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domingo, 21 de abril de 2013

EL FMI DE LA WEB, por Hernán Invernizzi (para “Miradas al Sur” del 21-04-13)






Miradas al Sur.Año 6. Edición número 257. Domingo 21 de abril de 2013 

Por 
Hernán Invernizzi. Periodista

En diciembre de 2012 sesionó una Conferencia Mundial organizada por la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) de las Naciones Unidas, para sancionar un nuevo Reglamento de Telecomunicaciones, una normativa estratégica en el planeta globalizado. La UIT funciona por el método del consenso, pero no hubo acuerdo y tuvieron que votar: 89 aprobaron, 24 se negaron y 31 que debían consultar a sus países. La realización de esta Conferencia desató una campaña planetaria contra la intervención de la ONU en la web.
Como no consiguen impedir que la ONU avance con la legislación, los gigantes web desataron esta campaña según la cual las naciones no deben acordar los normas que regulan Internet –que la ONU no regule un mercado que involucra a más de 2.000 millones de personas (alrededor del 35% de la población mundial), e inclusive que los Estados resignen su soberanía y que no regulen a empresas que funcionan en sus territorios–.
Lo plantean a través de la siguiente idea engañosa: “Los gobiernos no deberían determinar el futuro de Internet de forma independiente y a puerta cerrada, sino que se debería tener en cuenta la opinión de los miles de millones de usuarios que utilizan Internet en todo el mundo, así como la de los expertos que han creado y mantienen la Red” (campaña Take Action que encabeza Google). O sea: este caos global administrado en su beneficio por las gigantescas corporaciones web, no debe cambiar. Google es el ariete y lo apoyan corporaciones cuyo mercado es la red, pero cuyos intereses suelen ser contradictorios, líderes globales como Microsoft, Skype, Facebook, Comcast, Cisco, AT&T, etc. Están enfrentados por el control político-económico de la red, pero actúan de común acuerdo frente a su enemigo principal: la soberanía de los Estados nacionales.
Las naciones están divididas. El bloque liderado por Estados Unidos propone que nada cambie porque ya tiene el control. El otro bloque, encabezado por los Brics y más de 100 países, propone que la web sea controlada por la ONU junto con la sociedad civil y el sector privado. Esta lucha por el poder técnico-administrativo de la web tiene inevitables consecuencias económicas, político-culturales y militares.
La libertad de censurar. En un artículo que se publicó en muchos idiomas en muchos países y acá en La Nación (4/12/12), Vinton Cerf aseguró que “esta web libre y abierta está en peligro. Filtran y censuran contenidos 42 de 72 países estudiados por la Open Net Initiative... los gobiernos han promulgado 19 leyes nuevas que amenazan la libertad de expresión en línea... varios regímenes autoritarios proponen prohibir el anonimato de la web...”
En los ‘70 Cerf fue contratado por el Ministerio de Defensa de EE.UU. para desarrollar sistemas de comunicación en las redes militares y se convirtió en uno de los padres de la web. Y lo es. Pero hoy es gerente en Google y directivo de la Icann, la organización contratada por Estados Unidos para regular el sistema por el cual el planeta se conecta de una manera y no de otra. Su artículo es parte de la campaña que descalifica las iniciativas regulatorias de la ONU. Cualquiera que hable de regulación es un enemigo de la libertad y la democracia.
Cerf no recuerda a Julian Assange ni la censura de Google sobre Cuba, no habla de la manipulación de la privacidad en Facebook, ni de Internet como campo de batalla del siglo XXI, ni comenta que las telecomunicaciones de nuestro continente pasan por los Estados Unidos: todas ellas son o pueden ser interceptadas y analizadas por organismos oficiales y empresas norteamericanas.
En Facebook funciona un buscador que investiga a sus millones de usuarios: los clasifica según sus “gustos” (cuando hacen click en “me gusta”). De allí salen bases de datos con información como la siguiente: “Todos los usuarios de sexo masculino residentes en países islámicos a los cuales les gustan los varones”, “todas las usuarias a las cuales les gusta Rosa Luxemburgo”, etc.
Google conserva en sus bases de datos todas las búsquedas de todos sus usuarios. Y si el usuario navega mientras está conectado a los servicios de Google (como Gmail), también rastrea sus acciones en la web. A partir del “rastreo” o tracking, se crean “perfiles” de usuarios: cuando éstos realizan una búsqueda, Google adapta los resultados al perfil. Los “perfiles” se venden y eventualmente se roban. O los Estados se los piden a los buscadores, a veces para buscar a un pedófilo, a veces para investigar a un opositor. Estados Unidos es el país que más pedidos de informes les formula a los buscadores acerca de las actividades de sus usuarios y Google es la empresa que más información sobre los usuarios le brinda al Estado norteamericano. ¿Por qué los defensores de la libertad no reclaman que se termine con el tracking de los usuarios? Es simple: rastrear la actividad de los usuarios es un gran negocio y una inconmensurable fuente de poder. Frente a esa razón, la pérdida de derechos es un daño colateral.
A partir de este año las principales empresas norteamericanas de telecomunicación espían a sus clientes con el noble objetivo de detectar infractores de los derechos de autor. Es el Copyright Alert System, nombre que adoptó una alianza entre gigantes. Por un lado los mayores proveedores de conectividad: AT&T, Comcast, etc. Y por el otro los mayores productores de cine, TV y música. Es el abrazo del oso: los que producen y los que distribuyen.
Los excluidos de siempre. Según esta campaña, los organismos de la ONU excluyen a “los ingenieros, empresas y personas que construyen y usan la web”. Falso. Ocultan 15 años de trabajo: en 1998 la UIT propuso realizar la “Cumbre sobre la Sociedad de la Información”; entre mayo de 2002 y diciembre de 2003 se concretaron 11 Conferencias internacionales y en 2004 numerosas reuniones de seguimiento. Se realizaron las Conferencias Preparatorias y en noviembre de 2005 se concretó la “Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información”. Intervinieron gobiernos, empresas, representantes de la sociedad civil, expertos, etc. Nada fue improvisado, participaron todos los interesados y aprobaron el documento final de la “Cumbre Túnez 2005”, que hoy es la referencia global.
Lo que pasa es que pierden los debates cuando pretenden que los intereses comerciales son más importantes que los derechos de los ciudadanos o que las obligaciones de los Estados. Y nunca explican de qué manera podrían intervenir en la administración de Internet las empresas, ingenieros y usuarios, si no es a través de organismos de la ONU, que son el mayor nivel de consenso alcanzado para discutir cosas como las guerras, la salud o el trabajo.
Sostienen que las regulaciones de la ONU impiden el desarrollo de Internet. Pretenden que la globalización funciona en California o el Vaticano igual que en Bolivia o Paraguay, que como carecen de salida al mar, tienen costos elevadísimos de conectividad internacional. Por eso Bolivia proyecta una conexión propia y sin intermediarios con los centros de fibra óptica del Pacífico y del Atlántico. De estos casos no hablan. Y menos de las pequeñas ciudades que no son rentables para los gigantes de la infraestructura.
La política norteamericana sobre este tema es siempre la misma: “Lo que es bueno para las empresas norteamericanas es bueno para el mundo”. Si en la red se adoptara el modelo que ellas proponen, sería el FMI de la red: en vez del organismo del capital financiero que prometía un derrame de riqueza, un organismo de las corporaciones web que prometen democracia y libertad para todos.

lunes, 10 de septiembre de 2012

De la red a la nube (primer viaje), por Hernán Invernizzi (para “Miradas al Sur” del 09-09-12)


Por

Hernán Invernizzi. Periodista

contacto@miradasalsur.com

La web también es una red de regulaciones, intereses, negocios, información, derechos, obligaciones y poder. Un descomunal universo de conexiones por el cual circulan billones de “paquetes de información” a través de millones de kilómetros de cables, o de millones de conexiones inalámbricas, que usan millones de aplicaciones, programas, sistemas, ecuaciones, protocolos... Y todo esto ¡funciona! Pero, a diferencia de la naturaleza, no funciona solo. No existe una autoridad superior, pero tampoco es el reino de la anarquía.
Hay organismos que administran este mundo, como la Internet Corporation for Assigned Names and Numbers (www.icann.org), que entre otras cosas regula los nombres de dominio. O el Internet Architecture Board (www.iab.org), que analiza los modelos de comunicación para que puedan relacionarse aparatos de diferentes fabricantes. El Internet Ingineering Task Force (www.ieft.org) es un foro para debatir problemas prácticos. El World Wide Web Consortium (www.wc3.org) es la referencia para definir los protocolos comunes a toda la web, mientras que la Internet Society (www.isoc.org) tiene mucha autoridad pese a que sólo es una reunión de notables que dan consejos. O los llamados NIC (Network Information Centers), que administran los nombres en la red, con representaciones en la mayoría de los países: www.internic.net regula los dominios “.com”, “.net”, “.edu”, “.tv” y “.org” que son los más usuales. (El local depende de la Cancillería.) Pero acá no termina el problema: cada equipo que se conecta es como un teléfono y necesita un número que lo identifique. Es la “dirección IP” y hay organismos que administran la asignación de estos billones de “identidades” a través de los llamados RIRs (Regional Internet Registries) que atienden diferentes regiones del planeta.
La participación argentina en estos espacios es rigurosamente marginal. No obstante, el ente de regulación de las telecomunicaciones norteamericano, la Suprema Corte y el Congreso de EE.UU. toman decisiones que afectan al planeta entero.
Quedan 4 jugadores. A) Los proveedores del servicio de conexión (dueños de las redes, como Fibertel o Speedy), que cobran una tarifa por la conexión. B) Los proveedores de contenidos (ofrecen servicios, como Google, New York Times o Mercado Libre), cuyo negocio principal suele ser la publicidad. C) Los Estados nacionales y D) los usuarios. Hay un quinto jugador, que es del cual más hablan los medios: los fabricantes de equipos y de software, inmensas empresas (Apple, Microsoft, Samsung, etc.) que desde hace unos años ponen huevos en todas las canastas y que en última instancia articulan a los cuatro anteriores. Las relaciones entre estos jugadores son cada día más conflictivas. Sobre todo debido a que se trata de relaciones sistémicas: es como una red de pescadores, si se tironea de cualquiera de sus hilos, se afecta al conjunto.

Diversidad y control. Lo que estos jugadores debaten es quién manda en la web. Porque una cosa es la diversidad de la oferta y otra el control sobre este sistema. La diversidad de la oferta es amplia pero relativa: son muchísimos los diarios, los blogs, las redes sociales o los espacios de compra/venta de productos y servicios, pero pocas las empresas que ofrecen esas posibilidades. Dos ejemplos sencillos: hay millones de blogs pero sólo un puñado de empresas da el servicio de blogeo; 900 millones de usuarios desarrollan millones de actividades en Facebook, pero todos dentro de una misma empresa, de la cual la CIA es uno de sus inversores.
La web multiplicó las opciones a tal extremo que muchos hablan de una “revolución”. Pero también es indudable la extrema fragilidad y dependencia de los usuarios ante la concentración de propietarios de esta explosión de “libertad” binaria. La pelea de fondo es la puja de poder entre las empresas de conectividad y las de contenidos, verdaderos reguladores de la revolución digital, árbitros de un partido donde los jugadores creen que son 11 contra 11. Pero en realidad son dos bandos: los dueñas de las redes (Comcast, AT&T, Verizon, Telefónica, Fibertel, etc.) y los proveedores de contenidos y servicios (Skype, Google, Yahoo, Facebook, etc.).
Se decía que se trata del conflicto entre una internet libre (o neutral) y una regulada. La “neutralidad” consiste en que las empresas de conectividad brindarían el mismo acceso a todos los contenidos por igual: vengan de EE.UU. o de Pakistán, de una ONG solidaria o de un servicio de espionaje, de un sitio porno o de un diario argentino, todos los “paquetes de información” serían tratados por igual –lo cual garantizaría la igualdad–. Esta lógica beneficiaría a los usuarios y a los proveedores de contenidos –que hacen su negocio usando redes en las que otros invierten–. Pero las empresas de conectividad protestan, porque las de contenidos hacen grandes negocios con sus redes sin darles algo a cambio. Y para colmo, los usuarios usan ciertos servicios (como bajar películas) que saturan las redes y obligan a realizar inversiones que no tiene contraprestación. Por eso propusieron una conectividad diferenciada según el usuario. Hasta ahora la idea fue un fracaso porque se supone que internet nos iguala: distintas categorías de conexión significa que “este usuario puede usar Skype pero este otro no”, que “Fulano puede bajar películas pero Perengano no puede”. Un problema de clase: a más plata más web.
Como el debate se estancaba y como la creatividad de la tasa de ganancia es ilimitada, las empresas de conectividad sugirieron que le podrían cobrar un canon especial a ciertas empresas de contenidos (lo cual provocó la ira de gigantes como Google, Yahoo, Facebook o My Space). Otra ocurrencia fue que deberían tener el derecho de gestionar el tráfico de sus redes según su conveniencia empresarial (por ejemplo: si el promedio de descargas del edificio donde vive el lector de esta nota es de X megas por día, pero el vecino del piso de arriba lo excede en un 10%, le reducen la velocidad de transferencia, pero ni le avisan ni le rebajan el precio mensual).
Como estas peleas eran infructuosas, los dos bandos se pusieron por fin de acuerdo y presentaron a la humanidad globalizada su nuevo modelo de negocios: el cloud computing, la nube, la web en la nube, flamante paradigma de control y consumo que a unos les garantiza negocios inconmensurables y a otros, los usuarios, más debilidad y dependencia.

Publicado en :

http://sur.infonews.com/notas/de-la-red-la-nube-primer-viaje

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martes, 27 de septiembre de 2011

LES FALTA ALGO, por Hernán Invernizzi (para “Miradas al Sur” 25-09-11)

Arriba : Referentes del "liberalismo" argentino : Álvaro Alsogaray ; José Alfredo Martínez de Hoz; Domingo Felipe Cavallo y Ricardo López Murphy.

Miradas al Sur. Año 4. Edición número 175. Domingo 25 de septiembre de 2011

Por

Hernán Invernizzi

octubre@miradasalsur.com

La crisis de 2001 dejó a los partidos políticos desconcertados. Ninguno de ellos entendía nada pero todos creían entenderlo todo. Tanto era así que el partido especialista en administración del poder (el justicialismo) creyó que Néstor Kirchner era el mal menor. Pero la movida K sacudió la modorra y el desconcierto de los partidos políticos con la energía de un carnaval desenfrenado. Y quedaron todos más perplejos que antes.
Aquella crisis precisaba que alguien supiera interpretarla y orientarla. Néstor lo hizo. Como dicen sociólogos y politólogos, supo interpelar a la sociedad. Pero lo hizo de tal manera que sus políticas generaron, al mismo tiempo, una buena cantidad de certezas y una nueva y apasionante cantidad de desconciertos. Hasta unos cuantos peronistas quedaron desorientados. Y lo que es peor, la confusión llegó a los rincones más profundos de la gorilidad. Entre los méritos de la política K incluyamos su capacidad para dejar atónitos a los gorilas.
Yo conozco a un empresario cuyo modelo de político es Ricardo López Murphy. A este empresario le va muy bien con la gestión K. Su empresa crece y sus empleados lo respetan. Según él, para ser moderna, justa y democrática, la Argentina necesita un gobernante liberal, radical, educado, decente y gorila como López Murphy. Siempre lo vota. Pero esta vez no puede presentarse a las próximas elecciones: contra lo que era de esperar de un gorila empedernido, encontró la solución en el peronismo. Votará a Duhalde... La movida K sinceró que hay peronistas que se postulan como candidatos de los gorilas.
Nuestro empresario sabe que uno y otro proponen políticas contradictorias, pero su desorientación es tan grande que eso dejó de importarle. Vive una especie de esquizofrenia. El tipo está de acuerdo con algunas cosas, como tener una Corte presentable o la Asignación Universal por Hijo (aunque diga que algunos la usan para otra cosa); también le gustan el matrimonio igualitario, el proyecto Conectar Igualdad y la promoción del consumo. La política cambiaria no está mal. Sí, hay cosas que le gustan. ¡Eso es lo que le da bronca! Quiere que esas cosas las hagan dirigentes como los que él vota. No soporta que “esta gente” haga cosas con las que él coincide. Es intolerable. Lo enfurece que esas buenas políticas las hagan “ellos”. Se indigna cuando descubre que por culpa de estos peronistas progres de ahora... su empresa crece y encima lo dejan sin banderas políticas. No los va a votar ni loco. De pura bronca nomás, como los chicos.
Sigmund Freud asegura que, en algún momento, las nenas descubren que ellas no tienen pito, que les falta algo que los nenes sí tienen. A eso se lo suele llamar la “envidia del pene” y sobre esa observación el psicoanálisis propuso una teoría del desarrollo psicosexual de las mujeres. Algunos discuten esa teoría. Pero, si fuera cierta, hoy a los gorilas les pasaría algo semejante: han descubierto que a ellos les falta algo que
otros sí tienen.

Publicado en :

http://sur.elargentino.com/notas/les-falta-algo