miércoles, 31 de enero de 2024
viernes, 5 de febrero de 2021
DANIEL FEIERSTEIN: "La subjetividad contemporánea es comprometer el futuro en aras de disfrutar el presente"
2) Branko Milanovic, economista serbio, ha analizado el rol de la impaciencia, en este artículo sobre el fracaso de muchas sociedades occidentales en la lucha contra la pandemia: https://t.co/uJwLcR1tHD
— Daniel Feierstein (@DanielFeiers) February 4, 2021
4) Tanto Freud como Winicott han trabajado mucho esta conquista en la construcción de la subjetividad humana, algo que también han constatado las neurociencias: muchas veces resignar algo en el presente constituye la posibilidad de un mejor desempeño o un logro futuro
— Daniel Feierstein (@DanielFeiers) February 4, 2021
6) En lugar de sacrificar algo en el presente en aras de conseguir algo mejor en el futuro, la conminación de la subjetividad contemporánea es comprometer el futuro en aras de disfrutar el presente. El cambio climático es uno de los mejores ejemplos de sus consecuencias
— Daniel Feierstein (@DanielFeiers) February 4, 2021
8) Ergo: las restricciones debían "renovarse" (la cuarentena que parecía "interminable" en AMBA) y/o se abandonaron, aceptando "que mueran los que tengan que morir" y convenciéndose de la ineficacia de cualquier medida de cuidado
— Daniel Feierstein (@DanielFeiers) February 4, 2021
10) Esta dificultad para el aplazamiento de la gratificación o la aceptación de cualquier sacrificio se observa ahora en el debate sobre la posibilidad de apertura de la presencialidad escolar
— Daniel Feierstein (@DanielFeiers) February 4, 2021
12) Esta estrategia de baja de contagios puede hacerse de dos maneras: cierre muy estricto y total de actividades por 3 o 4 semanas o cierres intermitentes, selectivos y planificados por 3-4 meses. En un caso la baja es instantánea, en el otro gradual. Dos sacrificios distintos
— Daniel Feierstein (@DanielFeiers) February 4, 2021
14) Como no se quiere aceptar ningún sacrificio, se pasa rápido a la proyección: la culpa es de los docentes que no quieren ir a dar clases (como si no hubiesen dado clases durante todo 2020, teniendo además que pagar por sus instrumentos de trabajo y comprometer tiempo no pago)
— Daniel Feierstein (@DanielFeiers) February 4, 2021
16) El único modo de una vuelta viable a clases presenciales sería con un número de contagios más bajo (preferentemente un número que rondara entre 500 y 2000 casos detectados diarios a nivel nacional), según recomendaciones del CDC u otras estimaciones
— Daniel Feierstein (@DanielFeiers) February 4, 2021
Publicado en:
https://twitter.com/DanielFeiers/status/1357139231945224193
lunes, 14 de septiembre de 2020
EL ENANO FASCISTA, por Daniel Feierstein (para "El Cohete a la Luna" y "ElDipló", septiembre de 2020)
Daniel Feierstein analiza los usos del odio para hacer política en su último libro
“Los argentinos tienen un enano fascista adentro”, reza el mito que se inauguró en los últimos años de la dictadura militar y se repitió sin cesar de allí en más. La frase se suele adjudicar a la periodista italiana Oriana Fallaci, aunque no resulta fácil encontrar la fuente documental que de cuenta de la misma. Quizás no fue exactamente así ya que las versiones accesibles en la web de aquella entrevista con Bernardo Neustadt no incluyen esta expresión ni ninguna similar. Como suele ocurrir con los mitos, poco importa quién fue el autor original, sino el impacto que cobra como parte de una narración. En este caso un relato que surgió en los años finales de la dictadura y fue retomada con fuerza durante el período de gobierno de Raúl Alfonsín. Los argentinos teníamos un “enano fascista adentro” y el nuevo consenso “democrático” de los años 80 venía a conjurarlo. El “Nunca Más” también quería referir, entre muchos otros sentidos, a ese “enano fascista” al que los argentinos no dejaríamos volver a emerger y al que domesticaríamos con la democracia.
Este libro no busca referenciarse en ese mito sino, por el contrario, ponerlo en cuestión. No somos los argentinos, como podría creer una periodista italiana eurocéntrica, los raros ejemplares que contamos con un “enano fascista adentro” ni fue la dictadura militar el momento de su emergencia, por mucho que haya sido genocida.
¿Y entonces por qué mantener al “enano fascista” en el título de este libro? La propuesta es aprovechar el mito para revisar el sentido que ha cobrado el término fascismo a lo largo del tiempo y qué vinculaciones puede tener con la realidad argentina del pasado reciente pero, sobre todo, con los desafíos contemporáneos.
Del 27/8 al 26/9
Recurrir a la imagen mítica del “enano fascista” puede resultar útil para comprender que el objetivo fundamental del fascismo, en tanto práctica social, es habilitar y producir comportamientos que pueden efectivamente ser parte de nosotros (como argentinos, pero también en cualquier otro ser humano), así como portamos también la posibilidad de ser solidarios o de luchar por la justicia. Las distintas alternativas de nuestra relación con los otros se encuentran siempre presentes en todo ejemplar de la especie y las luchas por la hegemonía son modos de lograr que determinadas conductas tiendan a primar sobre otras, habilitar y consolidar las mejores o las peores posibilidades que tenemos en tanto seres humanos o grupos sociales en nuestros modos de vincularnos con la comunidad en la que vivimos.
El concepto de “enano fascista” será reformulado aquí como la potencialidad de ser hablados y actuados por el odio, de habilitar formas de violencia específicas que logran redirigir nuestras frustraciones hacia determinadas fracciones sociales que son construidas como “responsables” de lo que nos pasa, descargando sobre ellos el odio que proviene por lo general de las consecuencias que produce en nuestras vidas un sistema opresor, cuyos verdaderos responsables (el poder económico concentrado, grupos transnacionales, el sistema bancario y sus “fondos de inversión”, el extractivismo minero, petrolero o sojero) resultan cada vez más invisibles.
A ello se suma la convicción y necesidad de comprender que el “enano fascista” se construye. Ello requiere observar que nuestras prácticas son producto de procesos socio-históricos que tienden a habilitar, facilitar o bloquear distintos modos de relación social. Que el “enano fascista” sea una construcción no implica que no pueda instalarse con fuerza como práctica hegemónica, procesar y determinar los modos por los que definimos nuestra identidad y la identidad de aquellos que nos rodean.
Una periodista italiana antifascista en la Argentina del fin de la dictadura
Oriana Fallaci nació en la Italia fascista en 1929, fue hija de un partisano y, como adolescente, se sumó a la resistencia contra la ocupación de Italia, hacia el final de la guerra. Periodista polémica e incisiva, fue corresponsal de guerra en Vietnam y entrevistó a la mayor parte de las figuras políticas más relevantes de las décadas del 70 y del 80. A medida que pasaron los años, se fue ubicando, paradójicamente, más y más cerca de una nueva derecha anti-inmigrante que se consolidó con el fin de la guerra fría, hasta terminar sus últimos años desarrollando una virulenta islamofobia, con llamativos puntos de contacto con aquel fascismo al que enfrentara durante tanto tiempo.
Sin embargo, y más allá de la decepción de sus años finales, para los argentinos que crecimos en el terror desplegado por la última dictadura, la visita de Oriana Fallaci en aquellos tempranos ochenta constituyó un claro incentivo para legitimar y consolidar la naciente militancia política de una generación que hacía sus primeros pasos en el contexto del terror impuesto por los campos de concentración por los que habían circulado la generación de nuestros padres o la de nuestros hermanos mayores.
Que una mujer pudiera decirle en la cara a Galtieri “dictador” y “torturador” en una entrevista pública en junio de 1982, que pudiera cruzar a los periodistas argentinos un año después diciéndoles “Ustedes tuvieron aquí un genocidio. Algo tan atroz no es posible sin una prensa cómplice”. Que tratara de colaboracionista al mismísimo Bernardo Neustadt al aire, en su programa Tiempo Nuevo, por canal 13, nos hacía sentir que la militancia — aún clandestina en aquellos años, pero en un contexto de nuevos aires y con la mayoría de los campos de concentración ya desmantelados — podía forzar la retirada de los militares.
Cuenta el mito que fue justamente en una de aquellas visitas de Fallaci al país, en aquel cruce con Bernardo Neustadt en 1983, que creó la ingeniosa frase que se haría emblema. Raúl Alfonsín la transformó en un caballito de batalla de su verba discursiva. El mal argentino de los golpes militares reiterados, el bombardeo de la Plaza de Mayo, las luchas políticas de los años 60 y 70 y la dictadura genocida se explicaban porque “los argentinos tenemos un enano fascista adentro”. Alfonsín se sentía llamado a exorcizar a nuestro enano de la mano de la democracia, con la que “se come, se cura y se educa”. Exorcizar al enano fascista era uno de los modos en los que el naciente alfonsinismo pensaba la “educación” de un pueblo al que se caracterizaba como “envuelto en la violencia”, un modo prototípico y problemático de construir una narración sobre los orígenes y consecuencias del genocidio vivido en la década del 70, modo que ha vuelto a tomar fuerza en la última década, de la mano de numerosos periodistas, historiadores o cientistas sociales que parecen haber retrocedido en el tiempo a aquella coyuntura.
Se desplegará en este trabajo que la última dictadura argentina fue genocida pero no fascista, en tanto no logró movilizar a amplios sectores de la población para sumarlos al despliegue directo de la violencia. Fue más bien efectiva en el objetivo de paralizarnos, de sumergir a la mayoría de los argentinos en su cotidianeidad, desconfiando de parientes, vecinos o compañeros de trabajo y cerrando sus ojos y oídos para evitar enterarse de la magnitud de la destrucción. Este libro no comparte el mantra de que la argentina fue una sociedad “violenta”, en el sentido igualador de la violencia que las lógicas de los dos demonios han intentado construir como narración exculpatoria del genocidio.
La dictadura militar, con su horror y sus campos de concentración, se propuso paralizar a la población y activar no tanto el odio ni la violencia sino más bien la desconfianza y el individualismo, buscó habilitar el “sálvese quien pueda” y el “a mí no me ha pasado nada”. La dictadura no nos transformó en fascistas sino en aquellos monitos que denunciara tempranamente la revista Humor, tapando sus ojos y oídos para no ver lo que ocurría.
Las estrategias de la derecha argentina, en esta última década, comienzan a proponernos algo paradójicamente peor: estas nuevas derechas buscan incentivar nuestros odios, transformar a nuestras frustraciones ya no en parálisis sino en agresión frente al familiar, el par, el vecino. Ahora se nos propone desatar la violencia contenida contra el inmigrante, el desocupado, el piquetero, el negro, el vendedor ambulante, el ratero, el manifestante urbano, la abortera, el árabe, el gitano o el judío. Insultarlos, molerlos a palos, atacarlos en banda, lincharlos, atropellarlos, acuchillarlos. Exactamente de eso se trata el fascismo en tanto práctica social. No fue cierta la “violencia social” colectivizada que postulan los defensores de los dos demonios para la época del genocidio pero, paradójicamente, sí quieren llevarnos a una violencia social colectivizada hoy, como parte de una estrategia de opresión.
Oriana Fallaci denunció la parálisis y la complicidad de numerosos sectores de la sociedad argentina con la dictadura. Y muy en especial de una prensa cómplice, que no sólo callaba sino que ofrecía sus páginas para las operaciones de los servicios de inteligencia.
Pero hoy muchos de esos periodistas — o sus herederos, porque en la mayoría de los casos los periodistas de hoy eran niños o adolescentes durante la dictadura o algunos incluso nacieron después de su finalización —no sólo prestan otra vez sus medios y su voz para las operaciones de los servicios de inteligencia sino que muchos de ellos ahora llaman a la población a indignarse, a ejercer una violencia en banda, cobarde, la de los muchos moliendo a patadas a una persona en el suelo, la de quienes se envalentonan quemando a quienes se ven obligados a dormir en la calle, la de quienes atacan a golpes a alguien porque es negro, boliviano, paraguayo o porque usa una kipá, intentando al mismo tiempo convencernos de que una vida vale menos que un celular o una bicicleta, que el “cumplimiento de la ley” (aunque sea la ley de circular sin inconvenientes de casa al trabajo) justifica la más dura represión, el encarcelamiento e incluso el asesinato de aquellos que osen ocupar el espacio público con la protesta.
Ya no nos quieren encerrados en nuestras casas y haciendo oídos sordos al terror. Quieren que seamos nosotros quienes salgamos a insultar, a golpear, a agredir, a escupir. Incluso a matar. Nos incitan a ello desde los medios de comunicación e incluso desde algunos cargos públicos. Nos reiteran una y otra vez que “los argentinos hemos sido muy dóciles”. Pero parece que insubordinarnos y dejar de ser dóciles no sería enfrentarnos al poder concentrado, a la injusticia sino, como buenos cobardes, desquitarnos con aquellos que sufren más que nosotros, con los que reclaman dignidad cortando una calle o una ruta, organizando una huelga o reclamando por sus derechos.
Al tiempo que con la lucha popular lográbamos derrotar la impunidad de los genocidas, allí a comienzos del siglo XXI, se iba gestando el huevo de la serpiente fascista en los subsuelos de la sociedad argentina, de la mano de la versión recargada de los dos demonios, del discurso sobre la inseguridad, de la estigmatización del piquetero, del huelguista o del maestro y de la mano también de un nuevo periodismo soez y descalificatorio y una nueva política que han hecho del insulto, la burla, la chicana, la denigración y las operaciones de inteligencia o los “carpetazos” sus herramientas más efectivas.
Este libro busca desplegar algunas de estas preguntas, aportando una reflexión sobre cómo es posible pensar al fascismo en tanto práctica social, cuáles de dichos elementos comienzan a darse cita en el contexto argentino, qué similitudes y diferencias pueden encontrarse con las formas clásicas y canónicas de las experiencias fascistas (los casos español, italiano y alemán en la Europa de la primera mitad del siglo XX) y, sobre todo, el sentido que puede tener pensar la necesidad de conformación de un frente antifascista, como modo de articular a los muy distintos y variados espacios de militancia que, teniendo fuertes diferencias en otras caracterizaciones y posicionamientos políticos, podrían confluir en la lucha por impedir este nuevo posible giro de las derechas argentinas.
La preocupación que inspira este libro es la percepción que hay quienes comienzan a pensar seriamente en desplegar la posibilidad de una salida fascista a las consecuencias de una profunda crisis económica, socio-política e incluso generacional y de las funciones masculinas y femeninas, incluso paternas y maternas. Y que sólo una detección temprana, la comprensión de sus lógicas (viejas y nuevas) y la creación de un frente antifascista plural para contenerlo podrá conjurar dicho peligro.
*Anticipo de La construcción del enano fascista: los usos del odio como estrategia
polÌtica en Argentina, editado por Capital Intelectual.
Publicado en:
https://www.elcohetealaluna.com/el-enano-fascista/
martes, 1 de septiembre de 2020
DANIEL FEIERSTEIN: "El COVID 19 desnuda el quiebre de la posibilidad de pensarnos como comunidad"
2) El hecho de que José interpretara el sueño del Faraón como siete años de bonanza y luego otros siete de malas cosechas le permite al pueblo egipcio ahorrar (acumular) en los siete años buenos para poder subsistir los siete años malos. De eso se trata una comunidad— Daniel Feierstein (@DanielFeiers) August 30, 2020
4) No podemos decir q la humanidad no ha acumulado suficiente riqueza para poder protegerse unos meses y averiguar el nivel de letalidad del virus, conseguir la vacuna o conocer más acerca de las secuelas. Jamás hubo tanta acumulación de riqueza y capacidad de producción como hoy— Daniel Feierstein (@DanielFeiers) August 30, 2020
6) Algunos países (entre ellos el nuestro) amagaron con un primer intento de cuidado, pero duró bastante poco. El show del capitalismo debía continuar y eso ha quedado claro a límites absurdos como la actual apertura de bares y restaurantes en el momento de pico en subida en AMBA— Daniel Feierstein (@DanielFeiers) August 30, 2020
8) Agradezco a @jorgeluisaliaga por facilitarme los globales que ubican a Argentina en 177 fallecidos por millón (ya en el top 20 y subiendo) con un pico de 667 en la Ciudad de Buenos Aires (sí, ahí donde abrieron los bares y restaurantes)— Daniel Feierstein (@DanielFeiers) August 30, 2020
10) A esta altura ya podemos decir que la decisión general (pese al reproche inicial a Trump o Bolsonaro) ha sido justamente la de Trump y Bolsonaro: cuidar a la población resulta muy caro y no se puede detener la máquina de producción de riqueza— Daniel Feierstein (@DanielFeiers) August 30, 2020
12) Ello ha dado lugar a las conductas de negación más extrema, ante la incredulidad y dolor del personal hospitalario que mientras se inmola día a día cuidando a los enfermos y poniendo sus muertos observa al resto tomando cerveza en un bar sin barbijo u organizando cumpleaños— Daniel Feierstein (@DanielFeiers) August 30, 2020
14)... hasta la mayoría de los economistas asumiendo la imposibilidad de la detención del flujo de la producción no esencial como si el aumento de la pobreza fuera una variable de la naturaleza y no una decisión sobre los modos de distribución de la riqueza humana— Daniel Feierstein (@DanielFeiers) August 30, 2020
16) Con los datos que tenemos hoy, es de esperar que cuando se conozcan los números reales de muertos de estos años y el coronavirus sea historia, habrán sido varios millones (ya hay casi 900.000 confirmados), muchísimo más que los muertos anuales por influenza— Daniel Feierstein (@DanielFeiers) August 30, 2020
18) Cuando el José de hoy nos vino a contar que tendríamos un año malo, la respuesta fue gritarle que mentía, violar toda posible cooperación, insistir en q compartir la riqueza es imposible y aceptar que murieran los que tuvieran que morir porque "siempre muere gente"— Daniel Feierstein (@DanielFeiers) August 30, 2020
qué duro y triste lo que estamos viviendo. Gracias por este hilo impecable. un abrazo.— López SERÁ LEY💚 (@julianlopezok) August 30, 2020
Publicado en:
https://twitter.com/DanielFeiers/status/1300094741552541697?s=08

