ÁLBUM DE IMAGENES DE "MIRANDO HACIA ADENTRO"

Todas las imágenes originales producidas por "Mirando hacia adentro" han sido publicadas en un blog satélite llamado "Mirando hacia adentro. Álbum de imágenes".

DEUDA EXTERNA ARGENTINA ON LINE

La página norteamericana "usdebtclock.org" informa segundo a segundo la evolución de las deudas de los países. Vea online y en directo el REENDEUDAMIENTO ARGENTINO presionando AQUÍ.

Translate

Mostrando entradas con la etiqueta Juan Gelman. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Juan Gelman. Mostrar todas las entradas

martes, 9 de julio de 2013

La conexión nuclear secreta argentinoisraelí, por Juan Gelman (para "Página 12" del 07-07-13)



Ocurrió en el período 1963-1966: Israel adquirió a Argentina mediante un pacto secreto de 80 a 100 toneladas de óxido de uranio concentrado para continuar con su proyecto nuclear. El óxido de uranio, debidamente procesado, se utiliza para alimentar los reactores nucleares que permiten producir la bomba. Esta información, basada en documentos de la época, fue dada a conocer la semana pasada por primera vez. El Archivo Nacional de Seguridad de EE.UU. (www.gwu.edu), el Proyecto de historia de la proliferación nuclear internacional y el Centro James Martin de estudios contra la proliferación nuclear (//cns.miis.edu) la dieron a conocer conjuntamente.
La operación se llevó a cabo bajo el gobierno del presidente radical Arturo Illia (12-10-63 a 28-6-66), quien fue elegido con el peronismo proscripto, y la concretó el entonces almirante Oscar A. Quihillalt, director de la Comisión Nacional de Energía Nuclear. A comienzos de los ’60 Argentina contaba ya con dos reactores de investigación y planeaba la construcción de un reactor capaz de proporcionar energía eléctrica. El óxido de uranio es esencial para su funcionamiento.
El propósito israelí de convertirse en un país nuclear se remonta a su creación. En 1949-50, Israel realizó estudios geológicos para determinar en qué medida se podía extraer uranio de los depósitos de fosfato del Néguev. En los ’50 y comienzos de los ‘60 exploró la viabilidad de esa opción, la descartó por demasiado costosa y comenzó la búsqueda de abastecedores extranjeros.
El primero que halló fue Francia, que además construyó la central de Dimona en el desierto del Néguev a 35 km al oeste del Mar Muerto. París se convirtió en proveedor de elementos nucleares a Israel, ignorando que bajo las instalaciones construidas los israelíes habían excavado un vasto sótano de investigación nuclear, pero en 1963 prohibió esas exportaciones. Israel no se arredró, buscó en otros países, como Sudáfrica y Gabón, y el conocimiento público, hoy detallado, de las compras de óxido de uranio a la Argentina arroja cierta luz sobre el oscuro proceso de cómo, de manera decididamente secreta, Israel consiguió materiales para su programa nuclear.
Los servicios secretos de Canadá detectaron la operación y vacilaron antes de compartirla con EE.UU., que fuentes de su embajada en Buenos Aires corroboraron. En 1964, revelan los documentos, funcionarios estadounidenses trataron de persuadir a Argentina de que aplicara restricciones severas a las futuras exportaciones de uranio, pero no se concertó ningún acuerdo. A esas alturas, EE.UU., Canadá, Gran Bretaña y hasta la ex URSS tenían sospechas fundadas de que Israel perseguía la obtención de armas nucleares. ¿Qué hicieron las grandes potencias? Muy poco: enviaron expertos a Dimona que no encontraron nada pero a quienes se les prohibió el ingreso a una extensa instalación.
Alan Goodison, funcionario del Foreign Office, envió el 29 de abril de 1964 una carta –calificada de “secreta”– a Arthur Kellas, consejero de la embajada británica en Tel Aviv, informándole que “Israel y Argentina firmaron un acuerdo de venta a Israel de toda la producción argentina de uranio concentrado que entrañaba el envío de 80-100 toneladas en 33 meses” y señalando que Israel poseía ya la capacidad de reprocesar plutonio y de obtener el suficiente para construir armas nucleares, “la ansiedad (israelí) por obtener uranio sugiere... motivos siniestros”.
Israel insistía en que su programa nuclear era de naturaleza pacífica. En el cable 555 que la embajada estadounidense en Buenos Aires envió al Departamento de Estado el 23 de octubre de 1964 se recogen declaraciones del almirante Quihillalt: señaló que los acuerdos con Israel sólo tenían salvaguardias generales, es decir, que el uranio sería empleado con fines pacíficos y que Argentina no requería informes, inspecciones o verificaciones independientes para comprobar si así era.
En tanto, en Israel, la Embajada de EE.UU. insistía inútilmente en conocer la ubicación del óxido de uranio argentino. El 2 de junio de 1966 recibía el cable 1052 del Departamento de Estado: ordenaba que se debía mostrar satisfacción por la inspección de Dimona y recordaba que el entonces secretario de Estado Dean Rusk había señalado a Abba Eban, su contraparte israelí, con quien se reunió en febrero de ese año, que aparentemente Israel seguía una política destinada a crear “ambigüedad” sobre sus intenciones nucleares.
Un acuerdo secreto de 1969 entre la primera ministra israelí Golda Meir y el presidente Nixon resolvió que la “ambigüedad” continuara hasta que Israel resolviera hacer pública la posesión de su arsenal nuclear (www.foreignaf fairs.com, septiembre/octubre de 2010), “Israel es el único país democrático de Medio Oriente”, no se cansan de decir los presidentes de EE.UU., republicanos o demócratas, saben –porque es notorio– que Israel posee unas 200 cabezas nucleares como mínimo, pero la Organización Internacional de Energía Atómica nunca envía inspectores molestos. Para qué. Salir de la ambigüedad la daña mucho.

Publicado en:
 http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-223890-2013-07-07.html

domingo, 18 de septiembre de 2011

¿Sabían? Pues sí, por Juan Gelman (para “Página 12” del 18-09-11)











Una unidad de espionaje de EE.UU., la División de Amenazas Asimétricas del Comando Conjunto de Fuerzas de Inteligencia (JFIC, por sus siglas en inglés), detectó antes del 11/9 la posibilidad de que Al Qaida atacara las Torres Gemelas y el edificio del Pentágono. La información fue de- sechada y casi 3000 civiles perdieron la vida en un atentado terrorista que, por alguna razón, no se pudo o no se quiso evitar.
En general se ha hablado de las fallas de la CIA y del FBI en esta materia. Pero el sitio independiente Truthout dio a conocer documentos del Organismo de Inteligencia de Defensa filtrados por un ex miembro de aquella División, conocida por el acrónimo DO5, que algo de luz arrojan sobre un tema que ninguna comisión investigadora supo escrutar a fondo. La documentación fue acercada y comentada por Iron Man, alias o seudónimo o nombre de guerra de quien fuera jefe de esa unidad desde fines del 2000 hasta junio del 2001. “Hombre de hierro” eligió guardar el anonimato para proteger a su familia de posibles represalias. Las revelaciones no son de poca monta.
La DO5 fue creada en 1999 y su tarea consistió en descubrir la existencia de planes terroristas preparados en el exterior o localmente que podrían llevarse a cabo en territorio estadounidense. Era una rama del JFIC y, en ese marco, prestó una atención muy prolija a Osama bin Laden y acólitos que radicaban entonces en Afganistán. Presentó “numerosos informes en los que se determinaban los probables y posibles movimientos de Usama bin Ladin (sic) y Mullah Omar”, incluida “la verosímil identificación de la casa en la que Khalid Sheikh Mohammed presuntamente había planeado los ataques”, y reunió información que apuntaba a la viabilidad de que Al Qaida intentara un golpe contra las Torres, el edificio del Pentágono y aun otros objetivos (www.truth-out.org, 13/6/11).
Entre fines del 2000 y junio del 2001, altos jefes del Pentágono se reunieron para evaluar los datos aportados por la DO5. Iron Man registra que se llegó a sugerir que se advirtiera al personal de seguridad y a la plana de ingenieros del World Trade Center del eventual ataque, pero la idea se de- sechó por “la renuencia de los mandos a contactar a la comunidad civil”. Curiosa omisión. “En otras palabras: la administración Bush tenía pleno conocimiento, antes del 11/9, de que la organización terrorista se había fijado esos objetivos y, aparentemente, los funcionarios del gobierno no actuaron en función de tales advertencias.” El por qué fue así es todavía habitante de la oscuridad.
Iron Man y los agentes de la DO5 y del JFIC “estaban cerca de capturar a Bin Laden”, pero el vicealmirante Martin J. Meyer, subjefe del Comando Conjunto de las Fuerzas de EE.UU. que asistía a esas reuniones de evaluación, manifestó al mayor general Larry Arnold y demás colegas que “su preocupación por Osama bin Laden como una posible amenaza para EE.UU. era infundada”. Lo dijo dos semanas antes del 11/9 y parece que se equivocaba. Mayer pasó a retiro en 2003 y fue contratado inmediatamente por la Lockheed Martin, una de las megaempresas que más lucran con las guerras de Irak y Afganistán merced a los contratos del Pentágono (www.lockheedmartin.com, 8/4/03).
Uno de los documentos cuya desclasificación logró Iron Man es un informe del inspector general del Ministerio de Defensa fechado el 23 de septiembre de 2008, en el que se señala que la jefa del JFIC, identificada más adelante como capitana Janice Dundas, había ordenado que cesara el seguimiento de Bin Laden “porque no era de competencia de la misión del JFIC”. Con un argumento parecido se cortó el examen de los “campos terroristas de entrenamiento” en Afganistán: “Esas cuestiones no se encuentran en la línea de natación del JFIC”. (www.scribd.com/doc/28486103/FOIA-Review-of-Joint-Forces-Response-911 5-3-10). ¿Tendría la capitana, con una graduación relativamente menor en cualquier fuerza armada, tanto poder como para tomar por su exclusiva cuenta decisiones de semejante importancia? ¿O las órdenes venían de arriba, de muy arriba?
Las revelaciones de Iron Man exhiben que la información fue ocultada a la Comisión Nacional sobre los ataques terroristas en EE.UU., establecida por una ley del Congreso el 27 de noviembre del 2002 –más de un año después de los atentados– con la misión de conocer las circunstancias que los rodearon, así como el estado de preparación y la respuesta a los ataques. La integraban cinco legisladores republicanos y cinco demócratas.
Los apéndices del informe del inspector general del Pentágono muestran que se introdujeron cambios significativos en las respuestas que los analistas del JFIC proporcionaron a los investigadores del Congreso sobre su trabajo de Inteligencia en torno de Bin Laden, Al Qaida y los talibán (www.truth out. org, 23-5-11). Una capa de silencio más.
W. Bush participó, desde luego, en la ceremonia del décimo aniversario del 11/9. Se lo ve en la foto muy serio y compungido. Tal vez Dios le dictaba algo en ese instante. Porque a él, Dios le habla, según dijo.