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martes, 21 de junio de 2022

Manuel Belgrano: de España a la revolución latinoamericana, por Norberto Galasso (para "Telam" del 19-06-22)


19-06-2022   

EL PODCAST DE NORBERTO GALASSO



Primera parte de la biografía de uno de los nombres clave del proceso independentista. De su formación en España y la influencia de la Revolución Francesa a su mirada proteccionista de la economía y su vínculo con Mariano Moreno y San Martín. ¿Quién mandaba en el Ejército del Norte?



19-06-2022


Manuel Joaquín Corazón de Jesús Belgrano nació en junio de 1770 y su vida fue un verdadero ejemplo de entrega, honestidad y generosidad. Es preciso destacar que su acción militar en Tucumán y Salta lo convirtió, junto a José de San Martín, en uno de los generales que llevó adelante el proceso revolucionario.


Respecto a su historia personal, es preciso recordar que el padre lo envía a España, por lo que desde chico recibe, al igual que San Martin, la influencia de la Revolución Francesa que se produce mientras era un muchachito.


En ese contexto, Belgrano estudia en la Universidad de Salamanca y en la Universidad de Valladolid, y a los 18 años regresa con ese mérito, o medalla digamos, que siempre se consideró en el Río de la Plata para todo lo que venía de Europa. Entonces, le reconocen un lugar y lo nombran Secretario del Consulado.


De esta manera, Belgrano llega con la inspiración de profundas transformaciones y de cosas nuevas que había escuchado. Hasta que, por fin, un día le preguntan sobre su función específica en el Consulado. Y él les contesta que eran comerciantes totalmente incapaces, gente que lo único que sabía - cómo pasa en todas las épocas - era comprar por cuatro y vender por ocho. Todo lo demás no les interesaba.


Telam SE



Entonces, Belgrano hace en el Consulado una serie de propuestas, algunas muy avanzadas como la dedicación de presupuesto para la educación de las mujeres, a quienes en aquel tiempo se las consideraba seres inferiores, además de otras iniciativas sobre minería y fomento de la agricultura.


Como consecuencia de eso, empieza a hacer periodismo en “El Telégrafo Mercantil”, el “Semanario de Agricultura” y “El Correo de Comercio”. Y luego entra en el movimiento que busca declarar nuestra independencia de España. Al respecto, en determinado momento pasa por el grupo identificado como “carlotista”, lo que prueba el carácter especial de la Revolución de Mayo: no era anti-hispánica, sino que buscaba impulsar las transformaciones y medidas ocurridas en Francia en 1789.


Así interviene en la revolución y, según alguna versión que podría ser inventada o no, es el hombre que en determinado momento está dando indicaciones con un pañuelo en la mano, levantándolo en el preciso momento de reaccionar por la violencia en el Cabildo Abierto del 22 de mayo.


Era la economía


Una cosa muy interesante es que Belgrano aprende economía en España, bajo la influencia del momento en que el liberalismo económico está tomando impulso y en el que sus seguidores tienen un criterio desarrollista y progresista.


Pero Belgrano resulta ser proteccionista cuando tiene que pensar para su Patria. En el Consulado dice que las leyes que tenemos que adoptar son normas que defiendan la posibilidad de explotar por nosotros mismos nuestros recursos, porque eso iba a dar trabajo a nuestra gente. Es más, afirma que si exportábamos materias primas e importábamos artículos manufacturados, eso quería decir que estábamos favoreciendo a los trabajadores europeos, en perjuicio de nuestros trabajadores. Este concepto, dicho a principios del siglo 19 era verdaderamente revolucionario.


Luego, es reconocida su actuación como vocal de la Junta, donde estrecha una amistad con Mariano Moreno. Esto significa que cuando Moreno, como secretario de Guerra, le expresa la posibilidad de pasar de abogado a militar, en coincidencia con una expedición para ampliar al litoral la Revolución de Mayo, se intercambian unas cartas interesantes en las que Belgrano le escribe: “yo lo sigo totalmente y quisiera tener las luces que usted tiene”.


Telam SE


Es decir, Belgrano es un hombre que entra al proceso revolucionario pero entiende que Moreno es la clave. Por eso, también se dice que antes de aquella expedición al litoral, Belgrano colabora en el Plan de Operaciones de Moreno. Se trata de una explicación que siempre fue negada por los historiadores liberales.


Otra prueba de esta concepción morenista de Belgrano es su “Reglamento para los Pueblos de las 30 Misiones”, donde formula una serie de principios y objetivos totalmente transformadores con respecto a la libertad, a la educación y a la propiedad de la tierra.


Es un hombre que está dispuesto a servir a la patria en todo, a pesar de que lo militar no era lo suyo. Así lleva a cabo la Campaña del Paraguay, que si bien no arroja triunfos militares deja las huellas para que, poco tiempo después, los paraguayos decidan seguir el ejemplo de la Revolución de Mayo.


Morenista


Cuando se produce el Movimiento del 5 y 6 de abril de 1811, resulta que no es un movimiento tan popular como lo considera el revisionismo rosista y especialmente el historiador José María Rosa. Porque esa revolución significa el destierro de Domingo French, Antonio Luis Beruti, Miguel de Azcuénaga y Nicolás Rodríguez Peña. ¿Qué es lo que está pasando?, reclama Belgrano desde el litoral, con la esperanza que no se abandone el curso inicial de la revolución.


Cuando le dicen que le van a mandar a un jefe militar para secundarlo, lo único que pide es que no sea Martín Rodríguez, un reconocido hombre vinculado a Cornelio Saavedra. Belgrano rechaza esa posición y se reivindica morenista.


Tiempo después, Belgrano es designado como Jefe del Ejército del Norte y se encuentra con enormes dificultades en Jujuy porque no tiene recursos, ni hombres, ni armas suficientes para enfrentar a las fuerzas invasoras. No obstante, lleva a cabo una gesta épica que es conocida como “El éxodo jujeño” y que consiste en retirarse del lugar, dejando tierra arrasada a los invasores. Le pide al pueblo que rompa todo a su paso y se lleve a los animales. Los invasores sólo debían encontrar un Jujuy desértico.


Las presiones


La política del Primer Triunvirato es seguir retrocediendo por falta de recursos, aunque a veces también es falta de espíritu militante y patriótico. A Belgrano le dicen que llegue a Tucumán y que haga lo mismo, con lo cual prácticamente le abren el camino al enemigo para que la gente del Virrey Abascal de Perú llegue a Buenos Aires.


Belgrano encuentra en Tucumán un gran apoyo e interés para proseguir la lucha, por lo que enfrenta a los enemigos y los derrota. Eso lo lleva a entusiasmarse y avanzar hacia Salta, donde también triunfa en 1812. Después, sin embargo, es derrotado en las batallas de Vilcapugio y Ayohuma por circunstancias un tanto extrañas. Se habla  del clima adverso, de una invasión de langostas y de toda una serie de cosas que les son adversas. Pero otra vez, los que siguen sentados en mullidos sillones dicen que Belgrano debería ser enjuiciado.


Finalmente, prima el criterio de designar a San Martín en el Ejército del Norte, con quien Belgrano establece un vínculo muy estrecho, al punto de iniciar una amistad. San Martín no lo recibe como jefe, sino como un colaborador. Pero Belgrano cree que sigue siendo el jefe. Para colmo, desde Buenos Aires intiman a San Martín y le dicen que Belgrano debía ser separado del cargo y él debía asumir en su reemplazo.


“Los conocimientos que tiene Belgrano son fundamentales y yo creo que de los generales de que disponemos es el mejor. Por eso, de ningún modo hay que desplazarlo o ponerlo en un lugar secundario”, es la respuesta de San Martín.


La gente de Buenos Aires entiende esto de una manera relativa porque, claro, ya se habían fortalecido los sectores conciliadores, el Director Supremo y otros que tenían posiciones no suficientemente patrióticas. Eso explicaba todo.



Publicado en:

https://www.telam.com.ar/notas/202206/595501-manuel-belgrano-galasso-la-otra-historia.html

El discurso de Cristina Kirchner en el acto de la CTA, por "Página 12" del 20-06-22


Cristina Kirchner en la CTA. Imagen: Leandro Teysseire


Bajo la consigna "20 de Junio. La vigencia de Belgrano. Estado, mercado y precios: producción, trabajo y política social en una Argentina bimonetaria", del evento también participaron el ministro de Desarrollo Territorial y Hábitat, Jorge Ferraresi; y el secretario general de la CTA, Hugo Yasky.

20 de junio de 2022 


La vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner participa este lunes de un plenario de delegados de la CTA de los Trabajadores en la ciudad de Avellaneda. Bajo la consigna "20 de Junio. La vigencia de Belgrano. Estado, mercado y precios: producción, trabajo y política social en una Argentina bimonetaria", la vicepresidenta dio una conferencia en la que reflexionó sobre los problemas económicos en el país, desmintió varios mitos neoliberales -por caso, que la inflación es causada únicamente por el déficit fiscal-, y pidió esfuerzos ante la evasión de las empresas con mayores ganancias: "No es que no nos falten dólares, los dólares están afuera y ese es el problema que hoy tenemos", sostuvo. Y agregó: “Los grandes problemas de Argentina se resumen en la escasez de dólares y la economía bimonetaria”, agregó.


El acto se desarrolla en el predio del Parque La Estación, hasta donde llegarán 1.800 delegados de la CTA de todo el país, según informó la organización sindical en un comunicado. Además de la vicepresidenta, la lista de oradores también incluye al ministro de Desarrollo Territorial y Hábitat, Jorge Ferraresi, y el secretario general de la CTA, Hugo Yasky.


El discurso completo





Publicado en:

https://www.pagina12.com.ar/430767-el-discurso-de-cristina-kirchner-en-el-acto-de-la-cta

domingo, 20 de junio de 2021

MANUEL BELGRANO, EL PRIMER ECONOMISTA HETERODOXO ARGENTINO, por Adrián Corbella (para "Mirando hacia adentro", 18-02-14)


Publicado originalmente el

18 DE FEBRERO DE 2014 por el autor, en este mismo blog

INTRODUCCIÓN


Manuel Belgrano es uno de los principales próceres argentinos. Pero, durante décadas, su figura fue amoldada a una perspectiva ideológica que no era exactamente la suya y, por lo tanto, se ocultaron facetas vitales de su personalidad, como por ejemplo su rico pensamiento económico.  El que probablemente haya sido el primer economista argentino fue reducido a la condición de creador de la bandera, y de militar improvisado, valiente pero algo chapucero, en las guerras de la independencia.

Hace pocos años que esas facetas omitidas de Belgrano han comenzado a destacarse. Este trabajo es un pequeño aporte al respecto.



EL PRIMER HETERODOXO


El pensamiento económico de Manuel Belgrano mostraba facetas diversas. Las influencias presentes en su ideario, aunque  múltiples , están integradas en sus escritos de una forma bastante personal.

El pensamiento de Manuel Belgrano no respondía con exclusividad a ninguna de las ortodoxias económicas de su tiempo.

La influencia fisiocrática, muy manifiesta en sus primeros escritos, era  más aparente que real. Belgrano compartía con los fisiócratas y con otras corrientes antimercantilistas una serie de argumentos teóricos ;  pero esto no permite asimilar completamente el pensamiento belgraniano a la fisiocracia.

Por otra parte, Belgrano no puede considerarse un antimercantilista pleno. De hecho, en él es evidente la influencia de mercantilistas tardíos, como es el caso del italiano Antonio Genovesi. Más difícil de ubicar ideológicamente, es la influencia de autores hispanicos, entre los que se cuentan neomercantilistas con ideas afines a las de Genovesi, como Ulloa, y teóricos más recientes con ideas similares a las defendidas por los miembros de la Escuela de Quesnay, como Gaspar Melchor de Jovellanos.

En Belgrano era también destacable la influencia de Adam Smith, la cual se manifiesta exclusivamente en los artículos del Correo de Comercio. Recordemos que en la época en la que escribió las Memorias consulares aún no había leído La Riqueza de las Naciones.

En este sentido, resulta difícil en ocasiones establecer cuál era el origen de determinadas ideas que aparecían en Belgrano, ya que pudo haberlas tomado de distintos autores, o haberlas desarrollado por cuenta propia.

Es importante resumir las concepciones fundamentales que tenía Belgrano sobre la economía, marcando, por otra parte, las similitudes y diferencias existentes en cada tópico entre el pensamiento del creador de la bandera y las concepciones de las distintas “ortodoxias” económicas vigentes en su época.

Aunque se distinguen en el pensamiento económico de Belgrano dos fases cronológicas sucesivas  es difícil fechar algunos de los artículos del Correo de Comercio, los cuales, si bien son posteriores a las Memorias consulares posiblemente no hayan sido escritos en 1810-1811 (fecha en la que fueron publicados). Luis Roque Gondra, remitiendo a la Autobiografía de Manuel Belgrano, destacó el hecho de que el prócer se refirió a los artículos como a unos “papeles” que habría entregado a Vieytes (1). Esto hace pensar en notas escritas por Belgrano antes de 1810. De hecho, algunos de los artículos parecen elaborados pensando en cambios económicos globales del Imperio español, indicio que podría confirmar esta hipótesis. Así en las Memorias consulares de 1796, 1797 y 1802 aparecía la idea de una división del trabajo entre la península y América. Es interesante destacar que en las Memorias no hay ninguna evidencia de que Belgrano hubiese leído a Adam Smith, quien desarrolló pormenorizadamente aquel concepto. En rigor, tiende a aceptarse que Belgrano leyó La Riqueza de las Naciones con posterioridad a 1797, por lo que resulta difícil identificar el origen de esta idea de la división del trabajo en Belgrano.

El proyecto mencionado consistía en mejorar la industria textil peninsular, a la que las colonias proporcionarían materias primas (lino, cáñamo, algodón) y mercados (2). Belgrano proponía una industrialización limitada en territorio americano. En otras palabras, la España europea y la americana eran consideradas, en conjunto, en un amplio plan de reformas económicas. Es decir que, en la época en que escribió estas Memorias, Belgrano aceptaba la unidad del Imperio y mantenía su proyecto reformista dentro de este marco. En este sentido, parece adecuada la posición de José Chiaramonte para quien la independencia emergió como la última alternativa impulsada por los intelectuales rioplatenses tras el fracaso de los proyectos enmarcados en el orden existente (3).

Por su parte, Luis Roque Gondra,  trató de encontrar una propaganda revolucionaria subyacente en algunos artículos que rescataban formalmente la unidad del Imperio. Un buen ejemplo, al que se refiere el propio Belgrano en su Autobiografía (4), era el aparecido el 19 de mayo de 1810 (5).

En lo que respecta a la filiación ideológica del pensamiento económico de Belgrano , existían, como vimos, algunos rasgos muy marcados de antimercantilismo, aunque resulta difícil rastrear el origen exacto de los mismos. Así, por ejemplo, criticaba la concepción mercantilista que consideraba el oro y la plata como la verdadera riqueza, rescatando el valor de las actividades productivas, planteo que lo acercaba a los fisiócratas y a otros críticos del colbertismo (6). Su concepción del dinero como una mercancía estaba tomada expresamente de Adam Smith (7).

Otro rasgo antimercantilista del prócer era su crítica a los monopolios, aunque aceptaba en algunos casos privilegios exclusivos. Su concepción según la cual el interés individual era el móvil económico principal era semejante a la sostenida por los fisiócratas, los liberales ingleses y Jovellanos, aunque debe destacarse tampoco en esto su postura era unilateral (8), pues en ocasiones derivaba hacia un “humanitarismo social” que había tomado de los teóricos italianos del Settecento, como destaca adecuadamente Gianello (9).

De la misma manera, su antimercantilismo aparecía matizado con citas de Genovesi y con concepciones tales como la del comercio “activo” y el comercio “pasivo” de raigambre mercantilista.(10)

Manuel Belgrano tampoco seguía plenamente el ideario fisiocrático, aunque la influencia quesnaysiana era en él bastante evidente. Si bien defendía la importancia económica de las actividades productivas frente a la concepción mercantilista que sólo consideraba importantes a los metales preciosos, el concepto belgraniano de “actividad productiva” resultaba distinto al de Quesnay.

Para los fisiócratas únicamente la agricultura era productiva mientras que el comercio y la industria, estériles, sólo eran útiles en la medida en que actuaban como actividades subsidiarias de aquella. Según esta concepción las autoridades debían evitar proteger artificialmente al comercio o a la industria, ya que esto afectaría negativamente a la agricultura.

Belgrano, por el contrario, sostenía una posición bastante distinta. Si bien en muchos de sus escritos otorgaba alguna preeminencia formal a la agricultura como principal actividad económica (11), en su pensamiento jamás aparecía con claridad la categorización  de la agricultura como única actividad productiva, ni tampoco la concepción según la cual el comercio y la industria resultaban económicamente estériles.

En Belgrano la aceptación de esta preeminencia formal de la agricultura se combina con la defensa de una teoría en virtud de la cual las distintas actividades económicas tenían recíproca interdependencia. Esta visión de Belgrano parecía una fusión de las concepciones fisiocráticas y de la teoría de Bernardo de Ulloa (12), quien sostenía la mutua dependencia del comercio y la industria.

La influencia del mercantilismo tardío, muy notoria en Belgrano, y el ámbito socio-económico rioplatense, crecientemente comercial, le impedían al creador de la bandera calificar, sin más, al comercio como actividad “estéril”.

En este sentido, Gregorio Weinberg sostenía que Belgrano representaba a los hacendados, labradores y a los sectores del comercio “nacional” no monopolista ; el objetivo del entonces Secretario del Consulado sería “demostrar la coincidencia de intereses de esos grupos que a veces chocaban entre sí” (13). Consideramos adecuado relacionar esta situación con los recurrentes intentos de Belgrano de demostrar la interdependencia de las distintas actividades económicas.

También la estructura socio-económica rioplatense pudo haber influido en él evitando que su defensa de la agricultura fuera tan enérgica como la realizada en Francia por Quesnay. Belgrano se ocupó en cambio de un mejor aprovechamiento de la producción ganadera, de ahí iniciativas como la de las curtiembres (14).

De todas maneras, Belgrano no desatendió los problemas específicos de la agricultura. En su opinión, la transformación agraria necesitaba una reforma del régimen de propiedad de la tierra. El creador de la bandera sostuvo en relación a este problema una posición en virtud de la cual era necesario multiplicar el número de propiedades, aunque respetando las ya existentes (15). Como solución de compromiso tendiente a evitar las expropiaciones compulsivas, el Secretario del Consulado proponía le enfiteusis (16)  -al igual que Jovellanos (17)- para aquellas tierras que no fueran puestas en explotación por sus propietarios. En esta cuestión también resultaba manifiesta la influencia del pensamiento de Pietro Verri (18).

Su concepción de la interdependencia de las actividades económicas, llevaba a Belgrano a ocuparse por igual del desarrollo de la agricultura, la ganadería, la industria y el comercio.

Belgrano dio en sus escritos una gran importancia a la industria (19), aunque es necesario aclarar que a veces bajo el término “industria” englobaba a la manufactura y a las actividades artesanales (20).

Su posición respecto al desarrollo de la industria no era siempre homogénea. En ocasiones afirmaba que no debía forzarse la industrialización, pues “la industria se establece por sí misma” (21). Sin embargo, proponía en otros artículos una promoción de la actividad industrial concediendo privilegios exclusivos limitados (22) o a través de la política comercial y arancelaria -recordemos, por ejemplo, las Nueve Máximas inglesas que toma del italiano Antonio Gen ovesi (23)-.

La importancia de la industria radicaba para Belgrano en el valor que se adicionaba a la materia prima al procesarla , y en el trabajo generado a consecuencia de este procesamiento –trabajo que daría empleo a la mano de obra local- . (24)

El plan industrial de Belgrano no se limitaba a una agroindustria complementaria de las actividades agropecuarias (como es el caso de las curtiembres). Manuel Belgrano defendió la importación de materias primas extranjeras con el fin de manufacturarlas (25).

Esta valoración belgraniana de la industria no puede separarse del contexto internacional del que el prócer era muy consciente . En uno de sus artículos, el ex Secretario del Consulado analizaba teóricamente las implicancias que podría tener para la economía mundial la existencia de una única potencia industrial. Para Belgrano, este único “Taller del Mundo” sería el país económicamente dominante (26).

Otra de las preocupaciones fundamentales de Belgrano era el comercio. Su definición del comercio no resultaba demasiado homogénea, ya que por un lado daba las definiciones de comercio de Galiano (27), Genovesi (28) y Melon (29), mientras que en distintas oportunidades el concepto de “comercio” se confundía con el de “economía” o el de “actividades económicas” (30).

Belgrano se ocupó tanto del comercio exterior como del interior. Además de fijar los principios de la política comercial que él consideraba adecuada , escribió extensamente sobre el problema del comercio de granos.

Manuel Belgrano consideraba que el comercio interior y el exterior debían manejarse según principios disímiles. Para dar un ejemplo,  es importante señalar que, en su opinión,  no todo tipo de comercio era positivo. El ex Secretario del Consulado aceptaba la diferenciación entre comercio “útil” (activo) y comercio “perjudicial” (pasivo) (31). Esta distinción era típicamente mercantilista y aparecía en autores como Gerónimo de  Uztariz (32).

La libertad total del comercio jamás fue puesta en duda por Manuel Belgrano. De esto es un buen ejemplo su posición sobre el comercio de granos. En este ramo de comercio Belgrano predicaba una política de laissez faire. Proponía la venta libre de los productos agrícolas (33).

El Estado debía abstenerse de fijar los precios de los cereales. El producto de la tierra debía ser considerado como un objeto de comercio, permitiéndose la “natural” circulación de los granos dentro del territorio (34). En este tópico Belgrano seguía a Adam Smith, quien insistía en la necesidad de considerar a los cereales como un objeto de comercio (35).

Proponía, además, establecer almacenes particulares de granos para permitir una adecuada ganancia del comerciante, sin la cual no existiría el comercio (36).

La argumentación de Belgrano favorable al comercio libre de granos se asemejaba a la de Genovesi. Este comparaba el comercio de trigo con el de vino (37), sin establecer distinciones por el hecho de que el producto en cuestión fuera vital para la alimentación de la población.

Jovellanos, por el contrario, defendía el comercio libre de cereales en el mercado interno español, pero tenía serias objeciones respecto a la exportación libre de los mismos (38). Aunque, como el mismo confesó, había leído tres veces La Riqueza de las Naciones (39), la posición del autor de la Ley Agraria en relación a este tema difería sustancialmente de la de Smith.

La postura de Belgrano frente a este problema parecía acercarse a la de Genovesi, a la fisiocrática y a la de Adam Smith, aunque debe tenerse en cuenta que la exportación de granos no parecía en el Río de la Plata de 1810 una posibilidad demasiado viable a corto plazo.

En opinión de Manuel Belgrano el comercio interior de granos y de otros productos debía ser estimulado. El Estado debía apoyar el progreso del comercio interno emprendiendo obras de infraestructura (caminos, puentes, canales, etc.) (40)

Si bien Belgrano era plenamente favorable a la libertad del comercio interior y del de granos, no defendía con igual énfasis una absoluta libertad del comercio exterior (41). En este sentido parece correcta la interpretación de Emilio Coni quien afirmó que Belgrano sólo era partidario del “libre comercio” en un sentido muy restringido(42).

El creador de la bandera, en uno de sus artículos, explicó en forma extremadamente detallada los beneficios de una política arancelaria proteccionista (43). Incluso, en un artículo publicado en septiembre de 1810 Belgrano defendió el principio de la intervención estatal en la regulación del comercio (44). Este pensamiento tenía poco de liberal o fisiocrático ; en rigor era de claras connotaciones mercantilistas.

Los objetivos generales de la política comercial defendida por Belgrano están reunidos en las llamadas “9 Máximas Inglesas”, que el ex Secretario del Consulado había tomado de Antonio Genovesi. Debe aclararse que en las Memorias citaba las Máximas 16 y 25 de Quesnay (45), donde postulaba una política comercial más librecambista. Pero, en verdad, la concepción general del Belgrano maduro, del Belgrano del Correo de Comercio, era, en este tópico, claramente neomercantilista.

Con las “9 Máximas Inglesas” de Genovesi, Belgrano defendía la exportación de productos industriales que debían manufacturarse tanto con materias primas nacionales como con materias primas importadas al efecto (Máximas 1, 2 y 3). Según estos mismos principios debía establecerse una política arancelaria proteccionista, evitándose la importación de productos suntuarios (Máxima 6) y de mercancías que compitiesen con similares nacionales (Máxima 5). En la Máxima 7 se consideraba que la importación resultaba siempre un factor de empobrecimiento para un país. Por eso debían limitarse las importaciones a lo absolutamente necesario (Máxima 7), a menos que se importase para luego reexportar (Máxima 8). Finalmente se recomendaba en la Máxima 9 tener una flota mercante numerosa que se encargara tanto del propio comercio exterior como del de otras naciones (46).

Estos principios que Belgrano tomó de Genovesi ubicaban su política comercial en una tónica claramente neomercantilista. En opinión de Belgrano, no era conveniente dejar todo en manos de la ley de la oferta y la demanda y de las reglas “naturales” de la economía, como sostenía Adam Smith. Tampoco coincidía el creador de la bandera con los principios fisiocráticos según los cuales el Estado no debía intervenir en la economía favoreciendo al comercio o a la industria, como se había hecho hasta tiempos de Quesnay en Francia.

Por otra parte, si bien la influencia del pensamiento español era fuerte en Belgrano, el ex Secretario del Consulado mantenía, en esta cuestión serias diferencias con Jovellanos -para quien el principal problema de la economía española era su excesiva reglamentación (47)-.

El pensamiento del vencedor en Tucumán y Salta tenía otra discrepancia con el clásico laissez faire liberal: su concepción sobre el papel del Estado en la economía.

En primer lugar, el Estado debía emprender, a nivel general, obras de infraestructura como medio de disminuir los costos internos del transporte favoreciendo así a la industria, el comercio y a las demás actividades económicas (48).

Además, el Estado podía, en casos especiales y limitados, conceder privilegios exclusivos (49). Los organismos estatales, como el Consulado del que Manuel Belgrano fue Secretario, podían distribuir premios para estimular el perfeccionamiento de la producción manufacturera (50).

Belgrano también recomendaba una política arancelaria proteccionista(51), lo que implicaba la participación del Estado como regulador en esa materia (52).

Finalmente proponía, como ya señalamos, emplear los medios “naturales, artificiales y políticos” para “favorecer la industria y el comercio extranjero” (53).

Un buen ejemplo de cómo funcionaba en la concepción de Belgrano la participación del Estado en la economía era  su prédica a favor del cultivo del lino y el cáñamo, desarrollada en detalle en la Memoria de 1797 (54). El Consulado debía, en opinión de su Secretario, apoyar el cultivo del lino y el cáñamo proporcionando semillas, otorgando premios, facilitando la creación de fábricas de lona, y garantizando la colocación de los productos (55). Proponía a tal efecto facilitar los barcos de la Real Armada para abaratar los fletes de las exportaciones de aquellas mercaderías (56), así como un mecanismo gubernamental de compra anticipada de las cosechas para estimular la producción (57).

Además de esta intervención directa como inductor de la producción, el Estado debía, según la perspectiva de Belgrano, asumir responsabilidades más acordes a la concepción liberal clásica. Sin embargo, el Estado compartía con la Iglesia la responsabilidad de asumir los compromisos inherentes a la formación cultural y técnica de la población (58).

Esta aceptación de la participación eclesiástica en la educación alejaba a Belgrano de los teóricos del Settecento, mayoritariamente laicos, y lo acercaban al pensamiento español de su tiempo, sobre todo a Jovellanos.

El objetivo general del proyecto educativo de Belgrano era, como ya señalamos, incrementar el nivel cultural de la población para facilitar su formación laboral. Al mismo tiempo, esta instrucción elemental serviría para dotar a los pobladores de ciertos valores ético-morales (59). Se proponía, además, formar técnicos que facilitaran sus proyectos de reforma económica (60).

El planteamiento de un sistema educativo orientado a la producción era común a Belgrano, Genovesi y Jovellanos, aunque estos autores tenían algunas diferencias menores en lo referente a su implementación.

En definitiva, el pensamiento económico de Belgrano abarcaba todas las áreas de la actividad económica y se complementaba con una preocupación por los problemas educativos que él consideraba necesario solucionar si se querían emprender reformas económicas.

La concepción económica de Belgrano, considerada en su totalidad, aparece como el producto de una serie de influencias diversas. Sin embargo, podemos marcar dos vertientes principales del pensamiento de su época que influyeron fundamentalmente en la formación de su cosmovisión económica : la liberal y la neomercantilista. En ambos casos, Belgrano accedió a distintos autores que sostenían posiciones análogas en algunos aspectos generales, aunque a veces bastante diferenciadas en determinadas cuestiones puntuales.

La influencia liberal procedía esencialmente de los fisiócratas, Jovellanos y Smith.

La influencia fisiocrática era bastante débil, y aparecía en muchos casos mezclada con el pensamiento de Jovellanos, en ciertos aspectos afín al de Quesnay. Gaspar Melchor de Jovellanos, si bien estaba influido por los fisiócratas, no puede considerarse integrante de una corriente tan regulada y ortodoxa como la Escuela de François Quesnay.

Adam Smith también ejerció una influencia considerable en el creador de la bandera, tanto directamente -de “La Riqueza de las Naciones”  Belgrano manejaba la traducción de Ortiz y el compendio de Condorcet-, como en forma indirecta, a través de Jovellanos.

Sin embargo, una vez más, Belgrano tomó sólo algunas ideas y teorías, sin adoptar el pensamiento smithiano en su totalidad.

La influencia liberal en el héroe de Tucumán, dispar y difusa, fue producto de la fusión de las ideas que tomó de Quesnay, Dupont de Nemours, Smith, Jovellanos y otros. Cuestiones teóricas como su concepción del dinero y el sistema bancario, su aceptación del libre comercio interno, su oposición a la reglamentación excesiva característica del mercantilismo, su valoración positiva del interés individual como móvil económico del hombre en sociedad y de las actividades productivas frente a la acumulación de metálico -propia esta última del colbertismo- eran todos rasgos belgranianos de raigambre liberal, aunque muchos aparecían en su pensamiento mitigados, y aún a veces hibridados con ideas de otros orígenes.

Por eso resulta muy difícil calificar sin más a Belgrano de “liberal”, pues en su ideario económico la influencia de los representantes del mercantilismo tardío es casi tan notoria como la liberal.

Genovesi, Galliani, Ulloa y otros neomercantilistas marcaron también profundamente el pensamiento económico de Belgrano. Su concepción sobre el comercio y la política arancelaria proteccionista, así como su aprobación sin demasiados pruritos de la intervención del Estado en la economía, tienen un sabor netamente mercantilista.

Sin embargo, este mercantilismo de fines del siglo XVIII ya no era igual al clásico mercantilismo del siglo XVII, de tiempos de Colbert.

Un pensamiento económico como el de Antonio Genovesi recogía alguna influencia de las corrientes económicas “liberales” de su tiempo, como por ejemplo la fisiocrática. De todos modos, la concepción comercial, el proteccionismo arancelario y la aceptación de un papel del Estado en la economía mucho más amplio que el tolerado por un liberalismo como el de Smith, son rasgos que aparecían tanto en Belgrano como en muchos representantes españoles e italianos del pensamiento mercantilista tardío.

Belgrano no puede alinearse con ninguna de las escuelas económicas de su tiempo, aunque estaba influenciado por ellas. Belgrano era esencialmente un ecléctico. Su integración personal de las dispares influencias que formaron su pensamiento resulta bastante original.

Sin embargo, el liberalismo mitigado y arancelariamente proteccionista de Belgrano tenía similitudes con las teorías que desarrollaría en la generación siguiente el alemán Friedrich List.

List desarrolló sus teorías entre 1819 y 1841, fecha en la publicó su obra principal, Sistema nacional de Economía Política (61), por lo que obviamente no pudo influir en Belgrano, ya que este murió el 20 de junio de 1820, y todos sus escritos económicos son muy anteriores.

De todos modos, resultan curiosas las coincidencias entre ambos pensamientos. La educación orientada a la producción, la interrelación armónica entre la agricultura, la industria, el comercio y el transporte, y la aceptación de una activa participación del Estado en la economía, son todas características del pensamiento de List (62), que aparecían en los artículos que Belgrano escribió antes de 1811.

Otra característica del pensamiento belgraniano que parecía anticipar alguno de los planteamientos del teórico alemán era la concepción según la cual Manuel Belgrano defendía el libre comercio interior, en forma enérgica, pero a la vez postulaba cierta protección en lo referente al comercio exterior. Esta posición del ex Secretario del Consulado era muy parecida a la que varios lustros después desarrollaría en Alemania, en un contexto socio-económico diferente, Friedrich List (63), el teórico económico del Zollverein  -Unión aduanera alemana organizada por Prusia- y del industrialismo alemán .

Belgrano, en definitiva, no puede ser considerado ni un fisiócrata, ni un liberal smithiano, ni un mercantilista pleno, ni un seguidor fiel de las ideas de Jovellanos.

El creador de la bandera era un hombre inquieto, que recibió múltiples influencias y que las integró en un pensamiento  ecléctico, impuro; adaptado al tiempo y al lugar en que le tocaba actuar. Por eso, puede considerárselo tanto como un ecléctico liberal-mercantilista bastante original, como así también como un precursor marginal y periférico de las corrientes proteccionistas de la segunda mitad del siglo XIX. (64).


ALGUNAS REFLEXIONES FINALES




Muchas  personas piensan que lo “viejo” ya no sirve, que todo lo nuevo es siempre mejor, y asimilan el concepto de “cambio” con “progreso”. La historia generalmente muestra lo contrario, pues existen avances, estancamientos y retrocesos en la historia de todos los países y sociedades.

El pensamiento de Manuel Belgrano se desarrolló cuando el liberalismo estaba naciendo, y por eso está a caballo de lo nuevo y lo viejo. Es un pensamiento ecléctico, heterodoxo, herético.  Es por lo tanto ideal para inspirarnos en estos tiempos en los que la ortodoxia neoliberal está seriamente cuestionada, y  las heterodoxias florecen. Aquel pensamiento que se desarrolló cuando el liberalismo nacía puede ser muy útil para inspirarnos en estos tiempos “impuros” que quizás sean los de la crisis final del liberalismo económico clásico.

Manuel Belgrano nos dejó hace mucho tiempo.  Sin embargo, su pensamiento está vivo, nos acompaña y nos inspira.


Adrián Corbella



NOTAS :


(1)          GONDRA, Luis Roque : Las ideas económicas de Belgrano, Bs.As., segunda edición, 1927, pags.95, 96, 109 y 110.

(2)          BELGRANO, Manuel : Escritos económicos, Bs.As., Hyspamérica, 1988, pags. 33 a 67.

(3)          CHIARAMONTE, José Carlos : La crítica ilustrada de la realidad. Economía y sociedad en el pensamiento argentino e iberoamericano del siglo XVIII, CEAL, Bs.As., 1982, pags.42-43.

(4)          BELGRANO, Manuel : Autobiografía, en SAAVEDRA, BELGRANO, RODRÍGUEZ Y GUIDO : Los sucesos de Mayo contados por sus actores, Ed. Jackson, Bs.As.,,1945, pag.116

(5)          BELGRANO, Escritos…, op.cit., pags. 108 a 111 (artículo del 19 de mayo de 1810).

(6)          BELGRANO, Escritos…, op.cit., pags. 72-73.

(7)          BELGRANO, Escritos…, op.cit., pags. 71

(8)          BELGRANO, Escritos…, op.cit., pags. 21

(9)          GIANELLO, Leoncio : Ideas económicas y sociales de Manuel Belgrano, en Revista de Humanidades Buenos Aires, Año I, nro.1, La Plata, 1961, pags. 69 a 72.

(10)        BELGRANO, Escritos…, op.cit., pag. 180

(11)        BELGRANO, Escritos…, op.cit., pags. 8, 9 y 20.

(12)        GONZÁLEZ, Julio V. : Influencia de Jovellanos en la gesta emancipadora argentina, Separata del libro Jovellanos : su vida y su obra, Bs.As., Centro Asturiano de Bs.As., 1945, pag.26

(13)        WEINBERG, Gregorio : Introducción a BELGRANO, Manuel : Escritos económicos, Bs.As., Raigal, 1954, pag.36

(14)        BELGRANO, Manuel : Memoria sobre el establecimiento de fábricas de curtiembres en el Virreinato de Buenos Aires-Año 1802, en Apéndice a GONDRA,  op.cit., pag.213 a 222.

(15)        BELGRANO (1988), Escritos … , op.cit., pag.124

(16)        BELGRANO (1988), Escritos … , op.cit., pag. 124

(17)        JOVELLANOS, Gaspar Melchor de : Informe de Ley Agraria, en JOVELLANOS : Obras, Imprenta de Francisco Oliva, Barcelona, 1839-1840, tomo VII, pag. 43.

(18)        BELGRANO, Mario : El pensamiento político italiano del Settecento en la formación intelectual de Manuel Belgrano, en Revista del Instituto de Historia del Derecho, Bs.As., 1958, nro.9 , pag.52

(19)        BELGRANO (1988), Escritos …, op.cit., pags. 94, 77, 244, 245 y 235.

(20)        BELGRANO (1988), Escritos …, op.cit., pags., 95 y 238.

(21)        BELGRANO (1988), Escritos …, op.cit., pag. 77

(22)        BELGRANO (1988), Escritos …, op.cit., pag. 251

(23)        BELGRANO (1988), Escritos …, op.cit., pag. 174

(24)        BELGRANO (1988), Escritos …, op.cit., pags. 172 y 235

(25)        BELGRANO (1988), Escritos …, op.cit., pag. 235

(26)        BELGRANO (1988), Escritos …, op.cit., pag. 225

(27)        BELGRANO (1988), Escritos …, op.cit., pag. 166

(28)        CHIARAMONTE, op.cit., pag. 126

(29)        GONDRA, op.cit., pag. 123

(30)        BELGRANO (1988), Escritos …, op.cit., pags 167 y 305

(31)        BELGRANO (1988), Escritos …, op.cit., pags 180 y 186

(32)        UZTARIZ, Gerónymo de : Theórica,  y Práctica, de Comercio y Marina, Editorial Aguilar, Madrid, 1968 (Edición Facsimilar), Cap.II, pag.2, segunda columna.

(33)        BELGRANO (1988), Escritos …, op.cit., pags 15, 35 y 36

(34)        BELGRANO (1988), Escritos …, op.cit., pags 15, 35 y 36

(35)        SMITH, Adam : Investigación de la naturaleza y causas de la Riqueza de las Naciones, Ediciones Orbis, Barcelona, 1985. Tomo II, Libro IV, Digresión sobre el comercio de granos y sus leyes, pags. 290 a 312.

(36)        BELGRANO (1988), Escritos …, op.cit., pags 204, 209, 211, 212, 214, 216 a 218.

(37)        GENOVESI, Antonio : Lezioni di Commercio o sia di Economía civile, Milano, Dalla Societá Tipog.. de classici italiani, 1824, tomo I, pag.283 (Citado por CHIARAMONTE, op.cit., pag.116)

(38)        JOVELLANOS, Informe de Ley Agraria, op.cit., pags. 122 y 129.

(39)        CHIARAMONTE, op.cit., pag.68

(40)        BELGRANO (1988), Escritos …, op.cit., pag. 116

(41)        BELGRANO (1988), Escritos …, op.cit., pags 107 y 172

(42)        CONI, Emilio : El nacionalismo económico de Belgrano, en CONI : Agricultura, comercio e industria coloniales (Siglos XVI-XVIII), El Ateneo, Bs.As., 1941.

(43)        BELGRANO (1988), Escritos …, op.cit., pag. 172

(44)        BELGRANO (1988), Escritos …, op.cit., pag. 189

(45)        BELGRANO (1988), Escritos …, op.cit., pag. 57

(46)        BELGRANO (1988), Escritos …, op.cit., pag. 174

(47)        JOVELLANOS, Informe …, op.cit., pag. 35

(48)        BELGRANO (1988), Escritos …, op.cit., pag. 116 y 243.

(49)        BELGRANO (1988), Escritos …, op.cit., pag. 251.

(50)        BELGRANO (1988), Escritos …, op.cit., pag.252 y 253

(51)        BELGRANO (1988), Escritos …, op.cit., pag. 253

(52)        BELGRANO (1988), Escritos …, op.cit., pag.176 y 189.

(53)        BELGRANO (1988), Escritos …, op.cit., pag. 334

(54)        BELGRANO (1988), Escritos …, op.cit., pag. 33 a 50.

(55)        BELGRANO (1988), Escritos …, op.cit., pag.47, 48 y 49.

(56)        BELGRANO (1988), Escritos …, op.cit., pag.47 a 49.

(57)        BELGRANO (1988), Escritos …, op.cit., pag. 49

(58)        BELGRANO (1988), Escritos …, op.cit., pag. 82

(59)        BELGRANO (1988), Escritos …, op.cit., pag. 27

(60)        BELGRANO, Mario : Belgrano, Academia Nacional de la Historia, Bs.As., 1944, pags.34, 35, 44 a 47.

(61)        LIST, Friedrich : Sistema nacional de economía política, Editorial Aguilar, Madrid, 1955.

(62)        SOULE, George : Ideas de los grandes economistas, Compañía General Fabril Editora, Bs.As., 1961, pag.112

(63)        SOULE, op.cit., pag. 108.

(64)    Este artículo es una adaptación de las conclusiones de una investigación realizada por el autor en el marco de sus estudios universitarios en la UBA en el mes de diciembre de 1989, aún inédita. La introducción y el cierre se han agregado ahora, en febrero de 2014.


Publicado en:

http://adriancorbella.blogspot.com/2014/02/manuel-belgrano-el-primer-economista.html




INFORMACIÓN RELACIONADA:

https://www.economia.gob.ar/sello-manuel-belgrano/Pensamiento-Economico-Manuel-Belgrano.pdf


viernes, 18 de junio de 2021

Manuel Belgrano fue el primer economista argentino, por Rubén Ernesto Seijo (para "Página 12" del 13-06-21)


Para Manuel Belgrano la industria debía ser alentada y guiada por el gobierno.


Proponía el desarrollo de la industria nacional, la reforma agraria y la educación de hombres y mujeres por igual


Postulaba la centralidad del trabajo como creador de valor y criticaba el librecambio y el endeudamiento. Era un revolucionario de las ideas y la acción, que soñaba con un país próspero, justo y soberano.

Por Rubén Ernesto Seijo *

13 de junio de 2021


El pensamiento económico de Manuel Belgrano fue poco seguido cuando no tergiversado. Desde la corriente hegemónica u oficial se lo considera como un seguidor del pensamiento fisiócrata y del liberalismo de Adam Smith, entre otros autores europeos de la época. En realidad abordó una gran variedad de problemas económicos que la historia oficial oculta, ya que la prédica de protección de la industria nacional de Belgrano no es coincidente con las clases dominantes que siempre soñaron con la Argentina “granero del mundo” o “supermercado del mundo” en su última versión


En su doctrina económica identifica a la agricultura como fuente de generación de riquezas, pero el destino de ésta no debía ser exportar materias primas sin agregarles valor. La economía debía basarse en un desarrollo armónico y éste requería de la interacción de los tres ejes estratégicos clave Agricultura-Industria-Comercio, en el que existe una secuencia lógica que respeta el proceso de extracción de recursos de la naturaleza, su transformación agregando valor mediante el trabajo y su posterior comercialización. 


Sostenía que la articulación de este trinomio genera la riqueza y felicidad de los países, dando un rol protagónico a la industria: “Ni la agricultura ni el comercio serían, casi en ningún caso, suficientes para establecer la felicidad de un pueblo si no entrase a su socorro la oficiosa industria”, sostenía.


Estas ideas eran un desafío a los intereses de Inglaterra, cuya estrategia de crecimiento de basó en periferias exportadoras de materias primas y una Gran Bretaña industrial exportadora hegemonizando el planeta. También eran un desafío a los comerciantes Buenos Aires que gozaban de un rentismo muy cómodo en esa situación y por lo tanto eran aliados de la corona británica.


Proteccionismo

Belgrano presenta una posición proteccionista proponiendo evitar la importación de mercancías: 


* “Todas las naciones cultas se esmeran en que sus materias primas no salgan de sus estados a manufacturarse, y todo su empeño es conseguir, no sólo el darles nueva forma, sino en atraer las del Extranjero, para ejecutar lo mismo y después vendérselas”.


* “La importación de mercancías que impide el consumo de las del país, o que perjudican al progreso de sus manufacturas y de su cultivo lleva tras sí necesariamente la ruina de una nación”. 


La industria debía ser alentada y guiada por el gobierno. Él sostenía que estaba en “la cuna” para la cual había que hacer política industrial. Dice: “(...) tomar otras medidas para llevarlas por la senda recta y no dejarlas caminar al antojo y capricho, sin principio ni regla fija”. Creía conveniente la intervención del Estado en la economía.


Un elemento a destacar es la diferenciación que marca Belgrano respecto a la teoría del comercio internacional de David Ricardo, que en consonancia con el interés de la Corona Británica publica sus Principios de Economía Política y Tributación, con el cual se pretendió sumar a los países según una división internacional del trabajo basada en el libre comercio: aquel país que tenía supremacía industrial mejoraría su potencial, mientras que el resto de los países quedarían condenados a ser proveedores de materias primas. 


Es interesante ya que la tesis de Belgrano se publica en 1810 y la principal obra de Ricardo es de 1817. Esta discusión es un cabal ejemplo de que las teorías económicas muchas veces no son razonamientos puros sino que tienen que ver con la defensa de intereses. Desde el abordaje teórico puede decirse que mientras Ricardo analizaba la producción a intercambiar en base a horas de trabajo humano, Belgrano veía estos intercambios desde en bases a la circulación monetaria entre países, sus tipos de cambio, tasas de interés y como afectaba esta última en el nivel de actividad. 


Cuando dos países comercian, el país que vende tiene una entrada de dinero que repercute que en la tasa de interés, la cual termina determinando el nivel de actividad del país. Desde este razonamiento, un país que tiene una posición superavitaria del comercio exterior tendrá más dinero y su tasa de interés descenderá, lo que favorece la inversión productiva. En cambio, un país que tiene déficit en los intercambios comerciales tendrá menos dinero y su tasa de interés subirá, desalentando de esa forma la inversión productiva. Se generaba así un inventivo a que los países más desarrollados aumenten sus niveles de desarrollo mientras los países más pobres perpetuaban su situación.


Pionero

Belgrano rechazaba la idea de que el Estado tomara deuda externa y lo hizo con estas palabras textuales: “El grueso interés del dinero convida a los extranjeros a hacer pasar el suyo para venir a ser acreedores del Estado. No nos detengamos sobre la preocupación pueril, que mira la arribada de este dinero como una ventaja: ya se ha referido algo tratando de la circulación del dinero. Los rivales de un pueblo no tienen medio más cierto de arruinar su comercio, que el tomar interés en sus deudas públicas”.


Fue el pionero en considerar al trabajo como principal generador de valor y como actividad que dignifica al ser humano. En ese marco identificó algunos inconvenientes que conspiraban contra el buen desempeño de los agricultores: bajo salario, precariedad de la vivienda, falta de instrumentos adecuados, pero el principal de ellos era la carencia de propiedad de las tierras, ya que ese era “el mal de donde provenían todas las infelicidades y miserias”. 


La falta de propiedad de la tierra por parte de quien la trabajaba era uno de los principales desincentivos a la productividad, generaba la aversión a toda labor, porque el que no podía considerar suya la tierra que trabajaba y estaba expuesto a perder lo que tenía, no contaba con ningún aliciente. 


En este sentido, es de los primeros en proponer una verdadera reforma agraria basada en la expropiación de las tierras en desuso para entregarlas a los agricultores sin tierra. Consideraba clave motivar con premios y buenos salarios a los trabajadores y, a la vez, capacitarlos en el quehacer rural. Veía al gaucho como trabajador y como consumidor al mismo tiempo, anticipando la importancia del consumo como dinamizador de la demanda, teoría luego desarrollada por Keynes.


Desarrollo

Belgrano consideraba a la educación como un elemento central para el desarrollo tanto económico como social. Entendía clave a la educación en la formación para el trabajo y es pionero en proponer que la educación sea pública, gratuita, obligatoria y para mujeres y varones. 


Pudo crear escuelas de dibujo técnico, matemática y de náutica, y propuso la creación de otras, entre ellas la de agricultura. Había tomado clara conciencia de la importancia de fomentar la educación y capacitar al pueblo para que aprenda ciencias, técnicas, arte y oficios y puedan aplicarlos al desarrollo nacional.


Las bases del ideario de Belgrano son la defensa de la industria nacional, la educación pública y gratuita para mujeres y hombres en igualdad de condiciones y vinculada el sistema productivo y la generación de empleo, la centralidad del trabajo como creador de valor, la crítica al librecambio y al endeudamiento, un conjunto de valores que lo convierten en un revolucionario para la época, que soñaba con un país próspero, justo y soberano.


* Docente de la Universidad Nacional de Quilmes y de la UBA.



Publicado en:

https://www.pagina12.com.ar/347440-manuel-belgrano-fue-el-primer-economista-argentino

viernes, 11 de junio de 2021

Ay, abuelo, no sé cómo decirte que las cosas no están nada bien, por Jessica Belgrano (para "Facebook" del 08-06-21)

 


Ay, abuelo, no sé cómo decirte que las cosas no están nada bien. Más de doscientos años pasaron y las batallas ideológicas que peleaste parecen seguir siendo las mismas. Cada vez que se acerca un nuevo aniversario de tu muerte, que es el día en que conmemoramos la creación de la bandera, pienso que si hubiéramos sido más belgranianos hoy estaríamos mejor parados frente a las adversidades que nos toca vivir. ¿Y sabés por qué no somos más belgranianos? Porque aquellos que permitieron que mueras pobre, aquellos que a lo largo de los años manejaron el país como si fuera el casco de su estancia, nos negaron ese derecho y se adueñaron de nuestros destinos. ¿Podés creer que le hicieron creer a todo el mundo que tu muerte en la pobreza fue un acto de patriotismo? ¡Qué cinismo! Si supieras que algunos de los que te admiran porque moriste pobre hace pocos días se negaron a pagar un aporte solidario a las grandes fortunas. Te juro que me ofende.

Y así con todo, abuelo, nos enseñaron a idolatrar tu austeridad y se cuidaron muy bien de no contarnos algunas cosas importantes.

¿Te acordás del tema de las tierras improductivas, del derecho de los labradores a ser dueños de una parcela y el reconocimiento de la propiedad de sus tierras a los pobladores originarios ? De eso no nos dijeron ni una palabra, calladitos se quedaron. ¿Te imaginás qué sociedad más igualitaria seríamos si nos hubieran enseñado eso? ¿Si año tras año en la escuela hubiéramos aprendido que Belgrano pensaba que uno de los caminos para ser una gran nación era brindarles la tierra a los trabajadores y las herramientas para trabajarla?

¿Y el tema de las importaciones? Estabas seguro de que el Estado debía prohibir las mercancías importadas que atentaran contra la industria nacional. Bueno, no podrías creer las dificultades a las que se enfrenta hoy en día nuestra industria, que compite con la importación indiscriminada defendida por políticos que piensan más en sus intereses que en el desarrollo del país. Hasta dicen que los sueldos son un costo a reducir.

¡Y cómo te oponías a la deuda externa! Te voy a contar algo que te volvería loco: cuatro años después de tu muerte, Rivadavia -sí, Bernardino Rivadavia- inició la temporada de deudas externas. No te das una idea del tamaño de la deuda que carga nuestro pueblo sobre la espalda gracias a los negociados del último gobierno neoliberal. Mis tataranietos dirán un día: desciendo de un hombre que se oponía a que los Estados se endeudaran porque era una manera de ceder soberanía política.

Otro tema del que tampoco dijeron una palabra es de lo que pensabas sobre la regulación estatal del precio de los granos. ¿Podés creer que los mismos que te veneran decidieron desabastecer de carne a sus compatriotas para que el Estado no regule los precios?

Y ni hablar de la unidad continental que creías fundamental para enfrentar al enemigo exterior. Mientras unos vemos hermanos y hermanas en los países vecinos, otros los discriminan y festejan las políticas de hambre de los gobiernos de derecha.

Son tan hipócritas, que este 20 de junio seguro te dedicarán un emotivo homenaje por tu aporte a la educación los que por una pulseada electoral dejaron a los pibes y pibas más pobres de la sociedad sin clases. ¿Sabrán que donaste tus sueldos para construir escuelas quienes prefieren gastar en baldosas en lugar de entregar computadoras? Vas a ver, viva Belgrano van a decir ellos también.

Antes creía que no te habían entendido y que por eso no nos enseñaban todo lo que planeaste para el país, pero no es así. Te entendieron tan bien que solo nos cuentan que creaste la bandera y que moriste pobre.

La bandera. Cada 20 de junio se llenan la boca con la bandera, ponen banderas en sus autos de alta gama, cuelgan banderas de las ventanas de sus casas en barrios elegantes. ¿Cómo hacen para escindir esos colores de los ideales que cargan?

A veces me da mucha bronca, pero no todo es desánimo, abuelo. Mientras algunos nos hacen la vida difícil y despotrican contra la Argentina, otros y otras no dejamos de pelear las batallas que heredamos. Así, más temprano que tarde, podremos brindar por el país con el que soñaste y enarbolar una bandera que nos alcance a todos.


por Jessica Belgrano




domingo, 7 de junio de 2020

Belgrano para todas y todos, por Eduardo Fernández (para "Portal de Noticias" del 06-06-20)


Cuando se recuerda a Belgrano como el creador de la bandera, corremos el riesgo de caer en una simplificación injusta. Es prioritario rescatar la importancia que tuvo en el proceso independentista.

06/06/2020

Por Eduardo Fernández – Diputado nacional del Frente de Todos

El 3 de junio se cumplieron 250 años del natalicio de Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano. En algunos días además, se recordarán los 200 años de su fallecimiento. Por ello este año se declaró como el año del General Manuel Belgrano. Más allá del evento histórico, es fundamental retomar sus conceptos en el momento que vive Argentina.



Cuando se recuerda a Belgrano como el creador de la bandera, corremos el riesgo de caer en una simplificación injusta. Es por ello que se vuelve prioritario rescatar la importancia que tuvo en el proceso independentista, donde sus ideas marcaron a fuego el desarrollo y el debate de un proyecto de País.

Belgrano tuvo un posicionamiento político claro. Buscó promover el desarrollo a través de la industria y la agricultura, enfatizando en la importancia de un reparto equitativo de los recursos. Este planteo lo hizo a riesgo de enfrentarse con la oligarquía del momento, conformada por sólo cinco mil mineros en un territorio que contaba con unas 400 mil personas. “La repartición de las riquezas hace la riqueza real y verdadera de un país, de un Estado entero, elevándolo al mayor grado de felicidad”, escribió en el “Telégrafo Mercantil”.

“Otro mal imponderable al labrador y a los pueblos, es el de los usureros, enemigos de todo viviente, a estos que tragan la sustancia del pobre y aniquilan al ciudadano, se les debe considerar por una de las causas principales de la infelicidad del labrador, y como mal tan grande, no hay voces con qué exagerarlo”, sintetizó.

Belgrano fue un dirigente brillante señalado por muchos historiadores como “la cabeza política de Revolución de Mayo”. Fue un promotor de la educación pública y popular, haciendo especial énfasis en el acceso de las mujeres a la misma. También luchó por un país soberano e independiente, no sólo del dominio extranjero.

UNA NACIÓN SOLIDARIA

Podemos decir que sus ideas, muchas veces ocultas en la enseñanza de la historia argentina, dan cuenta de un dirigente con un proyecto claro que priorizaba el beneficio colectivo. Un proyecto solidario que planteaba desconcentrar las riquezas y brindar oportunidades a toda la población.

Los conceptos que nos heredó siguen vigentes en un momento histórico para nuestro País y el Mundo. Por ejemplo, en la actualidad atravesamos un proceso de reestructuración de Deuda Pública, con el objetivo planteado por Alberto Fernández de llegar a acuerdos con los tenedores de bonos, siempre y cuando no se condicione el desarrollo de la industria y el bienestar social. En esta línea la coalición gobernante tomó la decisión de investigar a ex funcionarios y a beneficiarios de la toma de Deuda.
Asimismo gran parte de la sociedad sigue preceptos planteados por Belgrano y condena a quienes fugaron capitales al exterior en el marco de un ajuste salvaje durante los cuatro años del macrismo, o aprueba ampliamente el debate sobre la aplicación de un tributo para gravar las grandes fortunas.

Los conceptos del abogado y periodista siguen siendo una guía fundamental para construir un país solidario bajo la definición de no postergar más a la Argentina. En este sentido, tal como expresó el Presidente Alberto Fernández, es fundamental comprometer a toda la dirigencia a abrazar la política con un componente ético central que es, “no hacernos los distraídos frente a la desigualdad”.

Publicado en:
https://portaldenoticias.com.ar/2020/06/06/belgrano-para-todas-y-todos/