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jueves, 18 de diciembre de 2025

EL AGUA SOBRA...¡VIVA LA CONTAMINACIÓN CARAJO!



Sobra el agua...¡Contamínese!

 

 

domingo, 3 de septiembre de 2023

LAS MIL Y UNAS DE MILEI (XXIII): ”Una empresa puede contaminar el agua todo lo que quiera”


El Riachuelo

 






jueves, 21 de enero de 2021

GABRIEL SOGLIO: "Tendrían que asumir que están negociando con terroristas ambientales"

Publicado en:

https://twitter.com/GabrielSoglio1/status/1351901151772483588?s=08




sábado, 25 de julio de 2020

Utopías reaccionarias, por Claudio Scaletta (para "Ex Post" del 28-09-15)



Sep 28, 2015


Sectas ecologistas, decrecimiento, antidesarrollo y neoludismo; cuando el “ecologismo” es una utopía reaccionaria funcional al imperialismo. Una aproximación inicial.

Por Claudio Scaletta

El pensamiento ecológico fue una reacción de las sociedades capitalistas avanzadas frente al evidente deterioro del medio ambiente provocado por la sociedad industrial. Fue una toma de conciencia de la especie humana sobre la potencia transformadora del entorno que el modo de producción dominante en el planeta había adquirido. Así surgieron conceptos nuevos y necesarios como el de sustentabilidad ambiental, expresión que, en adelante, sería inseparable de la idea de desarrollo. Algunas vertientes de este pensamiento primigenio evaluaron que si el agente de destrucción del medioambiente era el modo de producción capitalista, el enemigo a combatir era el capitalismo y, especialmente, su producto más evidente: la sociedad industrial.
Una derivación fueron las corrientes ecologistas llamadas “malthusianas”, cuya visión más extremista se plasmó en las “teorías del decrecimiento”. Como los recursos naturales son limitados frente a una población que no deja de crecer, lo más conveniente es frenar el desarrollo. El auge actual de este neomalthusianismo en las sociedades europeas, autocondenadas al estancamiento económico por las decisiones cortoplacistas de sus elites, no es casual, es funcional.
En sociedades que se encuentran en la vanguardia del desarrollo industrial, con alta densidad poblacional y en el límite del uso de sus recursos naturales, la reacción ecologista aparece casi como un anticuerpo necesario. Pero el traslado lineal de este pensamiento a sociedades con realidades diametralmente diferentes puede constituir un verdadero despropósito. Argentina, un país rico en recursos naturales sin explotar y con su revolución industrial inconclusa, no necesita frenar su desarrollo para evitar una presunta devastación de su medio ambiente, sino todo lo contrario, necesita hacer todo lo posible para impulsar el desarrollo de sus recursos.
Aquí, el ecologismo funciona como una utopía reaccionaria funcional al imperialismo.
Es reaccionaria, porque con la excusa del daño ambiental presunto se opone al desarrollo promoviendo por esta vía la pobreza. Y es funcional al imperialismo porque propone tácitamente la inmovilidad de la estructura productiva.
Las banderas planetarias del ecologismo son diversas, pero bien conocidas: se destacan la lucha contra los organismos genéticamente modificados, contra la técnica del fracking en la extracción de hidrocarburos no convencionales, contra la minería y contra los desarrollos nucleares. Todo en la misma bolsa. El discurso logró asociarse con el de cierta izquierda despistada, porque el proceso de demonización apuntó sobre algunos actores nuevos, las firmas de capital tecnológico como Monsanto, y otras viejas transnacionales; como las grandes petroleras y las megamineras, los malos del capitalismo e improbables santos de devoción. No debe perderse de vista, sin embargo, que entre esta diversidad de enemigos existe un factor unificador: lo que el ecologismo en realidad aborrece no son las megaempresas capitalistas, sino las técnicas aplicadas a la producción, a las que se atribuyen todos los males del sistema. La lectura es similar a la del movimiento ludita en los albores del capitalismo que, invirtiendo la secuencia real, atribuía a la máquina los problemas generados por las nuevas relaciones de producción. Más allá de alguna vana voluntad historicista por complejizarlo, esta fue la esencia del ludismo: una aversión por la máquina, por la técnica, que en los neoluditas verdes contemporáneos deriva también en la idealización de una ruralidad preindustrial cuya cotidianeidad sería insoportable para cualquier habitante del siglo XXI.
El problema se entiende mejor en el abordaje de casos. Por ejemplo los transgénicos. Décadas de investigación y la praxis cotidiana en estos cultivos demostraron su inocuidad. No existe un solo trabajo validado por la comunidad científica que muestre algún efecto negativo de los organismos genéticamente modificados sobre la salud humana y sobre el medio ambiente. Las nuevas técnicas empleadas en el agro, la siembra directa y el paquete transgénico; herbicida más semilla resistente, suponen una menor erosión de los suelos y el uso de una menor cantidad de agroquímicos por hectárea. Son más eficientes ecológicamente que las técnicas tradicionales, no menos, y el costo final es menor, por lo que son más competitivos. Los problemas del mal uso, de las fumigaciones en áreas pobladas, son ajenos a la tecnología empleada. Lo mismo puede decirse del monocultivo o la sobreexplotación de los suelos, que son el resultado de las relaciones capitalistas de producción, no de la semilla. Menos dudas existen en el origen de este pensamiento: organizaciones relacionadas con el agro más subsidiado del mundo, el europeo, un sector especialmente interesado en el establecimiento de barreras paraarancelarias sobre las exportaciones del agro argentino.
Otro caso es el del fracking o fractura hidráulica que la industria petrolera utiliza para la extracción de hidrocarburos de roca madre. En el caso local comenzó a hablarse de fracking cuando las importaciones de combustible aparecieron como un rojo en el balance de pagos. El proceso coincidió con la revolución shale en Estados Unidos. En el nuevo escenario la opción por comenzar a explotar los abundantes recursos no convencionales disponibles cayó por su propio peso. Frente a esta necesidad imperiosa creció una contracorriente ecologista, azuzada por la derecha mediática desde que el capital de YPF es mayoritariamente estatal, según la cual la tecnología para explotar estos recursos sería especialmente dañina. Cuando se indaga por las fuentes de estos argumentos, se encuentran elementos tales como la película Gasland o una sumatoria de informes de dudoso origen viralizados en blogs “del palo”. En contrapartida, no existen informes académicos que indiquen que la fractura hidráulica, que ya era utilizada en los procesos de recuperación mejorada de hidrocarburos, sea una técnica ecológicamente fuera del estándar de la industria, lo que significa que no es inocua y que necesita la presencia del Estado para garantizar el cuidado ambiental, pero que no es una fija de envenenamiento del medioambiente según pregona el pensamiento sectario. Parece más lógico pensar que quienes se encuentran detrás de estas compañas son los mismos intereses de quienes no quieren el autoabastecimiento energético local.
El tercer caso es la minería. La década del 90 dejó entre sus herencias una legislación minera pro empresa que dio lugar a una explotación de carácter extractivista que poco aporta al desarrollo local. Sin dudas cualquier proceso de desarrollo serio deberá buscar mecanismos para que la integración minera encuentre eslabonamientos con otras cadenas productivas y agregue valor en origen. Dada la historia del sector, el Estado deberá ser especialmente riguroso con el cuidado ambiental y en la exigencia de obras de remediación. Pero esta no es la crítica de la reacción ecologista, cuya propuesta es directamente no hacer minería; es decir que el país no integre sus cadenas de valor y no aproveche sus recursos naturales. Cuando se considera, por ejemplo, la estratégica producción de uranio el resultado es por lo menos triste. El país exporta combustible para centrales nucleares, pero debe importar el uranio con el que se fabrica. Y esto ocurre poseyendo yacimientos en el territorio, los que actualmente no pueden ser explotados por la reacción pseudo ecologista en provincias como Mendoza. No parece necesario abundar sobre la limitación estratégica que esta importación supone y sobre quienes son los beneficiarios reales.
Finalmente dos reflexiones. La primera es que no existe peor enemigo de la verdadera ecología que la pobreza. Todas las catástrofes ecológicas y humanitarias de la historia reciente no se produjeron en países desarrollados, sino en los muy pobres. Al respecto, resultan particularmente ilustrativos los casos de Haití y Ruanda descriptos por el geógrafo estadounidense Jared Diamond en su libro Colapso. La segunda reflexión remite estrictamente a la coyuntura local. Aquí la peor acechanza para la continuidad de procesos de crecimiento de los ingresos populares es la escasez de divisas. Una de las principales contribuciones a esta escasez es la importación de combustibles. La búsqueda del autoabastecimiento supone explotar los recursos no convencionales. La pregunta indispensable es qué pasaría con el crecimiento de la economía y su futuro, y en consecuencia con el nivel de empleo y el bienestar de las mayorías, frente a un escenario de aumento constante de las importaciones de combustibles y restricción externa. Luego debe compararse esta respuesta con el presunto riesgo ambiental de la extracción de hidrocarburos no convencionales.
Razonamientos similares pueden seguirse con los restantes sectores atacados por los neoluditas; ¿se debe abandonar la expansión de la frontera agrícola en favor de una inexistente economía campesina? ¿Se debe regresar a los cultivos con semillas tradicionales, más caros y agresivos con el medio ambiente y menos competitivos? ¿Se deben dejar de consumir todos los productos de la minería? ¿El mejor camino es abandonar nuevamente el plan de generación de energía nuclear? Parece broma, pero los sedicentes ecologistas responderían afirmativamente a todas estas preguntas.

Publicado en:
https://medium.com/ex-post/utop%C3%ADas-reaccionarias-ii-b4c24a40975

domingo, 6 de mayo de 2018

SALUD EN RIESGO, APRIETES Y MÁS DESOCUPACIÓN, por María Quintero (para "Revista PPV" del 04-05-18)

Se aprobó la incineración de basura en CABA

Por María Quintero

La legislatura de la Ciudad de Buenos Aires aprobó en el día de ayer la modificación de la Ley de Basura Cero que habilita la realización del escandaloso proyecto del Gobierno de Larreta de incineración de residuos en la Ciudad de Buenos Aires. Un proyecto que además vino acompañado por apriete a periodistas, listas negras y un “manual de estilo” para la prensa oficialista sobre cómo tratar el proyecto en los medios.

El bloque oficialista se impuso con 36 votos afirmativos contra 22 negativos de la oposición a Cambiemos. Y así con la complicidad de los medios de comunicación y lxs legisladores oficialistas se abrió el camino para la degradación del medio ambiente, de la salud de lxs porteñxs y de más de 5000 pérdidas de puestos de trabajadores para los recicladores.

El plan del jefe de gobierno, Horacio Rodríguez Larreta, sobre este proyecto requería de esta modificación de la Ley de Basura Cero (Ley Nº 1854) que prohíbe la incineración de basura. Así, mientras el resto del mundo avanza en el reciclado, Cambiemos retrotrae nuestras leyes de medio ambiente casi 15 años. La incineración de basura está prohibida desde hace más de 13 años debido a los daños que produce a la salud de las personas y al medio ambiente.

“Es peligrosa. El Gobierno porteño dice que las nuevas tecnologías permiten quemar basura sin riesgos. No es cierto. Este procedimiento emite partículas tóxicas y cancerígenas. En las poblaciones cercanas a los incineradores aumentan las enfermedades respiratorias, alergias, el cáncer de pulmón o hígado; hay más malformaciones congénitas y mortalidad infantil”, asegura la organización Greenpeace en un informe presentado contra el proyecto de incineración.

En ese informe la organización asegura que la incineración es además la opción más cara para tratar la basura: “El Gobierno proyecta siete plantas incineradoras y cada una tiene un costo estimado de 500 millones de dólares. Pero con un 6% del valor de una de ellas se podrían construir 40 centros de reciclado para procesar el total de los residuos reciclables”. Además, agrega: “Deja a mucha gente sin trabajo. Hoy el reciclado de residuos es una fuente laboral para casi 6 mil personas en la Ciudad. Si avanza la incineración, se perderían estos empleos”.

Al escándalo además se suma que aún no se conoce cuáles serán las zonas de la Ciudad dónde se construirán estas incineradoras. Cuáles serán los barrios más perjudicados…

Respecto a esto, la legisladora de CABA, Lorena Pokoik aseguró: “Los legisladorxs que votaron a favor de modificar la ley le dieron la espalda a lxs trabajadores recicladorxs y a lxs ambientalistas. Unidad Ciudadana rechazó el proyecto por las condiciones extremadamente dañinas para la salud y el medio ambiente, por ser una política que compite con el reciclaje y la reutilización de residuos poniendo en riesgo miles de puestos de trabajo y poque además es un proyecto muy costoso”.

Como el proyecto que impulsa Larreta tiene blancos legales, sobreprecios, y es tan nocivo para la salud de la sociedad de CABA y para el medioambiente, el jefe de gobierno con la complicidad de los medios oficialistas llevaron adelante noticias falsas para presentar la información. Como si esto fuera poco, además también hubo aprietes a periodistas. Así lo demuestra la documentación presentada el pasado miércoles en Conferencia de Prensa por los diputadxs porteños del bloque opositor, organizaciones sociales y ONGS.

“Es sencillo oponerse a este proyecto porque quemar basura que trajo el macrismo porque quemar basura mata, enferma, contamina el medio ambiente atenta contra 6 mil puestos de trabajo directo y 20mil puestos indirectamente. Quemar basura es un negocio”, dijo en su intervención la diputada Myriam Bregman.

Respecto a esta política de apriete que lleva adelante el gobierno de la Ciudad, Sergio Sanchez- Presidente de la Federación de cartoneros (Organización de recicladores de CTEP) aseguró a Revista PPV en el día de ayer: “Creemos que la instalación de plantas de incineración perjudicará la salud de la población y además terminará con nuestras fuentes de trabajo. Nosotros nos formamos en el reciclado desde 2001 y somos hoy lo cuidadores del medio ambiente. Estamos contra incineración”.


Publicado en:
https://revistappv.com.ar/2018/05/04/8072/

Inquietud en Villa Riachuelo por la posible llegada de una planta de incineración de basura, por "La Nación" del 05-05-18)




Los vecinos creen que su instalación generará contaminación y desvalorizará la zona 
Fuente: LA NACION - Crédito: Rodrigo Néspolo
       
Con inquietud y desconfianza los vecinos de Villa Riachuelo recibieron la noticia de que allí podría instalarse una planta de incineración de basura mediante la técnica de termovalorización. Esta nueva forma de tratar los residuos en la ciudad se habilitó anteayer en la Legislatura al modificarse la ley de basura cero (N°1854) .

"Más allá de que esta nueva forma de incineración use unos filtros especiales, podría ser que igualmente se genere contaminación. No me deja tranquilo el hecho de que el humo no se vea", dice Gabriel Montiel, de 44 años, vecino del barrio. Y agrega que si el saneamiento del Riachuelo fuera una prioridad para el gobierno, no instalaría la planta junto a su cauce.

Nicolás Escroca, de 67 años, vive en el barrio desde 1970. Señala que cuando se instaló allí, se decía que Villa Riachuelo sería "el segundo Palermo" de Buenos Aires. Pero que, en cambio, hoy viven entre el ruido del Autódromo y el olor nauseabundo que el viento trae de Mataderos. "Encima ahora quieren instalar esta planta: ¡nos traen toda la porquería de la ciudad!", se queja.


Fuentes del gobierno porteño, sin embargo, afirman que la nueva tecnología no generará contaminación. Y aunque recién se precisará con exactitud dentro de dos meses el lugar de emplazamiento de la nueva planta, Eduardo Macchiavelli, ministro de Ambiente y Espacio Público porteño, ya adelantó que uno de los sitios posibles es un predio ubicado en la avenida Roca y General Paz, detrás del Autódromo Oscar y Juan Gálvez.

Villa Riachuelo es un barrio de clase trabajadora, de calles solitarias y casas sencillas de una sola planta que conviven con enormes galpones industriales. En una recorrida por allí, LA NACION comprobó que la mayoría de los vecinos desconocía por completo el proyecto oficial. Aunque luego de conocer sus detalles, lo rechazaron con vehemencia.

"Es una vuelta al siglo pasado", se queja María Alejandra Camiña, vecina del barrio, excomunera por Proyecto Sur e integrante del movimiento ambientalista 350.org. "No les creemos que la nueva maquinaria no contaminará", alerta. Agrega que se destruirá el espacio verde donde se emplazaría, aumentará la temperatura, se desvalorizará el barrio y se dañará un yacimiento de restos arqueológicos ubicado allí.

"Rechazamos y repudiamos la modificación de la ley", indica Julián Morinigo, del Consejo Consultivo de la Comuna 8. Explica que la posición del Consejo está basada en un informe técnico de Greenpeace. "El problema no es exclusivo de esta comuna sino de todo Buenos Aires y del Área Metropolitana", alerta.

Publicado en:
https://www.lanacion.com.ar/2131742-inquietud-en-villa-riachuelo-por-la-posible-llegada-de-una-planta-de-incineracion-de-basura