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viernes, 22 de marzo de 2024

Agustín Cetrángolo: "El ataque que sufrimos fue un atentado político"

 


lunes, 4 de septiembre de 2023

FEDERICO STORANI SOBRE JxC Y LA UCR: "ES UN CICLO QUE TERMINA"




El dirigente de la Unión Cívica Radical y ex Ministro del Interior de la Nación habló con Roberto Caballero y el equipo de #CaballeroDeDia en El Destape


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domingo, 3 de septiembre de 2017

UN GOBIERNO PELIGROSO, por Roberto Caballero (para "Tiempo Argentino" del 02-09-17)



Roberto Caballero, periodista
Sábado 2 de Septiembre de 2017
Edición 2133 Opinión

El país vive por estas horas un clima político enrarecido. El gobierno habla de violencia con extrema liviandad. Se manifiesta sobre la desaparición forzada de un joven con enervante ajenidad, desconociendo incluso la carátula del expediente. Asocia a los que reclaman por las libertades y la justicia con objetivos sediciosos. Reacciona a una simple pregunta ("¿Dónde está Santiago Maldonado?") con el reproche envenenado hacia su familia, sus compañeros de lucha en el sur y sus amigos por una situación –no hay que olvidarlo– que los tiene como angustiadas víctimas. Madres, Abuelas, Hijos, exdetenidos por razones políticas, todos los organismos de DD HH reclamantes son destratados en público y en privado, casi de manera rutinaria, con argumentos extractados de los escritos de defensa de los represores de otras épocas. "Los demonios no eran tan demonios", llegó a decir Patricia Bullrich, indultando otra vez a los ejecutores del terrorismo de Estado, desde un programa de TV, donde se habla con la boca llena.

La natural indignación social por la desaparición de Maldonado, lejos de moderar sus intervenciones, de atemperar sus embestidas, desató una belicosa contraofensiva encabezada por Bullrich –jefa política de la Gendarmería, fuerza a la que Cambiemos aspira a convertir en los "carabineros" de Macri, lo único que vendría a explicar la vehemencia que pone la ministra en su defensa–, en tándem con Marcos Peña, indudable cerebro de la estrategia negacionista oficial evidenciada en su presentación ante el Parlamento, desconociendo la cautelar de la CIDH que obliga al Estado a encontrarlo con vida.

La impresionante marcha del viernes 1, con cientos de miles de personas en la Plaza de Mayo, tras cumplirse un mes de ausencia del joven, finalizó con incidentes desconcertantes (no hay antecedentes en los últimos 15 años de una marcha de DD HH que termine así), y fue antecedida por una serie de episodios más llamativos aún que merecen ser documentados. Circunstancias en las que el gobierno –directa o indirectamente– aparece involucrado, nunca desalentando el envilecimiento del discurso público; por el contrario, avivando el malestar:

1) La difusión de alarmantes "órdenes internas" de FF SS llamando a sus efectivos a un virtual acuartelamiento contra focos extremistas que estarían preparando una andanada violenta con blanco preferente en los integrantes de esas fuerzas, citando el misterioso episodio de la quema de dos autos frente al Ministerio de Seguridad bonaerense.

2) Notas en los diarios Clarín y La Nación, alimentadas en fuentes oficiales, dándoles categoría de noticias verosímiles a los contenidos de esas "órdenes internas", hablando de una semana de "agitación política" alentada, en teoría, por grupos "anarquistas y kirchneristas".

3) Una saga de insostenibles amenazas a través de redes sociales contra Mauricio Macri o María Eugenia Vidal, sumado a cerca de 100 llamados alertando sobre bombas en escuelas bonaerenses, y la mención a la compra de un artefacto "inhibidor de drones" a ser utilizado para reforzar una supuestamente asediada seguridad presidencial.

4) El desplazamiento de móviles y personal de FF SS y FF AA por rutas y caminos inhabituales, a la vista de todo el mundo, en sintonía con irrupciones inexplicables de uniformados en escuelas del GBA o practicando hostigamiento a estudiantes secundarios de CABA.

5) El allanamiento policial a once locales de partidos políticos y movimiento sociales que habían participado de una movilización contra el "gatillo fácil" en Córdoba donde alguien no identificado produjo la rotura de una vidriera. Pero en los procedimientos se secuestraron bombos, afiches, volantes y pancartas, en su mayoría pidiendo la aparición con vida de Santiago Maldonado, y ninguna otra cosa.

6) La instalación desde el Grupo Clarín, la agencia Télam, programas de Radio Nacional de las más disparatadas versiones sobre el paradero de Maldonado: que estaba muerto en Chile, que está vivo en Chile, que un puestero lo acuchilló y murió, que un puestero lo acuchilló y escapó vivo, que estaba en el corte de la Ruta 40 junto a los mapuches de Cushamen, que no habría estado porque estaba muerto en Chile, que no estaba porque huyó a Chile herido, entre otras de tenor contradictorio parecido.

7) La prédica estigmatizante de comunicadores oficialistas en Radio 10, Mitre, Canal 13, América TV, asociando a Maldonado y los derechos de los pueblos originarios (reconocidos en la Constitución Nacional, se recomienda lectura) con el extremismo político, el ISIS, la inteligencia británica, la delincuencia común, el robo de ganado, la invasión de los araucanos, el incendio de campos y –qué susto– "La Cámpora". 

8) Desde esas mismas usinas (en alianza con la comunicación de tres ministerios, el de Seguridad, el de Educación y el de Justicia, cuyos titulares calificaron a los maestros de "monstruos", "canallas" y "kirchneristas") también se abogó por la vuelta al Medioevo escolar intentando crear una polémica por la distribución de material pedagógico entre los afiliados de la CTERA en el Día mundial del detenido-desaparecido, alertando sobre una supuesta movida de "adoctrinamiento político" sobre los alumnos que derivó en descabellados debates en los programas de la tarde y los noticieros que, por unos días, desplazaron el escándalo de Natacha Jaitt.

9) La burla del gobierno de Gerardo Morales y la justicia jujeña al pedido de la CIDH que transformó el arresto domiciliario exigido en beneficio de Milagro Sala en una suerte de presidio individual con custodia permanente, alambre de púas y cámaras registrando las 24 horas la intimidad de la presa política de la Tupac, condiciones que no se aplican en ningún otro caso de arresto domiciliario, por ejemplo, los que benefician a genocidas condenados.

10) En todas las señales de Clarín –el que más pauta publicitaria recibe del macrismo– apareció Mariano Martínez Rojas, jefe de la patota que ingresó y golpeó a los trabajadores de Tiempo Argentino, en el atentado más grave a la libertad de expresión de los últimos tiempos, presentado como un adalid de las virtudes republicanas, acusando a sus víctimas –los trabajadores de prensa de esta heroica cooperativa– de usurpadores y ladrones, idénticas palabras a las utilizadas por Macri cuando ocurrió aquel ataque.

11) Tras los incidentes después de la marcha por Santiago, Patricia Bullrich consideró –según el diario La Nación– que "los grupos que respaldan la causa de la Resistencia Ancestral Mapuche (RAM) se componen de sectores anarquistas, elementos trotskistas, corrientes kirchneristas, manifestantes revolucionarios, organismos de Derechos Humanos, sindicatos combativos y organizaciones sociales y piqueteros violentos".

En todos los casos, los funcionarios de Cambiemos y su periodismo de infantería aunaron su impresionante poderío para asestarles a los ciudadanos reclamantes una suerte de escarmiento mediático, ubicándolos discursivamente en la zona de la locura, el fanatismo, la politización maliciosa, la usurpación, el adoctrinamiento perverso, la monstruosidad y la violencia. Rastrear la intención de construir una realidad de acoso al gobierno en manos de un enemigo interno es meridianamente claro para cualquiera con dos dedos de frente. La falsa victimización necesita, obvio, de un falso victimario. O de muchos a la vez.

Bastante se ha hablado sobre el carácter del gobierno de Mauricio Macri. Asociarlo con una dictadura es una demasía porque tiene origen democrático, legitimación en las urnas. Decir que es simplemente autoritario, en cambio, parece poco. La tentación casi refleja a dirimir de manera violenta los conflictos sindicales (docentes, PepsiCo, Cresta Roja), la descalificación como única alternativa de trato hacia sus opositores, el abuso de decretos de necesidad y urgencia salteándose el Parlamento, la relectura en clave compasiva del terrorismo de Estado, la obsesión por mantener presos políticos y que aún mantiene a Patricia Bullrich como ministra de Seguridad, merecen –de mínima– una categorización más ajustada a la realidad de los hechos.

El de Macri es un gobierno peligroso. Como lo era el gobierno constitucional de Juan María Bordaberry, en el Uruguay de los '70.

Legítimo, pero peligroso. Constitucional, pero peligroso. Lo cual es doblemente peligroso. «

Publicado en:
https://www.tiempoar.com.ar/articulo/view/70429/un-gobierno-peligroso-por-roberto-caballero

lunes, 17 de abril de 2017

El desafío político de las Pascuas, por Roberto Caballero (para "Tiempo Argentino" e "infobaires24" del 16-04-17)



por Roberto Caballero

Como si fuera una plaga inextinguible, la célebre “grieta” persiste en la mesa de debate de casi todos los argentinos. Según quien la administre, se sabe, la “grieta” alimenta el odio al diferente, los rencores añejados, la aversión por el otro y el desprecio a lo que piensa.

Pero es indesmentible que desde que Mauricio Macri asumió la presidencia para “unir a los argentinos”, la “grieta” sirve casi únicamente para justificar la violencia del Estado contra los disidentes de sus políticas. La simbólica desde el vamos –esta semana Hernán Lombardi echó a 21 periodistas de Radio Nacional por razones políticas-, y la material -como se pudo ver en el Congreso en la represión contra los docentes o con la policía de Gerardo Morales violando la autonomía universitaria en Jujuy-, cada vez más.

Tampoco este texto escapa a la “grieta”. A diferencia de otros que viven de exacerbar esa violencia y sus costados miserables, su autor asume que la “grieta” llegó para quedarse por dos razones, una objetiva y otra subjetiva: la unanimidad no existe y las diferencias nos enriquecen. La “grieta”, vista así -que no es la manera oficial admitida desde el aparato de gobierno que mantiene presos políticos en Jujuy pero también ahora en Mendoza-, también es una oportunidad. Así como una zanja es la oportunidad de construir un puente. Más que oportunidad, en verdad, un desafío para llegar a convivir con lo que el otro piensa, construir zonas permanentes de respeto a la diversidad, asumir la pluralidad como una valor común positivo y canalizar las diferencias políticas e ideológicas hacia el interior de las instituciones democráticas.

    Porque “grieta” hubo y habrá siempre. Veredas, bandos, preferencias, clases, partidos, géneros y religiones. La identidad más básica necesita de la división.

Porque “grieta” hubo y habrá siempre. Veredas, bandos, preferencias, clases, partidos, géneros y religiones. La identidad más básica necesita de la división. El hijo se constituye a los ojos de todos como persona cuando se separa de la madre al nacer. La identidad común, que ya es un armado cultural evolucionado, necesita reconocer esas diferencias, esas divisiones como propias. La familia se integra con distintas personas. No hay familias de a uno. Admitamos que la palabra unidad tiene mejor prensa, pero que la diferencia hace falta. No para matarse, sino para vivir. O para convivir, que es vivir con el otro.

En estos días, los cristianos celebran la Pascua y los judíos el Pésaj. Estos rituales religiosos tienen una fuerte influencia en nuestra cultura. En lo gastronómico, la disputa puede ser por las empanadas de vigilia o el gefiltefish. Quién lleva una cosa o quién la otra. Hay algo de cristiano y algo de judío, y algo de musulmán y de budista, y algo de ateo y de agnóstico en la mesa de los argentinos. Hagan la prueba. A los argentinos nos define el menú de un restaurante céntrico medio pelo. Las comidas que se ofrecen (a veces, hasta 250 platos diferentes) son de todo el mundo, de todas las culturas. Eso es una singularidad bien nacional. No pasa en otros lugares o no pasa tan fácil, para ser precisos. Pasa acá. En el país de la “grieta”.

    La demonizada “grieta”. Que es más ancha, a veces. Más profunda, otros días. Depende de quién la administra.

La demonizada “grieta”. Que es más ancha, a veces. Más profunda, otros días. Depende de quién la administra. Curiosamente, la “grieta” administrada por los referentes mediáticos del poder político actual, esos cobradores de peaje del “sentido común”, como pueden ser Mirtha Legrand o Mariana Fabbiani pone de un lado a “la gente” y del otro, a los “kirchneristas”, que vendrían a condensar todo lo extirpable para volver a ser “un solo cuerpo, una sola nación”, la de las familias blancas y puras, sin ideas populistas, ni rastro sanguíneos corruptos o mestizos.

Milagro Sala, presa política del macrismo, en gran parte debe su vergonzoso encarcelamiento a esta administración de la grieta ejecutada por personajes banales de la TV hegemónica y sus audiencias cautivas. Milagro Sala incumple con todos los requisitos para no estar en libertad en este presente de pantallas discriminatorias que salen de zafari a cazar a los nuevos “peligrosos”: es mujer, es negra, es coya, es kirchnerista y tiene causas judiciales amañadas en su contra. El gobierno actual la eligió como un símbolo para aterrorizar a los disidentes. Es lo que pasa cuando la “grieta” queda en manos de gente que pretende “unir a los argentinos” suprimiendo violentamente las diferencias. Es decir, a garrotazos.

    El gobierno actual la eligió como un símbolo para aterrorizar a los disidentes.

La unidad tiene una excesiva buena prensa. Hasta puede usarse de excusa para perseguir al otro. O para matarlo o desaparecerlo. La unidad territorial roquista de la nación necesitó del genocidio de los pueblos originarios. Y, sin embargo, es la división la que es vista como fuente de problemas insalvables. De Aristóteles al Papa Francisco, de Macri al pejotismo, la unidad del “todo” vendría a ser más que las partes. Pero las partes, para construir un “todo” mejor, es decir, que garantice el bien común, necesitan seguir siendo partes diferenciadas, sino, no hay unión, lo que hay es totalitarismo.

Reivindicar la división, la diferencia suena raro. Es curioso que suene así. Porque, ¿acaso no fue una “grieta”, una división milagrosa de las aguas, la que se abrió en el Mar Rojo para permitir que el pueblo judío se liberara de la esclavitud? ¿No divide el cristianismo a la Biblia en dos partes, el Viejo y el Nuevo Testamento, para dejar asentada la noticia del nacimiento nada menos que de Jesucristo, el hijo de Dios? ¿No hay que partir, romper el pan para multiplicarlo y unir a todos en el banquete divino? Hasta lo más sagrado está atravesado por la “grieta”. El problema, entonces, no es la “grieta”: es lo que hacemos con ella. Como vemos, la “grieta” también puede liberar o proveer el alimento.

    Hasta lo más sagrado está atravesado por la “grieta”. El problema, entonces, no es la “grieta”: es lo que hacemos con ella.

Este texto, escrito por alguien que está del otro lado de la “grieta” que propone el gobierno, intenta ser una contribución mínima a la reflexión sobre el sentido, ya no religioso, ya no cultural, sino el sentido político de las Pascuas que se celebran. Hoy, en verdad, se reúne la familia a romper los huevos. Hay amor y hay peleas. “No hablemos de política”, dirá alguna tía. “No hablemos de fútbol”, dirá otro. Todos dan por convenido que no hablando de un tema o de otro se garantiza la paz y la convivencia familiar. ¿Entonces, sería mejor el silencio? Esa parece ser la síntesis.

¿Qué sociedad, como gran familia extendida, se construye callando, censurando o prohibiendo? ¿No son esos silencios convenidos una manera de ahogar las diferencias para erradicar las disputas? ¿Y esas disputas, realmente, se acaban? Nunca. Pueden ser ocultas. Pero nunca acaban. Tanto en la mesa familiar como en cualquier territorio: los medios, la familia, la política, la cultura, los negocios, todo es un campo de disputa, de tensiones, de diferencias, de divisiones. Hay que asumirlo, con palabras, sin gritos ni golpes ni censuras. Y aprender a conversar entre distintos, con los mismos derechos. No es fácil, pero ni siquiera intentarlo tiene costos peores. A veces, no basta con decir “felices pascuas” para que la casa esté en orden.

Los primeros cristianos eran judíos. Es probable que la Pascua cristiana sea la adecuación de la celebración del Pésaj. El significado es similar. Los judíos pasaron de la esclavitud a la libertad y los cristianos pasaron de llorar la muerte de su líder a celebrar su resurrección. En ambos casos, hay un pasaje de lo malo a lo bueno, de la oscuridad a la luz y del silencio a la palabra.

Desde esa perspectiva política, atravesar la “grieta” puede ser un desafío pascual. Que empieza en la mesa de hoy.

Publicado en:
http://infobaires24.com.ar/roberto-caballero-desafio-politico-las-pascuas/

miércoles, 5 de abril de 2017

“Un gobierno en crisis”, por Roberto Caballero (para "infobaires24" del 26-03-17)





Roberto Caballero

En apenas tres semanas, el corazón de la Capital Federal fue conmovido por cinco marchas multitudinarias opositoras a Mauricio Macri.

El gobierno de Cambiemos fue espectador obligado de un desfile incesante de sindicatos y organismos de DD.HH. que ganaron la calle y la Plaza de Mayo en impresionantes jornadas de protesta desatadas por la impopularidad de sus políticas.

El consecuente derrumbe registrado en todas las encuestas de imagen presidencial, las críticas cada vez más ácidas de sus electores desilusionados (el caso de Mirtha Legrand refleja el humor presente del votante balotaje) y la inexistencia de buenas noticias para dar, completaron el panorama social y políticamente adverso para una administración que atraviesa la peor crisis desde su asunción.

    No hay paisaje más desolador para un gobierno que, como el de Macri, no registra críticas y actuó durante 15 meses como si no tuviera oposición

Los frentes abiertos son demasiados. La CGT finalmente llamó al paro general después de que los dirigentes del triunvirato massista fueran repudiados por sus bases el 7M, los docentes no cedieron un milímetro en su reclamo de apertura de la paritaria nacional pese a las amenazas y los ataques macartistas, y los organismos de derechos humanos dejaron asentado públicamente el 24M que están en la vereda de enfrente al negacionismo que promueven los funcionarios oficiales.

No hay paisaje más desolador para un gobierno que, como el de Macri, no registra críticas y actuó durante 15 meses como si no tuviera oposición, abusando de decretos de necesidad y urgencia, generando mayorías parlamentarias a fuerza de extorsión y billetazos, y desplegando un fenomenal aparato de comunicación y propaganda, justificador de lo injustificable.

La conmoción es tan fuerte en sus primeras y segundas líneas que, entre el mar de oficialistas desorientados, ganó fuerza la idea de un absurdo plan de desestabilización o golpe de Estado atribuido al kirchnerismo en particular y al peronismo en general, cuya existencia tiene bases imaginarias y -corresponde decirlo- motivos rayanos en la desesperación. ¿Hace falta aclarar que el mayor desestabilizador de Macri es el propio Macri?

La lectura paranoica del gobierno agrava su propia encerrona porque abreva en un diagnóstico errado. Como si se creyera lo que inventa. No hay, siquiera, un intento más o menos serio de asumir que para la mayoría de la gente lo que estaba bien pasó a estar mal y lo que estaba mal directamente empeoró en lo que va de gestión macrista. Es tan simple como eso, aunque sea complicado de entender para los que ganaron diciendo que iban a eliminar la grieta y hoy viven detrás de una pared, ignorando lo que verdaderamente pasa.

    ¿Hace falta aclarar que el mayor desestabilizador de Macri es el propio Macri?

¿Dónde está el golpe destituyente en trabajadores que reclaman porque no llegan a fin de mes después de los tarifazos? ¿Dónde, en organismos de derechos humanos que denuncian la existencia de presos políticos en democracia y la complicidad de los actuales funcionarios con un relato exculpatorio que quiere discutir el genocidio desde la aritmética escondedora?

En la marcha del 24M, ante una Plaza de Mayo desbordada, los oradores leyeron un documento que sintetizó buena parte del malestar ciudadano que ganó las calles de marzo. De todas las movilizaciones, la de los organismos excedió el reclamo sectorial. No eran las bases de la CGT exigiendo un paro porque las políticas neoliberales podan salvajemente el poder de compra de sus sueldos, ni las mujeres denunciado la violencia de género y el patriarcado, ni docentes de guardapolvo clamando por la apertura de la negociación salarial a nivel nacional. Fue todo eso junto y más: la denuncia contra un modelo de miseria planificada.

A 40 años del secuestro y la desaparición de Rodolfo Walsh, los organizadores lo homenajearon tomando párrafos de su “Carta Abierta de un escritor a la junta militar” trazando una analogía entre el plan económico que aplicaron Videla & Martínez de Hoz y el que se aplica en la actualidad. “No son errores”, dijo Taty Almeida, de Madres de Plaza de Mayo (LF) desde el micrófono, y la voz de Walsh parecía dictar desde el más allá. ¿Qué decía la Carta, en 1977? : “Lo que ustedes llaman aciertos son errores, los que reconocen como errores son crímenes y lo que omiten son calamidades”.

    Lo que ustedes llaman aciertos son errores, los que reconocen como errores son crímenes y lo que omiten son calamidades

Siempre vale la pena releer esa carta. Porque habla del coraje y la lucidez de un militante, pero también porque deja en claro cuál fue el verdadero objetivo del golpe cívico-militar, quiénes fueron sus beneficiarios y sobre qué espaldas hizo recaer su modelo de restauración oligárquica. Y, sobre todo, porque ayuda a entender por qué desde el gobierno se alienta el negacionismo: es en defensa propia, en realidad.

Escribió Walsh antes de ser secuestrado: “En la política económica de ese gobierno debe buscarse no sólo la explicación de sus crímenes sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada (…) En un año han reducido ustedes el salario real de los trabajadores al 40%, disminuido su participación en el ingreso nacional al 30%, elevado de 6 a 18 horas la jornada de labor que necesita un obrero para pagar la canasta familiar, resucitando así formas de trabajo forzado que no persisten ni en los últimos reductos coloniales (…) Congelando salarios a culatazos mientras los precios suben en las puntas de las bayonetas, aboliendo toda forma de reclamación colectiva, prohibiendo asambleas y comisiones internas, alargando horarios, elevando la desocupación al récord del 9%12 prometiendo aumentarla con 300.000 nuevos despidos, han retrotraído las relaciones de producción a los comienzos de la era industrial, y cuando los trabajadores han querido protestar los han calificados de subversivos, secuestrando cuerpos enteros de delegados que en algunos casos aparecieron muertos, y en otros no aparecieron (…) Los resultados de esa política han sido fulminantes. En este primer año de gobierno el consumo de alimentos ha disminuido el 40%, el de ropa más del 50%, el de medicinas ha desaparecido prácticamente en las capas populares (…)Tampoco en las metas abstractas de la economía, a las que suelen llamar ‘el país’, han sido ustedes más afortunados. Un descenso del producto bruto que orilla el 3%, una deuda exterior que alcanza a 600 dólares por habitante, una inflación anual del 400%, un aumento del circulante que en solo una semana de diciembre llegó al 9%, una baja del 13% en la inversión externa constituyen también marcas mundiales, raro fruto de la fría deliberación y la cruda inepcia (…) Dictada por el Fondo Monetario Internacional según una receta que se aplica indistintamente al Zaire o a Chile, a Uruguay o Indonesia, la política económica de esa Junta sólo reconoce como beneficiarios a la vieja oligarquía ganadera, la nueva oligarquía especuladora y un grupo selecto de monopolios internacionales encabezados por la ITT, la Esso, las automotrices, la U.S. Steel, la Siemens, al que están ligados personalmente el ministro Martínez de Hoz y todos los miembros de su gabinete (…) Un aumento del 722% en los precios de la producción animal en 1976 define la magnitud de la restauración oligárquica emprendida por Martínez de Hoz en consonancia con el credo de la Sociedad Rural expuesto por su presidente Celedonio Pereda: ‘Llena de asombro que ciertos grupos pequeños pero activos sigan insistiendo en que los alimentos deben ser baratos’.”

“No son errores”, dijo Walsh hace 40 años. “No son errores”, dijo Taty Almeida, el viernes 24. Claro que no. Se trata de un plan que busca lo mismo: concentrar la riqueza del país en pocas manos, con distintos métodos pero idénticos beneficiarios. La pregunta es si el “Nunca Más” fue exclusivamente para los crímenes de lesa humanidad; o también para una manera de empobrecer a las mayorías hasta convertirlas en miserables como evolución natural hacia un país cuyo destino manifiesto sería ser desigual.

Es una pregunta. Solo eso. Mientras tanto, el gobierno se debate en una crisis que quizá ayude a encontrarle una respuesta: la imposibilidad cada vez más concreta de aplicar las mismas políticas económicas de la dictadura en una democracia de derechos adquiridos como la actual, parte de “la pesada herencia” que el tan demonizado kirchnerismo legó a la sociedad sin distinción de partidos y banderías.

Publicado en:
http://infobaires24.com.ar/roberto-caballero-gobierno-crisis/

sábado, 25 de marzo de 2017

NO HUBO ERRORES, NO HUBO EXCESOS, por Roberto Caballero (para "Tiempo Argentino" del 18-02-17)




Aunque sea imposible, si Mauricio Macri pudiera volver "a fojas cero" su gobierno, es decir, al momento preciso en que Federico Pinedo, "el efímero", le colocó la banda y le entregó el bastón, tendría mejor gobierno que el que tiene.
Si todo fuera tan sencillo, si con alegar la propia torpeza bastara para remediar las cosas que se hacen mal, Macri hasta podría mostrarse exitoso, con índices socioeconómicos más que aceptables comparados con los que hoy consiguió, después de 14 meses de administración errática y perjudicial para el país.

La realidad es que en el kilómetro 0 de su gobierno, allá por diciembre de 2015, la inflación era del 25% y no del 40%, la industria todavía no había caído a los niveles del 2002, la desocupación era del 6% y no del 10%, el país crecía al 2,5% y el PBI no había caído casi cuatro puntos, el FMI no exigía sacrificar a los jubilados para cerrar el déficit fiscal ahora duplicado, el mercado interno no había entrado en recesión, la fuga de capitales era sensiblemente menor y la espiralización de la deuda externa no existía.
En su conferencia de prensa del jueves, por primera vez desde que asumió como jefe de Estado, Macri se mostró como lo que es: un aprendiz de estadista, que aduce desconocimiento y trabajo en exceso para explicar por qué las cosas le salen mal o no tan bien como pretende.

La criatura de Jaime Duran Barba, el Macri presidente, ese impresionante –y exitoso- invento de sociólogos, psicólogos, expertos motivacionales, coachs a granel, focus groups, encuestología, redes sociales y metadatos analizados en laboratorio de campaña, hizo agua. No produjo el mismo efecto de adhesión por oposición al estilo asertivo del kirchnerismo. La sensación es que el jueves 16, mientras Macri se aferraba al atril y cavilaba respuestas, un sector de la sociedad que acompañaba el experimento, comenzó a cerrarle el oído, lenta pero inexorablemente.

Porque ese día, Macri asumió que con el asunto del Correo, una fiscal y un periodismo que no forma parte de la cadena oficial y amigable con su gestión, lo agarraron in fraganti, hicieron público lo que debía mantenerse oculto y lo mostraron haciendo lo indebido. Se vuelve a "fojas cero" algo que no está bien o que es incorrecto, así de claro. Y eso es lo que reconoció el presidente.

Acá la justicia investiga un delito, y la fiscal Gabriela Boquin habló de una condonación de 70 mil millones de pesos que beneficia a una empresa de la familia del presidente, y no hay forma de zafar de lo que se está reconociendo desde el atril presidencial, aunque el pedido de perdón se presente alegremente como un simple error de cálculo o torpeza en la acción.

Hay incompatibilidad manifiesta, el apellido Macri está a ambos lados del mostrador, los funcionarios que salieron a defenderlo quedaron en off side y Cambiemos perdió, entre sus propios votantes del balotaje, una parte del capital político que lo llevó a la Casa de Gobierno, diga lo que diga Elisa Carrió cuando finalmente se expida sobre el escándalo. La decepción se advierte en la calle, en las radios, en las redes sociales.

Debe ser duro para un equipo proselitista exitoso comprobar que la gestión del día a día tiene desafíos mayores que una contienda electoral con ayuda del sistema de medios más concentrado de la historia nacional que inclina la cancha a favor demonizando al adversario. Gobernar, es cierto, también, es crearse problemas. Y Macri, de a poco, se los va comprando todos juntos, y la receta para enfrentarlos (pesada herencia, inexperiencia, falso apoliticismo), hoy no da resultado porque el tiempo también hace lo suyo. Son 14 meses y ninguna flor.
Decir esto no implica subestimación. El macrismo no es un grupo de improvisados. Son audaces, no temen caminar por la cuerda floja, rompen los manuales, tienen vocación de poder, no están discutiendo todos los días el liderazgo ni midiéndose la genitalidad patrialcalmente, se alinean fácil, rompen límites, el poder real de este país los considera tropa propia y cuando Duran Barba baja al territorio es como si el Dalai Lama hablara: todos toman nota.

Su torpeza, en verdad, deriva de su tozudez ideológica. Son flexibles, adaptables, aprenden rápido de política y algunos hasta tienen sentido misional. Pero les juegan en contra los resultados obtenidos en un cuarto mandato en el marco de una sociedad como la argentina, donde todos creen tener derecho a todo, lo cual es de una lógica democrática incontestable, después de 12 años sucesivos de distribución equitativa del ingreso.

Macri, en el fondo, piensa como Ricardo López Murphy. Es un liberal que se sacó el bigote, simplemente. Y pretende modernizar las herramientas para lograr ese país desigual al que los liberales aspiran utópicamente como motor infame de desarrollo. A diferencia del ministro que casi incendia el país recortando el presupuesto educativo de un plumazo, Macri confía en el mediano plazo, en avanzar y retroceder, en el poder corruptor de las cajas, cree conocer las lógicas de todas las corpos: asume, en definitiva, que la intermediación política y el populismo, a derrotar, existen. Porque solo se derrota aquello que existe.

Por eso el país no se incendió en diciembre. Por eso se fastidian y hasta se deprimen los opositores que suponían que un helicóptero lo sacaría de los techos de la Casa Rosada a fines del 2016. A Macri no le importa súper endeudar al país para pagar déficit y gastos corrientes. Tiene una tarjeta de crédito Gold para aguantar: en 2001, la deuda era un PBI y medio. Hoy, con todos los desaguisados del oficialismo, anda por la mitad del PBI. Tiene casi un PBI completo para usar hasta que todo estalle. Esa es la "pesada herencia" kirchnerista. Y eso es tiempo, y plata. Mucha plata. Solo complicado por el efecto Trump sobre las tasas en el mercado de crédito y el ritmo endemoniado de endeudamiento. Si Macri pensaba en ocho años de mandato, las señales son cada vez más nítidas de que apenas le quedan dos años. El último, se sabe, es el del despoder, donde 50 funcionarios de su gobierno, y él mismo, deberán empezar a responder preguntas incómodas de fiscales expertos en crimen.

Igual, es tiempo suficiente para bajar salarios, limando convenios laborales, alivianando los costos patronales, obstruyendo las paritarias, alineando a la Argentina bajo los designios del FMI y dolarizando las tarifas de los servicios públicos, que en definitiva es el interés estratégico del bloque de poder que encabeza. Esa es su verdadera misión, hasta que pase al ostracismo como pasaron Menem, Cavallo, De la Rúa, Duhalde y, ya que está, López Murphy.

Cuenta a su favor con una dirigencia empresaria, política y sindical que hizo del corto plazo y de sus taras (antikirchnerismo, macartismo, antipopulismo, sectarismo, abandono del sentido de comunidad) una visión de país estrecha que adopta modelos que perjudican al conjunto, sin que ninguno de sus dirigentes resignen mucho. Al fin y al cabo, la que siempre paga los platos rotos de sus tropelías y sus mezquindades es la gente.

No hubo errores, no hubo excesos. O, mejor dicho, los errores y los excesos son partes inescindibles del modelo que se aplica desde diciembre de 2015. Uno no que no le sirve al país. Sólo basta con revisar los números, que mienten menos que Duran Barba. El jueves comenzó la declinación del proyecto Macri. Así dicho, parece una enormidad. Hablemos en octubre.

Publicado en:
http://www.tiempoar.com.ar/articulo/view/64760/no-hubo-errores-no-hubo-excesos-por-roberto-caballero

domingo, 19 de marzo de 2017

EL FANTASMA, por Roberto Caballero (por "Tiempo Argentino" del 18-03-17)


Definitivamente, el sistema político nacional se volvió CFK-dependiente. Para mal y para bien, lo que pasa o lo que no tiene que pasar orbita alrededor de la figura de la dos veces presidenta de los argentinos.

Mauricio Macri la menciona –o se la hace mencionar a Marcos Peña o a Alfredo Leuco o a Marcelo Bonelli, todos comentaristas del palo– para explicar por qué las cosas les salen tan pero tan mal a Cambiemos, después de 15 meses de tormentosa gestión.

El peronismo no K la odia y la corteja, la mata y la resucita varias veces al día, porque la necesita y no sabe cómo decirle amorosamente que detesta necesitar a una mujer que está viva y a la que no pueden adjetivar como santa momificada.

Ahora se sabe, también, que los inversores que deberían estar danzando para que se le caigan los dólares justifican la tacaña sequía de todo este tiempo en la libertad ambulatoria de la que goza CFK. La quieren ver presa –dicen, aunque luego el lobbista Felipe González lo desmienta– para garantizarse de que cada dólar que inviertan en algún futuro remoto, será un dólar que se pueden llevar cuando lo requieran y no corre riesgo de quedarse atrapado en las bóvedas sureñas del régimen populista y sus voraces beneficiarios. Parece chiste, no lo es. Son los únicos que, de verdad, saben por qué no quieren a CFK.

Todo pasa por ella. Como si gobernara todavía. O ella o su fantasma. Los analistas del establishment, incluso, le adjudican extraordinarios poderes desestabilizadores un día (alguno que otro dijo "destituyente" para sentir que escribe como Horacio González, se supone), pero al día siguiente la tratan como si fuera un fósil político alejada del escenario de poder.

Para cualquier persona sensata, lo absurdo del planteo releva de otorgarle seriedad: o maneja todo o no maneja nada. Sin embargo, hay reuniones políticas y de accionistas de empresas de primera línea que se mecen entre estos comentarios esquizoides. Uno es lo que elige creer, al fin de cuentas.

Desestabilizar, no. Pero que los perturba, seguro. Desde que durante las jornadas del 678 de marzo, los agredidos por el modelo económico macrista ganaran la calle, el gobierno vive con el ceño fruncido. Casi un millón de personas, en distintos días, salieron a repudiar las políticas oficiales, y hasta el triunvirato de la CGT, con desgano pero de manera inevitable, se vio obligado a llamar a un paro general para el 6 de abril para contener a sus bases.

También los movimientos sociales salieron a reclamar la implementación de la Ley de Emergencia Social que habían acordado allá por diciembre con el gobierno. Lo curioso es que tanto los triunviros de la CGT como los triunviros del San Cayetano (Movimiento Evita, CCC y Barrios de Pie), no responden a CFK. Es pública la distancia que tomaron –algunos antes, otros después– de la expresidenta y sus estrategias.

La operación que habla sobre "un golpe de Estado" orquestado por CFK en las sombras no tiene ninguna apoyatura en la realidad. Más bien intenta ponerla a ella y al kirchnerismo como identidad política en una zona de escándalo que suene fuerte como para ocultar la parálisis de la gestión macrista y la ausencia de resultados en un año electoral.

No hay brotes verdes, inflación sigue habiendo pese a la recesión, la corrupción M vino a comprobar que los ricos, no por ser ricos, dejan de tentarse con llevarse cosas a su casa, en suma, el gobierno no tiene buenas noticias para dar en ningún rubro. Ni siquiera lo que presentaron como una baja en el desempleo: se trata de gente que ya no busca trabajo. Aumentó la desolación. El desencanto es palpable, así como el derrumbe de la imagen presidencial.

El gobierno está mal. Las segundas líneas están desorientadas y las primeras, casi todas peleadas entre sí. Mezcla de convicción ideológica e incompetencia operativa, los resultados prometidos no llegan, ni siquiera en envase pequeño. Sacaron el Ahora 12 y el Ahora 18 y cayeron las ventas con tarjeta un 30 por ciento. Insisten: les exigen a los bancos que bajen los intereses por financiación para que bajen los precios. ¿Cuál puede ser el resultado? Que los precios no bajen, y que la gente se quede sin ofertas en el súper y sin compra financiada con tarjeta.

También el kirchnerismo orgánico y silvestre mira a CFK como si fuera La Meca. Si es o no candidata es el tema central que ocupa el debate de las sobremesas. Que "con ella es una cosa" y "sin ella es otra" –opinan-, mientras "La Jefa" lidia con la persecución judicial y mediática que se desató sobre toda su familia, y que muchos de ellos, desde la poltrona del panelismo intra-hogareño, sufren como angustiados espectadores.

Es tal la centralidad adquirida por CFK que hay jueces y fiscales que no sabrían qué hacer si no pudieran incluirla como personaje central en sus fabulaciones. Esta semana, la Justicia M rechazó el pedido de la expresidenta para que se audite la obra pública completa durante su gobierno. Hubiera sido un acto de inédita transparencia, pero es evidente que de ejecutarse podría haber beneficiado indirectamente a CFK y envuelto en escándalo a los actuales ocupantes de la Casa Rosada. Por lo tanto, se lo rechazó y listo.

Qué decir de los periodistas: lo único que tienen habilitado es criticarla a "Ella" en programas como Intratables o Animales Sueltos, porque no pueden o porque no los dejan hacer lo mismo con el presidente Macri a riesgo de no facturar la pauta publicitaria oficial para sus portales y microemprendimientos. No hay caso: a la cantidad de despidos, suspensiones y salarios adeudados que padece el gremio de Prensa habría que sumarle la deriva canalla en la que algunos periodistas se desenvuelven. El caso de Olavarría y el recital del Indio Solari es un ejemplo claro: desde el cable oficial de la agencia Télam que habla de muertos inexistentes hasta la columna de Jorge Lanata de ayer donde trata a Estela de Carlotto como "abuelita rocker", todo se ha convertido en un espantoso chiquero.

¿Por culpa de CFK, también? Nada que ver. Sería un buen comienzo que cada uno admita su parte en todo esto.
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domingo, 19 de febrero de 2017

NO HUBO ERRORES, NO HUBO EXCESOS, por Roberto Caballero (para "Tiempo Argentino" del 18-02-17)

Arriba: Como en el personaje de Capusotto, para algunos gobernar es disculparse eternamente de lo que se hizo mal o de lo prometido que jamás se intentó hacer. Perdón, perdón, perdón...

Columna de opinion


Aunque sea imposible, si Mauricio Macri pudiera volver "a fojas cero" su gobierno, es decir, al momento preciso en que Federico Pinedo, "el efímero", le colocó la banda y le entregó el bastón, tendría mejor gobierno que el que tiene.
Si todo fuera tan sencillo, si con alegar la propia torpeza bastara para remediar las cosas que se hacen mal, Macri hasta podría mostrarse exitoso, con índices socioeconómicos más que aceptables comparados con los que hoy consiguió, después de 14 meses de administración errática y perjudicial para el país.
La realidad es que en el kilómetro 0 de su gobierno, allá por diciembre de 2015, la inflación era del 25% y no del 40%, la industria todavía no había caído a los niveles del 2002, la desocupación era del 6% y no del 10%, el país crecía al 2,5% y el PBI no había caído casi cuatro puntos, el FMI no exigía sacrificar a los jubilados para cerrar el déficit fiscal ahora duplicado, el mercado interno no había entrado en recesión, la fuga de capitales era sensiblemente menor y la espiralización de la deuda externa no existía.

En su conferencia de prensa del jueves, por primera vez desde que asumió como jefe de Estado, Macri se mostró como lo que es: un aprendiz de estadista, que aduce desconocimiento y trabajo en exceso para explicar por qué las cosas le salen mal o no tan bien como pretende.
La criatura de Jaime Duran Barba, el Macri presidente, ese impresionante –y exitoso- invento de sociólogos, psicólogos, expertos motivacionales, coachs a granel, focus groups, encuestología, redes sociales y metadatos analizados en laboratorio de campaña, hizo agua. No produjo el mismo efecto de adhesión por oposición al estilo asertivo del kirchnerismo. La sensación es que el jueves 16, mientras Macri se aferraba al atril y cavilaba respuestas, un sector de la sociedad que acompañaba el experimento, comenzó a cerrarle el oído, lenta pero inexorablemente.

Porque ese día, Macri asumió que con el asunto del Correo, una fiscal y un periodismo que no forma parte de la cadena oficial y amigable con su gestión, lo agarraron in fraganti, hicieron público lo que debía mantenerse oculto y lo mostraron haciendo lo indebido. Se vuelve a "fojas cero" algo que no está bien o que es incorrecto, así de claro. Y eso es lo que reconoció el presidente.

Acá la justicia investiga un delito, y la fiscal Gabriela Boquin habló de una condonación de 70 mil millones de pesos que beneficia a una empresa de la familia del presidente, y no hay forma de zafar de lo que se está reconociendo desde el atril presidencial, aunque el pedido de perdón se presente alegremente como un simple error de cálculo o torpeza en la acción.

Hay incompatibilidad manifiesta, el apellido Macri está a ambos lados del mostrador, los funcionarios que salieron a defenderlo quedaron en off side y Cambiemos perdió, entre sus propios votantes del balotaje, una parte del capital político que lo llevó a la Casa de Gobierno, diga lo que diga Elisa Carrió cuando finalmente se expida sobre el escándalo. La decepción se advierte en la calle, en las radios, en las redes sociales.

Debe ser duro para un equipo proselitista exitoso comprobar que la gestión del día a día tiene desafíos mayores que una contienda electoral con ayuda del sistema de medios más concentrado de la historia nacional que inclina la cancha a favor demonizando al adversario. Gobernar, es cierto, también, es crearse problemas. Y Macri, de a poco, se los va comprando todos juntos, y la receta para enfrentarlos (pesada herencia, inexperiencia, falso apoliticismo), hoy no da resultado porque el tiempo también hace lo suyo. Son 14 meses y ninguna flor.

Decir esto no implica subestimación. El macrismo no es un grupo de improvisados. Son audaces, no temen caminar por la cuerda floja, rompen los manuales, tienen vocación de poder, no están discutiendo todos los días el liderazgo ni midiéndose la genitalidad patrialcalmente, se alinean fácil, rompen límites, el poder real de este país los considera tropa propia y cuando Duran Barba baja al territorio es como si el Dalai Lama hablara: todos toman nota.

Su torpeza, en verdad, deriva de su tozudez ideológica. Son flexibles, adaptables, aprenden rápido de política y algunos hasta tienen sentido misional. Pero les juegan en contra los resultados obtenidos en un cuarto mandato en el marco de una sociedad como la argentina, donde todos creen tener derecho a todo, lo cual es de una lógica democrática incontestable, después de 12 años sucesivos de distribución equitativa del ingreso.

Macri, en el fondo, piensa como Ricardo López Murphy. Es un liberal que se sacó el bigote, simplemente. Y pretende modernizar las herramientas para lograr ese país desigual al que los liberales aspiran utópicamente como motor infame de desarrollo. A diferencia del ministro que casi incendia el país recortando el presupuesto educativo de un plumazo, Macri confía en el mediano plazo, en avanzar y retroceder, en el poder corruptor de las cajas, cree conocer las lógicas de todas las corpos: asume, en definitiva, que la intermediación política y el populismo, a derrotar, existen. Porque solo se derrota aquello que existe.

Por eso el país no se incendió en diciembre. Por eso se fastidian y hasta se deprimen los opositores que suponían que un helicóptero lo sacaría de los techos de la Casa Rosada a fines del 2016. A Macri no le importa súper endeudar al país para pagar déficit y gastos corrientes. Tiene una tarjeta de crédito Gold para aguantar: en 2001, la deuda era un PBI y medio. Hoy, con todos los desaguisados del oficialismo, anda por la mitad del PBI. Tiene casi un PBI completo para usar hasta que todo estalle. Esa es la "pesada herencia" kirchnerista. Y eso es tiempo, y plata. Mucha plata. Solo complicado por el efecto Trump sobre las tasas en el mercado de crédito y el ritmo endemoniado de endeudamiento. Si Macri pensaba en ocho años de mandato, las señales son cada vez más nítidas de que apenas le quedan dos años. El último, se sabe, es el del despoder, donde 50 funcionarios de su gobierno, y él mismo, deberán empezar a responder preguntas incómodas de fiscales expertos en crimen.

Igual, es tiempo suficiente para bajar salarios, limando convenios laborales, alivianando los costos patronales, obstruyendo las paritarias, alineando a la Argentina bajo los designios del FMI y dolarizando las tarifas de los servicios públicos, que en definitiva es el interés estratégico del bloque de poder que encabeza. Esa es su verdadera misión, hasta que pase al ostracismo como pasaron Menem, Cavallo, De la Rúa, Duhalde y, ya que está, López Murphy.

Cuenta a su favor con una dirigencia empresaria, política y sindical que hizo del corto plazo y de sus taras (antikirchnerismo, macartismo, antipopulismo, sectarismo, abandono del sentido de comunidad) una visión de país estrecha que adopta modelos que perjudican al conjunto, sin que ninguno de sus dirigentes resignen mucho. Al fin y al cabo, la que siempre paga los platos rotos de sus tropelías y sus mezquindades es la gente.

No hubo errores, no hubo excesos. O, mejor dicho, los errores y los excesos son partes inescindibles del modelo que se aplica desde diciembre de 2015. Uno que no le sirve al país. Sólo basta con revisar los números, que mienten menos que Duran Barba. El jueves comenzó la declinación del proyecto Macri. Así dicho, parece una enormidad. Hablemos en octubre.

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lunes, 12 de diciembre de 2016

MACRI, EL AÑO PERDIDO, por Roberto Caballero (para "Tiempo Argentino" del 10-12-16)



Adelanto del libro de Roberto Caballero
por Roberto Caballero, periodista
Sábado 10 de Diciembre de 2016


El que pasó fue un año perdido para la mayoría de los argentinos, sin importar cómo hayan votado en las últimas elecciones presidenciales. La economía del país entró en recesión, la inflación trepó al doble de la de 2015, la deuda externa se duplicó también, la producción industrial cayó a niveles de 2002, la desocupación aumentó a dos dígitos, el poder adquisitivo de los salarios se derrumbó junto con el mercado interno, los índices de pobreza se dispararon de manera estremecedora, del cepo al dólar se pasó al intento de cepo al gas, la luz y el agua con cuadros tarifarios exorbitantes; y el renovado consenso neoliberal que recaló entre buena parte de la dirigencia política, sindical y empresaria generó un riesgoso vacío de representación como no se veía desde fines de los ’90, convalidando miserablemente la desaparición de voces y perspectivas críticas, cuando no la censura abierta, las listas negras o la estigmatización de figuras, periodistas y comunicadores que no resultan del agrado del oficialismo gobernante.

Este libro es el registro, día a día, semana a semana, de las turbulencias que atravesamos. Así como lo vi, así como lo viví, así también lo conté en las noches de Radio del Plata a través de mis editoriales. Ninguna fue escrita de antemano, todas fueron improvisadas al calor de lo que iba ocurriendo y esta es la primera vez que llegan al papel. Son un registro periodístico indomesticado del tiempo que nos tocó vivir, tanto en el plano local como regional, jamás imaginado por sus niveles de furiosa regresión y violencia material y simbólica. Reunidas funcionan como un auténtico contrarrelato al avasallante monólogo oficial dominante.

Blindado por una comunicación concentrada que unifica agendas y reproduce sentidos comunes la mayoría de las veces socialmente autodestructivos, el gobierno de Mauricio Macri quiso instalar la idea de una inexistente “pesada herencia” desmentida por la ONU, la Cepal y hasta el nuevo Indec para explicar por qué se cambió del modelo anterior lo que estaba bien y lo que estaba mal directamente se empeoró, admitiendo finalmente “con alegría” que al menos tres de los cuatro trimestres de 2016 tuvieron resultados socioeconómicos negativos, aunque solo como preámbulo doloroso y necesario hacia un esplendoroso más allá, que solo se ve desde los despachos oficiales.

Es de manual, y lo repetimos cada vez que pudimos desde nuestro programa, casi en soledad en medio de un paisaje periodístico colonizado por el paradigma restaurador: la derecha exige siempre innumerables sacrificios en el presente para poder acceder a las bondades de un futuro idílico que jamás llega. Ni va a llegar. Porque siempre se puede ajustar un poco más, siempre se puede achicar el país un poco más, como recomienda en sus recetas ortodoxas el FMI, que también volvió a auditar las cuentas nacionales después de una década.

También opinamos que si gobernar es crear trabajo, asistimos entonces a un desgobierno de gerentes que atribuye al dios mercado liberado de regulaciones capacidades milagrosas que no tiene y nunca va a tener mientras no exista un Estado fuerte que se lo exija en procura de un reparto democrático de la riqueza producida en el país, objetivo que la administración de Cambiemos no tiene entre sus prioridades porque trabaja denodadamente para que ocurra lo inverso: transferir recursos de los sectores más vulnerables hacia los más favorecidos de la pirámide social que algún día impreciso, sin obligación, a lo sumo por ley de gravedad, derramarán algo de sus excesos hacia abajo, teoría rebatida por la ciencia económica y por la realidad de la vida.

Señalamos que la libertad con la que se llenan la boca los actuales funcionarios no es otra cosa que la legitimación impúdica del autoritarismo del dinero: el que lo tenga en abundancia será libre de consumir a su antojo, el que no lo tiene pasará a ser un esclavo de necesidades insatisfechas que nadie le resolverá, porque el Estado antipopulista no está para atender esas cuestiones. Así son las sociedades duales, con incluidos y excluidos, que los CEO en el poder actual suponen naturalmente incuestionables, como los vendavales meteorológicos o las cuatro estaciones del año.

Advertimos con pavura que con el macrismo retornó el darwinismo cultural que, en verdad, es el triunfo de la teoría del descarte, donde los más aptos vivirán a costa de un régimen que consolida sus privilegios de manera descarada, mientras los menos aptos sobrevivirán –si es que pueden– a la deriva resignando sus derechos culposamente porque no estaba escrito en ningún lado que los más –como los convencieron en la década anterior– pudieran acceder a bienes y servicios –salario digno, educación universitaria, el primer auto 0 km, las vacaciones– solo habilitados para los menos.

Pero sabemos que la línea que divide a unos de otros la traza el propio Estado, que nunca es neutral, porque siempre interviene para beneficiar a unos y perjudicar a los otros. En su versión macrista no es “el escudo de los pobres”, como pedía José Batlle y Ordóñez, sino una espada apoyada en la espalda de los más desfavorecidos frente al precipicio de la exclusión. Su propósito estratégico, desocupación mediante, es bajar el costo del trabajo argentino, asegurándose de que los trabajadores acepten por miedo a quedar sin empleo salarios de Ruanda con precios de Alemania.

Y también explicamos que no hubo lluvia de dólares, ni de inversiones fulgurantes porque la crisis mundial –que el gobierno no parece registrar–, vuelve cada vez más conservadores a los dueños del capital global, sin importarle demasiado los gestos amigables que el gobierno pueda emitir. ¿Quién va a invertir donde no hay demanda? Y si el blanqueo no fue del todo exitoso hasta el momento, entre otras cosas, es porque el argentino fugador de divisas (cuya suma alcanza casi un PBI completo) es todavía más conservador y menos crédulo que el evasor promedio internacional. Haber duplicado la deuda externa –porque en el nuevo paradigma está mal emitir billetes pero no endeudarse alegremente para financiar gastos corrientes o pagarle a los fondos buitre– no es un mérito: es una pesada herencia que se les deja a las generaciones futuras que ya nacen hipotecadas.

No dejamos de denunciar que el revanchismo, el odio oligárquico, la satanización y la persecución judicial del kirchnerismo debilita las bases del país democrático hasta volverlo inviable. Convencidos de que la violencia de los ’70 nació en el ’55 con los centenares de muertos en la Plaza de Mayo, el decreto 4161 y la proscripción del peronismo. Siguió con el intento de crear, por casi dos décadas, una falsa institucionalidad republicana que lo desterrara al infinito del debate político. Se agravó con la expulsión de los científicos progresistas durante el onganiato que violó la autonomía universitaria y con la represión a la juventud sin representación política canalizada. Llegando al punto más alto de este plan demencial con la ejecución del Terrorismo de Estado, los campos de exterminio y los 30 mil desaparecidos. Cada golpe, cada acto de vandalismo institucional dejó secuelas, y señalamos que los civiles de la última dictadura hoy vuelven a pavonearse con amparo oficial, con las mismas ansias de impunidad y las mismas taras negacionistas y defendiendo las mismas políticas que antecedieron a la peor tragedia argentina del siglo XX.

Por eso, decíamos, el que pasó fue un año perdido. No hubo “revolución de la alegría” sino la reproducción generalizada del espanto y la tristeza, de la inestabilidad y la desazón colectivas. Las protestas obreras contra el desempleo en alza y de los movimientos sociales contra la exclusión, la masividad de las luchas contra el tarifazo en los servicios públicos hablan de una resistencia en ascenso frente a un gobierno que asumió prometiendo un cambio y terminó haciendo lo que el neoliberalismo siempre se propuso: un país más chico, agroexportador, reprimarizado, desindustrializado, donde sobra la mitad de la población. Pero también de las reservas de una sociedad que alcanzó niveles democráticos de igualdad e inclusión en la última década que no piensa resignar con mansedumbre, porque sabe que de hacerlo estaría caminando hacia su propia desintegración. «

Prólogo del libro Macri, el año perdido, de Roberto Caballero, editado por Planeta. Va a ser presentado el 16/12, a las 19 horas, en librería “Punto de Encuentro”, Ituzaingo 112, de San Isidro, junto a Gustavo Cirelli. Y el 21/12, también a las 19 horas, en el Teatro La Máscara, Piedras 736, de San Telmo, junto a Daniel Rosso y Magallanes, con una gran sorpresa.

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lunes, 28 de noviembre de 2016

EL DISCRETO ENCANTO DE LA BURGUESÍA, por Roberto Caballero (para "Tiempo Argentino" del 26-11-16)



Roberto Caballero
Sábado 26 de Noviembre de 2016



El macrismo comenzó a tomar conciencia de sus limitaciones de gobierno, y hoy está sumido en un estado de inoperante perplejidad. El balance de gestión, a un año de haber triunfado en el balotaje, es malo y empeorando. Aún para los que quisieran ver algo bueno donde no lo hay, como resultado de una administración que no acierta en casi nada. Se vive, por estas horas, un discreto desencanto con el gobierno entre accionistas de grandes empresas, ceos y hasta en el mismísimo gabinete nacional. La nota de tapa del viernes 25 del diario La Nación, bajo el título "Los brotes verdes de agosto se secaron en setiembre", expresa esa sensación de deriva, casi poéticamente.

El comienzo parece un texto de Walt Whitman: "Los brotes verdes que se habían evidenciado en agosto, y que habían ilusionado al gobierno, se esfumaron en setiembre. El Indec informó ayer que la actividad económica cayó en el noveno mes del año 0,8%, respecto del mes anterior y 3,7% frente a igual mes de 2015". En la nota interior, titulada "Se evapora la ilusión de un repunte de la actividad económica", la periodista Florencia Donovan, suma adjetivos a la decepción: "Los gélidos datos de setiembre que anticipaban las consultoras quemaron cualquier ilusión de recuperación de la actividad en el tercer trimestre del año (…) La economía termina por anotar su quinto trimestre de recesión. La recuperación tan anunciada por el gobierno no sólo no llegó, sino que hay quienes se cuestionan ahora si llegará antes de fin de año (…) Ayer además se conoció que índice de Confianza del Consumidor cayó en noviembre un 27,5 respecto del mismo mes del año pasado".

En la misma página, a una columna, puede leerse: "Cayó la facturación de restaurantes, súper y jugueterías: la recesión pega en todos los rubros de la ciudad de Buenos Aires". Es La Nación. No es un diario K. Ni el zócalo de C5N. Es el mal humor, el dolor hecho nota en una de las brújulas ideológicas del bloque de poder concentrado que llevó a Mauricio Macri a la presidencia. Como si comenzara a despedirse, ya no del periodismo oficialista, sino del estado de exaltación refundacionista que lo atravesó todo este tiempo. Un golpe duro, se ve. El gobierno está fracasando en el único rubro donde, se suponía, sabía algo: el mundo de la economía y las finanzas.

Los objetivos estratégicos no cambian: baja del costo salarial y aumento de la productividad vía flexibilización. Pero pareciera darse cuenta ahora La Nación, y su selecta audiencia de empresarios, inversores y cuadros destacados del Partido Judicial, que hay zonas donde el macrismo hace agua y no logra los resultados pronosticados. Las batallas contra "el populismo" no generaron nada mejor que "el populismo", y la sociedad comienza a saberlo. El mundo, claro, tampoco ayuda: la globalización financiera, que Macri y sus asesores creían indetenible, entró en un cono de incertidumbre definitivo. Estados Unidos se volvió proteccionista y el libre mercado hoy es defendido por la China comunista. Para mentes esquemáticas, incapaces de asumir que la incertidumbre es lo único permanente desde el crack del 2008 a escala planetaria, el efecto es demoledor, como lo fue para los comunistas la caída del muro en 1989. La desorientación cunde. Y la desorientación, con falta de ideas y grandeza, pasa a ser un problema doblemente grave.

Nada le reconocerán al kircherismo pasado, para las elites locales era puro relato y megalomanía, se sabe, pero nadie explicó mejor hacia dónde estaba girando el mundo que Cristina Kirchner. Una y mil veces, ante auditorios colmados de dirigencias empresarias y sindicales extirpadas de vocación por el bien común, la ex presidenta expuso cuáles eran los desafíos de un mundo cada vez más cerrado y multipolar, y los riesgos de la financiarización de la economía a escala global. La pelea con los buitres no era un capricho, ni siquiera una actitud de obcecación soberana, era cerrar la puerta al nuevo endeudamiento y fortalecer la economía ante una realidad volátil. ¿Alguien puede jurar que Thomas Griesa será el mismo con Donald Trump en la presidencia? La defensa del mercado interno tampoco fue una obsesión irracional: era cuidar la reserva última de actividad y consumo de los trabajadores y de las empresas.

Cristina lo pudo hacer. Rodeada de las mismas dirigencias que hoy rodean a Macri y comienzan a mirarlo como un audaz que increíblemente llegó a la presidencia con un plan inaplicable. Deberán hacerse cargo. Ellos ayudaron a demonizar al kirchnerismo y a inventar un jefe de Estado hoy envuelto en un ideologismo paralizante, carente de perspectivas útiles, casi una mala copia de sus imitadores. El lobby devaluador que encabeza el massista Roberto Lavagna es parte del malestar. O, mejor dicho, del discreto desencanto de los que le votaron todas las leyes al oficialismo, dando por válidos todos sus presupuestos (que iban a llover inversiones, que en el segundo semestre no habría inflación, que los brotes verdes comenzaban a verse) y ahora toman distancia porque advierten que se trató de un espejismo: devaluar no es otra cosa que solucionar el descalabro económico y financiero generado en once meses con una bomba neutrónica que mate de una vez todo lo que se mueve. Pero cualquiera sabe que la humanidad no es el fuerte de los economistas neoliberales, sea en su variante más recalcitrante (Espert) o en la falsamente keynessiana (Prat Gay, Lavagna). Cuando hablan de devaluar en realidad están queriendo decir que al ritmo de endeudamiento que tomó este gobierno va a hacer falta un shock que licúe el déficit (triplicado) y la deuda. Como en el 2002. Porque lo que están viendo es que se hace lo mismo que antes del 2001. ¿Y si se hace lo mismo, qué es lo que puede pasar? Algo idéntico. Más temprano o más tarde.

Asistimos a un desgobierno en lo económico, con varios ministros de Economía a la vez, con un gabinete que no arranca en ninguna de sus áreas, que administra mal lo que estaba bien y empeora lo que estaba mal, sin política y zamarreado corporativamente por los cuatro costados. El sindicalismo ayuda más que ningún otro factor de poder por estas horas. Parece mentira: los que pataleaban por el Impuesto a las Ganancias son ahora los dadores de gobernabilidad de Macri, casi su columna vertebral. Días pasados, un gordo de la CGT lo expuso sin rodeos: "Estos tipos son un desastre. Tienen internas que entorpecen la gestión, vayas al ministerio que vayas. Nosotros se lo dijimos a Triaca y él le echa la culpa a Sturzzenegger. Hablás con Sturzzenegger y le echa la culpa a Prat-Gay. Un desastre. Mirá que le pusimos garra, nosotros. Pero en marzo o abril vas a tener el primer paro general. Es inevitable. Un año le dimos."

Con más de 30 años al frente de su gremio, la fuente trató de explicar por qué sostuvieron el modelo y a Macri: "Nos ayuda en la interna del peronismo, que es un kilombo. Esa es la verdad. La Señora (CFK) no nos atendía, no nos daba nada, ahora al menos nos atienden. Con Macri destrabamos el tema de las Obras Sociales, volvimos a la mesa donde nos escuchan. Nosotros tenemos dos enemigos: la ultraizquierda y el kirchnerismo residual. La alianza con Macri es natural." Lo dice un aplaudidor hasta no hace mucho de la ex presidenta en Casa de Gobierno. Pero saben que la alianza no es eterna, con nadie lo es: "El futuro del peronismo es Massa. Y a Vidal la vamos a traer para este lado, ya tiene peronistas en su gabinete. Esa es más viva que Macri". ¿Vidal con los gordos de la CGT, con el "peronismo feudal" que trabó la reforma política que ella misma había pedido? Nada es imposible en la cabeza del interlocutor.

Cuando habla de la protesta social, le cambia el rostro: "La gente está mal. Esto no da para más. Son unos improvisados, buena gente, eh… Pero no entienden nada. ¿Por qué te creés que armamos con los movimientos sociales? Para contener el asunto. Esto se desmadraba. Toda esa gente podía terminar siendo base de maniobra de la ultra o el kirchnerismo. Ahora conduce la CGT. Los dejaron entrar a la Casa de Gobierno. Aprenden rápido. Se llevaron algo. La paz social nunca es gratis.

El macrismo nunca debe haber imaginado que dependería de la CGT en estos términos y que La Nación, desde su tapa, lo hiciera cargo de su propia desilusión. Argentina pendula entre emociones contradictorias. Del sí se puede al desencanto porque no se puede hacer todo lo que se quiere. La única persona que desafió esta realidad, vaya paradoja, el martes tiene que tocar el pianito bajo amenaza de ser detenida por la policía. Una victoria de la mala política prontuarial. Una derrota para los que se convencen cada día de que este país tiene otro futuro posible.

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http://tiempoar.com.ar/articulo/view/62592/el-discreto-encanto-de-la-burguesa-a

lunes, 10 de octubre de 2016

LA MENTIRA NO GENERA EMPLEO, por Roberto Caballero (para "Tiempo Argentino" del 09-10-16)

La escena del colectivo fue montada para que pareciera casual. La del helicóptero ploteado, lo mismo. La supuesta agresión con piedras en Mar del Plata fue otro papelón oficial. Hasta el beso con la primera dama en el recinto de la ONU estuvo guionado para alcanzar “románticamente” la tapa de Clarín. Hay que decirlo sin vueltas: Mauricio Macri y “el mejor equipo de los últimos 50 años” tienen menos verdad que una partida de truco entre taimados.

No es de ahora. Siempre fueron así. Porque la falacia es una cuestión medular en la construcción de su relato. Basta revisar, a casi un año de ocurrido, aquel debate previo al balotaje donde Macri prometía que no iba a devaluar o que no iba a ajustar, es decir, donde negaba de modo rotundo lo que finalmente terminó haciendo cuando llegó a la presidencia: devaluar y ajustar.

    "Argentina ha decidido abrirse a un mundo cada vez más proteccionista."

El problema con la mentira en la propaganda política es que es un insumo finito. Tarde o temprano la realidad termina imponiéndose con sus verdades porque la falsedad –a lo sumo– encubre o disimula, pero no logra evitar que los hechos sucedan, con sus consecuencias.

El macrismo chapotea cotidianamente en sus intentos por fabricar una ficción autoindulgente, armada sobre la base de encuestas e intervenciones alegres en redes sociales. Su objetivo es maquillar una popularidad presidencial inexistente, una sensibilidad de la que sus políticas carecen y una gestión que va de la improvisación a la obcecación, repartiendo incertidumbre a diestra y siniestra.

Porque lo que parecía divertido (el malogrado perro Balcarce sentado en la poltrona del mandatario, comer torta fritas al costado de la ruta con una pareja cualquiera, comprarse zapatillas en un negocio del Conurbano previamente cerrado) hoy es el balbuceo desquiciado de un team comunicacional preocupado en revestir o enmendar una agenda de gobierno anegado por sus propias inconsistencias, paralizado por lo que quiere ejecutar según su ideología neoliberal y la inminencia del año electoral que le exige medidas inversas a su modelo ideal.

El problema es la grieta, entonces. No la que inventaron sus intelectuales rentados para arrojar al kirchnerismo, “alocado y controversial”, al territorio de lo socialmente repudiable. No, la grieta cada vez más ancha entre la narrativa oficial edulcorada y el humor social auténtico, derivado de índices negativos en casi todos los rubros de la economía.

En su último informe, el de septiembre, sobre la situación de la economía y las finanzas nacionales, la consultora Radar –que dirige Paula Español, ex subsecretaria de Comercio Exterior en la gestión Kicillof– describe un panorama difícil de empeorar para el mundo de la producción y el trabajo, aunque nunca hay que decir nunca.

Precisamente, en lo relativo al Comercio Exterior, el trabajo de Radar reseña que “Argentina ha decidido abrirse a un mundo que está cada vez más competitivo y proteccionista (…) En efecto, las importaciones han crecido más que las exportaciones –medidas en cantidades– a pesar de la caída de la actividad económica. Las importaciones fueron empujadas por la entrada de bienes de consumo (+20,3%) y automóviles (+37,2%) (…) El aumento de las exportaciones, por su parte, está explicado por los productos primarios y las manufacturas de origen agropecuario. Por el contrario, la venta al exterior de manufacturas industriales cayeron 8,9% en cantidades”.

En el ítem “Economías Regionales” se advierte que “la quita de retenciones y la devaluación del tipo de cambio no fueron suficientes para impulsarlas (…) Se observan caídas en las exportaciones de manzanas (-16%), peras (-9%), algodón (-11%), vinos (-9%) y yerba (-45%)”. Hasta las exportaciones mineras cayeron un 2%: “El oro, principal fuente de divisas del sector (83% del total) acumula una contracción del 22%” en los primeros ocho meses del año.

En “Alimentos y Bebidas”, “se observan caídas de la producción en diversos productos del rubro (carne, leche, productos de confitería, frutihortícolas, panificados) del orden del 10% como consecuencia de la caída del consumo (…) Las importaciones de carne crecieron 66%, panificados 50%, frutihortícolas 9% y golosinas 8 por ciento”.

En “Línea Blanca”, “se destaca el caso de las heladeras: habiendo entrado 41 mil unidades en todo 2015, en lo que va del año ingresaron más de 82 mil (…) La comparación interanual para el período enero-agosto arroja un incremento de 205 por ciento. Esta situación está generando graves problemas de empleo en Santa Fe y San Luis”.

La producción de calzado “se encuentra un 20% por debajo del año anterior”. Los empresarios nacionales del rubro indumentaria y textil, que cayó un 25%, “estiman cerrar el año perdiendo diez puntos porcentuales de participación en el mercado con respecto a los importados”.

La automotriz sigue en caída (-8,5%): “La fuerte entrada de vehículos importados parece no tener freno: en agosto ingresaron un 22% más de automóviles y un 240% más de pick-ups medidas en unidades respecto al mismo mes de 2015”.

Esta es la verdad de los números fríos. Congelados, podría decirse. De una economía que, lejos de arrancar, parece hundirse con la consecuente pérdida de empleos, poder adquisitivo del salario y mercado interno. Contra esto, no hay relato que valga. Ni montaje escénico que eluda el juicio negativo de millones de argentinos a los que el sueldo les alcanza menos, con comerciantes que venden menos y hasta empresarios que deben achicarse porque producen menos, independientemente de cómo hayan votado el año anterior.

Podrán plotear toda la Argentina, provincia por provincia, municipio por municipio, intentado aparentar una bonanza ausente en la realidad y solo presente en los diarios y canales justificadores del ajuste. Lo que no van a poder evitar es que por debajo del maquillaje la gente haga el lógico balance entre lo que ocurría en 2015 y lo que pasa en 2016, y concluya que este fue un año de pérdidas.

Un año perdido, en realidad.


Publicado en:
http://tiempoar.com.ar/articulo/view/61033/la-mentira-no-genera-empleo-por-roberto-caballero

domingo, 25 de septiembre de 2016

CUANDO EL RELATO NO ALCANZA, por Roberto Caballero (para "Tiempo Argentino" del 25-09-16)



Mala semana para el presidente. Su primera vez en la ONU se redujo a una inédita –además de insólita– desmentida de parte de dos cancillerías, la británica y la argentina, al anuncio que llamó la atención de la prensa internacional: el de haber arreglado personalmente con la premier del Reino Unido, Theresa May, el inicio del diálogo por la soberanía de Malvinas, algo que no existió, nunca pasó, ni de manera formal ni informal, según debieron aclarar los ministerios de relaciones de exteriores de ambos países. Un verdadero papelón diplomático.

El desdén, el trato divagante que Macri le imprime a ciertos aspectos de la política de cabotaje, quizá porque lo aburre, esta vez chocó con el protocolo del mundo diplomático, donde no se le puede atribuir a otro lo que no dijo, sin provocar revuelo. Más si se trata de la representante de un país con el que el nuestro lleva 200 años de disputa. No sería lo más grave en relación al caso Malvinas, de todos modos: el acta de intención que firmó Susana Malcorra con el Foreing Office, cediendo a la exigencia británica de revisar nada menos que leyes nacionales y hasta la Constitución Nacional para dejarle hacer buenos negocios a su país en nuestra plataforma continental, deja el papelón de Macri en el terreno de la comicidad y, claramente, los aspectos serios pasan por otro lado.

El modelo de concentración de la riqueza necesita una comunicación concentrada también.

Pero viendo lo de la ONU, podría afirmarse que Macri y sus laderos se empeñan en construir un personaje que juega con la verdad y la mentira todo el tiempo, al punto que hace equivocar, incluso, a la prensa militante de su modelo. Las tapas de La Nación del miércoles y el jueves (“Malvinas: Macri planteó el reclamo de soberanía a la premier británica”, tituló un día, para afirmar al siguiente que “Macri admitió que no hablaron de soberanía con la premier británica”) pasan a la antología del revés informativo. En medio del aquelarre, los que creen que manejan la comunicación presidencial no tuvieron mejor idea para descomprimir que retratarlo sonriente con Juliana Awada andando en bicicleta por el Central Park, después del beso guionado que coronó su discurso con telepromter y se llevó la tapa de Clarín. Se vio, es cierto, un presidente despreocupado, capaz de no resignar los placeres nimios de la vida en medio de un foro donde se tratan asuntos relevantes de la gobernanza mundial. Quizá esta sea la intención de Jaime Duran Barba, que de algún modo gestiona el producto Macri presidente.

Ganar, con la mentira o con la verdad. Es lo de menos. La tercera gran foto presidencial de la semana es otra gran falacia: Macri viajando en colectivo de línea por el Conurbano Bonaerense, aunque después se supo que todo fue un set armado. ¿El presidente aceptó mentir desde una imagen, públicamente? Así parece. Alguno dirá: hizo cosas peores. Bahamas papers, caída del PBI, recesión, 800 mil nuevos desocupados. Es cierto. Pero eso no hace más verdadera a la foto que distribuyó Presidencia. Otra vez se cruza el manual de Duran Barba en la historia: gobernar como si se estuviera en campaña todo el tiempo y borrar la línea que divide lo cierto de lo incierto, lo probable de lo improbable.
Dicho en buen criollo: “Digamos una cosa y hagamos lo contrario, total nadie se va a dar cuenta”. Marcos Peña, el jefe de Gabinete, ejerce el mismo estilo. El jueves llamó a conferencia de prensa, junto al ministro de Comunicaciones, Oscar Aguad; el titular del Enacom, Miguel de Godoy; y la directora de la Fundación Led, Silvana Giúdice, para anunciar la creación de un foro digital donde podrán acudir todos aquellos que quieran hacer su aporte a la nueva ley de medios macrista. Será por la Web y… en 300 caracteres.

Es maravilloso. Nada de foros, ni de multitudes, ni de largos discursos. Si el presidente puede hablar 15 minutos ante los líderes del mundo, cualquier mortal puede expresarse en 300 caracteres. Eso parece querer decir. El “proceso participativo” de la nueva ley convergente, que vendría a adecuar la LSCA mutilada por Macri con sus decretos de necesidad y urgencia a las necesidades de los negocios tecnológicos, es un verdadero contrasentido, porque es oscurantista y gubernamentalizado, al punto que nadie sabe bien de qué se trata. Hay una Comisión Redactora (CR), designada por Macri –y que integra, entre otros, el intelectual del Foro de la Convergencia Empresarial, Santiago Kovadloff, que nunca se deja ver en las reuniones, y la propia Giúdice–, que convoca a expositores bajo criterios no difundidos. Hasta ahora, según el relevamiento de Daniel Badenes, último presidente de la Redcom (que agrupa a todas las carreras de comunicación del país), la CR invitó a exponer a 15 entidades empresariales (42%), cuatro profesionales (11,43%), cuatro sindicales (11,43%), dos organizaciones de género (5,71%), dos organizaciones preocupadas por el acceso a la información y los derechos civiles (5,71%), una organización vinculada a temas de discapacidad (2,86%), un funcionario de Cambiemos (2,86%), dos organizaciones internacionales (5,71%), una sociedad gestora de derechos (2,86%), una de radioaficionados, una de medios comunitarios y una de la academia. A simple vista, surge que la CR está capturada por una óptica mercantilista, cambiando el paradigma que había funcionado hasta diciembre pasado e inscribía la comunicación en la órbita de los Derechos Humanos. De la institucionalidad que erigió la Ley 26.522 y quedó trabajosamente a salvo de los decretos macristas, la voz de las audiencias recién llegó a la CR con la convocatoria a la Defensoría del Público, cuya titular, Cynthia Ottaviano, manifestó: “El sentido de las tecnologías más que en los dispositivos que se desarrollan, está en las formas culturales en las que son utilizadas y definidas por la sociedad, por eso consideramos que la convergencia antes que un fenómeno tecnológico es un proceso cultural que debe ser enmarcado en el derecho humano a la comunicación”.

Y enfatizó: “El derecho humano a la comunicación no es un negocio”. También presentó el resultado de las 20 audiencias públicas que llevó adelante el organismo –dependiente del Poder Legislativo– desde su creación en 2012, con más de 2200 expositores y más de 4700 participantes. Precisamente las audiencias de este año tuvieron como eje el proyecto de ley convergente y tuvieron 350 expositores divididos en 170 grupos y casi 700 participantes. Mientras la CR sigue su curso diletante, hay que advertir que continúa operativa una ley mutilada por decretos que favorecen la concentración comunicacional, que es exactamente lo opuesto a la democratización comunicacional que se intentó en los últimos años. Si a cada modelo económico y social le corresponde un modelo cultural y comunicacional, habrá que asumir que el modelo macrista, de concentración de la riqueza en pocas manos, necesita una comunicación concentrada también, que justifique y naturalice esa transferencia de ingresos de los más desvalidos a los que están en la cima de la pirámide social.
Y preguntarse si el relato tecnologicista no es el espejismo que encontró la comunicación empresaria concentrada, con la anuencia del Estado y sus actuales administradores, para arrebatar la comunicación del universo de los Derechos Humanos y depositarla en el altar de los negocios desregulados. Al fin de cuentas, macrismo puro. Decir una cosa, para hacer otra. Como llamar a la participación democrática, por la Web y en 300 caracteres. O hablar de un diálogo que nunca existió, hacerse fotos trucadas y mentir la preocupación por la pobreza cuando con sus políticas no se cansa de fabricarla. «

Publicado en:
http://tiempoar.com.ar/articulo/view/60601/cuando-el-relato-no-alcanza-por-roberto-caballero