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lunes, 12 de julio de 2021

HOMENAJE A JUANA AZURDUY, HEROÍNA DE LA INDEPEPENDENCIA DE LA PATRIA GRANDE

 

jueves, 10 de junio de 2021

MATRIAS, por Maria Seoane (para "Caras y Caretas" de junio de 2021)




Fueron las madres de la Patria. Y cuando se dice sus nombres, se dice libertad. Pelearon como soldadas de la Guerra de la Independencia desde 1810. Dejaron su vida en selvas, llanuras y montañas; en trincheras de barro y sangre; alimentaron a las tropas, curaron la soledad y las heridas de sus hombres, los propios y los ajenos, participaron en el escabroso ritual de los guerreros mientras arrastraban a sus hijos con ellas, entre la soldadesca y el barro, entre la sangre y la represión salvaje de las tropas españolas. Fueron madres, espías y amantes; heroínas en las alcobas y en las trincheras; esposas, viudas y concubinas. 

Tal como registró Felipe Pigna en sus trabajos indispensables, ahora el notable libro Güemes. El héroe postergado, del periodista Alejandro Tarruella –recién editado por Marea–, nos acerca también a la historia de nuestras patriotas. Porque, ¿cómo contar la vida y la obra del Martín Miguel de Güemes, el gaucho infernal, el héroe que logró mantener a raya a los sanguinarios invasores del imperio español y garantizar la integridad de nuestro territorio en el norte, sin hablar de nuestras heroínas? ¿Cómo contarla sin hablar de la mixtura revolucionaria del amor romántico y la pasión política? Carmen Puch fue esposa del “padre de los pobres”, como lo llamaban a Güemes, el comandante del ejército de héroes gauchos bautizados como “los Infernales”. Era considerada la más bella de Salta. La escritora Juana Manuela Gorriti solía decir que “era una mujer maravillosa, con todas las seducciones que puede soñar la más ardiente imaginación”. Bella y revolucionaria, era la hija dilecta de un español de fortuna que adhirió a la causa de la guerra gaucha donando casi todos sus caballos a los Infernales. Carmen resistió con sus hijos a cuestas la persecución realista en la Guerra de la Independencia en el norte. Fue fiel a su hombre y a su causa. Y se dejó morir con apenas 25 años, poco después de que Güemes fuera asesinado, el 17 de junio de 1821. La celestina de ese amor fue María Magdalena Dámasa Güemes, conocida como Macacha, la hermana del caudillo. La historia de Macacha y la de Juana Azurduy, la heroína y coronela del Alto Perú, apuntalan las hazañas de Güemes. Son esenciales porque entre 1813 y 1823, Salta estuvo en guerra permanente. 

Al lado del padre de los pobres estaba siempre Macacha –conocida también como la “madre de los pobres”–, coordinando tareas de espionaje y atrevidas misiones con otras patriotas. Ellas escondían en sus polleras mensajes con información sobre los españoles que hacían llegar al ejército de gauchos. La acción de Macacha y sus compañeras fue letal para los españoles. La acompañaron, entre otras, María Loreto Sánchez Peón de Frías, Celedonia Pacheco de Melo, Juana Torino, María Petrona Arias, Andrea Zenarruza de Uriondo y Toribia la Linda. María Loreto fue la creadora del destacamento conocido como “las Bomberas de Güemes”, al que se sumó Juana Azurduy a partir de 1818. La tarea de las Bomberas fue decisiva en el trazado del plan de inteligencia de Güemes. Ellas incorporaron en la red a sus hijas e hijos, criadas y criados.

 La historia de Juana es quizá la más conocida porque fue una estrecha colaboradora de Güemes y por su coraje fue investida con el grado de teniente coronel de una división explícita llamada “Decididos del Perú”, con derecho al uso de uniforme, según un decreto firmado por el director supremo Pueyrredón el 13 de agosto de 1816 y que hizo efectivo el general Belgrano, quien la homenajeó al entregarle su sable, que lo había acompañado en Salta y Tucumán y durante el heroico Éxodo Jujeño. En 1816, Juana y su esposo, Manuel Ascencio Padilla, tenían a seis mil indios bajo sus órdenes. Sitiaron por segunda vez la ciudad de Chuquisaca. Los realistas lograron poner fin al cerco, y en Tinteros, Padilla encontró la muerte. La cabeza de Padilla fue exhibida en la plaza pública durante meses. El 15 de mayo de 1817, al frente de cientos de cholos, Juana la recuperó. Luego, intentó reorganizar la tropa sin recursos y, acosada por el enemigo, sin colaboración de los porteños, fue a Salta a combatir junto a las tropas de Güemes, con quien estuvo tres años hasta que fue asesinado. La historia que aquí se cuenta es apenas un esbozo fugaz. Pero como mostraron Eva Perón, las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo y los miles de mujeres que lucharon por la igualdad y la justicia a lo largo de dos siglos, sabemos que ellas fueron las continuadoras de aquellas Matrias. Y que siguieron pariendo a la Argentina.



Publicado en:

https://carasycaretas.org.ar/2021/06/03/matrias/

domingo, 12 de julio de 2020

HOMENAJE A LA MADRE DE LA PATRIA







martes, 3 de marzo de 2020

Un día como hoy Juana Azurduy derrotaba a los españoles al frente de 200 mujeres, por "El Ciudadano" del 03-03-20


Por El Ciudadano 
3 de marzo  de 1816

La mujer boliviana fue una de las más feroces luchadoras por la independencia de la región y acumuló varios triunfos en las batallas en contra de las tropas españolas. Un 3 de marzo, se selló una de sus hazañas más importantes.

Un 3 de marzo se convirtió en un día clave para el orgullo de la mujer indígena latinoamericana, aunque para muchas la hazaña de Juana Azurduy aún sea desconocida.

Fue justamente un 3 de marzo, de 1816, cuando Juana Azurduy, al frente de 200 mujeres indias a caballo, logró derrotar a las tropas españolas que asediaban Bolivia, liberando además a su esposo, el general Manuel Ascencio Padilla, que se encontraba prisionero desde 1814.

La hazaña de Azurduy provocó que fuera nombrada teniente coronel, convirtiéndose en la primera mujer con rango militar en el mundo, según apuntan las reseñas históricas. Su figura trascendió como un símbolo claro del compromiso de las mujeres latinoamericanas con la lucha independentista.

La joven nació el 12 de julio de 1780 en Toroca, departamento de Potosí, justo en los días en que se expandía por el territorio boliviano la rebelión de Tupac Amaru. Juana quedó huérfana cuando era niña y creció en un convento de monjas en la misma ciudad.

Luego de casarse a los 22 años con Manuel Ascensio, con quien tuvo 5 hijos, ambos se comprometen con la revolución independentista y se unen a los ejércitos populares creados tras la destitución del rey. Azurduy colaboró también junto a su esposo con las tropas enviadas desde Buenos Aires, en la organización del escuadrón “Los Leales” para contribuir a la liberación del Perú.

Pero eso no es todo: la indígena estuvo al frente de un ejército conformado por indias, mestizas y criollas, denominadas “Las amazonas”, un conjunto de mujeres dispuestas a todo por la liberación del pueblo.  Del mismo modo, ayudó a crear una milicia de más de diez mil indios, comandando varios de sus escuadrones y librando más de 30 combates, según consigna Telesur.

La historia apunta que el libertador argentino Manuel Belgrano le regaló su propia espada, agradecido por la estratégica laboral desempeñada por Azurduy como la primera mujer en integrar el Ejército Argentino. En 1816, participó activamente de lucha del país vecino, liberando al norte de Argentina del control español.

Referente indiscutida para las mujeres de la región

La heroína tuvo que vivir momentos críticos en medio de la lucha desatada, que le costó la vida a cuatro de sus hijos mayores. Poco después, mientras esperaba a su quinto hijo, fue herida en la batalla de La Laguna y su esposo murió intentando rescatarla. Aunque su cuerpo fue colgado por los españoles ante el pueblo, Juana se atrevió a rescatarlo en una operación liderada por cien soldados y tomó el mando ante las tropas.

Pese a todo, la aguerrida mujer murió empobrecida, en la provincia de Jujuy, a los 82 años de edad y aunque fue enterrada en una fosa común, un siglo después sus restos fueron exhumados y homenajeados en Sucre, donde descansan en un mausoleo en su honor.

En mayo de 2016, se estrenó la película de la heroína en Sucre, que pretende rescatar su historia como ejemplo de la valiente lucha de cientos de mujeres latinoamericanas que injustamente fueron olvidadas por la historia. En Bolivia, de todos modos, el nombre de Azurduy es sinónimo de orgullo y es considerada un referente para todas las mujeres.

En 2015 se selló un  homenaje por parte del presidente de Bolivia, Evo Morales, y la expresidenta de Argentina, Cristina Fernández, quienes inauguraron la estatua de bronce más grande de Argentina -un monumento de nueve metros de alto- en uno de los jardines de la Casa Rosada. También hay artistas que han alabado su ejemplo a través de hermosas canciones, como es el caso de Mercedes Sosa. Además, fue escogida por la colección “Antiprincesas” de la editorial Chirimbote, con el objetivo de acercar su ejemplo a las niñas, junto a otras grandes referentes como Violeta Parra y Frida Kahlo.

Todo y más, en homenaje a una de las más grandes heroínas latinoamericanas de la historia, que un 3 de marzo mostró toda su valentía y coraje en defensa de la libertad de los pueblos.


Publicado en:

http://www.elciudadanogba.com/03/03/2020/un-dia-como-hoy-juana-azurduy-derrotaba-a-los-espanoles-al-frente-de-200-mujeres/

jueves, 16 de julio de 2015

Juana Azurduy, mujer de la Revolución Americana, por Ezequiel Espeche y Noelia Navarro (para "Integración Nacional" del 08-01-15)


      

Escrito por:
Dr. Ezequiel Espeche
Con colaboración de Noelia Navarro


Existen tres razones fundamentales que hicieron creer a los encargados de relatar nuestra historia que podían relegar a Juana Azurduy a una posición secundaria, por no decir al ostracismo.
La primera de ellas tiene que ver con su nacionalidad. Su condición de “boliviana” y por ende de “extranjera”, hizo que se pretendiera oscurecer su figura y su concepción de Patria Grande, tal como lo han hecho con el “uruguayo” Artigas.

La segunda de ellas tiene que ver con su origen étnico – racial. De padre criollo y madre “chola”, portaba en sus venas sangre indígena, y en su voz el grito Inca de la libertad. Tanto era así que supo encolumnar en sus huestes a las fuerzas indígenas de Juan Huallparrimachi, y luchar junto a las “amazonas” contra el godo invasor.

La tercera de ellas tiene que ver con su condición sexual. Era mujer. Y ser mujer bajo los cánones de la sociedad chuquisaqueña de la época implicaba ser “irremisiblemente condenada al claustro monacal o al yugo hogareño”.  Respecto a esto, aun hoy todavía no todo ha cambiado.

Tanto Juana Azurduy como Manuel Ascencio Padilla, su esposo,  son expresión de la clase social a la cual pertenecen y el mundo de relaciones que los rodeó durante toda su vida.

Juana proviene de Chuquisaca, una de las regiones con mayor trascendencia en el Virreinato del Rio de la Plata debido a que cerca de ella se encontraban las minas de Potosí que mediante un modo de producción servil esclavista regaba de recursos las arcas de los reyes españoles y  de toda la estructura administrativa del Virreinato.

Sociedad altamente estratificada en la que se alzaba la universidad San Francisco Xavier, cuestión que no es menor ya que en ella se codeaban los hombres que luego serán parte de la revolución americana formados en la fragua de las ideas más avanzadas,  de los textos de Rousseau y los enciclopedistas franceses.

Si bien ella fue criada con una inusitada libertad para la época, acostumbrada a andar a caballo por los campos de su hacendado padre Matías Azurduy, pronto la suerte comenzaría a serle esquiva.  Azotada por la pérdida de sus padres, fue enviada por sus tíos a un convento para seguir una vida contemplativa, pero su alma indomeñable hizo inviable su continuidad luego de ser expulsada por la madre superiora a la edad de 17 años. Juana no sería la monja que la sociedad esperaba, sino la “comandanta” que sorprendería con su valentía a propios y a extraños, a hombres y a mujeres por igual.

Su amor por Manuel Asencio Padilla, el segundo hijo de una familia de hacendados y amigos de sus padres, estaría signado no solo en una atracción y simpatía profunda que alimentaban desde su niñez, sino fundamentalmente porque, según Pacho O Donnel “también a él le conmovía él infortunio de aquellos hombres y mujeres de piel cobriza a quienes los demás de su misma clase acomodada trataban como si no fueran humanos.”

Cuando en 1808 llega a Chuquisaca la noticia de que el rey de España Fernando VII había sido encarcelado, movimientos de estudiantes universitarios comienzan un proceso de ruptura con las autoridades vigentes, sustituyéndolas por criollos y realizando un Cabildo Abierto en La Paz que conformará una Junta de Gobierno en cabeza de Pedro Murillo. La oposición realista, expresada por el gobernador de Potosí Francisco de Paula Sanz, se enfrentó a los revolucionarios que terminaría “ajusticiando” a Murillo y reprimiendo los movimientos independentistas alto peruanos. En este marco es que los esposos Padilla entienden necesaria su intervención en la lucha libertaria. Su posterior adhesión a la Junta de Buenos Aires los hará aliados de los revolucionarios de Mayo, y protagonistas de las dos expediciones al Alto Perú, a las órdenes de Castelli primero, y luego del General Manuel Belgrano.

Los Padilla son parte de una valerosa generación de hombres y mujeres que hoy son desconocidos por la enorme mayoría de latinoamericanos. No se estudian en las escuelas ni en las universidades y su pensamiento político ha sido erradicado o transfigurado de las páginas de los reconocidos manuales que de las cátedras se dictan.

Uno de ellos es Monteagudo, un tucumano revolucionario difamado de personalidad  “sombría” y “sanguinaria”. Luego de haber estudiado en la Universidad de San Francisco Xavier, en donde conoce a Manuel Ascencio Padilla, se incorpora a las tropas nacionales que se enfrentan a los godos en el Alto Perú al mando de Castelli, fuerzas en las que se encuentra también luchando a la par doña Juana Azurduy. Derrotadas las tropas en el Alto Perú se dirige a Buenos Aires y asume la conducción del partido morenista, luego de que a Moreno la facción Saavedrista presuntamente lo asesinara en alta mar. Se enfrenta a Saavedra y luego junto con San Martín depone al triunvirato rivadaviano. Acompaña al Padre de la patria en su campaña libertadora prestando sus funciones luego en el ejército del libertador Simón Bolívar.

Merecen ser citados, por el valor de su autor y la claridad y vigencia de sus palabras en las que incita a las mujeres a participar de la actividad política, un fragmento de uno de sus escritos, titulado “A las americanas del Sud”:

“Uno de los medios de introducir las costumbres, fomentar la ilustración en todos sus ramos, y sobre todo estimular, y propagar el patriotismo es que las señoras americanas hagan la firme y virtuosa resolución de no apreciar, ni distinguir más que al joven moral, ilustrado, útil por sus conocimientos, y sobre todo patriota, amante sincero de la LIBERTAD, y enemigo irreconciliable de los tiranos. Si las madres y esposas hicieran estudio de inspirar a sus hijos, maridos y domésticos estos nobles sentimientos;(…) ¿qué progresos no haría nuestro sistema?(…)   Americanas: os ruego por la patria que desea ser libre, imitéis estos ejemplos de heroísmo, y coadyuvéis a esta obra con vuestros esfuerzos: mostrad el interés que tenéis en la suerte futura de vuestros hijos, que sin duda serán desgraciados, si la América no es libre: y mientras el soldado sacrifica su vida, el magistrado su quietud, y el político se desvela por la salud pública, haced resonar por todas partes el eco patético de vuestra voz, repitiendo la viva exclamación que hacía en nuestra época una peruana sensible: ¡¡¡LIBERTAD, LIBERTAD sagrada, yo seguiré tus pasos hasta el sepulcro mismo!!!, y al lado de los héroes de la patria mostrará el bello sexo de la América del Sud el interés con que desea ver espirar el último tirano, o rendir el supremo aliento antes que ver frustrado el voto de las almas fuertes”.

Monteagudo terminará sus días agonizando en una celda a causa de las puñaladas que le dan dos sicarios. Cien años deben pasar para que el entonces presidente Hipólito Yrigoyen mande a recuperar su cuerpo y que por fin el gran revolucionario descanse en paz.

El aumento despiadado de los tributos que debían pagar las clases populares alto peruanas es la mecha que hace estallar el espíritu revolucionario de los esposos Padilla. El 25 de mayo de 1809 se produce un levantamiento en Chuquisaca, al que se incorpora Manuel  Ascencio. Los levantamientos continúan y en setiembre de 1810 los rebeldes juran fidelidad a la Junta recién formada en Buenos Aires. A Manuel le otorgan el grado de comandante adjudicándole las regiones de Poopo, Moromoro, Pitantora, Huaycoma, Quilaquila, estando a cargo de 2.000 indios con los que logra ocupar Lagunillas evitando que Chuquisaca reciba aprovisionamiento para los realistas. La revolución hispano - criolla se extiende por todo el continente y son parte de ella los esposos Padilla, sobre los cuales la persecución realista aumente cada día más.

Habiendo sido derrotadas las fuerzas patrióticas en la batalla de Huaqui, la Junta en Buenos Aires envía una nueva campaña, esta vez conducida por Manuel Belgrano quien coordina esfuerzos con los Padilla, incluida Juana que, dejando a sus hijos al cuidado de gentes de su confianza decide ser parte de las batallas luchando a la par de las tropas masculinas. Incluso llegará a conformar una tropa de lugareños a quien ella llamará “Leales”, por su apoyo incondicional a las fuerzas patriotas. Dice Pacho O Donnell: “El hecho de que Juana fuere mujer, y de tal estirpe, decidió también a otras mujeres a unirse a la lucha, anticipando aquel legendario cuerpo de Amazonas alto peruanas que combatió bajo sus órdenes y que debería ocupar mejor lugar en nuestra historia oficial escrita por hombres y en Buenos Aires” . Belgrano reconoce  a Juana nombrándola Tenienta Coronela del ejército que  comanda.

Las derrotas en las batallas de Vilcapugio y Ayohuma significó el fracaso de la segunda expedición al Alto Perú, que más allá de los errores de estrategia militar de Belgrano, estuvo marcada por la falta de apoyo de los terratenientes potosinos y en general de toda la clase hacendada de la región, acostumbrados al antiguo régimen de tributos y esclavos al cual se negaban a renunciar. Con el retroceso de las tropas, se termina la débil voluntad de Buenos Aires de resistir en tierras alto peruanas, tentada a no compartir los ingresos de su puerto, que permitían el ingreso indiscriminado de mercaderías inglesas al continente luego de 1810, provocando así la muerte de la incipiente industria local. “Si Buenos Aires no lograba dominar militarmente a las provincias del interior alzadas contra su usurpación, mucho menos estaba interesada en ampliar la órbita de sus problemas. La burguesía porteña carecía de todo concepto territorial de la Nación, ya que todos sus intereses la proyectaban hacia Europa” .

En este contexto comenzará en el Alto Perú un proceso de resistencia armada denominado por Mitre como la “Guerra de las Republiquetas”. De una importancia trascendente para las aspiraciones independentistas, marcará una época sangrienta que durará 15 años. La republiqueta era cada asentamiento tomado por un grupo de lugareños y al mando de un caudillo, que hacía las veces de jefe militar. La estrategia militar adoptada fue la guerrilla, dada la falta de recursos y la inferioridad numérica frente al enemigo. Consistía en ataques rápidos y sorpresivos de pequeños grupos para conseguir prisioneros, comida y armas. Hubo cientos de caudillos que comandaron igual número de republiquetas. De todos ellos, sólo quedaron nueve.

Dadas las condiciones de la guerra de guerrillas, Juana y Manuel toman la decisión de dividirse. Manuel Asencio se dirigiría a los dominios de Vicente Umaña, en tanto que Juana se refugiaría en el Valle de Segura, quedando a cargo de sus cuatro hijos. En las profundidades de la selva de Santa Cruz de la Sierra, logra encontrar morada, pero la tragedia que marcaría toda la vida de la guerrera se haría presente allí. Poco a poco, fueron enfermando sus hijos a causa de la “malaria” y en cuestión de horas tuvo que ver aquella madre desesperada como iban muriendo uno por uno. A partir de ese momento, la lucha de Juana de volvería brutal. Poco tiempo después, en la batalla de “Las Carretas” es muerto Juan Huallparrimachi, líder indígena que fuera mano derecha de los Padilla.

Las tropas realistas se habían afincado en las principales ciudades del Alto Perú y la resistencia patriota parecía perder fuerza, sumadas las traiciones de muchos guerrilleros a fuerza de sobornos. Consciente de ello, Manuel Asencio envía una carta a Rondeau denunciando el abandono por ellos sufrido de parte de los “abajeños”: “Desde el primer mandatario hasta el último cadete de Buenos Aires, no han podido mudar el carácter honrado y sufrido de los altoperuanos, nosotros amamos de corazón nuestro suelo y de corazón aborrecemos una dominación extranjera, queremos el bien de nuestra Nación, nuestra independencia y despreciamos el distintivo de empleos y mandos, olvidamos el oro y la plata sobre la que hemos nacido y donde ha sido nuestra cuna” .

Fue cerca de la región de “La Laguna” donde se produjo un nuevo enfrentamiento con los realistas. El arriero Mariano Ovando  traiciona a los Padilla y facilita el acceso del enemigo a la zona de protección de los guerrilleros. En esa batalla, Juana es herida con dos disparos, uno en la pierna y otro en el pecho, y su esposo en el afán de salvarla es muerto de un balazo en la cabeza.  El líder realista Aguilera lo decapita junto con otra Amazona que confunde con Juana, y enseña ambas cabeza en la plaza pública. Juana lograría escapar y, enfurecida, prometería recuperar el cuerpo sin vida de su esposo.

Más tarde, se dirigiría al sur de Tarija para encontrarse con las tropas lideradas por Martín Güemes. Este caudillo era un joven salteño que esquivando la misión que le tocaba por su acomodada posición social toma las armas contra el absolutismo y se destina a la defensa del norte argentino. Amigo de San Martin y Belgrano, morirá luego de una lenta agonía que le producirán agentes nativos a las órdenes del general realista Olañeta. Su muerte causará regocijo entre otros de Rivadavia quien publicará: “llegó el cirujano Castellanos con la noticia del abominable Güemes (…) ya tenemos un caudillo menos que atormente al país y parece que a su turno van a caer los demás ”. El ejército del caudillo se vio en aquella época seriamente debilitado debido  a que no solo buscaba combatir las fuerzas realistas al norte de Salta sino que también debían resistir ante la embestida de las tropas enviadas desde buenos aires por Rondeau en el marco del conflicto entre el centralismo porteño y las provincias del interior “en Buenos Aires temían más a los caudillos con influencia sobre el pueblo que a los enemigos españoles y portugueses”. Güemes y los suyos resultaron victoriosos de aquella resistencia.

Sería la clase acomodada salteña la principal cómplice del asesinato de Güemes, pieza fundamental en la estrategia de San Martín quien le había encomendado avanzar sobre Lima por el continente para someter a los realistas a la llamada operación de pinzas.

La gran altoperuana pasará los últimos años de su vida como una boliviana. Luego de la gran victoria de Sucre que encendió de alegría a todos los criollos del continente,  el partido rivadaviano no participa del júbilo popular. Explica Jorge Abelardo Ramos “la tendencia invariable de la burguesía porteña era reducir en todo lo posible el área territorial, conservar el puerto y la aduana en sus manos, que proveían la mayor parte de los recursos fiscales, y librar a su suerte a las provincias mediterráneas, que carecían de productos exportables. El Alto Perú se volvía así una carga irritante para los porteños” . Pero al mismo tiempo las clases altas del alto Perú que fundaban su riqueza en el trabajo servil y esclavo de los indios en el fondo de las minas, preferían despegarse de Buenos Aires que no les ofrecía ningún tipo de ventaja económica. La tentativa separatista implicaba la posibilidad de adquirir una salida sobre el pacifico para su comercio. Nuevamente alrededor de un puerto se formaba un País.

Juana envuelta en la miseria luego de la muerte de su amigo y protector envía una carta a las autoridades de Salta solicitándoles ayuda para regresar a Chuquisaca entregándosele solo cuatro mulas del Estado y 50 pesos. Pudo regresar con su hija Luisa, la quinta, a quien había dado a luz poco después de haber perdido a sus demás hijos, a las orillas de un río y en pleno campo de batalla. Al llegar  trató de recuperar parte de las propiedades de su padre que habían sido confiscadas y le fue concedida una pensión mensual por su servicio a la Patria. Como no podía ser de otra manera murió un 25 de Mayo fecha que en 1810 dio lugar a la proclama libertaria que ella honró y  juró defender en vida.

 Hubo que esperar casi un siglo y medio para que llegara el reconocimiento histórico a esta enorme revolucionaria americana, en 2009 Cristina Fernández decreta el ascenso post mortem de Juana Azurduy de Padilla a grado de Generala del ejército argentino. Un año más tarde el presidente Evo Morales recibiría de mano de la presidenta argentina, en acto solemne el sable que perteneció a Juana Azurduy.

Los hombres y mujeres que han servido a la patria no morirán en la medida que sigan en pie los frutos de su lucha. Juana Azurduy flor del Alto Perú y de toda la América Morena.


Publicado en:
http://www.rinacional.com.ar/juana-azurduy-mujer-de-la-revolucion-americana.html


miércoles, 15 de julio de 2015

Cristina recibió a Evo Morales para inaugurar el monumento que reemplazará a Colón, por INFOnews del 15-07-15




Cristina mantuvo un encuentro junto a su par de Bolivia, que visita el país para inaugurar el monumento a la heroína de la Independencia, que estará ubicado detrás de la Casa Rosada.


La presidenta Cristina Fernández y su par de Bolivia, Evo Morales, mantuvieron un encuentro antes de inaugurar el monumento a la heroína de la Independencia americana Juana Azurduy.

Al tomar la palabra, la jefa de Estado destacó el nivel de inclusión social que generó el país durante los últimos 12 años. En ese sentido, la Presidenta explicó que según organismos internacionales "Argentina ha sido el país que más clase media ha producido en los últimos 12 años".

"¿Cómo será el grado de inclusión que una de las empresas más importantes de software fue fundada por cuatro platenses? Se llama Globant y la conformaron en el año 2003 y hoy cotiza en la Bolsa de Estados Unidos. El proceso de inclusión no sólo rescata a los más vulnerables, sino que beneficia a clase media, comerciantes, pequeños empresarios".

Hay una redistribución en serio del ingreso que impacta en todos los sectores

Además, Cristina remarcó: "Hay una redistribución en serio del ingreso que impacta en todos los sectores".

Por otro lado, la jefa de Estado recordó la figura del ex presidente Néstor Kirchner al señalar: "Néstor dispuso pagar más por el gas boliviano de lo que se pagaba. Es difícil encontrar presidentes tan generosas. Bueno, Hugo Chávez era un presidente muy solidario también".

"Nosotros tenemos que comerciar más entre nosotros mismos para que los recursos queden en la región y retroalimenten el comercio. Tenemos que ser socios. Esa es la clave de la integración", agregó.

Nosotros tenemos que comerciar más entre nosotros mismos

Por último, Cristina agradeció a Evo Morales la donación de la estatua de Juana Azurduy.

Por su parte, el presidente de Bolivia expresó que "antes los presidentes no duraban" en su país, que tuvo cinco mandatarios diferentes de 2001 a 2005, pero resaltó que "ahora gracias a mi pueblo y a los movimientos sociales hace nueve años que estamos en el gobierno".

Al hablar en Casa de Gobierno junto a la Presidenta, Evo reivindicó la fortaleza de los organismos supra nacionales en la región, y a modo de ejemplo afirmó que la Unasur "salvo de un golpe de Estado" a su nación.

La obra la produjo el artista Andrés Zerneri y fue donada por el gobierno del país vecino. Fue ubicada en el mismo lugar donde estaba una estatua de Cristóbal Colón, que será reubicada en Costanera norte.

Publicado en:
http://www.infonews.com/nota/234000/cristina-recibio-a-evo-morales-para-inaugurar-el-monumento-que-reemplazara-a-colon

viernes, 12 de julio de 2013

POR QUÉ IMPORTA REIVINDICAR A JUANA AZURDUY, por Javier Garín (versión escrita de una Conferencia del 09-07-13)







9 de Julio de 2013 a la(s) 23:03
Conferencia pronunciada por el Dr. Javier Garin en el Salón Presidente Perón de la Legislatura de Buenos Aires, el 8 de julio de 2013, en panel compartido con la Directora del Museo Histórico Nacional Aracelli Bellota y el historiador Hugo Chumbita, con el acompañamiento musical de Horacio Fontova, por iniciativa de los legisladores Gabriela Alegre, Juan Cabandié y otros).


Buenas tardes a todas y a todos:
             Agradezco la invitación formulada por los señores legisladores, la presencia de todos ustedes y el hecho de compartir este panel con excelentes historiadores. Y felicito a los organizadores por la iniciativa.
1) NO HAY HISTORIA NEUTRAL. LA HISTORIA ES UN CAMPO DE DISPUTA.
              La Historia, siempre lo decimos, no es un entretenimiento de eruditos, sino un campo de disputa en la batalla cultural que se libra en todas las épocas y en todas las sociedades. El pasado interesa porque se proyecta en el presente, porque  contribuye a formar -o deformar- una conciencia colectiva, y porque nos obliga a examinar los legados y desafios que ese pasado nos dejó. No hay historia neutral: siempre se escribe desde una perspectiva, respondiendo a visiones e intereses concretos y actuales.
            La Historia que durante décadas nos enseñaron y dimos por válida no fue otra cosa que un gran instrumento de lavado cerebral para crear una mitología que justificara el estado de postración colonial del país, el predominio de la oligarquía, la dominación británica o estadounidense, la fortaleza del Partido Militar, la política de aislamiento de Argentina respecto del resto del continente sudamericano, el racismo hacia los indígenas y los negros, el prejuicio contra la "chusma" del pueblo, la admiración cholula por todo lo extranjero y la consiguiente denigración de todo lo autóctono. Fue una "Historia" elaborada para afianzar un cierto tipo de sociedad, de pensamiento y de poder.
            Y en esa historia mitificada, un personaje como Juana Azurduy estaba excluido por varios motivos: porque era mujer, porque portaba sangre mestiza, porque era pueblo, porque era altoperuana, porque era guerrillera, porque era revolucionaria.
            Pero hoy ese andamiaje de mentiras que llamamos "la historia oficial" está en crisis. Y es un signo venturoso de estos tiempos que empecemos a debatirla y contradecirla. A revisitar al pasado desde una nueva perspectiva: nacional americanista, popular y democrática, poniendo hoy sobre la mesa lo que se habían ocupado de arrojar debajo de la alfombra.
2) JUANA AZURDUY, CASTIGADA POR MUJER
             Hace poco estuvimos en Salta junto a Aracelli Bellota y Hernan Brienza con motivo del Bicentenario de la Batalla de Salta, para hablar de las mujeres en la emancipación. Y justamente hablamos, entre otras, de Juana Azurduy. Pero aunque notable, no fue la única ni mucho menos. Hubo miles y miles de mujeres que participaron de la gesta de la emancipación, algunas como guerreras, otras como espías, algunas acompañando a los ejércitos, otras sosteniendo la retaguardia, algunas luchando abiertamente, otras colaborando en la resistencia popular.
           Porque LA REVOLUCION SE HIZO TAMBIEN CON MUJERES. Y, triste injusticia, se hizo con mujeres, pero no para ellas. Cuando la Revolución quedó atras y las necesidades de la guerra de emancipación pasaron, la mujer fue sometida nuevamente a las cadenas patriarcales de la sociedad colonial. La mujer no se benefició, desde el punto de vista del género, aunque luchó por la Revolución junto al varón. La Igualdad, ese santo dogma que invocaban nuestros próceres, no comprendía ciertamente la igualdad de género. Y cuando se escribió la "historia oficial" -en la segunda mitad del siglo XIX-, eran tiempos en los cuales Velez Sarfield consagraba en el Código Civil el sometimiento de la mujer a través de las leyes.
             Entonces, era comprensible que en esa historia oficial Juana Azurduy no existiera.
             Este destino de olvido lo compartíó con otras mujeres notables, como Manuelita Saenz, esa gran americana, guerrera como ella, partícipe como ella en numerosas batallas, a quien la historiografía machista llamaba desdeñosamente "la amante del Libertador Simon Bolivar", contradiciendo a Bolívar que le había dado el título de "Libertadora del Libertador", porque Manuelita le había salvado la vida, lo había acompañado en todos los peligros y lo había protegido de sus enemigos.
              Y fue el mismo destino de olvido que cubrió a esas otras miles de mujeres anónimas, generalmente mestizas, que participaron de las multitudinarias guerrillas contra el invasor colonial.
3) CASTIGADA POR ALTOPERUANA: 
             La Historia mitológica que nos enseñaron intentó justificar la política de aislamiento que la oligarquía impuso respecto de los restantes pueblos americanos, de acuerdo con la política británica del "divide y reinarás".
               Así nos inculcaron colosales mentiras en aras de un supuesto nacionalismo localista. Basten unos ejemplos: hasta hoy seguimos repitiendo que la Bandera nacional creada por Belgrano era para Argentina, cuando el propio Belgrano claramente dijo a sus soldados que era la bandera de América del Sur. Hasta hoy hablamos de "Independencia argentina", cuando la declaración del Tucumán proclama la de las Provincias Unidas en la América del Sur. Hasta el día seguimos diciendo que nuestra Revolución se inició el 25 de mayo de 1810,aunque en realidad comenzó un año antes, el 25 de mayo de 1809 en Chuquisaca. Y hasta hoy seguimos llamando al Ejército de Castelli y de Belgrano "Ejército del Norte", aunque su nombre oficial era "Ejército auxiliar del Alto Perú", pues el territorio en que operaba no era el Norte de nada: el antiguo Virreinato llegaba hasta el Lago Titicaca en el Perú y hasta la laguna Merim en el Brasil, y por tanto lo que hoy llamamos Norte, era en realidad el centro de nuestro pais. Pero la política que luego triunfó fue la de Rivadavia y la burguesía comercial porteña, que quería sacarse de encima el Alto Perú porque no lo podía controlar. Y los continuadores de Rivadavia, cuando escribieron la historia, empezaron a hablar de frontera norte donde no había ninguna frontera, y a considerar "extranjera" la tierra altoperuana que siempre había formado con nosotros una unidad.
              Ya en esa primera Revolución, luego sangrientamente reprimida, de Chuquisaca -la antigua ciudad universitaria donde estudiaron hombres como Castelli, Moreno y Monteagudo-,  Juana Azurduy y su esposo Manuel Asencio Padilla, colaboraron desde el pueblo, en estrecho contacto con otro hombre que más tarde sería tambien un caudillo de la guerra de guerrillas: el comandante Antonio Alvarez de Arenales, mientras Monteagudo, con apenas veinte años, agitaba al pueblo, y Lemoine rajaba la campana de la Libertad convocando a a la rebelión.
             Pero no se menciona en nuestra historia que la Revolución se inició en Chuquisaca porque, claro, pretendemos que empezó en Buenos Aires. ¿Cómo vamos a reconocer que sus orígenes estuvieron en lo que hoy es Bolivia, país desdeñado por motivos racistas?
              Lo peor de la guerra revolucionaria tuvo lugar, allí, en el Alto Perú, la tierra que más sufrió los embates bélicos, las invasiones y las masacres. Fue tan cruel la guerra de guerrillas altoperuana que de los 105 caudillos que participaron en ella, solo sobrevivieron nueve.
            Fue en esa guerra de guerrillas donde sobresalieron caudillos populares como Camargo, Warnes, Arenales, Manuel Asencio Padilla y su esposa Juana Azurduy. Cada uno con miles de guerrileros mestizos o indios como seguidores, luchando en total inferioridad de armamentos, enfrentando a veces a las tropas coloniales con hondas, macanas y lanzas improvisadas, dieron una lucha sin cuartel a las fuerzas de la opresión. Cuando los revolucionarios caían prisioneros, eran torturados sin piedad, asesinados, o clavadas sus cabezas en picas, como sucedió con el propio  Padilla, cuya cabeza Juana se vio obligada a rescatar para impedir que quedara como trofeo del enemigo.
             En esa guerra de extrema crueldad fue donde Juana hizo sus mayores servicios a la causa de la Independencia americana. Perdió su marido, su hacienda y cuatro de sus hijos, que sucumbieron a la peste mientras se escondía en pantanos infectos de sus enemigos.
             En su tiempo fue reconocida por el gobierno que le dio grado militar, por Belgrano que le legó su sable, por Bolivar que la ascendió y le acordó una pensión. Pero algunos de los oligarcas realistas contra los que combatió fueron los que luego, una vez independizado el Alto Perú, se apoderaron del gobierno de la nueva república. Y los historiadores argentinos dejaron de reconocerla por considerarla "extranjera". Murió pobre y olvidada, a los 82 años, otro 25 de mayo, mientras se escribía la historia oficial, y Mitre, el padre de nuestra historiografía, calificaba a las grandes luchas del Alto Perú, de manera peyorativa, como "republiquetas". Padilla y Juana Aazurudy eran para Mitre, la "republiqueta de Laguna".
4) CASTIGADA POR MESTIZA
               Cuando se escribió la Historia Oficial, la oligarquía estaba empeñada en una guerra de exterminio contra los indios. Había que matarlos para quitarles las tierras. Y para ello había que denigrarlos. Entre otras cosas, era necesario ocultar o disminuir el papel que los pueblos indígenas americanos jugaron en la liberación de este continente mayoritariamente indio o mestizo. Era preciso ocultar el pensamiento indigenista de nuestros próceres: ocultar que Belgrano emancipó a los indios de las Misiones Y que la Primera Junta instruyó a Castelli para que se ganara la simpatía del elemento indígena reconociendo sus derechos.
              Otro 25 de mayo, en 1811, Castelli -personaje tambien menospreciado, cuya estatua, como organizador de la Revolución de Mayo y jefe político de los jacobinos, debería estar frente al Cabildo y no arrumbada en un rincón de Plaza Constitución- hizo leer a Monteagudo, frente a las tropas y a los pueblos indígenas, la famosa proclama de Emancipación. En ella se los liberaba de toda servidumbre, de la mita, de las encomiendas, se les reconocía el derecho a acceder a cargos públicos, a la educacion bilingüe, a nombrar representantes al Congreso, a la propiedad de las tierras.
                Entre los dirigentes altoperuanos más cercanos a Castelli se encontraban precisamente los esposos revolucionarios Manuel Padilla y Juana Azurduy. ¿Y cómo no identificarse con esta política de emancipación, si Juana había nacido el mismo año de la gran sublevación de Tupac Amaru II y ella misma llevaba en sus venas sangre indigena?
                 Pero a los indios nuestra historiografía estaba decidida a borrarlos hasta del recuerdo. Ya Joaquin V. Gonzalez advertía que Mitre había cometido una gran injusticia al calificar de "simple montonera" la rebelión de Tupac Amarú que hizo temblar el Imperio español. En el ocultamiento del aporte indígena y del indigenismo declarado de nuestros revolucionarios, era lógico que tambien cayera como víctima la memoria de Juana Azurduy.
5) UNA ESTATUA PARA JUANA
             Por estos y otros motivos de peso es que debemos reparar la injusticia histórica que condenó a Juana Azurduy a un lugar marginal, y honrar en ella no sólo su memoria individual sino la de las mujeres, los altoperuanos, los indígenas, quienes pelearon tambien por la emancipación continental, reivindicando el ideal de igualdad y hermandad de todos los pueblos de América del Sud, que conforman un sólo pueblo, hoy dividido por fronteras artificiales.
            Me recomiendan no hablar de Colón, pero no puedo dejar de mencionarlo. Cuando discutimos de símbolos, discutimos de elementos formadores de nuestra identidad y de nuestra mentalidad. Disculpen si hay aquí un defensor de Colón, pero la verdad es que el monumento a Colón debería ser reemplazado por el de Juana, no por capricho del revisionismo, sino para contribuir a conformar una conciencia nacional latinoamericana y antiimperialista al colocar a esta gran luchadora frente a la Casa de Gobierno de la República.
          Colón es hasta tal punto la representación máxima del sometimiento de América a Europa que llamamos "Colonia" a la dominación extranjera y "colonización" a los procedimientos político-militares empleados para oprimirnos.
            Por tal razón es que muchos líderes latinoamericanos propugnan, como Evo Morales, la "descolonización del pensamiento".
              Con otras palabras, pero con el mismo concepto, impulsaba Monteagudo hace doscientos años la liberación de los cerebros. Decía que la colonización comienza por la mente, cuando el sistema de opresión logra que los pueblos oprimidos piensen de sí mismos con las ideas del opresor: cuando caen en la autodenigración, cuando pierden la autoestima, cuando se deshacen en vanas admiraciones por lo extranjero y menosprecio cipayo de lo propio. Así es cómo nos dominaron. Y de esas cadenas mentales debemos liberarnos, reemplazando los símbolos del pasado por otros nuevos.
                Monteagudo no hablaba de "batalla cultural, pero pregonaba "la guerra a muerte contra los principios góticos", que eran las ideas que los españoles habían inculcado a los americanos para dominarlos más fácilmente.
                Hoy estamos frente al mismo dilema de nuestros próceres: trabajar por la verdadera Independencia de la patria americana. Hoy, como entonces, debemos reconocer nuestros orígenes y unirnos con aquellos de quienes las fuerzas imperiales nos separaron, porque, al decir de Perón: "una Latinoamérica desperdigada no se podrá defender, nos robarán las cosas por teléfono".
                Por eso, felicito a los organizadores por esta reivindicación más que oportuna de Juana Azurduy, un 8 de julio, antes de celebrar el día de la Independencia, para que reflexionemos por la segunda Independencia que aun debemos conquistar, teniendo como inspiración a esta gran mujer.
                ¡Abajo Colón, arriba Juana, y Viva la Patria!

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Javier Garin es autor de: "MANUEL BELGRANO, RECUERDOS DEL ALTO PERU", "MANUEL POPULAR DE DERECHOS HUMANOS", "EL DISCIPULO DEL DIABLO, VIDA DE MONTEAGUDO" Y "PRÓCERES ARGENTINOS POR LA PATRIA GRANDE".

Otros trabajos de Javier Garín en:

sábado, 1 de junio de 2013

Juana Azurduy o Cristóbal Colón, por Marcelo Giannatiempo (para http://enfoquesgiannatiempo.blogspot.com.ar del 01-06-13)



Un monumento puede dividir ideologías y de hecho eso sucede y es bueno que suceda, ya que ciertamente es un reconocimiento, una forma de rendir honores a la figura que representa; pero no siempre quien es representado en un monumento merece ser honrado.


La llegada de C. Colón a las costas de un territorio desconocido para la España colonialista de 1492, fue el desembarco de los conquistadores a un paraíso que fue invadido y acallado por siglos a fuerza de una dominación genocida. (El mayor exterminio de un grupo humano en la historia del mundo) De la cual Colón fue artífice y protagonista, aunque por años los libros de textos nos dijeron que gracias a él y a España somos civilizados.


Luego de siglos y siglos América fue liberada del yugo colonialista por un grupo de hombres y mujeres, que son realmente quienes merecen ser recordados con monumentos en lugares destacados y simbólicos de las ciudades más importantes, y Buenos Aires es una de ellas.


El 14 de julio de 2009 la presidenta argentina Cristina Fernández ascendió post-mortem a Juana Azurduy, del grado de teniente coronel a general del Ejército Argentino.
En marzo de 2010, la presidenta argentina personalmente entregó el sable y las insignias de general del Ejército Argentino ante sus restos, resguardados en la Casa de la Libertad, en Sucre. Junto al Presidente boliviano Evo Morales firmaron un tratado que instituye el día del nacimiento de Juana Azurduy, como el "Día de la Confraternidad Argentina-Boliviana".
El monumento a Juana Azurduy será emplazado en la Plaza Colón la cual se encuentra detrás de la Casa Rosada. En 2007 el entonces jefe del gobierno porteño Jorge Telerman firmó un acuerdo con la Nación para disponer de la plaza y sus adyacencias  por cuestiones de la seguridad perimetral. En 2008, la Legislatura porteña, ya durante el gobierno de Mauricio Macri, ratificó el acuerdo.
En la Plaza Colon y lo que antes era la Avenida Paseo Colón se encuentra hoy el Museo del Bicentenario y la antigua Aduana, Ruinas rescatadas por un trabajo arqueológico sin precedentes en Argentina, este museo y la reconstrucción arqueológica y el cuidado del patrimonio de la Antigua Aduana y sus adyacencias dependen de La Presidencia de la Nación. Por todo esto digo que es  ideológica la oposición al traslado del monumento a Colón y que en su lugar se emplace el MONUMENTO a JUANA AZURDUY y no una cuestión de patrimonial, pues el monumento al marino sería trasladado con todas las precauciones del caso a otra ubicación.   
 ¿Por qué Juana Azurduy?


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Juana Azurduy de Padilla nació en Chuquisaca. Eso no era nacer en cualquier lugar ya que dicha ciudad, que también recibía los nombres de La Plata o Charcas, era una de las más importantes de la América española.
Pertenecía al Virreinato del Río de La Plata desde 1776, igual que el resto del Alto Perú, y en ella residían nada menos que la Universidad de San Francisco Xavier, la Audiencia y el Arzobispado.
Tuvo una infancia feliz donde aprendió Quechua y Aymara, ya en su adolescencia, perdiendo a sus padres don Matías Azurduy y doña Eulalia Bermudes, se volvió conflictiva para su tía conservadora y fue enviada a un convento.
En el convento tuvo una actitud desafiante y clandestinamente organizaba reuniones donde aprendían la vida de Tupac Amarú y otros personajes que se rebelaron contra los españoles. A los 8 meses de su internado es expulsada y regresa a su pueblo natal.
En Chuquisaca conoce a Melchor Padilla, conocedor de los pueblos indígenas, su hijo Manuel Padilla se hace amigo de ella y finalmente se casan, teniendo cuatro hijos victimas del Paludismo. Las ideas de la revolución francesa eran afines en ambas personas, y él forma parte de la rebelión criolla en contra de los españoles en 1809, comandando a los indios Chayanta.
Restaurado el poder colonial Padilla es perseguido y su mujer expulsada de sus propiedades.

Azurduy y su esposo, Manuel Ascensio Padilla, se sumaron a la Revolución de Chuquisaca que el 25 de mayo de 1809 destituyó al presidente de la Real Audiencia de Charcas, viendo morir a sus cuatro hijos y combatió embarazada de su quinta hija.
El 2 de Agosto de 1814 Juana Azurduy, de 9 meses de embarazo conquistó el cerro Carretas, matando al oficial a cargo español y tomando el sangriento estarte realista. Inmediatamente comienzan sus contracciones y da a luz en el campo de batalla donde nace su cuarta hija.
Azurduy lideró la guerrilla que atacó el cerro de Potosí, tomándolo el 8 de marzo de 1816.
Debido a su actuación, tras el triunfo logrado en el combate de El Villar recibió el rango de teniente coronel por un decreto firmado por Juan Martín de Pueyrredón, Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, el 13 de agosto de 1816. Tras ello, el general Belgrano le hizo entrega simbólica de su sable.
En 1816 recibe el visto bueno del Director Pueyrredón para que Güemes la designe Teniente Coronel con permiso de usar el uniforme militar, el mismo año fue herida en Viluma, su marido acudió a rescatarla y en este acto fue herido de muerte.


La cabeza de su esposo fue exhibida por meses en una plaza pública y el 15 de mayo de 1817 Juana al frente de cientos de indios la recuperó.
Por tres años siguió con estas tácticas hasta la muerte de Güemes en 1821.
Con las expediciones Argentinas del Ejército del Norte Juana ofrece tropas de ayuda al ejército de Güemes estos logrando gran admiración entre los argentinos a tal punto de recibir de propias manos del Gral. Belgrano el sable del poder argentino como símbolo de reconocimiento.
Fue una líder revolucionaria que combatió en la Guerra de Independencia Hispanoamericana en el Alto Perú.
El cambio de planes militares, que abandonó la ruta altoperuana para combatir a los realistas afincados en el Perú por vía chilena, disminuyó el apoyo logístico a la guerrilla comandada por Azurduy, que se replegó hacia el sur, uniéndose finalmente a Martín Miguel de Güemes.
Con sólo enviar esas tropas al Alto Perú y estacionarlas en Potosí -como señalaron Belgrano y San Martín, se preparaba el cruce de los Andes, el pueblo boliviano habría sido salvado de sufrir lo indecible.
Juana Azurduy es la revolución, es el pueblo en armas, son las mujeres del pueblo en armas, que pelean junto a los hombres, igual o mejor que ellos, que los mandan.
Mujeres y hombres que destruyen ejércitos completos, superiores en número y armamento.
Armados con hondas, macanas, lanzas, boleadoras, a fuerza de coraje y fiereza. Coraje y fiereza que dan la decisión de luchar hasta el fin por la libertad, por la justicia contra la opresión y el sometimiento de los semejantes.
Luego del asesinato de su esposo y de varios de los principales jefes guerrilleros, Juana bajó a Salta y combatió junto a Güemes, quien la protegió y le dio el lugar correspondiente.

Luego del asesinato de Güemes en 1821, Juana entró en una profunda depresión.
En 1825 solicitó auxilio económico al gobierno argentino para retornar a Chuiquisaca.
La respuesta del gobierno salteño resultó indignante, apenas le otorgó ‘50 pesos y cuatro mulas’ para llegar a la ‘nueva nación de Bolivia’.
Fallecimiento de la guerrillera de la libertad:
Pasó varios años en Salta solicitando al gobierno boliviano, ya independiente, sus bienes confiscados.
El mariscal Antonio José de Sucre le otorgó una pensión, que le fue quitada en 1857 bajo el gobierno de José María Linares. Murió indigente el día 25 de mayo de 1862 próxima a cumplir 82 años, en el más absoluto ostracismo y miseria, murió Juana de América.
Sus restos fueron exhumados 100 años después, para ser guardados en un mausoleo que se construyó en su homenaje.

Juana Azurduy - mercedes sosa



Juana Azurduy
(Letra: Féliz Luna - Música: Ariel Ramírez)
Juana Azurduy,
flor del Alto Perú:
no hay otro capitán
más valiente que tú.
Oigo tu voz
más allá de Jujuy
y tu galope audaz,
Doña Juana Azurduy.
Me enamora la patria en agraz,
desvelada, recorro su faz;
el español no pasará
con mujeres tendrá que pelear.
Juana Azurduy,
flor del Alto Perú,
no hay otro capitán
más valiente que tú.
Estribillo
Truena el cañón,
préstame tu fusil
que la revolución
viene oliendo a jazmín.
Tierra del sol
en el Alto Perú,
el eco nombra aún
a Tupac Amaru.
Tierra en armas que se hace mujer,
amazona de la libertad.
Quiero formar
en tu escuadrón
y al clarín de tu voz
atacar.