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jueves, 10 de diciembre de 2020

Argentina se abstuvo en la resolución de la OEA que cuestionó las elecciones en Venezuela, por "Página 12" del 10-12-20


La Cancillería pidió que se respete a quienes participaron de los comicios


El embajador argentino ante la OEA, Carlos Raimundi, sostuvo que "no se puede hacer caso omiso de quienes concurrieron al acto electoral" del domingo pasado, aunque remarcó que el gobierno venezolano "debe reconocer que una democracia es completa cuando la mayoría de su pueblo se siente comprometido con ella".


El gobierno nacional se abstuvo en la votación de una resolución de la Organización de los Estados Americanos (OEA) que calificó de "fraudulentos" a los comicios legislativos llevados a cabo en Venezuela el domingo pasado. El embajador argentino ante la OEA, Carlos Raimundi, explicó la postura de la Cancillería --sostenida por el presidente Alberto Fernández, según aseguraron fuentes del Ministerio de Relaciones Exteriores-- argumentando que "no se puede hacer caso omiso a quienes concurrieron al acto electoral en Venezuela", aunque le recordó al gobierno de Nicolás Maduro que "debe reconocer que una democracia es completa cuando la mayoría de su pueblo se siente comprometido con ella".



El embajador justificó así la postura de abstención de la Argentina frente al tratamiento de un proyecto de resolución referido a las elecciones realizadas en la República Bolivariana de Venezuela, en donde el oficialismo obtuvo el 68 por ciento de los votos. Esta resolución, que fue respaldada por 21 países americanos --como Estados Unidos, Brasil, Chile, Canadá, Colombia, Paraguay, entre varias otras naciones que acompañan de manera sistemática cualquier cuestionamiento al gobierno de Maduro--, sostenía que las elecciones parlamentarias carecieron de "imparcialidad y transparencia". 


Frente a esta postura, la Cancillería argentina, a través de Raimundi, destacó que la comunidad internacional no podía ignorar al 31 por ciento de los venezolanas y venezolanas que se habían presentado en los comicios. "No se puede desde el exterior hacer caso omiso de la voluntad manifestada por quienes concurrieron al acto electoral ni dictar condiciones para procesos electorales sin contribuir en lo más mínimo a los mismos o, peor aún, alentando su boicot", advirtió. "La política de sanciones y de no reconocimiento no ha llevado a nada y merece una reflexión. Al mismo tiempo el gobierno venezolano debe admitir que una democracia es completa cuando se siente comprometida con ella la mayoría del pueblo. El principal responsable de que el diálogo positivo se produzca era y es el propio gobierno de la República de Venezuela. Deseamos que nuestros hermanos venezolanos puedan encontrar el mejor camino para resolver sus problemas", afirmó Raimundi en el Consejo Permanente de la OEA. 


"Lo que sostuvo Raimundi es lo que viene sosteniendo el Gobierno respecto a las elecciones en Venezuela desde un principio: no se puede desconocer la voluntad de quienes van a votar, sean muchos o pocos, pero sí le marcamos al gobierno venezolano que una democracia va a estar realmente completa cuando se comprometa a las mayorías", indicaron desde Cancillería a PáginaI12. 



En este sentido, desde el entorno de Felipe Solá diferenciaron la decisión de abstenerse frente al rechazo de la OEA a las elecciones venezolanas de la decisión de apoyar, en octubre, el informe de la ONU que condenaba la situación de los derechos humanos en Venezuela. En este sentido, la postura de Alberto Fernández siempre fue la de suscribir al informe elaborado por la ex presidenta chilena Michelle Bachelet. "Hay que poner cada votación en su contexto. Una cosa es la OEA, manejada por Luis Almagro y hegemonizada por Estados Unidos, y otra cosa es la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, en donde Argentina cuenta con todo un prestigio ganado a partir de sus políticas de Memoria, Verdad y Justicia. De todos modos, la postura siempre es la misma y es muy clara: bloqueo no, sanciones no, intervención extranjera no, fomentar un golpe de Estado no; hay que ayudar a Venezuela a salir adelante con diálogo y participación. ¿Eso implicar avalar violaciones a los derechos humanos? No", afirmaron, tajantes, desde Cancillería.  


Raimundi también resaltó que "la actual Asamblea Nacional va a caducar el 5 de enero porque así lo establecen las normas venezolanas", por lo que sería "contradictorio" plantear que "la única salida para Venezuela es un presunto gobierno de transición y a la vez despreciar la importancia de que se cumpla con la Constitución venezolana". Finalmente, en el cierre de su presentación en el Consejo Permanente del organismo, el embajador argentino ante la OEA subrayó: "Lamentamos que desde la OEA no hayamos podido avanzar para contribuir a fortalecer el proceso democrático en Venezuela al que en nada contribuye el proyecto de resolución bajo consideración". 


Informe: María Cafferata.

Publicado en:

https://www.pagina12.com.ar/311093-argentina-se-abstuvo-en-la-resolucion-de-la-oea-que-cuestion

lunes, 24 de febrero de 2020

Con Alberto y Cristina hay revancha para todos y todas, por Martín Granovsky (para "Página 12" del 24-02-20)


La vuelta de Beliz, Aníbal Fernández, Alicia Castro y Chacho


Tienen orígenes distintos pero algo en común: militan desde la adolescencia, apostaron al antimacrismo y hoy confluyen en el Poder Ejecutivo.

Por Martín Granovsky

A diferencia de Daniel Scioli o Carlos Reutemann, que arrancaron desde la fama y después hicieron carrera política, ellas y ellos militan desde la adolescencia. La mayoría salvo dos, que están cerca, pasó los 60. Pero la función pública les tira y aquí están otra vez, en distintos cargos del Poder Ejecutivo.

Solo una formación como el Frente de Todos, la experiencia más amplia del peronismo desde 1946, pudo juntar otra vez a dirigentes tan variopintos que vuelven a la gestión en puestos importantes.


Gustavo Beliz, que con 58 es el más niño de los que volvieron, dejó el gobierno de Néstor Kirchner en 2004 después de desafiar públicamente la política de seguridad pública del Presidente. Kirchner no quería policías con armas en las manifestaciones y Beliz fue solidario con el comisario Eduardo Prados, el jefe de la Policía Federal que contradijo en público a Kirchner. En paralelo pesó también su encontronazo con Antonio Horacio Stiuso, el poderoso “Jaime” de la Secretaría de Inteligencia que ya venía en alza y terminaría siendo un ariete contra Cristina Fernández de Kirchner tras el Memorandum firmado con Irán.

Más discreto que en 2004 y que cuando era escritor de discursos y ministro del Interior de Carlos Menem, Beliz mantiene bajo perfil en la Secretaría de Asuntos Estratégicos de la Presidencia. Acompañó a Alberto Fernández en todos sus viajes al exterior y al canciller Felipe Solá en su reciente encuentro con el gobierno brasileño. Junto con Jorge Argüello y Sergio Massa es una de las tantas líneas de interlocución con la administración de Donald Trump. Pero sobre todo hoy Beliz es la carta de AF para presidir el Banco Interamericano de Desarrollo. El reemplazo del colombiano Luis Alberto Moreno se producirá en octubre de este año. Los Estados Unidos tienen el 30 por ciento de los votos, Brasil y la Argentina un 11 por ciento cada uno, la Unión Europea 10 por ciento, México un 7, Japón un 5 y Venezuela y Canadá un 4. También votan, entre otros Corea del Sur, China e Israel.

La especulación dentro y fuera del Gobierno es si en el toma y daca regional esa candidatura podría canjearse por una abstención argentina que deje el camino libre para una reelección de Luis Almagro, el uruguayo expulsado del Frente Amplio, a la cabeza de la Organización de Estados Americanos. Almagro compite con la ecuatoriana María Fernanda Espinosa y con el peruano Hugo de Zela. “Almagro se pasó de la raya porque no tiene una posición de arreglo pacífico sobre Venezuela y fue uno de los operadores del golpe en Bolivia”, dijo un legislador del Frente de Todos a cambio de su anonimato. “No sería coherente avalarlo ni siquiera de manera indirecta.” 

La sucesión en la OEA se decide el 20 de marzo. Allí votará, si llega a tiempo, el recién designado representante en el organismo, el ex dirigente radical Carlos Raimundi, que llega al Ejecutivo luego de pasar el macrismo en la Comisión de Integración del Instituto Patria de CFK. El macrismo, justamente, votó en contra de su pliego como embajador. La vicepresidenta piloteó la sesión y no se la vio disgustada por el resultado.

El Senado deberá tratar muy pronto el pliego de Alicia Castro, ya nominada por Fernández para Moscú. Dirigente sindical, cofundadora del Movimiento de Trabajadores Argentinos, el MTA antimenemista de los ’90, representó a Néstor Kirchner y después a Cristina Kirchner en Venezuela y en el Reino Unido. Rusia recibió con alegría la designación de una figura de alto perfil político y ligada además a CFK. Lo hizo saber en público y en privado.

Como diputada frepasista Alicia Castro tuvo diferencias con Carlos Chacho Alvarez. Lo criticó por haber apoyado la reforma laboral de la Alianza y más tarde por haber auspiciado el regreso de Domingo Cavallo. En octubre de 2000, cuando renunció a la vicepresidencia, Alvarez no hizo jugar la fuerza del bloque de 35 diputados para torcer el rumbo de Fernando de la Rúa. El Frente de Todos, que gracias a Mauricio Macri junta a todos, todas y todes, ahora los tendrá a ambos de embajadores. Alvarez fue aprobado para Lima. Kirchner y el propio AF lo habían sumado tempranamente al kirchnerismo en 2005, al impulsarlo primero como presidente del Mercosur y más tarde como secretario general de la Alianza Latinoamericana de Integración.

Una vuelta resonante es la de Aníbal Fernández, flamante interventor en Yacimientos Carboníferos Río Turbio con rango de secretario de Estado. Autodefinido como "peronista hasta la médula, incondicional de Alberto y Cristina", es un fanático de la gestión pública que fue ministro, senador y jefe de Gabinete desde Eduardo Duhalde hasta CFK. Se encargó de las fuerzas de seguridad en el período menos letal del Estado nacional. El nombramiento de AF por AF suena a revancha doble. Por un lado, de la derrota de 2015 en territorio bonaerense ante María Eugenia Vidal, prólogo de la derrota nacional en ballottage de Daniel Scioli. Por otro, del montaje que quiso relacionarlo sin prueba alguna con dos pistoleros.


También hay vueltas simbólicas. Con la ex senadora por el Frepaso 2001-2007 y ex diputada kirchnerista 2007-2011 Vilma Ibarra en la Secretaría de Legal y Técnica, Alberto quiso asegurarse una persona que definió como de confianza y solvencia técnica. Al mismo tiempo su presencia en la Casa Rosada es una prueba dada por CFK en el sentido de que ése es territorio soberano del Presidente. Vilma Ibarra no fue solo una de las impulsoras del matrimonio igualitario que, como diputado, Néstor Kirchner votó en 2010 con ganas. “Alguien tenía que hacer el gol”, decía entonces un Kirchner sonriente. Ibarra fue la autora de un libro publicado en junio de 2015, “Cristina versus Cristina, el ocaso del relato”. Así como en 2003, según contó, no votó por Kirchner, en 2015 se acercó a Margarita Stolbizer.

Hay otro habitante que debuta en la Casa Rosada en la Era AF, pero su caso presenta otros matices. Julio Vitobello es uno de los viejos amigos de Alberto. Legislador porteño, terminó al frente de la Sindicatura General de la Nación entre 2007 y 2009 y en una segunda etapa al frente de la Oficina Anticorrupción. En la OA llegó hasta el último día de mandato de Cristina. Fue uno de los albertistas que no renunció junto con su mentor, en 2008, gesto que por otra parte AF no obligó a imitar a los demás cuando dejó la Jefatura de Gabinete no bien terminó la crisis de la 125. Dialoguista y componedor, Vitobello se ocupa de la infraestructura y de los movimientos cotidianos del Presidente desde la Secretaría General. Pero ningún político se priva de la política: fue el que le avisó a la embajadora israelí Galit Ronen que el Presidente iría a Jerusalén para la conmemoración de la liberación del campo de concentración de Auschwitz. Fue una visita decisiva para desarmar la acidez del primer ministro Benjamín Netanyahu hacia el peronismo desde el Memorandum (un instrumento que se reveló inútil pero al que Israel atribuyó una postura proiraní que no tuvo) y la conquista de un canal de primer nivel en la relación con Donald Trump.

Pedagoga hasta la médula, maestra normal y licenciada en Ciencias de la Educación, otra vuelta es la de Adriana Puiggrós, que a los 78 años integra el equipo de Nicolás Trotta como secretaria de Educación. Fue la encargada del área con Felipe Solá entre 2005 y 2007. Diputada y ensayista, debería escribir sus memorias: en 1974, cuando a los 33 era una joven decana de Filosofía y Letras, fue destituida por los grupos de ultraderecha que, muerto Juan Perón, anticiparon los años de plomo que en 1976 serían relanzados con plan y sistema.

martin.granovsky@pagina12.com.ar

Publicado en:
https://www.pagina12.com.ar/249105-con-alberto-y-cristina-hay-revancha-para-todos-y-todas

sábado, 6 de julio de 2013

¿QUÉ SIGNIFICA "VAMOS POR TODO"?, por Carlos Raimundi (para "INFOnews" del 05-07-13)


La batalla cultural por cambiar el prisma con que el poder hegemónico nos ha hecho mirar la realidad. En una entrevista reciente me preguntaron qué significa "Vamos por todo". A lo primero que atiné fue a desmentir el sentido que se le da a la expresión desde el espacio de sus detractores. Demostrar el absurdo de afirmaciones temerarias como: "quieren quedarse con el dinero de los jubilados, con los medios de comunicación, con la caja de YPF, controlar los jueces". Ridículo, ni siquiera lo creen quienes lo dicen.

En una entrevista reciente me preguntaron qué significa "Vamos por todo". A lo primero que atiné fue a desmentir el sentido que se le da a la expresión desde el espacio de sus detractores. Demostrar el absurdo de afirmaciones temerarias como: "quieren quedarse con el dinero de los jubilados, con los medios de comunicación, con la caja de YPF, controlar los jueces". Ridículo, ni siquiera lo creen quienes lo dicen.
Más bien, deberíamos inclinarnos a justificar la expresión, de la que no reniego, desde un contexto histórico-político.
Ese contexto nos habla de un bloque de poder dominante que se fue consolidando durante las últimas décadas del siglo pasado. Como tal, no sólo pasó a controlar las estructuras económicas del país, sino también, a determinar la formación del sentido con que una porción preponderante de nuestra sociedad debía interpretar y justificar ese proceso, aceptarlo como natural, como inexorable.

Se trata de un largo tramo de nuestra historia durante el cual el poder dominante hegemonizó, también, el terreno de lo cultural.
Una muestra de esa preponderancia cultural, más allá de las crisis, ajustes y exclusiones económicas y sociales, estuvo dado por la instalación y reafirmación de un sistema institucional determinado, proveniente de realidades económicas, sociales y culturales muy diferentes de la nuestra.

Ni Europa –que toma la idea de Montesquieu de la división de poderes–, ni los EE UU –de quienes importamos su constitución– presentan una alianza histórica de clases entre la oligarquía económica y sectores militares, como la de nuestro país, lo que constituyó la base de largas dictaduras cívico-militares, con el consecuente retroceso del llamado "campo popular" en todos los sentidos.
Estructuras de poder dominante que se prolongaron, incluso, después de su retirada formal, para ejercer presión sobre los gobiernos civiles sobrevinientes.
En Europa y en los EE UU, las fuerzas militares y de seguridad no se visten con el atuendo de las hadas de los cuentos infantiles: defienden un orden. Pero se trata de un orden, en todo caso, sostenido por una alianza de clases diferente, donde el protagonismo lo han ejercido –hasta declararse las últimas crisis– las burguesías productivas, con una incidencia considerable de los trabajadores formales.
Bloques dominantes a favor de sociedades más cohesionadas, reitero, al menos hasta las últimas crisis. Por lo tanto, la institucionalidad política formal, tradicional, la rotación de los mandatos políticos, desempeñó un papel muy diferente que en nuestros países, al servicio de proyectos productivos y de desarrollo más pujantes, y socialmente menos polarizados.
Nuestro gran dilema ha sido heredar, y aceptar culturalmente como válido, un sistema de rotación política basado en mandatos relativamente cortos, si se los compara con la perpetuidad de los mandos ejercidos en la conducción de los factores de poder real.
En suma, un sistema de rotación política de períodos muy limitados, válido para otras sociologías, pero ostensiblemente negativos para las nuestras. Y, en la misma línea, no sólo aceptamos dicho sistema institucional, sino que además han impuesto un sistema cultural por el cual una parte importante de nuestras sociedades, sin distinción de jerarquías, sólo se escandaliza de la posibilidad de mandatos largos de la política, pero admite con naturalidad los mandatos a perpetuidad en las cúpulas de aquellos poderes fácticos.
Para salir de este dilema, un primer desafío es distinguir entre gobierno y poder. Y este ha sido, tal vez, uno de los méritos más importantes de esta década, en términos de salto cualitativo del nivel de debate público de nuestra sociedad.
En uno de sus últimos discursos, la presidenta se preguntó: ¿por qué será que las dictaduras, cuando llegan, derrocan a los presidentes, cierran los parlamentos, inhabilitan a los sindicatos y a los partidos, pero nunca tocan al Poder Judicial? La respuesta es obvia. La condición de estructura cerrada, vitalicia, aristocrática de nuestro Poder Judicial, lo fue convirtiendo en el reaseguro de impunidad del poder, en detrimento, prácticamente siempre, de los intereses populares.
En el mismo sentido, el llamado "control contramayoritario de constitucionalidad" también lo heredamos de sociologías distintas, de experiencias históricas y estructuras productivas diferentes.
El dispositivo contramayoritario del Poder Judicial se inspiró en lo que los padres fundadores del sistema estadounidense pensaron como reaseguro contra lo que temían como "el riesgo de la tiranía de las mayorías". En nuestros países, en cambio, las tiranías nunca fueron ejercidas por las mayorías sobre las minorías, sino a la inversa. Y así fue como nuestras Cortes Supremas, históricamente, terminaron por justificar los regímenes de facto que sometieron a nuestras mayorías.
En otro de sus últimos discursos –más precisamente el 25 de mayo– Cristina nos instaba a revisar si, en las semanas previas a diciembre de 2001, encontrábamos el vaticinio de los economistas del poder sobre la crisis que vendría.
Aquellos economistas que recorren el espinel de los medios desde cierta pretensión académica, cuando son realmente lobbistas del poder, silenciaron aquella crisis, porque eran, precisamente, sus responsables.
Los pequeños ahorristas se vieron privados de acceder a sus depósitos bancarios, porque los grandes los habían fugado del país. En el mismo sentido, Cristina dice que prefiere "postularse para juez, porque, en este esquema, hay jueces que tienen más poder que el propio gobierno".
Se trata, en definitiva, de aseveraciones que nos llevan a distinguir con claridad la diferencia entre gobierno y poder, un eje que el poder no tolera que sea explicitado. De aquí la falsedad de aquel slogan que reiteran algunos periodistas: una de las misiones principales del periodismo es "incomodar al poder".
Pero, en lugar de criticar al verdadero poder, lo llevan adelante atacando a nuestros gobiernos populares. Este es otro eje central que debemos seguir esclareciendo. En países como los nuestros, donde sus gobiernos están desnudando al poder, atacar a mansalva a nuestros líderes y los gobiernos que conducen, es ponerse del lado del poder que dicen tener que incomodar.
Quienes, en ejercicio de su hegemonía económica, política y cultural, "fueron por todo y se quedaron con todo", fueron los factores de poder real, no los gobiernos surgidos de la voluntad popular. Y lo hicieron apoyándose en los grandes centros de formación del sentido, desde el monopolio de la interpretación de la realidad. Es decir, los que colocaron sobre la lente pública –como si se tratara de una cámara fotográfica– el color del filtro con que debíamos interpretar la realidad.
Así, hoy critican a la ANSES cuando no lo hicieron con las jubilaciones privadas; critican controles de nuestro comercio exterior en lugar de verlos como un estímulo al desarrollo de nuestra industria; o defienden la libertad de cambios como si no hubiera que administrar un recurso escaso, como también lo es, por ejemplo, el petróleo.
En suma, nos pusieron un filtro que nos llevó a naturalizar durante años que muy pocos tuvieran muchos dólares mientras los argentinos tenían pocos pesos, y ahora saltan cuando ven que a esos pocos se les controlan los dólares, mientras hay muchos más pesos en el mercado de consumo popular.
Estamos cambiando el filtro que va delante de la lente de interpretar la realidad. Del filtro que nos llevó durante décadas a naturalizar desde el color del filtro del poder, muchas mentiras funcionales a sus intereses, estamos pasando a un filtro que lea la realidad desde los valores y los intereses de las mayorías populares. En ese sentido, en el plano de la batalla cultural, "vamos por todo" significa: terminemos de cambiar el filtro, cambiemos todo el filtro.
Y, en ese marco, si analizáramos la expresión desde las políticas concretas, vamos por todo es algo loable, y no codicioso como lo describe la oposición. Tan loable como ir por todo el combate contra la pobreza, incluir a todas y todos los argentinos y las argentinas, terminar con todos los monopolios, disolver el poder de todas las corporaciones, erradicar del Estado todos los resabios del saqueo y la cooptación histórica del poder, unir a toda América del Sur.

Publicado en:
 http://www.infonews.com/2013/07/05/politica-84576-que-significa-vamos-por-todo.php

jueves, 23 de mayo de 2013

¿Qué es un cambio de paradigma?, por Carlos Raimundi (para “INFOnews” del 21-05-13)





Todo paradigma político no viene del azar, sino que responde a causas históricas y culturales.

 
Qué significa para un país como el nuestro, tal vez el país latinoamericano que más había olvidado mirar hacia sus raíces indoamericanas, que hoy sienta como propio el destino de pueblos hermanos como el de Bolivia, Venezuela o Ecuador? Significa un cambio de paradigma.
¿Qué significa que Cuba presida la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC), pese a estar bloqueada hace más de medio siglo por los EE UU y aislada de la pro estadounidense Organización de los Estados Americanos? Significa un cambio de paradigma.
¿Qué significa, que, después de haber privatizado, en los noventa, las principales palancas estratégicas de nuestra economía con amplio consentimiento social, hoy se valoren las políticas públicas, la intervención del Estado en el proceso productivo y su papel reparador de desigualdades sociales estructurales? Significa un cambio de paradigma.
¿Qué significa el remplazo de la fracasada idea de que el solo crecimiento traería la igualdad, por el principio rector de que es desde la igualdad y la cohesión social que vendrán el crecimiento y el desarrollo? Significa un cambio de paradigma.
¿Qué significa para miles y miles de jóvenes haber pasado de la apatía y el desprecio por la política que llevan a conductas individualistas, a la esperanza, la militancia y el sentido de pertenencia a un colectivo político y social? Significa un cambio de paradigma.
¿Qué significa haber aceptado durante décadas la resignación de que era en vano luchar contra poderes que parecían inexpugnables, y que desde esa omnipotencia sometieron a las mayorías populares, y saber ahora que la voluntad, la decisión y el compromiso de un pueblo tienen la fuerza para sobreponerse a esa dominación? Significa un cambio de paradigma.
¿Qué significa haber puesto en debate la democratización de instituciones que parecían intocables como la gran prensa y el poder judicial? Significa un cambio de paradigma.
¿Qué significa que hoy la visión clásica de la división de los poderes tradicionales, se ubique en un mismo plano de discusión junto con otra división de poderes muy concreta, como la que existe entre las grandes corporaciones y los llamados poderes fácticos permanentes y las instituciones que visibilizan nuevos sujetos históricamente postergados, y crean empoderamiento popular? Significa un profundo cambio de paradigma.
Un paradigma es, entre sus tantas definiciones, una especie de eje ordenador de creencias y valores, alrededor de las cuales una porción determinante de una sociedad construye su "cosmovisión" sobre un tema o cuestión. Así, una parte importante de la sociedad argentina fue construyendo sus paradigmas políticos tradicionales, como que "somos más parecidos a Europa que a esos negritos latinoamericanos", "todo lo que viene del Estado es corrupto e ineficiente", "la política es una porquería y los políticos son todos chorros", "pobres habrá siempre, y, de última, si son pobres será porque no laburan", "no te metas con los poderosos porque nunca les vas a ganar", "es verdad porque lo vi por televisión". Y esto para no mencionar otros de consecuencias más atroces aun, como "si desaparecieron es porque algo habrán hecho".
Ahora bien, todo paradigma político no viene del azar, sino que responde a causas y condicionamientos históricos y culturales, entre otros. Y, además, proviene de intereses muy concretos impuestos por los poderes hegemónicos de una sociedad, para justificar y sostener precisamente esos intereses y esa posición dominante. No son neutros, no son ingenuos, no son inocuos. Favorecen los intereses de algunos y perjudican los de otros.
A juzgar por las etapas atravesadas por la Argentina y la suerte de sus ciudadanos y ciudadanas más humildes, está claro desde qué tipo de intereses provenían esos viejos paradigmas, y a qué proyecto de país favorecieron. La Argentina atravesó, en las últimas cinco décadas del siglo pasado por la proscripción de las mayorías, por una Constitución Nacional reformada en 1957 desde la ilegitimidad de las minorías, por golpes de Estado en 1955, 1962, 1966 y 1976, por ajustes y devaluaciones feroces, por una guerra contra una potencia planteada desde la irracionalidad, y por una casi guerra con un pueblo hermano. Incluso a partir de 1983, cuando recuperamos nuestra vida institucional, se profundizaron indicadores de desocupación, pobreza y endeudamiento, que cambiaron el perfil de una sociedad cohesionada, de la que supimos sentirnos orgullosos.
Y, durante todo ese tiempo, lo que podríamos llamar –con el riesgo que implica toda simplificación– el "promedio cultural" de una parte muy influyente de nuestra sociedad, se apoyó en aquellos paradigmas mencionados, aun cuando teníamos ante las narices su ineficacia y su cinismo.
EL DÓLAR COMO HERRAMIENTA POLÍTICA. Si el movimiento de una variable económica se torna demasiado abrupto, nunca responde a causas estrictamente técnicas, sino políticas. No hay razón económica para la variación de 20 o 30 puntos de una cotización en pocos días. La causa es la intención de dar un golpe de mercado. Sucedió con la hiperinflación que detonó la caída de Raúl Alfonsín en julio de 1989, que trepó a 200% ¡mensual! para caer a un dígito una vez acordada su renuncia. Sucedía con el reloj de taxi con que Bernardo Neustadt graficaba en su programa de TV las pérdidas del Estado por el manejo de los ferrocarriles. Y hoy intentan obtener los mismos resultados con la cotización del dólar ilegal. Lo que es increíble, y, aunque suene presuntuoso, es que no hayamos aprendido. O que todavía tantas ciudadanas y tantos ciudadanos no se hayan dado cuenta. Que no recuerden cuáles son los recursos catastrofistas que utiliza el poder económico, y que no recuerden cómo muchas y muchos ciudadanos de clase media son utilizados como escudo del proyecto de país de la oligarquía, que sabe el efecto propagador que suscita el malestar de ciertos sectores medios, pero que luego de utilizarlos para crear esos climas, si volvieran al gobierno, volverían a aplicar políticas de las cuales esos mismos sectores medios estarían entre los principales perjudicados.
Lo que debemos repetir hasta el cansancio, es que la administración del país asumida el 25 de mayo de 2003, cambió también este otro paradigma de política económica. Es decir, hoy "las decisiones se toman en la Casa de Gobierno". Y hoy, aquellas "variables macroeconómicas" que históricamente nos ponían en una situación de alta vulnerabilidad (endeudamiento externo, condicionalidades a nuestra economía impuestas desde el exterior, escasez de divisas, déficit fiscal y comercial), están por primera vez en muchas décadas en manos del Estado, lo cual cambia el nivel de gravedad de los problemas de la economía. No estamos diciendo que la economía no presente problemas –que siempre los presenta-– sino que hoy los problemas se resuelven a partir de decisiones soberanas y no generan riesgo de desmadre del cuadro económico general, como en las anteriores etapas de nuestra historia económica reciente.
Entre el 1° de enero de 1970 y el 2 de abril de 1991, a la unidad monetaria argentina se le agregaron trece "ceros". Es decir, un peso de los creados en 1991 junto a la convertibilidad, equivalía nominalmente a 10.000.000.000.000 pesos moneda nacional. La cifra resulta ininteligible, pero útil para demostrar que hubo causas más que suficientes para que muchísimos compatriotas de buena fe se refugiaran en una moneda como el dólar como reserva de valor. Y a esto hay que sumar, entre otras cosas, la creación de más de una decena de cuasimonedas (como los lecop, los lepac, los patacones y tantas otras monedas provinciales), que fueron rescatadas bajo la presidencia de Néstor Kirchner. Quiere decir, entonces, que no todas las personas que atesoraron dólares a lo largo de todo ese calvario económico y social, pueden considerarse evasores o evasoras en términos clásicos, y mucho menos lavadores o lavadoras de dinero.


Publicado en:

 LEER AQUÍ SEGUNDA PARTE DE LA NOTA

¿Qué es un cambio de paradigma?, por Carlos Raimundi (para “INFOnews” del 22-05-13)



SEGUNDA PARTE
Ver AQUÍ la primera

Un mayor control de la evasión más las restricciones cambiarias angostaron la puerta de salida de divisas.


LA FALSEDAD DE LAS CRÍTICAS. El hecho de que muchos argumentos de la oposición se hayan tornado –por su agobiante repetición– en caballitos de batalla, no los provee de certeza. Uno de ellos es: "el mundo nos brinda una excelente oportunidad porque se mantienen altos los precios de la soja". Falso, al menos parcialmente. Porque si bien los precios de la soja se mantienen elevados, en las exportaciones argentinas ha crecido el componente industrial que colocamos en otros mercados aparte de China, y si esos compradores están en crisis disminuyen su capacidad de comprarnos. Por el contrario, necesitan vendernos aquellos productos que, debido a su crisis, no pueden colocar en sus países. Además, ese mayor componente industrial en nuestras ventas, que es inmensamente favorable para mantener nuestros niveles de empleo, requiere que importemos más bienes de capital, de modo que nos exige una concentración mayor en cómo obtener y qué destino darles a nuestras divisas. En paralelo, las firmas extranjeras radicadas en nuestro país no reinvierten aquí en los mismos niveles que lo harían en una situación normal en sus países de origen, sino que se ven compelidas por sus matrices en el exterior para girar una porción mayor de sus utilidades, de modo de acudir en socorro de las mismas, como consecuencia de la crisis que atraviesan. En definitiva, por estos y otros motivos, el mundo no nos sonríe, como pretende la oposición política y sus patrones intelectuales, los golpistas económicos. 
De la mano de esto viene otra sentencia mentirosa: "mientras en otros países de la región abundan los dólares baratos, en nuestro país escasean, y por eso se encarecen". Falso. Nuestro país es el primero, exceptuando a los EE UU, en cantidad de dólares por habitante. La pregunta, a partir de ello, es: ¿quién los tiene? ¿a dónde están? Y es aquí donde hay que distinguir entre las cantidades relativamente pequeñas que pueda haber reunido un ahorrista de clase media, y los colosales torrentes de ganancia en dólares que nuestras sucesivas debacles económicas les ha permitido a los grandes conglomerados empresarios; sumado a ello la falta de control y la libertad para girar esos dólares a los circuitos internacionales. Es a esa "libertad de cambio" a la que estos sectores históricamente dominantes quieren retornar, y de ninguna manera a proteger a los pequeños ahorristas a los que usan como pantalla de sus intereses oligárquicos.
Otra de las flagrantes mentiras de quienes propician un golpe de mercado es: "miremos lo bien que está Brasil". Falso. Lamentablemente, Brasil no está bien. Su economía arrastra signos de estancamiento prolongado, caída de la actividad industrial, altas tasas de interés y fuga de divisas. Y esto, que en la comparación nos pone en mejor situación, no es favorable para nosotros. Al ser nuestro principal socio comercial, hubiéramos preferido el repunte de Brasil para incrementar nuestras ventas y bajar la presión de sus industriales para colocar sus productos en nuestro mercado. Las muestras de recuperación que se esperaban de Brasil están tardando en manifestarse más de lo que hubiésemos deseado. El malestar de Brasil se refleja, incluso, en la merma de turistas de ese país hermano, lo cual también perjudica nuestra balanza.
BLANQUEO O INVERSIÓN. Como queda expresado en tramos anteriores de este trabajo, a lo largo de décadas de políticas liberales en materia cambiaria, los argentinos han acumulado dólares en cantidades siderales, y, debido a aquella justificada falta de confianza en nuestra economía, los mantuvieron fuera del circuito formal. Una parte dentro del país, otra parte mucho mayor fuera de él, pero todos fuera de la economía registrada. Esa enorme masa de dólares se integra, pues, en parte, de ahorristas precavidos de mayor o menor envergadura. Y también de grandes evasores, que presionaron durante décadas en favor de dichas políticas de libertad de cambio absolutamente laxas, y se aprovecharon de ellas para girar sus colosales excedentes en dólares a diversas plazas financieras, muchas de ellas non sanctas. Mientras la Convertibilidad mataba a nuestro Estado, a nuestra producción y a nuestros trabajadores, la libertad de cambiar cada peso por un dólar aceleró vertiginosamente ese proceso de acumulación y fuga de grandes capitales, que son quienes ahora presionan para recuperar parte de aquellos privilegios.
La Argentina arrastra, complementariamente con esto, altos niveles de evasión, contra la cual las actuales políticas públicas están luchando trabajosamente. Esto es, una permisividad histórica respecto de los nichos (y cuevas) de ilegalidad. Entonces, si combinamos el factor "colosales tasas de excedentes obtenidos en dólares o convertidos a dólares (gracias al relajamiento de las sucesivas políticas cambiarias)" con el factor "facilidad para operar en el circuito ilegal, o, más simplemente, evasión", esto arroja un resultado económico de enorme circulación rutinaria de moneda extranjera. A tal punto arraigado, que Carlos Menem, aún después del colapso producto de la década de los años noventa, obtuvo el primer lugar en la primera vuelta de los comicios presidenciales de 2003 bajo la consigna de dolarizar lisa y llanamente nuestra economía.
Al haber tantos dólares en plaza, las habituales operaciones informales no encontraban mayores resistencias en el sistema, y de allí que la brecha que siempre existió entre la cotización ilegal del dólar respecto del oficial, resultaba insignificante. Pero, a medida que se fueron imponiendo y generalizando las restricciones para operar y atesorar excedentes en divisas por fuera de lo estrictamente necesario (esto es, las transacciones del comercio internacional), la brecha se fue acentuando, lógicamente, dada la mayor dificultad para obtener dólares con la laxitud a la que los grandes operadores estaban acostumbrados. Y esto fue disparando, progresivamente, la brecha entre la cotización oficial y la ilegal. En definitiva, un mayor control de la evasión más las restricciones cambiarias, angostaron la puerta de ingreso y salida de divisas, convirtiendo las operaciones paralelas en un circuito muy pequeño e irrelevante en términos macroeconómicos, pero, dada la capacidad mediática de sus operadores, políticamente determinador de un clima de malestar en una porción importante de nuestra sociedad.

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lunes, 8 de abril de 2013

EL ORGULLO DE LAS PECHERAS, por Carlos Raimundi (para “INFOnews” del 08-04-13)












La dimensión humana tiene que volver a la política. Y la política tiene que volver a humanizarse. Estaba por ingresar a mi habitual columna en Radio Nacional de Mendoza, cuando, durante la espera telefónica, el periodista Santiago Giménez le responde a un oyente que no tiene nada de malo que un colaborador solidario con los inundados de La Plata se identifique con una pechera política.


Estaba por ingresar a mi habitual columna en Radio Nacional de Mendoza, cuando, durante la espera telefónica, el periodista Santiago Giménez le responde a un oyente que no tiene nada de malo que un colaborador solidario con los inundados de La Plata se identifique con una pechera política. Yo no podía creer lo que escuchaba. No podía creer, que, ante la angustia de haberlo pedido todo y el valor de la ayuda desinteresada y militante, alguien pudiera darle alguna importancia al color de una pechera.
De todos modos, puede haber dos móviles para esa actitud. Uno es no entender muy bien de qué se trata comprometerse luego de una catástrofe. Y el otro es que, precisamente por entenderlo bien, se lance una nueva ofensiva contra la política. Me pasa con mis amigos, algunos de los cuales compraron el "Son todos chorros". 

Ahora bien, tomemos una de las dimensiones posibles del concepto "política", como el ocuparse de la cosa pública. Aquí cabe una explicación tan simple como esta: todas las personas, aun las que aborrecen la política y sólo se concentran en ser exitosas en el ámbito privado, transitan por las calles, compran automóviles, llevan a sus hijos a la escuela… ¿Quién se ocuparía de cosas tan simples que llevamos incorporadas, como instalar un semáforo, registrar el patentamiento de los vehículos, abonar los salarios docentes o equipar las escuelas, sino aquellas y aquellos que sienten una vocación por las cuestiones públicas? Llevado a este plano, rechazar la política implicaría algo tan elemental como desatender los servicios públicos que todas y todos utilizamos.

A esa atención hacia lo público le caben tres grandes móviles posibles: el hacerlo por mero compromiso laboral, el hacer de ella un negocio o el cumplirla a partir de la vocación por lo social.

Dicho esto, me traslado ahora a las últimas inundaciones de La Plata, mi ciudad. De cara a los hechos consumados, se movilizaron cuatro instancias con miras a sofocar los enormes daños producidos. Las instituciones estatales, las organizaciones sociales, la militancia política y el voluntariado anónimo. Las organizaciones sociales y el voluntariado, más allá de la filiación o no de cada persona, no tienen necesariamente una adscripción partidaria permanente. Me refiero, por ejemplo, a la Cruz Roja, a organizaciones de boy scouts, a grupos de médicos, a centros de fomento, sindicatos, etcétera. Pero el Estado, que en cada período está ocupado por un gobierno con un color político determinado, y los militantes políticos, sí tienen una filiación precisa.
En este sentido, siempre tiene el Estado una responsabilidad. Pero no da lo mismo cuál es la concepción política y social más profunda de quienes lo conducen en cada momento concreto, para determinar la impronta que tendrá esa acción social del Estado, frente a una catástrofe. 

En una reciente reunión con Nuevo Encuentro, el Secretario Legal y Técnico de la Presidencia, Carlos Zanini expresó un concepto de profundo contenido: "Cuando se gobierna, no hay problemas chicos." Y esto es así, sencillamente, porque todos los problemas son humanos. Y si un problema es humano, es decir, si corresponde a un dolor, a una necesidad o a un derecho de una persona, entonces, es importante. Y la dimensión humana tiene que volver a la política. Y la política tiene que volver a humanizarse. Y cuando está presente la dimensión humana, también pueden estar presentes, eventualmente, el error, el reconocimiento del error y su reparación.  

Por lo tanto, cuando un Estado está conducido por un gobierno que sostiene esa convicción, el tratamiento de los problemas, y entre esos problemas, esta última catástrofe, se abordan desde una perspectiva de intenso compromiso humano y social. Y esa misma valoración es la que se traslada a la militancia política, predominantemente joven, que adhiere a este gobierno y al liderazgo de nuestra presidente, y que está desempeñando un papel tan importante en la reparación de los daños sufridos por miles de compatriotas. 

No podría decir que todo fue perfecto. Nunca lo será. Tampoco lo es mi vida, ni creo que nada lo sea. Pero sí valorar que no hubiera sido lo mismo sin Estado y sin militancia. Y no hubiera sido lo mismo con otro gobierno en el Estado y con otra militancia. Valoremos que este drama se topó con una mujer que preside un gobierno con un claro sentido del compromiso y la gestión. Y que le imprime esa misma dinámica a los miles y miles y miles de jóvenes enamorados de este momento de la Argentina y de este proyecto político. Imaginemos sino cuál hubiera sido la alternativa. Seguramente, la farandulización de la catástrofe. Una catástrofe cuya reparación, en vez de ser conducida desde un gobierno con convicción y vocación social, hubiera sido conducida por un programa de TV en continuado durante 24 horas, cuyos animadores estrella hubieran estado –o los hubieran obligado a estar– pendientes de la imagen, el rating y la cotización del minuto de publicidad, y para quienes el drama de las ciudadanas y ciudadanos hubiera sido sólo una excusa, probablemente más noble que otras, para estar en pantalla. Y allí terminaba todo el compromiso...

Por delante quedan, como asignaturas pendientes, anticipar, prevenir, planificar y coordinar. Entre las diferentes instancias del Estado, y de estas con la sociedad civil. Pero valoremos que, en medio de tanta desolación, quien se puso al frente de la reparación fue este, y no otro Estado. Este, conducido por una presidenta como Cristina, y con un despliegue militante comprometido con lo social, y no con las empresas o las cámaras de TV, como hubiera ocurrido con los yuppies u otros modelos impuestos a la juventud, no hace tanto tiempo. 

Vayamos por más y mejor política. Por una política que, precisamente por ser humana, admite el error y brega por su reparación. Y que también por ser humana, hace sentir orgullosos a los jóvenes de vestir sus pecheras.

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viernes, 24 de agosto de 2012

El poder popular y la economía solidaria, por Carlos Raimundi (para “Tiempo Argentino” del 24-08-12)


Cuando nuestra realidad difiere de nuestras expectativas, provoca un pozo en el que caemos y nos angustia. Nos pasa a todos y quedamos frustrados. Sentimos bronca porque no podemos llegar adonde queremos estar, y se transforma en tristeza.

El proceso sudamericano está incorporando la dimensión social, a la noción clásica de la democracia política.

Por:

Carlos Raimundi

Entre otros cambios de paradigmas de esta etapa argentina, está la recuperación de nuestra dimensión latinoamericana, o, si algunos prefieren, sudamericana. La ampliación del Mercosur como factor de integración básicamente aduanera, las cumbres de Unasur como decisor político, la negativa al ALCA, el Banco del Sur y el Consejo de Defensa Regional, la coordinación entre sus Bancos Centrales, la creación de una unidad de valor que rija el intercambio regional con prescindencia del dólar, enmarcan un proceso de persistente emancipación respecto del tutelaje económico y político al que fuimos históricamente sometidos. No sólo por parte de los EE UU, sino también de los conglomerados trasnacionales económicos y financieros. Siempre de la mano de gobiernos serviles, o cuanto menos débiles, y de conocidas oligarquías internas.
Al calor de estas políticas comunes para alcanzar la recuperación de la propiedad pública de los recursos naturales y energéticos, o la integración en infraestructura, o la conectividad para el desarrollo, surge la necesidad de consolidar el proceso desde lo institucional. Se trata de batallas muy duras, de una dureza proporcional a la magnitud de los intereses afectados. Cuando se trata de romper una estructura histórica de concentración y desigualdad, para remplazarla por una nueva matriz igualitaria en los campos de la inversión, la producción, la comercialización y la distribución de las riquezas y los ingresos, lo que se disputa es, sencillamente, el poder.
Hoy no parece haber condiciones en el mundo para remplazar el capitalismo por el marxismo, ya sea desde su versión ortodoxa, como de sus adecuaciones sobrevinientes. Pero sí de denunciar los límites, trampas y contradicciones de la “globalización”. Sus injusticias, las heridas al medioambiente, la concentración morbosa de la riqueza, el empobrecimiento masivo. Y, finalmente, la reciente crisis ¿financiera? que azota a las zonas más desarrolladas. Lo que sí parece viable –y necesario– es profundizar la regulación de los mercados que marca el presente de muchos de los gobiernos sudamericanos, a partir de su compromiso con los sectores históricamente más desprotegidos.
Políticas que han ampliado cuantitativa y cualitativamente el universo de los sujetos involucrados en los procesos de cambio. No sólo desde su simple adhesión, sino desde su militancia, desde la organización social y sus crecientes responsabilidades de gobierno. Cuando una etapa incorpora más sujetos, cuando esos sujetos discuten más temas, y cuando esos temas son cada vez más importantes, estamos ante la ampliación de la Democracia. Es decir, el proceso sudamericano está incorporando la dimensión social, a la noción clásica de la democracia política. Tomemos como ejemplo a la Argentina. Si trazamos una línea de tiempo de nuestro proceso político a partir de 1983, veremos que se han seguido todos los pasos institucionales. Tanto en la entrega anticipada de Alfonsín a Menem, como las sucesiones de De La Rúa y Duhalde, se cumplió lo ordenado por la Constitución. Ahora bien, si trazáramos en paralelo otra línea de tiempo del proceso socioeconómico, veremos que, mientras se cumplía formalmente la ley, cuestiones fundamentales como el endeudamiento, la desocupación y la pobreza, sufrieron caídas estructurales. Esto indica que, sin perjuicio de la importancia de la democracia política, esta no asegura per se la prosperidad ni la igualdad, sino que, inclusive, puede deteriorarlas drásticamente. Es decir, está pendiente completar la democracia política con la democracia económica y social. No hay verdadera democracia cuando el pueblo vota, sino cuando el pueblo decide. Y, en etapas como el actual proceso sudamericano, son los liderazgos fuertes y una militancia muy comprometida los que garantizan ese camino a la igualdad, la integración y el desarrollo, mucho más de lo que lo ha hecho el mero cumplimiento formal de las instituciones demoliberales, a lo que tantos formadores de opinión asocian con la “calidad institucional”.
Dos ejemplos más para convalidar este juicio. Primero, el reciente golpe que derrocó al presidente de Paraguay, Fernando Lugo, dado precisamente por el Parlamento. El segundo, cuando la Asamblea constituyente de Bolivia no aprobó prohibir los latifundios mayores a 5000 hectáreas, y, sin embargo, ese mismo artículo, sometido a plebiscito, fue apoyado por más del 80% de la población. Esto explica cómo en nuestros países se ha renovado parcialmente la democracia, mucho más a nivel de los liderazgos y la militancia, propios de la democracia social y participativa, que de los parlamentos –legado principal del sistema meramente representativo– que en estos casos expresan más los intereses de la corporación política que la voluntad del pueblo.
Esto de ninguna manera desprecia los contenidos más profundos del concepto “república”, en la medida que demuestra su compromiso absoluto con lo público. Nunca como ahora se han respetado los grandes ejes de lo público como la libertad de reunión, la libertad de expresión llevada a niveles de agravio a la autoridad nunca antes vistos, la libertad para decidir la orientación sexual y las iniciativas de género, la condena a las violaciones de los Derechos Humanos, la simplificación del matrimonio, la adopción y el divorcio en el nuevo Código Civil, el acceso igualitario a Internet para los estudiantes primarios y secundarios, el ingreso a la Universidad Pública de miles de estudiantes de familias humildes del Conurbano, y tantos otros. A diferencia de los procesos de ajuste, que propicia el liberalismo económico a partir del autoritarismo político –ya sea por vía de la represión o de la despolitización– este proceso histórico recupera la capacidad de intervención estatal –es decir de la sociedad– en la economía, mientras garantiza todas las libertades civiles y políticas.
Creo haber enunciado algunos ejes que justifican el cambio de etapa. Y, con ese cambio de etapa, la necesidad de su institucionalización, de elevar a rango constitucional los nuevos derechos, de modo de, por un lado, dificultar su reversibilidad, y, por otro, acercarlos al plano de los derechos adquiridos por el pueblo, de modo que la sociedad –incluso el poder– los internalicen de modo definitivo. Podría graficarlo diciendo que, en otras épocas que jamás deben volver, el pueblo soportó bombardeos, golpes, proscripciones, y hasta un genocidio. Pero el poder no pudo arrebatarle el aguinaldo.
Todo esto justifica, por sí mismo, la oportunidad de una reforma constitucional. Pasar de un sistema constitucional que gira en torno de la propiedad privada a poner como eje el valor de la igualdad y los derechos sociales. Pasar del concepto clásico de Estado de Derecho al paradigma sudamericano de nuestros tiempos, el Estado Social de Derechos. Atender, como pilares de una nueva norma fundamental, a las instituciones del Poder Popular y de la Economía Social y Solidaria.
Así, la nueva Constitución del Estado Plurinacional de Bolivia establece en su preámbulo un Estado “donde predomine la búsqueda del vivir bien”, “inspirado en las luchas del pasado, la sublevación indígena anticolonial, la independencia, las luchas populares de liberación, las marchas indígenas, sociales y sindicales, las guerras del agua y de octubre, las luchas por la tierra y el territorio, y con la memoria de sus mártires”. Y consagra instituciones del poder popular como la “democracia comunitaria”, la “participación de la población organizada en la toma de decisiones”, “la educación descolonizadora”, “la acción popular”, “la iniciativa ciudadana” para confeccionar leyes, la elección popular de los magistrados y del Consejo de la Magistratura y la “sencillez administrativa”. E instituciones de la Economía Social y Solidaria como el “sistema único de salud gratuito, intracultural e intercultural” y “la producción de medicamentos genéricos”, “las formas comunitarias de propiedad y de producción” y la “función social de la propiedad”, cuyo uso no puede ser nunca “perjudicial al interés colectivo”, y donde “todas las formas de organización económica tienen la obligación de generar trabajo, reducir desigualdades y erradicar la pobreza”. “El Estado fomentará las entidades financieras no bancarias con fines de inversión socialmente productiva”, los recursos naturales son de propiedad directa, indivisible e imprescriptible del pueblo y no pueden inscribirse en los mercados de valores ni utilizarse para operaciones financieras, y el incumplimiento de la función social de la tierra privada la devuelve al pueblo.
En el mismo sentido, la Constitución de Ecuador de 2008 comienza con un “nosotros y nosotras”, apelando a la sabiduría de todas las culturas, como herederos de las luchas sociales de liberación frente a toda forma de dominación y colonialismo, con la decisión de construir la convivencia en armonía con la naturaleza para alcanzar el “buen vivir”. Consagra como “derechos de la naturaleza”, aquellos que no son de las personas sino de la madre tierra. Le dedica especial atención a la función de Rehabilitación Social del Sistema Carcelario. Y establece el “sistema económico social y solidario”, y da tratamiento preferencial al “sector popular y solidario” del sistema financiero.
Así también podríamos analizar el Proyecto de Reforma Constitucional de Venezuela de 2007, que, entre otras cosas, garantiza diferentes formas de propiedad –pública, social, colectiva y mixta– además de la clásica propiedad privada del modelo liberal. Y los proyectos de reforma constitucional, que, entre otros, reconocen el “derecho a la felicidad”. En definitiva, hay razones políticas, clima de época y antecedentes en la región, que justifican avanzar hacia una Constitución basada en los derechos sociales, la organización del poder popular y la economía social y solidaria, como alternativa a la presente crisis del capitalismo, y sus desgastadas fórmulas de ajuste.

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http://tiempo.infonews.com/2012/08/24/editorial-84137-el-poder-popular-y--la-economia-solidaria.php

lunes, 10 de enero de 2011

POR QUÉ 2011 SERÁ UN AÑO CRUCIAL, por Carlos Raimundi (para "Tiempo Argentino" del 10-01-11)


Tiempo de definiciones

Publicado el 10 de Enero de 2011 ,por Carlos Raimundi

Partido SI en "Nuevo Encuentro".

El interrogante estratégico que presenta 2011, es si, en términos de sistema político, estamos con la administración Kirchner en presencia de un fenómeno coyuntural, o si se trata de una etapa fundadora de una nueva fuerza política.

El año 2011 puede ser, para la Argentina, el de la consolidación de un avance del campo nacional y popular, o de su retroceso. No es cuestión, como sucediera con otros gobiernos, de decir “yo o el caos”, entendido esto como una amenaza a la democracia procesal. Esta está consolidada en nuestro país. Baste ver cómo la crisis de 2001, que arrojó 39 muertos y una devaluación de un 400%, fue saldada, desde lo institucional, en el más estricto –aunque caótico e injusto– marco legal.
No se trata de eso. Sino de consolidar un proceso, en nuestro país y en la región, de conducción política de la economía, autonomía regional de las decisiones, inclusión de sujetos que hasta hace poco permanecían ignorados, disputa de sentido de tantas palabras y conceptos, fin de la hegemonía cultural de los medios monopólicos, compuertas abiertas a la verdad, la memoria y la justicia, y recuperación de una línea popular de interpretación de nuestra historia, como valores de época que marcan el lugar donde tenemos que estar.
Se trata, en definitiva, de afianzar otro sentido del concepto de democracia. De afianzar otro sentido de la idea de “calidad institucional”. De disputar el sentido de la palabra “orden” (no le temo a la palabra en sí: la desnutrición es desorden, la escolarización por la asignación universal es orden; el retiro voluntario de los ’90 era desorden, la paritaria es orden. De no santificar la consigna del “consenso”, ni aferrarse linealmente a poner todo en conflicto, sino de poner en tensión los intereses que haya que poner, y discutir socialmente qué puntos de la agenda se deben poner en conflicto y en cuáles se debe construir consenso, una democracia enriquecida por la incorporación de nuevos protagonistas.
Esta disputa de sentido es lo que no toleran quienes han visto afectados sus intereses, aunque muchas veces de manera confusa e incompleta. En particular, uno de sus intereses: precisamente su capacidad casi exclusiva, ejercida durante décadas, para formar el sentido, para moldear a su medida el promedio social de interpretación de la realidad. ¿A qué me refiero? Por ejemplo, a quienes hicieron posible que nuestra sociedad le prestara consenso a una aventura como la ocupación militar de Malvinas, a quienes hicieron posible que los despidos masivos de los ’90 fueran tolerados como un mal necesario para la “modernización del Estado”, mientras compraban a los dirigentes políticos y sindicales para que legitimaran el ajuste; a quienes presentaron periodísticamente la rebaja de salarios de la Alianza como un acto de coraje. Y, mientras tanto, concentraban medios y capitales, giraban utilidades al exterior y forzaban leyes que protegieran sus maniobras. Esto, hoy, no está resuelto, pero sí se está discutiendo en las calles, las aulas y los talleres. Estamos en una etapa compleja, pero rica y apasionante, y no ya diseñada con exclusividad por los habitués de la “city”.
Y, como es precisamente “eso” lo que no toleran, es que van a seguir recurriendo –como lo están haciendo– a todos los medios a su alcance para interrumpir el curso del proceso. Fracasado el “gobierno republicano paralelo” prometido desde una remozada mayoría parlamentaria vencedora en los comicios de 2009, y frustrados los golpes de mercado que intentaron desfinanciar una economía basada en algunos números contundentes, ellos decidieron intensificar la desestabilización por la vía de la agitación y el clima de enrarecimiento de la atmósfera social, no sin el costo de muertes irreparables. Así, un pequeño grupo pago que tira piedras en Constitución gana las pantallas de todo el país durante horas y horas. Así, el bloqueo extorsivo de camiones de caudales por parte del aparato de un dirigente bancario preso deja los cajeros sin efectivo en las fiestas para enojo de la gente. Así, la profecía autocumplida de la escasez de combustibles y las tomas de predios, tienen el objetivo de enturbiar un presente signado por el crecimiento económico, el turismo interno y el consumo popular.
Pero, aunque creo firmemente que esto es así, no quiere decir que la política oficial no deje flancos para que ocurra. Por eso, 2011 también debe ser el año en que se ponga fin a ciertos pragmatismos. No puede ser que para contar con los votos de San Juan haya que tolerar los estragos de la minería a cielo abierto, o para contar con los votos de Formosa haya que ser indiferentes a la muerte de indígenas, o que para no molestar a ciertos sindicalistas haya que otorgarles espacios en la Secretaría de Ferrocarriles. Por cierto, la presidente ha tomado nota de alguna de estas demoras y ha puesto la política de seguridad en manos de una ministra ajena a todo pacto corporativo como Nilda Garré. Y así deberá tomar nota de la demora en una política de tierra y vivienda, y diseñar políticas de alto impacto en la generación de empleos industriales que intensifique el apoyo de sectores populares y la consideración de sectores medios, a la vez que solidifique la economía. La tan nombrada incorporación de jóvenes a la política, no sólo impedirá que se retroceda sobre lo logrado, sino que será vital para empujar por lo que falta.
El otro interrogante, igualmente estratégico, que presenta 2011 es si, en términos de sistema político, estamos con la administración Kirchner en presencia de un fenómeno coyuntural, o si se trata de una etapa fundadora de una nueva fuerza política. En el primer caso, en el momento en que termine el ciclo Kirchner, quien obtenga la conducción del PJ será el encargado de dirigir al partido con más posibilidades de gobierno de la Argentina. Pero eso no garantiza por sí solo la profundización del rumbo descripto. Bien podría significar el regreso a una ortodoxia marcada por los caudillos territoriales de corte más tradicional. Si se tratara, en cambio, de un momento fundante, el campo popular expresado por la recuperación del Estado, la preponderancia del mercado interno, el sentido de inclusión, entre otros valores, será el encargado de erigirse en el sujeto político emergente, y consolidar ideológicamente la dimensión histórica del presente. Mucho tendrá que ver en este aspecto –aunque no sea determinante– la ingeniería electoral que se diseñe para las próximas elecciones. Esto es, la posibilidad de que el rumbo pueda ser apoyado desde una estructura mucho más amplia, que trascienda al aparato formal del PJ y la CGT.
En el final, una expresión casi visceral: qué pena para el país (y, cuando me pongo más estricto, siento, “qué pereza intelectual y qué torpeza política”) que aquellos dirigentes opositores que no están fuera del campo popular tengan una lectura tan lineal del gobierno y se opongan obstinadamente a todo, en lugar de respaldar lo bueno y discutir las grandes estrategias que necesita la Argentina. Y qué pena, qué pobreza de análisis y qué indignación me dan otros dirigentes, autotitulados de izquierda, que siguen diciendo que nuestro presente político es una continuidad del Menemato.

por Carlos Raimundi (Partido SI, Nuevo Encuentro)


Publicado en :
http://tiempo.elargentino.com/notas/que-2011-sera-ano-crucial