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domingo, 15 de junio de 2014

La nueva “Escuela de las Américas” se llama Colombia, por Modesto Emilio Guerrero (para"Aporrea" y "Miradas al Sur" del 08-06-14)


Miradas al Sur. Año 7. Edición número 316. Domingo 8 de Junio de 2014

domingo, 9 de marzo de 2014

La presencia de Chávez en la rebelión derechista, por Modesto Emilio Guerrero (para "Miradas al Sur" del 09-03-14)

Arriba: Muerto Chávez, la oposición venezolana trata de divorciar a Maduro de la figura del "Comandante". En Argentina han hecho lo mismo con Cristina y Néstor y, mucho antes, con Eva y Perón.
[La imagen fue pintada por William Quintana - @williamcimarron en Tweeter-]

Miradas al Sur. Año 7. Edición número 303. Domingo 09 de Marzo de 2014
internacional@miradasalsur.com


A un año de la muerte del comandante Hugo Chávez, líder indiscutido de la Revolución Bolivariana inspirada en el ideario liberador de la Patria Grande y el socialismo del siglo XXI, Venezuela enfrenta la agresión del Imperio.
No hay forma de separar la violenta embestida actual de la oposición venezolana, de la ausencia del Comandante muerto que presidió el proceso político conocido como “revolución bolivariana”, hasta su muerte el 5 de marzo del año pasado. Esa relación es tan directa en el tiempo, el espacio y el programa de la derecha, que es uno de los cuatro componentes del llamado “Atajo”, esa estrafalaria idea rectora de la rebelión derechista de febrero.
Para los autores de esa comprensión de la coyuntura, Venezuela entró en un momento propicio para echar al chavismo del gobierno. Ese momento propicio, cuyo desarrollo está en marcha desde febrero, aunque se originó el año pasado, se basa, según ellos, en una sensible combinación del fuerte malestar en el chavismo con su gobierno, debido a los efectos demoledores de la devaluación, la inflación y el desabastecimiento.
Todo eso marcado por lo que suponen la debilidad de un gobierno al que evalúan como débil, frágil e inconsistente, además de “inútil”, “ilegal” y “anticonstitucional”. Eso tiene expresiones televisivas inimaginables hace apenas un año. Los conductores de la CNN, TN y NTN24 descubrieron sin aviso que Chávez fue un gran estadista y un hombre carismático, mientras Maduro no está maduro para gobernar.
Estas definiciones son las más usadas en las declaraciones y discursos por los dirigentes opositores desde abril del 2013, y reproducidas en sus más variadas expresiones en los carteles y gritos registrados en febrero.
El grado de amoralidad en la conducta opositora ha penetrado la mente de sus seguidores más elementales. Llega al extremo de borrar de su memoria emocional todo lo que decían y sentían por Hugo Chávez hasta marzo del año pasado.
De repente, sin que medie alguna racionalidad justificatoria, la ausencia del “líder fuerte” produjo dos efectos sorprendentes en el mismo acto y en apenas pocos meses. El odiado, vilipendiado, mico y ridículo, “habluchento” y grosero Hugo Chávez, se volvió bueno y Maduro ocupó el lugar del malo. Borraron de sus mentes todos los epítetos salvajes que antes le enrostraban al Comandante, lo convirtieron en un “estadista” y un “líder carismático”, y trasladaron la suma de todos sus odios al nuevo joven presidente. O sea, también borraron de sus cabezas lo que decían de Nicolás Maduro. Hasta finales del año 2012, algunas veces, se podía escuchar entre los miembros dirigentes y empresarios de la oposición, frases como estas o similares: “Maduro es una figura simpática dentro de este gobierno de patoteros”.
El 14 marzo del año 2012, mientras Hugo Chávez reposaba en su lecho de enfermo irremediable y el futuro era cada día más incierto tras la segunda operación, el gerente general de la empresa Ford dijo en una reunión con sindicalistas en el Estado Carabobo, que “Lo mejor para Venezuela sería que Maduro reemplace al presidente”. Usó dos adjetivos para justificar su deseo: “Sabe negociar” y “Es simpático”.
La disociación psíquica que estamos presenciando en los voceros y seguidores de la derecha en las calles, trocando a Chávez en “bueno” y a Maduro en “malo”, deberá entenderse como la necesidad absoluta de justificar el grado de violencia de sus acciones y la urgencia insoportable de salir del chavismo de una buena vez y por los medios que sean.
El atajo. Uno de esos efectos brotó del colapso del sistema de abastecimiento de alimentos, medicinas y otros productos vitales como los de higiene personal. Este boicot organizado por las grandes casas comerciales comenzó a finales de junio de 2013 y explotó como crisis social a finales de octubre, cuando algunos saqueos o intentos de saqueo señalaron que la cosa había comenzado a desmadrarse. Luego vino la devaluación de más del 40% decidida en enero, que sumada a la del año anterior, trituró el llamado Bolívar Fuerte.
La suma de ambas cosas junto con la inflación, fueron drenando la capacidad adquisitiva de los asalariados y las capas sociales que viven del ingreso producido por su trabajo, aunque también afectó, en menor medida, a las clases medias acaudaladas y que viven de rentas pequeñas.
Un aspecto dislocante en medio de este desbarajuste económico comercial, fue la especulación comercial con escalas hasta del 3.000%.
Cuando el sistema comercial llegó a ese punto de descalabro, la sensación y el humor social se aceleraron y poco a poco fue apareciendo el disgusto creciente en la población.
Este disgusto creció a ritmos neurotizantes y se manifestó de múltiples maneras en los supermercados. Su expresión más peligrosa en términos de política, fueron las colas de gente nerviosa o angustiada para cazar algún producto.
Las principales declaraciones de los dirigentes de la oposición, y muchas pancartas, consignas y gritos vistos y escuchados en las marchas desde el 12 hasta el 27 de febrero, fueron dirigidas contra el presidente Nicolás Maduro, acusándolo de “incapaz”, “bruto”, “ignorante”, “pobre loco”, “anda a gobernar el metro”. Esto puede verificarse en el recorrido de los registros escritos de las redes sociales en los que la militancia derechista juvenil combina con las palabras necesarias.
El 4 de enero de este año, en una reunión nacional plenaria con sus principales militantes y cuadros, realizada en un local partidario en el este de Caracas, el líder de Voluntad Popular, Leopoldo López, autor de la rebelión derechista de febrero contra el gobierno venezolano, dijo una frase reveladora. “Amigos y amigas, nos llegó la hora, lo de las municipales ya es insoportable, las locuras de Maduro, sus estupideces... nos llegó el momento, Chávez no está para ayudarlos... Este hombre no gobierna a nadie.” Tan reveladora como una declaración de guerra.
Unos días más tarde, esa declaración oral adoptó forma escrita y se transformó en la idea rectora de lo que conocimos pocos días después.
Desde el 28 de enero, aparecieron en la web desde sitios venezolanos, hasta artículos de varios autores convocando a organizar acciones de calle. Uno de ellos dice: “Aprovechar este momento de debilidad, estamos ante la oportunidad de un atajo...”
Exactamente un año antes, uno de los intelectuales de ellos, Alberto Franceschi, escribió la siguiente declaración admonitoria de las acciones violentar que conocimos en abril del año pasado y febrero de este: “La presidencia de Maduro decidida con los Castro amenaza la unidad de las FFAA. En tres meses, así elijan a Maduro con las maquinitas el país estará ante el estallido de problemas mil veces postergados. La herencia de Chávez es sencillamente explosiva. El escrito se titulaba “Empezó la transición”.
Un año después, el 4 de febrero de 2014, el grupo armado Bandera Roja, derechista hoy, pero originado en el maoísmo de los años ’70, publicó un comunicado en la Universidad Central de Venezuela llamando a “la rebelión popular contra este gobierno espurio e ilegal”. Ocho días después, en el amanecer del 12 antes de marchar hasta el centro de Caracas, el mismo grupo repartió una veintena de armas cortas a sus militantes en la UCV y sendos aparatos de comunicación.
En su nuevo comunicado de esa mañana, repartido a las puertas de esa vieja Universidad, declaran: “Compañeros, llegó la hora, el pueblo no puede esperar más. Es la hora del atajo...”
El orientador más prolífico entre ellos, Franceschi, completó la información, para que nadie tenga dudas del objetivo: “Ha llegado la hora de que las Fuerzas Armadas hagan útil su función de resguardo de la integridad territorial. La república se está yendo por el barranco de la anarquía y el factor de caos es el gobierno” (tuit, 5/3/2014).
La oposición aprovecha un dato cierto: la ausencia de un líder fuerte deja un gobierno de transición, que funciona con la relativa fragilidad de todo gobierno por acuerdo. Pero olvidaron un detalle subjetivo de movimientos de este tipo. El líder transmuta, se trasciende y se corporiza en el movimiento, convirtiéndose en una presencia latente, un combustible ideológico que bien usado puede ser revolucionario.


Publicado en:
http://sur.infonews.com/notas/la-presencia-de-chavez-en-la-rebelion-derechista

martes, 4 de marzo de 2014

MADURO PUSO A VOLAR LA PALOMA DE LA PAZ, por Modesto Emilio Guerrero (para "Miradas al Sur" del 02-03-14)


Año 7. Edición número 302. Domingo 02 de Marzo de 2014
 
 
 
Con poco eco inmediato, pero con el impulso primero de la oposición dominado, el gobierno de Venezuela da los pasos para un acercamiento con los sectores dialogantes.
Contra todo pronóstico, el gobierno venezolano logró reunir en el Palacio de Miraflores a una docena de alcaldes y funcionarios de la Mesa de Unidad Democrática, opositora, al dueño del más grande emporio industrial del país acompañado por otros capitalistas, a representantes de tres iglesias y varios artistas y deportistas que tampoco son chavistas. Además, claro, de las principales figuras institucionales del gobierno, excepto las del poder popular.
Se trata de una campaña de paz estructurada por regiones, movimientos y localidades de todo el país, tras dos objetivos. Aislar a los violentos de la oposición y buscar un acuerdo económico, productivo, comercial y político, con los factores dominantes de la derecha y con EE.UU.

Tres datos claves en la coyuntura.

Esta aproximación diplomática contra la desmesurada violencia de los factores más radicales de la MUD solo se puede entender desde dos o tres datos clave de la coyuntura venezolana.
La primera es que la asonada político-militar de Leopoldo López y su movimiento fundamentalista, Voluntad Popular, fue contenida, frenada y temporalmente derrotada. El sentido insurreccional que le quiso dar a sus acciones para ukranizar el país terminó en una fracasada aventura, pero sus fuerzas militantes entre la juventud universitaria más ultramontana no fueron desmanteladas, y menos la sólida convicción y decisión de ellos y de los aparatos que les dieron apoyo militar operativo (sobre todo la Feudail, “Fundación del Internacionalismo Democrático Álvaro Uribe Vélez”).
Lo nuevo en el proceso revolucionario bolivariano es el surgimiento de una corriente de algunos miles de estudiantes cargados de un odio antichavista acumulado en 15 años de mamaderas ideológicas tan furiosas como derechistas. El ingrediente más moderado de ese nutriente generacional (la edad media de los que salieron es 20 años) es el desprecio a todo lo que los aleje del modelo Miami de vida y consumo. Esa capa juvenil, que se atrevió a hacer en las calles lo que otros cuatro millones de opositores venezolanos no quisieron esta vez, se apoya socialmente en unos 50 mil jóvenes de cuatro universidades privadas y una pública pero neoliberalizada, la UCV, Universidad Central de Venezuela. La personalidad que mejor expresa a esa generación no es Capriles Radonski, se llama Leopoldo López, hoy preso y derrotado.
Ese retroceso del enemigo desa­tado entre el 6 y el 19 de febrero debe ser evaluado como un logro táctico del gobierno bolivariano. Pero es un avance asentado en un terreno frágil, vidrioso, donde los acuerdos y los discursos deberán someterse a la tozudez de los hechos en una sociedad donde los de abajo no soportan más a los de arriba y viceversa.
En contradicción absoluta con el calendario del gobierno, acompañado por ahora de una parte menor de la oposición en la Conferencia de Paz, realizada en Miraflores, está a la vista en sus documentos y declaraciones otra agenda. Tanto la diputada María Corina Machado, socia de López, como otros sectores de la MUD, por ejemplo el Alcalde de Caracas, Antonio Ledesma y más del 85% de los diputados y alcaldes de la derecha, se orientan por la propuesta y el programa llamado “El Atajo”, promovido por varios intelectuales opositores. No es atajo por casualidad. Ellos se han convencido de que están en un año en el que “las condiciones objetivas” son propicias para voltear a Maduro y comenzar la derrota del poderoso movimiento chavista. El autor de esa “teoría”, o su difusor, Alberto Franceschi, un ex marxista, dice que es “ahora o nunca”, porque los efectos sociales del descalabro en la distribución de alimentos, la especulación empresaria, la caída del ingreso fiscal, el golpe de la devaluación en la gente y el dislocante desabastecimiento, justifican la alteración del calendario electoral y acciones como las de febrero. Según ese calendario, mayo próximo es el mes decisivo, como quedó develado en la conversación telefónica entre el jefe de la MUD, Guillermo Aveledo, y un general retirado de ellos, disponible en la web. Ese calendario subversivo es el límite de las actuales negociaciones, dentro y fuera del palacio de Miraflores.

El segundo dato.

Este se concentra en el propio gobierno de Nicolás Maduro. De lo que haga o lo que no haga, dependerá la otra parte de la resolución de la crisis. Esas decisiones gubernamentales se concentran en cuatro espacios: la economía productiva, el control del comercio externo, las finanzas especulativas de la banca y en el mismo nivel de responsabilidad, lo que haga y deje de hacer con el sector corrupto del propio gobierno, convertido a estas alturas de los acontecimientos en uno de los tres peores enemigos del gobierno mismo. El carácter improductivo en lo económico de esa burocracia, su espíritu conservador y su actitud abiertamente antidemocrática con el movimiento, cohabita con los enemigos externos al gobierno y al país.

El tercer factor.

La compleja realidad venezolana impone verificar la siguiente pregunta: ¿Hasta dónde estará decidido a llegar el Departamento de Estado? Hay señales contradictorias, no por buenos, por astutos.
En la asonada de febrero se demostró que por ahora no tienen una política única hacia Venezuela. De ser así, febrero 2014 se hubiera parecido más al 11 de abril de 2002.
Es un conocimiento de la historia, que en situaciones de alta densidad como la actual, Washington no actúa sola. Lo hace a través de mediaciones locales e internacionales. Tampoco se atreve sin los resultados de una sistemática preparación de la opinión pública en la región y parte del mundo.
En el escenario que deben enfrentar en Venezuela, Obama y sus muchachos en el Departamento de Estado y en el Comando Sur tienen varios obstáculos a vencer. No pueden justificar con facilidad, en realidad no tienen como sostener, que el gobierno de Nicolás Maduro es una tiranía al estilo de Mohamad Kadafi, autoritario como el ucraniano, o desgastado internamente y aislado de medio mundo como el de Irak en 2003.
Menos puede acudir a los recursos de “guerra de baja intensidad” como lo hizo con buena fortuna en Honduras en 2009, cuando le bastó una decisión judicial contra el ex presidente Manuel Zelaya para que se ordenaran las fuerzas reaccionarias en un golpe triunfante. Tampoco puede hacer la jugarreta antidemocrática de Paraguay en 2012, donde logró usar la conspiración orquestada de un diario popular como AbcColor, una multinacional (Monsanto), los partidos del capital paraguayo, la corrupta policía y la cúpula del ejército, para sostener la subversión del gobierno de Lugo desde el Senado.
No cuenta con esas condiciones en un país que vive un proceso revolucionario dentro de los canales republicanos, respetando y ampliando los poderes clásicos de la ficción democrática burguesa (en Venezuela funcionan cinco poderes, no tres), y sostenido por un poderoso movimiento social agrupado en un incipiente poder popular de mucha conciencia política.
Por último, pero clave en la perspectiva inmediata, en Venezuela existen unas fuerzas armadas sin fisuras a la vista, aunque sería poco serio pensar que será así para siempre. Menos en una realidad cada vez más tensionada entre fuerzas sociales irreductibles. No hay corporación que lo resista por mucho tiempo.
Los viajes del canciller venezolano por el Mercosur y otros países, la contracampaña mediática del gobierno bolivariano y sus amigos en el mundo y, sobre todo, la capacidad política que tuvo Maduro de apoyarse en la movilización de las organizaciones, clase y sectores del poder popular bolivariano, facilitan la tarea defensiva frente al embate advertido para mayo, o meses posteriores.
La campaña por la paz puesta en marcha por el gobierno de Maduro deberá someterse a esas pruebas y a las de su propio movimiento.
Este movimiento chavista fue educado por el proceso revolucionario y el comandante Chávez en la sana idea de no pactar ni co-gobernar con la burguesía. “No solo es una clase mala de alma, no chico, es que además, nos mantiene una guerra permanente desde 2002, quizá desde antes, no nos da paz, pues…”, declaró en un “Aló Presidente” de noviembre de 2010, repetido miles de veces. Esa buena idea se metió en la cabeza de millones de chavistas, traducida en un gobierno de izquierda sin representantes directos de la clase capitalista, Misiones sociales gratuitas, desarrollo cultural, amplia democracia política, etc.
En estas coordenadas, tan complejas como presentes, se juega el destino del proceso bolivariano a lo largo de todo el año 2014.

Publicado en:
 http://sur.infonews.com/notas/maduro-puso-volar-la-paloma-de-la-paz

sábado, 14 de diciembre de 2013

CLAVES SOCIALES DEL TRIUNFO CHAVISTA, por Modesto Emilio Guerrero (para "Redacción Popular" de diciembre de 2013)

Arriba: Resultados parciales de la elección
[La imagen no aparece en la nota original de Redacción Popular]


Modesto Emilio Guerrero
/Buenos Aires

El viejo apotegma según el cual en política 2 más 2 nunca da cuatro, tuvo en las municipales venezolanas del 8 de diciembre una expresión burlona para quienes daban por sentado que el chavismo tenía la batalla perdida.
Contra todo pronóstico, incluidos los propios de algunos analistas serios del PSUV y del movimiento bolivariano, la derecha recibió una paliza tan inesperada como dolorosa.
Una suma bien combinada de razones explican una victoria tan chavista, como sorprendente para el mismo gobierno. Las causas, a pesar de lo que indica el sentido común, no nacieron con las medidas radicales del mes de noviembre contra la especulación, aunque estas fueron como el catalizador de un estado de conciencia electoral dentro y fuera del chavismo. Mucha gente común, chavista y de la otra, siente que en los últimos 9 meses se conformado un nuevo gobierno, nacido con la debilidad inevitable dejada por la muerte del líder, pero con una virtud: supo dar continuidad a las reformas sociales progresivas que caracterizan al chavismo.
La cara inversa de la victoria chavista es la derrota de Capriles Radonski, la figura central de la derecha electoral venezolana desde febrero de 2012 y el conductor asumido de la campaña de la MUD para el 8 de diciembre.
Como señala el diplomático venezolano, Arévalo Méndez Romero, “Resulta ser que el deslegitimado no fue el gobernante (Maduro) sino el opositor aspirante (Capriles)”.
Efectivamente, La ratificación de Antonio Ledezma, un hombre de la centroderecha, al frente de la Alcaldía Metropolitana de Caracas y la ratificación del exchavista Henry Falcón en el Estado Lara, el tercero más poblado, convierte a ambos líderes en los nuevos referentes de la derecha venezolana.

Eso tiene un simple explicación. Bajo el liderazgo de Capriles la oposición ha sufrido 4 derrotas seguidas en apenas 15 meses de reinado. Ya se huelen los vapores de una lucha a cuchillo entre Primero Justicia, liderada por el diputado preferido de la CNN, Julio Borges, Leopoldo López el joven amiguito de Uribe Vélez, Antonio Ledezma, viejo cuadro adeco, y María Corina Machado, la asidua visitante del edificio situado en Langley, Virginia. Todos van por la sucesión de Capriles. Aunque Capriles decida retirarse inerme, lo único seguro es que ha cambiado el clima para la derecha criolla. Pesados nubarrones sombrean su horizonte.
Una primera conclusión en un análisis que trascienda la estadística electoral, señala que la gobernabilidad de Nicolás Maduro, nacida débil, muy débil, ha logrado superarse a sí misma con una victoria política que deja atrás por los menos dos sombras amenazantes.
Una, que sin Chávez el chavismo desparecía. Esta fue la versión más sólida lanzada a mediados de 2012 y sostenida por profetas tarifados como Vargas Llosa, Oppenheimer, Malamud, Petkoff, Naim. Dos más dos no les dio cuatro y ellos no se enteraron. El luto por Chávez puede continuar, pero fue superada la inmovilidad pesadumbrosa por una energía renaciente. Luego de un resultado electoral pobre en las presidenciales de abril, para ellos era previsible una caída mayor del voto chavista en las municipales de diciembre, apostando a que los 9 meses transcurridos disiparan el duelo.
La otra sombra es más espesa. Ellos apostaron al caos como estrategia, en el mismo sentido al que inició el desbaratamiento del gobierno de Salvador Allende. La suma de una alta inflación con devaluación dislocadora, desabastecimiento provocado y especulación desquisiante del salario familiar, además de apagones y el asesinato de 21 jóvenes militantes bolivarianos entre abril y octubre, sería suficiente para desentusiasmar la campaña, crear miedo, desazón y congelar cientos de miles de votos chavistas. Resultó lo opuesto. La acción gubernamental se sobrepuso al trauma del comienzo sin Chávez, contuvo y doblegó la asonada violenta de abril, asumió la ansiada batalla contra la corrupción, se apoyó en el poder popular para buscar la fórmula de un Estado Comunal, y en noviembre adoptó medidas radicales contra los especuladores comerciales y estafadores dolarizados.
La amplia difusión del Plan de la Patria en barrios, fábricas y comunas, generó una sensación colectiva, sobre todo en el universo social bolivariano, de que el Gobierno y Maduro tienen un norte definido, una hoja de ruta para la gobernabilidad. Saben lo que quieren y saben como hacerlo. Las medidas radicales de noviembre fueron la señal.

Los datos del triunfo y el riesgo del triunfalismo

El primer dato relevante de los resultados no son los resultados, sino la participación popular en los comicios. Alcanzó al 58,92% del total del padrón electoral en un país donde el voto es constitucionalmente voluntario. Fue superada la racha de abstención previas que en algunas casos superaron el 60% del padrón.
El Gran Polo Patriótico, nombre de la alianza del PSUV con otros movimientos bolivarianos, logró el 76 % de las alcaldías: 255 de las 335 disputadas. El PSUV se bastó a si mismo para obtener medio millón de votos mas que toda la MUD, compuesta por 12 fracciones de la burguesía opositora. El chavismo ganó en el 63 % de las capitales estatales y en 30 ciudades, o sea, el 75 % entre las 40 más pobladas del país.
El chavismo ganó con un millón de votos de diferencia sobre la MUD, sumando el medio millón (5,5%) aportado por los partidos y movimientos bolivarianos aliados al PSUV en el Gran Polo Patriótico. La suma significó 6.332.716 de votantes a favor del chavismo. Esta suma se acercó al récord histórico obtenido en las presidenciales de 2006 y se emparentó con lo alcanzado el año 2012. Si consideramos que desde 2007 se verifica una tendencia decreciente de la masa votante por el chavismo, las municipales frenaron esa tendencia y abre la posibilidad de cambiar su curso. Definitivamente las mayorías populares venezolanas se politizaron.
Lo conseguido en número de votos, siendo bastante, es inferior al valor cualitativo, políticamente emocional, que significa haber superado el susto de abril. La alianza socialista alcanzó el 55 % de los votos nacionales contra 45% de la derecha. Son 10 puntos netos de ventaja, suficiente para sepultar el 1,8 obtenido en las presidenciales.
Uno de los datos mejor guardados es que el chavismo ganó 15 de las 21 alcaldía del Estado Miranda, gobernada por Capriles Radonski. Esa nueva relación de fuerzas institucional abre la posibilidad de un un proceso revocatorio al Gobernador a mitad de su mandato.

En el Estado Aragua, un bastión tradicional del movimiento bolivariano, tan céntrico como industrial, el Gran Polo Patriótico ganó 15 de las 18 alcaldías, dejando a la derecha arrinconada donde más había sumado cuadros en el último tiempo. Cerca de Aragua, en el estado Cojedes el chavismo ganó los 9 municipios, o sea, todos. Esa misma señal se verifica en el mapa de las 12 ciudades medianas, con poblaciones que van de las 100 mil a las 200 mil personas. En ellas, los bolivarianos ganaron 11 alcaldías, la derecha ganó solo 1.
Otro dato de interés fue Caracas, donde funcionan dos Alcaldías. Durante la campaña la disputa parecía ser por la Alcaldía del populoso Municipio Libertador, gobernada por el chavista Jorge Rodríguez. Pues tampoco dio cuatro la suma de los factores. La verdadera disputada fue la Alcaldía Metropolitana, en manos de la derecha. Allí la figura emergente y refrescante del periodista Ernesto Villegas, ex Ministro de Comunicaciones, le dio un susto al adeco Antonio Ledezma, quien se sentía indisputado.
La gente vota por algo
Contra lo que sugieren las apariencias, no fue la campaña electoral lo más relevante, sino el contenido social de lo votado por los casi seis millones y medio de venezolanos que dijeron si a los candidatos del gobierno.
La suma de las reformas sociales del último año, más la consolidación de un gobierno sin Chávez, al que daban por moribundo, fueron suficientes para soportar adversidades ciertas como los apagones, el ocultamiento de alimentos y otros productos, la inflación y la devaluación.
En una elección donde la gente decide por sus autoridades locales más cercanas, más con la piel cotidiana, que con el peso del discurso, las consignas o la figura presidencial, asume importancia recensar algunos datos sociales clave.
En marzo de este año comenzó a aplicarse la nueva Ley orgánica del Trabajo que rebajó a 40 horas semanales la jornada laboral. En los últimos 2 años, más de 500 mil nuevos pensionados no cotizantes, comenzaron a recibir sus pensiones mensuales, con un salario equivalente al mínimo nacional. El salario mínimo fue incrementado por Ley en más de 30%. En ese mismo lapso, iniciaron su funcionamiento los primeros núcleos farmacéuticos que proveen distribución gratuita de medicamentos de alto precio para tratamiento de enfermedades complejas.
En zonas populosas de Caracas, Mérida y Barquisimeto se inauguraron nuevos sistemas de transporte masivo, como cable-carril, tren, metro-cable, trolebús y la segunda línea del metro de Los Teques, una ciudad montañosa al lado de Caracas.
Estas reformas progresivas en la vida cotidiana de la gente fueron registradas en un informe de la CEPAL (Comisión Económica para América latina), publicado apenas 5 días antes de las elecciones. La CEPAL certifica que Venezuela fue el país más exitoso en la reducción de la pobreza en América latina. En Agosto de 2013, la FAO (Food and Agriculture Organization/ONU) hizo un reconocimiento oficial al Estado venezolano por haber sido el país que más avanzó en el combate al hambre.
Ni la CEPAL, ni la FAO, y menos el Papa, son sospechosos de chavismo, pero sus expresiones sirven para confirmar el signo social más profundo contenido en el voto del 8 de diciembre.
Seis días antes de las elecciones, al Papa Francisco se le ocurrió decir en un discurso de sorprendente similitud con la discursiva chavista, que el capitalismo se ha vuelto salvaje y cruel. Cualquier vecina venezolana podía verificarlo cuando iba a comprar productos inflados en precios hasta el 1.200%, o simplemente desaparecidos de las alacenas.

Publicado en:
http://www.redaccionpopular.com/articulo/claves-sociales-del-triunfo-chavista

miércoles, 8 de mayo de 2013

La insoportable terquedad de la derecha antichavista, por Modesto Emilio Guerrero (para “Miradas al Sur” del 05-05-13)





Miradas al Sur. Año 6. Edición número 259. Domingo 5 de mayo de 2013
Por 
Modesto Emilio Guerrero Sur en América latina


Venezuela. A pesar de la aceptación internacional de los comicios, Capriles insiste con desestabilizar el gobierno de Maduro.


La sociedad venezolana ha ingresado en una fase de definiciones sociales y políticas. Sus tiempos y sus ritmos se moverán al compás de las relaciones de fuerzas y políticas aplicadas. Esa es la marca inevitable del complicado tránsito entre un régimen y otro en la revolución bolivariana. El resultado dependerá de lo que se haga o se deje de hacer en ambas fuerzas, pero la definición se concentra en la inteligencia política del gobierno para blindar lo alcanzado, completando la obra truncada por la desaparición de Hugo Chávez.
La violencia desatada por la oposición de derecha desde el 14 de abril, apenas terminado el escrutinio que dio ganador al chavismo, es el síntoma de la enfermedad. Una enfermedad cuyo contenido nace en la incapacidad de la clase dominante y su sistema mundial de Estados, para respetar el juego democrático del cual se ufanan sólo cuando lo controlan ellos.
Las novedades en el proceso bolivariano señalan un camino inexorable a la confrontación entre quienes sostienen las transformaciones que dieron vuelta al país y aquellos que no las soportan.
Una medida de la tendencia en curso es la escala en las acciones ofensivas desde el 14 de abril, dentro y fuera del país. Estas deben cuantificarse en hechos inusuales, sólo conocidos en los días del golpe de Estado fracasado en 2002. Eso condujo a la confusión y muchos creen que se está en presencia de un posible golpe de Estado.
En realidad, lo que se vislumbra es una perspectiva más abarcadora y peligrosa. Un indicio de esto lo reveló un adolescente margariteño llamado Víctor, quien preguntó por e-mail por el significado de la palabra “fascista”. “Es que la escucho mucho en la televisión”, dijo. Cuando se le respondió, su preocupación contenía signos de una nueva realidad abierta en el país. Esa novedad se llama dilema existencial de lo que se conoce como revolución bolivariana, comenzando por su gobierno y terminando por sus movimientos sociales y Fuerzas Armadas.
Entre la madrugada del 15 de abril y las 9 de la noche del día 17, fueron asesinados ocho militantes identificados con el chavismo. El noveno cayó baleado por la espalda cuatro días después. Uno de los primeros fue incendiado vivo. En menos de tres días, luego de que el Consejo Nacional Electoral emitiera el resultado adverso a Capriles, cinco grupos de activistas armados de la oposición quemaron 11 edificios públicos. En dos de ellos se impartía educación preescolar (Simoncitos), cuatro pertenecían a la Misión Barrio Adentro y atienden patologías complejas (Centro de Diagnóstico Integral), además resultaron quemadas cinco sedes del Partido Socialista Unificado de Venezuela (Psuv) en cuatro ciudades. Entre la noche del 14 de abril y el 27 del mismo mes, grupos de opositores agredieron a una viceministra, 13 periodistas de canales públicos o comunitarios y a un famoso deportista que simpatiza con el gobierno chavista. Durante esas dos semanas se produjeron nueve cacerolazos en los barrios de ricos de Caracas.
La revuelta provocada en una sesión de la Asamblea Nacional el martes 30 de abril trasladó las agresiones al sistema institucional, mediante una acción conspirativa retratada por las cámaras de seguridad del edificio (http://www.aporrea.org/actualidad/n228055.html).
El objetivo, sobre todo en el escenario parlamentario, es darle continuidad al desacato a la legalidad y legitimidad del nuevo gobierno de Nicolás Maduro, una estrategia sostenida por la OEA, los gobiernos de España y EE.UU., como lo develó el canciller del reino español, quien se ofreció como virrey para supervisar el reconteo de votos, una oferta que le valió la expulsión del país, ordenada por el mismísimo presidente Nicolás Maduro.
La oposición proclamó, desde el día 14 de abril, el desconocimiento de los escrutinios y el gobierno resultante. Pero, además, sostiene hasta nuevo aviso, un desacato al resto de las instituciones del poder. Prepara acciones contra la Corte Suprema de Justicia, y adelanta expedientes que reclamen a la Corte de la Haya, a la Organización de Estados Americanos y ante otros organismos de control internacional, el repudio al gobierno electo en Venezuela. En respuesta, el presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, declaró el desconocimiento de la bancada de diputados opositores y su puesta en cuarentena.
Esta es la medida de la escalada opositora, nutrida de métodos y recursos variados, sólo recordada en los acontecimientos decisivos de 2002, 2003, 2004 y 2005.
El foco de esa estrategia es la destitución de Maduro y del gobierno, aprovechando la fragilidad institucional que significa haber ganado por tan poco. Pero el objetivo es más ambicioso. La oposición venezolana busca que las Naciones Unidas, o varios Estados fuertes del mundo, declaren a Venezuela como “un Estado fallido”, única vía actual para legitimar una intervención imperial. Ese fue el camino escogido en Haití, Libia, Irak, Siria.
Esta aparente fuerza de la derecha venezolana, alentada por el 49% obtenido en las elecciones, al mismo tiempo disimula su debilidad relativa en la relación de fuerzas nacional, es decir, más allá y por debajo del escenario electoral. Ellos no tienen capacidad, en las actuales condiciones, de organizar y sostener un golpe de Estado ni de desarrollar acciones serias que pudieran conducir a una guerra civil. Ese límite los obliga a acudir a métodos y técnicas de guerrilla urbana, preparando, como diría el insurgente brasileño Carlos Marignela, “la retirada antes de actuar”.
En menos de 15 días, varios grupos de “escuálidos” armados golpearon, quemaron y mataron en pocos minutos, huyendo de inmediato para evitar un enfrentamiento físico con las fuerzas sociales del chavismo, muchas veces superiores. Uno de los jefes militares conocidos es el general retirado Antonio Rivero, cazado por una cámara callejera, hoy procesado en los tribunales caraqueños. De sus órdenes de barricada el día 15 de abril, resultaron varios de los asesinatos. (www.youtube.com/watch?v=9zNOl33NQTc)
Hay una pequeña diferencia. Las técnicas usadas por los caprilistas venezolanos no los aproxima a los guerrilleros izquierdistas del siglo XX, sino a los grupos fascistas o nazis en Italia y Alemania. Antes de hacerse del poder en 1922, Musolini usó sus fasci di combattimento, mientras que Adolf Hitler acudió a los Escuadrón de Protección (SchutzStaffel, conocidas como las SS); ambos imponían el terror en las calles y la dislocación en las instituciones, aunque luego ganaran las elecciones para imponer sus regímenes totalitarios.
Ni la burguesía desplazada del poder soporta más el gobierno izquierdista establecido desde hace 14 años, con proyección a durar dos décadas enteras con Nicolás Maduro, ni el gobierno de Estados Unidos está dispuesto a permitir que se consolide.
Pero en el mismo espacio-tiempo, el chavismo, y sus vanguardias sociales y militares, no están dispuestas a retroceder.
En el cruce de intereses opuestos de ambas fuerzas sociales, nace el dilema existencial de la revolución bolivariana.


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domingo, 17 de febrero de 2013

A hombros de Correa, por Modesto Emilio Guerrero (para “Miradas al Sur” del 17-02-13)




Miradas al Sur.Año 6. Edición número 248. Domingo 17 de febrero de 2013
Por 
Modesto E. Guerrero. Sur en América latina


Hoy se realizan las elecciones presidenciales en Ecuador. El jefe de Estado, ampliamente favorito, va por su reelección. Los principales candidatos opositores son un banquero de Guayaquil y un magnate bananero.


Además de ser autor de una frase inteligente para definir lo nuevo en América latina, Rafael Correa repetirá con facilidad su presidencia, como lo han logrado todos los líderes latinoamericanos del campo llamado “progresista”.
A Correa se le atribuye la expresión “estamos en un cambio de época”, un concepto de valor histórico que supera a la definición “época de cambios”, una sumatoria cuantitativa de limitado valor contingente, usada hasta 2010 por la mayoría de los investigadores sociales y la militancia de la izquierda latinoamericana.
Su homólogo Hugo Chávez contó en un Aló Presidente de ese año, que el pope del marxismo teórico, el húngaro Ítzvan Mészáros, autor de la obra Más allá del capital. Hacia una teoría de la transición, quedó encantado con la frase-concepto dicha por el presidente ecuatoriano y que la adoptó porque decía en menos palabras, según el relato de Hugo Chávez, lo mismo que él viene desarrollando en sus libros sesudos desde finales de la década del ’70.
Cuando a Correa se le ocurrió la frase feliz proyectó, aunque no tuviera plena conciencia, el alcance histórico de lo que se vivía en América latina y en el mundo, desde que el neoliberalismo se implantó y algo de magnitud tectónica comenzó a moverse hacia la izquierda. Desde la Revolución Cubana no había noticias de tal remoción en las estructuras, los Estados y los imaginarios políticos latinoamericanos.
Rafael Correa fue un producto personal de esa novedad.
Desde que pasó a la izquierda ha sostenido lo mismo que Chávez y Evo: se trata de una batalla completa contra las políticas neoliberales y por la soberanía nacional, como el primer paso hacia el “socialismo del siglo XXI”. Eso fue lo que Mészáros –luego lo siguieron otros– anunciaba en sus libros como un profeta solitario.
Ese cambio de época ha combinado la mayor cantidad de transformaciones y novedades económicas, sociales, culturales y constitucionales que jamás hayamos presenciado los latinoamericanos. Una de esos cambios es la Constitución Plurinacional aportada por su primer gobierno. El alcance de su originalidad sólo es comparable a la de Bolivia y la de Venezuela, o a la reforma constitucional de Islandia en 2011. Son las cuatro Cartas Magna que más democratizaron el sistema jurídico de sus Estados-nación. En los cuatro casos se dio en medio de conmociones sociales.
La reconocida economista brasileña Magdalena León elogió en su momento la provocada por Correa porque había logrado el apoyo del 82% en el plebiscito y “colocado al pueblo y la vida en todas sus expresiones como razón de ser del Estado, de la sociedad y de la economía, antes que del capital”.
Este fenómeno de apoyo masivo a un cambio constitucional y de presidentes reformadores, que en menor o mayor medida se enfrentan a los poderes fácticos internacionales y son electos y reelectos por el voto popular, no tiene precedentes en la historia latinoamericana. La norma, salvo excepciones como Cuba, fue lo contrario, el retroceso, la derrota, la autoderrota o la capitulación.
Rafael Correa está en el centro de ese acontecimiento, aunque sea menos visible que Hugo Chávez, debido al peso relativo menor de su Estados-nación y al arrollador camino recorrido por el bolivariano.
Entre 1992 y 2005 cayeron 11 presidentes constitucionales por acciones sociales y crisis políticas; en el mismo lapso, 5 fueron reelectos tantas veces como se postularon en Argentina, Bolivia, Ecuador, Nicaragua y Venezuela. Los dos más sorprendentes son Evo Morales y Hugo Chávez. El primero, porque cuatro años después superó en 22 puntos su primera elección; el segundo, porque nadie en la historia ha sido reelecto democráticamente tantas veces sucesivamente.

Los dilemas de Correa.

El dilema de Rafael Correa es el mismo del venezolano o del boliviano. Por haberse atrevido a ir más allá de lo que esperaban Washington y las clases dominantes de sus países, se colocaron en el centro de sus ataques y en el motivo de las últimas conspiraciones del continente. Excepto por el golpe en Honduras contra Zelaya, en Ecuador, Venezuela y Bolivia se concentraron los demás brotes golpistas, complots cuartelarios, asedios y amenazas de muerte presidencial, campañas sistemáticas y desbancamientos financieros. Sólo en la Argentina, hasta cierto límite, se encuentra algo de eso desde 2008.
Cuando el gobierno de Correa decidió sacar al Comando Sur de la Base de Manta y proteger a Julian Assange, director de WikiLeaks, en su embajada en Londres, ingresó al complejo terreno del enfrentamiento con los dos imperios dominantes del sistema mundial de Estado.
De ese laberinto, muchas veces impuesto desde afuera, más que por sus programas gubernamentales, no se sale de cualquier manera. Ése es el punto en el que se encuentra el presidente de Ecuador y el gobierno de su pequeño país andino.
Este líder político tan desconocido como emergente, apareció en el centro de la escena pública cuando fue ministro de Economía en el gobierno de Alfredo Palacio, uno de los presidentes pasajeros del país. En apenas 100 días de gestión, entre el 21 abril y el 4 agosto de 2005, este joven economista bien formado en las academias y organismos del imperio logró proyectarse como figura política nacional en medio de los vientos huracanados que conmovían a Ecuador y a toda América latina. Correa es parte de una escuela de economistas ecuatorianos brillantes, que entre sus aportes se cuenta la ingeniería teórica y matemática del Sucre, el Sistema Único de Compensación Regional usado por el ALBA para sus transacciones soberanas. La paradoja es que Rafael fue el menos entusiasta de este mecanismo subregional antiimperialista.
Ecuador fue el país con la mayor cantidad de presidentes depuestos por las masas populares en menos tiempo, algo sólo igualado por el desfile de “mandatarios” fugaces que tuvo la Argentina desde el 19 de diciembre hasta que un acuerdo espúreo y a las apuradas palaciegas impuso a Eduardo Duhalde 15 días después.
La frescura de la imagen de Correa, contra una abigarrada “partidocracia” ecuatoriana de entonces y la didáctica con la que explicaba los gruesos problemas enfrentados por su país, fueron suficientes para conquistar la simpatía de las clases medias, los trabajadores urbanos y a los desconfiados “cholos” de la vida rural.
Con esa base social ganó la presidencia que hoy renovará con holgura, según todas las encuestas. Rafael Correa enfrentará con y desde esta segunda presidencia cuatros grandes asuntos. Del resultado saldrán dos Correas distintos.
El primero es si logra superar la estructura primarista de exportación simple, heredada en la economía, basada en petróleo y minerales, casi sin valor agregado en un mercado mundial altamente competitivo en ese terreno.
De la resolución de ese tema, imposible sin el concurso latinoamericano, depende el segundo: recomponer su relación con los principales movimientos sociales Pachakutic y la Conaie, sin los cuales es difícil pensar al Ecuador a largo plazo. La otra ruptura fue con varios de sus reconocidos ministros. Al no romper con él por la derecha, se mantienen como una alternativa política latente, algo desconocido en Venezuela o en Bolivia. Esas rupturas nacieron a finales de 2009 por las secuelas sociales del extractivismo.
¿Como salir de la ficción de la dolarización, una ficción de estabilidad impuesta al país por la banca internacional, sin caer en el “marasmo argentino” de 2001-2002.?
Por último, el asunto menos visible, pero colocado en el centro del dilema ecuatoriano que Rafael Correa tiene sobre sus hombros desde hoy.
¿Podrá romper con la abigarrada burocracia militar dominante en la economía y el Estado, que a falta de clase social sólida ejerce de “clase sustituta”?
Claro que de la superación de ese pequeño detalle depende, en Ecuador, como en Venezuela, Cuba, Nicaragua y Bolivia, el salto del reino de la debilidad nacional, al camino que justificaría la verdad contenida en la frase inteligente de Correa: “Estamos en una época de cambios”.
No hay transformación sin clases sociales que la sostengan. Tiene razón el investigador social Claudio Katz cuando recuerda en su último libro que “el viraje de las últimas décadas ha modificado, además, el perfil social de las clases dominantes. Las viejas burguesías nacionales promotoras del mercado interno han quedado sustituidas por nuevas burguesías locales, que jerarquizan la exportación y la asociación con empresas transnacionales”.
En el caso de estos cuatro países, menos que clase, es un sector militar y civil del poder que se ha autonomizado tanto del pueblo como del sistema político para cumplir el rol de una clase ausente, como ocurre en varias de las sociedades de América latina.
En esa dialéctica se juega la personalidad del presidente ecuatoriano, en una región signada por la transición política que impone el previsible fin del ciclo vital del presidente Hugo Chávez.
Cuando Correa dijo el 11 de diciembre, al llegar a La Habana para visitar a su amigo enfermo, que “Chávez es un presidente histórico”, estaba diciendo una verdad que lo involucra hasta los tuétanos.
No por casualidad, en centros internacionales de opinión derechista han comenzado a escribir sobre él como “el sustituto del líder bolivariano en la región”, como lo definió Carlos Montaner en Miami el 23 de diciembre.
Este hombre no se dio cuenta que estaba diciendo al mismo tiempo otra verdad, más agradable en términos geopolíticos: la derecha latinoamericana no tiene candidato propio en la marquesina del poder continental.
Allí nace, para Rafael Correa, el economista del Banco Mundial convertido en impulsor del “socialismo del siglo XXI”, el “desafío y la carga del tiempo histórico”.
Esta expresión de Mészáros, aplicable hasta ahora a Hugo Chávez, podría investir al ecuatoriano, si logra superar los cuatro dilemas de su agenda gubernamental.

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lunes, 7 de enero de 2013

Los dilemas del chavismo, por Modesto Emilio Guerrero (para “INFOnews” del 06-01-13)






Para comprender el fenómeno venezolano en su dinámica actual, y las derivaciones al interior de Miraflores, en el PSUV y en la sociedad, hay que reflexionar sobre sus tres claves: su líder y fundador, los movimientos sociales y la existencia de un “partido militar”.


En la aciaga mañana del 11 de diciembre que Hugo Chávez miró el rostro estupefacto de Nicolás Maduro y le entregó la espada de Bolívar, no sólo se despedía un presidente y se alejaba para siempre del poder un líder de cuerpo agotado, también daba inicio, aunque no lo supiera, a una nueva historia para el movimiento que nació con él veinte años atrás.
Sin embargo, los dilemas del chavismo no comenzaron el día que sus militantes descubrieron que se estaban quedando sin líder.
Para comprender el chavismo en su dinámica actual, y las derivaciones al interior de Miraflores, en el PSUV y en la sociedad, hay que juntar sus tres claves: el líder, los movimientos sociales y el “partido militar”. La composición de esa simple ecuación la distingue de lo conocido en la historia política latinoamericana.
La estructura del poder institucional bolivariano se asienta en cinco factores identificados con figuras centrales como José Vicente Rangel, o ministros y jefes políticos como Nicolás Maduro, Diosdado Cabello, Elías Jaua, Jorge Arreaza, Francisco Farruco Sesto, Tarek El Aisami y otros de menor pendulación o de audiencia sólo regional.
La presencia anímica de Hugo Chávez impide relaciones contradictorias, pero no avienta para siempre las visiones y modos distintos que abrigan sobre cómo resolver la complicada situación interna.
El proyecto común tiene miradas distintas. Una visión es de credo socialdemócrata, animada por J. V. Rangel, una respetable personalidad de la izquierda más tradicional, que desde 2011 promueve una transición acordada con una parte de la burguesía, incluido un segmento moderado de la no chavista. La segunda apuntaría a alguna versión del bonapartismo vernáculo latinoamericano.
Aunque suele ser personificada por el ex teniente coronel bolivariano Diosdado Cabello, ex vicepresidente, varias veces ministro, gobernador derrotado de Miranda y actual Presidente de la Asamblea Nacional, va más allá de él. Se interna en los caminos sinuosos del “partido militar”.
Entre una y otra se mueven las demás, con mayor o menor acercamiento según la coyuntura y la posición ocupada alrededor del presidente Chávez. La presión dislocante de un Comandante-Presidente cada vez más ausente comenzó a mover las piezas del chavismo en ondulaciones transversales entre las dos opciones dominantes.
Lo que haga o no pueda hacer el “partido militar” dependerá de una relación de fuerzas que no maneja a su arbitrio. Esta entidad clave del poder venezolano, tan difusa como decisiva, pendula entre lo que representan Maduro y Rangel y las vanguardias bolivarianas más orgánicas. En Venezuela, el partido militar conserva sus perfiles corporativos, pero sin las formas reaccionarias de otras experiencias. Por ahora.
El PSUV, convertido en maquinaria electoral sin vitalidad militante, no “pincha ni corta” en los decisivos momentos que atraviesa la revolución bolivariana.
En la actual transición entre un chavismo centrípeto y un chavismo sin Chávez, predomina la perspectiva moderada y unitaria insuflada por el respeto canónico al presidente enfermo. No hubo descuido presidencial cuando no depositó la espada de Bolívar en las manos del partido militar, sino en la otra. Y por suerte el proceso bolivariano no está cruzado por agrietamientos violentos como en otros procesos, por ejemplo el peronismo de 1973-1976.
Las hipótesis de tensión interna tienen como base la tendencia decreciente del voto chavista desde 2007, y la molestia de las bases con una burocracia ineficaz y autonomizada que mantiene secuestrados al Estado y al partido, en representación de la emergente “boliburguesía”.
Tanto el “partido militar” como la versión socialdemocratizante, deberán arreglárselas con un tipo de poder popular nacido en 1989 y potenciado desde 2002 en unos 17 movimientos asentados en clases y sectores de clase trabajadora. Ellos corporizan un poder constituyente de los de abajo, aunque todavía no sepan como reemplazar a la burocracia constituida como gobernante.
El Consejo Comunal, la Federación Campesina Ezequiel Zamora, el Movimiento de Pobladores Urbanos y sus Comunas Socialistas, las Milicias que cuidan, por ejemplo, barrios de la Misión Vivienda, las Guardias Rurales y los 620 medios comunitarios, son pilares de ese poder popular. El medio periodístico bolivariano más leído del país, Aporrea.org, no es oficialista ni comercial ni de papel. Lo visitan unas 230 mil veces cada 24 horas, según la firma contabilizadora Alexa.com. Funcionan más de 3 mil Comités de Salud Laboral y unos 1.120 Comités de Usuarios de Televisión encargados de vigilar los contenidos para que los niños no vean pornografía mientras sean niños, o no sean inducidos a matar y odiar según las pautas culturales de Hollywood. Este poder popular es acéntrico, pero se niega a renunciar al carácter independiente del gobierno nacido el 13 de abril de 2002. En Miraflores no hay expresiones directas del empresariado capitalista. Las vanguardias y partes del gobierno entienden ese detalle como una conquista que choca con los dos proyectos preponderantes. También por ahora.
La inminente ausencia del líder originario coloca al movimiento bolivariano y su proceso político ante su prueba más compleja. Veinte años después, el chavismo deberá saber superarse a sí mismo o descubrir el infausto destino de corrientes similares del pasado latinoamericano.
De los 18 movimientos nacionalistas del continente aparecidos entre la Revolución Mexicana y el chavismo, ninguno sobrevivió igual a lo que fue mientras estuvo bajo la impronta de sus líderes y organismos.
Las transformaciones fueron de amplia gama. Varios sufrieron una descomposición temprana (el MNR boliviano luego de Paz Estensoro, el adequismo venezolano o el aprismo peruano); otros desaparecieron de la escena histórica al ser derribados, o salidos del gobierno (el cardenismo mexicano, el arbenzismo en Guatemala, el varguismo brasileño o el ibañismo chileno y ecuatoriano). También se conoció la recomposición transitoria de otros movimientos, pero con ropajes moderados que ya no cabían en el cuerpo original (el sandinismo, el FMLN, el peronismo, el frenteamplismo uruguayo o el torrijismo panameño).
En esa realidad tan compleja de opciones históricas, el chavismo está atravesado por las mismas leyes, resumibles con dificultad en esta fórmula algebraica: ido el líder, el movimiento se potencia en la base social o decae y muta en su contrario.

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viernes, 2 de diciembre de 2011

Del kirchnerismo al chavismo, por Modesto Emilio Guerrero (para “Tiempo Argentino” del 02-12-11)






Modesto Emilio Guerrero
Periodista y escritor.


Entre la presidenta Cristina Fernández y su amigo y homólogo Hugo Chávez hay tantas distancias ideológicas como acercamientos geopolíticos, sin que ambos planos de la relación tengan carácter absoluto. Chávez hará gala de su discursiva socialista y Cristina podrá mirar por segunda vez, desde su olimpo propio, peronista, la pletórica simbología de izquierda que decora las instituciones del Estado venezolano, aunque este no sea muy distinto del argentino, excepto por el acumulado histórico de recursos y capacidades reproductivas del capital.
Venezuela sigue siendo un Estado nación sobre un chorro de petróleo. Esa diferencia con la formación económica argentina desde finales del siglo XIX, no es superada por la muy reciente producción venezolana de celulares, laptops y rubros alimenticios. La historia no perdona los retrasos. Aunque la agenda dominante es diplomática y geopolítica, entre ambos mandatarios habrá otra, determinada por necesidades económicas mutuas. El intercambio de alimentos por combustibles, por ejemplo, responde a sendas urgencias en los espacios nacionales, así como la participación de capitalistas argentinos en el plan venezolano de construir 2 millones de viviendas en un lustro. La visita de Cristina se cimenta en ocho años de relaciones que modificaron el vínculo histórico entre ambos países. Buenos Aires pasó a ser el segundo destino geopolítico más visitado por Chávez. El comercio se multiplicó exponencialmente: pasó de 149 millones en 2002 a casi 1700 millones en julio de 2011, más de diez veces en menos de diez años; 120 Acuerdos, Protocolos, Convenios y Tratados rubrican esa avanzada comercial, algo sólo sobrepasado por Brasil, Cuba e Irán. Venezuela pasó a ser prestataria financiera y proveedora privilegiada de combustibles de Argentina. En esa marea de negocios no ha faltado la grosera cuota de provechos y canonjías que enriquecieron a empresarios, funcionarios y parásitos comerciales, de lado y lado. Los planos de la economía y la política tienden a aproximarse y borrar fronteras ideológicas que hasta 2007 mediaban entre Caracas y Buenos Aires. En ese movimiento, es el chavismo gubernamental el que más se desplaza desde la izquierda al centro. El gobierno bolivariano está más concentrado en Unasur que en el ALBA, en el comercio y las inversiones que en el proyecto revolucionario bolivariano, en preservar equilibrios con regímenes oprobiosos como los de Santos y Lobo, que en promover el anti imperialismo. Las relaciones de Estado terminaron imponiéndose al proyecto de socialismo del siglo XXI auspiciado por Chávez. Más abajo de la marquesina americanista que dominará la fundación de la CELAC, una realidad marcha inexorable en su seno. Se expresa como una situación tensional entre fuerzas sociales y proyectos geopolíticos opuestos.
La CELAC los contiene a todos como si fueran similares, como si las bases yanquis en Colombia tuvieran el mismo rango que el INTI o el MST de Brasil. Es suficiente para restarle valor a un organismo hemisférico que tiene el mérito de nacer sin imperios adentro. Allí nace su contradicción y la nueva dinámica de la diplomacia latinoamericana, girando más al centro político y al desarrollismo económico extractivo exportador, que a la independencia. El curso de ese contexto condicionará las relaciones de sus miembros: la del chavismo y el kirchnerismo, los regímenes que más se aproximaron.

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http://tiempo.infonews.com/notas/tres-miradas-sobre-celac

martes, 18 de octubre de 2011

Auge y caída de las clases medias, por Modesto Emilio Guerrero (para “Miradas al Sur” del 16-10-11)


Miradas al Sur. Año 4. Edición número 178. Domingo 16 de octubre de 2011

Por

Modesto Emilio Guerrero, periodista venezolano

internacional@miradasalsur.com

El pasado 5 de octubre una señora manifestante de los “indignados” de Nueva York le dijo a la corresponsal de Telesur Aurora Sanpiero esta inquietante declaración: “Nos vamos a quedar sin clase media, los ricos son cada vez más ricos y los pobres son cada vez más pobres”. La novedad es que esta misma sensación tienen en Europa. Después de cuatro años de crisis económica global concentrada en las economías más desarrolladas, la sensación ha comenzado a transformarse en estadística, acción social y temor político en muchos gobiernos. El siglo XX demostró que esa díscola clase social es decisiva para la estabilidad.
En curiosa paradoja, un grupo de países de América latina vive lo contrario, un crecimiento relativo de sus clases medias urbanas. Estudios de la Cepal, del Observatorio de Política Exterior Española (Onex) y Fundación Alternativas, indican que las clases medias latinoamericanas acumulan hoy un 30% promedio en la población regional.
Esto entusiasmó la opinión del sociólogo boliviano Fernando Calderón, asesor especial en Gobernabilidad y Desarrollo Humano de la ONU, quien acuñó la riesgosa frase “América latina es la clase media del mundo”. Es un hecho reciente. En Brasil lo llamaron “bye, bye pobreza” y sumó al consumo de su pequeña clase media a unas 30 millones de personas entre 2004 y 2010, según la Fundación Getúlio Vargas. En Argentina se habla de 5 millones de nuevos asalariados, de los cuales más de millón y medio habrían engrosado su tradicional clase media de casi el 30%, la más alta del continente junto con la de Uruguay. Desde el año 2003, Venezuela vio crecer su sector medio hasta alcanzar el 24% superando el 17% que tenía en 2001. Chile registró una ampliación del 19 al 25% pero en más tiempo, de 1992 a 2008.
Esta nueva clase media latinoamericana se concentra en 44 ciudades. Una parte se debe a las inversiones internacionales desde los años ’80 aplicadas en servicios, banca y comercio y a las nuevas profesiones. Pero las más recientes en Brasil, Venezuela, Bolivia, Argentina, Uruguay y Ecuador se explican, también, como un resultado de las inversiones sociales.
La declinación de las clases medias en Estados Unidos y Europa responde a un mapa complejo de causas tan variado como sus explosiones locales. Los motivos están retratados en los mensajes de las pancartas y volantes que muestran las pantallas de TV, los mensajes en las redes sociales y la información de prensa. Son el nuevo desempleo profesional (19% en Europa, 14% en Estados Unidos y 23% en África del norte), la inflación inmobiliaria, la especulación bursátil, la desinversión en educación, sanidad, jubilación y pensiones. Se ha creado una nueva sensación de inestabilidad individual, familiar y de contracción en la perspectiva de ascenso social en la clase media.
La estadounidense lo ha comenzado a sentir en forma de pesadilla. Wall Street Journal informó el 17 de septiembre de este año que Procter & Gamble “está recortando la mercadotecnia que destina a las clases medias que están desapareciendo, vendiendo cada vez más a clientes de rentas altas y bajas y abandonado las rentas medias.” Otra multi de venta masiva como Heinz está siguiendo su ejemplo. A eso lo llaman Teoría del Consumidor Reloj de Arena, o sea, “una sociedad abultada en la cumbre y la base y estrecha en su centro”. El dato es aterrador, según este diario financiero. “El patrimonio neto de un quinto de los hogares en la escala media se ha hundido un 26% en los últimos dos años. La renta de la familia norteamericana media, ajustada de acuerdo con la inflación, es hoy inferior a la de 1998”, relata el WTJournal.
Los otrora prósperos europeos sienten lo mismo. “No somos mercancías en manos de políticos y banqueros” rezaba uno de los eslóganes principales del 15M español. “¿Capitalismo? Game over”, se lee en un escrito callejero. En Grecia y Portugal se modificó tanto el consumo que las firmas promocionan los precios más que las marcas. Los dos protagonistas de las huelgas europeas son la clase media profesional y los obreros.
En Medio Oriente fue notoria la presencia de sectores profesionales “medios”, pidiendo libertades ciudadanas y haciendo uso de las redes de Internet, un instrumento de comunicación preponderante en ese sector. Un reflejo particular fue la presencia de tantas mujeres y jóvenes profesionales, bien vestidos, con celulares y camionetas 4x4 en las marchas de Egipto, Yemen, Argelia, Omán, Bahrein, Israel y Libia. Pocas guerras como la de Libia muestran tantos vehículos de lujo en Trípoli, Bengazi o Sirte.
El estudio Towards a Theory on the Emergence of New Parties, escrito por Paul Lucardie sobre la reconfiguración del voto en Europa del norte, advierte que franjas de clase media se desplazan hacia la “derecha” y nutren grupos neonazis o partidos ultraconservadores que ganan espacios en los Parlamentos en Noruega, Irlanda, Suecia, Holanda, Suiza e Italia del norte. Esto es cierto, pero también lo es que en Nueva York, Washington, Los Ángeles, España, Portugal, Islandia, Chile, Francia, Puerto Rico y Grecia, el mismo malestar en la clase media hace girar a otras franjas hacia la “izquierda”.

Publicado en :

http://sur.elargentino.com/notas/auge-y-caida-de-las-clases-medias

lunes, 9 de mayo de 2011

"GRIETAS EN LOS TIEMPOS DE DOMINACIÓN IMPERIALISTA", por Modesto Emilio Guerrero, (para "Tiempo Argentino" del 09-05-11.)


Arriba : Ollanta Humala, candidato a Presidente del Perú. Otra tortuga que se le escapa al Departamento de Estado.

Publicado en TIEMPO ARGENTINO del 9 de Mayo de 2011
Por Modesto Guerrero

Perdiodista

El corto vuelo de Carlos Valenzuela en la Secretaría Adjunta para América Latina de los Estados Unidos devela algunas grietas en los tiempos de la dominación imperialista sobre algunos gobiernos de nuestro continente. No es el único caso, pero sí el más sonado desde que Obama llegó a la presidencia.

En los meandros del Capitolio se rumorea que otros funcionarios podrían ser desplazados por razones similares. Los argumentos esgrimidos por la Casa Blanca sólo sirvieron para mostrar los hilos que conducen a las raíces del asunto Valenzuela. Volver a su puesto académico no es un premio, para un diplomático advenedizo surgido de la socialdemocracia chilena.
Las principales causas concurrentes que movieron a Valenzuela de su poltrona se conectan por el mismo carácter político: no supo o no pudo prever, contener, sabotear o evitar la conformación de la Comunidad de Estados de Latinoamérica y del Caribe (CELAC), a fundarse el 5 de julio en Caracas, con más de 20 países, sin la intromisión de los únicos dos imperios del hemisferio. Aunque no tenga el valor del ALBA, no deja de ser una entidad no controlada por los Estados Unidos.
Al subsecretario se le escapó alguna ingeniería diplomática y de inteligencia, que impidiera el bilateralismo como mecanismo dominante entre Venezuela y Colombia. Que sean el presidente Hugo Chávez, un anti yanqui confeso, y Manuel Santos los encargados de buscar un arreglo en Honduras, votado en la reunión de cancilleres del proyecto CELAC, no fue del agrado del Departamento de Estado.
La última razón es tan nueva como compleja. Se llama Ollanta Humala, el nuevo cuco en Washington. No porque sea un hombre de la izquierda nacionalista como Chávez o Evo Morales. Pero a Valenzuela “se le escapó” un personaje que puede ser presidente del Perú y no se disciplina al dominio. Eso sería caro al cordón del Pacífico, agrupación subregional que sirve a los intereses estadounidenses. Pero, además, por una razón más profunda: Humala, a pesar de sus mensajes esperanzadores, no responde al establishment de la lumpen burguesía peruana, menos al gobierno de Obama. Y es visto por los trabajadores y pobres de Perú, más o menos como vieron a Chávez en 1992. Bajo el peso de esos factores, el vuelo de Valenzuela fue corto en los dos años y cuatro meses que acompañó al premio Nobel de la guerra, la tortura y el asesinato de terroristas sin destino.

Publicado en :
http://tiempo.elargentino.com/notas/grietas-los-tiempos-de-dominacion-imperialista