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lunes, 1 de junio de 2015

La plaza los dejó desnudos, por Carlos A. Villalba (para "Miradas al Sur" del 31-05-15)




El PRO de Mauricio Macri le da más importancia a la elección porteña que a la nacional, como si fuese su batalla final, mientras que el frente de Massa se desgrana y el FpV va recogiendo heridos

Carlos A. Villalba. Miradas al Sur


Los bombos retumbaron todo el día. En la Plaza de Mayo y en las avenidas y calles que llevaron ríos de multitudes hasta ese ombligo de la política argentina de todos los tiempos. El retumbar de los parches también golpeó en las oficinas del mentor del macrismo, Jaime Durán Barba, que cerraba su semana afilando la lima destinada a perfilar el color amarillo del PRO sin mezclarse con otros componentes de la paleta política; y en el bunker tigrense de la “Torres de las Naciones”, que Sergio Massa había soñado como punto de partida del recorrido triunfal de una marcha que se estrelló contra la caída estrepitosa de las simpatías hacia su precandidatura, el abandono de los grupos económicos y comunicacionales que se habían entusiasmado con él y, sobre todo, con el desgranamiento de sus filas a partir de los dirigentes peronistas que lo acuerparon en la elección de medio término de 2013 y, dos años después, se encolumnan hacia el redil de la apuesta segura de la conservación de su poder territorial.
Con el último acorde del “Señor Cobranza” de la Bersuit, a 10 minutos de comenzado el martes 26, los caminos se bifurcaron. Uno marchó con el espaldarazo del encuentro con una multitud que, por encima del cálculo en centenares de miles, fue de las más grandes de los doce años de gobierno kirchnerista; otros con las libretas de apuntes cargadas de notas referidas a los pasos a dar hasta el cercano miércoles 10 de junio, día en que finaliza el plazo para la inscripción de alianzas nacionales, y hasta el sábado 20 de junio, cuando vence el tiempo para la presentación de los precandidatos nacionales a la Presidencia con los que intentarán derrotar al oficialismo.

El dibujo de los diarios. Horas después fue el turno de los medios, esas máquinas de moldear pensamientos y, en el caso de los diarios, de definir la agenda sobre la que girará la información a lo largo de todo el día. Clarín y La Nación tocaron una vez más al mismo son, para afirmar que “Cristina le puso tono de campaña al acto sobre el 25 de Mayo”, en el caso del diario de los Noble-Magnetto, y presentar un “Encendido discurso de campaña de la Presidenta por el 25 de Mayo”, desde las sábanas fundadas por Bartolomé Mitre. La descalificación de la concentración por considerarla “partidaria” y las críticas por no haber mencionado los hechos de 1810, en el cierre de cuatro jornadas destinadas a conmemorar la gesta de mayo, no les impidieron reconocer la envergadura del acontecimiento, lo multitudinario de la convocatoria y los efectos que puede tener sobre ese sector del electorado que no comprenden los núcleos duros favorable u opuesto al Gobierno, que los analistas ubican en tercios, dejando entre un 30 y un 40% de voluntades a captar.
El día previo, los analistas más duros con la gestión de Cristina Kirchner reconocieron que los aspirantes opositores a sucederla “bailan al ritmo de la música que ella ejecuta”, dieron vuelta los números que ellos mismos publican semana a semana y no pudieron ocultar que entre los que quieren “profundizar el modelo actual” y quienes aspiran a que su sucesor “combine continuidad y cambio”, suman el 62,4% de voluntades.     
Una jornada después, el análisis de Clarín encendió “Dos luces de alerta para la oposición”, en alusión al “formidable acto de campaña” del lunes 25 y a la victoria aplastante del Frente para la Victoria en las primarias del Chaco, en las que se enfrentó al PRO, la UCR y el Frente Renovador juntos, lo que “habría dejado en tela de juicio la premisa de que la unión de opositores sería un muro infranqueable para el oficialismo en cualquier territorio”. El argumento exacto de los que pisan fuerte a la hora de decidir la campaña y las alianzas, o el rechazo a ellas, en las filas de Mauricio Macri.
La ingeniería de Durán Barba, además de cotillón, sonrisas y bailes, incluye el refuerzo extremo del perfil “anti-K” del espacio, a riesgo de desatender la llegada de algunos sectores extrapartidarios, y perder votos. Se preparan para las generales porteñas del 5 de julio, con la intención de esquivar el balotaje del 19 de ese mes, como si esa fuese la batalla final, y después volver a barajar. Por el momento sacaron a la cancha al presidente del Banco Ciudad, Rogelio Frigerio (nieto), un dirigente afable, dispuesto a dar la cara ante cuanto programa de radio y televisión sea invitado y a afirmar, por ejemplo, que su sector se opone al “ajuste”, contra todos los argumentos económicos de los especialistas de su escudería y de su propio jefe, o a enfatizar que “no se puede reducir el gasto social”, sino que es necesario aumentar esa inversión, criticada hasta el hartazgo por los dirigentes PRO.
El barco “renovador” del massismo siguió escorando con la sangría de dirigentes territoriales que, a la hora de la hora, cuando se juega la conducción de los distritos, piensan en el mascarón de proa que les garantice tracción o, por lo menos, les evite la fuga de votos. Las luces pasaron del naranja al rojo cuando los hombres de Tigre supieron que la principal ficha bonaerense que les queda, preparaba sus bolsos para correrse de un naufragio que parece cercano. Hasta ahora, lo de Francisco de Narváez quedó en el amague de no pasarse de bando pero bajar la candidatura, sobre todo después de agarrar a trompadas a un periodista. No alcanzó para calmar los nervios: Monte Hermoso, con incendios de instituciones públicas, un linchamiento seguido de muerte y la implicación de dirigentes del Frente Renovador –uno ya detenido, otro en la mira– los ligó exactamente a lo que su jefe pretende ubicar en los antípodas de su pensar y su actuar.



No volaban ni las moscas

Mientras las oposiciones buscan su destino, el oficialismo entra en la recta final de sus definiciones internas. Programa y acompañantes de los precandidatos quedan en la agenda de sus pendientes. Una vez más, Cristina está en el centro de la escena, como personaje excluyente de las decisiones y del manejo de la brújula. Cuando les dijo a las mujeres y los hombres de una plaza que la escuchaba con silencio de misa que “son dueños de su destino”, sabía que buena parte de la construcción futura depende de sus decisiones presentes.
La plaza del 25 tuvo características importantes. Ya se habló de la capacidad de convocatoria intacta. ¿Cuánta gente hubo… Importa? Las especulaciones de cuentaganado parten de las 400.000 personas y suben al millón; si se calcula la concurrencia de las cuatro jornadas mayas, puede incluso multiplicarse esta última cifra, semejante a las fiestas del Bicentenario, que fueron una cachetada para los que viven de las encuestas y mostraron un estado de ánimo social, un intangible fundamental a la hora de votar. Intangible basado en concretos como aquellos a los que aludió la Presidenta cuando les pidió a los argentinos que pusiesen la mano en el corazón y pensaran “cómo estaban en 2003 y cómo están ahora”.
La plaza fue el cierre de una semana cargada de hechos que constituyen marcas simbólicas que trascienden a 12 años de gestión. Inauguración del “Sitio de Memoria” en la ex ESMA; acto en la Estación de Retiro con motivo de la recuperación del Sistema Ferroviario Nacional; puesta en marcha del Centro Cultural Néstor Kirchner, en el viejo edificio de Correos que también estuvo en manos privadas –del Grupo Macri para más datos–; traslado del sable de José de San Martín desde el Regimiento de Granaderos a Caballo hasta el Museo Histórico Nacional.
Cada jalón estuvo rodeado de multitudes. La Plaza fue el broche final. Con una característica que los analistas y sobre todo los estrategas opositores, no pasaron por alto. Además del número de personas que se convocaron, sorprendió la cantidad de personas, grupos, familias, que fueron por su cuenta, por sus medios, con sus ganas y sus mil formas de llegar. Un complemento perfecto para las tremendas columnas de militancia y organización social que hicieron sus entradas por Avenida de Mayo y por Diagonal Sur mostrando, además de sus ganas, colores y cánticos, la fuerza de los músculos que se generaron a partir de que Néstor Kirchner también apostó al espacio social que anida en los barrios, de los que todavía no alcanzaron sus plenos derechos. Esos de los que hablaba la bandera a la que le dolía “lo que falta.

Publicado en:
http://www.miradasalsur.com.ar/nota/11360/la-plaza-los-dejo-desnudos

miércoles, 17 de diciembre de 2014

¿Narcoqué?, por Carlos A. Villalba (para "Miradas al Sur" del 14-12-14)


Hay estudios, muchos, opiniones serias, análisis de estructura que separan la paja del trigo, que explican qué es un narcotraficante y las diferencias en una estructura nacional, provincial o municipal controlada por los narcos. En su momento, el Observatorio Geopolítico de las Drogas de Francia llegó a caracterizar la relación entre el Estado y el mundo narco en una escala ascendente que arrancaba en el “Estado sensible al tráfico”, subía hacia el más concreto “Estado bajo influencia”, hasta llevar al “Estado Traficante” y al definitivo “Estado-Narco”.
Desde los primeros intentos por entender el fenómeno, que arrancaron con la observación de las relaciones entre las fuerzas de seguridad y las mafias, muchas veces con el soporte de grupos fascistas, se avanzó hacia la comprensión de una situación mucho más grave, en la que los gobiernos –federal, departamental o provincial o del nivel de alcaldías o municipios– establecen un mismo cuerpo de gestión con los grupos criminales o rinden sus propios procesos al mandato de ellos. Dentro del aparato estatal, se destacan, siempre, a los cuerpos de seguridad, como la primera intersección entre las partes.
El negocio mueve, sólo en México, incalculables ingresos anuales que estarían entre los u$s 35.000 y los 45.000 millones, en una actividad con un margen de beneficio aproximado del 80% y, al cálculo de las Naciones Unidas, una cifra global superior a los 320.000 millones de la moneda estadounidense en 2011.
Llama la atención la liviandad de las comparaciones, la negación de las condiciones estructurales existentes en países que, tomando el informe coloreado de cualquier signo, está a años luz de las tasas de desocupación, pobreza, indigencia, seguridad, que los territorios sufrientes donde hoy reinan los capos. Tampoco es proyectable la situación, como muchos mensajes pretenden. No es el caso de entrar en la estadística de tráfico y consumo, el tema es ver cuáles son las características de uno y otro Estado y, claro, de sus fuerzas de seguridad que, en el caso argentino son seguramente deficitarias, uno de los temas en los que, todavía, no se entró hasta el hueso para producir la democratización necesaria que termine con tantos casos de violencia institucional como de corrupción, complicidad y hasta logística, en temas como la prostitución, el juego y, por supuesto, el narcotráfico.
Los responsables de la política de cualquier país, gobernantes u opositores, ejecutivos, legisladores o jueces tienen la obligación de explicar cada una de las situaciones que consideren conflictivas, perniciosas para los ciudadanos. Y deben hacerlo con seriedad basados en los estudios que van al fondo de los problemas y no sólo al maquillaje de las elecciones, a la descalificación.
Cuando se habla de México, el Senado francés no tuvo tapujos a la hora de considerar públicamente que, por ejemplo, el Tratado de Libre Comercio de los Estados Unidos con México, el mismo que Bush tuvo que llevarse de regreso de la Mar del Plata de Kirchner, Chávez, Lula y Evo Morales, fue una de las herramientas que permitió a los narcotraficantes mexicanos convertir a su país en “una de las plazas mundiales del lavado de dinero sucio y de las narco-inversiones…”. Esas son las aristas más destacadas de la situación y no el abrazo rápido con ex presidentes colombianos que desarrollaron políticas que potenciaron la situación o el conchabar a los mismos asesores que potenciaron el desastre que vive México, casos de los que se habla por aparte.
Del mismo modo que no debe homologarse la política de las policías locales en México con las propuestas existentes en la Argentina, hay que determinar si existen en el país territorios provinciales en los que el narcotráfico constituye un actor político que le disputa el poder al Estado, una de las consideraciones que el profesor canadiense Peter Dale Scott utiliza para hablar de Narco-Estado. La Justicia debe actuar implacable, y este es otro asunto, para detectar dirigentes partidarios o gubernamentales que desempeñan sus cargos y forman parte o son cómplices de las redes del tráfico de drogas, amparados en fueros o influencias o simpatías mediáticas, para demostrar o desmentir que haya zonas ricas en la que puede alojarse cualquier Don que se escape de los textos de Mario Puzo y termine aterrizando pegado a una autopista o en un puerto de frutos. El coro de las voces de este informe pretende contribuir a eso.

Publicado en:
 http://sur.infonews.com/nota/10145/narcoque

¿Narco-Estado? ¿narco-Estado?, por Carlos A. Villalba (para "Miradas al Sur" del 14-12-14)

Arriba: Buitres al ataque...

Cada momento de la historia chica del mundo genera su propia jerga. Así como este año los argentinos futboleros incorporaron el concepto de “plantel corto”, de la mano del Muñeco Gallardo y los pocos refuerzos que le consiguieron para su equipo “Millonario”, del mismo modo vieron y escucharon cómo, periodistas televisivos, políticos, analistas e intelectuales varios, tiraron el concepto de “Narco-Estado”. La situación en México ayudó a llevar el tema hasta el centro del escenario.
El mal uso del concepto pasa por arriba realidades, datos, situaciones y juntó la Biblia de los 150.000 muertos registrados en México –según la suma de los titulares de Defensa de Canadá, Estados Unidos y México, realizada en Ottawa en 2012– con el colofón de cualquier decomiso de drogas o con la sospecha de corrupción de algún dirigente político o gobernante nacional, departamental o local de las Américas sospechado de haber financiado su campaña con dineros ilegales.
Así surgieron múltiples palabras compuestas que, con el prefijo “narco”, se refirieron al tráfico de estupefacientes, a campañas políticas, a barrios exclusivos, a delitos de distinto tipo, al Estado mismo.
Atención. Por un lado, no se deben confundir las acciones execrables de los traficantes de cualquier pelaje, nacionalidad y volumen –y mucho menos las consecuencias ideológicas y culturales, además de sanitarias, que genera la invasión de drogas, donde el uso de la palabra invasión no es casual– con el control de los dispositivos de gestión de un Estado por parte de los apropiadores o administradores de la renta narco, de sus socios o de los propios productores y distribuidores de drogas a gran escala. Vale la pena leer los mismos documentos que se analizan para criticar las maniobras estadounidenses de control regional y relacionarlos con el uso de político que se hace del narcotráfico.
Anécdota a la vista. El uso que hicieron los fondos buitre en junio de 2013, al plantar en su página web el rostro de la presidenta Cristina Fernández bajo el título “Argentina: ‘The new Narco State’” y reclamar al gobierno de Washington que actuase “en consecuencia”. Todo lo que hace ese sector hiperespeculador financiero, es sin tapujos, muestra sin asco sus intenciones.
De manera algo más discreta, y aplicando su análisis a una situación diametralmente diferente a la argentina, el reporte 2009 del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos, presentó los “desafíos de seguridad” a los que podría tener que responder su país en lo inmediato. Por segunda vez en dos años, el grupo que define la estrategia del Ejército del complejo militar-industrial aludió a los carteles mexicanos de la droga, para sentenciar que “pueden estar creando narcoestados en algunas entidades de México, en Afganistán y en Haití”. Huevo de la serpiente, primer paso, para el escenario que sigue. El propio director del Comando Conjunto estadounidense, contraalmirante John Richardson, reconoció que México podría convertirse en una amenaza para Estados Unidos y expresó con franqueza total que “ambos países están estrechamente convencidos de que cualquier inestabilidad tendría implicaciones. Y esa es la naturaleza de nuestra preocupación”. La entrevista, imperdible, de León Krauze al jefe militar, publicada en enero de 2009 en diarios como El País, de Madrid, y el Excélsior, de México, explicita el trazo grueso de la estrategia de Washington: a) relación con el negocio de las drogas, sus carteles y su ingeniería financiera a través de sus “agencias” gubernamentales; b) descontrol del proceso; c) “preocupación” por la cercanía geográfica del nuevo escenario; d) construcción del concepto de “Narco-Estado”, e) para terminar considerándolo un “Estado Fallido” y, finalmente, f) con consenso nacional e internacional, decidir que es necesaria “una respuesta estadounidense basada únicamente en las serias implicaciones para la seguridad de la patria (Estados Unidos)”, como dice el documento citado.
La tarjeta roja de la “invasión”, tan poco adecuada a los tiempos que se viven, bien puede ser reemplazada por la amarilla del control de los cuerpos de seguridad, de las bancas locales, de las inversiones en infraestructura y, por qué no, de los estamentos judiciales. Es decir, la calificación de Estado “narco”, considerado por Washington como “fallido”, bien puede servir para controlarlo, y para eso no hace falta arriar los colores de las banderas nacionales para reemplazarlos por la de barras. Los fondos buitre hicieron punta.

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