“Bergoglio sustituye a Ratzinger por una multiplicidad de razones pero en el centro de estas razones habita una certeza: les preocupa América Latina; y dentro de ésta les preocupa el ‘fenómeno Chávez’; y dentro de éste les preocupa que Chávez tuvo éxito en su cometido de apropiarse de la imagen. Y no de cualquier imagen. Chávez se apropió de la imagen de Cristo, de Jesús de Nazareth.”Juan Chaneton“La ‘fe’ está cambiando de contenido. Un Jesús que sea presidente de un país postergado y que rescate del barro de la explotación y el sufrimiento a millones de personas será, qué duda cabe, el Jesús verdadero, el Jesús de los pobres que, por otra parte, está siempre como palabra en boca de la iglesia católica.”Juan Chaneton
No le quedaba otra salida ideológica al catolicismo más que
empujar hacia delante. La iglesia ha necesitado perfilar su dogma más allá de
la palabra escrita y de la excelencia intelectual. Bergoglio sustituye a
Ratzinger por una multiplicidad de razones pero en el centro de estas razones
habita una certeza: les preocupa América Latina; y dentro de ésta les preocupa
el "fenómeno Chávez"; y dentro de éste les preocupa que Chávez tuvo
éxito en su cometido de apropiarse de la imagen. Y no de cualquier imagen. Chávez
se apropió de la imagen de Cristo, de Jesús de Nazareth. Y millones de hombres,
mujeres y niños surgidos de entre "los pobres" insinúan seguir las
enseñanzas del nuevo profeta.
A lo largo y a lo ancho del continente una potencial
conciencia colectiva amenaza convertirse en acto. Ya se les ve, un día y otro,
por los caminos, por las ciudades, por los campos, fincando sus garfios en la
tierra que les pertenece y defendiéndola con su vida, rumbo a los olimpos
gobernantes a reclamar sus derechos... El párrafo que antecede ha quedado como
retazo de memoria bordada en el recuerdo de quien esto escribe. Es la
paráfrasis de una parte de la Segunda Declaración de La Habana, documento
fundacional del socialismo cubano. Y Chávez está, ahora, a la vanguardia de un
proceso que los amenaza y al que le temen. Chávez. La imagen.
El cristianismo fue siempre una religión icónica. En esto
radicó su superioridad y, finalmente, su triunfo en términos de masividad,
frente a la escrituralidad mosaica. La religión judía impone venerar a un dios
al que no es posible ver y aquellas masas analfabetas necesitaban ver. Jesús,
en cambio, está ahí, tiene padre y madre y es un amigo al que se puede recurrir
y los tres son visibles. Es la oposición dialéctica entre la abstracción
intelectual y las percepciones sensoriales. El judaísmo nació como religión. El
cristianismo lo hizo más como política que como religión: debía instrumentar a
las masas como apoyatura de un sistema social que, con la decadencia y caída
del imperio romano, empezaba a padecer un vacío de poder que había que llenar a
cualquier costo. Sin autoridad mundial peligraba la propiedad.
Y las cosas de hoy reconocen aquel origen, aquel linaje,
aquella genealogía. Mientras los pueblos sean manipulados en dirección de la
sumisión y la mansedumbre, las imágenes devendrán eficaces a los fines de
mantener el orden. Pero si Cristo toma carnadura con un discurso más cercano -o
abiertamente partidario- a la "opción por los pobres" que preconizó
en su momento histórico la "Teología de la Liberación", en
ese instante la amenaza se hace tangible y la erudición de Benedicto debe ceder
paso a la militante gestión "pastoral" de Francisco.
La "fe" está cambiando de contenido. Un Jesús que
sea presidente de un país postergado y que rescate del barro de la explotación
y el sufrimiento a millones de personas será, qué duda cabe, el Jesús
verdadero, el Jesús de los pobres que, por otra parte, está siempre como
palabra en boca de la iglesia católica. Pero en este continente, la justicia y
la igualdad -bajo la forma de expropiación de los ricos de sus privilegios-
habitan en potencia y si se convierten en acto esos privilegiados estarán
perdidos.
La iglesia católica ha estado cavando su propia tumba. Pero
no ha hecho eso tanto por su obsceno connubio con las clases dominantes de
nuestros países como por la constante repetición del mensaje opuesto: hay que
amar a los pobres, ellos son nuestro desvelo y es más fácil que un camello pase
por el ojo de una aguja que un rico
entre en el reino de los cielos. Y tanto va el cántaro a la fuente... que al
final aparecen un Chávez, un Evo, un Rafael Correa... Si ocurriera en Brasil ya
nadie duda de que todo estaría perdido y una revolución con aquella fe que ha
mudado de contenido arrancaría al continente de las garras del capitalismo y
enfrentaría a esas revoluciones sociales al dilema de avanzar hacia el
comunismo en libertad o quedarse en el "dad al César lo que es de él y a
Dios lo que es de Dios". Pero esa es otra discusión.
La mitología vaticana ha calado hondo en los medios de
prensa de todo el mundo y hasta hoy se supone con error inducido por la
desinformación que al Papa lo eligen 167 cardenales encerrados en la Sixtina y sin que nadie
incida en sus decisiones. La verdad, en cambio, es que al Papa lo eligen la alta
finanza internacional, las coronas europeas, los poderes fácticos de los
Estados Unidos y, también, el Vaticano. Bergoglio viene a jugar esa partida. En
el marco de un discurso y de una gestualidad que enfatizarán el amor por los
humildes de esta tierra hará exactamente lo contrario: gestionará, aquí en el
sur, los intereses de los anglosajones del norte. También hará otras cosas,
pero lo esencial no será perdido de vista: detener o desviar el programa
reivindicativo de unas masas latinoamericanas que ya han aprendido bastante
acerca de la causa de sus males y cuya confusión ideológica habrá que inculcar
para que aquella desviación de sus objetivos potencialmente revolucionarios se
vea coronada por el éxito.
Y nosotros deberemos abrir todo el espectro de recursos a la
mano y tensar al máximo nuestras fuerzas y multiplicar nuestros activos en la
lucha de ideas que se avecina. En esa lucha de ideas no deberemos renunciar a
la imagen, como no renunció Constantino después de Nicea y ello le sirvió para
empezar a ganar la guerra. Por el contrario, la iconografía con la que
denunciemos a Bergoglio debería ser uno de nuestros puntos fuertes. Hay fotos
de Francisco en los archivos y las fotos son imagen. Hay imágenes de Yorio y de
Jalics en todas partes y a Yorio y a Jalics los llevaron a la ESMA en un Falcon verde a
cada uno. Es importante el Falcon verde como imagen y lo realmente importante
es que el Falcon verde quede en la retina del auditorio bien pegado a Bergoglio
que ha sido denunciado como entregador. De ahí la importancia de la imagen. La
imagen importa por razones varias. La primera es que hay que empezar a luchar
ya... ahora... Es una forma de comprender y de ejercer el periodismo. Habrá
otras; pero cada quien usa las que su convicción y su saber le dictan como
apropiadas.
Ha de ser cierto que en las redes algunos alemanes, suecos y
austríacos manifiestan su alegría porque suponen a Bergoglio un Papa
progresista. Habrá que explicarles. Ya Twitter está ardiendo y Facebook ha
devenido hábitat natural de dos mil millones de personas en el mundo que se
pasan allí hasta dieciséis horas por día. Pero tanta gente y tanto tiempo nos
están indicando con claridad algo que no admite la ceguera: esas redes no son
espacios para el ejercicio en exclusiva de la frivolidad. Por ellas, por esas
redes, la Revolución
Cubana muestra al mundo sus logros; por ellas, por las redes,
se lucha por la libertad de Los 5; por ellas, por las redes, Atilio Borón
publicita su programa mensual de conferencias. Las redes nos brindan información
y creatividad. Y, a veces, de primera. Amén.
En todo caso, se verá. Si éste es un Papa viajero, vendrá
por acá seguido. Y habrá que disputar consenso. Es dúctil y buen político, es
decir, puede negar mañana lo que afirmó hoy. No se perderá en minucias que ya
la doctrina ha reafirmado una y otra vez: el aborto es homicidio; Dios nos creó
varón y mujer y nada de matrimonio igualitario; la pedofilia está muy mal...
cuando se descubre, etcétera. Minucias. El cañón de su fusil se ha enrolado en
las huestes de la IV Flota
y apunta al corazón de esta América irredenta todavía, pero indómita.
por Juan Chaneton
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