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domingo, 1 de marzo de 2026

La ciberguerra del Capitán América, por Jorge Elbaum (para "Página 12" del 08-02-26)

 


La última semana, el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, anunció que prohibirá el acceso a las redes sociales a menores de 16 años, que impondrá medidas para aumentar el control sobre las plataformas digitales y que sus directivos deberán asumir responsabilidades por los delitos de manipulación de algoritmos y la difusión de contenido opuesto a lo estipulado por el Código Penal. Su gobierno, agregó, implementará un sistema de rastreo, cuantificación y trazabilidad que permita detectar las "huellas de odio y polarización" que se transmiten a través de las redes. Las agencias oficiales españolas difundieron que “en 2025 se detectaron casi 900 mil cadenas de mensajes de odio". 

En la misma semana que Sánchez se refirió a la necesidad de afirmar la soberanía digital frente a los grandes señores tecno-feudales, la Fiscalía General de París habilitó a la Unidad de Delitos Informáticos de la policía francesa y a la Agencia de Seguridad Europea (Europol) a llevar a cabo un allanamiento de las oficinas de la red social X, en el marco de una investigación iniciada en 2025 referida a las maniobras de la empresa de Elon Musk para tergiversar algoritmos, favorecer contenidos, promover contenidos negacionistas, sembrar versiones conspiracionistas, habilitar discursos de odio y permitir la representación sexualizada de menores de edad. En el marco de dicha pesquisa, la fiscalía ha convocado a Elon Musk y a la CEO de su empresa X, Linda Yaccarino, a testificar el próximo 20 de abril en relación con las siguientes imputaciones: (a) administración de una plataforma ilícita; 

(b) falsificación del sistema automatizado de procesamiento de datos; y 

(c) complicidad en la difusión de imágenes de menores con carácter pornográfico. 

Las declaraciones de Sánchez y los allanamientos en París se suman a las investigaciones que lleva a cabo la Unión Europea "por la creación de imágenes sexualizadas y desnudos sin consentimiento por parte de Grok (la IA de X). En diciembre de 2025, Bruselas multó a Elon Musk en 120 millones de euros por incumplir sus obligaciones de transparencia, difundir “diseño engañoso”, falsificar marcas de verificación de identidad (azul), adulterar las fuentes para evitar la transparencia e impedirle –a la justicia– el acceso a los datos. En agosto de 2024, el juez Alexandre de Moraes, integrante del Tribunal Supremo de Brasil, ordenó el cierre de la red social de Musk ante la negativa de nombrar representante legal en su país. El magnate sudafricano comprendió rápidamente el mensaje y decidió aceptar las exigencias del magistrado. 

Todas estas escaramuzas normativas ocultan una conflictividad estructural ligada a la búsqueda desesperada de los Estados Unidos por conservar porciones de su hegemonía global, reindustrializarse y limitar (o suprimir) las soberanías de terceros países. Para lograr esos objetivos, el trumpismo impone lo que Franco "Bifo" Berardi denomina el brutalismo supremacista libertario-capitalista, orientado a intervenir de forma salvaje en tres esferas de la realidad geopolítica: la territorial (el Hemisferio Occidental), la energética (Venezuela e Irán) y la económico-financiera (primacía del dólar, autoridad sobre las criptomonedas y la reducción de la deuda y los déficits). Los tres espacios están atravesados por las tecnologías del ciberespacio y requieren el acceso a cadenas de suministro críticas que incluyen las tierras raras y minerales críticos. 

No hay conectividad sin microprocesadores. Y no es posible fabricar celulares, computadoras y baterías sin dichos minerales. Tampoco es viable entrenar a la Inteligencia Artificial (IA) sin trillones de datos. Y esos flujos dependen del material provisto por los miles de millones que, a diario, interactúan con los dispositivos conectados a Wifi, al GPS y al Bluetooth. Elon Musk y el resto de los tecno-billonarios necesitan suprimir las soberanías estatales para monetizar –sin regulaciones– las interacciones que se dan en sus plataformas. Y Donald Trump requiere beneficiar a esos magnates para financiar su reindustrialización. De ahí que toda regulación –sea española, francesa, australiana o brasileña– lesione sus prerrogativas. 

El Proyecto 2025, que guía la política de Washington, exige la supremacía tecnológica basada en el liderazgo en la computación cuántica, la hegemonía de sus empresas de IA y el control –a partir de ellas– de la expansión de las empresas tecnológicas estadounidenses. Esa doctrina incorpora, además, al ciberespacio como el quinto ámbito de guerra, junto a la tierra, el mar, el aire y el espacio. Esta conceptualización fue presentada por primera vez en 2011, por el entonces secretario de Defensa, Robert Gates. Las armas de esa guerra están íntimamente ligadas a las grandes corporaciones tecno-feudales: Malware (virus, gusanos, troyanos, spyware); Phishing (mensajes falsos para engañar usuarios y robar información); Bot nets (redes de computadoras controladas remotamente para ataques coordinados); y ciberespionaje (infiltración para robar secretos militares, empresariales o gubernamentales).

La ciberguerra se despliega, además, dentro de parámetros de interacción enfocados al debilitamiento de estructuras estatales, al fomento de la despolitización, a la generalización de la fragmentación social y a la apología del libre mercado. Sus mecanismos se basan en: 

a) la proliferación de los discursos de odio (que fragmentan y debilitan lo social y comunitario); 

(b) la manipulación de algoritmos, para envalentonar a las corrientes de opinión supremacistas, contribuir a desprestigiar perfiles emancipatoriosy/o encumbrar a creadores de contenido (streamers e influencers) fascistas; 

(c) la vigilancia social; 

(d) la extracción de datos privados para orientar el consumo, generar marketing individualizado y manipular deseos; 

(e) la difusión de información falsa y la divulgación de contenidos que llevan a equiparar datos científicos con falacias terraplanistas.

Tanto las armas como los mecanismos de esta guerra híbrida, con epicentro en el ciberespacio, están íntimamente articulados con las empresas que venden aparatología bélica al Pentágono. Uno de los ejemplos más notorios es Palantir, la empresa cofundada por Peter Thiel y Alex Karp en 2003, responsable de comercializarla plataforma de ciberanálisis Gotham. Palantir cuenta con una capitalización bursátil de 375 mil millones de dólares, superando en ventas a cada uno de los cinco grandes integranteshistóricos del Complejo Militar Industrial. Elon Musk y Peter Thiel son socios en innumerables proyectos de defensa, IA, gestión de megadatos, control de servidores y redes satelitales. Ambos son actores claves ––entre otros negocios–– de la nuevaguerra de las galaxias, en versión trumpista, conocida como Cúpula Dorada. La ciberguerra del Capitán América busca arrasar con cualquier límite soberano. Necesita recuperar su autoestima imperial y que sean las grandes corporaciones estadounidenses las que sigan concibiendo trillonarios capaces de invertir en un Estados Unidos que se resiste a renunciar a su preponderancia, hoy degradada. 



Publicado en:

https://www.pagina12.com.ar/2026/02/07/la-ciberguerra-del-capitan-america/

jueves, 11 de diciembre de 2025

"Europa tiene que ser muy cuidadosa": La dura advertencia de Trump, por "RT" del 08-12-25


 Trump habla durante una mesa redonda en la Sala del Gabinete de la Casa Blanca, 8 de diciembre de 2025

Alex Brandon / AP


8 dic 2025 

Según el mandatario estadounidense, ese continente va por "mal camino".

El presidente de EE.UU., Donald Trump, se pronunció este lunes en relación con la multimillonaria multa que la Unión Europea (UE) impuso a la red social X, de Elon Musk.


"Europa tiene que ser muy cuidadosa. Están haciendo muchas cosas. Queremos que Europa siga siendo Europa. Europa está yendo por mal camino. Es muy malo, muy malo para la gente. No queremos que Europa cambie tanto, van por muy mal camino", dijo el mandatario estadounidense.



La UE impuso una multa de 120 millones de euros (140 millones de dólares) a la plataforma de Musk por infringir la Ley de Servicios Digitales (DSA).


En su alocución de este lunes, Trump calificó de "asqueroso" el castigo impuesto a la empresa de Musk e indicó que, de momento, el propietario de X no lo ha llamado para pedirle ayuda sobre esta situación.


Ante los periodistas que hicieron preguntas en la Casa Blanca, el presidente comentó que esperaba recibir un informe completo sobre la multa de la UE en esta misma jornada. "No veo cómo pueden hacer eso", agregó.


La medida

La acción de la UE se da tras una investigación de dos años, en la que Bruselas concluyó que X incurrió en un diseño engañoso de su marca de verificación azul, falta de transparencia en su repositorio de publicidad y negativa a ofrecer a investigadores acceso a datos públicos.


La comisaria europea de Tecnología, Henna Virkkunen, defendió que la sanción habría sido "proporcionada" y rechazó que la DSA tenga que ver con censura, en un contexto de críticas de EE.UU., que acusa a la Unión Europea de atacar a empresas estadounidenses.


La medida desató la furia de Musk, que manifestó: "La UE impuso esta multa absurda no solo a X, sino también a mí personalmente, ¡lo cual es aún más descabellado! Por lo tanto, sería apropiado dirigir nuestra respuesta no solo a la UE, sino también a las personas que tomaron esta medida contra mí". El magnate, incluso, llegó a pedir "abolir" el bloque comunitario.



Publicado en:

https://actualidad.rt.com/actualidad/576348-europa-cuidadosa-dura-advertencia-trump

miércoles, 10 de diciembre de 2025

Trump revela si Musk le pidió ayuda para afrontar la multimillonaria multa de la UE a X, por "RT" del 08-12-25




8 dic 2025 


Donald Trump afirmó este lunes que el magnate Elon Musk no ha contactado con él para solicitar apoyo tras la multa de 140 millones de dólares impuesta por la Unión Europea a X la semana pasada por incumplimientos de la Ley de Servicios Digitales del bloque.


"Elon no me ha llamado para pedir ayuda en eso", respondió el presidente de EE.UU. a los reporteros en la Casa Blanca, calificando la decisión de "asquerosa". "No creo que sea correcto. No, no creo que sea correcto", continuó.


Asimismo, dijo no saber cómo en Bruselas "pueden hacer eso", y prometió que se pronunciará posteriormente sobre el tema, cuando disponga de más detalles. "Hablaré de ello más tarde. Voy a conseguir un informe completo", dijo al respecto.



Publicado en:

https://actualidad.rt.com/actualidad/576350-trump-revela-musk-le-pidio-ayuda

jueves, 19 de septiembre de 2024

Las redes sociales,amenaza para la democracia, por Justin Rosenstein (para "El País", 27-10-20)

 



 

El modelo de negocio de las empresas propietarias erosiona las instituciones democráticas. Ha llegado la hora de cambiarlo


JUSTIN ROSENSTEIN

27 OCT. 2020


En 2008 contribuí a crear el botón “Me gusta” de Facebook. Queríamos incluir una herramienta que ofreciera a la gente un vínculo más humano. Más de 10 años después, tenemos pruebas avasalladoras de que las redes sociales, al dar prioridad a la capacidad de gustar por delante de la verdad, han tenido unas consecuencias imprevistas y catastróficas. En Estados Unidos faltan pocos días para unas elecciones sin precedentes que se han convertido en un referéndum no solo sobre el liderazgo político, sino también sobre la legitimidad de la democracia. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? En gran parte, porque las redes sociales han degradado las relaciones reales, han disminuido la capacidad de la gente de votar en elecciones justas y libres y han debilitado la fe en la democracia y sus perspectivas de futuro.

 

 

Esto no es ninguna noticia falsa. Para millones de personas que ya han sufrido las consecuencias, no es noticia. Hemos visto cómo las redes sociales han desestabilizado elecciones en todo el mundo. Hemos presenciado cómo se polarizan nuestras conversaciones. Hemos sido testigos del aumento de los casos de depresión y ciberacoso y de cómo están cambiando la vida de nuestros hijos. Hemos oído alzar la voz a los empleados más veteranos de las redes sociales, yo entre ellos.

 

¿Qué es lo que no hemos visto? Un cambio estructural. Las redes sociales y sus algoritmos de recomendación de contenidos están diseñados para que les prestemos la máxima atención. Cuanto más absorben nuestra atención, más publicidad pueden contratar y más dinero ganan. Por desgracia, el escándalo, las acusaciones y las mentiras procaces venden más que la verdad y los matices. Como he dicho en otra ocasión, dar prioridad a los beneficios a costa del bien público no es ninguna novedad. La gente tala árboles porque valen más dinero muertos que vivos. La gente mata ballenas porque valen más dinero muertas que vivas. Y las redes sociales nos atrapan porque las personas valen más dinero cuando contemplan pantallas que cuando salen a disfrutar de una vida plena.

 

Mientras las empresas tecnológicas tengan incentivos para buscar el máximo beneficio, producirán unas tecnologías que recompensen a los accionistas en detrimento de la sociedad. Parecerá absurdo, pero tienen una obligación fiduciaria de hacerlo que es legalmente vinculante. Sin una drástica transformación de los incentivos empresariales, las tecnológicas seguirán degradando y poniendo en peligro el futuro de la democracia.

 

Con respecto a las elecciones, las empresas recurren siempre a echar la culpa a los malos contenidos y los malos usuarios. La desinformación y la manipulación existían mucho antes de que aparecieran las redes sociales, pero la estructura de las redes y sus algoritmos las favorecen, se benefician de ellas y permiten que se hagan virales. En Twitter, las mentiras se difunden seis veces más deprisa que la verdad. En 2016, Facebook reconoció que el 64% del desarrollo de los grupos extremistas se producía debido a su propio algoritmo de recomendaciones. Un estudio hecho en 2020 ha averiguado que la desinformación en Facebook es el triple de popular que en las últimas elecciones presidenciales de Estados Unidos. Los dos candidatos han dedicado parte de su dinero a anuncios en las redes sociales. Biden inundó Facebook durante el verano. Trump contrató los espacios en la página de inicio de YouTube para principios de noviembre. Desde junio, entre los dos, han gastado 100 millones de dólares en anuncios en Instagram y Facebook.

 

Sin embargo, los algoritmos y los incentivos de las redes sociales hacen que lo que se vuelve viral no sean los contenidos electorales legítimos. Son las mentiras, el miedo, las teorías de la conspiración inventadas y las amenazas de violencia. El resultado es el temor a que haya disturbios sociales en la jornada electoral y los días posteriores. Los intentos de Twitter y Facebook para etiquetar los mensajes más escandalosamente falsos y peligrosos van por detrás de las incansables campañas de desinformación que están deteriorando la fe en la democracia.

 

Sé que las redes sociales no tenían intención de convertirse en vehículos de peligrosa propaganda política. Pero no han hecho los profundos cambios estructurales necesarios, y nosotros, el pueblo, estamos pagando el precio. A pesar de lo que esas empresas quieren hacernos creer, la solución no es contratar a más moderadores o descubrir mejor las informaciones falsas. Esas cosasnosonmásquetiritas.Elsistemaestároto.Paraquelascosascambienes necesario transformar la estructura de gobierno corporativo de las compañías. La solución para salvar nuestra democracia es aplicarles los principios democráticos.

 

Imaginemos, por ejemplo, si Facebook tuviera que rendir cuentas ante un consejo popular en vez de un consejo de administración. Ese consejo popular, formado por accionistas de múltiples sectores, decidiría los objetivos globales de la empresa, qué criterios son los importantes y cuándo contratar a un nuevo director ejecutivo. En lugar de definir el éxito en función de criterios económicos, el consejo podría pedir que se tuvieran más en cuenta parámetros que refuercen las instituciones democráticas y las vidas individuales. En las últimas décadas ha habido muchos países que han utilizado esos procesos democráticos avanzados para posibilitar que los ciudadanos cambiaran las cosas. En 2015 y 2018, Irlanda aprobó sendas enmiendas a su Constitución con arreglo a las directrices de una Asamblea Ciudadana, una muestra representativa de la población que trabajó mediante una colaboración estructuradayprocesosguiados.En2020,Taiwán gestionó su brote decovid-19 gracias a unas herramientas de democracia digital que crearon confianza y participación.

 

¿Parece utópico? Lo es, en comparación con lo que tenemos ahora. Pero es posible. Quizá las empresas decidan cambiar, pero no podemos esperar a que lo hagan. Es vital que los usuarios de las redes sociales, los políticos y los Gobiernos, así como los empleados de las propias empresas, ejerzan una presión pública. Y esa presión comienza con que todo el mundo sea consciente del daño que las redes están haciendo a nuestras familias y nuestras instituciones. Se intensifica cuando la gente se niega a aceptar el statu quo y exige cambios por el bien de todos. Y triunfa cuando llevamos a cabo una acción colectiva: cuando nosotros, el pueblo, cambiamos el uso que hacemos de las redes y exigimos a los responsables políticos que cambien ellos también.

 

Esta labor ya ha empezado. Los Gobiernos y los políticos han aumentado sus presiones a las plataformas de redes sociales, incluso con nuevas medidas antimonopolio y de transparencia pública. Dentro de las empresas, los empleados han empezado a declararse en huelga y a oponerse a las políticas, acciones y herramientas que no concuerdan con el bien común o la ética colectiva.ThesocialdilemmafuelapelículamásvistaenNetflixenseptiembre, algo sin precedentes para un documental. Millones la han visto y han contado qué efectos negativos han tenido las redes en su vida.

 

Hemos visto la fuerza de las presiones públicas en movimientos sociales recientes como el llamamiento #EndSARS en Nigeria y la reforma de la policía en Estados Unidos, así como en los cambios provocados por el movimiento #MeToo. Cuanta más presión reciban las empresas de los usuarios, los reguladores y los empleados, más poder tendremos para imponer auténticos cambios. En Estados Unidos hemos empezado a votar en unas elecciones en las que está en juego mucho más que nunca y cuando la fe en la democracia es excepcionalmente escasa. Si las redes sociales dominan nuestra esfera pública, debemos garantizar que los principios democráticos sean más importantes que los beneficios. Nosotros, el pueblo, tenemos derecho a dirigir las instituciones que configuran nuestra vida. En eso consiste vivir en una democracia.

 

Justin Rosenstein es fundador de OneProject, una iniciativa para promoverla democracia frente a los retos de la era de internet, y es uno de los protagonistas del documental ‘El dilema de las redes’. Antes, ayudó a desarrollar herramientas como Google Drive y el botón Me gusta de Facebook.

 

Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.

 

Publicado en:

https://elpais.com/opinion/2020-10-26/una-amenaza-para-la-democracia.html

 

lunes, 9 de septiembre de 2024

No twittearás, por Dante Augusto Palma




Mark Zuckerberg admite que el gobierno de Biden presionó reiteradas veces a su empresa, META, para que retirara contenido sobre la COVID-19 y una nota de New York Post acerca del comprometedor contenido de la computadora portátil del hijo del presidente estadounidense; Pavel Durov, el magnate dueño de Telegram, es arrestado en Francia acusado de no aplicar criterios de moderación y control del contenido que se vierte en la plataforma; un juez brasileño ordena la suspensión inmediata de la red social X (Twitter) acusando a la empresa de Elon Musk de no designar un representante que enfrente, eventualmente, las responsabilidades legales de oponerse a bloquear cuentas que habrían difundido mensajes de odio y noticias falsas. No twittearás, parece ser el nuevo mandamiento progre. 

Lo más curioso es que todo eso pasó en las últimas dos semanas en una espiral que ubica a las redes sociales en el centro del debate público y donde se solapan varias discusiones. Por lo pronto, la más general y que lleva ya varios años, refiere a la responsabilidad de las plataformas por el contenido vertido allí. Dicho más simple: ¿tiene, por ejemplo, Facebook (META), la misma responsabilidad por el posteo de sus usuarios que la que tendría el director de Clarín por las notas publicadas en su diario? La respuesta intuitiva sería que no, pero desde hace mucho tiempo sabemos que las plataformas tampoco son meros canales neutrales de información, a punto tal que todas cuentan con criterios de regulación y edición. 

Sin embargo, como suele ocurrir, los conflictos se dan en las zonas grises. Dicho de otra manera, todos vamos a acordar que las plataformas deberían tener criterios rigurosos para impedir el fomento de información asociada a, supongamos, pornografía infantil, trata de personas, etc. De hecho, la policía francesa adjudicó la detención de Durov a una investigación por la cual se acusa a Telegram de no haber hecho lo suficiente para bloquear e impedir la circulación de información asociada a este tipo de delitos. 

Sin embargo, claro está, hay otros casos donde la intromisión de los gobiernos parece tener motivaciones políticas y se posa sobre noticias u opiniones que, en todo caso, son controvertidas y hasta equivocadas, pero de ninguna manera censurables. Hablando de las últimas declaraciones de Zuckerberg, estar en contra del confinamiento al que los gobiernos sometieron a los ciudadanos, no es una fake news ni fomenta el odio. Quizás sea un error y, en lo personal, creo que los que encontraban oscuras conspiraciones detrás de ello, estaban equivocados. Sin embargo, también creo que estaban en lo cierto quienes observaron que muchos gobiernos se aprovecharon del hecho objetivo de la pandemia, sea para aplicar sistemas de vigilancia, sea simplemente, porque el encierro les significaba rédito político frente a una sociedad asustada.

Asimismo, por ejemplo, ¿decir que hay solo dos sexos es lenguaje de odio? ¿Por qué? Quizás esa afirmación sea falsa, quizás ofenda a determinados usuarios, quizás haya más sexos, quizás deberíamos hablar de géneros, quizás la biología no cumpla ningún rol en la determinación de la identidad de las personas, pero ¿afirmarlo implica odiar a alguien o a un grupo de personas?   

En la misma línea, hay información que pertenece, sin dudas, a la categoría de noticia falsa, al menos así lo entendemos los que consideramos que hay una realidad externa y que los enunciados deben confrontarse con ésta. Pero hay situaciones más problemáticas donde, en todo caso, nuevamente, puede haber sesgo, intencionalidad, intereses o hasta una retórica particular con el fin de persuadir… pero llamar a eso estrictamente “fake news” es complejo. Si volvemos al caso de la pandemia, es falso que la vacuna mate y ha sido vergonzosa la cantidad de información que han hecho circular los denominados “antivacunas”, entre ellas, la inolvidable teoría conspirativa de la introducción de un microchip subcutáneo para controlarnos. Sin embargo, no es falso que, en algunos casos muy puntuales, la vacuna tuvo efectos secundarios que, eventualmente, pudieron ocasionar la muerte de quienes fueron inoculados. Lo aceptaron las propias compañías farmacéuticas. No es una fake news. Es de mucha mala fe hacer foco solo en esos casos; es de mala fe también englobar a todas las vacunas allí; es de una profunda irresponsabilidad no cesar en propagar esa información sin tomar en cuenta la abrumadora evidencia de que, en la mayoría de los casos, la vacuna funcionó bien. Pero hablar de una noticia falsa que habría que censurar es problemático.      

Es que esta dificultad objetiva es permeable a las intencionalidades políticas en un contexto muy particular en el que, más allá de ser siempre un terreno en disputa, las redes parecen ser el canal donde las expresiones de derecha tienen un espacio, especialmente si lo comparamos con el modo en que estos puntos de vista han sido relegados a un segundo plano por la hegemonía cultural progresista de los canales institucionales y los medios tradicionales. Porque, digámoslo, el conflicto en Brasil con X, que ha llevado a la demencial idea de quitarle la posibilidad a millones de brasileños de expresarse a través de un canal masivo, es un conflicto ideológico que se explica por la prédica libertaria de Elon Musk. Pero, sobre todo, expone la vehemencia y la tozudez con que las miradas progresistas intentan dar cuenta del fenómeno del auge de las derechas en el mundo. Por ello no hay que sorprenderse que la problemática del odio y las noticias falsas aparezcan cada vez que el progresismo pierde o está cerca de perder una elección.

Es que, herederos de las “vanguardias iluminadas” y, por tanto, con un doble discurso respecto a su presunta extracción popular, el progresismo no puede concebir que haya razones para votar alternativas a sus propuestas. Trump, el Brexit, Bolsonaro, Milei y cualquier buena elección de la ultraderecha en el mundo se explicaría así por la manipulación de una masa ignorante guiada por la pantalla del Smartphone, esa que ocupa ahora el lugar que antes ocupaba la TV para “dominar a las masas”. Así, la noticia falsa y el odio siempre son ajenos, siempre son la razón que explica el voto del que no me vota a mí. No llegar a las mismas conclusiones que yo solo puede ser producto del engaño al que son sometidas personalidades débiles, fácilmente manipulables por el odio y la mentira. Nosotros estamos en la Verdad. Si perdemos no es por estar equivocados. La autocrítica llega como mucho a un “no hemos comunicado bien”, como si el problema fuera de forma y no de contenido.   

Para concluir, entonces, digamos que “lenguaje de odio” y “fake news”, las dos grandes estrellas de las cuales se sirven gobiernos, instituciones y algunas plataformas para legitimar intentos de regulación, resultan claros solo en los casos extremos, pero acaban siendo categorías demasiado laxas, abiertas a la discrecionalidad del editor de turno, sea la propia plataforma, sean los gobiernos. 

Por ello, es necesario decir que las plataformas son, en buena medida, responsables de parte del nivel de toxicidad que invade el debate público en tanto promotores conscientes, y con intereses económicos detrás, de la polarización. De modo que inocentes no son y algo hay que hacer. 

Pero la alternativa a la desregulación total, no puede ser nunca, bajo ningún concepto, una regulación sesgada.


domingo, 1 de septiembre de 2024

Telegram, Musk y la ciberguerra, por Jorge Elbaum (para "Página 12" del 31-08-24)

 


Imagen: AOP press


Por Jorge Elbaum

31 de agosto de 2024

La conflictividad global está atravesada por factores económicos, comerciales y bélicos que tienen a las plataformas, las redes sociales, la Inteligencia Artificial (IA), los satélites y los cables de fibra óptica submarina como elementos claves que definen los espacios soberanos, el espionaje y la capacidad para influir, condicionar y determinar formatos cognitivos y conductas sociales.


Los analistas militares denominan a la constelación estructural que le da soporte a Internet como el C4ISR, sigla con la que se hace referencia a las actividades de comando, control, comunicaciones, inteligencia, vigilancia y reconocimiento. La geopolítica actual es inseparable de la dotación de información y manipulación que posee la ciberesfera. Esta constatación ha generado la ampliación de los espacios de operatividad de las fuerzas armadas, sumándose la ciberdefensa al ejército, la marina y la aeronáutica.


La detención del fundador y CEO de la red social Telegram Pavel Durov (foto) se inscribe en el control de esta dimensión cada vez más relevante del poder global. Uno de sus orígenes se vincula con la guerra que llevan a cabo los 32 países de la OTAN contra la Federación Rusa. Una segunda causa se relaciona con la capacidad que posee Telegram para sortear a los aparatos de inteligencia del G7. La plataforma de Durov fundada en 2013 cuenta en la actualidad con mil millones de usuarios, un soporte de mensajería cifrada que no pudo ser penetrado por la OTAN y múltiples protocolos criptográficos que los integrantes de la plataforma se han negado a compartir.


El caso Pavel Durov se inscribe en la ofensiva de occidente para limitar la independencia y la autonomía de lo que no pueden controlar. Los antecedentes de Julian Assange (WikiLeaks), del analista Edward Snowden (refugiado en la Federación Rusa, luego de difundir documentos de inteligencia), y de Meng Wanzhou, ejecutiva de Huawei detenida en Canadá durante más de dos años, exhiben el malestar de quienes no aceptan la pluralidad de los dispositivos, plataformas y redes que no pueden monitorear.


Durov fue acusado por el Centro de Lucha contra la Delincuencia Digital (C3N) y de la Oficina Nacional de Lucha contra el Fraude (ONAF), por no moderar los contenidos. La imputación de la justicia está caratulada como “complicidad en la administración de una plataforma en línea por permitir una transacción ilícita, en banda organizada”. Entre los otros delitos imputados, figura el rechazo a cooperar con las autoridades en las intercepciones autorizadas por la legislación francesa. La imputación, en síntesis, se vincula con la negativa de Durov a violar la confidencialidad comprometida a los usuarios de la plataforma.


Aunque Durov fue liberado bajo control judicial, y se le prohibió abandonar el país, sus defensores dejaron trascender que podría dejar de ser acusado si colaborara con las autoridades de inteligencia y accediera a compartir los códigos criptográficos que permitirían acceder a los mensajes privados, sobre todos a los relacionados con la guerra entre de la OTAN contra Moscú. Telegram se ha convertido en una fuente fundamental de información y es utilizado por las tropas rusas para difundir posicionamiento y videos de las batallas que generan desánimo entre los combatientes de Kiev. Telegram se ha convertido en una aplicación donde se entabla “una batalla virtual" que es utilizada para hacer geolocalizaciones de tropas y organización de comando por parte de analista rusos agrupados en el canal de Telegram denominado Rybar.


Antes de llegar al aeropuerto de París-Le Bourget, proveniente de Azerbaiyán, Durov estuvo dos días en Bakú, lugar al cual también viajó Vladimir Putin. Los servicios de inteligencia de la OTAN sugirieron que el CEO de Telegram se había reunido con el líder ruso. Según el vocero del Kremlin Dmitri Peskov, no existieron contactos entre ambos. Luego de la detención, Moscú denunció que Emmanuel Macron –aliado a Volodymir Zelensky– pretendía “intimidar” a Durov con el objeto de controlar las claves de la red social. Por su parte, la Defensora del Pueblo de Rusia, Tatiana Moskalkova, acusó a París de detener a Pavel con el fin de clausurar la plataforma para que la información se derive a plataformas en las que la OTAN puede interferir.


El tema fundamenta de la disputa, que tiene a Telegram como parte de la disputa, es la soberanía. El globalismo otantista busca imponer su lógica de doble rasero. Lo que no controla para ser ilegal, peligroso o subversivo. Pero si algún país ajeno a su vigilancia pretende controlar su constelación de C4ISR, pasa de forma inmediata a convertirse en un cómplice del terrorismo internacional. En los últimos años, Turquía ha exigido que las redes sociales tengan ejecutivos locales basados en el país, demanda que ha sido rechazada por las grandes plataformas.


El último 17 de agosto, Elon Musk informó que X cerrará sus oficinas en San Pablo dada la exigencia del juez de la Corte Suprema Alexandre de Moraes para que nombre un representante legal en el país. El plazo otorgado al socio político de Donald Trump venció el último jueves y este viernes el juez ordenó la suspensión inmediata de la red social en Brasil. Las ciber-batallas que tienen como núcleo la competencia por el control cognitivo serán un vector de la conflictividad global en las próximas décadas. 



Publicado en:

https://www.pagina12.com.ar/763764-telegram-musk-y-la-ciberguerra