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domingo, 18 de noviembre de 2012

"Muchos medios faltaron a la verdad y a nosotros nos faltaron el respeto", por Manuel Alfieri (para “Tiempo Argentino” del 18-11-12)



Tiempo Argentino reunió a los periodistas agredidos para saber su impresión acerca de la convocatoria del 8N


Néstor Dib de C5N, Antonio Marioni, Iair Roiz y Pablo Kuperszmit de Duro de Domar, Alejandro Isturiz de Telefe Noticias y Gerardo Mazocchi de Radio Nacional, entre otros, golpeados e insultados durante el cacerolazo, cuentan cómo sucedió. 
 


El 8N dejó mucha tela para cortar. Los debates mediáticos en torno a los reclamos que se escucharon en esa masiva movilización fueron profusos. Pero, por el contrario, fue escasa –o nula– la cobertura que los medios hegemónicos le dedicaron a los ataques, físicos y verbales, que sufrieron muchos de los periodistas, camarógrafos y productores que estaban en los alrededores del Obeslico.
Las caras más visibles de los diarios Clarín y La Nación calificaron a la movilización como "pacífica" y relativizaron los hechos de violencia. Eduardo Van der Kooy consideró la marcha como una "monumental movilización". Mariano Grondona sostuvo que "una parte probablemente mayoritaria de la sociedad se manifestó espontáneamente por la democracia republicana". Joaquín Morales Solá observó "un masivo respaldo a la libertad de expresion y a todas las libertades". Y Pablo Sirvén escribió: "Este periodista recorrió a pie unas 30 cuadras sin advertir el más minimo incidente, ni consignas, ni pancartas inapropiadas, en un clima social distendido y de respeto de los manifestantes".
Ninguno de ellos se hizo eco de los virulentos ataques que sufrieron algunos de sus colegas. Por esa razón, Tiempo Argentino reunió a algunos de los trabajadores de prensa agredidos, con el objetivo de conocer sus impresiones respecto del 8N y la hostilidad que se desató contra ellos.
Debido a su brutalidad, la única agresión que no pudo ser ocultada por los grandes medios es la que sufrió Néstor Dib, cronista del canal de noticias C5N. El golpe en la cara que recibió por parte de Nicolás Ayuso, un joven que trabajaba en la empresa Sancor Seguros, fue transmitido, casi, en cadena nacional.
Para Dib, "hasta ese momento la marcha era normal y la gente se manifestaba pacíficamente". Pero advirtió que en sus años de experiencia como movilero "nunca me pasó algo con esta violencia, jamás. Puteadas me he comido, como todos, pero nunca me pegaron. En la marcha había mucha gente que no quería que la movilización fuese pacifica. Yo no pienso que sean infiltrados, como dicen algunos. Eso no existió. Los violentos eran personas que pensaban de la misma forma que el resto de la manifestación".
El cronista de C5N fue agredido cerca del Obelisco, aproximadamente a las diez y media de la noche, cuando comenzaba la desconcentración de los caceroleros. En ese mismo momento, pero en la Plaza de Mayo, fue atacado brutalmente el equipo periodístico del programa Duro de Domar, integrado por el productor Pablo Kuperszmit, el notero Antonio Marioni y el camarógrafo Iair Roiz, quien recibió una dosis de gas pimienta en los ojos y cuatro golpes por parte de un manifestante.
"Se trata de una persona que ya nos había agredido el año pasado y que pertenece a alguna agrupación neonazi. En ese momento estábamos en Plaza San Martín, cuando (Cecilia) Pando y compañía hicieron un acto para recordar a las víctimas de la guerrilla", recordó Kuperszmit, quien el pasado 8 de noviembre sufrió empujones, golpes en la nunca y patadas en las piernas mientras trabajaba. "La gente no intentaba calmar los ánimos. Por el contrario, se exacerbaron cada vez más, a tal punto que en un momento tuvimos que salir corriendo, porque cuando tratamos de alejarnos nos tiraron botellas y otros objetos", agregó el productor de Canal 9.
En ese momento, el equipo de Telefé Noticias se solidarizó con sus colegas y decidió entrevistar al camarógrafo Roiz. Pero la nota quedó trunca cuando un cacerolero le pegó una patada al micrófono que sostenía Alejandro Isturiz, movilero del canal. "Fueron cinco o seis personas las que agredieron. Lo que yo sentí el otro día fue que había un grupo minúsculo, reducido, que fue a hacer bardo", relató Isturiz. Luego de esa situación, el equipo de exteriores del canal fue amenazado por manifestantes que portaban un arma blanca, según informó el propio noticiero.
Isturiz no identificó a quienes lo atacaron, pero sí pudo ver cómo agredían a un camarógrafo de Canal 13. "En ese caso no hubo una agresión física, pero sí verbal, que terminó a los gritos", contó el movilero. Sin embargo, desde el canal que pertenece al Grupo Clarín no informaron nada al respecto.
Gerardo Mazocchi, cronista de Radio Nacional, también vivió momentos de tensión mientras realizaba su trabajo en las inmediaciones del Obelisco. El primero de ellos fue a las nueve de la noche. "Yo estaba  detallando las consignas de la movilización. En ese instante, recibo un empujón de atrás y me gritan: '¡pará de mentir!' Yo seguí al aire y entre el tumulto no pude identificar a nadie".
Luego, a las diez y cuarto, Mazocchi volvió a recibir otra agresión cuando se acercó hasta el móvil del programa 678, que también estaba cubriendo la movilización. "El clima era tenso. Había mucho griterío. Cuando se apagó el móvil, ahí empezaron empujones, insultos. Yo me acerqué un poco para dar una mano, y el ambiente se puso feo. En el revoleo, me pegaron un pancartazo, o algo así. Tengo todo el cuello marcado, hinchado. En el momento ni me di cuenta, porque era mucha la tensión y la adrenalina", relató el cronista, quien por primera vez en su carrera periodística sufrió agresiones por parte de quienes se estaban manifestando. "Hace años que trabajo en la calle. Me tocó cubrir el 19 y 20 de diciembre. A Gastón Riva lo mataron a 50 metros de donde yo estaba. Pero nunca sufrí una agresión por parte de los manifestantes. Las veces que me agredieron fueron las fuerzas de seguridad, no la gente", explicó indignado.
Para Mazocchi, durante el desarrollo del 8N "hubo un clima de hostilidad general hacia la prensa, al punto tal que, en un momento, un tipo me pidió la credencial de periodista".
En la misma línea opinó Kuperszmit, de la producción de Duro de Domar, quien aseguró: "Fuimos asediados constantemente. También es violencia insultar verbalmente, agredir y todo el tiempo tapar la cámara o impedirte hacer normalmente tu trabajo, algo que pasó desde que llegamos hasta que nos fuimos". El productor agregó: "Lo paradójico es que una movilización que pregona el diálogo, el consenso, critica la crispación, llama a defender la democracia, el respeto por las ideas diferentes, tenga el trato que tuvo con todos los medios que considera contrarios a sus ideas".
Para Isturiz, pese al momento de tensión que vivió, la marcha transcurrió normalmente. "Siempre hay grupos minoritarios que van para hacer bardo. Si vos me preguntás cuál es mi conclusión, yo creo que la movilización se desarrolló, desde que empezó hasta las diez y cuarto de la noche, con absoluta normalidad. Nadie agredió, nadie puteó, nadie dijo nada. No vi un carácter hostil hacia la prensa, por lo menos con nosotros. Lo resumo en esos hechos aislados", opinó el periodista de Telefé.
En tanto, Néstor Dib evaluó que hasta antes del tremendo golpe que recibió, "la marcha se había desarrollado con normalidad. Alguna mujer vino a poner alguna pancarta, alguno golpeó el móvil, pero son anécdotas. Nada que se fuera del carril. Yo creo que los 'ultras' siempre existen, de un lado y del otro".
Kuperszmit, por último, criticó duramente a los grandes medios, que "intentaron silenciar estos hechos. Obvio que esos medios no van a decir que en la marcha hubo episodios de violencia. Fue muy grosero cómo lo ocultaron. Sólo mostraron la agresión al periodista de C5N porque era muy evidente. Por lo menos podrían haber dicho que hubo otros casos. No solo por respeto a los colegas, sino por respeto a la verdad que ellos dicen defender".  «


Además, los inventos

El periodista de C5N Néstor Dib denunció la existencia de una campaña en su contra. Sucede que al día siguiente del brutal golpe que recibió en la cara por parte de Nicolás Ayuso, en distintas redes sociales aparecieron notas que vinculaban a Dib con su propio agresor. "Quisieron decir que estaba todo armado. Una cosa absurda", lamentó el movilero. Y agregó: "Los que primero arrancaron con esto son los de SEPRIN. Inventaron una historia. A Nicolás Ayuso no lo vi en mi vida, nunca tuve contacto con él. Es una locura".

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jueves, 15 de noviembre de 2012

Malestares con-partidos, por Agustín Pineau (para “Creer o Reventar” del 10-11-12)




















 Arriba: La ideología del 8N. Ante tal contundencia discursiva, huelgan comentarios y adjetivaciones. Cada uno adjetivará a medida que las vea...



La masividad de la convocatoria del 8-N, en comparación con el 13-S, obliga a agudizar el análisis para abordar similitudes y diferencias sin caer en la simplificación de describir  analogías. Como sabemos, las diferencias cuantitativas pueden derivar en diferencias cualitativas, ¿es este el caso?
El 13-S se conformó sobre una base social de límites compactos, sectores sociales urbanos medios-altos, en una posición de aversión al gobierno nacional, que exponen características visceralmente agresivas y enraizadas a lo largo de nuestra historia en el desprecio hacia las mayorías populares y su inclusión social y política. En el pasado encontramos a este sector social con las mismas reacciones frente a la “chusma” de Hipólito Irigoyen y los “cabecitas negras” de Evita y Perón.
En la heterogeneidad de sus demandas sobresale, por sobre las demás, el reclamo de ejercer el derecho de adquirir dólares libremente, expresando una particularidad cultural distintiva de ese sector. Emergía el 13-S esta demanda con destacada saliencia, y como eje central de sus malestares y ansiedades por la “falta de libertad”, enunciando su concepción del lugar donde ubican los límites de los derechos individuales, que el gobierno ha invadido y que lo hace merecedor del irrespeto de los “ciudadanos decentes”. Demostrando esa huella indeleble que en su conciencia ha dejado la praxis neoliberal de los noventa.
Permitió aquel paisaje sociocultural la construcción de un perfil estereotipado del “cacerolo”, basado en las expresiones volcadas en sus pancartas, canticos y aun en su vestimenta.
Anteriormente, esa primera manifestación, que caracterizamos como de contenido pre-democrático (ver “Tomando nota”), fue trabajada desde las redes sociales por las “viudas” del 7-D, y tomó de sorpresa a referentes de los partidos político opositores y también a algún exponente del propio oficialismo.
El escenario que comenzó a construirse de cara al 8-N reconoce variaciones. La experiencia de la primera movilización alentó al Grupo Clarín, sus aliados mediáticos y de la arena política, a plantearse el objetivo de una convocatoria masiva a nivel nacional. El multimedio fija la agenda y los tiempos en función de sus intereses corporativos, que se verán afectados por la vigencia plena de la Ley de Servicios Audiovisuales a partir de diciembre. Procura lograr un blindaje y construir un armazón de protección a partir de una movilización amplia que coadyuve en la presión sobre una Corte Suprema, presidida por el Dr. Lorenzetti, que quizás, más pronto que tarde, deberá expedirse sobre la constitucionalidad de la ley (ver “Todo pasa por el 7”).
Los partidos políticos de oposición jugaron su rol. En un principio convocaron en forma timorata y solapada, para luego dar un vuelco que culminó en una convocatoria abierta colgándose descaradamente de la protesta.
El 8-N se produce en un marco decididamente masivo, en la cual confluyeron sectores de estratos medios más amplios, evidenciando una composición de mayor complejidad sociocultural, diferenciando el perfil de los actores en relación al estereotipo construido en el 13-S, y que escapa a las más rígidas categorías de análisis aplicadas en aquel caso.
El variopinto conjunto de mensajes expresados en la última protesta es quizás la característica que marca analogía con la anterior. Sin embargo, en esta oportunidad la cuestión del dólar se perdió en el abierto abanico de consignas, dando al conjunto de mensajes una marcada vaguedad que no permitía encontrar más que un común denominador, un malestar compartido y una magnificada aversión al gobierno nacional.
Las convocatorias cuasi anónimas desde las redes sociales sólo pudieron construir un momento y lugar de convergencia, desembocando en un acto masivo pero atomizado, una sumatoria de malestares individuales, que posiblemente sean el singular elemento de conexión emocional y de reconocimiento entre los manifestantes y su punto de mayor comunión. Malestar que surge desde la impotencia ante una realidad que aparece como irreversible, y se expresa desde una ofuscada negatividad en dispersos mensajes de todo tipo y orden. Esta caracterización impide reconocer un colectivo articulado con alguna cuota de razonabilidad y coherencia.

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Las dos legitimidades, por Hernán Brienza (para “INFOnews” del 11-11-12)




La manifestación del 8N ha dejado algunas paradojas "divertidas". Para ponerle un poco de humor a la cuestión enumero: La "derecha republicana" se ha vuelto plebiscitaria –tras juntar unos cuantos miles en las calles de Buenos Aires- y ha abandonado su perorata institucionalista y republicana…


I

Los voceros del institucionalismo liberal se han vuelto "fascistas" y creen de la noche a la mañana en el mensaje de la "movilización de las masas enardecidas" más que en el correcto y normal funcionamiento de la República y sostiene que el "poder del pueblo" reside en juntar gente en una esquina antes que en el sufragio universal, obligatorio y secreto…
El intendente –que tiene la sacrificada tarea de ir a ver recitales de Kiss para publicitar Buenos Aires en el mundo mientras la Ciudad se inunda o se hunde, vaya uno a saber– descubrió que el 8N fue el día más importante de la historia argentina –¿no deberían tener al menos un par de materias de Historia Argentina en la carrera de Ingeniería?– olvidándose del 19 y 20 de diciembre, del 24 de marzo de 1976, el 17 de octubre de 1945 y cree que una decena de miles se puede comparar cuantitativamente con los millones de los cierres de campaña de Ítalo Lúder y Raúl Alfonsín o la concentración en Ezeiza del 20 de junio de 1973 o el Cabildo Abierto del 22 de agosto de 1951…
Los que apoyaron a la dictadura militar en sus editoriales y notas desde La Nación y Clarín, o desde instituciones como la UIA o la Sociedad Rural o la Iglesia Católica –imagino que los católicos que desfilaron el 8N pidiendo el fin de los subsidios a los sectores populares estarán de acuerdo, también, en el que el Estado deje de subsidiar a la Iglesia mediante los sueldos al clero y los subsidios a sus colegios ¿no?- hablan de respeto a la democracia y a las instituciones…
Los dirigentes políticos de los gobiernos de la UCR y la Coalición Cívica y el Peronismo Federal que masacraron al "pueblo" en las calles el 20 de diciembre de 2001 y el 26 de julio de 2002 le exigen, ahora, al gobierno nacional que escuche el "mensaje de la gente"…
Hoy, en esta Argentina cualquiera puede gritar que el gobierno no lo deja gritar… Una minoría política ruidosa intenta imponerle una agenda de cambios a un gobierno elegido por una abrumadora mayoría silenciosa…
El Grupo Clarín que manipula subrepticiamente al Poder Judicial hace campaña para que un gobierno no manipule al Poder Judicial…
Miles de personas desfilaron exigiendo que no se produzca algo que no estaba previsto que sucediera: la re-relección. Podrían desfilar, también, para que, por ejemplo, Jorge Altamira, líder del PO, quien exigió el adelantamiento de las elecciones por la crisis política –juro que es verdad- no acceda al gobierno por el voto popular (en las últimas elecciones alcanzó un mayoritario 2% del electorado). O también pueden marchar para que no se cumplan algunos de los huracanes anunciados por Elisa Carrió que no se cumplieron. O que la oposición no se una en una alianza programática donde se combinen las fórmulas Hermes Binner-Eduardo Duhalde o Mauricio Macri-Vilma Ripoll o Fernando Solanas-Cecilia Pando o Francisco de Narváez-Victoria Donda o Hugo Moyano-Patricia Bulrrich (bueno, esta es más posible, lo admito) o…
II
Preguntas:
¿Debe un gobierno elegido democráticamente por el 54% de la población cambiar su rumbo porque las minorías restantes no están de acuerdo con lo que eligió la mayoría? ¿O un gobierno democrático es aquel que cambia sus principios por otros por el humor político instalado entre otras cosas por los medios de comunicación?
¿Qué es preferible para la política: una dirigencia con convicciones fuertes que las demuestra incluso a veces con una energía desmedida o una dirigencia endeble que no tiene el coraje de decir lo que realmente piensa y quiere y apuesta a diluir sus propias convicciones para poder medir en las encuestas?
¿Podrá el gobierno nacional sostener sus propias convicciones y al mismo tiempo construir una comunicación que sea, como en 2011 por ejemplo, más afectuosa, más amena, más incluyente teniendo en cuenta que el mensaje también es la forma de ese mensaje?
¿Podrá la oposición encontrar un candidato de "centro-derecha-izquierda" que articule la batería de demandas de los caceroleros? ¿Podrán transformar las demandas en un esquema propositivo?
¿Podremos los argentinos escaparle a la lógica binaria en la cual estamos empantanados?
III
Siempre me impresionó la carta de Juan José Valle escrita el 12 de junio de 1956 al dictador Pedro Eugenio Aramburu antes de ser asesinado. Allí, el teniente general expresó con belleza histórica:
"Es asombroso que ustedes, los más beneficiados por el régimen depuesto, y sus más fervorosos aduladores, hagan gala ahora de una crueldad como no hay memoria. Nosotros defendemos al pueblo, al que ustedes le están imponiendo el libertinaje de una minoría oligárquica, en pugna con la verdadera libertad de la mayoría, y un liberalismo rancio y laico en contra de las tradiciones de nuestro país. Todo el mundo sabe que la crueldad en los castigos la dicta el odio, sólo el odio de clases o el miedo. Como tienen ustedes los días contados, para librarse del propio terror, siembran terror. Pero inútilmente. Por este método sólo han logrado hacerse aborrecer aquí y en el extranjero. Pero no taparán con mentiras la dramática realidad argentina por más que tengan toda la prensa del país alineada al servicio de ustedes.
Como cristiano me presento ante Dios, que murió ajusticiado, perdonando a mis asesinos, y como argentino, derramo mi sangre por la causa del pueblo humilde, por la justicia y la libertad de todos no sólo de minorías privilegiadas. Espero que el pueblo conozca un día esta carta y la proclama revolucionaria en las que quedan nuestros ideales en forma intergiversable. Así nadie podrá ser embaucado por el cúmulo de mentiras contradictorias y ridículas con que el gobierno trata de cohonestar esta ola de matanzas y lavarse las manos sucias en sangre. Ruego a Dios que mi sangre sirva para unir a los argentinos. Viva la patria”.
Cada vez que alguien acusa al gobierno democrático de Cristina Fernández de Kirchner –o a cualquier otro- de "dictadura" recuerdo esta carta. Cada vez que se bastardea la palabra "dictadura", cada vez que se bastardea la palabra "democracia", se vuelve a fusilar a Juan José Valle, a sus compañeros y a los miles y miles de fusilados, asesinados y torturados en la historia de nuestro país. Deberíamos dejar de ser tan superficiales, tan frívolos, tan insubstanciales. Al menos con la vida y la muerte.


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lunes, 12 de noviembre de 2012

El golpe suave. La Teoría de Thierry Meyssan, por “El Federal. Un hombre del país profundo” del 10-07-12.





El periodista francés Thierry Meyssan desarrolló, a través de su análisis de golpes de estado en distintos puntos del planeta, su teoría sobre el método del “golpe suave” concepto emparentado con las revoluciones de los colores, que los organismos e instituciones imperialistas han implementado, con éxito, en varios países. De acuerdo a su teoría una parte del proceso se realiza a través de acciones no violentas y por otro lado se realizan acciones clandestinas muy clásicas. Lo original del asunto, es que el proceso se basa en la división del pueblo, en poner a la gente una contra otra y el trabajo sucio es llevado a cabo por gente de buena fe, pero que no se da cuenta que son manipulados y utilizados contra su propio interés.- 
Estos métodos fueron utilizados con cierto éxito en Serbia (2000), Georgia (2003), Ucrania (2004), Afganistán, Líbano. En este último lugar no funcionó por mucho tiempo y hubo intentos, como en Bielorrusia o Venezuela, donde fracasó.-
“La no violencia como técnica de acción política puede ser utilizada con cualquier fin” asegura el politólogo Gene Sharp, señalado por diferentes organizaciones sociales y gobiernos, de ser el ideólogo de los denominados “Golpes Suaves”. Desconocido para el público, elaboró una teoría sobre la no violencia como arma política. Por cuenta de la OTAN y más tarde de la CIA, formó a los líderes de los golpes de estado suave de los últimos quince años.-
La punta de lanza de estos golpes suele involucrar a la juventud y algún grupo determinado como, por ejemplo, los trabajadores de un gremio específico, con capacidad de movilizar personas que sean capaces de llevar a cabo acciones violentas en la calle, en el espacio público. Esto se efectúa de manera enmascarada, durante el mayor tiempo posible y luego o simultáneamente, se intenta corromper y manipular a algunos dirigentes políticos.-
Primero se dirige a gente de buena fe, los hacen salir a la calle, al espacio público, dirigirlos contra el gobierno, crear una situación de bloqueo en la cual no se puede discutir, donde la  gente de buena fe se puede llegar a enfrentar duramente entre sí. Luego, cuando el descontento popular crece, debe crearse la impresión que el gobierno ya no representa el interés nacional y popular, que la legitimidad cae del lado de la sociedad civil. En resumen, el gobierno pierde legitimidad y esta la transfiere a la sociedad civil. La gente que lleva a cabo estos diferentes mecanismos, son especialistas en manipulación de las emociones de las masas: comienza con un pequeño grupo, pero se extiende muy rápido a toda la nación. Cuando el proceso haya finalizado, de repente, las personas abrirán los ojos y pensarán, ¿qué hemos hecho?-

Esto se vio en Ucrania en 2004, donde la gente que había participado en la Revolución Naranja, que había derrumbado al gobierno, fueron los primeros en lamentarse.-

Lo mismo sucede en el Kazajstán, por ejemplo, pero en el movimiento la emoción vence a la razón; sobrepasa la razón y uno no ve lo que está sucediendo, es un efecto de masa.-

La confrontación es lo peor en el momento que se produce el golpe, primero hay que desarmar a la oposición, esa oposición está respondiendo a su frustración. Se le debe quitar el debate, no hay que caer en el engranaje de responder por la violencia.-

Meyssan, recomienda producir una ilusión para detener este tipo de golpes. Como él mismo aconsejó a dirigentes libaneses durante la Revolución de los Cedros.-

Los dirigentes libaneses tomaron en cuenta sus consejos y esta revolución se detuvo en pocos días. Hay que tomar el tiempo de examinar como se organiza la ilusión, cómo se le hace creer a las personas que sus mejores amigos son sus enemigos.-

Cuando uno entiende como se hace, lo puede desbaratar, puede desbaratar la ilusión. Desde luego esto se hace siempre con algunos sacrificios: es necesario que las autoridades acepten cuestionar una parte de su poder para poder apoyarse sobre su propio pueblo, cuando el gobierno le da la confianza al pueblo es que se puede mantener la paz civil.-

Aunque las circunstancias varían entre las distintas regiones y momentos, si bien no en todos los casos se cumple al pie de la letra con todos los enunciados estas serían las etapas de un Golpe Suave:

1ra etapa: Ablandamiento (empleando la guerra de IV generación) 
• Desarrollo de matrices de opinión centradas en déficit reales o potenciales.
• Cabalgamiento de los conflictos y promoción del descontento.
• Promoción de factores de malestar, entre los que destacan: desabastecimiento, criminalidad, manipulación del dólar, paro patronal y otros.
• Denuncias de corrupción, promoción de intrigas sectarias y fractura de la unidad.

2da etapa: Deslegitimación
• Manipulación de los prejuicios anticomunistas o antipopulares.
• Impulso de campañas publicitarias en defensa de la libertad de prensa, derechos humanos y libertades públicas.
• Acusaciones de totalitarismo y pensamiento único.
• Fractura ético-política.

3ra etapa: Calentamiento de calle
• Cabalgamiento de los conflictos y fomento de la movilización de calle.
• Elaboración de una plataforma de lucha que engloben las demandas políticas y sociales.
• Generalización de todo tipo de protestas, exagerando fallas y errores del gobierno.
• Organización de manifestaciones y tomas de instituciones públicas (no respeto a las instituciones) acentuando la confrontación.

4ta etapa: Combinación de diversas formas de lucha
• Organización de marchas y tomas de instituciones emblemáticas, con el objeto de coparlas y convertirlas en plataforma publicitaria.
• Desarrollo de operaciones de guerra psicológica y acciones armadas para justificar medidas represivas y crear un clima de ingobernabilidad.
• Impulso de campaña de rumores entre fuerzas militares y policiales, tratando de desmoralizar los organismos de seguridad.

5ta etapa: Fractura institucional
Sobre la base de las acciones callejeras, tomas de instituciones y pronunciamiento militares, se obliga a la renuncia del presidente. En casos de fracaso, se mantiene la presión en la calle y se migra hacia la resistencia armada. Preparación del terreno para una intervención militar del Imperio o el desarrollo de una guerra civil prolongada. Promoción del aislamiento internacional y el cerco económico.

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Sobre el 8N, el 7D y la ausencia de "Ingenuos", "neutros" y "objetivos", por Héctor Sosa (para “Nos Comunicamos”)



Cobertura en RED de blog, portales, radios y tv en web

Por Héctor Sosa
Nos Comunicamos
(http://nos-comunicamos.com.ar/content/staff)

No hay hendijas para la ingenuidad, la neutralidad y la objetividad. Casi en ningún orden de la Vida. Menos en la política y la comunicación. Que es como decir: nada de lo que se comunica es aséptico, nadie que comunica es un marciano de Marte y ningún medio gráfico, audiovisual o perteneciente a este nuevo mundo virtual de "las redes sociales", carece de posiciones políticas. Incluso aquellos que dicen no tenerla.
De la misma manera que un oligopolio o monopolio informativo (aquí o en el planeta) arrebata la palabra y la imagen y crea su propio relato, devenido de su ideología. También la disputa político-comunicacional en Internet es por el sentido, el sentido de Ideas e ideologías en disputas.
Quien convoca de forma "independiente" desde su blog a una marcha, tiene una cúmulo de ideas y posturas asumidas ante la vida, que lo coloca bien lejos de la "espontaneidad".
La "espontaneidad" también se organiza.
Hay que decirlo sin vueltas y sin pudores tontos: todo ser humano es un ser político, y hace política aunque crea que no lo hace, y los difusores de la "no política", justamente, son quienes durante años inundaron con palabras e imágenes su política, sus ideas, su economía, sus pautas culturales, SU IDEOLOGÍA.
El 8N, el 7D:números y letras con significados y significantes.
En la última década un cambio se vive en la región, y no es casualidad que se ponga en el banquillo a los dueños de las corporaciones que durante décadas se hicieron de la mentira organizada.
Hay un cambio cultural y social. La palabra, la imagen, la comunicación está en disputa.
La pelea sigue y seguirá. Es de clases opuestas. Es de sectores sociales opuestos.
Quienes hemos construido Comunicación Propia y apoyamos los procesos de cambios en Latinoamérica, no seremos neutros ni objetivos. Sí, trataremos de analizar seriamente qué se mueve en el plano político/cultural/social y el simbólico en estos días.
Desde esa mirada, y no otra, realizaremos la cobertura del 8N y el 7D.

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domingo, 11 de noviembre de 2012

Una operación continental, por Fernando Buen Abad Domínguez (para “Miradas al Sur” del 11-11-12)




Miradas al Sur. Año 5. Edición número 234. Domingo 11 de noviembre de 2012

Por 
Fernando Buen Abad Domínguez*
Filósofo mexicano, especialista en comunicación.

*Entrevista realizada por Graciela Pérez.

Esta expresión del jueves es el conjunto de una serie de operaciones mediáticas, de proyectos de calentamiento fabricados para inducir un malestar que es un variopinto bastante confuso. Una mezcla de mil opiniones o sensaciones que tiene por propósito desestabilizar al gobierno actual y producir una sensación de desprestigio y ausencia de poder. La vieja maniobra de la derecha que no es exclusiva de la Argentina: esta manifestación coincide con la mecánica de la manifestación que a nivel continental está operando con los mismos modelos. Es un manejo idéntico en Venezuela, Ecuador, Bolivia. Hay casi como un mismo reglamento, un nuevo evangelio de la protesta de la derecha que acude a los mismos argumentos desestabilizadores y en todos los casos llamado antipolítico. Una noción antidemocrática para servir de manera rápida a estas desestabilizaciones.
Hoy sabemos que un sector importante de la derecha argentina fue a tomar un curso con Henrique Capriles para ver cómo habían logrado el milagro de la unidad que aquí tanto añoran. No obstante es la búsqueda de un espejismo, porque la unidad allá duró 24 horas. Exactamente lo que viene pasando en la Argentina, con la derecha incapaz de tener una teoría de Estado que le permita enfrentar los grandes problemas del país. No he escuchado por ningún lado una sola mirada que sea capaz de anclarse en alguna tradición política o social que sepa cómo salir de la crisis del capitalismo. No tienen una sola tesis. Todos los enunciados son un reagrupamiento de malestares fogoneados desde los medios oligárquicos que convocan.
Me ha tocado ver los cacerolazos aquí y en Venezuela. Y son los mismos reclamos de inseguridad, de hartazgo por autoritarismo, por falta de democracia. Son las mismas frases. El análisis no puede ser de cabotaje. Aquí hay una operación continental de la derecha que ha decidido desprestigiar todo proyecto democrático. Lo que está en discusión es el proyecto democrático.



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Un partido a la derecha, please, por Eduardo Blaustein (para “Miradas al Sur” del 11-11-12)





Miradas al Sur. Año 5. Edición número 234. Domingo 11 de noviembre de 2012
Por 
Eduardo Blaustein


Combinando resentimiento contra el Gobierno Nacional, antipolítica y reclamos que deben atenderse, el último cacerolazo llevó mucha gente pero estuvo muy lejos de contribuir a generar una mejor institucionalidad partidaria.
Es llamativo: demasiada gente baja en la estación Callao. Apenas se sale de la boca del subte suenan bocinas y el tachín tachín lejano de cacerolas. La avenida no está cortada, recién se desvía el tránsito por Marcelo T. de Alvear. El grueso de los que salieron del subte, muchos jóvenes entre ellos, rumbeará con el cronista hacia el punto de encuentro de Santa Fe y Callao. Sabe y avisa el cronista que hay otras citas previstas en la ciudad para el cacerolazo y que por lo tanto éste será, en el inicio, un recorte posible de la protesta. No habrá sorpresas excepto la ya señalada: muchos, pero muchos jóvenes y con ellos la primera carburación interna: sería bueno saber hasta qué punto estos sub-35 y sub-20 vienen de ciertos espacios ensimismados –universidades y colegios privados, empresas, establecimientos confesionales–, esos que en su encierro impidan confrontar las propias percepciones, prácticas, discursos, con realidades más extensas. Ya se van viendo banderas argentinas, camiones de exteriores, bocha de gente.
El cronista llega a la primera multitud: son muchos. No hay sorpresa, hay una rara uniformidad que por carecer de la variedad e intensidad de otras manifestaciones tiene algo de abstracta. Sumando, parecen dos o tres cuadras de gente linda, masas bulliciosas, no compactas. Un primer cartel resume decenas o centenas de carteles similares: “Basta de soberbia, inseguridad, injusticia, impunidad, corrupción, narcotráfico”. Otro dice “No mientas más”. Esas consignas y la más repetida, el no a la re-re, son síntesis de lo que hay. Un modo de decir que no es del todo cierta la crítica contra la dispersión de los reclamos. Otro resumen posible y conocido: ir a la marcha por la negativa y no por la propositiva. Mucho más adelante, sobre la avenida Corrientes, el que escribe anotará el contenido de otra pancarta que es más bien un listado extenso. Contiene dos “sí” a favor de “República democrática, federal, pluralista” y “Derechos humanos para todos”. Abajo, una quincena de “no” para lo que el manifestante entiende como atropellos kirchneristas. Permítase que el cronista descrea un poco del fervor democrático de sectores que apoyaron toda dictadura (un problema es que ellos se la creen).
Volviendo a Santa Fe y Callao. Ya se escucha algún grupo pequeño que canta que se va a acabar la dictadura de los K. No es tan extendido ese estribillo entre otras razones por una cuestión de inorganicidad: sencillamente no hay posibilidad de consignas extendidas porque acá se viene de a uno, en pareja, con amigos del trabajo, la facultad, el club. No hay megáfono que organice cantitos en esta marcha que es más aglomeración de individuos que colectivo, no hay carteles políticos ni de oenegés. Eso no implica que no haya una agenda, que esa agenda (sólo hasta cierto punto) es más bien de clase, conservadora, y que esa clase pelea por reclamos que en algunos casos son legítimos y generalizados en toda la sociedad.
Algo aporta verlos de cerca y no por la tele. Hay que ver con qué orgullo alzan sus carteles personalizados al extremo, casi en un acto de ostentación. Alguno lo levanta girando sobre sí mismo, enseñando su gallardía, exaltando su individualidad. Es un gesto de disputa que se verifica en las miradas: firmes, orgullosos de estar ahí, contentos, en muchos casos desafiantes.

Unidos y semiorganizados.

En el grabador quedarán registrados los cornetines, silbatos, alguna vuvuzela. Tal parece que la consigna de ir con camisetas blancas difundida en las redes sociales opositoras fue acatada por buena parte de los manifestantes. Acudieron para ello a camisetas de descarte: aquella con la que se duerme, la que se compró en el viaje a Brasil y refiere a un festival de cerveza, otra con el logo de Unicef. Otros van con la de la Selección, preferiblemente la que lleva en la espalda el apellido Messi. Y va de nuevo: cantidad de jóvenes, de lo que se llama buena presencia. Y cantidad de mujeres, hasta los 75 años. A algunas de ellas se las ve prolijamente bronceadas, pero ése es recorte con algo de mala leche, lo que ve repetidamente el cronista saliendo ya desde Santa Fe en dirección a la 9 de Julio.
De nuevo, de cara a la vana contabilidad, habrá que reiterar que esta es sólo una bocha de gente y que hay otras bochas que confluirán desde otros puntos. Ya La Nación incluyó en su edición impresa del día el mapa con esos puntos y un link con la célebre alusión a la convocatoria espontánea por las redes sociales que llevaba por ejemplo a la página Argentinos Indignados (“Somos el freno a la tiranía y la cleptocracia”, lenguaje de la Libertadora), de lo más brutal que circula en las webs antikirchneristas, donde el primer párrafo que explica las razones de la movilización es el que dice: “Envían a La Cámpora para adoctrinar a nuestros niños. ‘Adoctrinamiento’ es lo mismo que abuso de ‘menores’; y la Presidente lo apoyó abiertamente”.
La movilización avanza. Cuando comienza a remontar por la 9 de Julio hacia el Obelisco la figura “bocha de gente” pasa a una dimensión superior. Es que pasando Córdoba la 9 de Julio hace una ligera cuesta que permite ver mejor la cantidad y esa cantidad impresiona. Es cierto que la masa se compacta entre los boulevares y sólo avanza por los carriles que van hacia Constitución. Pero son muchos (¿sumarán 40, 50, 60 mil sólo en el Obelisco?). Como sea, una cosa es haberlo previsto, otra tener el cuerpo metido entre esta multitud a la que no se pertenece.
El cronista trata de ser todo lo abierto que le permite su alma. Es mucha gente. Pero comparar el número de asistentes con el de la marcha de la Multipartidaria del ’82, los actos de cierre de campaña de Raúl Alfonsín (de Independencia hasta Córdoba, ver foto) o Italo Lúder en el Obelisco, las convocatorias de Saúl Ubaldini, o dejar de lado la manifestación del 2006 por los 30 años del golpe, es una manipulación cretina.
Habrá otras maneras de relativizar o encuadrar la importancia del número: en la ciudad de Buenos Aires, sólo Mauricio Macri, cuando ganó con el 47 por ciento en primera vuelta, fue votado por 830 mil porteños. Faltan en la cuenta carradas de miles de otros votos no kirchneristas (mínimo, 300 mil más). Es una base fértil para nutrir una marcha contra el gobierno. El dato fuerte y nuevo que se debe atender, escuchar y cuidar es que tantos miles salgan a la calle, a disputar espacio público, discusiones, broncas, sentidos, agendas, percepciones. Ya bastante se escribió y se escribirá acerca de las dificultades de los partidos opositores para encauzar esta irritación que al día siguiente se nutrirá con otra inundación más en Belgrano, Palermo, Villa Crespo. Esa parte del debate quedará para otro día.

So sorry.

Hay un muchacho plantado en medio de la gente mostrando su pancarta personal en la que pide perdón porque él la votó. Le pregunto si es una ironía pero dice que no con un tristísimo apretar de párpados, como diciendo por mi culpa, por mi culpa. Hay carteles sobre seguridad, libertad, respeto a la Constitución. No los hay sobre inclusión, salud, educación, pobreza, generación de empleo. Piden entre otras contradicciones menos subsidios a los vagos y a la vez más seguridad.
Renace en el cacerolazo ese viejo credo superficial según el cual, y suponiendo que el kirchnerismo fuera un monstruo que avanza toscamente a contramano de la Constitución, con sólo tener República el país sería una fiesta, una fiesta construida sin necesidad de políticas, de gobierno. Sucedió con el recitado del Preámbulo en la hermosa campaña de Alfonsín, sucedió con el discurso inconsistente de la Alianza. La fantasía antipolítica y boba de que la mera transparencia institucional –valor deseable y exigible– garantiza un buen gobierno. Este cronista ya ha escrito que la protesta es legítima como manifestación política, que es parte de la vivacidad de una democracia en la que existe plena libertad de expresión. Es también rebote de la repolitización nacida con el kirchnerismo (para el otro lado). Insiste el cronista en que el Gobierno debe escuchar y atender ciertas demandas (seguridad, inflación, transporte público) sin que eso signifique cambiar lo central de un proyecto que fue abrumadoramente respaldado con los votos. El cronista vuelve a subrayar que es falso que todos los caceroleros sean las señoras bronceadas del recorte discursivo o fotográfico. También subraya: además de que el cacerolazo trasunta un triunfo de las ideologías del individualismo, y aunque es relativamente heterogéneo en su composición social, no hay, literalmente, un solo morocho a la vista. Hablando de morochos, en este momento cantan “olelé, olalá, si éste no es el pueblo, el pueblo dónde está”.


Yo estuve.

Cansado de ver tanta cara saludable de Callao y Santa Fe, hay que apurar el paso con ganas de verificar una intuición fácil: que en el Obelisco, provenientes de otras geografías urbanas, puedan apreciarse cambios en la composición social de la protesta. Quién tuviera una máquina portátil y perfecta que pudiera medir de un saque esos datos, o un coche-Google que sacara la foto de 360 grados. Se trate del orgullo individual, de clase o de la bronca anti Cristina, puede apelarse a imágenes aisladas, como la de la piba que viste la camiseta histórica: “8N. Yo estuve”. Quieren dar la pelea, darla fuerte, tienen conciencia de eso y aunque son algo necios en su irritación ensimismada, hacen aprendizajes astutos: no hay en este cacerolazo cartelitos que refieran a mi dólar o mi derecho al viaje, consignas que quedaron relativamente offside, que circularon en la edición anterior y que permanecen en las redes sociales opositoras.
Llegan las columnas de Barrio Norte al Obelisco, a una cuadra y media. Se ensancha la protesta y forma una amplísima circunferencia alrededor de ese monumento, con un sobrante de manifestantes al otro lado de Corrientes. Se canta el Himno al estilo cancha de fútbol. Son las 8.25 y la gente se regocija comprobando el número de asistentes. Hay una proyección luminosa en una de las aristas del Obelisco que dice “Unidos y en libertad”. Habrá que suponer que se pidió permiso al Gobierno porteño para hacer esa proyección. Curioso: el lema “Unidos y en libertad” (dato recordado por el semiólogo Roberto Marafioti), seguramente concebido como opuesto a “Unidos y organizados”, fue usado en formato oblea para parabrisas durante el Proceso, junto al más conocido “Somos derechos y humanos”.
Ya es muy difícil acceder a la plaza de la República, allí donde se quiere saber más sobre qué gente es la que salió a protestar. Pero es jodido llegar a Corrientes y doblar a la derecha. Caramba, casi parece una movilización peronista. Ahora el apretuje es fiero, en sentido contrario a los que quieren llegar al centro del asunto.
Después de un rato de forcejeos el cronista consigue atravesar esa masa compacta. Tuerce el cuello a la derecha, ve el cartel grande que dice “La Fragata no se entrega”, escucha la consigna “Hijos de puta”, enfrenta una zona más nacionalista llena de banderitas blanquicelestes, si éste no es el pueblo el pueblo dónde está. Y efectivamente los que vienen por Corrientes son más diversos: clases medias-medias y bajas; si hay rubias, son rubias no naturales. Aun así la hegemonía parece ser de clase media-media para arriba. Dos señoras de barrio llevan una tela que dice “Las desaparecidas no tolerarían violaciones a los derechos humanos que hoy comete el Estado”. Habiendo de por medio una alusión al género, habrá que interpretar que se refieren al derecho a la vida y el aborto. Los que se ven ahora por Corrientes, sean pequeños comerciantes, pymes, laburantes, interpelan más seriamente la necesidad de abrir las orejas. En alguna pancarta y en testimonios televisivos se sumó otro reclamo al malestar: el tema del mínimo no imponible para el impuesto a las Ganancias.
Pasando Talcahuano ralea la cantidad de manifestantes, los que se siguen sumando caminan entre claros grandes. Otros, incluido el cronista, enfilan de regreso hacia la estación Tribunales. Los demás, felices, seguirán hasta Plaza de Mayo. En la plaza de Tribunales, de pronto, es el puro y oscuro vacío urbano. Los andenes están desiertos. Pero para cuando llegue el subte se llenará de caceroleros contentos. ¿Eso es un contrasentido? ¿La oligarquía viajando en subte? ¿O es una señal sobre la composición de la protesta?
Al salir por Congreso de Tucumán el cronista se encontrará con los restos de la convocatoria de Cabildo y Juramento, que impide el paso de los colectivos. Y también el 152 deberá abrirse de la avenida Maipú porque otra bocha de gente la cortó frente a la Quinta Presidencial. Sale el cronista de Maipú, se interna entre manzanas en las que, ahora sí, los manifestantes dejaron sus coches estacionados. Pasan dos pibas jovencitas por una calle oscura haciendo sonar pares de botellas de agua. Falta poco para llegar a casa y verlo por TN; C5N; 6,7,8; Duro de Domar, América y Canal 26. Pero queda un último detalle casi frente a la propia casa: matrimonio mayor, el tipo de unos 65, alto, bien plantado, bermudas, barba canosa, una cara más bien simpaticona, cantando solito con la patrona, “olelé, olalá, si éste no es el pueblo, el pueblo dónde está”.


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8N: la disputa en la calle y en el mundo virtual, por Colecchio, Sosa, Balduga y Pardón (para “Nos Comunicamos” de noviembre de 2012).





Editor: Aarón Colecchio/Imágenes, Sol Signato/Notas: Mailén Sosa, Iván Balduga, Lucía Pardón.

La masiva movilización de sectores medios y medios-altos de este último 8N vuelve a poner en alerta a nuestros pensamientos sobre el rol de los medios de comunicación, en todas sus variantes ( corporaciónes audiovisuales, gráficos y redes en Internet), e incluso, de nuestro tradicional entendimiento de la lucha de clases, de fuerza y construcción política.

La colonización de prácticamente todas las formas de vida humana, llevada a cabo por el capitalismo durante el siglo XX, ha determinado no sólo un modo de producción específico, sino que ha instaurado su propio aparato de justificación y reproducción.

Hoy en día los valores occidentales son ley internacional, y la propia concepción capitalista del mundo es entendida por las grandes mayorías como natural y universal.

Para que ello fuera posible, el sistema complejizó el principal soporte de la ideología a punto tal que hoy asistimos a una batalla de dimensiones nunca antes vista en la historia de la humanidad.

La prensa escrita, la radio, la televisión y actualmente internet se constituyen en elementos cotidianos, donde aún sin darnos cuenta, se libra una lucha permanente por la construcción de sentido. Es la disputa en el campo simbólico.

Pero la evolución de la comunicación debe inscribirse en el proceso de acumulación, concentración y centralización exponencial que sufrió la economía durante el siglo XX.

Al hacerse monopolio las antiguas empresas periodísticas, se iban nucleando intereses en torno a un relato cada vez más amplio, por lo que también la complejidad iba aumentando.

Como el ocio se transformó en industria del entretenimiento, la comunicación mudó en industria de la comunicación.

La globalización implicó que las formas de organización e intereses que persiguieran las empresas mediáticas también se complejizaran.

El surgimiento de instancias internacionales de homogeneización de contenidos, agenda y unificación de criterios; la interrelación comercial y financiera de grupos mediáticos y la constitución de medios de comunicación como verdaderos grupos económicos son algunas muestras del vínculo indisoluble que existe entre el modo de producción (y por ende, de vida) y la tarea que las empresas periodísticas desarrollan.

Durante la cobertura realizada por el equipo de Motor de Ideas en simultáneo a la gestación del 8N, es decir, casi desde la convocatoria del 13S, se observó una particular dinámica en el transcurso de los sucesos político-mediáticos.

Y uno bien podría señalar que:

a) Hay un nuevo actor comunicacional: internet, con todos sus soportes y programas.

b) En el 8N (según fuentes de las mismas empresas) se twittearon 6 millones de mensajes relacionados a la convocatoria.

b) Una estimación realizada por la Universidad de La Plata, precisó que en Facebook existieron 11 millones de menciones al 8N.

c) El video central de la convocatoria tuvo 450.000 entradas.

d) Los monoplios informativos, y en especial el Oligopolio Clarin, habló del 8N, con 15 días de anticipación en todos sus programas políticos.

e) Todos los canales de cables y abiertos lo cubrieron de 19.30 a 21.30. Teniendo un raiting de 68% en su conjunto. Los dos noticieron más vistos fueron el de Canal 13 y TELEFE. En Cable TN orilló los 6 puntos y Crónica TV 0,8.

f) El últimos googleo realizado por éste equipo determonó que a las 20 HS , había 9.200.000 entradas.

g) Toda la oposición adhirió y movilizó indirecta y directamente ( principalmente el Pro/la UCR/sectores liberales de derecha) al 8N

I) Ya realizado una sistematización de la movilización y tomando como referencia las fuentes del gobierno, la oposición y los portales de las ciudades y provincias.
La el 8N estuvo en 123 pueblos, 19 provincias y el epicentro fue la ciudad de Buenos Aires.

J) Duró entre 3 y 4 horas la movilización a las 23 horas todo había terminado.

Los interrogantes, luego del seguimiento:

1) Tendrá esta clase media/alta un cauce en un movimiento político. Como en su momento (especialmente los sectores medios) lo tuvo en el Radicalismo.

2) ¿La Inflación y la inseguridad no abarca a todas las clases?

3) ¿Habrá una nueva convocatoria?

4) ¿Volverán a la calle cuando se encuentre en disputa la puesta en marcha la Ley de Medios?

Este Equipo hará un seguimiento de los procesos por venir, incluido el paro nacional, lanzado por la CGT de Moyano, La CTA opositora, el Partido Obrero, La Corriente Clasista y Combativa, barrios de Pié y el MST para elpróximo 20 de noviembre.

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El 8N se pudo haber evitado, por Roberto Caballero (para “Tiempo Argentino” del 11-11-12)





La marcha, el programa político y económico del establishment y la expectativa por el 7D.

El gobierno pudo haber evitado el 8N y no lo hizo. Con anunciar que retrocedía en su intento por aplicar la Ley de Medios, garantizar que los dólares de las reservas siguieran a disposición de los fugadores de divisas, devolver YPF a los españoles de Repsol y pagar lo que los fondos buitre exigen, se hubiera evitado la foto del Obelisco rodeado por una multitud cantando contra "la dictadura K".
Claro que para eso, después de casi una década de lidiar con la voracidad de los dueños del poder y del dinero, la Casa Rosada debía resignarse a que el rumbo de la Argentina lo decide de modo inalterable un puñado de corporaciones, y no los millones de argentinos que hace menos de un año votaron a Cristina Kirchner, otorgándole una ventaja electoral contra su inmediato competidor de casi 40 puntos porcentuales.
Las consecuencias están a la vista. El país del 9N, del 10N y del 11N es bastante parecido al del 7N. Tiene los mismos problemas y demanda las soluciones de siempre. Sin embargo, es cierto que una porción de la clase media opositora reprodujo alrededor del símbolo fálico porteño la catarsis del 13S; tan cierto como que ningún partido tradicional antikirchnerista puede arrogarse la capitalización de la protesta.
En su combate contra el gobierno, el Grupo Clarín podrá ufanarse de la movida, de cara al 7D. Porque básicamente logró convertir a una parte de su audiencia en militancia callejera a favor del relato catástrofe que reproducen en la tapa de su diario de agitación y en las más de 240 licencias audiovisuales que mantienen ilegalmente. El talento demostrado para influir en la subjetividad de los reclamantes es, de un tiempo a esta parte, motivo de estudio en la academia nacional. El sociólogo Alejandro Horowicz recordó, por ejemplo, cómo durante el conflicto de la 125, gente que no tenía ni una maceta con tierra en su balcón, asumía como propio el discurso de ruralistas con campos por 10 millones de dólares en la pampa fértil. Era una clase subalterna tomando a otra superior como referencia. El 8N también pasó eso. La parte antikirchnerista de los sectores medios manifestó su acuerdo con el plan político y económico del establishment que plantea la negativa a la reelección de Cristina Kirchner (cuando ella misma dijo: "no es mi deseo una reforma constitucional"), la no intromisión del Estado en la libertad monopólica (cuando los tratados internacionales suscriptos por la Argentina obligan a lo contrario) y la desconfianza en la resolución electoral de los conflictos y tensiones propias de una democracia (cuando alrededor del 80% de la ciudadanía participa de elecciones). Es decir, una agenda de derecha por lo menos contradictoria. Puede consultarse la colección de editoriales de Clarín y La Nación para tener más precisiones al respecto.
El profesor de Economía Ricardo Arons-kind lo descifró de modo inmejorable en un texto que circuló por la red en estos días. Según él, los variados eslóganes del jueves 8 se pueden resumir en diez puntos económicos. Lo que tiene de extenso, lo tiene de interesante:
1) Venta libre de dólares baratos por parte del Estado hasta agotar las reservas, para todo uso.
Resultado: incremento de la fuga de capitales provenientes de la evasión impositiva. Reaparición de la especulación cambiaria como actividad central de la economía. Si se terminan las reservas, mega-devaluación, y aumento generalizado de precios, con brusca caída salarial y aumento del desempleo. Enriquecimiento de los tenedores de dólares y empobrecimiento del país.
2) Eliminación de todo tipo de regulación, indicación o presión oficial para contener el alza de los precios.
Resultado: alza generalizada de precios, por las dudas, y porque "todo sube". Contracción de la demanda y de la actividad económica. Quiebra de pequeñas empresas.
3) Eliminación de toda restricción a las importaciones. Tiene que entrar de todo, incluidos productos suntuarios, para el sector ABC1. Apertura importadora “al mundo”.
Resultado: Si no alcanzan los dólares para importar productos imprescindibles, e insumos para la producción, o se reduce la producción, generando una recesión, o hay que pedir préstamos en el exterior. Comienza nuevamente el endeudamiento externo.
4) Reducción o eliminación de las retenciones. Eliminación del impuesto al cheque.
Resultado: desfinanciamiento del Estado y ultra-rentabilidad para el sector agrario exportador. Si le faltan recursos al Estado, que reduzca el gasto público. Si eso genera recesión y desempleo, mejor, porque eso tranquiliza las presiones salariales. Mejoramiento del "clima de negocios".
5) Bajar los impuestos a las ganancias, a la renta presunta, a los bienes personales y a la propiedad inmobiliaria.
Resultado: más riqueza en manos de los ricos, menos ingresos para el Estado, y por lo tanto menos capacidad de hacer políticas públicas. Si quiere seguir gastando, el Estado tendrá que pedir préstamos externos. Para conseguir esos préstamos, tendrá que arreglar con los fondos buitre y el Club de París. Los desembolsos que exigen reducirán fuertemente las reservas del Banco Central, y volverán al gobierno fácilmente presionable por los sectores financieros. Mejoramiento del "clima de negocios".
6) Reducción del gasto público: corte drástico de subsidios a la energía y el transporte; reducción de los planes de obras públicas; congelamiento de las asignaciones universales por hijo y las jubilaciones. Despido de personal de los estados nacional, provincial y municipal.
Resultado: brusco incremento de la pobreza, la indigencia y el desempleo.
Fuerte aumento de la conflictividad social y la violencia. Contracción del mercado interno. Quiebras en el sector productivo y en la comercialización.
Mejoramiento del “clima de negocios”.
7) Corte del crédito a la producción y el consumo, y de la expansión monetaria. Incremento de la tasa de interés doméstica.
Resultado: drástico desfinanciamiento al sector productivo y comercial.
Caída de las ventas y contracción de la actividad económica. Recesión e incremento del desempleo. Se reduce modestamente, pero continúa el aumento de precios. Mejoramiento del "clima de negocios".
8) Se aceptan plenamente todos los reclamos de los acreedores del país, en las condiciones y plazos que establezcan.
Resultado: drástica reducción de las reservas y estallido de corridas cambiarias y bancarias. Se vende el resto de las reservas sin poder frenar las corridas. Cierre y caída de bancos. Colapso de la actividad económica.
Argentina es elogiada "en el mundo". Devuelven la Fragata Libertad.
Mejoramiento del "clima de negocios".
9) Argentina firma un tratado de libre comercio unilateral con Estados Unidos, otro con la Unión Europea, y otro con China.
Resultado: desaparición de la industria nacional e incremento de la desocupación estructural al 30% de la población. Flexibilización laboral extrema para el resto. Se deteriora dramáticamente la seguridad en las grandes ciudades. Aumenta el gasto en seguridad privada. En los shoppings se consigue "de todo". Argentina es elogiada "en el mundo". Mejoramiento del "clima de negocios".
10) El gobierno acepta todas las peticiones de los empresarios locales y externos, y de los organismos financieros internacionales. Desmantela los organismos de regulación y control, y recibe sin condiciones toda inversión en el país. Elimina la restricción a la compra de tierras por parte de extranjeros. Libre remisión de utilidades.
Resultado: incremento exponencial del lavado de dinero proveniente de actividades criminales de todo el planeta. Ingreso masivo de capital especulativo, que sirve para financiar la fuga de capitales y las remesas de utilidades del capital extranjero. Si algún dólar queda, sirve para incrementar el valor de la moneda local, favoreciendo las importaciones y deteriorando la capacidad exportadora. Inversión de firmas multinacionales en recursos naturales, que son exportados en bruto al resto del planeta.”
Da escalofríos pensar en la consecuencias de un plan de estas características. En realidad, ya se aplicó y el país estalló en 2001. Seriamente hablando, ¿cuánta gente quisiera volver a una Argentina así?
Está bien que el oficialismo acuse recibo del 8N. Siempre se puede mejorar y hay áreas donde es imprescindible hacerlo. Se puede hacer más contra la inflación, la inseguridad y la corrupción. Pero es tan poco probable que la manifestación cacerolera tenga destino de mayoría consistente como que el genocida Videla sea indultado de vuelta mañana. Aun en una muy mala elección kirchnerista en 2013, la recreación del Grupo A volvería a naufragar en las múltiples oposiciones que existen: hay más vedetismo que ideas en el antikirchnerismo. La táctica de presentar al oficialismo como una dictadura que justificaría el amontonamiento épico para combatirla, además de ser un tackle desesperado, se sostiene solamente en la pantalla de Canal 13 y TN; no en la realidad. Una caracterización tan disparatada sólo puede producir efectos disparatados.
El propósito de los medios hegemónicos de presentar un 46% sólido y cohesionado tampoco es creíble. La marcha del otro día no lo refleja, de ninguna manera. Sería menos descabellado pensar, por ejemplo, que la foto de la marejada humana acelere los tiempos de nacionalización de la propuesta macrista o el hito fundacional de una coalición de derechas, al estilo de la vieja UCD y los partidos provinciales procesistas. Esperable, además, por la salud institucional de la república: siempre es bueno que la derecha juegue dentro del sistema y no afuera. Que gane y pierda en elecciones, como se debe; y no a través de corridas bancarias o titulares putchistas, todos los días, todo el tiempo.
Por otro lado, para cualquier persona sensata es innegable que hay un intento constante de los creadores del relato antikirchnerista de invisibilizar al 54% de la sociedad. Ver la cobertura de los medios de Héctor Magnetto y Bartolomé Mitre –ambos con pedido de indagatoria fiscal como partícipes necesarios en presuntos crímenes de lesa humanidad cometidos durante el despojo a la familia Graiver de Papel Prensa– produce espanto. Así como no decían nada cuando en este país se arrojaba a compatriotas de los aviones como parte de una planificada y masiva supresión del otro como solución final, están ausentes en las crónicas eufóricas que deciden replicar las razones, los rostros y las opiniones de la mayoría política de la Argentina del siglo XXI, nada menos.
En cuanto a sus empleados, nadie les pide tanto. Alcanza con un ejemplo: "cuesta encontrar en la historia argentina (sic) una movilización popular como la de ayer", sostuvo Ricardo Roa, en la sección "Del editor al lector". ¿En qué historia figuran el 17 de octubre, el cierre de campaña de Alfonsín, las multitudes que fueron a recibir al general Perón a Ezeiza, el Bicentenario, los 24 de marzo y tantas, pero tantas otras manifestaciones colectivas?
Evidentemente, en el relato "histórico" de Clarín, no.
En cualquier momento, incluso, los movilizados alrededor del Obelisco ocuparán el lugar de votantes del kirchnerismo arrepentidos como parte de una operación de sentido tendiente a vaciar de contenido el triunfo de octubre de 2011.
Sería algo así como "la votaron y se arrepintieron", por lo tanto es inválido lo acontecido en las urnas y se legitima lo que ahora ocurre en el nuevo escenario descubierto por la derecha: la calle. Magnificado, a su vez, por los tres poderes reconocidos por la mediocracia: los diarios, la radio y la televisión. Si son monopólicos, claro, mucho mejor.
Quizá el interrogante pendiente tras el 8N es qué hará el 54% que gobierna después de esta manifestación. Hasta ahora, la decisión de Cristina Kirchner fue no disputar en simultáneo el espacio público, eludir el enfrentamiento físico (no el dialéctico) y concentrarse en la gestión.
Pareciera que apuesta todo al 7D. Como si la fecha, por sí misma, volviera a poner las cosas en su lugar. No se puede descartar que apruebe, como piden diferentes sectores de la militancia, una movilización coronando ese día en el que la democracia, luego de tres años, va a lograr que finalmente el Grupo Clarín y todos los grupos mediáticos se adecuen a la ley.
Habrá que ver. Todo indica que el gigante silencioso que trabajosamente mueve la maquinaria de este bendito país se pronunció en las urnas el año pasado, pero quizá ahora quiera volver a celebrar en la calle la conquista de derechos que profundizan y dan sentido a la democracia.


SUBNOTAS DE ROBERTO CABALLERO:

“Moralmente obligados”
La Iglesia, a través de un mensaje de la Comisión Episcopal Argentina, se comprometió a investigar la complicidad de sus miembros en la última dictadura cívico-militar. También pidió perdón a quienes defraudaron o no acompañaron en aquellos tiempos. Habrá quienes crean en la sinceridad de la propuesta y quienes no, pero lo importante en términos políticos es que públicamente, y después de mucho tiempo, los obispos comunicaron a su grey lo siguiente: "Exhortamos a quienes tengan datos de niños robados o conozcan lugares de sepultura clandestina, que se reconozcan moralmente obligados a acudir a las autoridades pertinentes." No es mucho, pero es algo. Queda pendiente el pedido de excomunión para los condenados por crímenes de lesa humanidad y la posibilidad de que los sacerdotes queden liberados del secreto de confesión, cuando el feligrés haya sido testigo o protagonista de crímenes horrorosos. Por ejemplo, los que se siguen cometiendo día tras día contra los nietos apropiados que no saben su identidad biológica real y son criados, en muchos de los casos, por los victimarios de sus propios padres. Son cuatrocientos.
Ni un golpe más
Durante la protesta cacerolera fueron agredidos periodistas de C5N, Radio Nacional, Telefé, Canal 9, Duro de domar, Canal 7, 6,7,8 y América TV. Viene sucediendo en cada manifestación antikirch-nerista. No puede convertirse en costumbre. Ni siquiera en noticia repudiable. Directamente, no puede suceder. Es un atentado a la libertad de trabajo y al derecho a la comunicación de toda la sociedad. La asociación COMUNA (Comunicadores de la Argentina), que reúne a periodistas y docentes de la comunicación, emitió un comunicado solidarizándose con los colegas agredidos y exigiendo castigo para los agresores. Nos sumamos y decimos otra vez: "Ni un golpe más."
Moyano, de paro
Hugo Moyano anunció un paro nacional con Pablo Michelli para el 20 de noviembre. Será un paso más en su proyecto político personal. Ya dejó trascender que busca ser presidente y no legislador. Que el Moyano ultraoficialista de hace un año le haga paro al gobierno que llamó a votar, es raro. Doblemente raro si encima se trata del gobierno que devolvió paritarias a los trabajadores. Pero la fecha elegida es todavía más llamativa. El 20N es el Día de la Soberanía. Tratar de paralizarle el país al gobierno que nacionalizó YPF, símbolo de la soberanía energética, es mirar la realidad nacional con ojos españoles. Allá sí hacen falta paros de protesta, aunque parados les sobran.

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