ALAi AMLATINA, 24/02/2014.-
“La locura individual es cosa rara, pero en
grupos, partidos, naciones y épocas, es la norma”.
Friedrich Nietzsche.
La Técnica del Golpe de Estado es el título de un libro de Curzio
Malaparte, escrito en 1931, que, según dicen, Ernesto “Che” Guevara leía
con avidez. Su idea fundamental es que el golpe de Estado es un
problema técnico y no político. Malaparte pasa revista a los golpes de
estado más famosos, algunos exitosos y otros fracasados.
El golpe de Bonaparte, el “18 brumario”, sería el primer Golpe de Estado
moderno. Entre los golpes de la primera mitad del siglo XX, menciona el
de Primo de Rivera en España, el de Pilsudsky en Polonia y otros más,
pero resalta los golpes en que el objetivo golpista fue anunciado antes.
El de Trotsky en Rusia y el de Mussolini en Italia.
El libro, publicado en Paris, fue prohibido en países con muy distinto
tipo de gobierno: en Alemania, Austria, Bulgaria, España, Grecia,
Hungría, Portugal, Polonia, Yugoslavia y otros. Los totalitarios lo
prohibían por ser un manual para revoltosos; los democráticos, por lo
mismo. Según el autor, el propósito era mostrar cómo se conquista un
Estado moderno y cómo se le defiende, porque “la historia de los últimos
años es […] de la lucha entre los defensores del principio de la
libertad y la democracia, esto es, del estado parlamentario, contra sus
adversarios”.
Malaparte afirma que es posible, en cualquier país democrático, dar un
golpe de Estado, aún sin una situación crítica y sin el apoyo de masas.
Basta un grupo que frene la maquinaria estatal y tome el poder sin
confrontar la fuerza adversaria. En Rusia, el gobierno Kerensky protegió
los órganos políticos, pero Trotsky ocupó los órganos técnicos. Luego
intentó lo mismo, en 1920, contra Stalin, pero Stalin uso cuerpos
especiales de defensa que obraban sobre el mismo plano técnico. En
Italia, al gobierno lo defendían los sindicatos de Giolitti y la
policía; los grupos fascistas neutralizaron ambos, tomaron el sistema
ferroviario y fueron en trenes a Roma a sacar al gobierno de Luigi
Facta. El rey, Victor Emmanuel III, con Roma en camisa negra, encargó a
Benito Mussolini, la formación del gobierno y legalizó el golpe.
La estrategia es la de siempre: concentrar las fuerzas en el punto más
sensible del adversario, que en un Estado moderno son los servicios
públicos y los medios de comunicación.
Las debilidades del Estado moderno
El problema central del Estado moderno es la representación de la
voluntad popular. Con los sistemas actuales de sufragio periódico, el
elector delega su voluntad política con el voto y la soberanía popular
se desplaza a sus representantes. En realidad, se desplaza a los
partidos políticos, que suelen ser poco democráticos y por eso vemos
perpetuarse las camarillas de los mismos en el poder, jugando a las
sillas ministeriales.
Esa perversión existe por la pérdida del sentido comunitario, que es la
base implícita de la representación; en su lugar ahora se consulta a
masas desconectadas, amorfas, fáciles de manipular, como dice José
Ortega y Gasset en La Rebelión de las Masas. La representación y la base
social amorfa, promueven una clase de políticos profesionales que se
constituye en una oligarquía que defiende por igual intereses propios o
de particulares, en un clima de confusión irresponsable, como dice Alain
de Benoit. Son gobiernos elegidos que no trabajan por los intereses de
la gente y del país; son gobiernos de Partidocracia, como ya decían en
los 60 Giuseppe Maranini, Georges Burdeau, Maurice Duverger y otros
sociólogos políticos. La partidocracia siempre servirá intereses propios
y no de esa mayoría que engatusa con cuentos ideológicos, slogans,
promesas mentirosas y onerosos espectáculos de movilización.
En el Estado moderno, las telecomunicaciones son el principal
instrumento para orientar esa opinión pública informe y llevarla hacía
los objetivos que se desean, al punto de que se convirtieron en
importante arma de guerra. Arma para la guerra cultural y psicológica,
la de desinformación y propaganda; cuyo último frente operativo son
Internet y las redes sociales.
Los golpes de Estado desde la Segunda Guerra Mundial
Antes de la Primera Guerra Mundial, la política imperialista de Gran
Bretaña y Francia solía cambiar los gobiernos hostiles mediante
intervención militar. Los Estados Unidos cultivaron siempre, sobre todo
en América Latina, el golpe de Estado militar. A partir de la Segunda
Guerra Mundial la técnica cambió y se comenzó a derrocar gobiernos
elegidos por sufragio, organizando turbas que le dan al golpe un aspecto
de rebelión popular. También se comienza a llamar al Golpe de Estado
con el más aséptico término de Cambio de Régimen, porque se usa decir
régimen a un gobierno que se eterniza en el poder sin celebrar
elecciones.
Un golpe de Estado bien documentado, que muestra la evolución del
progreso técnico es el de Irán, en agosto de 1952. Los datos los tomo
del agudo y delicioso libro de Kart Meyer y Shareen Blair Brysac,
titulado “Kingmakers, the invention of the modern Middle East”.
El fondo del asunto era, como ahora, el petróleo. El 15 de marzo, 1951,
ante la negativa británica de aumentar la participación de Irán en la
renta petrolera, el parlamento iraní (Majlis) nacionalizó la
Anglo-Iranian Oil Company. El Shah Reza Pahlevi nombró primer ministro a
Mohammad Mossadeq, promotor de la nacionalización y jefe del Frente
Nacional. Los británicos amenazaron, movieron barcos de guerra, cerraron
la refinería de Abadan, impusieron sanciones económicas, congelaron
fondos iraníes en el exterior y decretaron un bloqueo petrolero. Como
hace Estados Unidos ahora.
Los americanos no apoyaron a los ingleses y mandaron un agente, Kermit
Roosevelt, a preparar el propio golpe, bajo el nombre de Operación AJAX.
Los ingleses le dejaron una red de anglófilos y enemigos de Mossadeq,
dirigida por los hermanos Rashidian, importadores de productos ingleses,
que demostraron habilidad en organizar turbas callejeras. Bajo presión,
el Shah intentó sin éxito destituir a Mossadeq, en julio de 1952. Para
entonces ya existía una alianza entre la CIA y el M16 y la operación
AJAX había sido aprobada en junio.
La CIA envió caricaturas de Mossadeq y afiches a Theran y empezó la
campaña para desacreditar el gobierno de Mossadeq. Artículos sobre el
peligro comunista en Irán fueron plantados en la prensa local e
internacional. Se orquestó redes de inteligencia, se contrató agentes
provocadores y especialistas en violencias que pudieran atribuirse a los
comunistas. Se distribuyeron armas a las tribus. Se torturó y mató al
Jefe de la Policía de Teherán. El Gran Ayatollah lanzo fatwhas
(condenas) contra los comunistas.
El 25 de julio, Kermitt Roosevelt, bajo el nombre de James F. Lochridge,
llegó a Teherán con $100.000 en billetes iraníes de baja denominación.
Los americanos escogieron al General Fazlollah Zahedi para remplazar a
Mossadeq. En parte por su conocida poca simpatía por los ingleses y su
anticomunismo. Su hijo, Ardeshir había estudiado en EE UU y sirvió de
enlace. El paso siguiente fue convencer a un Shah tembloroso –su alias
en código era Boy Scout- de firmar un decreto nombrando a Zahedi primer
ministro.
Mossadeq sabía que se preparaba un golpe y disolvió el Mahlis para
impedir que la CIA obtuviera su destitución con sobornos. El Shah firmó
los decretos nombrando a Zahedi y los envió a Mossadeq, pero Mossadeq,
rodeado de tropas leales rehusó reconocer su autenticidad, mandó
arrestar a Zahedi y radio Teherán denunció el intento de golpe. El Shah
huyó a Roma.
Zahedi esperaba en las montañas. Roosevelt diseminó en la prensa
internacional noticias de la sustitución de Mossadeq por Zahedi. La
Embajada de EE UU imprimió millares de copias de los decretos y pagó
agentes para su distribución. Turbas mercenarias ayudaban a militantes
del partido comunista Tudeh a demoler estatuas del Shah. El 18 de agosto
regreso de Suiza el Embajador norteamericano Loy Henderson y pidió a
Mossadeq que enviase a casa a los partidarios suyos que manifestaban en
las calles, porque de lo contrario evacuaría todos los residentes
norteamericanos. Mossadeq cayó en la trampa y sacó a su gente de las
calles.
El 19 de agosto los periódicos iraníes publicaron los decretos del Shah
con el nombramiento de Zahedi. Tropas leales al Shah escoltaron a una
turba organizada por los hermanos Rashidian. El modo era singular:
armaron un espectáculo ambulante de circo que atraía gente, mientras
tanto los actores gritaban consignas a favor del Shah y regalaban
billetes de diez riales. En otros lugares grupos mercenarios armados de
garrotes destrozaban las sedes del Frente Nacional y agentes de la CIA
pegaban retratos del Shah en automóviles y muros.
En la tarde las turbas ocuparon el Ministerio de Relaciones Exteriores y
la central de policía. Lo más importante fue la toma de la estación de
radio y de la central de telégrafos –doctrina Malaparte- desde donde se
vitoreaba el alzamiento y se exaltaba al Shah. Tanques Sherman rodearon
la sede del gobierno de Mossadeq, que escapó por los techos. Al otro día
Zahedi se presentó a bordo de un tanque en Radio Teherán y allí se
proclamó Primer Ministro. El golpe costó la vida a cerca de trescientas
personas, según el New York Times. Las turbas aclamaban a Zahedi, al
Shah y gritaban “America Zindabad!” (Viva América).
Entre un trago y otro
En la segunda postguerra, las conspiraciones norteamericanas en el
Cercano Oriente se tejían desde el Bar del Hotel Saint George, en
Beirut; según memorias de agentes famosos, como Miles Copeland (The Game
Player). El hilo conductor era el oleoducto transarábico (Tapline) que
debía unir los pozos de la Aramco en Arabia Saudita con el Mediterráneo.
Eso resultó en epidemia de golpes militares. En Siria, en 1949, hubo
tres y otros en 1954 y 1970; en Egipto en 1952 y en 1956; en Irak en
1958. Con la crisis del Canal de Suez en 1956, Gran Bretaña quedó fuera
del mundo árabe. Estados Unidos creó la Doctrina Eisenhower, que asistía
a los árabes que resistieran la amistad del Egipto de Gamal Abdel
Nasser o de la Unión Soviética.
Se brindó por golpes de Estado también en otras partes. En América
Latina, los casos más notorios son: Arbenz en Guatemala, Perón en
Argentina, Vargas en Brasil, Arosemena en Ecuador, Goulart en Brasil,
Rojas Pinilla en Colombia, Bosch en Dominicana, Estenssoro en Bolivia,
Allende en Chile, Bordaberry en Uruguay. En Asia, África y Europa
también hubo víctimas: Congo, Corea del Sur, Vietnam del Sur, Grecia,
Ghana, Indonesia, la lista es muy larga.
El modelo de masas y prensa: la “revolución de color”
La implosión de la Unión Soviética y el descrédito del marxismo
leninismo, coincidieron con la revolución mundial de la informática y de
Internet. La nueva tecnología ayuda a la creación rápida de textos e
imágenes y su comunicación inmediata; es como hecha a la medida para
difundir propaganda y el eje de la capacidad técnica y la difusión está
en Estados Unidos. En esencia, se trata de movilizar masas,
identificadas con un color, en la capital, para hacer huir a un gobierno
débil. Si es un gobierno sólido, se crean pretextos ante la opinión
pública mundial para una intervención militar, local o extranjera. Otro
elemento complementario son las ONG y otros agentes, como Nacional
Endowment for Democracy, Freedom House, Open Society Institute o USAID,
que preparan ideológica y técnicamente cuadros que llevan a cabo el
golpe y luego gobiernan para sus mandantes.
El primer golpe de masas y prensa se dio en Moscú, en 1993. Una campaña
internacional de prensa convirtió al alcohólico de Boris Yeltsin, en un
héroe que seguido de una turba y una compañía de tanques, bombardeó el
parlamento ruso, recién elegido. Yeltsin nombró luego a Anatoly Chubais
como Presidente de la Comisión de Propiedad Estatal, para vender, por
centavos, las industrias del Estado a correligionarios y amigos, como la
petrolera Yukos, que valía $70 millardos y la compró Mikhail
Khodorkovsky, por $360 millones.
En 2002 se dio, en Venezuela, un efímero golpe de Estado cívico-militar,
contra el Presidente Hugo Chávez. La oposición, demolida en las últimas
elecciones, convocó a protestar. La multitud fue infiltrada por agentes
provocadores para incitar una represión violenta. Ante la falta de
represión, unos francotiradores mataron varios manifestantes. Fue el
pretexto para que un grupo de militares arrestase al Presidente. Se
formó un gobierno provisional, que cayó en dos días porque las
guarniciones del interior no apoyaron y una multitud enardecida recorría
el centro de Caracas, reclamando el regreso del Presidente Chávez.
En 2003, se dio la primera revolución de color, en Georgia, para sacar a
Eduard Shevardnaze, último Canciller Soviético y Presidente de Georgia.
Hubo elecciones el 2 de noviembre. El 22 los partidos derrotados
convocaron a protestar frente al edificio donde el 23 debía reunirse el
nuevo parlamento. Antes, el día 20, una emisora transmitió varias veces
un documental sobre las protestas en Belgrado, en 2000, organizadas por
Otpor, un grupo estudiantil, que sacaron a Slobodan Milosevic del poder.
Días antes, gentes de Otpor dieron clases durante tres días sobre como
tumbar un gobierno a más de mil estudiantes en Tibilisi. Los gastos
fueron por cuenta del Open Society Institute, de George Soros. El 23, la
policía custodiaba el Parlamento y grupos de activistas repartían miles
de rosas a los manifestantes, un indicio de organización previa(1). Fue
cuando Mihail Saakashvili, abogado georgiano de New York, entró sin
oposición y tomó el Parlamento con un grupo de activistas. Hubo
complicidad: Tedo Japaridze, jefe del Consejo Nacional de Seguridad con
Shevardnadze, fue su Ministro de Relaciones Exteriores.
En noviembre del 2004 Viktor Yanukovysh ganó las elecciones en Ucrania.
Su rival, Víctor Yushchenko, tenía el apoyo de los medios ucranianos.
Después de su derrota, se repitió la operación de Georgia. Se acusó de
fraude y una turba desfiló por las calles de Kiev, con banderas
anaranjadas, regalando rosas: la revolución naranja. Los medios
amplificaron el desorden y bajo presión internacional, la Corte Suprema
anuló la elección anterior.
La Primavera Árabe
En 2011, las noticias sobre rebeliones en los países árabes tenían algo
de hollywoodiano. La narrativa de la prensa era la misma. Gente joven se
comunica por Internet, protestan en las plazas, combaten la policía, el
tirano huye, la tiranía colapsa y se llama a elecciones. El villano era
un personaje con décadas de poder y pocos meses de vida, que ya era
hora de remplazar. Era la “revolución de jazmines”; versión árabe de las
revoluciones coloreadas.
Hubo un par de villanos que no conocían su guion: los de Libia y Siria.
Se inventaron hechos para narrar sobre manifestaciones pacíficas, que,
agredidas, se convertían en rebelión armada que merecía apoyo
humanitario, con bombas y misiles. La “obligación de proteger”, como
dijo la Secretaria de Estado, Hillary Clinton. En Libia, en Benghazi, la
rebelión fue armada desde el inicio y apadrinada por el francés
Bernard-Henry Levy. En Siria, con elecciones poco antes, hubo una
protesta en que manifestantes y policías fueron muertos por
francotiradores. Ambos países fueron atacados por mercenarios salafistas
financiados y armados por Qatar y Arabia Saudita y apoyados por la
OTAN:
una intervención extranjera disfrazada de guerra civil. En Libia,
después de 6 meses de bombardeos, la OTAN triunfó y entregó el gobierno a
Al-Qaeda & Cº y ahora rige el caos.
Siria se salvó de las bombas de
la OTAN gracias al desgano de Gran Bretaña, al veto ruso y chino en el
Consejo de Seguridad y a 13 barcos de guerra de esos dos países
protegiendo su costa.
Las revueltas actuales en Ucrania y Venezuela
Ucrania: Viktor Yanukovysh, el despojado en 2004, ganó las elecciones de
2010, sobre Yushchenko, que sacó 10% de los votos. La condena de Julia
Timoshenko, que fuera Primer Ministro, por apropiación indebida, causó
inquietud social. Ahora hay de nuevo protestas en Kiev. La narrativa de
la prensa internacional sobre esas protestas dice que son por el rechazo
del gobierno ucraniano a una oferta de asociación de la Unión Europea.
Pero el texto del acuerdo no es público y además sería difícil leer y
entender sus densas páginas legales. Por el nombre, Acuerdo de
Asociación Económica, es el mismo acuerdo tipo que la UE firmó con
América Central y ofrece a los países suramericanos y africanos.
En Ucrania, como en el Cercano Oriente, se busca exasperar y aprovechar
las divisiones religiosas y culturales para cambiar gobiernos e imponer
políticos propios: divide et impera. La fractura en Ucrania existe desde
la Segunda Guerra Mundial. Stalin desplazó Polonia hacía el oeste, en
tierras alemanas, pero expulsó la población alemana. Ucrania recibió
tierras polacas al oeste, pero sin expulsar a los polacos. Por esa razón
existe en Ucrania una minoría que habla polaco y es católica. Mientras
la mayoría es ortodoxa y habla ruso. No olvidemos que Ucrania es el
origen de Rusia. El pueblo vikingo de los Russ creó primero el Reino de
Kiev y desde allí se expandió hacia el este y el sur, en lo que ahora es
Rusia.
En Ucrania se quiere repetir la revolución naranja, pero con armas. En
cualquier país sería inaceptable la activa y pública intervención de
funcionarios europeos y norteamericanos azuzando las protestas. El
objetivo de la intromisión es “cambio de régimen”, como dijo la
Secretaria de Estado adjunta, Victoria Nuland, cuando admitió, en un
encuentro del Nacional Press Club, patrocinado por Chevron, que los
Estados Unidos han invertido 5 millardos fomentando la agitación en
Ucrania. El nombre del títere que quiere imponer, Arseni Iatseniouk,
afloró en una conversación suya con el embajador en Kiev, Geoffrey
Pyatt, que fue interceptada.
En este momento las protestas ya son insurrección armada, contra una
policía desarmada, por lo que ya van 105 policías heridos de bala y 35
muertos. Eso obligó al gobierno a equipar con armas la policía para que
pueda defenderse. El gobierno ucraniano calcula que en el centro de Kiev
hay unos 5 mil activistas extranjeros entrenados en desatar violencia.
Muchos vienen desde Moldavia, según la prensa del Transdniester, otros
de Polonia. Rusia debe apoyar con firmeza a Ucrania contra la ingerencia
de países de la OTAN en los asuntos ucranianos.
Venezuela: El pasado 8 de diciembre tuvieron lugar en Venezuela
elecciones para consejos municipales, de las que la oposición quiso
hacer un referéndum sobre la contestada legitimidad del presidente
Nicolás Maduro. La oposición (MUD) sacó un decepcionante 42,2% de los
votos. Es inesperado que después de una elección desfavorable tan
reciente, la oposición salga a las calles a pedir la renuncia del
presidente.
Es cierto que en Venezuela hay muy graves problemas de seguridad,
abastecimiento y solvencia fiscal que siguen sin resolverse. Es cierto
que la permanencia en el gobierno de las mismas personas que no supieron
resolverlos es mal augurio para una pronta y eficaz solución. Pero es
cierto también que el gobierno tuvo una reciente confirmación de su
respaldo electoral y su fuerza callejera.
Las protestas y movilizaciones de la oposición tienen un objetivo
confesado por sus propios dirigentes: cambio de régimen. La constitución
venezolana ofrece la posibilidad de hacer un referéndum revocatorio a
mitad del ejercicio presidencial y se puede cambiar de régimen con
impecable legalidad democrática. Se trata de un impaciente berrinche de
los opositores -o de sus mandantes- que no quieren esperar la ocasión de
hacerlo por la vía legal. Es siempre ilegal derrocar al gobierno
elegido y el riesgo es ser acusado de causar muertes con disturbios
fuera de lugar, amén de causar agotadoras pérdidas de tiempo y dinero.
La técnica utilizada es la de otros golpes recientes: una campaña de
prensa con exageraciones, alimentada con mensajes sin verificar; siembra
de mentiras en redes sociales; entrevistas selectivas en la prensa
internacional; condena a la supuesta violencia por ciertos gobiernos;
fotografías retocadas de protestas masivas, para efectos de propaganda.
Todo dirigido a crear ante la opinión internacional un clima propicio
para una intervención “humanitaria”. Por fortuna hasta ahora sólo hay
nueve muertos, entre oposición, policía, chavistas y transeúntes. Con
esa cifra, lamentable, pero baja, de víctimas, no es creíble la denuncia
de represión salvaje, por quienes invocan la protección de los marines.
Hay una indicativa inversión de estereotipos durante la tentativa de
golpe. En las alcaldías socialistas hay normalidad y calma; en las de
oposición liberal, reinan la agitación y el odio.
Conclusiones y precauciones
Las técnicas para golpes de Estado o cambio de régimen evolucionan. La
informática y los medios de comunicación son hoy armas de guerra muy
efectivas. Los países que quieran mantener su independencia deben crear y
mantener alianzas con dominio técnico en ambos, para defender
eficazmente la soberanía y los intereses nacionales o regionales. Hay
también que crear equipos de gente con la capacidad cultural para captar
los hechos importantes, entender su sentido y anticipar, capaz de
analizar información en los principales idiomas, y transmitir en ellos
mensajes convincentes. Se debe entrenar a periodistas, analistas y
diplomáticos para que sean competentes, mundanos e interesantes. No
todos los países independientes tienen la misma capacidad, por ello
conviene aliarse y abrir los rangos a quienes pueden aportar mejoras a
la eficiencia de la gestión.
Para evitar golpes de Estado por obra de minorías entrenadas, los
gobiernos deben:
a) tener respaldo de masas organizadas para neutralizar
turbas mercenarias;
b) mantener seguridad en los servicios públicos
(electricidad, transporte, TV, radio, teléfonos, agua, etc.);
c) tener
medios para difundir la versión verdadera de la noticia;
d) vigilar las
actividades en el país de asociaciones extranjeras;
f) vigilar el
ingreso de fondos del exterior para grupos nacionales. Vis pacem, para
bellum.
Ginebra, 22/02/2014
Nota:
(1)
http://www.worldpress.org/print_article.cfm?article_id=1805
- Umberto Mazzei es doctor en Ciencias Políticas de la Universidad de
Florencia. Es Director del Instituto de Relaciones Económicas
Internacionales en Ginebra.
http://www.ventanaglobal.info
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