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viernes, 6 de enero de 2017

¿ME EXTRAÑARON?, por Horacio Cecchi (para "Página 12" del 06-01-17)

Bergman esperó a terminar sus vacaciones para viajar a la zona de los incendios en La Pampa
Todo es culpa de una “profecía apocalíptica”





Bergman, con Cristian Ritondo (de saco oscuro), conociendo el territorio bonaerense.
(Imagen: DyN)

Después de que casi un millón y medio de hectáreas fueran consumidas por el fuego en La Pampa, Río Negro y Buenos Aires, el ministro de Ambiente volvió de sus vacaciones y se dirigió al lugar para alentar a los brigadistas.



Por Horacio Cecchi

Poco antes de las 13 de ayer, y recién llegado de sus vacaciones sin siquiera tiempo para sacarse la crema protectora, Sergio Bergman, ministro de Ambiente de la Nación, desembarcó en La Adela, el epicentro del incendio que tuvo (tiene) en ascuas a La Pampa y que se extendía a Río Negro y provincia de Buenos Aires. Apenas llegó, como ya es habitual, expresó su buena onda: “No vengo a actuar. Vine a dar aliento a los brigadistas que combaten los incendios”, explicó a los periodistas locales que lo rodearon. Después, en conferencia de prensa, se dedicó a dar detalles del plan nacional para atacar el incendio forestal que había consumido 1.400.000 hectáreas entre las tres provincias afectadas. Llegó más de un mes después de que se había desatado el primer incendio y cuando faltaba controlar el último foco, precisamente en La Adela, que consumía 20 mil hectáreas alrededor de la población. El plan, en pocas palabras, porque fueron pocas, quedó enmarcado en “dar aliento”, en “aceptar el cambio climático”, habló de “una especie de profecía apocalíptica” y que “los recursos nacionales estuvieron a disposición desde un primer momento”, a diferencia de lo que opinaban funcionarios locales. Esta vez, no habló de rezos pero sí de apocalipsis.


“Los incendios de La Pampa se ven en el mundo por las fotos satelitales de la NASA, pero no lo ha visto el Gobierno Nacional que no ha ofrecido ayuda al Gobierno de La Pampa.” El comentario fue de un funcionario de primera línea del gobierno pampeano de Carlos Verna, el segundo día del año, cuando el fuego incluso había avanzado más allá del Río Colorado, sobre la provincia de Río Negro, y cruzado la frontera bonaerense por el cambio de viento.

“Esto se veía venir”, dijo el intendente de La Adela, Juan Barrionuevo. Los primeros focos de incendio en el departamento Caleu Caleu –del que es cabecera La Adela– “comenzaron a principio de noviembre”, señaló. Barrionuevo destacó el apoyo del gobierno de Verna desde el primer momento a través de Defensa Civil y aseguró que “desde Nación no hubo un contacto directo hasta la llegada de Gendarmería para colaborar con el trabajo en la ruta con la Policía de La Pampa”.

“El primer avión hidrante (el único) llegó el 1º de enero y cuando la situación era crítica, el 2 de enero, llegaron los brigadistas de San Luis y Córdoba”, se quejó Barrionuevo.

En octubre del año pasado, Sergio Bergman había convocado a unir esfuerzos a la población de la región cordillerana: “Para el verano lo más útil que podemos hacer es rezar” había dicho durante una entrevista ofrecida al periódico El Cordillerano. En ese momento se refería a los habituales incendios forestales en la región de Bariloche. “El gobierno –sostuvo– nos redujo el presupuesto general y nosotros lo queríamos ampliar. Así que vamos a ver cómo hacemos para tener, por lo menos, las mismas herramientas del año pasado”. “Pero estamos en un camino –agregó sombrío– donde no veo en el corto plazo que tengamos la envergadura, de lo que necesitamos en el próximo verano.” “Yo creo que este verano estaremos en mejores condiciones,  aunque como creyente que soy, para el próximo verano lo más útil que podemos hacer es rezar”.

Claro, La Adela y el millón y medio de hectáreas que se incineraron antes de su reciente llegada de vacaciones, aparecieron lejos, a muchos kilómetros de la ciudad del Nahuel Huapí. Casi por sorpresa.

A su regreso de La Adela, donde también se reunió con productores a los que no les prometió nada, el ministro dijo haber ido para “monitorear con intendentes y autoridades locales” las tareas para “prevenir daños materiales y de la vida de personas, sobre todo de bomberos y rescatistas”.

También aseguró el lanzamiento de “un plan de infraestructura muy importante que va a ser inédito en el país”, aunque no dio más detalles, salvo que se financiará con “fondos ‘verdes’ para adaptación al cambio climático”, que la Argentina “no tiene disponibilidad, vamos a tener que aplicar en créditos”.

Además, dio marcha atrás en el asunto de los rezos recomendados en octubre, y responsabilizó por los incendios al “atraso de tantos años de no haber invertido y no haber hecho el trabajo que había que hacer”.

Mientras, en el ámbito pampeano, todas las investigaciones informadas por el gobierno provincial y municipal, daban cuenta de que los incendios se desataron por la sequía y tormentas eléctricas que no llegaban con agua.

Finalmente, Bergman se refirió a un tema de fondo: sus vacaciones y las críticas que recibió por su ausencia mientras el centro del país se transformaba en cenizas y pedía auxilio con cortinas de humo. Relativizó las críticas, las consideró “atendibles pero no corresponden”. Por qué, le preguntaron. Porque “mi presencia estaba, está, en tiempo y en forma”, no físicamente pero sí a través de “equipos y brigadistas, aviones de observación y reportes” que trabajaron en la zona de la catástrofe. Y dijo, concluyente: “El ministerio asistió a quienes combatieron los incendios con dinero proveniente de una ampliación presupuestaria que se resolvió no rezando sino trabajando con los legisladores (nacionales) y las diferentes autoridades”.

EL VIDEO SUBIDO POR EL GOBERNADOR DE LA PAMPA

EL POSTEO DEL GOBERNADOR VERNA

Publicado en:
https://www.pagina12.com.ar/12718-me-extranaron


INFORMACIÓN RELACIONADA:

 Incendios en La Pampa: Verna destrozó a Bergman con un video



La Pampa incendiada y Bergman se va a San Martín de los Andes. El ministro de Medio Ambiente se escapó de las llamas y viajó a la ciudad cordillerana.


¿Quién es el joven asesor de Bergman que con 19 años gana $70.000 y su única experiencia laboral es de 2 meses en Pizza Banana? Mirá su CV (Diario K)


El ministerio de Ambiente contrató a un joven de 19 años. Mientras Sergio Bergman es cuestionado por el manejo de los incendios, su cartera realizó una polémica incorporación. Se trata de un egresado del secundario que figuraba con un sueldo de 70.000 pesos.(Perfil)



Sergio Bergman contrató a un asesor de 19 años y le pagará cerca de $70.000 (iprofesional)


Juan Francisco Roust Elgue



Bergman: “El asesor (que casi gana $ 70.000) de 19 años fue un “error administrativo” (FM 88.9)

lunes, 18 de julio de 2016

CONVOCATORIA AL UN GRAN PIQUE-TETAZO, por Horacio Cecchi (para "Página 12" del 18-07-16)

POLICIAS DE SAN ISIDRO PROHIBIERON A UNA MUJER AMAMANTAR A SU BEBE EN PUBLICO


Una mujer daba el pecho a su bebé en una plaza de San Isidro cuando policías locales la quisieron detener con el argumento de que está prohibido. Convocan a un “pique-tetazo” el sábado. Por Horacio Cecchi

El martes pasado, el mismo día en que un guarda ferroviario pidió a dos federales que obligaran a un pasajero a bajar del tren Mitre por portar un cartel en el que tildaba de “Mentiroso” a Mauricio Macri, dos mujeres de la Policía local de San Isidro intentaban detener a una mujer que amamantaba a su bebé en una plaza pública céntrica con el argumento de que está prohibido hacerlo en público (?). La mujer se negó y finalmente se retiró para proteger a su bebé de la violencia desbordada de las policías. El sábado pasado deambuló cinco horas con su madre y su bebé atravesando los vericuetos judiciales sin lograr que nadie de turno le tomara la denuncia. Llegó finalmente a la Comisaría de la Mujer donde le dijeron que no hubo delito porque no le habían pegado a ninguno de los dos (!) La denuncia se viralizó en las redes luego de una convocatoria a un “pique-tetazo” el sábado próximo en la misma plaza. Se espera una multitud de bebés, incapaz de comer combos de comida chatarra y que se alimentará sana y libremente de la “tibia leche de tu cuerpo” (Spinetta dixit).

Coni Santos, Constanza, tiene 22 años y un hermoso bebé regordete de 9 meses. El martes pasado, 12 de julio, en horario bancario, Coni salió con su bebé del Banco Nación de San Isidro, en Belgrano al 385, alrededor de las 15.30, después de hacer una cola de más de una hora con su bebé en brazos sin que nadie se dignara a hacerla pasar primero. Cabe recordar que los bebés no cumplen los mismos horarios que los bancarios, con lo que ya en la fila estaba a puro llanto reclamando lo suyo, la teta. Nerviosa y agotada, Coni salió, dio unos pasos y se sentó en la plazoleta ubicada en el cruce de Belgrano, Acassuso y 9 de Julio. Pleno centro comercial. Bebé reclamaba su alimento natural y ahí estaba ella para proveérselo.

Es bueno imaginar el contexto para quien no es de la zona, y para quien es vecino también porque muchas veces ocurre que los contextos, de tan naturalizados, no existen. Pleno centro comercial, en San Isidro, como en cualquier centro comercial con fuerte capacidad adquisitiva, es decir, una profusión de imágenes publicitarias de las primeras marcas de lo que sea. Entre ellas, lencería, deportes, moda, vacaciones, autos, alimentos, salud, clínica, tarjetas, inversiones y futura mamá, donde la mujer aparece no como mujer sino como su cuerpo, sólo esbelto, curvilíneo en todas sus formas, oquedades del fotoshop, no sea que se escape alguna realidad de mujer persona.

En ese contexto antinatural naturalizado, a Coni se le vino a ocurrir saciar el pedido de leche de su bebé en público.

Un grupo de uniformados de la Local comenzó a analizar la situación de inseguridad ciudadana que se abría a la sociedad. A pedido de sus conciencias maspapistas y temerosas, dos mujeres de la Local enfilaron sobre la subversiva teta que sólo era imaginable por la postura, ya que el frío del momento obligaba a Coni a cubrirse y cubrir a su bebé. Se veía menos que en las de las fotos, pero para quien quiere imaginar, qué otra cosa podía estar haciendo esa mujer con el bebé puesto de esa forma. Y la censura necesita mucha imaginación.

“No sabe que hay una ley que prohíbe amamantar en público”, tiró sin capacidad de razonar una de las milicas. “‘Me estás cargando’, le dije –contó después Constanza a Página/12– ‘No sabía, cuál es la ley’. No me contestaron, me pidieron mi documento y el de mi hijo. Yo seguía preguntándoles por la ley. Al final me empezaron a decir que me llevaban a la comisaría 1ª por resistencia a la autoridad. Yo les dije que me iba, y me fui. Antes me dirigí al grupo de policías varones a preguntarles por los nombres de las dos mujeres y se reían de mí”.

Hasta el sábado con la familia, fue convenciéndose de avanzar y salió a hacer una denuncia que no tuvo puerta en la justicia y derivó en la Comisaría de la Mujer, que depende de la Bonaerense y que con la Local no se mete, sólo despotrica. A esa altura la nota de la periodista Luciana Rosende, de los trabajadores de El Argentino Zona Norte, ya había llegado a manos de los Bonaerenses. La atendió una mujer policía, previo preguntar instrucciones a algún superior. “Nosotros no manejamos esto porque no hubo delito, no te maltrató, no te pegó ni a vos ni a tu bebé”, recordó Constanza que le dijo.

Hoy, finalmente presentará una denuncia acompañada por un abogado ofrecido por ediles de diferentes espacios políticos. Y para el próximo sábado se organizó –y no se pregunte cómo porque la espontaneidad solamente es– un gran tetazo, una amamantada masiva y pública allí mismo, en la plazoleta del suyo y de todos los bebés y todas sus madres y quienes quieran acompañar, para un rato antes de las 15, como para que a esa hora la plazoleta sea ya una vía láctea.

horaciolqt@yahoo.com.ar

Publicado en:
http://www.pagina12.com.ar/diario/ultimas/20-304561-2016-07-18.html

viernes, 8 de julio de 2016

UNA REQUISA CON INCONVENIENTES, por Horacio Cecchi (para "Página 12" del 08-07-16)

POLICIAS PLATENSES PREPOTEARON A UNAS PERSONAS SIN SABER QUE ERAN FISCALES


Veinte policías de la comisaría 4ª de La Plata realizaban una requisa ilegal a pasajeros de dos micros. Por casualidad pasaban dos fiscales y ordenaron detener el operativo. Dos uniformados, sin saber quiénes eran, intentaron apretarlos.

 Por Horacio Cecchi

El 30 de junio pasado, a la mañana, el ministro de Seguridad bonaerense, Cristian Ritondo, junto al intendente de Berisso, Jorge Nedela, arengó a una formación de uniformados de la 1ª de Berisso al entregarles chalecos antibalas. “Tenemos el compromiso de cuidar a los buenos efectivos para lograr una mejor policía”, dijo pretendiendo una metáfora. Horas después, y en el otro extremo de La Plata, veinte uniformados de la cuarta deshicieron la pretensión del ministro: intentaron apretar a una comisión de fiscales (sin saber que lo eran) cuando éstos intervinieron para detener un operativo ilegal de hurgueteo en bolsos y mochilas de los pasajeros de un colectivo. Entre los propios uniformados está tan naturalizado el criterio de hurguetear en bolsos, mochilas, pantalones, que cuando el jefe de la Procuración Institucional contra la Violencia (Procuvin), Miguel Palazzani, encaró hacia el jefe del operativo, dos policías intentaron prepotearlo suponiendo que se trataba de algún pasajero envalentonado con ese temita de los derechos humanos.

Alrededor de las siete de la tarde del 30 de junio, Palazzani, junto con José Nebbia, ambos de la Procuvin, y Roberto Cipriano García, titular del Comité Contra la Tortura, de la Comisión Provincial de la Memoria, y Javier Bernardes, también de la CPM, regresaban de una inspección en el penal de Olmos. Cuando llegaron a la 44 y 21, se toparon con dos micros de la línea Oeste 188 detenidos contra la vereda, y todos sus pasajeros en la calle.

A los cuatro les interesó conocer si se trataba de un operativo legal. “Advertimos que se trataba de un operativo policial que involucraba entre 15 y 20 policías; dos o tres funcionarios se hallaban arriba del micro y hacían descender a los pasajeros (algunos niños entre ellos), mientras que algunos ya habían descendido y eran revisados, palpados en sus cuerpos e inspeccionados sus efectos personales y privados (mochilas, bolsos), que se apoyaban junto a sus pertenencias sobre la vereda”, describe el texto de la denuncia presentada por Procuvin y el Comité Contra la Tortura, ante la justicia platense.

“Había dos patrulleros y una camioneta –dijo Palazzani a Página/12–. Me presenté al primer policía con el que tomamos contacto y le pregunté quién estaba a cargo del operativo. Enseguida le avisaron y se presentó, identificándose como el teniente Miranda de la comisaría 4ª de La Plata”.

–¿Cuál es el motivo de la requisa? –preguntó Palazzani.

Miranda respondió que una mujer había denunciado el robo de su teléfono celular. “¿Tienen orden judicial?”, consultó el titular de la Procuvin y el teniente contestó que no. Para colmo, en ese momento, la dueña del celular que había hecho la denuncia vio que el GPS de su celular se movía lo que demostraba que no estaba en el lugar. “¿Sabe que lo que está haciendo es ilegal?”, preguntó Palazzani y Miranda, con cara de por qué no habré cambiado el turno, respondió que “no”. “Van a tener que interrumpir el operativo”, subrayó Palazzani, y Miranda, que había llegado a la conclusión de que obedecer le ahorraría problemas, empezó a dirigirse a los polis, “Paren, paren”, les ordenaba. A los polis, que revisaban bolsos, mochilas, palpaban pantalones, extasiados del poder del miedo en sus manos, no les resultó fácil la orden de interrupción. Pero una orden es una orden y siempre hay formas de recuperar ese rato de poder sobre otro. Así que fueron retornando a la postura impávida, mientras los pasajeros, los niños, escudriñaban intentando averiguar qué estaba pasando que el maltrato se interrumpía así como así.

Solamente un par siguió ensimismado en sus tareas de buscar por puro gusto entre los pliegues de la personalidad de los pasajeros el rastro de un celular que ya se había alejado como lo había afirmado la denunciante.

“Un hombre de entre 45 y 50 años, contextura robusta y abdomen voluminoso –describe la denuncia–, y una mujer de aproximadamente 30 años que usaba anteojos, continuaron revisando los efectos personales de una persona; por ello se les reiteró que debían cesar con el procedimiento”. En pocas palabras, que estaban cometiendo un delito.

“Ahora resulta que nosotros somos los delincuentes”, espetó la de anteojos al grupo que estaba intrusando las requisas. El de la panza prominente, siguió con sus manos hurgando en el bolso, pero como si fueran autónomas, porque al mismo tiempo fue girando su vista, sin levantarse, y la dirigió hacia Palazzani. Después se levantó y se dirigió al fiscal: “Yo no estoy cometiendo ningún delito” y fue por más, “yo a vos te conozco, te tengo visto”, dijo, evidentemente sin saber de quién se trataba. Al lado, el teniente Miranda gesticulaba de cualquier manera para que el de abdomen voluminoso se detuviera. “¿De dónde?”, quiso saber de curioso Palazzani. “De la primera”, respondió el gordo. “Una costumbre intimidatoria –dijo el fiscal a este diario–, nunca estuve en la primera”.

Finalmente, al gordo lograron hacerlo escuchar y frenó en seco. “Se terminó, Miranda”, ordenó Palazzani, y Miranda obedeció, pero los fiscales aguardaron que se retiraran los dos micros para retirarse. Luego, redactaron una denuncia para presentar a la justicia, una para Asuntos Internos, y otra a Ritondo, quien tendrá que hurgar hondo en la Bonaerense para cumplir su compromiso.

“Si esto hicieron con fiscales, que sabemos cómo manejar una situación así, hay que imaginar lo que hacen todos los días con los jóvenes”, confió Palazzani.

horaciolqt@yahoo.com.ar

Publicado en:
http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-303716-2016-07-08.html

miércoles, 3 de febrero de 2016

Una historia oficial que ya no es, por Horacio Cecchi (para "Página 12" del 03-02-16)

EL GOBIERNO DEBIO RECONOCER LA REPRESION A LOS MURGUEROS, DESPUES DE HABER NEGADO EL HECHO


La represión a los murgueros de Los Auténticos Reyes del Ritmo, por parte de Gendarmería, y que había sido negada por la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, fue reconocida por el jefe de Gabinete, Marcos Peña, luego de la difusión de las imágenes.

 Por Horacio Cecchi

A la izquierda, las marcas de balas. Arriba, los niños reprimidos en su visita ayer al campamento de la Tupac Amaru, en Plaza de Mayo. A la derecha, el director de la murga. Debajo, Bullrich junto a un gendarme herido.


Cuatro días después de que al menos once murgueros, entre ellos chicos de 5 a 10 años, fueran heridos de bala por una bravuconada de gendarmes en el Bajo Flores, y un día después de que la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, negara que hubiera existido un incidente con ninguna murga, el propio gobierno de Macri reconoció, a través de su jefe de Gabinete, Marcos Peña, todo lo contrario de lo dicho por la ministra. Aunque sin artículos determinados, sin precisar nada ni demasiado, Peña reconoció que al gobierno le “preocupa” la información y aunque insistió con la versión de los dos gendarmes heridos de bala (que lo fueron pero en otro operativo), tuvo que admitir que “ha habido varias cuestiones que han ocurrido en ese operativo y queremos ser muy prudentes y colaborar con la Justicia”. Por “varias cuestiones” tal vez se haya interpretado que se refería a los murgueros heridos, ya que poco después, el mismo Ministerio de Seguridad informaba que “se abrió una investigación en la Dirección de Violencia Institucional del ministerio”. Ayer, mientras Bullrich ordenaba la autoinvestigación de un hecho autonegado, los fiscales de la Procuvin en base a los testimonios tomados en el propio territorio por operadores de Atajos y la Procuraduría, denunciaban a los gendarmes participantes y pedían se investigara también la responsabilidad penal de sus superiores.

Nuevos datos permiten reconstruir el rompecabezas de lo que ocurrió con la murga Los Auténticos Reyes del Ritmo, del Bajo Flores, y lo que ocurrió con los dos gendarmes heridos de bala. Según lo informado el sábado por el Ministerio de Seguridad, el viernes por la noche dos gendarmes habían resultado heridos durante un operativo en la villa 1-11-14. El operativo tenía como objetivo el secuestro de un cargamento de marihuana.

También el viernes, desde la mañana y a varias cuadras del lugar, sobre el barrio Illia 2, pegado a la villa 1-11-14, otros dos gendarmes que nunca fueron heridos mateaban tranquilos mientras custodiaban dos autos robados que debían ser remolcados por una grúa cuando se dispusiera de ésta.

En pocas palabras, el viernes alrededor de las 18, cuando la murga se empezó a desplegar, esta vez una práctica con los chicos, los dos gendarmes del tereré aguardaban con total tranquilidad, a la vuelta, la llegada de la grúa.

A las 21.30, cuando la murga estaba en su punto más alto, la grúa se disponía a atravesar por la misma calle en la que se realizaba la práctica. El prepoteo, la bravuconada, fueron los únicos protagonistas en ese sector, en la Illia 2, en Varela y Charrúa. Allí no hubo gendarmes heridos, los tiros fueron escopetazos con balas de goma y se investiga si también alguna bala de plomo, de acuerdo a algunas de las heridas de los murgueros. Todos los testimonios y las heridas muestran que los proyectiles fueron dirigidos desde las armas de los expertos en fronteras hacia las espaldas, brazos, piernas y rostros de sus enemigos territoriales, niños de 5 años en adelante, mujeres embarazadas, madres con hijos de dos o tres años, ancianos y jóvenes y adultos. Todos murgueros.

Alrededor de una hora más tarde, ese mismo viernes y a unas cuadras de allí, pero en la 1-11-14, un operativo de Gendarmería secuestraba a los tiros un cargamento de marihuana, con el resultado de dos gendarmes con heridas leves. Los uniformados que Patricia Bullrich prometió defender, indignada, “de ataques con tanta impunidad”, como anunció en su cuenta personal de Twitter @PatoBullrich. Hasta ayer a la mañana, el Ministerio de Seguridad negó que gendarmes hubieran disparado contra murgueros, negó las imágenes viralizadas, y negó incluso que se hubiera reunido la murga.

Ayer, la negación no pudo continuar. La fuerza de las imágenes, chiquitos heridos en el rostro y las piernas, mujeres con la espalda lacerada por los perdigonazos, indignó a todos, incluyendo a quienes hasta ese momento difundían la información ministerial. La difusión de las imágenes y los relatos de horror se constituyeron en tema de interés para el gabinete de Macri. Al salir de la reunión, Marcos Peña, jefe de Gabinete, desmintió la desmentida de @Pato Bullrich. Sí habían existido “varias cuestiones” pero se trataba de un solo operativo.

Acto seguido, la ministra de Seguridad informó que iniciaría una investigación sobre lo ocurrido. En su cuenta de Twitter ahora decía todo lo contrario: “Es fundamental dar luz sobre lo ocurrido en Villa 1-11-14, desde el @Minseg lo vamos a hacer” y linkeaba con un tuiter del Ministerio: “Queremos que sepas cómo estamos llevando la investigación adelante”. Allí informa que se abrió una investigación sobre lo que sucedió en el Operativo Cinturón Sur en el Bajo Flores; que fue enviada la Subsecretaría de Participación Ciudadana para recoger testimonios; fue abierta una investigación en la Dirección de Violencia Institucional del Ministerio; abrió un sumario administrativo sobre los gendarmes, “parte del cual permanece en el Hospital Churruca”, insiste. Agrega que no hubo pedido de audiencia de los murgueros, lo que resulta de una obviedad absoluta, y que cuando se acercaron a los murgueros para recabar testimonios “se negaron a hablar”.

“Es una ridiculez”, dijo a Página/12 el abogado Adrián Albor, que representa a los heridos y damnificados. “No se pueden negar a hablar, es una carga obligatoria como testigos, nunca mandaron a nadie”.

Mientras la ministra Bullrich se dedicaba a dar su gran salto de garrocha e intentar caer de pie del otro lado de los hechos sin conmover la vara, los fiscales de Procuvin, encabezados por Miguel Palazzani presentaban un pormenorizado registro de los hechos, realizado con los abogados de Atajos, con toma de cantidad de testimonios y denuncias a metros de donde ocurrió la represión, ante la Cámara del Crimen. Sorteado salió el fiscal de instrucción Carlos Velarde, el mismo que investigara La Usina SRL, de Fernando Niembro.

Del otro lado, Bullrich ofrece toda su producción investigativa a la fiscalía de la jurisdicción, la de Nueva Pompeya, ante el fiscal Adrián Giménez, quien actuara junto con Marcelo Munilla Lacasa en el caso de la Masacre de Pompeya, con el resultado conocido de tomar a la letra la versión policial. Giménez tiene como función la de fiscal correccional, esto es, investigar lesiones leves, no los producidos por disparos de armas de fuego. Habrá conflicto de fiscalías. Ya lo hay de intereses.

En la denuncia de Procuvin aparecen testimonios de mujeres que llevaban a niños de 2 años en sus brazos, otras que tenían entre cinco y seis hijos o nietos de menos de 10 años, que escapaban horrorizadas de las escopetas de los gendarmes, perseguidas por los pasillos del barrio.

Palazzani pidió que además de individualizarse a los gendarmes intervinientes, “también de analizarse e investigarse, eventualmente, la posible responsabilidad de funcionarios jerárquicos de Gendarmería Nacional”.

Para la investigación solicitó que fuera apartada la Gendarmería Nacional.

Primero habrá que despegar a la ministra de las fotos del Hospital Churruca.

horaciolqt@yahoo.com.ar

Publicado en:
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-291703-2016-02-03.html

lunes, 8 de abril de 2013

UNA MULTITUD QUE PENSÓ EN EL OTRO, por Horacio Cecchi (para “Página 12” del 08-04-13)




MILES DE PERSONAS EN AVELLANEDA Y EL PLANETARIO, EN SOLIDARIDAD CON LOS INUNDADOS

Convocados por las presencias de León Gieco en Avellaneda y Fito Páez en Palermo, miles de personas acudieron con ropa, alimentos, camas, colchones o medicamentos para entregar a los 350 mil damnificados.
Por Horacio Cecchi
Mientras León Gieco cantaba, del otro lado de la avenida Mitre, contra la sede Avellaneda de la UTN, que daba la cara al escenario, y apretujado en el único sendero que se abría entre la pared de la universidad y el público, avanzaba con visible dificultad un colchón, desteñido pero al ritmo de la música. El colchón era la imagen visible de infinidad de bolsas de lo-que-se-le-ocurra que terminaban en cajas de cartón o bolsas de consorcio que una vez completas pasaban a ocupar su lugar dentro de cualquiera de los inmensos camiones que esperaban partir a su destino solidario. Así, dicho sin comas porque el movimiento no paraba, juro que no paraba. Y así como en Avellaneda, el Planetario fue otro punto de encuentro de miles y miles de donantes solidarios de lo-que-se-le-ocurra, con otras estrellas en el escenario, tan donantes y solidarias como aquéllas. Si León Gieco, Claudio Gabis y una buena cantidad de los históricos del rock donaron su convocatoria en la plaza central de Avellaneda, en el Planetario ocurrió lo mismo con Fito Páez, Divididos, Catupecu y más. La imagen que surgía de ambas convocatorias, sin distinción de horarios ni de estilos, fue la de miles y miles de hormigas, con movimientos acelerados, alimentadas de adrenalina, cargada cada una con sus dones y productos, viejos, nuevos, rotos o enteros, a medias o tercios, intentando seguir una fila para desempacar ese bulto que en el otro extremo de la línea, es decir, hoy, lunes, alguien recibirá después de perder todo lo que tenía, fuera poco o mucho. Algunos llevaban lo-que-se-le-ocurra porque habían sufrido alguna vez algo semejante o peor y no podían consigo mismos; otros, porque nunca les había pasado, o por caridad, por pura culpa de tener, o por pura culpa de no tener pero estar vivos, por amor al prójimo, o por beneficencia, porque hay que hacerlo, o porque cómo no voy a hacerlo. O por lo-que-se-le-ocurra. Capaz que cada uno tenía una razón personalísima y diferente. Pero en conjunto, créamelo, era un hormiguero alimentado de adrenalina.
“¿Esto dónde va?”, preguntó Rosa Argentina Lucero, que aclaró que nació un 25 de mayo. La scout, con corbata azul y verde, abrió la bolsa de supermercado usada en la que Rosa traía su pregunta, buscó en el horizonte ocupado de infinidad de hormigas moviéndose aquí y allá, bolsas, y montículos y música de fondo, y apuntó con el índice: “Objetos, allá”. Juro que no se sorprendió, ni en los ojos se delató algo de sorpresa aunque de la bolsa de súper asomaba una extrañísima donación, un cucharón sopero de peltre, viejo, enmohecido. “Hay que limpiarlo un poquito, pero esta gente perdió todo”, explicó Rosa a este cronista, después de enumerar que ya había entregado camperas en La Boca, tapitas de plástico en el Garrahan, Canal 7 y ahora el cucharón de peltre al Planetario. Y no parecía entregar el cucharón porque no lo necesitara, más bien parecía que lo necesitaba, y que lo necesitaba en su afecto (como cualquiera guarda lo que quiere, que suele ser inútil en lo práctico aunque lo más práctico sea el afecto) y lograba darle a ese cucharón el objetivo que le había dado ella, pero en otro.
Así como Rosa Argentina había muchos, pero muchos en serio, igual en Avellaneda que en el Planetario. No se puede decir que no hubiera quien dejaba algo bien visible porque queda bien donar. Pero fueron los menos. ¿Cómo saberlo? En el aplauso enorme y vibrante que despedía cada vez que uno de esos camiones gigantescos de casi 20 metros de largo salían repletos de lo-que-se-le-ocurra. De esos aplausos subía como vapor la mentada adrenalina, hacía vibrar el aire como el calor hace vibrar el aire de fondo en el desierto. Y eso no lo puede hacer nadie que participe por imagen, por más que aplauda. No tiene adrenalina para aplaudir.
“¡Comida! ¡comida!”, gritaba el muchacho, sin corbata de ningún color. No ofrecía comida sino que la pedía y no para sí, sino para una multitud de cajas de cartón que se abrían para recibir comida. Extrañas posibilidades que da el lenguaje y el contexto. Entender se entendía. Una fila de gente cargando bolsas de comida, changuitos, al hombro, o de la mano, esperaban ser recibidos para que les reciban.
Más allá, la pila de juguetes. Otros, medicamentos y pañales, trapos, artículos de limpieza. El más impresionante era el montículo de colchones. En su momento, abrieron la puerta trasera del acoplado del camión y dos, tres, cinco, quizá más, algunos scouts con corbatas de colores (este cronista fracasó en su intento por diferenciar colores y jerarquías) subieron trastabillando y con ayuda, o de un salto, o como fuera y permitiera la osamenta, y se organizó automáticamente –no es chiste– en forma casi espontánea una doble hilera desde el montículo de colchones, y elevando las manos como en las publicidades con montañas rusas, pero con algo más de relleno de sentido, entraron a pasarse los colchones sin distinción de marcas, de elásticos, de espuma de alta densidad, o finitos, de lana, pesados o livianos. Y los colchones pasaban saltando, con una velocidad pasmosa. No confundir, claro, este paso acelerado de colchones en el Planetario con el andar apretadísimo del colchón en Avellaneda. Es que era uno de los últimos cuando ya todos los presentes habían dado todo de sí y ahora escuchaban a los artistas hacer lo suyo.
No es cierto, la pila de los colchones no era la más impresionante. Otras, si no todas, impresionaban. Estaba la de las camas, al ladito de los colchones. Pilas de camas, mayormente, elásticos de madera, amontonados uno al lado del otro, o encimados. En la pila de las bolsas de ropa, un joven scout de corbata de algún color y barba pelirroja trataba de hacer equilibrio arriba de todo, mientras gritaba que acomodaran acá o allá y señalaba con el dedo “¡cuidado! ¡ahí no, no no no. Del otro lado, que no se venga en banda!”.
En otro sector, el grupo de armadores de cajas de cosas raras, que no se podían ordenar como medicamentos, ni camas, ni colchones, ni ropa, ni mucho menos alimentos, cosas raras como el cucharón de peltre, no me diga, el grupo de armadores metía mano armando los cartones, llenando y cerrándolos para despacharlos a la doble fila que se hacía el passing hacia el camión. ¿Quiénes eran las y los que armaban esos cajones además de los scouts de corbatas de colores? “No, yo no soy de nadie, vine porque quería ayudar y vine, pregunté cómo podía ayudar y me dijeron ayudame a cerrar estas cajas y acá estoy”, dijo Abi, en el Planetario. Como Abi, debía haber un número indescifrable y que nadie podía constatar seriamente de colaboradores voluntarios arrastrados por razones infinitas a ser eso, colaboradores, también una forma de donación, porque la entrega la hacía el cuerpo. Había que estar ahí, bajo el sol que todos, igual, bendijeron.
En Avellaneda, todo se desarrollaba sobre la avenida Mitre, frente a la plaza principal, la plaza Alsina. El escenario se instaló frente a la Tecnológica, sobre la plaza. A izquierda y derecha del escenario, los inmensos Scania aguardaban bolsas y bolsas y bolsas, colchones, camas, alimentos, y permanecerían allí para partir hoy hacia La Plata. En uno de los extremos, militantes de Unidos y Organizados, en el otro militantes de la Municipalidad que, además, festejaba su 161º aniversario, ordenaban, seleccionaban, rotulaban, cerraban cajas. La lógica era la misma que en el Planetario: cargar camiones para despachar. “Estamos así desde el miércoles”, dijo Ro, de UyO, mientras seleccionaba donaciones por ítem, distribuía tareas, subía bolsas y todo lo que todos los demás también hacían.
De las cifras, que siempre hablan, desde el Planetario, Juan Carr, de la Red Solidaria, anunció que frente a la Catedral y ayer desde el Planetario, habían enviado desde el miércoles 210 camiones. Que ayer lograron ocupar unos 15. Que durante estos días fueron donados 4,5 millones de litros entre agua y lavandina, 20 mil colchones y 50 mil frazadas. Desde Avellaneda, el conteo no era insidioso en las cifras. Pero se sabía que habían rellenado casi 10 camiones en el día.
En realidad, no importaba si se trataba de Unidos y Organizados, o si los de la pechera solidaria de Jorge Ferraresi, intendente Avellaneda, si los scouts, o las pecheras amarillas del PRO, si la gente que acudió al sur a dar todo lo que podía, o si la gente que acudió al Palermo a dar todo lo que podía. En realidad, ninguno de los 350 mil damnificados discriminará, no porque a caballo regalado no se le miran los dientes, porque la situación no está para eso. Más bien, porque donde hay hambre no hay pan duro. Y está claro que entre los envíos nadie donó alimentos o medicamentos vencidos sino muchas veces de buenas marcas y de primera línea. Sólo que tal vez, el acordarse del otro y sus necesidades haga de ropa vieja o de un colchón en desuso un lugar para dormir seco y algo de abrigo.
Todas y todos eran hormigas con adrenalina.

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