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domingo, 22 de junio de 2025

“CRISTINA CHORRA”, por Mariano Quiroga

 


Joseph Goebbels, Ministro de Información del Tercer Reich


Por: Mariano Quiroga

“Cristina chorra” no es una opinión. Es una estrategia. No es una expresión individual, espontánea, popular. Es una operación sistemática, estudiada, financiada y viralizada a través de laboratorios de guerra cultural. Es una marca. Un dispositivo de poder que sintetiza odio, deslegitimación e imposibilidad de pensar.

Frank Luntz, asesor del Partido Republicano y pionero del framing político, lo explicó sin rodeos: “No importa lo que digas, importa lo que la gente escucha.” Su trabajo consistía en testear qué palabras provocaban miedo, bronca, empatía o rechazo. Así nacieron términos como “impuesto a la muerte” (por impuesto a la herencia), o “clima cambiante” (en vez de cambio climático). Palabras diseñadas para modificar el marco mental desde el cual se interpreta la realidad. ¿Qué hizo la derecha argentina con esto? Lo aprendió y lo aplicó.

“Cristina chorra” no es un insulto. Es un marco. Un framing que encapsula tres operaciones discursivas: 1) la acusación moral, 2) la despolitización y 3) la simplificación emocional. Es breve, sonora, viral. Se instala no porque sea verdadera, sino porque es repetible y genera reacción. Lo mismo ocurre con otras “granadas lingüísticas” como “ñoquis”, “planeros”, “zurdos”, “la casta”. Palabras que no explican nada, pero destruyen todo.

Esta técnica no es nueva. Joseph Goebbels, ministro de propaganda nazi, ya advertía que una mentira repetida mil veces se convierte en verdad. La novedad hoy es la escala algorítmica con la que se propaga. Facebook, Instagram, TikTok, X (ex Twitter), YouTube: todas están diseñadas para amplificar lo que genera reacción emocional inmediata. Y nada provoca más que el odio. Un estudio de Science (MIT, 2018) mostró que las fake news se difunden un 70% más rápido que las noticias verdaderas, y llegan a más personas. ¿Por qué? Porque las mentiras apelan al miedo, la indignación, la sorpresa.

Steve Bannon, estratega de Trump, lo llevó al extremo con su teoría de “flood the zone with shit”: inundar el espacio público de contenido tóxico para que la verdad no tenga lugar. Crear tanto ruido emocional que el adversario no pueda responder sin quedar atrapado en tu propio marco. Si te dicen “chorra” y vos respondés “no soy chorra”, ya perdiste. Validaste el eje de discusión. Te defendés en su cancha.

Jaime Durán Barba perfeccionó esta estrategia para América Latina. Él no cree en la política como espacio racional de ideas, sino como espectáculo de emociones. Sostiene que la gente vota “lo que siente”, no lo que piensa. Por eso impuso una comunicación basada en slogans como “sí, se puede” o “el cambio”, sin contenido, pero con efecto emocional. Su tesis es clara: no se gana convenciendo, se gana emocionando.

La Libertad Avanza entendió esto como nadie. No es un partido. Es una tribu digital. Una comunidad emocional que necesita enemigos para existir. Sus redes no explican, etiquetan. No dialogan, gritan. No debaten, viralizan. No importan los datos, importa el impacto. En este ecosistema, los adversarios son caricaturizados, ridiculizados, convertidos en memes. La complejidad se transforma en meme. La política en burla. El Estado en estafa. Lo común en amenaza.

Los algoritmos ayudan. YouTube prioriza contenido conspirativo; TikTok favorece la repetición emocional; Facebook premia el conflicto; Twitter convierte cada trending topic en una trinchera. Todo está diseñado para que se vea más lo que divide que lo que construye. El resultado: cámaras de eco, burbujas de opinión, radicalización. Un país donde no se discute ideas, se disparan etiquetas.

Y todo esto ocurre bajo una apariencia de espontaneidad. Pero no lo es. Es astroturfing: campañas digitales organizadas que simulan ser “la voz del pueblo”. Detrás de cuentas anónimas hay redes coordinadas, influencers pagos, microinfluencers que propagan marcos narrativos sin que parezca campaña. Se entrenan palabras, se bajan líneas, se activan bots. Nada es casual.

El caso “Cristina chorra” es paradigmático: una etiqueta diseñada para destruir una figura política, no solo electoralmente, sino moralmente. No busca argumentar, busca imposibilitar toda otra lectura. Te hace sentir que no importa lo que hizo, algo raro hay. Te instala la duda como sentido común. Como diría Pierre Bourdieu, convierte una construcción discursiva en percepción obvia.

Entonces, ¿cómo se responde? ¿Qué hacemos frente a una maquinaria que no busca debatir, sino imponer sentido?

Primero, dejar de responder en el marco del adversario. No decir “Cristina no es chorra”. Decir “Cristina es la que garantizó que mi abuela se opere gratis”. Desmarcarse. Reencuadrar. Cambiar el eje.

Segundo, construir nuestro propio lenguaje. Crear palabras propias: “Patria tecnológica”, “Argentina humana”, “trabajo soberano”. Contar historias. Humanizar. Emocionar también. Porque si la derecha gana con emociones, no la vamos a derrotar solo con estadísticas.

Tercero, formar militancia digital. No alcanza con tener razón. Hay que saber comunicarla. Disputar el algoritmo. Pensar piezas, contenidos, relatos que emocionen y convenzan. Que no solo reaccionen, sino propongan.

Y por último, comprender que esto no es solo comunicación. Es una disputa por el sentido común. Por lo que se puede decir, imaginar, desear. La etiqueta “Cristina chorra” es solo la punta del iceberg de un modelo que quiere que odiemos la política, que rechacemos lo público, que desconfiemos del otro.

Por eso no se trata solo de defender a Cristina. Se trata de defender la posibilidad misma de pensar distinto. De tener memoria, justicia, futuro. Se trata de recuperar las palabras. Y con ellas, la dignidad de nombrar nuestro país con esperanza y no con odio.

sábado, 11 de enero de 2025

LA CIENCIA DE LA PROPAGANDA ANTI-RUSA, por Glenn Diesen (para "glenndiesen.substack.com" del 18-12-24)



La propaganda es una ciencia de persuasión que comúnmente elude las consideraciones racionales del individuo, apelando en cambio a la psicología grupal inconsciente. La mente consciente tiende a ser racional, pero el comportamiento y las acciones humanas están en gran medida moldeados por los instintos primordiales y las emociones inconscientes. El individuo racional tiene fuertes impulsos para adaptarse al grupo, por lo que la propaganda busca influir en la psicología grupal irracional.


La propaganda como ciencia


Sigmund Freud exploró la irracionalidad de la "psicología grupal", que supera las capacidades críticas y racionales del individuo. Freud reconoció que "un grupo es extraordinariamente crédulo y abierto a la influencia, no tiene capacidad crítica". [1] La conformidad con las ideas del grupo es poderosa precisamente porque es inconsciente. Freud definió la psicología grupal como: “relacionada con el hombre individual como miembro de una raza, de una nación, de una casta, de una profesión, de una institución o como parte integrante de una multitud de personas”, que forman una conciencia grupal colectiva, un instinto social, un instinto de manada o una mentalidad tribal. [2]


El sobrino de Sigmund Freud, Edward Bernays, desarrolló la literatura fundamental sobre la propaganda política basándose en el trabajo de su tío. Bernays buscaba manipular la conciencia colectiva y la identidad del grupo para controlar los corazones y las mentes de las masas sin que estas fueran conscientes de ser manipuladas:


> “El grupo tiene características mentales distintas de las del individuo y está motivado por impulsos y emociones que no pueden explicarse con base en lo que sabemos sobre la psicología individual. Entonces surgió naturalmente la pregunta: Si entendemos los mecanismos y motivos de la mente grupal, ¿no es posible controlar y regimentar a las masas según nuestra voluntad sin que lo sepan?”. [3]



Edward Bernays y Walter Lippman trabajaron en propaganda para la administración de Woodrow Wilson. Bernays ayudó a convencer al público estadounidense de unirse a la Primera Guerra Mundial al vender la guerra como paz perpetua, con lemas como "la guerra para acabar con todas las guerras" y "hacer el mundo seguro para la democracia".


Después de la Primera Guerra Mundial, Bernays usó su experiencia para manipular la opinión pública con fines comerciales mediante campañas de marketing. Por ejemplo, lideró la campaña "Antorchas de la Libertad", que convenció a las mujeres de que fumar cigarrillos era un acto femenino y emancipador. Bernays pagó a mujeres para que fumaran en el Desfile de Pascua de 1929, siguiendo el principio de la credibilidad de la fuente, ya que la propaganda es más efectiva cuando las personas confían en la fuente y no saben que están siendo influenciadas.


Bernays utilizó los mismos principios de marketing con fines políticos, como cuando fue contratado por United Fruit Company, después de que el gobierno de Guatemala introdujera nuevas leyes laborales para proteger a los trabajadores. Bernays convenció al público estadounidense de que el presidente liberal-capitalista de Guatemala era un comunista que amenazaba las libertades básicas. Esto llevó a que el presidente Eisenhower lanzara una intervención militar para derrocar al gobierno bajo el pretexto de combatir el comunismo.


En la década de 1920, Joseph Goebbels, futuro ministro de propaganda nazi, se convirtió en un admirador de Bernays y emuló sus técnicas. Bernays reconoció más tarde: “Estaban utilizando mis libros como base para una campaña destructiva contra los judíos de Alemania”. [4]…


A medida que el mundo se volvió más complejo, el público general se volvió más dependiente de atajos cognitivos, que a menudo dependen de identidades asignadas para procesar preguntas complejas. Estos atajos son manipulados construyendo estereotipos basados en experiencias reales o ficticias.


La propaganda en las democracias es más frecuente porque se necesita gestionar a las masas cuando la soberanía reside en el público. La propaganda no solo se asocia a medios estatales, sino que tiene mayor influencia cuando se transmite a través de terceros aparentemente neutrales.


Propaganda antirrusa: el virtuoso "nosotros" frente al malvado "otro"

Los seres humanos se organizan en grupos como familias, tribus o naciones para buscar significado y seguridad. La conformidad grupal es un instinto de supervivencia que se refuerza frente a un grupo externo. La "otredad" de un pueblo o estado exagera la identidad y solidaridad del grupo interno, mientras deslegitima al externo.


Rusia ha sido retratada como el "otro" civilizacional frente a Occidente. Durante la Guerra Fría, estas líneas ideológicas se delinearon como capitalismo versus comunismo. Después, se reinterpretaron como democracia versus autoritarismo. La propaganda pinta a Rusia como bárbara y al Occidente como una fuerza civilizadora, ocultando los intereses políticos bajo un lenguaje benévolo de derechos humanos y democracia.


La rusofobia no es transitoria, sino duradera debido a su función geopolítica. Desde los intentos de Pedro el Grande por occidentalizar Rusia, hasta los esfuerzos similares de Yeltsin en los años 90, Rusia no ha logrado escapar de este rol de "otro".


Walter Lippman observó que la propaganda es útil para la guerra pero perjudicial para la paz. La narrativa de una Rusia malvada e imperialista dificulta las negociaciones de paz, ya que la diplomacia se percibe como apaciguamiento.


Sentimiento Anti-Ruso - Wikipedia

El artículo incluye extractos de mi libro "Russophobia: Propaganda in International Politics"


[1] Freud, S., 1921. GroupPsychology and theAnalysisofthe Ego [MassenpsychologieundIch-Analyse], InternationalerPsychoanalytischerVerlag, Vienna, p.13.


[2] Freud, S., 1921. GroupPsychology and theAnalysisofthe Ego [MassenpsychologieundIch-Analyse], InternationalerPsychoanalytischerVerlag, Vienna, p.7.


[3] Bernays, E., 1928. Propaganda. Liveright, New York, p.47.


[4] Bernays, E., 1965. Biographyofan Idea: MemoirsofPublicRelationsCounsel. Simon and Schuster, New York, p.652.


[5] Lippman, W., 1955. ThePublicPhilosophy. Little, Brown & Co., Boston, p.21.


[Manythanksto Matthew Alford forthe audio readingofthisarticle.]

By Glenn Diesen • 

Profesor de ciencias politicas, investigador centrado en geoeconomía, política exterior rusa e integración Euroasiática


Publicado en:

https://glenndiesen.substack.com/p/the-science-of-anti-russian-propaganda


domingo, 16 de julio de 2023

LOS ONCE PRINCIPIOS DE GOEBBELS, por Nora Schvartz

 


Esto publiqué hace años, y está igual de vigente:

11 Principios de Goebbels.


Durán Barba (et alia) no inventó/aron nada. Tan solo aplicó/aron esto:

1. Principio de simplificación y del enemigo único

“Adoptar una única idea, un único símbolo. Individualizar al adversario en un único enemigo“


2. Principio del método de contagio

“Reunir diversos adversarios en una sola categoría o individuo. Los adversarios han de constituirse en suma individualizada“


3. Principio de la transposición

“Cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque. Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan“


4. Principio de la exageración y desfiguración

“Convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea, en amenaza grave“


5. Principio de la vulgarización

“Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida.

Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar“


6. Principio de orquestación

“La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentarlas una y otra vez desde diferentes perspectivas, pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas.“


7. Principio de renovación

“Hay que emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que, cuando el adversario responda, el público esté ya interesado en otra cosa. Las respuestas del adversario nunca han de poder contrarrestar el nivel creciente de acusaciones“


8. Principio de la verosimilitud

“Construir argumentos a partir de fuentes diversas, a través de los llamados globos sonda o de informaciones fragmentarias“


9. Principio de la silenciación

“Acallar las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen el adversario, también contraprogramando con la ayuda de medios de comunicación afines“


10. Principio de la transfusión

“Por regla general, la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente, ya sea una mitología nacional o un complejo de odios y prejuicios tradicionales. Se trata de difundir argumentos que puedan arraigar en actitudes primitivas“


11. Principio de la unanimidad

“Llegar a convencer a mucha gente de que piensa “como todo el mundo”, creando una falsa impresión de unanimidad“

Como ven, nada nuevo bajo el sol, pero muy eficaz, debemos focalizarnos en cómo neutralizar esto.



Publicado en:

https://twitter.com/schvartz_nora1/status/1679492926173331462?t=oGSuKYXFcskb1YN6OfA9SA&s=08


INFORMACIÓN RELACIONADA:

https://www.eldiarioentucuman.com.ar/__trashed-25/