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sábado, 31 de enero de 2026

LA “TEORÍA DE LA DIETA”, O COMO SACRIFICARSE PARA EMPEORAR, por Adrián Corbella

 



 

Casi todos hemos hecho alguna dieta en nuestra vida... Subiste unos kilitos y entonces te “ajustan” tus patrones de consumo alimenticio, te quitan alimentos altamente calóricos, grasas, y te dejan alimentos muchos más sanos –y menos ricos-. Es duro. Se sufre. Pero luego de un tiempo perdiste kilos, estás más sano y te sentís más lindo.

A muchos argentinos los convencieron de que vivimos en una dieta. Estamos tomando medidas duras de ajuste, hay cierto grado de sufrimiento conexo, pero vamos a estar mejor. El gobierno decía antes de las elecciones de medio término de 2025 que no se podía abandonar luego de todos los esfuerzos realizados. Tenemos que seguir hasta lograr los resultados, Mucha gente adoptó esta perspectiva, aprieta los dientes, y vota al oficialismo. Lo que no entienden es que los que diseñaron la dieta saben tanto de economía como yo de física cuántica. Y como no conocen ni les interesa la historia, tampoco tienen claro que es la cuarta experiencia de Argentina con esta clase de políticas…no les quiero espoilear el final de la peli…pero es un final ruidoso, olímpico.

Es la “Maldición de la M”: Martínez de Hoz en tiempos de la dictadura militar, Menem con su ministro Domingo Cavallo, Macri y ahora Milei. Se mantiene el dólar bajo, lo que tiene varios efectos. Los precios internos son mucho mayores que los exteriores. Esto genera una avalancha de productos importados que ingresan al país (y el eventual cierre de las empresas locales que fabrican localmente esos productos) y una explosión de turismo argentino hacia países extranjeros (los más modestos a Brasil, los más prósperos a Europa o USA), porque afuera todo está más barato –los precios brasileños son la mitad de los argentinos-. La inflación se contiene, porque los precios de productos de consumo cotidiano están demasiado caros en dólares como para seguir subiendo. Lo que si sigue subiendo son los servicios esenciales, estilo energía, gas, agua, comunicaciones. Son vitales y no hay alternativas, no puedo contratar el servicio de agua o gas de otro país.



Para mantener el dólar bajo se necesita de una abundancia de dólares, y ahí tenemos el vale todo, desde blanqueos de fondos de origen oscuro hasta ajustes salariales que obligan a la gente a gastar los dólares que tienen guardados –dólares que a los precios locales valen poco o nada-, desde endeudamiento desmedido hasta liquidación de activos del estado. La fuente genuina de provisión de dólares, las exportaciones, están flojas, ya que los precios internos son demasiado altos comparados con los de otros países. Funciona por un tiempo, hasta que explota: no queda más nada para vender, la deuda es impagable, nadie te presta porque saben que no lo vas a devolver, y todo vuela por los aires.



Se habla de ajustar los gastos, de bajar impuestos –sólo a los ricos, los demás pagamos lo mismo o más que antes-, pero estas políticas en áreas como infraestructura, salud, educación y otras generan a mediano o largo plazo un desastre cuya solución es mucho más cara que los gastos que se omitieron. Por poner un ejemplo, es más fácil mantener en condiciones una red vial ya existente que dejarla abandonada hasta que se desintegre para que luego otro gobierno tenga que reconstruirla desde cero.

Te dicen que si seguimos estas políticas por 20 o 30 años “vamos a ser como Alemania”…bueno, esto quizás sea así, porque los alemanes han caído en un pozo negro socio-económico al cesar el abastecimiento de gas ruso barato, así que quizás nos alcancen… Es decir: no que nosotros subamos, sino que ellos bajen.

Hay un enorme error conceptual en todas estas políticas, ya que aplican lo que los países ricos dicen que hay que hacer –que no es siempre lo que hacen-, pero sin analizar que esos países se desarrollaron con políticas absolutamente opuestas. El caso más reciente es el de Corea del Sur, que logró el éxito económico tras décadas de economía cerrada y estado muy activo…cuando tuvieron éxito se transformaron en propagandistas de lo opuesto: políticas de libre comercio basadas en la iniciativa privada. Pero no es el único caso.

Inglaterra, la primera potencia industrial del mundo, que podía predicar el libre comercio porque sus precios industriales no tenían competencia posible, mantuvo leyes que protegían a su agricultura y a su marina hasta 1846, es decir hasta un momento es que eran sin dudas los número uno.

Los Estados Unidos crecieron con el llamado “sistema americano” del patriota Alexander Hamilton, quien sostenía que el libre comercio solo beneficia a las naciones que ya son potencias industriales y afirmaba que los países en desarrollo deben proteger su industria local (justo lo que se destruye con el dólar barato).

Hamilton creía en la deuda como herramienta para generar confianza y capital, no para financiar la fuga de capitales o el consumo de importados. Defendía la soberanía monetaria, algo que se pierde cuando un país se ata ciegamente al endeudamiento externo en moneda extranjera.

Alexander Hamilton advertía que una nación que solo exporta materias primas e importa todo lo manufacturado está condenada a la debilidad. Esto no es un argumento teórico: Europa y Estados Unidos son la prueba palpable de esta afirmación. Lo que Trump intenta, con sus políticas bizarras de elefante en la cristalería, es revertir este proceso volviendo la producción al suelo norteamericano. No parece sencillo porque la mano de obra norteamericana no tiene la calificación necesaria (tras décadas de financiarización) y las universidades no generan la calidad y cantidad de técnicos con los que sería preciso contar.

Hamilton, en su Report on Manufactures, dejó una frase que parece escrita para el mundo globalizado y neoliberal de hoy:

"La independencia y la seguridad de un país parecen estar indisolublemente ligadas a la prosperidad de sus manufacturas. No se puede confiar en que una nación sea grande si depende de otras para su subsistencia y defensa."

 

Otro buen ejemplo es el alemán Friedrich List, discípulo de Hamilton y padre conceptual de la Unión aduanera alemana (Zollverein) que dio comienzo a la industrialización del país teutón.

List denunciaba que las potencias anglosajonas se hicieron ricas siendo proteccionistas, para luego decirle a los demás que abran todo para que ellos nos puedan vender sus productos sin competencia.

"Es una estratagema muy común que, cuando alguien ha alcanzado la cima de la grandeza, patee la escalera por la que subió para impedir que otros suban detrás de él."

El “Sistema Nacional de Economía política” de Friedrich List permitió que Alemania, que en 1850 era un caleidoscopio de 37 estados medianos, pequeños o minúsculos, se transformara en una potencia industrial capaz de enfrentar al mundo en dos guerras mundiales –perdidas obviamente, pero que fueron Alemania y 3 o 4 aliados más débiles contra el resto del planeta. Y dieron pelea durante años-.

Nosotros tuvimos nuestro List, nuestro Hamilton, fue don Manuel Belgrano, al que se suele recordar como político y como militar chapucero e improvisado –era abogado- pero que fue el primer y mayor economista de Argentina. Un hombre que leía a Adam Smith y a Quesnay, a Gournay y a Jerónimo de Uztáriz, a Genovesi y a Galiani, y que de todos ellos sacó una conclusión personal no muy distinta de la obtenida por los mencionados economistas norteamericano y alemán.

"Ni la agricultura ni el comercio pueden florecer sin la industria... un país que compra lo que puede producir, se empobrece."

Esto escribía don Manuel. Poco hay para agregar.

Claro que nosotros seguimos otro camino. Somos endeudadores seriales y expertos en default, Basta con hacer un pequeño paneo del endeudamiento del último medio siglo para ver lo dramático de nuestro caso.

1. Martínez de Hoz (1976-1983): El inicio de la bola de nieve

Fue el salto más dramático en términos porcentuales. La deuda se utilizó para sostener la "Tablita Cambiaria" (el dólar barato de la época).

  • Aumento: La deuda externa pasó de US$ 8.000 millones en 1976 a casi US$ 45.000 millones en 1983.
  • Resultado: Se multiplicó por 6 en solo siete años. Gran parte fue deuda privada que terminó siendo estatizada por el Banco Central (Cavallo era presidente del BCRA en ese entonces, cerrando el círculo).

2. Domingo Cavallo (1991-2001): La Convertibilidad

Aquí la "dieta" fue la Ley de Convertibilidad. Para mantener el 1 a 1, un peso vale un dólar, sin tener productividad real, hubo que pedir prestado constantemente, y privatizar todo lo que se pudo privatizar.

  • Aumento: La deuda pública externa subió un 123%. Pasó de unos US$ 60.000 millones al inicio de la década a casi US$ 146.000 millones antes del estallido de 2001.
  • Cavallo prometió en 1993 que la deuda sería "insignificante" para fin de siglo. Terminó en el default más grande de la historia hasta ese momento.

3. Mauricio Macri (2015-2019): El regreso a los mercados

Se buscó financiar el déficit y la salida del cepo con deuda externa, culminando en el préstamo récord con el FMI.

  • Aumento: La deuda bruta pasó de US$ 240.000 millones a cerca de US$ 320.000 millones.
  • El hito: El préstamo de US$ 57.000 millones (se desembolsaron 44.000) del FMI, el más grande otorgado por el organismo a un solo país. Argentina paso de no deberle nada al organismo a ser el principal deudor, con más de la mitad de la cartera del FMI

4. Javier Milei (2024-2026): El presente

Aquí el fenómeno es dual (pesos y dólares). Según datos de enero de 2026, la deuda bruta ya supera los US$ 455.000 millones.

  • La "Dieta" actual: Se redujeron pasivos del Banco Central, pero gran parte de esa deuda se trasladó al Tesoro.
  • El "engorde": Aunque el gobierno resalta el superávit, la deuda estatal bruta aumentó un 6,9% en términos acumulados desde el inicio de la gestión. La deuda en pesos (ajustada por inflación o dólares) ha crecido explosivamente para "secar" la plaza. Y el gobierno incumple obligaciones monetarias con las provincias y con diversos organismos del Estado. Estos incumplimientos le quedan como pasivo a un próximo gobierno, es decir, alguien lo va a tener que pagar.

En todos los casos, el patrón es idéntico:

  1. Atraso cambiario: El dólar se queda quieto para frenar la inflación (en pesos), mientras hay inflación que nadie mide, en dólares.
  2. Destrucción productiva: Las empresas cierran porque no pueden competir con lo importado (el país es "caro" para producir). Muchos comienzan a importar lo que antes producían, o sea que antes tenían 100 trabajadores, y ahora tienen 5 vendedores
  3. Fuga de capitales: Los dólares que entran por deuda se van por la "bicicleta financiera", pago de intereses de la deuda, utilidades de las empresas extranjeras, salida de capitales, importaciones o turismo.
  4. Cierre de la canilla: Cuando el mundo deja de prestar, y ya no queda nada para vender (privatizaciones) el dólar salta, la inflación vuela y la "dieta" termina en una crisis de hambre real.

 


Los economistas neoliberales parecen predicadores de una religión bastante intolerante. Sus ideas son las únicas. La economía es transformada en una ciencia, y ellos son los que subieron al monte y trajeron de la mano del dios mercado las doce tablas de la ley. El resultado es siempre el mismo, no sólo en Argentina, sino en otros países. Basta con ver las enormes dificultades que están atravesando las sociedades de Europa y Estados Unidos. Por supuesto arrancan de más alto, y todavía no nos alcanzaron. Hay que darles tiempo. Aunque quizás no nos alcancen nunca porque nosotros descendemos con más velocidad.



Para cerrar, no voy a recurrir a economistas de hace 100 o 200 años, ni tampoco a un argentino o latinoamericano, vamos a mencionar a un catedrático surcoreano que trabaja desde hace cuatro décadas en la Universidad de Cambridge.

Ha-Joon Chang en su "manual de usuario" de la economía, identifica hasta 9 escuelas de pensamiento económico principales y dice que cada una es como un lente diferente: si usás solo uno, ves una imagen distorsionada; si los superponés, empezás a entender la realidad.

Parafraseando con toda libertad al economista surcoreano, yo concluiría diciendo que los economistas neoliberales son como piratas que tienen un parche en un ojo, y en el otro, con el que analizan todo, presentan un avanzado problema de cataratas.

 

Adrián Corbella

31 de enero de 2026

 

 

 

 

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