ÁLBUM DE IMAGENES DE "MIRANDO HACIA ADENTRO"

Todas las imágenes originales producidas por "Mirando hacia adentro" han sido publicadas en un blog satélite llamado "Mirando hacia adentro. Álbum de imágenes".

DEUDA EXTERNA ARGENTINA ON LINE

La página norteamericana "usdebtclock.org" informa segundo a segundo la evolución de las deudas de los países. Vea online y en directo el REENDEUDAMIENTO ARGENTINO presionando AQUÍ.

Translate

lunes, 28 de noviembre de 2011

La crisis global del capitalismo. Daños colaterales, por Jorge Cicuttin (editorial de “Revista Veintitrés” del 24-11-11)

En su última obra, Cómo cambiar el mundo, Eric Hobsbawm habla en las primeras páginas sobre un encuentro casual que tuvo con el megamagnate George Soros. El genial historiador se sorprendió cuando Soros, insistentemente, le preguntaba sobre las ideas de Karl Marx. “Sabiendo lo mucho que divergían nuestras opiniones –narra Hobsbawm–, quise evitar una discusión y le di una respuesta ambigua. Entonces dijo Soros: ‘Hace 150 años este hombre descubrió algo sobre el capitalismo que hemos de tener en cuenta’.”

La anécdota, y así lo entiende Hobsbawm, muestra el nivel de crisis que afronta hoy el sistema capitalista a escala planetaria.


Los gobiernos se caen en Europa y llegan al poder tecnócratas que, de espalda a la sociedad, edifican ajustes que terminan con el Estado de Bienestar que caracterizó al viejo continente de posguerra.


El mundo está frente a una encrucijada.


Caminos que reproducen las viejas recetas que aumentan la desigualdad. Y otros que, como se ve en algunos países emergentes, apuntan a modelos más inclusivos.

Uno de los pensadores más influyentes de nuestro tiempo, Zygmunt Bauman –autor del concepto de “vida líquida”, en su análisis de la modernidad–, habla en un libro de reciente aparición (Daños colaterales) del incremento de la inequidad social y el sufrimiento humano, como daño colateral de la globalización. Sus implicancias y graves costos para la sociedad. Los pobres, los marginales en aumento, son el daño colateral de una sociedad orientada al consumismo y las ganancias. Esto lleva, dice Bauman, al “más desastroso entre los incontables problemas potenciales que la humanidad puede verse obligada a enfrentar, contener y resolver durante el siglo en curso”.


En 2008, en medio de la cobertura de la campaña electoral que llevó a la presidencia de Estados Unidos a Barack Obama, este periodista participó en el Pentágono de una charla con Stephen Jonson, subsecretario del Departamento de Defensa para Asuntos del Hemisferio Occidental, es decir, uno de los responsables de dar forma a las políticas de seguridad de Estados Unidos en la región. Sin medias tintas, habló de una de las previsiones del Pentágono: “En el futuro del área, prevemos conflictos por la desigualdad social”. Se refería a América latina y a los millones de habitantes debajo de la línea de pobreza, principalmente los jóvenes.


Tres años después son los jóvenes norteamericanos los que, como los indignados europeos, marchan sobre Wall Street –y son reprimidos–, por sentirse víctimas de una crisis que generaron los poderosos banqueros.


En este número de Veintitrés intentamos debatir sobre esta encrucijada mundial. Sobre la creciente desigualdad y los peligros de la viejas recetas económicas.


Desde las caídas de los gobiernos europeos a las rebeliones árabes, de las políticas de inclusión para enfrentar a la crisis a las políticas del ajuste interminable.


Un momento crucial, en el que hay que tomar partido.


Sin dudas.

Publicado en :

http://veintitres.infonews.com/nota-3744-politica-Danos-colaterales.html

Con el 54% de los votos no alcanza, por Enrique Masllorens (para “Tiempo Argentino” del 28-11-11)









Publicado en TIEMPO ARGENTINO el 28 de Noviembre de 2011

Por Enrique Masllorens
Periodista y dirigente peronista porteño.

Está en cada uno de nosotros la responsabilidad de reiterar cada día ese contrato que establecimos con nuestro futuro y el de los que nos sucedan al depositar nuestro voto y nuestra confianza el pasado 23 de octubre.

Dejaron pasar unos días “como con bronca y junando del rabo del ojo a un costado”. Como cirujas que no quieren ser señalados, escondieron la basura acumulada para mejor ocasión. Tragaron con amarga saliva la sorpresa del pronunciamiento mayoritario. Disimularon el dolor del gancho de izquierda –o mejor, del directo peronista– como esos boxeadores que sonríen sobradores a la tribuna, mientras les flojean las piernas y se les nubla la vista. Acostumbrados a arreglar las peleas, a cambiar los fallos, al contragolpe artero y antidemocrático, decidieron rápidamente volver por sus fueros mal habidos. Se la veían venir desde el aluvión de las PASO de agosto que nunca imaginaron tan abrumador. Pero no están derrotados todavía, porque los intereses que representan son permanentes, como lo es también la lucha por la emancipación nacional que ya recorre más de 200 años de nuestra historia. Si en 1852 el general Urquiza “se vendió por un patacón” como decía una copla de la época, e hizo celebrar a la oligarquía unitaria y al Imperio de Brasil, a Inglaterra, Francia y a los Estados Unidos, acá no hay posibilidades de una derrota del campo nacional como en aquel aciago 3 de febrero en Caseros. Ni se lo piensen.

Como en aquel pliego de condiciones que pretendió imponer el director de La Nación a Néstor Kirchner cuando asomaba el sol del 25 de Mayo de 2003, en nombre de “Washington”, la palabra mágica que convoca al miedo de los cobardes y a la alegría de los cipayos, pretenden ahora el mismo camino pero a través de la política de los hechos. La operación “Tormenta del dólar” liderada mediáticamente por los beneficiarios de la pesificación asimétrica y sostenida por los fondos buitre locales y extranjeros, consiguió avivar los sempiternos temores de los sectores con alguna capacidad de ahorro. No tuvieron el éxito esperado. Firmeza y convicción del gobierno y la antipatriótica andanada hizo agua, a pesar de los augurios catastróficos del autodenominado “militante de la verdad” Marcelo Bonelli y del cerebro de los zócalos, Edgardo Alfano.

Si luego de repiquetear durante años condenando la política de subsidios –que permitieron que los argentinos saliéramos del quinto infierno– la presidenta anuncia que algunos de ellos, y selectivamente, serán retirados, arman un escenario de confusiones, de medias verdades y rotundas mentiras, rotulando la decisión como si fuera un ajuste a la europea. Y a los procedimientos de renuncia los tergiversaron, llegando a decir –como en el caso del heraldo de la mala onda, el periodista de Radio Mitre Horacio Caride– que renunciar explícitamente a ese privilegio era como escribir una carta de perdón por ocho años de beneficios que él no había pedido. Diego Capusotto y su personaje radial Arnaldo Pérez Manija, facho y mala leche, es un poroto al lado de tales desmesuras. “¿Hasta cuándo?”, se pregunta el desaforado Pérez Manija, y nosotros nos preguntamos lo mismo, hartos de las operaciones y las mentiras.

Pegarle a Aerolíneas Argentinas con fuego a discreción fue el paso siguiente. Si hasta convirtieron en un adalid de las buenas maneras sindicales al gremialista barrionuevista Ricardo Cirielli, para seguir pegándonos abajo. Aunque esta nueva y orquestada maniobra forma parte de la demonización de la juventud en general y de La Cámpora en particular. Si los radicales en su Convención se insultan, tiran botellas y tortitas de ricota e intentan irse a las manos, el senador Gerardo Morales dice muy suelto de cuerpo que “parece un encuentro de La Cámpora”, como si hubiera algún registro de desmanes y violencia de sus militantes. Y en La Nación, el columnista Carlos Pagni califica como talibanes a estos jóvenes peronistas que apoyan y militan por el movimiento nacional y popular que ahora conduce Cristina Fernández. La carga peyorativa y plena de agresividad que conlleva una valoración de esta naturaleza revela el odio profundo, atávico y perenne que les producen a algunos los pronunciamientos de las mayorías populares y el surgimiento de nuevas generaciones comprometidas con el país. Huelen –en todo sentido– a viejo y a rancio.

“Sólo la organización vence al tiempo”, decía Perón para convencernos de la necesidad de crear estructuras, canales, redes, cuadros políticos y dispositivos de acción y solidaridad para hacer permanentes las conquistas sociales y mantener el anhelo de justicia con la meta de alcanzar la felicidad del pueblo. Haber alcanzado el 54% de adhesión y de ratificación del rumbo iniciado en mayo de 2003 no alcanza. Los votos son un ordenador y una foto de la Argentina en un momento preciso. Debería ser suficiente, pero no lo es. Ya sabemos de qué son capaces para defender sus intereses. Que no tienen límites, que van a hacer lo posible y aun más para volver a la Argentina de los privilegios para pocos. Que están intentando separar a los trabajadores del gobierno popular. Que van a ensayar todos los métodos posibles para desencantar a quienes recuperamos la alegría y la pasión del compromiso con la Patria, corriéndonos por izquierda. El “se acabó la fiesta” que repiten los voceros de la derecha reaccionaria es el sonsonete que trata de aturdirnos, hacernos dudar, bajar la guardia. Está en cada uno de nosotros la responsabilidad de reiterar cada día ese contrato que establecimos con nuestro futuro y el de los que nos sucedan al depositar nuestro voto y nuestra confianza el pasado 23 de octubre. Y dar testimonio de pertenencia en todo momento y ocasión.

La presidenta sigue dando cátedra de estadista, y siguen adulterando y trastocando sus palabras y conceptos y el sentido de las medidas de este gobierno que no es neutral. Los argentinos sabemos que si nos seguimos uniendo y trabajando por una Patria justa, libre y soberana, lo que se va a acabar es Magnettolandia.

Publicado en :

http://tiempo.infonews.com/notas/con-54-de-los-votos-no-alcanza

A los que hablan desde la platea, por Alicia Kirchner (para “Tiempo Argentino” del 28-11-11)

Quita de subsidios

A los que hablan desde la platea, por Alicia Kirchner (para “Tiempo Argentino” del 28-11-11)

Publicado en TIEMPO ARGENTINO el 28 de Noviembre de 2011

Por Alicia Kirchner
Ministra de Desarrollo Social.

Cuando después de años de subsidios a los servicios esenciales y para todos, el gobierno decide racionalizarlos, se acuerdan de los que menos tienen y advierten sobre un supuesto impacto negativo.

Plantear como injusto y como “ajuste” la reducción y hasta la eliminación de subsidios a los sectores más pudientes resulta hipócrita. En los últimos años, cada vez que el gobierno nacional presentó el Presupuesto ante el Parlamento, fue criticado precisamente por la oposición, por el “gasto” que demandaba. Cuando después de años de subsidios a los servicios esenciales y para todos, el gobierno decide racionalizarlos, se acuerdan de los que menos tienen y advierten sobre un supuesto impacto negativo. Hablar de ajuste termina resultando una inmoralidad y una falacia.

Ajuste es lo que está aplicando el neoliberalismo en los países centrales. Ajuste es lo que se aplicó en la Argentina cuando los gobiernos anteriores nos metieron en la burbuja financiera de la globalización mundial. Ajuste es dejar a millones de personas sin trabajo, mientras los pocos que más tienen, siguen acumulando ganancias. Ajuste es nivelar para abajo, que siempre e inevitablemente, rompió el tejido social.

Ahora que el país sigue creciendo a un promedio anual del 8%, acumulando un crecimiento bruto del 80% desde el año 2003; ahora que tenemos un crecimiento sostenido y sustentable, debemos profundizar y satisfacer las necesidades de quienes todavía necesitan más para mejorar su calidad de vida y la de sus familias. Es nivelar hacia arriba, para que solidariamente paguen más por los servicios aquellos que disponen de mayores recursos.

Por eso les pido, a los que hablan “desde la platea”, que hagan memoria de nuestra crisis en 2001-2002. Que recuerden el crecimiento exponencial de la deuda externa, los ajustes por el “efecto tequila”, el país de la banalidad al que nos empujó la “pizza con champagne”. Y en esa memoria reconozcamos la bisagra que instaló Néstor Kirchner, en 2003, para el crecimiento de la Argentina. Imaginemos qué hubiese sido de nosotros si la crisis que hoy conmueve al mundo hubiese encontrado a la Argentina tal como la vivíamos en 2001.

Para los que hablan desde la platea, pero que no lo hacían cuando se importaba deuda y exportaban ahorros; a los que cuando les tocó gobernar les resultó más fácil traer recetas foráneas en beneficio de las corporaciones transnacionales y sus socios locales, les pido que revisen la etimología de la palabra “ajuste”.

Nuestro gobierno, con decisión política, busca una sinergia en el conjunto colectivo, sin políticas monopolizantes, con oportunidades e inclusión social para todos. A esa manera de pensar, de trabajar para una mayor y mejor distribución de la riqueza, en la búsqueda de la justicia e inclusión social del pueblo y a ese Estado presente lo llamamos convicciones. Esas que no se dejan a la entrada de la función pública.

Publicado en :

http://tiempo.infonews.com/notas/los-que-hablan-desde-platea

Competitividades y mezquindades, por Eduardo Anguita (para “Miradas al Sur” del 27-11-11)

Miradas al Sur.Año 4. Edición número 184. Domingo 27 de noviembre de 2011

Por

Eduardo Anguita

eanguita@miradasalsur.com


No siempre todos tienen razón. En política los errores algunas veces se perdonan y otras se pagan. En el acto del 11 de marzo pasado en Huracán, Cristina Fernández de Kirchner dijo muy enfáticamente que no debía importar tanto de dónde se venía sino hacia dónde se iba. La ausencia de Hugo Moyano, ese día, había despertado suspicacias. En esos días, un triste trámite operado en una fiscalía suiza contaminaba el horizonte. Clarín batía el parche de que el secretario general de la CGT podía terminar, más o menos, deportado o preso. Moyano era la bestia negra para Héctor Magnetto y la batería de medios del monopolio querían hacer docencia empresarial castigando al sindicalismo a través de una caprichosa trama de intereses que conducían al líder camionero hasta la empresa Covelia. Esa semana, toda la tensión política y periodística de los medios opositores se centraba en las intrigas acerca de cómo había llegado el desinflado pedido del Ministerio Público Fiscal suizo. Pero, más allá de la operación de prensa, había un mar de fondo sobre el cual se apoyaban. La pregunta de los medios concentrados era: ¿llegó el turno de La Cámpora y ahora la CGT va a pasar a segundo plano? La formulación era venenosa pero, a su modo, se metía en un asunto real. Tan real que ese viernes 18 la Presidenta encabezaba otro acto, en otro estadio, esa vez en Independiente, y un rato antes el Sindicato de Camioneros anunciaba un paro nacional para el lunes con movilización a Plaza de Mayo. Era en repudio al pedido suizo pero resultaba inocultable el apriete al Gobierno. Era como decir: es contra Clarín pero, por las dudas, les tiramos el camión encima a la Casa Rosada. A lo largo de la tarde las cosas se fueron calmando y el lunes fue un día tranquilo. Era un round más donde la conducción personalísima de Hugo Moyano en la CGT medía fuerzas de cara al armado político en un año electoral. Hubo otros tantos rounds pero ninguno pasó de lo gestual o verbal.
La dirigencia cegetista hizo esfuerzos por ocupar espacios en las listas electorales, intentó jugar un rol protagónico en tiempo preelectoral y no lo logró. Sin estridencias, la Presidenta diseñó una campaña de una eficacia comunicacional impresionante. Se basó, tal como ya se analizó profusamente, en el vínculo personal en los cientos y cientos de actos que encabezó. La gran mayoría de ellos destinados a inaugurar fábricas o talleres o bien obras públicas. En todos ellos destacó su compromiso militante –peronista– con los trabajadores. En muchísimos de ellos, además de sus ministros, gobernadores o intendentes, estuvieron los dirigentes sindicales. El triunfo del 54% es el resultado del camino elegido por Cristina.
Nadie, en su sano juicio –los días previos a su reasunción y con los mentideros buscando candidatos para ocupar cargos ministeriales– puede pensar que sea momento de ponerle palos en la rueda. Sin embargo, Moyano hizo gala, en las últimas semanas, de algunos gestos que contradicen esa premisa. El martes, el secretario de Uatre Gerónimo Benegas, en una entrevista en Radio Mitre, dijo que se había reunido con Moyano. Benegas tiene una de las bodegas más exquisitas en la cava del sindicato de peones rurales –para sus invitados, él toma agua– y también tiene en el garage los autos importados más sofisticados. Se quejaba por Mitre de que el Ministerio de Trabajo no homologaba el aumento del 35% para los trabajadores del sector, acordado con las patronales del campo. La cartera a cargo de Carlos Tomada autorizó un 25%. Una cifra que parece mucho más sensata de acuerdo a las expectativas inflacionarias previstas para 2012 (algo menos del 10% de acuerdo al proyecto de Presupuesto Nacional). Moyano también tuvo gestos para con Ricardo Cirielli, quien encabezó el paro encubierto que dejó el fin de semana pasado sin vuelos de Aerolíneas.

Un lugar en el mundo.

Muchos otros gestos confirman la distancia tomada por Moyano. Algo nada nuevo en la gimnasia política y sindical. Nada que no pueda curar el tiempo y el sentido de oportunidad. Sin embargo, por detrás de las pequeñas cuestiones de la convivencia política, es posible analizar esta situación desde otro ángulo.
Estos ocho años permitieron al gremio de camioneros consolidar dos bases muy fuertes. Por un lado, lograron la afiliación de muchísimos trabajadores de otras ramas. Por el otro, una ampliación de su base propia, producto del crecimiento impresionante de la flota de camiones destinados al traslado de las cosechas –soja, girasol y trigo fundamentalmente– hacia los puertos de exportación. Ese crecimiento de la Argentina agroexportadora es precisamente el gran punto en cuestión. Si hay algo que no le da futuro al país –y a los trabajadores– es el avance de unos pocos cultivos destinados a darle forraje a los chanchos chinos. A tal punto el desafío es grande que cuesta mucho lograr que China compre, siquiera, aceite de soja. Quieren el poroto en sus puertos y puntos. El desbalance es tal que nos venden sólo productos industriales y nos compran sólo productos primarios. Hasta buena parte de los libros infantiles en castellano se imprimen en China. Y cuando llega una empresa de ese origen, más allá del pomposo lustre de estar dirigidos por el Partido Comunista fundado por Mao, no está dispuesta a ceder a los reclamos gremiales. Un ejemplo lo constituye la empresa Sinopec (china) que tiene yacimientos en Santa Cruz. Se sabe, allí la conducción del sindicato petrolero está en franca oposición al kirchnerismo y, pese a ello, obtuvieron muchas ventajas para sus afiliados o prolongaron conflictos por tiempos larguísimos. Los empresarios de Sinopec les transmitieron a sus proveedores y a los trabajadores que día no trabajado es salario caído y que si las cosas no son así ellos se mandan a mudar. Y así se lo transmitieron también al gobernador Daniel Peralta.
Puede resultar un caso aislado y sin trascendencia, pero constituye uno de los datos a tener presente de cara al escenario internacional y la compleja trama de buscar socios en el mundo. Cuando la Presidenta insiste en consolidar la integración regional es porque las pautas político culturales de los latinoamericanos están en sintonía, al menos en las convicciones de que democracia redistributiva y derechos sociales son pilares del proceso de profundización del modelo. Eso sí, creer que Cristina hace caso omiso de lo que pasa en el mundo en materia de distribución de la riqueza y competitividad capitalista es, por lo menos ingenuo. La Presidenta ocupa un lugar en el G20 donde no hay muchos representantes de otras naciones que estén empeñadas en la épica social. El bloque Brics (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) puede tener coincidencias en políticas de comercio internacional y de integración de mercados energéticos pero para nada tiene coincidencias respecto a si el crecimiento es con inclusión y la inclusión es con derechos.
Llegado este punto, uno no puede encontrar una respuesta al discurso de Cristina del martes pasado en la UIA con mentalidad de cabotaje, por usar una metáfora sobre otro de los temas calientes de la semana, el de Aerolíneas Argentinas. Es cierto que la mirada examinadora de los CEO se detuvo gratamente cuando la Presidenta preguntó dónde estaba Hugo (Moyano) y a renglón seguido les dijo que ella no estaba de acuerdo con el proyecto de ley de reparto de ganancias presentado por Héctor Recalde y apoyado por la conducción cegetista. Al respecto, puede ponerse en cuestión el lugar elegido por Cristina. Lo que no puede dudarse es que, fiel a su estilo, la Presidenta lo hace de cara a la sociedad “y no por los diarios”, mientras que más de un vocero de Moyano entró en la discusión a través de la pantalla de TN. Tampoco, y esto es más importante aún, lo hace a espaldas de los trabajadores.
¿Qué puede significar la foto que envió Presidencia y que publicó La Nación en tapa el miércoles en la cual se veía sonrientes a los peso pesados Cristiano Ratazzi y Paolo Rocca? En principio, que para encarar los cuatro próximos años, Cristina no quiere roces con sectores con los cuales hay –y habrá– tironeos por la defensa de intereses. Ratazzi, como referente de los empresarios automotrices fue siempre un defensor de la devaluación. Rocca, el industrial más fuerte de la Argentina, también. Sus sonrisas sirven. Y respecto de la poco feliz frase de que la economía no se rige por las leyes del Congreso sino por las del mercado, el árbol no puede tapar el bosque. En un discurso sin libreto las frases pueden escaparse sin precisión. La historia de Cristina como legisladora y de ocho años de plena vigencia constitucional no pueden llevar a pensar que el neoliberalismo haya hecho mella en sus ideas.
Pero hay algo más inquietante si se toma en cuenta que la llamada Eurozona está en un proceso recesivo que, inevitablemente, afectará en el comercio exterior de la Argentina. Además, la tutela de los organismos financieros internacionales sobre Europa hace que los propios empresarios argentinos estén mucho más preocupados por la crisis internacional que pendientes de las idas y venidas de las internas políticas o sindicales. Es aún temprano para advertir si se vienen cambios en la conducción de la CGT. Y si hay algo para pensar relevos no debe hacerse en función del peso personal de algunos dirigentes –solamente– sino también en relación a si no es el turno de los gremios industriales más que los de servicios.

Competitividad, productividad.

¿Acaso se contrapone la idea de una sociedad justa con el avance en los procesos industriales? Corea del Sur, por poner un ejemplo caprichoso, era un país extremadamente frágil. Hace dos décadas, sus dirigentes políticos y empresariales pusieron la mira en los sectores informáticos y automotrices. Hoy tienen procesos industriales que compiten con Alemania, China y Estados Unidos en esos segmentos. Sus fábricas de autos están al lado de los puertos y las unidades van directamente a la bodega de los barcos.
La Argentina, tras sucesivas destrucciones y con una burguesía industrial que todavía no da muestras concretas de constituirse en una burguesía nacional, tiene una serie de desafíos en los que la Presidenta está empeñada y de los cuales la sociedad dio claras muestras de sentirse protagonista. No es sólo en la sensibilidad social y en el respeto a la memoria, sino también en la dirección futura. Y los resultados logrados en estos años sirven para pensar que no es sólo una utopía en el marco de un marasmo mundial.
Algunos de los datos disponibles lo confirman. Récord de crecimiento en la Industria Nacional. La producción nacional de electrodomésticos creció exponencialmente de 2003 al 2010: el rubro de heladeras aumentó un 364%, el de cocinas 156% y el de lavarropas un 213%. La industria textil se expandió desde 2003 a 2010 un 143% y alcanzó en 2010 el máximo histórico en su índice de producción. El sector automotriz batió en 2010 todos los récords históricos: produjo 730.000 autos, exportó más de 450.000 unidades y se patentaron 650.000 vehículos. El sector del calzado registró un aumento de la producción del 133% de 2002 a 2010, y cerró el año con una cifra récord, estimada de 105 millones de pares fabricados en el país. Desde 2003 a 2010 las exportaciones de vinos crecieron un 323%, de 169 millones de dólares a 715 millones. Somos el quinto país del mundo en elaboración de vinos. En 2010, las exportaciones argentinas de manufacturas de origen industrial (MOI) representaron el 35% del total exportado, marcando otro máximo histórico en el sector. Junto a las manufacturas de origen agropecuario (MOA) sumaron el 68% de las ventas al mundo.
Se insistió mucho –y con razones y datos– el altísimo grado de concentración de la economía en manos de las 500 empresas más grandes. También en la capacidad de eludir y evadir impuestos que tienen sus directivos. Sin cambiar eso no podrá cambiarse la matriz redistributiva. A su vez, y en dirección opuesta, tampoco podrá consolidarse un perfil industrial competitivo sin el intento de consolidar un espacio de diálogo y acción coordinada entre el Estado y las cúpulas empresarias y sindicales.

Publicado en :

http://sur.infonews.com/notas/competitividades-y-mezquindades

Cristina siempre en el centro, por Eduardo Blaustein (para “Miradas al Sur” del 27-11-11)


Miradas al Sur.Año 4. Edición número 184. Domingo 27 de noviembre de 2011

Por

Eduardo Blaustein

eblaustein@miradasalsur.com

El miércoles pasado el kirchnerismo volvió a alzarse con un triunfo simbólico. Fue nimio, pero simpático. C5N venía dedicando un prolijo espacio tanto a la conferencia de prensa de Aníbal Fernández como al Día D en la renuncia voluntaria a los subsidios. Apenas informó la cadena que ya 2.500 funcionarios nacionales engrosaban la lista de los renunciantes, se supo que Susana Giménez –acaso para paliar el papelón que había protagonizado por el asunto de sus dólares– figuraba entre los primeros en sumarse. Siguieron Macri, Tinelli, Ricardo Fort, más un entusiasta pelotón de funcionarios, periodistas y famosos, como convocados a un festival por una buena causa solidaria.
El asunto apenas si representa el primer centímetro de lo que será un recorrido seguramente extenso, árido y conflictivo en la quita de subsidios. Pero es uno más en una semana no necesariamente cristinista pero sí de lo más cristinocéntrica. Cristina en el centro de todas las cosas, Cristina eligiendo por momentos un cierto centrismo. Cristina desparramando buenos centros por toda la cancha.
Como uno de esos grandes jugadores que asoman como tales apenas despuntan en primera, la distancia que separa a Cristina de otros dirigentes y explica en parte su liderazgo tiene que ver a menudo con saber sintonizar sociedad, tiempos, “condiciones objetivas y subjetivas”, tonos, comunicación y discurso. Desde antes de los días del Bicentenario fue ampliando el potencial inclusivo de sus mensajes y ese proceso se fue acentuando aún más a partir del fallecimiento de Néstor Kirchner, por razones acaso personalísimas que pueden intuirse pero sería odioso afirmar. Lo seguro es que mientras desde no pocos espacios –incluidos los oficiales– se siguieron o siguen planteando discursos defensivos y hasta agresivos de trinchera, Cristina se las viene ingeniando, sin perder firmeza, para navegar por una suerte de justo medio equilibrado que, por supuesto, es un lugar construido, opinable.
Tras las elecciones la Presidenta aparece también como virtual centro gravitatorio de todo un sistema político cultural. Si el gesto de Susana Giménez, aunque lo tomemos en solfa, fue efecto arrastre del otro gesto iniciado desde arriba por 2.500 funcionarios, el arrastre ya venía siendo más nítido, tirando a demoledor, en el grueso de la oposición política. Primero fue y sigue siendo un efecto silencio : todo o casi todo de lo que sucede hoy en la esfera política es pura iniciativa oficial (la batalla aparentemente ganada en torno del dólar, el fin de los subsidios universales, los cambios en Aerolíneas, las inauguraciones que no cesan, como si no hubiera terminado la campaña). Los rebotes o discusiones se dan no en lo que vaya a decir la oposición, sino en las portadas de La Nación o el sistema Clarín. Cristina, los medios y en el medio poco y nada; un médico politólogo ahí.
Segundo efecto arrastre: caramba, parece que buena parte de los fragmentos opositores han elegido más o menos el mismo libreto de recomposición. El primero fue quizá Felipe Solá; luego siguieron firmas en el radicalismo, en la (QPD) Coalición Cívica, y hasta en el denarvaísmo o en la amabilidad que intenta sostener el macrismo en su relación con el Gobierno Nacional. Todos tienden a decir que han sido demasiado obstinada y torpemente antikirchneristas, que deben (según el caso) volver a las fuentes o saber “comunicar mejor nuestras propuestas” o valorar mejor lo hecho por el oficialismo.
El radicalismo es el caso más patente en eso de (decir que hay que) volver a ciertas fuentes, a un progresismo ligado al imaginario socialdemócrata. Leopoldo Moreau (ex 2,5 por ciento en las presidenciales del 2003) es el caso más maravilloso: sostiene de pronto, con su reconocida capacidad retórica y vehemencia, que la UCR hizo “antikirchnerismo bobo”, que se debió apoyar la ley sobre el ADN y hasta la ley de medios. Si hasta Nito Artaza habló de no dejarse llevar de las narices “por las grandes corporaciones periodísticas o empresarias”. Es muy impresionante, como si se inspiraran no en la doctrina de Alem e Irigoyen sino en lo más reiterado de la vulgata kirchnerista, en este mismo diario, en 6,7,8.

Interpretando a Cristina. El martes pasado, cuando Cristina habló en el encuentro de la UIA, hubo, aunque más marcadas que en otras ocasiones, las típicas disputas por interpretarla. El establishment eligió por el lado de “es la primera vez que menta la palabra inflación”, más las “señales positivas” o un “fuerte gesto conciliador” ( La Nación ). El kirchnerismo llamémosle promedio se interesó por el lado de la crítica a las empresas que recibieron subsidios estatales y luego se dedicaron a comprar dólares o las que no reinvierten ganancias. Y acaso el kichnerismo paladar negro se quedó con las ganas de discutir el asunto de las remesas internacionales. El discurso de Cristina fue complejo y no facilista: ni los guiños fuleramente pícaros de Perón para todos lados desde Puerta de Hierro, ni setentismo ramplón, ni mucho menos esa “neutralidad” a la que viene aludiendo últimamente Cristina y que por estos meses acaso sea la mejor guía para saber por dónde intentarán seguir las políticas oficiales.
El distanciamiento con Hugo Moyano tiene un poco de todas estas cosas más el condimento perturbador, el estilo chúcaro del camionero. Ya que Cristina habló de “Hugos”, puede decirse que entre diversos Moyanos posibles hay dos esenciales: el de ciertas prácticas de construcción e imposición, para decirlo de la más suave de las maneras, verticales y el que defiende un proyecto industrializador con generación de empleo, con trabajadores (quizá los más selectos entre los formalizados) bien remunerados. Lo prudente sería dejar de lado los apellidos y no olvidar que siempre se necesita un sindicalismo activo con una agenda transformadora. Buena parte de nuestro sindicalismo híper fragmentado no parece estar a la altura de las circunstancias a veces cuando presiona, otras cuando, como Casildo Herreras aquella vez, “se borra”. A la vez es poco verosímil que el Gobierno vaya a distanciarse de los trabajadores y sus organizaciones. Y como co-escribió Cristina y leyó Néstor Kirchner en el discurso del 25/5/03, “por mandato popular, por comprensión histórica y por decisión política” suena lejana la ilusión renovada de La Nación de seducir a la Presidenta felicitándola por sus “fuertes gestos conciliadores”.
En ese marco de fragmentación que se conduce pero no se termina de reparar, de complejidades y presiones cruzadas, se desenvuelven la gestión de gobierno y las apuestas a futuro. La idea de “profundización del modelo”, según quién decodifique, puede remitir a añoranzas de imaginarios radicalizados. Pero hace décadas que ni el mundo ni el país tienen brújulas o mapas que lleven al lugar de nuestras viejas utopías, al contrario. Lo que viene haciendo el kichnerismo es reparar , incluir y hacer crecer. Faltan montones de cosas pero en ausencia de añejas certezas hay que darle la derecha al liderazgo kirchnerista por el modo en que viene navegando, por su capacidad para sostenerse sólidamente en el centro, sin ser neutral, construyendo en su medida y armoniosamente, como decía el muy pícaro General, guiñando para demasiados sitios a la vez.

Publicado en :

http://sur.infonews.com/notas/cristina-siempre-en-el-centro

Entradas y salidas, por Eduardo Aliverti (para “Marca de Radio” y “Página 12” del 26 y 28-11-11)


El viejo y nunca bien ponderado “dime de qué se habla y te diré qué se oculta” anda de esplendor por la Argentina política de estos días. Más específico, habría que citar al país mediático. Y si acaso –y con razón– se piensa al refranero de ese tipo como de vigencia eterna, apuntemos de todas maneras lo relativamente asombroso del vértigo que, al respecto, se observa en la coyuntura.

A la salida del 23 de octubre, aunque el trompazo ya efectivo fue el 14 de agosto, se redujeron notablemente los espacios para atacar al Gobierno mediante construcciones de prensa de gran monta. Fracasó todo lo que se suponía susceptible de pegar en la sensibilidad de vastos sectores medios de las grandes urbes. La debilidad de Cristina muerto el esposo; su incierta muñeca para timonear a la mafia de devaluados barones del conurbano bonaerense; la ausencia del piloto económico que ejercían Kirchner y su libretita diaria, con el imperativo de que hubiera un ministro preponderante en el área; las guarangadas de Guillermo Moreno; la fantochada del Indek; la prensa corporativa que se victimizó, cual si rigiera una dictadura que extrañan; el capitalismo de amigotes; la imagen esparcida de corrupción generalizada, no dieron resultado. Sea porque el todo o las porciones de esa estigmatización eran o son falsas, o fuere por la evidencia de que estaban y están al servicio de perforar al oficialismo sin otra pretensión que proteger negocios, la gente votó a Cristina y a lo que representa en forma demoledora. Ya habían quedado muy atrás las alucinaciones despertadas por la victoria macrista en Capital, con títulos y semblanzas que hablaban del kirchnerismo hundido. Pero esperaron no más que un par de días. El 54 por ciento sólo provocó inquina contra la fragmentación de las candidaturas anti K, que para los medios periodísticos opositores apenas consistió en eso y no en la ausencia completa de propuestas alternativas serias. Tampoco se detuvieron mucho que digamos en ese factor: enseguida hablaron de que producido el voto político faltaba saber cuál sería el económico. Un colega llegó a decirlo de modo literal.

Primero con las andanzas del tipo de cambio, se otorgaron el lujo de indicarle lo que debía hacer a una gestión recién reelecta por mayoría abrumadora. Fue con lo que más tiraron pero, tras las correcciones operativas del Gobierno, se quebraron. Después ingresó el serrucho a los subsidios estatales de servicios públicos y se vieron en figurillas para ponerse en contra de lo que reclaman hace años. Concluida, parcialmente, esa terapéutica que también naufraga, arrecian con Aerolíneas. Un primer dato es que muy bien no les va, si tienen que recurrir a un aspecto del funcionamiento estatal ajeno al interés de las mayorías. Quienes viajan en avión son un alfeñique numérico visto a gran escala social, y que los medios se emperren en demostrar lo contrario es otra cosa. El periodista no conoce demasiado del negocio aeronáutico; y lo que conoce no amerita para meterse en el escruto de si Mariano Recalde y compañía son el desastre administrativo que acusa la oposición. Pero lo más importante: uno ya tiene años y largos conocimientos acerca de las operaciones mediáticas. No mucho más de lo que está al alcance de cualquiera que sepa leer entrelíneas. Denigrar a la empresa aeronáutica del Estado no se relaciona con la presunta impericia de quienes la gestionan, sino con la necesidad de que retorne el fantasma de un Estado bobo, paquidérmico e incapaz de gestionar nada.

Sale el 54 por ciento, entra la cotización del dólar. Sale el dólar, entra el recorte a los subsidios. Salen los subsidios, entra el desmanejo en Aerolíneas Argentinas. Sale Aerolíneas... No es necesariamente fácil acertarle a lo próximo de la inmediatez mediática. A su urgencia por mostrar un país con complicaciones entre serias y graves, a falta de que algo, lo que sea, permita agujerear desde una oposición capaz de insistir con sus papelones y carencias. La convención radical. El estallido al parecer último de la Coalición Cívica, con expulsión de la tránsfuga permanente más Carrió de misa y banquete para conmemorar los diez años de la fuerza que destruyó y ahora, dicen, dedicada a armar un movimiento social extrapartidario. Binner guardado en lo que no sabe si serán gateras. Duhalde recluido en su quinta de San Vicente, con el dolor de haber sido y la convicción de que no volverá a ser jamás. Les queda Macri, pero por lo pronto el intendente porteño reposa en que su delfín Angelici gane las elecciones de Boca; en convencer sobre que el gobierno nacional le tira de golpe y porrazo la administración de los subtes, asistiéndole en eso alguna cuota de razonabilidad; en seguir gozando de la protección periodística que agiganta el golpe tarifario a la clase media y relega los aumentos de hasta el 300 por ciento en la tasa porteña de alumbrado, barrido y limpieza. No da para sorprenderse. Los medios de la hegemonía depreciada ya venían de ocultar a troche y moche que Macri es un procesado.

¿Qué debe esperarse, entonces, de la prensa angustiada por su necesidad de angustiar? Nada de aquello por lo que el kirchnerismo merece ser mejor interpelado. El asesinato de un militante del Mocase a manos de sicarios sojeros, sumando a una lista salvaje de aprietes e impunidad; lo que se denomina “criminalización de la protesta social”, que en buena medida es así apenas se aprecia la cantidad de gente judicializada por su lucha a favor de los desprotegidos, son mierdas de las que el Gobierno debe hacerse cargo a diferentes niveles. En algunos casos, marcando la responsabilidad de las gestiones provinciales (Formosa y Santiago del Estero a la cabeza, o en el podio). En otros, al menos, reconociendo esa problemática con el mismo fervor que se le escucha a la Presidenta cuando habla de las aristocracias gremiales, empresarias y sectoriales, boicoteadoras del país. Pero claro: el sufrimiento de indios y campesinos no da rating en la escala de horadación mediática. En todo caso paga mejor la discriminación de género, si es por las apetencias discursivo-culposas de una clase media a la que los lobos de la prensa opositora deben satisfacer con estrujes gorilas de impacto instantáneo. Así que, si es por pronosticar cómo habrán de gastárselas en lo inmediato, puede ser cómo hará Cristina para controlar a Moyano. Se recomienda en torno de eso la lectura del artículo firmado por Lucrecia Bullrich, en La Nación del viernes pasado. En realidad basta con el ingenio del título, de cuya semántica es probable que no se hayan percatado. “Cristina vs. Moyano: la guerra que (siempre) recién empieza.” El entre paréntesis del adverbio connota que esa contienda terrible entre la Presidenta y la CGT, o los sindicatos globalmente expresados, es algo de lo que se departe hace mucho tiempo sin que termine de concretarse jamás, aunque sea cierto que las relaciones del camionero con Casa Rosada atraviesan su peor momento. Podrá ser que continúen intimando con eso. O con algún otro episodio de “inseguridad”, que siempre pagan bien. O con las cifras del déficit fiscal y el superávit comercial, como para ver si las reservas aguantarán contra su certeza de que aguantan de sobra. O con hacerlo girar a Adrián Suar alrededor su propio eje, para contar lo bueno que es Magnetto, en los medios del grupo.

Valga Perogrullo, se puede estar seguro de que algo habrán de inventar u operar, semana a semana y hasta día por día. La clave no es acertarle a cuál cosa habrá de ser, sino saber que la cosa pasa por ahí. Una de las grandes cosas, por lo menos.

Publicado por :

http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-182214-2011-11-28.html

domingo, 27 de noviembre de 2011

Disciplinamiento, por Horacio Verbitsky (para “Página 12” del 27-11-11)



LAS DEFINICIONES PRESIDENCIALES A DOS SEMANAS DE LA ASUNCION

En una semana vertiginosa, CFK mostró algunos criterios de su segundo mandato. Sofocó la corrida contra el peso, exigió a las grandes empresas que dejaran de llevarse del país sus extraordinarias utilidades y el dinero que el Estado les presta a tasa negativa y reivindicó la transferencia de ingresos a los sectores más vulnerables, que sostienen la demanda agregada y no compran dólares. Ni la euforia de Mendiguren ni la depresión de Moyano parecen justificadas.

Por Horacio Verbitsky

Si hay un hombre eufórico en estas horas es José De Mendiguren. Desde que CFK comunicó en la Conferencia Industrial que la participación obrera en las ganancias no debía discutirse en el Congreso sino en las mesas paritarias, no se le borra la sonrisa. Cree que sus diálogos con Cristina influyeron en esa y en otras definiciones relacionadas con la competitividad de la economía. “Siempre hablamos muy bien. Es muy lúcida. Sabe preguntar y escuchar”, dijo ante una consulta para esta nota. “Yo llegué a las trompadas (a la presidencia de la UIA), porque Techint, Clarín y Arcor tienen el poder pero no podían juntar los votos del interior. Y ahora desde aquí hago lo posible por seducirla”, explicó. Precisamente Clarín dijo el jueves que uno de los temores por el proyecto del abogado de la CGT, Héctor Recalde, era que un sindicato con acceso a la información pudiera “impugnar los balances de una empresa”, preocupación que no tiene una pyme como las que sustentan a Mendiguren. En cambio, allegados al presidente de la UIA le transmitieron a ese diario el entusiasmo por la influencia que atribuyen a Mendiguren sobre el discurso de Cristina. La lectura atenta de las palabras presidenciales sugiere que el buen humor de Mendiguren tiene más que ver con el amable trato personal que con las políticas expuestas.

El caso opuesto

Simétrico y opuesto es el caso del secretario general de la CGT, Hugo Moyano, cuyo primer reflejo fue insistir con el proyecto de ley que la presidente impugnó. No es seguro que lo siga haciendo. Hasta el autor del proyecto cree que si los trabajadores esperaron 54 años desde que una reforma constitucional incluyó la participación obrera en las ganancias, pueden aguardar otro año para poner a prueba la voluntad patronal de acordar en las paritarias como planteó Cristina. La presidente cuestionó los diversos proyectos que aguardan en el Congreso, además del que elaboró Recalde, porque entiende que sólo hablan de aquellas grandes empresas que obtienen enormes utilidades y “no es aplicable a todos los trabajadores”. Introdujo así una cuestión medular en el debate político y social. Ni la participación en las ganancias ni el aumento del mínimo no imponible del impuesto a las ganancias de la cuarta categoría, por el que también se ha batido Moyano, contribuirían a reducir la heterogeneidad de las remuneraciones de los trabajadores. Más de un tercio aún tiene empleos informales y entre los privados formales el tercio de mayores ingresos recibe casi dos tercios de la masa salarial, en tanto el tercio que menos gana accede apenas al 9,8 por ciento. Estas son diferencias objetivas de criterio: mientras el gobierno inyecta recursos en la base de la pirámide porque sabe que se vuelca al consumo y sostiene la demanda agregada, Moyano aboga por mayores ingresos para la cúspide, cuyos ingresos, de acuerdo con los estudios oficiales, en buena medida alimentan la compra de dólares. Pero además, Moyano debería advertir que no está en condiciones de disputarle a Cristina la conducción del proceso político y social y, como también dijo ella ante la UIA, dejar de mandarle mensajes por los diarios. Moyano se siente excluido y dice que Cristina no lo atiende. Lo que no hace es llamarla.

La Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresas, que depende del Episcopado Católico, consultó al macroeconomista del Cedes, José María Fanelli, quien prevé una fuerte pelea oficial con la CGT, en la que el gobierno se recostaría en los hombres de negocios. La explicación que dio para ese pronóstico fue la fuga de 3000 millones de dólares mensuales, que, por una parte, no se debe a los trabajadores, y por otra ya se contuvo. Es posible que 2012 sea un año de fuertes reclamos salariales sobre todo en las empresas de la cúpula, debido a los rendimientos excepcionales que han obtenido y a sus costos laborales muy inferiores al incremento de la productividad, lo cual arroja un costo laboral unitario menor al de 2001, último año de la convertibilidad. Así se aprecia en el gráfico de Cifra, el Centro de Estudios de la CTA que dirige Eduardo Basualdo. Esto significa que los incrementos de productividad alimentaron las utilidades patronales, que a su vez explican la fuga. Un trabajo sobre “Política macroeconómica y políticas de ingreso”, que publicará el Ministerio de Trabajo, considera que la regulación por ley permitiría poner un tope a la distribución de ganancias, para impedir que se consolidaran las asimetrías. La diferencia podría ir a la Anses con fines redistributivos, sostienen sus autores, Martín Abeles, Federico Pastrana y Fernando Toledo (el proyecto de Recalde también contempla que una parte de lo participado vaya para los trabajadores informales). La participación en las ganancias sería un suavizador del conflicto social y contribuiría a una política de ingresos que disminuyera en forma gradual la inflación, ya que si lo pactado en paritarias se revelara insuficiente en relación con el costo de vida, esto se comprobaría en el momento de conocerse los resultados y el error podría corregirse con la participación, dicen Abeles, Pastrana y Toledo.

Los últimos serán los primeros

En cada una de sus presentaciones recientes CFK emitió sentencias críticas hacia los empresarios y los sindicalistas más poderosos y fundamentó la conveniencia de apoyar a los sectores más vulnerables:

Como “no tienen capacidad de ahorro no hacen contado con liqui (el método de fuga de capitales, comprando bonos en pesos y vendiéndolos en dólares en Nueva York). No son los jubilados de la mínima los que remesan o atesoran billetes o utilidades en portafolio o cambian de portafolio”.

Recordó su oposición como legisladora a las leyes de precarización del empleo de Menem y De la Rúa. “No estamos de acuerdo en que el problema sea flexibilizar y explotar a los trabajadores para mejorar las condiciones de la Argentina”.

La competitividad de la economía argentina solamente es sustentable con inclusión social, aunque “algunos interpretan que se logra porque el Estado me baja los impuestos, me da exenciones fiscales, me paga subsidios o porque les pago poca plata a los trabajadores”.

“Estas cosas se arreglan o se desarreglan desde el Estado. Tuvo que venir un gobierno a restituir la negociación colectiva, a fijar todos los años el salario mínimo vital y móvil, que es el mejor de toda Latinoamérica; a mejorar la situación de los jubilados e incorporar a millones de personas que por efecto de privatizaciones, de falta de trabajo, por desidia de sus patrones que no habían aportado, no podían llegar a esos beneficios. Sin ser dirigente sindical pero sí siendo trabajadora toda mi vida, porque he trabajado desde los 18 años, tengo pergaminos suficientes para acreditar que siempre he defendido los intereses de los trabajadores y que no soy neutral en el conflicto, que siempre voy a estar del lado del sector más vulnerable. [Tengo] responsabilidad frente a millones de argentinos que todavía tienen trabajo en negro o que todavía no han conseguido un trabajo y el Estado tiene que pagarles la Asignación Universal por Hijo”.

En Ford, donde se concretará su anhelado proyecto de que vuelvan a producirse motores, con creciente integración de partes nacionales para equilibrar la balanza comercial sectorial, contó su obsesión por evitar los telegramas de despido en los peores momentos de la crisis de 2008 y 2009, articulando entre el sindicato, la empresa y el Estado. “Ustedes no saben la suerte que es tener un trabajo registrado, en blanco, con sindicato que te defiende, con obra social que te cubre, con salario que sabés que lo cobrás todos los meses y que además te están capacitando y calificándote cada vez para alcanzar un mejor nivel. Es algo que todavía no hemos llegado a todos los argentinos”. Al describir el círculo virtuoso del mercado interno dijo que tal vez el almacenero pudo cambiar el auto porque con las nuevas jubilaciones y la Asignación Universal por Hijo vendió más, a personas que antes no tenían cómo pagar sus alimentos.

“Una de las claves es que los sectores más vulnerables de la economía tengan acceso a los servicios básicos porque al no tener una gran capacidad de ahorro, porque todo lo que ganan lo consumen íntegramente son –aunque parezca mentira– los que mantienen la fuerza de la actividad de la economía”.

Al referirse a la situación de Aerolíneas Argentinas, reveló que el sueldo medio de los técnicos supera los 15 mil pesos mensuales y el de los pilotos ronda los 40 mil. Y en una nueva referencia a Moyano dijo que en un vuelo de una línea aérea estadounidense el piloto anunció que no había comida debido a un bloqueo al catering por una disputa de encuadramiento sindical. “Defiendan lo que es de ustedes porque el día que esto se acabe a los primeros que se llevan puestos es a los trabajadores argentinos.” En un discurso de alto tono emotivo dijo que “esta presidenta no es eterna, ni lo quiere ser. No sea cosa que en algún momento en lugar de Doña Rosa venga alguna Doña Elena y piense que entonces el Estado es muy mal gestionador y la historia termine como empezó”. Explicó que se sentía obligada sobre todo con “aquellos argentinos que nunca vieron un avión de cerca, y sin embargo pagan sus impuestos” con los que el Estado pudo invertir para recuperar la línea de bandera.

Los datos de la economía permiten verificar la congruencia de esas palabras. Un trabajo de Cifra constata que los salarios reales del conjunto de la población ocupada, que creció por el aumento de la tasa de empleo, aumentaron en forma significativa. Entre los segundos trimestres de 2010 y 2011 el ingreso real de los ocupados se elevó un 5,2 por ciento y superó en 4,1 por ciento los valores prevalecientes a fines del régimen de convertibilidad. Esto permitió que la pobreza se redujera en 2,6 puntos porcentuales y la indigencia en 0,6. Cifra concluye que durante el mandato presidencial de Cristina la pobreza se redujo en 5,2 puntos porcentuales y la indigencia en 2,6. Debe aclararse que Cifra no utiliza los datos de costo de vida del Indec sino los de siete institutos provinciales que no fueron vandalizados. En el mismo sentido apunta un nuevo trabajo de los tributaristas Jorge Gaggero y Darío Rossignolo (Impacto del presupuesto sobre la equidad, Cefidar, 2011) según quienes la combinación de gasto social y los impuestos obró un fuerte efecto redistributivo. Influye en este resultado “la mayor participación de los tributos directos y progresivos (ganancias, derechos de exportación, y otros) en relación a los tributos sobre los consumos”. Entre 1997/98 y 2010, la equidad medida por el índice de Gini antes del pago de impuestos (prefiscal, en la jerga) mejoró el 12 por ciento y después de impuestos (Gini postfiscal) el 15 por ciento. Es un cambio muy significativo en apenas una docena de años.

Hablemos de utilidades

CFK también dijo que las utilidades de las empresas argentinas “están todas por encima de los estándares internacionales”. Al menos es así entre aquellas que forman parte de la cúpula. A lo largo de las décadas recibieron subsidios por promoción industrial y reembolsos por exportaciones; contrataron la provisión de bienes y servicios al Estado a precios exorbitantes; se endeudaron en el exterior a tasas bajas y represtaron ese dinero en el país a tasas altas y luego endosaron esa deuda externa al Estado; pagaron monedas por las mejores empresas públicas en el desguace del Estado y las vendieron a precio de oro cuando olfatearon que la convertibilidad no duraría para siempre; con lo que recibieron en pago, compraron campos y empresas agroindustriales y antes del corralito se llevaron el resto fuera del país, a presionar por la devaluación que les concedió el senador Eduardo Duhalde y su ministro de pesificación asimétrica, que entonces tenía más pelo que ahora. Según los datos de Cifra, las 200 empresas de mayor facturación (sin agro ni finanzas) mantuvieron una tasa de utilidad sobre ventas muy elevada, incluso en la crisis mundial de 2009. En los años de la convertibilidad, 1991-2001, esa tasa de rentabilidad para la cúpula empresarial promedió el 3,1 por ciento y saltó al 8,5 por ciento entre 2003 y 2010. La presidente dijo que no le molestaba que tuvieran ganancias “en tanto y en cuanto esa utilidad por encima de estándares internacionales” no se fugue a Europa o Estados Unidos, “porque el dinero que no está acá se va para allá”. En la Conferencia de la UIA, Cristina fue más específica, al mencionar el caso de “algunas empresas grandes” que “habían comprado igual cantidad de dólares o más de la que nosotros les habíamos prestado en pesos a tasa negativa”. Entre quienes escuchaban con el rabo entre las patas estaba el vicepresidente de la UIA y director de Ledesma, Federico Nicholson, a quien Mendiguren impulsa como ministro de Industria. El presidente de Ledesma, Carlos Pedro Blaquier, varios de sus hijos amantes de los yates de lujo y el propio Nicholson compraron once millones de dólares durante la corrida cambiaria que el gobierno sofocó la semana pasada. Habían recibido un crédito del Bicentenario por nueve millones de dólares, como parte de la inversión en un criadero de chanchos del viejo Blaquier, por un total de 140 millones de pesos. El gobierno no se quedó en palabras: Nicholson y Blaquier fueron confrontados con la documentación probatoria del uso dado al crédito, cosa que al principio negaron, y debieron comprometerse a reingresar ese dinero e invertirlo en el país. El año pasado, Nicholson presidió la misma conferencia y fue uno de los críticos más severos de “la excesiva intervención estatal”. Este año guardó prudente silencio. Cristina también mencionó el caso de otra “gran empresa” que en 2010 obtuvo utilidades superiores en un 31 por ciento a las de 2008 (cuando contó con apoyo estatal para mantener la ocupación), pero invirtió “un 35 por ciento menos que en el 2008”. Se refería a Siderar, de la transnacional italiana Techint, cuyo principal accionista, Paolo Rocca, también estaba en la sala. Rocca también asumió compromisos de inversión, que aún no son públicos y cuyo cumplimiento el gobierno verificará. En la historia de las relaciones con el Estado siempre los reclamos y las exigencias provenían de las grandes empresas. Ahora también se recorre el camino inverso. Por primera vez, los interlocutores gubernamentales del holding milanés con sede corporativa en Luxemburgo no están en la lista de las “prestaciones de sede” de Techint, como llama su financiera cautiva, Santa María, a los pagos inconfesables a funcionarios. O dicho con las palabras con que CFK comparó en la UIA la situación argentina con la de Europa: “Hay que respetar a los mercados, pero los que gobiernan son los elegidos por el voto popular. Esto lo tengo muy claro”.

Publicado en :

http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-182153-2011-11-27.html