La acción reguladora del
Estado fue criticada durante el Foro de Convergencia Empresaria y
eludida por individuos y empresas que fugaban parte de sus tenencias a
Suiza.
El anuncio de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner en
relación con la exención del Impuesto a las Ganancias del medio
aguinaldo de diciembre para los trabajadores que ganan hasta 35.000
pesos eclipsó la respuesta oficial a uno de los debates más interesantes
que se suscitaron durante la semana. El mismo fue iniciado diez días
atrás, durante el Foro de Convergencia Empresaria, el cual reúne desde
2013 a las Cámaras de las más grandes y en muchos casos oligopólicas
empresas del país. Allí, según consignó
Miradas al Sur,
el vicepresidente de la Unión Industrial Argentina (UIA) y director
del grupo Techint, Luis Betnaza, manifestó ante la atenta escucha de
Mauricio Macri, Sergio Massa, Ernesto Sanz, Julio Cobos y Hermes Binner
que “no creo que haya un debate entre el Estado y el Mercado. Creo que
el Mercado le va a ganar al Estado, y el debate es cómo liberar las
fuerzas del mercado para producción”, manifestando de esta forma su
acuerdo conceptual con los lineamientos de la política económica
neoliberal que implementaron los gobiernos de la última dictadura cívico
militar (1976-1983) y de Carlos Menem y Fernando de la Rúa (1989-2001).
La tarea de actualizar las escalas y alícuotas, y
evitar las diversas desgravaciones con las que se benefician algunos de
los sectores más altos de la pirámide, continua siendo una tarea
pendiente para el Gobierno.
La primera voz oficial que expresó su discrepancia con estos
conceptos fue la de la ministra de Industria, Débora Georgi, quien al
inaugurar las disertaciones de la 20ª Conferencia Industrial Argentina
de la UIA en el Hotel Sheraton de Pilar manifestó estar “profundamente
en desacuerdo con quienes reclaman más mercado y menos Estado”, ya que
“la fuerza libre de mercado beneficia sólo al que tiene más poder, y los
mercados perfectos sólo existen en los libros”. Durante la misma
Conferencia, el ministro de Economía, Axel Kicillof, sostuvo que “no hay
ningún país emergente que haya tenido un proceso espontáneo de
industrialización sin una participación determinante del Estado”, pero
dando cuenta incluso de que en todas las ocasiones el Estado estuvo
presente, ya que durante la dictadura cívico militar existió un Estado
“ajustador, excluyente, y muy activo”, que produjo “muchas leyes y
muchas reformas que tendieron a destruir a la industria nacional, pues
la desindustrialización fue una política de Estado”. En este sentido,
resaltó el crecimiento de la industria a raíz de las medidas económicas
llevadas adelante durante el ciclo kirchnerista, y en relación con el
presente año afirmó que “el problema es el sector automotor, que coloca
más de la mitad de su producción en el extranjero, particularmente en
Brasil, y si Brasil no compra, no se venden autos, ni sus industrias
derivadas como plástico, caucho, etcétera”. De hecho, afirmó que “si se
quita el sector automotor, el desempeño de la actividad manufacturera
evidencia una suba del 1,4%”, lo cual, agregó, se podía observar en el
balance de las 38 principales empresas que cotizaron en Bolsa durante el
tercer trimestre de este año, y en relación con 2013.
Durante el cierre del Conferencia, la Presidenta Cristina Kirchner,
amplió los datos sobre el crecimiento industrial y de consumo durante el
ciclo económico iniciado en 2003, remarcando la importancia que para
ello tuvo la acción estatal, ya que, afirmó, “los mercados perfectos
existen sólo en los libros. Hoy, ni siquiera existen en los libros. Los
principales economistas del mundo abogan por la idea de que el mercado
es muy imperfecto y que necesita necesariamente de la intervención
estatal para su regulación y para su control”. E incluso criticó las
posiciones contradictorias de alguno de los grandes grupos económicos
que solicitan protección ante las dificultades pero rechazan la
regulación cuando se fortalecen, señalando que “el Estado tiene que
estar siempre, porque siempre convino que estuviera el Estado. Y si uno
ve la serie histórica de la Argentina, cuando mayor articulación hubo
entre Estado y mercado, existió un mayor crecimiento. Pero tuvo que
haber un Estado fuerte”.
Otras dificultades. La oposición de muchos de los
grandes grupos a ser regulados por el Estado –junto a sus respectivas
maniobras instrumentadas a tal efecto– son sólo una de las variadas
dificultades que encuentra el Gobierno para desarrollar su política
económica. Otra que tuvo repercusión durante la semana tuvo que ver con
las denuncias sobre fuga ilegal de divisas por parte de poderosos
actores económicos. La denuncia, aportada por el italiano Hervé
Falciani, ex funcionario del área de sistemas de la filial suiza del
Banco HSBC, y girada a la Argentina por el gobierno de Francia tras el
acuerdo por la deuda del Club de París, tenía para su capítulo argentino
el caso de 4.040 personas y empresas vinculadas a operatorias ilegales
de lavado de dinero por un total de 3.000 millones de dólares. La
información motivó una denuncia de la AFIP sobre la posible existencia
de una plataforma facilitadora para la evasión, conformada por
apoderados, abogados, licenciados en Economía y contadores, quienes
facilitaban estructuras que permitían ocultar la verdadera identidad de
los titulares de los fondos depositados en Suiza, para de esta forma
evadir el pago de sus impuestos en el país. También produjo la creación,
por parte de diputados oficialistas, de una comisión especial en el
Congreso que trabajará durante 90 días para evaluar la información que
actualmente se encuentra en poder de la AFIP.
De todas formas, los 3.000 millones en cuestión son en rigor una
cifra mínima, pues de acuerdo con Jorge Gaggero, investigador de Centro
de Economía y Finanzas para el Desarrollo de la Argentina (Cefid-ar) y
miembro del Plan Fénix y la organización Tax Justice, durante las
últimas cuatro décadas se fugaron del país cerca de 400.000 millones de
dólares, de los cuales aproximadamente sólo el 1% está declarado.
De hecho, de acuerdo con el ex funcionario del banco JP Morgan Hernán
Arbizu, el HSBC es sólo uno de los bancos que fugan divisas de nuestro
país, pues “menos el Credicoop, cualquiera tiene una oficina de banca
privada” que se dedica a “abrir cuentas en el exterior sin declararlas
en el país”, mencionando en ese sentido los nombres del BBVA, Citibank,
Crédit Suisse, UBS, Barclays y Merrill Lynch.
Sin ganancias en Ganancias. Las maniobras de elusión
a la regulación pública y de fuga de capitales que realizan estos
grupos económicos implican, además de una menor recaudación tributaria,
un menor atesoramiento de divisas en el país, y es por eso que tienen
también vinculación con la cotización del dólar y con la inflación.
Entre las nocivas consecuencias de este último fenómeno, se contaron el
carácter en parte regresivo (proporcionalmente se le quita más a quienes
menos tienen) que adquirió un impuesto progresivo (proporcionalmente se
les quita más a quienes más tienen) como lo es el Impuesto a las
Ganancias Cuarta Categoría para los salarios que se encuentran por
encima de los 15.000 pesos, es decir para el 10% de la fuerza laboral
argentina. Sucede que la inflación y las correspondientes
actualizaciones salariales, junto a una falta de corrección acorde por
parte del Gobierno, produjo diversas inequidades en la aplicación de
este tributo, ya que al no actualizarse las alícuotas (las cuotas que
paga cada categoría, y que datan de 2001), más de los mitad de los
trabajadores comenzaron a tributar tasas de imposición más elevadas (van
desde el 9% al 35%).
En rigor, la aplicación de este tributo sigue resultando progresivo,
pues grava a los empleados con mayores ingresos, por lo que las demandas
de gran parte de sindicatos y partidos opositores no tienen que ver con
su eliminación sino con su modificación. (Las excepciones fueron los
diputados del conglomerado Faunen Hermes Binner y Victoria Donda,
quienes afirmaron, respectivamente, que “el producto del trabajo no debe
ser alcanzado por el Impuesto a las Ganancias” y que “el salario no es
ganancia y el impuesto a las Ganancias sobre los trabajadores es una
injusticia. Es completamente indignante que se les obligue a pagar el
impuesto”).
El hecho de que el Impuesto a las Ganancias sea un impuesto
progresivo fue también el principal argumento del Gobierno para defender
su aplicación. De hecho, desde Presidencia difundieron que lo recaudado
por este tributo se destina mayormente a gasto social y de desarrollo,
pues en un 20% se orienta a la Anses, en un 46% a las provincias, y en
un 34% al Tesoro. Pero además, sostuvieron que su incidencia en los
salarios resulta baja en términos mundiales, pues la participación de
este impuesto en la recaudación total representa en la Argentina el
1,5%, mientras que en otros países sube significativamente, pues es del
2,4 en Brasil, del 8,6 en Chile, del 10,2 en Perú, y del 13,5 en
Uruguay, en tanto que los países europeos pertenecientes a la
Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE,
también conocida como “el club de los países ricos”), tienen todos ellos
cargas aún mayores para sus trabajadores mejor pagos.
Con todo, frente a la reiteración de críticas y amenazas de paro, el
Gobierno buscó subsanar su falta de acción en la actualización mediante
el anuncio de la exención en el medio aguinaldo para los salarios
menores de 35.000 pesos, lo cual dejó fuera de tributación del medio
aguinaldo al 80% de los trabajadores que aplican para este impuesto. Una
“solución” que, más allá de cuestiones políticas, en lo económico dista
de serlo, por representar un costo fiscal derivado de beneficiar a
algunas de las personas con mayores ingresos de la Argentina. La tarea
de actualizar las escalas y alícuotas, y evitar las diversas
desgravaciones con las que se benefician algunos de los sectores más
altos de la pirámide, continua siendo una tarea pendiente para el
Gobierno.
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http://www.infonews.com/2014/12/07/economia-175872-los-4040-nombres-que-debe-investigar-la-justicia.php