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jueves, 7 de marzo de 2013

UN PUEBLO DESPIDE A SU COMANDANTE Y RECIBE A SU PRÓCER



ALGUIEN DIJO ALGUNA VEZ QUE UNA IMAGEN VALE MÁS QUE MIL PALABRAS...













Fotos publicadas en:
http://www.laiguana.tv/noticias/2013/03/06/4237/IMPRESIONANTE-VISTAS-AEREAS-DEL-CORTEJO-FUNEBRE-DEL-PRESIDENTE-HUGO-CHAVEZ.html

CHÁVEZ HA MUERTO… POR AHORA, por Juan Chaneton (para “Nos Comunicamos” de marzo de 2013)





Tomar la pluma para referirnos a Hugo Chávez, a la Revolución Bolivariana que él alumbró en Venezuela pero que insinuaba extender su ejemplo al conjunto de nuestro continente latinoamericano, nos enfrenta a la evidente necesidad de la memoria y a la amarga imposibilidad de olvidar el horror.
Es el ejercicio de la memoria el que nos lleva a aquellos días de pueblada desesperada y violenta, de violencia ejercida desde abajo, desde el subsuelo de la humillación secular y del sufrimiento sin bálsamo a la mano. Irrumpen con estrépito en la historia venezolana los días del Caracazo, insurrección obrera y popular que dio al traste con las medidas de ajuste, de más privaciones, de más hambre, de más carencias, de más dolor para los pobres, que pretendía implementar, en aquel 1989, el presidente burgués Carlos Andrés Pérez.
La circunstancia histórica se estaba pariendo a sí misma. Y, al hacerlo, echaba las bases de la Revolución Bolivariana. Porque mirando al futuro y auscultando posibles derroteros que se bifurcan ante la revolución latinoamericana, aparece la tentación de depositar todo el peso de las tareas históricas en los líderes. Y los líderes no hacen la historia; es ésta la que los modela y los empuja, muy luego, a la arena donde la lid se libra contra los enemigos de clase.
La deificación del líder es, en todo caso, una artimaña inteligente a que echan mano los pueblos cuando de enfrentar a enemigos poderosos y sin códigos se trata. Pero hay diferencias entre el Dios cristiano y la Historia. Aquél es una persona con la cual los pueblos entran imaginariamente en una relación de amor, en tanto la divinidad de la Historia no se compadece del hombre, ni perdona sus errores. La Historia no está para amar a la humanidad. Su función es otra. Es castigar. Pero también –y esto es lo que importa destacar ahora- la Historia genera las circunstancias bajo las cuales los hombres podrán sacar de dentro de sí todo el caudal de valores, de cualidades, de códigos y de virtudes que los erigirán en constructores de proyectos que chocarán con la Historia y la enderezarán todo lo posible hacia rumbos deseados por los pueblos. Es la dialéctica Historia-individuo.
Hugo Chávez, el revolucionario que talla ya a la altura de los libertadores del continente, comenzó a ser parido por la Historia ya desde aquel Caracazo. Y su sensibilidad, por demasiado humana, no pudo dejar de advertirle, que “vivimos en un país de desigualdades obscenas y de desposeídos en el límite de la pesadilla”. Eso lo dijo tres años más tarde, en 1992, cuando los paracaidistas de la boina roja se sublevaron y fueron provisoriamente derrotados por las fuerzas del statu quo. “No hemos alcanzado los objetivos… por ahora…”, dijo el jefe en aquel día amargo. Había nacido la Revolución Bolivariana.
Si bien se mira, la simplificación tiene, a veces, valor didáctico. Chávez se ganó el amor del pueblo y el odio de los enemigos del pueblo. Pero no de cualquier enemigo. Se trata de los enemigos que quieren poner de rodillas, frente a ellos, a toda la humanidad. La dimensión de nuestro Comandante caído puede aquilatarse por ese hecho: era un obstáculo para planes geoestratégicos que involucraban a todo el planeta. América Latina, con la referencia ideológica de Cuba y el motor a toda marcha del segundo productor mundial de crudo, constituía un proyecto que, de consolidarse, significaría (significa) una catástrofe para los anglosajones del Norte y para las burguesías y coronas reales de Europa, que esos son los enemigos de nuestra Humanidad.
Un líder supera la media cuando mira más lejos que sus pares. Y en América Latina hay varios líderes que miran lejos. En ello reside el peligro para el imperialismo. Cuando en la reciente Cumbre de Santiago de Chile el hijo de Bolívar que acaba de partir advirtió que “…si no hay revolución energética tampoco habrá futuro”, estaba señalando un norte, una meta, un objetivo tan indeclinable para nuestros pueblos como inaceptable para los Estados Unidos. Este país ya no puede vivir sin robar los recursos naturales de otros y las políticas soberanistas que llevan adelante Venezuela, Bolivia, Ecuador, Argentina y Brasil habían devenido sustentables en el tiempo debido a que, en el intercambio regional, Venezuela garantizaba el vital recurso energético sin el cual no podemos aspirar a vencer al imperio en esta lucha desigual que ya está entablada y que no tiene retorno.
Porque podrán haber restauraciones neoliberales parciales en el continente de cara al futuro. Pero lo andado hasta hoy por los pueblos a los que Chávez les habló una y otra vez, eso ya constituye un activo ideológico en la conciencia de las masas; y desconocer los logros para regresar a modelos económico-sociales que ya causaron mucho dolor no sólo no será posible sino que funcionará como fuente de reacciones ofensivo-defensivas por parte de pueblos que, cada vez más, saben qué es justicia y qué es mentira disfrazada y cómo y con qué armas hay que luchar contra el imperio y los candidatos que aquí gestionan sus intereses.
Chávez soñaba con un futuro que para él no era futuro sino escenario cotidiano que su visión de estadista le permitía ver con claridad. Si así no fuera, no habría planteado que integración era sinónimo de eje Caracas-Buenos Aires; no habría explicado, una y otra vez, que un Banco del Sur es indispensable para avanzar en el proceso integrativo; no habría propuesto, reiteradamente, crear un centro de resolución de controversias relativas a inversiones de carácter regional, ya que el CIADI en un ámbito para perder, no para ganar, y nuestros Estados nacionales no tienen por qué ir a perder frente a las multinacionales; y tampoco habría propuesto explorar las posibilidades financieras que permitieran concretar el Gasoducto del Sur, desde Caracas hasta Tierra del Fuego, utopía propia de visionarios que es utopía hasta que se concreta.
Unidos seremos inconquistables… Seamos libres y lo demás no importa nada. Y a los argentinos nos suena familiar el aserto. Claro, lo dijo San Martín una vez. Pero también lo repetía Chávez cada vez que cuadraba.
Chávez cayó en combate y con las armas en la mano. Los pueblos desamparados del mundo lo viven como una muerte violenta. Y tal vez haya sido asesinado. No hay por qué descartar a priori las aserciones del compañero de luchas del comandante Chávez, el vicepresidente Nicolás Maduro. El tiempo dirá lo que tenga que decir o lo que pueda decir.
¿Ha sido arrojada al destierro el alma de Hugo Chávez, envuelta en llamas, rumbo a parajes celestiales, como él siempre supo que alguna vez ocurriría...? ¿Está él, ahora, sentado a la diestra de Dios, descansando de tanto trajín, apenado por tanta obra inconclusa, se halla en cada casa, en cada rancho, en cada piedra, en cada árbol, en los caminos de su amada Venezuela, en los rincones de Barinas, niño nuevamente, jugando a las adivinanzas, diciendo voy a ser cuando sea grande, nadando en las turbulentas aguas del Orinoco, padre Orinoco...? ¿Es ejemplo ya ingresado al templo de los magnánimos, Bolívar y Martí, seamos libres y lo demás no importa nada...? ¿Será eso? ¿Será así? Inspirará, de nuevo, revoluciones sin explotadores ni explotados, con sólo paz, pan y trigo, como dijo en Santiago de Chile? ¿Han tomado nota los que quedan que sin revolución energética no habrá futuro para nadie y sin integración tampoco y sin socialismo nada será irreversible y que el capitalismo es el gran enemigo del género humano? Eso decía el comandante de paracaidistas Hugo Chávez Frías, Presidente Chávez, votado masivamente por su pueblo y venía arrinconando a la burguesía poco a poco... ¿Cuántos Chávez esperan su turno en cada niño venezolano...?

Juan Chaneton

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miércoles, 6 de marzo de 2013

UNAS LÁGRIMAS PARA ABONAR EL FUTURO, por Gustavo Rosa (para “Apuntes Discontinuos” del 06-03-13)





Una improvisada prosa para calmar tanto dolor

Un Gran Hombre nos ha dejado por un ratito. Después del dolor, retornará un gigante imbatible. En nuestro país ya lo hemos comprobado. Cuando la angustia se despeja, reaparecen más vivos que nunca. Y mucho más fuertes. Números para el recuerdo: 5 del 3 de 2013 a las 1625. Los que celebran estas muertes deben estar secos de vida. Los que hacen combinaciones con los trágicos números para alguna nefasta apuesta, jamás podrán disfrutar de ningún premio. Los que descorcharon champaña, padecerán de acidez. La peor noticia para los pueblos es la mejor para los carroñeros. Por un tiempito, nomás. Luego viene una inversión gloriosa que desconcierta a esos infaustos personajes y finalmente, los derrota. De existir, Dios debe ser un mal tipo. De puro egoísta, se lleva a los mejores. Pero los mortales nos quedamos con lo inmortal, el recuerdo, el amor, la obra, las ideas. Eso no se lo podrá llevar nunca, por más Dios que sea.
El vicepresidente Nicolás Maduro, en medio de su dolor, pidió algo difícil de cumplir: “es prohibido llorar, levantemos su espíritu”. Las lágrimas son inevitables, pero se niegan a brotar. Están congeladas, tímidas, con el temor de interrumpir el retorno de una leyenda. Y si brotan, servirán como abono para un futuro luminoso.
La peor noticia para escuchar, pero se esperaba. La confirmación de estas cosas siempre es cruel. Uno esperaba volver a verlo, bailando con las palabras frente a su pueblo, es decir, todos los pueblos de América latina. El comenzó todo y ahora continuará con más fuerza. En uno de sus discursos de campaña, Hugo Chávez habló del viento. Exuberante, como siempre, afirmó que su rival, Henrique Capriles Randoski, representa la vieja política y en cambio, él representa lo nuevo. “Está bien –aclaró ante la multitud- tengo 58 años, pero el viento es más viejo… y sigue soplando”. Ahora ya no será viejo, pero se ha convertido en un ventarrón. Un tornado imparable que barrerá la resaca de los enemigos de este proceso de transformación de la Patria Grande. Porque cuando el mártir muere, nace el héroe, el mito que nunca abandona, el faro que jamás se apaga.
Difícil olvidar su inagotable palabra, siempre plena de desafíos. Y no cualquiera, sino el desafío que busca desterrar la vileza de los poderosos. Difícil cualquier olvido, si fue el primero en comenzar a impulsar la integración latinoamericana en este nuevo siglo, como el único camino para un futuro luminoso. Si fue el primero en recuperar la política como herramienta de transformación de su pueblo, sumido en la inequidad. Si no sólo es el Padre de la resurrección de un país, sino también de la restauración de un continente. La muerte de Chávez provoca una ausencia que sabe a historia inconclusa. Pero, como su paso por la vida se convierte en sendero, la conclusión de esta Gran Historia queda en manos de sus herederos, de todos los que sentimos una angustia incontenible a flor de piel.
Las hienas están atentas, pues se excitan con el olor a muerte. Los chacales se relamen en sus madrigueras. Los buitres, disfrazados de águilas del Norte, despliegan sus alas para recuperar su hegemonía. Esta vez se quedarán con las ganas. Ahora hay un Pueblo sin Fronteras dispuesto a defender lo conseguido y tomar los jirones de cualquier mártir para convertirlos en un poderosa bandera de victoria. Ahora hay presidentes que se parecen a sus pueblos y pueblos que se alimentan con sus presidentes.
La solución a la crisis política que puede provocar esta lamentable noticia está en manos de sus seguidores. Ahora son los pueblos los encargados de continuar con su obra y, por supuesto, de reconstruir su Vida. Su alegría contagiosa nos despierta una sonrisa desde las sombras que tratan de opacarlo. Su brillo vencerá cualquier tiniebla y destruirá las cadenas que quieran condenar a los muchos a la inequidad y la pobreza. Ahora, no hay enemigo que pueda vencernos, porque tenemos las mejores armas: Muertos luminosos y algunos presidentes con vida dispuestos a portar semejante luz.
Enumerar sus logros, las transformaciones que derramó sobre nuestras tierras, el motor que desterró a los explotadores quedará para más adelante, cuando el vacío comience a llenarse. Después de liberar las lágrimas, la marea roja seguirá su huella y se extenderá hacia cualquier tierra desolada.
El Palacio de Miraflores se convertirá en un lugar mágico del que sólo saldrá el milagro de Su Revolución. Su mano siempre tendida se transformará en un puente indestructible que permitirá cruzar cualquier abismo. Su palabra viva retornará por siempre, esa palabra inspirada por Bolívar, Martí, San Martín, Kirchner. Ahora, seremos Todos los facultados para que sus discursos permanezcan resonando en los oídos del corazón. Podemos llorar un poco por la pérdida, podemos extrañar unos días su presencia, podemos añorar su imagen poderosa. Pero no por mucho tiempo. En honor a él –y también a Kirchner- debemos trocar tanto dolor en fortaleza, convertir sus ideas en realidad y bailar hacia el futuro al ritmo de sus palabras.

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EL RESUCITADOR, por Roberto Caballero (para “Tiempo Argentino” del 06-03-13)








“Dame tu corona Cristo, dámela que yo sangro. Dame tu cruz, 100 cruces que yo las llevo, pero dame vida porque todavía me quedan cosas por hacer por este pueblo, por esta patria. No me lleves todavía".
Hugo Chávez, abril de 2012


 “Hubo días de sol y ligera brisa, pero también otros en los que las aguas bajaban agitadas, el viento soplaba en contra, y Dios parecía dormido”.
Joseph Ratzinger, Papa emérito.


Con la caída del Muro de Berlín, muchas palabras cayeron en desuso. Hablar de socialismo parecía una locura. La historia había terminado, según Fukuyama; y Boris Yeltsin llegaba a la portada de la revista Newsweek, como símbolo de un mundo que ya no era, donde el capitalismo era el vencedor y los pueblos debían acostumbrarse a una dualidad donde los ricos serían cada vez más ricos y los pobres, pobres para siempre. Quedaba Cuba, una foto sepia del ayer prometedor, tratando de resolver sus problemas del “período especial”, donde el viejo sueño de igualitarismo social, última trinchera de la Patria Grande latinoamericana, de Bolívar al Che, de San Martín a Sandino, de Artigas a Martí, de Getulio Vargas a Perón, agonizaba en un malecón donde abuelas, madres e hijas debían elegir entre la convicción emancipatoria martiana y las humanas ganas de comer. El Consenso de Washington venía supuestamente a eternizar un paisaje de vencedores y derrotados, con el neoliberalismo como Biblia, sin posibilidad de revisión. En ese desierto de ideas y pasiones, con el futuro presuntamente clausurado, surgió un líder en Venezuela, que montado en la exuberancia ardorosa del Trópico, volvió a revivir viejas palabras, sin las cuales era imposible pensar en el futuro. Ese fue Hugo Chávez Frías, el resucitador.
El primero en alzar su voz contra el neoliberalismo. El primero en llevar adelante las conclusiones del Foro de San Pablo, refugio conceptual de la izquierda latinomericana tras el vendaval. El primero en resucitar a Bolívar. El primero en resucitar la palabra Revolución. El primero en resucitar la unidad latinoamericana. No estuvo solo, claro: Chávez fue el líder de un pueblo, el venezolano, el de Alí Primera, el de Cecilia Todd, que salió a las calles a sepultar la partidocracia liberal y a poner en jaque las certezas del orden conservador.
Hugo Chávez Frías desafió los límites de lo posible en una época donde el posibilismo era casi un dogma. Resucitó las palabras muertas. Las impregnó de un hálito de vida. Las hizo andar como Cristo a Lázaro. Después llegaron Kirchner, y Lula, y Pepe Mujica, y Bachelet, y Evo Morales, y Correa, y el Farabundo Martí en El Salvador, y el Frente Sandinista en Nicaragua, y la nueva Cuba que él apoyó con petróleo y más que eso. Chávez hizo posible lo que parecía imposible: pensar la Patria Grande, la unidad regional, el unidos o dominados, puso en valor la historia de un continente que nació para ser libre, peleando contra el coloniaje.
La Unasur, la Celac, el Mercosur renovado, nada de todo eso hubiera tenido el impulso que tuvo en todos estos años, sin la energía bolivariana de Chávez, desafiando a Bush, al ALCA y al orden económico internacional de la derecha. Recordaba siempre que Néstor Kirchner, su socio ideal, era un conspirador nato, se divertía contando como juntos habían madrugado al presidente de los Estados Unidos en Mar del Plata, hundiendo su tratado de libre comercio. El amor por la América morena, por la movilidad social ascendente, su redescubrimiento del peronismo, sus apelaciones a Marx y a Cristo, su amor por Fidel, todo eso que parecía inconexo, quedaba enhebrado por su discurso, el de las palabras resucitadas para un gran sueño: el de la liberación por la que pelearon nuestros próceres fundamentales.
Pero hablar de Hugo Chávez sin mencionar la mano generosa que nos tendió cuando nuestro país cuando no tenía dónde caerse muerto, sería obviar un capítulo fundamental de estos 14 años intensos que lo tuvieron como protagonista de la escena continental. Vendrán nuevas generaciones de argentinos, lo más quizá sin saber que estarán viviendo mejor que sus antepasados, pero de ahora en adelante será una obligación recordar que luego de la crisis de 2001 fue el pueblo de Venezuela el que compró nuestros bonos, prestó ayuda energética para salir de la catástrofe y apoyó el reclamo por Malvinas, sólo pidiendo a cambio que nos sumáramos a una epopeya de integración regional que hoy parece más sólida que nunca. La muerte de Chávez es una herida fulminante, que llevará un tiempo largo en cicatrizar. Pero el proceso que abrió sigue impresionantemente vivo en cada pibe latinoamericano que pudo incorporar a su dieta la leche, la proteína animal y terminó la escuela en la última década.
Esos pibes, hace diez años, se morían. Hoy pueden pensar en el futuro.
Y en ese futuro, seguro, hablarán de Hugo Chávez como un prócer.
O como el resucitador de las palabras indispensables que permitieron volver a creer en una América libre que paso a paso, morosa y amorosamente, despierta de un letargo de siglos.

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EL HOMBRE QUE INICIÓ UNA TAREA DE TITANES, por Alberto López Girondo (para “Tiempo Argentino” del 06-03-13)




La región deberá demostrar de qué madera están hechos estos pueblos en su lucha por la integración regional




Era el único que podía derrotar a Hugo Chávez, y lo terminó doblegando. El hombre que enalteció los mejores ideales de un pueblo y despertó los de una región entera no pudo más. Como para demostrar que era humano, demasiado humano, sucumbió ante la enfermedad. Se fue antes de tiempo, con la obra avanzada pero aún por concluir. Como otros en la historia de este castigado continente.

Pero no se fue como Bolívar, solo y desencantado por la vileza de algunos de sus contemporáneos –más proclives a la traición que a la construcción– a los 47 años, en la Quinta de San Pedro Alejandrino, en Santa Marta, de la actual Colombia. Sintiendo que había arado en el mar.
Tampoco se fue como San Martín, que prefirió retirarse a Boulogne Sur Mer antes que inmiscuirse en una guerra fratricida fruto de miserias humanas no muy diferentes a las que acosaron al libertador venezolano. Ni como Artigas, que eligió terminar sus días en el Paraguay de Gaspar Rodríguez de Francia antes que levantar sus armas contra hermanos rioplatenses.
Chávez murió luego de haber triunfado 13 veces sobre sus adversarios, a esta altura convertidos en enemigos repletos de odio. En elecciones impecables y por diferencias incontestables, como para desmentir a esos que lo tildaban de autoritario y antidemocrático y que pintaron una imagen de monstruo moderno capaz de las mayores iniquidades.
Poco importa ahora lo que digan aquellos que confiaban más en la acción de las células malignas que en propuestas convincentes para lograr el amor de las mayorías. Porque en realidad lo único que tienen para ofrecer es para pocos y de mala forma. Cosa que los pueblos, en su perspicacia, no ignoran. Ellos, los que ahora brindarán por su muerte, no serán llorados ni llenarán de tristeza las calles. Ni encontrarán una línea amable cuando se escriba la historia de estos días.
Chávez no aró en el mar. Y así como otros movimientos políticos de la región encontraron el líder que continuara con ese proceso de cambio, también Venezuela tiene un semillero de dirigentes preparados para continuar la obra iniciada con la Revolución Bolivariana.
Mientras tanto, la derecha y los poderes ligados al establishment apostarán a la división interna en el chavismo. Saben cómo hacerlo, también ellos son bicentenarios en su infamia. Conocen los poderes del mundo dónde apretar las clavijas para intentar socavar la fe de una sociedad en su destino común. De otro modo, el ideal de la Patria Grande se hubiese construido hace mucho y sin derramar sangre inútilmente.
Pero detrás del gobierno venezolano no sólo está un país sino un continente encolumnado en los países de CELAC, su creación póstuma. La Unasur, que creció de la mano de Néstor Kirchner ya había dado muestras de su eficacia cuando logró sentar al flamante presidente colombiano Juan Manuel Santos con Chávez para evitar una guerra promovida por la derecha más reaccionaria.
Esas instituciones ahora más que nunca deberán velar por mantener firmes las convicciones y solidificarse en las propuestas de soberanía popular. Pocas veces en estos 200 años hubo tanta certeza de que la integración es posible y de que para evitar un retroceso es necesario mantener la unidad.
Queda en el poder Nicolás Maduro, un ex dirigente sindical del transporte que ahora va a poder demostrar de qué madera está hecho. Un líder que, como decía Napoleón, tenía el bastón de mariscal en la mochila para hacerse cargo de la situación cuando fuera necesario.
Chávez lo ungió desde la escalerilla del avión que lo llevó a La Habana. Cuando ya pensaba que podría no volver a ocupar la presidencia y pidió que lo votaran en su remplazo. Ahora podrá demostrar por qué es el elegido.
El continente también deberá estar a la altura del desafío que planteó el presidente bolivariano cuando en 1999 llegó por primera vez al Palacio de Miraflores para romper con el pasado. La región también deberá demostrar de qué madera están hechos estos pueblos y no dar pasto a los caranchos que sobrevuelan desde hace tiempo con los más diversos ropajes.

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martes, 5 de marzo de 2013

SIEMPRE CON NOSOTROS, por Adrián Corbella (para "Mirando hacia adentro")





Febrero de 1992. Un desconocido oficial venezolano comienza lo que parecía un intento de golpe de estado. Uno de los tantos que hemos vivido los latinoamericanos. Fracasa y es encarcelado.
Tres años antes había caído el Muro de Berlín. El largo conflicto conocido como Guerra Fría había concluido con la capitulación de la Unión Soviética, que se desintegró en las diecisiete repúblicas que la integraban.
El neoliberalismo, con su profeta más desatado, el niponorteamericano Francis Fukuyama, salió a proclamar a los cuatro vientos el “Fin de las Ideologías”, el “Fin del Trabajo” y el “Fin de la Historia”… Eran los años del Consenso de Washington, de la genuflexión al Imperio que el Canciller argentino Guido Di Tella resumió con su célebre frase: “relaciones carnales”… Como dicen ellos, “No comments”.
Desde 1994 ese desconocido oficial es liberado y comienza una campaña política tendiente a alcanzar el poder democráticamente en Venezuela . Se reúne con Fidel Castro, establece alianzas con partidos de izquierda venezolanos, y proclama la necesidad de fundar la Quinta República en su país.
Hugo Chávez Frías, al frente del MVR (Movimiento Quinta República) gana las elecciones de 1998 y asume la presidencia a comienzos de 1999. Allí comienza una larga historia que incluirá la reforma de la Constitución, la reactivación de la OPEP, la victoria sobre los golpistas de 2002 y todos los logros internos y externos que permitieron transformar la sociedad venezolana utilizando la renta petrolera con un sentido nacional .
Para mucha gente, en estos primeros años, Chávez parecía como un loco, un desconocido que desde un país pequeño se alzaba contra el poder norteamericano, que proclamaba el regreso a los ideales latinoamericanistas de Bolívar y planteaba la necesidad de reformular el ideario del socialismo, adaptándolo al siglo XXI. En estos años de cuestionamiento hegemónico a las ideologías, de cipayismo generalizado en América Latina, esto parecía la obra de un loco.
Pero el loco no era tal. Fue el primero, el abanderado, la avanzada de un ejército integrado por millones de latinoamericanos. Cuando ese solitario soldadito apareció en la cima de una colina agitando una banderita, muchos no entendieron de qué se trataba. Pero poco después a esa avanzada la seguirían otros locos, agitando las mismas o similares banderas: Néstor, Lula, Cristina, Evo, Rafael, Dilma y otros se subieron a la misma colina y empezaron a hacer lo que parecía imposible : intentar completar el proceso de independencia latinoamericano frustrado en el siglo XIX por el orden neocolonial que ligó a los latinoamericanos o a Inglaterra, o a Estados Unidos.
La cumbre de Mar del Plata del 2005 fue seguramente el hecho más significativo de este proceso. Porque allí, frente al proyecto imperial de un área de libre comercio que le permitiera a la Casa Blanca dispersar las crisis, cuando se produjeran, en un vasto hinterland latinoamericano, se alzaron tres locos que convencieron a los demás presidentes de la necesidad de decir no, de bloquear la formación de una zona neocolonial sometida los Estados Unidos.
La historia le dará a esa Cumbre marplatense el rol que merece como divisoria de aguas, como acontecimiento que simboliza el final de una época. Pero, cuando le intenten encontrar una cara a ese proceso, cuando busquen un símbolo de estos tres lustros de rebelión latinoamericana contra el Imperio, la imagen será la de él, Hugo Chávez Frías.
Hoy el Comandante nos dejó. Luchó durante dos años contra una de esas misteriosas enfermedades que aparecen siempre en los momentos en que los poderes reales no encuentran otra solución. Luchó como un león, como aquellos guerreros griegos que en las Termópilas prefirieron  dejar la vida frente a las tropas imperiales antes que bajar los brazos.
Pero en realidad no se fue. Hay hombres que nunca mueren. Que se incorporan a su pueblo y son recordados e imitados por generaciones. Dejan una estela luminosa que nadie puede apagar. Alzan banderas cuyos mástiles son sostenidos por pueblos enteros, por toda la Patria Grande.
Hoy partió Hugo Chávez Frías.
Pero las banderas que el alzó, siguen flameando en todo un continente.

Adrián Corbella, 5 de marzo de 2013.






Murió Hugo Chávez, por INFOnews del 05-03-13






A los 58 años, falleció el presidente de Venezuela luego de una larga lucha contra su enfermedad. La noticia fue anunciada por el vice Nicolás Maduro desde el Hospital militar de Caracas donde el jefe de Estado permanecía internado.

Por:
INFOnews

El presidente de Venezuela, Hugo César Chávez Frías (58), murió esta tarde a las 16:25 (hora local) luego de una larga lucha contra su enfermedad. La noticia fue anunciada por el vice Nicolás Maduro desde el Hospital militar de Caracas donde el jefe de Estado permanecía internado.
El vicepresidente anunció "la información más dura y trágica". Al comunicar la noticia, Maduro, visiblemente emocionado, manifestó: "Comandante, donde esté usted, gracias. Mil veces gracias por parte de este pueblo que usted ha protegido".

El vicepresidente convocó al pueblo "a ser los vigilantes de la paz, el respeto, el amor y la tranquilidad de la patria".
Maduro anunció: "Se ha previsto un despliegue especial de todas las Fuerzas Armadas y de la Policía nacional bolivarianas para acompañar y proteger a nuestro pueblo". Además, llamó al pueblo a manifestarse frente al Hospital donde se encontraba internado el jefe de Estado y en todas las plazas Bolívar de cada pueblo y ciudad.
"Nosotros, sus compañeros, asumimos comandante su herencia, sus retos, su proyecto. Con el apoyo de todo el pueblo, sus banderas serán levantadas con honor y con dignidad. Comandante, donde esté gracias, mil veces gracias de parte de este pueblo que usted protegió, que amó y al que nunca le falló", pronunció.
En tanto, Maduro se refirió a los sectores de la oposición al pedir: "Que respeten el dolor del pueblo y los llamamos a la paz. Es momento de pensar en nuestras familias y en nuestro país".
"Informaremos todos las planes para rendir homenaje póstumo para el comandante Hugo Chávez y para anunciar las programaciones hasta su definitivo descanso", agregó.
"Hasta la victoria Hugo Chávez. Que viva Hugo Chávez", concluyó Maduro.

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