Casi todos hemos hecho alguna dieta en nuestra vida... Subiste
unos kilitos y entonces te “ajustan” tus patrones de consumo alimenticio, te
quitan alimentos altamente calóricos, grasas, y te dejan alimentos muchos más
sanos –y menos ricos-. Es duro. Se sufre. Pero luego de un tiempo perdiste
kilos, estás más sano y te sentís más lindo.
A muchos argentinos los convencieron de que vivimos en una dieta.
Estamos tomando medidas duras de ajuste, hay cierto grado de sufrimiento
conexo, pero vamos a estar mejor. El gobierno decía antes de las elecciones de
medio término de 2025 que no se podía abandonar luego de todos los esfuerzos
realizados. Tenemos que seguir hasta lograr los resultados, Mucha gente adoptó
esta perspectiva, aprieta los dientes, y vota al oficialismo. Lo que no
entienden es que los que diseñaron la dieta saben tanto de economía como yo de
física cuántica. Y como no conocen ni les interesa la historia, tampoco tienen
claro que es la cuarta experiencia de Argentina con esta clase de políticas…no
les quiero espoilear el final de la peli…pero es un final ruidoso, olímpico.
Es la “Maldición de la M”: Martínez de Hoz en tiempos de la
dictadura militar, Menem con su ministro Domingo Cavallo, Macri y ahora Milei.
Se mantiene el dólar bajo, lo que tiene varios efectos. Los precios internos
son mucho mayores que los exteriores. Esto genera una avalancha de productos
importados que ingresan al país (y el eventual cierre de las empresas locales
que fabrican localmente esos productos) y una explosión de turismo argentino hacia
países extranjeros (los más modestos a Brasil, los más prósperos a Europa o
USA), porque afuera todo está más barato –los precios brasileños son la mitad
de los argentinos-. La inflación se contiene, porque los precios de productos
de consumo cotidiano están demasiado caros en dólares como para seguir
subiendo. Lo que si sigue subiendo son los servicios esenciales, estilo
energía, gas, agua, comunicaciones. Son vitales y no hay alternativas, no puedo
contratar el servicio de agua o gas de otro país.
Para mantener el dólar bajo se necesita de una abundancia de
dólares, y ahí tenemos el vale todo, desde blanqueos de fondos de origen oscuro
hasta ajustes salariales que obligan a la gente a gastar los dólares que tienen
guardados –dólares que a los precios locales valen poco o nada-, desde
endeudamiento desmedido hasta liquidación de activos del estado. La fuente
genuina de provisión de dólares, las exportaciones, están flojas, ya que los
precios internos son demasiado altos comparados con los de otros países. Funciona
por un tiempo, hasta que explota: no queda más nada para vender, la deuda es
impagable, nadie te presta porque saben que no lo vas a devolver, y todo vuela
por los aires.
Se habla de ajustar los gastos, de bajar impuestos –sólo a los
ricos, los demás pagamos lo mismo o más que antes-, pero estas políticas en
áreas como infraestructura, salud, educación y otras generan a mediano o largo
plazo un desastre cuya solución es mucho más cara que los gastos que se
omitieron. Por poner un ejemplo, es más fácil mantener en condiciones una red
vial ya existente que dejarla abandonada hasta que se desintegre para que luego
otro gobierno tenga que reconstruirla desde cero.
Te dicen que si seguimos estas políticas por 20 o 30 años “vamos a
ser como Alemania”…bueno, esto quizás sea así, porque los alemanes han caído en
un pozo negro socio-económico al cesar el abastecimiento de gas ruso barato,
así que quizás nos alcancen… Es decir: no que nosotros subamos, sino que ellos
bajen.
Hay un enorme error conceptual en todas estas políticas, ya que
aplican lo que los países ricos dicen que hay que hacer –que no es siempre lo
que hacen-, pero sin analizar que esos países se desarrollaron con políticas
absolutamente opuestas. El caso más reciente es el de Corea del Sur, que logró
el éxito económico tras décadas de economía cerrada y estado muy activo…cuando
tuvieron éxito se transformaron en propagandistas de lo opuesto: políticas de
libre comercio basadas en la iniciativa privada. Pero no es el único caso.
Inglaterra, la primera potencia industrial del mundo, que podía
predicar el libre comercio porque sus precios industriales no tenían
competencia posible, mantuvo leyes que protegían a su agricultura y a su marina
hasta 1846, es decir hasta un momento es que eran sin dudas los número uno.
Los Estados Unidos crecieron con el llamado “sistema americano”
del patriota Alexander Hamilton, quien sostenía que el libre comercio solo
beneficia a las naciones que ya son potencias industriales y afirmaba que los
países en desarrollo deben proteger su industria local (justo lo que se
destruye con el dólar barato).
Hamilton creía en la deuda como herramienta para generar confianza
y capital, no para financiar la fuga de capitales o el consumo de importados.
Defendía la soberanía monetaria, algo que se pierde cuando un país se ata
ciegamente al endeudamiento externo en moneda extranjera.
Alexander Hamilton advertía que una nación que solo exporta
materias primas e importa todo lo manufacturado está condenada a la debilidad.
Esto no es un argumento teórico: Europa y Estados Unidos son la prueba palpable
de esta afirmación. Lo que Trump intenta, con sus políticas bizarras de
elefante en la cristalería, es revertir este proceso volviendo la producción al
suelo norteamericano. No parece sencillo porque la mano de obra norteamericana
no tiene la calificación necesaria (tras décadas de financiarización) y las
universidades no generan la calidad y cantidad de técnicos con los que sería
preciso contar.
Hamilton, en su Report on Manufactures, dejó una frase que parece
escrita para el mundo globalizado y neoliberal de hoy:
"La independencia y la seguridad de un país parecen estar
indisolublemente ligadas a la prosperidad de sus manufacturas. No se puede
confiar en que una nación sea grande si depende de otras para su subsistencia y
defensa."
Otro buen ejemplo es el alemán Friedrich List, discípulo de
Hamilton y padre conceptual de la Unión aduanera alemana (Zollverein) que dio
comienzo a la industrialización del país teutón.
List denunciaba que las potencias anglosajonas se hicieron ricas siendo
proteccionistas, para luego decirle a los demás que abran todo para que ellos
nos puedan vender sus productos sin competencia.
"Es una estratagema muy común que, cuando alguien ha alcanzado la cima
de la grandeza, patee la escalera
por la que subió para impedir que otros suban detrás de él."
El “Sistema Nacional de Economía política” de Friedrich List
permitió que Alemania, que en 1850 era un caleidoscopio de 37 estados medianos,
pequeños o minúsculos, se transformara en una potencia industrial capaz de
enfrentar al mundo en dos guerras mundiales –perdidas obviamente, pero que
fueron Alemania y 3 o 4 aliados más débiles contra el resto del planeta. Y
dieron pelea durante años-.
Nosotros tuvimos nuestro List, nuestro Hamilton, fue don Manuel
Belgrano, al que se suele recordar como político y como militar chapucero e
improvisado –era abogado- pero que fue el primer y mayor economista de
Argentina. Un hombre que leía a Adam Smith y a Quesnay, a Gournay y a Jerónimo
de Uztáriz, a Genovesi y a Galiani, y que de todos ellos sacó una conclusión
personal no muy distinta de la obtenida por los mencionados economistas
norteamericano y alemán.
"Ni la agricultura ni el comercio pueden florecer sin la industria...
un país que compra lo que puede producir, se empobrece."
Esto escribía don Manuel. Poco hay para agregar.
Claro que nosotros seguimos otro camino. Somos endeudadores
seriales y expertos en default, Basta con hacer un pequeño paneo del
endeudamiento del último medio siglo para ver lo dramático de nuestro caso.
1. Martínez de Hoz
(1976-1983): El inicio de la bola de nieve
Fue el salto más dramático en términos porcentuales. La deuda se utilizó
para sostener la "Tablita Cambiaria" (el dólar barato de la época).
- Aumento: La deuda externa pasó de US$ 8.000 millones en 1976 a casi US$ 45.000 millones en 1983.
- Resultado: Se multiplicó por 6 en solo siete años. Gran parte fue deuda privada que
terminó siendo estatizada por el Banco Central (Cavallo era presidente del
BCRA en ese entonces, cerrando el círculo).
2. Domingo Cavallo
(1991-2001): La Convertibilidad
Aquí la "dieta" fue la Ley de Convertibilidad. Para mantener el 1
a 1, un peso vale un dólar, sin tener productividad real, hubo que pedir
prestado constantemente, y privatizar todo lo que se pudo privatizar.
- Aumento: La deuda pública externa subió un 123%. Pasó de unos US$ 60.000 millones al inicio de
la década a casi US$ 146.000
millones antes del estallido de 2001.
- Cavallo
prometió en 1993 que la deuda sería "insignificante" para fin de
siglo. Terminó en el default más grande de la historia hasta ese momento.
3. Mauricio Macri
(2015-2019): El regreso a los mercados
Se buscó financiar el déficit y la salida del cepo con deuda externa,
culminando en el préstamo récord con el FMI.
- Aumento: La deuda bruta pasó de US$ 240.000 millones a cerca de US$ 320.000 millones.
- El hito: El préstamo de US$ 57.000 millones (se desembolsaron 44.000) del FMI, el más
grande otorgado por el organismo a un solo país. Argentina paso de no
deberle nada al organismo a ser el principal deudor, con más de la mitad
de la cartera del FMI
4. Javier Milei (2024-2026):
El presente
Aquí el fenómeno es dual (pesos y dólares). Según datos de enero de 2026, la deuda bruta ya
supera los US$ 455.000 millones.
- La "Dieta" actual: Se
redujeron pasivos del Banco Central, pero gran parte de esa deuda se trasladó al Tesoro.
- El "engorde": Aunque
el gobierno resalta el superávit, la deuda estatal bruta aumentó un 6,9% en términos acumulados desde
el inicio de la gestión. La deuda en pesos (ajustada por inflación o
dólares) ha crecido explosivamente para "secar" la plaza. Y el
gobierno incumple obligaciones monetarias con las provincias y con
diversos organismos del Estado. Estos incumplimientos le quedan como
pasivo a un próximo gobierno, es decir, alguien lo va a tener que pagar.
En todos los casos, el patrón es idéntico:
- Atraso cambiario: El dólar se queda quieto para frenar la
inflación (en pesos), mientras hay inflación que nadie mide, en dólares.
- Destrucción productiva: Las
empresas cierran porque no pueden competir con lo importado (el país es
"caro" para producir). Muchos comienzan a importar lo que antes
producían, o sea que antes tenían 100 trabajadores, y ahora tienen 5
vendedores
- Fuga de capitales: Los
dólares que entran por deuda se van por la "bicicleta
financiera", pago de intereses de la deuda, utilidades de las
empresas extranjeras, salida de capitales, importaciones o turismo.
- Cierre de la canilla: Cuando
el mundo deja de prestar, y ya no queda nada para vender (privatizaciones)
el dólar salta, la inflación vuela y la "dieta" termina en una
crisis de hambre real.
Los economistas neoliberales
parecen predicadores de una religión bastante intolerante. Sus ideas son las
únicas. La economía es transformada en una ciencia, y ellos son los que
subieron al monte y trajeron de la mano del dios mercado las doce tablas de la
ley. El resultado es siempre el mismo, no sólo en Argentina, sino en otros
países. Basta con ver las enormes dificultades que están atravesando las
sociedades de Europa y Estados Unidos. Por supuesto arrancan de más alto, y
todavía no nos alcanzaron. Hay que darles tiempo. Aunque quizás no nos alcancen
nunca porque nosotros descendemos con más velocidad.
Para cerrar, no voy a
recurrir a economistas de hace 100 o 200 años, ni tampoco a un argentino o
latinoamericano, vamos a mencionar a un catedrático surcoreano que trabaja
desde hace cuatro décadas en la Universidad de Cambridge.
Ha-Joon Chang en su
"manual de usuario" de la economía, identifica hasta 9 escuelas de pensamiento económico
principales y dice que cada una es como un lente diferente: si usás solo uno,
ves una imagen distorsionada; si los superponés, empezás a entender la
realidad.
Parafraseando con toda
libertad al economista surcoreano, yo concluiría diciendo que los economistas
neoliberales son como piratas que tienen un parche en un ojo, y en el otro, con
el que analizan todo, presentan un avanzado problema de cataratas.
Adrián Corbella
31 de enero de 2026






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