenso. Contiene dos “sí” a favor de “República democrática, federal, pluralista” y “Derechos humanos para todos”. Abajo, una quincena de “no” para lo que el manifestante entiende como atropellos kirchneristas. Permítase que el cronista descrea un poco del fervor democrático de sectores que apoyaron toda dictadura (un problema es que ellos se la creen).
Volviendo a Santa Fe y Callao. Ya se escucha algún grupo pequeño que canta que se va a acabar la dictadura de los K. No es tan extendido ese estribillo entre otras razones por una cuestión de inorganicidad: sencillamente no hay posibilidad de consignas extendidas porque acá se viene de a uno, en pareja, con amigos del trabajo, la facultad, el club. No hay megáfono que organice cantitos en esta marcha que es más aglomeración de individuos que colectivo, no hay carteles políticos ni de oenegés. Eso no implica que no haya una agenda, que esa agenda (sólo hasta cierto punto) es más bien de clase, conservadora, y que esa clase pelea por reclamos que en algunos casos son legítimos y generalizados en toda la sociedad.
Algo aporta verlos de cerca y no por la tele. Hay que ver con qué orgullo alzan sus carteles personalizados al extremo, casi en un acto de ostentación. Alguno lo levanta girando sobre sí mismo, enseñando su gallardía, exaltando su individualidad. Es un gesto de disputa que se verifica en las miradas: firmes, orgullosos de estar ahí, contentos, en muchos casos desafiantes.
El cronista llega a la primera multitud: son muchos. No hay sorpresa, hay una rara uniformidad que por carecer de la variedad e intensidad de otras manifestaciones tiene algo de abstracta. Sumando, parecen dos o tres cuadras de gente linda, masas bulliciosas, no compactas. Un primer cartel resume decenas o centenas de carteles similares: “Basta de soberbia, inseguridad, injusticia, impunidad, corrupción, narcotráfico”. Otro dice “No mientas más”. Esas consignas y la más repetida, el no a la re-re, son síntesis de lo que hay. Un modo de decir que no es del todo cierta la crítica contra la dispersión de los reclamos. Otro resumen posible y conocido: ir a la marcha por la negativa y no por la propositiva. Mucho más adelante, sobre la avenida Corrientes, el que escribe anotará el contenido de otra pancarta que es más bien un listado extenso. Contiene dos “sí” a favor de “República democrática, federal, pluralista” y “Derechos humanos para todos”. Abajo, una quincena de “no” para lo que el manifestante entiende como atropellos kirchneristas. Permítase que el cronista descrea un poco del fervor democrático de sectores que apoyaron toda dictadura (un problema es que ellos se la creen).
Volviendo a Santa Fe y Callao. Ya se escucha algún grupo pequeño que canta que se va a acabar la dictadura de los K. No es tan extendido ese estribillo entre otras razones por una cuestión de inorganicidad: sencillamente no hay posibilidad de consignas extendidas porque acá se viene de a uno, en pareja, con amigos del trabajo, la facultad, el club. No hay megáfono que organice cantitos en esta marcha que es más aglomeración de individuos que colectivo, no hay carteles políticos ni de oenegés. Eso no implica que no haya una agenda, que esa agenda (sólo hasta cierto punto) es más bien de clase, conservadora, y que esa clase pelea por reclamos que en algunos casos son legítimos y generalizados en toda la sociedad.
Algo aporta verlos de cerca y no por la tele. Hay que ver con qué orgullo alzan sus carteles personalizados al extremo, casi en un acto de ostentación. Alguno lo levanta girando sobre sí mismo, enseñando su gallardía, exaltando su individualidad. Es un gesto de disputa que se verifica en las miradas: firmes, orgullosos de estar ahí, contentos, en muchos casos desafiantes.
Unidos y semiorganizados.
En el grabador quedarán registrados los cornetines,
silbatos, alguna vuvuzela. Tal parece que la consigna de ir con camisetas
blancas difundida en las redes sociales opositoras fue acatada por buena parte
de los manifestantes. Acudieron para ello a camisetas de descarte: aquella con
la que se duerme, la que se compró en el viaje a Brasil y refiere a un festival
de cerveza, otra con el logo de Unicef. Otros van con la de la Selección,
preferiblemente la que lleva en la espalda el apellido Messi. Y va de nuevo:
cantidad de jóvenes, de lo que se llama buena presencia. Y cantidad de
mujeres, hasta los 75 años. A algunas de ellas se las ve prolijamente
bronceadas, pero ése es recorte con algo de mala leche, lo que ve repetidamente
el cronista saliendo ya desde Santa Fe en dirección a la 9 de Julio.
De nuevo, de cara a la vana contabilidad, habrá que reiterar que esta es sólo una bocha de gente y que hay otras bochas que confluirán desde otros puntos. Ya La Nación incluyó en su edición impresa del día el mapa con esos puntos y un link con la célebre alusión a la convocatoria espontánea por las redes sociales que llevaba por ejemplo a la página Argentinos Indignados (“Somos el freno a la tiranía y la cleptocracia”, lenguaje de la Libertadora), de lo más brutal que circula en las webs antikirchneristas, donde el primer párrafo que explica las razones de la movilización es el que dice: “Envían a La Cámpora para adoctrinar a nuestros niños. ‘Adoctrinamiento’ es lo mismo que abuso de ‘menores’; y la Presidente lo apoyó abiertamente”.
La movilización avanza. Cuando comienza a remontar por la 9 de Julio hacia el Obelisco la figura “bocha de gente” pasa a una dimensión superior. Es que pasando Córdoba la 9 de Julio hace una ligera cuesta que permite ver mejor la cantidad y esa cantidad impresiona. Es cierto que la masa se compacta entre los boulevares y sólo avanza por los carriles que van hacia Constitución. Pero son muchos (¿sumarán 40, 50, 60 mil sólo en el Obelisco?). Como sea, una cosa es haberlo previsto, otra tener el cuerpo metido entre esta multitud a la que no se pertenece.
El cronista trata de ser todo lo abierto que le permite su alma. Es mucha gente. Pero comparar el número de asistentes con el de la marcha de la Multipartidaria del ’82, los actos de cierre de campaña de Raúl Alfonsín (de Independencia hasta Córdoba, ver foto) o Italo Lúder en el Obelisco, las convocatorias de Saúl Ubaldini, o dejar de lado la manifestación del 2006 por los 30 años del golpe, es una manipulación cretina.
Habrá otras maneras de relativizar o encuadrar la importancia del número: en la ciudad de Buenos Aires, sólo Mauricio Macri, cuando ganó con el 47 por ciento en primera vuelta, fue votado por 830 mil porteños. Faltan en la cuenta carradas de miles de otros votos no kirchneristas (mínimo, 300 mil más). Es una base fértil para nutrir una marcha contra el gobierno. El dato fuerte y nuevo que se debe atender, escuchar y cuidar es que tantos miles salgan a la calle, a disputar espacio público, discusiones, broncas, sentidos, agendas, percepciones. Ya bastante se escribió y se escribirá acerca de las dificultades de los partidos opositores para encauzar esta irritación que al día siguiente se nutrirá con otra inundación más en Belgrano, Palermo, Villa Crespo. Esa parte del debate quedará para otro día.
De nuevo, de cara a la vana contabilidad, habrá que reiterar que esta es sólo una bocha de gente y que hay otras bochas que confluirán desde otros puntos. Ya La Nación incluyó en su edición impresa del día el mapa con esos puntos y un link con la célebre alusión a la convocatoria espontánea por las redes sociales que llevaba por ejemplo a la página Argentinos Indignados (“Somos el freno a la tiranía y la cleptocracia”, lenguaje de la Libertadora), de lo más brutal que circula en las webs antikirchneristas, donde el primer párrafo que explica las razones de la movilización es el que dice: “Envían a La Cámpora para adoctrinar a nuestros niños. ‘Adoctrinamiento’ es lo mismo que abuso de ‘menores’; y la Presidente lo apoyó abiertamente”.
La movilización avanza. Cuando comienza a remontar por la 9 de Julio hacia el Obelisco la figura “bocha de gente” pasa a una dimensión superior. Es que pasando Córdoba la 9 de Julio hace una ligera cuesta que permite ver mejor la cantidad y esa cantidad impresiona. Es cierto que la masa se compacta entre los boulevares y sólo avanza por los carriles que van hacia Constitución. Pero son muchos (¿sumarán 40, 50, 60 mil sólo en el Obelisco?). Como sea, una cosa es haberlo previsto, otra tener el cuerpo metido entre esta multitud a la que no se pertenece.
El cronista trata de ser todo lo abierto que le permite su alma. Es mucha gente. Pero comparar el número de asistentes con el de la marcha de la Multipartidaria del ’82, los actos de cierre de campaña de Raúl Alfonsín (de Independencia hasta Córdoba, ver foto) o Italo Lúder en el Obelisco, las convocatorias de Saúl Ubaldini, o dejar de lado la manifestación del 2006 por los 30 años del golpe, es una manipulación cretina.
Habrá otras maneras de relativizar o encuadrar la importancia del número: en la ciudad de Buenos Aires, sólo Mauricio Macri, cuando ganó con el 47 por ciento en primera vuelta, fue votado por 830 mil porteños. Faltan en la cuenta carradas de miles de otros votos no kirchneristas (mínimo, 300 mil más). Es una base fértil para nutrir una marcha contra el gobierno. El dato fuerte y nuevo que se debe atender, escuchar y cuidar es que tantos miles salgan a la calle, a disputar espacio público, discusiones, broncas, sentidos, agendas, percepciones. Ya bastante se escribió y se escribirá acerca de las dificultades de los partidos opositores para encauzar esta irritación que al día siguiente se nutrirá con otra inundación más en Belgrano, Palermo, Villa Crespo. Esa parte del debate quedará para otro día.
So sorry.
Hay un muchacho plantado en medio de la gente mostrando su
pancarta personal en la que pide perdón porque él la votó. Le pregunto si es
una ironía pero dice que no con un tristísimo apretar de párpados, como
diciendo por mi culpa, por mi culpa. Hay carteles sobre seguridad, libertad,
respeto a la
Constitución. No los hay sobre inclusión, salud, educación,
pobreza, generación de empleo. Piden entre otras contradicciones menos
subsidios a los vagos y a la vez más seguridad.
Renace en el cacerolazo ese viejo credo superficial según el cual, y suponiendo que el kirchnerismo fuera un monstruo que avanza toscamente a contramano de la Constitución, con sólo tener República el país sería una fiesta, una fiesta construida sin necesidad de políticas, de gobierno. Sucedió con el recitado del Preámbulo en la hermosa campaña de Alfonsín, sucedió con el discurso inconsistente de la Alianza. La fantasía antipolítica y boba de que la mera transparencia institucional –valor deseable y exigible– garantiza un buen gobierno. Este cronista ya ha escrito que la protesta es legítima como manifestación política, que es parte de la vivacidad de una democracia en la que existe plena libertad de expresión. Es también rebote de la repolitización nacida con el kirchnerismo (para el otro lado). Insiste el cronista en que el Gobierno debe escuchar y atender ciertas demandas (seguridad, inflación, transporte público) sin que eso signifique cambiar lo central de un proyecto que fue abrumadoramente respaldado con los votos. El cronista vuelve a subrayar que es falso que todos los caceroleros sean las señoras bronceadas del recorte discursivo o fotográfico. También subraya: además de que el cacerolazo trasunta un triunfo de las ideologías del individualismo, y aunque es relativamente heterogéneo en su composición social, no hay, literalmente, un solo morocho a la vista. Hablando de morochos, en este momento cantan “olelé, olalá, si éste no es el pueblo, el pueblo dónde está”.
Renace en el cacerolazo ese viejo credo superficial según el cual, y suponiendo que el kirchnerismo fuera un monstruo que avanza toscamente a contramano de la Constitución, con sólo tener República el país sería una fiesta, una fiesta construida sin necesidad de políticas, de gobierno. Sucedió con el recitado del Preámbulo en la hermosa campaña de Alfonsín, sucedió con el discurso inconsistente de la Alianza. La fantasía antipolítica y boba de que la mera transparencia institucional –valor deseable y exigible– garantiza un buen gobierno. Este cronista ya ha escrito que la protesta es legítima como manifestación política, que es parte de la vivacidad de una democracia en la que existe plena libertad de expresión. Es también rebote de la repolitización nacida con el kirchnerismo (para el otro lado). Insiste el cronista en que el Gobierno debe escuchar y atender ciertas demandas (seguridad, inflación, transporte público) sin que eso signifique cambiar lo central de un proyecto que fue abrumadoramente respaldado con los votos. El cronista vuelve a subrayar que es falso que todos los caceroleros sean las señoras bronceadas del recorte discursivo o fotográfico. También subraya: además de que el cacerolazo trasunta un triunfo de las ideologías del individualismo, y aunque es relativamente heterogéneo en su composición social, no hay, literalmente, un solo morocho a la vista. Hablando de morochos, en este momento cantan “olelé, olalá, si éste no es el pueblo, el pueblo dónde está”.
Yo estuve.
Cansado de ver tanta cara saludable de Callao y Santa Fe,
hay que apurar el paso con ganas de verificar una intuición fácil: que en el
Obelisco, provenientes de otras geografías urbanas, puedan apreciarse cambios
en la composición social de la protesta. Quién tuviera una máquina portátil y
perfecta que pudiera medir de un saque esos datos, o un coche-Google que sacara
la foto de 360 grados. Se trate del orgullo individual, de clase o de la bronca
anti Cristina, puede apelarse a imágenes aisladas, como la de la piba que viste
la camiseta histórica: “8N. Yo estuve”. Quieren dar la pelea, darla fuerte,
tienen conciencia de eso y aunque son algo necios en su irritación ensimismada,
hacen aprendizajes astutos: no hay en este cacerolazo cartelitos que refieran a
mi dólar o mi derecho al viaje, consignas que quedaron relativamente offside,
que circularon en la edición anterior y que permanecen en las redes sociales
opositoras.
Llegan las columnas de Barrio Norte al Obelisco, a una cuadra y media. Se ensancha la protesta y forma una amplísima circunferencia alrededor de ese monumento, con un sobrante de manifestantes al otro lado de Corrientes. Se canta el Himno al estilo cancha de fútbol. Son las 8.25 y la gente se regocija comprobando el número de asistentes. Hay una proyección luminosa en una de las aristas del Obelisco que dice “Unidos y en libertad”. Habrá que suponer que se pidió permiso al Gobierno porteño para hacer esa proyección. Curioso: el lema “Unidos y en libertad” (dato recordado por el semiólogo Roberto Marafioti), seguramente concebido como opuesto a “Unidos y organizados”, fue usado en formato oblea para parabrisas durante el Proceso, junto al más conocido “Somos derechos y humanos”.
Ya es muy difícil acceder a la plaza de la República, allí donde se quiere saber más sobre qué gente es la que salió a protestar. Pero es jodido llegar a Corrientes y doblar a la derecha. Caramba, casi parece una movilización peronista. Ahora el apretuje es fiero, en sentido contrario a los que quieren llegar al centro del asunto.
Después de un rato de forcejeos el cronista consigue atravesar esa masa compacta. Tuerce el cuello a la derecha, ve el cartel grande que dice “La Fragata no se entrega”, escucha la consigna “Hijos de puta”, enfrenta una zona más nacionalista llena de banderitas blanquicelestes, si éste no es el pueblo el pueblo dónde está. Y efectivamente los que vienen por Corrientes son más diversos: clases medias-medias y bajas; si hay rubias, son rubias no naturales. Aun así la hegemonía parece ser de clase media-media para arriba. Dos señoras de barrio llevan una tela que dice “Las desaparecidas no tolerarían violaciones a los derechos humanos que hoy comete el Estado”. Habiendo de por medio una alusión al género, habrá que interpretar que se refieren al derecho a la vida y el aborto. Los que se ven ahora por Corrientes, sean pequeños comerciantes, pymes, laburantes, interpelan más seriamente la necesidad de abrir las orejas. En alguna pancarta y en testimonios televisivos se sumó otro reclamo al malestar: el tema del mínimo no imponible para el impuesto a las Ganancias.
Pasando Talcahuano ralea la cantidad de manifestantes, los que se siguen sumando caminan entre claros grandes. Otros, incluido el cronista, enfilan de regreso hacia la estación Tribunales. Los demás, felices, seguirán hasta Plaza de Mayo. En la plaza de Tribunales, de pronto, es el puro y oscuro vacío urbano. Los andenes están desiertos. Pero para cuando llegue el subte se llenará de caceroleros contentos. ¿Eso es un contrasentido? ¿La oligarquía viajando en subte? ¿O es una señal sobre la composición de la protesta?
Al salir por Congreso de Tucumán el cronista se encontrará con los restos de la convocatoria de Cabildo y Juramento, que impide el paso de los colectivos. Y también el 152 deberá abrirse de la avenida Maipú porque otra bocha de gente la cortó frente a la Quinta Presidencial. Sale el cronista de Maipú, se interna entre manzanas en las que, ahora sí, los manifestantes dejaron sus coches estacionados. Pasan dos pibas jovencitas por una calle oscura haciendo sonar pares de botellas de agua. Falta poco para llegar a casa y verlo por TN; C5N; 6,7,8; Duro de Domar, América y Canal 26. Pero queda un último detalle casi frente a la propia casa: matrimonio mayor, el tipo de unos 65, alto, bien plantado, bermudas, barba canosa, una cara más bien simpaticona, cantando solito con la patrona, “olelé, olalá, si éste no es el pueblo, el pueblo dónde está”.
Llegan las columnas de Barrio Norte al Obelisco, a una cuadra y media. Se ensancha la protesta y forma una amplísima circunferencia alrededor de ese monumento, con un sobrante de manifestantes al otro lado de Corrientes. Se canta el Himno al estilo cancha de fútbol. Son las 8.25 y la gente se regocija comprobando el número de asistentes. Hay una proyección luminosa en una de las aristas del Obelisco que dice “Unidos y en libertad”. Habrá que suponer que se pidió permiso al Gobierno porteño para hacer esa proyección. Curioso: el lema “Unidos y en libertad” (dato recordado por el semiólogo Roberto Marafioti), seguramente concebido como opuesto a “Unidos y organizados”, fue usado en formato oblea para parabrisas durante el Proceso, junto al más conocido “Somos derechos y humanos”.
Ya es muy difícil acceder a la plaza de la República, allí donde se quiere saber más sobre qué gente es la que salió a protestar. Pero es jodido llegar a Corrientes y doblar a la derecha. Caramba, casi parece una movilización peronista. Ahora el apretuje es fiero, en sentido contrario a los que quieren llegar al centro del asunto.
Después de un rato de forcejeos el cronista consigue atravesar esa masa compacta. Tuerce el cuello a la derecha, ve el cartel grande que dice “La Fragata no se entrega”, escucha la consigna “Hijos de puta”, enfrenta una zona más nacionalista llena de banderitas blanquicelestes, si éste no es el pueblo el pueblo dónde está. Y efectivamente los que vienen por Corrientes son más diversos: clases medias-medias y bajas; si hay rubias, son rubias no naturales. Aun así la hegemonía parece ser de clase media-media para arriba. Dos señoras de barrio llevan una tela que dice “Las desaparecidas no tolerarían violaciones a los derechos humanos que hoy comete el Estado”. Habiendo de por medio una alusión al género, habrá que interpretar que se refieren al derecho a la vida y el aborto. Los que se ven ahora por Corrientes, sean pequeños comerciantes, pymes, laburantes, interpelan más seriamente la necesidad de abrir las orejas. En alguna pancarta y en testimonios televisivos se sumó otro reclamo al malestar: el tema del mínimo no imponible para el impuesto a las Ganancias.
Pasando Talcahuano ralea la cantidad de manifestantes, los que se siguen sumando caminan entre claros grandes. Otros, incluido el cronista, enfilan de regreso hacia la estación Tribunales. Los demás, felices, seguirán hasta Plaza de Mayo. En la plaza de Tribunales, de pronto, es el puro y oscuro vacío urbano. Los andenes están desiertos. Pero para cuando llegue el subte se llenará de caceroleros contentos. ¿Eso es un contrasentido? ¿La oligarquía viajando en subte? ¿O es una señal sobre la composición de la protesta?
Al salir por Congreso de Tucumán el cronista se encontrará con los restos de la convocatoria de Cabildo y Juramento, que impide el paso de los colectivos. Y también el 152 deberá abrirse de la avenida Maipú porque otra bocha de gente la cortó frente a la Quinta Presidencial. Sale el cronista de Maipú, se interna entre manzanas en las que, ahora sí, los manifestantes dejaron sus coches estacionados. Pasan dos pibas jovencitas por una calle oscura haciendo sonar pares de botellas de agua. Falta poco para llegar a casa y verlo por TN; C5N; 6,7,8; Duro de Domar, América y Canal 26. Pero queda un último detalle casi frente a la propia casa: matrimonio mayor, el tipo de unos 65, alto, bien plantado, bermudas, barba canosa, una cara más bien simpaticona, cantando solito con la patrona, “olelé, olalá, si éste no es el pueblo, el pueblo dónde está”.
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Eduardo Blaustein,
Notas aparecidas en otros medios,
Política
viernes, 9 de noviembre de 2012
El problema de hacer política como escondiendo la mano, por Eduardo Blaustein (para “Miradas al Sur” del 04-11-12)
Miradas al Sur.Año 5. Edición número 233. Domingo 4 de
noviembre de 2012
Por
Eduardo Blaustein
El cacerolazo seguramente será extendido y debe ser
escuchado como un llamado de atención al Gobierno. La presencia de Luis
Barrionuevo es un riesgo para la convocatoria. Redes sociales que van del
macrismo al Episcopado. Mucho ruido, poca expresión electoral.
De lo mucho que se dijo sobre el último cacerolazo y el que
viene, acaso una de las mejores reflexiones vino de una opositora inteligente
del kirchnerismo, Beatriz Sarlo. En su habitual columna deLa Nación, y
después de cuestionar las críticas oficialistas por discriminatorias, Sarlo
aceptó que en las protestas con cacerolas late un “despiste ideológico”,
“antipatía contra la política” y añadió algo crucial: “Detestar al kirchnerismo
no produce política. Y hoy, en cualquier lugar del mundo, afirmar la primacía
absoluta de los derechos individuales (yo hago lo que quiero con lo mío) es una
versión patética y arcaica de lo que se cree liberalismo”.
Con los cacerolazos, parte de las críticas kirchneristas se centró en el origen de clase de los manifestantes (exacerbando la presunta componente “oligárquica”, cuando entre los caceroleros hay bastante más que señoras de Recoleta) y en una discusión algo estéril acerca de cuán “organizada” o “espontánea” fue la protesta y cuánto lo será el 8N. No está mal que se revele la componente “organizada” de la protesta, pero eso no quita que los manifestantes sean parte de la sociedad. Blogueros kirchneristas y periodistas del palo aportaron buenos datos acerca de quiénes manejan algunas de las redes sociales más activas. De esos repasos se desprende que blogs como El Cipayo o Argentina contra K son manejados por gente de buenos recursos allegada al PRO, a la Sociedad Rural y, según el caso, especializada en el manejo publicitario de las nuevas tecnologías.
Un caso resonante es el de Luciano Bugallo, quien integró la Fundación Fragua, cercana al macrismo, y que una vez “descubierto” (si cabe usar el término) intentó borrar las huellas virtuales de su actividad de organizador. Bugallo tiene a su vez una relación cercana con Martín Urdaniz (diplomado en el CEMA, la UCA y una universidad californiana), además de especialista en administración de redes sociales con fines empresariales y miembro de Pensar Argentina. Esta ONG alguna vez invitó al nada liberal propietario del diario La Nueva Provincia, Vicente Massot, a un panel de discusión. Redes sociales u ONG de los blogueros-caceroleros, a menudo asociadas (y/o fondeadas con recursos de) el gobierno macrista, según el caso llevan directo al Episcopado, a sectores antiabortistas, a los defensores póstumos de la última dictadura militar.
Con los cacerolazos, parte de las críticas kirchneristas se centró en el origen de clase de los manifestantes (exacerbando la presunta componente “oligárquica”, cuando entre los caceroleros hay bastante más que señoras de Recoleta) y en una discusión algo estéril acerca de cuán “organizada” o “espontánea” fue la protesta y cuánto lo será el 8N. No está mal que se revele la componente “organizada” de la protesta, pero eso no quita que los manifestantes sean parte de la sociedad. Blogueros kirchneristas y periodistas del palo aportaron buenos datos acerca de quiénes manejan algunas de las redes sociales más activas. De esos repasos se desprende que blogs como El Cipayo o Argentina contra K son manejados por gente de buenos recursos allegada al PRO, a la Sociedad Rural y, según el caso, especializada en el manejo publicitario de las nuevas tecnologías.
Un caso resonante es el de Luciano Bugallo, quien integró la Fundación Fragua, cercana al macrismo, y que una vez “descubierto” (si cabe usar el término) intentó borrar las huellas virtuales de su actividad de organizador. Bugallo tiene a su vez una relación cercana con Martín Urdaniz (diplomado en el CEMA, la UCA y una universidad californiana), además de especialista en administración de redes sociales con fines empresariales y miembro de Pensar Argentina. Esta ONG alguna vez invitó al nada liberal propietario del diario La Nueva Provincia, Vicente Massot, a un panel de discusión. Redes sociales u ONG de los blogueros-caceroleros, a menudo asociadas (y/o fondeadas con recursos de) el gobierno macrista, según el caso llevan directo al Episcopado, a sectores antiabortistas, a los defensores póstumos de la última dictadura militar.
120 mil bebés.
Otros espacios a los que se asocia con la organización ciberespacial del
cacerolazo son el Grupo Ceibo, Pensando Argentina o la Red de Encuentro Ciudadano. El
Grupo Ceibo, acaso una mera pantalla, se presenta como un colectivo de jóvenes
profesionales cuya premisa es “generar el cambio”. No precisan en su web de qué
cambio se trata excepto por una consigna sencilla, pobre, y confusa: “Se
intentará tomar lo mejor de los países desarrollados sobre sus plataformas y
accionar en la administración pública y su repercusión en la actividad privada
y la sociedad toda siempre desde el fortalecimiento de las instituciones”.
“¿Cómo pretendemos alcanzar el cambio?”, se preguntan los jóvenes ceibos.
Respuesta: a través de la comunicación. En Pensando Argentina articula Martín
Urdaniz, quien a la vez aparece en la web de Diálogo Ciudadano, donde destaca
una suerte de cuenta regresiva de bebés muertos. “El aborto hoy matará 120 mil
bebés”, se afirma desde ese sitio de internet, sin aclaraciones sobre fuentes o
especialistas que sostengan la estadística, ni en qué lapso se producirán tantas
muertes de así llamados bebés. Más abajo hay diversas intervenciones de obispos
sentando posición sobre los temas que preocupan a la Iglesia, no sólo en
Argentina.
El nombre de Luciano Bugallo vuelve a repetirse en Linkedin asociado por él mismo como miembro de la Red de Encuentro Ciudadano (REC) y del Grupo Ceibo. Bugallo se presenta como responsable comercial de EQ Entertainment (una productora “que desarrolla productos vinculado a los deportes hípicos”) y periodista de una revista especializada en temas agropecuarios. Bien visibles abajo y a la derecha de esa página de Linkedin se reitera el nombre de Martín Urdaniz y también el de Max Gulmanelli, director general de Educación de Gestión Estatal en el Ministerio de Educación del Gobierno porteño... y miembro de la Fundación Fragua.
Una mirada interesante sobre los modos y códigos de organización de los caceroleros es la que aportó el periodista Nicolás Llantos en Página/12. Una de sus notas informaba que en las redes sociales antikirchneristas, de cara al 8N, se recomienda que quienes se movilicen vayan “con pantalón y remera blanca” (acaso como mensaje pacifista o para no ostentar ropas caras) y escarapelas, que no contacten con los medios cosa de que los medios (se supone que los kirchneristas) no los recorten o escrachen. La misma nota dio cuenta de internas y de primeras disputas por protagonismo entre los convocantes.
Otra organización a la que se vincula con los cacerolazos es la Fundación Despertar, relacionada con los agronegocios y dirigida por figuras señeras, como el ruralista Luciano Miguens; el ex directivo periodístico de La Nación, José Claudio Escribano; o Eduardo Enrique Bunge, quien también participa de la enésima organización civil que alguna vez intentó articular el pensamiento de la derecha: Darse Cuenta (da toda la sensación de que la sobreabundancia de fundaciones tiene que ver con la fragmentación de la derecha y/o con el mero negocio o la plataforma de relaciones públicas). Como todas las asociaciones mencionadas, la Fundación Despertar se propone estimular la participación ciudadana, transparentar las instituciones, defender la República. En marzo pasado esa entidad festejó el aniversario de la derogación de la Resolucion 125 con una disertación de Santiago Kovadloff sobre el auge presunto de la participación ciudadana. ¿Dónde participaron y defendieron la República estos ciudadanos? En avenida Quintana 191, sede de la preciosa residencia francesa construida en 1904, en la que funciona el restaurante y salón de recepciones de la Asociación Cooperativa de Criadores de Caballos de Sangre Pura de Carrera.
El nombre de Luciano Bugallo vuelve a repetirse en Linkedin asociado por él mismo como miembro de la Red de Encuentro Ciudadano (REC) y del Grupo Ceibo. Bugallo se presenta como responsable comercial de EQ Entertainment (una productora “que desarrolla productos vinculado a los deportes hípicos”) y periodista de una revista especializada en temas agropecuarios. Bien visibles abajo y a la derecha de esa página de Linkedin se reitera el nombre de Martín Urdaniz y también el de Max Gulmanelli, director general de Educación de Gestión Estatal en el Ministerio de Educación del Gobierno porteño... y miembro de la Fundación Fragua.
Una mirada interesante sobre los modos y códigos de organización de los caceroleros es la que aportó el periodista Nicolás Llantos en Página/12. Una de sus notas informaba que en las redes sociales antikirchneristas, de cara al 8N, se recomienda que quienes se movilicen vayan “con pantalón y remera blanca” (acaso como mensaje pacifista o para no ostentar ropas caras) y escarapelas, que no contacten con los medios cosa de que los medios (se supone que los kirchneristas) no los recorten o escrachen. La misma nota dio cuenta de internas y de primeras disputas por protagonismo entre los convocantes.
Otra organización a la que se vincula con los cacerolazos es la Fundación Despertar, relacionada con los agronegocios y dirigida por figuras señeras, como el ruralista Luciano Miguens; el ex directivo periodístico de La Nación, José Claudio Escribano; o Eduardo Enrique Bunge, quien también participa de la enésima organización civil que alguna vez intentó articular el pensamiento de la derecha: Darse Cuenta (da toda la sensación de que la sobreabundancia de fundaciones tiene que ver con la fragmentación de la derecha y/o con el mero negocio o la plataforma de relaciones públicas). Como todas las asociaciones mencionadas, la Fundación Despertar se propone estimular la participación ciudadana, transparentar las instituciones, defender la República. En marzo pasado esa entidad festejó el aniversario de la derogación de la Resolucion 125 con una disertación de Santiago Kovadloff sobre el auge presunto de la participación ciudadana. ¿Dónde participaron y defendieron la República estos ciudadanos? En avenida Quintana 191, sede de la preciosa residencia francesa construida en 1904, en la que funciona el restaurante y salón de recepciones de la Asociación Cooperativa de Criadores de Caballos de Sangre Pura de Carrera.
Atento al cucharón. Todos
estos datos son ciertos, pero como se sugirió más arriba, encerrarse en ellos
es un ejercicio algo estéril. Que los cacerolazos sean en buena medida
promovidos y organizados por cuadros técnicos o políticos de la derecha
argentina es natural y hasta legítimo. Toda fuerza política o social necesita
de organización y capacidad de movilización y en todo caso aquí la paradoja y
el límite es que, como sostienen Sarlo y el kirchnerismo también, muchos
caceroleros detestan la política, con lo cual es aventurado futurizar sobre las
perspectivas del movimiento de cacerola y cucharón en términos de continuidad y
más aún de construcción partidaria. Es lícito y oportuno desmontar el discurso
sobre la espontaneidad e inocencia con que se manifiestan “las clases sanas de
nuestra sociedad”. Pero con eso no alcanza.
Tal como se dijo en alguna edición anterior de Miradas, en todo caso el cacerolazo que fue y el que viene merecen anotarse como un llamado de atención, una muestra aunque recortada y algo caprichosa de malestar social al menos en ciertos sectores de clases medias urbanas, en algunos puntos ante temas que deben ocupar al Gobierno. Nada cambiará de manera rotunda el 8N (ver nota en esta página sobre las perspectivas electorales del año que viene) y hasta es posible que la protesta cacerolera en el futuro mediato se desgaste o se degrade, especialmente ante autoinvitaciones a participar tales como las de Luis Barrionuevo, emblema de lo peor de nuestro sindicalismo.
Lo que importa es poner el oído ante ciertas demandas de sectores sociales que quizá no participen de los cacerolazos pero sí pueden ser afectados por el ruido y el clima mediático que generan las protestas. Algunos datos preocupantes que debería leer el kirchnerismo son los que se desprenden de un estudio de opinión pública realizado por una consultora cercana al Gobierno. Según el trabajo, más de un tercio de los entrevistados dijo apoyar el cacerolazo anterior. Una cuarta parte dijo no apoyarlo en absoluto y los demás admitieron compartir algunos de los reclamos. Los integrantes del primer grupo votaron en las últimas elecciones a todo candidato que no fuera Cristina, mientras que entre los del tercer grupo hay quienes sí la votaron.
Tal como se dijo en alguna edición anterior de Miradas, en todo caso el cacerolazo que fue y el que viene merecen anotarse como un llamado de atención, una muestra aunque recortada y algo caprichosa de malestar social al menos en ciertos sectores de clases medias urbanas, en algunos puntos ante temas que deben ocupar al Gobierno. Nada cambiará de manera rotunda el 8N (ver nota en esta página sobre las perspectivas electorales del año que viene) y hasta es posible que la protesta cacerolera en el futuro mediato se desgaste o se degrade, especialmente ante autoinvitaciones a participar tales como las de Luis Barrionuevo, emblema de lo peor de nuestro sindicalismo.
Lo que importa es poner el oído ante ciertas demandas de sectores sociales que quizá no participen de los cacerolazos pero sí pueden ser afectados por el ruido y el clima mediático que generan las protestas. Algunos datos preocupantes que debería leer el kirchnerismo son los que se desprenden de un estudio de opinión pública realizado por una consultora cercana al Gobierno. Según el trabajo, más de un tercio de los entrevistados dijo apoyar el cacerolazo anterior. Una cuarta parte dijo no apoyarlo en absoluto y los demás admitieron compartir algunos de los reclamos. Los integrantes del primer grupo votaron en las últimas elecciones a todo candidato que no fuera Cristina, mientras que entre los del tercer grupo hay quienes sí la votaron.
Para El Cipayo,
se va la dictadura
El Cipayo es uno de los espacios más activos en la
blogosfera antikirchnerista. La razón acerca de la elección del nombre es ésta,
según sus hacedores: “Cipayo, gorila, oligarca y vendepatria. Palabras que nos
llevan a un país que ocurrió hace mucho tiempo atrás. Hoy, quienes nos
gobiernan, para descalificar a los que pensamos distinto, nos etiquetan de esa
forma a modo de descalificación”.
En estos días, éstos fueron algunos de los tuits publicados en El Cipayo, los primeros, vinculados con la desafortunada intervención de Andrés Larroque en el Congreso: “Cuervo Larroque4, el arquetipo de la cara desquiciada y vergonzosa del 'modelo K'”. “Gracias #Larroque por convocar más gente al #8N. Mejor no lo pudiste haber hecho”. Un Fernando Solanas que difícilmente sea Pino, afirma: “La ley para permitir el voto a menores es un fraude preelectoral”. Ddgmerkin hace esta comparación histórica: “El #8N es como el 30 de marzo del 1982. ¡Que nadie te quite el privilegio de decir (#8N) Yo Estuve Ahí”.
En estos días, éstos fueron algunos de los tuits publicados en El Cipayo, los primeros, vinculados con la desafortunada intervención de Andrés Larroque en el Congreso: “Cuervo Larroque4, el arquetipo de la cara desquiciada y vergonzosa del 'modelo K'”. “Gracias #Larroque por convocar más gente al #8N. Mejor no lo pudiste haber hecho”. Un Fernando Solanas que difícilmente sea Pino, afirma: “La ley para permitir el voto a menores es un fraude preelectoral”. Ddgmerkin hace esta comparación histórica: “El #8N es como el 30 de marzo del 1982. ¡Que nadie te quite el privilegio de decir (#8N) Yo Estuve Ahí”.
Maleducados,
aprendan a votar
Argentina contra K es el blog de Luciano Bugallo, uno de los
más conocidos impulsores del cacerolazo desde las redes sociales. Una leyenda
debajo del nombre del blog dice: “Un K es alguien que sigue las ideas de
Cristina. Un antiK es aquel que las entiende”.
El texto central de estos días, acompañado de una fotografía nocturna del Obelisco con gente movilizada, lleva una cuenta regresiva en inglés convocando con este lema: “El 13/S la Plaza nos quedó chica. Ahora vamos al Obelisco”.
Desde las páginas del blog se prevé una organización cuidadosa del 8N. Hay tres grandes citas “en tres columnas a las 19.00”: Callao y Santa Fe, Corrientes y Pueyrredón, Belgrano y 9 de Julio. Más una larga lista de puntos de encuentro en barrios de la Capital, el conurbano y ciudades del interior.
Dos tuits anónimos reflejan cierto violento desconcierto del antikirchnerismo que devienen de su anclaje en la antipolítica, más racismo: “Disculpen pero no sé hasta qué punto sirven las protestas pacíficas. Creo que hace más ruido y tiene más repercusión si se arma otro diciembre 2001. El otro: “El problema es como sucede en la mayoría de los países, las masas que terminan definiendo las elecciones son las que fueron privadas de educación”.
El texto central de estos días, acompañado de una fotografía nocturna del Obelisco con gente movilizada, lleva una cuenta regresiva en inglés convocando con este lema: “El 13/S la Plaza nos quedó chica. Ahora vamos al Obelisco”.
Desde las páginas del blog se prevé una organización cuidadosa del 8N. Hay tres grandes citas “en tres columnas a las 19.00”: Callao y Santa Fe, Corrientes y Pueyrredón, Belgrano y 9 de Julio. Más una larga lista de puntos de encuentro en barrios de la Capital, el conurbano y ciudades del interior.
Dos tuits anónimos reflejan cierto violento desconcierto del antikirchnerismo que devienen de su anclaje en la antipolítica, más racismo: “Disculpen pero no sé hasta qué punto sirven las protestas pacíficas. Creo que hace más ruido y tiene más repercusión si se arma otro diciembre 2001. El otro: “El problema es como sucede en la mayoría de los países, las masas que terminan definiendo las elecciones son las que fueron privadas de educación”.
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8N,
Eduardo Blaustein,
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Política
martes, 2 de octubre de 2012
¿Estás tan tranquilo, Clarín?, por Eduardo Blaustein (para “Miradas al Sur” del 30-09-12)
Arriba : El 7/d,
¿Caerá alguna torre gemela? El grupo Clarín dice que no debe pasar nada, pero
se ataja.
Miradas al Sur. Año
5. Edición número 228. Domingo 30 de septiembre de 2012
Por
Eduardo Blaustein
Más sobre los
escenarios posibles del 7/D. En su presentación de junio ante la CNV, el Grupo no se muestra
tan confiado acerca de su futuro, al punto que incorpora proyecciones sobre
todo lo que podría perder. ¿El poder del holding es tanto como se suele
afirmar?
La tranquilidad que
expresa la comunicación institucional e interna del Grupo Clarín de cara a lo
que pueda suceder a partir del 7/D (“no debe suceder nada ni fáctica ni
jurídicamente”) parece entrar en contradicción con lo que dijo el multimedios
en su última presentación, en junio pasado, ante la Comisión Nacional
de Valores. El documento es una fuente de información interesante que no se
dirige al gran público, sino al mundo de las finanzas y los grandes inversores.
Al referirse a la eventual aplicación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual y al
último fallo de la Corte
Suprema, Clarín S.A. dice esto: “Conforme a dicho fallo, la
aplicación del artículo 161 resultaría aplicable tanto al Grupo Clarín S.A.
como a sus subsidiarias”. Salvo por el uso del potencial en “resultaría”, el
párrafo no machaca como otras piezas comunicacionales del Grupo en la
interpretación de que el 7/D no vence, sino que se inicia el plazo de
adecuación. Más aún, en otro párrafo dedicado a las consecuencias que podría
tener para el Grupo la cláusula de adecuación, el documento establece un
cálculo según el cual la sociedad sufriría “una pérdida contable de entre $1,5
mil millones y $3,3 mil millones, y una eventual fuerte reducción del valor
compañía”. Esas “cuantificaciones”, finaliza el párrafo, “dependerán de una
serie de decisiones que aún no fueron tomadas por las sociedades actoras y, en
consecuencia, los resultados finales podrían diferir de los por ellos
estimados”. Acaso esta sea una vaga referencia a la eventual “desinversión
hacia adentro” que pueda hacer el Grupo, hipótesis que Miradas al Sur planteó
el domingo pasado, y que podría terminar con empresas repartidas entre los
accionistas del multimedios.
Según los estados contables presentados ante la CNV, el patrimonio del Grupo es de 4.900 millones de pesos, 3.700 de los cuales corresponden a la sociedad controlante. Tratándose del mundo de las corporaciones es difícil establecer si el cálculo de hasta “$3,3 mil millones” en pérdidas es un modo de alarmar al establishment o una manera de inflar la cotización del Grupo de cara a un escenario futurible. Como sea, el sólo manejo de esos números no armoniza con la afirmación de que el 7/D, para el Grupo Clarín, no pasa nada. Aunque el documento sí plantea hipótesis de salida posibles: que antes de esa fecha el Grupo obtenga “un pronunciamiento a su favor en relación a su inconstitucionalidad o bien se resolviera una nueva extensión del plazo de la medida cautelar”.
Según los estados contables presentados ante la CNV, el patrimonio del Grupo es de 4.900 millones de pesos, 3.700 de los cuales corresponden a la sociedad controlante. Tratándose del mundo de las corporaciones es difícil establecer si el cálculo de hasta “$3,3 mil millones” en pérdidas es un modo de alarmar al establishment o una manera de inflar la cotización del Grupo de cara a un escenario futurible. Como sea, el sólo manejo de esos números no armoniza con la afirmación de que el 7/D, para el Grupo Clarín, no pasa nada. Aunque el documento sí plantea hipótesis de salida posibles: que antes de esa fecha el Grupo obtenga “un pronunciamiento a su favor en relación a su inconstitucionalidad o bien se resolviera una nueva extensión del plazo de la medida cautelar”.
7/D y Día D. En el
ya célebre spot que emitió en los entretiempos de Fútbol para Todos, la
comunicación oficial tuvo la suficiente inteligencia como para asegurar que no
hay de parte del Gobierno una intención de estatizar medios ni afectar la
libertad de expresión ni poner en riesgo fuentes de trabajo (hay, al respecto,
algún ruido sindical en las empresas del Grupo). A la vez existen dudas acerca
de la aplicación de la ley para todos los grupos que excedan los límites
establecidos en la ley de medios, y no para uno solo. El argumento del Gobierno
es que hasta ahora no se podía aplicar la ley porque eso hubiera debilitado a
los grupos que no fueran Clarín, fortaleciendo por lo tanto a este
último. Lo que se suma es una suerte de expectativa exagerada según la cual el
7/D equivaldría a una suerte de 17 de octubre o a la toma del Palacio de
Invierno en el octubre rojo de 1917.
Los días posteriores al 7/D deberían ser apenas de intimaciones y sólo más adelante podrían darse los llamados a concurso anticipados en el spot oficial. Tales llamados a concurso no deberían implicar necesariamente poner en riesgo “todo el poder de Clarín”, sino un eventual y extenso tira y afloje por partes, por licencias, o por empresas. La pregunta que de todos modos se plantea es si “todo el poder de Clarín” es tanto poder como sostiene cierta épica kirchnerista. Un prestigioso consultor político, Gerardo Adrogué, director de la empresa Knack, sintetiza muy bien una posible respuesta: “Una metáfora del control social perfecto recorre buena parte del debate político actual en la Argentina. Se trata de la extendida creencia según la cual los medios de comunicación masiva (la televisión, los diarios, las radios, internet) tienen un poder determinante sobre la opinión pública”.
Hace ya un buen tiempo dio mucho que hablar un trabajo realizado en base a 400 entrevistas realizadas por la consultora Diagrama en el partido de San Martín que demostraba algo conocido por quienes no creen en las teorías de la manipulación informativa absoluta. Decía el estudio que el 19% de los ciudadanos de ese partido, a la hora de informarse por un programa televisivo, lo hacían a través de Telenoche, que el 17,3% consumía TN y que el 36,3% se informaba en general mediante medios del Grupo Clarín. El 39,7% de lectores de diarios elegía Clarín. Y sólo el 3% dijo que consumía “medios K”. La sorpresa presunta fue que en ese universo de entrevistados, con su zona tan aparentemente ligada al imaginario Clarín, la intención de voto para el Frente para la Victoria era de alrededor del 45%.
Lo que en su momento se interpretó como un “Cristina gana incluso entre lectores de Clarín” marcaba en realidad que cierta política y cierta militancia establecen una relación esquemática entre los consumos informativos, las creencias políticas y las conductas electorales. Dice Gerardo Adrogué: “Como fuente de información, los medios compiten con distintas formas de interacción personal que no anulan pero sí redefinen y desjerarquizan su impacto directo. Aunque se genere en los medios, la información circula en direcciones y con sentidos imprevistos (…). En el proceso de formación de la opinión pública, los medios de comunicación también compiten con los valores y las creencias de la población, con las expectativas que despiertan ciertos hechos y personajes y con la propia experiencia vital de la realidad circundante. Estudios académicos realizados a principios de los años ’90 demuestran que la capacidad de los medios masivos por influir sobre la opinión pública crece en sociedades débiles, donde el sistema de valores es frágil, no se generan expectativas sobre el futuro o reina el malestar. Pero decrece allí donde las condiciones son las opuestas”. Aquí podría sumarse el dato conocido: el kirchnerismo marca una época de imaginarios y creencias fuertes que ya latían en amplios sectores sociales.
Los días posteriores al 7/D deberían ser apenas de intimaciones y sólo más adelante podrían darse los llamados a concurso anticipados en el spot oficial. Tales llamados a concurso no deberían implicar necesariamente poner en riesgo “todo el poder de Clarín”, sino un eventual y extenso tira y afloje por partes, por licencias, o por empresas. La pregunta que de todos modos se plantea es si “todo el poder de Clarín” es tanto poder como sostiene cierta épica kirchnerista. Un prestigioso consultor político, Gerardo Adrogué, director de la empresa Knack, sintetiza muy bien una posible respuesta: “Una metáfora del control social perfecto recorre buena parte del debate político actual en la Argentina. Se trata de la extendida creencia según la cual los medios de comunicación masiva (la televisión, los diarios, las radios, internet) tienen un poder determinante sobre la opinión pública”.
Hace ya un buen tiempo dio mucho que hablar un trabajo realizado en base a 400 entrevistas realizadas por la consultora Diagrama en el partido de San Martín que demostraba algo conocido por quienes no creen en las teorías de la manipulación informativa absoluta. Decía el estudio que el 19% de los ciudadanos de ese partido, a la hora de informarse por un programa televisivo, lo hacían a través de Telenoche, que el 17,3% consumía TN y que el 36,3% se informaba en general mediante medios del Grupo Clarín. El 39,7% de lectores de diarios elegía Clarín. Y sólo el 3% dijo que consumía “medios K”. La sorpresa presunta fue que en ese universo de entrevistados, con su zona tan aparentemente ligada al imaginario Clarín, la intención de voto para el Frente para la Victoria era de alrededor del 45%.
Lo que en su momento se interpretó como un “Cristina gana incluso entre lectores de Clarín” marcaba en realidad que cierta política y cierta militancia establecen una relación esquemática entre los consumos informativos, las creencias políticas y las conductas electorales. Dice Gerardo Adrogué: “Como fuente de información, los medios compiten con distintas formas de interacción personal que no anulan pero sí redefinen y desjerarquizan su impacto directo. Aunque se genere en los medios, la información circula en direcciones y con sentidos imprevistos (…). En el proceso de formación de la opinión pública, los medios de comunicación también compiten con los valores y las creencias de la población, con las expectativas que despiertan ciertos hechos y personajes y con la propia experiencia vital de la realidad circundante. Estudios académicos realizados a principios de los años ’90 demuestran que la capacidad de los medios masivos por influir sobre la opinión pública crece en sociedades débiles, donde el sistema de valores es frágil, no se generan expectativas sobre el futuro o reina el malestar. Pero decrece allí donde las condiciones son las opuestas”. Aquí podría sumarse el dato conocido: el kirchnerismo marca una época de imaginarios y creencias fuertes que ya latían en amplios sectores sociales.
La complejidad
infinita. Incluso en términos de su potencia de fuego, y sin necesidad de
desdecir lo que Miradas al Sur viene sosteniendo desde su fundación acerca del
poder del Grupo Clarín, lo cierto es que ese multimedios ni es omnipotente ni
impuso a la sociedad algún tipo de rendición incondicional. En términos de su
batería de empresas, según la empresa Ibope hoy Telefé Noticias supera por
cerca de dos puntos de rating a Telenoche. Es un paisaje que cambia en el
minuto a minuto cuando sale al aire Jorge Lanata y dispara hacia arriba el
rating del noticiero histórico del 13. Si se trata del “monstruo TN”, sin
desdeñar la capacidad de irradiación político-cultural de los sectores que
consumen esa señal, sus promedios de rating no llegan a los dos puntos. Hay que
sumar además los otros fragmentos de audiencia que se llevan varias señales de
noticias, así como espacios emblemáticos de la comunicación kirchnerista en la
tele, como 6,7,8, Duro de domar o TVR, que sobrepasan, según
quién mida, los 4 puntos de rating, y cuyo límite en todo caso tiene que ver
con no saber interpelar a los que no están ya convencidos.
En cuanto al diario Clarín, si bien sigue funcionando junto con La Nación como un poderoso generador de agenda de lo que vaya a tratarse en los medios electrónicos cada día (y hasta de establecer las preguntas de los estudiantes de Harvard), sigue en caída. Dos años atrás decíamos en este medio que en 2001 circulaban 453.241 ejemplares de Clarín que bajaron a 381.579 al año siguiente, el de “La crisis causó dos nuevas muertes” y “Nos mean y Clarín dice que llueve”. En 2008 eran 333.276 ejemplares. En junio de 2010, 300.837. En junio pasado el diario tuvo según el IVC una venta neta paga de poco más de 271 mil ejemplares.
Hasta acá nada se dijo sobre el impacto de los consumos culturales o informativos por internet, los que definitivamente ponen en cuestión el poder que pueda tener un único grupo de comunicación. Un par de pistas con elementos de juicio extraídos de una reciente publicación de la Dirección Nacional de Industrias Culturales, a cargo de Rodolfo Hamawi (En la ruta digital. Cultura, convergencia tecnológica y acceso). Hoy el porcentaje de hogares con conexión a internet en el país es del 35%, con un pico fortísimo de más del 90% en la Ciudad de Buenos Aires. Al respecto, en un artículo de esa revista escrito por Martín Becerra se llama la atención acerca del hecho de que en nuestra región, las nuevas políticas relacionadas con los medios de comunicación no alcanzan ni al sector de las telecomunicaciones ni al de las redes digitales, asunto que merecería incorporarse a las discusiones sobre concentración, desarrollo y democratización.
En cuanto al diario Clarín, si bien sigue funcionando junto con La Nación como un poderoso generador de agenda de lo que vaya a tratarse en los medios electrónicos cada día (y hasta de establecer las preguntas de los estudiantes de Harvard), sigue en caída. Dos años atrás decíamos en este medio que en 2001 circulaban 453.241 ejemplares de Clarín que bajaron a 381.579 al año siguiente, el de “La crisis causó dos nuevas muertes” y “Nos mean y Clarín dice que llueve”. En 2008 eran 333.276 ejemplares. En junio de 2010, 300.837. En junio pasado el diario tuvo según el IVC una venta neta paga de poco más de 271 mil ejemplares.
Hasta acá nada se dijo sobre el impacto de los consumos culturales o informativos por internet, los que definitivamente ponen en cuestión el poder que pueda tener un único grupo de comunicación. Un par de pistas con elementos de juicio extraídos de una reciente publicación de la Dirección Nacional de Industrias Culturales, a cargo de Rodolfo Hamawi (En la ruta digital. Cultura, convergencia tecnológica y acceso). Hoy el porcentaje de hogares con conexión a internet en el país es del 35%, con un pico fortísimo de más del 90% en la Ciudad de Buenos Aires. Al respecto, en un artículo de esa revista escrito por Martín Becerra se llama la atención acerca del hecho de que en nuestra región, las nuevas políticas relacionadas con los medios de comunicación no alcanzan ni al sector de las telecomunicaciones ni al de las redes digitales, asunto que merecería incorporarse a las discusiones sobre concentración, desarrollo y democratización.
Los últimos
independientes que cubrieron el cacerolazo
Las estrategias
discursivas del Grupo Clarín se retocan y afinan día a día. Saben trabajar. Los
ejemplos no aparecen sólo en los archiconocidos ejercicios de titulación en el
diario y los noticieros, o el recorte en zócalos. También las piezas de
comunicación interna están construidas con una enorme profesionalidad. Es el
caso de una carpeta de unas 40 páginas que se distribuyó entre gerentes,
conductores de programas y periodistas del Grupo en las últimas semanas y que
lleva el título “La ley de Medios. Sustentabilidad, libertad de expresión y
colonización mediática oficial”.
Esa carpeta está organizada en seis capítulos: “Los slogans de la Ley de Medios y la realidad”, “La ley de Medios” (“trampas en su contenido y en su aplicación que revelan el objetivo real”), “Estado de situación. Contenido y aplicación de la ley”, “La ley de Medios. Causa Grupo Clarín”, “La ley de Medios como instrumento de colonización” y “Publicidad oficial y otras herramientas de control informativo”. Uno de los puntos más abordados tiene estrecha relación con la última instalación que intentó hacer el Grupo, algo así como “fuimos los únicos que cubrimos el cacerolazo. Todos los otros se vendieron al Gobierno”. De hecho, TN repitió en estos días un separador con ruidos e imágenes de cacerolas apostando a esa instalación. Aunque es cierto que TN fue la señal que con mayor celeridad cubrió (y/o convocó) el cacerolazo, es una falacia que el resto de las señales noticiosas no pusieran sus cámaras ni sus conductores para analizar el asunto, en vivo y después.
La carpeta en cuestión también es una herramienta puesta al servicio de instalar la idea de que, salvo por el Grupo Clarín, todos los demás, de algún modo u otro, fueron cooptados por el oficialismo. El documento incluye un listado en el que se describen una decena de grupos que estarían vulnerando la ley de Medios ya sea por violar los límites de cantidad de licencias, por tener más radios de las permitidas o por tener capital extranjero mayoritario.
Esa carpeta está organizada en seis capítulos: “Los slogans de la Ley de Medios y la realidad”, “La ley de Medios” (“trampas en su contenido y en su aplicación que revelan el objetivo real”), “Estado de situación. Contenido y aplicación de la ley”, “La ley de Medios. Causa Grupo Clarín”, “La ley de Medios como instrumento de colonización” y “Publicidad oficial y otras herramientas de control informativo”. Uno de los puntos más abordados tiene estrecha relación con la última instalación que intentó hacer el Grupo, algo así como “fuimos los únicos que cubrimos el cacerolazo. Todos los otros se vendieron al Gobierno”. De hecho, TN repitió en estos días un separador con ruidos e imágenes de cacerolas apostando a esa instalación. Aunque es cierto que TN fue la señal que con mayor celeridad cubrió (y/o convocó) el cacerolazo, es una falacia que el resto de las señales noticiosas no pusieran sus cámaras ni sus conductores para analizar el asunto, en vivo y después.
La carpeta en cuestión también es una herramienta puesta al servicio de instalar la idea de que, salvo por el Grupo Clarín, todos los demás, de algún modo u otro, fueron cooptados por el oficialismo. El documento incluye un listado en el que se describen una decena de grupos que estarían vulnerando la ley de Medios ya sea por violar los límites de cantidad de licencias, por tener más radios de las permitidas o por tener capital extranjero mayoritario.
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domingo, 30 de septiembre de 2012
Todo será usado en tu contra, por Eduardo Blaustein (para “Miradas al Sur” del 30-09-12)
Miradas al Sur. Año 5. Edición número 228. Domingo 30 de
septiembre de 2012
Por
Eduardo Blaustein
Los medios opositores piden diálogo con la Presidenta. Cuando
responde, como en Harvard, no se atiende a sus argumentos. Problemas de elegir
un escenario hostil.
Las preguntas de diez estudiantes privilegiados de Harvard
pudieron mucho más que 38 secundarios tomados en la ciudad y tres mil pibes
marchando. A esta altura de las cosas, eso no asombra. Sobre todo, a esta
altura de las cosas el que escribe está podrido, pero recontra repodrido, de
que se echen las culpas de todo lo feo que sucede en el universo a “la Corpo” y los medios.
...Y sin embargo. Sin embargo, en los últimos días la derecha mediática se hizo un festín con lo sucedido en las charlas dadas por Cristina Fernández de Kirchner en Georgetown y Harvard. Uno tiende a creer que astucia no les falta ni a los gerentes de programación ni a los editores de los grandes medios cuando apuestan, primero, a seguir en vivo la charla y, después, a instalarla y a expandirla con los archiconocidos recortes. Puede que cierta ceguera o su lectura los lleve a cometer errores. Pero astucia no les falta. Es aquí donde viene lo llamativo: el contraste de interpretaciones que puedan existir sobre un mismo hecho. Adelantando una conclusión posible: los que estamos de un lado interpretamos de un modo; los que están del otro se hicieron la fiestita creyendo desnudar un largo papelón presidencial. Priman seguramente (y ahí tienen buenas razones los Durán Barba) las cuestiones emocionales. Si la que está hablando es una yegua, por más que tire alguna verdad, seguirá siendo yegua. Y de todos modos: contra picos de cinco y algo de rating de la charla de Cristina, lo que más siguió “la gente” el jueves a la noche fue… Graduados (25.8). Esto, claro en la versión del mundo según Ibope.
Para el que escribe, siguiendo la transmisión en vivo, las respuestas de Cristina en la segunda charla no estuvieron nada mal. Sólo que a las pocas horas los medios opositores se centraron no en la racionalidad de las respuestas sino en algunos tonos. Cristina, en ese punto, seguramente cansada, tuvo irritaciones, canchereadas innecesarias, momentos incómodos. Pero las respuestas no estuvieron nada mal. Los medios de la derecha, previsiblemente, entendieron o construyeron en cambio todo lo contrario, o no se centraron en las respuestas sino en las preguntas, algo de lo más curioso siendo que a Cristina le reclaman “responder”. Hasta el chiste obvio sobre Harvard y La Matanza se convirtió en “desliz presidencial construido”, dado el recorte que se hizo de la ironía. La parte emocional del que escribe dice: “OK, Cris, pegales a estos pendejos prepotentes”. La parte racional sugiere: “No los gastes, no los sobres. Mañana van a decir que los maltrataste”. Piden que responda pero todo lo que responda será usado en su contra. Es jodidísimo intentar ese diálogo que demandan cuando ellos lo hacen estallar, recortando con la peor de las malas leches, agigantando auténticas pelotudeces, empobreciendo el debate público hasta el hartazgo.
Sobre la pobreza: Dios mío, Harvard, cuánto prejuicio y cuánta chatura. No importa si Jorge Lanata en persona pasó un machete de preguntas. Alcanza con registrar que las preguntas hacen a ese pobre universo de instalaciones efímeras construidas por los medios. Pudieron preguntar, en Harvard, por ciclos largos de la historia latinoamericana; por las dificultades de las transiciones democráticas incluyendo la carga asfixiante de las deudas externas; interesarse por la cuestión de los populismos; indagar sobre qué fenómenos llevaron a la presidencia a Evo, a Lula, a Correa; buscar alguna relación o tensión entre el crecimiento de la región y la crisis global. Uno imagina a Harvard entonces no como escuela de elites sino como Instituto de Reforzamiento de Todos los Prejuicios, y para colmo chiquitos.
...Y sin embargo. Ya que la Presidenta no se expone al sistema de preguntas en Argentina, ¿era necesario que lo hiciera en Estados Unidos y en un escenario hostil? ¿Que por primera vez haya tenido que ser ella la que deba sostener que la inflación no es alta? ¿Que pasaran tantos meses para que debiera ser, ella, la que deba explicar, con buenos y ordenados argumentos, las razones de las restricciones al dólar?.
...Y sin embargo. Sin embargo, en los últimos días la derecha mediática se hizo un festín con lo sucedido en las charlas dadas por Cristina Fernández de Kirchner en Georgetown y Harvard. Uno tiende a creer que astucia no les falta ni a los gerentes de programación ni a los editores de los grandes medios cuando apuestan, primero, a seguir en vivo la charla y, después, a instalarla y a expandirla con los archiconocidos recortes. Puede que cierta ceguera o su lectura los lleve a cometer errores. Pero astucia no les falta. Es aquí donde viene lo llamativo: el contraste de interpretaciones que puedan existir sobre un mismo hecho. Adelantando una conclusión posible: los que estamos de un lado interpretamos de un modo; los que están del otro se hicieron la fiestita creyendo desnudar un largo papelón presidencial. Priman seguramente (y ahí tienen buenas razones los Durán Barba) las cuestiones emocionales. Si la que está hablando es una yegua, por más que tire alguna verdad, seguirá siendo yegua. Y de todos modos: contra picos de cinco y algo de rating de la charla de Cristina, lo que más siguió “la gente” el jueves a la noche fue… Graduados (25.8). Esto, claro en la versión del mundo según Ibope.
Para el que escribe, siguiendo la transmisión en vivo, las respuestas de Cristina en la segunda charla no estuvieron nada mal. Sólo que a las pocas horas los medios opositores se centraron no en la racionalidad de las respuestas sino en algunos tonos. Cristina, en ese punto, seguramente cansada, tuvo irritaciones, canchereadas innecesarias, momentos incómodos. Pero las respuestas no estuvieron nada mal. Los medios de la derecha, previsiblemente, entendieron o construyeron en cambio todo lo contrario, o no se centraron en las respuestas sino en las preguntas, algo de lo más curioso siendo que a Cristina le reclaman “responder”. Hasta el chiste obvio sobre Harvard y La Matanza se convirtió en “desliz presidencial construido”, dado el recorte que se hizo de la ironía. La parte emocional del que escribe dice: “OK, Cris, pegales a estos pendejos prepotentes”. La parte racional sugiere: “No los gastes, no los sobres. Mañana van a decir que los maltrataste”. Piden que responda pero todo lo que responda será usado en su contra. Es jodidísimo intentar ese diálogo que demandan cuando ellos lo hacen estallar, recortando con la peor de las malas leches, agigantando auténticas pelotudeces, empobreciendo el debate público hasta el hartazgo.
Sobre la pobreza: Dios mío, Harvard, cuánto prejuicio y cuánta chatura. No importa si Jorge Lanata en persona pasó un machete de preguntas. Alcanza con registrar que las preguntas hacen a ese pobre universo de instalaciones efímeras construidas por los medios. Pudieron preguntar, en Harvard, por ciclos largos de la historia latinoamericana; por las dificultades de las transiciones democráticas incluyendo la carga asfixiante de las deudas externas; interesarse por la cuestión de los populismos; indagar sobre qué fenómenos llevaron a la presidencia a Evo, a Lula, a Correa; buscar alguna relación o tensión entre el crecimiento de la región y la crisis global. Uno imagina a Harvard entonces no como escuela de elites sino como Instituto de Reforzamiento de Todos los Prejuicios, y para colmo chiquitos.
...Y sin embargo. Ya que la Presidenta no se expone al sistema de preguntas en Argentina, ¿era necesario que lo hiciera en Estados Unidos y en un escenario hostil? ¿Que por primera vez haya tenido que ser ella la que deba sostener que la inflación no es alta? ¿Que pasaran tantos meses para que debiera ser, ella, la que deba explicar, con buenos y ordenados argumentos, las razones de las restricciones al dólar?.
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Eduardo Blaustein,
Notas aparecidas en otros medios,
Política
martes, 25 de septiembre de 2012
El 7 de diciembre y el Día D, POR Eduardo Blaustein (para “Miradas al Sur” del 23-09-12)
Miradas al Sur. Año 5. Edición número 227. Domingo 23 de
septiembre de 2012
Por
Eduardo Blaustein
La postulación de Martín Sabbatella para el Afsca anticipa
la discusión sobre lo que hará el Gobierno para aplicar la ley de medios.
Clarín dice internamente que “no pasará nada”, pero ya se habla de planes de
desinversión.
Según dice su currículum, Martín Sabbatella recibió en 2008
un premio de Clarín por las virtudes de su gestión al frente del municipio de
Morón. Esta semana fue a ver a la
Presidenta para intercambiar ideas acerca de cómo continuarán
las estrategias oficiales de cara a la aplicación de la ley de medios. Clarín
está en el centro emblemático del asunto, pero no es el único actor
involucrado. Por lo que pudo saber este medio, al proponerle encabezar el
Afsca, Cristina Fernández de Kirchner habló de aplicar la ley en toda su
extensión, no sólo “contra la
Corpo”. Eso cuentan fuentes cercanas al hoy diputado y dicen
que el ex intendente le planteó dos asuntos a la Presidenta:
interlocución directa con ella y no tener que sonreír ante ciertos grupos
comunicacionales para enseñarles los dientes a otros. Un relato complementario
que trascendió es que Cristina valoró ante Sabbatella su capacidad de gestión,
su compromiso con la Ley
de Servicios de Comunicación Audiovisual y que subrayó la importancia de esa
norma para el proyecto kirchnerista. Le habría dicho más: “Sé que no te vas a
doblar, tenés las manos libres para trabajar”.
Una tercera reconstrucción acerca del por qué de la propuesta de designación de Sabbatella viene de funcionarios vinculados con las políticas de comunicación oficial. Se trataría de una apuesta a favor de una figura política sin manchas, prestigiosa, vinculada con la defensa de la libertad de expresión. Más otra consideración menos bella: una cierta reevaluación de la gestión desarrollada desde el Afsca que incluye debilidades en la construcción de esa “otra zona de emisión” democrática a la que se aspiraba con la sanción de la ley, incluyendo la marcha atrás con aquel llamado a licitación de 220 licencias que resultó fallida, y en la que presuntamente buena parte de los que se presentaron eran fantasmas de empresas suficientemente fuertes como para aspirar a más.
Una tercera reconstrucción acerca del por qué de la propuesta de designación de Sabbatella viene de funcionarios vinculados con las políticas de comunicación oficial. Se trataría de una apuesta a favor de una figura política sin manchas, prestigiosa, vinculada con la defensa de la libertad de expresión. Más otra consideración menos bella: una cierta reevaluación de la gestión desarrollada desde el Afsca que incluye debilidades en la construcción de esa “otra zona de emisión” democrática a la que se aspiraba con la sanción de la ley, incluyendo la marcha atrás con aquel llamado a licitación de 220 licencias que resultó fallida, y en la que presuntamente buena parte de los que se presentaron eran fantasmas de empresas suficientemente fuertes como para aspirar a más.
Agarrate.
Sabbatella tiene por delante una tarea bien dura y se supone
que su designación tiene que ver con la capacidad política que tenga para
manejarse. No será sólo la complejidad y la intensidad de lo que vaya a suceder
a partir del 7 de diciembre (cuando en principio todos los grupos
comunicacionales deberán adecuarse a la ley, tema que se retomará más abajo)
sino de los relacionamientos que deberá mantener en el sistema mismo del
gobierno kirchnerista. Hoy las estrategias sobre la aplicación de la ley de
Medios pasan por un equilibrio cambiante en un trípode: el secretario Técnico y
Legal, Carlos Zanini; el Jefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina, y el más
“operativo” en la estructura comunicacional del Gobierno, Alfredo Scoccimarro.
Ser titular del Afsca dentro de ese sistema o de cualquier otro implica dejar
de ser “referente” de un espacio que hasta hace algún tiempo se manejaba con cierta
autonomía para pasar a ser funcionario y tener que jugar entre los movimientos
y opiniones de quienes eventualmente, sea por razones de imperioso realismo
político o de acoso mediático, presionen para flexibilizar los vínculos con
algún grupo comunicacaional dispuesto a la amistad.
No es un lugar fácil y más teniendo en cuenta la previsible velocidad con que Clarín pasó de premiar a Sabbatella a pegarle. Ejemplos de lo publicado en el diario: “Al frente del organismo que controla los medios quedará un cristinista de alto perfil político y ningún antecedente en la materia”… “Nuevo Encuentro en una pata del cristinismo duro”. Se suma un dato entre jurídico y político que tiene algo de controversial. La definición del Gobierno acerca de lo que se viene quedó clara en una contundente frase presidencial: “La cadena ilegal del desánimo tiene fecha de vencimiento: el 7 de diciembre”. Existen, sin embargo, especialistas muy vinculados con el impulso y sanción de la ley de Medios que entienden que, según el último fallo de la Corte Suprema, el próximo 7 de diciembre no es que las corporaciones mediáticas deban estar ya adecuadas a la norma, sino que ese día deben comenzar a proponer los planes de lo que llaman “desinversión”.
El origen de la discrepancia interpretativa parece radicar en la ambigüedad deliberada en ciertos párrafos del último fallo de los supremos. A su vez, ese fallo (firmado por seis de los siete jueces, María del Carmen Argibay por esos días estaba internada) fue todo un avance, especialmente si se considera que en algún momento sus señorías se tentaron por quitarse de encima el problemón de “la guerra con Clarín”. Finalmente, los supremos fueron muy claros y duros con Clarín (firmaron entre otras cosas que de ningún modo el Grupo demostró que se afectaran las libertades) y contra la cultura de las cautelares. Tampoco faltó el párrafo destinado a la Afsca que decía que la autoridad de aplicación “no se ha mostrado demasiado apresurada en el proceso de implementación de la normativa”. La duda acerca de cuándo vence o comienza el plazo de adecuación tiene que ver con el hecho de que la medida cautelar por el artículo 161 presentada inicialmente por Clarín ante el juez Edmundo Carbone (ya jubilado) no fue definitivamente levantada. Hasta hoy el holding no pidió prórroga de esa cautelar. A la vez, y mientras cacerolea con furia redoblada, su comunicación pública y semiprivada (ver recuadro) se muestra confiada en que todo está bajo control. Esa impresión es al menos la que transmitió uno de los cerebros del grupo, Martín Etchevers, en una reunión con gerentes de programación y conductores de programas el miércoles pasado. En sentido contrario, parece que la posición de Clarín al frente de Adepa, donde deben renovarse autoridades, está en riesgo.
No es un lugar fácil y más teniendo en cuenta la previsible velocidad con que Clarín pasó de premiar a Sabbatella a pegarle. Ejemplos de lo publicado en el diario: “Al frente del organismo que controla los medios quedará un cristinista de alto perfil político y ningún antecedente en la materia”… “Nuevo Encuentro en una pata del cristinismo duro”. Se suma un dato entre jurídico y político que tiene algo de controversial. La definición del Gobierno acerca de lo que se viene quedó clara en una contundente frase presidencial: “La cadena ilegal del desánimo tiene fecha de vencimiento: el 7 de diciembre”. Existen, sin embargo, especialistas muy vinculados con el impulso y sanción de la ley de Medios que entienden que, según el último fallo de la Corte Suprema, el próximo 7 de diciembre no es que las corporaciones mediáticas deban estar ya adecuadas a la norma, sino que ese día deben comenzar a proponer los planes de lo que llaman “desinversión”.
El origen de la discrepancia interpretativa parece radicar en la ambigüedad deliberada en ciertos párrafos del último fallo de los supremos. A su vez, ese fallo (firmado por seis de los siete jueces, María del Carmen Argibay por esos días estaba internada) fue todo un avance, especialmente si se considera que en algún momento sus señorías se tentaron por quitarse de encima el problemón de “la guerra con Clarín”. Finalmente, los supremos fueron muy claros y duros con Clarín (firmaron entre otras cosas que de ningún modo el Grupo demostró que se afectaran las libertades) y contra la cultura de las cautelares. Tampoco faltó el párrafo destinado a la Afsca que decía que la autoridad de aplicación “no se ha mostrado demasiado apresurada en el proceso de implementación de la normativa”. La duda acerca de cuándo vence o comienza el plazo de adecuación tiene que ver con el hecho de que la medida cautelar por el artículo 161 presentada inicialmente por Clarín ante el juez Edmundo Carbone (ya jubilado) no fue definitivamente levantada. Hasta hoy el holding no pidió prórroga de esa cautelar. A la vez, y mientras cacerolea con furia redoblada, su comunicación pública y semiprivada (ver recuadro) se muestra confiada en que todo está bajo control. Esa impresión es al menos la que transmitió uno de los cerebros del grupo, Martín Etchevers, en una reunión con gerentes de programación y conductores de programas el miércoles pasado. En sentido contrario, parece que la posición de Clarín al frente de Adepa, donde deben renovarse autoridades, está en riesgo.
Entre Macri y Clarín.
Una de las primeras respuestas del Grupo ante la propuesta
de designación de Martín Sabbatella apareció publicada no en Clarín sino
en La Nación. La
firmó alguien llamado Fabián Rodríguez Simón. El artículo sostiene que “La Corte, pese a reducir el
plazo de vigencia de la cautelar, no modificó lo dicho por la Cámara respecto de sus
alcances: ‘Vigente el efecto de la traba de la medida cautelar, la parte actora
no tenía obligación de adecuar su conducta a la reglamentación del artículo 161’. En consecuencia, si la
sentencia de primera instancia no sale antes del 7 de diciembre y ese día cesa
la suspensión del art. 161 para Clarín, éste todavía tendrá un año más para
obtener el fallo a su favor o para diseñar y presentar el plan de adecuación que
menos perjudicial le resulte”.
Parte de lo interesante del artículo tiene que ver más con la estrategia política que con lo estrictamente jurídico. Rodríguez Simón plantea que de un 7 de diciembre al siguiente “podrá ocurrir que la vertiginosa dinámica de la política nacional, de mano de las elecciones legislativas de mediados de 2013, produzca algún cambio de escenario con consecuencias favorables para las libertades de imprenta, prensa y expresión, que de alguna forma beneficien a Clarín. Pero, incluso en el peor caso, salvo que lo haga voluntariamente, parece improbable que Clarín pierda ninguna de sus licencias audiovisuales antes de que termine 2013”.
Es una admisión de que las eventuales apuestas de Clarín tendrán relación con la posible presentación de nuevas chicanas judiciales, con un eventual cambio del clima político, o con respaldarse en el “tiempismo” de los jueces, conocidos por leer cautelosamente cada escenario antes de decidir nada. Es igualmente interesante saber quién es la persona que firmó en La Nación, cosa que el diario no aclaró. En Linkedin, Rodríguez Simón aparece como asesor del jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, formado en la Harvard Law School y la UBA. Hay quienes dicen además que Pepín Rodríguez Simón fue armador de la célebre UCEP (la brigada macrista encargada de golpear y expulsar indigentes del espacio público) y que es uno de los estrategas jurídicos del gobierno porteño en temas tales como el eventual traspaso de la Justicia y los subtes. Y sobre todo, según publicó Perfil, el ex integrante del estudio Llerena & Asociados trabajó con el Grupo Clarín para trabar la ley de medios. Curioso: en la página web de ese estudio, un link que dice “clientes” lleva a esta frase: “No damos información sobre nuestros clientes”.
Parte de lo interesante del artículo tiene que ver más con la estrategia política que con lo estrictamente jurídico. Rodríguez Simón plantea que de un 7 de diciembre al siguiente “podrá ocurrir que la vertiginosa dinámica de la política nacional, de mano de las elecciones legislativas de mediados de 2013, produzca algún cambio de escenario con consecuencias favorables para las libertades de imprenta, prensa y expresión, que de alguna forma beneficien a Clarín. Pero, incluso en el peor caso, salvo que lo haga voluntariamente, parece improbable que Clarín pierda ninguna de sus licencias audiovisuales antes de que termine 2013”.
Es una admisión de que las eventuales apuestas de Clarín tendrán relación con la posible presentación de nuevas chicanas judiciales, con un eventual cambio del clima político, o con respaldarse en el “tiempismo” de los jueces, conocidos por leer cautelosamente cada escenario antes de decidir nada. Es igualmente interesante saber quién es la persona que firmó en La Nación, cosa que el diario no aclaró. En Linkedin, Rodríguez Simón aparece como asesor del jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, formado en la Harvard Law School y la UBA. Hay quienes dicen además que Pepín Rodríguez Simón fue armador de la célebre UCEP (la brigada macrista encargada de golpear y expulsar indigentes del espacio público) y que es uno de los estrategas jurídicos del gobierno porteño en temas tales como el eventual traspaso de la Justicia y los subtes. Y sobre todo, según publicó Perfil, el ex integrante del estudio Llerena & Asociados trabajó con el Grupo Clarín para trabar la ley de medios. Curioso: en la página web de ese estudio, un link que dice “clientes” lleva a esta frase: “No damos información sobre nuestros clientes”.
Interpretando la ley.
Gustavo López, además de ser subsecretario general de la Presidencia, es
periodista, abogado, fue responsable del Comfer y es un veterano militante de
lo que hoy se conoce como ley de medios. Antes de opinar aclara sabiamente que
las interpretaciones sobre los fallos las hace la Justicia y no los
ciudadanos. Pero entiende que la cautelar presentada por Clarín efectivamente
“cae el 7 de diciembre”, particularmente teniendo en cuenta algunos
considerandos del fallo de la
Corte. “Es obvio que Clarín hace su propia interpretación”,
enfatiza también López, y reitera que si el Grupo no inicia alguna nueva acción
legal, acaso ante el juez subrogante de Carbone, “la cautelar se cae
automáticamente”. De más está decir que Clarín se cuida de informar acerca de
cuál será su estrategia exacta, aunque bastante se insinúa en el artículo antes
citado y en la comunicación interna.
Otro veterano militante de la democratización del mapa de medios y reconocido especialista es el docente de la Unqui, Martín Becerra. El investigador respondió de esta manera ante la consulta de Miradas al Sur: “Si bien la Corte en mayo dijo que a partir del 7 de diciembre el artículo 161 se le aplicará a Clarín plenamente, considero que es difícil que el Gobierno haga prevalecer su interpretación en la Justicia, toda vez que el 161 suspendió el proceso de adecuación para el Grupo y cuando caduque esa suspensión (la cautelar) se iniciaría un proceso que dura, al menos, un año. Además, es posible que se agreguen otras dilaciones administrativas o judiciales, vinculadas a ciertas ambigüedades que ofrece el texto de la ley en cuanto a los límites establecidos para la concentración, lo que otorga discrecionalidad a una autoridad de aplicación en la que aún no se permitió su constitución plena, con la inclusión de los representantes de partidos de la oposición”.
Julio Raffo, legislador de Proyecto Sur y un abogado que trabajó mucho en los temas de las industrias infocomunicacionales, opina que el 7 de diciembre recién se inicia el plazo de desinversión aunque a la vez, algo cáustico, dice que “yo, si fuera ellos (por los grandes grupos), iría desinvirtiendo”. También advierte que antes de que llegue el 7 de diciembre podría haber novedades judiciales sobre el asunto de la constitucionalidad de la ley, lo que llevaría a nuevas dilaciones por vía de la apelación.
Hay quienes añaden otros elementos de juicio, como que Clarín, tras los repetidos retos de la Corte, ya no podría presentar otra cautelar, pero en cambio podría pedir algún tipo de prórroga. También están los que alertan acerca de la necesidad de que la ley se cumpla por y para todos los grupos concentrados. Ya no sólo para ser consecuentes con la ley de medios, sino porque si un grupo violara alguno de los límites de audiencia previstos en las normas o incumpliera aspectos que tienen que ver con el origen del capital, esa eventual discriminación podría convertirse en un excelente argumento para que Clarín presentara, por ejemplo, un recurso ante la Corte Interamericana. Otro análisis posible que suman los conocedores: aún si la Justicia interpretara que Clarín u otros grupos tienen un año más para adecuarse, eso implicaría a la larga “el imperio de la ley”, la aceptación de una nueva realidad por parte de las empresas, sólo que con demora. Sería tal vez ese escenario de reconocimiento de la vigencia de la ley que sugiere Fabián Rodríguez Simón cuando habla de “presentar el plan de adecuación que menos perjudicial le resulte” al Grupo Clarín.
Otro veterano militante de la democratización del mapa de medios y reconocido especialista es el docente de la Unqui, Martín Becerra. El investigador respondió de esta manera ante la consulta de Miradas al Sur: “Si bien la Corte en mayo dijo que a partir del 7 de diciembre el artículo 161 se le aplicará a Clarín plenamente, considero que es difícil que el Gobierno haga prevalecer su interpretación en la Justicia, toda vez que el 161 suspendió el proceso de adecuación para el Grupo y cuando caduque esa suspensión (la cautelar) se iniciaría un proceso que dura, al menos, un año. Además, es posible que se agreguen otras dilaciones administrativas o judiciales, vinculadas a ciertas ambigüedades que ofrece el texto de la ley en cuanto a los límites establecidos para la concentración, lo que otorga discrecionalidad a una autoridad de aplicación en la que aún no se permitió su constitución plena, con la inclusión de los representantes de partidos de la oposición”.
Julio Raffo, legislador de Proyecto Sur y un abogado que trabajó mucho en los temas de las industrias infocomunicacionales, opina que el 7 de diciembre recién se inicia el plazo de desinversión aunque a la vez, algo cáustico, dice que “yo, si fuera ellos (por los grandes grupos), iría desinvirtiendo”. También advierte que antes de que llegue el 7 de diciembre podría haber novedades judiciales sobre el asunto de la constitucionalidad de la ley, lo que llevaría a nuevas dilaciones por vía de la apelación.
Hay quienes añaden otros elementos de juicio, como que Clarín, tras los repetidos retos de la Corte, ya no podría presentar otra cautelar, pero en cambio podría pedir algún tipo de prórroga. También están los que alertan acerca de la necesidad de que la ley se cumpla por y para todos los grupos concentrados. Ya no sólo para ser consecuentes con la ley de medios, sino porque si un grupo violara alguno de los límites de audiencia previstos en las normas o incumpliera aspectos que tienen que ver con el origen del capital, esa eventual discriminación podría convertirse en un excelente argumento para que Clarín presentara, por ejemplo, un recurso ante la Corte Interamericana. Otro análisis posible que suman los conocedores: aún si la Justicia interpretara que Clarín u otros grupos tienen un año más para adecuarse, eso implicaría a la larga “el imperio de la ley”, la aceptación de una nueva realidad por parte de las empresas, sólo que con demora. Sería tal vez ese escenario de reconocimiento de la vigencia de la ley que sugiere Fabián Rodríguez Simón cuando habla de “presentar el plan de adecuación que menos perjudicial le resulte” al Grupo Clarín.
Fantasmas de tanquetas.
El Grupo Clarín ya hizo circular en alguna de sus señales un
nuevo y extenso spot, muy bien elaborado, en el que se cuestiona la ley como si
ésta no hubiera sido ya aprobada tres años atrás. El spot, titulado “La ley de
medios: del slogan a la realidad”, tiene casi cuatro minutos de duración y
puede verse en la página corporativa del Grupo. También desplegó sus recursos
hace cinco semanas ante las instalaciones de Cablevisión. Seguidos por las
cámaras de TN y Telenoche, empleados y directivos de esa empresa se
movilizaron “en defensa de los puestos de trabajo” y aparecieron hablando con
el discurso de “somos una gran familia”, si bien muy creíbles ante la
audiencia.
En ambos casos (el spot y el episodio de Cablevisión) media una extrema habilidad a la hora de defender las propias posiciones; es lógico que así sea porque se trata de una empresa que sabe manejar la comunicación. La pregunta es qué escenarios podrían esperarse según el tipo de medidas o acciones que despliegue el Gobierno dada su interpretación del fallo de la Corte. En el país del post-cacerolazo, ¿cuáles podrían ser esas acciones? ¿Intimaciones legales? ¿Nuevas vías judiciales? ¿Intervención de empresas? ¿El empleo de la Gendarmería? Es previsible, dicen los que saben de batallas judiciales, una radicalización de posturas, nuevas dilaciones, pero no necesariamente un escenario con tanquetas en avance. Uno de los razonamientos además es que las eventuales negociaciones que puedan iniciarse no tienen por qué referir a “un todo a tomar”, sino a regateos en cuotas más pacíficas: empresa por empresa, territorio por territorio, licencia por licencia. Alguna versión indemostrable, quizás interesada y nacida del Grupo Clarín, habla de una movida de Marcelo Tinelli para quedarse con Canal 13. Esta podría ser una expresión de otras versiones que dicen que el Grupo Clarín desinvertiría “hacia adentro”, en una operación que consistiría en desmontar la actual ingeniería societaria en beneficio de sus propios accionistas y no vendiendo a terceros.
Martín Becerra, respecto del escenario que pueda darse en diciembre, hace un llamado de atención cauteloso: “El fallo de la Corte Suprema de mayo último contiene un enorme respaldo a la implementación de la ley, golpea a Clarín en su principal argumento que es que la ley lesiona la libertad de expresión, reconoce legalidad en el objetivo de desconcentrar el sector y amonesta al Gobierno por su letargo en la aplicación de la norma. Creo que violentar un proceso que tiene el aval de la Corte Suprema podría quitarle legalidad y legitimidad al mismo. Al revés, considero que lo mejor que puede hacer el Gobierno al respecto es cumplir con la integración plena de Afsca y de la Comisión Bicameral e intimar a todos los grupos (no sólo a Clarín) a que se adecuen a la norma”.
En ambos casos (el spot y el episodio de Cablevisión) media una extrema habilidad a la hora de defender las propias posiciones; es lógico que así sea porque se trata de una empresa que sabe manejar la comunicación. La pregunta es qué escenarios podrían esperarse según el tipo de medidas o acciones que despliegue el Gobierno dada su interpretación del fallo de la Corte. En el país del post-cacerolazo, ¿cuáles podrían ser esas acciones? ¿Intimaciones legales? ¿Nuevas vías judiciales? ¿Intervención de empresas? ¿El empleo de la Gendarmería? Es previsible, dicen los que saben de batallas judiciales, una radicalización de posturas, nuevas dilaciones, pero no necesariamente un escenario con tanquetas en avance. Uno de los razonamientos además es que las eventuales negociaciones que puedan iniciarse no tienen por qué referir a “un todo a tomar”, sino a regateos en cuotas más pacíficas: empresa por empresa, territorio por territorio, licencia por licencia. Alguna versión indemostrable, quizás interesada y nacida del Grupo Clarín, habla de una movida de Marcelo Tinelli para quedarse con Canal 13. Esta podría ser una expresión de otras versiones que dicen que el Grupo Clarín desinvertiría “hacia adentro”, en una operación que consistiría en desmontar la actual ingeniería societaria en beneficio de sus propios accionistas y no vendiendo a terceros.
Martín Becerra, respecto del escenario que pueda darse en diciembre, hace un llamado de atención cauteloso: “El fallo de la Corte Suprema de mayo último contiene un enorme respaldo a la implementación de la ley, golpea a Clarín en su principal argumento que es que la ley lesiona la libertad de expresión, reconoce legalidad en el objetivo de desconcentrar el sector y amonesta al Gobierno por su letargo en la aplicación de la norma. Creo que violentar un proceso que tiene el aval de la Corte Suprema podría quitarle legalidad y legitimidad al mismo. Al revés, considero que lo mejor que puede hacer el Gobierno al respecto es cumplir con la integración plena de Afsca y de la Comisión Bicameral e intimar a todos los grupos (no sólo a Clarín) a que se adecuen a la norma”.
Qué dicen en Clarín
“No debe suceder nada, ni fáctica ni jurídicamente, con los medios del Grupo”
“No debe suceder nada, ni fáctica ni jurídicamente, con los medios del Grupo”
El comunicado circuló firmado por la Gerencia de Recursos
Humanos del Grupo Clarín y está dirigido “a todo el personal”. “A raíz de
diversas consultas e inquietudes recibidas del personal” –dice la carta
interna–, la gerencia traza un cuadro de situación descripto prolijamente en
seis puntos. El sexto dice así: “El Grupo Clarín dispondrá de todo el año 2013,
como mínimo, para que se dicte una sentencia de inconstitucionalidad en el
juicio de fondo”. Y el primer punto del listado asegura que el 7 de diciembre
próximo “no debe suceder nada –ni fáctica ni jurídicamente– con los medios del
Grupo”.
Todo el comunicado busca trasuntar el tipo de discurso empleado por Martín Etchevers y otros voceros del Grupo Clarín que sostienen algo así como “Tranquilos, acá no pasa nada”, basado en la idea de que la “interpretación oficial” sobre el fallo de la Corte Suprema “carece de sustento legal”. El punto 3 del comunicado asegura que en la estrategia judicial del Grupo la medida cautelar “fue concebida para acompañar un juicio de fondo y proteger los derechos” mientras se lleva a cabo el juicio. “Por eso, del fallo surge que el 7 de diciembre es un plazo razonable para que la Justicia pueda resolver ese juicio de fondo, en el que Clarín planteó la inconstitucionalidad de los artículos 45 y 161 de la ley”. El punto 4 agrega que “Si dicho juicio de fondo no estuviese resuelto para esa fecha, podría ampliarse la medida cautelar, tal como dijo la propia Corte en el fallo, ya que el sentido de las cautelares es proteger los derechos mientras éstos se discuten en la Justicia”. Y el 5 asegura que “Si para el 7-12 no hubiera ni sentencia de fondo ni ampliación de la cautelar, recién entonces entraría en vigencia el artículo 161. Y a partir de esa fecha comenzaría a correr el plazo de un año que establece la ley para la llamada ‘adecuación’”.
Finalmente, la carta remata diciendo que “la empresa seguirá llevando adelante todos sus proyectos en materia de televisión, manteniendo y generando nuevos puestos de trabajo, invirtiendo para renovar su liderazgo en contenidos y su apuesta a la vanguardia tecnológica”.
Todo el comunicado busca trasuntar el tipo de discurso empleado por Martín Etchevers y otros voceros del Grupo Clarín que sostienen algo así como “Tranquilos, acá no pasa nada”, basado en la idea de que la “interpretación oficial” sobre el fallo de la Corte Suprema “carece de sustento legal”. El punto 3 del comunicado asegura que en la estrategia judicial del Grupo la medida cautelar “fue concebida para acompañar un juicio de fondo y proteger los derechos” mientras se lleva a cabo el juicio. “Por eso, del fallo surge que el 7 de diciembre es un plazo razonable para que la Justicia pueda resolver ese juicio de fondo, en el que Clarín planteó la inconstitucionalidad de los artículos 45 y 161 de la ley”. El punto 4 agrega que “Si dicho juicio de fondo no estuviese resuelto para esa fecha, podría ampliarse la medida cautelar, tal como dijo la propia Corte en el fallo, ya que el sentido de las cautelares es proteger los derechos mientras éstos se discuten en la Justicia”. Y el 5 asegura que “Si para el 7-12 no hubiera ni sentencia de fondo ni ampliación de la cautelar, recién entonces entraría en vigencia el artículo 161. Y a partir de esa fecha comenzaría a correr el plazo de un año que establece la ley para la llamada ‘adecuación’”.
Finalmente, la carta remata diciendo que “la empresa seguirá llevando adelante todos sus proyectos en materia de televisión, manteniendo y generando nuevos puestos de trabajo, invirtiendo para renovar su liderazgo en contenidos y su apuesta a la vanguardia tecnológica”.
Publicado en :
http://sur.infonews.com/notas/el-7-de-diciembre-y-el-dia-d
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