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martes, 3 de febrero de 2015

UN DISPARO EN LA OSCURIDAD, por Daniel Cecchini (para "Miradas al Sur" del 01-02-15)

Arriba : Alberto Nisman; Cristina Fernández de Kirchner; Antonio "Jaime" Stiuso; Diego Lagomarsino


El encadenamiento de hechos que precedieron y siguieron a la muerte del fiscal Alberto Nisman y el contexto de una campaña desestabilizadora. Entre la vieja Secretaría de Inteligencia y el proyecto de una Agencia Federal.



A dos semanas de la caratulada “muerte dudosa” del fiscal especial de la causa AMIA, Alberto Nisman, la investigación sobre las razones, las circunstancias y la manera en que dejó este mundo sigue a la espera del resultado de pericias claves que, quizás, puedan sacarla aunque sea un poco de la nebulosa en la que están envueltas.
Lo que sí deja cada día menos espacio para las dudas es que esa muerte –ya se trate de un suicidio inducido, de un suicidio a secas o de un homicidio, como plantean las diferentes líneas de investigación– está jugando un papel clave de una estrategia destituyente, con la modalidad de los llamados “golpes blandos”, que incluye, previamente articuladas o simplemente atadas con alambre sobre la marcha, operaciones judiciales, mediáticas y de inteligencia. Porque a esta altura de los acontecimientos, sin estar mediada por la muerte de Nisman,  la denuncia por “confabulación criminal (para) decidir, negociar y organizar la impunidad de los prófugos iraníes en la causa AMIA con el propósito de fabricar la inocencia de Irán” realizada por el fiscal habría quedado enterrada como una mala pieza de dudosa construcción jurídica.
En este contexto, la decisión de Cristina Fernández de Kirchner de convocar sesiones extraordinarias en el Congreso Nacional para el tratamiento del proyecto de ley que disuelve la actual Secretaría de Inteligencia (SI) y propone la creación de una Agencia Federal de Inteligencia (AFI) –cuyo funcionamiento, por lo menos en la letra del proyecto, sería más transparente y acorde con la vida democrática– es indudablemente una maniobra defensiva del Gobierno pero, a la vez, abre la posibilidad de un importante salto en favor de la calidad institucional de la democracia argentina. “Esta es una deuda de la democracia. Tal vez me toca a mí hacer esta reforma. Hemos visto una suerte de calesita permanente de fiscales, jueces, medios de comunicación, que evidentemente ha quedado descubierta y que hay que cortar de cuajo”, dijo la Presidenta al anunciar el desmonte de la Secretaría de Inteligencia y el envío del proyecto de ley para su reemplazo por la AFI.

La secuencia. En medio del mar de especulaciones, falsas verdades, mentiras maquilladas, jugadas judiciales y bombardeo mediático montado alrededor de la muerte de Nisman y sus circunstancias, conviene recuperar una secuencia de hechos que puede servir de línea maestra para tratar de comprender lo que viene sucediendo.
 El 16 de diciembre, la Presidenta pidió las renuncias del jefe y el subjefe de la Secretaría de Inteligencia, Héctor Icazuriaga y Francisco Larcher, y designó para reemplazarlos al hasta entonces secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli, y como segundo a Juan Martín Mena, hasta ese momento subsecretario de Política Criminal del Ministerio de Justicia. Con la llegada de las nuevas autoridades, fue también desplazado de su cargo el temible director de Reunión Interior de la SI, Antonio Stiusso, un hombre que había entrado en la ex SIDE en 1972 y hecho carrera durante la dictadura y los sucesivos gobiernos de Alfonsín, Menem, De la Rúa, Duhalde y Néstor Kirchner. Y un dato clave: desde hacía más de diez años, Stiusso era el agente de la SI que más estrechamente trabajaba con Nisman en la causa que investiga el atentado contra la AMIA.
 El 12 de enero, el fiscal Alberto Nisman regresó –inesperadamente o no– de un viaje que realizaba por Europa con una de sus hijas. En un mensaje de Whatsapp enviado a algunos de sus contactos más cercanos, Nisman explicó: “Debí suspender intempestivamente mi viaje de 15 años (se refiere al cumpleaños de su hija) a Europa con mi hija y volverme. Imaginarán lo que eso significa. A veces en la vida los momentos no se eligen. Simplemente las cosas suceden, y eso es por algo. Esto que voy a hacer ahora igual iba a ocurrir. Ya estaba decidido. Hace tiempo que vengo preparándome para esto, pero no lo imaginaba tan pronto. Me juego mucho en esto”. Del mensaje se desprende que Nisman no tenía previsto regresar para esa fecha. Sin embargo, la investigación de su muerte, a cargo de la fiscal Viviana Fein, pudo establecer que desde diciembre Nisman tenía un pasaje de vuelta a Buenos Aires para el 12 de enero. El mensaje y el dato son contradictorios, a no ser que Nisman hubiera ocultado a todos (incluida a su ex mujer, la jueza Sandra Arroyo Salgado, que también estaba en Europa) su intención de regresar para esa fecha.
 El 14 de enero, Nisman presentó una declaración denunciando a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, al canciller Héctor Timerman y a otros dirigentes políticos de encubrir a los iraníes acusados de haber sido los autores ideológicos del atentado contra la sede de la AMIA. La denuncia, que pedía la suspensión de la Feria Judicial, fue a parar al Juzgado de turno de María Romilda Servini de Cubría, quien rechazó el pedido.
 El 15 de enero, según el diario uruguayo El Observador, Stiusso viajó desde Montevideo –donde aparentemente descansaba desde poco después de haber sido desplazado de la SI– a Buenos Aires.
 El 18 de enero, el fiscal Alberto Nisman es hallado muerto con un disparo calibre .22 en la cabeza, en el baño de su departamento. Su cuerpo trababa la puerta del baño, impidiendo la entrada. El arma pertenecía a un colaborador informático de la Fiscalía, Diego Lagomarsino, quien declaró que Nisman se la había pedido el día anterior para protegerse.
 El 20 de enero, el Centro de Información Judicial publicó el texto completo de la denuncia de Nisman. Por su estructura y contenido, numerosos especialistas lo consideraron más un texto salido de las entrañas de un servicio de inteligencia que de la pluma de un fiscal de reconocida trayectoria y capacidad profesional.
 El 29 de enero, entrevistado por el periodista Luis Gasulla, de Perfil.com, el ex agente de la SIDE Luis Velázquez acusó a Stiusso de provocar la muerte de Nisman. “La persona que lo traicionó fue el mismo Jaime Stiusso, porque Nisman le pidió unas escuchas para completar el informe final y se las negó. Jaime le dijo que no. La denuncia es lo que dijo Pepe Eliaschev y había muchas cosas más que no aparecieron. Se vio víctima, padeció una puñalada trapera que la sufren todos los del entorno de Jaime. Se vio solo y se mató.”
Hasta aquí la sucesión de hechos, desprendida de toda la hojarasca confusional con la cual se la ha ido rodeando. Si se los pone en el contexto de una operación destituyente que articula maniobras de inteligencia, operaciones judiciales y campañas mediáticas, cualquier lector mínimamente avisado podrá sacar más de una conclusión.
Lo viejo y lo que vendrá. En la Argentina funcionan hoy más de una decena de servicios de inteligencia, además de la Secretaría de Inteligencia cuyo funcionamiento propone interrumpir el proyecto de ley anunciado por Cristina Fernández de Kirchner. La mayoría de ellos dependen de las Fuerzas Armadas y de Seguridad. Hasta hace poco, la SI era la más favorecida con los fondos destinados a tareas de inteligencia. En el Presupuesto de 2014, se le adjudicaron 1.874 millones de pesos, de los cuales 1.492 millones fueron destinados a pagar los salarios de un número desconocido de agentes. Sin embargo, en los últimos tiempos, la SI perdió ese lugar de privilegio, desplazada por el Servicio de Inteligencia del Ejército, desde donde se catapultó a la jefatura de la fuerza el general César Milani, acusado de crímenes de lesa humanidad.
Apenas recuperada la democracia, el gobierno de Raúl Alfonsín intentó depurarla, separando de su estructura a personal de las Fuerzas Armadas que la habían nutrido durante la dictadura. Pero para reformarla, a falta de expertos propios, buscó el asesoramiento de servicios secretos extranjeros, fundamentalmente franceses e israelíes, que no sólo colaboraron en la tarea sino que, al mismo tiempo, captaron agentes para su beneficio en la propia estructura de la entonces llamada SIDE. “El problema es que cuando subió el ex presidente Raúl Alfonsín al poder, al retorno de la democracia, se encontró con una Inteligencia taponada de militares. Dejó 1.200 agentes afuera, que son los que luego le hicieron la vida imposible con atentados y operaciones de prensa. El caso es que les encargó la reestructuración de los servicios de Inteligencia a la Securité francesa y al Mossad israelí. Esto es oficial, no un trascendido. Y ellos dejaron sus propios topos, y también los de la CIA”, denunció hace unos días, en una entrevista concedida al diario español Público, el abogado Juan Gabriel Labake, defensor de Alberto Kanoore Edul, acusado de comprar el vehículo que se utilizó en el atentado contra la AMIA.
En caso de aprobarse el proyecto de ley enviado por la Presidenta al Congreso (ver A favor y en contra del proyecto de ley), uno de los principales desafíos que enfrentará la nueva Agencia Federal de Inteligencia será la de formación de agentes con una capacitación profesional compatible con la vida democrática. En este sentido, el funcionamiento del área de Inteligencia de la Policía de Seguridad Aeroportuaria, una fuerza creada por este gobierno, puede constituirse en una referencia importante.
El proyecto establece que el trabajo de la inteligencia nacional consiste en la obtención, reunión, sistematización y análisis de la información específica referida a hechos, riesgos y conflictos que afecten la seguridad de la Nación y sus habitantes. Y tipifica, específicamente, en qué consiste cada hecho para la prevención de amenazas internacionales provenientes del terrorismo, el narcotráfico, el tráfico de armas, la trata de personas, los cyber-delitos y los delitos contra el orden económico y financiero, así como también toda otra forma de criminalidad organizada en forma internacional. Además, se dispone que las actividades de inteligencia interna quedarán fijas a delitos federales graves. Se establece, también, que la Agencia será el órgano superior de estas tareas. Asimismo, la AFI será el órgano superior que estará a cargo de las tareas vinculadas con las escuchas que ordenen los jueces. Establece, además, la transferencia a la Procuración del Ministerio Fiscal, del Sistema de Observaciones Judiciales que hasta ahora estaba en el ámbito del Poder Ejecutivo.
Sólo en la práctica se verá si esta intención es capaz de romper con décadas de prácticas oscuras de millares de espías que, por lo general, han utilizado sus posiciones para favorecer intereses diferentes a los que marca la ley.

Lo más importante 
AFI. El proyecto plantea la creación de una Agencia Federal de Inteligencia en lugar de la Secretaría de Inteligencia.
Escuchas. El sistema de Observaciones Judiciales pasará a la órbita de la Procuración.

Contacto. Los vínculos de cualquier funcionario con la AFI se harán sólo a través de los directores del organismo.
Plazo. La Presidenta solicitó que el proyecto establezca un plazo de 90 días para entrar en vigencia.
Datos. Se crearán bancos de protección de datos y archivos para controlar la información.
Penas. se establecerán penas de 3 a 10 años de prisión para toda persona que intercepte, capte y
desvíe ilegalmente las escuchas ordenadas por la Justicia.


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domingo, 19 de mayo de 2013

El protagonista oculto del último show mediático de Clarín, por Daniel Cecchini (para “Miradas al Sur” del 19-05-13)




Miradas al Sur. Año 6. Edición número 261. Domingo 19 de mayo de 2013
Por 
 Daniel Cecchini

El DNU firmado por Mauricio Macri y los rumores sobre la “intervención” del Grupo apuntan a frenar una ley que le haría perder el control de Papel Prensa.
Esta semana, los caballitos de batalla de “defensa de la libertad de expresión” y “ataques al periodismo independiente” aceleraron el paso, pasaron al trote y se desataron en un galope desbocado que llegó a su precaria línea de meta con un decreto de necesidad y urgencia de Mauricio Macri que no soporta el análisis jurídico más superficial y con un rumor de “intervención a Clarín” que no se sostiene con hecho alguno. Detrás de este caceroleo mediático –uno más de los orquestados por el grupo periodístico más concentrado de la Argentina en su batalla contra el Gobierno Nacional– se esconde, esta vez, el temor del Grupo Clarín a perder el control de Papel Prensa, la empresa de la que se apropió en complicidad con los dictadores utilizando las herramientas del terrorismo de Estado y que se convirtió en la piedra angular para la construcción del poder económico y comunicacional que hoy detenta.
Mauricio Macri demostró que es capaz de cumplir cualquier tarea que se le asigne si eso le permite que el multimedios y sus asociados lo ayuden a posicionarse como única cabeza posible de una oposición disgregada que, a esta altura, sólo se pegotea con el débil engrudo del no sé de qué se trata pero me opongo. Miradas al Sur pudo saber que el decreto de necesidad y urgencia para “la protección de libertad de prensa” –en cuya elaboración participaron abogados del Grupo Clarín– estaba redactado desde diciembre pasado a la espera de la oportunidad propicia para ponerlo en juego. Se trató de una jugada exclusivamente mediática, ya que su entidad jurídica se cae por sí misma: viola cinco artículos de la Constitución Nacional –como señala el amparo presentado por los diputados de Nuevo Encuentro– y pretende poner al gobierno de la Ciudad y a la Justicia local por encima de las facultades del Estado Nacional.
Los rumores de la intervención al Grupo Clarín por parte del Gobierno Nacional, de la misma manera, no pasaron de ser el resultado de la sobreactuación deliberadamente histérica de algunas de las principales espadas periodísticas del monopolio –encabezadas por Jorge Lanata–, una de las cuales llegó a cerrar su programa en TN despidiéndose: “Hasta el lunes… si es que hay lunes”. Nada en el universo –salvo un sorpresivo Apocalipsis– hace sospechar que mañana no amanecerá lunes ni que ese periodista no pueda hacer su programa.
Detrás de escena. La parafernalia comunicacional desatada porClarín y algunos de sus sirvientes políticos en defensa del autodenominado periodismo independiente oculta la verdadera preocupación que, a estas horas, desvela a los capitostes del Grupo: el proyecto de ley presentado por varios legisladores del oficialismo para expropiar el 24% de las acciones de Papel Prensa, lo que, de concretarse, le quitaría el control de la empresa a Clarín y La Nación, quienes en conjunto son hoy sus accionistas mayoritarios.
En estos días de desafinadas cacerolas mediáticas conviene traer al presente una vez más la sombría historia que permitió a Clarín y La Nación –en un primer momento en sociedad con La Razón– hacerse de Papel Prensa para, mediante el monopolio de la producción del papel de diarios, presionar, controlar y hasta decidir la vida o la muerte del resto de los medios gráficos de la Argentina. Apenas instalada la última dictadura cívico-militar, desde la Casa Rosada ocupada y desde el entonces Comando en Jefe del Ejército se inició una maniobra de pinzas: por un lado presionar al Grupo Graiver –propietario de la mayoría accionaria de la empresa– para que se desprendiera a precio vil de Papel Prensa y, por el otro, buscar empresas periodísticas cómplices para que se hicieran cargo de ella. Esto último fue confirmado a la periodista Graciela Mochkosky por dos protagonistas de los hechos: el secretario general de la presidencia de Videla, el general Rogelio Villarreal, y el ex dueño del diario La Razón, Patricio Peralta Ramos. La transferencia obligada de las acciones se realizó entre noviembre de 1976 y abril de 1977. Apenas firmados los últimos papeles, la mayoría de los integrantes del Grupo Graiver fueron secuestrados, torturados por los grupos de tareas del llamado Circuito Camps y luego sometidos a consejos de guerra presididos por el general Bartolomé Gallino. Por su participación en esta maniobra de apropiación hoy están imputados por delitos de lesa humanidad Ernestina Herrera de Noble, Héctor Magnetto, Bartolomé Mitre, entre otros directivos de los diarios y ex funcionarios de la dictadura.
Apenas se apropiaron de la empresa, los tres diarios, propietarios de la mayoría accionaria, firmaron un pacto secreto de sindicación de acciones que recién salió a la luz en 2010. Mediante este acuerdo, los directivos de las tres empresas periodísticas se comprometían a votar siempre juntos, para imponer su voluntad al socio minoritario, el Estado Nacional. Desde ese momento, Clarín, La Nación y La Razónrealizaron una maniobra que les dio una enorme ventaja competitiva frente al resto de los medios gráficos de la Argentina: subsidiaron sus compras de papel de diario a precio muy bajo –lo que ocasionó pérdidas a la empresa– a la vez que fijaron precios muchos más altos para el resto de los compradores. También manejaron los cupos de producción, de modo de abastecer o no del insumo a la competencia.
Desde la quiebra de La RazónClarín se transformó en propietario del 49% de las acciones, mientras que La Nación se quedó con el 23% (entre ambos tienen el 72%) frente a un 27,4% propiedad del Estado Nacional y un 0,5% que está en manos de otros accionistas.
A partir de la sanción, el año pasado, de la Ley que declaró de interés público la producción del papel de diario y fijó un precio igualitario para todos los compradores, Clarín y La Nación resistieron este paso hacia la democratización de la comunicación gráfica en la Argentina mediante el no cumplimiento de los cupos necesarios para garantizar el abastecimiento.
Por estos días, La Comisión Federal Asesora (CFA) para la promoción y uso sustentable del papel para diario –creada por esa ley– elaboró un informe que desnuda otra de las maniobras que realizan Clarín y La Nación en desmedro de Papel Prensa. Los accionistas mayoritarios redujeron sus compras de papel a la empresa y comenzaron a abastecerse en gran parte de papel importado, que compran a precios preferenciales en virtud al volumen de las compras: Clarín lo consigue a 680 dólares la tonelada, mientras que La Nación lo paga a 588 dólares la tonelada (datos obtenidos del sistema María en 2012). Mientras tanto, Papel Prensa vende su papel al resto de los diarios argentinos a un precio aproximado de 680 dólares la tonelada. Por eso, la misma CFA señaló que “El proyecto (de expropiación del 24% de las acciones) es oportuno y necesario para evitar la evidente intencionalidad de vaciamiento y quiebra de la empresa por parte de sus accionistas privados”.
Detrás de la histeria del show mediático en “defensa de la libertad de prensa” montado por Clarín y sus socios se esconde una oscura maniobra que poco tiene de show y va en el sentido opuesto: evitar la democratización de la comunicación en la Argentina para poder seguir sosteniendo su situación de privilego.

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martes, 6 de noviembre de 2012

Bajo fuego, por Daniel Cecchini (para “Miradas al Sur” del 04-11-12)





Miradas al Sur.Año 5. Edición número 233. Domingo 4 de noviembre de 2012
Por 
Daniel Cecchini
Esta semana, durante el acto de entrega del nuevo Documento Nacional de Identidad número veinte millones, Cristina Fernández de Kirchner se despachó con una frase que, tomada a la ligera, parece producto de una imaginación con inclinaciones conspirativas. “Uno advierte realmente que se está ante una verdadera campaña anti Argentina, producto del éxito que tuvo nuestro patrón de acumulación”, dijo en el Salón de las Mujeres Argentinas de la Casa Rosada.
Sin embargo, la simple enunciación de una cadena (necesariamente incompleta) de hechos ocurridos en los últimos días permite recuperar un contexto en el cual esas palabras cobran un sentido difícil de confundir.
Hace apenas unos días, la calificadora de riesgo Standard & Poor's resolvió bajarle la nota a la deuda soberana de la Argentina de “B” a “B-”, a caballito del fallo de un tribunal estadounidense a favor de los fondos del capital financiero especulativo. Para fundamentar la baja, S&P explicó que esa sentencia –que, vale aclarar, no es definitiva– “podría incrementar efectivamente los pasivos de Argentina y el servicio de la deuda del Gobierno” y que “recientes acontecimientos negativos subrayan los cada vez mayores desafíos que podría seguir afrontando el Gobierno para definir el manejo de su política económica y su programa financiero en el corto plazo”. Deliberadamente, en la redacción del informe, la agencia –que está siendo investigada por el gobierno estadounidense por ocultar informes que alertaban sobre las llamadas “hipotecas basura”– confunde al Estado argentino con el Gobierno argentino para dar un mensaje que no puede malinterpretarse: en la Argentina, el problema es el Gobierno.
Casi al mismo tiempo, pero en Buenos Aires, la empresa Transportadora de Gas del Norte (TGN) –una compañía del Grupo Techint– presentó en la Bolsa otro informe de cuya lectura cualquiera podría suponer que la Argentina está a borde del abismo. “La economía argentina sigue siendo frágil”, señalan los analistas de Techint, por lo que en el país “continúa la incertidumbre”. Y rematan: “La posibilidad de Argentina de obtener financiación externa es muy limitada”.
Montados sobre estos tres hechos –la calificación de S&P, el fallo de un tribunal norteamericano y el informe de TGN–, los analistas y técnicos que cantaban las glorias de la aplicación salvaje del programa neoliberal en los ’90 y algunos políticos de la oposición reiteraron sus discursos catastróficos apuntando al presunto responsable de todos los males: el Gobierno. En la mayoría de los casos lo hicieron –y sus dichos fueron magnificados hasta el hartazgo– por los medios del Grupo Clarín y sus repetidoras. En su pelea contra el Gobierno, el monopolio no duda en afectar los intereses de todos los argentinos, al punto de considerar al lobbysta del capital financiero especulativo Paul Singer como un personaje neutral.
De la misma manera, desde esos medios, se calificó de “sanción” la decisión de la Unión Europea de eliminar las ventajas arancelarias que la Argentina tiene en el comercio con el viejo continente a partir de 2014. Otros afectados son Brasil, Cuba, Uruguay y Venezuela. Lo que no se dijo –o se postergó a un párrafo perdido dentro de los artículos– fue que la medida se debe a que esos países fueron “catalogados en los últimos tres años como economías de renta media-alta por parte del Banco Mundial (BM), basado en el PIB per cápita”. Tampoco se dijo claramente, como señala el informe de la Comisión Europea que lo que la UE busca es “focalizar los beneficios comerciales en los países más necesitados, en detrimento de los que han alcanzado niveles de desarrollo satisfactorios”. En otras palabras, que para la UE, el desarrollo de la Argentina no sólo no es preocupante sino “satisfactorio”.
Mientras tanto, el miércoles pasado en Montevideo, durante la ceremonia de clausura de su asamblea general, la Asociación Internacional de Radiodifusión (AIR) decidió distinguir como “socios de honor” al CEO del Grupo Clarín, Héctor Magnetto, y a Nelson Belfort, del Circuito Nacional de Venezuela; Guillermo Zuluaga, de Grupo Visión Venezuela, y Marcel Granier de Radio Caracas TV, estos tres últimos feroces opositores del gobierno venezolano que preside Hugo Chávez.
Desde la tribuna de la AIR –que le responde de la misma manera que la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP)–, Magnetto aprovechó la oportunidad preparada por él mismo para atacar una vez más al Gobierno nacional en el marco de la batalla por no someterse al plan de desinversión exigido por el artículo 161 de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. “Estamos viviendo un momento, una situación muy especial, donde estamos recibiendo un ataque oficialista muy fuerte, directamente al grupo tras una fachada de una ley de medios”, disparó el mandamás del grupo comunicacional más concentrado de la Argentina. Y agregó que el Gobierno está atropellando escandalosamente (a la Justicia)”. Nada dijo, en cambio, sobre las dádivas del Grupo a los jueces que le son funcionales en esa batalla.
En medio de este bombardeo potenciado mediáticamente cabe destacar la actitud de algunos sectores de la oposición que, más allá de sus discrepancias –muchas veces ásperas y fuertes– con el Gobierno dejaron de lado tentaciones oportunistas para defender los intereses del Estado argentino. Un caso es el de los ex cancilleres de la democracia que firmaron un comunicado de apoyo y solidaridad con el Gobierno en sus esfuerzos por conseguir la liberación de la Fragata Libertad, retenida en Ghana. Firmaron, sin distinción de banderías políticas, Dante Caputo, Domingo Cavallo, Adalberto Rodríguez Giavarini, José María Vernet, Carlos Ruckauf, Rafael Bielsa y Jorge Taiana. En el mismo sentido se pronuncio el Senado –con votos de oficialistas y opositores– con una resolución de “rechazo a la detención ilegal de la Fragata Libertad en Ghana, pues se trata de un acto ilegal, ya que el buque de guerra goza de las inmunidades que la propia República de Ghana reconoce en las diversas convenciones internacionales”. La senadora del peronismo federal Liliana Negre de Alonso sintetizó la posición de los opositores: “La Fragata no es del Ejecutivo, ni de la Presidenta, es de todos los argentinos”. Una declaración más que necesaria cuando la Fragata Espora está atracada en Sudáfrica y el canciller Héctor Timerman se reunió en Pretoria con la ministra de Relaciones Exteriores de ese país, para discutir alternativas ante un posible embargo del buque a instancias de los fondos del capital financiero especulativo.
A contramano de las pretensiones de Magnetto y Cía., parte del arco político opositor demostró que su pelea con el Gobierno tiene ciertos límites: los intereses del Estado nacional. Una posición que, como contrapartida, debería hacer reflexionar a algún legislador oficialista suelto de lengua a la hora de descalificar salvaje e injustificadamente no sólo a un partido político adversario sino a una ideología indudablemente comprometida con los intereses de las mayorías, tanto en la Argentina como en el mundo.

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domingo, 25 de diciembre de 2011

Ahora sí, papel para todos, por Daniel Cecchini (para “Miradas al Sur” del 24-12-11)

Arriba : Amado Boudou. El vicepresidente presidió La Cámara de Senadores que aprobó el proyecto.(TELAM)

Miradas al Sur.Año 4. Edición número 188. Sábado 24 de diciembre de 2011

Por

Daniel Cecchini

dcecchini@miradasalsur.com

El Senado Nacional aprobó una ley fundamental para fortalecer la libertad de expresión en la prensa escrita.

Después de 18 meses de espera en el Congreso, cuando el jueves a la tarde el Senado aprobó la ley que declara de interés público la producción, distribución y comercialización del papel de diario, se dio un paso histórico para afianzar la libertad de expresión en la Argentina. El proyecto, que había recibido media sanción de Diputados la semana pasada, fue aprobado por 41 votos a favor, 26 en contra y una abstención.
La ley pone fin, también, a más de 35 años de ventaja competitiva de los diarios propietarios de la mayoría del paquete accionario de la empresa, Claríny La Nación, que hasta ahora podían regular a su antojo la producción del insumo, comprar todo el papel que necesitaran a un precio diferencial sensiblemente menor al que imponían a los otros días y decidir a quiénes les vendían y a quiénes no. Estas ventajas –producto de un pacto secreto de sindicación entre los dos diarios que recién tomó estado público el año pasado– le permitieron a los accionistas privados, fundamentalmente a Clarín, obtener de manera desleal una posición dominante en el mercado, afectando la libertad de expresión.
Con la norma, Papel Prensa deberá vender el papel al mismo precio a todos los diarios, incluidos Clarín y La Nación, producir al máximo de su capacidad para abastecer la demanda del mercado interno y, en caso de que su producción sea inferior a las necesidades del mercado local, realizar las inversiones necesarias para para aumentarla. En caso de no hacerlas, podrá hacerlas el Estado –accionista minoritario de Papel Prensa– que podría, así, aumentar su participación accionaria en la empresa. El precio será controlado por una Comisión Bicameral, integrada por 8 diputados y 8 senadores, que recibirá diariamente de parte de la empresa información sobre su stock total y disponible.
La Ley también dispone la creación de una Comisión Federal Asesora, que estará integrada por un representante de los diarios de cada una de las provincias y de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, excluyendo a los diarios que participen directa o indirectamente en la producción de papel, y representantes de las asociaciones de consumidores. La autoridad de aplicación será el Ministerio de Economía, que deberá garantizar la producción nacional en todas las etapas de la actividad, dictar normas complementarias, promover en los tribunales las acciones que tiendan a asegurar el cumplimiento del marco regulatorio y establecer normas de calidad.

La apropiación. Entre los fundamentos del proyecto que aprobó el Senado se incluyó el informe “Papel Prensa. La Verdad”, elaborado por la Secretaría de Comercio Interior, donde se estableció que, durante la última dictadura, Clarín, La Nación y La Razón se apropiaron de las acciones de la compañía –propiedad del Grupo Graiver– de manera coercitiva y utilizando las herramientas del terrorismo de Estado.
Precisamente, la causa que investiga la comisión de delitos de lesa humanidad para consumar esta apropiación pasó hace pocos días al juzgado federal de Julián Ercolini, luego de permanecer paralizada durante meses por un conflicto de competencias entre los jueces Daniel Rafecas y Arnaldo Corazza. Esta semana, la querella del Estado, a cargo de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, aportó dos nuevas pruebas: se trata de otros tantos documentos, ahora desclasificados, del Departamento de Estado norteamericano. En uno de ellos, referido a la “libertad de expresión”, se señala que la Junta Militar y los tres diarios apropiadores acordaron una política de aplicación de fuertes impuestos a la importación de papel de diario para obligar a los medios pequeños a comprarle a Papel Prensa a un precio superior. En el otro, se explica cómo Clarín, La Nación y La Razón fueron beneficiados por la dictadura al comprar la empresa “a precios extraordinarios”. Miradas al Sur ha publicado durante los últimos dos años una investigación que demuestra cómo el Grupo Graiver debió desprenderse de las acciones de Papel Prensa bajo amenaza y a precio vil.
Junto con la presentación de estas nuevas pruebas, la querella del Estado solicitó a Ercolini que tome declaración indagatoria a los civiles y militares imputados en la investigación: la directora de Clarín, Ernestina Herrera de Noble; el CEO del Grupo, Héctor Magnetto; el ex director de La Nación Bartolomé Mitre; los ex directivos de La Razón, Marcos, Sergio y Hugo Peralta Ramos; el ex secretario de redacción de Clarín Reinaldo Bandini; el dictador Jorge Videla, el ex ministro de Economía de la dictadura, José Alfredo Martínez de Hoz, y el ex secretario de Industria de Videla, Raymundo Podestá.

Publicado en :

http://sur.infonews.com/notas/ahora-si-papel-para-todos

martes, 1 de marzo de 2011

DE ESTO NO SE HABLA, por Daniel Cecchini (para "Miradas al Sur" del 27-02-11)



Miradas al Sur. Año 3. Edición número 145. Domingo 27 de febrero de 2011
Por Daniel Cecchini
dcecchini@miradasalsur.com

Reporteros sin Fronteras calificó de satisfactoria la libertad de prensa en la Argentina y advirtió sobre el monopolio de Clarín y La Nación en Papel Prensa

El capítulo dedicado a la Argentina en el Informe Anual 2010 sobre la libertad de prensa en el mundo de Reporteros sin Fronteras describe una situación completamente diferente a la que los multimedios concentrados –y las organizaciones de propietarios de medios que les responden– vienen intentando dibujar para crear la sensación generalizada de que el Gobierno argentino está en guerra contra el “periodismo independiente”. Para Reporteros sin Fronteras, “Argentina ocupa un lugar más bien envidiable en la última clasificación mundial de la libertad de prensa”.
Reporteros sin Fronteras es una prestigiosa organización internacional que no responde a intereses de gobiernos ni de empresas periodísticas. En esto se diferencia claramente de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) y de la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (Adepa), cuyos diagnósticos y declaraciones sobre la situación del periodismo en la Argentina adquieren dimensiones catastróficas. Esto último nada tiene de extraño si se tiene en cuenta quiénes manejan estos dos organismos integrados por propietarios de grandes medios: en el Consejo Ejecutivo de la SIP se destaca la presencia de Bartolomé Mitre, accionista y ex director de La Nación, acusado de la apropiación ilegal de Papel Prensa durante la última dictadura militar; en el caso de Adepa, su vicepresidente 1º es Martín Etchevers, de Clarín, hombre de confianza del CEO del Grupo, Héctor Magnetto, también acusado de haber cometidos crímenes de lesa humanidad para despojar al Grupo Graiver de las acciones de la única productora de papel de diarios de la Argentina.
Papel Prensa y el monopolio. Luego de destacar que en nuestro país no hubo, durante el último año, casos de periodistas muertos o encarcelados, el informe se refiere puntualmente a las ventajas competitivas que tienen Clarín y La Nación gracias al monopolio de la producción de papel de diarios. “El Grupo Clarín (propietario del 49% del paquete accionario de Papel Prensa) –explica–, desde su hegemónica posición, maneja e impone el precio del papel sin ningún tipo de regulación. El Estado posee el 27,46% de la papelera, mientras que La Nación maneja el 22%. Según la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, en junio de 2010, la papelera vendió a sus empresas relacionadas entre el 70 y el 80% de su producción. Sucede que son pocos los medios que pueden afrontar un precio impuesto por los periódicos más grandes del país”.
También señala que “el Gobierno asestó un duro golpe al Grupo Clarín al enviar al Congreso un proyecto de ley para regular Papel Prensa, y, al tiempo, para legitimar su iniciativa, elaboró un informe titulado ‘Papel Prensa: La Verdad’ que revela las presuntas irregularidades en la venta de la empresa durante la última dictadura militar a los actuales dueños. A principios de septiembre, la presidenta Cristina Kirchner instruyó al secretario de Derechos Humanos, Eduardo Duhalde, para que impulsara una petición ante la Justicia y determinara si se produjeron crímenes de lesa humanidad para forzar la venta”.
Como saben los lectores de Miradas al Sur, actualmente la causa que investiga el despojo de Papel Prensa en el marco del terrorismo de Estado –que instruye la Fiscalía Federal para delitos de lesa humanidad de La Plata– tiene como imputados a la directora de Clarín, Ernestina Herrera de Noble; al Ceo del Grupo, Héctor Magnetto; al ex director de La Nación, Bartolomé Mitre; a Sergio, Marcos y Hugo Peralta Ramos, ex directivos de La Razón; al dictador Jorge Rafael Videla; al ex ministro de Economía José Alfredo Martínez de Hoz; al ex secretario de Industria de la dictadura, Raymundo Podestá; y al ex secretario de Redacción de Clarín, Reinaldo Bandini, por las gestiones que éste realizara en el Estado Mayor del Ejército durante la apropiación de Papel Prensa. También se le tomó declaración indagatoria al dictador Reinaldo Bignone, a quien se lo interrogó sobre el contenido de sus encuentros con Ernestina Herrera de Noble y Héctor Magnetto durante 1977 –año en que se consumó la apropiación–, cuando era secretario general del Ejército.
Un problema persistente. Para Reporteros sin Fronteras, la concentración en la propiedad de los medios es uno de los problemas persistentes no sólo en la Argentina sino en otros países del Cono Sur americano, como Chile, Uruguay y Paraguay. Y agrega que este control de los medios más poderosos por parte de pocas empresas privadas tiene como consecuencia “restricciones para cubrir acontecimientos”. En otras palabras, hay noticias que son ignoradas por los grandes medios porque van a contramano de sus intereses.
En este sentido, destaca como un paso superador la aprobación en el Congreso de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, y señala el fracaso de las trabas judiciales que el Grupo Clarín ha intentado imponerle. “La Suprema Corte de Justicia de la Nación –dice el informe– anuló por unanimidad, en junio, la suspensión de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, aprobada en marzo a demanda de un diputado”.
Nada de esto, claro, fue publicado por Clarín ni por La Nación. Tampoco se lo mencionó en el canal de noticias TN. Una más de las “restricciones para cubrir acontecimientos” de nuestros defensores del “periodismo independiente”.

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http://sur.elargentino.com/notas/de-esto-no-se-habla