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miércoles, 26 de noviembre de 2025

UCRANIA Y RUSIA, COMO CAÍN Y ABEL, por Adrián Corbella

 




Los eslavos aparecen por primera vez en la historia en un área oval que se encuentra en las fronteras entre las actuales Polonia, Bielorrusia, Ucrania y Rusia . Desde allí se fueron extendiendo hacia los 4 puntos cardinales, alcanzando por el sur los Balcanes y las costas del Mar Negro, por el norte la tundra ribereña con el Ártico, por el Oeste el río Oder, y por el Este el río Volga  y los Montes Urales.

Cuando los vikingos comenzaron su expansión militar y comercial por  los ríos y mares de Europa, ingresaron a los ríos  rusos y llegaron vía Dnepr y Mar Negro a Bizancio. Como bastión de esta  ruta comercial un grupo de guerreros nórdicos fundó el Rus de Kiev, estado con aristocracia escandinava y pueblo eslavo, que alcanzó en su máxima expansión a controlar el oeste de Ucrania, Bielorrusia y buena parte de la Rusia Europea. Los reyes vikingos (“rus”) de Kiev rápidamente se eslavizaron (los “rus” nórdicos se hicieron “rusos” eslavos) y este Estado, el primer gran estado de los eslavos orientales, es visto como Estado madre tanto por Rusia como por Ucrania y Bielorrusia. Este estado adoptó el cristianismo ortodoxo y se vinculó por matrimonio con las dinastías bizantinas.

Rus de Kiev en 1054

Las invasiones mongolas del siglo XIII destruyeron el Rus de Kiev y lo dividieron en diversos estados tributarios del Imperio de Gengis, así como de sus estados sucesores (como la Horda de Oro).

Desde Polonia al Este de China se extienden por Eurasia praderas y estepas que en la Antigüedad y el Medioevo actuaron como una especie de “autopista” por la que pueblos de jinetes nómadas y seminómadas partían de Oriente y se derramaban por Europa. Pasaron por allí escitas, sármatas, hunos, ávaros, magiares, búlgaros, pechenegos, jázaros, mongoles, tártaros. Algunos se afincaron en Europa y fundaron estados: es el caso de los magiares en Hungría, y el de los búlgaros (que en Europa se eslavizaron). Otros fueron conquistados, barridos por la siguiente invasión con la fuerza de un tsunami.

En estos años, en el territorio que en el siglo XX llamábamos Ucrania, se distinguen varias zonas: el sur y el este eran zonas de tránsito de los jinetes, hogar de Imperios transitorios, dónde sólo se consolidó el Kanato tártaro de Crimea, siempre vinculado al Imperio turco Otomano, que controlaba, además de la península de Crimea, tierras y puertos del Bajo Dnepr y sobre el Mar de Azov, es decir buena parte del sur de la actual Ucrania.

Por el norte presionaban y avanzaban los estados rusos o protorusos, entre los que pronto se destacará el Gran Ducado de Moscovia, origen de la Rusia moderna.

El Oeste hasta Kiev fue zona de control de Polonia y Lituania, luego unidos en una monarquía dual.

En esa zona fronteriza entre rusos, turco-tártaros y polaco-lituanos, el recodo del Dnepr y las orillas del Don, comienza a surgir una etnia eslava por su idioma y cristiana por su religión: los cosacos. Los cosacos a veces luchaban para sí y otras se enrolaban como soldados de algún rey de la zona. Para los ucranianos son el origen de su nacionalidad. Para los rusos son parte de la suya, un grupo surgido en la frontera (ese es el significado de Ucrania).

Al norte de esta zona fronteriza, y a partir de Moscú, comenzó en el siglo XVI un proceso de expansión y unificación protagonizado por monarcas como Iván III e Iván IV (el famoso Iván el Terrible), o Pedro el Grande o Catalina (ya en el siglo XVIII), que construyen el Estado ruso.

Iván IV conquistó los estados tártaros del Volga, como Kazàn y Astracàn, cortando de esa manera la ruta de acceso de los jinetes orientales hacia Europa. Los reyes posteriores pusieron su mirada en el sur, en esas llanuras fronterizas de posesión cambiante, y en los puertos de aguas cálidas del Mar Negro, lo que llevaba a Rusia a enfrentarse con las potencias de la zona: el Imperio Turco, el Kanato de Crimea y el reino de Polonia-Lituania.

Fue Catalina la Grande la que logró en el siglo XVIII apoderarse de Crimea (Kanato habitado por tártaros, eslavos y griegos), y las costas hoy ucranianas del Mar Negro.

En 1794 la Rusia de Catalina la Grande fundó el puerto de Odessa, la joya del Mar Negro, ciudad dónde aún el ruso es la lengua predominante, pero que fue desde su origen una ciudad cosmopolita, como buena parte de la costa del Mar Negro, donde además de rusos y ucranianos abundaban los griegos, búlgaros, rumanos, turcos, tártaros, judíos, alemanes y otras etnias. De hecho Odessa fue fundada por el Almirante ruso Iosif Mijailovich Deribás, noble español nacido en Nápoles con el nombre de José Miguel de Ribas y Boyons. La Avenida principal de Odessa todavía se llama Deribasivskaya en honor a su fundador ibérico.

En los siglos XVIII y XIX tenemos a la mayor parte de Ucrania dominada por Rusia, mientras la parte occidental se encuentra bajo dominio de Polonia –y luego de Austria-.Estos ucranianos del Oeste siempre han mantenido diferencias culturales con los ucranianos del Este. De hecho muchos no son cristianos ortodoxos sino UNIATOS, miembros de una Iglesia local asociada a la católica romana.

Hoy los eslavos orientales hablan 3 idiomas (ruso, ucraniano, bielorruso) que son distintos pero están muy emparentados, son semejantes. La diferencia entre estos idiomas es parecida a la que existe entre el español y el portugués, que son idiomas inteligibles por escrito y en forma oral pueden los hablantes de ambos idiomas comunicarse si hablan despacio y tienen paciencia.

A fines del siglo XIX el gigantesco imperio ruso comenzó a verse afectado por nacionalismos secesionistas, no sólo de los ucranianos, sino también de polacos, finlandeses, estonios, letones, lituanos, etc.

En marzo de 1918, con una Rusia jaqueada por la guerra, Alemania impuso en el Tratado de Brest-Litowsk la independencia de Ucrania, y rápidamente las tropas alemanas impusieron en Kiev un gobierno títere presidido por el Hetman Skoropadsky.

La derrota alemana en la Primera Guerra Mundial y la Revolución Rusa transformaron a Brest-Litowsk en letra muerta.

La situación de Ucrania fue particularmente confusa, por no decir caótica. Skoropadsky fue rápidamente desplazado del poder y Ucrania se hundió más aún en el caos. Por un lado fue campo de batalla entre dos ejércitos “rusos”: el Ejército Rojo (comunista) y el Ejército Blanco (anticomunista). Había al menos tres grupos ucranianos distintos, cada uno de los cuales intentó organizar su Estado: los nacionalistas de Simòn Petliura, los anarquistas de Nèstor Machno (que controlaba un par de provincias en el Este) y los ucranianos de la ex Galitzia austrìaca que organizaron un Estado de la Ucrania occidental. Grupos cosacos intentaron montar una República en torno al rìo Don, en las áreas de Rostov y el Donbass.

A todo esto debemos sumarle tropas extranjeras: los alemanes no se retiraron de inmediato; los polacos invadieron desde  el Oeste llegando hasta Kiev, reclamando territorios que habían sido suyos en el siglo XVIII; los rumanos avanzaron sobre Besarabia y Bukowina; ingleses y franceses desembarcaron en  Odessa.



Este caos se cerró en 1921 con cuatro quintos de Ucrania transformados en República soviética dentro de la URSS, y el resto bajo control de Polonia (Galitzia, Volinia, Polesia), Rumania (Besaraba, Bukowina) y Checoslovaquia (Rutenia subcarpàtica o Zakapartija). Crimea siguió siendo rusa, como siempre lo habìa sido desde el siglo XVIII, y siguió así hasta que Nikita Jruschov, premier de la URSS de origen ucraniano, la transfiriò administrativamente de Rusia a Ucrania en 1954.

Los ucranianos no la pasaron bien en tiempos de Stalin, cuya política de industrialización a marchas forzadas que transfería recursos del campo a las ciudades pegó duramente en el país, y provocó una extendida hambruna.

Por eso muchos ucranianos recibieron a los soldados de la Wehrmacht como a “libertadores”, y se encuadraron bajo el liderazgo de Stefan Bandera (hoy héroe nacional para el Régimen de Zelenski) que destinó efectivos ucranianos a los Einsatgruppen y a la división “Galizien” de las Waffen-SS. Estos ucranianos nazis lucharon codo a codo con los alemanes hasta 1945, y Stalin los trató duramente. La mayoría de los que capturó o le fueron transferidos por USA o el Reino Unidos fueron fusilados.

Con la desintegración de la URSS, Rusia, estado heredero de la misma, aceptó la independencia de Ucrania con dos condiciones:

*mantener una base en Crimea

*que Ucrania se mantuviera neutral

Los ucranianos cumplieron escrupulosamente estas condiciones hasta que en 2014 se produjo el Maidán, golpe blando en formato “Revolución de Colores” impulsado por los países de la OTAN.

La Ucrania de comienzos del siglo XXI tenía dos áreas bien diferenciadas: El Oeste y el centro hablaban masivamente ucraniano y votaban partidos nacionalistas pro integración a Occidente. El Este y el Sur estaban habitados mayoritariamente por  rusófonos que votaban partidos favorables a la neutralidad de Ucrania y de las buenas relaciones con Rusia. A estos sectores pertenecía Viktor Yanukovich, el presidente derrocado en el Maidan.



Arriba resultado de las elecciones de 2007. Abajo porcentaje de hablantes del ruso

Cabe señalar que Zelenski llegó al poder con amplia mayoría pero haciendo la promesa de mantener buenas relaciones con Rusia. Luego traicionó esa promesa negociando el ingreso a la OTAN, prohibiendo el idioma ruso, la iglesia ortodoxa rusa y una decena de partidos políticos, y permanece en el cargo con mandato cumplido desde mayo de 2024.

El golpe de 2014 tuvo varias consecuencias: los crimeos se rebelaron y pidieron su incorporación a Rusia; las provincias del Donbass, de abrumadora mayoría rusa, no reconocieron al nuevo gobierno y comenzaron a luchar; la OTAN comenzó una penetración en Ucrania rearmando y entrenando al ejército, construyendo fortificaciones y reconstruyendo desde la base a las fuerzas de seguridad.

En el Protocolo de Minsk de julio/septiembre de 2014 se acordó un alto el fuego y una descentralización del poder, y “arreglos provisionales de gobernación local en algunas zonas”, pero las estipulaciones no se cumplieron y la lucha continuó hasta la invasión rusa de 2022.

El 7 de diciembre de 2022, Ángela Merkel reconoció en una entrevista concedida a “Die Zeit” que el único objetivo de los acuerdos de Minsk fue dar tiempo a los ucranianos para armarse y fortificarse con ayuda occidental.

Rusia toleró esta lucha entre el ejército ucraniano y las milicias rusas de Donetz y Lugansk por ocho años (2014-2022), pero señaló con meridiana claridad que no aceptaría el ingreso de Ucrania en la OTAN.

Finalmente, a comienzos de 2022, y luego de múltiples advertencias, el ejército ruso ingresó en Ucrania. No sólo en Kiev se hablaba del ingreso a la OTAN sino que el ejército ucraniano parecía amenazar con invadir las pequeñas repúblicas rebeldes del Donbass.



El resto es historia conocida. El acuerdo de paz al que habían llegado Rusia y Ucrania en Estambul, a pocas semanas de comenzada la guerra, fue vetado por el Reino Unido y los Estados Unidos. Le prometieron a Zelenski apoyo militar y económico “hasta el último ucraniano”. Lo están cumpliendo…cada vez quedan menos ucranianos.

En los últimos años, el ejército ucraniano no para de retroceder, en  forma lenta pero continua, dejando tras de sí un reguero de cadáveres de ucranianos y mercenarios occidentales, junto a grandes masas de armamento destruido que les fue proporcionado por los países de la OTAN. Ruinas de tanques y vehículos blindados de Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Alemania, Polonia, Turquía, Australia, España, y otros países decoran los campos del este de Ucrania.

El único final que parece estar cerca es un colapso militar, ya que los países europeos insisten en pretender incrementar la presencia militar occidental en Ucrania, no entendiendo que Rusia comenzó el conflicto, justamente, para evitar que Ucrania ingrese a la OTAN -organización militar que no para de expandirse desde la desaparición de la URSS y el Pacto de Varsovia-. Desde la perspectiva de Moscú, la guerra no terminará hasta que no cumpla  el principio “Ucrania fuera de la OTAN, la OTAN fuera de Ucrania”.

 

Adrián Corbella, 26 de noviembre de 2025

sábado, 19 de abril de 2025

EL BIÓGRAFO DE STALIN EXPLICA QUE QUIERE PUTIN

 


Hoy estoy hablando con el Dr. Geoffrey Roberts, Profesor Emérito de la University College Cork, en Irlanda. Geoff es un historiador británico, biógrafo y comentarista político, especialista en política exterior y militar rusa y soviética, y experto en Stalin y la Segunda Guerra Mundial. Su trabajo más reciente es el libro titulado "La Biblioteca de Stalin: Un Dictador y sus Libros". Geoff es uno de los historiadores occidentales críticos que también se atreve a expresar su opinión cuando se trata de la Guerra en Ucrania, algo por lo que ha sido fuertemente criticado. Así que hoy queremos discutir sobre Ucrania y la libertad académica en Occidente.


Original Video:    • Stalin Biographer EXPOSES Ukraine-War...  

Original Transcript: https://www.video-translations.org/tr...

Translated Transcript: https://www.video-translations.org/tr...

Produced by: Neutrality Studies

Originally Published on: 2025-04-18

Translations by: www.video-translations.org

Disclaimer: Read by A.I. Voices. Auto-translated.


This video is owned by this channel.

lunes, 9 de septiembre de 2019

MACRISMO Y STALINISMO, por Ricardo Aronskind (para "El Cohete a la Luna" del 08-09-19)


La última creación literaria de Cambiemos es que puso los cimientos del crecimiento futuro

POR RICARDO ARONSKIND 

La última creación literaria del aparato comunicacional macrista está diseñada para mostrar a la fallida gestión de Cambiemos como una verdadera gesta estratégica, en la cual se siguió un camino muy bien trazado de objetivos materiales destinados a sentar las bases del progreso argentino.

El esfuerzo gubernamental habría sido tan extraordinario, y su concentración en las grandes tareas de cimentar el crecimiento tan obsesiva, que de pronto dejó detrás de sí, o no prestó suficiente atención, a lo que pasaba con los seres humanos que habitaban el territorio donde se estaba verificando tan extraordinaria transformación.

Repasemos algunas declaraciones oficiales en esa dirección.

El ex presidente Pinedo señaló: “Perdimos porque no nos ocupamos del día a día y de la gente que nos decía ‘no llego, necesito otra cosa’”.
Hernán Lombardi, principal responsable del Sistema Federal de Medios, meditó: «En nuestro afán de poner rápido a la Argentina de pie… bueno, le metimos la mano en el bolsillo a la gente… Se achicaron sus bolsillos«.
El propio Presidente Macri señaló en numerosas oportunidades: “Con sacrificio pusimos los cimientos para crecer. Vamos a lograrlo juntos”.

¿Qué sería poner los cimientos?

En general la argumentación macrista trabaja más con impresiones que con conceptos precisos. Está pensada para grandes franjas poblacionales y apela a imágenes ya existentes en el imaginario colectivo. El argumento de que se pusieron los cimientos del progreso, debe ser rastreado según otras publicidades que hace Cambiemos, para sacarlo del ámbito metafísico y colocarlo entre las cosas discernibles.

De diversas declaraciones que han hecho economistas y políticos pertenecientes al espacio de Cambiemos, se deduce que lo que ellos llaman “los cimientos” se puede desglosar en:

Haber cambiado los precios relativos de la economía, restableciendo la rentabilidad adecuada para que se verifique la inversión privada.
 Ahora, luego del ajuste obligado por el FMI, haber eliminado el déficit fiscal primario.
 Ahora, luego del ajuste obligado por el FMI, haber obtenido superávit comercial
 Haber creado lazos estrechos con las principales potencias de Occidente, uno de cuyos “logros” principales sería el pre-acuerdo de libre comercio con la Unión Europea.
Haber hecho obra pública, desde cloacas, hasta obras viales, desarrollo de la energía eólica, etc.
Haber restablecido la reputación de Argentina como país amigo de “los mercados”, lo que constituye una señal de confianza que funcionará como atractor de inversiones externas.
Cuando se analiza uno por uno los “cimientos” que dice haber colocado Cambiemos, los resultados permiten entender aún mejor los resultados de las PASO. 

El cambio de precios relativos efectivamente existió, contra los ingresos de la mayoría de la población (salarios, jubilaciones y otras transferencias) y a favor de diversos actores empresariales (agro, minería, extracción de gas y petróleo, transporte de energía, bancos). El aumento de la rentabilidad en todos estos sectores ha tenido poca correlación con un vigoroso proceso inversor, siendo fundamentalmente una transferencia de ingresos que abultó ganancias sectoriales más que un detonador de un proceso de inversión genuino. Sólo en Vaca Muerta se observó un avance, pero que ya había comenzado durante el gobierno anterior. El derrumbe del mercado interno y la severísima contracción económica en marcha son consecuencia necesaria del cambio de precios relativos tal cual fue diseñado por el gobierno. Un clima económicamente desértico no es el más adecuado para promover inversiones.
Cambiemos financió el déficit fiscal con endeudamiento público desorbitado, hasta que el corte del crédito privado los obligó a acudir al FMI, que a su vez los obligó a un recorte drástico, como el que estamos viviendo en este año. No es un equilibrio fiscal sensato, basado en eliminar gastos innecesarios y recaudar impuestos como corresponde, sino un recorte brutal en una serie de actividades de suma importancia pública (gasto social, infraestructura). Pero sería falso decir que Cambiemos resolvió –aunque sea malamente— el problema fiscal. La verdad es que generó un drenaje fiscal en materia de los crecientes pagos de intereses de la deuda pública interna y externa, que tiende a superar la magnitud del déficit anterior.
El logro de superávit comercial actual se debe exclusivamente a la contracción grave de la actividad económica interna. Poco y nada se hizo en materia de incrementar exportaciones, diversificarlas y conquistar nuevos mercados. La obsesión a esta altura ridícula por Europa y Estados Unidos –ambos espacios económicos con urgencias exportadoras— lleva a este gobierno fuertemente ideologizado a dejar de ver el resto del planeta, que es a donde debe apuntar la Argentina para diversificar sus mercados de destino. Ni supermercado del mundo, ni Australia: esas imágenes que sugerían un supuesto pensamiento estratégico sobre el destino nacional, fueron apenas otros slogans para encandilar incautos. El mundo de Cambiemos (Occidente) no nos está esperando para comprarnos nuestros productos, sino para colocar los de ellos. Y además los pronósticos de próxima recesión en las economías atlánticas se multiplican. Para colmo, el actual superávit comercial no alcanza en absoluto para pagar los compromisos externos adquiridos por la actual gestión.
Ya hemos señalado que el pre-acuerdo firmado con la UE es ruinoso para la producción nacional, está hecho a medida de las necesidades de los europeos, y que sólo dos gobernantes con una mentalidad profundamente satelital de los mercados (Macri y Bolsonaro) pueden aprobar lo que será un negocio para un puñado reducido de intereses locales, a costa de la pérdida de cientos de miles de puestos de trabajo. Más que sentar las bases de un futuro de crecimiento y prosperidad, se pone en marcha una trituradora de empresas locales y de empleos, que será muy bien visto por las corporaciones europeas.
En los primeros dos años Cambiemos hizo obras públicas, que de todas formas no llegaron a la magnitud desplegada durante el período kirchnerista, que hizo un gran tarea de extensión de la red de agua potable y saneamiento, no superada por Cambiemos. Con la caída en manos del FMI de la política económica, la obra pública cayó en más de un 40% y se paralizaron los discutibles programas públicos y privados (PPP), arrastrados por incertidumbre financiera en la que el gobierno metió a la Argentina. En la Ciudad de Buenos Aires, aquejada por severos problemas de transporte público, apenas se construyeron 3 estaciones de subte, mientras se pavimentan calles ya pavimentadas. De todas formas, como no podía ser de otra forma teniendo en cuenta el ideologismo neoliberal que atraviesa al gobierno, se careció de un plan nacional que apunte a un conjunto de objetivos estratégicos, que permitan “poner los cimientos” del crecimiento en serio.
No estamos al tanto sobre cuáles serán los comentarios que hacen los financistas globales cuando hablan entre ellos de la Argentina. Lo que sí sabemos es que nuestro país ha constituido en este tiempo un extraordinario negocio financiero, de aquellos que no se consiguen en el resto del mundo. Si bien los comentarios iniciales de la prensa conservadora internacional fueron sesgadamente favorables al gobierno macrista, con el pasar del tiempo se hizo inocultable la pésima gestión económica, que terminó de develarse ampliamente al firmarse los pedidos de ingentes sumas al FMI, los waivers, el default de deuda interna en pesos y el restablecimiento de los controles cambiarios. Hoy no hay prestigio, ni reputación de seriedad, sino burla y desprecio en la prensa económica internacional. El argumento macrista de la pesada herencia o de la amenaza populista futura no alcanzan en el exterior para tapar la pésima gestión. En cuanto a la inversión extranjera directa (IED), que es la única que genera riqueza, o sea la que podría ayudar a cimentar el crecimiento futuro, “te la debo”.

El modelo soviético

Revisemos por un momento un proceso histórico donde se sentaron en serio los cimientos del progreso material, descuidando en forma ostensible el nivel de vida de la población.

Si hay un paradigma en la historia en el cual se priorizaron una serie de metas materiales de largo plazo, dejando en un segundo plano durante décadas una mejora en la calidad de vida de la población, fue el caso de la URSS.

Recordemos que en el momento en que los bolcheviques tomaron el poder, el Imperio Zarista era un vasto territorio, con una enorme población campesina paupérrima, y un muy reducido desarrollo industrial. Rusia era mirada desde Europa Occidental con desdén, por su atraso tanto material como cultural. Era el equivalente a un muy atrasado y subdesarrollado país latinoamericano. Los comunistas empezaron a gobernar un país destruido por la Primera Guerra continuada por una brutal guerra civil. Luego de diversas peripecias, el dictador Stalin decretó en 1928 la colectivización forzada de la tierra. A partir de ese momento se comenzaron a aplicar sucesivos planes quinquenales dirigidos a sentar las bases de la industrialización acelerada de la Unión Soviética. El estado soviético tenía por delante dos desafíos enormes: mostrar que el socialismo podía generar tanta o más riqueza que el capitalismo, y crear las condiciones para la autodefensa nacional, ya que la URSS era un experimento económico aislado y hostilizado por las grandes potencias occidentales.

Sin la posibilidad de participación efectiva por las características represivas del régimen, la población debió afrontar resignadamente las enormes penurias que conllevó ese gigantesco proceso de transformación de la industria y de la atrasada o inexistente infraestructura rusa. Si bien las cuestiones elementales estaban garantizadas (el alimento, la educación básica, la salud), el nivel de vida fue muy bajo durante un largo periodo. Los planes quinquenales se sucedieron, y al momento de sufrir el ataque de Alemania, la segunda potencia industrial capitalista del planeta, en 1941 la URSS no sólo fue capaz de aguantar materialmente el embate nazi, sino que en plena guerra continuó desarrollando una descomunal capacidad industrial-militar, que superó durante el conflicto al notable potencial alemán. La historia posterior a la segunda guerra mundial es conocida: la URSS será, hasta su disolución, la segunda potencia económica del planeta, con avances notables en el desarrollo aeroespacial y militar. Recién en los años ’60 y ’70 empezó una paulatina mejora en las condiciones de vida de la población, dado que los sucesivos gobernantes empezaron a dar una importancia mayor al consumo masivo. En síntesis: en ese experimento histórico, con indudables penurias materiales para la población, la planificación económica y la industrialización acelerada crearon las bases de un país mucho más desarrollado y moderno que el que encontraron los revolucionarios en 1917. Si bien nunca lo dijo de esta forma, Stalin podría haber dicho legítimamente que “se estaban poniendo los cimientos para el futuro bienestar”. En ese camino, más de una generación de soviéticos no pudo disfrutar de despliegue material que efectivamente estaba ocurriendo en su país.

La comparación

La ocurrente publicidad macrista, que no se rinde ni aún vencida, intenta instalar que ha existido un notable progreso, invisible a los ojos de los mortales, que aún no le ha llegado a la población, y que si bien no nos damos cuenta del todo, en estos años se “sentaron las bases” para el progreso.

Hemos tratado de mostrar como no sólo no se “pusieron los cimientos”, sino que, con el endeudamiento externo enorme y los pactos internacionales destinados a atar de manos a futuros gobiernos, se apunta a erosionar la posibilidad de que alguien pueda poner realmente los famosos cimientos del desarrollo.

Ni la experiencia soviética, ni la macrista, pueden ser puestas a esta altura como modelos o paradigmas socialmente deseables. Pero aun así, es interesante observar las diferencias: Rusia arrancó su experiencia desde un nivel bajísimo de vida, lo mejoró muy lentamente durante décadas, pero utilizó el gran excedente productivo en la inversión sistemática en la industria pesada, en represas, ferrocarriles, maquinaria agrícola y desarrollo científico. Sólo así se puede explicar el tránsito de un país miserable a una superpotencia mundial.

En el caso de Cambiemos, como ya está ampliamente demostrado, la inversión productiva no tuvo ningún papel significativo. Por el contrario, el fenómeno económico más asombroso de estos cuatro años es la pavorosa fuga de capitales, que en términos de crecimiento representa el despilfarro más extremo de recursos producidos por nuestra economía: la evaporación de los fondos que necesitamos para la inversión y el desarrollo, para la mejora económica y social. Los estudiosos de la historia económica de la URSS no han dejado de señalar los numerosos problemas de la economía soviética causados por las ineficiencias, los despilfarros, los errores de la planificación, o la falta de motivación de la población para cumplir con los planes gubernamentales. Pero esa sinfonía desafinada se hacía sobre una melodía correcta: la inversión productiva constante y sistemática y la promoción de la investigación científica.

En nuestro caso, ni las propias firmas multinacionales vieron con interés el participar en un experimento tan endeble, inconsistente y de patas cortas como el de Cambiemos. Una cosa es que falten cimientos productivos, otra es hundir dinero en una ciénaga.

La gestión que se termina no sólo no puede hablar de cimientos construidos, sino que debería pedir perdón a la sociedad por haber provocado un extendido y profundo sufrimiento social cuya única contrapartida fue la generación de negocios puntuales para una minoría, y la creación de una deuda externa que fugaron algunos, pero que pagaremos los demás, a costa de nuestro bienestar.


Publicado en:
https://www.elcohetealaluna.com/macrismo-y-stalinismo/