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domingo, 23 de noviembre de 2014

La Esperanza: de la muerte al renacimiento, por Fernanda Sánchez Jaramillo (para "RadioMacondo.fm" del 23-11-14)

 

La Esperanza es un barrio de Barrancabermeja (Santander), en el Magdalena medio colombiano, que ha pasado de la luz a la oscuridad por causa de la violencia y de la muerte a la vida gracias al coraje de sus habitantes y líderes

 

 Arriba: Gerardo Fajardo, psicólogo de la Fundación Futuro Humano y coordinador de los Premios Colibrí, y a Elizardo Badillo, presidente de la junta de acción comunal del barrio

Para reconstruir la historia de  este barrio estigmatizado y visibilizar su renacimiento entrevisté a Gerardo Fajardo, psicólogo de la Fundación Futuro Humano y coordinador de los Premios Colibrí,  y a Elizardo Badillo, presidente de la junta de acción comunal del barrio, quienes han liderado el trabajo de recuperación del tejido social y la memoria.
“ La Esperanza es un barrio que acepta el fracaso de un destino que le tocó vivir y que ya se fue, el fracaso de las metodologías violentas y de los violentos, y que desde esa profunda reflexión  asume con dignidad su proceso de volver a nacer bajo un nuevo espíritu para reconocerse en los valores de la unidad vecinal y la solidaridad comunitaria”, Gerardo Fajardo Morales.
La Esperanza nació como un proyecto comunitario apoyado por la Alcaldía municipal en los años 1970 y 1971. Después de sus años de florecimiento, entre 1971 y 1980, empezó la pesadilla del barrio.
Masacres, bombardeos, lanzamiento de granadas, desapariciones y secuestros provocó un periodo intenso de violencia entre 1980 y 2005 que causó profundas heridas en el barrio y sus habitantes.
Neblina, oscurantismo y desestructuración llamaron a esos 25 años donde la violencia y la barbarie dominaron la vida de sus habitantes. Los mayores horrores ocurrieron entre 1981 y el año 2000.
Pero fue también al final de ese nefasto ciclo, en 1999, que comenzó el trabajo para cerrar las heridas de guerra causadas por todos los actores armados del conflicto. Elizardo Badillo y varias organizaciones de bases e instituciones lideraron este proceso.
La consigna era clara: recuperar al barrio para su gente. Para lograrlo llevaron a cabo variadas acciones y campañas. Organizaron encuentros comunitarios pidiendo el cese de las acciones militares en el barrio, encuentros de vecinos en los cuales se promovía la vigilancia diurna y nocturna.
También constituyeron comisiones de vecinos que se entrevistaron con jefes militares de bandos de derecha e izquierda para pedir respeto por la población civil y cese al fuego.
Denunciaron internacionalmente las violaciones a los derechos humanos contra la población civil,  la junta de acción comunal medió en calles donde vivían vecinos cuyos hijos pertenecían a bandos enemigos.
Tampoco faltaron las jornadas de oración pidiendo por las víctimas de la guerra, jornadas que realizaban en la cancha de futbol, en el  polideportivo del barrio, en la capilla o en el salón comunal Casa Blanca, esas jornadas se organizaron ahí mismo donde cayeron sus muertos.
Algunas ong realizaron un trabajo de acompañamiento pero aún así reinaban la zozobra y el miedo. No sabían cuándo ocurriría algo pues cada ataque los tomaba por sorpresa.
Una neblina cubría el barrio y sus habitantes desconocían si tras ella se escondía un día con mucha luz o uno frío y desolado a causa de las vidas perdidas en la guerra.
Los combates sucedían al interior de la comunidad. Los vecinos corrían a cerrar las puertas de su casa y protegerse bajo las camas ante la lluvia de balas que amenazaba a todos.

Reconstruyendo tejido social
La cotidianidad ahora, 25 años después de ese oscuro periodo, es de desconfianza. El maltrato al tejido social ha deteriorado las relaciones y los vínculos que antes eran de solidaridad.
La población no olvida lo sucedido y como no están seguros de que no haya repetición viven de tensos y alerta. “Lo característico de este conflicto armado es que nos hace matarnos entre hermanos para después dejarnos sembrado el odio por el otro, por el hermano, por el prójimo”, afirma Gerardo Fajardo.
Ahora es más difícil convocar a la comunidad a que ejerza su derecho a la participación, su derecho a la democracia, su derechos a decidir en qué condiciones quiere vivir.
“Es como si el alma comunitaria se hubiera contagiado de un virus mental, inmovilista, que hace que nadie crea en nadie, y que los mejores esfuerzos de la gente buena no sirvieran para  nada”, explica Gerardo Fajardo.
Personas como Gerardo y Elizardo se esfuerzan por elevar la moral y la posibilidad de cambio en su comunidad pero se encuentran con obstáculos por parte del gobierno y los actores armados.
Pareciera por momentos que han fracasado pero insisten en recuperar la memoria del barrio: encuentros, talleres, seminarios, retiros, convivencias, y foros por la No Violencia realizados en el barrio -incluso cuando los distintos actores del conflicto armado estaban arraigados en La Esperanza- son prueba de su persistencia.
Con el paso de los años los habitantes de La Esperanza, organizados por sus líderes y lideresas, le han apostado a la reconstrucción del tejido social y la recuperación de la memoria del barrio.
La memoria histórica del barrio ha sido fundamental puesto que hace alusión a esos seres humanos valientes a quienes cuando iniciaron el barrio – con la primera teja, la primera tabla, la primera ventana, la primera calle- los motivaba el afán de progresar y procurar que a sus hijos les fuera mejor que a ellos.
Por eso desarrollaron actividades culturales que mantienen viva la esencia del barrio. Se formaron los grupos juveniles Tres Estrellas, Apple y Tora; además los centros humanistas de comunicación directa en 1995, el periódico comunitario “La Otra Voz de la Esperanza”, que lideraba en la época del conflicto armado el Movimiento Humanista.
Las juntas de acción comunal también organizaron acciones directas de resistencia social, desobediencia civil y se llevó a cabo el Foro por la No Violencia en el barrio, en este último se pedía la paz genuina, sin pérdida de vidas.
En fotos y videos fueron registrados los encuentros comunitarios en los cuales esa generación de los 70 y 80 narraron sus historias, miedos, angustias, esperanzas y sus sueños.

Memorias de barrio
Después hicieron el reconocimiento público en un acto que conmemoró los 40 años del barrio con el propósito de honrar y agradecer a mujeres y hombres, fundadores y colonos y para  documentar sus testimonios.
Posteriormente hubo un segundo ejercicio de memoria, con quienes no encontraron la primera vez, para recoger sus apreciaciones y el imaginario que anhelaban para su barrio.
Luego vino la tercera memoria en la cual recopilaron los aportes de personajes comunitarios, mujeres y hombres, entre los 25 y los 50 años de edad, más jóvenes que los “colonos” del barrio.
A partir de encuentros comunitarios reconstruyeron la forma en que la comunidad se proyecta hacia el futuro. Se les agradeció públicamente, como a los demás,  sus esfuerzos para devolverle la confianza y el espíritu al barrio destrozado por los horrores de los bandos del conflicto armado.
Este año, a partir de octubre de 2014, y con la conmemoración anual que hace el movimiento humanista y la junta de acción comunal del barrio La Esperanza empezó la tarea de reconstruir la cuarta memoria histórica, de las víctimas del conflicto armado.
El barrio La Esperanza quiere rastrear su propia historia de las personas victimizadas, reconstruir su propia versión -diferente a las del Estado o las ong- realizarán un reconocimiento a los familiares de las víctimas del conflicto armado el próximo 14 de diciembre en el evento anual de los Premios Colibrí.
Entre las personas victimizadas del barrio están los desplazados. Aún cuando es muy difícil saber el dato exacto -porque no hay estadísticas sobre el desplazamiento en el barrio- el presidente de la junta de acción comunal Elizardo Badillo, estima que aproximadamente 3 mil personas fueron desplazadas forzadamente entre 1980 y 1995, muchas familias vendieron sus casas casi regaladas y otras las abandonaron debido a las amenazas.
Actualmente, desde el año 2010, se ha producido un retorno de muchas personas desplazadas de sus hogares, de 3 mil  desplazados han retornado aproximadamente mil.
Sin duda el barrio La Esperanza de Barrancabermeja es uno de los múltiples ejemplos que encontramos en cuanto a victimización de territorios, urbanos y rurales.
Entre los años 1980 y 1995, el promedio de vida era los 40 años y las víctimas de la guerra oscilaban entre los 15 a los 25 años, es decir que muchos jóvenes fueron asesinados. Ahora el promedio de vida oscila entre los 60 y los 80 años, en un barrio de unos 7.500 habitantes.
Reconciliación en La Esperanza
En La Esperanza la reconciliación también ha sido posible. La señora Iluminada perdonó al sicario que asesinó a su hijo y cuando ese sicario se accidentó en la calle, fue ella quien lo llevó al centro de atención médica.
El 4 de noviembre de 2004, en un evento de reconciliación comunitaria en el barrio, al cual asistió el entonces obispo Monseñor Jaime Prieto Amaya, una madre abrazó al asesino de su hijo y lo perdonó en público.
Hay otros casos de reconciliación en privado, y se sabe de vecinos de bandos diferentes- durante la época de mayor violencia- que conviven en paz actualmente en la misma calle.
Pero el trabajo más importante está por hacer, dice Gerardo Fajardo, pues no todas las personas conocen las herramientas  para hacerlo  y, a veces, se requieren atributos especiales para superar el resentimiento.
Esto aspiramos a realizarlo con la cuarta memoria histórica, en la que nos proponemos no falsificar la memoria, generando los espacios, los ámbitos y los encuentros para que cada persona decida voluntariamente reconciliarse en profundidad”, enfatiza Fajardo.
Actualmente el barrio La Esperanza busca la reparación colectiva para convertir el salón comunal en un edificio de cuatro pisos, que tenga salones para la memoria, la cooperativa comunitaria, los ancianos, los niños y el centro de convenciones para la comunidad y eventos.
“Aspiramos a conseguir el apoyo nacional e internacional para este proyecto, y para un gran faro de luz que queremos conseguir a través de alguna institución internacional que lo pueda donar, para que este faro arroje una luz verde sobre la ciudad, dando una señal que desde La Esperanza se irradie un mensaje de no violencia y paz para Barrancabermeja en son de reconciliación y reparación”.

“El barrio es como un ave fénix, que renace de las cenizas. De aquí van a salir grandes procesos transformadores para muchas comunidades de diferente modo, que teniendo en cuenta la experiencia vivida, darán lo mejor a quienes lleguen a ser sus futuros beneficiarios”, habitante histórico del barrio La Esperanza.


@vozdisidente

Recuadro 1
Etapas en la historia del barrio La Esperanza

  1. Período del Florecimiento( 1971-1980)
  2. Período de la Neblina ( 1981-1990)
  3. Período del Oscurantismo (1991-2000)
  4. Período de la Desestructuración( 2001-2010)
  5. Período del Renacimiento (2011-2020)

Recuadro 2
Actividades para recuperar la memoria y buena reputación del barrio
Desde el año 1999 el  Movimiento Humanista, la Fundación Futuro Humano y la junta de acción comunal del barrio La Esperanza, en cabeza de Elizardo Badillo, han llevado a cabo las siguientes actividades.

  1. En el año 2004: Jornada perdón y reconciliación, en la cancha de fútbol del barrio.
  2. En el año 2009: Premios colibrí, en el salón comunal Casa Blanca del barrio.
  3. En el año 2009 la Marcha del Silencio por la muerte y asesinato de nuestros jóvenes desaparecidos.
  4. 2 de octubre de 2010: Marcha de los indignados por el nororiente de la ciudad hasta el barrio La Esperanza.
  5. En el año 2011: Primera memoria histórica del barrio en el salón comunal Ccasa Blanca.
  6. 2 de octubre del año 2011: Conmemoración del día internacional de la No Violencia activa desde la cancha de fútbol hasta el salón comunal Casa Blanca.
  7. En el año 2012: Celebración del día internacional de la No violencia. Marcha comunitaria del silencio y premiación a la tercera memoria histórica del barrio.
  8. En el año 2013: Campaña: Empieza en Uno y entrega de reconocimientos a la memoria histórica a personajes del barrio en el salón comunal Casa Blanca.
Talleres
  1. Talleres de reconciliación padres e hijos
  2. Talleres de comunicación asertiva
  3. Talleres de liderazgo comunitario
  4. Talleres de pintura infantil por la no violencia
  5. Murales en escuelas y paredes del barrio sobre reconciliación
  6. Talleres de convergencia en la diversidad
  7. Talleres de la memoria histórica colones fundadores
  8. Encuentros comunitarios de reflexión y pedido a través del mensaje de silo
  9. Retiros comunitarios en la sede de la Fundación Futuro Humano
  10. Talleres de capacitación a mujeres cabezas de familia
  11. Talleres de seguridad comunitaria
  12. Talleres de teatro y baile
* Simultáneamente se han dejado cuadros con las fotografías a color de todos los fundadores colonos del barrio en el salón comunal, entregado las medallas a los personajes del barrio, se instaló la primera placa a la memoria histórica del barrio en el polideportivo, entre otras actividades.


Recuadro
Obras sociales, culturales y económicas en La Esperanza

  • Talleres para mujeres cabeza de familia
  • * Cursos de capacitación en belleza, en escritura, en manejo de artes mecánicas.
  • Talleres de prevención de enfermedades sexuales y  manejo de estrés
  • Ludoterapia
  • * Técnicas de comunicación entre padres e hijos
  • Tertulias
  • Reuniones de ancianos, y capacitaciones en emprendimiento empresarial comunitario

Las obras entre la acción comunal, la capilla La Milagrosa, el Movimiento Humanista y la Fundación Futuro Humano generan procesos de toma de conciencia de la misma comunidad, de cómo los dejaron las actores del conflicto armado y cómo es ese futuro que desean para garantizar la no repetición de la violencia como estilo de vida.
El barrio La Esperanza tiene escuela, el puesto de salud, que lo quieren cerrar, la capilla, el salón comunal, las canchas de fútbol y un polideportivo, entre otras obras.

Por: Fernanda Sánchez Jaramillo, periodista, maestra en relaciones internacionales y trabajadora comunitaria.

 Publicado en:

http://radiomacondo.fm/2014/11/23/la-esperanza-de-la-muerte-al-renacimiento/

lunes, 20 de octubre de 2014

COLOMBIA: Bertha Lucía y Carlos Arturo comparten sus miradas sobre la reconciliación, entrevista de Fernanda Sánchez Jaramillo para "La Pluma" (Bogotá) del 19-10-14 Domingo

  
Bertha Lucía Fries, víctima y superviviente del atentado al Club El Nogal, y Carlos Arturo Velandia, ex guerrillero del ELN, cuyo hermano fue desaparecido por El Estado, hablan sobre paz y reconciliación.
 
 Por: Fernanda Sánchez Jaramillo para La Pluma, periodista, maestra en relaciones internacionales y trabajadora comunitaria. Colaboradora de La Pluma

FSJ: Se conocieron en el Foro Nacional de “Víctimas” en Cali. Sus contextos sociales, políticos, historias de vida y hechos victimizantes son muy diferentes. ¿Qué significa para ustedes estar juntos respondiendo esta entrevista?


BLF: Me siento agradada. Yo sugerí hacer el encuentro personal y no contestar las preguntas vía email, no quise que fuera algo impersonal. A pesar de que planteas que son dos orillas distintas, en algunos aspectos sí y en otros no.
Trabajo en procesos de reconciliación con valores con reinsertados de las Farc, el ELN, los paramilitares, víctimas y población civil porque mi idea es buscar puntos de encuentro y generar diálogo.
En la historia del país yo me gané una rifa y Carlos otra. Cada uno interpreta la realidad nacional a su manera y lo asume. Yo me he vivido con mi verdad y ahora escucho a otros actores; he visto que hay muchos prismas y con esos prismas tenemos que trabajar en la reconciliación. Todos tenemos contextos distintos y nos han tocado situaciones difíciles, lo importante es ponerme en los zapatos del otro, ponerme en su situación para manejar el tema de la reconciliación.



Arriba:  Bertha Lucía Fries

CAV: Para mi este es un feliz encuentro. Yo salí del Foro Nacional de Víctimas con lazos espirituales con mucha gente y con la totalidad de las victimas que estuvieron allí presentes porque somos compatriotas, colombianas y colombianos sujetos de derechos y deberes y porque tenemos en común el dolor que nos une. Al mirar a los ojos no es posible establecer el tamaño del dolor: el dolor no tiene sexo y no tiene medida, el dolor se lleva por encima de cualquier cosa.

FSJ: ¿Qué estrategias han utilizado para llegar al punto de sosiego y serenidad que proyectan y proyectaron en el Foro Nacional de Víctimas en el que dolores diversos confluyeron? 

BLF: He aprendido a manejar la serenidad porque trabajo en procesos de cambio y en los procesos de cambio algunas de las cosas que “inyecto” a la gente son paciencia y persistencia. Les decía a los jóvenes que así tengan el problema más grande pongan una sonrisa en la cara y así alejan los problemas, el solo hecho de sonreír relaja.
A mi la vida me pone la “trampa” de ser coherente cuando pusieron la bomba en el Nogal. Tuve que ser paciente, serena, proyectar que todo estaba bien y tomar mi propio jarabe porque creían que no volvería a caminar. La vida me puso una prueba fuerte: de ser deportista y bailarina pasé a ser movida como una muñeca de porcelana.
Pero el trabajo que hice también con poblaciones marginalizadas me enseñó a tener paciencia y también mi experiencia en Estados Unidos, durante ocho años, allí tuve tiempo para pensar.
Soy serena pero no siempre. No tolero la injusticia y pobreza cuando hablo de eso me vuelvo emocional y hablo fuerte. Pensar que hubo responsabilidad del Estado en lo que pasó, pensar que muchachos se embarcan en las guerrillas porque no hay empleo porque no tienen con qué alimentar a sus hermanos, hasta ahí llega mi serenidad.
Es una gran responsabilidad el proceso en el que estamos. Me encantó ir a Cali pero volví envejecida, diez años, de escuchar tanto dolor. El dolor que hemos puesto seis millones de personas espero que sirva para construir los cimientos de un país distinto buscando puntos de unión.

CAV: Siento serenidad más que sosiego. El sosiego va con la tranquilidad y yo aún no tengo esa tranquilidad que sería el país sin guerra. Creo que no tendré paz ni sosiego hasta no sentir que he cumplido con lo que mínimamente pueda hacer y entregarles a mis hijos el país sin guerra.
Me embarqué en la lucha armada para tomarme el poder porque pensé que transformaría las condiciones de inequidad e injusticia y no pude. Lo mínimo que podemos hacer los revolucionarios hoy es entregarle a la sociedad el país sin guerra.
Recientemente he cumplido 62 años y el tramo final es relativamente corto por eso quisiera ver el país sin guerra y ver que se inicia un proceso difícil de reconciliación, reinclusión y ampliación de la democracia que busca transformaciones profundas. Con eso tendría paz y sosiego.
La serenidad la da la temperancia; el saber que uno no está solo, que hay otras verdades. Hay muy pocas cosas que me alteren y he aprendido el respeto que me lleva a la tolerancia, además a entender que la verdad mía se completa con la de otros y eso va dando serenidad, paciencia.
Diez años en prisión ayudan a domar los espíritus “levantiscos”. Pero de la manera como soy, sereno, me muevo sobre convicciones muy firmes y comprendo que no toda la verdad la tengo yo y esto ayuda a ser calmado. Los años, las experiencias, las luchas, los malos momentos, eso contribuye a la serenidad.



Arriba:  Carlos Arturo Velandia

FSJ: Carlos Martín Beristain, doctor en psicología, afirma que la reconciliación no puede reducirse a un proceso exclusivamente psicológico ¿Han logrado ustedes reconciliarse espiritual y políticamente con quienes los victimizaron?

CAV: Hay diferentes niveles o estadios en los procesos de reconciliación; no son perfectos ni totales ni absolutos. En mi caso particular hay una gran disposición; tengo una actitud muy clara y abierta, muy dispuesta a la reconciliación pero obviamente sobre la base de que haya reciprocidad y que las personas con las cuales deseo reconciliarme tengan una actitud equivalente.
Esto ayuda para establecer un estado psicólogico en la persona que facilita estos procesos, es una combinación de una disposición espiritual pero también debe ir acompañada de la necesidad de saber por qué ocurrió lo que ocurrió.
Si bien uno adivina las respuestas uno quiere escuchar. Yo quiero escuchar a los militares decir por qué desaparecieron a mi hermano de 27 años de edad, el menor de 14 hijos, si el asunto era conmigo.
La reconciliación es un proceso de construcción no es un acto terminado. También es importante superar la animosidad y la ira y si no está acompañada de perdón difícilmente puede haber reconciliación. El perdón solicitado o pedido que se complementa con la aceptación del otro porque uno se reconcilia con otro.

BLF: Se realizó un encuentro de Víctimas Visibles en el Club El Nogal y las victimas del Club el Nogal no fuimos invitadas. Llegué allí por casualidad y expresé que no fuimos invitados a pesar de que hubo 156 muertos y 35 heridos entre nosotros.
Me comentó uno de los organizadores que le dijeron a las personas del club que nos invitaran pero esto no ocurrió. Una de las organizadoras me regaló unas flores y yo pensé: si hay una situación en que una persona me falla y me regala flores, nos reconciliamos, si vuelve a fallar y me regala otras flores nos reconciliamos nuevamente y me lleno de flores.
Pero la reconciliación incluye un acto de reconocimiento de una falta. Quiero que me digan las Farc ¿cuál era el objetivo de esa bomba? ¿A quién iba dirigida? Y que el Estado me diga ¿por qué no nos ofrecieron protección si había información sobre ese atentado?
Tiene que haber reconocimiento, reconciliación con valores y generar comportamientos que demuestren que esto no volverá a suceder. Se necesita compromiso con la reconciliación.
En la reconciliación hay varias etapas: con el Estado y la guerrilla y también con sectores de la sociedad. Si hay reconciliación y reparación será simbólica porque ¿quién le devuelve a las personas a sus seres queridos?
Falta mucho terreno por recorrer. Si me toca ir a La Habana yo les preguntaría a las Farc ¿qué lograron con este atentado y cuáles son sus valores y compromisos con el proceso de reconciliación?

FSJ: ¿Entre la justicia retributiva y la justicia restaurativa cuál creen ustedes es más útil para el futuro proceso de reconciliación en Colombia?

CAV: Yo haría una fusión de las dos porque no me cuadra que “Alias Macaco” que reconoce más de dos mil muertes solo pague ocho años de cárcel porque quizás merece más.
En mi opinión se deben combinar ambos modelos o presentar otra alternativa. Pero alguien tiene que asumir la responsabilidad, quienes han generado estas muertes. El castigo debe ser evidente y ser apoyado por la sociedad. No puede ir en contravía de la sensibilidad de la sociedad porque ¿hasta dónde puede la sociedad soportar tanto crimen, bellaquería y tanta impunidad? 

BLF: Coincido contigo, son las dos. Unos merecen la cárcel, definitivamente, ser privados de su libertad pero también otro acto de reparación sería por ejemplo que quienes sembraron las minas las quiten y reparar a las víctimas con el dinero conseguido por participar en la cadena de las drogas.
Hay quienes tienen responsabilidad como por ejemplo las personas de las cúpulas pero no siempre los bajos mandos que los obedecen y que ingresan a estos grupos por generar un ingreso aún sabiendo el dolor que esto le causa a sus familias.

FSJ: La reconciliación es una meta y un proceso también. ¿Cuánto tiempo creen que tarde en concretarse la reconciliación nacional?

CAV: Es una construcción generacional que nos va a tomar varias décadas porque es un proceso de recomposición social y cuando las sociedades se quiebran se rompe también la idea de la solidaridad. Entonces el proceso de recomposición tarda más o menos lo que duró el conflicto.
Las fases de “rehabilitación” van a ser matizadas por hechos de violencia que van a prolongarse y no se puede superar esta larga noche con un proceso corto, mínimo tomará tres generaciones. Nuestros hijos, nuestros nietos serán protagonistas del proceso y esos niños de 10 y 12 años crecerán viendo ante sus ojos la construcción de los acuerdos de paz.

BLF: Hace unos días yo dije en automático: una generación pero después pensé que tomaría más tiempo. Yo me embarqué en este proceso pero en los círculos que me muevo veo mucha apatía, lo vimos en las elecciones con tanta polarización sobre el tema de la paz.
Coincido contigo Carlos en que nos tomará muchos años. No todos estamos listos para la reconciliación lo veo incluso en mi microcosmos del Club El Nogal donde hay empresarios, Pymes, mypymes, clase ascendente, clase política y clase “firififí”.
Por eso nosotros debemos comenzar a generar un proceso de diálogo, que incluya valores, diversas vertientes y posiciones, diálogos que desmitifiquen el tema de la reconciliación.
Que la gente empiece a pensar en lo que le ocurrió a estos ciudadanos que tuvieron que embarcarse en esos grupos, que no tenían otro camino y que vean otras historias eso, por ejemplo, contribuye a la reconciliación.

FSJ: Para Ómar Rincón, educador colombiano, una nueva masculinidad sería una condición básica para alcanzar la reconciliación. ¿En su opinión cuál es el elemento fundamental que garantizará una reconciliación efectiva en nuestro país?

CAV: Yo creo que el Estado y la sociedad deben coincidir en incorporar la cultura de paz como común denominador. La cultura de paz no se limita a la educación formal sino que incluye el comportamiento del ciudadano y la recuperación de valores que tuvimos y debemos enderezar porque los hemos pervertido.
Hay que pensar en la construcción del ciudadano con deberes y derechos, introducir una cultura de paz en la educación formal e informal, en la familia y en el comportamiento social.

BLF: Yo creo en la reconciliación con valores y que es importante lograr un mandato de estado para acelerar el proceso. Se necesita una política de Estado y que se generen diálogos apreciativos de asuntos de interés donde se incluyan diferentes prismas.
Verbalizar sensaciones ayuda a sanar y limpiar la mente abre el espacio para mejoras. Si logramos hacer eso con la población colombiana, más de 40 millones de bodegas, limpiarlas y sacar los monstruos eso ayudará mucho. Para mi son fundamentales los espacios de diálogos, hablar y escuchar y construir con base en la coincidencia. 

FSJ: ¿Qué tipo de activismo por la paz y la reconciliación realizan ustedes dos, qué metodología utilizan y en qué espacios lo desarrollan?

CAV: Estoy visitando universidades colegios y liceos donde me invitan a hacer disertaciones sobre la paz. Viajo a provincia a donde no llegan los conferencistas y donde hay un nivel de receptividad importante.
Lo hago como un apostolado, no cobro por las charlas y además pertenezco a un espacio con ciudadanos del común. Nos reunimos semanalmente, desde hace tres años, para analizar y pensar el proceso de paz con una actitud propositiva.
En ese espacio participan desde ex generales de la República, un ex comisionado de paz, un ex zar antisecuestro, ex líderes guerrilleros, sindicalistas, profesionales de la salud, estudiantes, y desempleados entre otros.

BLF: He venido desarrollando mi trabajo en el Club El Nogal con las víctimas. En otros espacios hablo de reconciliación con valores con reinsertados de diversos grupos armados y me he reunido con funcionarios de alto nivel para proponerles esta tesis de reconciliación con valores y hacerla masiva.

FSJ: ¿Qué papel podrían cumplir los medios de comunicación en la reconstrucción de tejidos sociales dañados durante más de 60 años?

BLF: Te voy a contestar con un par de ejemplos de lo que me ha pasado a mi. Yo como víctima compito desde que sobreviví a la bomba en el Nogal con hechos de sangre. Yo solo tenía un hilito de sangre que salía de mi rodilla; sin embargo, fui la superviviente con heridas más graves.
Después de mi viaje al Foro Nacional de Víctimas de Cali me pidieron una entrevista pero querían que mostrara mi dolor, mi victimización nada más. 

¿Por qué no sugerir temas innovadores que contribuyan al proceso de reconciliación, pensar más en la sostenibilidad del país y no en la rentabilidad del periodismo? No seamos cortoplacistas, pensemos en el tema de la paz y reconciliación, en un país distinto y utilizar ese poder, el cuarto poder, para unir y no polarizar.

CAV: Los medios deben cumplir un papel complementario, comprometido con la paz e ir más allá de lo que han ido cuando toman parte del lado de la guerra o en su papel exclusivo de informar sin alma o cuando le ponen el corazón a las salidas de fuerza
Por fortuna hay cambios interesantes y -como los hechos de violencia son cada vez menos intensos, menos frecuentes, entonces son menos protagonistas los generales, los guerrilleros, los paramilitares- muestran líderes sociales en interlocución con el gobierno.
Pero aún estamos en déficit y los medios deben visibilizar los hechos de paz que la sociedad colombiana ha protagonizado durante estos 60 años en medio de las balas, y presentar esas acciones positivas y con valores comunitarios.
Si se mostraran esas prácticas de convivencia se avanzaría mucho más. El sector privado podría pagar un minuto diario de paz, en televisión, y tendríamos 365 minutos dedicados a visibilizar prácticas de convivencia.




Arriba: Carlos Arturo Velandia y Bertha Lucía Fries

 
Fernanda Sánchez Jaramillo para "La Pluma", Bogotá, Colombia, 18 de octubre de 2014




Fernanda Sánchez Jaramillo es periodista y magíster en Relaciones Internacionales. Y trabajadora comunitaria. Colaboradora de La Pluma.net

Artículos de Fernanda Sánchez Jaramillo publicados por La Pluma:
A Julio César Mondragón
Entrevista a los Comandantes Jesús Santrich, Andrés París y Rubén Zamora miembros y voceros de la delegación de paz de las Farc-EP sobre Comisión de la Verdad, Foros de Víctimas, y Medios de Comunicación y Paz

Publicado en:
http://www.es.lapluma.net/index.php?option=com_content&view=article&id=6163:2014-10-19-11-03-07&catid=116:debates&Itemid=490