Según el periodista ruso-canadiense Daniel Estulin, autor de
una serie de libros sobre esta especie de gobierno invisible, secreto y
trasnacional que hasta el domingo sesionó en Copenhage, Bilderberg "es
un sistema que se perpetúa a sí mismo, una telaraña virtual de intereses
financieros, políticos, económicos e industriales entrelazados
alrededor de su núcleo, el modelo fondo ultramontano veneciano".
Se trata de un cónclave con 140 participantes de 22 países
occidentales (es decir Europa Occidental, Estados Unidos y Canadá). No
hay invitados de Europa Oriental, los Balcanes, Asia, Latinoamérica,
África y Medio Oriente (con la excepción de Turquía).
Entre los asistentes de este año figuran también la directora gerente
del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde; la
vicepresidenta de la Comisión Europea, Viviane Reding; el secretario
general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen; y directivos de firmas como
Deutsche Bank, Shell, BP, Fiat, Airbus, Alcoa y Goldman Sachs.
El interés de Estulin por el Club Bilderberg se despertó cuando
encontró en sus documentos algunos conceptos que ya le eran conocidos.
El abuelo de Estulin fue miembro de la KGB (el servicio secreto de la ex
Unión Soviética) y gracias a esa tradición familiar, que dice le ha
proporcionado fuentes “en los servicios secretos más importantes del
mundo”, oyó hablar de la destrucción de la demanda, una idea que volvió a
encontrar en informes del Club de mediados de esta década, y que es el
objetivo que se han marcado los verdaderos dirigentes del mundo.
Estulin rechaza las ideas conspirativas sobre este selecto club al
que algunos han bautizado "Los amos del Universo", y sostiene que “la
idea tras cada encuentro Bilderberg es la creación de lo que ellos
llaman la aristocracia de propósito, entre élites europeas y
norteamericanas, con el objetivo de gestionar el planeta de la mejor
forma posible".
Bilderberg es una reunión de personas que representan una cierta
ideología, un medio para reunir a las instituciones financieras más
poderosas y depredadoras de todo el panorama económico mundial. Y, hoy
por hoy, "esta combinación de intereses es la peor enemiga de la
humanidad". En otras palabras, Bilderberg es un cártel gigante, más
poderoso que cualquier nación de la Tierra, destinado a controlar las
necesidades vitales del resto de la humanidad.
Se trata de un club de poder y de saber. Ellos deciden cuándo y cómo
aumentar el precio del petróleo, cuándo debe acabar una guerra y dónde
debe empezarse la siguiente, quién debe ser el próximo candidato a
presidente o por qué conviene provocar una crisis global, como la
iniciada en 2008.
Un ejemplo: los miembros del Club conocían desde 10 meses antes la
fecha exacta de la invasión a Irak; también lo que iba a pasar con la
burbuja inmobiliaria. Con información como esa, se puede hacer mucho
dinero en toda clase de mercados.
El objetivo final de estos grupos, es crear una empresa mundial cuyo
poder esté por encima de los diferentes gobiernos del mundo. Y para ese
propósito hay dos cosas que les estorban. La primera, el Estado-Nación:
"Con las instituciones internacionales como la UE y con los tratados de
libre comercio, están eliminando todo poder nacional, con lo que evitan
intermediarios". La segunda es la clase media.
El Club Bilderberg jugó un papel decisivo a lo largo de toda la
Guerra Fría y su cúpula estaba integrada por personajes que salieron del
viejo aparato nazi de la Segunda Guerra Mundial como su fundador, el
príncipe Bernardo de Holanda, miembro de la SS, y Walter Hallstein,
primer presidente de la Comisión Europea y abogado de Adolfo Hitler. El
pasado de estos personajes fue ocultado y ellos se convirtieron en el
núcleo duro de las estructuras antisoviéticas de la Guerra Fría en
Occidente.
"No hay agenda detallada, no hay resoluciones, no hay votaciones, ni
declaraciones", señala el portal del club, que describe las discusiones
como "privadas e informales". La reunión de este año trató sobre el
retorno del mundo bipolar: la búsqueda de mecanismos para neutralizar a
Rusia y a Vladímir Putin y la crisis ucraniana, según afirmó Estulin en
el canal RT de la televisión rusa. El Club Bilderberg está preocupado
por el papel que desempeñe Rusia en el país vecino, dado que Moscú no
permitiría nunca que Ucrania "cayera en las garras del poder
occidental", indicó Estulin.
De todos modos, diversos observadores coinciden en que en el
encuentro de este año surgió una clara escisión entre lo que se denomina
el "Bilderberg europeo" y el "estadounidense". El del Viejo Continente
pide que Rusia tenga un protagonismo mayor en el tema ucraniano porque
considera que sin Moscú "no habrá ningún tipo de cambio importante en
Ucrania". Por otro lado, el Bilderberg estadounidense apuesta por buscar
otra forma de sacar adelante a Ucrania sin demasiada participación de
Rusia.
Si bien la posibilidad de la renuncia de Juan Carlos era desde hace
tiempo un secreto a voces en España, fue la reunión del Club Bilderberg
en Dinamarca la que terminó por bajarle el pulgar al monarca que desde
hace décadas alternaba sus correrías con el papel de lobbysta
todoterreno de las empresas y los intereses españoles. Bastaba que el
rey levantara el teléfono y se comunicara con algún compañero de juerga
de las pertromonarquías del Golfo, para que España tuviera asegurado
todo el combustible que necesitaba su capitalismo tardío. Acaso ¿no
llamó a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner para terciar en
favor de Repsol ante la inminente reestatización de YPF? Basta recordar
el "¿Por qué no te callas?" a Hugo Chávez para entender qué papel jugaba
el monarca en este lado del Atlántico.
Además de la embajada norteamericana en Madrid, que no ocultaba su
preocupación por el desgaste de la clase política y la Casa Real,
sacudidas por una seguidilla de escándalos de corrupción, uno de los
brazos ejecutores de esta conspiración palaciega fue la propia reina
Sofía. El domingo retornó del encuentro de poderosos en Dinamarca y el
lunes precipitó la caída de su marido.
La periodista Pilar Urbano, que además de miembro del Opus Dei es una
especie de vocera oficiosa de la reina, explicó en una entrevista
publicada el 30 de enero pasado; “El reto del príncipe será hacer frente
a la demanda de redefinir el Estado, a cómo se distribuye
territorialmente España. Esto ya fue apuntado por el rey en su última
entrevista. El rey trajo la democracia a España. A lo mejor Felipe tiene
que traer la monarquía federal y hacer que la Casa Real sea más
transparente. Porque el rey no puede ser un misterio divino. Tenemos que
saber donde está". Y a renglón seguido Urbano acotó: “Las monarquías
tranquilizan a los poderosos porque dan estabilidad. Todas estas cosas
se discuten en el Bilderberg. Un rey en una España en crisis da más
garantía de estabilidad que una república, donde puede venir otra
persona distinta."
Para entender la referencia al Club Bilderberg hay que recordar que,
según documentos desclasificados de la CIA, el club fue, en su época, el
lobby más activo que presionó a Franco para que nombrase al entonces
príncipe Juan Carlos como sucesor al frente de la Jefatura del Estado,
reinstalando la monarquía en España. Ayer repitieron la historia con
Felipe, que ya ha mostrado sus dotes como lobbysta de Google y los
Juegos Olímpicos 2020, entre otros.
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