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sábado, 25 de diciembre de 2010

EL HUEVO DE LA SERPIENTE, por Ricardo Forster (para "Veintitrés" del 23-12-10)


En un libro medular, René Girard –antropólogo francés– se ocupa de analizar una figura siempre presente y, al mismo tiempo, invisible de nuestra sociedad: el chivo expiatorio, aquel o aquellos sobre los que recae la violencia de quienes buscan en otro la responsabilidad de sus propias frustraciones, de sus miedos o de esa misma violencia que los amenaza desde su interior. Una figura arcaica que proviene de la noche de los tiempos de la cultura y que nunca ha dejado de funcionar, que siempre ha estado activa y actuando sobre la vida humana como recordándonos, quizá, que lo no dicho, lo ominoso de nosotros mismos, sigue desplegándose entre los intersticios de prácticas, lenguajes y experiencias capaces de ir mutando lo superficial manteniendo lo atávico y esencial. Claro que cada época histórica le otorga, a esa lógica de la violencia y a esa figura expurgatoria sobre la que se la ejerce a mansalva, sus propias dimensiones y su peculiar configuración del chivo expiatorio. Judíos, gitanos, armenios, bosnios, tutsis, negros, homosexuales, bolivianos son, apenas, los nombres de aquellos que han recibido la descarga del odio racial y de la violencia diseñada por el poder. En el siglo veinte, y en este que acaba de inaugurarse, el racismo se entrelaza con los discursos de la política de las derechas reaccionarias y se inscribe en un horizonte apuntalado por los lenguajes de la comunicación. En estos días argentinos pudimos, no sin horror y preocupación, ver de qué modo, y una vez más, se hacía añicos el imaginario de la autoindulgencia nacional, ese que nos presenta siempre como un país hospitalario y tolerante, afincado en la idea del “crisol de razas” y deudor del preámbulo de la Constitución, cuando no dejó, a lo largo de la historia, de construir sus nichos de violencia racial y de clase. Pero puso también en evidencia quiénes, hoy y entre nosotros, fogonean los lenguajes de la xenofobia. Macri, reuniéndose con los “vecinos” de Lugano en la sede de la Policía Metropolitana –su engendro inservible–, expresó sin medias tintas su visión reaccionaria, represiva y racista de la vida social y política.

“Decimos frecuentemente –escribe Girard en La violencia y lo sagrado– que la violencia es ‘irracional’. Sin embargo, no carece de razones; sabe incluso encontrarlas excelentes cuando tiene ganas de desencadenarse. Por buenas, no obstante, que sean estas razones, jamás merecen ser tomadas en serio. La misma violencia las olvidará por poco que el objeto inicialmente apuntado permanezca fuera de su alcance y siga provocándola. La violencia insatisfecha busca y acaba siempre por encontrar una víctima de recambio.” Es en esta perspectiva que no es posible hacerse los desentendidos ante la violencia racista que se derramó cuando comenzaron a ocuparse las tierras yermas del mal llamado Parque Indoamericano y que sigue infectando a muchos “vecinos” de Villa Soldati y de Lugano. Una alquimia de viejos prejuicios, de resentimiento de clase, de fogoneo mediático asociado a una ideología reaccionaria y de carencias reales e indisimulables. Una violencia subestimada e, incluso, negada como evidencia de algo oscuro y persistente que habita a una sociedad negadora de sus fallas más decisivas.

La evidencia de una sociedad profundamente dañada por décadas de impunidad y de fragmentación neoliberal que recuperó lo peor de sí misma a la hora de proyectar sobre los cuerpos de los más débiles –de los extranjeros pobres a los que les debemos hospitalidad– todos sus prejuicios y su violencia. En el corazón de la zona sur, allí donde se puso en claro la ausencia de toda política de reparación social de parte del gobierno macrista, lo que también emergió con una alta dosis de peligrosidad fue el resentimiento de cierta clase media baja dirigido no hacia los responsables del deterioro de sus condiciones de vida sino hacia los que están más abajo. Una luz roja de alarma y de alerta se encendió. No podemos desconocerla. El huevo de la serpiente anida en nuestras negaciones.

Días atrás pudimos leer una nueva carta del espacio político-intelectual Carta Abierta; ahí, y sin apresuramientos propios de textos inmediatistas, se intentó dar cuenta de lo extraordinario de un tiempo argentino atravesado por las irradiaciones de la muerte de Néstor Kirchner y enfrentado, una vez más, a los claroscuros de una historia tremenda, exigente y, muchas veces, inclemente. Entre la despedida popular, oceánica y conmovedora, y la aparición del asesinato entremezclado de patotas de la Unión Ferroviaria, barras bravas manejadas por punteros del macri-duhaldismo, policías cómplices de lo peor y racismos emergentes de zonas cloacales de la vida social, algo de lo no resuelto volvió a emerger; como si lo excepcional de este momento histórico quisiera ser bombardeado por esas fuerzas reaccionarias que siguen agazapadas a la espera de su oportunidad.

La provocación, el miedo acicateado para dirigirlo contra los más débiles transformado en xenofobia, la retórica del prejuicio y la criminalización descargada como arma cómplice y homicida por el jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires, el llamado “al orden” hecho desde una universidad estadounidense, la cobertura capciosa de gran parte de los medios de comunicación, fueron algunos de los gestos con los que la restauración conservadora busca horadar lo mucho que viene haciéndose en el país para reconstruir un tejido social desgarrado por décadas de neoliberalismo.

El desafío es inmenso: seguir reparando lo dañado impidiendo que lo peor de nosotros mismos se apropie del discurso y la práctica de los argentinos. El fantasma del racismo, siempre olvidado y desplazado hacia un rincón lejano de nuestras “buenas conciencias”, está allí como un ominoso recordatorio de aquello que puede producir formas de violencia homicida que, al mismo tiempo que matan al “otro”, al chivo expiatorio, al boliviano, al negro villero o a quien sea, vuelven irrespirable la vida social. Más allá de seguir profundizando la distribución de la renta o de continuar avanzando en lo económico y lo político, se vuelve indispensable ahondar en una batalla cultural por el sentido que impida que la brutal lógica del racismo haga callo en una parte importante de la sociedad. Lo que aconteció en el Parque Indoamericano y lo que sigue sucediendo en Lugano constituyen retrocesos graves que, en última instancia, nos amenazan a todos.

“Desbordantes y conmovedoras –así comenzaba el texto de Carta Abierta–, las jornadas de finales de octubre fueron de profunda congoja y de reafirmación militante, de reflexión y de energía galvanizada alrededor de un proyecto de transformación y emancipación de la patria. Días que quedarán registrados en la memoria popular como uno de esos momentos únicos en los que algo se sella. En la despedida y en el homenaje, en el fervor y el compromiso de miles y miles, se grabaron la palabra y el gesto inaugurador de nuevos horizontes de justicia y dignidad de Néstor Kirchner. Es a partir de la comprensión de lo abierto en mayo del 2003 que, teniendo como fondo la manifestación con la que una parte sustancial del pueblo argentino convirtió el dolor por la muerte de un protagonista central de la historia reciente en apoyo a su compañera y a la continuidad del proyecto nacional que ella lidera, que no podemos dejar de decir nuestra palabra, ante los tiempos graves y cargados de posibilidades que se manifiestan en estos días, en los que la convicción de avanzar hacia un país más justo es amenazada por las fuerzas de la destitución y de la regresión conservadora.

“Por un lado, la polifónica voz de las multitudes entrando en la escena a anunciar su decisión de tomar en sus manos la vida política argentina, y por el otro los disparos. En la ruta 86 de Formosa, junto a las vías del Roca en Barracas, en las ocupaciones de predios del sur porteño, disparos, y en las calles y plazas y centros de reunión, la afirmación vital y desenfadada de un país a la medida de los sueños de quienes lo habitan y la voluntad de sostener y llevar adelante un rumbo. Contrapunto áspero y extraño, pero no imprevisible, cuyo sonido puntúa la singularidad del tramo histórico y las exigencias que esa singularidad plantea. Doloroso y esperanzado, abierto a lo inesperado y sometido a desafíos arduos de sobrellevar, el complejo y sorprendente momento histórico que estamos viviendo es efecto, ante todo, de una larga trama de necesidades populares y luchas por resolver esas necesidades, y ni la etapa iniciada en 2003 ni su persistente profundización desde entonces pueden entenderse sin asociarlas estrechamente a la lucidez con que fueron reconocidas necesidades y luchas y a la audacia con que se les buscaron soluciones”.

La decisión de Cristina Kirchner de crear el Ministerio de Seguridad y de nombrar a Nilda Garré como la responsable de llevar adelante una profunda e indispensable transformación de las instituciones policiales, constituye una señal promisoria de que, ¡por fin!, se inicia un proceso de saneamiento, siempre demorado, sin el cual la democracia seguirá discurriendo por caminos de riesgo. Una deuda que venimos arrastrando desde hace décadas y que hoy ha llegado a su punto límite. Pero junto con esta acción decisiva e indispensable que muestra, nuevamente, el coraje político de Cristina, se vuelve también más que importante seguir avanzando sobre los más débiles para reconstruir derechos y dignidad allí donde un tiempo argentino caracterizado por cifras más que fabulosas de crecimiento económico y de amplísimas tasas de rentabilidad de las grandes empresas vuelve más intolerable la perpetuación de bolsones de miseria y exclusión. Sobre lo hecho, hacer todavía más. Esa será una de las herramientas para doblegar las provocaciones de la derecha reaccionaria; la otra, no menos fundamental, será hacernos cargo de la persistencia, entre nosotros, de un racismo capilarizado que, en ocasiones como las actuales, muestra su rostro perverso y criminal.

Nuevamente se entremezclan lo económico, lo político, lo policial y lo cultural. Separar cada una de estas esferas como si fueran compartimentos estancos constituye un error de primera magnitud. De poco sirve la recuperación de los índices de la economía si se dispara contra el corazón de la convivencialidad democrática acicateando, desde las cadenas de comunicación concentrada, la xenofobia y el prejuicio; de poco aportarán las grandes leyes que se han aprobado en el Parlamento si no se transforma la policía ni se libra una batalla cultural-pedagógica indispensable y urgente contra el racismo (y esa batalla debe empezar en las escuelas y en los barrios). Estas son nuestras urgencias. La primera señal alentadora ha sido dada, lo demás, como siempre, depende de nosotros, de nuestra voluntad colectiva y de un gobierno que, desde un comienzo, ha mostrado una extraordinaria sensibilidad social. Hoy, como en otros momentos aciagos de la historia de las persecuciones, todos somos bolivianos.

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http://www.elargentino.com/nota-119650-El-huevo-de-la-serpiente.html

viernes, 24 de diciembre de 2010

6,7,8 : LA TRASTIENDA DE UN PROGRAMA MILITANTE , por Maby Sosa (para "Tiempo Argentino" del 23-12-10)




Cómo se vive el detrás de cámara de uno de los fenómenos televisivos más relevantes de 2010. Quiénes son los que ríen o se emocionan desde la tribuna y quiénes lo hacen posible.



Son las 20:30 y un grupo de gente está en las puertas de Canal 7 esperando por entrar. Como todos los días, a esa hora, el personal de seguridad ordena la cola que quiere presenciar el programa 6,7,8. Con el número de documento como única contraseña, transitan los pasillos del canal hacia donde, 30 minutos más tarde, se dará inicio al programa que en este último año se convirtió en unos de los fenómenos de la televisión. La visita es casi un picnic al que llegan con agua mineral, gaseosa y, en algunos casos, mate.De manos de un productor, las tribunas se acomodan de forma tal que ningún espacio quede vacío, preocupación que más tarde quedará para el público que después de cada corte irá buscando la mejor ubicación. “A los carteles de a uno, ¿puede ser?”, pregunta el productor cuando ve pasar el “6,7,8 Agrupación Jauretche Bernal”. A medida que la tribuna se acomoda, entran relajados los periodistas: Sandra Russo, Nora Veiras, Carlos Barragán, “Cabito” Masa Alcántara y Luciano Galende. “¡Hola a todos!”, saluda Galende cuando pasa. “Buenas noches, viva Perón”, grita Barragán desde el panel. Las luces bajan en el sector y sube el volumen de la música. Aplausos, empieza el programa. “Es muy interesante lo que pasa con la gente, cuando llega al estudio y se emociona”, cuentan en el canal los encargados de recibir al público que sigue atento cada uno de los informes. El apoyo de risas y aplausos dejan poco espacio para los reidores. Por momentos, el público es lo central para 6,7,8. Todos los lunes, un grupo se traslada desde Bernal para participar en el programa. Lo mismo sucede los jueves, cuando llega otro grupo organizado desde Quilmes. Hacia el final de cada bloque, ninguno de los asistentes dudan en acercarse a Galende o a Barragán para volcar su opinión al respecto. Todos quieren participar.
CON LA CÁMARA APAGADA. La buena onda parece caracterizar al programa. Y no es sólo un discurso. Antes que llegue el público y los panelistas, los técnicos arman el set para que salga al aire. Uno de los primeros en llegar es Cabito, que mientras los camarógrafos verifican la iluminación, está abocado a trabajar en su notebook. También están Sandra Russo, que prefiere descansar hasta la hora de salir al aire, y Luciano Galende. “Somos muy hippies para ser un grupo de tareas, ya lo dije una vez para este diario”, repite Luciano Galende mientras lo maquillan. El conductor de “la tanqueta”, camina con orgullo por los pasillos de la TV Pública. “Mirá este plasma, llegó ahora al canal, tiene 150 pulgadas”, señala y entra a Maquillaje. Mientras la maquilladora hace su trabajo, Galende habla con Tiempo Argentino. “La producción trabaja durante el día, elige los temas, edita, invita a la gente y a nosotros nos comunica cuáles son los temas y quiénes son los invitados, a los informes los vemos al aire, en vivo”, explica el periodista. “Nuestra relación respecto al contenido con los informes es casi nula porque ninguno de nosotros participa en la edición, eso no significa que no haya onda para decir, ‘mirá este tema está bueno’ y que la producción se lance a hacer tal tema. Quiero decir, no funciona en forma hermética”, cuenta Galende. “Depende de cada uno llamar y proponer temas o invitados. No es lineal y tenemos toda la libertad para decir lo que queramos de los informes, no estamos condicionados en ese sentido a respetar la línea que plantean. Sí creo que estamos condicionados a hacer un programa de televisión que sea un informe. Pero hasta ahora, no existe la restricción habitual de la tele, es una manera Gvirtz, de laburar”, afirma el conductor. 6,7,8 estuvo bajo la lupa en más de una oportunidad. Lleva invitados “del palo” y carga con el mote de oficialista, sin que esto resulte una ofensa para sus creadores. Con la producción de Pensado Para Tevé (PPT), la productora de Diego Gvirtz que además realiza Duro de domar y TVR. El grupo de 6,7,8 fue acusado de cobrar grandes sueldos, a raíz de una investigación que trascendió en los medios y que daba cuenta de una cifra millonaria (más de 11 millones de pesos anuales) que el Estado destinaba al programa de Gvirtz. Esta información no sólo que no pudo ser confirmada, sino que además, fue desmentida por el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández. “Hay muchas cosas que se inventan. Uno viene y se da cuenta cómo laburamos. No sé por qué hacen eso, por qué reproducen una mentira sin haber siquiera pasado por la instancia de la duda. Nada de lo que se dice ocurre en nuestro sistema de trabajo. Otros medios funcionan como grupo operativo, no nosotros. Pasa que cuando uno no tiene nada que esconder, tiene mucho por decir”, expresa Galende. “Lo que sí es feo es que digan que nosotros intoxicamos la gente. Otra instancia de la difamación que es mucho más dolorosa y que no te permite hacer nada. Te dicen corrupto, grupo operativo, chupamedias, todo lo que es difamación, no podés hacer nada, no podés ni responderme. Creo que hay una dialéctica que está quedando al desnudo para la sociedad.” Al conductor no le sorprende lo que se generó alrededor del programa. “Mirá, pasa en todos los laburos, si sos chef no vas a saber por qué a la gente le gusta tu plato, vos lo presentás. Y lo que me pasa es eso, que sé que estoy presentando un plato, un plato que yo considero honesto y noble”, agrega. “En algún momento esa noción de periodismo objetivo va a tener que buscar su replanteo, es una nueva instancia. Porque ahora hay una conflictividad, no un replanteo, porque el replanteo es algo con lo que uno puede convivir, sin embargo, lo que ocurre es que hay mucha gente que, sobre todo el statu quo que se siente afectada por nuestro programa, entonces es más importante la ofensa personal del periodista, la ‘maniobra Maipo’ que hay sobre los periodistas, de la que yo no me voy a hacer cargo”, puntualiza Luciano Galende. Termina su sesión de maquillaje y se dirige hacia el estudio.
ANTES DE TODO. Como todo programa de análisis de medio, detrás de cada emisión hay un equipo de producción y edición que arma cada programa. Para 6,7,8, un grupo de tres editores y un guionista se ocupan de pensar cómo será el tratamiento de temas de ese día y discuten “en total libertad” (aclaran), la forma de encarar cada informe que ese día saldrá al aire. De la misma manera, cada día, otro grupo ayuda a la recopilación del material. El mismo equipo es el que elige la música y mira cómo transcurre el armado del guión para los informes. Según cuentan quienes trabajan día a en el ciclo, el armado del programa no les lleva más horas de cualquier trabajo, y coinciden con los periodistas y el público que 6,7,8 se impuso como fenómeno porque realiza una muy interesante crítica de la hegemonía de los medios y es oficialista a viva voz.


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martes, 21 de diciembre de 2010

BALANCE, por Eduardo Aliverti (para "Marca de Radio" del 18-12-10 y "Página 12" del 20-12-10)


Se va el año en que una muerte descubrió al dolor como de igual intensidad que la efervescencia positiva. Y sin dudas ése es su dato más importante, porque establece un piso de razonamiento que, por encima, deja lugar a desafíos apasionantes sobre el futuro político; pero, por debajo, sólo puede dar lugar a ridiculeces analíticas.

Se va el año en que lo desnudado por una muerte certificó, en primer término, la mentira de que los grandes medios de comunicación son todopoderosos. Nos habíamos desacostumbrado a que esa clase de sentencias posmo pudieran no ser ciertas. Nos habíamos comprado como normal que quedaba espacio para el cuestionamiento a la prensa y discursos hegemónicos, pero ya no para enfrentarlos ni muchísimo menos vencerlos.

Se va el año que antes de esa muerte reveladora había ofrecido pistas, fuertes, muy fuertes, de que tapado por la superficie mediática dominante circulaba un abajo de nuevo tiempo o, al menos, de emociones políticas, ideológicas, que se creían sepultadas al cabo del vendaval de la rata.

Se va el año que ofreció las movidas, callejeras, institucionales e individuales, en defensa de la flamante ley de medios. No importaba tanto su número como el contraste con una oposición que, a nivel de convite público para plegarse a sus provocaciones temáticas, podía darse por satisfecha si llenaba algo más que un dos ambientes.

Se va el año que impresionó a propios y ajenos con la masividad de los festejos por el Bicentenario. Esa contentura popular. Esos signos indesmentibles de que había que reconocerse en y con un otro, que era el otro remitido por los medios al rincón de lo inventado por la propaganda oficial. Esa cosa patriótica. Esa palabra, Patria, que hace ya tanto dábamos por perdida a manos de la derecha. Esos millones de personas alegres, o participativas, o chequeando en el codo a codo cuánto de cierto había en la sociedad transmitida como exclusivamente crispada, violenta, dispuesta a acabar de una vez por todas con el autoritarismo oficialista y la baja calidad de las instituciones.

Se va el año que, a poco de esa sacudida, regaló la movilización de los estudiantes secundarios contra la ignominia edilicia de las escuelas públicas regenteadas pro-Macri. El año en que resucitó ver tantos pibes politizados que debieron enfrentar a esos miserables de la radio y de la televisión, capaces de querer tenerla más larga que adolescentes recuperados de la anomia, a los que les guapeaban que estaban cometiendo delito por tomar los edificios; esos fachos de grasa vestidura republicana, que avalaron el remate de la Argentina para terminar de cocoritas contra pibes. Y bolivianos.

Se va el año en que todo eso acabó por explotar e implotar gracias a una muerte. Y gracias a que quienes la desearon hicieron todo lo posible para que la descarga visceral no importara, en ese momento, en ese día, en esos días de fin de octubre en los que la realidad saltó de abajo de una baldosa, asimilable en ese sentido a otro octubre que los garcas tampoco previeron. Y entonces que el cajón cerrado era porque el muerto no estaba, y entonces que ahora sí Cristina podría ejercer el poder, y entonces que la hora de la moderación había llegado, y entonces que los pibes eran como las juventudes hitlerianas, en medio del muerto fresco. Y entonces más y más gente como respuesta arrolladora, sin que el gorilaje y la tilinguería tuvieran siquiera el pretexto del micro más el choripán y la coca.

Se va el año que ellos quisieron concluir con la misma monserga amarillista y reaccionaria que esa muerte les reveló fracasada. Salvo por aquellas excepciones comunicacionales encandiladas de rencor obediente, que en mayor medida no existirían si la patronal monopólica afectada no les taladrara el cerebro, un luto de menos de dos meses no daba para reiniciar una ofensiva conjunta. Les cayeron como los dioses, en su presunción, el Parque Indoamericano; la intentada reflotación de imágenes 2001 / 2002 begin_of_the_skype_highligend_of_the_skype_highlighting; hablar de vacío de poder, y de una Presidenta que ya no tiene a su protector para limpiar el barro. Pero tienen el problema, grave, del piso que dejó la muerte de octubre. Ese piso de tanta gente avivada; de tanto pendejo en ajetreo militante o direccionado a la conciencia política, y de crecida percepción acerca de que lo que hay enfrente volvería a fugar en helicóptero.

Se va el año en que, sin necesidad de borrar una línea de lo antedicho, queda igual la pregunta de si para la Presidenta no es el momento más difícil, y no sólo el más doloroso. La pregunta de si alcanzará con el dichoso viento de cola que tiene la economía, por méritos internos y factores internacionales, para sostener un rumbo que puede ser visto como lo mejor que les pasó a las mayorías desde el recupero democrático; o como lo menos malo que les podía pasar apenas se contempla un segundo a quienes lo combaten. En principio, la respuesta es afirmativa. Pero se vienen las elecciones y las jefaturas mediáticas de la oposición usarán una artillería aun más voluminosa, que debe ser contestada con la menor cantidad de errores posible. Villa Soldati prendió dos alarmas. Por un lado, la visibilización de las enormes deudas sociales que perduran frente a pobreza e indigencia, por mucho que se las haya reducido y por mucho que, en el caso y causas puntuales, haya jugado con prioridad la insolidaridad, ineficiencia y negociados congénitos del gobierno porteño. No hacen falta más exposiciones de la miseria para saber que existe, ni hacían falta más asesinados en una batalla que no es de pobres contra pobres, sino de desamparados perseguidos por punteros y barrabravas que se cuelan por donde la política no da soluciones sólidas. Al gobierno nacional le faltó reacción y después corrigió, pero ya era tarde. Fue por ahí donde filtraron que a Cristina la desbordó la primera crisis sin su marido, y a no dudar de que operarán todo lo que sea necesario para contar que sin su marido no puede.

Se va el año que deja incógnitas ante la carrera entre inflación real y poder adquisitivo; pero que otra vez mostró cierta victoria discursiva del establishment y los medios al fijar que los precios suben por culpa de un repollo, y no por la insaciabilidad de grupos empresarios concentrados que por si poco fuera registran ganancias record.

Se va el año en que virtualmente desapareció del mapa la Mesa de Enlace campestre, que hace apenas un par de temporadas parecía llevarse puesto al Gobierno de la mano con otro esfumado, Julio Cobos, a quien hoy sólo le quedan las guitarreadas de la interna radical.

Se va el año en que el asesinato de Mariano Ferreyra también sirvió para volver a exponer el salvajismo de las patotas sindicales y para que otra vez tarde, tan tarde como un militante asesinado, apareciera sobre la mesa de negociación el drama de los trabajadores tercerizados. Pero también se va el año del inmenso papelón de la CTA, en su pretensión de oponer un modelo auténticamente distinto al del gremialismo burocrático.

Se va el año en que la instauración del matrimonio homosexual puso a la Argentina entre los países que encabezan mejor ese plano de las libertades y los derechos civiles. Un hecho que, además, debe ser medido por la magnitud de la institución eclesiástico-medieval derrotada. Y que figura entre los pocos que destacó a la labor parlamentaria, centrada casi únicamente en los arabescos opositores para trabar las iniciativas oficiales. Así fue desde el comienzo, cuando se intentó voltear el nombramiento de Marcó del Pont en el Banco Central tras el affaire con quien ahora reporta al extinto peronismo federal: Martín Redrado.

Y se va el año de las escuchas del Macrigate. De la perdurable confirmación respecto de que indios asesinados en reclamo por sus tierras no le importan mayormente a nadie. De los ya graciosos vaticinios apocalípticos de Carrió. Y del blanqueo u oscuridad definitivos para el descaro de quienes insisten en llamarse periodistas independientes.

Pero vuelta al comienzo, se va el año en que una muerte significó un nacimiento. O mejor dicho, la transmisión en vivo y en directo, la fotografía, la publicación de tal cosa. Porque el parto ya había ocurrido y la mayoría del periodismo, y de los eternos enemigos populares, no quiso enterarse.

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http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-158989-2010-12-20.html

lunes, 20 de diciembre de 2010

FELIPE PIGNA : "SE VOLVIÓ A HABLAR DE POLÍTICA EN LA ARGENTINA", entrevista de Tomás Forster para "Tiempo Argentino" del 19-12-10.


El historiador acaba de publicar Libertadores de América. Vida y obra de nuestros revolucionarios. En este entrevista habló de su flamante obra y de la vinculación de este presente de Latinoamérica con aquellas luchas libertarias signadas por el espíritu de la patria grande. Se refirió, además, al legado de Néstor Kirchner, a la década que concluye y a los sucesos que agitan la agenda política y social.

Autor e historiador profuso, poseedor de una claridad expositiva dinámica y versátil, Felipe Pigna se erigió como un referente indudable a la hora de acercar y divulgar el conocimiento histórico. Indiferente al recelo que despierta en algunos espacios del saber académicorevindica su alcance masivo y la importancia de trasmitir otra interpretación del pasado. Se diferencia tanto de la historiografía liberal que mira hacia adentro con anteojeras eurocentristas, como de la que apela a una mirada tan descontextualizada que, en sus propias palabras, “compara a San Martín o a Bolívar con el Che o Fidel, exigiéndoles las mismas proezas”.
Acaba de publicar Libertadores de América. Vida y obra de nuestros revolucionarios, en el que recorre la vida de cinco libertadores y líderes de la gesta independentista: Bernardo O’Higgins, Simón Bolívar, José de San Martín, Manuel Belgrano y Francisco de Miranda. Con una prosa sencilla y una innumerable cantidad de fuentes de esa época, el texto recorre las distintas encrucijadas que atravesaron aquellos hombres de genio, ahonda en sus multifacéticas personalidades y los liga con el trasfondo que suponía la ruptura del viejo orden monárquico-colonial y la fuerza arrolladora de una nueva era que prometía libertad, fraternidad e igualdad.
Bajo el auspicio de una luminosa mañana, casi de verano, y rodeado de su vasta biblioteca, el director de la revista Caras y Caretas recibió a Tiempo Argentino.


Tomás Forster –¿Por qué sumergirse en los años de las luchas independentistas a través de la vida de algunos de sus líderes?

Felipe Pigna –Es una colección que está pensada para varios tomos, así que no serán los únicos libertadores que van a aparecer. Fueron elegidos, en primer lugar, por algunas afinidades interesantes que existen entre ellos. Los cinco tienen en común el haber tenido una formación importante en España. A España se la suele ver simplemente como un lugar de absolutismo, pero en aquel momento, fines del siglo XVIII y principios del XIX, se daba un doble proceso. Una monarquía absoluta en el poder y, a la vez, algunos ministros hablaban de innovación cultural, industrial, con un ideal de modernidad. Los círculos liberales de Cádiz y los pensadores ilustrados españoles hicieron más accesible ese pensamiento porque esa adaptación acercaba un poco a América, lo que podía ser el pensamiento de la revolución, el enciclopedista y el de la economía política. Esto se observa notablemente en Belgrano, que estudia allí en la época de la Revolución Francesa.


T.F. –¿Qué otras similitudes y diferencias tuvieron estos libertadores?

F.P. –La formación militar de algunos de ellos: como el caso de O’Higgins, Francisco de Miranda o de San Martín, que es el que más tiempo vive allá. También la gran entrega a la causa revolucionaria, el sacrificio enorme que supone una vida dedicada a la lucha, pese a venir, algunos de ellos, de familias de mucha fortuna. Esto se ve notablemente en el caso de Bolívar, que venía de una familia muy rica y deja todo para dedicarse a la revolución sin que le importe desprenderse de su situación tan cómoda. Eran todos muy lectores. Miranda tenía una biblioteca de 6000 volúmenes. Hablaba siete idiomas, escribía muy bien. Belgrano y San Martín fueron muy autodidactas, lectores de los teóricos franceses y de los clásicos griegos. San Martín fue un gran donador de bibliotecas. Fundó y donó las bibliotecas de Mendoza, Santiago de Chile y Lima. Fue también un apasionado de la música, un gran guitarrista.


T.F. –¿Qué cuestiones de la vida personal de Bolívar lo llevan a elegir ese camino?

F.P. –La influencia de Simón Rodríguez, su maestro, fue extraordinaria. Le trasmite todo un pensamiento revolucionario basado en la filosofía de la época. Rodríguez traduce y adapta el Emilio de Rousseau. Es el hombre que despierta en Bolívar su ímpetu revolucionario, y se encuentran en Roma donde Bolívar jura, en el Monte Sacro, liberar a América cuando eso estaba muy lejos de concretarse. Bolívar es un personaje con una gran voluntad, alguien que no se da por vencido nunca.

T.F. –¿En qué sentido contribuye la obra a la producción historiográfica?

F.P. –No suelo tratar de buscar o develar algún misterio. Sí me interesa dar otra mirada sobre lo que se conoce. El libro insiste en el aspecto humanista, político, en las convicciones de grandes personas que fueron puramente vinculadas a lo militar.


T.F. –¿Cómo se vincula el tema de este libro con el presente que vive la región?

F.P. –En este momento, hace falta recordar todos los elementos de unidad que tenemos los latinoamericanos. En la Argentina fuimos educados a la europea, por lo que es aún más interesante acercarle a nuestra gente estas vidas que se parecen mucho entre ellas. Como no creo en los destinos individuales, sino en la construcción colectiva, busco contar las historias de los pueblos a través de los líderes que encabezaron y fueron, a la vez, el resultado de esos mismos procesos.


T.F. –¿Qué le falta a la Argentina de hoy para ser un país plenamente independiente?

F.P. –Manejando el circuito comercial, los ingleses controlaron el circuito económico y político. A partir de la unidad nacional “a palos” de Mitre y el predominio porteño, lo que hay es un desarrollo de una burguesía terrateniente que produce para la exportación y que no se preocupa por el mercado. Tampoco se preocupa por tener bajos índices de endeudamiento. Todo eso estalla en la crisis del ’30. El país con el que se encuentra y que revierte el peronismo es tremendamente injusto. En la Historia argentina la primera inflación por consumo y por crecimiento, el viejo truco de los empresarios que producen menos y encarecen el producto, se da en el peronismo, cuando el sistema económico no se readaptaba a una nueva situación que estimulaba el consumo de los humildes.

T.F. –¿En qué aspectos revirtió el kirchnerismo esa situación de dependencia?

F.P. –Comenzamos a vivir con lo nuestro y a armar un esquema productivo que no depende de la financiación externa. Un esquema que comenzó a consolidarse, desde 2003, con la cancelación y la no toma de nueva deuda. Lamentablemente, el sistema bancario privado no acompaña este proceso. El camino de producción, de incentivo del consumo, la atención de los sectores populares que se profundizó con la Asignación Universal por Hijo, es el correcto. La política educativa en algunos puntos fue muy importante. Por ejemplo, la vuelta de las escuelas industriales que genera nuevos técnicos capacitados para integrarse a las industrias que crecen.

T.F. –¿Cuál es el balance de esta década que se termina?

F.P. –Empezó trágica y triste. Hay que recordar lo que eran las calles de Buenos Aires en 2001 y 2002. La pobreza era masiva. Treinta muertos el 19 y 20 de diciembre. Pero apareció un elemento común en Latinoamérica, inesperado, que apostó al crecimiento, la inclusión social, a la reivindicación de derechos. Y se zafó de la crisis financiera internacional de 2008 por haber hecho todo lo contrario de lo que recomienda el FMI. Según la Cepal, es la primera vez, en estos cinco siglos, que América Latina crece a un 5% en términos generales.

T.F. –¿Cuál es su mirada de lo que ocurrió en Villa Soldati y la actitud del gobierno de la ciudad?

F.P. –Hay situaciones de injusticia tremenda, de gente que no tiene adonde vivir y que pierde casi todo su sueldo alquilando una casilla. Que un jefe de gobierno salga con un discurso tan discriminatorio no ayuda para nada. El gobierno nacional tiene que mantener su postura, que en la Argentina no puede haber un solo muerto más. Hay que ir con la justicia hasta las últimas consecuencias en el caso de Mariano Ferreyra. En cuanto a los wichis de Formosa, se necesitan urgentes respuestas en los máximos niveles del Estado para resolver la precaria situación de los pueblos originarios. No hay tiempos políticos cuando hay gente sin atención.


T.F. –¿Hay quienes buscan sacar rédito de esas situaciones estimulando la idea del caos social?

F.P. –Del lado de la derecha reaccionaria se fogonea constantemente la idea de caos social. Los diarios hegemónicos exigen represión y lo toman a Duhalde como principal vocero cada vez que pasan estas cosas. Y también, en algunos grupos de ultraizquierda, aparece un regodeo como si lo que ocurre los beneficiara. La seriedad política pasa por resolver el fondo que encierra toda protesta, por encaminar esto por la vía judicial y por exigir a las autoridades que se actúe con toda rapidez.

T.F. –¿Cómo entró a la Historia el ex presidente Néstor Kirchner?

F.P. –Como el presidente que cambió el curso de la Historia. Empezó a atender los problemas nacionales, enfrentándose a los sectores que merecían ser enfrentados. Se volvió a hablar de política en la Argentina. Además, nos colocó internacionalmente en otro lugar, reforzando nuestras alianzas naturales con nuestros países hermanos. Y claro, puso el hincapié en un tema fundamental como los Derechos Humanos.


T.F. –¿Cómo analiza la conducta de la oposición?

F.P. –La misma oposición que festejó la muerte de Kirchner, lo está llorando en algún punto, porque él era la referencia que los aglutinaba. Están completamente desorientados, desunidos como nunca, quedan al desnudo, como destructores de la política.

Entrevista realizada por Tomás Forster

Publicado en :
http://tiempo.elargentino.com/notas/se-volvio-hablar-de-politica-argentina

domingo, 19 de diciembre de 2010

MAGNETTO HA DEJADO DE TENER RAZÓN, por Roberto Caballero (para "Tiempo Argentino" del 19-12-10)


El “autopremio” del CEO de Clarín en complicidad con ADEPA

Magnetto puede autopremiarse mintiendo apoyo y manipular la realidad para confundir a todos, pero cuando comienza a creer aquello que inventa, lo único que está mostrando es debilidad.

Nada desnuda más la soledad de una persona que el autohalago. Verlo a Héctor Magnetto, en compañía de su biógrafo oficial, José Ignacio López, durante la cena de ADEPA, donde el CEO de Clarín se autopremió como paladín de la “libertad de expresión”, comprueba que el hombre que alguna vez se pensó más poderoso que un presidente democrático –según reveló Samuel “Chiche” Gelblung–, está en franco declive.
Hasta el año pasado, Clarín daba sus premios a los mejores de cada rubro artístico. La fiesta era un clásico que transmitía en vivo Canal 13. Este año, sin embargo, tuvo que suspenderla por temor a los discursos y buscó consuelo en ADEPA, la entidad que agrupa a las patronales de diarios y revistas que le otorgó la distinción –junto a Bartolomé Mitre– más insólita de los últimos tiempos. Tanto Magnetto como Mitre están siendo investigados como presuntos partícipes en delitos de lesa humanidad cometidos durante el traspaso ilegal de Papel Prensa, en 1976. Ya era absurdo el reconocimiento de las patronales mediáticas a las dos expresiones más claras de la connivencia civil con la dictadura: Magnetto y Mitre manejaban los diarios de mayor tirada en la Argentina cuando toda una generación fue eliminada por el terrorismo de Estado. Pero, además, hacerlo ahora, cuando la justicia atesora sus nombres en expedientes abiertos por delitos imprescriptibles, en el marco del Estado de Derecho, es un atrevimiento corporativo antidemocrático, rayano en la provocación.
Hace tiempo que el Grupo Clarín perdió, aunque todavía no se haya dado cuenta. Comenzó a perder, en verdad, el día que Néstor Kirchner identificó públicamente a Magnetto como la cara de un poder que se asumía por encima de los otros poderes de la democracia. La errada estrategia de pelea en el barro que, desde entonces, Magnetto se dio para atacar al gobierno, en vez de generarle solidaridades, lo único que logró fue sumar adhesiones al kirchnerismo, de muchos que no eran ni se imaginaban siquiera como kirchneristas hace dos años. Eso es perder. El diario más importante de la Argentina –con el mejor plantel periodístico del país– cedió sus primeras 18 páginas de cada edición a difamar, dañar, lastimar y esmerilar a todos los funcionarios, con razón o sin ella, resignando su oferta a un malentendido cotidiano que aburre y molesta, incluso, a los antikirchneristas más duros. Eso también es perder. Hasta hace poco, si Clarín decía que iba a llover, la gente compraba paraguas. Es probable que hoy, si anuncia granizo, los autos sigan en la calle sin que nadie se preocupe demasiado. Eso se llama perder credibilidad.
De todos modos, Magnetto sigue siendo poderoso. Subestimar el poder de fuego de sus casi 200 licencias radiales y televisivas, o su alianza económica con el Grupo Techint en la Asociación Empresaria Argentina (AEA), sería una estupidez. Perdió Magnetto, y perdió mucho en estos dos años, pero todavía hay comunicadores, jueces, políticos (opositores y también oficialistas) que orbitan alrededor suyo, defendiendo una mirada conservadora, que se resiste a un orden nuevo de las cosas distinto al que había. Por caso, el día que Magnetto se autopremió en ADEPA, además de su biógrafo oficial López, en el cuarto piso del Hotel NH de la calle Bolívar, estuvieron presentes Ricardo Alfonsín, Patricia Bullrich, Norma Morandini, María Eugenia Estenssoro y Jorge Fontevecchia quizá para hacerlo sentir menos solo. Es cierto, no somos necios: la sola presencia no implica incondicionalidad. Pero después del testimonio lacerante de Lidia Papaleo, la histórica presentación en la Casa Rosada de la presidenta sobre Papel Prensa, la declaración de “interés público” en Diputados del proyecto de ley que regularía el monopolio del insumo básico para periódicos, el indesmentible vínculo con el poder dictatorial y el usufructo empresarial de esa relación en las últimas décadas por parte de Magnetto & Cía, uno podría preguntarse en voz alta y sin malicia qué necesidad había de ir a aplaudirlo, el mismo día que trabajadores gráficos de Clarín mantenían una huelga de hambre para ser reconocidos como delegados en AGR, empresa del grupo.
En los últimos 30 años, Magnetto condujo el proceso más exitoso de Clarín. No se puede negar: llegó a vender 1 millón de ejemplares los domingos (hoy 700 mil y 190 mil en la semana, reales), transformó sus tapas en la agenda que sigue todo el circuito tradicional de medios, se quedó con la conducción de la empresa de papel hundiendo sus propios costos, atacó o coptó por vía de la compra o la amenaza a sus anunciantes cualquier proyecto editorial que pretendiera hacerle sombra, resistió cualquier intento de organización sindical en sus empresas, le sacó a Menem los canales y radios, a Duhalde la Ley de Bienes Culturales y a Kirchner la extensión de las licencias. Es decir, que convirtió a un diario mediano en un holding comunicacional inmenso, llevando su facturación a cifras exorbitantes. Todos los accionistas del grupo, empezando por Ernestina Herrera, deberían saberlo: Magnetto logró todo eso.
Pero el mejor jugador, con el paso de los años, aunque no quiera, saca panza, se convierte en técnico y pone una escuelita de fútbol. El tiempo es cruel para todos. En la entrevista que Perfil publicó ayer a Magnetto, el CEO de Clarín tiene las típicas definiciones de alguien abatido. Sabe mejor que nadie que le queda menos de un año para derrotar a Cristina Kirchner: un gobierno revalidado en la urnas, más cohesionado ideológicamente y con mayor presencia en ambas cámaras es un adversario democrático portentoso para cualquier corporación, incluida la de Magnetto. Por eso, cuando el periodista de Perfil le pregunta: “¿Y qué pasa si gana Cristina de nuevo?”, él responde: “Creo que falta mucho para eso.” Es evidente que su análisis no reposa en el calendario, sino en el deseo. Magnetto necesita tiempo. Mucho más tiempo político del que tiene. Pide alargue, quiere llegar a los penales, busca un gol de último minuto, lo que sea con tal de no seguir perdiendo.
Pero en un partido, los dos equipos son responsables del resultado. Para que uno pierda, el otro tiene que ganar, y viceversa. En el fútbol, como en la vida, para ganar, primero hay que evitar perder. El más sabio de los estrategas falla si desacierta la táctica, y la táctica acertada es consecuencia de una lectura correcta (es decir, real) de la realidad. Para que se entienda mejor: la noticia de tapa del Clarín de ayer es la prueba cabal de que Magnetto se está quedando solo porque alimenta sus propias decisiones con una fantasía. Así como Galtieri no pudo ganar la Guerra de Malvinas ni con las tapas de Clarín (que voceaban la victoria donde sólo había pibes con hambre), la victoria pasa a ser una utopía para Magnetto cuando ahora consume lo que antes reservaba solamente a sus audiencias.
Veamos qué dice Clarín en su tapa de ayer, a título catástrofe: “Otra vez violencia: enfrentamientos y furia en Lugano”. Está ilustrada con la imagen de un hombre con la cara tapada, disparando con una gomera, detrás de una reja. En el copete, un poco más lúcido, admite que “hubo heridos leves”. Cualquier extranjero, de visita en el país o leyendo la versión digital del diario, puede suponer que vivimos una guerra civil, con insurrecciones a la vuelta de la esquina. Sin embargo, la portada del principal diario de la Argentina alude al siguiente conflicto: una canchita de fútbol fue ocupada por un centenar de habitantes de una villa vecina que vivían hacinados. La canchita en cuestión mide 20 x 80 metros. Hay un grupo de vecinos, no más de 100, que protesta. No los quiere ahí. Toda la violencia se circunscribe a un intercambio de piedrazos (uno de ellos alcanzó a Julio Bazán, el cronista de TN) en un perímetro reducido, todo bajo la atenta mirada de la policía, que está ahí hasta que una orden de desalojo se haga efectiva. Mientras esto sucede, los canales de noticias repiten las imágenes durante toda la tarde y dan micrófono a los vecinos más exaltados, que convocan a otros vecinos de la zona, que nunca acuden. En paralelo a la intencionalidad de Clarín por amplificar y azuzar al conflicto de Villa Lugano, el viernes 17, en la Argentina, morían una nena de once años en La Pampa y un camionero en Bahía Blanca. Ambos, en accidentes de tránsito que provocaron, además, cinco heridos en total. Pero esto no es todo: hubo dos asesinatos (es decir, homicidios violentos). Uno, el de un policía, en Rafael Castillo. Y otro, el de un preso, también en Bahía Blanca. Ayer mismo, sábado 18 de diciembre, hubo otros siete muertos en distintos accidentes y 31 heridos, dos de ellos graves; y dos asesinatos.
Magnetto puede autopremiarse mintiendo apoyo y manipular la realidad para confundir a todos, pero cuando comienza a creer aquello que inventa, lo único que está mostrando es debilidad. Es como un mago que comienza a creer que la magia existe por fuera de los trucos. Su destino ya no es Las Vegas, sino un lugar más sórdido, ese donde se amuchan los que han dejado de tener razón.

por Roberto Caballero.


Publicado el 19 de Diciembre de 2010 en :

http://tiempo.elargentino.com/notas/magnetto-ha-dejado-de-tener-razon