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miércoles, 25 de diciembre de 2013

Espiando el 19 y 20, por Miguel Russo (para "Miradas al Sur" del 22-12-13)

El tipo se levanta de la silla en la que espera que el mismo número que aprieta entre sus dedos titile en la pantalla multicolor del plasma para ser atendido. De inmediato, catorce personas –de las aproximadamente cincuenta y pico que están paradas– se disputan la silla y, en ese preciso instante, sabe que, irremediablemente, la perdió para siempre. Hace cerca de dos horas que espera. Así, como de la nada, mezcla de aburrimiento y desazón, le pinta el hambre. Coteja números y pantalla y comprende que tiene, por delante, otro buen par de horas. Entonces sale al fuego del afuera, dispuesto a conseguir algo para paliar los ruidos de su estómago. Pueyrredón y Juncal es, a esa hora, las cuatro y media de la tarde, algo parecido al Sahara en el más ominoso de sus mediodías. Entre los millones de reflejos del sol, el cartel de la confitería Quebec resplandece como un oasis. Cruza y empuja la puerta de vidrio, pero ésta no cede como sería lo lógico, sino que hace un ruido seco (“clac”) y devuelve el envión en ese viejo principio de acción y reacción que cree recordar de la secundaria. Detrás del vidrio (que aunque no puede creerlo, quema), observa que, presurosa y con cara de situación, una señorita –camisa blanca impecable, delantal negro a rayas amarillas finitas, pañuelo en la cabeza como si se tratara de una campesina rusa de principios de la revolución– se acerca y quita el palo de escoba que traba las dos batientes.
–Hay corte de luz –pregunta el tipo, no dando crédito a los fluorescentes que iluminan el interior fresco por el accionar a todo trapo del aire acondicionado, e intentando romper la tensión en la cara de la empleada.
–No, señor –dice, parpadeando–. Están saqueando en Rivadavia.
El tipo piensa un segundo, desestima toda comprensión geográfica, entra.
–¿Rivadavia y qué? –pregunta.
–No sé, señor –dice, ahora envalentonada, la campesina rusa–, yo estoy acá adentro.
El tipo trata de llevar adelante un cálculo de las cuadras que separan a Juncal de Rivadavia a la altura de Pueyrredón, pero se deja vencer por el hambre y pide un pebete de jamón, queso y tomate para descomprimir la cosa.
Paga y sale de nuevo al infierno demoledor de los 36 grados y vaya a saber cuántos de sensación térmica. Recién ahí, caminando (o, mejor dicho, arrastrándose casi) hacia la esquina, descubre que todos los negocios tienen las persianas bajas. Algunos, ostentan en las puertas metálicas cabezas que pispean con ojos asustados hacia el lado de Rivadavia, lejana avenida, allá, a unas quince intransitables cuadras a esta hora y con este sol (como repetía Juan Moreira en la película de Favio).
El kiosco de la esquina está enrejado. Una señorita policía abre la puertita y le pregunta qué quiere.
–Comprar una Coca –dice el tipo, como pidiendo disculpas, tanteando el documento con la mano que le deja libre el sánguche.
–Ah –dice la agente, prestando demasiada atención al movimiento de la mano del tipo que busca el documento pero desestimando todo intento de extracción de pistola–, pase.
El tipo compra la Coca, paga, sale, sintiendo a su espalda el “clac” seco de la reja cerrándose apenas pone el pie en la vereda.
Cuando entra nuevamente a la enorme sala de espera, le parece que la cincuentena de personas que hacen lo que deben hacer en una sala de espera, es decir, esperar, se reprodujo por dos o por tres. Aprovecha un rinconcito para abrir el paquete del sánguche y dar el primer mordisco, pero otro plasma (no el que le dice que aún le faltan 47 números para su turno, sino uno clavado en TN) desbarata la operación. Arriba del sugestivo zócalo “Una historia que podría repetirse”, se superponen imágenes de los cortes de luz durante el final del gobierno de Alfonsín y de marchas de caceroleros. Recuerda, el tipo, y casi al unísono las imágenes del plasma pasan a confirmar su recuerdo, los saqueos de los últimos días de otro gobierno, el de De la Rúa. La pantalla no cede y la violencia ocupa toda la sala de espera. El tipo se acuerda de Feinmann el malo, de Lito Pintos, de Antonio Laje en el programa de Daniel Hadad Después de hora, cuando mencionaban, como quien habla de cualquier cosa, que “las hordas de salvajes”, después de asaltar los supermercados, recorrían las casas de los vecinos continuando con los saqueos y el descontrol.
Mira el sánguche y no puede con el bocado. Entonces vuelve a la pantalla. A las 17.34, la periodista Valeria Sampedro informa en off, “desde el lugar de los hechos” (donde hay muchos “hechos”, pero parece que no el pretendido), que los negocios cierran sus puertas en Once por temor a los robos. El Once, sí, es Rivadavia, el mítico lugar desde donde venían los saqueadores hace una hora. Y sigue Sampedro: “Todo fue una cuestión de rumores. Aquí hay presencia policial, pero no hay ningún intento de nada. Sólo dos mujeres detenidas en un negocio de Corrientes y Pasteur, pero se trataría de dos rateras conocidas”. Desde el piso se impacientan, medio desalentados por perder lo de los saqueos en exclusiva: “Bueno, volvamos sobre los cortes de luz. Directo desde Mataderos”. De inmediato aparecen imágenes de tres tipos con la camiseta de Nueva Chicago haciendo sonar bombo y redoblantes verdinegros.
Tironeado entre el hambre y la imposibilidad de comer, aturdido por el vértigo que le produce la inmovilidad de los números en la pantallita de los turnos, el tipo decide (pero “decidir” quizás sea un verbo que no le corresponde tanto) y sale con rumbo a su casa. Camina entre un mar de gente que pugna por comprar regalos navideños, cruza calles esquivando autos que bocinean implacables (“justo en estos días que, sin importar los motivos, hay un 20% más de tránsito vehicular, se suceden cortes en Córdoba y Junín, pero ya se levantó”, dicen por la pantalla de los noticieros que el tipo no puede ver ni escuchar). El tipo se pierde, se reencuentra, equivoca el rumbo, lo corrige, transpira.
Cuando llega a su casa ya son cerca de las diez de la noche. La mujer del tipo lo recibe con cara de pocos amigos y la cena algo pasada. Espera, claramente, una explicación de la tardanza. Y se lo hace saber.
–¿Tanto tiempo para consultar por un dolorcito en el estómago? –le dice, lo torea.
El tipo sabe que su mujer no le va a creer la historia. Ni él mismo puede creerla. Del dolorcito en el estómago, después del hambre y de la imposibilidad de saciarla, ya no le queda ni el recuerdo. Entonces la mira fijo (sabe que, a pesar de todo, esos pequeños cruces de miradas reprobatorios también son una forma del amor) y cuenta: “No sabés. Cuando estaba por llegar a Pueyrredón, por Santa Fe, apareció una columna como de mil quinientas personas y cortaron todo. Llevaban banderas de una agrupación que no conocía, la Tupac Catarsis. Quedé en el medio, casi sin poder moverme. Protestaban por la imposibilidad de comprar dólares para poder viajar a Europa donde todo es más barato, por la corrupción enquistada en cada acto de gobierno, por la federalización el sistema unitario o al revés, no me acuerdo, por la falta de colectivos en horas pico, por el desastre ambiental y el calor insoportable, por la minería extractiva, por el precio del tomate, por la falta de conferencias de prensa, por el silencio y la censura, por la abolición de la enseñanza de las matemáticas en la escuela primaria, por la restitución de la estatua de Colón, por la salida de Moreno que no permite putear tranquilo a un funcionario, por la extinción del tapir. Un mundo, mirá, un universo de protestas. Iban y venían por Santa Fe y yo no podía salir de la marcha. En un momento, aproveché un claro y enfilé para Pueyrredón. Y justo, mano a Santa Fe, venía otra manifestación, multitudinaria, de la asociación Flora Kahlo, la hermana menor e inconformista de Frida, más conocida, me enteré ahí, como la Gata. Los de la Kahlo pedían muchas cosas parecidas a los de la Tupac Catarsis, pero eran como más fervientes. Protestaban, cómo puedo explicarte, contra la violencia de género y contra el género de la violencia. O, mejor, contra el control de la información y contra la información del descontrol, coreaban ‘queremos preguntar’ y, casi enseguida, como superponiéndose, ‘pregunten qué queremos’. No bien pude dejarlos atrás entré al hospital y había como diez mil personas esperando el turno, entonces me vine derechito para acá, pero viste lo que dice la tele, está todo cortado, con saqueos, con desmanes. Hay humo por todos lados, no hay cuadra donde no estén quemando gomas o rompiendo vidrieras. Perdoná”.
La mujer lo miró como queriéndolo todavía más, subió apenas el volumen del televisor, justo para que por el canal Europa Europa, la voz del comisario Nicolás Le Floch (en una serie que transcurre en los últimos años de la monarquía, previos a la revolución francesa) sonara tajante: “El dinero va y viene, el resto es pura comedia”.
El tipo aprovechó para embocar el pebete de jamón, queso y tomate intacto en la basura, puso la botellita de Coca tibia en la heladera, espió por la ventana y se sentó a la mesa.

Publicado en:
http://sur.infonews.com/blogs/miguel-russo/espiando-el-19-y-20

DICIEMBRES ARGENTINOS, por Eduardo Aliverti (para "Página 12" del 23-12-13)



 Por Eduardo Aliverti

Si la memoria y las comparaciones sirven para dar cuenta de todo, no sirven para nada. Y si no se las tiene en cuenta para nada, lo explican todo.
Entre esas dos variantes viene dándose la mayoría de los criterios que se aplican para examinar este fin de año enrarecido, convulso, crispado, atemorizador para muchos. Hace rato que nuestros diciembres tienen una dinámica particular. Seguramente desde 2001. Las causas que originaron el cierre de ese año fueron neutralizadas, pero no tanto sus efectos simbólicos. Aquel diciembre llegó para advertir que siempre puede estar de vuelta, aunque las condiciones objetivas no se repitan. Eso tiene todo lo bueno de que se permanece alerta. Y todo lo negativo de quienes confunden aserrín con pan rallado. En la columna del debe, basta con acordarse de cómo estábamos hace unos años y de refutar al bardo de los medios opositores. No es así. No basta con eso. No alcanza confiar en el relato de que se partió del subsuelo. Si se está a oscuras, es inútil recurrir a que la luz faltante no es, en política, igual a la del comienzo de la despedida de Alfonsín. No hay luz y chau. Y a cantarle a Gardel con que la culpa es de temperaturas del norte africano en un mes que no sabía tenerlas con intensidad consecutiva, ni con los abusos en la regulación del aire acondicionado, ni con que al fin y al cabo la oferta de megavatios no es suficiente porque el país creció más rápido que su capacidad de satisfacer la demanda. Hubieran avisado. Hubieran dispuesto de campañas comunicacionales eficaces, hubieran explicado, hubieran amortiguado; hubieran pensado y ejecutado, con mejores decisión y voceros, que para fin de año se venían problemas y operativos de desgaste, porque se está en medio de esto, esto y esto otro. El Gobierno no hizo nada de todo eso. Pegó un giro muy estimable con el nombramiento de Capitanich, pero tampoco puede reclamársele al jefe de Gabinete que resuelva de la noche a la mañana las carencias de una política de comunicación que, hasta aquí, consistió en descansar sobre la figura de la Presidenta y de algún tanque mediático contestatario (que claro que sirvieron y sirven, pero que no son una estructura sólida porque puede defeccionar, ya sea por la salud de Cristina, por agotamiento de repetición, porque el adversario es más rápido o por lo que fuere). La semana pasada, por ejemplo, Capitanich cometió el moco de reaccionar destemplado frente a un cronista de TN. Se sacó. Cayó en la “trampa”, que encima no fue producto de una bravata de cuarta sino de una pregunta bien hecha, respetuosa, legitimada por un ida y vuelta, abierto, que habilitó el propio funcionario desde que asumió. Está bien criticarlo: le preguntaron por la reglamentación ausente de la ley de trata y retrucó con el cumplimiento ausente de Clarín en cómo se ordena la grilla de las señales de cable. Pero, ¿eso da crédito a convertir el episodio en la madre de todas las batallas? ¿Es que el jefe de Gabinete perdió un estribo en conferencia de prensa, o es que les advirtió a las compañías de electricidad que están con la soga al cuello? ¿Es la destemplanza circunstancial, o es que el Gobierno reafirma que lo que falta queda dentro de lo que está? Capitanich le trajo dos problemas a la arquitectura “oficial” de los medios, que no es la de los medios oficiales. Uno es de estilo, porque habla todos los días bien temprano, convierte en viejos los diarios a las 8 de la mañana, y obliga a laburar en los portales contra la costumbre radio-televisiva de tirarse a dormir en la agenda de papel. El otro es algo más profundo: se creían que ese cambio de estilo era sinónimo de kirchnerismo aguachentado y, hasta ahora, es de reafirmación. En cualquier caso, no debe ser que la comunicación siga reposando en unipersonales. Ni debe ser que algunas o varias fallas de comunicación sean el centro del universo.
Un dirigente de movimientos sociales recordaba en estos días las jornadas de diciembre de 2001 y, con toda lógica, asentía que tienen razón quienes afirman que aquello estuvo armado. Y que también tienen razón quienes sostienen que fue espontáneo. En ese entonces, que queda tan lejos y tan cerca, fue decisiva la mano de alguna dirigencia influyente del PJ, con sus tropas del conurbano bonaerense altamente entrenadas en la gimnasia del disturbio y la violencia. Lo fue además la inacción cómplice de los dirigentes del radicalismo, si es que se quiere ser suave y no hablar directamente del vínculo entre las cúpulas de ambas fuerzas para acabar de una vez con la ineptitud, casi inverosímil, del gobierno de De la Rúa. Pero esa operación de socavamiento final, que culminaría con el senador Eduardo Duhalde como jefe de Estado, fue exitosa porque pudo montarse en un país con más de la mitad de sus habitantes sumergidos bajo la línea de pobreza, a un ritmo de 15 mil personas por día desde octubre de aquel año; cerca del 20 por ciento de desocupados; seis de cada diez hogares con niños y adolescentes impedidos de ingresos que les permitiesen acceder a alimentos básicos, y a servicios de salud y educación; un festival de papeles pintados, bajo la designación de cuasimonedas; un aparato industrial exánime; una clase media atrapada en corralitos y corralones. Como ya lo reflejaban las observaciones internacionales de esa etapa, un proceso de descomposición local de las relaciones de producción capitalista –que amenazaba o comenzaba a extenderse al resto del Mercosur– con afectación a buena parte de las empresas y de la banca mundial.
Ese tonelaje de nafta, hace doce años, indica que discutir sobre los porcentajes de estallido provocado y explosión natural no parezca tener mayor sentido. Sí lo tiene decir que el cotejo de aquella Argentina con ésta sólo puede ser obra de mentes enfermas, o de usinas que cultivan ciertas desmemorias colectivas. Y más sentido tiene aún cuestionar a los que olvidan qué y quiénes generaron aquel caos, como si las premisas ideológicas y los rostros, entre 2001 y ahora, fueran tan diferentes respecto de las opciones que están en juego. Desde ya que en ese comienzo de siglo no había, siquiera, la lejana esperanza de un surgimiento anómalo, populista en su mejor acepción, mínimamente redistributivo, elementalmente reparador. Pero sí había, o hay, o debió y debería haber, la certeza de que no fueron recetas de izquierda, ni populistas, ni “desarrollistas”, los conductores de ese infierno en que se desembocó hace doce años. Un infierno que hoy, con desparpajo inmundo, algunos medios y comunicadores –y tanto tilingo– pretenden emparentar con la actualidad porque hay cortes de luz, porque hubo saqueos y siguen los alientos a psicosis focalizadas, porque el Gobierno mostró imprevisión, porque se pierden reservas en el Banco Central, por las restricciones al dólar turista. En la volteada de aprovechamiento entra también el injustificable ascenso de César Milani. Y las policías y organismos de “seguridad” se transformaron en una suerte de Cenicienta a las que se les dio cuanto pretendían como si (ya que estamos y al pasar, valga la chicana) no hubiese venido exigiéndose justamente eso, por parte de los discurseadores de la mano dura. Pero no. No fueron ni de izquierda, ni hacia ahí, las fórmulas que nos llevaron a aquello de lo que se salió. Fueron el cumplir a rajatabla con las exigencias del Fondo Monetario. Fueron Cavallo y sus amiguitos que siguen siendo entrevistados como si tal cosa, por casi los mismos periodistas que asimismo siguen como si tal cosa. Fueron los de las relaciones carnales con Washington, satisfechos con la penetración pasiva. Fueron los funcionarios del área energética, coautores de haber desguazado las joyas estatales de la abuela: esos también andan parloteando alegremente en los órganos de prensa opositores, sensibles frente a los vecinos a oscuras y declamadores de tarifazos urgentes, sin que nadie les pregunte “¿Qué hiciste en la guerra, papi?”. Estos últimos merecen en la coyuntura una consideración especial, como lo destelló, ayer, la nota de portada de este diario. Ellos y sus gerentes mediáticos que usufructúan los yerros de corriente eléctrica, o los mensajes gubernamentales contradictorios sobre si avisar cuándo y en qué zonas se cortará la luz, para asimilar la situación a la de fines de los ’80. Lo que se “comen” es –nada menos– la mención de ese momento como ingrediente del combo que liquidaría a Alfonsín, al margen de las impericias de esa jefatura presidencial y del radicalismo gobernante. El objetivo se agota en bardear. Dicho ampulosamente, y sin por eso ignorar las duras críticas que merece el oficialismo por sus faltas de preparación y comunicación, esos medios y esos colegas son un ejército en operaciones de psicopateo.
La oposición, mientras tanto, continúa desaparecida salvo por actitudes de jueguito berreta para la tribuna republicanista, del tipo de fotografiarse con un monseñor para firmar que combatirán al narcotráfico. Allí fueron Massa, Macri, Binner, Stolbizer, Solanas, Sanz, Prat-Gay, el tano De Gennaro y (Patricia) Bullrich. Si, además de suscribir una de esas actas-compromiso a favor de la felicidad, se les conociese alguna opinión o propuesta de fondo en torno de las angustias argentinas, vaya y pase. Pero ni va ni pasa. El intendente de Tigre largó una frase que, curiosa o coherentemente, pasó inadvertida. Dijo que ojalá haya muchas más de estas fotos que “consigue la Iglesia”. ¿O sea –a confesión de parte– que la dirigencia de la oposición necesita del Espíritu Santo de una comisión episcopal para manifestarse armónica acerca de algún rumbo unívoco? Pues vaya con lo que nos espera, si acaso nos esperara semejante volumen de estadistas.
Este comentarista, por razones de respeto a la originalidad consigo mismo, lamenta repetir el tono y fondo del cierre de su columna inmediatamente previa. Pero no se le ocurre mejor cosa que insistir en la necesidad de no confundirse de enemigo, en este año que se va tan aparentemente confuso.

Publicado en:
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-236297-2013-12-23.html

FÁBREGA: "Vamos a trabajar para que la expansión monetaria sea menor", por "Página 12" del 25-12-13



El presidente del Banco Central, Juan Carlos Fábrega, afirmó que uno de los objetivos para el próximo año será disminuir la emisión que "en 2013 fue del 25 por ciento" y ratificó la "política de flotación administrada y acomodamiento del tipo de cambio" de la divisa estadounidense.

"El Banco Central ha manejado en los últimos diez años un mecanismo, que es la flotación administrada, y como se ha demostrado, los períodos de fluctuación del tipo de cambio no han sido igual en todos los períodos", dijo el funcionario y precisó: "Este momento es similar a lo que ocurrió en 2009, pero claramente tiene que ver con la política de flotación administrada y acomodamiento del tipo de cambio".
Aseguró que "no va a haber cambios en ese orden" y dejó claro que "el mecanismo es trabajar sobre la base de la flotación administrada, como se ha hecho en los últimos diez años. "Lo que se ha visto claramente en los últimos 30 días es que se ha reducido una brecha que era muy amplia entre el dólar ilegal y el dólar oficial. No es ése el objetivo primordial, pero es bueno que ello se produzca".
"El objetivo también es atender el stock de reservas, y hemos logrado, con los mecanismos que se han utilizado en estos últimos 30 días, que el dólar se mantenga. Desde el 5 de diciembre llevamos sin caída de reservas, y lo vemos como un hecho positivo", añadió.

Publicado en:
 http://www.pagina12.com.ar/diario/ultimas/20-236387-2013-12-24.html

¿A qué le temen los enemigos de la Revolución?, por Mario Silva García (para "Aporrea" del 19-10-13)

Primero que nada, quisiera hacer público mi agradecimiento al Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro, por todo el apoyo que me prestó la Revolución para que la intervención quirúrgica que tenía pendiente, se llevara a cabo con total éxito. Presidente, muchas gracias, y permítame hacer público este agradecimiento no sólo en mi nombre, sino en nombre de todos los compatriotas venezolanos y latinoamericanos que han sido beneficiados por la política de salud que mi Comandante Eterno, Hugo Chávez, impulsó y que usted, en continuación de su legado, sigue impulsando. De igual manera, hago extensivo este agradecimiento al ministro Rafael Ramírez. Camaradas, muchas gracias. Amor con amor se paga y he sido testigo y protagonista de los pacientes que, sin distingo de raza, credo o color político, han sido beneficiados, reitero, por las misiones de salud.
En segundo lugar, mi agradecimiento eterno al Comandante Fidel y al pueblo de Cuba, a su legión de médicos internacionalistas, siempre comprometidos con la vida de los pueblos del mundo.
En tercer lugar, gracias eternas a mi Comandante Hugo Chávez y a su compromiso que, al lado del Comandante Fidel, hicieron posible el Convenio Cuba-Venezuela. Somos miles y millones de pacientes que jamás imaginamos tener la bendición de la salud, la medicina, la educación y la justa y digna atención de dos revoluciones hermanadas que asumieron al ser humano como centro y vértice de la sociedad. En la Venezuela de Bolívar, jamás gobierno alguno se preocupó por las grandes mayorías y excluidos. Tenían que ser Chávez y Fidel quienes iluminaran los rostros de nuestra América mestiza. Gracias Chávez, gracias Fidel, gracias Nicolás.
Dicho esto, paso al tema que me lleva a pronunciarme: ¿A qué le temen los enemigos de la Revolución?
Hace unos días escuchaba al Presidente Nicolás denunciando al Bloque De Armas. El ataque era contra nuestra industria eléctrica. Los medios golpistas han venido arreciando en dos frentes de sabotaje muy sensibles: Servicios y Economía. Son puntuales y tienen como objetivo crear las condiciones para una especie de caracazo. Sin embargo, creo percibir en esta operación algo más elaborado, más refinado y no es otra cosa que cubrir con el manto de la impunidad a sus actores políticos. Es decir, nuevamente los medios golpistas pasan a la vanguardia y la vieja clase política reaccionaria a la reserva en espera de mejores tiempos. Más adelante me voy a referir a esto.
Por otro lado, este viernes 18 de octubre, la revista ZETA en su edición Nro. 1.924, trata de resucitar el tema Mario Silva y, por supuesto, el bodrio de marras. Lo que llama la atención es que no es un refrito halado de los pelos. Amén de la portada, el connotado gendarme de la CIA, Rafael Poleo, utiliza a dos connotados mercenarios de la comunicación: Jaime Granda y Júrate Rosales
 ¿Cuál es el objetivo?
El principal objetivo es dividir las fuerzas revolucionarias, desviar la atención y contribuir el ocultamiento de los actores políticos, quienes se saben vulnerables, incluso sujetos a investigación y detención, por la arremetida cada vez más profunda del Presidente Nicolás Maduro en contra de la corrupción. La detención del ex alcalde de Valencia, Edgardo Parra, les anuncia que Nicolás va a arreciar en contra de aquellos funcionarios que estén incursos en delitos de corrupción sin distingos de tendencias políticas. Enrique Capriles Radonski y su sigüí, Carlos Oscaríz, de igual manera Antonio Ledezma, deben ser investigados por su participación, no sólo en hechos de corrupción abiertamente denunciados, sino que deberán responder por el asesinato de 11 compatriotas en las revueltas fascistas que causaron su llamado a “la arrechera” el pasado 15 de abril.
El tema de Rafael Poleo y sus adláteres mercenarios no es si Mario Silva regresa o no al programa La Hojilla o si el “G2 cubano”, cosa harto manoseada, tiene sus manos metidas en Venezuela. ¡No! El tema es que el Presidente Nicolás Maduro se ha venido fortaleciendo políticamente y, peligrosamente para los fascistas, está llegando la hora de meter presos a la partida de mafiosos que, bajo el manto del chantaje político, pretenden quedar impunes ante la justicia y el pueblo venezolano.
No puedo dejar pasar por alto, que resulta altamente extraño, por no decir “coincidencial”, que el tema de Mario Silva salga de nuevo a la palestra comunicacional justo en el momento en que me encuentro en franca recuperación y en la tierra que me vio nacer. Incluso, sigo sin entender cuáles son los motivos o credenciales que llevan a ciertos invitados recurrentes, ahora en funciones dentro del horario que regentaba mi espacio La Hojilla, a descalificar lo que fue mi labor durante nueve años.
Yo también sé de historia, camarada Aranguibel, y conozco de Teodoro, de Lusinchi, de Carlos Andrés Pérez, de cómo se apoyaron esas candidaturas y de cómo se engañaba al pueblo y de cómo el huracán revolucionario arrastró con mucho de esos sectores que se mimetizaron y siempre han estado aplicando el “revolucionómetro”, haciendo uso y abuso del protagonismo egocéntrico que, no es más, que la consecución del fin económico. El problema no es Toby, ni Aporrea, ni quienes tratamos de alertar con amor a Chávez y a Nicolás sobre temas sensibles que entiendo y percibo el Presidente le ha venido prestando mucha atención. El problema, camarada Aranguibel, es que antes de nada debe existir respeto, sobre todo cuando no estamos calificados moralmente para fungir de adalides de la Revolución. El enemigo no soy yo, no es Toby, no es Aporrea. El enemigo es todo aquel que no ha entendido que el Capitalismo es perverso bajo todas sus formas. Vea usted, camarada, ahora mismo las denuncias y la lucha que ha venido ejecutando el Presidente Nicolás en contra de los medios de producción privados del fascismo que ponen en jaque al pueblo con la campaña mediática abusiva y perversa o por la falta de papel tualé. Decía mi Comandante Ernesto Che Guevara, cito:
“El ejemplo, el buen ejemplo, como el mal ejemplo, es muy contagioso, y nosotros tenemos que contagiar con buenos ejemplos, trabajar sobre la conciencia de la gente, golpearle la conciencia a la gente, demostrar de lo que somos capaces; demostrar de lo que es capaz una Revolución cuando está en el poder, cuando está segura de su objetivo final, cuando tiene fe en la justicia, de sus fines y la línea que ha seguido…”

¿Sabe por qué he declarado que la Revolución y el legado del Comandante Hugo Chávez está en la suerte de Nicolás Maduro? Porque Nicolás sabe que tiene en sus manos el hermoso peso histórico que es y será por siempre mi Comandante Hugo Chávez. Nicolás tendrá que lidiar y debatir con las diferentes corrientes de izquierda nacionales e internacionales, acaso las más radicales o conservadoras, incluso las obsoletas y reformistas, siempre acudiendo a mi Comandante Hugo Chávez como norte, sur, este y oeste de quienes estamos en el deber de asistir al parto del hombre nuevo. No se trata, camarada Aranguibel, de asumir vocerías rentistas o grupales o una apuesta a ver quién es el que sentenciará al final su victoria personal. Se trata de hacer revolución. A los payasos se les deja para el circo. El Presidente Nicolás Maduro está por encima de estas rencillas y competencias individuales. El Presidente Nicolás Maduro es quien tiene en sus manos, y lo acompañamos, el legado histórico de mi Comandante Hugo Chávez. Eso no tiene discusión y mucho menos es propiedad exclusiva de grupos o personas.
Nuestro enemigo es el Capitalismo. Si en esta guerra económica, la Polar deja de producir harina de maíz, pues el pueblo con Nicolás al frente deberá tomar las fábricas y hacer harina de maíz. Si los medios golpistas no quieren informar sobre los avances de la Revolución, pues será el pueblo con Nicolás al frente los que tomaremos los medios e informaremos. Si los saboteadores, si los corruptos, si los mimetizados están actuando para tumbar la Revolución Bolivariana, será el pueblo todo con Nicolás al frente, los que tomaremos las calles y junto a nuestra Fuerza Armada Nacional expulsaremos a quienes nos quieren arrebatar el sueño y el sacrificio de Hugo Chávez.
 Recordemos de nuevo a mi Comandante Ernesto Che Guevara, cito:
 “Nuestro punto de referencia debe ser penetrar rápidamente  en el dominio de aquellas ramas industriales que tienden a crecer aceleradamente y que darán fisonomía al mundo industrial en la próxima generación… …debemos prepararnos, desarrollar tecnologías que nazcan de las condiciones concretas de nuestro suelo, de nuestras materias primas, de nuestro ambiente cultural y de nuestro desarrollo actual para poder dar al mercado local y al mercado internacional los productos de nuestro suelo elaborados hasta el máximo permitido por la técnica, de acuerdo con la inventiva y la ciencia de nuestros propios tecnólogos…”
Yo agregaría, siempre en función de nuestro pueblo y no en beneficio del Capitalismo.
Atilio Borón dijo en visita reciente a nuestro país que, “el fascismo nos ha planteado un plebiscito en el marco de las próximas elecciones a las alcaldías”. Pues, entonces, asumamos nuestra trinchera y dispongamos de la unidad como fortaleza única para derrotar al enemigo y evitar que pasen a la fase de exterminio que nos quieren preparar para el año 2014 ¿Por qué seguimos jugando a la guerrita pendeja del egocentrismo?
Muchas gracias a mí querida Tropa por haber estado pendiente de mí. En verdad, no lo merezco. Trabajemos todos por fortalecer la lucha diaria y la conciencia. Esa es nuestra fuerza.


Mario Silva García

Comunicador social. Ex-miembro y caricaturista de Aporrea.org. Revolucionó el periodismo de opinión y denuncia contra la derecha con la publicación de su columna "La Hojilla" en Aporrea a partir de 2004, para luego llevarla a mayores audiencias y con nuevo empuje, a través de VTV con "La Hojilla en TV".

   mariosilva@yahoo.com      @LaHojillaenTV

Publicado en:
http://www.aporrea.org/actualidad/a175428.html



martes, 24 de diciembre de 2013

COLOMBIA: ¡Constituyente ya!, por Luz Marina López Espinosa (para "www.pacocol.org" del 23-12-13)

No es apenas una consigna política o una proclama que desde el anonimato y el silencio griten las paredes. Bien podría también ser sólo eso, y ya sería una voz atendible por la alcurnia del sujeto al que alude. Es en todo caso mucho más que eso, sin que la residencia del impulsor de la iniciativa en las montañas y en la resistencia a la creciente precariedad de un Estado y de una democracia cada vez más eslogan y hueca de contenido, le quite respetabilidad a la consigna. Es más: penoso ha de ser para  las clases hechas al manejo del Estado, que sea desde la orilla de la ilegalidad –y de la ilegitimidad según ellas-, de donde provenga las más ilustre de las apelaciones: la que convoca al de otra parte y tanto tiempo escarnecido y manoseado pueblo.

Como habrán reparado los lectores, lo anterior a propósito del debate  acerca del modo de refrendar los eventuales Acuerdos a los que lleguen la insurgencia de las FARC-EP y el gobierno de Colombia presidido por Juan Manuel Santos en el marco de las negociaciones para “terminar el conflicto y construir una paz estable y duradera”. Que por la trascendencia histórica sin igual del momento,  la posibilidad de terminar negociadamente una confrontación de sesenta años -no resuelta por la vía de las armas valga la precisión-, con su secuela de muerte, destrucción,  despilfarro de ingentes recursos y degradación de las partes en especial de aquella que invoca como razón de su intangibilidad su superioridad moral y jurídica,  es algo que se debe revestir del más sólido de los blindajes. Y ninguno más fuerte ni genitor de mayor legitimidad, que el emanado de una Asamblea Nacional Constituyente. No se trata entonces de una bandera del grupo armado. Es una bandera de la razón y de la nación.


La convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente no sólo la amerita la indiscutida importancia del asunto y el momento, verdadero parteaguas en la historia de Colombia, sino que lo impone un hecho de riguroso pragmatismo jurídico-político: los acuerdos a los que lleguen las Farc. y el gobierno nacional, si es que en verdad son como tienen que ser, para ponerle fin al conflicto, tienen una entidad tal, que su implementación mediante la  introducción de reformas a la institucionalidad vigente, superan la misma omnipotencia que en nuestro Estado tiene el presidente de la república. Y desbordan su marco de representación de la sociedad , y el temporal de su mandato aún contando con la reelección.


De modo que resulta inevitable considerando además la rabiosa oposición  de los influyentes sectores enemigos de la paz, que la institucionalidad adoptada goce de ese blindaje que la haga “más o menos” inamovible. Y decimos “más o menos”, porque cualquier cosa puede pasar: ¿acaso la celebrada Constitución de 1991 promocionada como un  Tratado de Paz suscrito por la nación toda, no ha sido objeto de cerca de treinta reformas, la mayoría con el carácter de “contrarreformas”? Qué sería entonces de las innovaciones que se introduzcan en este momento si ellas descansan en apenas leyes, decretos, directivas presidenciales, o promesas juradas de  cumplimiento, expresiones estas de la voluntad del Estado que según es uso en Colombia, son simples comodines de ocasión, siempre temporales y fungibles?


Los peligros que se ciernen sobre el proceso de paz que se adelanta en La Habana no partenprincipalmente –dura paradoja- de los reconocidos sectores abanderados por el ex presidente Uribe Vélez que inclusive han tenido la osadía de hacer  de la cancelación de ese proceso su principal oferta para las elecciones presidenciales que se avecinan. El mayor peligro y que mantiene la mesa de negociaciones  todos los días a punto de naufragar, viene quién lo creyera, del gestor de ella, el presidente Juan Manuel Santos. Y es que cada día el presidente da claras y desconcertantes muestras de querer congraciarse con el hipertrofiado poder militar que lastra sobre el país, como haciéndose perdonar de él y de los sectores militaristas que constituyen el núcleo duro del bloque  en el poder, el pecado de adelantar unas negociaciones que sabe el mandatario, a pesar de explicaciones y la presentación que les hace  como de una rendición, son vistas por aquellos con verdadera indignación.



No es de  poca trascendencia lo anterior. Insistimos: es la más grave conjura que puede haber contra el proceso de paz, la que cada día lo cubre de incertidumbre. Y las muestras de esa actitud presidencial conspirativa muy en la línea de Uribe Vélez  y su facción extremista, son públicas y ostensibles, como midiéndole al interlocutor su tolerancia frente a las condiciones inaceptables e incompatibles con la negociación que en los escenarios más diversos les lanza. Y como calibrando la disposición que tenga de resistir a insultos y provocaciones verbales. Sólo en esta perspectiva se comprenden y adquieren sentido las frecuentes exhortaciones del presidente a la fuerza pública para que cada día y sin desmayar un instante redoblen su cruzada de exterminio contra la insurgencia en diálogos. Y sus reiteradas precisiones en cuanto foro gremial o ceremonia de ascenso miliar hay, de que en La Habana no se está   negociando absolutamente nada: ni el modelo económico-social, ni la política internacional, y muchísimo menos la doctrina militar basada en los conceptos de la seguridad nacional, el enemigo interno y la protesta social como asunto de orden público.  Y las groseras descalificaciones del ministro de defensa como ventrílocuo del poder militar, descalificando de tajo cualquier posición o declaración plausible  de las FARC sobre la paz, adjudicándoles  de paso terribles y por fortuna frustrados “atentados terroristas”.


La última salida del presidente Santos en esa línea que sólo da lugar a sospechar que mira el proceso con la misma frivolidad y falta de lealtad con las que lo haría un  jugador de póker para quien la palabra principios no tiene asiento en el tema,  fue su intervención en el congreso del partido Cambio Radical, cuando volvió a garantizarle a la alianza derechista gobernante, que allá en La Habana no se estaba negociando absolutamente nada del estado de cosas tan favorable al auditorio, y que lo único que se  estaba haciendo era “tratar de acordar con esa gente que cambie las balas por unos puestos”. Demasiada porfía del gobierno nacional en querer presumir “pensando con el corazón”, que las FARC-EP están en un proceso de rendición, dispuestas a ser cooptadas y a ingresar al Establecimiento. El gobierno y el bloque en el poder saben, deben saber, que la guerrilla busca integrarse a una institucionalidad sí, pero para ejercer sin armas su derecho a resistirla y transformarla.


 Ya antes y muy en el centro del clamor que este artículo recoge,  había incurrido el presidente en una grave violación, verdadera burla, del Acuerdo General suscrito por las partes para sentarse a negociar, en cuyo punto Sexto se estipula la discusión de los mecanismos de refrendación de los acuerdos a los que se llegue. Repudiando lo acabado de suscribir, el gobierno en una no disimulada muestra de desconfianza hacia el constituyente primario, con toda malicia se adelantó a  imponer en el Congreso la aprobación de una ley que adopta el Referendo como mecanismo de refrendación de esos acuerdos. El presidente nunca ha tomado en serio aquello de que se trata de una negociación en la cual ambas partes tiene voz y voto en tanto iguales en la mesa.


Olvida –o simula olvidar-  el presidente, que la insurgencia dialogante reclama en el nuevo escenario de la paz, no una mezquina dádiva del Estado, no un mísero espacio de presencia política que les permita dar por bien justificados ante los suyos los miles de sacrificados que quedaron en el camino, sino que lo que demanda es mucho más que ese espacio con plenas garantías al que de por sí tendría derecho: es primero que todo y ante todo, la adopción de reformas institucionales al inicuo modelo económico, social y político que fue lo que sin discusión, dio lugar al levantamiento armado primero, a su escalamiento después, y a su arraigo en vastos núcleos poblacionales y que le ha permitido pervivir por sesenta años.


¿Por qué tanta insistencia del Establecimiento en presumir no saber eso?


El que a estas alturas del levantamiento y de la negociación para ponerle fin, tenga la insurgencia que precisarle al presidente que por lo que se levantaron hace sesenta años y  pusieron miles de muertos, heridos, mutilados y encarcelados no fue para lograr unas curules en el senado, unos escaños en algunos  concejos municipales y unas cuantas alcaldías de pueblos, es algo que obliga a preguntarse sobre la sinceridad del primer mandatario con eso de “alcanzar una paz estable y duradera” según reza el Acuerdo suscrito.


El gobierno de Colombia debería reconocer que el grito de las paredes ¡Constituyente ya!, está recogiendo el proceso constituyente que ya, sin permiso del gobierno, se está dando a todo lo ancho y largo del territorio nacional con las docenas de constituyentes populares de carácter sectorial que se han realizado, y con las miles de propuestas que desde los cabildos indígenas, las juntas de acción comunal, los estudiantes universitarios, los de bachillerato, los sindicatos, el movimiento de derechos humanos y los partidos y movimientos políticos de izquierda, se han hecho llegar a La Habana recogiendo la multiforme voz de eso que esta vez sin falsificaciones se puede llamar “el pueblo”.


Y a esa Constituyente Popular auto convocada y en marcha,  se acaba de sumar otra que nadie había avizorado ni pudo programar, magnífica muestra de que el pueblo se está apropiando de eso de la soberanía popular de la Constitución de 1991, hasta hoy escamoteada: la formidable respuesta popular a la destitución del Alcalde de Bogotá Gustavo Petro por el reaccionario Procurador General. Muy dura la tiene este funcionario y el presidente Santos que se frota las manos, ante la posición del constituyente primario que se ha volcado a las calles y las  plazas, dando la orden: “al alcalde lo puse yo, y mi voto vale. Petro se queda”.


Alianza de Medios por la Paz

Publicado en:
http://www.pacocol.org/index.php/noticias/7585-constituyente-ya

lunes, 23 de diciembre de 2013

Por qué nos duele Milani, por Gabriela Cerruti (para "INFOnews" del 22-12-13)

La discusión sobre responsabilidades y complicidades durante la dictadura militar es ardua y compleja y está recién comenzando en nuestro país. Aunque muchos sientan ya la democracia como una verdad adquirida, lo cierto es que sólo treinta años de democracia nos coloca todo el tiempo frente a la certeza de que buena parte de la generación política, empresaria, religiosa, sindical que hoy ocupa lugares de poder ya formaba parte de la vida activa pública durante la dictadura militar.
Entre las víctimas y los victimarios existieron una infinita cantidad de grises.Están quienes colaboraron con los perpetradores activamente desde un lugar de poder, hasta los que lo hicieron desde el llano, delatando a un vecino, mirando hacia otro lado cuando alguien necesitaba protección. Pero también están, y son muchos, los que sin ser héroes, ni militantes, ni haber trascendido más allá de su esfera privada, se jugaron la vida para esconder a alguien, ayudaron a un amigo a escapar, callaron cuando les vinieron a preguntar.
Las salas de parto suelen ser un laboratorio de la condición humana, y allí también se expresó la sociedad en todos sus claroscuros: enfermeras anónimas que escondieron un papelito que les daba una prisionera con un número de teléfono y así ubicaron a una familia para entregarles un bebé. Y médicos y enfermeras que sin que nadie se los exigiera formaron parte de la máquina del terror.
Lo que quedó claro es que siempre, aún en el más difícil de los infiernos, había una opción moral. Y muchos la ejercitaron y tal vez sean esos millones de gestos mundanos, anónimos, lo que nos permitió sobrevivir como sociedad, lo que renovó el pacto civilizatorio.
Después del genocidio nazi, Karl Jasper dividió en cuatro la “cuestión de la culpa”. En ese tratado, tomado como base para los debates posteriores a las grandes tragedias históricas desde entonces, aparece en primer plano la culpa judicial, penal, que será juzgada en tribunales y sobre la que recaerá la fuerza del código penal con su sentencia por los delitos cometidos. Está también la culpa política: es la de todos aquellos que por acción u omisión dieron las órdenes o las herramientas para que el genocidio se llevara adelante. Y están también las responsabilidades sociales, y finalmente las morales. Las primeras refieren a las condiciones sociales que hicieron posible que los lazos mínimos de la comunidad se rompieran y un vecino pudiera convertirse en enemigo del otro. Y las morales, que implican el cataclismo civilizatorio por el cual en un determinado momento se rompen los lazos básicos de solidaridad, de compasión, de unión entre la raza humana.
Cada sociedad, en determinados momentos históricos, va resolviendo esas escalas de acuerdo a su saber y entender, y a las condiciones sociales y políticas que se lo permiten.
Los gobiernos van tomando la representación de ese momento para convertirlo en voz desde el estado.
Cuando el gobierno radical habló del pacto militar-sindical estaba eligiendo mirar una parte de la historia, hacer foco sobre un momento de esa compleja relación entre la sociedad civil y los militares. Sin duda porque tenía que ver con la batalla política que estaba dando en ese momento. Pero también seguramente porque era lo que la sociedad podía admitir, el paso que podía dar.
Después de la teoría de los dos demonios de los primeros años de la democracia, o la de la reconciliación nacional del gobierno menemista, tuvo lugar el proceso más profundo y transformador de construcción de memoria colectiva de la mano de los gobiernos de Néstor y Cristina Kichner.
Sucedió sin duda por el trabajo incansable y permanente de los organismos de derechos humanos, pero al hacerse voz y acción desde el estado tuvo un enorme poder de reconstrucción de los cimientos mismos de nuestra nacionalidad.
La culpa dejó de vagar como una melancólica sombra sobre todos y todas, y se encarnó en quienes fueron los perpetradores a través de los juicios, la cárcel común, la condena, las sentencias. Cada uno de esos actos fue aliviando a la sociedad en su conjunto de la enorme carga de ser la heredera de una comunidad que había permitido esa catástrofe.
Fue después de ese enorme acto reivindicatorio de los juicios que llegó el pacto simbólico a través del cuadro de Videla, de la Esma como museo de la memori. Y justicia y símbolos parieron la discusión sobre responsabilidades y complicidades civiles, donde se fijó definitivamente un nuevo umbral.
Ese umbral, no es una cuestión judiciable, por eso para él no rige el principio de inocencia y los intrincados vericuetos de los tribunales. Tiene que ver con valores, con certezas, tiene que ver con el pacto de confianza entre instituciones y ciudadanos.
Esos parámetros son injustos en lo individual muchas veces, porque están basado en un bien superior, en un bien colectivo: sobre qué memoria, sobre qué lectura de la memoria se está construyendo la nueva argentina.
Ese relato llevó sin duda a enormes arbitrariedades y falsedades como acusar a todos los periodistas de tener “las manos manchadas de sangre” por trabajar en un medio que fue cómplice durante la dictadura militar de negocios que recién ahora salen a la luz, o sostener acusaciones como hechos ciertos cuando estaban en proceso de investigación.
Un relato donde la mayor acusación política que se puede realizar, y que se usa indiscrimina y muchas veces injustamente, es “ser cómplice” de la dictadura, corre barreras y fija nuevos umbrales. Para bien, y para mal.
En la vida social, como en la individual, suele ser difícil sostenerse a la altura de los parámetros que uno mismo fijó.
No hubiera sido tan dolorosa la obediencia debida y el punto final, si no hubieran sido hijas del mismo Raúl Alfonsín que encabezó el juicio a las Juntas y dio forma al Nunca Más. ¿Qué era lo que la sociedad estaba dispuesta a acompañar en ese momento? ¿Lo uno o lo otro? El límite de lo posible suele ser un diálogo entre la comunidad y el estado, entre las instituciones y la opinión pública. Si ese límite puede estirarse hasta forjar un nuevo umbral, ¿a quién corresponde decidir que se debe descender de allí? ¿A quién corresponde decidir que la sociedad ahora va a retirarse de los casilleros conquistados?
Cuando se creó la nueva policía metropolitana en la Ciudad de Buenos Aires, reclamamos que nadie, nadie, que hubiera estado activo en alguna fuerza de seguridad durante la dictadura militar formara parte. Era sin duda injusto para quienes eran muy jóvenes en ese momento, o no habían tenido una actuación destacada. Pero partíamos de la convicción de que la nueva argentina que estábamos fundando sobre el acuerdo colectivo del Nunca Más lo necesitaba. Porque habían compartido planes de estudio, porque habían formado parte de una institución donde sus jefes, sus compañeros mayores, formaban parte del estado del terror, porque, por lo menos, habían sido camaradas de quienes habían cometido delitos y eso marcaba un piso que no queríamos atravesar.
Estas son las humildes reflexiones que me acompañaron estos días frente al debate por la designación de Milani.
Las transformaciones económicas, sociales y culturales llevadas adelante por este gobierno han cambiado el corazón de la Argentina moderna y nadie podrá discutir que esta sociedad es hoy mucho más justa, más igualitaria, más defensora de los derechos colectivos e individuales que hace una década atrás.
Pero todo eso no hubiera sido posible, si el marco simbólico en que se llevaron adelante no hubiera sido la política de derechos humanos, la política de verdad, justicia y memoria, la inflexibilidad para sostener un nuevo umbral sobre valores democráticos.
Ese umbral, es el que hoy no pasa la designación de Milani. Y, por eso, es tan doloroso.

* Gabriela Cerruti es legisladora porteña por Nuevo Encuentro, Partido aliado del FpV

Publicado en:
http://www.infonews.com/2013/12/22/politica-115864-por-que-nos-duele-milani-pliego-de-milani.php

HEBE DE BONAFINI DIALOGA CON EL NUEVO JEFE DEL EJÉRCITO, CÉSAR MILANI, por Redacción Popular y You Tube de diciembre de 2013




VERSION TRANSCRIPTA (Selección)

Hebe de Bonafini: Ustedes estaban formados muy autoritariamente.
César Milani: No sólo autoritarios, sino soberbios. Y aparte, se creyeron dueños del mundo, de las personas, y distintos.
HB: Vos que sos comandante del Ejército, ¿creés que las otras Fuerzas también pueden encontrar eso que hallaron en la Fuerza Aérea? (Se refiere a archivos de la dictadura)...
CM: Vamos a tratar de empezar a buscar en los lugares donde no debería haber nada. Por ejemplo: algunos cuartos de esos donde se guardaban herramientas o cosas así, para ver si hay alguna cosa para sacar.
Sobre esto, Bonafini dice tener información sobre que "en el Cuerpo I del Ejército, en el tercer piso" podría haber información. Ante esto Milani responde: "Lo que podemos hacer, y yo te invito, es ir al lugar, que ya no es más el Primer Cuerpo, frente a Patricios, y revisar".
HB: ¿Cuándo comenzaste a conocer a las Madres?
CM: Hace muchísimos años, cuando empezaron a salir en los medios. Reconozco que en las Fuerzas Armadas, quiero ser honesto, había un importante odio con las Madres, como con todos los organismos de Derechos Humanos (...) hay mucha gente en el Ejército, en actividad, que valoriza a las Madres. (...) No hablo de los retirados, eso es otro tema, no quiero decir amor, pero por ahí una cierta simpatía.
HB: ¿Cuánto tuvo que ver Nilda Garré en este nuevo Ejército? Es tan olvidada ella en lo que ha hecho en el Ejército.
CM: Tuvo mucho que ver, le dio un vuelco muy importante.
HB: ¿Por qué no se acercan (los militares) más a la gente de los barrios, qué pasa? ¿La gente no los quiere, los rechaza?
CM: Bueno, no. En los últimos tres meses hemos tenido 80 médicos trabajando en el Conurbano. A nosotros nos gustaría participar mucho más. La Presidente formó ahora una Secretaría dentro del Ministerio de Defensa, de coordinación con las emergencias (se refiere a la Secretaría de Coordinación Militar de Asistencia en Emergencias). Yo decía recién, ojalá pudiéramos trabajar en barrios, en casas.
Luego, Bonafini sugiere que el Ejército "tiene que ir a las villas", ante lo que Milani responde: "No depende de mí. Si me dijeran 'bueno, te damos una villa, cualquiera, y tenés ahí para trabajar y urbanizarla', yo creo que sería espectacular.
HB: ¿Ustedes no pueden intervenir en política?
CM: No, estando en actividad no podemos intervenir en política. Pero eso no quita que uno pueda manifestar su apoyo a un proyecto importante de país. Pero no podríamos militar en un partido político. Se podría mostrar y hacer mucho más. Tenemos todo. Yo tomo esa promesa si lo ordena la Presidente.
HB: ¿Por qué te hiciste militar? ¿Porque te gusta mandar?
CM: Porque vengo de una familia muy peronista, donde siempre se decía 'Mi general, mi general', y por los uniformes.
HB: Hay que dejar la mochila ¿no? Tirarla, dejarla, porque no es justo.
CM: No es justo tener que seguir cargándola. Y también con tipos que inclusive hoy, después de todo lo que pasó, siguen hablando con resentimiento. A mí lo que me preocupa es eso, no solamente algunos que están presos, sino otros que no están presos, que están en la calle.
HB: ¿Cómo toman tus hijos las denuncias contra vos?
CM: Por ahí uno sufre más por ellos que por uno. (...) Jamás, nunca, ni torturé, ni maté, ni estuve. (...) Las calumnias e injurias vertidas sobre mi persona por parte de multimedios monopólicos y dirigentes políticos opositores al gobierno nacional han buscado exclusivamente perjudicar a la Presidente y tratar de impedir que el Ejército participe activamente de un proyecto nacional.
HB: Los medios te arman una bola que Dios mío...
CM: Esta confrontación de un grupo, de unos medios, que quieren manejar todo. Instalan historias, fabrican. Si les gusta el gobierno, bueno; si no les gusta más, bueno, se acabó, que venga otro, tiene que venir otro que ellos dicen cuál es.
HB: Pero no tienen candidatos. Se pelean, se rejuntan.
CM: Gracias a Dios, estaba leyendo una encuesta donde Cristina tiene más de un cincuenta por ciento de imagen positiva. Ella es una militante fuerte y que sabe adónde quiere ir.
"Yo estoy con esto de que me acusan por los Derechos Humanos y entonces pienso, si voy a un acto no vaya a ser cosa de que me puteen todavía".
HB: "Si te putean, y bueno, allá ellos".
"Hebe, con ayuda de ustedes, el Ejército está dispuesto a ir por todos los cambios y yo quiero ser el más transgresor"

VEA REPORTAJE COMPLETO PRESIONANDO AQUÍ

Publicado en:
http://www.redaccionpopular.com/articulo/hebe-de-bonafini-dialoga-con-el-nuevo-jefe-del-ejercito