Adrián Ramírez
@_adrianramirez_
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🇮🇱🇦🇷 | QUÉ BUSCA EL SIONISMO EN MALVINAS
El repentino interés del sionismo israelí por la causa argentina de Malvinas resulta, como toda reivindicación de justicia proveniente de un gobierno acusado de genocidio, ruidoso desde la primera palabra. Sin embargo, esto es mucho peor:
1/ La traición normalizada
Podríamos decir que el presidente argentino no lo sabe, que es un loco despiadado y lo segundo es cierto, pero lo primero no tanto: el gobierno argentino, con el presidente a la cabeza, es el primer cómplice de lo que Israel dice, hace y hará al respecto.
2/ El Riesgo
Permitiendo está alineación, Argentina tira por la borda el pilar del Derecho Internacional.
El reclamo argentino se sostiene en la Resolución 2065 de la ONU, la integridad territorial y el rechazo a la ocupación colonial violenta. Y recibir el aval de un Gobierno acusado de violaciones sistemáticas a los Derechos Humanos y de anexión ilegal de territorios (Cisjordania y Gaza) contamina la causa.
Argentina no puede exigir que se respete el derecho internacional amparándose en un actor que lo ignora sistemáticamente.
2/ El aislamiento
A un año de que probablemente exista un cambio de mando, el gobierno argentino pone en riesgo consensos clave a largo plazo.
La causa Malvinas, respaldada tradicionalmente por el Sur Global, el G77, la Celac y el Grupo de los 77 más China, con el involucramiento de Israel pone directamente en juego el apoyo de América Latina, África y el mundo árabe, aislando a la Argentina de los foros multilaterales.
3/ La hipocresía
Mientras figuras del gobierno de Netanyahu usan la bandera de Malvinas, la petrolera israelí Navitas Petroleum participa activamente en el proyecto Sea Lion para la extracción ilegítima de hidrocarburos en aguas malvinenses, violando las leyes argentinas de soberanía.
4/ La única verdad es la realidad
¿Qué se esconde, entonces, detrás de esta "empatía"?
De suyo, las declaraciones de funcionarios e interlocutores del gobierno israelí, así como las del propio gobierno argentino, empezando por Milei, no responden a una vocación justa por la soberanía argentina, sino a tres maniobras tácticas:
1. Represalia geopolítica contra UK: Cuando figuras como el canciller Sa'ar o el siniestro ministro Ben Gvir mencionan a las Malvinas, lo hacen para golpear al gobierno británico en respuesta a las sanciones y restricciones diplomáticas que Londres impone a los asentamientos ilegales en Cisjordania.
Usan a la Argentina como "chivo expiatorio" o un garrote de presión que le sirve al gobierno local porque demuestra apoyo internacional y a Israel porque demuestran que controlan al gobierno local. Y lo segundo es lo real, lo primero, no.
2. Lavado de imagen y supuesta simetría: con el juego retórico, Israel intenta instalar la narrativa de que UK "ocupa tierras" igual que ellos son acusados de hacerlo.
Con ello, el objetivo es diluir las críticas sobre su propia política de colonización, proyectando una supuesta empatía, una supuesta homologación, con las causas anti-ocupación que resulta contradictoria con sus actos.
3. Aprovechamiento del alineamiento argentino: explotando la afinidad ideológica del Ejecutivo argentino, Israel busca instrumentalizar un conflicto histórico nacional en su propia disputa con Occidente y las potencias europeas.
5/ Pero todo responde a una misma farsa en la que el poder argentino se ha aliado con una potencia extranjera para simular a costa de un reclamo legítimo de frente a su propia ciudadanía.
Todo en el gobierno actual argentino ha resultado una estafa. Sin embargo, tres cosas son verdades:
1. Malvinas no es un instrumento a utilizar en venganzas ajenas.
2. Aliarse con una potencia extranjera contra los intereses del propio país es traición.
3. Facilitar el extremo de que el territorio argentino pueda utilizarse como moneda de cambio de potencias extranjeras ha vuelto la continuidad de Milei un asunto también de esas potencias. Y hay elecciones el año que viene: cuidado.