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martes, 28 de abril de 2020

El desempleo amenaza con convertirse en la nueva pandemia de Estados Unidos, por "Página 12" del 27-04-20


Imagen: AFP

Ya son 26 millones los nuevos desocupados en las últimas 5 semanas

Miles de trabajadores de gigantes como Amazon, Mc Donald’s o Walmart están yendo al paro porque sus empleadores no respetan las medidas de seguridad e higiene. Disney decidió dejar de pagarle el sueldo a 100 mil empleados.


En Estados Unidos hay un registro que crece en paralelo a la curva de contagio del coronavirus: el desempleo. Y lo hace a pasos agigantados. El jueves pasado se supo que en la semana del 4 al 11 de abril, al menos 4,2 millones de personas solicitaron el seguro de desempleo. De esta forma, ya son 26 millones los nuevos desocupados en las últimas 5 semanas. Los nuevos datos ofrecidos por el gobierno estadounidense renuevan el debate sobre la urgencia de levantar las restricciones sociales que ayudan a contener la propagación de la covid-19, en el contexto de una economía en recesión, para muchos la mayor desde la Gran Depresión de los años 30.

La crisis económica reactiva además los conflictos laborales. Miles de trabajadores de gigantes como Amazon, Mc Donald’s o Walmart están protestando y yendo al paro porque sus empleadores los obligan a seguir en actividad a pesar de la pandemia, sin dotarlos de las medidas de seguridad necesarias. En el peor de los casos estas grandes empresas, beneficiadas por los millonarios planes de estímulo aprobados por el Congreso, eligen la vía del despido: el último gran ejemplo es el de Disney, que dejó de pagarle el sueldo a 100 mil empleados.

Una crisis sin precedentes
"El ritmo de los reclamos se ha desacelerado en las últimas tres semanas y debería continuar haciéndolo, pero el ritmo sigue siendo enorme. Espero que esta inundación desemboque rápidamente en un río angosto. Muchos empleadores se esfuerzan por mantener a sus equipos de trabajo, pero cada semana algunos se dan por vencidos". Quien habla es Aaron Sojourner, economista experto en empleo y profesor de la Universidad de Minnesota. No hay antecedentes que se puedan comparar con la crisis de desempleo que se está viviendo en Estados Unidos. Expertos prevén una tasa de desempleo cercana al 20 por ciento en abril, cuando en febrero había alcanzado un mínimo histórico del 3,5 por ciento y era una de las principales banderas de la campaña por la reelección de Donald Trump.




Sin embargo, Sojourner sugiere centrarse en la tasa de empleo, es decir la proporción de adultos empleados, para entender mejor lo que está pasando en el país. "Muchas personas no buscan trabajo debido a las órdenes de quedarse en casa, y la realidad es que pocos están contratando. Centrarse en la tasa de desempleo subestima a la cantidad de personas que quieren trabajo y no lo tienen. Calculo que solo alrededor de la mitad de los adultos estadounidenses ahora están empleados, en comparación al 61 por ciento de marzo. Este es el porcentaje más bajo desde 1948", destaca el economista en diálogo con Página/12.

"Parece claro que continuaremos teniendo pérdidas de empleo, y no veo que la situación mejore mucho, incluso si partes del país deciden detener sus bloqueos", agrega por su parte Victor Chen, sociólogo y profesor de la Universidad de Virginia. Abrir la economía en este momento es un arma de doble filo para la vida de los estadounidenses. Esta salida fue fogoneada en las últimas semanas por el propio presidente Donald Trump. Pero para Sojourner, la apertura también sería un error: "¿Qué tan esencial es la salida? ¿Qué tan segura es la producción? Los estados no deben permitir que el grado de desesperación de los trabajadores por conseguir dólares para sobrevivir conduzca a la toma de peligrosas decisiones".

Víctimas y victimarios
Las familias afroamericanas y latinas residentes en Estados Unidos son las que sufren las peores consecuencias de la crisis. El 61 por ciento de los trabajadores latinos dicen haber perdido un trabajo o sufrido un recorte salarial, según una reciente encuesta del Pew Research Center. Párrafo aparte merecen los indocumentados que residen en el país. Huffington Post retrató el jueves la historia de Alma Brigido, madre de tres hijos de 35 años que no tiene trabajo hace más de cinco semanas después del cierre del restaurante de Pittsburgh donde cocinó durante cuatro años. Brigido no califica para el beneficio de desempleo por ser indocumentada. Tampoco recibió nada del paquete de ayuda de 2 billones de dolares del gobierno federal, que otorgó cheques por 1.200 dolares a estadounidenses de bajos ingresos, pero excluyó de esa ayuda a millones de inmigrantes no incluidos en el seguro social.

Sin embargo, como en toda crisis, otros actores se ven beneficiados. "El Congreso aprobó préstamos para ayudar a las empresas a mantener a sus trabajadores en la nómina", destaca Chen, quien supone que no es necesariamente una mala idea subsidiar a las empresas, tal como ocurre en países como Francia, Alemania o Reino Unido. "Lo problemático es que un programa originalmente destinado a las pequeñas empresas termine siendo explotado por las grandes corporaciones", se lamenta. Parte de esa avaricia se ve reflejada en la poderosa Walt Disney Company, que pese a reportar ganancias siderales decidió despedir a 100 mil empleados.


Una de las herederas del emporio, Abigail Disney, criticó a la compañía por no proteger a sus trabajadores peor pagos "mientras los jefes han estado recaudando bonos atroces durante años". Anteriormente, la sobrina nieta de Walt Disney había calificado de "enfermo" al salario del exdirector ejecutivo de Disney, Bob Iger. El año pasado, Iger ganó 47 millones de dólares, más de 900 veces el salario promedio de un trabajador de la compañía.





En un interesante artículo publicado en The Atlantic junto al sociólogo Ofer Sharone, Victor Chen destaca que luego de haber investigado las experiencias de los trabajadores desempleados durante los últimos 20 años, espera que esta nueva crisis de desempleo tenga dos fases. "En la primera fase, los estadounidenses reconocerán que las fuerzas externas (el coronavirus y las políticas gubernamentales) han desencadenado estos despidos masivos, y verán la difícil situación de los trabajadores desempleados bajo esa óptica, desarrollando un sentido solidario", detalla Chen desde la ciudad de Richmond. 

En la segunda fase, que será de lenta recuperación, las compañías comenzarán a recontratar trabajadores. El problema para Chen es que muchos empleadores aprovecharán esta oportunidad para reemplazar a algunos de sus antiguos trabajadores con "mano de obra más barata". "Durante los tiempos económicos normales, recortar los salarios o eliminar la seguridad laboral provoca una reacción violenta de protesta. Pero reducir estos costos laborales es fácil cuando la economía está estancada y los trabajadores agradecen cualquier oportunidad", afirma el investigador.

En Estados Unidos, la tasa de trabajadores sindicalizados, comparada con la de otros países, es baja. De acuerdo al ultimo censo nacional, en 2016 el país tenía 14,6 millones de afiliados sindicales, lo que representa apenas el 10,7 por ciento de todos los trabajadores del país. "Una mayor representación sindical daría a los trabajadores cierta capacidad para luchar contra los despidos permanentes, lo cual es esencial. Los sindicatos también son muy buenos para abogar por mejores condiciones de trabajo, lo que será fundamental a medida que los empleadores dicten nuevos procedimientos de trabajo en un contexto de crisis como el actual", destaca Chen, que encuentra allí una poderosa vía de resistencia al desastre económico.

Informe: Guido Vassallo.

Publicado en:
https://www.pagina12.com.ar/262453-el-desempleo-amenaza-con-convertirse-en-la-nueva-pandemia-de

lunes, 27 de abril de 2020

Reducción salarial. El empleo después de la COVID-19, por Alejandro Marcó del Pont (para "El Tábano economista" del 23-04-20)



Por: Lic. Alejandro Marcó del Pont

El mundo está atravesado una pandemia de características inéditas para los registros de la economía mundial, reforzando la idea que la incertidumbre es la regla y certeza la excepción. En principio y sin clarividentes mediante, los hechos consolidados marcan que, a nivel mundial, los Estados están manteniendo los ingresos de los trabajadores. Por su parte, el establishment conserva sus beneficios gracias al arbitraje estatal de garantizando salarios en un mundo congelado y comienza a dar la pelea por equiparar los salarios por relocalización o pérdida de demanda, argumentando la inmovilidad de la oferta. Todos queremos más Estado, mientras nos garantice los beneficios.

Como dijimos, la seguridad es la excepción, y las teorías del porvenir, las que vaticinan cómo será el desempeño de las cadenas de suministros cuando se echen andar, seguro que se equivocarán. Los presagios oscilan entre dos extremos. El primero sostiene que “El dinero que ahora se ahorra porque la gente se queda en casa no desaparecerá; volverá a gotear en la economía tan pronto como termine la pandemia” (Gobernador del Banco Central de Islandia), lo que implicaría una rápida recuperación del empleo, aunque con salarios menores, según demostraron las crisis anteriores. Por otro lado, está la mirada más pesimista, que tienen en la Organización Mundial del Trabajo (OIT) a su vocero, sostiene que el resultado serán pérdidas alarmantes de empleo y caídas salariales como consecuencia de ello.

Hay una serie de cuestiones a considerar que confluirán en el empleo. El retorno de ciertas empresas localizadas en países de bajos salarios, que ante la ruptura de la cadena de suministros, sobre todo sanitarios, se reinstalarían lo más cerca posible a cada país de origen, con costos salariales mayores si los comparamos con aquellos donde hoy invierten. Por otro lado, los números del desempleo, la caída del consumo, la pérdida de producción y la reducción de ventas, serían los caballos de Troya capitalistas para que el Estado afronte los costos durante la cuarentena y que se puedan negociar a futuro menores salarios atados al miedo de la pérdida laboral.  

La primera idea, la del retorno empresarial, contaría con múltiples ejemplos, donde podemos destacar, por un lado, a las compañías que han modificado sus criterios de exportación, y, por el otro, los países denunciados por apropiación de bienes sanitarios con otros destinos. La idea de que algunas empresas, como Massachusetts PerkinElmer (China), que produce kits para la detección de coronavirus, o 3M (China), que vende mascarillas, decidan no exportar se está imponiendo como regla, principalmente en el sector salud, por el momento. Trajes protectores, respiradores y termómetros infrarrojos deberían fabricarse en cada uno de los países y serían una ventana de opción, siempre y cuando ¡los salarios que se paguen sean competitivos con los chinos!

El mismo juicio de no exportar se aplica para Alemania y Francia, que suprimieron el Mercado Común Europeo cuando se trató del comercio de máscaras y equipos de protección y rastreo del coronavirus. Esa sería la fase amable, con un poco menos de cortesía se presentan los robos de materiales y las denuncias de Francia a Estados Unidos, de Alemania a Estados Unidos, de España a Francia o de Italia a Alemania, todas por piratería, un sálvese quien pueda. La misma lógica de escasez debería de aplicarse para Latinoamérica. Argentina mando un avión a China por suministros; si China recae, ningún avión podrá partir en busca de ayuda o de importaciones.

Bien, si esta idea es por demás de sensata para las potencias centrales, que tienen fondos para implementarlas y absorber los mayores costo generados por el empleo, para los países en desarrollo, tipo Argentina, podría inaugurar una ventana de oportunidades de inversiones con la lógica de la proximidad sanitaria. Su desventaja es que las empresas anticiparon la jugada, tanto del costo salarial diferencial con países asiáticos, como con la retracción de la demanda de productos de fabricación local, en ambos casos, mantener la tasa de beneficios depende de bajar los costos laborales, por un lado, o comprometer al Estado a afrontar una parte de ellos para evitar despidos.

Las primeras medidas en el mundo laboral ante la pandemia por parte de los Estados fue proteger a los trabajadores y no al trabajo, posteriormente sostener los ingresos y los puestos de trabajo. Hoy el coronavirus está afectando a 3.300 millones de trabajadores activos en el mundo, según el nuevo modelo de estimación de la OIT, el impacto inmediato en sobre el trabajo de 2.700 Millones de personas, dependiendo la rama. Y se estima una pérdida laboral de puestos o de horas (48 horas semanales) de 195 millones de personas.

Ante esta lógica los Estados han optado en una primera etapa por aislar a los trabajadores, reducir las horas trabajadas, aplicar subsidios parciales a trabajadores en cuenta propia, ofrecer subsidios por desempleo, eliminar los despidos, etc. Para mantener los ingresos los Estados han garantizado el pago de los haberes, en general afrontando el pago de una parte de los salarios de las pymes, diferir o postergar el pago de contribuciones patronales para los regímenes de seguridad social y por último, para proteger los puestos de trabajo se dieron facilidades impositivas y créditos blandos a las pequeñas empresas, que, en general, fracasaron o se retrasaron debido a la lógica del sistema financiero.

Argentina en este rubro tiene un doble desafío: mantener los ingresos y el trabajo, uno de los sectores más golpeados durante la gestión del gobierno anterior, que perdió en total unos 315 mil puestos de trabajo, en especial en la industria, donde la sangría fue 170 mil puestos. El Estado, a través de la ampliación del Decreto N° 297/20, que estableció el “aislamiento social, preventivo y obligatorio”, con el DNU 376/20, que otorga créditos a tasa cero para monotributistas y autónomos, así como la reducción de los aportes patronales, cubriría a potenciales receptores que rondarían los 2 millones de personas.

Hasta aquí, en Argentina, a través del Programa de Asistencia de Emergencia al Trabajo y la Producción (ATP) y el pago de un salario complementario a los trabajadores privados, estaría cumpliendo con el artículo ocho de DNU 297/20 ARTÍCULO 8º.- Durante la vigencia del “aislamiento social, preventivo y obligatorio”, los trabajadores y trabajadoras del sector privado tendrán derecho al goce íntegro de sus ingresos habituales, en los términos que establecerá la reglamentación del MINISTERIO DE TRABAJO, EMPLEO Y SEGURIDAD SOCIAL.

Pero esta protección de ingresos está íntimamente asociada a las consecuencias del aislamiento social obligatorio en la mayoría de los países, es decir, durante la cuarentena; la verdadera pelea se dará cuando esta se flexibilice. Aun así, empresas como Techint despidieron trabajadores o pagarán una porción de los sueldos, y McDonald’s, Burger King, KFC, Wendy, Burger 54, Mostaza y Starbucks se aventuraron a pagar un 50% menos de salarios en marzo, incumpliendo el DNU 297/20. La denuncia de los trabajadores ante el Ministerio de Trabajo revirtió la medida en el mes de marzo, pero disminuyó los haberes en un 30% para el pago de abril, sin ningún argumento válido para recortarlo más que el miedo al despido.

Veamos más de cerca esta idea. La intención de adelantar recortes salariales tiene como finalidad mantener los beneficios o minimizar las pérdidas futuras por relocalización o caída en la demanda. Se pretende forzar una salida de la cuarentena desordenada, con caídas en la demanda y falta de respuesta de la oferta, que presione sobre las condiciones del mercado laboral y garantice nuevas caídas salariales, sin lógica de productividad. Ante la falta de demanda, se reclama nuevamente a la selección entre recorte salarial o despidos, para volver a retraer los salarios, o conseguir que el Estado garantice una parte de los mismos. De esta manera, se limita la diferencia salarial de la deslocalización o por la reducción de la demanda, pretendiendo que afecte de manera marginal sus beneficios.

Brasil es un buen ejemplo a seguir. El Supremo Tribunal Federal autorizó que se prescindiera de los sindicatos en la reducción proporcional de horas o salario en la actividad privada. Si no se trabaja no se cobra. La idea es simple: quien no trabaja que su costo lo afronte el Estado; quien trabaje menos cobrará menos, y ante la eminente pérdida de trabajo, la reducción salarial de común acuerdo entre empresa y trabajador sería la mejor solución.

La OIT entiende que se encuentra en riesgo un porcentaje de la población laboral de ciertos sectores específicos. (Por cierto, cualquier estimación debe tomarse con mucho cuidado, dado el desconocimiento existente de una gran cantidad de variables). Oxford Economics creía que los EE. UU. tendrían 20 millones de desempleados, algo que consiguió en solo 2 semanas. Las proyecciones de caída del PBI, empleo, demanda, no son conocidas, pero los registros de sucesos pasados, como el que narra Michael Roberts en La Gran Depresión, se sabe que “no hubo ningún retorno al crecimiento tendencial anterior. Cuando se reanudó el crecimiento, fue a un ritmo más lento que antes”. Y según Ken Rogoff, ex economista jefe del FMI, “Estamos asistiendo a un colapso de los precios de los productos básicos y a un colapso del comercio mundial diferente a todo lo que hemos visto desde la década de 1930”.

Para el caso de nuestro país, siguiendo la definición de la OIT de los trabajadores en situación de riego por sectores, elaboramos una tabla, que aparece al final del texto, y que establece que de los 6 millones de trabajadores registrados en el sector privado, están comprometidos 3 millones de trabajadores, de los cuales 626 mil serían los de riesgo, lo que elevaría el desempleo en 5% en el segundo semestre.

La historia de la economía argentina demuestra, ya sea en la dictadura militar (1976-1983), durante caída del radicalismo (1987-1989), o el menemismo, que las relaciones de aumento del desempleo traen retrocesos salariales del orden del 30%, con una duplicación del desempleo. En 1979 había un 2.6% desempleo, 1983 un 5.5%, 1989 un 8.9% y 1999 se alcanzó el 14.5%. Todos los saltos del desempleo fueron con pérdidas salariales extravagantes, y al parecer, este es el panorama que se quiere instalar. 

Cómo combatir esta lógica, que suele intimidar a los trabajadores, sindicatos o gobernantes, donde la derecha y la izquierda adhieren a un ingreso básico universal, sólo dependerá de la lógica que se le dé. La derecha lo admite mientras se eliminen las protecciones sociales del Estado del bienestar. El progresismo va desde elevar el piso salarial hasta recomponer los ingresos, mientras que otros tratan de impulsar el ingreso básico universal como un modo de evitar un futuro aún más sombrío, o como una oportunidad para construir una utopía.

Lo cierto es que el poder de los empleadores está en relacionar trabajo con comida y desempleo con hambre. Ese es su poder. Si esta lógica se quita de la ecuación, su poder se diluye. Esta será la batalla que vendrá.

Publicado en:
https://eltabanoeconomista.wordpress.com/2020/04/23/reduccion-salarial-el-empleo-despues-de-la-covid-19/amp/?__twitter_impression=true

sábado, 14 de diciembre de 2019

A través de un DNU, el Gobierno de Alberto Fernández establece la doble indemnización por despidos, por "El Destape" del 13-12-19


Se declarará la emergencia pública en materia ocupacional por el término de 180 días.


El primer Decreto de Necesidad y Urgencia del Gobierno de Alberto Fernández será para los trabajadores. La medida permite la doble indemnización para trabajadores que sean despedidos sin justa causa. 

Según la información a la que accedió El Destape, entre los argumentos de la norma el Ejecutivo señala el incremento del desempleo al 10,6% en el segundo trimestre de 2019, un punto porcentual superior a un año atrás.

Además, advierte que las tasas en el caso de los jóvenes superan el 18% en los varones y el 23% entre las mujeres, por lo que a pedido del flamante presidente se declara la emergencia pública en materia ocupacional ante la necesidad de detener el agravamiento de la crisis laboral.

La norma recuerda que en 2016 el Congreso advirtió sobre el incremento de despidos y sancionó el proyecto de Ley N° 27.251 que contenía la prohibición de los despidos sin causa, que fue vetado por el Gobierno anterior provocando hasta la fecha la perdida de 111 mil puestos de trabajo registrado.

La medida no será aplicable a las contrataciones celebradas con posterioridad a su entrada en vigencia.

Publicado en:
https://www.eldestapeweb.com/nota/a-traves-de-un-dnu-el-gobierno-de-alberto-fernandez-establece-la-doble-indemnizacion-por-despidos-201912132340