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jueves, 13 de noviembre de 2025

Rusia: nueva oleada de antisovietismo, por "Norsevan" del 04-11-25




A pesar de ello, encuestas sociológicas publicadas por el Instituto de Investigación Social y Política registran un aumento significativo en la demanda ciudadana de justicia social (hasta un 33%) y un incremento en el número de personas que desean vivir bajo el socialismo (hasta un 44%).



El ámbito político en Rusia sigue estando sumamente restringido en medio de las operaciones militares en curso. Contrariamente a la Constitución rusa, las marchas y concentraciones están prácticamente prohibidas. 



Mediante numerosos cambios legislativos y artimañas tecnológicas -la introducción de la votación en tres días, el voto electrónico remoto y el voto a través de terminales, el impulso masivo al voto por correo y el uso generalizado de recursos administrativos, así como un dominio abrumador de los medios de comunicación y las finanzas- las elecciones se han transformado en una suerte de operación electoral. La censura tácita impide cualquier crítica seria al gobierno o cualquier protesta sin el riesgo de exilio o de ser tildado de agente extranjero.



En un contexto de profunda parálisis tanto económica como política, otros ámbitos de conflicto de intereses de clase están cobrando protagonismo, y las persistentes contradicciones objetivas de la sociedad capitalista se manifiestan de forma distinta. Encuestas sociológicas publicadas por el Instituto de Investigación Social y Política registran un aumento significativo en la demanda ciudadana de justicia social (hasta un 33%) y un incremento en el número de personas que desean vivir bajo el socialismo (hasta un 44%). Numerosos militares combaten en el frente del Distrito Militar Central portando símbolos soviéticos, bajo la Bandera Roja de la Victoria con la hoz y el martillo.



Es evidente que tales sentimientos no favorecen en absoluto a la clase dirigente, que, si bien ha logrado reforzar su control político, ya siente que el terreno se le escapa de las manos. Al parecer, es precisamente por estas circunstancias que la lucha ideológica se ha intensificado notablemente, y la élite gobernante ha desatado una auténtica ola anticomunista que sustituye a la anterior campaña, relativamente lenta, de promoción de la rusofobia y el antisovietismo.


El principal objetivo del nuevo ataque se dirige contra la idea misma de la revolución socialista y contra Vladímir Ilich Lenin personalmente. El primer golpe fue la película «La Momia», producida por el canal de televisión SPAS, conocido por su afición a la ortodoxia. Este costoso pseudodocumental, producido por nacionalistas locales y adoradores del zar, generó mucha publicidad, pero se distinguió por su contenido mediocre. Una mezcolanza de sumerios, demonios, ocultismo, conjeturas, búsquedas de signos secretos, zigurats y especulaciones ya manidas no logró transmitir la impresión de ser un material serio. Sin embargo, se había dado el primer paso, y la reacción pública negativa, neutral y en gran medida indiferente no solo no disuadió a los dirigentes políticos que orquestaban los ataques antisoviéticos, sino que, de hecho, los alentó.



Una especie de secuela de "La Momia" fue la película en varios episodios "Crónicas de la Revolución Rusa", dirigida por el renombrado director Andrei Konchalovsky. Este autor se sintió frustrado al leer los comentarios ingenuos e idealistas que acompañaron el anuncio de la película, sugiriendo que un director tan respetado tendría que encontrar la fuerza para abstenerse de expresar un sentimiento antisoviético virulento: su reputación y dignidad se lo exigían, decían. Ya entonces no había ilusiones sobre esta película; bastaba con saber que la producía el canal de televisión Rossiya con el apoyo de la fundación benéfica Arte, Ciencia y Deporte del acaudalado empresario Alisher Usmanov. Las grandes empresas jamás harían películas positivas, y mucho menos neutrales y objetivas, sobre la revolución y el líder del proletariado mundial.



De hecho, la película no defraudó en absoluto las expectativas de los más escépticos. Cada recurso artístico -los planos, la filmación, la trama, el vestuario, el reparto, etc.- está absolutamente diseñado para blanquear el régimen zarista y la mística «Rusia que perdimos», al tiempo que denigra a los revolucionarios, a los líderes del Partido Bolchevique y a cualquiera que luche por un mundo mejor sin explotación.



No hay interés en profundizar en los numerosos detalles, cuyo análisis exhaustivo podría llenar varios números de Pravda. Basta con señalar que V.I. Lenin es interpretado por Yevgeny Tkachuk, quien saltó a la fama gracias a su papel protagonista en el drama criminal "La vida y aventuras de Mishka Yaponchik". Es bien sabido que los papeles exitosos suelen perseguir a los actores que los interpretan, por lo que la intención de los cineastas resulta evidente: tender un puente de inmediato entre ladrón y gran revolucionario, retratando sutilmente a este último como una chusma insignificante.



Las alusiones criminales no terminan ahí; empeoran: Lenin, Gorki y los bolcheviques presionan a Parvus, como una especie de gánsteres de los 90, y le cortan un dedo. El concepto y la ejecución resultan humillantes para el fundador del primer estado socialista del mundo, que es claramente lo que buscaban los cineastas.



Curiosamente, se crea deliberadamente un contraste muy marcado: los personajes del "viejo mundo" -es decir, los funcionarios, oficiales y estadistas zaristas, Sergei Witte, Pyotr Stolypin, etc.- son personas impecables, agradables, pulcras, inteligentes, tranquilas y razonables. No cabe duda de que se trata de una antítesis deliberada de los revolucionarios, de aspecto deshonesto y, en general, poco atractivos. Un hilo conductor recorre la idea de lo extranjero, casi una influencia externa, en relación con los "agitadores": hay revolucionarios que planean sus "maldades" en París, y aquí Lenin-Tkachuk finalmente llega del extranjero a Petrogrado, a la Estación de Finlandia, y, mirando a su alrededor con cobardía, pronuncia un discurso ante los obreros y soldados revolucionarios.



En cuanto al aspecto histórico de la trama, también abundan las incongruencias. Baste decir que "Crónicas de la Revolución Rusa" prácticamente no menciona el Domingo Sangriento, la Primera Revolución Rusa ni la disolución de la Primera Duma por plantear el crucial tema de la tierra. Es evidente que los cineastas se dedican a la propaganda burguesa y no al documentalismo, pero habría valido la pena dedicar al menos unos segundos a estos eventos cruciales; de lo contrario, toda la acción parece completamente frívola y suspendida en el aire, sin contexto, premisa ni relaciones de causa y efecto.



Vale la pena repetirlo: esperar que esta película sea auténtica, veraz o que refleje el espíritu de la época que retrata es inútil. Los cineastas no tenían ninguna intención de mostrar nada de eso. De hecho, a diferencia de «La Momia» de Korchevnikov, que proclamaba descaradamente y sin miramientos su supuesta calidad documental, los creadores de «Crónica» declaran inmediatamente su obra un largometraje, dándose carta blanca para entregarse a cualquier absurdo y distorsión de la historia. 



Como bien señaló Federico Engels: "La burguesía convierte todo en mercancía, y por tanto también la historia. Por su propia naturaleza, por las condiciones de su existencia, tiende a falsificar toda mercancía: también ha falsificado la historia. Porque la historiografía mejor pagada es aquella en la que la falsificación de la historia se ajusta mejor a los intereses de la burguesía". 



Estas líneas fueron escritas por Engels en 1870, hace más de 150 años. Pero dado que el capitalismo no ha cambiado en su esencia, la relevancia de las palabras de este clásico inmortal sigue siendo insuperable hasta el día de hoy.



La clase que posee los medios de producción, la burguesía, y especialmente su sector más rico -el gran capital oligárquico- invierte conscientemente grandes sumas de dinero y utiliza sus canales de comunicación con la sociedad para difundir su visión burguesa de Lenin, el Partido Bolchevique y la idea misma de la lucha revolucionaria ante una audiencia multitudinaria de trabajadores y explotados. Todo aquello que pudiera ayudar mínimamente a la clase trabajadora a reflexionar sobre su destino, su condición de engranaje inhumano en la maquinaria del capitalismo y su trabajo incesante hasta la muerte, es implacablemente tachado, despreciado y presentado de la forma más desfavorable.



Operaciones especiales de información como «La Momia» y «Crónicas de la Revolución Rusa» no son los primeros, ni mucho menos los últimos, eslabones de una larga guerra de clases en el frente ideológico: una guerra por controlar la conciencia de la mayoría, la única que, mediante sus acciones, puede sostener o derrocar el sistema capitalista. La primera opción exige silencio, inacción y una sumisa sumisión al destino. Este es un camino fácil con consecuencias gravísimas: trabajar para otros, la asfixia de la deuda, la agitación militar, la extinción del pueblo, un campo de concentración electrónico y la inevitable decadencia de nuestra nación.



Un camino diferente exige una lucha de clases ardua y prolongada en todos los frentes -ideológico, económico y político—, así como la autoorganización revolucionaria de la mayoría trabajadora y su partido. Todo esto requiere desafiar diariamente el sistema del capitalismo oligárquico. Y una de las muchas tareas será explicar al pueblo qué son las tristemente célebres «Crónicas de la Revolución Rusa» y cómo la burguesía las necesita para mantener a los trabajadores bajo control.



Fuente: DIARIO PRAVDA



Publicado en:

https://www.norsevan.com/post/rusia-nueva-oleada-de-antisovietismo

domingo, 24 de noviembre de 2024

Las verdades incómodas de Milei, por Dante Augusto Palma

 





A punto de cumplir su primer año de gestión, el gobierno llega en su mejor momento: superávit fiscal, una macro más ordenada, expectativa de crecimiento para el 2025, inflación perforando el 3%, una reactivación despareja pero reactivación al fin, un blanqueo exitosísimo, un dólar controlado y a la baja con brecha en mínimos históricos, y caída del Riesgo País augurando la posibilidad de volver a los mercados para refinanciar deuda. Ni el más optimista de los libertarios imaginaba este escenario. “Dolor mandriles”, diría el león.  

Asimismo, a la luz de los hechos, se confirma que la desregulación de los alquileres fue una opción superadora a la insólita ley de alquileres que destrozó el mercado y jodió a propietarios e inquilinos. Además, sin represión sino gracias a la interrupción del financiamiento, eliminó el extorsivo corte de calles diario de los piqueteros sin perjudicar a quienes necesitaban los planes. Durante años fue el tema de agenda pública y de repente se acabó, simplemente cortando la intermediación y el chorro de guita que utilizaban los líderes para movilizar a los beneficiarios amenazándolos con quitarles lo que les correspondía. Es incómodo decirlo, pero, en este punto, la derecha tenía razón y los resultados están a la vista. Lo hacían “con la nuestra”.  

Acierta también el gobierno en llamar “periodistas ensobrados” a los periodistas ensobrados. Lo hace de mala manera, generalizando y apuntando, en algunos casos, a aquellos que, simplemente, son menos condescendientes que ese círculo íntimo de periodistas oficialistas que hacen de voceros o presta micrófonos. Si se hiciera sin agravios y mostrando los hilos quedarían todavía más expuestos para aceptar que, siempre en los carriles de un debate respetuoso, la participación pública y la defensa de determinados intereses puede traer como consecuencia la crítica. Hay que bancarse la pelusa. No los aprietes ni las listas negras como las hubo años atrás, en algunos casos, ante el silencio de muchos de estos periodistas (de los ensobrados y los no tanto). Pero sí la crítica: son periodistas, muchachos. No son el médium ni de la verdad ni de la neutralidad. ¿Quieren opinar y bajar línea? Acepten que otros opinen y critiquen la línea que bajan. Si el gobierno va más allá de eso, denúncienlo, pero si se queda en la crítica, no se victimicen, que en la carrera de la victimización hay muchos delante de ustedes y el periodismo tradicional es una de las instituciones/casta con menos credibilidad, desprestigio que han sabido ganar con esmero día a día, por cierto.  

Por último, aun cuando está a la vista que el ajuste no lo ha pagado la casta, lo cierto es que la ciudadanía apoya la quita de determinados privilegios, especialmente a gremios como los aeronáuticos, con algunos referentes que no son Dios pero se creen dueños del cielo y del tiempo de la gente. Lo mismo con esa suerte de título de nobleza/cargo hereditario en algunas dependencias del Estado. Uno entiende el sentido de la medida en su momento, pero los tiempos han cambiado. Que en el fondo el gobierno apunte allí porque su voluntad es atacar lo público y privatizarlo todo, (lo que da déficit y lo que no), no invalida muchas de los señalamientos que realiza. Lo hace con provocaciones y, una vez más, con generalizaciones injustas, pero esos casos existen. Si el gobierno anterior hubiera querido defender lo público, en vez de hacer la vista gorda, debió haber actuado. Pero, claro está, no lo hizo.       

En otros aspectos, en cambio, la actual administración entra como elefante en el bazar y muestra improvisación, sobreideologización, medias verdades y mucho argumento ad hoc. Se vio algo de eso con las universidades cuando buena parte de sus argumentos son atendibles (la denuncia de las cajas políticas, por ejemplo) pero son razones que se esgrimen a cuenta gotas para ganar el debate de la semana ante la ausencia evidente de un plan general para la educación y la ciencia vinculado a un modelo de país. 

Más torpe aún es cuando ingresa en debates como los de la literatura presuntamente pornográfica en los colegios secundarios de la provincia de Buenos Aires. No sabemos en qué porcentajes, pero la cruzada anti progre le ha traído una buena cantidad de votos al gobierno, del mismo modo que esa agenda permite entender parte del triunfo de Trump, pero, como suele ocurrir, ha habido una sobreactuación a partir de un par de páginas que, en todo caso, pueden ser de mal gusto o no, pero que han llevado el debate a un terreno superado. Me refiero al de la educación sexual como asunto del Estado o de la familia. Para decirlo brutalmente, las miradas más conservadoras consideran que los temas de la sexualidad son responsabilidad de los padres y la casa, mientras que los sectores más progresistas entienden que la escuela cumple un rol formativo en ese aspecto como lo hace con el resto de las asignaturas. Como suele ocurrir, el debate escondía ese debate más de fondo pero, además, plantea un falso dilema en el que la mayoría no repara. Es que para el progresismo, educación sexual devino sinónimo de ESI. Entonces el falso dilema es: conservadurismo de dinosaurios o ESI. Y se puede decir que no a ambas cosas, es decir, alguien podría defender la educación sexual en los colegios y sin embargo poner en tela de juicio al menos parte del contenido woke de la ESI. De hecho, antes de la ESI también existía educación sexual. Pero es más simple plantear el debate en términos de viejos vinagres contra espíritus libres progres que vuelven a su lugar más confortable y denuncian “censura”. Bienvenido sea ese retorno, por cierto, porque en los últimos años, quienes persiguieron, cambiaron los planes de estudios, se preocuparon por cómo debíamos hablar, modificaron frases, argumentos y finales de obras clásicas, reescribieron la historia a piacere, cancelaron gente y censuraron libros en función de la moral del autor, no fue la derecha, ni fue la Iglesia: fue el progresismo. Ahora hace falta que vuelva a ser rebelde, aunque algunos signos muestran que para eso falta tiempo. Imaginen: el presidente anarco capitalista entra a los actos cantando La Renga y la principal candidata opositora con los pibes para la liberación, deja las banderas rojas y negras del Indio y las reemplaza por “Es mi fanático, me vuelve loca, toda la noche me sueña y se toca” de Lali Espósito. ¡Cosas veredes, Sancho!    

Llegamos finalmente a la insólita idea de la creación del “brazo armado” del mileismo con aclaración posterior de que no se trataba de un escuadrón parapolicial sino de una metáfora: “el brazo armado con celulares”, en la línea ya algo pasada de moda de las interpretaciones naif respecto del rol de la tecnología y las redes. Recuerdo incluso que ya sonaba vetusto cuando Durán Barba y Santiago Nieto publican La política en el siglo XXI en 2017 y en la edición argentina incluían una mano sosteniendo un celular en la tapa. Es que entre la revolucionaria primavera árabe y los algoritmos de Facebook fomentando la polarización y siendo partícipes necesarios de genocidios, tal como mencionábamos días atrás leyendo Código Roto de Jeff Horwitz, ha pasado poco tiempo, (algo más de 10 años), pero muchas cosas. Agreguemos a esto la controversia actual en torno a X (ex Twitter), con medios como The Guardian o La Vanguardia abandonando sus cuentas después de aducir que, con la llegada de Musk, la red devino difusora de las ideas de ultraderecha. 

Y sí, efectivamente, no solo en Twitter, hoy parece haber un retroceso a nivel político, cultural y social de las ideas progresistas que dominaban la discusión hace apenas 5 años atrás. Si esta huida hacia “espacios seguros”, tan propia del progresismo, supondrá algún cambio, no lo sabremos, aunque sospechamos que solo generará más cámaras de eco y más polarización.  

En síntesis, forzando la interpretación pareciera entonces que “el brazo armado con un celular” es dar una batalla cultural en redes denunciando marxismo por todos lados contra progresistas que acusan de fascismo todo lo que no sea progre. 

Veremos qué deparará el futuro, aunque ya hemos visto que las tendencias son cambiantes y que lo que retorna, nunca retorna igual.

martes, 1 de octubre de 2024

HAY COMUNISTAS MALOS...Y LOS CHINOS...


Bandera de China

 

 

miércoles, 3 de julio de 2024

MASLATÓN DICE QUE EL PLAN REVENTÓ, Y TILDA A CAPUTO DE "COMUNISTA"

 

lunes, 9 de octubre de 2023

ANTES DE ROCA, por Sebastián Fernández (para "El Cohete a la Luna" del 08-10-23)

 


Así ven a Julio Argentino Roca los libertarios, como un comunista estatista

El sueño de Milei y quienes lo financian es llevarnos a la Argentina pre-moderna

por SEBASTIÁN FERNÁNDEZ




Con la lógica libertaria, la ley de educación gratuita y obligatoria implicó un “costo” que benefició “con la nuestra” a “un montón de vagos”.


El 8 de julio de 1884 fue promulgada la ley 1.420, de educación laica, gratuita y obligatoria, imaginada por Domingo F. Sarmiento e impulsada por Julio A. Roca y su ministro de Educación, Eduardo Wilde. La Iglesia entendió que la ley pondría límites a su enorme influencia en la educación y operó en contra con tanta furia como torpeza. El conflicto con el gobierno escaló hasta la expulsión del nuncio apostólico –el embajador de la Santa Sede en el país– a través de unas secas líneas del canciller Francisco J. Ortiz: “En vista de la actitud asumida por vuestra excelencia en sus relaciones con el Gobierno de la República, el señor Presidente me ordena enviar a vuestra excelencia sus pasaportes, fijándole el término de veinticuatro horas para dejar el territorio de la Nación”. Otros tiempos.


Como señaló Rosendo Fraga, el éxito de la ley fue notable: “Sabía leer y escribir menos de uno de cada cinco habitantes. Un cuarto de siglo más tarde, al conmemorarse el Centenario, ya dos de cada tres sabían leer y escribir y en los menores de diez años la escolarización llegaba al 90%”. Todos los chicos fueron beneficiarios de la educación gratuita (esa cualidad que tanto enfurece a nuestros reaccionarios y que no significa, obviamente, que nadie pague su costo), tanto los nietos de patricios y pueblos originarios como los hijos de sastres polacos, albañiles italianos o jornaleros gallegos, sin distinciones de credo, origen nacional o raza, pero obviando también distinciones sociales. Los impulsores de la ley no buscaron generar “ahorro” alguno eliminando del beneficio de la gratuidad a los hijos de quienes pudieran pagar el costo de la escolaridad. Sabían que la universalidad es la única forma de garantizar la implementación de un derecho.


El 29 de agosto de 1905, el Senado sancionó la ley de descanso dominical, primera norma laboral que se registra en la Argentina. La impulsó el socialista Alfredo Palacios, inspirado en el Proyecto de Ley Nacional del Trabajo presentado por el ministro del Interior de Roca, Joaquín V. González, un conservador lúcido aunque algo escéptico con respecto al sufragio universal. El proyecto –una respuesta a la creciente conflictividad social y a las pésimas condiciones laborales– fue rechazado por la UIA (la Unión Industrial Argentina, fundada en 1887) que ya en aquel entonces consideraba que el Estado no debía interferir en sus asuntos internos, entre los cuales incluía los derechos de los trabajadores.


En 1944, el gobierno militar implementó el Estatuto del Peón por iniciativa del entonces secretario de Trabajo y Previsión, Juan D. Perón, con el polémico objetivo de equiparar los derechos del trabajador rural con los del resto de los trabajadores. La Sociedad Rural Argentina (SRA) se opuso argumentando que el del campo es un ámbito particular que no puede ser comparado con el resto ya que allí se establece una “camaradería de trato, que algunos pueden confundir con el que da el amo al esclavo, cuando en realidad se parece más bien al de un padre con sus hijos”. Tal vez esa sea la razón de la alta tasa de trabajo no registrado en ese sector (que supera en casi un 50% el promedio nacional): no son relaciones laborales, sino familiares. Con respecto a la remuneración, la SRA recomendó que “en la fijación de los salarios es primordial determinar el estándar de vida del peón común. Son a veces tan limitadas sus necesidades materiales que un remanente trae destinos socialmente poco interesantes”. En otras palabras, que los peones ganaran más de lo necesario para sobrevivir no era aconsejable ya que se gastarían el remanente en vino o algo peor.


Varias décadas más tarde, cuando en 2009 el gobierno de CFK estableció la Asignación Universal por Hijo (AUH) –una asignación familiar para desocupados y empleados informales–, el notable senador radical Ernesto Sanz denunció que esa plata “se está yendo por la canaleta de la droga y el juego”.


Hace unos días, Patricia Bullrich, ex Ministra Pum Pum y actual candidata a Presidenta por Juntos por el Cambio, aseguró en su retórica abigarrada que de ganar las elecciones derogaría las leyes laborales que mencionó como “todas las leyes que han quedado como leyes de multas sobre la indemnización”. Si el Congreso no la acompañara, anunció la solución: “Hago un DNU y lo derogo en dos minutos”.


 




 


Javier Milei, liberal imaginario y candidato presidencial de La Libertad Avanza, explicó por su parte que terminaría con la obra pública y la reemplazaría por la iniciativa privada. Ante la consulta de un joven sobre quién realizaría una ruta para unir un pueblo de pocos habitantes a la ciudad más cercana si la obra no fuera rentable para el sector privado, Milei contestó: “Si no es rentable para el sector privado es porque no es deseable socialmente”.



 


En realidad, la noción de “rentabilidad” aplicada a las iniciativas impulsadas desde el Estado es al menos discutible, pero exigir rentabilidad puntual en cada proyecto de infraestructura del país es simplemente una estupidez. Lo que debe ser “rentable” para la ciudadanía es la resultante del conjunto de esas acciones, no cada acción en sí misma. Sería ridículo supeditar el desarrollo del país a la rentabilidad puntual y de corto plazo de los accionistas privados. De hecho, ninguno de los países que nuestros liberales imaginarios toman como ejemplo lo ha hecho.


Milei se hubiera opuesto a la ley 1.420, ya que las escuelas lanzadas por Roca carecieron de “rentabilidad”, al menos según el criterio de La Libertad Avanza, y porque también rechaza la obligatoriedad educativa, además de haber prometido eliminar el Ministerio de Educación. No existe para Milei una idea colectiva de sociedad, sólo un conjunto de ciudadanos con libertades absolutas, en la medida en que puedan financiarlas.


Siguiendo la lógica del agitado de la motosierra, las escuelas impulsadas por Sarmiento fueron un “costo” para el Estado, ya que su construcción y mantenimiento se hizo “con la nuestra”, para retomar una expresión en boga entre nuestros reaccionarios. Sin embargo, como señaló Rosendo Fraga, esas escuelas fueron una extraordinaria inversión que en apenas 25 años lograron que el 90% de los menores de diez años supiera leer y escribir, lo que impulsó una sólida curva social ascendente. Pagándole la escuela a “un montón de vagos” y “con la nuestra”, el país creció y se desarrolló.


Existe un hilo conductor entre las reacciones del nuncio apostólico en 1884, la UIA en 1904, la SRA en 1944, Sanz en 2009 y Bullrich & Milei en 2023: el rechazo a la ampliación de derechos de las mayorías populares y a su consecuente empoderamiento. A diferencia de los ciudadanos integrados, que podemos recibir rentas como accionistas de una empresa o asignaciones familiares como empleados registrados sin por ello perder la supuesta cultura del trabajo, un cierto paradigma reaccionario considera que los sectores más vulnerados de la sociedad, al contar con un derecho garantizado por el Estado o un ingreso asegurado, aún módico, serían impulsados al desenfreno alcoholizado y a la pereza.


Para la UIA, la SRA, Sanz, Bullrich y hoy Milei, quienes menos tienen deben recibir menos del Estado. Su destino debe depender así de la voluntad del sector privado y de que éste perciba alguna ganancia de corto plazo en las obras o iniciativas destinadas a impulsar el desarrollo en esos sectores menos beneficiados. Es por eso que dichas organizaciones patronales y los políticos que las representan se emocionan con la beneficencia a la vez que se indignan con los derechos: la beneficencia es discrecional, mientras que los derechos son imperativos.


El gobierno de Cambiemos, del que formó parte la ex Ministra Pum Pum, fue una verdadera primavera de ideas zombie y delirios reaccionarios que constituyó el basamento necesario al proyecto de país que nos ofrece hoy La Libertad Avanza.


Ya no se trata de volver a la Argentina previa al peronismo, como soñaba Macri: el sueño de Milei y quienes lo financian es llevarnos a la Argentina pre-moderna, anterior a Roca.



Publicado en:

https://www.elcohetealaluna.com/antes-de-roca/

miércoles, 6 de septiembre de 2023

LAS MIL Y UNAS DE MILEI (XXV): "El Papa es el representante del maligno en la tierra"

 

 

martes, 22 de noviembre de 2022

“¡NO SE CONVIERTAN EN BURÓCRATAS!”, por Raquel Robles (para "Anfibia" del 21-11-22)

 


COMUNISTA, PERSONALISTA, PERONISTA: ALQUIMIA HEBE


Hebe luchó para que nuestro paso por este mundo no sea defenderse de la muerte sino disfrutar de la vida. Fue una política rabiosa, siempre prefirió rodearse de pueblo. Admirada por su entrega y compromiso, homenajearla es discutir con ella para hacer mejor, para no empezar desde cero. Cuando el dolor amaine un poco, dice Raquel Robles, con Hebe tenemos que tener la paciencia que ella no tuvo para construir con todes y llevar todavía más lejos la radicalidad de lo incómodo.


Por: Raquel Robles



Hebe fue una política rabiosa. Por eso fue la más comunista de todes les activistas de la escena política argentina. Pero también fue la más personalista, y eso la hizo la más peronista de todas. Esa alquimia tan buscada por la generación de mis xadres, y la de sus hijes. La rabia de Hebe no siempre estaba dirigida al enemigo como nos enseñó a odiar el Che. Muchas veces nos arrojó bolas de esa rabia y nos dejó la piel quemada. El peronismo de Hebe tampoco se quedó sólo en personalismo. También fue una terca buscadora de lo popular. Siempre prefirió rodearse de pueblo y le daba una cierta tirria la intelectualidad bien pensante. 


En uno de los muchos videos que circulan en las redes desde ayer, cuando supimos de su muerte, se la ve con un pulover rojo pidiendo que cuando se muriera se la celebrara con una fiesta en la Plaza y diciendo que no debe haber lágrimas en esa fiesta porque tuvo una vida en la que siempre dijo lo que quiso. Y vaya si dijo lo que quiso. Ojalá la muchachada que va a ir a presentarle sus respetos, dando vueltas a la pirámide o en su funeral, pueda escuchar lo que dijo una y otra vez: la revolución no es un cargo, no se conviertan en burócratas, sufran con el dolor de cada pibe que tiene hambre, no hagan cada uno su ranchito.


***


Hace ya un montón de años, cuando H.I.J.O.S acababa de nacer, me tocó llevar adelante junto con les compañeres de Prensa la revista de la agrupación. Cada mes publicábamos una entrevista a un Organismo de Derechos Humanos. Hacía calor cuando le llegó el turno a “las Madres de Hebe”. Recuerdo ese encuentro un poco tenso. La pregunta picante era sobre cómo se tomaban las decisiones. En nuestra organización ese había sido el tema más discutido. Habíamos llegado a la conclusión de que todo tenía que ser decidido por consenso. Ni siquiera la votación en asamblea nos parecía democrática. Había que incluir a todes en cada paso que dábamos. Eso era lo que más nos distanciaba de ella. Hebe me respondió que decidían entre todas, que tenían una reunión semanal en la que no faltaba ninguna y que ahí se decidía el camino. 


Me acuerdo que cuando estaba a punto de profundizar en el tema, apareció en la puerta una Madre muy bajita para mostrarle un pañuelo que iban a replicar por cientos para colgar en la Plaza en la Marcha de la Resistencia. “¿Te parece bien el tamaño, Hebe?”. Ese gesto me pareció una respuesta a cualquier pregunta sobre la toma de decisiones. Hebe decidía hasta el tamaño del pañuelo. Tal vez la Madre en cuestión estaba pasando por todas las habitaciones consultando esa trivialidad, pero para mí fue una escena decisiva. Antes de irme me dijo “Raquel, vos tenés que ser la presidenta de HIJOS”. Yo me reí y le dije que nosotres no teníamos presidentes, que nuestra organización era horizontal. Ella se exasperó, le parecía una tremenda pelotudez esa manera de dilatar las decisiones más simples hasta cualquier hora, o durante semanas incluso. “Alguien tiene que mandar, Raquel, y vos tenés las condiciones”. Yo me fui ofendida y confirmando que iba a ser muy difícil construir con ella. Días después, en la madrugada de la Marcha de la Resistencia, Sergio Schoklender, todo vestido de negro, nos sacó del lugar que habíamos elegido en la Plaza. Nos sacó con amenazas, con actitud de matón. Por qué, entre todas las personas que podría haber elegido para adoptar, había adoptado a ese hombre que daba miedo. No entendíamos. Nos dolía. Pero en ese momento todo dolor se transformaba en enojo. 


La Plaza estaba llena de carteles con palabras que nos dolían. Que nos enojaban. Las fotos no podían tener nombres. Cobrar la reparación económica era ser un traidor y un mercenario. Buscar los huesos de les desaparecides era ser egoísta y conformarse. 


Dos meses más tarde, en la represión que se desató en la ciudad de La Plata, ella terminó con un cascotazo en la cabeza y yo con un brazo lleno de balas de goma. En la conferencia de prensa mostró su pañuelo lleno de sangre y me sentó a su lado. Cuando terminó me mandó al hospital. Yo no quería ir, en mi soberbia de juventud y con el cuerpo todavía lleno de la adrenalina de una noche de terror, me parecía que no era para tanto. “Con la salud no se juega, te vas al hospital y se terminó.” Toda la distancia que había construido con los desacuerdos, con los desencuentros, todo el enojo o el dolor, se derritió en un instante. Ese cuidado de mamá mandona, de abuela poderosa, me llenó los ojos de lágrimas. A mí, que por no ser débil no lloraba ni a mis muertos. 


Después los años fueron pasando y ella se fue poniendo cada vez más intensa, más urticante. Hebe con el Sub Comandante Marcos en la selva, Hebe con Fidel, Hebe con guerrilleros colombianos, Hebe con combatientes del ETA, del IRA. Hebe hablando de Revolución sin tapujos, sin medias tintas. Hebe con la rabia cada vez más afilada. Pero cuando parecía que iba a convertirse en una referencia de la izquierda más radical, hizo un giro inesperado: se enamoró de Néstor y abrazó las banderas del kircherismo. Con la misma pasión, la misma rabia, la misma claridad. Un giro que no es nuevo. Ese mismo camino hicieron cientos de jóvenes en los años sesenta y setenta. 



Hay quienes dicen que Hebe “se ablandó”. No creo. Hebe tomó la decisión política que tomaron muchos partidos de izquierda en toda Latinoamérica. La revolución por la vía de los votos. El gobierno popular. Resistir desde el Estado el avance de la derecha. Darle a la gente la posibilidad de vivir mejor aquí y ahora, sin esperar a que estén dadas las condiciones para cambiar el orden de las cosas. La revolución con su violencia se lleva la vida de mucha gente, además. Y ya perdimos bastante. Por otro lado, claramente, esas condiciones objetivas y subjetivas que son necesarias para juntar las voluntades y para romper todo para después construir un mundo nuevo soportando el asedio constante del enemigo, están cada vez más lejos. 


Hebe siempre tuvo una honestidad brutal. Nunca impostó nada. Usó los métodos que encontraba a la mano para conseguir lo que quería. Tal vez sentía que no tenía tiempo de construir una organización propia con herramientas democráticas. La verdadera democracia requiere de paciencia y de ir “al ritmo del más lento”, como mandaba el Che. Su sentido de la lealtad no soportaba ninguna agachada. Aunque para ser leal tuviera que agacharse ella misma. Porque ella fue la representante más fiel al precepto de la generación de sus hijes, de mis xadres: Todo o nada. 


Homenajear a Hebe, entonces, no puede ser hacer un panegírico lleno de frases útiles para flyers. 


Un verdadero homenaje es tomar su bandera de lo incómodo, de lo brutal, del estilete al hueso. Ella no quería que nadie le reparara nada. Ninguna compensación ni económica, ni simbólica por el desastre que nos hicieron. Todo o nada. O vuelven vivos o que no vuelvan de ninguna manera. O vivimos para hacer la revolución o nuestra vida no sirve para un carajo. Y, como dijo sin ningún pelo en la lengua cada jueves en su momento de micrófono: si no se es gobierno para resolver la vida de la gente, se es traidor. 


Cuando se murió Néstor, en esa primera tarde que nos reunimos espontáneamente en la Plaza, me acuerdo que alguien, ya no sé quién, me dijo que lo único que lo consolaba era que los medios de comunicación no iban a poder evitar que se hiciera un recorrido por su vida y se lo mostrara como lo que él había sido. “A lo mejor así la gente se acuerda de todo lo que hizo Néstor”. 


Tengo esa misma esperanza con la muerte de Hebe. Que se vuelva a escuchar lo que dijo. No solamente lo que dijo cada vez que se enfrentó con los milicos. Cada vez que puso el cuerpo para defendernos en la calle. Lo que NOS dijo. Lo que dijo a los militantes cada vez que tuvo un micrófono. Ella quería una juventud que no creyera que la radicalidad estaba sólo en tomar las armas. Que entendiera que todo lo que se hace, hay que hacerlo hasta el fondo. Que no se puede creer que se está militando cuando se está peleando por un puesto. Que, si cada día “desde que te levantás” no estás haciendo algo por “el otro”, no podés llamarte patriota. 


“Estamos en el medio del río”, dijo hace no mucho, “sin salvavidas, atacados por un montón de hijos de puta”. Ojalá “los chicos”, como los llamaba ella, esos a los que ella les dijo una y otra vez “¡no se conviertan en burócratas!”, la escuchen de verdad. Ojalá les duela, como ella les pedía, cada vez que un pibe revuelve la basura que dejan los ricos para llevarse algo a la boca. Les duela tanto que puedan dejar de juntar pajas para “sus ranchitos” y se planten frente a los dueños de todo y no permitan que toda esa gran masa del pueblo que los votó siga padeciendo hambre, frío, dolor. 


Ojalá podamos escuchar lo que dijo una y otra vez: la revolución no es un cargo, no se conviertan en burócratas, sufran con el dolor de cada pibe que tiene hambre, no hagan cada uno su ranchito.


Hebe integra desde ayer el altar de nuestros muertos. Su alma forma parte de la inmensa trenza de seres que lucharon para que nuestro paso por este mundo no sea defenderse de la muerte sino disfrutar de la vida. Como a todas esas almas a las que vamos a pedir cobijo, consejo, amor, cuando el agua nos llega al cuello, sería bueno aprender de su vida. Cuando pensamos en nuestres xadres, quienes tuvimos la suerte de hacer alguna elaboración posible con compañeres, en algún colectivo, no los vemos como dioses sin mácula. Los admiramos por la entrega, por el compromiso, por la capacidad de amar. Y discutimos con elles para poder hacer mejor, para no empezar desde cero. Con Hebe, cuando el dolor amaine un poco, tenemos que hacer lo mismo: tener la paciencia que ella no tuvo para construir con todes y llevar todavía más lejos la radicalidad de lo incómodo. 


Hasta hace poco no creía mucho en el poder de la invocación, del rezo. Pero tuve el privilegio de leer parte del trabajo de la compañera Mariana Tello Weiss sobre la relación con los fantasmas de nuestres desaparecides y entonces resignifiqué la comunicación con los muertos. Por eso, hoy la invoco. Le pido que nos ayude a ser mejores. Le pido que nos de ese cachetazo moral que sabía dar cada vez que desde el campo popular se sostengan machirulos, malas prácticas, modos deshonrosos de ocupar el privilegio de haber sido elegido por mandato popular. Pero también le pido que me perdone por no haber aprovechado cuando estaba viva para ser débil en sus brazos. Por no haberle dicho que la quería. Por no haberme animado a discutir con ella a los gritos. Por no haber entendido que de verdad todos eran sus hijos y que entonces ella era mi abuela.


Hebe, si de algún modo estás por acá, quiero decirte que aun con todo lo segura que estaba de no estar de acuerdo con vos, yo tampoco quería nada que no fuera que volvieran con vida. A mí también me insultó la reparación económica, aunque la cobré. Yo también quise vengar la sangre de nuestros muertos. Y sigo queriendo que se sientan vengados cuando nuestro pueblo sea feliz. 


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https://www.revistaanfibia.com/no-se-conviertan-en-burocratas/

miércoles, 16 de febrero de 2022

La amenaza comunista en una época sin comunismo


Comunismo era el de antes...

 

 

sábado, 3 de abril de 2021

REGALINI DICIENDO LAS COSAS POR SU NOMBRE:

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