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lunes, 5 de julio de 2021

LA FILANTROPÍA NO COMPRA LA IGUALDAD, por Alejandro Marcó del Pont (para "El Tábano economista" del 04-07-21)



Por:Lic. Alejandro Marcó del Pont


El desarrollo desarrolla la desigualdad (Eduardo Galeano)


A principios de este año, los delegados de Sudáfrica y la India ante la Organización Mundial del Comercio hicieron un elocuente llamado a los países ricos para que dejaran de bloquear una propuesta para eliminar las patentes de las vacunas y tratamientos Covid-19. La idea, respaldada por la gran mayoría del mundo, permitiría a países como Sudáfrica comenzar a producir vacunas, aumentando masivamente la producción mundial sin la necesidad de licencias de las grandes corporaciones farmacéuticas que controlan esos medicamentos. 


Países como Gran Bretaña dieron una conferencia sobre la necesidad de respetar la propiedad intelectual y prometieron que el problema de la desigualdad de vacunas podría resolverse mucho mejor mediante una inyección de fondos benéficos. El delegado de Sudáfrica respondió con franqueza, afirmando que “el problema con la filantropía es que no puede comprar la igualdad”.


La desigualdad resultante ha dañado la cohesión social hasta un punto de ruptura. La obsesión por las ganancias a corto plazo nos ha llevado al borde de un cambio climático desbocado. La extrema desigualdad en el despliegue de vacunas en todo el mundo ha sido el síntoma más reciente de este problema. Mientras que las naciones del G7 están vacunando a sus ciudadanos a un ritmo de 4,6 millones de personas al día, los países de bajos ingresos solo pueden administrar 63.000 vacunas diarias. El G7 habrá vacunado a casi todos sus ciudadanos para fin de año, pero con las tasas actuales de vacunación, los países de bajos ingresos tendrían que esperar unos 57 años para que todos estén completamente inmunizados. 


Desafortunadamente, el problema se extiende mucho más allá de las vacunas y del tiempo. Un gran número de países de África, Asia y América Latina ya estaban sufriendo una enorme carga de deuda antes de que golpeara la pandemia y llevara, a muchos, a una crisis con todas sus letras. Esperar que el G7 brinde algo de “alivio”, cuando casi ninguna deuda se ha perdonado y tanto bancos como los fondos de cobertura continúan drenando miles de millones de dólares al año de los países del Sur a los centros financieros, resulta ilusorio. Lo que nos demuestra que la generosidad de los países desarrollados a lo largo de la historia ha seguido una misma línea y no ha dado buenos resultados. 


El 1 de mayo de 1974 la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre el Comercio y Desarrollo (UNCTAD) aprobó el documento y su posterior resolución 3201 (S-VI) “Declaración sobre un Nuevo Orden Económico Internacional” y la resolución 3202 (S-VI) que describía un Plan de Acción para el establecimiento de este Nuevo Orden Económico Internacional, donde uno de sus puntos sobresaliente era el proyecto titulado “Carta de Derechos y Deberes Econó­micos de los Estados”.


A 47 años de distancia, las proclamas parecen salidas de un manual de política económica contra la pandemia. Básicamente las ideas globales de la comunidad internacional, con ciertos oponentes, por cierto, se limitaban a que el Nuevo Orden Económico Internacional estaría basado en la equidad, en la igualdad soberana. Sin importar los sistemas económicos, se trataba de eliminar la disparidad existente entre los países desarrollados y los en vía de desarrollo. En ese momento un número importante de países había salido de la dominación colonial o extranjera para convertirse en pueblos libres, pero con grandes diferencias.


Uno de los puntos tratados por la asamblea refería a la inclusión de los países pobres a los avances técnicos, extrapolado a la actualidad los avances científicos incluirían a las vacunas. Estos beneficios del progreso técnico no eran compartidos con la comunidad internacional. Además, una de las mayores quejas se centraba que los países pobres, que representaban el 70% de la población mundial, recibía únicamente el 30% de los ingresos en 1974. Para 2018, los números daban que el 50% de los pobres se apropiaban solo del 13% de los ingresos mientras que en 2017, el 1% de los individuos mas ricos del mundo se apropiaba del 82% de la riqueza generada por el mundo. Se hubieran quedado sin aliento de haberse enterado que, para ese mismo año, 8 millonarios tiene más dinero que la mitad de la población mundial.


De hecho, desde 1980 hasta el 2019, en Latinoamérica el 50% más pobre no ha modificado el 9.5% de los ingresos de los que se apropia. O sea, en 41 años sus ingresos no han variado, solo experimentaron incrementos de 2013 a 2015. El de la desigualdad, materia a todas luces destruida en los últimos cuarenta años, era solo una de los veinte principios propuestos, que abarcaban desde la plena cooperación internacional hasta el control de las meterías primas. Que los recursos sean dirigidos al desarrollo de sus países, que el Estado ponga fin al despilfarro de los recursos naturales, en especial los alimenticios. Permitir el acceso a la ciencia y la tecnología, así como la creación de una tecnología autóctona relacionada con su desarrollo y generar las condiciones necesarias para las transferencias de recursos financieros.   


En diciembre del mismo año se lanzó el Plan de Acción del Nuevo Orden Económico donde se recalcó la urgente necesidad de establecer normas obligatorias que rijan en forma sistemática y universal las rela­ciones económicas entre los Estados y reconoció que no es factible alcanzar un orden internacional justo ni un mundo estable en tanto no se formule la Carta que ha de proteger debidamente los derechos de todos los países y, en particular, de los países en desarrollo. De los diez puntos que formaban el índice del programa, quizás el más mencionado haya sido la Carta de Derechos y Deberes Econó­micos de los Estados. En ese momento, las materias primas de América Latina representaban el 70% de las exportaciones. Hoy, obviando a México, el 74% de las exportaciones latinoamericanas están concentradas en alimentos, cereales, petróleo y minería.


Desde el preámbulo de la Carta, hasta los 34 artículos que ella encierra, no sería necesario mover una coma 47 años después, por lo que expondremos un simple sumario, para que, aunque mal no sea, alguien copie algunos puntos como su plataforma política para lograr un mundo mejor.


Del capítulo primero, que abarca los Principios fundamentales de las relaciones económicas internacionales se destacan: independencia y soberanía estatal, así como la no intervención. El siguiente capítulo versa sobre Derechos y deberes económicos de los Estados, que al leerlo enciende una alerta acerca del retroceso de los mismos a lo largo del tiempo, a saber:


Todo Estado tiene y ejerce libremente sobe­ranía plena y permanente, incluso posesión, uso y disposición, sobre toda su riqueza, recursos naturales y actividades económicas.

Reglamentar y ejercer autoridad sobre las in­versiones extranjeras dentro de su jurisdicción nacio­nal.

Reglamentar y supervisar las actividades de empresas transnacionales que operen dentro de su jurisdicción nacional.

Nacionalizar, expropiar o transferir la propie­dad de bienes extranjeros, en cuyo caso el Estado que adopte esas medidas deberá pagar una compen­sación apropiada, teniendo en cuenta sus leyes y reglamentos aplicables y todas las circunstancias que el Estado considere pertinentes.

Todos los Estados tienen el derecho de asociarse en organizaciones de productores de materias primas a fin de desarrollar sus economías nacionales.

Todo Estado tiene el derecho de aprovechar los avances y el desarrollo de la ciencia y la tecno­logía para acelerar su desarrollo económico y social. En particular, todos los Estados deben facilitar el acceso de los países en desarrollo a los avances de la ciencia y la tecnología modernas, la transmisión de tecnología y la creación de tecnología autóctona en beneficio de los países en desarrollo, según for­mas y procedimientos que convengan a las econo­mías y necesidades de estos países.

Todos los Estados tienen el deber de cooperar a fin de lograr ajustes en los precios de las exporta­ciones de los países en desarrollo con relación a los precios de sus importaciones con el propósito de promover relaciones de intercambio justas y equi­tativas para estos, de manera tal que sean remune­rativos para los productores y equitativos tanto para los productores como para los consumidores.

Aquí nos detenemos por una cuestión de pudor, no obstante, de forma marginal fuimos tejiendo la trama del aplazamiento hasta su desaparición de los sencillos reclamos del grupo de los 77 países en vías de desarrollo. A esta letanía con 47 años de postergación, retroceso y concentración la pandemia permite revivir algunos puntos. De todas maneras, como vimos a lo largo del artículo, los países desarrollados no son buenos receptores de los pedidos de colaboración. Los gobiernos internamente, tampoco han colaborado demasiado.


Veamos algunos no tan curiosos efectos de la pandemia, en dos países que a prima facie la derecha tildaría de progresistas. Argentina, que está negociando con el FMI, el Club de París, y con cualquier laboratorio que provea vacunas por sus niveles de contagio, lo que lo pone en el podio de los defensores del superávit fiscal. Con un 45% de pobres, los números del Instituto Nacional de Estadística y Censos, en su informe sobre Evolución del Ingreso para el primer trimestre de 2021 son aterradores, para pensar en un superávit.


El ingreso promedio de casi 29 millones de personas en el primer trimestre dio una mediana per cápita de 183 dólares. Las personas ocupadas registran un ingreso medio de U$S 395. “El ingreso promedio de los primeros cuatro deciles de la población, ordenada según ingreso de la ocupación principal, es de $14.179 (141 dólares). Para ponerlo simple, el 10% más pobre de la población total obtuvo en el primer trimestre apenas el 1,1 % del total de ingresos, en tanto que el 10% más rico se quedó con el 31,8% en ese período. La soberanía estatal parece haberse quedado sojuzgada a los designios de cualquiera de los organismos internacionales, que suponemos, serán quienes capten los beneficios del superávit fiscal.


México, por su parte, que soportó un aluvión con el Covid-19 y hoy tiene unas 200 muertes por día, implementó, como casi toda América Latina, los “programas sociales” para ricos, que son menos conocidos que los estigmatizados para pobres, en general camuflados, y que en muchos casos fascinan a la clase media, guiándolas a creer que son convenientes, como vimos en “El Estado benefactor de delincuentes”. Los programas sociales para ricos se ven menos porque no se otorgan como efectivo, no requieren la acción del Estado sino su inacción. En dos artículos excelentes la doctora y analista política mexicana Viridiana Ríos concentra la reforma fiscal y el aumento de impuestos si se erradicara el gasto publico que solo beneficia a los ricos.


López Obrador se ha propuesto algo aparentemente imposible: aumentar la recaudación de México sin una mayor carga impositiva. O como él lo llama, “una reforma fiscal sin subir impuestos”. De hecho, y aunque parezca absurdo, lo que se quiere es que los que tienen que pagar impuestos los paguen. El Servicio de Administración Tributaria (SAT) de México presentó públicamente un documento mostrando que la tasa efectiva de impuestos que pagan las empresas en dicho país no es del 30%, como estipula ley, sino de apenas un 6%.


La reforma plantea reducir la elusión de los grandes corporativos mediante el cierre de lagunas legales que los despachos contables utilizan para evitar el pago de impuestos. Los pocos datos que existen sobre elusión fiscal muestran que en México se eluden 8.300 millones de dólares anuales debido a abusos corporativos de la ley fiscal. Esta cantidad es enorme y coloca a México como el decimosegundo mayor evasor fiscal de 179 países. Las corporaciones mexicanas son responsables de 2,4 de cada 100 dólares eludidos en el mundo.


Es decir, si quienes tienen que pagar pagan, lo que ley dice, y se elimina los programas sociales para los ricos, por ejemplo, se podrían ampliar los programas sociales para los más necesitados.. Actualmente, el gobierno permite que las personas no paguen impuestos por la venta de una vivienda si esta vale menos de U$S 230 mil. Este beneficio, aunque pareciera para todos, en realidad solo es para al 3% más rico, porque el 97% de las personas en México tienen casas que valen mucho menos.


En realidad, lo que se quiere en general en Latinoamérica, es realizar reformas impositivas cuando no se cumplen las leyes actuales. La soberanía y el poder de decisión de los Estados esta en el centro de la disputa, pelea que parece haberse perdido una y otra vez. No es una batalla impositiva, es volver a tener un mínimo grado de autonomía fiscal, monetaria y hasta sanitaria. No es posible que se tenga que modificar el marco normativo para avanzar con los contratos de vacunación dentro de un nuevo marco regulativo para la compra de vacunas para que Pfizer tenga inmunidad legal. Así, los ideales de Carta de Derechos y Deberes Econó­micos de los Estados quedan más lejos que 1974.


Publicado en:

https://eltabanoeconomista.wordpress.com/2021/07/04/la-filantropia-no-compra-la-igualdad/

lunes, 28 de junio de 2021

LA LEYENDA DEL DÉFICIT, por Alejandro Marcó del Pont (para "El Tábano economista" del 27-06-21)

 

junio 27, 2021 · 

Por: Lic Alejandro Marcó del Pont


Lo que da problemas no es lo que sabemos, sino lo que creemos saber con certeza y no es verdad (Mark Twain)



Las falsificaciones históricas son un instrumento indispensable para mantener el poder, sobre todo en economía. Más aún cuando una parte importante de la población piensa que el orden económico es resultado de una evolución natural, aunque, en general, resulta desarrollada, explicada y difundida por sus dueños. De más está decir que a nadie le importa que el tan mentado orden sea a todas luces injusto y, menos aún, sus consecuencias.


Eso sí, ante la privación de alternativas explicativas (nostra culpa est), los hechos son tal cual como lo describen los poderes establecidos. Estos mitos insistentemente reitedados, de fácil comprensión sin la más mínima oposición, pasan a ser verdades irrefutables que se incorporan al relato. El adoptarlo como cierto abroquela a las sociedades en su defensa, sin revisar sin son realmente incuestionables. Por lo tanto, es muy posible que la falsificaciones historicas sean las mejores aliadas de las clases dominantes, que las aplican metódicamente. 


Los fraudes históricos adoptan muchas formas. Una de ellas se encuentra en la evolución de la teoría económica, y como sostenía J. K. Galbraith en La economía del fraude inocente, siempre favorecen a las clases dominantes. Están basados en supuestos errores de teoría macroeconómica, cubren un territorio muy amplio, que va desde una visión equivocada sobre la naturaleza, estructura y dinámica de las finanzas públicas, hasta las distorsiones provocadas por la desatinada visión que se tiene del funcionamiento del sistema bancario y la política monetaria. En nuestro caso serán las abrumadoras consecuencias del déficit fiscal.


En principio, antes de profundizar en el tema, debe tenerse en cuenta un detalle básico. Siempre que exista un déficit alguien tendrá un superávit, uno no existe sin el otro. Por ejemplo, cuando dicen que China tiene un gran superávit comercial, es porque otros países, principalmente Estados Unidos, tienen déficit, de manera que el comercio mundial queda balanceado entre superavitarios y deficitarios. Por lo tanto, es llamativo que se señale puntillosamente el déficit público y no se diga que, si el Estado tiene déficit, los privados tiene superávit.


Salvado este detalle, tendríamos que abordar el tema de déficit y qué entendemos por él. Debemos tener en cuenta que la teoría ortodoxa, la que todos leemos en los medios hegemónicos de difusión, tiene una histórica obsesión por el mismo y, como veremos, interesada. Entonces, según la conocida teoría neoclásica del déficit, el Estado, un gastador compulsivo, para mantener el equilibrio de sus cuentas debe financiarse cobrando impuestos, emitiendo dinero o endeudándose. Es decir, el gasto del gobierno está limitado a estas tres opciones.


La primera opción, la de cobrar impuestos, implica necesariamente una redistribución de un sector de la economía a otro. No estamos discutiendo de qué sector a cuál. Pero sí tratamos de entender que, con esta visión, si los ricos no pagan impuestos, entonces los no ricos tendrán que afrontar el gasto, en el caso que creyéramos que, para gastar, tenemos que tener financiamiento. Por cierto, elusión, evasión, perdón, blanqueo, o incentivos van en un sentido; subsidios, impuesto indirectos, en otro.


La segunda propuesta, emisión monetaria, teoría cuantitativa mediante, dice que, si generamos un exceso de dinero en relación con la cantidad de bienes de la economía, con pleno empleo y velocidad de circulación del dinero constante, generaremos inflación. Seguramente algunos supuestos nunca fueron mencionados, pero la idea es la que se escucha en cualquier programa de divulgación económica. Si hay en circulación 10 pesos y dos pollos, cada pollo cuesta 5 pesos, si subo la cantidad de dinero (emisión) a 20 pesos, los precios aumentarán a 10 pesos cada pollo.


En el tercero de estos mecanismos, el endeudamiento debe ser repagado a futuro, lo que nos lleva a generar expectativas de financiamiento a través de alguna de las fuentes antes descritas, o bien incurrir en default, otra mentira. De esta manera, la economía neoclásica considera que las tres alternativas de financiamiento del gasto público, de hecho, el gasto público mismo, redundan en una distorsión del equilibrio cuyo resultado es negativo para la economía.


Ahora bien, esta idea es la que nos han impuesto, pero no tiene necesariamente que ser así. Hay otra mirada de la economía y del déficit en sí. Gracias a que el Partido Demócrata norteamericano se encuentra en la misma senda de financiamiento del déficit, aunque con la máquina de hacer dólares, la discusión de los desequilibrios provocados son motivo de debate. Una parte de los teóricos que enarbolan la bandera de la Teoría Monetaria Moderna (TMM), sobre todo Stephanie Kelton, quien asesora al ala izquierda de dicho partido, activó la discusión, abriendo la puerta al debate del déficit entre los países en vías de desarrollo.


Si para poder gastar el Estado necesita recaudar, ¿cómo hicieron los estados durante la pandemia? Según estudios preliminares del Banco Mundial, Argentina alcanzó niveles similares de ayuda a los países desarrollados, ya que las empresas accedieron en un 40 a 45% de algún tipo de asistencia estatal. De acuerdo con el estudio, que se lleva a cabo en unos 50 países, en las naciones más pobres el nivel de ayuda llegó a apenas el 10% de las empresas, mientras que en las desarrolladas llegó a entre el 50% y el 60% de las compañías.


La magnitud de la ayuda por la pandemia es considerable. Con posterioridad al decreto N° 297/20, que estableció el aislamiento social, preventivo y obligatorio, sin mediar ninguna previsión financiera, y con solo dos políticas, Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) y el Programa de Asistencia de Emergencia al Trabajo y la Producción (ATP), se gastaron casi U$S 7.000 millones, que incluían a casi 9 millones de personas y más de 270 mil empresas. En política alimentaria estaban presupuestados U$S 366 millones y en cuatro meses se gastaron U$S 1.872 millones, más de cinco veces lo programado.


Entre decreto y decreto, solamente en el trimestre abril-junio, se incrementó el déficit primario en U$S 14.400 millones, según la ejecución presupuestaria 2020, con una proyección de U$S 17.000 millones, con un dólar promedio de 70.30. Lo que presentan los números es que los ingresos totales alcanzaban a duras penas a cubrir entre el 54% y 61% del gasto en esos meses, el resto, más del 40%, fue afrontado con emisión. La inflación acumulada en ese periodo, enero a junio del 2020, llegó a 12.8%, mientras que en 2019, con emisión cero, en el mismo periodo (enero a junio), la inflación alcanzó el 20.6%.


Dos temas salen a la luz entonces, el primero es que el financiamiento del gasto parecería formar parte del fraude inocente; al menos aquí queda claro que no es necesario, es solo un mito. Por lo tanto, los desmanes que produce, según la visión ortodoxa, que considera la emisión monetaria como equivalente a “tirar dinero desde un helicóptero”, es un disparate, como sus polémicas consecuencias.


Primero, dejemos establecido por el ex-presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, la irrealidad de tener que ingresar impuestos para gastar, como lo sostiene en una entrevista en 60 minutos:


Scott Pelley: ¿Es dinero de los impuestos lo que la Fed está gastando?


Bernanke: No es dinero de impuestos. Los bancos tienen cuentas con la Fed, de la misma manera que usted tiene una cuenta en un banco comercial. Por lo tanto, al prestarle a un banco, simplemente usamos la computadora para marcar el saldo disponible que tienen en la Reserva Federal.


El primer punto saldado: no gastamos lo que recaudamos, solo hacemos asientos contables. Y aquí hay una interesante idea de la Teoría Monetaria Moderna, que para que se puedan ingresar impuestos, primero hay que gastar, por lo que el déficit fiscal no le debería interesar a nadie. Veamos.


La idea es la siguiente: creamos una moneda familiar, “El clan”, de manera que le pagamos con ella a los hijos para que realicen alguna tarea del hogar. Para poder salir los fines de semana tendrán que pagar un impuesto familiar de 5 clanes. Ahora, si no los contratamos con anterioridad, no podrán pagar el impuesto porque nadie tiene “clanes”, solo los padres, que son sus creadores, así que emitimos “clanes” para pactar sus servicios. Sacar la basura 5 clanes, cortar el césped 10 clanes, etc. y los contratamos para algún servicio.


La lógica de este juego es que nadie puede realizar pagos si no emitimos la moneda con anterioridad. De hecho, la moneda lo único que fija es el valor de la deuda (el tributo de 5 clanes), no hay que imprimir monedas porque se sabe el crédito que tiene, se procede igual que el banco, acreditando o debitando de una planilla los clanes que tengan. La moneda siempre será aceptada, como las moneda de los estados, que son admitidas para saldar deudas, no existe la insolvencia, menos el default. Se complica un poco cuando tengamos que canjearles clanes x pesos, dólares o le que sea que gasten en la calle.


En su documento Nº 104, el Centro Interdisciplinario para el Estudio de Políticas Públicas (CIEPP) realiza un juego interesante de emisión que nos servirá para nuestros fines. Se describe el funcionamiento de la Reserva Federal, aceptable como concepto. Supongamos que el Estado contrata un nuevo agente, por lo que el Banco Central debita de la cuenta del Tesoro 100 dólares para afrontar su sueldo. Con el incremento de Reserva del Banco Central de +100, se lo deposita al Banco Comercial que pagará al agente, así queda saldado el Banco Central y el Banco Comercial con este nuevo gasto (véase  esquema).



La idea es que el gobierno está haciendo política fiscal y, con ella, aumenta las reservas emitiendo. Cuando cobra un impuesto, por ejemplo, destruye las reservas, o sea, el cobro de impuestos es una destrucción de reservas. Si hay emisión monetaria aumentan las reservas, los bancos comerciales tienen más reservas de las que necesitan, quieren prestarlas para ganar interés, como sobreoferta de reservas el interés se mantiene bajo, así la FED mantiene la tasa de interés cerca de cero. En Argentina, el excedente no se presta, queda en letras que pagan interés a los bancos. No se amplía el crédito, por lo que una parte del déficit cuasifiscal del Banco Central es el superávit de U$S 15.000 millones del sistema financiero.



La idea de la TMM y su mirada es realmente interesante, sobre todo, porque no le da importancia al déficit, sino a tratar de reanimar la economía, que, como vimos en otros escritos, ante cada crisis, su reanimación es cada vez más lenta y compleja. Los americanos quieren poner más dinero en el bolsillo de la gente para activar la demanda efectiva, mientras que en Argentina los tomadores de decisiones imaginan que ponerle dinero a la gente en sus bolsillos implica que se vaya al dólar, dos visiones conceptualmente opuestas. Ahora, cuidar los niveles del déficit con los niveles de pobreza e indigencia existentes es una misteriosa mirada económica.


Así son las deformaciones de relatos económicos. Queremos cuidar que el déficit no aumente, ¿podríamos saber para qué? Formaremos parte del fraude inocente.


Publicado en:

https://eltabanoeconomista.wordpress.com/2021/06/27/la-leyenda-del-deficit/

sábado, 5 de junio de 2021

SIMPLEMENTE ASIMÉTRICO, por Alejandro Marcó del Pont (para "El Tábano economista" del 26-05-21)



mayo 26, 2021 


Por: Lic. Alejandro Marcó del Pont


Al presionar a Israel para que entregara territorios ocupados a cambio de la paz: “No estamos pidiendo la luna” (Yasser Arafat)


Según el diccionario de la Real Academia Española, la definición de asimétrico es falta de simetría, es decir, desproporcionado, desparejo, desigual. En el caso de las guerras al menos, son necesario dos ejércitos para ejecutarla, y si las diferencias entre ambos son inmensas, como en el caso del reciente enfrentamiento israelí-palestino, la lucha es asimétrica.


Los ataques israelíes en Gaza dejaron al menos 243 palestinos muertos, incluidos 100 niños y mujeres, y más de 1000 heridos, mientras que entre los israelíes al menos 12 personas murieron, una proporción es 20 a 1. ¿Puede algún analista militar explicar racionalmente un conflicto en que más del 95% de las muertes están de un solo lado?


Ahora bien, desde hace tiempo las desproporciones militares y económicas entre Israel y Palestina son expuestas de manera reduccionista: en el caso militar la guerra es revelada como el enfrentamiento entre misiles y hondas, y del lado económico ni siquiera se contrasta. Tratemos de ver las diferencias existentes, ya que los periódicos no solo exhiben una guerra fantasma entre dos ejércitos, sino entre dos naciones con igualdades económicas.


Fuerza militar


Israel es uno de los países que más gasta en defensa en el mundo. De acuerdo con una evaluación del Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo, en 2019 se ubicó en el lugar 15 mundial en cuanto a su gasto militar, con 20.5 mil millones de dólares; Palestina no aparece en el listado.


Global Fire Power ubica al ejército israelí dentro de los veinte ejércitos más poderosos del mundo; de hecho, ocupa el puesto 20 entre 140 países relevados para el 2020. Esta clasificación de poder de fuego utiliza más de 50 factores individuales para determinar la puntuación de PowerIndex de una nación determinada, con categorías que van desde el poder militar y las finanzas hasta la capacidad logística y la geografía. Extrañamente, Hamas, que gobierna la franja de Gaza, no está en el listado, porque no tiene categorías que ingresen en los indicadores.


Israel, con una población de 9 millones de personas, tiene cerca de 170 mil efectivos militares en actividad, de acuerdo con las Fuerzas de Defensa israelíes. En contraste, y para poder tener una dimensión, el ejército británico cuenta con 195 mil soldados activos, para una población de 66 millones. Es decir, que con una población 7 veces mayor, el Reino Unido tiene solo 20 mil soldados más que Israel.


Divididos política y territorialmente, los palestinos no tienen un Estado y tampoco fuerzas armadas oficiales. Las brigadas Qassam, la rama armada de Hamas, tienen entre 7 mil y 10 mil combatientes, según estimaciones de International Crisis Group. Otro grupo armado palestino, llamado Yihad Islámico, tiene cerca de 9 mil combatientes. O sea, que la franja de Gaza, continuamente atacada, tendría 19 mil militantes en las brigadas, lo que daría 1 combatiente cada 105 personas, mientras que israelí tiene un soldado armado cada 47 personas.


El Estado sionista comenzó a consolidar su industria militar desde la operación Margen Protector de 2014, cuando, con armas israelíes, unos 2 mil 200 palestinos fueron asesinados con tan solo cinco bajas del bando israelí, en un bombardeo que duró 51 días. Los medios comenzaron a enfocarse en el uso de nuevas armas de producción nacional.


A partir de ese momento, la industria israelí se convirtió en una de las más grandes exportadoras de armas del mundo. Armas de fuego, municiones, aviación de combate, tanques, vehículos militares, tecnologías de inteligencia, espionaje y hasta entrenamiento de combate. Debemos quitar de la industria las 90 ojivas nucleares, que, al parecer, todos saben que Israel tiene, pero ellos no reconocen. De más esta decir que Palestina no tiene industria bélica, aunque nadie sabe bien cómo llegaron los cohetes a la franja de Gaza, como veremos.


En cuanto a equipo aéreo, Israel cuenta con una fuerza aérea cimentada, llamada “Kheil HaAvir”, que cuenta con 34 mil soldados. De acuerdo con estimaciones, Israel tiene casi 700 jets de combate. Hamas y los palestinos no tienen fuerza aérea.


La marina de Israel tiene al menos 4 corbetas, buques de guerra, casi una decena de barcos lanzamisiles, cinco submarinos, medio centenar de buques patrulleros y 2 buques auxiliares. En contraste, Hamas solo cuenta con algunos buques pesqueros.


Durante el reciente conflicto, y también en el pasado, Israel se ha quejado por la cantidad de cohetes que Hamas ha lanzado a su territorio. De acuerdo con la propia inteligencia israelí, según reportó Jerusalem Post, Hamas tiene decenas de cohetes con un rango de alcance de entre 100 y 160 kilómetros, que lanzados desde Gaza pueden llegar a casi cualquier lugar de Israel. Lo que no se entiende es cómo, al estar rodeado por ejército israelí en la franja de Gaza, pudieron ingresar, cohetes o los insumos para fabricarlos. Suena al cómico relato que Colombia había creado el avión invisible para ingresar droga a EE. UU.


Antes de pasar a Israel en cuanto al sistema misilistico y de defensa, debemos dejar claro y seguramente lo han visto en imágenes, Palestina no tiene ni alarmas anti misiles ni anti aérea, mientras que para defenderse de los cohetes lanzados desde Gaza Israel cuanta con su sistema antimisiles conocido como “El domo de hierro”, que detecta la entrada de los ataques e intercepta un 90% de los cohetes, cuya eficiencia destructiva es bastante discutida.


Del otro lado, Israel posee sofisticados sistemas de misiles balísticos y de crucero que tienen nivel nuclear. Uno de slosus más famosos, el Jericó 2, tiene un rango de alcance de unos mil 500 kilómetros, según The Nuclear Threat Initiative, y según otros reportes alcanzaría hasta 3 mil 500 kilómetros.


Economía


En cuanto a la economía, fuente de un misterio inagotable, trataremos de correr su velo. La población de Palestina ronda los 5 millones, divida en 2 millones en Gaza (40%) y el 60% restante en Cisjordania. Esto desde el punto de vista político-geográfico, como veremos, es central. Palestina tiene una disputa interna entre Hamas, que gobierna la Franja de Gaza, y Fatah, a veces llamado Al-Fatah, organización político-militar palestina, fundada por Yasser Arafat, que gobierna Cisjordania como la Autoridad de Palestina.


La Autoridad no ha intervenido en la nueva escala bélica con Israel, ya que entiende que se pueden conseguir mejores resultados mediante las negociaciones que con las armas. Lo cierto es que Israel, si bien negocia con Fatah, tiene centrado su reclamo en que la Autoridad Palestina no puede contener a Hamas, que gobierna la franja de Gaza. Hamas es para Israel el pretexto ideal para negarse a entablar negociaciones con la Autoridad Palestina; si no existiera, Israel tendría que inventarla.


El PBI de Palestina es de U$S 16 MM, unos 3.000 dólares per cápita, unas 10 veces inferior a Israel, según la Oficina Central de Estadísticas de Palestina (quienes quieran datos pueden consultarlo en Palestinian Central Bureau of Statistics (PCBS). Hay un 26% de desempleo total, pero con una fuerte diferencia entre la franja de Gaza y Cisjordania. La primera tiene un 55% de desempleo mientras que Cisjordania un 18%. Se sabe que nos 120.000 personas trabajan en Israel (20.000 de ellos en asentamientos) aunque solo la mitad tienen permisos oficiales de trabajo.


De los 27 mil km2 de la Palestina histórica, la franja de Gaza en la actualidad abarca 364 km2, o el 0.013 de la antigua Palestina. Y Cisjordania representa el 20%. Es decir, Israel tiene el 80% de la remota Palestina, lo que inhibe la economía. Uno de cada tres desempleados vive con menos de U$S 5 en el límite de la pobreza, lo que representa el 9% en Cisjordania, pero el 46% en la Franja de Gaza. En 2018 el informe del Programa Mundial de Alimentos alertaba que el 70% de la población palestina se enfrentaba a la inseguridad alimentaria, sin bombardeos ni pandemia.


El crecimiento del producto tiene como media una tasa del 4.5% desde el 2010 en adelante, salvo bombardeos (2014) el PBI cayo un -0.2%. Los 53 años de ocupación israelí de palestina no solo han dado la ocupación más prolongada de la historia reciente, se han caracterizado además por la reversión del desarrollo, la represión del potencial humano y la denegación del derecho al desarrollo.


La ocupación ha debilitado en extremo los sectores agrícola e industrial, con el consiguiente menoscabo de la competitividad de la economía del Territorio Palestino Ocupado a nivel nacional e internacional. Como solo se explota 1 de cada 5 ha de tierra cultivable y más de 9 de cada 10 ha cultivadas carecen de irrigación, a lo que se suma la prohibición de importar los fertilizantes necesarios y otras restricciones impuestas por Israel, entre 2015 y 2016 la producción agrícola disminuyó un 11% y la proporción del producto interno bruto (PIB) correspondiente a la agricultura se redujo del 3,4% al 2,9%.


La falta de acceso al agua, la pérdida de tierra de cultivo por ocupación o por el muro, y la incapacidad de movilidad han impactado fuertemente sobre la producción palestina, sobre todo de frutas, verduras y olivares. En estos 53 años de ocupación, Israel tiene 600 mil nuevos colonos, que se apropiaron de 100 mil hectáreas, destruyeron 50 mil viviendas y restringieron la circulación a 4.9 millones de personas. Con la pérdida de tierras y la falta de agua, los productos más importantes de exportación, como muestra el cuadro, compuestos en un 37% por frutas, verduras y aceite oliva, han disminuido.




Fuente: El Tábano Economista en base a datos oficiales

Las monumentales tasas de desempleo son un obstáculo sobre todo para la juventud, así como la falta de movilidad. A menos que se inviertan las tendencias actuales, seguirá creciendo el desempleo, caerá el ingreso per cápita, se agravará la inseguridad alimentaria y la pobreza seguirá aumentando, todo lo cual hace crecer el riesgo de que se produzcan crisis políticas alimentadas por el deterioro económico.


Las salidas al desempleo son escasas. El turismo, que podría ser un nicho importante a explotar, ha quedado de lado. Palestina es la cuna de la religión cristiana, judía y musulmana, lo que da una riqueza cultural y arquitectónica que podría impulsar la industria turística, pero Gaza no tiene aeropuerto y está bajo constantes ataques, mientras que Cisjordania está ocupado por una base militar israelí que impide, entre muro y retenes, la normal circulación de turistas. Por lo tanto, el acceso obligado para el viajero es el aeropuerto de Israel, y son sus empresas, entonces, las que manejan casi la totalidad de alojamientos, excursiones y compras, y recogen las ganancias que producen esos rubros.


La formación de capital humano se encuentra entre escombros, por lo tanto, la capacidad de exportar servicios se encuentra sepultado bajo ellos. Las importaciones están totalmente restringidas, al punto de tener prohibida la instalación de equipos de telecomunicaciones. Según el Protocolo de París, los aranceles para la tecnología son los mismos que Israel que tiene protegida su industria.


La franja de Gaza ha dependido de la ayuda externa y la recaudación impositiva de la Autoridad Palestina, quien a través de su presupuesto destina la mayoría de estos fondos a ayudar a las familias de atacantes palestinos abatidos o encarcelados por Israel.


Durante el 2019 Israel comenzó a congelar una parte de los fondos que recauda en impuestos y aduana a nombre de la Autoridad Palestina. En respuesta, Fatah rechazó el dinero recaudado por Israel U$S 190 millones mensuales, el 60% de la recaudación fiscal mensual, lo que afectará directamente a los miserables habitantes de la franja de Gaza. Estas sanciones están ocurriendo desde 2007 cuando Hamas ganó las elecciones  en Gaza. Desde el bloqueo, el 85% de la industria de la Franja ha dejado de funcionar. Se entiende ahora lo que es la asimetría.





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https://eltabanoeconomista.wordpress.com/2021/05/26/simplemente-asimetrico/

miércoles, 5 de mayo de 2021

La sombra del poder, por Alejandro Marcó del Pont (para "IADE" del 14-04-21)



por Alejandro Marcó del Pont


Cuando personajes perturbadores, como el presidente de Brasil, o dignatarios incapaces en su momento, como lo fueron en Argentina Mauricio Macri y en Estados Unidos D. Trump, transitaron sin problema su gobierno, mucha gente se cuestionaba y preguntaba ¿cómo es posible que se mantengan en el poder? ¿Es imaginable que semejantes maquinarias de desaciertos, ignorancia y torpeza fijen el rumbo de una sociedad?



A decir verdad, la pregunta es inexacta, no hay que preguntarse cómo, sino quién los mantiene. Cada uno de estos personajes es solo la cubierta visible y fácilmente prescindible del verdadero poder, del poder real en cada país. Y aunque se muestren como una productiva maquinaria de torpezas para la mayoría de la sociedad, para una minoría que los colocó en donde están, no cometen equivocaciones políticas, menos aún económicas que afecten sus bolsillos.


La lógica, aparentemente errática, de estos caballeros que, por ejemplo, un fin de semana publican una Carta abierta de economistas y banqueros contra Bolsonaro, apoyados por más de 500 firmas, exigiéndole tomar medidas inmediatas ante el COVID-19, y tres días después lo ovacionan en una cena, no suena como el hilo de un relato que contenga una línea razonable. Pero, desde Berlín de 1933 a Latinoamérica en la actualidad, las diferencias en los actores que simbolizan el poder real no han cambiado en nada.


Algunos pasajes del libro “El orden del día” de Eric Vuillard nos servirán de guía para entender quienes enarbolan, mantienen o abandonan a los visibles exponentes de las miserias humanas. Ningún Bolsonaro llega al poder por azar. El orden del día suele ser la agenda o al plan de trabajo que contiene los asuntos que se van a considerar en la sesión del Congreso. En este caso, la reunión que se llevaría a cabo el 4 de febrero de 1933 entre los veinticuatro mayores pesos pesados ​​de la economía alemana en el Reichstag (parlamento) con su presidente, el Ministro de Economía y el nuevo canciller, no se encontraba en la agenda de ese día.


Alrededor de la mesa van a sentarse los hombres más destacados de la economía alemana, el poder real, que para nuestro artículo no importa sus nombres, pero sí lo que representan: Bayer, Opel, BASF, Agfa, Siemens, Telefunken, IG Farben,  entre otros. El presidente del Parlamento será a la postre un destacado nazi: Hermann Göering, nombrado comandante en jefe de la Luftwaffe (Fuerza Aérea) y creador de la Gestapo, policía secreta de la Alemania nazi (Geheime Staatspolizei). Hjalmar Schacht será el genio económico de la reactivación alemana, posteriormente denostado como el economista de Hitler, pero delicadamente olvidado como el creador del Banco de Bancos Centrales del mundo, Bank of International Settlements (BIS). Y por último, el nuevo canciller, el Führer Adolf Hitler.


Cuenta la historia que Goering rodeó la mesa con una palabra para cada uno de los presentes, tomando cada mano y dándole un apretón de bienvenida. Los 24 hombres del establishment escucharon atentamente. “La campaña electoral será crucial”, anunció el presidente del Reichstag. Era hora de deshacerse del régimen de Weimar de una vez por todas. “La actividad económica”, subrayó Göering,”requiere calma y estabilidad”. Los veinticuatro caballeros asintieron solemnemente. “Y si el Partido Nazi gana la mayoría”, agregó Göering, “estas serían las últimas elecciones en diez años, incluso, agregó entre risas, en cien años….”.


Una ola de aprobación recorrió los asientos. En ese momento, se oyó un ruido de puertas y el nuevo canciller finalmente entró en la sala. Los que no lo conocían sentían curiosidad por verlo en persona. Hitler sonreía, relajado, luego silencio. “La idea básica era la siguiente: tenían que acabar con un régimen débil, alejar la amenaza comunista, eliminar los sindicatos y permitir que cada empresario fuera el Führer de su propia empresa”. El discurso duró media hora.


La aprobación fue unánime, y cito en cursivas las partes del libro que no fueron ficción, sino realidad. El establishment alemán aprobó a Hitler, lo apoyó, equilibró y potencializó la economía con ese acuerdo a grado tal que, en 1938, la revista Times nombró a Hitler el hombre del año en su tapa. La ilusión de seguridad fue perfecta. El nivel de vida ha mejorado para todos, incluidos los desempleados. Pero los verdaderos dueños del poder estaban dispuestos a hacer concesiones en cierta medida siempre y cuando el Estado se movilice para asegurar sus privilegios. Lo demás es conocido. Cada uno de estas empresas se volvió más grande de lo que ya era, mientras que los alemanes, y el mundo, sufrían al Führer.


Casi noventa años después del acuerdo que encaminó a Alemania a la Segunda Guerra, muchos economistas y empresarios publicaron una dura carta abierta tildando de incompetente al presidente Bolsonaro, entendiendo que la gestión de la pandemia del Covid-19 ha sido pésima. Brasil es hoy el epicentro mundial del COVID-19. “El país exige respeto, el sistema de salud está sobrepasado y colapsando por la recesión que está causando la pandemia y no se superará si esta no es controlada por una postura competente del gobierno federal”. No podemos esperar una recuperación económica si la pandemia no está bajo control.


Más allá de la falsedad de que la recesión fue causada solo por la pandemia, la postura de banqueros y empresarios parecía implacable y firmemente crítica hacia el accionar del gobierno. Bancos como el Credit Suisse, Bradesco, Banco do Brasil, Itau, hasta la Federación de Industriales de San Pablo rubricaron la demanda a incompetente gestión sanitaria del gobierno nacional o, al menos, eso dieron a entender al mundo.


Pasados solo unos días de tan sólido cuestionamiento a las políticas sanitaria, el propio presidente acompañado de sus ministros Paulo Guedes (Economía) y Marcelo Queiroga (Salud), fueron ovacionados en una cena que tuvo lugar en la mansión Washington Cinel, propietaria de la empresa de seguridad Gocil. Sin poner nombres, se los puede encontrar en “emprendedores que ovacionaron a Bolsonaro”. Destacan los sectores que dieron su aprobación: bancos, empresas de seguridad, agronegocios, delivery, medios, y farmacias, entre otros. La mayoría de los sectores está haciendo un gran negocio (agroindustria) o está consiguiendo flexibilizaciones laborales nunca antes soñadas. O sea no importa si es Hitler o Bolsonaro a quien apoyar, importa el negocio.


La pandemia de coronavirus redujo en un 6,15% las exportaciones de Brasil en 2020, pero las ventas del poderoso sector agroindustrial están en auge. Las exportaciones agrícolas de Brasil aumentaron el año pasado un 6%, totalizando 45.300 millones de dólares, el 20% de total de ventas al exterior. Pero si tomamos la facturación externa del agronegocio que engloba los productos agrícolas, la industria agroalimentaria y el transporte, superó los U$S 100.800 millones de dólares, una cifra sin precedentes desde 2013, apuntó la Confederación Nacional Agrícola (CNA).


Los dueños de ese excedente son ADM, Bunge, Cargill, Dreyfus, Monsanto, JDB, Copersuca (azúcar y etanol). Solo a ADM le corresponde el 75% de la producción de oleaginosa de Brasil. El sistema financiero, por su parte, otro de los sectores que aclamó a Bolsonaro, ganaron durante la epidemia casi U$S 12.000 millones. Se quejaron, es verdad, por su caída, durante el 2020, del 24% de sus beneficios, pero la parte que no se cuenta es que en 2019 habían registrado el mejor resultado agregado de toda la serie histórica, que comenzó a medirse en 1994.


Quienes hacían la vida más tolerable a la desastrosa gestión del expresidente argentino Mauricio Macri fueron jugadores muy parecidos a los que aplauden a Bolsonaro. Recordemos: ADM, Bunge, Cargill, Dreyfus están en Brasil, si los incorporamos, porque también son los mayores exportadores de Argentina, para llegar a la decena se le suman Cofco, Vicentin, Aceitera General Deheza, Glencore, ACA y Molinos Agro. Estas diez empresas tienen en su poder más del 90% de los granos, harinas y aceites que se exportan, y por ende, de los dólares que ingresan. Son los que se sientan sobre sus stocks a la espera de mejores precios internacionales, cambios en los esquemas de retenciones o para forzar una devaluación, aunque se les de todo. La presidencia anterior no terminó bien aunque les dio todo.


También se sentaron, extorsionaron al gobierno actual con la liquidación de dólares, y siguen haciéndolo con la inflación, pero una particularidad del coctel actual es que los industriales que apoyaron al gobierno anterior, y fugaron dólares por U$S 86.000 millones, aplaudieron al actual Ministro de Economía como a Bolsonaro en su cena. Llaman la atención los aplausos de Techint que encabeza a los fugadores de divisas con tres empresas: Siderar, Tecpetrol y TGN. Algunos otros fugadores y alentadores de deuda quieren sentarse para llevar sus ganancias al exterior, como lo hicieron el agro, medios, el propio laboratorio de vacunas Pfazer, energéticas, servicios públicos y el sistema financiero.


Este último uno de los más agraciados durantel los 4 años del gobierno anterior. El sistema financiero tuvo más del doble de ganancias que durante los 12 años del kirchnerismo. Los datos surgen del Informe sobre Bancos que elabora el Banco Central, y en total el sistema se embolsó U$S 25.000 millones. Para mantener a Macri en el poder, la mayoría tenía que perder, pero el sistema financiero era uno de los que más ganaba.


Los bancos que mantuvieron sus escandalosos negocios con el anterior presidente deben haberse sentado a la mesa de negociaciones con alguien, porque el actual gobierno insiste en disminuir el déficit fiscal, pero permite el déficit cuasi fiscal, “cuando las Leliq, antes LEBAC (letras de Liquidez del BCRA),más los pases pasivos (que es plata que los bancos le prestan al BCRA) suman en total al 30 de marzo de 2021, 3,1 billones de pesos, superando a la Base Monetaria que es el total de dinero creado y puesto en circulación por el BCRA”, según el excelente articulo Horacio Rovelli en el Cohete a la Luna.


“Esa masa de dinero inmovilizada devenga intereses todos los meses, que en marzo de  2021 ascendieron a unos $ 90.000 millones que paga religiosamente la autoridad monetaria”. O sea, unos U$S 15.000 millones al año, ante lo que nadie presenta objeción alguna, ni gobierno ni desde oposición. Si por el déficit fiscal es posible eliminar sin sobresaltos el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE), para no incomodar el acuerdo con FMI, por qué no hacerlo con el pago de intereses al sistema financiero.


Si tomáramos los intereses pagados a los bancos y se los diéramos en un IFE de 300 dólares por persona, el gobierno podría garantizar esos ingresos por un año para 4.166.667 de ciudadanos, lo que garantizaría durante la pandemia los niveles de consumo. Pero estos ciudadanos no se sientan a negociar fuera de “El orden del día”, no son invitados, solo cuan hay votación y cada vez con menos insistencia.


La historia muestra que los poderosos se quedan más vigorosos y los soldados en las tumbas. Nadie recuerda el apoyo de las grandes empresas para que Hitler llegara al poder y se produjera el milagro alemán que derivó en la guerra. Tampoco nadie recuerda quiénes fueron los que solventaron semejante locura. Tampoco la de Bolsonaro y, dios nos guarde, la de Macri. Lo cierto es que si son idiotas, son nuestros idiotas y que cuidan el negocio.


 


El tabano economista - 14 de abril de 2021


Publicado en:

http://www.iade.org.ar/noticias/la-sombra-del-poder

domingo, 4 de abril de 2021

EL CAPITÁN DE LA CATÁSTROFE. por Alejandro Marcó del Pont (para "El Tábano economista" del 03-04-21

 



Por: Lic. Alejandro Marcó del Pont 

@Eltabanoeconomi


El precio de desentenderse de la política, 

es ser gobernado por los peores hombres (Platón)


El 23 de marzo de 2021, Brasil superó la marca de 3 mil muertes diarias, el mismo día que también sobrepasó las 300 mil desde el inicio de la pandemia. Por cada diez personas que mueren de Covid-19 en Latinoamérica, cinco son brasileñas. La tragedia no se limita a las 400 mil muertes que seguramente alcanzara Brasil cuando este artículo salga a la luz, sino a una dirigencia que asombra al mundo, que no hace prevención de la pandemia, que vacuna en cámara lenta o facilita vacunas a empresarios que no pasaron por el Sistema Único de Salud de Brasil, mientras intenta modificar el recuento del exterminio de sus ciudadanos.


Durante ese lapso de tiempo, el Ministro de Relaciones Exteriores, entre otros, dejó su cargo. De las múltiples causas que se le atribuyen, dentro de un sinnúmero de grotescas tesis, sobresale la férrea militancia contra la adhesión de Brasil al consorcio Covax Facility que articula con la Organización Mundial de la Salud (OMS) para la adquisición y distribución de la vacuna AstraZeneca. Para el excanciller, unirse al consorcio significaba reforzar una OMS manipulada por China, cuyo único fin era frustrar los intereses del expresidente D. Trump e implantar la dominación ¡comunista en el mundo!  


Aunque las ocurrentes reflexiones del ejecutivo y su comparsa de ministros son una invitación al sarcasmo, nos atraen muy poco sus desvaríos. Nos interesa, por el contrario, el código geopolítico del establishment de Brasil, la desaparición de América del Sur de su imaginario de integración, su antagónica relación con China, fuente inagotable de dualidad con Estados Unidos, el agro y la industria, los nacionalistas y globalistas.


En dos años, el novel presidente trazó una extravagante configuración de  las relaciones con sus pares regionales y con el mundo en general. Su némesis del PT había conformado el grupo de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), encumbró al MERCOSUR, lideró la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), logró un alto perfil en instancias multilaterales peleando un asiento con Argentina en el Consejo de Seguridad de la ONU, el FMI y en la Organización Mundial del Comercio (OMC), e incluso logró pequeños avances de una agenda alternativa en el G-20.


Bolsonaro, por su parte, demolió todo lo construido, desde la salida de Brasil del UNASUR, su deserción de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), asumió un desprevenido rol en el Grupo de Lima, donde se discutía la invasión a Venezuela,  contribuyó a poner en valor a la Organización de Estados Americanos (OEA), al grado de permitir un golpe de estado en Bolivia. Planteó la irrelevancia del Mercado Común del Sur y amenazó con salir del bloque y volver a una Unión Aduanera como una mera plataforma “a la carta” para firmar acuerdos comerciales según la conveniencia de cada miembro. Denostó al presidente argentino, se alineó con Trump, acusó a los chinos de comprar Brasil, de manejar su electricidad, para pasar a pedirles que ingresaran en las desiertas licitaciones del Pre-Sal o intentar eliminar a Huawei de la puja por el 5G.


Para comprender un poco mejor estas contradictorias políticas quizás sea conveniente contextualizar este análisis en base a los sucesos ocurridos con anterioridad y posterioridad al encuentro sino-americano en Alaska, y en especial a los eventos que se sucedieron de manera subsecuente. Alaska dejó por primera vez al descubierto ante las cámaras de televisión, en tiempo real y con traducción en vivo, la fragilidad e inoperancia de la política exterior americana. Lo que ocurrió después, fue el complemento, la consecuencia de lo sucedido en Alaska. El canciller Ruso Sergei Lavrov fue invitado a China por su Ministro de Relaciones Exteriores, Wang Yi, para terminar de coordinar acciones ante los recientes acontecimientos relacionados con Estados Unidos. Reafirmando en verdad, la nueva arquitectura mundial de comercialización, inversiones y pago.


Finalmente, hay un contrapoder expuesto de manera explícita, que está formulando una nueva lógica sistémica, misma que condicionará a Latinoamérica en general, y al gigante sudamericano en particular, por su importancia. Pero, además debe tenerse en cuenta que Brasil está limitado por el lugar que ocupe en la lista de prioridades de los Estados Unidos. Es importante recordar que los actores que desestabilizaron a Brasil desde el 2013, destituyeron a Dilma Rousseff, encarcelaron a Lula e instalaron en la presidente a Bolsonaro, gobiernan el imperio nuevamente: Obama/Biden 3.0, por lo tanto, las decisiones deberán ser largamente meditadas. 


Por su parte, Bolsonaro ha conseguido unificar a la comunidad internacional en su contra, exhibiendo el riesgo que significa invertir en su Brasil, a punto tal, que se conoció una Carta abierta de economistas y banqueros, apoyados por más de 500 firmas, que insta a tomar medidas inmediatas y efectivas ante la “falsedad del dilema de salvar vidas o salvar la economía”, que ha derivado en la “sombrías situación económica y social” que atraviesa el país.  


La relación del gobierno derechista de Brasil con China se ha balanceado entre la insolencia y la indulgencia. Desde visitar Taiwán y declarar que “hicimos un viaje a Israel, Estados Unidos, Japón, Corea y Taiwán, estamos mostrando con quién queremos ser amigos”, hasta permitir cualquier inversión, si existía la posibilidad que dejó entrever Xi Jinping en 2019, durante su segunda visita a Brasil, que las empresas estatales chinas podrían invertir más de US$ 100 mil millones en obras de infraestructura, promesa que valió para que el gobierno acreditara otros 25 mataderos para exportar carne a China.


Bolsonaro declaró que estaba interesado en aumentar los negocios con China, pero a su entender “todos los países pueden comprar en Brasil, pero no comprar a Brasil”. Esta retorica pierde sentido cuando se develan las cifras de comercio y las empresas chinas en Brasil. Este manifiesto numérico pone al descubierto la dificultad y el desconcierto de generar una política coherente, no solo con Asia, sino con Latinoamérica.


Hoy, en Brasil, hay más de 300 empresas chinas que operan en los más diversos sectores pero concentrados en un 90% en cinco grupos que, por orden de importancia, son: energía, petróleo, finanzas, metales y agricultura. A su vez, de los U$S 61.000 millones que China invirtió en Brasil en el periodo 2000-2019, el 61% lo hizo en petróleo y energía. Que el gigante asiático haya invertido más del 30% en petróleo tiene relación con el hecho que consume casi el 14% de la producción mundial de oro negro y produce solo el 4%. En cuanto a la energía, el deshuese del sector, privatizándolo, da como resultado atractivas inversiones, sobre todo cuando son de utilidad pública, principalmente producción, generación y distribución de energía eléctrica.


El comercio con China describe un paisaje que supera a las inversiones, y no solo pone en perspectiva la capacidad de negociar, sino la importancia que la nación asiática ha adquirido para Brasil sobre todo frente a Estados Unidos. El comercio entre ambas naciones pasó de U$S 2.300 millones a principios de siglo a un monto cercano a los U$S 100.000 millones en la actualidad.


En los últimos 20 años, Brasil ha tenido superávit en 16 de esos años. Lo llamativo es que tres productos ocupan el 82% de las exportaciones brasileñas a China: soja, petróleo, mineral de hierro. En el sentido opuesto, las importaciones brasileñas de China son casi 100% productos manufacturados, sobre todo productos electrónicos, productos químicos, máquinas y equipos. No solo China representa el doble de las exportaciones de Brasil a Estados Unidos, sino que marca fuertemente el sentido de primarización de la economía.




Fuente: OEC – The Observatory of Economic Complexity

Como muestra el cuadro casi el 28% de las exportaciones de Brasil son a China, lo llamativo es que de los tres productos más exportados, China importa el 63% del petróleo, el 79% de la soja y el 59% del mineral de hierro. Es conocido el fuerte vínculo de Jair Bolsonaro con los evangélicos de su país, así como con los miembros de las fuerzas de seguridad, desde policías hasta parte de las fuerzas armadas. Sin embargo, posiblemente el sector más estratégico que respalda a Jair Bolsonaro sea el agropecuario. Brasil se ha convertido en las últimas décadas, de manera creciente, en un país cada vez más agrario y menos industrial.


Avanzó con fuerza en la autorización de pesticidas genéricos, los cuales, de acuerdo con el Ministerio de Agricultura reducen los costos para los productores. En 2019, Brasil superó a Estados Unidos como principal productor de soja y se espera que la producción del grano llegue a las 130 millones de toneladas para 2021. Resulta polémica, en cambio, la política de vaciamiento de los órganos de control ambiental, como el Instituto Brasileño del Medio Ambiente y los Recursos Naturales (IBAMA) y el Instituto Nacional de Pesquisas Espaciales (INPE).


Desde el Ministerio de Agricultura, principalmente su ministra Tereza Cristina, quien representa los intereses de la agricultura de exportación y, por ende, los intereses asiáticos, entiende que la decisión por la subasta de la frecuencia del 5G podría ser decisiva sobre el futuro de las relaciones bilaterales con China en los próximos años. Esta es la subasta de frecuencias 5G, telefonía móvil e internet, que también decidirá qué compañías suministrarán la estructura de la red 5G en Brasil.


Inicialmente programada para celebrarse en noviembre de 2020, la subasta se pospuso para 2021. El gobierno brasileño está bajo una gran presión de los Estados Unidos para evitar que la compañía china Huawei, el mayor fabricante mundial de equipos para tecnología 5G, se apodere de la licitación.


Desde los sectores del agronegocio entienden que una restricción a la compañía asiática, arruinaría las ganancias extraordinarias con China, sobre todo debido a la disputa con Estados Unidos, en la que China dejó de comprar una parte de los porotos de soja a los norteamericanos para adquirirlos en Brasil. Pero este conflicto no es solo elegir quién se apodera del 5G, sino quién manda en la batalla de las Big Tech en Latinoamérica. Qué tipo de autonomía puede obtener Brasil y que tipo de desarrollo quiere.


Brasil no puede prescindir de China en cuanto a exportaciones, ya que se ha vuelto cada vez más dependiente de insumos esenciales para la industria brasileña, o como fuente de financiamiento alternativo, y en la disputa por tecnología e inversiones para sostener el crecimiento de la economía nacional. Brasil decidirá si exporta productos esenciales y compra de China todo lo industrializado, idea poco agradable para ABC la región industrial de São Paulo.


La solución parecería ser sencilla, sobre todo con un bloque en ascenso y otro en decadencia. Quizás no solo sea la autonomía, sino que la imagen de Brasil proyecta al exterior sea la que tenga que cambiar. Que otra persona garantice coherencia, estabilidad y sensatez más allá de los negocios. Quizás los últimos movimientos van en ese sentido. Esperamos que no sea un militar.


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https://eltabanoeconomista.wordpress.com/2021/04/03/el-capitan-de-la-catastrofe/

miércoles, 24 de marzo de 2021

LATINOAMÉRICA EL VECTOR DE LA GUERRA EEUU – CHINA, por Alejandro Marcó del Pont (para "El Tábano economista" del 21-03-21




Por: Lic. Alejandro Marcó del Pont

@eltabanoeconomi

Esta nota fue publicada también en REBELION y ÁMBITO

Aunque no hay un amo nuevo todavía, las reglas siguen siendo las viejas


Desde hace un tiempo China se convirtió en una preocupación para los Estados Unidos, pero se figuraba un problema relativamente lejano. La crisis del 2008 y la pandemia del Covid-19 aceleraron la posición de China en el centro de la disputa por la hegemonía mundial.


Durante la administración Trump se modificó el enfoque que se tenía del país asiático. China pasó a ser un “competidor estratégico”, y se convirtió en el objetivo de una política de agresión y contención. De igual forma, su presencia en América Latina, considerada hasta no hace muchos años inofensiva, o incluso beneficiosa, pasó a ser percibida como una amenaza desde la Estrategia de Seguridad Nacional de 2017 norteamericana.


En el apogeo del crecimiento anterior a la crisis del 2008 los observadores comenzaron a alertar con respecto a lo que parecía una tendencia preocupante hacia la desindustrialización y la reprimarización de las economías latinoamericanas. Dejando a un lado las divergencias de la crisis mundial y la desaceleración del crecimiento de China, esta produjo dos efectos nocivos para las economías latinoamericanas: el fin del boom de las materias primas y la inactividad industrial.


Hoy, ante el advenimiento de un renovado ciclo de commodities con precios altos, en un escenario de pandemia y guerra comercial, vuelve a ponerse en duda qué lugar y rol debe ocupar América Latina en la disputa mundial del comercio, dadas las características estructurales de crecimiento de la economía china, con fuerte dependencia de la importación de recursos naturales y bienes primarios. El dilema es mayor cuando nos damos cuenta que cada estado latinoamericano reacciona independientemente y no en bloque frente a los estímulos del entorno internacional. Entonces se entiende fácilmente la fragmentación regional y la necesidad de reeditar una narrativa de Patria Grande, que se encuentra en franco retroceso, sin la cual se comprometen aún más los desafíos económico, financiero, tecnológico y comercial futuros.


América Latina ha sido históricamente la región más desigual del mundo, con un débil desempeño económico y en la actualidad con niveles de deuda que acentúan los lazos de dependencia que siempre han marcado su condición en el escenario global. La idea es descifrar cómo afrontar los riegos de un mundo en el cual se percibe un monumental desorden, un alto grado de incertidumbre, una fuerte entropía. Anteriormente se trataba de regular el futuro, hoy la incertidumbre es más transversal y los diseños de política tienden a mitigar las consecuencias como el calentamiento global, el fraude o robo de datos, los ciberataques, entre otros, agregándoles problemas geoeconómicos, geopolíticos, socioespaciales y geotecnológicos, excelentemente descrito en el artículo “Las políticas exteriores de América Latina en tiempos de autonomía líquida”


Los autores de dicho artículo entienden que, en el marco de la disputa comercial sino–estadounidense, la contienda en AL se lleva a cabo, por un lado, en el marco de los estados, y por otro, en el de la mundialización (globalización). Los primeros “ponen el acento en los Estados-nación, las fronteras, el territorio, la soberanía y el control de los flujos transnacionales. La Mundialización diluye la noción de fronteras, dejando traslucir el papel de los actores no gubernamentales, las grandes corporaciones digitales, la banca financiera multinacional, las organizaciones criminales y los movimientos sociales transnacionales de ambientalistas, feministas o de derechos humanos, entre otros”.


Esta competencia viaja en medio de una disputa por la hegemonía global dentro de un continente que ha perdido peso de todo tipo. Cuando se creó la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en 1945, 20 de los 51 miembros iniciales eran países latinoamericanos. Hoy, son 193 países miembros perdiendo peso político específico del Grupo Regional de América Latina y el Caribe (GRULAC). En lo económico, el continuo declive en la colaboración de América Latina en las cadenas globales de valor. “De una participación en el total de exportaciones mundiales de 12% en 1955, la región pasó a 6% en 2016, para llegar a su peor performance de 4,7% en 2018. Las solicitudes de nuevas patentes tecnológicas provenientes de la región equivalían a 3% del total global en 2006, bajaron a 2% en 2016 y llegaron a un insignificante 0,62% en 2018.”


Todo este quebranto, en un escenario políticamente fragmentado, en el que las iniciativas de integración regional, como el Mercado Común del Sur (Mercosur), la Comunidad Andina de Naciones (CAN), la Alianza del Pacífico (AP), la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) y la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) atraviesan situaciones de irrelevancia, estancamiento o desmantelamiento, según el caso.


Además, por cierto, en la cuarta revolución industrial la geografía de la economía digital está liderada de manera sistemática por un país desarrollado y otro en desarrollo: los Estados Unidos y China. Esos dos países representan, por ejemplo, el 75% de todas las patentes relacionadas con las tecnologías de cadenas de bloques, el 50% del gasto mundial en la internet de las cosas y más del 75% del mercado mundial de la computación en la nube dirigida al público. Además, lo que es quizá más extraordinario, representan el 90% de la capitalización de mercado de las 70 plataformas digitales más grandes del mundo. La cuota de Europa es del 4% y la de África y América Latina juntas es solo del 1%. Siete “superplataformas”, Microsoft, seguida de Apple, Amazon, Google, Facebook, Tencent y Alibaba, representan dos tercios.


Como dijimos, en fechas relativamente cercanas AL cobró relevancia para China en todos los aspectos y en esta disputa comercial en particular. AL tiene cerca de 650 millones de habitantes, un promedio de edad de 29 años, por lo que el futuro es prometedor. La naturaleza ha sido pródiga, dotándola de vastos recursos, desde poseer la mayor biodiversidad del planeta hasta explotación ganadera, agrícola y minera que evidencian su riqueza. Destacan entre estos últimos el litio, la plata y el cobre, con porcentajes superiores al 50% de las reservas probadas a nivel mundial, y estaño, níquel, zinc, con reservas cercanas al 25%, todos necesario para el desarrollo chino. Con un PBI que representa el 8% del producto mundial, es una región atractiva, tan solo superada por en su PBI por la UE, Estados Unidos y China, y por delante de India y Japón.


Las naciones latinoamericanas tienen poco peso específico en el intercambio comercial con China, algo que resulta importante considerar cuando se toma cada país de manera individual. El único país que tiene un peso relevante en el comercio con China es Brasil, los demás países latinoamericanos no son determinantes de manera aislada, pero sí en  conjunto y por diversidad de exportaciones. En cuanto a las inversiones, la incursión china también se ha ido modificando, de fusiones y adquisiciones a infraestructura. En un principio, respondiendo a una estrategia de expansión económica acelerada tratando de asegurar el suministro de materias primas y de otros insumos. En esta etapa las empresas estatales tenían un papel protagónico en muchas de las inversiones directas en el extranjero. Tras importantes errores y fricciones con las autoridades locales de diversos países, las compañías estatales chinas abrieron paso a otro tipo de organizaciones, empresas privadas de gran tamaño, pero desconocidas en Occidente.


Entonces, entre  los años 2000 a 2018 la centralización fue evidente en materias primas (60%), servicios (31%) y manufactura (9%). La concentración también ocurre en los países receptores: de 2000 a 2019, Brasil atrajo U$S 48.701 millones, Perú U$S 24.655 millones, Chile U$S 14.900 millones, Argentina U$S 12.884 y México U$S 7.924 millones. Entre los años 2015 y 2019 la inversión directa de China en América Latina sufrió una transformación. El rubro de infraestructura alcanzó el 40% del total y aumentó en una miscelánea de áreas, principalmente a costa de la minería.


Como queda expresado, las necesidades chinas juegan un papel fundamental en su desarrollo estratégico, por lo que la idea asiática de hegemonía y los instrumentos utilizados no son diferente a los ideados por los acuerdos de Bretton Woods​ de 1944 y los organismos internacionales que lo sustentan, FMI, BM, y hasta el Plan Marshall. La idea del “ascenso pacífico” y el “sueño de China”, el modelo oficial basado en la cooperación, la armonía y el entendimiento como ejes rectores de su política exterior, se apoyan en el New Development Bank (NDB) y el Asian Infrastucture Investment Bank (AIIB), el Banco de los BRICS como organizaciones gemelas a Bretton Woods​. Y podría decirse naturalmente que la Nueva Ruta de la Seda sería la zanahoria equivalente al Plan Marshall.


El soft power garantizar una presencia estable en la región, haciendo uso de la llamada diplomacia de negocios, acercamiento que siguió las directrices contenidas en el Plan de Cooperación China-Estados latinoamericanos y caribeños (2015-2019). El plan también se conoció como 1+3+6, en alusión a la planificación, a los tres motores, comercio, inversión y finanzas, y a las seis áreas estratégicas de colaboración, que comprendían recursos, comercio, infraestructura, cultura, industria y tecnología.


Mediante ese tipo de convenios multilaterales China se aproxima a la región en su conjunto, generalmente con compromisos de buena voluntad. Algo similar ocurre con los acuerdos en el marco de la iniciativa de la Nueva Ruta de la Seda con algunos acuerdos formales de adhesión, que incentivan los préstamos blandos y hasta inspiran ideas de mayores movimientos de comercio, ya que más de 60 países están adheridos a la iniciativa. El Banco Mundial atribuye a esta iniciativa “el 30% del PIB mundial, el 62% de la población y el 75% de las reservas energéticas conocidas”, un imán sumamente atractivo para Latinoamérica, si es que la membresía aporta privilegios.


En el comercio los barcos siguieron la ruta marítima transpacífica, conocida como La Nao o el Galeón de Manila, que transportaban mercancías desde los puertos marítimos mexicanos, y que entre 1565 y 1724 cruzó el océano en su travesía cuasi anual, transportando especies, seda, porcelana y otros productos chinos para abastecer a la población de las colonias españolas en América, y no tendría que cambiar nada ahora. Quedan en el tintero el comercio digital, la tecnología 5G, sobre todo la apertura al comercio cross-border (compras en línea) y al comercio digital en general. Hasta el momento, la presencia de Alibaba en América Latina es muy limitada, pero se encuentra dentro de la disputa por desplazar a Amazon y a otras plataformas del e-commerce y establecer el yuan.


Si bien en el tema financiero china ha ingresado a AL sin demasiados contratiempos para seducir con financiamiento obras de infraestructura y proyectos faraónicos. El yuan puede ser el catalizador de enfrentamientos entre las dos potencias, ya que Estados Unidos es especialmente sensible a su uso y sus cualidades de financiamiento. Mucho mayor impacto tendría el uso del yuan reemplazando al dólar en transacciones del sector energético o como instrumento de deuda. También se comienzan a generar dudas respecto a empresas icónicas chinas, como Huawei, o aquellas ligadas al 5G, aplicaciones de inteligencia artificial, robótica industrial o geolocalización. El mayor temor, sin embargo, reside en la expansión     de la denominada Nueva Ruta de la Seda Digital, aunque hasta el momento parece estar limitada a Eurasia y África, pero será motivo de disputa en América Latina.


La realidad demarcaría cual es el poder que tiene AL para ejercer de manera autónoma decisiones que le permitan desarrollarse y llevar a cabo convenios que no la sometan a imposiciones como ya las conocidas con los EE. UU. y sus organismos de control, en medio de esta disputa. El tema de la autonomía y sus significados y conceptos teóricos no se encuentran dentro de la lógica del artículo, pero se puede leer en el artículo “De la autonomía antagónica a la autonomía relacional: una mirada teórica desde el Cono Sur Roberto Russell, Juan Tokatlian”


Pero, sí, al menos, la condición del Estado-nación que le posibilita articular y alcanzar metas políticas en forma independiente. Conforme a este significado, autonomía es una propiedad que el Estado puede tener o no a lo largo de un continuo en cuyos extremos se encuentran dos tipos ideales: total dependencia o completa autonomía. Sea esta o cualquiera de las definiciones de autonomía, se percibieron que el sistema internacional tenía un efecto particularmente negativo en América Latina, tanto en el plano político como económico.


La lógica del poder es tratar de conseguir un grado de autonomía nacional, articularse a partir de un uso inteligente de los recursos de poderes tangibles e intangibles de América Latina como un todo, más allá de las particularidades y seducciones propuestas e intentos de acuerdos para la región por alguna de las partes de la guerra comercial, ya sea China o Estados Unidos. Llevarlo a cabo en un continente donde el mayor país está gobernado por militares y alineado con Estados Unidos, pero su mayor socio comercial, es China, es más complejo. Pero de esta idea de autonomía depende el desarrollo futuro de la región.


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https://eltabanoeconomista.wordpress.com/2021/03/21/latinoamerica-el-vector-de-la-guerra-eeuu-china/