Arriba: Mejor que esté lejos, porque pega fuerte...
La desmedida reacción de las últimas horas del diputado nacional y
precandidato en la interna de Frente Renovador a la gobernación
bonaerense, Francisco De Narváez permite reflexionar sobre los límites y
las responsabilidades que los dirigentes, referentes públicos y
formadores de opinión tienen en cada acto que trasciende los contornos
de su intimidad.
De Narváez asumió su error públicamente horas después de haber
trompeado al director de un portal de noticias platense que habría
husmeado en la vida privadísima del diputado y de su familia, con el fin
de publicar un artículo que el dirigente consideró agraviante y
difamatorio. No es el espíritu de estas líneas inmiscuirse en la
trastienda en sí de la nota de ese portal, ni tampoco hacer una defensa
corporativa de quien recibió un certero golpe en su maxilar. Si, por
supuesto, desde estas líneas se repudia el hecho protagonizado por el
legislador: la agresión, más aún cuando es física, es algo inadmisible.
De Narváez, como todo ciudadano de bien, tiene derecho a defender su
honra y la de su familia. Pero no como él lo puso en práctica.
Obviamente.
El diputado massista declaró: "No debí reaccionar como reaccioné.
Cometí un grave error y pido disculpas." Y agregó: "Lo cierto es que
este señor que se dice periodista es un extorsionador. Me llegaron
mensajes de que iba a publicar una nota indigna." De ser así, la
extorsión es un delito y existen lo mecanismo civilizados, jurídicos y
lógicos para denunciar un delito.
Ahora bien: ¿Qué se puso en juego en el puño apretado de De Narváez?
Descartada, en principio y aplicando la buena fe, cualquier atisbo de
especulación coyuntural detrás de un gesto iracundo por parte de un
precandidato que en estas horas define su postulación 2015; lo que
subyace es la intolerancia pura y dura de un dirigente que ya ha
exhibido con anterioridad sus facetas menos amables. Vale recordar, al
pasar, cuando ejerció presión sobre el respetado colega Reynaldo
Sietecase y Maximiliano Montenegro durante una entrevista periodística
en América TV. Final abrupto del reportaje. Del programa. Y del ciclo en
esa pantalla.
Arriba: Reynaldo Sietecase entrevistando a un candidato político que era a la vez su patrón. La cosa terminó en despido...
El poder malentendido es una tentación permanente al envilecimiento.
Hay que tener muy claro para qué, con qué fin, un militante de base, un
referente barrial o un dirigente de peso se involucra en política: una
definición rápida, postularía que una persona se mete en la actividad
política para intentar administrar y transformar la cosa pública en pos
del bien común, en beneficio de las mayorías.
Entonces, si se tiene en claro eso, el cuadro de situación es más
fácil para desentrañar, el análisis tiende a simplificarse: las acciones
de los hombres públicos deben leerse en clave política, sea
extorsionador o extorsionado, un pelafustán de medio pelo o el mismísimo
todopoderoso Héctor Magnetto cuando, un par de años atrás, quiso meter
preso a Roberto Caballero y los colegas de 6,7,8 por ejercer su oficio.
Arriba: La denuncia penal de Clarin contra periodistas simpatizantes del kirchnerismo
El contrapunto a los nudillos furiosos de De Narváez,
paradójicamente, se encuentra en la familia Kirchner, por caso,
señalados por los medios corporativos (de los que el propio De Narváez
no es para nada ajeno) como los exponentes más acabados de la
intolerancia en la vida pública nacional. Raro no.
Arriba: Algunas tapas contra Néstor Kirchner... y después dicen que en Argentina no hay libertad de expresión...
Un sucinto repaso por algunas de las expresiones, ataques,
difamaciones y demás brulotes que se arrojaron sobre la presidenta
Cristina, sus hijos Máximo y Florencia, y sobre la memoria del ex
mandatario Néstor Kirchner amerita preguntarse cómo hubiese reaccionado
De Narváez ante situaciones similares. O sus camaradas del Frente
Renovador; la laboriosa diputada Graciela Camaño, esposa del líder
gastronómico Luis Barrionuevo, recordada por propinarle un sopapo a su
par del FPV Carlos Kunkel, en pleno debate de comisión en el Parlamento;
o el mismísimo Sergio Massa tomándose de una pregunta del periodista de
CN23, el experimentado Fernando Amato –uno de los primeros colegas en
ser apretado por la mafia yabranista en los ’90– para mandarle un
mensaje sin eufemismo a Sergio Szpolski (el empresario, editor
responsable de Tiempo), para que se mude de Tigre. Una aplicación sui
generis de la tolerancia cero.
Entonces, vale el interrogante, ¿cómo reaccionarían esos dirigentes
que vienen a renovar la política ante situaciones como las resumen a
continuación?
Arriba: Graciela "Mano de Piedra" Camaño, diputada del Frente Renovador massista, le pega desde atrás al diputado Carlos Kunkel, del FpV
A saber: la presidenta de los argentinos fue diagnosticada (alegre y
canallescamente) desde la portada de una revista de sufrir de trastorno
de bipolaridad. Doble acto de liviandad. Por un lado, por referirse a
una problemática que afecta a miles y miles de personas en la sociedad; y
por otro, por conjeturar sobre la salud presidencial y poner en dudad
desde un plano de salud mental su idoneidad para ejercer la primera
magistratura. En ese mismo sentido, incluso, un periodista que también
es médico, por lo tanto, un profesional que realizó (creemos) un
juramento hipocrático, afirmó mirando fijo a cámara, más de una vez, que
la mandataria padece del Síndrome de Hubris (que entre otros síntomas,
por ejemplo, los afectados se comportan socialmente de manera
impulsiva). Eso sí, los verdaderos problemas de salud que atravesó la
jefa de Estado, muchas veces, fueron ninguneados o sometidos a burla.
Hay crónicas de esos días que deberían avergonzar a los hijos de los
escribas que la redactaron. Y hubo más.



Algún día, quizá, algún simposio de psicólogos, psicoanalistas y
afines podrían, al menos, intentar descifrar que complejo no resuelto,
deseo reprimido tan raramente canalizado, o mera perversión ramplona,
llevó a profesionales del periodismo a poner en tapa un dibujo de la
mandataria en éxtasis masturbatorio.
O la incursión por la vida de Florencia Kirchner que, entre otros
aspectos de su vida, es la hija de dos presidentes, pero dueña de su
intimidad. O de su hermano Máximo, referente indiscutido de una
organización que modificó el escenario político en los últimos años, La
Cámpora; un dirigente que habló en un par de ocasiones en público pero
que antes debió sobrellevar que se dijera de él cosas tan antagónicas,
que en algunos casos se prestan a risa: pasó de ser un vago que jugaba a
la "play" 24 horas por día, siete días a la semana, a erigirse un
insondable conductor de masas depredador de las arcas públicas, avaro y
ambicioso. Un disparate.
El diario Clarín le adjudicó millonarias cuentas no declaradas en el
exterior, en una de las operaciones mediáticas más burdas de los últimos
años, una mentira que se cayó como un piano de un décimo piso, y el
magnettismo nunca se retractó ni pidió disculpas.
En ese caso, como en otros –y como corresponde a "hombres comunes con
responsabilidades importantes"–, Máximo no reaccionó con el puño
violento sino con la palabra política y dijo: "En mi país, a pesar del
grupo Clarín, prefiero que se pueda decir cualquier cosa, sin ir a la
Justicia".
Él y su hermana, y su madre y sus tus tías, y su abuela, y millones
de argentinos, debieron soportar que las recoletas señoras –una en
especial y por tevé– dijera que el féretro donde yace el cuerpo sin vida
de Néstor Kirchner está vacío: "La gente en la calle dice que el
cadáver no estaba en el cajón." ¿Cómo hubiesen reaccionado los
renovadores denarvaístas de la política ante una infamia semejante horas
después de perder a un ser inconmensurablemente querido; un padre o un
esposo, el amor de una vida, por caso?

La interpelación, sin pausa, del kirchnerismo a la sociedad, los
dirigentes y los medios de comunicación fue y es política; muchas veces
tensa, pero siempre en el marco de una dialéctica del poder, ese
territorio en disputa. Si se busca transformar las estructuras de una
sociedad es lógico que haya una contienda en un plano simbólico de la
política, la puja redistributiva no es una valle de flores. Pero yendo a
lo concreto, a lo largo de estos años quedó claro, recordando aquel
slogan de campaña del propio De Narváez de 2011 en el que antagonizaba
"Ella o vos", que "ella" (y ellos, el kirchnerismo) ante los agravios y
difamaciones personales no apeló a la violencia.
En cambio desde ese "vos", colorado de furia, se borró la
responsabilidad pública de un hombre político para expresar la
intolerancia con un gancho a la mandíbula, flanqueado de guardaespaldas.
Eso sí, con renovada violencia.
Publicado en:
http://www.infonews.com/nota/202711/colorado-de-furia-la-diferencia-entre-los-kirchner-y-de-narvaez
Arriba: Una bonita selección de imagenes para todos los que dicen que en Argentina no hay libertad de prensa...
1-Agustina Kämpfer, por entonces novia del vicepresidente, en fotos desnuda de hace una década
2-Publicidad del libro de "Lanada"
3-Una de las tantas denuncias que no eran más que humo
4-Guillermo Moreno, el azote de las grandes empresas, el funcionario más demonizado
5- El conductor es el vicepresidente Amado Boudou. No hace falta aclarar... está clarita la intención
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